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    <title><![CDATA[elDiario.es - Gabriel J. Martín]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/gabriel-j-martin/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Gabriel J. Martín]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Víctimas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/victimas_129_8128733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b0c91447-5af9-4478-8b0c-e365a42c4e22_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Víctimas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Autopercibirse como víctima no ocurre de igual modo para todo el mundo. Hay quienes buscan la reparación, hay quienes quedan vulnerabilizados y hay quienes caen en el victimismo. Y hay quienes lo viven con un poco de cada cosa</p></div><p class="article-text">
        El asesinato de Samuel ha puesto sobre la mesa la victimizaci&oacute;n a la que la mayor&iacute;a de las personas LGBTI hemos sido sometidas a lo largo de nuestras vidas. M&aacute;s all&aacute; de lo execrable de la violencia y el ensa&ntilde;amiento con el que un grupo de alima&ntilde;as han acabado con la vida de un chaval, este suceso ha removido la memoria individual y colectiva de todos los que formamos parte de esta comunidad. Creo que, como psic&oacute;logo, mi aportaci&oacute;n (adem&aacute;s de la l&oacute;gica condena y pesar) debe enfocarse en ayudarnos a entender qu&eacute; est&aacute; ocurriendo dentro de cualquiera de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        El concepto de victimizaci&oacute;n a menudo resulta complejo de comprender en la literatura cient&iacute;fica porque parece que hay diferentes modos de interpretarlo. La mayor&iacute;a de estudios se han llevado a cabo en entornos escolares y carcelarios. Hay mucha menos investigaci&oacute;n en campos como la violencia de g&eacute;nero. Pero en palabras de Ttofi y Farrington (2011), por &ldquo;victimizaci&oacute;n&rdquo; entenderemos un proceso a trav&eacute;s del cual se <em>marca</em> a alguien como blanco de las agresiones, alguien a quien los dem&aacute;s van a percibir como v&iacute;ctima y contra quien van a dirigir sus ataques. Los gais no necesitamos que nos expliquen mucho de qu&eacute; va este proceso: el primer grito de &ldquo;&iexcl;Maric&oacute;n!&rdquo; en el pueblo o en el patio de colegio nos colgaba en la frente la diana por culpa de la cual, y desde entonces, todos los que ten&iacute;an ganas de descargar su ira o divertirse a costa de alguien, dirig&iacute;an sus insultos, burlas y agresiones contra nosotros. Al identificarnos como homosexuales, se nos identificaba tambi&eacute;n como v&iacute;ctimas y, a partir de ese momento, todos nos atacaban porque &laquo;eso es lo que se hace con las v&iacute;ctimas&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En victimolog&iacute;a se habla de tres tipos de victimizaci&oacute;n (Wolfgang, 1979), y es bueno que las conozcamos y diferenciemos porque nos ayudar&aacute;n a comprender este proceso del que vengo hablando:
    </p><p class="article-text">
        1. Primaria. Cuando recibimos una agresi&oacute;n nos convertimos en la v&iacute;ctima de esa agresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        2. Secundaria. A veces las instituciones culpan a la v&iacute;ctima de la agresi&oacute;n sufrida: &ldquo;&iquest;No le habr&aacute;s provocado?&rdquo;, &ldquo;&iquest;No llevar&iacute;as la falda demasiado corta?&rdquo;. El entorno social y/o institucional carga a la v&iacute;ctima con la responsabilidad de la agresi&oacute;n y libera al agresor de las repercusiones.
    </p><p class="article-text">
        3. Terciaria. Cuando terminamos convencidos de que hay algo en nosotros que <em>atrae</em> a los agresores. Cuando nos vemos como v&iacute;ctimas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Autopercibirse como v&iacute;ctima no ocurre de igual modo para todo el mundo. Hay quienes buscan la reparaci&oacute;n, hay quienes quedan vulnerabilizados y hay quienes caen en el victimismo. Y hay quienes lo viven con un poco de cada cosa. La mayor&iacute;a de nosotros sabemos huir del victimismo y, en todo caso, nos reconocemos como personas vulnerables. Buscamos justicia y trabajamos para que el mundo en el que vivimos sea un mundo seguro para nosotros y para los que son como nosotros. Nos organizamos socialmente y nos apoyamos mutuamente para superar esa vulnerabilidad en la que nos sumen las agresiones. Mucho de lo que estamos presenciando en redes en estos d&iacute;as tiene que ver con esta necesidad de exteriorizar la angustia y buscar apoyo emocional. Es humano y es saludable. Porque, entre todos, estamos tratando de sacudirnos de encima la revictimizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Muchos expertos entienden por &ldquo;revictimizaci&oacute;n&rdquo; la repetici&oacute;n de los sucesos que nos convierten en v&iacute;ctimas (Messman-Moore y McConnell, 2018), mientras que otros la entienden como la victimizaci&oacute;n secundaria que he definido unas l&iacute;neas m&aacute;s arriba: la que se produce cuando el sistema policial o judicial culpabiliza a la v&iacute;ctima de un delito o duda de su testimonio. Para nosotros estas distinciones no tienen mucha importancia porque sufrimos tanto la revictimizaci&oacute;n de las agresiones repetidas como la revictimizaci&oacute;n de esos padres que justifican que nos insulten (&ldquo;&iquest;C&oacute;mo no se van a meter contigo con ese plumazo que tienes?&rdquo;) o de esos profesores que no nos creen (&ldquo;Venga, seguro que no ha sido para tanto, es que t&uacute; te lo tomas todo muy a pecho&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Todo ello conduce a una revictimizaci&oacute;n profunda que podemos comparar con la victimizaci&oacute;n terciaria y a la que vamos a denominar &ldquo;autoinculpaci&oacute;n&rdquo;, pues as&iacute; es como la denominan Schacter y Juvonen (2015). Es esta autoinculpaci&oacute;n la que te termina convenciendo de que hay algo en ti, aunque no sepas exactamente el qu&eacute;, que causa el rechazo de los otros. Tratas de cambiar y de tener menos pluma. Te esfuerzas para que no se te note cu&aacute;nto te ofenden sus comentarios. Callas y tragas con todo. Y as&iacute; es como te conviertes en v&iacute;ctima. Te conviertes en alguien incapaz de poner l&iacute;mites a los dem&aacute;s, que soporta relaciones abusivas, con la autoestima por debajo del suelo y agradecido de que alguien, quien sea y como sea, se digne a ser tu amigo o tu pareja. Como cualquiera entender&iacute;a, nadie merece vivir su vida entera asustado, creyendo que en cualquier momento puede ser la siguiente v&iacute;ctima y soportando abusos. Y contra eso es contra lo que se est&aacute; rebelando, en estos momentos, nuestra comunidad. Porque hay algo m&aacute;s fuerte que todo el trauma y el dolor pasado: nuestra resiliencia.
    </p><p class="article-text">
        La resiliencia de la comunidad LGBT es tan admirable que ha sido ampliamente estudiada (De Lira y De Morais, 2018) porque resulta asombroso que un grupo de personas tan maltratadas a lo largo de la historia haya conseguido resistir y cambiar buena parte del mundo y de las leyes. Si sabemos mucho del estr&eacute;s de las minor&iacute;as, tambi&eacute;n sabemos que una de nuestras fortalezas m&aacute;s grandes reside en nuestra resiliencia. Y lo m&aacute;s interesante es que esta resiliencia se fundamenta en el desarrollo de una identidad LGBT positiva y en la participaci&oacute;n en el activismo. Formar parte de una comunidad con la que nos identificamos, dentro de la cual nos sentimos comprendidos y gracias a la cual crecemos es un paso capital para sacudirnos la victimizaci&oacute;n de encima. Gracias a eso dejamos de vernos como personas abandonadas a su suerte a las que no les queda m&aacute;s remedio que asumir su destino. Nos despojamos de aquella sensaci&oacute;n infantil de ser ciudadanos de segunda categor&iacute;a y cobramos conciencia no solo de que podemos sino de que debemos exigir el cumplimiento de nuestros derechos. Peleamos, nos defendemos, explicamos, convencemos, cambiamos las cosas. As&iacute; ha sido antes y as&iacute; ser&aacute; ahora. Por eso son tan importantes las movilizaciones y las manifestaciones p&uacute;blicas que est&aacute;is llevando a cabo y por eso es tan fundamental que se produzca este movimiento colectivo. Porque cuando nos apoyamos firmemente 	en nuestra identidad colectiva, nos damos cuenta de que somos mucho m&aacute;s resilientes de lo que pens&aacute;bamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel J. Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/victimas_129_8128733.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Jul 2021 20:45:51 +0000]]></pubDate>
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