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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carmen Duce Díaz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carmen-duce-diaz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carmen Duce Díaz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ojalá esta sea la última crisis de los combustibles fósiles de Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ojala-sea-ultima-crisis-combustibles-fosiles-europa_129_13504106.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7f3fa099-b20c-4cb8-a5dc-173f269b039f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ojalá esta sea la última crisis de los combustibles fósiles de Europa"></p><p class="article-text">
        Este verano, la ciudadan&iacute;a europea, y en particular la espa&ntilde;ola, est&aacute; pagando dos veces el precio de depender de los combustibles f&oacute;siles. Primero, lo pagamos en las gasolineras. Debido a la situaci&oacute;n geopol&iacute;tica y las olas de calor, solo en los meses de verano en Espa&ntilde;a, el precio medio de la gasolina ha subido un 18%; el di&eacute;sel un 21, 4% y el de la electricidad un 17%. 
    </p><p class="article-text">
        La segunda factura es mucho peor, porque m&aacute;s all&aacute; del coste econ&oacute;mico supone una cat&aacute;strofe humana, social y ecol&oacute;gica. Este verano, una ola de calor tras otra han azotado la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, haciendo del otrora id&iacute;lico verano una estaci&oacute;n insoportable, en la que el sudor y el sofoco son el menor de los males. Lo m&aacute;s devastador es que, a finales de agosto ya se contabilizaban m&aacute;s de 5.000 muertes debidas al calor, lo que supone el verano con m&aacute;s fallecimientos por esta causa. 
    </p><p class="article-text">
        Las altas temperaturas tambi&eacute;n hacen m&aacute;s terribles los incendios forestales, que han vuelto a arrasar el pa&iacute;s, batiendo r&eacute;cords imposibles. Solo en julio y agosto, lamentamos la muerte de 14 personas por causas relacionadas con incendios forestales. Son decenas de miles de personas las que han sido evacuadas, y miles de ellas tienen que lamentar incluso que su vivienda se haya visto afectada. Sin olvidar las m&aacute;s de 250.000 hect&aacute;reas de montes calcinados en un par de meses. La situaci&oacute;n es tan dram&aacute;tica que ya hablamos con normalidad de decenas de miles de hect&aacute;reas quemadas, de cientos o miles de personas evacuadas y de poblaciones afectadas en cada incendio. 
    </p><p class="article-text">
        A esta factura tambi&eacute;n se suman las p&eacute;rdidas en las cosechas, que el servicio cient&iacute;fico de la Comisi&oacute;n Europea JRC, cifra en un 14% por debajo de la media de los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os en la UE, dependiendo del cultivo. Solo esto tiene un impacto econ&oacute;mico estimado es de unos 2.000 millones de euros de ingresos perdidos para los agricultores.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la factura del combustible o la luz y la que causan las altas temperaturas se presentan como algo diferente, ambas son consecuencias de un modelo energ&eacute;tico basado en los combustibles f&oacute;siles. Durante a&ntilde;os, los responsables pol&iacute;ticos europeos han tratado la lucha contra el cambio clim&aacute;tico, la seguridad energ&eacute;tica y la competitividad como agendas separadas. La realidad es la contraria. La v&iacute;a m&aacute;s r&aacute;pida para conseguir una energ&iacute;a m&aacute;s barata y fiable, una industria m&aacute;s resistente y una mayor autonom&iacute;a geopol&iacute;tica es la misma que permite reducir las emisiones: acabar con la dependencia de los combustibles f&oacute;siles. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora Europa necesita una hoja de ruta ambiciosa para hacer frente a su mayor vulnerabilidad estrat&eacute;gica: su dependencia de los combustibles f&oacute;siles. El discurso sobre el estado de la Uni&oacute;n que pronunciar&aacute; la presidenta Ursula von der Leyen en septiembre es el momento adecuado para ponerla en marcha. La presidenta de la Comisi&oacute;n Europea deber&iacute;a centrar su acci&oacute;n y su discurso en responder a la pregunta &iquest;qu&eacute; hace falta para que esta sea la &uacute;ltima crisis de los combustibles f&oacute;siles que sufra Europa? 
    </p><p class="article-text">
        El primer paso es cuantificar el verdadero coste de esta dependencia. El siguiente paso es identificar la v&iacute;a m&aacute;s r&aacute;pida y eficaz para abandonarlos. La reducci&oacute;n del consumo, las energ&iacute;as renovables respetuosas con la biodiversidad y el territorio, la eficiencia energ&eacute;tica, la electrificaci&oacute;n, unas redes dimensionadas y robustas, as&iacute; como el almacenamiento son soluciones sobre las que ya existe evidencia suficiente para demostrar que funcionan. El reto ahora es desplegarlas. Adem&aacute;s, cada euro de dinero p&uacute;blico deber&iacute;a someterse a una pregunta muy sencilla: &iquest;reduce la dependencia de Europa de los combustibles f&oacute;siles o la prolonga? Demasiados fondos p&uacute;blicos, demasiadas subvenciones y demasiadas decisiones de inversi&oacute;n siguen reforzando el sistema energ&eacute;tico del pasado en lugar de impulsar el del futuro. 
    </p><p class="article-text">
        La transici&oacute;n debe hacerse de forma justa y contando con toda la ciudadan&iacute;a europea. Las regiones, las personas trabajadoras y los hogares que sostienen la econom&iacute;a europea no pueden quedar simplemente al margen, asumiendo por s&iacute; solos los costes del cambio. Al contrario, deben estar en el centro del dise&ntilde;o de las soluciones y de las v&iacute;as para llevarlas a cabo. Y si hablamos de soluciones rentables, la naturaleza debe formar parte de la estrategia. Los bosques, humedales, suelos y espacios verdes urbanos de Europa no son meros activos medioambientales. Son infraestructuras esenciales: ayudan a enfriar las ciudades, reducir el riesgo de inundaciones, almacenar carbono y reforzar nuestra capacidad de adaptaci&oacute;n a un clima cambiante, a menudo a un coste muy inferior al de las alternativas basadas en infraestructuras artificiales. 
    </p><p class="article-text">
        Ninguna de estas prioridades es nueva. Lo que ha faltado hasta ahora es un &uacute;nico marco estrat&eacute;gico capaz de conectarlas. El debate europeo se ha fragmentado, creando una brecha entre la pol&iacute;tica industrial, la seguridad, la lucha contra el cambio clim&aacute;tico, la agricultura y las reglas fiscales. Sin embargo, cada nueva crisis energ&eacute;tica demuestra que todos estos &aacute;mbitos forman parte de un mismo desaf&iacute;o: la dependencia de la energ&iacute;a f&oacute;sil importada hace que Europa sea m&aacute;s d&eacute;bil, m&aacute;s pobre y menos resiliente. El discurso sobre el estado de la Uni&oacute;n que la presidenta de la Comisi&oacute;n Europea, Ursula von der Leyen, pronunciar&aacute; en septiembre deber&iacute;a hacer algo m&aacute;s que responder a las &uacute;ltimas crisis. Deber&iacute;a poner en marcha una hoja de ruta que garantice que nunca m&aacute;s se repita.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Erika González Briz, Carmen Duce Díaz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ojala-sea-ultima-crisis-combustibles-fosiles-europa_129_13504106.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Sep 2026 04:02:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ojalá esta sea la última crisis de los combustibles fósiles de Europa]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La tecnología no nos salvará]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/tecnologia-no-salvara_129_8485365.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd07415a-4f38-42a9-8055-3629dbbeed48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La tecnología no nos salvará"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para frenar la emergencia climática solo hay un camino: dejar de quemar combustibles fósiles. Dejarlos enterrados, evitar nuevas prospecciones y afrontar un verdadero cambio sistémico que ataje de raíz el origen del cambio climático</p></div><p class="article-text">
        La Cumbre del Clima parece que va a terminar sin alcanzar los acuerdos que necesitamos para frenar la crisis clim&aacute;tica. A pesar de la decepci&oacute;n, hay algo que no admite duda: tanto la presidencia brit&aacute;nica como la gran mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses, se han llenado la boca para hablar de la emergencia clim&aacute;tica. Las declaraciones institucionales han asumido como propias las evidencias cient&iacute;ficas presentadas por el Panel de Expertos para el Cambio Clim&aacute;tico (IPCC). En el avance de su Sexto Informe de Evaluaci&oacute;n, presentado en agosto de 2021, el IPCC es claro: el cambio clim&aacute;tico es generalizado, r&aacute;pido y se est&aacute; intensificando. 
    </p><p class="article-text">
        Si las emisiones no se reducen de manera r&aacute;pida, ser&aacute; imposible limitar el incremento de la temperatura a los 2&ordm; C. Y si bien ya estamos notando los efectos del calentamiento global (inundaci&oacute;n de zonas litorales, incendios de magnitud desconocida antes, p&eacute;rdida de la biodiversidad, propagaci&oacute;n de enfermedades infecciosas o derretimiento de glaciares milenarios, entre otras) la comunidad cient&iacute;fica ni siquiera se atreve a vislumbrar qu&eacute; es lo que podr&iacute;a ocurrir por encima de los 2&ordm;C. Una vez se superen ciertos puntos de inflexi&oacute;n (tipping points) y se desequilibre completamente el sistema clim&aacute;tico, no podremos hacer m&aacute;s que adaptarnos a lo inevitable y hacer frente a p&eacute;rdidas y da&ntilde;os que ya est&aacute;n ocurriendo pero que, sin duda, aumentar&aacute;n a gran escala.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta acuciante y desesperada situaci&oacute;n, las empresas que se han enriquecido con la quema de combustibles f&oacute;siles siguen empe&ntilde;adas en vender humo. Nos proponen soluciones de final de tuber&iacute;a, tecnolog&iacute;as de ciencia ficci&oacute;n para que nada cambie, y para que el sistema capitalista siga rodando, apretando el acelerador hacia el precipicio. 
    </p><p class="article-text">
        En esta COP26 se ha hablado mucho de neutralidad clim&aacute;tica, el <em>net zero</em>, poniendo el foco fundamentalmente en tecnolog&iacute;as &mdash;a pesar de que han demostrado su ineficacia y sus riesgos&mdash; como la captura y almacenamiento de carbono o la energ&iacute;a nuclear. Tambi&eacute;n se ha hablado de propuestas tan fantasiosas como la gesti&oacute;n de la radiaci&oacute;n solar. 
    </p><p class="article-text">
        En la zona azul de la COP &mdash;los espacios de negociaci&oacute;n oficiales- los pa&iacute;ses ricos, a instancias de las multinacionales patrocinadoras de la cumbre, han abogado por incluir estas tecnolog&iacute;as fallidas en sus compromisos de reducci&oacute;n de emisiones, las NDC (nationally determined contribution). 
    </p><p class="article-text">
        No en vano, en lo que va de siglo se han destinado miles de millones de dinero p&uacute;blico y privado a experimentos que han tratado de capturar carbono o reflejar la radiaci&oacute;n solar. El Tribunal de Cuentas de la Uni&oacute;n Europea public&oacute; en 2018 un informe sobre los fondos dedicados a este tipo de proyectos. Seg&uacute;n el <a href="https://www.eca.europa.eu/Lists/ECADocuments/SR18_24/SR_CCS_ES.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe</a>, &ldquo;ninguno de los proyectos de captura y almacenamiento de CO2 financiados por el NER300 han obtenido resultados satisfactorios&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero hablemos de algunos de sus efectos negativos. En la Cumbre de los Pueblos de Glasgow, el encuentro alternativo a la COP26 que ha congregado a miles de activistas, hemos podido escuchar testimonios de las comunidades afectadas por algunos de estos experimentos de geoingenier&iacute;a. La geoingenier&iacute;a se presenta como una soluci&oacute;n tecnol&oacute;gica para combatir el cambio clim&aacute;tico, al manipular a gran escala algunos factores que influyen en el clima del planeta. Las tecnolog&iacute;as de geoingenier&iacute;a clim&aacute;tica pueden dividirse en: la gesti&oacute;n de la radiaci&oacute;n solar (reflejar la luz del sol al espacio), la captura y almacenamiento de gases de efecto invernadero y la modificaci&oacute;n del clima. Dentro del marco de la geoingenier&iacute;a se incluyen una amplia gama de t&eacute;cnicas, entre ellas: &ldquo;blanquear&rdquo; las nubes para que reflejen los rayos del sol; lanzar part&iacute;culas de materiales reflectantes, como los sulfatos o el carbonato c&aacute;lcico a la estratosfera; espolvorear perlas de silicato reflectantes sobre los hielos polares; verter part&iacute;culas de hierro en los oc&eacute;anos para alimentar el plancton que absorbe el CO2; o modificar gen&eacute;ticamente los cultivos para que su follaje refleje mejor la luz solar.
    </p><p class="article-text">
        Muchos de estos experimentos est&aacute;n previstos en territorios ind&iacute;genas originarios y tradicionales, como el proyecto SCoPEx, que propone inyectar part&iacute;culas de sulfato en la atm&oacute;sfera para probar su eficacia para bloquear el sol. SCoPEx ha sido temporalmente paralizado dada la oposici&oacute;n de la comunidad Saami (Laponia) a la puesta en marcha de un proyecto en su territorio sin haber realizado previamente ning&uacute;n proceso de consulta ni informaci&oacute;n p&uacute;blica. La poblaci&oacute;n nativa se opone tambi&eacute;n al proyecto Ice911 en Alaska, ahora conocido como Arctic Ice Project, que pretende esparcir millones de diminutas burbujas de vidrio sobre el hielo del &Aacute;rtico para ralentizar el deshielo y reflejar la luz solar.
    </p><p class="article-text">
        Estos proyectos, adem&aacute;s de llevar d&eacute;cadas de experimentaci&oacute;n sin demostrar su viabilidad, pueden provocar graves impactos en territorios vulnerables, y son un freno a la verdadera lucha contra el cambio clim&aacute;tico, al detraer recursos econ&oacute;micos y energ&eacute;ticos de las verdaderas soluciones.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, una de las energ&iacute;as m&aacute;s peligrosas que la humanidad ha desarrollado, la energ&iacute;a nuclear, tambi&eacute;n ha estado tambi&eacute;n muy presente en esta COP26, especialmente en los espacios abiertos al p&uacute;blico. Incluso en la zona verde (la zona de eventos abierta al p&uacute;blico, mayoritariamente copada por las empresas patrocinadoras de la cumbre), un expositor muestra las te&oacute;ricas maravillas de la fusi&oacute;n nuclear, una tecnolog&iacute;a que lleva m&aacute;s medio siglo en fase experimental y de la que siempre se dice que le faltan otros cuarenta a&ntilde;os m&aacute;s para ser viable, y rentable. 
    </p><p class="article-text">
        Pero ya no hay tiempo. Para frenar la emergencia clim&aacute;tica solo hay un camino: dejar de quemar combustibles f&oacute;siles. Y para ello, la &uacute;nica v&iacute;a es dejarlos enterrados, evitar nuevas prospecciones y afrontar un verdadero cambio sist&eacute;mico que ataje de ra&iacute;z el origen del cambio clim&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para reducir las emisiones asociadas al transporte, por ejemplo, debemos pensar m&aacute;s en c&oacute;mo reducir la necesidad de movilidad de personas y mercanc&iacute;as (mediante la producci&oacute;n y el comercio local, o la reducci&oacute;n del consumo de productos superfluos que no necesitamos), y menos en electrificar todo lo que se mueve. De nada sirve invertir esfuerzos en intentar algo tan inviable como la electrificaci&oacute;n de toda una flota de veh&iacute;culos si mantiene su tama&ntilde;o actual. 
    </p><p class="article-text">
        Nos queda muy poco tiempo para organizar una transici&oacute;n justa a un sistema socioecon&oacute;mico que ponga de verdad la vida en el centro, y no los beneficios econ&oacute;micos. Este cambio va a requerir mucha energ&iacute;a y muchos esfuerzos, y no podemos permitirnos el lujo de despilfarrarlos en falsas soluciones que ya se han demostrado in&uacute;tiles e incluso, peligrosas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Duce Díaz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/tecnologia-no-salvara_129_8485365.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Nov 2021 05:01:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La tecnología no nos salvará]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cuánto contamina mi coche?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/contamina-coche_129_8037112.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/45dc59f0-cbf8-4ec8-b793-94b0079648eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cuánto contamina mi coche?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con la etiqueta CERO solo deberían catalogarse los vehículos eléctricos de batería y los de pila de combustible, cuyas emisiones en operación son nulas, y no vehículos híbridos como sucede en estos momentos</p></div><p class="article-text">
        La Ley de Cambio Clim&aacute;tico y Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica, aprobada recientemente, obliga a las ciudades de m&aacute;s de 50.000 habitantes, y a muchas de las ciudades de m&aacute;s de 20.000 habitantes, aquellas que hayan tenido episodios de superaci&oacute;n de indicadores de calidad del aire, a poner en marcha sus Zonas de Bajas Emisiones antes de 2023, esto es, en menos de 18 meses. Esta medida supone un gran avance para la mejora de la calidad del aire y la lucha contra el cambio clim&aacute;tico desde las ciudades, pero puede quedar en papel mojado si los mecanismos que se ponen en marcha para su implementaci&oacute;n adolecen de falta de rigor, o generan confusi&oacute;n en la ciudadan&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n est&aacute; por ver en cada ciudad c&oacute;mo se desarrollan, pero parece claro que habr&aacute; algunos criterios que determinar&aacute;n qu&eacute; veh&iacute;culos pueden entrar y cu&aacute;les no en las ZBE. Uno de los criterios m&aacute;s habituales para discriminar la entrada a las ZBE suele ser el tipo de combustible que utiliza el veh&iacute;culo, y, de forma m&aacute;s precisa, el tipo de motor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El actual sistema de etiquetado ambiental de veh&iacute;culos (B, C, ECO, CERO) resulta muy confuso, utiliza una nomenclatura y una gama de colores inversa, por ejemplo, al etiquetado de la eficiencia energ&eacute;tica de los electrodom&eacute;sticos, por lo que puede llevar a interpretaciones err&oacute;neas por parte de las personas consumidoras. Estos distintivos categorizan los veh&iacute;culos en funci&oacute;n de las mediciones realizadas por los fabricantes, en condiciones ideales, de las emisiones de &oacute;xidos de nitr&oacute;geno, mon&oacute;xido de carbono, hidrocarburos y part&iacute;culas. Se ha demostrado en varias ocasiones que las emisiones reales son mucho mayores que los valores indicados por los fabricantes, vulnerando de esta manera el derecho a la informaci&oacute;n de las personas consumidoras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ecologistas en Acci&oacute;n, Ecodes, Greenpeace y Transport&amp;Environment hemos desarrollado una propuesta alternativa al actual sistema de etiquetado ambiental de los veh&iacute;culos, para afrontar de una manera m&aacute;s eficaz los retos que la Ley de Cambio Clim&aacute;tico ha puesto sobre la mesa. Es una propuesta clara, y m&aacute;s f&aacute;cil de entender que la actual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los principales cambios que demandamos son: tener en cuenta las emisiones de CO2a la vez que las contaminantes a la hora de otorgar los distintivos; eliminar la etiqueta ECO, por enga&ntilde;osa, y una mejora para acercar m&aacute;s la clasificaci&oacute;n a las emisiones reales de los veh&iacute;culos y que solamente los veh&iacute;culos sin emisiones reciban el distintivo CERO.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tener en cuenta las emisiones de CO2 resulta imprescindible ya que las zonas de bajas emisiones no servir&aacute;n solo para reducir emisiones contaminantes, sino que su principal objetivo ser&aacute; reducir, precisamente, emisiones de CO2.&nbsp; Es de particular relevancia en un escenario en el que la moda de los SUV ha hecho que la mayor&iacute;a de los coches que se venden en la actualidad sean m&aacute;s contaminantes que hace 10 a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La propuesta presentada propone suprimir el distintivo ECO que re&uacute;ne a veh&iacute;culos de gas e h&iacute;bridos. Su eliminaci&oacute;n ha sido demandada incluso&nbsp; desde organizaciones de consumidoras y usuarias, porque es una etiqueta enga&ntilde;osa: los veh&iacute;culos a gas no son ecol&oacute;gicos ya que se mueven con un combustible f&oacute;sil que genera CO2 y otros gases de efecto invernadero como el metano, y son tan contaminantes como los veh&iacute;culos de gasolina. Respecto a los h&iacute;bridos, se ha demostrado que circulan con excesiva frecuencia como veh&iacute;culos a motor de gasolina o di&eacute;sel, ocasionando la misma problem&aacute;tica ambiental que aqu&eacute;llos.
    </p><p class="article-text">
        Con la etiqueta CERO solo deber&iacute;an catalogarse los veh&iacute;culos el&eacute;ctricos de bater&iacute;a y los de pila de combustible, cuyas emisiones en operaci&oacute;n son nulas, y no veh&iacute;culos h&iacute;bridos como sucede en estos momentos.
    </p><p class="article-text">
        En nuestra propuesta, las etiquetas B y C se mantendr&iacute;an; este etiquetado afecta al 90% del parque de veh&iacute;culos actual, aunque deber&iacute;a incorporarse en estas etiquetas el criterio de emisiones de CO2, no superando los 137 gramos por kil&oacute;metro en el caso de la etiqueta C.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, proponemos la creaci&oacute;n de una nueva etiqueta D, que distinguir&iacute;a los veh&iacute;culos de combusti&oacute;n interna menos contaminantes y m&aacute;s eficientes (veh&iacute;culos Euro 6d y posteriores), cuyas emisiones de CO2 no superen los 95 gr/km.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La emergencia clim&aacute;tica exige que los cambios que se lleven a cabo sean profundos, y las medidas operativas para ponerlos en marcha, eficaces y f&aacute;ciles de entender por la poblaci&oacute;n. Si no se hace as&iacute;, las ZBE pueden correr el riesgo de quedar en meras propuestas con buenas intenciones pero poca efectividad, y se habr&aacute; perdido una oportunidad de oro para luchar contra el cambio clim&aacute;tico.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nuria Blázquez, Carmen Duce Díaz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/contamina-coche_129_8037112.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Jun 2021 20:00:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Crisis climática,Contaminación Atmosférica]]></media:keywords>
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