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    <title><![CDATA[elDiario.es - Iñigo Macías Aymar]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/inigo-macias/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Iñigo Macías Aymar]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Mucho mes al final del sueldo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/mes-final-sueldo_129_9876537.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/97288715-863e-423c-855c-7be0ecad9679_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mucho mes al final del sueldo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 2022, el 90% del incremento de los precios se puede explicar por los aumentos de los beneficios de las empresas. Es la inflación de la codicia</p></div><p class="article-text">
        Llegar a fin de mes se ha convertido en una tarea dif&iacute;cil. Durante el &uacute;ltimo a&ntilde;o y medio, pero especialmente a lo largo de 2022, Espa&ntilde;a ha experimentado los aumentos de precios m&aacute;s intensos de las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas. Sin haber curado a&uacute;n las heridas de la pandemia, la crisis de precios que experimentamos se sufre de manera diferente entre los distintos hogares, afectando especialmente a los m&aacute;s vulnerables. Entre enero y noviembre de 2022, la inflaci&oacute;n ha reducido el poder de compra de los hogares en peor situaci&oacute;n un 26% m&aacute;s que el de aquellos con mayores ingresos. La subida de precios es tan intensa, que tambi&eacute;n parece estar afectando a la clase media, que ve c&oacute;mo se esfuman sus ahorros y con ello sus proyectos de futuro y su colch&oacute;n de seguridad ante posibles imprevistos. Conviene se&ntilde;alar que la clase media es un colectivo que en Espa&ntilde;a es m&aacute;s peque&ntilde;o que en el resto de pa&iacute;ses europeos m&aacute;s ricos y que ha ido perdiendo peso a lo largo de los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez m&aacute;s, un mayor n&uacute;mero de familias viven con angustia c&oacute;mo sus ingresos ya no alcanzan para llenar la nevera o hacer frente a las facturas de luz y calefacci&oacute;n. Y es que las consecuencias de esta crisis de coste de vida est&aacute;n siendo soportadas principalmente por las personas trabajadoras, que ven c&oacute;mo sus salarios pierden poder adquisitivo. En t&eacute;rminos reales, estos estar&iacute;an cayendo a niveles semejantes a los vividos en los peores a&ntilde;os de la gran crisis iniciada en 2008. Con el salario promedio de 2022, una persona trabajadora en Espa&ntilde;a es un 4% m&aacute;s pobre que en 2008.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la actual crisis de precios es tambi&eacute;n una crisis de desigualdad, agravada porque muchas grandes empresas se han aprovechado del contexto de incertidumbre, la pandemia y la guerra en Ucrania y est&aacute;n sacando tajada, inflando precios y m&aacute;rgenes, a costa de una gran mayor&iacute;a. Los beneficios y m&aacute;rgenes empresariales, especialmente los de las grandes compa&ntilde;&iacute;as, se han mantenido o han crecido. En 2021, el beneficio conjunto de las empresas del IBEX 35 fue ya un 63 % superior al de 2019, e incluso un 55 % por encima de la media de los resultados de los cinco a&ntilde;os pre-pandemia (entre 2015 y 2019). Esta tendencia se ha acelerado en el &uacute;ltimo a&ntilde;o. Tan solo en el tercer trimestre de 2022 estas mismas empresas anunciaron resultados un 30% superiores a los del mismo periodo del a&ntilde;o anterior. Aunque a&uacute;n no disponemos de los resultados definitivos para 2022, los pagos a cuenta del impuesto de sociedades que llevan haciendo las empresas a lo largo del pasado a&ntilde;o muestran este importante aumento de los beneficios, especialmente de las grandes empresas.
    </p><p class="article-text">
        Este mayor dinamismo de los beneficios de las empresas se apuntala en unos m&aacute;rgenes que se han disparado en el &uacute;ltimo a&ntilde;o y medio. Es decir, las empresas no solo no han podido trasladar el aumento de sus costes, sino que han conseguido aumentar el beneficio que sacan de cada producto o servicio que venden. Considerando los datos de facturaci&oacute;n de las empresas, a trav&eacute;s de las declaraciones del IVA de la Agencia Tributaria, a finales de 2022, los m&aacute;rgenes de las empresas eran un 60% superiores a los observados a finales de 2019 (antes de la pandemia), mientras los salarios apenas hab&iacute;an crecido un 4%.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el origen de este periodo inflacionario lo podemos encontrar en la fuerte subida de los costes de materias primas y otros bienes esenciales para la producci&oacute;n, primero por la pandemia y luego por la guerra de Ucrania, los beneficios empresariales est&aacute;n dopando el coste de la vida. En 2022, el 90% del incremento de los precios se puede explicar por los aumentos de los beneficios de las empresas. Es la inflaci&oacute;n de la codicia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como resultado, m&aacute;s personas trabajadoras y hogares est&aacute;n viviendo una situaci&oacute;n de mayor precariedad, escasez y vulnerabilidad, mientras que algunas empresas, fortunas y personas ricas siguen aumentando su riqueza y beneficios empresariales. Cuanto mayor es el peso en la econom&iacute;a de las rentas de capital (dividendos y otros rendimientos financieros) frente a las rentas del trabajo, mayor ser&aacute; la desigualdad econ&oacute;mica, por la fuerte concentraci&oacute;n en pocas manos que presentan las primeras. 86 de cada 100 euros repartidos como rentas de capital acaban en manos de apenas un 10% de la poblaci&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        Lo que aprendemos en los libros de teor&iacute;a econ&oacute;mica es que la inflaci&oacute;n se produce como resultado de los desajustes entre lo que se demanda y lo que se produce. Pero la inflaci&oacute;n, como se&ntilde;ala el conocido economista Olivier Blanchard, tambi&eacute;n es el resultado del conflicto distributivo entre empresas, trabajadores y los contribuyentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Resulta necesario tomar medidas de calado para evitar que estos aumentos de precios y la creciente p&eacute;rdida de peso de las rentas salariales, se acaben convirtiendo en un determinante estructural de la desigualdad a futuro. Los &uacute;ltimos datos de EUROSTAT muestran que Espa&ntilde;a es uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s desiguales de toda la Uni&oacute;n Europea. Y as&iacute; ha sido hace d&eacute;cada, en parte por un mercado laboral disfuncional y en parte por una muy limitada capacidad redistributiva a trav&eacute;s de impuestos y gasto p&uacute;blico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es urgente avanzar hacia un acuerdo nacional que permita recuperar el poder adquisitivo de las personas trabajadoras. El Gobierno debe liderar esta tarea, y para ella necesita ayudarse de otras herramientas como&nbsp;las pol&iacute;ticas fiscales y sociales. Las medidas tributarias emprendidas recientemente van en la buena direcci&oacute;n para saldar de manera m&aacute;s justa la factura que arrastramos por los esfuerzos durante la pandemia. Pero son temporales, son parches con fecha de caducidad. En lo que se refiere a las medidas sociales, ya va siendo hora de hacer de sacar todo el potencial de una administraci&oacute;n p&uacute;blica del siglo XXI que nos permita llegar a qui&eacute;n realmente lo necesita y dejarnos de la brocha gorda. Avanzar en la implementaci&oacute;n y generosidad del IMV, resulta crucial.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñigo Macías Aymar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/mes-final-sueldo_129_9876537.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Jan 2023 05:00:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mucho mes al final del sueldo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Impuesto de Sociedades: el 15%, ¿pero de qué?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/impuesto-sociedades-15_129_8374005.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/20933cf3-6cc0-4886-9bc9-1bfaea4898e0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Impuesto de Sociedades: el 15%, ¿pero de qué?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo primero es evitar que la base sobre la que se calcule el impuesto sea tan estrecha que casi no reporte nada. En consecuencia, resulta necesario analizar y revisar todas esas deducciones y exenciones que reducen la factura fiscal, especialmente para las grandes empresas</p></div><p class="article-text">
        Los papeles de Pandora vuelven a golpearnos con una realidad obscena, mostrando el uso y abuso de los para&iacute;sos fiscales por parte de los m&aacute;s ricos y poderosos, individuos y sus sociedades empresariales. Pone en evidencia una poderosa industria que rompe las reglas del juego justo, que amenaza con desestabilizar los fundamentos democr&aacute;ticos y por cuyos resquicios se siguen perdiendo ingentes recursos, vitales para cualquier pa&iacute;s. Y por estos agujeros negros es tambi&eacute;n por donde se pierden los hospitales, la educaci&oacute;n, la lucha contra el cambio clim&aacute;tico o la financiaci&oacute;n del conjunto de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que sostienen una sociedad de bienestar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es en este contexto en el que la actual coalici&oacute;n de gobierno anda en fren&eacute;ticas reuniones para cerrar un acuerdo con una propuesta com&uacute;n de Presupuestos Generales del Estado para 2022. Probablemente, no haya momento de mayor relevancia pol&iacute;tica que la discusi&oacute;n sobre los Presupuestos: cu&aacute;nto y c&oacute;mo se va a gastar sus recursos Estado y c&oacute;mo va a conseguir recaudar impuestos. Pero cuando los recursos que se pierden son de tal magnitud, es un punto de partida trucado. El uso de los para&iacute;sos fiscales condiciona la capacidad del Estado y limita su alcance. Por eso la discusi&oacute;n en torno a los PGE no puede desligarse de medidas de lucha contra la evasi&oacute;n fiscal y no puede desligarse de las reformas que con urgencia deben incorporarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y en gran medida, para cerrar la ineficiencia recaudatoria del Impuesto de Sociedades y cerrar los agujeros de la elusi&oacute;n fiscal, cobra especial relevancia la discusi&oacute;n sobre un m&iacute;nimo del 15% en la tributaci&oacute;n empresarial. Y como se ha venido viendo en las &uacute;ltimas semanas, este ha sido uno de los temas que m&aacute;s incomodidades ha levantado en el seno de la coalici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;cu&aacute;l es el problema? &iquest;por qu&eacute; genera esta propuesta tanto recelo? Como suele suceder en pol&iacute;tica, tan importante es saber de qu&eacute; se habla, como conocer lo que se queda fuera de la discusi&oacute;n. Y en este caso, el elefante en la habitaci&oacute;n, tanto en las discusiones globales como en las discusiones de estos presupuestos, es acabar de explicar sobre qu&eacute; se aplica ese 15%.&nbsp;Un 15% de nada seguir&aacute; siendo nada. Por lo tanto, lo primero es evitar que la base sobre la que se calcule el impuesto sea tan estrecha que casi no reporte nada. En consecuencia, resulta necesario analizar y revisar todas esas deducciones y exenciones que reducen la factura fiscal, especialmente para las grandes empresas. En 2018, tan s&oacute;lo en cr&eacute;ditos fiscales, las empresas espa&ntilde;olas dispon&iacute;an de hasta 66.142 millones de euros para reducirse su factura fiscal, m&aacute;s de dos veces y media el importe que recaud&oacute; el Impuesto de Sociedades ese a&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la revisi&oacute;n en profundidad del dise&ntilde;o del impuesto, lo que permitir&iacute;a conseguir una mayor equidad horizontal entre empresas, el otro elemento fundamental para acabar de conocer sobre qu&eacute; aplicamos este tipo es el referido a la ingenier&iacute;a financiera y fiscal de las grandes empresas. Los papeles de Pandora del pasado domingo nos hablaban de sociedades interpuestas por reconocidos pol&iacute;ticos, artistas y personas del mundo del deporte para dejar de pagar impuestos. En el caso de las grandes empresas nos topamos con un sistema similar cuyo objetivo es el mismo: reducir su factura fiscal trasladando de manera artificial sus beneficios hacia para&iacute;sos fiscales. As&iacute;, los &uacute;ltimos datos disponibles, referidos a 2017 muestran como el beneficio antes de impuestos por trabajador de las filiales espa&ntilde;olas en las Islas Caim&aacute;n es de m&aacute;s de 120 millones de d&oacute;lares. En M&eacute;xico, con una poblaci&oacute;n que multiplica por casi 2.000 veces la de las Islas Caim&aacute;n, no llega a los 43.000 d&oacute;lares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son muchas las voces que se escudan en la fragilidad de la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica para no avanzar hacia una mayor presi&oacute;n fiscal sobre las empresas. Pero de lo que en el fondo estamos hablando es de hacer que las empresas paguen lo que les toca, ayudando a construir un sistema fiscal m&aacute;s justo y progresivo. Una vez m&aacute;s conviene recordar que sin beneficios, las empresas no tienen que pagar impuestos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aplicando un m&iacute;nimo del 15% en el Impuesto de Sociedades se pondr&iacute;a freno a dos de los principales problemas de los que adolece el sistema tributario espa&ntilde;ol. Por un lado, se lograr&iacute;a recuperar progresividad en el dise&ntilde;o tributario y que la mayor parte del sostenimiento del esfuerzo no recaiga de forma desproporcionada sobre el conjunto de las familias y las personas trabajadoras. En 2020, el 88% del total recaudado por la Agencia Tributaria segu&iacute;a recayendo sobre las familias (trabajo y consumo esencialmente) frente a un 8% generado a trav&eacute;s del impuesto de sociedades. Por el otro, se pondr&iacute;a coto a la capacidad que tiene la gran empresa para aminorar su factura fiscal con deducciones y exenciones a las que no accede la peque&ntilde;a y mediana empresa. Los datos de 2018 reflejan como las 216 empresas que facturan m&aacute;s de 1.000 millones de euros en Espa&ntilde;a tienen un tipo efectivo del 5,47%. <a href="https://www.eldiario.es/economia/desigualdad-impuesto-sociedades-grandes-empresas-pagan-cuarta-parte-pymes_1_8356405.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">A pesar de suponer el 42% del beneficio empresarial, su aportaci&oacute;n&nbsp; apenas alcanza el 24% de la recaudaci&oacute;n total por el impuesto de sociedades</a>. Adem&aacute;s, esta propuesta se ajusta como un guante al acuerdo impulsado por el G20 y la OCDE, que previsiblemente se sellar&aacute; a finales de este mes, y por el que m&aacute;s de 100 pa&iacute;ses de todo el mundo se comprometen a establecer un tipo m&iacute;nimo global para este impuesto que ahora mismo se sit&uacute;a en ese mismo 15%.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nunca ha tenido m&aacute;s sentido dar un paso adelante y defender medidas que supondr&aacute;n pasos vitales en la lucha contra los para&iacute;sos fiscales y contra la desigualdad.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñigo Macías Aymar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/impuesto-sociedades-15_129_8374005.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Oct 2021 20:07:50 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reiventar el sistema fiscal internacional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/reiventar-sistema-fiscal-internacional_129_8132437.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/27298f40-4e8c-4c8d-b10f-48e6b46b63e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reiventar el sistema fiscal internacional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un nuevo modelo tributario que se adapte a la realidad del siglo XXI al tiempo que pone coto a las prácticas depredadoras de los paraísos fiscales y la competencia fiscal tan perjudicial en la que se han visto sumidos el conjunto de países</p></div><p class="article-text">
        Los ojos estaban puestos en Venecia el fin de semana, donde se esperaba que los Ministros de Finanzas del G20 dieran el visto bueno a lo que deb&iacute;a ser la gran reforma del sistema fiscal internacional, una reforma esperada y urgente que siente las bases sobre c&oacute;mo gravar los beneficios internacionales de grandes corporaciones que hoy operan como fantasmas fiscales. En definitiva, un nuevo modelo tributario que se adapte a la realidad del siglo XXI al tiempo que pone coto a las pr&aacute;cticas depredadoras de los para&iacute;sos fiscales y la competencia fiscal tan perjudicial en la que se han visto sumidos el conjunto de pa&iacute;ses. 
    </p><p class="article-text">
        No olvidemos que la factura de estos abusos fiscales, amparados por a&ntilde;os de impasibilidad pol&iacute;tica, la ha pagado la ciudadan&iacute;a, que ha visto como grandes corporaciones pod&iacute;an multiplicar sus beneficios mientras reduc&iacute;an obscenamente los impuestos pagados. El saldo ha sido una desinversi&oacute;n en pol&iacute;ticas sociales o un mayor esfuerzo sobre las familias y el trabajo, especialmente desde la gran crisis financiera de 2008. Y estas decisiones, pol&iacute;ticas, han condicionado la capacidad de los pa&iacute;ses para enfrentarse a la pandemia de la Covid-19. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso esta fase final de la reforma del sistema fiscal internacional no llega en un momento cualquiera, sino tambi&eacute;n, en un contexto de m&aacute;xima tensi&oacute;n presupuestaria y fiscal. En los pa&iacute;ses en desarrollo, la deuda est&aacute; alcanzando niveles insostenibles y amenazan con desestabilizar el fr&aacute;gil sistema financiero internacional en el que se fundamenta la fr&aacute;gil recuperaci&oacute;n post-pandemia. Abordar una reconstrucci&oacute;n m&aacute;s justa a esta crisis requiere de decisiones decididas como quien asumir&aacute; el coste, pero tambi&eacute;n de c&oacute;mo evitar que la desigualdad se dispare. Conviene recordar que la COVID 19 no ha afectado ni sanitariamente ni econ&oacute;micamente a todos los pa&iacute;ses por igual. Tampoco lo ha hecho entre las personas de un mismo pa&iacute;s. Las personas y las comunidades m&aacute;s vulnerables han sido las m&aacute;s impactadas, las que m&aacute;s han sufrido la p&eacute;rdida del empleo y las &uacute;ltimas en acceder a los programas de protecci&oacute;n social, cuando los ha habido. Mientras, la riqueza de las mayores fortunas del mundo ha alcanzado cotas nunca antes vistas. 
    </p><p class="article-text">
        Es en este complejo escenario en el que por fin se retomaron las negociaciones para reformar las reglas que determinan cu&aacute;nto y d&oacute;nde deben pagar los impuestos por sus beneficios las grandes empresas multinacionales. A principios de junio, los pa&iacute;ses del G7 dieron su respaldo pol&iacute;tico, con bombo y platillo, lo que ha acelerado la posibilidad de alcanzar un consenso, pero tambi&eacute;n que ha puesto de manifiesto que no era sino un acuerdo para proteger sus propios intereses. Y si este acuerdo puede poner en jaque el funcionamiento de algunos para&iacute;sos fiscales, tambi&eacute;n es una apuesta perversa para los pa&iacute;ses en desarrollo a los que coloca en un falso dilema, respaldar un acuerdo que es injusto para ellos o dejar v&iacute;a libre a la elusi&oacute;n fiscal m&aacute;s desmedida. 
    </p><p class="article-text">
        Una encrucijada compleja. Porque (casi) todos coinciden en reconocer que el sistema fiscal internacional, dise&ntilde;ado hace 90 a&ntilde;os, se ha quedado obsoleto. Entonces, nadie advirti&oacute; de los profundos cambios que nos iba a traer la globalizaci&oacute;n y la digitalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a. Lo que s&iacute; ten&iacute;an claro era que quienes dise&ntilde;aron ese modelo lo hac&iacute;an para favorecer los intereses de quienes ya entonces dominaban el comercio internacional, de los pa&iacute;ses ricos. Y desde hace d&eacute;cadas, son numerosos los pa&iacute;ses en desarrollo y las organizaciones de la sociedad civil que claman por una reforma profunda, m&aacute;s justa. Unas reglas que simplemente permitan retener all&iacute; donde se genera valor y actividad econ&oacute;mica, los beneficios fiscales que leg&iacute;timamente les corresponden. &nbsp;Lo &uacute;nico que se ha conseguido con este modelo es que los pa&iacute;ses compitan por ver quien baja m&aacute;s los impuestos a los beneficios empresariales. Una carrera al desastre. 
    </p><p class="article-text">
        Estas discusiones supon&iacute;an una oportunidad &uacute;nica para efectivamente alcanzar un acuerdo hist&oacute;rico. Y una absoluta responsabilidad pol&iacute;tica el lograrlo. Sin embargo, el acuerdo alcanzado resulta poco ambicioso e injusto. Los intereses de los pa&iacute;ses ricos y sus grandes corporaciones se han puesto por delante de las personas y de los pa&iacute;ses en desarrollo. Dos son los principales problemas. 
    </p><p class="article-text">
        El primero tiene que ver con el tipo m&iacute;nimo efectivo propuesto, de &ldquo;al menos del 15%&rdquo;. Lejos del 21% que el Presidente Biden quieren aplicar en los Estados Unidos, y por debajo del 25% que recomiendan economistas como Joseph Stiglitz o Thomas Piketty. En el fondo, es una concesi&oacute;n que no hace sino acercarnos a los niveles de conocidos para&iacute;sos fiscales como Irlanda y Singapur. Es mejor que nada, sin duda, pero el list&oacute;n queda tan bajo que dif&iacute;cilmente lograr&aacute; el efecto esperado de poner fin a la competencia fiscal. Sin duda generar&aacute; tensi&oacute;n sobre los para&iacute;sos fiscales m&aacute;s agresivos, pero ser&aacute; en beneficio de los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos. Es una medida dise&ntilde;ada para que quien la pueda ejecutar sea el pa&iacute;s de la casa matriz. Por eso, seg&uacute;n nuestras estimaciones, dos terceras partes de los ingresos adicionales ir&aacute;n a parar a pa&iacute;ses G7 y de la UE, mientras que a los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres apenas les corresponder&aacute; un 3% del total, a pesar de representar al 36% de la poblaci&oacute;n mundial. No hacemos sino perpetuar d&eacute;cadas de injusticia en el sistema fiscal internacional, mientras que algunos pa&iacute;ses europeos act&uacute;an como verdaderas termitas fiscales en el sistema global. 
    </p><p class="article-text">
        El segundo problema se refiere a la manera acordada para repartir los impuestos sobre los beneficios globales de las grandes empresas que, a pesar de conseguir amplios beneficios, no tiene presencia a efectos fiscales. La idea es redistribuir parte de esos beneficios globales hacia el resto de pa&iacute;ses en los que la empresa est&aacute; presente. Pero los umbrales son tan altos, que apenas afectar&aacute; a unas cien empresas, aquellas que facturen por encima de los 20.000 millones de euros y con rentabilidad superior al 10%. Son pocas, tan pocas que incluso monstruos digitales como Amazon podr&iacute;an quedarse fuera. No s&oacute;lo eso. Los pa&iacute;ses donde las multinacionales est&aacute;n produciendo o generando sus ventas y beneficios, apenas se repartir&aacute;n una parte m&iacute;nima de los beneficios globales (no llega al 5%). 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n resultan problem&aacute;ticos los flecos a&uacute;n por concretar. Ya sabemos que el diablo est&aacute; en los detalles. El sector financiero por ejemplo ha quedado al margen del acuerdo, sin duda por la presi&oacute;n de Gran Breta&ntilde;a entre otros. Su exclusi&oacute;n supone reducir los ingresos fiscales globales a la mitad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dif&iacute;cil que este acuerdo sea motivo de celebraci&oacute;n. Mart&iacute;n Guzm&aacute;n, ministro de Finanzas de Argentina, pa&iacute;s miembro del G20, critic&oacute; la propuesta, al igual que algunos pa&iacute;ses africanos como Nigeria o Kenia que incluso renunciaron a firmar el acuerdo. En estos t&eacute;rminos, corremos el riesgo de incrementar las desigualdades entre pa&iacute;ses. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el partido a&uacute;n no ha acabado. Hasta octubre todav&iacute;a podemos conseguir un acuerdo que sea m&aacute;s justo y que genere ingresos adicionales suficientes y sustanciales para todos, incluidos los pa&iacute;ses en desarrollo. Para ello tendr&iacute;amos que pensar en un tipo m&iacute;nimo m&aacute;s alto, del 25%. Y tendr&iacute;amos que garantizar que los beneficios se compartan de manera equilibrada con los pa&iacute;ses en desarrollo y que las grandes empresas que se han beneficiado de la digitalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a, como Amazon no puedan eludir este acuerdo. Convendr&iacute;a que la opini&oacute;n p&uacute;blica sea consciente de lo importante del momento.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Susana Ruiz Rodríguez, Iñigo Macías Aymar]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Jul 2021 20:48:05 +0000]]></pubDate>
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