<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Adolfo Herrero Colás]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alfonso-herrero-colas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Adolfo Herrero Colás]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1033832/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Guastavino, otro ingrediente más en la paella rusa de Monleón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/territori-critic/guastavino-ingrediente-paella-rusa-monleon_132_9238048.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/309896da-1ee1-41da-b145-a55899a1affe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Guastavino, otro ingrediente más en la paella rusa de Monleón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En memoria de nuestra querida colega “terracrítica” Maota Soldevilla quien nos abandonó a principios de verano.</p></div><p class="article-text">
        &nbsp;Las obras reci&eacute;n terminadas de la plaza de la Reina no han hecho sino confirmar las peores expectativas que expon&iacute;a en mi art&iacute;culo publicado en este mismo diario el pasado 7/12/2021 (<a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/territori-critic/plaza-reina-construccion_132_8558254.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Plaza de la Reina &iquest;en construcci&oacute;n?</strong></a>). Intentar&eacute; no repetirme y tan solo complementar&eacute; algunos aspectos que quedaron aplazados en &eacute;l por falta de espacio. 
    </p><p class="article-text">
        Como ya dije entonces, las obras realizadas son consecuencia de aquel concurso promovido en 1999 por el Colegio de Arquitectos cuyo aval resulta insuficiente. Si entonces tuvo sombras, desde luego, el inicio de las mismas 20 a&ntilde;os despu&eacute;s, enmendado y maquillado convenientemente tras una rocambolesca readjudicaci&oacute;n en 2018 a otro equipo distinto del ganador por cuestiones puramente burocr&aacute;ticas, constituye un fracaso estrepitoso del urbanismo municipal. 
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente el jurado que escogi&oacute; los proyectos estaba constituido por arquitectos de reconocida trayectoria profesional en sus diversos roles, en l&iacute;nea con la pretensi&oacute;n de alta calidad del resultado que persegu&iacute;an los organizadores. En la convocatoria, estrictamente facultativa, no hab&iacute;a interferencias pol&iacute;ticas, por tanto &iquest;qu&eacute; podr&iacute;a salir mal? Sin embargo, la alcaldesa del PP que regentaba el gobierno municipal de entonces se ocup&oacute; de hacer llegar un contundente mensaje: ninguna propuesta que cuestionase el estacionamiento subterr&aacute;neo o una visi&oacute;n sin interferencias s&oacute;lidas -esto es, arquitect&oacute;nicas- de la catedral, ser&iacute;a asumida por su gobierno y la propuesta quedar&iacute;a abocada al fracaso.
    </p><p class="article-text">
        Pero ambas cuestiones eran precisamente los dos aspectos esenciales que deber&iacute;an haberse resuelto con el concurso:
    </p><p class="article-text">
        El primero y fundamental es la escala del lugar, hipotecado, adem&aacute;s, por el estacionamiento subterr&aacute;neo; un vac&iacute;o en el que, aunque ya nos hayamos acostumbrado a &eacute;l a fuerza de su visi&oacute;n cotidiana (otros ni siquiera recuerdan su origen y/o siempre lo han conocido as&iacute;), su tama&ntilde;o contin&uacute;a siendo incompatible con el tejido menudo y fragmentado de su entorno. &iquest;Esta circunstancia imped&iacute;a cualquier alternativa a la explanada inclemente que hemos heredado? Las bases del concurso nada se&ntilde;alaban respecto al estacionamiento existente; por tanto, su permanencia pod&iacute;a ser objetada.
    </p><p class="article-text">
        El segundo, tan importante como el anterior, es la renuncia al restablecimiento incuestionable de las condiciones urban&iacute;sticas con las que se construy&oacute; la portada barroca de la catedral, descontextualizada tras el derribo de la acera este de casas que conformaba la antigua calle de Zaragoza. Tampoco las bases del concurso se&ntilde;alaban nada al respecto, luego era posible su restituci&oacute;n en todo o en parte de dichas condiciones. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la posici&oacute;n municipal invitaba al conformismo. El proyecto ganador con el lema <em>Titolivio.es</em>, redactado por un equipo de magn&iacute;ficos profesionales, es un trabajo que roza la excelencia, pero que nace impregnado de un huidizo &ldquo;realismo&rdquo; al aceptar dicho escenario condicionado, m&aacute;s bien impuesto, desde la alcald&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        El primer aspecto se desatendi&oacute; sin complejos por los redactores del proyecto ganador, consolidando los hechos consumados. 
    </p><p class="article-text">
        El segundo, obtuvo una t&iacute;mida respuesta, fiando la soluci&oacute;n a una doble hilera de arbolado situado, extra&ntilde;amente, del lado contrario de la alineaci&oacute;n desaparecida de la calle de Zaragoza, supuestamente para ocultar la visi&oacute;n lejana del extenso paramento catedralicio. Su longitud se interrumpe al alcanzar una plataforma o &ldquo;pasarela urbana&rdquo;, como la definieron los proyectistas, cuya anchura corresponde a la de la antigua calle; era un artificio virtual que no lograba reestablecer en modo alguno la contextualizaci&oacute;n hist&oacute;rica de la portada de la catedral por la insignificante escala de la pieza propuesta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hubo alg&uacute;n concursante que s&iacute; apost&oacute; por la resoluci&oacute;n del segundo problema, restituyendo con un edificio -a fin de cuentas, no era tan dif&iacute;cil- la &uacute;ltima manzana que conformaba, junto a la catedral, la plaza del <em>Micalet</em> <strong>(imagen n&uacute;m. 1</strong>), y que devolv&iacute;a las condiciones f&iacute;sicas de partida a la portada principal del templo. Con ello, ocultaba el resto de su anodina fachada casi ciega, carente del menor inter&eacute;s en su desarrollo. Entre ellas, la propuesta con el lema <em>Rotabile</em> era una buena aspirante: un recinto arbolado denso y compacto contenido en una envolvente arquitect&oacute;nica precisa, al modo de un invernadero. Pero el jurado del concurso, temiendo el fracaso de un resultado &ldquo;inviable&rdquo;, no encontr&oacute; ni en esta ni en otras similares la suficiente calidad como para erigirse en ganadora.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/45a6e911-cab6-42fe-87fa-9eb96b9f1434_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/45a6e911-cab6-42fe-87fa-9eb96b9f1434_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/45a6e911-cab6-42fe-87fa-9eb96b9f1434_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/45a6e911-cab6-42fe-87fa-9eb96b9f1434_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/45a6e911-cab6-42fe-87fa-9eb96b9f1434_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/45a6e911-cab6-42fe-87fa-9eb96b9f1434_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/45a6e911-cab6-42fe-87fa-9eb96b9f1434_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La última manzana derribada para la ampliación de la plaza. Fachada sur recayente a la calle de la Puñalería."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La última manzana derribada para la ampliación de la plaza. Fachada sur recayente a la calle de la Puñalería.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Resulta lamentable que la nueva corporaci&oacute;n municipal surgida en 2015 no haya sido capaz enmendar los errores de aquel proyecto ganador hipotecado por decisiones pol&iacute;ticas catetas, obsoletas e ignorantes de las nuevas estrategias urbanas que se debat&iacute;an en aquellos momentos. La readjudicaci&oacute;n de las obras sin cuestionar el proyecto original, esto es, sin revisar los condicionantes heredados del gobierno municipal precedente, no ha hecho sino empeorar las cosas llenando el espacio de elementos anecd&oacute;ticos in&uacute;tiles e ineficientes que, lejos de resolver un conflicto lo han acrecentado exponencialmente. <strong>La verdadera cuesti&oacute;n no era la retirada del tr&aacute;fico sino la escala del espacio y su habitabilidad (im&aacute;genes n&uacute;ms. 2 y 3).&nbsp;</strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/727d2bec-10b7-4d6e-95d5-9bc048d0956f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/727d2bec-10b7-4d6e-95d5-9bc048d0956f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/727d2bec-10b7-4d6e-95d5-9bc048d0956f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/727d2bec-10b7-4d6e-95d5-9bc048d0956f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/727d2bec-10b7-4d6e-95d5-9bc048d0956f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/727d2bec-10b7-4d6e-95d5-9bc048d0956f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/727d2bec-10b7-4d6e-95d5-9bc048d0956f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Vistas de la plaza de la Reina de València."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Vistas de la plaza de la Reina de València.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Ahora, alguien ha tenido la ocurrencia de incluir nuevos ingredientes en esta inmensa paella rusa de Joan Monle&oacute;n (&iquest;Recuerdan aquel memorable programa de <em>Canal 9</em> tan representativo de la <em>coentor</em> valenciana?). Adem&aacute;s de unos anecd&oacute;ticos fragmentos de v&iacute;as de tranv&iacute;a deslocalizadas, el otro nuevo ingrediente es una estatua del arquitecto Rafael Guastavino padre, nacido, seg&uacute;n reza la placa conmemorativa fijada a su pedestal, en una casa ubicada en el n&uacute;mero 11, en la acera norte de la calle de la <em>Punyaleria</em>, (de la <em>Armeria</em>, en &eacute;poca de Tosca), que formaba parte de la fachada sur de la &uacute;ltima manzana demolida para ampliar la plaza en 1962 <strong>(imagen n&uacute;m. 1)</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute;, se ha instalado una estatua -de corte &ldquo;realista&rdquo; como dir&iacute;a el alcalde de Valdepe&ntilde;as -el lugar de Espa&ntilde;a quiz&aacute; m&aacute;s prol&iacute;fico en este tipo de actuaciones- en la inauguraci&oacute;n de la ocurrente y oportuna intervenci&oacute;n en la plaza de su pueblo- como <em>la mujer madre</em> (embarazada frente a un pol&eacute;mico carrito de la compra), an&aacute;loga a los miles de estatuas que proliferan en nuestras ciudades siguiendo la moda y a semejanza de nuestros genuinos <em>ninots indultats</em>. Dispuestas generalmente a ras de suelo para acentuar la &ldquo;cercan&iacute;a&rdquo; a quien se encuentra con ellas, supuestamente homenajean an&eacute;cdotas y oficios varios como <em>la mujer huertana</em> (Los Ramos, Murcia), <em>les dones barxeres</em> (Pedreguer), <em>Homenaje al ga&ntilde;&aacute;n</em> (Valdepe&ntilde;as), <em>Gaud&iacute; sentado en un banco</em> (Le&oacute;n), el audaz marinero, el heroico minero o a los animales callejeros abandonados. Algunas reposan sobre un pedestal, como sucede con Guastavino y la otra estatua que ya habitaba la plaza<span class="highlight" style="--color:white;"> que muestra a una mujer desnuda que lanza al aire palomas, en analog&iacute;a con la existente en Oviedo (otra ciudad abundante en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>estatuas</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">-</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>ninot </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">de estas caracter&iacute;sticas) que pretende simbolizar la paz.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cu&aacute;nto da&ntilde;o ha hecho Antonio L&oacute;pez, sin pretenderlo.<span class="highlight" style="--color:white;">&nbsp;</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/27908b3f-461f-4637-a95b-09efe912eeda_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/27908b3f-461f-4637-a95b-09efe912eeda_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/27908b3f-461f-4637-a95b-09efe912eeda_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/27908b3f-461f-4637-a95b-09efe912eeda_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/27908b3f-461f-4637-a95b-09efe912eeda_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/27908b3f-461f-4637-a95b-09efe912eeda_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/27908b3f-461f-4637-a95b-09efe912eeda_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Guastavino en la Plaza de la Reina."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Guastavino en la Plaza de la Reina.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En la estatua conmemorativa, como si de un espadach&iacute;n se tratara, Guastavino porta en su brazo derecho alzado por encima de la cabeza un objeto que recuerda a un florete de esgrima, que pretende ser, supongo, una abstracci&oacute;n de la b&oacute;veda tabicada que tanta fama y fortuna le proporcionaron en Estados Unidos. El monumento reconoce el m&eacute;rito indudable de quien se atrevi&oacute; a patentar como suyo en aquel pa&iacute;s un sistema constructivo, tradicional en su tierra y en todo el arco mediterr&aacute;neo, que era de todos </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>(imagen n&uacute;m. 4)</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. </span>
    </p><p class="article-text">
        Si de rendir homenaje se trataba a los Guastavino, padre y tambi&eacute;n al hijo, puesto que ambos constituyeron una exitosa sociedad que trabaj&oacute; en las m&aacute;s importantes obras norteamericanas del siglo XX, &iquest;no hubiera sido mejor dedicarles un espacio f&iacute;sico construido en la manzana de la plaza donde naci&oacute; el progenitor para explicar su contribuci&oacute;n al dominio de nuevas t&eacute;cnicas constructivas de los edificios?<strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Concluyendo, la ciudad de Val&egrave;ncia ha perdido otra oportunidad de liderar una nueva urbanidad. En alg&uacute;n titular de la prensa local de estos d&iacute;as he le&iacute;do: &ldquo;<em>nueva plaza de la Reina: mucha piedra y mala sombra&rdquo;.</em> Su reapertura, tan oportuna en este verano tan duro que estamos soportando, ha sentenciado de manera inapelable la plaza: <strong>insufrible</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Y, hablando de confort, qu&eacute; quieren que les diga, prefiero lugares como la Glorieta, el tramo inicial de las facultades de la Avenida de Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez o las Grandes V&iacute;as (Marqu&eacute;s del Turia, Fernando el Cat&oacute;lico&hellip;), a pesar de su tr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Trinidad Sim&oacute;, otra ilustre colega &ldquo;terracr&iacute;tica&rdquo; desaparecida, nunca dej&oacute; de reclamar: &ldquo;&aacute;rboles, &aacute;rboles, m&aacute;s &aacute;rboles&hellip;&rdquo; &nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Adolfo Herrero Colás]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/territori-critic/guastavino-ingrediente-paella-rusa-monleon_132_9238048.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Aug 2022 20:56:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/309896da-1ee1-41da-b145-a55899a1affe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="87204" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/309896da-1ee1-41da-b145-a55899a1affe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="87204" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Guastavino, otro ingrediente más en la paella rusa de Monleón]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/309896da-1ee1-41da-b145-a55899a1affe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Plaza de la Reina ¿en construcción?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/territori-critic/plaza-reina-construccion_132_8558254.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/309896da-1ee1-41da-b145-a55899a1affe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Plaza de la Reina ¿en construcción?"></p><h3 class="article-text">I. Ceci n'est pas une place</h3><p class="article-text">
        La llamada &ldquo;plaza&rdquo; de la Reina alguna vez lo fue, pero hoy no puede seguir caracteriz&aacute;ndose as&iacute; el plano horizontal de una exorbitante explanada cuya hipoteca principal -porque as&iacute; se ha querido- es un estacionamiento subterr&aacute;neo construido en los a&ntilde;os 70 del pasado siglo, y que hoy, libre de servidumbres, incomprensiblemente, impide la certera soluci&oacute;n de un problema hist&oacute;rico. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora no es sino un extenso desierto pavimentado, expuesto al sol inclemente del verano y, por lo que se ve, esto no va a cambiar con las obras de peatonalizaci&oacute;n en curso. Su escala responde a un problema inexistente creado a partir de la obsesi&oacute;n por la trasnochada Reforma Interior (<strong>imagen 1</strong>). Los derribos que, amparados en ella, provocaron este <em><strong>terrain vague</strong></em> en pleno coraz&oacute;n de la ciudad, no han encontrado hasta el momento una justificaci&oacute;n racional m&aacute;s all&aacute; de una supuesta vocaci&oacute;n de centralidad a la que el argumentario de la mejora de la vialidad ha prestado su justificaci&oacute;n m&aacute;s enga&ntilde;osa. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la iniciativa municipal de consolidar ese nodo de actividad ya estaba obsoleta cuando se inician los primeros derribos en los a&ntilde;os cuarenta, que concluyeron al alcanzar la fachada de la catedral en 1963. Otro tanto sucedi&oacute; con la apertura de la avenida del Oeste emprendida tard&iacute;amente por los mismos motivos: remediar el paro obrero existente en la ciudad de posguerra. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/82d7e75e-b890-4d21-b57b-e7a00045299d_source-aspect-ratio_50p_1036422.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/82d7e75e-b890-4d21-b57b-e7a00045299d_source-aspect-ratio_50p_1036422.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/82d7e75e-b890-4d21-b57b-e7a00045299d_source-aspect-ratio_75p_1036422.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/82d7e75e-b890-4d21-b57b-e7a00045299d_source-aspect-ratio_75p_1036422.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/82d7e75e-b890-4d21-b57b-e7a00045299d_source-aspect-ratio_default_1036422.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/82d7e75e-b890-4d21-b57b-e7a00045299d_source-aspect-ratio_default_1036422.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/82d7e75e-b890-4d21-b57b-e7a00045299d_source-aspect-ratio_default_1036422.jpg"
                    alt="Imágenes 1 y 2."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imágenes 1 y 2.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El centro urbano se hab&iacute;a desplazado ya desde finales de los a&ntilde;os 20 a la antigua plaza de San Francisco, germen de la actual plaza de <em>l&acute;Ajuntament</em>, y, cuando se inician los derribos, su centralidad estaba fuera de toda duda.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo m&aacute;s tentador con respecto a su tama&ntilde;o consist&iacute;a en alcanzar desde el lado sur -determinado por un eje imaginario desde la calle de la Paz a la torre de Sta. Catalina- la fachada de la catedral. Para ello el ayuntamiento convoc&oacute; un concurso en 1951 con el objetivo de obtener ideas con las que llevar adelante la ampliaci&oacute;n. Ven&iacute;a supuestamente avalado por el &ldquo;sentimiento popular&rdquo; y &ldquo;la adhesi&oacute;n inquebrantable de las fuerzas vivas&rdquo; de la ciudad, como fue descrito en su momento.
    </p><p class="article-text">
        Si en su estado actual, y, utilizando n&uacute;meros redondos, comparamos el tama&ntilde;o de la plaza de la Reina (alrededor de 165x65 mts.) con otras plazas de <em>Ciutat Vella</em> (Plaza Redonda, 35 mts. de di&aacute;metro; del Negrito, 20x20 mts.; del Correo Viejo, 25x15 mts.; de la Merced, 25x20 mts.; de San Luis Beltr&aacute;n, 25x16 mts., &hellip;), advertiremos el desatino de la ampliaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero no s&oacute;lo eso, este prop&oacute;sito conllev&oacute; la destrucci&oacute;n de la visi&oacute;n de la portada</strong> barroca de la catedral, construida entre 1703 y 1741; un singular elemento que hab&iacute;a nacido adapt&aacute;ndose a las circunstancias urban&iacute;sticas del lugar -su visi&oacute;n desde la calle de Zaragoza- y cuya caracter&iacute;stica compositiva sigue siendo ignorada y despreciada sistem&aacute;ticamente desde entonces. Si hoy pregunt&aacute;semos, sin aportar la informaci&oacute;n y valoraci&oacute;n suficientes acerca de las circunstancias de su construcci&oacute;n, esta opci&oacute;n -mostrar selectivamente s&oacute;lo la portada barroca- frente a la de &ldquo;mostrarlo todo&rdquo; -desde la portada hasta el Aula Capitular (Capilla del Santo C&aacute;liz)- como sucede en la actualidad, la respuesta obtenida probablemente ser&iacute;a la misma. 
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, la construcci&oacute;n en 1970 del extenso estacionamiento subterr&aacute;neo entorpeci&oacute; definitivamente una soluci&oacute;n razonable de organizaci&oacute;n del espacio. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora, el proyecto y las obras de reurbanizaci&oacute;n en curso se ejecutan con veinte a&ntilde;os de retraso desde la convocatoria del &uacute;ltimo concurso promovido a instancias del Colegio de Arquitectos en 1998. Y claro, desde entonces las cosas han cambiado bastante: Han cambiado las preocupaciones ciudadanas acerca del peso y significado de la ciudad hist&oacute;rica; ha cambiado la percepci&oacute;n y la puesta en valor de las cuestiones medioambientales, con el rechazo al ruido y dem&aacute;s contaminaciones del signo que fueren; ha cambiado, aunque a duras penas, el concepto de accesibilidad motorizada a cualquier lugar fomentada durante d&eacute;cadas de pol&iacute;ticas de est&iacute;mulo del uso indiscriminado del autom&oacute;vil (m&aacute;s estacionamientos subterr&aacute;neos en el centro, m&aacute;s t&uacute;neles, m&aacute;s carriles de circulaci&oacute;n&hellip;); ha cambiado el turismo interesado moderadamente en la ciudad y la repercusi&oacute;n econ&oacute;mica que ello comporta; finalmente, ha cambiado la visi&oacute;n fara&oacute;nica del espect&aacute;culo de pan y circo al que nos ten&iacute;an acostumbrados las autoridades competentes del momento. Todo ello ha cristalizado tambi&eacute;n en un cambio de signo pol&iacute;tico de la Corporaci&oacute;n Municipal y/o quiz&aacute;s por ello sea todo al rev&eacute;s de como lo he escrito. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso no se entiende muy bien la aceptaci&oacute;n acr&iacute;tica municipal del proyecto ganador de 1999 sin una revisi&oacute;n y puesta al d&iacute;a de los objetivos, es decir, sin adaptarlo al ideario de la Corporaci&oacute;n representativa del nuevo sentir ciudadano surgida de las elecciones. Adem&aacute;s, desde 2015, la Agenda 2030 nos compromete, atendiendo especialmente al objetivo n&uacute;mero 11 de hacer Ciudades y Comunidades sostenibles. 
    </p><p class="article-text">
        Para acabarlo de arreglar, la rocambolesca adjudicaci&oacute;n del proyecto de ejecuci&oacute;n y de la direcci&oacute;n de las obras al segundo de la lista (no de los ganadores del concurso de 1999 sino del reciente de 2018) por interferencias administrativas que nunca debieron primar sobre la calidad de la soluci&oacute;n ganadora -burocracia frente a arquitectura-, ha degradado definitivamente la intervenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, si la concepci&oacute;n inicial, haciendo abstracci&oacute;n de lo dicho hasta aqu&iacute;, era una exquisita intervenci&oacute;n zen, lo que se est&aacute; ejecutando ahora mismo es una gran <em>paella mixta</em>, aquel inefable guiso heredado del franquismo cocinado para un turismo paleto de aluvi&oacute;n, donde sus autores, cautivos del <em>horror vacui</em>, disponen sobre el extenso plano horizontal en el que no se sabe qu&eacute; hacer para rellenarlo, los ingredientes a cu&aacute;l m&aacute;s pintoresco: una pata de conejo m&aacute;s una gamba y unos guisantes por aqu&iacute;, una <em>cl&oacute;txina </em>por all&iacute;, dos tiras de pimiento morr&oacute;n m&aacute;s all&aacute;&hellip;.
    </p><h3 class="article-text">II. Konrad Rudolf y el infortunio de una portada maldita</h3><p class="article-text">
        A principios del s. XX, las aspiraciones ciudadanas a dotar de mayor espacio a la primitiva plaza de la Reina, un enclave de planta triangular ubicado en la confluencia de las calles de la Paz -iniciada a partir de 1878 y concluida en 1903- y de San Vicente -sometida a una regularizaci&oacute;n de alineaciones en su fachada oeste- parecen obtener respuesta a una demanda de mayor accesibilidad a ese incipiente centro urbano que parec&iacute;a consolidarse. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6c4c882-8848-492a-9cc9-537a1921a9a3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6c4c882-8848-492a-9cc9-537a1921a9a3_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6c4c882-8848-492a-9cc9-537a1921a9a3_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6c4c882-8848-492a-9cc9-537a1921a9a3_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6c4c882-8848-492a-9cc9-537a1921a9a3_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d6c4c882-8848-492a-9cc9-537a1921a9a3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d6c4c882-8848-492a-9cc9-537a1921a9a3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imagen 3."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imagen 3.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El origen y genealog&iacute;a de la plaza de la Reina hoy son perfectamente conocidos gracias a los trabajos de investigaci&oacute;n publicados por el arquitecto y acad&eacute;mico Francisco Taberner, por lo que no insistir&eacute; en este asunto (<strong>imagen 3</strong>). No obstante, quiero se&ntilde;alar dos aspectos que caracterizan a casi todas las propuestas que para su ampliaci&oacute;n se presentaron a otro concurso previo al de 2000, celebrado en 1951. En &eacute;l, el objetivo preferente consist&iacute;a en alcanzar desde el lado sur, determinado por el eje imaginario que desde la calle de la Paz finalizaba en la torre de Santa Catalina, la fachada de la catedral. Este objetivo ven&iacute;a supuestamente avalado por el &ldquo;sentimiento popular&rdquo; y &ldquo;la adhesi&oacute;n inquebrantable de las fuerzas vivas&rdquo; de la ciudad, como fue descrito en su momento.
    </p><p class="article-text">
        La primera caracter&iacute;stica de dichas propuestas fue <strong>la organizaci&oacute;n del &aacute;rea de actuaci&oacute;n en dos o, incluso, tres ambientes o subespacios diferenciados,</strong> <strong>para atenuar la magnitud del espacio resultante</strong>; la segunda, la incorporaci&oacute;n de una ordenanza gr&aacute;fica realzada por soportales para unificar de alg&uacute;n modo el espacio o los subespacios que pretend&iacute;an organizar a partir de los derribos generalizados previstos. 
    </p><p class="article-text">
        En cierto modo y, dado su tama&ntilde;o, hab&iacute;a una voluntad de regulaci&oacute;n del espacio al modo de las plazas mayores espa&ntilde;olas construidas entre los siglos XVI y XVIII, como Madrid, Salamanca o de la Corredera, en C&oacute;rdoba, si bien con el lenguaje estalinista del momento tan querido por el franquismo que hoy vemos en la avenida Karl Marx del Berl&iacute;n oriental. 
    </p><p class="article-text">
         Esta propuesta, afortunadamente no prosper&oacute; porque el debate organizado por el Colegio de arquitectos en 1956, a prop&oacute;sito del concurso del 51, conclu&iacute;a en que el aceptable valor de las fachadas de la antigua calle de Zaragoza que quedaban a la vista tras los derribos hac&iacute;a innecesaria una regulaci&oacute;n de tales caracter&iacute;sticas. 
    </p><p class="article-text">
        Dos aspectos del relato de Taberner requieren una puntualizaci&oacute;n importante. El primero, apenas subrayado en su publicaci&oacute;n &ldquo;<em>Valencia entre el ensanche y la reforma interior&rdquo;</em>, es que <strong>la iniciativa municipal</strong> de consolidar ese nodo de actividad <strong>ya estaba obsoleta cuando se inician los primeros derribos en los a&ntilde;os cuarenta.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Esta fiebre ampliadora tambi&eacute;n alcanz&oacute; a la plaza de la Virgen, de modo que su estado actual es otro ejemplo, a menor escala, de lo mismo. Su tama&ntilde;o original (50 x 45 mts.) tambi&eacute;n se desfigur&oacute; esperando a una quim&eacute;rica ampliaci&oacute;n de la bas&iacute;lica de la <em>Mare de D&eacute;u dels Desemparats</em> que nunca lleg&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El segundo aspecto, extra&iacute;do de Taberner en &ldquo;Im&aacute;genes y cronolog&iacute;a b&aacute;sica&rdquo; del Cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n de propuestas presentadas al Concurso de Proyectos editado en el a&ntilde;o 2000 por el Colegio de Arquitectos de Valencia, es la menci&oacute;n de los comentarios despectivos que realiza en 1774 el acad&eacute;mico de la Historia, Antonio Ponz a quien, con un punto de vista fuertemente influido por el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Neoclasicismo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Neoclasicismo</a> y la&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ilustraci%C3%B3n" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ilustraci&oacute;n</a>, y al que horrorizaban los excesos del&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Barroco" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">barroco</a> tard&iacute;o, se&ntilde;alaba, a prop&oacute;sito de la portada principal de la catedral que, <em>&hellip; tiene m&aacute;s de grande que de buena&hellip;</em> , prosiguiendo con una cr&iacute;tica despectiva hacia su autor, Konrad Rudolf, y la composici&oacute;n de su trazado. 
    </p><p class="article-text">
        La portada hab&iacute;a sido construida treinta y tres a&ntilde;os antes de la visita de Ponz, quien hab&iacute;a estado realizando, inicialmente por encargo de la Corona y m&aacute;s tarde a iniciativa propia, un inventario de monumentos acompa&ntilde;ado de un informe documental sobre la conservaci&oacute;n del patrimonio art&iacute;stico general de las obras de arte con una descripci&oacute;n de las mismas, aportando adem&aacute;s su visi&oacute;n de la realidad social del pa&iacute;s en esos momentos.
    </p><p class="article-text">
         En defensa de la debida objetividad hacia los valores arquitect&oacute;nicos y est&eacute;ticos de esta portada de singular y forzada ubicaci&oacute;n, pienso que Taberner deber&iacute;a haber mencionado, tambi&eacute;n, la valoraci&oacute;n que el catedr&aacute;tico de historia del arte, Joaqu&iacute;n B&eacute;rchez y el arquitecto y acad&eacute;mico de Bellas Artes, Arturo Zaragoz&aacute;, dos autoridades indiscutibles en la materia; ambos realizan un an&aacute;lisis l&uacute;cido y equilibrado de esta intervenci&oacute;n, contenido en el Cat&aacute;logo de Monumentos de la <em>Comunitat Valenciana</em>, editado por la <em>Generalitat Valenciana</em> en 1996 (<strong>im&aacute;genes 2 y 4</strong>).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b03aae49-8415-41f3-adf3-582426edb135_source-aspect-ratio_50p_1036428.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b03aae49-8415-41f3-adf3-582426edb135_source-aspect-ratio_50p_1036428.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b03aae49-8415-41f3-adf3-582426edb135_source-aspect-ratio_75p_1036428.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b03aae49-8415-41f3-adf3-582426edb135_source-aspect-ratio_75p_1036428.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b03aae49-8415-41f3-adf3-582426edb135_source-aspect-ratio_default_1036428.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b03aae49-8415-41f3-adf3-582426edb135_source-aspect-ratio_default_1036428.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b03aae49-8415-41f3-adf3-582426edb135_source-aspect-ratio_default_1036428.jpg"
                    alt="Portada barroca de la Catedral de València (Fotografía de Joaquín Berchez). Imagen 4."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Portada barroca de la Catedral de València (Fotografía de Joaquín Berchez). Imagen 4.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Llegados a este punto, cabr&iacute;a preguntarse &iquest;Han influido los prejuicios de Ponz en la valoraci&oacute;n de este singular elemento tan inteligentemente adaptado a las condiciones del lugar como para ser despreciado sistem&aacute;ticamente en casi todas las opciones a la ampliaci&oacute;n de la plaza? 
    </p><p class="article-text">
        Esta caracter&iacute;stica compositiva fue ignorada frente a la opci&oacute;n de &ldquo;mostrarlo todo&rdquo; -desde la propia portada hasta el Aula Capitular (Capilla del Santo C&aacute;liz)- en casi todas las soluciones aportadas al concurso de 1951, pese a la subdivisi&oacute;n en espacios o ambientes diferenciados que incluso manten&iacute;an la manzana norte que delimitaba con la catedral la plaza del <em>Micalet</em>. Finalmente, la construcci&oacute;n en 1970 del extenso estacionamiento subterr&aacute;neo entorpeci&oacute; definitivamente una soluci&oacute;n razonable de organizaci&oacute;n del espacio y la percepci&oacute;n correcta de sus elementos arquitect&oacute;nicos. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy en 2021, de nuevo, la portada sigue estando maldita. 
    </p><h3 class="article-text">Y III. La peatonalizaci&oacute;n nunca es suficiente</h3><p class="article-text">
        El proyecto ganador en el concurso de 1999 mantuvo el <em><strong>statu quo</strong></em> del estacionamiento subterr&aacute;neo; algo que hoy es inasumible. Est&aacute; ampliamente demostrado que los aparcamientos en el centro de las ciudades, lejos de resolver un problema, atraen m&aacute;s tr&aacute;fico motorizado al interior de estos recintos, muy fr&aacute;giles por su condici&oacute;n funcional, y que no son capaces de soportar. Su heredero bastardo, el proyecto que ejecuta la peatonalizaci&oacute;n del &aacute;rea, no s&oacute;lo no cuestiona este producto engendrado en el pasado desarrollista de la ciudad; tampoco su banal urbanidad, permitir&aacute; alcanzar una correcta recomposici&oacute;n del espacio urbano, posponi&eacute;ndola otra vez m&aacute;s y, quiz&aacute;s, definitivamente.
    </p><p class="article-text">
        Es, por tanto, cuestionable que la permanencia de esta situaci&oacute;n generada en los a&ntilde;os 70 deba mantenerse inalterada.<strong> Su conservaci&oacute;n es el gran error de las obras en curso</strong>. Un argumento m&aacute;s a favor de su desaparici&oacute;n<strong> </strong>es que<strong> el estacionamiento est&aacute; amortizado y su titularidad es municipal. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Ahora, la pol&iacute;tica com&uacute;n en todas las ciudades europeas es la apuesta decidida por el transporte colectivo, la mejora del medio ambiente urbano y la recualificaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cambiar coches por &aacute;rboles no s&oacute;lo en la superficie</strong>
    </p><p class="article-text">
        El estacionamiento existente no s&oacute;lo constituye una hipoteca para la recuperaci&oacute;n de este espacio urbano, sino que est&aacute; generando graves complicaciones en las obras de remodelaci&oacute;n -las fotos que nos llegan desde la prensa impresa ponen de manifiesto las carencias de esta instalaci&oacute;n obsoleta-. Por el contrario, su desaparici&oacute;n aporta un dilatado foso apto para la plantaci&oacute;n de arbolado de gran porte y porte medio que no s&oacute;lo mitigar&iacute;a el impacto visual de ese <em><strong>terrain vague</strong></em>, sino que constituir&iacute;a una fuente natural de producci&oacute;n de ox&iacute;geno y de absorci&oacute;n de di&oacute;xido de carbono, contribuyendo a hacer del lugar un espacio m&aacute;s saludable. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a29b7d37-144b-4e9c-a860-e545616094a6_source-aspect-ratio_50p_1036429.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a29b7d37-144b-4e9c-a860-e545616094a6_source-aspect-ratio_50p_1036429.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a29b7d37-144b-4e9c-a860-e545616094a6_source-aspect-ratio_75p_1036429.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a29b7d37-144b-4e9c-a860-e545616094a6_source-aspect-ratio_75p_1036429.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a29b7d37-144b-4e9c-a860-e545616094a6_source-aspect-ratio_default_1036429.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a29b7d37-144b-4e9c-a860-e545616094a6_source-aspect-ratio_default_1036429.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a29b7d37-144b-4e9c-a860-e545616094a6_source-aspect-ratio_default_1036429.jpg"
                    alt="París. Jardín interior de la Biblioteca Nacional de Francia (Fotografía A. Herrero). (Imagen 5)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                París. Jardín interior de la Biblioteca Nacional de Francia (Fotografía A. Herrero). (Imagen 5)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Un foso de la envergadura como el que proporciona la supresi&oacute;n del estacionamiento permitir&iacute;a plantaciones como las del patio-jard&iacute;n interior de la Biblioteca Nacional de Francia, abierta al p&uacute;blico en 1996 (<strong>imagen 5</strong>)
    </p><p class="article-text">
        Esta alternativa permitir&iacute;a una renaturalizaci&oacute;n del espacio, generando una mayor diversidad al implantar especies y portes variados de arbolado mediterr&aacute;neo de hojas perenne y caduca.
    </p><p class="article-text">
        Y otros dos ejemplos sobresalientes, aunque m&aacute;s formales del modelo que propongo, salvando la cuesti&oacute;n de tama&ntilde;o, que fueron o ser&iacute;an muy alabados por nuestros protagonistas de la Reforma Interior Federico Aymam&iacute;, y Javier Goerlich, sin la menor duda.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/93c24536-2682-48c4-848b-2f6139c21b09_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/93c24536-2682-48c4-848b-2f6139c21b09_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/93c24536-2682-48c4-848b-2f6139c21b09_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/93c24536-2682-48c4-848b-2f6139c21b09_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/93c24536-2682-48c4-848b-2f6139c21b09_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/93c24536-2682-48c4-848b-2f6139c21b09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/93c24536-2682-48c4-848b-2f6139c21b09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Berlín. Arboleda de Neue Wache (Google Maps). (Imagen 6)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Berlín. Arboleda de Neue Wache (Google Maps). (Imagen 6)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/35f20da1-7ab5-407e-9708-836b758588e4_16-9-aspect-ratio_50p_1036430.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/35f20da1-7ab5-407e-9708-836b758588e4_16-9-aspect-ratio_50p_1036430.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/35f20da1-7ab5-407e-9708-836b758588e4_16-9-aspect-ratio_75p_1036430.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/35f20da1-7ab5-407e-9708-836b758588e4_16-9-aspect-ratio_75p_1036430.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/35f20da1-7ab5-407e-9708-836b758588e4_16-9-aspect-ratio_default_1036430.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/35f20da1-7ab5-407e-9708-836b758588e4_16-9-aspect-ratio_default_1036430.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/35f20da1-7ab5-407e-9708-836b758588e4_16-9-aspect-ratio_default_1036430.jpg"
                    alt="Arboleda junto al Memorial Neue Wache (Berlín). Fotografía A. Herrero (Imagen 7)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Arboleda junto al Memorial Neue Wache (Berlín). Fotografía A. Herrero (Imagen 7).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El primero de ellos es el espacio que circunda el Memorial <em>Neue Wache</em> (&ldquo;Nueva Guardia&rdquo;) proyectado por K. Friedrich Schinkel en Berl&iacute;n y dedicado m&aacute;s tarde a todas las &ldquo;v&iacute;ctimas de guerras y dictaduras&rdquo;; situado en la Unter den Linden, se organiza mediante una arboleda que rodea el edificio, plantada seg&uacute;n una ret&iacute;cula regular, cercana a otras alineaciones de casta&ntilde;os de indias de las mismas caracter&iacute;sticas situadas junto al r&iacute;o (i<strong>m&aacute;genes 6 y 7</strong>).<strong> </strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ce32fc81-66af-472d-9104-06a648c8d8c5_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ce32fc81-66af-472d-9104-06a648c8d8c5_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ce32fc81-66af-472d-9104-06a648c8d8c5_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ce32fc81-66af-472d-9104-06a648c8d8c5_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ce32fc81-66af-472d-9104-06a648c8d8c5_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ce32fc81-66af-472d-9104-06a648c8d8c5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ce32fc81-66af-472d-9104-06a648c8d8c5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="París. Vista aérea de la Place des Vosges (Tardy Herv). Imagen 8."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                París. Vista aérea de la Place des Vosges (Tardy Herv). Imagen 8.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e9a6ffb3-2824-4572-b67b-d1dc309c7373_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e9a6ffb3-2824-4572-b67b-d1dc309c7373_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e9a6ffb3-2824-4572-b67b-d1dc309c7373_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e9a6ffb3-2824-4572-b67b-d1dc309c7373_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e9a6ffb3-2824-4572-b67b-d1dc309c7373_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e9a6ffb3-2824-4572-b67b-d1dc309c7373_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e9a6ffb3-2824-4572-b67b-d1dc309c7373_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="París. Place des Voges. (Fotografía A. Herrero). Imagen 9."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                París. Place des Voges. (Fotografía A. Herrero). Imagen 9.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El segundo es la Plaza des Vosges en Par&iacute;s, conformada por una plantaci&oacute;n lineal de &aacute;rboles de porte medio que configura un anillo cuadrado conc&eacute;ntrico al per&iacute;metro de la plaza; un espacio central en torno a una fuente agrupa &aacute;rboles de mayor porte. Entre ambos hay parterres de c&eacute;sped y espacios de tierra para el paseo que vecindario y turistas utilizan para su esparcimiento, (i<strong>m&aacute;genes 8 y 9</strong>).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cde085c9-65d7-4399-9e6b-75b3a1adfdda_16-9-aspect-ratio_50p_1036431.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cde085c9-65d7-4399-9e6b-75b3a1adfdda_16-9-aspect-ratio_50p_1036431.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cde085c9-65d7-4399-9e6b-75b3a1adfdda_16-9-aspect-ratio_75p_1036431.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cde085c9-65d7-4399-9e6b-75b3a1adfdda_16-9-aspect-ratio_75p_1036431.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cde085c9-65d7-4399-9e6b-75b3a1adfdda_16-9-aspect-ratio_default_1036431.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cde085c9-65d7-4399-9e6b-75b3a1adfdda_16-9-aspect-ratio_default_1036431.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cde085c9-65d7-4399-9e6b-75b3a1adfdda_16-9-aspect-ratio_default_1036431.jpg"
                    alt="París. Jardín de Luxemburgo (Fotografía A. Herrero). (Imagen 10)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                París. Jardín de Luxemburgo (Fotografía A. Herrero). (Imagen 10).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Sin salir de Par&iacute;s, el Jard&iacute;n de Luxembourg (<strong>imagen 10</strong>) y los Jardines del Palais Royal (<strong>imagen 11) </strong>tambi&eacute;n presentan analog&iacute;as con los anteriores, estructurados en ret&iacute;culas o alineaciones arb&oacute;reas -recortadas o no- que configuran recintos o recorridos lineales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/947a2a6a-4c3a-40d2-a833-87a9d655d0ca_21-9-aspect-ratio_50p_1036432.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/947a2a6a-4c3a-40d2-a833-87a9d655d0ca_21-9-aspect-ratio_50p_1036432.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/947a2a6a-4c3a-40d2-a833-87a9d655d0ca_21-9-aspect-ratio_75p_1036432.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/947a2a6a-4c3a-40d2-a833-87a9d655d0ca_21-9-aspect-ratio_75p_1036432.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/947a2a6a-4c3a-40d2-a833-87a9d655d0ca_21-9-aspect-ratio_default_1036432.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/947a2a6a-4c3a-40d2-a833-87a9d655d0ca_21-9-aspect-ratio_default_1036432.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/947a2a6a-4c3a-40d2-a833-87a9d655d0ca_21-9-aspect-ratio_default_1036432.jpg"
                    alt="París. Vista aérea del jardín du Palais Royal. (Fotografía del Ministére de la Culture). Imagen 11."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                París. Vista aérea del jardín du Palais Royal. (Fotografía del Ministére de la Culture). Imagen 11.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Los tres modelos, aplicados al caso de la plaza de la Reina, se han plasmado esquem&aacute;ticamente sobre la planta del estacionamiento contemplado por el proyecto ganador del concurso del a&ntilde;o 1998-99 (<strong>imagen correspondiente al esquema 1</strong>). 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8d6c99f-b35a-4542-90ec-d43d287db265_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8d6c99f-b35a-4542-90ec-d43d287db265_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8d6c99f-b35a-4542-90ec-d43d287db265_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8d6c99f-b35a-4542-90ec-d43d287db265_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8d6c99f-b35a-4542-90ec-d43d287db265_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8d6c99f-b35a-4542-90ec-d43d287db265_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a8d6c99f-b35a-4542-90ec-d43d287db265_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Esquema 1</strong>
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, queda la cuesti&oacute;n de qu&eacute; hacer con la desvalorizada visi&oacute;n de la fachada de la catedral; es preferible ocultar selectivamente sus carencias. Hace muchos a&ntilde;os, el arquitecto Municipal Emilio Rieta, responsable de la oficina de Patrimonio del Ayuntamiento de Valencia, dec&iacute;a algo as&iacute; como que anteponer una tupida vegetaci&oacute;n frente a un edificio era un recurso infalible para tapar los errores de los arquitectos. 
    </p><p class="article-text">
        No hay que tener miedo; apostar por un edificio interpuesto es restituir a la portada barroca aquel contexto que le fue arrebatado sin ninguna conmiseraci&oacute;n y, adem&aacute;s, atemperar la escala del espacio urbanizado 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/896c9da7-41f9-470c-93e5-3392b2a3899c_source-aspect-ratio_50p_1036434.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/896c9da7-41f9-470c-93e5-3392b2a3899c_source-aspect-ratio_50p_1036434.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/896c9da7-41f9-470c-93e5-3392b2a3899c_source-aspect-ratio_75p_1036434.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/896c9da7-41f9-470c-93e5-3392b2a3899c_source-aspect-ratio_75p_1036434.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/896c9da7-41f9-470c-93e5-3392b2a3899c_source-aspect-ratio_default_1036434.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/896c9da7-41f9-470c-93e5-3392b2a3899c_source-aspect-ratio_default_1036434.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/896c9da7-41f9-470c-93e5-3392b2a3899c_source-aspect-ratio_default_1036434.jpg"
                    alt="Imagen 12"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imagen 12                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da3510d0-8f08-4c68-9f96-dd2eb5c684b8_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da3510d0-8f08-4c68-9f96-dd2eb5c684b8_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da3510d0-8f08-4c68-9f96-dd2eb5c684b8_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da3510d0-8f08-4c68-9f96-dd2eb5c684b8_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da3510d0-8f08-4c68-9f96-dd2eb5c684b8_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da3510d0-8f08-4c68-9f96-dd2eb5c684b8_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/da3510d0-8f08-4c68-9f96-dd2eb5c684b8_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imágenes 13 y 14."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imágenes 13 y 14.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Un edificio de altura estricta, que recomponga la manzana olvidada, alineada con la desaparecida plaza del<em> Micalet</em>, y las calles de Zaragoza, de <em>la Punyaleria</em>, y de <em>Campaners</em> (<strong>im&aacute;genes 12 y 13</strong>), sin af&aacute;n de protagonismo, es mucho m&aacute;s seguro y fiable que una cortina arbolada expuesta a los caprichos de la naturaleza. 
    </p><p class="article-text">
        Su destino no debe preocupar; preferentemente p&uacute;blico, su rol es el de un contenedor arquitect&oacute;nico que acoja la cripta arqueol&oacute;gica y que aporte urbanidad a la plaza -esta vez s&iacute;-. Ejemplos excelentes no faltan, s&oacute;lo hay que buscar escrupulosamente. Sin ir demasiado lejos, David Chipperfield, el arquitecto que dise&ntilde;&oacute; nuestro <em>Veles e Vents</em>, ha levantado espl&eacute;ndidos edificios que, como el de la <strong>imagen 14, </strong>podr&iacute;an resolver elegantemente el problema que nunca debi&oacute; de serlo. 
    </p><p class="article-text">
        Se dir&aacute; que no estamos a tiempo de cambios, con las obras ya tan avanzadas. &iquest;Acaso lo estamos para la resignaci&oacute;n, admitiendo nuevas torpezas que marcar&aacute;n, por muchos a&ntilde;os, nuestro espacio p&uacute;blico? 
    </p><p class="article-text">
        A nuestros gobernantes: ases&oacute;rense bien. No se trata de una peatonalizaci&oacute;n, es algo m&aacute;s complejo; vale la pena intentarlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Adolfo Herrero, arquitecto</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Adolfo Herrero Colás]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/territori-critic/plaza-reina-construccion_132_8558254.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Dec 2021 11:49:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/309896da-1ee1-41da-b145-a55899a1affe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="87204" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/309896da-1ee1-41da-b145-a55899a1affe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="87204" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Plaza de la Reina ¿en construcción?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/309896da-1ee1-41da-b145-a55899a1affe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Puerto de València: una deuda inaplazable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/puerto-valencia-deuda-inaplazable_129_8062549.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dc148732-4556-45a7-8b60-858285caa5ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_1022174.jpg" width="692" height="389" alt="Puerto de València: una deuda inaplazable"></p><p class="article-text">
        Algunos enunciados de julio de 2019 en este diario relativos a las afecciones al territorio provocadas por el desarrollo del puerto de Val&egrave;ncia:
    </p><p class="article-text">
        - <em>La ampliaci&oacute;n del puerto de Val&egrave;ncia se come 70 metros de las playas del sur y supone un &ldquo;riesgo inminente&rdquo; para la Albufera.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>- Demarcaci&oacute;n de Costas saca a informaci&oacute;n p&uacute;blica un proyecto para regenerar las playas del Saler y la Garrofera y devolverles la anchura que ten&iacute;an en 1965.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>- El Ministerio para la Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica invertir&aacute; 28,5 millones en realizar aportes de arena de aguas profundas de la costa valenciana y en prolongar la Gola de Puchol.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>- El proyecto se&ntilde;ala como causas de la erosi&oacute;n de las playas las ampliaciones del puerto, el Plan Sur de Val&egrave;ncia con el desv&iacute;o del cauce del Turia y las urbanizaciones construidas en el Saler entre 1965 y 1981.</em>
    </p><p class="article-text">
        Y, por otra parte, seg&uacute;n anunciaba un diario local no hace muchos d&iacute;as a prop&oacute;sito de la futura ampliaci&oacute;n norte del puerto, la Comisi&oacute;n Europea <em>&ldquo;no ha podido identificar, en esta fase, ning&uacute;n indicio de posible infracci&oacute;n de la legislaci&oacute;n medioambiental de la UE,</em> a solicitud de HBA Partners, consultora en Madrid del Puerto de Val&egrave;ncia&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Es ingenuo pensar que una solicitud de valoraci&oacute;n argumentada de manera tramposa por la parte interesada, al desviar la atenci&oacute;n del verdadero objetivo de la consulta, obtenga una respuesta negativa. Han conseguido de la CE que, al se&ntilde;alar la luna con el dedo, &eacute;sta haya puesto toda su atenci&oacute;n en el dedo y no sobre la luna, verdadero objeto de la cuesti&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, esta pol&iacute;tica de hechos, consumados o no, debe detenerse; es hora de resolver racionalmente los problemas derivados de sucesivas eventualidades y de acciones, cada vez, m&aacute;s negativas; de subsanar errores y actitudes negligentes que confluyen en la situaci&oacute;n actual. La principal, sin duda, deriva de la propia ubicaci&oacute;n del puerto.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El origen</strong> </h3><p class="article-text">
        La disposici&oacute;n inicial de los diques que aparece en el <em>Plano</em> del <em>Muelle y Grao de Valencia. Cartas n&aacute;uticas, </em>fechado en 1813 (<strong>plano n&uacute;m. 1</strong>) que, m&aacute;s tarde, configurar&iacute;a la d&aacute;rsena interior, nunca fue cuestionada en los sucesivos desarrollos planificados para el crecimiento del puerto. Y as&iacute;, en lugar de hacerlo paralelo a la costa, como es el caso del puerto de Barcelona, el de Val&egrave;ncia continu&oacute; creciendo mar adentro y sensiblemente perpendicular a ella, hasta alcanzar los delirantes extremos actuales. Todo un desatino que sus gestores han sido incapaces de solucionar en 225 a&ntilde;os. Sus consecuencias no son desconocidas por ninguna de las instituciones implicadas.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dc148732-4556-45a7-8b60-858285caa5ff_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dc148732-4556-45a7-8b60-858285caa5ff_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dc148732-4556-45a7-8b60-858285caa5ff_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dc148732-4556-45a7-8b60-858285caa5ff_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dc148732-4556-45a7-8b60-858285caa5ff_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dc148732-4556-45a7-8b60-858285caa5ff_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/dc148732-4556-45a7-8b60-858285caa5ff_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Plano del muelle y del Grau de València. Año 1813 (CV-093)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Plano del muelle y del Grau de València. Año 1813 (CV-093).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Ya en 1796, tras el incendio que devast&oacute; las barracas del poblado de El Cabanyal, al redactar el plan para su reconstrucci&oacute;n con casas de obra de alba&ntilde;iler&iacute;a, el propio trazado se&ntilde;ala que la primera l&iacute;nea de casas frente a la playa podr&iacute;a avanzar en el futuro por adici&oacute;n de sucesivas filas, a consecuencia de su crecimiento; progresi&oacute;n provocada por los diques de abrigo del puerto en construcci&oacute;n (<strong>plano n&uacute;m 1A</strong>)
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c534b7f8-24a0-4af8-ac7a-036ddcb14c64_source-aspect-ratio_50p_1022171.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c534b7f8-24a0-4af8-ac7a-036ddcb14c64_source-aspect-ratio_50p_1022171.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c534b7f8-24a0-4af8-ac7a-036ddcb14c64_source-aspect-ratio_75p_1022171.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c534b7f8-24a0-4af8-ac7a-036ddcb14c64_source-aspect-ratio_75p_1022171.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c534b7f8-24a0-4af8-ac7a-036ddcb14c64_source-aspect-ratio_default_1022171.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c534b7f8-24a0-4af8-ac7a-036ddcb14c64_source-aspect-ratio_default_1022171.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c534b7f8-24a0-4af8-ac7a-036ddcb14c64_source-aspect-ratio_default_1022171.jpg"
                    alt="Detalle del &#039;Plan topográfico de la población que se proyecta en la playa de la ciudad de València y sitio que ocupan las barracas, demostrado en otro según su estado después de los incendios ocurridos en los días 21 de febrero, 29 de marzo y 2 de abril del año 1796&#039;. / Biblioteca Nacional"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Detalle del &#039;Plan topográfico de la población que se proyecta en la playa de la ciudad de València y sitio que ocupan las barracas, demostrado en otro según su estado después de los incendios ocurridos en los días 21 de febrero, 29 de marzo y 2 de abril del año 1796&#039;. / Biblioteca Nacional                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Ante la situaci&oacute;n provocada por las sucesivas ampliaciones de esta infraestructura ajena a los intereses del territorio que la acoge, es hora ya de la emancipaci&oacute;n definitiva del puerto. Es el momento de que ese an&oacute;malo aislamiento de la ciudad adquiera la condici&oacute;n f&iacute;sica de una aut&eacute;ntica isla real, como recoge el esquema del <strong>plano n&uacute;m. 2</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Existen precedentes en Jap&oacute;n, con aeropuertos situados en islas artificiales frente a la costa, que liberan de estas servidumbres el denso territorio continental. El m&aacute;s notable de ellos es el de Kansai, proyectado por el arquitecto Renzo Piano, situado en la Bah&iacute;a de Osaka y que presta servicio a las ciudades de Osaka, Kioto y Kobe. A peque&ntilde;a escala, en la Bah&iacute;a de Algeciras, la terminal de contenedores del puerto de esta ciudad tambi&eacute;n adopta la configuraci&oacute;n, aunque imperfecta, de una casi isla separada del frente litoral al que le unen un viaducto y un peque&ntilde;o istmo, ocupado por la explanada de embarque y la estaci&oacute;n mar&iacute;tima con destino a las ciudades de Ceuta y T&aacute;nger.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b87b682b-b3a0-451a-b72e-2656b5a65e8c_source-aspect-ratio_50p_1022172.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b87b682b-b3a0-451a-b72e-2656b5a65e8c_source-aspect-ratio_50p_1022172.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b87b682b-b3a0-451a-b72e-2656b5a65e8c_source-aspect-ratio_75p_1022172.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b87b682b-b3a0-451a-b72e-2656b5a65e8c_source-aspect-ratio_75p_1022172.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b87b682b-b3a0-451a-b72e-2656b5a65e8c_source-aspect-ratio_default_1022172.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b87b682b-b3a0-451a-b72e-2656b5a65e8c_source-aspect-ratio_default_1022172.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b87b682b-b3a0-451a-b72e-2656b5a65e8c_source-aspect-ratio_default_1022172.jpg"
                    alt="Esquema conceptual de la isla portuaria que se propone."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Esquema conceptual de la isla portuaria que se propone.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/870faea9-25c5-41f1-942c-510ea6ca07e9_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/870faea9-25c5-41f1-942c-510ea6ca07e9_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/870faea9-25c5-41f1-942c-510ea6ca07e9_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/870faea9-25c5-41f1-942c-510ea6ca07e9_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/870faea9-25c5-41f1-942c-510ea6ca07e9_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/870faea9-25c5-41f1-942c-510ea6ca07e9_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/870faea9-25c5-41f1-942c-510ea6ca07e9_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Una posible formalización adaptada a la estructura actual del puerto."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una posible formalización adaptada a la estructura actual del puerto.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En el <strong>plano n&uacute;m. 3</strong> se refleja una propuesta conceptual de car&aacute;cter indicativo, como no puede ser de otra manera, ajustada a los fines que se persiguen, y cuya formalizaci&oacute;n corresponder&iacute;a a todos aquellos t&eacute;cnicos competentes en la materia; expresa como objetivos b&aacute;sicos la creaci&oacute;n de un canal, entre la costa y la nueva isla portuaria, de anchura suficiente (de 800 a 1000 mts.) para restablecer la continuidad de la din&aacute;mica litoral entre el norte y el sur de las actuales instalaciones del puerto que, como ya se ha se&ntilde;alado y es bien conocido por todos, provoca la acumulaci&oacute;n de arena, al norte, y la erosi&oacute;n de las playas del sur.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n pretende otros objetivos: 
    </p><p class="article-text">
        -Recuperar el frente litoral entre Nazaret y Pinedo para usos urbanos y de ocio como lo fue en otro tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        -Alejar la contaminaci&oacute;n ambiental y sonora de la costa. 
    </p><p class="article-text">
        -Restaurar la configuraci&oacute;n original de la antigua d&aacute;rsena interior del puerto, potenciando su uso pesquero (base operativa y lonja), la estaci&oacute;n mar&iacute;tima de pasajeros con las islas Baleares y otros destinos actuales; tambi&eacute;n los usos deportivos, que ser&iacute;an compatibles racionalizando su disposici&oacute;n en las desembocaduras del Turia (la hist&oacute;rica recuperada y la del nuevo cauce). 
    </p><p class="article-text">
        La isla portuaria estar&iacute;a conectada a tierra mediante un viaducto mixto para ferrocarril y, optativamente, otros sistemas de transporte terrestre partiendo de las actuales conexiones existentes. 
    </p><p class="article-text">
        La propuesta b&aacute;sicamente afecta a superficies de carga de contenedores y de autom&oacute;viles; intenta no afectar a instalaciones actuales m&aacute;s costosas de desmantelar o trasladar como son los dep&oacute;sitos de combustible y otras infraestructuras consolidadas. 
    </p><p class="article-text">
        Partiendo del criterio de contener dentro de sus l&iacute;mites la superficie actual ocupada por las instalaciones portuarias, su construcci&oacute;n deber&iacute;a pretender que el material procedente de las demoliciones sirva para la reconstrucci&oacute;n de la nueva isla, a ser posible con un balance cero de la operaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, frente a la ampliaci&oacute;n otra alternativa es posible; el puerto, lo ha demostrado hasta ahora, cuenta con medios econ&oacute;micos y recursos t&eacute;cnicos ilimitados para su remodelaci&oacute;n y desarrollo constantes, orientadas al obsesivo crecimiento de su negocio; tambi&eacute;n para situaciones sobrevenidas, como lo fue la Copa del Am&eacute;rica,<em> </em>en la que no tuvo el menor pudor para deshacerse de la configuraci&oacute;n original de la d&aacute;rsena interior. Adem&aacute;s, la mutaci&oacute;n propuesta es otra apetitosa fuente de negocio para sus empresas<em> </em>y afiliados; otra m&aacute;s que, a buen seguro, agradecer&aacute;n los amantes de la obra p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Esta transformaci&oacute;n deber&iacute;a ser posible en un plazo m&aacute;ximo de 10 a&ntilde;os, al menos en lo que concierne a la liberaci&oacute;n del frente litoral.
    </p><h3 class="article-text">El puerto es una infraestructura p&uacute;blica</h3><p class="article-text">
        Y lo es tanto por el organismo que lo gestiona, la Autoridad Portuaria de Val&egrave;ncia (APV), como por los terrenos donde se ubica. La APV act&uacute;a siempre acorde con los principios econ&oacute;micos universales del capitalismo y en inter&eacute;s de su propio <em>lobby </em>presente en su consejo de administraci&oacute;n; los negocios son su prioridad m&aacute;xima. No existe ninguna capacidad de comprobaci&oacute;n democr&aacute;tica de las actuaciones de la APV, ni tampoco un control p&uacute;blico y transparente de sus cuentas. De este modo, en la pr&aacute;ctica, su actividad constituye una privatizaci&oacute;n del dominio p&uacute;blico consentida por las autoridades democr&aacute;ticas. 
    </p><p class="article-text">
        No puede dejar de escandalizarnos el tono chulesco y displicente, impropio de un servidor p&uacute;blico como es el presidente de la APV, al ser entrevistado por la televisi&oacute;n auton&oacute;mica a prop&oacute;sito del <em>nihil obstat</em> del Estado para proseguir con la ampliaci&oacute;n norte del puerto. Se&ntilde;alaba que, salvado el obst&aacute;culo de la necesidad una nueva declaraci&oacute;n de impacto ambiental, las alegaciones de instituciones y colectivos que se oponen a la ampliaci&oacute;n norte son irrelevantes, un puro tr&aacute;mite molesto a evacuar sin trascendencia alguna.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco se pueden pasar por alto las declaraciones de alg&uacute;n representante del partido socialista quien, para justificar como inevitable la ampliaci&oacute;n -haciendo suyos argumentos de hechos consumados- ha se&ntilde;alado en televisi&oacute;n, refiri&eacute;ndose a los diques ejecutados hasta ahora con destino a la ampliaci&oacute;n norte, que son &ldquo;irreversibles&rdquo;. Resulta incomprensible la actitud de este partido actuando como ac&oacute;lito de los intereses de la APV en tiempos de prop&oacute;sitos de regeneraci&oacute;n sostenible. 
    </p><p class="article-text">
        Pero nada menos cierto; para quienes gobiernan el puerto no hay nada irreversible. Lo demostraron con motivo de la Copa del Am&eacute;rica haciendo y deshaciendo a su antojo en la d&aacute;rsena interior. &iquest;Recuerdan la nueva bocana abierta para permitir el paso de las embarcaciones deportivas? &iquest;Recuerdan cu&aacute;nto dur&oacute; el puente m&oacute;vil instalado entre los brazos, transversal de levante y de poniente, de su embocadura? 
    </p><p class="article-text">
        El puerto puede y debe permitirse saldar su deuda con el municipio que le acoge, optando por una soluci&oacute;n radical y ejemplarizante como la que aqu&iacute; se propone, liberando su penosa servidumbre sobre el frente litoral de Nazaret y la Punta -por supuesto, incluyendo la ZAL-, y evitando para siempre la degradaci&oacute;n de la costa del Parque Natural de la Albufera. 
    </p><p class="article-text">
         El Ayuntamiento de Val&egrave;ncia, acogiendo la reivindicaci&oacute;n ciudadana de entonces, hizo buena parte de sus deberes en 1988 con la revisi&oacute;n del Plan General: detuvo la urbanizaci&oacute;n de El Saler, dejando fuera de ordenaci&oacute;n lo construido hasta entonces; promovi&oacute; la regeneraci&oacute;n de la Devesa, y recuper&oacute; aquello recuperable de las dunas situadas en las playas de El Perellonet, con la ayuda inestimable de la Ley de Costas del momento. 
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;or alcalde, su tibieza es inexplicable; no busque m&aacute;s evasivas al amparo de comisiones asesoras para reconocer lo obvio: los da&ntilde;os ambientales en nuestro litoral municipal son evidentes e indiscutibles. Basta de excusas, hora es ya de dar el pu&ntilde;etazo en la mesa que sus antecesores en el cargo no se atrevieron a dar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Adolfo Herrero Colás]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/puerto-valencia-deuda-inaplazable_129_8062549.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Jun 2021 10:45:04 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/dc148732-4556-45a7-8b60-858285caa5ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_1022174.jpg" length="41929" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/dc148732-4556-45a7-8b60-858285caa5ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_1022174.jpg" type="image/jpeg" fileSize="41929" width="692" height="389"/>
      <media:title><![CDATA[Puerto de València: una deuda inaplazable]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/dc148732-4556-45a7-8b60-858285caa5ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_1022174.jpg" width="692" height="389"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
