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    <title><![CDATA[elDiario.es - Miriam G.A.]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/miriam-gonzalez-alvarez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Miriam G.A.]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los pájaros que no pudieron volar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/pajaros-no-pudieron-volar_129_11867231.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0dd52f5-b6c8-43f7-88da-0a0002ed9631_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los pájaros que no pudieron volar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - A  la juventud se nos dice que hemos nacido en un nido de plumas, acolchado y preparado para no dañarnos, (…) pero al alzar el vuelo nos hemos dado cuenta de que nuestro cielo está contaminado, nuestras nubes nos impiden subir alto, nuestro aire nos empuja hacia abajo, las alas pesan demasiado</p></div><p class="article-text">
        La ilusi&oacute;n del posmodernismo nos ha mentido, nos ha dibujado una fantas&iacute;a ut&oacute;pica digna de viralizarse en <em>TikTok</em>, una representaci&oacute;n tan bien cuidada como mucha de la informaci&oacute;n <em>fake</em> que gobierna nuestros canales de transmisi&oacute;n. En el pasado, las generaciones anteriores pudieron experimentar una sensaci&oacute;n de progreso y de crecimiento personal y laboral que los situ&oacute; en un lugar de cierto confort. En la actualidad, la subida del progreso se ha inclinado y la ola de los avances tiende a desplazar su movimiento en direcci&oacute;n descendente. Mientras que nuestros padres comenzaban a trabajar a edades tempranas en la carrera de la mejora econ&oacute;mica y social, por nuestra parte, hemos retrasado la entrada laboral en busca de una formaci&oacute;n universitaria y profesional que, falsamente, se nos dijo que nos har&iacute;a avanzar.
    </p><p class="article-text">
        La juventud, en la actualidad, hemos estirado los a&ntilde;os de duraci&oacute;n y nos hemos encontrado con treinta e, incluso, cuarenta a&ntilde;os llam&aacute;ndonos j&oacute;venes. Porque la elecci&oacute;n de una ocupaci&oacute;n, la adopci&oacute;n de valores y el desarrollo de una identidad propia (elementos que seg&uacute;n los te&oacute;ricos marcan la adultez) cada vez se retrasan m&aacute;s, contribuyendo a la falta de independencia y autonom&iacute;a econ&oacute;mica y personal. Bajo esta realidad, empiezan a congregarse diversas generaciones (millenials, generaci&oacute;n Z o alfa) bajo un mismo t&eacute;rmino. Ahora, los mal llamados &ldquo;generaci&oacute;n de cristal&rdquo; somos todos y ninguno a la vez. En esta narrativa de la vulnerabilidad, se nos dice que hemos nacido en un nido de plumas, acolchado y preparado para no da&ntilde;arnos, un nido que, en gran medida, nos ha propiciado las herramientas educativas y culturales necesarias para aprender a volar y ser libres. Pero al alzar el vuelo nos hemos dado cuenta de que nuestro cielo est&aacute; contaminado, nuestras nubes nos impiden subir alto, nuestro aire nos empuja hacia abajo, las alas pesan demasiado. Adem&aacute;s, como en la ley de la selva, en nuestro bosque-ciudad gobierna el m&aacute;s fuerte y siempre habr&aacute; un p&aacute;jaro m&aacute;s veloz y m&aacute;s &aacute;gil que t&uacute;, con alas m&aacute;s grandes y pico m&aacute;s reluciente.
    </p><p class="article-text">
        Ya lo pronosticaba Enrique Mart&iacute;n Criado en el a&ntilde;o 2004 (momento en el que yo empezaba educaci&oacute;n primaria), la sobrecualificaci&oacute;n de la juventud actual es insostenible, porque el aumento de individuos con t&iacute;tulos escolares no modifica sustancialmente la cantidad de puestos a cubrir, simplemente significa un crecimiento de universitarios en paro. En unos meses espero ser doctora y mis expectativas de futuro, como las de Virginia Woolf, son simplemente tener una habitaci&oacute;n propia, un &aacute;rbol frondoso que me cubra el fr&iacute;o y unas alas lo suficientemente robustas para poder seguir volando. Con una carrera, un m&aacute;ster, idiomas, congresos, publicaciones y cincuenta cursos a mis espaldas puedo decir que, a mis casi treinta a&ntilde;os, me cuesta asumir el gasto del supermercado. Porque la vida no para de subir de precio y los sueldos no se estabilizan a su paso.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as se congregaba una multitudinaria protesta en Barcelona por los alquileres. En Tenerife y Gran Canaria hemos vivido ya dos manifestaciones por el modelo tur&iacute;stico y la consecuente subida de los precios y la gentrificaci&oacute;n de las personas locales. La realidad es que la poblaci&oacute;n (y, en especial, la juventud) nos encontramos perdidos, volando en c&iacute;rculos en busca de un lugar en el que poder hacer nuestro nido y llamar hogar. Pero, cada vez m&aacute;s, el acceso a la vivienda se convierte en una prueba de <em>Got Talent</em> al por mayor. Mientras, los medios de comunicaci&oacute;n, como cotorras huecas con picos de oro, siguen demonizando y generalizando a un colectivo heterog&eacute;neo y categoriz&aacute;ndonos con t&eacute;rminos despectivos como &ldquo;generaci&oacute;n de cristal&rdquo; o llam&aacute;ndonos ego&iacute;stas por no querer tener hijos. No se dan cuenta que, en la mayor&iacute;a de los casos, el querer est&aacute; relacionado con el poder.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que tenemos un sistema capitalista totalmente insaciable que no nos permite ni cuidar de nosotros mismos como para responsabilizarnos de un hijo. Un sistema de gasto y consumo que se retroalimenta de las demandas del mercado y que prioriza los bienes materiales y los cuerpos productivos. Un problema estructural que instrumentaliza a unos muchos en beneficio de otros pocos. No quiero decir que no tengamos ciertos privilegios por el lugar en el que hemos nacido y por los cuidados que hemos recibido, que no se me malinterprete, nadie niega nuestra realidad. Pero tambi&eacute;n es cierto que somos v&iacute;ctimas de un sistema destructivo que nos insta a gastar en el ahora y nos limita el ahorro hacia el ma&ntilde;ana. La industria de la<em> happycracia</em> y el <em>carpe diem</em> (como ya he comentado en otros art&iacute;culos) nos ha convertido en individuos neoliberalistas que buscan el est&iacute;mulo instant&aacute;neo a golpe de visa. Pero esa situaci&oacute;n de consumo masivo de momentos no minimiza el problema del acceso a la vivienda ni la falta de recursos econ&oacute;micos o de sobrecualificaci&oacute;n, solo suma otro engranaje a la ya de por s&iacute; complicada rueda que denominamos sociedad capitalista.
    </p><p class="article-text">
        Estamos creando una imagen que se nos revela como un ma&ntilde;ana dist&oacute;pico, una situaci&oacute;n que se ve reflejada en el aumento de la pobreza y de la jerarquizaci&oacute;n social. Tenemos que pararnos y romper la rueda si es necesario, pensar en el futuro que nos gustar&iacute;a construir, empezando por el presente que habitamos. Porque, si no lo hacemos, nuestra vida seguir&aacute; estando limitada por la ley de la selva. Una realidad donde la juventud seguiremos volando bajo y recogiendo palitos para nuestro nido-cuarto, mientras el resto de los animales del bosque nos llaman privilegiados.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/pajaros-no-pudieron-volar_129_11867231.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Dec 2024 15:18:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los pájaros que no pudieron volar]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por amor al arte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/amor-arte_129_11637886.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/95b66ac6-4f14-4f61-8f4a-b702bd437cf8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por amor al arte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Hace casi un año se inauguraba el espacio de diálogo literario 'Habitar el mundo'. (…) Lamento comunicar que, en principio, este año no se seguirá celebrando </p></div><p class="article-text">
        Hace casi un a&ntilde;o se inauguraba el espacio de di&aacute;logo literario &ldquo;Habitar el mundo&rdquo;. Un lugar de reflexi&oacute;n que pretend&iacute;a acercar la cultura y el debate horizontal a la poblaci&oacute;n palmera, dando visibilidad a las personas j&oacute;venes creadoras de Canarias (y, en especial de la isla). Un evento que, desde el amor y el cuidado, pretend&iacute;a construir un espacio de afectos y resistencia en el que poder pensar sobre cuestiones que nos interpelan como individuos de este hogar llamado mundo. Pero tras realizar un total de ocho encuentros y contar con la participaci&oacute;n de artistas como: Daniel Mar&iacute;a, Miguel Villalba, Yeray Barroso, Manu Echeva, Beatriz Morales, Aida Gonz&aacute;lez Rossi, Esmeralda Rodr&iacute;guez, Luis Miguel Mach&iacute;n Mart&iacute;n, Ferchos, Marcos Dosantos, Sara P&eacute;rez y Echedey Medina, lamento comunicar que, en principio, este a&ntilde;o no se seguir&aacute; celebrando.
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute;, antes de cerrar este cap&iacute;tulo, me gustar&iacute;a que el motivo de esta decisi&oacute;n se hiciera p&uacute;blico porque creo que nos permite reflexionar sobre las posibles dificultades que encontramos a la hora de poder realizar proyectos art&iacute;sticos y culturales. A menudo, las personas de a pie, como espectadoras omnipresentes, asumimos que los eventos no se celebran o se dejan de hacer porque no queremos que se hagan y esta asunci&oacute;n, al menos en este caso, no es cierta. Porque encontrar apoyos para realizar eventos de &iacute;ndole cultural cada vez es m&aacute;s dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        El mundo del arte y de la cultura siempre ha sido considerado el patito feo, una realidad que se ha construido sobre un imaginario de &ldquo;vagos y maleantes&rdquo; que tratan de vivir del cuento y del dinero del Estado a trav&eacute;s de ayudas p&uacute;blicas. Pero la realidad es que la financiaci&oacute;n en cultura por la Administraci&oacute;n General del Estado supone en t&eacute;rminos del PIB, el 0,07% (seg&uacute;n indica el Anuario de Estad&iacute;sticas Culturales 2023). Creo que dar luz a este dato quiz&aacute;s nos permita entender que el mundo de la cultura no es el gran beneficiado. Un tema que tampoco nos deber&iacute;a sorprender en un momento en el que se prioriza el consumo y los roles productivos (relacionados con el trabajo asalariado y la generaci&oacute;n de ingresos y reconocimiento). Est&aacute; claro que un encuentro con artistas auton&oacute;micos (y, encima j&oacute;venes) no va a dar el mismo reembolso econ&oacute;mico que cualquier feria gastron&oacute;mica o festival multitudinario. No interesamos porque no damos dinero. La cultura siempre ha estado relacionada con un rol m&aacute;s reproductivo, con actividades de &iacute;ndole social que, en nuestra sociedad neoliberalista y capitalista, no tienen la retribuci&oacute;n esperada.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que &ldquo;Habitar el mundo&rdquo; ha estado casi un a&ntilde;o celebr&aacute;ndose sin pr&aacute;cticamente apoyo institucional, y no hablo solo a nivel econ&oacute;mico. Porque el apoyo tambi&eacute;n es estar y formar parte de los peque&ntilde;os eventos, interesarse por las posibles necesidades y dar las herramientas necesarias para fomentar la participaci&oacute;n ciudadana y que, as&iacute;, los nuevos proyectos no tiendan a desaparecer. &ldquo;Habitar el mundo&rdquo; se ha estado realizando sin financiaci&oacute;n y las personas invitadas han tenido la generosidad de participar en un proyecto de manera totalmente gratuita, como lo he hecho yo como coordinadora. Pero organizar, dirigir y crear cualquier espacio cultural (o de otra &iacute;ndole) por amor al arte, como dir&iacute;a Bourdieu, tiene un peso personal y emocional que no puede sujetarse durante demasiado tiempo (al menos sin ayuda).
    </p><p class="article-text">
        Dicho esto, no quiero sonar negativa, y cabe se&ntilde;alar que ha habido entidades y personas que han colaborado con amabilidad y cari&ntilde;o, sin recibir ning&uacute;n tipo de compensaci&oacute;n econ&oacute;mica, solo con el firme compromiso de querer ayudar. Me gustar&iacute;a dar las gracias a todas las personas participantes, a la Real Sociedad Cosmol&oacute;gica y a su presidente Nacho Pastor, a V&iacute;ctor Yanes y su labor de difusi&oacute;n en <em>La Palma Opina</em>, a Esther y al peri&oacute;dico <em>La Palma Ahora.com</em> y, por &uacute;ltimo, a la Librer&iacute;a &Iacute;taka y a Javi, al que estar&eacute; siempre eternamente agradecida.
    </p><p class="article-text">
        Creo que toda esta ayuda desinteresada es con lo que deber&iacute;amos quedarnos. Porque al menos a m&iacute; me da esperanza para seguir construyendo en conjunto. Hoy en d&iacute;a, creo que cuesta encontrar iniciativas donde las personas se muevan de manera voluntaria y altruista para crear una sociedad mejor. Pero las hay y las seguir&aacute; habiendo, al menos mientras exista el arte y queden artistas. Porque esa es la gran labor del arte y de la cultura: crear comunidad y construir historia para cuando nosotros nos vayamos.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando yo me muera, me dar&aacute; igual el dinero que he ganado o los ahorros que he dejado, pero espero ser recordada a trav&eacute;s de los poemas que he recitado, de los cuadros que he pintado o de las manos que he tendido. Porque cuando la cultura se pierda, lo que quedar&aacute; es el vac&iacute;o de una vida sin sentido. Una tierra que no reconoceremos como hogar, solo polvo sobre el que seguir produciendo y gastando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/amor-arte_129_11637886.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Sep 2024 20:14:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por amor al arte]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bienvenidos a la industria de la felicidad, ¿qué desea?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/bienvenidos-industria-felicidad-desea_129_11227739.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9706f7fd-fa80-49c8-912c-7cd568118d74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bienvenidos a la industria de la felicidad, ¿qué desea?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Titulares como los del año 2023 en distintos periódicos anunciaban que “los canarios somos cada vez más pobres, pero más felices” tratando de romper con la propaganda industrial de un modelo socioeconómico basado en el turismo y que maquilla la realidad de exclusión social que opera en nuestras islas</p></div><p class="article-text">
        En un mundo de individualismo exacerbado, de muros de verg&uuml;enza y desigualdades sist&eacute;micas, de nuevas fronteras (tanto f&iacute;sicas, como emocionales, sociales o pol&iacute;ticas), de guerras psicol&oacute;gicas y matanzas reales, de miradas de odio y cabezas inclinadas, de pedir limosna y mendigar comida, de pobreza en las calles, de asesinatos y posesi&oacute;n, de venganza, de ira, de miedo, de dolor. En un mundo de p&aacute;nico medi&aacute;tico se nos plantea la felicidad como algo totalmente lejano. Pero aun as&iacute;, la gran industria capitalista ha sabido encontrar un nuevo negocio que explotar y por medio de la autoayuda o la autocomplacencia te venden una falsa idea de felicidad moment&aacute;nea para tratar de mitigar el dolor que hay en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        La conspiraci&oacute;n del silencio en nuestra cultura no nos permite reconocer la verdad sobre c&oacute;mo nos sentimos realmente, lo edulcoramos a toque de antidepresivo con el caf&eacute;, o lo maquillamos con un coche nuevo o un viaje al extranjero. Tratamos de adornar nuestra vida para que el poco tiempo que tenemos libre no lo dediquemos a pensar en c&oacute;mo nos estamos sintiendo. Largas jornadas laborales que hacen que tu mayor &eacute;xito y sentido vital sea seguir trabajando y ganando un dinero que, en alg&uacute;n momento, esperas poder disfrutar. La industria se lo tiene muy bien montado, y ha convertido nuestra vida en un gran espect&aacute;culo de marionetas. Todos trabajando para mover las manos de un titiritero que siempre nos pide m&aacute;s, mientras t&uacute; trabajas para que alg&uacute;n d&iacute;a seas rico y puedas ser feliz, el titiritero mueve, t&uacute; trabajas.
    </p><p class="article-text">
        Este silencio representa nuestro conflicto colectivo con una sociedad ciegamente neoliberalista que sigue pensando que buscar su propio bien (y ser rico) sin mirar a lo que le ocurre al resto har&aacute; que su camino sea m&aacute;s feliz. Somos animales amaestrados con un simple mensaje de ego&iacute;smo narcisista. Eso s&iacute;, cuando te entre la depresi&oacute;n o la culpa por ver tu lugar de privilegio, puedes estar tranquilo porque la industria tambi&eacute;n tiene un paquete especial para eso. Un kit expr&eacute;s utilizado por influencers y famosos que consiste en irte de voluntariado a alg&uacute;n lugar tercermundista, sacarte cuatro fotos con los ni&ntilde;os que hace un rato te ped&iacute;an comida y sentirte un salvador colonial. Ah, y por supuesto, subirlo todo a tus redes sociales para que el resto vea el bien que has hecho.
    </p><p class="article-text">
        Porque no nos enga&ntilde;emos, la felicidad ahora no est&aacute; en la calle, est&aacute; en la pantalla. En el mundo online s&iacute; que podemos ser felices, todo el rato y sin ninguna arruga en la cara. En la realidad virtual la felicidad est&aacute; en todas partes: en el gimnasio, en la playa, en casa, en un restaurante&hellip; miles de momentos ficticios de felicidad capturada a toque de clic. Cada d&iacute;a, a trav&eacute;s de los medios digitales, personas de todo el mundo consumen im&aacute;genes que les env&iacute;an un mensaje sobre c&oacute;mo ser feliz. Y ese mensaje es simple: fama y dinero. La <em>happycracia</em>, como dir&iacute;a Edgar Cabanas y Eva Illouz, parece una estrategia m&aacute;s de una industria centrada en sacarte el poco dinero que te quede. La felicidad ahora no es tener un buen empleo y poder irte de casa de tus padres, la felicidad es comprarte el &uacute;ltimo IPhone e irte a las Maldivas.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, seguimos viendo c&oacute;mo crecen los casos de suicidio entre la juventud y nos preguntamos qu&eacute; ha ocurrido si lo ten&iacute;an &ldquo;todo&rdquo;. Quiz&aacute;s deber&iacute;amos pararnos un momento y observar a nuestro alrededor porque ver&iacute;amos que la mitad de nuestras amistades j&oacute;venes siguen compartiendo piso a los cuarenta y buscando un futuro estable. Yo no s&eacute; mucho sobre la felicidad, pero dudo que se pueda encontrar en un cuarto de cinco metros cuadrados y comiendo at&uacute;n en lata al natural porque el aceite de oliva est&aacute; demasiado caro. Creo que los libros de autoayuda y las tazas con mensajes positivos que tratan de animarte mediante el: &ldquo;t&uacute; puedes con todo&rdquo;, &ldquo;el &uacute;nico fracaso es no levantarte de nuevo&rdquo; solo empeoran una situaci&oacute;n ya de por s&iacute; complicada. Porque quiz&aacute;s deber&iacute;amos reconocer que no podemos con todo y que, a veces, por mucho que te esfuerces y te levantes, sigues fracasando.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, 20 de marzo, es el D&iacute;a Internacional de la Felicidad. Una celebraci&oacute;n que fue proclamada en el a&ntilde;o 2012 por la ONU para reconocer la importancia de la felicidad y el bienestar para todos los seres humanos. Pero como ocurre con todas las festividades, la teor&iacute;a se ha quedado en el papel. Eso s&iacute;, algunos medios de comunicaci&oacute;n han sabido poner el foco de atenci&oacute;n en la importancia de la felicidad y en su relaci&oacute;n con el bienestar social. Titulares como los del a&ntilde;o 2023 en distintos peri&oacute;dicos anunciaban que &ldquo;los canarios somos cada vez m&aacute;s pobres, pero m&aacute;s felices&rdquo; tratando de romper con la propaganda industrial de un modelo socioecon&oacute;mico basado en el turismo y que maquilla la realidad de exclusi&oacute;n social que opera en nuestras islas. Creo que es el momento de recapitular, de derribar el negocio, romper las cuerdas del titiritero, cerrar las redes y salir a las calles a gritar nuestro dolor, sin tapujos ni frases edulcoradas, porque lo que necesitamos no nos lo puede dar el gran comercio.
    </p><p class="article-text">
        -Bienvenidos a la industria de la felicidad, &iquest;qu&eacute; desea?
    </p><p class="article-text">
        -Cerrar la industria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/bienvenidos-industria-felicidad-desea_129_11227739.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Mar 2024 10:25:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bienvenidos a la industria de la felicidad, ¿qué desea?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuestro problema sí tiene nombre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/problema-si-nombre_129_10991471.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fd0e7615-906e-4565-b938-0f1ef1218a35_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nuestro problema sí tiene nombre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - El feminismo conlleva examinarnos y cuestionarnos a nosotras mismas continuamente, y no solo en relación con los hombres, sino en relación con toda la estructura de dominación. El feminismo supone dar nombre a los problemas, aun sabiendo que podemos ser parte de ellos
</p></div><p class="article-text">
        Hace unas semanas escuch&aacute;bamos, en el telecanarias de La 1 de Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola, como contaban una de las iniciativas organizadas por la Direcci&oacute;n Insular de la Administraci&oacute;n General del Estado en La Gomera. Una propuesta<strong> </strong>que se enmarca en las acciones celebradas con motivo del 8M D&iacute;a Internacional de la Mujer. En este caso, hab&iacute;an decidido &ldquo;mostrar el compromiso&rdquo; contra la violencia de g&eacute;nero a partir de una red se&ntilde;al&eacute;tica en los municipios de la isla. Los carteles que as&iacute; enunciaban: &ldquo;Municipio comprometido contra la violencia de g&eacute;nero&rdquo; trataban de &ldquo;se&ntilde;alar y dar ejemplo de firmeza y perseverancia contra las voces negacionista&rdquo;, seg&uacute;n recogen algunos medios de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta noticia de inter&eacute;s auton&oacute;mico, creo que nos llevar&iacute;a a m&uacute;ltiples preguntas. La primera, por supuesto, es: &iquest;acaso hay alg&uacute;n municipio que se muestre a favor de la violencia? La segunda, y totalmente relacionada: &iquest;por qu&eacute; ser&iacute;a necesario que una obviedad, como estar en contra de la violencia de g&eacute;nero, requiera de una red de se&ntilde;al&eacute;tica? Y, la tercera, &iquest;quiz&aacute;s lo que nos parece obvio no lo es tanto? A menudo se nos olvida que seguimos viviendo en un mundo preponderantemente patriarcal, sexista, hom&oacute;fobo, tr&aacute;nsfobo, racista, colonialista y supremacista. Un mundo que, lejos de separarse de todos los sesgos de desigualdad, sigue legitimando su estructura y sistemas de dominaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Nos repiten que antes todo era mucho peor, que no nos podemos quejar, que la igualdad ya existe, pero, al mismo tiempo, siguen poniendo carteles en la entrada de los municipios que nos alertan de los peligros de ser mujer. A ver si se deciden porque las iniciativas como las de la Gomera no hacen m&aacute;s que re-afirmar la situaci&oacute;n actual de nuestra realidad y, lo que es peor, las medidas que se toman para afrontar un problema de desigualdad estructural. Las acciones son: poner un cartel que muestre tu &ldquo;compromiso&rdquo;, sacarte dos fotos posando con el lema y volver a casa a que tu mujer te haga la cena. Grandes soluciones para una sociedad que no quiere reconocer que sigue existiendo el problema.
    </p><p class="article-text">
        No quiero sonar demasiado ir&oacute;nica, ni quiero que este art&iacute;culo sea le&iacute;do como un ataque hacia el hombre. Lo aclaro porque parece que este es el nuevo discurso que se escucha y, de repente, el feminismo odia a los hombres y victimiza a las mujeres. Lo que pretendo, en cambio, es contextualizar la situaci&oacute;n y mostrar que, el problema sin nombre (como dir&iacute;a Betty Friedan), s&iacute; que tiene nombre, pero nos asusta decirlo. Y no es necesario soltar cifras con la cantidad de mujeres asesinadas en este &uacute;ltimo a&ntilde;o, o con los ataques sexuales y violaciones producidas, solo hace falta ser un poco m&aacute;s cr&iacute;ticos para reconocer que existe el sexismo y que existe el patriarcado.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando hablo de ser cr&iacute;ticos me refiero tambi&eacute;n a nosotras (a las mujeres). Porque lo f&aacute;cil es pensar que el hombre es el problema, buscar un enemigo, un culpable que nos haga sentir mejor. Pero ser cr&iacute;ticas significa poner de manifiesto que los paradigmas de dominaci&oacute;n no excluyen a las mujeres, no son una cuesti&oacute;n de g&eacute;nero. Pensar en el hombre como el enemigo, el opresor y, por tanto, la mujer como la v&iacute;ctima, la oprimida, es totalmente simplista e, incluso, paternalista. Lo cierto es que tendemos a dar sentido a la realidad a trav&eacute;s del binarismo. La ontolog&iacute;a dualista nos ha servido para categorizar todo: lo bueno y lo malo, lo racional y lo emocional, lo masculino y lo femenino, el opresor y el oprimido.
    </p><p class="article-text">
        Pero a diferencia de la teor&iacute;a, la pr&aacute;ctica nos dice que los dualismos puros no existen, que tanto hombres como mujeres pueden ser personas dominadas y dominadoras, que este pensamiento sigue perpetuando y manteniendo los sistemas de dominaci&oacute;n que tratamos de derribar. Ahora mismo, mientras lees esto, puede ser que un hombre sea da&ntilde;ado y agredido por la homofobia y que, ese mismo hombre, maltrate y ridiculice a otra persona por cuestiones de clase o de raza. Tambi&eacute;n puede ser que una mujer sea dominada por el sexismo y que domine por otras muchas cuestiones. Por lo que ser cr&iacute;ticas es tratar de comprender los sistemas de dominaci&oacute;n para poder derribarlos. Y con esto no quiero decir que las mujeres no hayamos sufrido ni sigamos sufriendo, lo que pretendo aclarar es que culpabilizar a un sector de la poblaci&oacute;n no har&aacute; que dejemos de sufrir, hay que buscar la base del problema.
    </p><p class="article-text">
        El feminismo necesita, tambi&eacute;n de los hombres, necesita reconocer que los hombres tambi&eacute;n sufren por el sexismo, que el pensamiento patriarcal impregna todo y a todos. Porque el feminismo conlleva examinarnos y cuestionarnos a nosotras mismas continuamente, y no solo en relaci&oacute;n con los hombres, sino en relaci&oacute;n con toda la estructura de dominaci&oacute;n. El feminismo supone dar nombre a los problemas, aun sabiendo que podemos ser parte de ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/problema-si-nombre_129_10991471.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Mar 2024 09:39:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nuestro problema sí tiene nombre]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los Carnavales como lugar de la norma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/carnavales-lugar-norma_129_10956622.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd0bab26-7751-41b0-bea8-8af274a99d85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los Carnavales como lugar de la norma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - El 'hombre de verdad', el hombre (prioritariamente) heterosexual se disfrazará de mujer en Carnaval, pero siempre lo hará desde una posición sexuada y misógina. (…) Porque los Carnavales no dejan de ser otra expresión más de las normas de control de nuestra sociedad. Los Carnavales no se separan de los sesgos sexistas u homofóbicos, los multiplican</p></div><p class="article-text">
        Ahora que ya se ha cerrado, otro a&ntilde;o m&aacute;s, la festividad de los Carnavales, se ha enterrado y quemado a la sardina, se ha teatralizado el sufrimiento de las viudas, se ha connotado a los entierros de otra significaci&oacute;n que, en cualquier otro momento, podr&iacute;amos criticar por estigmatizante. Creo que es el momento de hacer reseteo, de curarnos de la resaca f&iacute;sica y emocional y re-visitar las fiestas desde una mirada, un tanto, cr&iacute;tica. No vengo aqu&iacute; a hacer lavado de conciencia, que no se me malinterprete. Simplemente me gustar&iacute;a se&ntilde;alar una de las tantas cosas que considero que deber&iacute;amos, como sociedad, prestar atenci&oacute;n de las fiestas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Debo aclarar que este art&iacute;culo podr&iacute;a hacer menci&oacute;n a otros muchos factores que intersectan en dicha festividad como: la cantidad de residuos que se generan en las fiestas populares, o la mercantilizaci&oacute;n de costumbres importadas que deshacen la esencia de nuestras manifestaciones culturales (debo agradecer a Valeriano Weyler Ramos por poner el foco de atenci&oacute;n en un tema del que no me hab&iacute;a percatado). Pero, en este caso, me centro en la utilizaci&oacute;n del disfraz como medio para seguir perpetuando las discriminaciones sexistas sobre la representaci&oacute;n de la mujer y sobre el lugar de la masculinidad como industria de identificaci&oacute;n y de deseo.
    </p><p class="article-text">
        Pero no nos adelantemos, lo primero es lo primero. El Carnaval es el &uacute;nico momento en el que un hombre se puede vestir de mujer y que (en algunos casos) no haya malentendidos ni sobre su orientaci&oacute;n sexual ni sobre su construcci&oacute;n de la identidad. Que no se le coloque en una nueva categor&iacute;a social, no se le juzgue ni se le interpele. Eso s&iacute;, siempre que su &ldquo;masculinidad&rdquo; aunque sea a trav&eacute;s de un disfraz sea visible&nbsp;y validable. El hombre se puede disfrazar de mujer, pero siempre tiene que dejar a la vista que sigue siendo un hombre. Tiene que mostrarse rudo y pelearse si fuera necesario, tiene que caminar con las piernas separadas, tiene que ligar con las mujeres de su alrededor, tiene que seguir siendo &ldquo;un hombre de verdad&rdquo;, lo que disfrazado. Es decir, tiene que mostrar su &ldquo;hombr&iacute;a&rdquo; como lugar de conocimiento com&uacute;n, tiene que alejarnos del valle inquietante (teor&iacute;a propuesta desde el campo de la rob&oacute;tica que he conocido gracias a Roy Gal&aacute;n) para permitirnos, de un vistazo, poder clasificar lo que estamos viendo y que no nos genere extra&ntilde;eza.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, podr&iacute;amos hablar de nuestra mirada <em>plumof&oacute;bica</em> y de c&oacute;mo nuestra sociedad valora &ldquo;que no se te note&rdquo;, que no generes incomodidad en quien te mira. Es decir, te puedes disfrazar de mujer, pero que no se te note ning&uacute;n tipo de pluma, que no haya duda de que es un disfraz y no una manera de expresi&oacute;n identitaria. Esta es otra cuesti&oacute;n que me resulta curiosa. El &ldquo;hombre de verdad&rdquo;, el hombre (prioritariamente) heterosexual se disfrazar&aacute; de mujer en Carnaval, pero siempre lo har&aacute; desde una posici&oacute;n sexuada y mis&oacute;gina. No ir&aacute; vestido de abogada o de presidenta del Gobierno, ir&aacute; de enfermera sexy, de princesa sexy o de bailarina sexy (con tut&uacute; y sin camiseta). El &ldquo;hombre de verdad&rdquo; entender&aacute; los Carnavales como el momento oportuno en el que poder volver a su casa, al patriarcado, para poder caer (sin ning&uacute;n tipo de remordimiento) en los roles de g&eacute;nero y en el sexismo m&aacute;s extremo. Ser&aacute; el momento ideal de poder seguir estereotipando e hipersexualizando a las mujeres, coloc&aacute;ndonos en un lugar de cosificaci&oacute;n compartida, ridiculizando nuestros cuerpos y comportamientos.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, en el otro extremo de la verbena, tendremos a otro tipo de hombre, al que ser&aacute; llamado como &ldquo;mariquita&rdquo; o &ldquo;maric&oacute;n&rdquo;, al que por no mostrar (lo suficiente) su hombr&iacute;a y virilidad &ndash;ya sea por llevar purpurina o flores, o por disfrazarse de otras maneras que se separan del patr&oacute;n patriarcal&ndash;, ser&aacute; clasificado como homosexual. Porque los Carnavales no dejan de ser otra expresi&oacute;n m&aacute;s de las normas de control de nuestra sociedad. No se separan de los sesgos sexistas u homof&oacute;bicos, los multiplican. En esta festividad ser homosexual tiene que seguir siendo una cuesti&oacute;n de &aacute;mbito privado, en la fiesta de calle (no entro aqu&iacute; a hablar de la cultura <em>drag</em>) se sigue legitimando y aceptando la heteronormatividad como &ldquo;normatividad naturalizada&rdquo;. Siguen sin existir otras maneras de encarnar la masculinidad m&aacute;s all&aacute; de la norma.
    </p><p class="article-text">
        Aunque nos parezca que no es as&iacute;, los cuerpos &ldquo;masculinos&rdquo; no nos hablan de una identidad o de un deseo determinado, pero las personas seguimos empe&ntilde;adas en la clasificaci&oacute;n. Los cuerpos no cambian, es el ejercicio pol&iacute;tico de mirar el que nos coloca. Seguimos pensando que es la lectura global que hacemos sobre los cuerpos la que nos dice qui&eacute;n eres y qu&eacute; deseos tienes, pero estamos muy equivocadas. Mientras, la norma lo tiene claro: no cruces al valle inquietante, porque no podr&aacute;s volver.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/carnavales-lugar-norma_129_10956622.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Feb 2024 19:13:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los Carnavales como lugar de la norma]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ‘opinología’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/opinologia_129_10702129.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6a9ae3fd-76e1-433a-b3c3-de205f46d42a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ‘opinología’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - En nuestra sociedad, de repente, todas las personas somos 'opinólogas'. Tenemos el grado en crítica social y, algunas, incluso, tienden hacia la especialización con un máster en charlatanería basada en prejuicios y estereotipos</p></div><p class="article-text">
        La opini&oacute;n est&aacute; en todas partes: en la televisi&oacute;n, en la radio, en los libros y los peri&oacute;dicos, en cualquier medio o canal, en espacios p&uacute;blicos y privados, en los entornos sanitarios, en el trabajo, en la casa, en el gimnasio y, por supuesto, en la pol&iacute;tica (pero eso ya es un tema aparte). La opini&oacute;n es una palabra que se ha conformado como un esencial de nuestro d&iacute;a a d&iacute;a, si hicieran un concurso de palabras ser&iacute;a la ganadora sin grandes competidoras pr&oacute;ximas. La opini&oacute;n, por tanto, es la reina de nuestro diccionario. Se nos llena la boca cada vez que la nombramos, se nos aceleran los dedos cada vez que la usamos, y se nos paraliza el cerebro cada vez que (no) la pensamos. Porque aunque la opini&oacute;n est&aacute; en todas partes, su car&aacute;cter omnipresente ha generado que, contradictoriamente, cueste situar en qu&eacute; lugar concreto se encuentra y, lo que es peor, si realmente es opini&oacute;n o es cr&iacute;tica vac&iacute;a malintencionada.
    </p><p class="article-text">
        En nuestra sociedad, de repente, todas las personas somos &ldquo;opin&oacute;logas&rdquo; (agradezco el t&eacute;rmino a Paula Galv&aacute;n). Tenemos el grado en cr&iacute;tica social y, algunas, incluso, tienden hacia la especializaci&oacute;n con un m&aacute;ster en charlataner&iacute;a basada en prejuicios y estereotipos. En nuestra sociedad, ciertas personas se respaldan en un supuesto derecho a la libertad de expresi&oacute;n para lanzar, sin pudor alguno, toda su idiosincrasia hacia la otra persona. La &ldquo;libertad de expresi&oacute;n&rdquo; esa m&aacute;xima hegem&oacute;nica que, como est&aacute; siendo usada ahora mismo, parece justificar el racismo, machismo, xenofobia y todo tipo de discriminaciones con aras de promover los discursos de odio y generar alboroto social. Porque aunque a veces nos cueste recordarlo, no nos debemos olvidar de que hay una fina l&iacute;nea entre decir lo que quiero entendiendo sus implicaciones y decir lo que quiero aunque sepa que causar&aacute; dolor. Como sociedad (y no como individuo aislado), me debo ajustar a unos valores &eacute;ticos y morales que nos permiten el seguir viviendo en armon&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Porque si nos vamos a resguardar en la libertad de expresi&oacute;n para hacer da&ntilde;o de manera reiterada e injustificada a ciertas personas o colectivos, sin lugar a dudas, eso no es libertad. Como dir&iacute;a Sara Ahmed si para ser libre tengo que oprimir (discriminar o vulnerar) a otros, eso no es libertad. Por supuesto siempre habr&aacute; otras personas que, desde ese lugar de incomodidad ante la supuesta p&eacute;rdida (de cualquier tipo, pero suele ser de privilegios), decidir&aacute;n que lo mejor es inventar mentiras y camuflarlas entre distorsiones basadas en el miedo, conectando con una de las emociones b&aacute;sicas como factor clave para propagar odio desde la posverdad.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a la opini&oacute;n se ha vuelto algo cotidiano, todas las personas lanzamos toneladas de palabras en forma de cucharadas de opini&oacute;n, m&aacute;s o menos formada, m&aacute;s o menos vac&iacute;a, (quiz&aacute;s, incluso, adulterada) a un mundo que no para de recibir cr&iacute;ticas constantes. Quiz&aacute;s podr&iacute;amos hablar del afianzamiento del neoliberalismo, del individualismo m&aacute;s exacerbado, de la competitividad y el af&aacute;n de consumo, de la meritocracia&hellip;O, quiz&aacute;s, como har&iacute;an los eruditos, podr&iacute;amos buscar alguna explicaci&oacute;n onto-epistemol&oacute;gica que trate de dar sentido al momento sociocultural en el que nos encontramos. Una realidad que ya no saben si darle nombre de: &ldquo;modernidad l&iacute;quida&rdquo; (Zygmunt Bauman), &ldquo;sociedad del espect&aacute;culo&rdquo; (Guy Debord), &ldquo;sociedad de consumo&rdquo; (de nuevo Zygmunt Bauman), o como yo tiendo a opinar, &ldquo;vida precaria&rdquo; (Judith Butler).
    </p><p class="article-text">
        Sea como fuere, debemos ser conscientes de que la opini&oacute;n no deber&iacute;a ser una excusa para realizar un escarnio (p&uacute;blico o privado) a aquella persona que se encuentre en nuestro punto de mira. Porque, en primer lugar, las afectadas siempre suelen ser las mismas personas y, en segundo lugar, parece que hay bocas que merecen (y pueden) opinar y otras que no. Deber&iacute;amos ser autocr&iacute;ticas y entender que hay opiniones que sobran. Deber&iacute;amos entender que lanzar nuestro odio hacia fuera&ndash;principalmente en X (Twitter), Instagram e, incluso, Facebook&ndash; solo nos muestra que hay mucho odio hacia dentro.
    </p><p class="article-text">
        Yo, por mi parte, propongo usar la regla de la inversi&oacute;n (de nuevo agradecer a Paula Galv&aacute;n). Este m&eacute;todo que trata de advertir si un texto incurre en sexismo ling&uuml;&iacute;stico tambi&eacute;n nos puede servir para saber si lo que vamos a escribir (o decir) no es realmente una opini&oacute;n sino una cr&iacute;tica destructiva. Es decir, si al darle la vuelta y ponerte como sujeto consideras que esa opini&oacute;n es ofensiva y que no contribuye en nada positivo o, incluso, que no es algo que no se puede modificar en un per&iacute;odo corto de tiempo, omite decirlo. Porque es probable que tu cr&iacute;tica sea da&ntilde;ina y que, realmente, no vaya a beneficiar, ni a ser productiva para quien la recibe. Y cuando hablamos de opini&oacute;n no nos cerramos a un solo &aacute;mbito, porque ya basta con hacer sentir mal a las otras personas por c&oacute;mo son o c&oacute;mo viven, ya basta con tanta &ldquo;opinolog&iacute;a&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/opinologia_129_10702129.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Nov 2023 15:48:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ‘opinología’]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dar nombre al cambio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/dar-nombre-cambio_129_10561835.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ccb43b73-1b5b-4bb3-b1ac-f87fc163b145_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dar nombre al cambio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - El problema es que los cambios (últimamente) suelen ser explicados en términos neoconservadores y liberales, y bajo esta epistemología la palabra cambio se traduce por caos</p></div><p class="article-text">
        La cultura moldea nuestras creencias y valores, le da forma como har&iacute;a una artista con sus manos al bloque de barro, trabajando en cada arista, en cada pliegue, en cada concepto y paradigma. La cultura moldea nuestra realidad, como ese molde de escayola que se elabora del boceto en barro. Un molde al que debemos ajustarnos y que nos permite percibir, &uacute;nicamente, la imagen que el molde contiene, la versi&oacute;n que la cultura comunica. Pero el molde al que nos adaptamos no est&aacute; creado por cualquier mano, la cultura no es neutra y las manos que la manejan, tampoco lo son. La cultura la hacen aquellos que est&aacute;n en el poder, aquellos que tienen la suficiente fuerza y privilegio como para que sus manos nunca cedan el control, para que sus labios sean incuestionables, sus conceptos sean indisociables, sus paradigmas sean dominantes, y sus verdades, sean siempre las &uacute;nicas. Algunos hacen las reglas y otras las transmitimos.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra sociedad se encuentra inserta en una cultura de memoria compartida, una cultura en la que los principios &eacute;ticos y morales siguen legitimados a una estructura patriarcal y sexista que, a&uacute;n a d&iacute;a de hoy, sigue discriminando por raz&oacute;n de g&eacute;nero. La realidad es que, aunque nos neguemos a reconocerlo, las mujeres seguimos sin ser reconocidas en algunos de nuestros entornos profesionales con motivo de una cultura androc&eacute;ntrica que sigue celebrando (y colocando) al hombre como el centro de todo. Podemos entender por qu&eacute; se siguen generando estos espacios o situaciones en las que una mujer no es nombrada, en mi caso como la artista de su obra, pero no podemos justificarlo y, mucho menos, negarlo. Porque si no, normalizaremos y asumiremos como parad&oacute;jica una realidad com&uacute;n para muchas de nosotras.
    </p><p class="article-text">
        Cuando expones tu obra, te expones a ti misma, compartes de manera meditada una parte de ti, un pedazo que seleccionas minuciosamente y cuidas durante todo el proceso creativo para que, ese cuidado, ese mimo, sea percibido por el p&uacute;blico que lo recibe y as&iacute;, pueda llegar a darle el valor (que no el significado) que t&uacute; intentabas otorgarle. Cuando en una situaci&oacute;n de m&aacute;xima intimidad y vulnerabilidad como esa, en la que has cedido una parte de ti, el receptor no consigue verte, el dolor se multiplica. Por un lado, porque sientes que como artista tu mensaje no ha sido transmitido y, por otro, porque entiendes que como mujer el valor ha disminuido al ser nombrado err&oacute;neamente.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a parecer algo bastante banal, pero ese sentimiento solo pueden entenderlo aquellas que no han sido nunca nombradas. Cuando eres mujer y, encima joven, tu nombre es muy importante, porque entra en juego una doble discriminaci&oacute;n. Primero, asociar&aacute;n de manera (in)consciente que tu trabajo ha sido hecho por un hombre, un prejuicio sexista que se respalda en las pr&aacute;cticas institucionales de nuestra propia cultura patriarcal. Segundo, asumir&aacute;n de manera (in)voluntaria que tu obra es demasiado madura para alguien de tu edad, un estereotipo edadista que se apoya en un discurso social que infantiliza a las personas j&oacute;venes y humilla a las mayores. La banalidad en este punto, se cae por su propio peso.
    </p><p class="article-text">
        La cultura dirige nuestras vidas, pero no es inamovible, se puede cambiar, se puede redirigir. El problema es que los cambios (&uacute;ltimamente) suelen ser explicados en t&eacute;rminos neoconservadores y liberales, y bajo esta epistemolog&iacute;a la palabra cambio se traduce por caos. Cuando la explicaci&oacute;n viene de la ultraderecha no deber&iacute;a sorprendernos que los cambios asusten, porque limitan el t&eacute;rmino a la posible inseguridad y p&eacute;rdida de un supuesto orden que solo beneficia a unos pocos (hombres). Ante los cambios, lo m&aacute;s sencillo es mantenernos como estamos o, al menos, eso nos hacen creer ciertos partidos pol&iacute;ticos, al idealizar un supuesto pasado que se basa en el orden y la tradici&oacute;n como medio de dar estabilidad y seguridad a la poblaci&oacute;n. Pero no debemos olvidar qu&eacute; tradici&oacute;n estamos nombrando. Porque si hablamos de tradiciones, debemos recordar que antes, en la &eacute;poca pre-cristiana (aunque tristemente sigue vigente en algunos pa&iacute;ses), era tradici&oacute;n lapidar a las mujeres ad&uacute;lteras hasta la muerte (solo a ellas).
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que justificar algo en la tradici&oacute;n como motivo principal para seguir, supuestamente seguros y tranquilos (en masculino), no tiene ning&uacute;n sentido. Como dice bell hooks en su libro <em>Ense&ntilde;ar a transgredir. La educaci&oacute;n como pr&aacute;ctica de la libertad: </em>&ldquo;parece que uno de los motivos principales por los que no hemos vivido una revoluci&oacute;n de valores es que la cultura de dominaci&oacute;n promueve necesariamente adicci&oacute;n a la mentira y a la negaci&oacute;n&rdquo;. Nuestra crisis cultural est&aacute; creada por nuestro miedo significativo a los cambios, mientras seguimos neg&aacute;ndonos a aceptar que seguimos siendo machistas. Nuestros cuerpos siguen temblando en celdas separadas de susurro an&oacute;nimo, mientras la revoluci&oacute;n sigue esper&aacute;ndonos, paciente y atenta, preparada para gritar nuestro nombre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/dar-nombre-cambio_129_10561835.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Oct 2023 08:55:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dar nombre al cambio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tener voz y voto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/voz-voto_129_10397207.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/81413ebf-eb1c-470f-8587-da215509735b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tener voz y voto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - El silencio en las urnas es otra forma de validar lo que salga en las próximas elecciones (sea lo que sea), de afirmar lo que votan los demás (aunque no estuvieras de acuerdo). El silencio en las urnas no es una opción si queremos el progreso, si queremos construir un camino de cambio que pueda ser transitado por todas las personas sin distinción alguna. El silencio en las urnas debe ser nombrado porque para tener voz, primero hay que tener voto</p></div><p class="article-text">
        En estas &uacute;ltimas semanas, las personas estamos siendo bombardeadas con cantidades ingentes de informaci&oacute;n por distintos canales o medios de comunicaci&oacute;n. Cada d&iacute;a nos alimentamos con varias cucharadas de opini&oacute;n adulterada y mediada por uno o varios distribuidores de contenido que, no podemos olvidar, tiene su propio inter&eacute;s ideol&oacute;gico y motivaci&oacute;n econ&oacute;mica. Cada d&iacute;a nos nutrimos de palabrer&iacute;a bien articulada a golpe de caf&eacute;, de conversaciones pol&iacute;ticamente correctas untadas en nuestras tostadas, de mentiras repetidas y de verdades a medias que tratan de condimentar nuestros alimentos y pensamientos como un sazonador milagroso que, encima, nos dir&aacute;n que no contiene aditivos pero que no deja de ser un <em>Avecrem  </em>de toda la vida con un nombre distinto.
    </p><p class="article-text">
        En estas &uacute;ltimas semanas, hemos sido oyentes pasivas de un desfile de discursos, mejor o peor enfocados, que trataban de informar al p&uacute;blico (y s&iacute;, debemos colocar este t&eacute;rmino como una alegor&iacute;a al gran espect&aacute;culo pol&iacute;tico que estamos viviendo) de sus supuestos y propuestas para mejorar la situaci&oacute;n actual de Espa&ntilde;a. Pero lo malo de la charlataner&iacute;a pol&iacute;tica es que ni toda es cierta, ni se equipara a la realidad (si es que hay una sola posible) y que, adem&aacute;s, tenemos tanta informaci&oacute;n que la saturaci&oacute;n no nos permite distinguir entre charla basura y datos reales. El juego de los titulares sensacionalistas, de los v&iacute;deos atractivos simulando un tr&aacute;iler de una pel&iacute;cula mala, puede dejarnos con la falsa sensaci&oacute;n de objetividad, pero no debemos caer en un juego que hemos perdido antes de empezar, hay que seguir las fuentes de la informaci&oacute;n recibida y contrastarla. Porque parece que la estrategia que han puesto de moda es repetir una mentira hasta la saciedad, de tal manera que llegue un momento en el que, por el simple hecho de la repetici&oacute;n, se convierta &ndash; o se crea&ndash; que es verdad. No solo nos quieren tratar como oyentes pasivas, sino que tambi&eacute;n como oyentes sin criterio, veamos que dice el gran p&uacute;blico este 23 de julio.
    </p><p class="article-text">
        Este domingo no s&oacute;lo se votar&aacute; al partido que va a gobernar a nuestro pa&iacute;s, sino que tambi&eacute;n se votar&aacute;n los ideales que nos representan como ciudadan&iacute;a, se votar&aacute; sobre el presente y afectar&aacute; a nuestro futuro. Mientras, algunas de nosotras nos hemos vuelto en contra de la pasividad y hemos decidido alzar la voz para volvernos parte de la poblaci&oacute;n activa que trata de se&ntilde;alar c&oacute;mo ciertos partidos quieren una realidad clasista, racista y sexista que camuflan bajo el lema de la seguridad y el liberalismo.
    </p><p class="article-text">
        Una realidad en donde los patriotismos pretenden alzar nuevas fronteras y muros de verg&uuml;enza, en donde la burocracia (o dedocracia) se&ntilde;ala la otredad desde la mirada de lo no europeo, en donde la precarizaci&oacute;n de la existencia se ha normalizado, en donde la privatizaci&oacute;n dinamita nuestro bienestar social hasta llegar a las aulas y los hospitales, en donde los derechos b&aacute;sicos conseguidos amenazan con perderse. En esa otra realidad, la cultura se hace desde el poder &ndash;el del hombre blanco de clase alta&ndash; y el resto de las personas solo debemos intentar molestar lo menos posible para que no nos nombren como a nuevos enemigos.
    </p><p class="article-text">
        Estamos viendo c&oacute;mo algunos partidos utilizan la estrategia de la instrumentalizaci&oacute;n de un cierto personaje para construir el relato del fallo (Sanchismo), c&oacute;mo se justifica la demonizaci&oacute;n individualizada de una persona con la excusa del cambio. Pero deber&iacute;amos pensar en si todo vale a la hora de hacer pol&iacute;tica, o si hay m&iacute;nimos morales y &eacute;ticos que, sin duda, se han perdido en muchas de las propagandas electorales y actos de campa&ntilde;a. Esperemos que la jornada de reflexi&oacute;n nos dibuje un nuevo sendero donde no se utilice el dolor de un sector de la poblaci&oacute;n para justificar una discursividad ideol&oacute;gica que traspasa cualquier l&iacute;mite con una falta absoluta de empat&iacute;a, sensibilidad y responsabilidad afectiva.Aunque mejor no hablemos de responsabilidad, porque parece que es el tesoro perdido de Indiana Jones, siempre esperando para renovar con una nueva pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        Votar es un derecho, no es un deber, en eso estamos todas las personas de acuerdo, pero para tener derechos hay que seguir votando, para no perder los derechos que ya tenemos, hay que seguir votando. Hace 90 a&ntilde;os yo no podr&iacute;a haber votado y mucho menos habr&iacute;a podido escribir este art&iacute;culo, corr&iacute;a el a&ntilde;o 1933 cuando mis antecesoras pudieron votar por primera vez, reivindicar su derecho a la voz y al voto. Hace 90 a&ntilde;os el sistema de gobierno no era perfecto, ni ahora tampoco lo es, pero no podemos negar los avances sociales, culturales y pol&iacute;ticos que se han logrado en estos 90 a&ntilde;os y que nos permiten hablar ahora (incluso a m&iacute; como mujer). Callarse, no votar, es una manera de negaci&oacute;n. El silencio en las urnas es otra forma de validar lo que salga en las pr&oacute;ximas elecciones (sea lo que sea), de afirmar lo que votan los dem&aacute;s (aunque no estuvieras de acuerdo). El silencio en las urnas no es una opci&oacute;n si queremos el progreso, si queremos construir un camino de cambio que pueda ser transitado por todas las personas sin distinci&oacute;n alguna. El silencio en las urnas debe ser nombrado porque para tener voz, primero hay que tener voto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/voz-voto_129_10397207.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Jul 2023 10:51:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tener voz y voto]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Problemas sin nombre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/problemas-nombre_129_10014125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2ea9f12b-977b-4d39-98b7-ec1f822858c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Problemas sin nombre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - La sombra silenciosa de todos los motivos por los que existe y sigue siendo necesario un día concreto para reivindicar y conmemorar la lucha de las mujeres es una razón más para visibilizar todos los “problemas sin nombre” que caen sobre la figura de la mujer desde el día de su nacimiento, cuando a su madre le dicen: “enhorabuena, es una niña”</p></div><p class="article-text">
        En 1963, durante la segunda ola del feminismo, la te&oacute;rica y activista feminista Betty Friedan escribi&oacute; un ensayo titulado <em>The Feminine Mystique</em> que, posteriormente, ser&iacute;a traducido como <em>La m&iacute;stica de la feminidad</em>. En sus p&aacute;ginas, la autora reflexiona sobre &ldquo;el malestar que no tiene nombre&rdquo;, refiri&eacute;ndose a la situaci&oacute;n vivida por las mujeres norteamericanas de clase media-alta en relaci&oacute;n a las estructuras dominantemente patriarcales que obstaculizaban su participaci&oacute;n activa en la sociedad. En su libro, Friedan se&ntilde;ala que las mujeres experimentan una sensaci&oacute;n de vac&iacute;o al sentirse definidas por las funciones que ejercen &ndash;madre, esposa&ndash;y no por lo que son, lo que denomina &ldquo;el problema que no tiene nombre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, este relato en torno al feminismo blanco es problematizado por diversas te&oacute;ricas contempor&aacute;neas, como bell hooks o Sara Ahmed. Ellas apuntan que no se tiene en cuenta que cuando otras personas (otras mujeres de clase baja y, generalmente, de colectivos racializados) tienen que trabajar para liberar a esas mujeres del trabajo dom&eacute;stico, esas personas pagan el precio de su libertad. En esta posici&oacute;n, el &ldquo;problema sin nombre&rdquo; de ciertas mujeres blancas se convierte en los &ldquo;problemas sin nombre&rdquo; de muchas mujeres racializadas. El singular se desplaza hacia el plural, un plural que, hoy en d&iacute;a, sigue sin ser nombrado.
    </p><p class="article-text">
        Cuando a una situaci&oacute;n no se le puede dar nombre parece que esa circunstancia carece de importancia o plantea un dilema previo que no puede ser racionalizado, disip&aacute;ndose, de esta manera, entre los supuestos del conflicto te&oacute;rico. Aquello que no se nombra, no existe; aquello que no se nombra, se termina convirtiendo en la sombra de todo lo que s&iacute; es nombrado. Aquello que no se nombra se mantiene en la oscuridad de lo invisible, de lo indecible. El silencio conceptual y relacional que sufre la figura de la mujer es respaldado por los procesos pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y culturales de una sociedad discursivamente machista. El silencio estructural ante los problemas causa a&uacute;n m&aacute;s problemas, darle voz al silencio desde el relato femenino se debe volver nuestra causa y prioridad.
    </p><p class="article-text">
        La sombra silenciosa de todos los motivos por los que existe y sigue siendo necesario un d&iacute;a concreto para reivindicar y conmemorar la lucha de las mujeres es una raz&oacute;n m&aacute;s para visibilizar todos los &ldquo;problemas sin nombre&rdquo; que caen sobre la figura de la mujer desde el d&iacute;a de su nacimiento, cuando a su madre le dicen: &ldquo;enhorabuena, es una ni&ntilde;a&rdquo;. El lenguaje y el peso que este ejerce sobre la ni&ntilde;a empieza a afectarle desde la ni&ntilde;ez, desde el breve instante en que conceptos como: sexismo o machismo, comienzan a rozarla o tocarla sin su consentimiento, a seguirla e incomodarla por la calle, a mirarla lascivamente, a cosificarla y tratarla con propiedad. El lenguaje y su peso encuentran a la ni&ntilde;a sin siquiera tener la madurez para entender esas &ldquo;palabras adultas&rdquo;. Durante la infancia, la ni&ntilde;a le da sentido a muchas de esas &ldquo;palabras adultas&rdquo; sin haberle dado un nombre, ni una definici&oacute;n a su significado.
    </p><p class="article-text">
        Esta carencia nominal sigue la vida de la ni&ntilde;a mientras trata de sobrevivir a las consecuencias de todo lo que combate; mientras su cuerpo y su memoria es, muchas veces, el &uacute;nico testigo de los mecanismos autodefensivos que genera a medida que sufre p&eacute;rdidas de su integridad f&iacute;sica y seguridad personal. Este silencio innombrable sigue la vida de la ni&ntilde;a hasta su adolescencia y su adultez, volvi&eacute;ndose un eco insostenible bajo el retumbar de la expectativa de la feminidad y de la felicidad. La din&aacute;mica de la felicidad afecta a la ni&ntilde;a y a la mujer direccion&aacute;ndola hacia un cierto camino, independientemente de lo que pueda querer o no. La din&aacute;mica de la felicidad, en la vida de la mujer, se traduce en la expectativa de la maternidad, en una labor emocional para dulcificar y compensar cualquier posible s&iacute;ntoma de infelicidad o asertividad. Sonre&iacute;r se vuelve un logro femenino.
    </p><p class="article-text">
        Los actos coercitivos del habla social funcionan como una herramienta instrumental que orienta las aspiraciones, funciones, comportamientos y deseos de la vida cotidiana de la mujer hasta su vejez. La construcci&oacute;n mediada del habla social dirige nuestro andar y nuestra voz hacia un lugar de senderos unidireccionales, de relatos &uacute;nicos, de caminos hechos de huellas pasadas, de pisadas que contin&uacute;an repitiendo las normas y convenciones que tratamos de dejar atr&aacute;s. Por nuestra parte, necesitamos darle nombre propio a nuestra historia, pero, sobre todo, llamar a los problemas por sus nombres: el sexismo tiene nombre, la desigualdad tiene nombre, el machismo y el patriarcado tienen nombre. Nos vemos en las calles para levantar nuestra voz, para gritar nuestro nombre y para reescribir nuestro camino. Para construir una narrativa de esperanza y revoluci&oacute;n feminista que celebre el d&iacute;a que nos digan: &ldquo;enhorabuena, es una ni&ntilde;a&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/problemas-nombre_129_10014125.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Mar 2023 10:12:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Problemas sin nombre]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estar vacío de emoción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/vacio-emocion_129_9903282.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec70d242-41d9-400b-b00a-7095cebfdfa0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Estar vacío de emoción"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - El “yo” en la actualidad, ese “yo” carente de emoción y sentido, trata de compensar aquello que ha perdido, pero la búsqueda frenética para saciar esa pérdida no le permite pararse a contemplar su verdadero problema: está vacío</p></div><p class="article-text">
        Durante la ni&ntilde;ez, la vida se presenta como una aventura a descubrir cada d&iacute;a, como un acertijo que ir descifrando a modo de juego inofensivo. En la infancia, la vida, misteriosa y &uacute;nica, no para de sorprender, de inquietar, de emocionar. Durante la adolescencia, la vida empieza a tornarse menos inocente y el juego toma tintes macabros. La vida se convierte, as&iacute;, en un juego creado por adultos, un juego para adultos que no quieren jugar, un juego que sit&uacute;a a la juventud en la casilla de salida todo el tiempo y que les coloca como fichas incompletas, como humanos a medio hacer. La incertidumbre que antes asombraba, que emocionaba, ahora frena, cabrea y confunde. Durante la adultez, la vida juega con nosotros, sentimos que no podemos entrar en un juego que, a&uacute;n sin intentarlo, damos por perdido. Cualquier atisbo de sentimientos ha desaparecido, ya no hay cabreo o confusi&oacute;n, tampoco sorpresa ni emoci&oacute;n, reina la apat&iacute;a. Durante la vejez, la vida termina perdiendo la partida y nosotros con ella.
    </p><p class="article-text">
        Actualmente nos preguntamos d&oacute;nde se perdi&oacute; la emoci&oacute;n, en qu&eacute; momento concreto el juego de la vida nos arrebat&oacute; la sensaci&oacute;n de diversi&oacute;n, las ganas de sentir, en qu&eacute; lugar se encuentra la inocencia de la infancia, en qu&eacute; tiempo se coloca la confusi&oacute;n de la adolescencia, en qu&eacute; espacio estamos nosotros. Parece que nuestra sociedad tiene miedo a sentir demasiado, asocia el sentir con la vulnerabilidad, con la flaqueza. Hoy en d&iacute;a, somos capaces de quitarnos la ropa, r&aacute;pidamente, en privado, pero nunca somos capaces de desnudarnos, la desnudez del alma s&oacute;lo toma forma de gran met&aacute;fora en la po&eacute;tica vital. El abrirse a sentir, a amar, nos parece un mecanismo de control emocional, un medio de coerci&oacute;n de la libertad individual. Parece que en eso del querer somos unos cobardes sin causa.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que en este mundo de valientes fingidos, de felicidad virtual, de sentimientos comprados, nos hemos coronado como los bufones del espect&aacute;culo. El mundo se ha artistizado, el espect&aacute;culo se ha colado en todos los espacios, incluso en los que antes eran privados volvi&eacute;ndolos p&uacute;blicos. Todo es visible, nos hemos convertido en parte de la cultura popular, contribuimos con nuestras publicaciones y fotos a la gran mara&ntilde;a de mentiras digitales. Las redes sociales, la tecnolog&iacute;a y la digitalizaci&oacute;n han colonizado nuestras emociones, dici&eacute;ndonos qu&eacute; sentir y c&oacute;mo sentirlo, dici&eacute;ndonos c&oacute;mo ser y estar, oblig&aacute;ndonos a &ldquo;vivir&rdquo; a trav&eacute;s de aquellos que seguimos en <em>Instagram</em>, vemos en series o programas televisivos, leemos en novelas y libros de autoayuda&hellip;Dici&eacute;ndonos cu&aacute;ndo sufrir con sus desamores, escandalizarnos con sus enga&ntilde;os, re&iacute;r con sus chistes o sus desgracias y, olvidando as&iacute;, nuestra propia vida y lo que sentimos con respecto a ella.
    </p><p class="article-text">
        Nuestras emociones personales han sido relegadas a un lugar de ausencias que es inseparable de la cultura de consumo y la industria comercial. Nuestras emociones individuales han sido arrojadas en el caj&oacute;n desastre de los sentimientos que callamos. Hemos cerrado con una llave perdida todo lo que lleve delante el verbo sentir, y eso nos hace &ldquo;sentir&rdquo; falsamente seguros, a salvo en el arresto autoimpuesto. En este espacio de autoenga&ntilde;o, nos sentimos esclavos de nuestros sentimientos y due&ntilde;os de nuestro silencio, as&iacute; que, simplemente, le quitamos la voz a cualquier atisbo de v&iacute;nculo afectivo.
    </p><p class="article-text">
        Para aliviar la sensaci&oacute;n de silencio y encierro, hemos empezado a hacer lo que mejor se nos da, comprar y gastar. Hemos empezado a comprar emociones instant&aacute;neas pensando, ingenuamente, que de esta manera podremos darle un placebo a nuestra necesidad intr&iacute;nseca. As&iacute; que nos hemos vuelto compradores y consumidores compulsivos: ir de compras es adquirir una emoci&oacute;n ef&iacute;mera en forma de ropa nueva, comer en un restaurante se canjea por un vale de emoci&oacute;n adulterada nutricionalmente, ir al cine o al teatro es conseguir un tal&oacute;n reembolsable de emoci&oacute;n moment&aacute;nea camuflada en un beneficio culturalizado. El dinero empieza a hablarnos sobre el placer fugaz y ese lenguaje capitalista se entiende universalmente.
    </p><p class="article-text">
        Consumimos emociones a la misma velocidad que gastamos en ellas, esperando que siempre haya alguna nueva en oferta. Pero nuestra vida, ese juego vital que nunca quisimos jugar, experimenta la ausencia significativa de la emocionalidad y la comparte a trav&eacute;s del significado de sentir. Las ausencias individuales y sociales empiezan a configurarnos y sus consecuencias se encarnan en nuestra piel desprovista de contacto. El &ldquo;yo&rdquo; en la actualidad, ese &ldquo;yo&rdquo; carente de emoci&oacute;n y sentido, trata de compensar aquello que ha perdido, pero la b&uacute;squeda fren&eacute;tica para saciar esa p&eacute;rdida no le permite pararse a contemplar su verdadero problema: est&aacute; vac&iacute;o.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/vacio-emocion_129_9903282.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jan 2023 16:59:49 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vida de consumo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/vida-consumo_129_9728673.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a02b4af-bd25-4091-8442-8d3596b18eba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vida de consumo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Sólo esperemos que nuestra vida de consumo no sea una forma inconsciente e irracional de compensar alguna carencia socioafectiva, una manera de camuflar el vacío emocional que experimenta nuestra sociedad adicta a la novedad y el olvido</p></div><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 2007, el fil&oacute;sofo Zygmunt Bauman escribe el ensayo titulado &ldquo;Vida de consumo&rdquo;. En sus p&aacute;ginas, el autor realiza un an&aacute;lisis de los mecanismos y estructuras de poder que han llevado a la transformaci&oacute;n de nuestra sociedad en una sociedad de consumidores. Una sociedad de mercado gobernada por individuos cosificados y convertidos en productos de consumo que deben ser aprobados y reconocidos socialmente para captar la atenci&oacute;n, atraer clientes y, por supuesto, generar demanda. Una sociedad alienada en el consumismo y el capitalismo voraz, que nos convierte en adictos a las posesiones y que mide su valor en relaci&oacute;n con el capital y los bienes de sus habitantes.
    </p><p class="article-text">
        Ya han pasado 15 a&ntilde;os desde la publicaci&oacute;n del libro de Bauman, pero la realidad que dibujaba, en su momento, sigue siendo visible en nuestra imagen del presente. Seguimos, aunque nos cueste reconocerlo, gobernados por el verbo &ldquo;tener&rdquo;. Nuestra identidad ya no se basa en lo que soy, sino en lo que tengo, las personas buscamos, expresamos y confirmamos lo que somos a trav&eacute;s de lo que tenemos. Y ese tener, adem&aacute;s, nunca nos es suficiente. La monta&ntilde;a de posesiones, bienes, art&iacute;culos, capitales&hellip;no queremos que pare de aumentar apoyada en una oleada ingente de novedades que nos hace estar desfasados y fuera de las modas con cada parpadeo que damos.
    </p><p class="article-text">
        La patolog&iacute;a social de la actualidad es la adicci&oacute;n a lo nuevo. La novedad nos hace querer estrenar, comprar, gastar, usar y tirar, todo en un bucle incesante e imparable que nos lleva a la locura y a la sobreproducci&oacute;n de recursos. Somos coleccionistas de lo nuevo y el mercado de consumo ha sido capaz de capitalizar nuestra avaricia. En unos d&iacute;as, esta demanda se ver&aacute; saciada bajo el atractivo letrero de descuentos, unos n&uacute;meros impresos en rojo que marcan el pistoletazo de salida para el uso de nuestras tarjetas de cr&eacute;dito. Una publicidad que se fundamenta y apoya, en este caso, en la campa&ntilde;a del Black Friday y que, aunque desconocemos con exactitud las teor&iacute;as que explican su origen terminol&oacute;gico, lo que s&iacute; podemos afirmar es que, en general, s&oacute;lo termina beneficiando a las grandes empresas. Los peque&ntilde;os negocios, el distribuidor minorista, observar&aacute; taciturno como su posible clientela se deja seducir, una vez m&aacute;s, por la llamativa esencia de la promoci&oacute;n y los descuentos.
    </p><p class="article-text">
        La vida de consumo se caracteriza por la velocidad y es esa rapidez la que gobierna nuestro olvido. En esta realidad fren&eacute;tica, olvidamos tan r&aacute;pido como compramos. Olvidamos, por un lado, todo lo que tenemos en nuestro armario que termina generando una situaci&oacute;n de insostenibilidad ecol&oacute;gica y, por otro, las din&aacute;micas de venta que benefician al gran comercio y que generan mayor desigualdad econ&oacute;mica entre peque&ntilde;as y grandes empresas. Nuestros h&aacute;bitos de compra s&oacute;lo se pueden adecuar a un consumo de productos de baja calidad por lo que la artesan&iacute;a, las marcas propias, los tejidos de fibras naturales y sostenibles, la ropa hecha a mano, queda descartada de nuestro carrito de la compra. Son productos demasiado caros para la demanda que generamos.
    </p><p class="article-text">
        Pero no todo es negativo, hemos encontrado una posible soluci&oacute;n: la moda circular y la ropa de segunda mano. En Espa&ntilde;a, el auge de la compra de segunda mano se ha visto incrementado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, sobre todo, en el p&uacute;blico juvenil, lo que ha generado que la oleada de prejuicios que acompa&ntilde;aban a este tipo de din&aacute;micas se empiece a diluir y se normalice su uso. Pero con el aumento de la demanda de este tipo de productos, la estructura del capitalismo ha visto su nuevo espacio de mercado, incrementando el valor de la ropa de segunda mano que, en ocasiones, es incluso m&aacute;s costosa que la de primera. Y, por supuesto, las grandes empresas no se han quedado al margen y tambi&eacute;n se quieren hacer eco de esta nueva oportunidad. Tiendas como Zara se suman a la &ldquo;responsabilidad sostenible&rdquo; con una plataforma llamada Zara Pre Owned, la cual pretende donar, revender y arreglar prendas ya utilizadas. La justificaci&oacute;n de su discurso se fundamenta en el cuidado del medio ambiente, la realidad del mercado, que no podemos obviar, se basa en el impacto y beneficio econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Sea como fuere, lo cierto es que el consumo desmedido no s&oacute;lo es enfermizo sino que tambi&eacute;n es un lujo y, no podemos pasar por alto que el nivel adquisitivo de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola empieza a sufrir algunos contratiempos a medida que se encarece el nivel de vida y los salarios se mantienen est&aacute;ticos. Quiz&aacute;s deber&iacute;amos intentar saciar nuestras ansias de compra con otro tipo de pr&aacute;cticas sociales. S&oacute;lo esperemos que nuestra vida de consumo no sea una forma inconsciente e irracional de compensar alguna carencia socioafectiva, una manera de camuflar el vac&iacute;o emocional que experimenta nuestra sociedad adicta a la novedad y el olvido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/vida-consumo_129_9728673.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Nov 2022 19:51:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vida de consumo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cuenta atrás para el cambio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuenta-cambio_129_9299013.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/389c44ac-f2e4-49e6-ba59-cbf79920573b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cuenta atrás para el cambio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Ahora, la cuenta atrás ha comenzado y las aulas con sus sillas y pupitres esperan deseosas de acoger al nuevo alumnado. Estamos en los últimos días de la cuenta atrás y es por ello que, aun, estamos a tiempo de prepararnos para cuando llegue el momento</p></div><p class="article-text">
        Nuestra vida se basa en un avanzar constante de minutos y segundos, en una carrera a contrarreloj. Mientras, nosotros, sumidos en nuestra simple ignorancia tratamos de ganarle el pulso al tiempo. Poco hay que a&ntilde;adir, para dejar claro, que es una batalla perdida, una lucha a la que no podemos enfrentarnos, una pelea que nunca se gana. Aun as&iacute;, seguimos intentado jugar en su contra y nos creemos que, en ciertos momentos, por un m&iacute;sero instante lo hemos conseguido. Pero siempre nos equivocamos, y es en esa equivocaci&oacute;n que se sujeta nuestra intenci&oacute;n de pensar siempre en el tiempo. En el tiempo con nombre de futuro o condicional, en el tiempo que vendr&aacute; o que podr&iacute;a llegar. Nos obsesiona tanto el futuro que siempre nos encontramos en una cuenta atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Una cuenta atr&aacute;s de cada suceso de nuestras vidas: la cuenta atr&aacute;s para el verano, para el carnaval, para ese viaje, para ese d&iacute;a. Siempre estamos esperando por algo, pensando en algo, contando los d&iacute;as, las horas y los minutos para que ocurra algo. Ahora, la cuenta atr&aacute;s ha comenzado y las aulas con sus sillas y pupitres esperan deseosas de acoger al nuevo alumnado. Estamos en los &uacute;ltimos d&iacute;as de la cuenta atr&aacute;s y es por ello que, aun, estamos a tiempo de prepararnos para cuando llegue el momento. Un momento que deber&iacute;a ser igual de feliz y entusiasta para todos aquellos que acuden a los centros educativos pero que, tristemente, no siempre sucede as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La bienvenida al curso escolar se deber&iacute;a presentar, para todos, como un momento de reencuentro con tus amistades, como un camino de aprendizaje en el que descubrir tu lugar en el mundo y establecer los contactos para avanzar en compa&ntilde;&iacute;a. Pero mientras que cierto alumnado llena sus mochilas con ilusi&oacute;n y ganas para afrontar un nuevo a&ntilde;o, otro grupo menos alegre empieza a notar su mochila repleta de miedos e inseguridades, de las pocas herramientas con las que cuenta para enfrentarse al acoso y la ofensa. El bullying es una realidad que, muy a nuestro pesar, se sigue experimentando y viviendo en las aulas y en los pasillos. Seguimos observando menores que son insultados y menospreciados por sus compa&ntilde;eros, infancias que lejos de ser etapas de seguridad y felicidad se ven empa&ntilde;adas por la lacra del odio. Seguimos observando, inm&oacute;viles, como les arrebatan la inocencia a golpe de humillaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n que estamos abordando no es, en absoluto, ret&oacute;rica sino que muy al contrario se trata de un asunto al que debemos prestar toda nuestra atenci&oacute;n y compromiso. Debemos empezar la cuenta atr&aacute;s desde casa, ense&ntilde;ando a nuestros hijos aquello que est&aacute; mal, debemos se&ntilde;alar los actos violentos y de acoso, debemos dejar claro desde un principio que actuar de esa manera no es lo correcto y quedarse callados, tampoco. Debemos entender que la educaci&oacute;n no comienza en la escuela, sino que es una trayectoria de por vida y que nuestros hijos, hermanos peque&ntilde;os, sobrinos, nietos&hellip;est&aacute;n aprendiendo cada d&iacute;a a trav&eacute;s de nuestros ojos, as&iacute; que devolv&aacute;mosles una mirada limpia. Una mirada que les ense&ntilde;e a ser tolerantes y respetuosos, una mirada que demuestre que las etiquetas solo deber&iacute;an estar puestas en la ropa, que los est&aacute;ndares y estereotipos existen para derrumbarlos, que los colores son temario de educaci&oacute;n pl&aacute;stica y no motivo de burla, que las razas, religiones, cuerpos y cualquier otra caracter&iacute;stica individual de una persona no hace que esa persona sea menos v&aacute;lida, ni respetada que otra. Debemos derribar lo normativo, abolir la palabra &ldquo;normal&rdquo; para calificar a una persona, porque lo normal siempre se escapa de la norma.
    </p><p class="article-text">
        Estamos en la cuenta atr&aacute;s pero no por ello debemos rendirnos. Podr&iacute;amos renombrar esa cuenta atr&aacute;s, darle un valor a&ntilde;adido m&aacute;s all&aacute; de la vuelta a clase o de la vuelta a la rutina, m&aacute;s all&aacute; de todo eso. Podr&iacute;amos intentar que, esta vez, la cuenta atr&aacute;s nos lleve a cambiar, a ser mejores tanto de manera individual como colectiva, como sociedad. Podr&iacute;amos lograr, por una vez, ganar la pelea, aquella que env&iacute;a al campo de batalla a los m&aacute;s vulnerables y les hace crecer de un solo golpe, aquella que se excusa bajo el nombre de bullying y ante la que muchos cerramos los ojos. A nadie le gusta saber que su hijo, hermano peque&ntilde;o, sobrino o nieto est&aacute; haciendo da&ntilde;o a otro hijo, hermano peque&ntilde;o, sobrino o nieto. A nadie le gusta saber qu&eacute; ha fallado pero debemos ser valientes y ense&ntilde;arles que equivocarse es parte del aprendizaje, debemos aprender a disculparnos y a no a tener miedo. Estamos en la cuenta atr&aacute;s para luchar en la contienda de la inclusi&oacute;n y la tolerancia, para ganar la batalla m&aacute;s importante de nuestra vida: la del respeto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuenta-cambio_129_9299013.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Sep 2022 10:41:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La cuenta atrás para el cambio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El color del miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/color-miedo_129_9247447.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f7fd315c-3735-4f5f-bffd-3938b3e519c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El color del miedo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - El miedo no para de crecer en nosotras al dispararse los casos de ataques en contra de la mujer, en este caso, en forma de pinchazos y jeringuillas. Como respuesta se han tenido que poner puntos violetas en las distintas fiestas, puntos de socorro para ayudar a cualquier mujer en caso de peligro. El color del miedo, finalmente, lo hemos pintado de violeta</p></div><p class="article-text">
        Con la llegada del verano, la bajada de casos de COVID-19 y la ansiada vuelta a la &ldquo;normalidad&rdquo;, las fiestas populares, las verbenas y las romer&iacute;as han hecho su aparici&oacute;n estelar. Una aparici&oacute;n casi tan deseada como el D&iacute;a de Reyes para los m&aacute;s peque&ntilde;os de la casa o la Bajada de la Virgen de las Nieves para todo palmero. Una aparici&oacute;n que llev&aacute;bamos esperando durante dos a&ntilde;os y que, como hemos podido comprobar, el p&uacute;blico ha sabido responder con la participaci&oacute;n y el entusiasmo oportunos.
    </p><p class="article-text">
        Hemos podido observar fiestas multitudinarias, ambientes festivos y conglomerados de personas incluso en aquellas fiestas de pueblo no tan conocidas ni publicitadas, como por ejemplo, en la Noche de las Brujas en la Monta&ntilde;a de la Bre&ntilde;a. Ten&iacute;amos ganas de divertirnos, de celebrar la vida, de disfrutar de algunos de los peque&ntilde;os placeres como bailar al ritmo de la Orquesta Tropicana&rsquo;s o el Grupo Libertad. Ten&iacute;amos ganas de vivir y de sentir. Porque aunque la vida durante el confinamiento y el per&iacute;odo posterior de &ldquo;nueva normalidad&rdquo; sigui&oacute; su rumbo. Los toques de queda, el miedo al contagio, los aforos reducidos, la mascarilla obligatoria... generaron un ambiente de miedo, inseguridad y alerta constante en gran parte de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Parece una tonter&iacute;a pero el hecho de poder festejar rodeados de personas que, quiz&aacute;s, hab&iacute;amos tenido que dejar de ver por no pertenecer a nuestro grupo m&aacute;s cercano; el hecho de poder divertirnos rodeados de todos aquellos rostros conocidos pero desconocidos por un largo per&iacute;odo de tiempo; el hecho de poder disfrutar conociendo a desconocidos; el hecho de poder vislumbrar caras con la misma felicidad que presenta la nuestra. En definitiva, la posibilidad de sentirse libre es la esencia de la vida. Pero esa sensaci&oacute;n de libertad se ha visto coartada en un rango de la poblaci&oacute;n. El c&uacute;mulo de emociones que se generan en una fiesta, algunas como: alegr&iacute;a, entusiasmo, motivaci&oacute;n, ilusi&oacute;n&hellip;han sido sustituidas por una lista no tan agradable y positiva en el sexo femenino.
    </p><p class="article-text">
        El miedo se ha convertido en una emoci&oacute;n compartida por muchas de nosotras, el miedo a salir de fiesta y no poder controlar lo que ocurra en ella, el miedo al desconocimiento, el miedo al ataque fortuito e indiscriminado. El miedo que, tristemente, nunca hemos dejado de sentir las mujeres al mezclar las palabras alcohol y noche. El miedo que no para de crecer en nosotras al dispararse los casos de ataques en contra de la mujer, en este caso, en forma de pinchazos y jeringuillas. Como respuesta se han tenido que poner puntos violetas en las distintas fiestas, puntos de socorro para ayudar a cualquier mujer en caso de peligro. El color del miedo, finalmente, lo hemos pintado de violeta.
    </p><p class="article-text">
        En Europa, las denuncias por pinchazos en lugares de ocio ya suman m&aacute;s de dos mil, mientras que en Espa&ntilde;a las cifras se aproximan a las 200. Denuncias que han activado todas nuestras alertas y que nos recuerdan que, lamentablemente, si eres mujer est&aacute;s en peligro. El control del miedo que se ejerce en la mujer es, sin duda, una forma de violencia machista. Una violencia que no para de crecer y de cambiar, ajust&aacute;ndose y camufl&aacute;ndose para pasar desapercibida. Pero para nosotras, para todas aquellas que vivimos con miedo, que esperamos constante y fren&eacute;ticamente el mensaje de nuestra amiga de <em>&ldquo;ya estoy en casa&rdquo;</em> para poder dormir tranquilas. Para todas aquellas que se nos forma un nudo en la garganta al ir caminando solas por la calle o que tenemos que cruzarnos de acera porque un grupito de chicos nos grita cosas que nos hacen sentir inc&oacute;modas y vulnerables. Para nosotras la violencia no ha cambiado y el miedo tampoco, en todo caso ha crecido.
    </p><p class="article-text">
        El machismo, tristemente, siempre encuentra la forma de adaptarse a las nuevas circunstancias, de escabullirse entre los nuevos modos de vivir de nuestra sociedad. El machismo, podr&iacute;amos pensar, se encuentra impl&iacute;cito en cada uno de nosotros. Tomando forma de narrativa oral, de relato compartido que avanza de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, de boca en boca, escrito y contado por sucesivas voces y personas a lo largo de los a&ntilde;os y las poblaciones. Un relato escrito en tinta invisible bajo nuestra piel, un relato que nunca logra borrarse del todo. El machismo, podr&iacute;amos pensar, es esa historia que seguimos dibujando d&iacute;a a d&iacute;a, trazando su contorno, pintando una l&iacute;nea divisoria entre sexos, apretando y marcando. El machismo, podr&iacute;amos pensar, no desaparece, lo &uacute;nico que cambia es la mano que lo dibuja y la pluma que utilizamos para ello.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/color-miedo_129_9247447.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Aug 2022 15:33:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El color del miedo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del mito de Narciso al 'selfie']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/mito-narciso-selfie_129_9101797.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/87d9f007-f983-4e8f-b9d7-1514a14b4f88_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del mito de Narciso al &#039;selfie&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - En la actualidad, se habla del uso reiterado del selfie como una manera de hacer visible la vanidad, narcisismo y egocentrismo de la sociedad contemporánea, pero deberíamos pensar si es un síntoma de ello o, simplemente, una actualización de los modos históricos de representar la identidad del sujeto</p></div><p class="article-text">
        En la mitolog&iacute;a griega se erige uno de los mitos fundacionales de lo visual, una leyenda que nos muestra a un joven de nombre Narciso, el cual se enamora de su propia imagen reflejada en la superficie de un lago y al acercarse a ella, cae al agua y muere ahogado. Una muerte que se justifica en la propia vanidad del sujeto y que nos dibuja el origen terminol&oacute;gico del concepto narcisismo, una palabra que representa la excesiva complacencia o consideraci&oacute;n de las propias facultades; y que, a d&iacute;a de hoy, parece tomar forma en muchos de los rostros de nuestra poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, la imagen se ha vuelto indiscutiblemente necesaria, nuestra imagen connotativa se ha vuelto un reflejo de nuestra sociedad con vistas al exterior. La carga negativa de lo visual se hace latente en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a con la obsesiva necesidad de fotografiar y publicar todo lo que nos ocurre. La imagen se ha vuelto nuestra realidad, pero no cualquier imagen, aquella perfecta, retocada, alienante. Rendimos culto a la imagen y, m&aacute;s concretamente, a la imagen propia a trav&eacute;s del <em>selfie</em>. En la actualidad, se habla del uso reiterado del <em>selfie</em> como una manera de hacer visible la vanidad, narcisismo y egocentrismo de la sociedad contempor&aacute;nea, pero deber&iacute;amos pensar si es un s&iacute;ntoma de ello o, simplemente, una actualizaci&oacute;n de los modos hist&oacute;ricos de representar la identidad del sujeto.
    </p><p class="article-text">
        El artista, cr&iacute;tico e investigador Joan Fontcuberta (1955) hace una reflexi&oacute;n sobre el poder de lo visual en su libro <em>La furia de las im&aacute;genes</em>. En este nos explica que, anteriormente, la identidad estaba sujeta a la palabra, era la palabra quien daba nombre y forma al individuo. Pero con la aparici&oacute;n de la fotograf&iacute;a, la identidad se desplaz&oacute; hacia la imagen, siendo en la actualidad la propia imagen quien da forma al rostro reflejado. Podr&iacute;amos pensar, en esta l&iacute;nea, que nuestra sociedad contempor&aacute;nea ha encontrado en el <em>selfie</em> una manera de manifestar su propio yo. En su libro tambi&eacute;n expone que, estad&iacute;sticamente las fotograf&iacute;as propias femeninas son mucho m&aacute;s numerosas que las masculinas, es decir, las mujeres nos sacamos muchos m&aacute;s <em>selfies </em>que los hombres.
    </p><p class="article-text">
        Esto se podr&iacute;a ver desde dos distantes vertientes; por un lado, podr&iacute;amos pensar que el mito de Narciso ha cobrado fuerza en nuestra actualidad, reforzando los valores de la cultura decimon&oacute;nica a trav&eacute;s de la figura de la mujer. Pero, por otro lado, se podr&iacute;a entender como una se&ntilde;al de emancipaci&oacute;n femenina, podr&iacute;amos pensar en este hecho como uno de los grandes logros de la sociedad moderna. Una sociedad que ha sido capaz de revalorizar a la mujer, abandonando su lugar como objeto y volvi&eacute;ndola sujeto. Una sociedad en la que las mujeres hemos podido renunciar a tantos siglos de mirada patriarla, de mirada externa y hemos conquistado nuestro derecho sobre nuestra propia imagen.
    </p><p class="article-text">
        El mito de Narciso nos coloca en una situaci&oacute;n de vanidad y egocentrismo, pero como todo mito puede ser cierto o no, puede que su estructura narrativa, en este caso, no sirva para acoger la realidad que estamos viviendo. Porque lo cierto es que durante siglos ha existido la necesidad de representarnos. La historia del arte es un camino lleno de retratos y autorretratos, de explicaci&oacute;n pict&oacute;rica del &laquo;yo&raquo; como medio de plasmaci&oacute;n atemporal de la identidad del sujeto representado. El cambio que se ha producido desde entonces es, principalmente, tecnol&oacute;gico, un cambio que se ha basado en el medio y las facilidades de generar im&aacute;genes, pero que ha mantenido nuestra necesidad de autorrepresentaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de esta afirmaci&oacute;n, encontramos un problema que no para de crecer en el mundo online. Lo cierto es que las redes sociales empiezan a provocar dismorfia corporal entre sus usuarios, un s&iacute;ntoma producido por el uso abusivo de filtros de belleza en nuestros <em>selfies</em> diarios. La idealizaci&oacute;n nos est&aacute; conduciendo a falsear nuestra vida y a someternos a representaciones cuidadas que nos mantienen dentro de los muros de la c&aacute;rcel de la &ldquo;perfecci&oacute;n&rdquo; irreal. Una c&aacute;rcel que genera inseguridades e insatisfacciones personales y que, encima, posterga la b&uacute;squeda del canon hegem&oacute;nico y los cuerpos normativos. Si deconstruimos este tipo de filtros y analizamos su estructura nos damos cuenta de que, la mayor&iacute;a de ellos, siguen perpetuando la predominaci&oacute;n de los rasgos occidentales: piel y ojos m&aacute;s claros, nariz estilizada y delgada, mand&iacute;bula y ment&oacute;n definido, p&oacute;mulos marcados, ojos y labios grandes. Parece que el mito de Narciso, encima, solo acoge a unos pocos rostros, a unos pocos rasgos, quiz&aacute;s sea hora de olvidarlo y de no justificar, ni recriminar, nuestras acciones diarias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/mito-narciso-selfie_129_9101797.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jun 2022 15:39:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del mito de Narciso al 'selfie']]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuestión de tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuestion-tiempo_129_8936551.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/39102fc6-2448-4a92-a9f8-8b5443b713b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuestión de tiempo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Los libros nos siguen permitiendo acomodar el silencio entre sus márgenes y escuchar voces en donde solo hay palabras, nos siguen permitiendo estar y nos siguen permitiendo ser. Los libros nunca nos quitarán demasiado tiempo, en cambio, nos permitirán darle sentido a nuestro tiempo. Los libros escriben vida y regalan tiempo</p></div><p class="article-text">
        La lectura y la escritura nos han acompa&ntilde;ado desde la antig&uuml;edad griega, la necesidad de comunicarnos y de transmitir nuestras ideas, pensamientos y conocimientos siempre ha estado impl&iacute;cita en nuestra naturaleza humana. La lectura y la escritura son dos elementos que, sin duda, han dado forma a la rueda del progreso, al avance rizom&aacute;tico de innumerables descubrimientos, a la suerte de conocer el mundo tal y c&oacute;mo es en la actualidad. Pero la rueda del progreso no ha dejado de girar, no se ha parado en ning&uacute;n momento, no ha tomado un descanso de actualizaciones; sino que ha seguido en movimiento, ha seguido adapt&aacute;ndose a las circunstancias y necesidades de cada sociedad, ha seguido y seguido entre la aparici&oacute;n de nuevas tecnolog&iacute;as, la digitalizaci&oacute;n, la globalizaci&oacute;n&hellip;ha seguido, sin freno. Y entre tanto giro, tantas vueltas, tanto avance, tanto movimiento, tanto todo, tanto siempre, tanto ahora, no aceptamos un no por respuesta. Lo queremos todo ya, todo r&aacute;pido, fren&eacute;tico. Y la lectura, sin duda, no responde a ninguno de esos t&eacute;rminos.
    </p><p class="article-text">
        La lectura nos ha acompa&ntilde;ado durante todas las &eacute;pocas y todos los tiempos, pero ahora, en nuestra realidad fren&eacute;tica, requiere de demasiado tiempo. Demasiado para aquellos que el tiempo se mide por segundos y no por momentos, demasiado para aquellos que no disfrutan de la pausa, del conocimiento. Demasiado tiempo para cada vez m&aacute;s demasiadas personas. La lectura requiere de un tiempo que no estamos dispuestos a dedicar, preferimos pasar nuestras horas delante de alguna pantalla, en comunicaciones supeditadas a la velocidad de nuestros dedos, en mensajes de escasos caracteres o en narraciones de contenido banal y risa f&aacute;cil. La lectura requiere de un tiempo que s&iacute; tenemos, pero que no queremos.
    </p><p class="article-text">
        En su libro, &ldquo;El ver y las im&aacute;genes en el tiempo de Internet&rdquo;, Juan Mart&iacute;n Prada nos dibuja una imagen de la vida en velocidad, una imagen que responde a la proliferaci&oacute;n visual y al reinado de lo inmediato, una imagen que, a menudo, se presenta al tiempo de un <em>clic</em>. Mart&iacute;n Prada va componiendo a partir de cada palabra un relato en presente que nos sit&uacute;a en el momento del desenfreno y que, lamentablemente, nos aleja de todas aquellas pr&aacute;cticas que requieran de una parada, de un tiempo. Coincidiendo con este autor, podr&iacute;amos pensar que la narrativa contempor&aacute;nea no se encuentra en ning&uacute;n libro, no se est&aacute; escribiendo, se est&aacute; transmitiendo en directo en alg&uacute;n perfil de <em>Instagram</em> o se encuentra en alg&uacute;n <em>post</em> o <em>tweet</em>. Podr&iacute;amos pensar que la historia del presente se est&aacute; componiendo a partir del texto fragmentario y la difusi&oacute;n del espect&aacute;culo. Nuestra historia, el relato biogr&aacute;fico que componemos d&iacute;a a d&iacute;a toma forma de caracteres, de emoticonos, de stickers, de audios escuchados en x2, de un margen m&iacute;nimo para una vida escasa de tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Nadie tiene tiempo, nadie se permite parar, nadie escucha, nadie lee, nadie escribe y, al final, ese nadie nos volvemos todos. La velocidad nos engulle en un amasijo de instantes mal cortados que se suceden r&aacute;pidamente y, lo que es peor, que ni somos conscientes de que est&aacute;n ocurriendo. Nadie tiene tiempo para verlo. Quiz&aacute;s podr&iacute;amos cambiar el orden de los t&eacute;rminos, y en vez de decir que no tenemos tiempo, decir que estamos a tiempo. A tiempo de vivir, a tiempo de escuchar, a tiempo de leer.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, 23 de abril, se celebra el D&iacute;a Internacional del Libro y se reivindica la necesidad de la lectura, porque aunque la nuestra sea la &eacute;poca de la atenci&oacute;n dispersa, del modo ahora, de tenerlo todo al alcance y disponible como enlace de descarga, los libros siguen siendo una necesidad b&aacute;sica. Los libros nos siguen permitiendo perdernos y encontrarnos, vivir a trav&eacute;s de otras vidas, saborear a trav&eacute;s de otros labios, descubrir, viajar, conocer; nos siguen permitiendo tener un respiro acompasado entre letras y p&aacute;ginas, tener un momento de soledad y sentirnos acompa&ntilde;ados. Los libros nos siguen permitiendo acomodar el silencio entre sus m&aacute;rgenes y escuchar voces en donde solo hay palabras, nos siguen permitiendo estar y nos siguen permitiendo ser. Los libros nunca nos quitar&aacute;n demasiado tiempo, en cambio, nos permitir&aacute;n darle sentido a nuestro tiempo. Los libros escriben vida y regalan tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuestion-tiempo_129_8936551.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Apr 2022 08:46:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuestión de tiempo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luchar por ser mejor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/luchar-mejor_129_8867444.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50ac8e90-7fbc-4c63-abf0-f2b6dd268a1e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luchar por ser mejor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - La guerra no es algo nuevo, pero podemos hacer que sea algo viejo. Podemos seguir batallando, aunque sin armas, por un futuro mejor; por un futuro en el que todas las personas, sin distinción alguna, sean escuchadas y nombradas; por un futuro en el que la información sea realmente libre y accesible; por un futuro en el que podamos decir, abierta y firmemente, que hemos cambiado, que hemos luchado y lo seguimos haciendo por ser mejor</p></div><p class="article-text">
        Lo cierto es que la guerra no es algo nuevo, ni algo que se ha sacado de un pasado lejano. La guerra ha convivido con nosotros desde siempre, ha seguido nuestro d&iacute;a a d&iacute;a muy de cerca. Se ha ocultado entre aquellas masas de poblaci&oacute;n que no merecen ser nombradas en el telediario matutino, se ha dibujado en un terreno considerado como tercermundista, se ha borrado de nuestro mapa de inter&eacute;s, estableci&eacute;ndose en un lugar donde el nivel socioecon&oacute;mico, educativo, sanitario&hellip;es pr&aacute;cticamente nulo y, por tanto, para nosotros europeos y desarrollados, no existe. Aquello que no vemos, no existe, creando una nebulosa de ocultismo por parte de los poderes pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos en torno a aquellos que no merecen ser nombrados, aquellos que siempre ser&aacute;n an&oacute;nimos.
    </p><p class="article-text">
        La censura de las fuentes es una realidad que tampoco nos ha abandonado, la informaci&oacute;n sobre aquellos pa&iacute;ses subdesarrollados se encuentra mediatizada por los grandes directores de los medios, por las masas de audiencia que determinan qu&eacute; tratamiento y tiempo dar a cada contenido en antena. Pertenecer a las &eacute;lites te permite establecerte dentro de las noticias del d&iacute;a a d&iacute;a, te permite contar y ser contado dentro de la programaci&oacute;n televisiva, te permite ser escuchado y salir del v&eacute;rtigo del anonimato. Tambi&eacute;n es cierto y no debemos quitarle importancia que hay cierta informaci&oacute;n a la que es complicado acceder, debido a las limitaciones de libertad de expresi&oacute;n y redacci&oacute;n que contemplan algunos pa&iacute;ses. Por lo que los periodistas deben recurrir a fuentes oficiales que pueden estar subordinadas a los poderes pol&iacute;ticos y tergiversar la realidad de cada situaci&oacute;n. Pero aun siendo conscientes de este factor, debemos reivindicar nuestro derecho a estar y ser comunicado, a acceder a los acontecimientos que ocurren en cualquier parte del mundo, pero, sobre todo, debemos reivindicar nuestro deber.
    </p><p class="article-text">
        A menudo escuchamos frases como: &ldquo;aquello que no te mata, te hace m&aacute;s fuerte&rdquo; o &ldquo;de los errores se aprende&rdquo;. Pero deber&iacute;amos preguntarnos qu&eacute; es lo que estamos aprendiendo, porque la realidad nos demuestra que, realmente, no hemos aprendido nada. Algunos se atrever&iacute;an a pensar que todos los hechos hist&oacute;ricos que hemos vivido: guerras, pandemias, desastres naturales&hellip;han contribuido a la mejora del ser humano, pero otros menos optimistas, nos atrever&iacute;amos a asegurar que esto no nos ha vuelto, ni por asomo, mejores.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que la guerra no ha cambiado, ni tampoco nos ha cambiado, igual que est&aacute; ocurriendo con la pandemia de la covid-19. Cuando finaliz&oacute; el confinamiento, cuando finalmente pudimos salir a la calle, no decidimos invertir ni apostar por la sanidad, como se pensaba hacer, no decidimos dedicar m&aacute;s tiempo a estar y cuidar a los dem&aacute;s, como se esperaba hacer. Simplemente volvimos a nuestra vida, a la rutina embriagadora que nos impide ver m&aacute;s all&aacute; de nuestro propio ombligo. El ser humano parece que tiende a olvidar r&aacute;pidamente, parece que no puede enfrentarse a los problemas, los evita y ahora hacerlo es tan sencillo como apagar la televisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La guerra, como dec&iacute;amos, no es algo nuevo, lo nuevo es su proximidad, su cercan&iacute;a dentro del territorio occidental. En la actualidad hay al menos 63 guerras activas, en pa&iacute;ses como Siria, la guerra se mantiene desde 2011, lo que significa 10 a&ntilde;os de muertes, de miedo, de incertidumbre, de pasar hambre y dolor, 10 a&ntilde;os que para algunos pocos de nosotros se ha resumido, como mucho, en un noticiario de unos minutos de duraci&oacute;n y para otros muchos ni siquiera en eso. La guerra no es algo nuevo, pero podemos hacer que sea algo viejo. Podemos seguir batallando, aunque sin armas, por un futuro mejor; por un futuro en el que todas las personas, sin distinci&oacute;n alguna, sean escuchadas y nombradas; por un futuro en el que la informaci&oacute;n sea realmente libre y accesible; por un futuro en el que podamos decir, abierta y firmemente, que hemos cambiado, que hemos luchado y lo seguimos haciendo por ser mejor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/luchar-mejor_129_8867444.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Mar 2022 09:34:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Luchar por ser mejor]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El consumismo del amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/consumismo-amor_129_8745812.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1dc5b9d7-18a1-4e7e-9469-588452943d70_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El consumismo del amor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Hoy, 14 de febrero, se celebra el Día de San Valentín o Día de los Enamorados, se celebra el consumismo del amor, pero de ese único amor, del amor en singular, el resto de amores no merecen ser celebrados ni consumidos.</p></div><p class="article-text">
        Nos encontramos en un momento hist&oacute;rico y social en el que la palabra consumo o consumismo nos ha llegado a definir incluso m&aacute;s que nuestro propio nombre y apellidos. Un momento cultural que podr&iacute;amos asociar a un enorme contenedor de productos, de piezas de repuesto en las que justificar nuestro bienestar. Un momento que, aparte de hist&oacute;rico, social o cultural es, sobre todo, econ&oacute;mico y basado en lo material. Nuestra sociedad ha ido tomando forma de gran escaparate en el que no solo compramos sino que, encima, tambi&eacute;n nos vendemos. El capitalismo nos ha terminado devorando a nosotros mismos y, ahora no hablamos de individuos sino de productos, la demanda creciente de mercanc&iacute;a ha terminando recayendo en nuestros hombros. La vida de consumo nos ha consumido.
    </p><p class="article-text">
        Hemos llegado a tal punto que hasta el amor lo consumimos. Pensamos, ingenuamente, que es un bien a adquirir, un producto que estar&aacute; a nuestra disposici&oacute;n en el preciso instante en el que pretendamos conseguirlo. En nuestra mente no existe la escasez de mercanc&iacute;a, el dep&oacute;sito es constante y siempre est&aacute; lleno. Podemos, sin ning&uacute;n problema, consumir amor a despilfarro que siempre habr&aacute; alguno nuevo y menos usado esper&aacute;ndonos. Pero, de todo lo dicho hasta el momento, no todo es cierto y aun as&iacute;, nos lo seguimos creyendo.
    </p><p class="article-text">
        El amor, siendo uno de los conceptos m&aacute;s estudiados y menos comprendidos, sigue siendo el producto estrella en nuestro mercado vital. Todas las personas esperamos llegar a tenerlo, esperamos que si ese amor nos lo venden en pel&iacute;culas, series televisivas, canciones, programas de televisi&oacute;n, libros&hellip;que si, en definitiva, ese amor nos lo venden tambi&eacute;n se pueda comprar. Eso s&iacute;, el amor que nos venden siempre es el mismo, es un amor en singular, un amor rom&aacute;ntico, de pareja, dual, un amor que, alguien (no sabemos muy bien qui&eacute;n), ha decidido dotar de valor e importancia, un amor en may&uacute;sculas. Un amor que, aparte de comprar tambi&eacute;n se le debe regalar, la rueda de consumo siempre vuelve al mismo sitio, a nuestro bolsillo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, 14 de febrero, se celebra el D&iacute;a de San Valent&iacute;n o D&iacute;a de los Enamorados, se celebra el consumismo del amor, pero de ese &uacute;nico amor, del amor en singular, el resto de amores no merecen ser celebrados ni consumidos. Nos hablaba el escritor Roy Gal&aacute;n en su libro<em>, Los amores</em>, del problema que genera en nuestra manera de amar el dotar de tanta importancia y valor a un &uacute;nico amor. Pensar que el amor rom&aacute;ntico es el &uacute;nico que merece ser celebrado roza lo absurdo y se apoya en una cultura arcaica en la que necesitas de otra persona, de alguien que te ame, para estar completo. La met&aacute;fora de la media naranja siempre bien a mano. Un amor que nos vuelve marionetas rotas, un amor que tira de nuestras cuerdas y que nos insta a hacer lo que haga falta por la persona que se ama. Porque parece que ese amor lo es todo y sin ese amor no eres nada.
    </p><p class="article-text">
        Deber&iacute;amos entender que el amor no nos completa, que el amor es una elecci&oacute;n no una obligaci&oacute;n, que el amor no tiene que llevarnos a la guerra, que nunca deber&iacute;a ser una batalla ni contra nosotros mismos ni contra nadie. Porque lo peligroso de esas batallas y de la subjetividad que envuelve el propio concepto de amor es que, a menudo, no sabemos ni contra qui&eacute;n se pelea. Deber&iacute;amos entender que existen muchos tipos de amor, que el amor se deber&iacute;a conjugar siempre en plural y recoger lo plural, que es igual de valioso el amor familiar o de amistad que el amor de pareja. Porque hacer que todo el peso de las expectativas recaiga en un &uacute;nico amor y en una &uacute;nica persona solo har&aacute; que esa persona y ese amor, se termine desmoronando bajo tanto peso. Deber&iacute;amos entender que, a veces, no necesitamos de un amor de pareja y est&aacute; bien no hacerlo, que el amor de amistad merece ser nombrado, que el amor de familia tambi&eacute;n existe. Porque el amor toma distintos caminos y formas, no siempre es el mismo. Porque, sin lugar a dudas, todo el amor, bajo el nombre que se le d&eacute;, merece ser celebrado.
    </p><p class="article-text">
        Pero, sobre todo, deber&iacute;amos entender y valorar ese amplio abanico de amores que existe, para que as&iacute; nunca sintamos que nos falta el amor y, para que dejemos de justificar su presencia o supuesta ausencia en un consumismo que nada tiene que ver con amar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/consumismo-amor_129_8745812.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Feb 2022 13:22:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El consumismo del amor]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta para quien sea grande]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/carta-sea-grande_129_8721910.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6324037f-f065-4945-884b-3757e8ee7d0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carta para quien sea grande"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">CARTAS DE LA JUVENTUD - Ser grande nunca debería ser la respuesta para todo, ni ser pequeño la pregunta. Nuestra edad no es un equivalente de nuestra madurez, aptitud, ni valía.</p></div><p class="article-text">
        Durante toda nuestra infancia y adolescencia siempre hay una frase que nos acompa&ntilde;a a todos, una frase que, muchas personas adultas, vuelven su comod&iacute;n para ciertas circunstancias, consider&aacute;ndola como suficiente y v&aacute;lida. Una frase que, para la mayor&iacute;a de la juventud, se vuelve una losa pesada que nos hunde en un pozo de silencio e incertidumbre y que nos genera a&uacute;n m&aacute;s dudas. Oblig&aacute;ndonos, en muchos casos, a buscar la informaci&oacute;n en terrenos fangosos que m&aacute;s que sacarnos de la oscuridad, nos termina hundiendo a&uacute;n m&aacute;s hondo. La frase es una sucesi&oacute;n de palabras bien hiladas que vienen a significar un: me es m&aacute;s c&oacute;modo no explic&aacute;rtelo o no tengo las respuestas que necesitas, pero que para nosotros, esas palabras, ese <em>lo entender&aacute;s cuando seas grande</em>, nos hace sentir indignos e insignificantes y nos insta a crecer antes de tiempo. Como si el tener menos edad nos hiciera menos capaces de entender las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Grande, nunca una palabra con seis letras ha tomado importancia en la vida de tantas personas al mismo tiempo, adolescentes de todo el mundo que buscan, una y otra vez, el significado de ese valioso concepto. Todos ellos como yo, y al mismo tiempo ninguno conmigo. Durante mucho tiempo tem&iacute;a mirarme en el espejo, me repet&iacute;a esa frase sin cesar, <em>cuando seas grande</em>, mientras al otro lado, mi reflejo se re&iacute;a burlonamente de m&iacute;, record&aacute;ndome que grande, al parecer no era pero s&iacute; lo estaba. Sol&iacute;a tocar el contorno de mis muslos como intentando desdibujarlos a su paso, hasta que el tacto me empezaba a quemar en el dedo &iacute;ndice. Pero nunca paraba de dibujar sobre mi piel, una y otra vez, marcando mi dolor y ese grande en cada rinc&oacute;n de mi piel, intentando crear una visi&oacute;n imaginaria que me mostrara c&oacute;mo quer&iacute;a ser. Me dec&iacute;a cu&aacute;nto me gustar&iacute;a dejar de ser grande, al menos en esa zona concreta de mi cuerpo, mientras, el resto del mundo me segu&iacute;a diciendo que lo <em>entender&iacute;a cuando fuera grande</em>.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo bastantes situaciones por el estilo, mi mente vuelve a la &eacute;poca del instituto y al consuelo que solo lograba encontrar detr&aacute;s de la pantalla, en mi chat de amigas y nuestras conversaciones desenfadadas. Pero ese recuerdo se ve empa&ntilde;ado por otro tipo de mensajes que no recib&iacute;a en mi tel&eacute;fono m&oacute;vil pero que causaban un efecto mayor:<em> no bebas, no fumes, ten cuidado, no consumas drogas, no te distraigas, estudia, c&eacute;ntrate</em> y por &uacute;ltimo y, aplastante<em>, cada cosa tiene su edad, recuerda que lo entender&aacute;s cuando seas grande</em>. Nuevamente, ser grande. En este punto, casi siempre, el dolor hab&iacute;a subido a mi mirada y una l&aacute;grima traidora avanzaba hasta el comienzo de mi boca, yo, la mayor&iacute;a de las veces, no la dejaba avanzar en exceso y la atrapaba con la lengua, intentando borrar el camino salado que hab&iacute;a dejado a su paso. El mismo recorrido, pero a la inversa, lo terminaba realizando mi mano, bloqueando la pantalla y con ella, los mensajes, pero tristemente solo los del m&oacute;vil, ese <em>grande</em> nunca se borraba.
    </p><p class="article-text">
        Por desgracia hay ciertos comentarios que nunca puedes silenciar, como por ejemplo los relacionados con las relaciones sentimentales y sexuales, porque a tu <em>edad no sabes lo que significa el amor</em> y encima, <em>tienes las hormonas muy revolucionadas como para entenderlo</em>. En este per&iacute;odo en que comienzan los cambios f&iacute;sicos, menstruar deber&iacute;a ser un s&iacute;ntoma de ser grande, pero tampoco parece serlo. Ya no somos unas ni&ntilde;as y lo notamos, las miradas de protecci&oacute;n se tornan indiscretas a medida que nuestras curvas se hacen latentes. Pero tampoco somos mujeres, estamos en un limbo en el cual no tenemos edad para entender lo que significa la regla pero s&iacute; para sufrir lo que conlleva. Qu&eacute; curiosa contradicci&oacute;n, no se dan cuenta de que el amor o los sentimientos no tienen edad, de que empezamos a sentirlo desde que salimos del &uacute;tero de nuestras madres, desde que nos sujetamos a su dedo fuertemente con nuestra manita, desde que conocemos la palabra hogar entre sus brazos. As&iacute; que, cuando nos enamoramos por primera vez, ya sea a los diez o diecis&eacute;is a&ntilde;os, no somos peque&ntilde;os para entender lo que significa, porque ya llevamos muchos a&ntilde;os antes amando.
    </p><p class="article-text">
        Hay ciertas cosas, algunos sucesos que nunca llegaremos a entender, aunque seamos grandes. Pero aun as&iacute; continuamos utilizando esa frase, seguimos minusvalorando a la otra persona y acomod&aacute;ndonos en nuestras respuestas, volvemos a recurrir a lo f&aacute;cil sin ser conscientes del da&ntilde;o que genera. Ser grande nunca deber&iacute;a ser la respuesta para todo, ni ser peque&ntilde;o la pregunta. Nuestra edad no es un equivalente de nuestra madurez, aptitud, ni val&iacute;a. Porque si pienso en todas esas veces que me dijeron <em>lo entender&aacute;s cuando seas grande</em>, me doy cuenta que nunca lo hice y que ahora que ya me consideran grande, tampoco lo hago.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Miriam Gonz&aacute;lez &Aacute;lvarez</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>* Cartas de la juventud</em> es un proyecto de Karmala Joven, rama juvenil de la Asociaci&oacute;n Karmala Cultura. Si t&uacute; tambi&eacute;n tienes algo que contar puedes enviarnos tu carta al correo electr&oacute;nico <a href="mailto:karmalajoven@gmail.com" target="_blank" class="link">karmalajoven@gmail.com</a> y ser&aacute; publicada en el diario palmero <strong>La Palma Ahora</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/carta-sea-grande_129_8721910.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Feb 2022 10:12:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta para quien sea grande]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ser capaz de perdonar (nos)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/capaz-perdonar_129_8703568.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25128b43-660f-4bf0-a8c1-f25e0e3a61bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ser capaz de perdonar (nos)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - El virus no se va a ir de nuestras vidas y debemos aprender a convivir con su presencia y entender los sentimientos que genera. Para así, estar preparados cuando nos contagien o seamos nosotros quienes contagiemos. Para así, ser capaces de perdonar y de perdonarnos, pero sobre todo, ser capaces de no buscar culpas.</p></div><p class="article-text">
        El perd&oacute;n suele ser mucho m&aacute;s sencillo de realizar si es hacia otra persona, si el sentimiento empieza donde termina un simple apret&oacute;n de manos, si la carga emocional es compartida entre dos sujetos igual de arrepentidos. El perd&oacute;n suele mostrarse como&nbsp;un proceso liberador, como una manera de pasar p&aacute;gina y ser mejor, como una forma de soltar el peso de la culpa y el dolor. Pero cuando hablamos del perd&oacute;n propio la cosa tiende a complicarse y al igual que sucede con el amor propio, solemos dejarlo relegado a un segundo plano. Pensamos, ingenuamente, que nos ser&aacute; suficiente con el amor o el perd&oacute;n de otra persona, que su sentimiento abrazar&aacute; el nuestro y dejaremos de sentir ese dolor que experiment&aacute;bamos. Pero esto no suele ocurrir as&iacute;, porque, tanto el amor como el perd&oacute;n, deber&iacute;a comenzar por uno mismo para as&iacute; lograr reflejarse en la otra persona, pero eso, suele costarnos en exceso.&nbsp;Martin Luther King dec&iacute;a que quien es incapaz de perdonar, ser&aacute; incapaz de amar y, a veces, somos incapaces de ambas cosas, al menos, cuando hablamos en primera persona.
    </p><p class="article-text">
        Ayer se contabilizaban 73 nuevos positivos por Covid-19 en nuestra isla de La Palma, dejando un total de 1.164 casos activos, cifra que parece mostrar una desescalada de la sexta ola, la que de momento ha provocado el mayor n&uacute;mero de contagios. En Canarias, la suma total de casos acumulados ya ronda los 256.079 de una poblaci&oacute;n de m&aacute;s de dos millones de personas. Espa&ntilde;a, la cifra de infecciones registradas es de 9.779.130 de m&aacute;s de cuarenta millones de personas. Pero la virulencia de esta sexta ola no solo deja un rastro de positivos a su paso, tambi&eacute;n nos ha mostrado que culpabilizar a ciertos grupos de poblaci&oacute;n, como los adolescentes tan atacados al comienzo de la pandemia, ya no tiene sentido en un momento en el cual los casos avanzan sin reparar en el rango de edad. Por suerte, hemos dejado de hablar de grupos de riesgo y hemos empezado a hablar de actividades de riesgo y, lo que es mejor, hemos dejado de estigmatizar a un colectivo entero. Pero seguimos cargando con el peso de la culpa si, por alg&uacute;n casual, somos el origen de brote o contagio hacia un ser querido.
    </p><p class="article-text">
        Aun siendo tantos los casos positivos, seguimos generando un sentimiento de irresponsabilidad y culpa en aquellas personas que, por uno u otro motivo, se terminan contagiando del virus. Da igual que muchos de nosotros lo hayamos tenido, lo tengamos o lo vayamos a tener, si esto ocurre, enseguida buscaremos una persona a la que hacer responsable de nuestra infecci&oacute;n. Seguiremos un rastro invisible de contactos que nos muestren el supuesto origen de nuestro mal, porque si no, tendremos que lidiar con un sentimiento de culpa para el que no estamos preparados. Es muy sencillo decir que fue culpa de aquel que sali&oacute; a beber y termin&oacute; tray&eacute;ndose consigo al virus de compa&ntilde;ero de borrachera, sobre todo, si aquel no somos nosotros.
    </p><p class="article-text">
        La culpa, a menudo, se tiende a confundir con una equivocaci&oacute;n evitable, se camufla entre otras emociones y se justifica en una supuesta responsabilidad autoimpuesta. La culpa, a menudo, se considera necesaria, imprescindible, para una correcta adaptaci&oacute;n a nuestro entorno social. Pero, la culpa, a menudo, va creciendo y creciendo hasta devorar nuestra objetividad y valoraci&oacute;n de los hechos que la generan. Y entonces, entre la culpa y el sufrimiento que conlleva, nunca llegamos a perdonarnos de cosas de las que, realmente, no tenemos la culpa. Hemos llegado a un punto en el que preferimos no hacernos un test de ant&iacute;genos por si damos positivo, porque&nbsp;entonces, el sentimiento de culpa, de causar da&ntilde;o a quien quieres, de contagiar a alguien vulnerable&hellip;como dec&iacute;amos, crece hasta devorarnos y acarrea una carga social y personal que no permitimos compartirla.
    </p><p class="article-text">
        El miedo al contagio se est&aacute; volviendo muy real y vivir con miedo no tiene por qu&eacute; significar que vayamos a actuar de manera m&aacute;s responsable. Con todo esto no se realiza un llamamiento al descontrol, debemos seguir cuid&aacute;ndonos y cuidando del resto, sobre todo, de nuestros mayores, pero tambi&eacute;n debemos, en la medida de lo posible, entender que no tenemos la culpa de todo lo que vaya a ocurrir. El virus no se va a ir de nuestras vidas y debemos aprender a convivir con su presencia y entender los sentimientos que genera. Para as&iacute;, estar preparados cuando nos contagien o seamos nosotros quienes contagiemos. Para as&iacute;, ser capaces de perdonar y de perdonarnos, pero sobre todo, ser capaces de no buscar culpas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/capaz-perdonar_129_8703568.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Jan 2022 11:40:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ser capaz de perdonar (nos)]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Aquello que no vemos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/no-vemos_129_8654383.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/461e7956-5bd8-4101-ae1d-4b9d8dae8d35_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aquello que no vemos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Este jueves, 13 de enero, Día Mundial de Lucha contra la Depresión, debemos recordar que la depresión es una enfermedad mental y no física, por lo que el padecimiento no siempre es visible y el dolor aprieta la mano de quien lo sufre en silencio.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Lo &uacute;nico peor a que se te muera un hijo es que quiera morirse&rdquo;. Pel&iacute;cula <em>Mar adentro. </em>En septiembre de 2004 se estrenaba la pel&iacute;cula espa&ntilde;ola <em>Mar adentro</em>, basada en una historia real que nos muestra la lucha de un hombre para lograr que la ley reconozca su derecho a morir. Dicho as&iacute;, sin m&aacute;s explicaciones ni contexto, puede parecer una tremenda locura, pero tras vivir durante casi 30 a&ntilde;os postrado en una cama al quedar tetrapl&eacute;jico, la decisi&oacute;n de este individuo ya no parece tan descabellada. Quiz&aacute;s, podr&iacute;amos pensar, solo quer&iacute;a decidir sobre su muerte ya que no hab&iacute;a podido decidir sobre su vida, o quiz&aacute;s, simplemente, no pod&iacute;a continuar con el peso del dolor que le produc&iacute;a estar muerto en vida. Sea o no cierta esta suposici&oacute;n, nos sirve para intentar entender el dolor tan profundo que puede llegar a experimentar una persona hasta tal punto de que solo pueda soltar ese peso abandonando la vida.
    </p><p class="article-text">
        En general, nos es mucho m&aacute;s sencillo comprender algo cuando es visible, aquello que vemos tiene que ser cierto, pero, en cambio, aquello que no vemos, podr&iacute;a no serlo. Cuando observamos esta historia desde la comodidad de nuestro sill&oacute;n y como espectadores, inevitablemente empatizamos con el protagonista e, incluso, entendemos su decisi&oacute;n. El problema siempre se encuentra cuando esa historia te toca vivirla a ti, cuando el protagonista es alguien a quien quieres y cuando, encima, no est&aacute; postrado en una cama, ni tiene c&aacute;ncer, ni ninguna enfermedad f&iacute;sica sino que es una persona de aspecto saludable, sin problemas aparentes y con toda la vida por delante. Pero aun as&iacute;, aun teniendo toda la vida por delante, no quiere vivirla, y eso, no podemos llegar a entenderlo.
    </p><p class="article-text">
        La depresi&oacute;n es una enfermedad que no es visible y, por eso mismo, la gran mayor&iacute;a de nosotros, no llegamos a entenderla. Tachamos a las personas que la padecen de demasiado sensibles o de querer llamar la atenci&oacute;n, esperamos, de manera ingenua, que sean simples episodios aislados de tristeza y que con la salida del sol, esa persona por arte magia, recupere la luz en la mirada, pero esto no suele ocurrir. La depresi&oacute;n no avisa cuando llega, no es opcional, no toca nuestra puerta, ni empieza con un dolor de cabeza, sino que se va colando, poco a poco, en nuestro interior y va devorando nuestras ganas de vivir, hasta que llega un d&iacute;a en el que levantarte de la cama, aun pudiendo f&iacute;sicamente, ya no tiene sentido para ti.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n datos recogidos a trav&eacute;s de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS), la depresi&oacute;n es una enfermedad que padecen m&aacute;s de 300 millones de personas en el mundo, pero a pesar de esa cifra tan alarmante, sigue pasando desapercibida en innumerables rostros y casos. Hoy, 13 de enero, D&iacute;a Mundial de Lucha contra la Depresi&oacute;n, debemos recordar que la depresi&oacute;n es una enfermedad mental y no f&iacute;sica, por lo que el padecimiento no siempre es visible y el dolor aprieta la mano de quien lo sufre en silencio. El silencio ante esta enfermedad y todas aquellas de car&aacute;cter mental no hace que dejen de existir, sino muy a la contra, ese silencio las vuelve a&uacute;n m&aacute;s pesadas para quienes las padecen ya que no suelen encontrar respuestas ni voces que apoyen lo que est&aacute;n sufriendo.
    </p><p class="article-text">
        En nuestro contexto sociocultural a la juventud nacida a partir del a&ntilde;o 2000 se la considera generaci&oacute;n de cristal, debido a su sensibilidad, inestabilidad e inseguridad ante los problemas y las injusticias de la vida cotidiana. Pero deber&iacute;amos preguntarnos si ese t&eacute;rmino que utilizamos solo se refiere a la fragilidad del material. Hablamos de una generaci&oacute;n que ha nacido con el boom tecnol&oacute;gico, una generaci&oacute;n nativa digital que se ha visto expuesta y se expone desde su nacimiento. As&iacute; que, quiz&aacute;s, esa generaci&oacute;n de cristal no solo sea porque se rompe, sino porque tambi&eacute;n se deja ver, porque muestra su dolor y porque siente. Quiz&aacute;s todos deber&iacute;amos pertenecer a esa generaci&oacute;n, deber&iacute;amos dejarnos ver y, sobre todo, deber&iacute;amos ser capaces de ver al otro, porque en esa acci&oacute;n de ver tambi&eacute;n aparece de manera impl&iacute;cita el entendimiento y la empat&iacute;a. Quiz&aacute;s lo &uacute;nico peor que un hijo quiera morirse es, tristemente, nunca llegar a ver que lo quer&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miriam G.A.]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/no-vemos_129_8654383.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Jan 2022 19:45:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aquello que no vemos]]></media:title>
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