<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Antonio Cazorla Sánchez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/antonio-cazorla-sanchez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Antonio Cazorla Sánchez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1033197/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La suerte del jugador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/suerte-jugador_129_9598164.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/05cd27c8-f0d4-4ec3-8b04-a8bceac0d138_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La suerte del jugador"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los años treinta y cuarenta fueron muy prolíficos en jugadores del casino de la historia. Unos acabaron mal, como Hitler. Este, en sus últimos días todavía esperaba un milagro como el que le sucedió a su admirado Federico el Grande, y celebró la muerte de Roosevelt creyendo que el prodigio había sucedido</p></div><p class="article-text">
        Adolf Hitler cre&iacute;a que la historia estaba de su parte, que &eacute;l era un regalo &uacute;nico al pueblo alem&aacute;n. Desde su punto de vista, no le faltaban razones para cre&eacute;rselo. De ser un joven solitario, un medio vagabundo que pintaba y vend&iacute;a postales para matar el hambre, hab&iacute;a llegado a finales de 1940 a casi conquistar toda Europa, y estaba a punto de hacerse el hombre m&aacute;s poderoso del mundo. Hasta ese momento, hab&iacute;a ganado todas sus apuestas. En 1933, cuando su partido empezaba una din&aacute;mica de declive, hab&iacute;a insistido y conseguido de las &eacute;lites conservadoras alemanas que le hiciesen canciller. En unos meses, hab&iacute;a marginado a quienes le hab&iacute;an puesto en el cargo. Despu&eacute;s viol&oacute; todas las obligaciones del Tratado de Versalles: dej&oacute; de pagar las reparaciones de guerra, cre&oacute; un ej&eacute;rcito, remilitariz&oacute; Renania y, a pesar de su debilidad inicial, nadie se le opuso. Confiado en su fortuna, se meti&oacute; de lleno en la guerra civil espa&ntilde;ola, se anexion&oacute; Austria, destruy&oacute; Checoslovaquia, y tampoco pas&oacute; nada. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces fue a por Polonia. Mientras arrasaba este pa&iacute;s, Francia y Reino Unido bombardearon con octavillas el muy d&eacute;bil flanco oeste de Alemania. Sus ej&eacute;rcitos se quedaron sin municiones, pero nadie les atac&oacute;. La suerte estaba claramente de su lado. Una vez m&aacute;s tom&oacute; la iniciativa y entre abril y junio de 1940 invadi&oacute; y venci&oacute; a Dinamarca, Noruega, el Benelux y, la joya de la corona, Francia. &iexcl;Hab&iacute;a derrotado en seis semanas al pa&iacute;s que el K&aacute;iser no pudo tomar en cuatro a&ntilde;os y medio!. El Reino Unido aguantaba, por ahora, esperando ser salvado por los Estados Unidos o por la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. El elegido de la providencia decidi&oacute; doblar la apuesta y acabar, siempre por ahora, la jugada: en junio de 1941 invadi&oacute; a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. &Eacute;l, que lo sab&iacute;a todo, estaba convencido de que los subhumanos eslavos judaizantes caer&iacute;an en pocas semanas. El Reino Unido se iba a rendir y, por fin, llegar&iacute;a el momento de ajustar cuentas con Am&eacute;rica. Ya puestos, cuando Jap&oacute;n atac&oacute; Pearl Harbor en diciembre de aquel a&ntilde;o, le declar&oacute; la guerra a los Estados Unidos. Sus apuestas costaron unos cuarenta millones de vidas.
    </p><p class="article-text">
        Los a&ntilde;os treinta y cuarenta fueron muy prol&iacute;ficos en jugadores del casino de la historia. Unos acabaron mal, como Hitler. Este, en sus &uacute;ltimos d&iacute;as todav&iacute;a esperaba un milagro como el que le sucedi&oacute; a su admirado Federico el Grande, y celebr&oacute; la muerte de Roosevelt creyendo que el prodigio hab&iacute;a sucedido. Se vol&oacute; la cabeza unos d&iacute;as despu&eacute;s, no sin antes echar la culpa a los alemanes de la derrota por no estar a su altura, la de &eacute;l, claro. Tampoco acab&oacute; muy bien (colgado boca abajo unos d&iacute;as antes, despu&eacute;s de que su cuerpo fuera pateado por una turba en Mil&aacute;n) su amigo Mussolini, otro genio que se hab&iacute;a apuntado a la ruleta. De ser un exsocialista fracasado en 1919, tres a&ntilde;os despu&eacute;s, a base de cr&iacute;menes y alianzas con la reacci&oacute;n, era Duce, y un se&ntilde;or muy bien tratado como estadista serio por las gentes de orden de todo el mundo. Con ser mucho, para &eacute;l no era bastante. Lanz&oacute; gases t&oacute;xicos contra los nativos libios, somal&iacute;es y et&iacute;opes, construyendo un imperio a base de genocidios. Financi&oacute; el asalto a la Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola; y luego arm&oacute; y prest&oacute; soldados a los rebeldes en la guerra que se desat&oacute;. En 1939 invadi&oacute; y se anexion&oacute; Albania. Las potencias occidentales le castigaron con protestas de boquilla. Pero no hab&iacute;a ganado bastante a&uacute;n. En junio de 1940 atac&oacute; a Francia, ya vencida, por la espalda, y estaba seguro de que se iba hacer con las colonas brit&aacute;nicas, pa&iacute;s que &eacute;l pensaba estaba a punto de rendirse. Entre unos cr&iacute;menes y otros, f&aacute;cilmente acab&oacute; con un mill&oacute;n de almas.
    </p><p class="article-text">
        No todos los jugadores acabaron mal.&nbsp;Franco tambi&eacute;n gan&oacute; a la ruleta varias veces. De apuntarse a la Guerra Civil para jubilarse un d&iacute;a de Alto Comisario en Marruecos, en unas semanas, gracias a la muerte de Jos&eacute; Calvo Sotelo y de Jos&eacute; Sanjurjo, se encontr&oacute; al frente del bando rebelde. Luego la muerte tambi&eacute;n le quit&oacute; a Emilio Mola de en medio. Todo por la Gracia de Dios. Pero tampoco &eacute;l ten&iacute;a bastante: quer&iacute;a un imperio. Vio su oportunidad cuando cay&oacute; Francia. En Hendaya, en octubre de 1940, le ofreci&oacute; a Hitler entrar en guerra a cambio de que este le quitase a aquella colonias y que se las diese a &eacute;l. A la postre, el dictador alem&aacute;n le hizo un favor al Caudillo y no acept&oacute; su apuesta. Pero el se&ntilde;or de las Espa&ntilde;as quer&iacute;a seguir apostando, y mand&oacute; la Divisi&oacute;n Azul a combatir a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Por fortuna para &eacute;l, nadie le declar&oacute; la guerra. Al final, en 1945, a diferencia de sus colegas alem&aacute;n e italiano, la apuesta acab&oacute; en nada para &eacute;l, pero no para sus s&uacute;bditos, que tuvieron que malvivir bajo su mediocridad humana treinta a&ntilde;os m&aacute;s. Entre la guerra y las hambrunas de postguerra perecieron unos 700.000 espa&ntilde;oles.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, los jugadores con fichas marxistas no se quedaron cortos. Stalin, en 1932 decidi&oacute;, contra el consejo de los expertos que a&uacute;n se atrev&iacute;an a hablar, que &eacute;l iba a cambiar para mejor la agricultura sovi&eacute;tica. Un detalle fue que provocase una hambruna en Ucrania y Kazajist&aacute;n que mat&oacute; a unos cinco millones de personas. Luego jug&oacute; con el diablo, ali&aacute;ndose con Hitler para conquistar Polonia, los pa&iacute;ses b&aacute;lticos e incluso Finlandia. La cosa sali&oacute; mal, pero no para &eacute;l. Pese a que Hitler le traicion&oacute; y casi le derrot&oacute;, Stalin acab&oacute; siendo aclamado en 1945 por los suyos y por parte del mundo biempensante como un genio. Su c&aacute;lculo errado hab&iacute;a costado a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica m&aacute;s de treinta millones de vidas. Pero como no ten&iacute;a bastante, hasta su muerte en 1953 sigui&oacute; matando y encarcelando a millones de personas m&aacute;s, ahora que tambi&eacute;n controlaba media Europa.
    </p><p class="article-text">
        Su colega Mao Zedong tampoco anduvo timorato. Sus intentos de transformar China de golpe forzando las leyes econ&oacute;micas convencionales &mdash;el hombre se consideraba un genio y un gran poeta&mdash; con el Gran Salto Adelante en 1958 y la Revoluci&oacute;n Cultural una d&eacute;cada despu&eacute;s acabaron con la vida de entre treinta y cinco y cincuenta millones de chinos. Por su parte, el hijo de Stalin y Mao, el norcoreano, y tambi&eacute;n talento sin par, Kim Il-sung, decidi&oacute; en 1950 que no ten&iacute;a bastantes esclavos, e invadi&oacute; su vecino del sur. Cuando acab&oacute; la guerra en 1953, en parte gracias a la generosa aportaci&oacute;n de la aviaci&oacute;n americana, hab&iacute;an perecido tres millones y medio de almas, la inmensa mayor&iacute;a de ellas civiles. Pero Kim sigui&oacute; en el poder, y a su muerte leg&oacute;&nbsp;su Arcadia feliz a su hijo, y este al suyo.
    </p><p class="article-text">
        Vlad&iacute;mir Putin es otro dictador lud&oacute;pata. No sabemos si expirar&aacute; en su cama como Franco, Stalin, Mao o Kim, o muerto en cualquier sitio como Hitler o Mussolini. Lo que s&iacute; sabemos es que, como todos esos individuos, Putin apuesta con las vidas de otros; a los que ama tanto que no le importa que mueran.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Cazorla Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/suerte-jugador_129_9598164.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Oct 2022 04:00:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/05cd27c8-f0d4-4ec3-8b04-a8bceac0d138_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="128444" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/05cd27c8-f0d4-4ec3-8b04-a8bceac0d138_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="128444" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La suerte del jugador]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/05cd27c8-f0d4-4ec3-8b04-a8bceac0d138_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Después de la Memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/despues-memoria_129_9190808.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d34ff4aa-c7e6-47d5-89d6-1a28890df826_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Después de la Memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cambiemos las palabras que entorpecen el diálogo, conservemos sus mejores objetivos y marquémonos otros nuevos. Para empezar, deberíamos hablar menos de Memoria y más de instrucción pública. Esto último no quiere decir que haya que forzar a nadie a tragar historia, sino que hay que buscar vías imaginativas para ofrecer a la ciudadanía la posibilidad de aprenderla</p></div><p class="article-text">
        Como era previsible, la tramitaci&oacute;n por el Congreso de los Diputados de la Ley de Memoria Democr&aacute;tica ha venido acompa&ntilde;ada de encendidas pol&eacute;micas. Es obvio que muchos de los que critican o rechazan completamente la ley, como otros que la defienden, no la han le&iacute;do. Tambi&eacute;n parece evidente que, incluso si esta no hubiese extendido sus efectos hasta 1983, habr&iacute;a sido igualmente repudiada. En parte esto se debe a que la palabra 'Memoria' suscita un rechazo visceral en amplios sectores de la sociedad espa&ntilde;ola, que la ven como partidista y revanchista. Para otros, por el contrario, es un t&eacute;rmino que encapsula la reparaci&oacute;n hist&oacute;rica, simb&oacute;lica o material, de las v&iacute;ctimas del franquismo y sus descendientes. Quiz&aacute;s ha llegado el momento de pensar en qu&eacute; vendr&aacute; despu&eacute;s de la puesta en marcha de esta ley y c&oacute;mo podemos reconducir la situaci&oacute;n de enfrentamiento actual sobre qu&eacute; hacer con nuestro pasado.
    </p><p class="article-text">
        El Movimiento para la Recuperaci&oacute;n de la Memoria Hist&oacute;rica surgi&oacute; hace m&aacute;s de dos d&eacute;cadas porque hab&iacute;a una realidad doloros&iacute;sima para muchos y que adem&aacute;s se hab&iacute;a convertido en an&oacute;mala en el mundo occidental: la existencia de cientos de fosas comunes, sin marcar ni identificar, que conten&iacute;an los restos de decenas de miles de personas asesinadas durante nuestra guerra incivil y la cruel dictadura que le sigui&oacute;. El objetivo era recuperar e identificar los cuerpos de los all&iacute; enterrados o al menos dignificar sus lugares de reposo. Esto se ha conseguido en parte. Gracias a los esfuerzos&nbsp;de estas asociaciones y a la colaboraci&oacute;n de muchas entidades, incluyendo distintas administraciones, unos 10.000 cuerpos han sido recuperados y un tercio de ellos identificados. Los expertos estiman que este n&uacute;mero, sin contar los que se encuentran en Cuelgamuros, se puede doblar en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. Seg&uacute;n estos mismos profesionales, entonces el proceso habr&aacute; concluido. Los restos, decenas de miles de desaparecidos en la guerra no podr&aacute;n ser recobrados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La nueva Ley de Memoria Democr&aacute;tica, por primera vez, fuerza a la administraci&oacute;n central a financiar estos esfuerzos de recuperaci&oacute;n y dignificaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas. Cuesta creer -ser&iacute;a un esc&aacute;ndalo internacional- que un futuro gobierno del Partido Popular acabe con este proceso (la ley en s&iacute; es otro tema), que al fin y al cabo es simplemente humanitario. En todo caso, pase lo que pase, el mejor y m&aacute;s perdurable legado de la Memoria, las exhumaciones, habr&aacute; quedado ah&iacute;, y sin duda ha hecho m&aacute;s digna a la sociedad espa&ntilde;ola. Tambi&eacute;n parece improbable que las medidas legales incluidas en la nueva ley para reparar jur&iacute;dica y materialmente a las v&iacute;ctimas y sus descendientes vayan a ser impugnadas o anuladas. Y eso tambi&eacute;n habr&aacute; sido muy bueno para el pa&iacute;s. Como lo ser&aacute; que por fin se cree una gu&iacute;a para los visitantes a Cuelgamuros que sustituya a la franquista en uso, o que se trace un circuito tur&iacute;stico oficial para el conjunto monumental. Todas estas medidas son realidades que se podr&aacute;n ajustar, pero es razonable pensar que son irreversibles.
    </p><p class="article-text">
        Pese a todo lo anterior, o m&aacute;s bien como consecuencia, ha llegado el momento de mirar al futuro y reflexionar de forma pausada sobre qu&eacute; queremos hacer. Podemos empe&ntilde;arnos en guerras culturales que no llevan a ninguna parte, o podemos buscar soluciones, incluso a riesgo de pecar de ingenuidad. En este sentido, la validez en el debate pol&iacute;tico del concepto de Memoria ya ha cumplido su funci&oacute;n y deber&iacute;a tener los d&iacute;as contados. Muchos de los historiadores que hemos escrito sobre este tema durante bastante tiempo no hemos dejado de sentirnos inc&oacute;modos con la poca precisi&oacute;n con la que el t&eacute;rmino se ha empleado, por no hablar de su uso partidista. Tampoco nos ha gustado que se centrase solamente en los aspectos traum&aacute;ticos del pasado. Entre otras razones porque hay claras disonancias entre la complejidad y la tragedia de las vidas de las generaciones anteriores, la realidad actual de Espa&ntilde;a y, por &uacute;ltimo, la insistencia de algunos en recordar solo lo doloroso -que adem&aacute;s puede resultar obsesiva y provocar cansancio- como si Memoria fuese lo mismo que trauma. Espa&ntilde;a no es un pa&iacute;s traumatizado; pero los espa&ntilde;oles s&iacute; tenemos memorias distintas de una historia com&uacute;n, y eso no va a cambiar pronto.
    </p><p class="article-text">
        La palabra Memoria se ha enquistado en el debate p&uacute;blico, y probablemente suscita m&aacute;s reacciones viscerales que intercambios enriquecedores y productivos. Hay que reconducir esta situaci&oacute;n, buscando sosegar los &aacute;nimos, y comenzar una nueva din&aacute;mica m&aacute;s sana en la sociedad espa&ntilde;ola. Para ello, dado que el lenguaje que usamos est&aacute; ya contaminado por nuestros propios vicios colectivos, habr&iacute;a que adoptar un vocabulario nuevo que nos abra a otros horizontes mentales, y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, en los que se sienta c&oacute;moda una mayor&iacute;a de los ciudadanos. Estos, por otra parte, cuando se han expresado en encuestas de opini&oacute;n sobre qu&eacute; hacer con nuestro ayer, han mostrado de forma muy mayoritaria una actitud humanista y democr&aacute;tica. Canalicemos entonces estos valores hacia acciones pol&iacute;ticas inclusivas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El lenguaje define nuestros horizontes, nos abre o cierra puertas. Cambiemos las palabras que entorpecen el di&aacute;logo, conservemos sus mejores objetivos y marqu&eacute;monos otros nuevos. Para empezar, deber&iacute;amos hablar menos de Memoria y m&aacute;s de instrucci&oacute;n p&uacute;blica. Esto &uacute;ltimo no quiere decir que haya que forzar a nadie a tragar historia, sino que hay que buscar v&iacute;as imaginativas para ofrecer a la ciudadan&iacute;a la posibilidad de aprenderla, si es lo que quiere, de forma rigurosa, curada por historiadores y muse&oacute;logos, y alejadas de pol&eacute;micas sectarias. Para conseguirlo, ni hay que inventar las palabras ni las pol&iacute;ticas. Alemania, por ejemplo, ha desarrollado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas un ambicioso y exitoso programa de Historia P&uacute;blica, en forma de museos, exposiciones y proyectos educativos, para ense&ntilde;ar la historia del pa&iacute;s. En Espa&ntilde;a podemos hacer lo mismo. En este nuevo proceso podr&iacute;amos discutir c&oacute;mo vamos a educarnos sobre nuestro pasado y considerar, por ejemplo, crear una buena red de museos que, aunque incluyan aspectos terribles, vayan m&aacute;s all&aacute;. Hasta ahora hemos sido bastante al&eacute;rgicos a hacerlo. En nuestro pa&iacute;s hay pocos museos de historia. No hay, por ejemplo, un museo de Historia de Espa&ntilde;a o, mejor, de los Espa&ntilde;oles: un centro educativo de nuestra historia como sociedad en el que se explique a los ciudadanos qu&eacute; era trabajar y vivir antes de nuestra prosperidad actual. Este museo podr&iacute;a existir y colaborar con otros de muy distinto tipo, incluyendo los que abordan el pasado traum&aacute;tico como el centro de interpretaci&oacute;n que se piensa hacer en Cuelgamuros, o con el museo de la guerra civil que se est&aacute; construyendo en Teruel.
    </p><p class="article-text">
        Hay mucho por hacer para educarnos en la historia de nuestro pa&iacute;s (incluido su pasado colonial), en lo bueno y lo malo, en lo cotidiano y lo grandioso, en lo privado y lo p&uacute;blico. Pero esta es una tarea que solo el Estado puede acometer. Aunque siempre existe el riesgo de que los pol&iacute;ticos intenten colonizar las instituciones de Historia P&uacute;blica, esto no es inevitable. En Espa&ntilde;a hemos demostrado muchas veces que podemos hacer las cosas muy bien. Pero para ello necesitamos imaginaci&oacute;n, y hablar con palabras nuevas, para discutir ideas nuevas y as&iacute; hacer las paces con el pasado (lo que los alemanes llaman <em>Vergangenheitsbew&auml;ltigung</em>). De este modo podremos conseguir que la historia se quede en un problema sobre todo de los historiadores, mientras que para la sociedad pueda convertirse en un recurso cultural y hasta en una fuente de riqueza.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Cazorla Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/despues-memoria_129_9190808.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Jul 2022 20:44:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d34ff4aa-c7e6-47d5-89d6-1a28890df826_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="5431914" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d34ff4aa-c7e6-47d5-89d6-1a28890df826_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5431914" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Después de la Memoria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d34ff4aa-c7e6-47d5-89d6-1a28890df826_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El desarrollismo de la dictadura, a lomos de emigrantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desarrollismo-dictadura-lomos-emigrantes_129_9086724.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b305d96d-f9bd-4093-8207-0951a09bbcc4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Alfredo Landa, en &#039;Vente a Alemania, Pepe&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la España del desarrollismo con dictadura, ni había libertad sindical ni se la esperaba, y las condiciones laborales podían llegar a ser muy precarias, con salarios que en muchas ocasiones merecen el calificativo de misérrimos</p></div><p class="article-text">
        Al visitar recientemente el Museu Valenci&agrave; de la Il&middot;lustraci&oacute; i de la Modernitat, MuVIM, me llam&oacute; particularmente la atenci&oacute;n un objeto incluido en la espl&eacute;ndida exposici&oacute;n temporal <a href="http://www.muvim.es/va/content/25-anos-paz-llavat-dimatge-del-franquisme-1964-0" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">&iquest;25 A&ntilde;os de Paz? El lavado de imagen del franquismo en 1964.</a> El objeto del que hablo es una peque&ntilde;a libreta roja con tapas de pl&aacute;stico y gusanillo; un humilde cuaderno destinado a recibir anotaciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la primera hoja de la libretita aparece la traducci&oacute;n al castellano, y la equivalencia en pesetas, de una n&oacute;mina de un trabajador espa&ntilde;ol en la Alemania occidental. Corr&iacute;a el mes de junio de 1966, y Francisco Mart&iacute;nez S&aacute;nchez, natural de Murcia, dedic&oacute; su tiempo a rellenar con bol&iacute;grafo azul aquel papel blanco dividido por cuadraditos. El emigrante que nos ocupa proceder&iacute;a de la misma manera mes tras mes, transcribiendo a las otras hojas las sucesivas n&oacute;minas: siempre en su lengua materna, y siempre convirtiendo los marcos alemanes en pesetas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta libreta roja, adquirida en su momento por 50 <em>pfennig</em>, medio marco, constituye uno de los objetos m&aacute;s singulares e interesantes de la exposici&oacute;n que puede verse, hasta principios de octubre, en el citado museo de la ciudad de Val&egrave;ncia. La libretita en cuesti&oacute;n encarna las incertidumbres y las esperanzas de aquellos emigrantes que abandonaban su casa y su tierra, a familiares y a amigos, con el prop&oacute;sito de alejar de s&iacute; las perspectivas econ&oacute;micas terribles. Unas personas que pretend&iacute;an, y en buena parte de las ocasiones consegu&iacute;an, hacerse con suficiente dinero para comprar un piso o una vivienda rural, adquirir o ampliar propiedades agr&iacute;colas o ganaderas, establecer un negocio o integrarse en una cooperativa. A menudo, adem&aacute;s, los desplazados al extranjero destinaban una buena porci&oacute;n de su paga a otros miembros de la familia, a quienes ayudaban a seguir en sus casas, a continuar radicados en el territorio. Fue el caso de Francisco Mart&iacute;nez, met&oacute;dico en sus anotaciones y c&aacute;lculos, y perseverante cada treinta d&iacute;as en darse a s&iacute; mismo respuesta a la pregunta &laquo;&iquest;cu&aacute;nto dinero puedo enviar este mes a Espa&ntilde;a?&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El enigma se comenzaba a resolver, doce veces al a&ntilde;o, tras consignar el salario en bruto y, a continuaci&oacute;n, sumar los descuentos en concepto de <em>Lohnsteuer </em>(equivalente a nuestra retenci&oacute;n del impuesto de la renta actual), de pago a la Iglesia, de seguro de enfermedad, de seguro de vejez y de &laquo;paro obrero&raquo;. En aquel junio de 1966, casi una cuarta parte del bruto no se convirti&oacute; en l&iacute;quido en las manos de Francisco: de los 867 marcos y 43 <em>pfennig </em>iniciales, equivalentes a 13.011 pesetas y 45 c&eacute;ntimos, su cartera solo pudo alojar 608 marcos y 56 <em>pfennig</em>, es decir, 9.128 pesetas y 40 c&eacute;ntimos. Un marco, 15 pesetas.
    </p><p class="article-text">
        En aquel mismo a&ntilde;o de 1966, en la Espa&ntilde;a franquista el salario m&iacute;nimo mensual era de 2.520 pesetas. Y, a pesar de que no podemos comparar esta &uacute;ltima cifra con la percibida por nuestro trabajador en Alemania (que hab&iacute;a sido alumno de la Escuela de Maestr&iacute;a Industrial murciana), no es nada osado afirmar que Francisco Mart&iacute;nez estaba bastante satisfecho de su decisi&oacute;n de emigrar. En aquellas latitudes, y en las de Suiza, o B&eacute;lgica, o Francia (e incluso en las de Am&eacute;rica), los deseos de conseguir un cierto capital pod&iacute;an hacerse realidad siempre que se tuviese la voluntad de trabajar duramente (y se ostentase la condici&oacute;n f&iacute;sica correspondiente). Como contraste, hay que recordar el hecho de que, en la Espa&ntilde;a del desarrollismo con dictadura, ni hab&iacute;a libertad sindical ni se la esperaba, y las condiciones laborales pod&iacute;an llegar a ser muy precarias, con salarios que en muchas ocasiones merecen el calificativo de mis&eacute;rrimos: <em>Spain was different</em>, tambi&eacute;n en aquel campo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1970, ya muy avanzado el proceso migratorio hacia el continente, Pedro Lazaga dirigi&oacute; la pel&iacute;cula <em>&iexcl;Vente a Alemania, Pepe!</em>, protagonizada por Alfredo Landa. Al margen de los enjundiosos discursos franquistas enquistados en su metraje, es obvio que el &eacute;xito comercial del film se explicar&iacute;a &mdash;adem&aacute;s de por el tir&oacute;n del actor principal&mdash;por poner de relieve alguna cr&iacute;tica y a la gigantesca dimensi&oacute;n y transcendencia social del fen&oacute;meno. En ese sentido, la exposici&oacute;n del MuVIM constituye tambi&eacute;n un buen recordatorio de un proceso que &mdash;por desgracia&mdash; puede ser ninguneado o mistificado &mdash;y acostumbra a ser ninguneado o mistificado&mdash; en el relato de la historia reciente de Espa&ntilde;a. Y ello hasta el punto de que, por ejemplo, se miente sin ning&uacute;n pudor cuando se afirma que los emigrantes espa&ntilde;oles de los a&ntilde;os sesenta siempre fueron &laquo;legales&raquo;: algunas crudas escenas de <em>&iexcl;Vente a Alemania, Pepe! </em>son suficientes para desmontar el bulo acu&ntilde;ado por nuestras derechas &mdash;incluso antes de confirmarse palmariamente lo extremas que son&mdash; con prop&oacute;sitos xen&oacute;fobos. S&iacute;: a la vista de c&oacute;mo est&aacute; el patio, deber&iacute;a recordarse m&aacute;s a menudo que hasta un 50 % de nuestros emigrantes de aquellos tiempos fueron &laquo;ilegales&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Volviendo a la exposici&oacute;n, junto a la antedicha libreta roja, y entre otros elementos, Francisco Mart&iacute;nez ha prestado tambi&eacute;n, para su exhibici&oacute;n en el museo, una sobrecogedora foto tomada en la Nochebuena de 1964 en la f&aacute;brica donde estaba contratado. Para la realizaci&oacute;n de la instant&aacute;nea, y junto a los trabajadores y el un gran &aacute;rbol navide&ntilde;o de rigor, tambi&eacute;n posaron los propietarios teut&oacute;nicos. No hace falta ser un lince para imaginar donde estar&iacute;a la mente de Francisco, y la de su madre (que hab&iacute;a abierto la ruta de la emigraci&oacute;n en el seno familiar), en aquellas Navidades donde no volvieron a la pen&iacute;nsula.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el paso del tiempo, el emigrante murciano &mdash;que preserv&oacute; una colecci&oacute;n documental impresionante de su vida laboral germana&mdash; recal&oacute; en las tierras valencianas y se construy&oacute; una nueva vida. Desde hace d&eacute;cadas vive en Algemes&iacute; con su familia y, hace pocos a&ntilde;os, visit&oacute; en Alemania la f&aacute;brica donde trabaj&oacute; y la localidad donde vivi&oacute;, gast&oacute; y ahorr&oacute;. Francisco tiene un car&aacute;cter alegre y ha referido al comisario de la exposici&oacute;n, Rafael Company &mdash;director del museo tambi&eacute;n&mdash; un sinf&iacute;n de an&eacute;cdotas de aquellos a&ntilde;os de juventud. La libreta roja se ha convertido, gracias a su generosidad y memoria, en el emblema de una trayectoria personal que &mdash;con independencia de los detalles concretos&mdash; podr&iacute;an hacer suya millones de personas radicadas en muchos lugares. En efecto, las remesas de divisas enviadas desde Europa, por tantos hombres y mujeres con los lomos doloridos, contribuyeron a que la vida en Espa&ntilde;a fuera mejor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, el &laquo;milagro econ&oacute;mico espa&ntilde;ol&raquo; de los a&ntilde;os sesenta, y lejos de deberse a la supuesta genialidad de un dictador que, en realidad, hizo cuanto pudo por preservar la autarqu&iacute;a (y ello a pesar de las hambrunas y de los centenares de miles de v&iacute;ctimas mortales y de las desnutriciones aparejadas), aquel &laquo;milagro&raquo;, insisto, que ha motivado demasiados estudios laudatorios y cuyo verdadero alcance tantas acotaciones merece, hay que atribuirlo &mdash;junto a los ingresos por el turismo masivo, los pr&eacute;stamos for&aacute;neos a muy bajo inter&eacute;s y las fuertes inversiones extranjeras&mdash; a las espaldas de trabajadores como Francisco Mart&iacute;nez y a la cuidadosa gesti&oacute;n de los destinos de su sueldo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sacrificios como estos nunca se pusieron de relieve por parte de los gestores de la gigantesca campa&ntilde;a de agitaci&oacute;n y propaganda de los &laquo;25 A&ntilde;os de Paz&raquo;, ahora analizada de manera muy sugestiva, pedag&oacute;gica y documentada en la exposici&oacute;n de Valencia. Los responsables franquistas tampoco se refirieron entonces a las hambres pasadas (como he tenido ocasi&oacute;n de recordar en alg&uacute;n escrito m&iacute;o), ni al contexto expansivo mundial que presid&iacute;a la econom&iacute;a de aquel per&iacute;odo hist&oacute;rico, ni tampoco procedieron jam&aacute;s a comparar los logros del &laquo;milagro espa&ntilde;ol&raquo; con los conseguidos contempor&aacute;neamente en los pa&iacute;ses democr&aacute;ticos del entorno (de hacer esto &uacute;ltimo, hubieran enrojecido de verg&uuml;enza si la hubieran tenido).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los dirigentes espa&ntilde;oles de 1964 nunca hablaron de nada de ello porque, en aquel ejercicio publicitario colosal, destinado a garantizar la adhesi&oacute;n al r&eacute;gimen de Franco y a consolidar el consenso conseguido tambi&eacute;n con sangre y miedo, los art&iacute;fices de la inteligente manipulaci&oacute;n &mdash;con el ministro de Informaci&oacute;n y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, y su cu&ntilde;ado, Carlos Robles Piquer, a la cabeza&mdash; jam&aacute;s tuvieron <em>in mente</em> decir la verdad, toda la verdad, y nada m&aacute;s que la verdad. Justo lo contrario de lo que acontece en la citada exposici&oacute;n del MuVIM. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Cazorla Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desarrollismo-dictadura-lomos-emigrantes_129_9086724.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jun 2022 20:26:45 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b305d96d-f9bd-4093-8207-0951a09bbcc4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="400894" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b305d96d-f9bd-4093-8207-0951a09bbcc4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="400894" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[El desarrollismo de la dictadura, a lomos de emigrantes]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b305d96d-f9bd-4093-8207-0951a09bbcc4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa, sus crisis y su fuerza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/europa-crisis-fuerza_129_8903050.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8fb52f40-b996-40ea-876e-2a631b1c62e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa, sus crisis y su fuerza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy más que nunca hay que recordar que la libertad y la justicia han unido y han hecho prósperos a los europeos</p></div><p class="article-text">
        Desde finales de la d&eacute;cada de la cuarenta hasta principios de la de los setenta Europa occidental vivi&oacute; una &eacute;poca dorada de desarrollo econ&oacute;mico y social. En este periodo, el crecimiento medio del continente se situ&oacute; en el 2.8% anual, el empleo era abundante, se crearon nuevos programas sociales, y la educaci&oacute;n, incluso la superior, se hizo universal. Hay muchas teor&iacute;as sobre qu&eacute; caus&oacute; esta aut&eacute;ntica edad dorada, pero podemos se&ntilde;alar al menos cuatro factores principales. Uno fue la transformaci&oacute;n del capitalismo, que abandon&oacute; la ortodoxia econ&oacute;mica que hab&iacute;a causado y profundizado la gran depresi&oacute;n desatada en 1929. Ahora &eacute;ste se hizo m&aacute;s social, los beneficios se repartieron m&aacute;s y mejor entre la poblaci&oacute;n; y el Estado cobr&oacute; un papel fundamental al nacionalizar, planificar o regular sectores clave, y poner en marcha pol&iacute;ticas redistributivas pagadas con sistemas impositivos progresivos. El siguiente factor fue una apuesta por la industrializaci&oacute;n, que provey&oacute; buenos empleos estables y riqueza a las familias (en 1948, la producci&oacute;n industrial europea representaba el 39% de la mundial; en 1970, ascend&iacute;a al 48%). El tercero fue la disponibilidad de abundantes y baratas fuentes de energ&iacute;a, sobre todo despu&eacute;s de la puesta en explotaci&oacute;n de los yacimientos de petr&oacute;leo de Arabia Saudita, descubiertos poco despu&eacute;s del final de la guerra. El cuarto y &uacute;ltimo fue la creciente cooperaci&oacute;n y coordinaci&oacute;n de los pa&iacute;ses del continente que en 1993 llevar&iacute;a a la creaci&oacute;n de la Uni&oacute;n Europea. Pero hay tambi&eacute;n un &uacute;ltimo factor, muy dif&iacute;cil de cuantificar (muy a menudo ignorado por el capitalismo neoliberal, hasta ayer gran socio y hasta admirador de Putin y de Xi Jinping) pero que a muchos nos parece determinante: que Europa occidental -en su momento con notorias excepciones como Espa&ntilde;a y Portugal- fue y sigue siendo un continente de democracias, y que esto ha permitido que discutamos pac&iacute;ficamente nuestros problemas y que negociemos soluciones que beneficien a la mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El &eacute;xito de Europa no estaba garantizado en 1945. Los retos eran enormes. Los nazis hab&iacute;an sido vencidos, pero las tropas de Stalin estaban acampadas en el coraz&oacute;n del continente, donde implantaban sin piedad copias de la dictadura sovi&eacute;tica. Fascistas y criminales de guerra se escond&iacute;an a plena luz, a menudo apoyados en la complicidad de sus comunidades. Decenas de millones de personas se hab&iacute;an convertido en refugiados. Numerosas infraestructuras claves estaban destrozadas (durante meses, el r&iacute;o Rin s&oacute;lo tuvo un puente usable). Decenas de millones de casas hab&iacute;an sido destruidas. Escaseaban la comida y los combustibles. Para colmo, muchos gobiernos de las naciones reci&eacute;n liberadas se lanzaron a reconquistar a sangre y fuego sus imperios perdidos o amenazados por las potencias del Eje durante la guerra (Francia en Vietnam y Argelia; Holanda en Indonesia), y otros pa&iacute;ses, como el Reino Unido, se aferraban a sus fantas&iacute;as coloniales, aplicando en sus territorios de ultramar (Kenia o Malasia) leyes y pol&iacute;ticas represivas que nada ten&iacute;an que envidiar a las de los reg&iacute;menes fascistas reci&eacute;n derrotados. Y todo esto en medio de una quiebra t&eacute;cnica de las finanzas de los estados solo paliada por la ayuda americana que, sobre todo a trav&eacute;s de la Administraci&oacute;n de las Naciones Unidas para el Auxilio y la Rehabilitaci&oacute;n, para 1948 sumaba 25.000 millones de d&oacute;lares, a los que se les a&ntilde;adieron unos 13.200 m&aacute;s del Plan Marshall entre aquel a&ntilde;o y 1952.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la econom&iacute;a europea despeg&oacute;. Entre 1947 y 1950, la producci&oacute;n de acero aument&oacute; el 70%, la de autom&oacute;viles el 150%, y la de productos derivados del petr&oacute;leo el 200%. No menos importante, las exportaciones crecieron tambi&eacute;n el 91%. El pa&iacute;s m&aacute;s beneficiado de este espectacular crecimiento fue Alemania cuya producci&oacute;n industrial creci&oacute; un fenomenal 600% entre 1948 y 1962. Pero estos logros econ&oacute;micos no estuvieron exentos de grandes obst&aacute;culos. La democracia no se asent&oacute; f&aacute;cilmente en muchos pa&iacute;ses. Las crisis pol&iacute;ticas fueron constantes y se prologaron mucho m&aacute;s all&aacute; de los que a menudo se recuerda. Berl&iacute;n estuvo bloqueada por los sovi&eacute;ticos entre junio de 1948 y mayo de 1949. Solo un ingenioso y muy peligroso puente a&eacute;reo salv&oacute; del hambre y del fr&iacute;o a la ciudad, que de s&iacute;mbolo del nazismo pas&oacute; a ser emblema del desaf&iacute;o a la tiran&iacute;a estalinista. Francia sufri&oacute; tres intentos de golpe de Estado entre 1958 y 1962. La democracia italiana se bas&oacute; en la exclusi&oacute;n, permanente y por cualquier medio, del pujante Partido Comunista. Adem&aacute;s, despu&eacute;s de auspiciosos pasos hacia la unidad europea como fueron la creaci&oacute;n de la OCDE en 1948, el Consejo de Europa en 1949 y la Comunidad del Carb&oacute;n y el Acero en 1952, en la segunda mitad de los a&ntilde;os cincuenta el proceso qued&oacute; empantanado, entre otras cosas por las ambiciones nucleares de Francia y su reticencia ante el rearme de Alemania, que entr&oacute; en la OTAN en 1955. Tuvo que ser la doble crisis provocada por la pat&eacute;tica agresi&oacute;n neo imperial franco-brit&aacute;nica a Egipto en octubre de 1956 y la sangrienta invasi&oacute;n sovi&eacute;tica de Hungr&iacute;a en noviembre, la que recordase a los europeos sus debilidades ante las grandes superpotencias de verdad, los Estados Unidos y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, y la necesidad de una mayor cooperaci&oacute;n entre ellos. En marzo de 1957 se firmaba el Tratado de Roma y la creaci&oacute;n de Euratom. Hab&iacute;a nacido Europa.
    </p><p class="article-text">
        El modelo econ&oacute;mico y social de postguerra funcion&oacute; bien hasta 1973, cuando el embargo de petr&oacute;leo que sigui&oacute; a la guerra del Yom Kippur acab&oacute; provocando en unos meses una subida del precio del combustible del 400%. Para entonces, el sistema financiero mundial, basado en los acuerdos de Bretton Woods de 1944, ya hac&iacute;a agua, en parte por el enrome d&eacute;ficit fiscal americano causado por la guerra del Vietnam. Las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas neoliberales que se implantaron en los a&ntilde;os siguientes acabaron con el consenso social de la Edad de Oro europea. El papel del Estado en la econom&iacute;a se fue difuminando. Los sectores financiero y especulativo fueron los grandes beneficiados mientras que, al mismo tiempo, el continente comenz&oacute; a desindustrializarse. La otrora orgullosa y confiada clase obrera se resquebraj&oacute;, algo que luego usaron populistas de ultraderecha para lanzar discursos de odio y de exclusi&oacute;n. Aunque la econom&iacute;a del bloque sovi&eacute;tico estaba podrida, en los a&ntilde;os setenta parec&iacute;a que el hombre enfermo del continente era Europa occidental (tuvieron que ser los bravos obreros e intelectuales polacos los que demostrasen al mundo libre, ya en 1980, la verdad). Ante la crisis, la respuesta de Europa no fue la vuelta al nacionalismo sino m&aacute;s unidad. En 1974 se cre&oacute; el Consejo de Europa. En 1978 se decidi&oacute; que el parlamento europeo fuese elegido por sufragio directo de los ciudadanos. En 1985, el presidente de la Comisi&oacute;n Europea, Jacques Delors, comenz&oacute; a trabajar para la creaci&oacute;n de un aut&eacute;ntico mercado &uacute;nico, que finalmente vio la luz en febrero de 1986. Un mes antes, Portugal y Espa&ntilde;a hab&iacute;an sido admitidas en la organizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hoy m&aacute;s que nunca hay que recordar que la libertad y la justicia han unido y han hecho pr&oacute;speros a los europeos. Durante las cuatro d&eacute;cadas que siguieron a la derrota del terror nazi, y aun despu&eacute;s, Europa encontr&oacute; su fuerza en rectificar errores y en ahondar la cooperaci&oacute;n entre los estados. Entretanto, por primera vez en m&aacute;s de cinco siglos, los europeos renunciaron a atacar a otras gentes -el continente dej&oacute; de ser opresor y colonialista- e interiorizaron el discurso de defensa de la paz y de los derechos humanos. As&iacute; hemos salido de nuestras crisis. Y hay que repetirlo, porque esta verdad doler&aacute; siempre tanto a los que no tienen otra ideolog&iacute;a que la del dinero como a los tiranos, sobre todo a los que presumen de saber mucha historia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Cazorla Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/europa-crisis-fuerza_129_8903050.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Apr 2022 19:46:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8fb52f40-b996-40ea-876e-2a631b1c62e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="99770" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8fb52f40-b996-40ea-876e-2a631b1c62e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="99770" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Europa, sus crisis y su fuerza]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8fb52f40-b996-40ea-876e-2a631b1c62e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La economía de la servilleta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/economia-servilleta_129_7937391.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8c10183f-6c3f-4b40-ad54-38ca9e1e5fe9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La economía de la servilleta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una gran subida fiscal en España es necesaria porque tenemos que pagar los déficits públicos acumulados en las dos crisis que nos han azotado y, no menos importante, porque queremos un futuro mejor</p></div><p class="article-text">
        En 1932, el c&oacute;mico americano Will Rogers hizo un chiste cuyos efectos llegar&iacute;an hasta hoy, aunque desprovistos hace ya mucho tiempo de gracia. Vino a decir m&aacute;s o menos que &ldquo;el dinero ha sido apropiado por los de arriba con la esperanza de que se derrame sobre los que lo necesitan&rdquo;. Rogers se mofaba as&iacute; de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas del presidente Herbert Hoover, quien, por mantener las cuentas p&uacute;blicas equilibradas y los impuestos bajos a toda costa, hab&iacute;a ahondado con sus recortes en el gasto por la Gran Depresi&oacute;n y sus desastrosas consecuencias sociales. Por desgracia para nuestro pa&iacute;s, hay todav&iacute;a quien dice creer en el chiste de Rogers. El consejero de Hacienda de Madrid lo ha dicho recientemente as&iacute;: &ldquo;Subir impuestos hace da&ntilde;o a quien menos tiene&rdquo;. La versi&oacute;n de su hom&oacute;logo andaluz es m&aacute;s castiza: &ldquo;Empobrecer a los ricos no enriquece a los pobres&rdquo;. Ambas declaraciones se enmarcan en el rechazo del Partido Popular a las subidas fiscales que planea el Gobierno. Es m&aacute;s, seg&uacute;n el l&iacute;der de la oposici&oacute;n, en cuanto llegue al poder va a proceder a una gran rebaja fiscal.
    </p><p class="article-text">
        La broma de Rogers se hizo teor&iacute;a en 1974 cuando qued&oacute; esbozada en la servilleta de un restaurante. Su autor fue Arthur Laffer, un economista al servicio del presidente Gerald Ford. Le acompa&ntilde;aban en ese momento hist&oacute;rico dos colegas que tambi&eacute;n tuvieron una destacada carrera en otras administraciones republicanas: Dick Cheney y Donald Rumsfeld. La curva que Laffer dibuj&oacute; en la servilleta demostraba, seg&uacute;n &eacute;l, lo que sus compa&ntilde;eros de mesa quer&iacute;an o&iacute;r: que bajar los impuestos beneficiar&iacute;a a todo el mundo, ya que la econom&iacute;a se expandir&iacute;a y que, gracias al &ldquo;efecto derrame&rdquo; del c&oacute;mico Rogers, se producir&iacute;a tal aumento de los ingresos fiscales que estos cubrir&iacute;an con creces el d&eacute;ficit inicial en las cuentas p&uacute;blicas. Con la bajada de impuestos todos ganaban, ricos y pobres. Por el contrario, explic&oacute; el profesor Laffer, a m&aacute;s impuestos, menos actividad econ&oacute;mica, pues se desincentivaba a los emprendedores, y l&oacute;gicamente bajaba la recaudaci&oacute;n. La consecuencia ser&iacute;a un empobrecimiento general. Para cimentar sus argumentos, Laffer dijo luego inspirarse nada menos que en John Maynard Keynes.
    </p><p class="article-text">
        La teor&iacute;a de la servilleta hubo de esperar para poder ser puesta en pr&aacute;ctica a la presidencia de Ronald Reagan en 1981. El hombre designado para ello fue David Stockman, quien baj&oacute; el tipo impositivo m&aacute;ximo del 70% al 38,5%. La econom&iacute;a efectivamente se relanz&oacute;. Desde entonces se ha venido debatiendo cu&aacute;l fue el papel de esos recortes fiscales masivos en los a&ntilde;os dorados de la econom&iacute;a americana bajo Reagan; entre otras cosas, porque luego Bill Clinton subi&oacute; los impuestos y la expansi&oacute;n econ&oacute;mica fue a&uacute;n mayor. En lo que hay menos debate es en que los recortes fiscales dispararon el d&eacute;ficit p&uacute;blico y la deuda nacional a niveles no vistos desde la guerra mundial. Las consecuencias de esta pol&iacute;tica a&uacute;n perduran, entre otras cosas porque la bajada fiscal acarre&oacute; ajustes muy severos en la inversi&oacute;n p&uacute;blica y en las transferencias de renta a las capas m&aacute;s bajas de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os despu&eacute;s Stockman reconoci&oacute; que la curva de Laffer no funciona. Lo que no ha disuadido a muchos pol&iacute;ticos de seguir abrazando sus principios. Hoy en Espa&ntilde;a se nos dice desde la oposici&oacute;n que hay que bajar impuestos porque otros pa&iacute;ses europeos supuestamente lo est&aacute;n haciendo y hay que hacer competitivo al pa&iacute;s. Aunque toda comparaci&oacute;n entre pa&iacute;ses hay siempre que hacerla con cautela, por venir de quien viene el argumento requiere un m&iacute;nimo nivel de verificaci&oacute;n. Olvid&eacute;monos de la &ldquo;manirrota&rdquo; Italia y la &ldquo;estatista&rdquo; Francia y tomemos como ejemplo la situaci&oacute;n fiscal de los pa&iacute;ses llamados &ldquo;frugales&rdquo; de la Uni&oacute;n Europea (Alemania, Austria, Holanda y Finlandia). La carga fiscal en relaci&oacute;n al Producto Interior Bruto en todos estos pa&iacute;ses, actualmente gobernados por partidos de derechas, es en Alemania el 41,7%, en Austria un 43,1%, en Finlandia el 42,3% y en Holanda un 39,8%. Todos est&aacute;n muy por encima de la espa&ntilde;ola (35,4%). Por desgracia, estas diferencias entre Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses europeos no son nuevas. Vienen del franquismo, que ya en su d&iacute;a practic&oacute; su versi&oacute;n ind&iacute;gena de la econom&iacute;a de la servilleta de Laffer, y que hizo a los espa&ntilde;oles los verdaderos frugales, y algo m&aacute;s, de Europa. En 1965 el gasto p&uacute;blico en nuestro pa&iacute;s representaba el 15% del PIB, mientras que la media de la OCDE era del 31%. En 1970 hab&iacute;a aumentado al 20% del PIB, mientras en Alemania era el 38,6%.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto quiere decir algo muy simple: que, con respecto a Europa, Espa&ntilde;a tiene un retraso fiscal acumulado de d&eacute;cadas. Esa riqueza no redistribuida y esa inversi&oacute;n que las distintas administraciones no han canalizado se manifiestan hoy en varios indicadores. El &iacute;ndice GINI marca la desigualdad social en los pa&iacute;ses. Cuanto m&aacute;s alto se est&eacute; en la tabla, existe una mayor desigualdad. En este &iacute;ndice Espa&ntilde;a ocupa el puesto 88, mientras que Alemania est&aacute; en el 131, Austria en el 135, Finlandia en el 149 y Holanda en el 141. Algo tambi&eacute;n debe tener que ver la econom&iacute;a de la servilleta con nuestras dificultades para hacer nuestro pa&iacute;s m&aacute;s moderno y competitivo a trav&eacute;s de la innovaci&oacute;n, como muestra el escaso porcentaje del PIB dedicado a la investigaci&oacute;n, que en Espa&ntilde;a es el 1,25%, mientras que en Alemania y Austria es el 3,2%, en Finlandia el 2,8% y en Holanda el 2,16%. O que, en relaci&oacute;n con la media europea, tengamos un d&eacute;ficit estimado de 120.000 enfermeros y 40.000 auxiliares de enfermer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Tener una sociedad cohesionada, innovadora y con buena salud cuesta mucho dinero. Pero las inversiones tienen que ser constantes en un proceso intergeneracional, y el gasto ha de ser gestionado con visi&oacute;n y honestidad. Si no se dan estas condiciones, los ciudadanos percibir&aacute;n que se est&aacute;n malgastando sus impuestos y que no reciben los servicios que pagan, a diferencia de otros pa&iacute;ses. Es una cr&iacute;tica tan natural como universal. Pero cuando nuestros pol&iacute;ticos, que deber&iacute;an saberlo mejor, apelan a un supuesto despilfarro generalizado y dicen que basta acabar con este, no ya para que sobre el dinero, sino para poder bajar los impuestos, est&aacute;n haciendo un p&eacute;simo servicio al pa&iacute;s. Esta ret&oacute;rica podr&aacute; permitir ganar elecciones, pero si se lleva a la pr&aacute;ctica dejar&aacute; secuelas negativas de larga duraci&oacute;n. Como han dicho la Uni&oacute;n Europea y la OCDE, una gran subida fiscal en Espa&ntilde;a y otros reformas de calado son necesarias porque tenemos que pagar los d&eacute;ficits p&uacute;blicos acumulados en las dos crisis que nos han azotado y, no menos importante, porque queremos un futuro mejor. No obstante, todav&iacute;a hay mucho que discutir sobre qu&eacute; impuestos deben aumentar, qui&eacute;n ha de pagarlos y c&oacute;mo se fiscaliza el proceso.
    </p><p class="article-text">
        Con la reforma fiscal que se avecina nos jugamos dos cosas muy importantes. Una es aprovechar los fondos Nueva Generaci&oacute;n europeos para transformar nuestra estructura productiva y hacerla menos dependiente de sectores como el turismo y la construcci&oacute;n, que tienen poco valor a&ntilde;adido, escasa innovaci&oacute;n y son muy susceptibles a los vaivenes c&iacute;clicos. Otra es hacer una sociedad m&aacute;s justa en la que no se deje a nadie detr&aacute;s. Si no lo hacemos, Espa&ntilde;a no va a poder aprovechar bien su capital humano y el f&iacute;sico, y estar&aacute; abocada a las miserias de la econom&iacute;a de la servilleta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Cazorla Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/economia-servilleta_129_7937391.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 May 2021 19:47:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8c10183f-6c3f-4b40-ad54-38ca9e1e5fe9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="523029" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8c10183f-6c3f-4b40-ad54-38ca9e1e5fe9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="523029" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La economía de la servilleta]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8c10183f-6c3f-4b40-ad54-38ca9e1e5fe9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Economía,Impuestos,Recortes,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
