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    <title><![CDATA[elDiario.es - Irene Blanco Fuente]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/irene-blanco-fuente/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Irene Blanco Fuente]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Acelerar los audios para acelerar la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/acelerar-audios-acelerar-vida_129_8150025.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8b430c4a-bb95-4096-b377-1497e4c245a8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Acelerar los audios para acelerar la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Parece que poder escuchar los audios más rápido es algo que deseábamos. Perder menos tiempo en escuchar las chapas que nos mandan. Sentir menos juicio cuando enviamos un podcast</p></div><p class="article-text">
        Bajo corriendo las escaleras mec&aacute;nicas del metro mientras escucho tu voz. Con la mano derecha sostengo el m&oacute;vil pegado a mi oreja. Con la izquierda un par de bolsas. Salto los pelda&ntilde;os de dos en dos y todav&iacute;a me sorprendo de no estamparme contra el suelo. Voy escuchando, a trompicones y como puedo, aquello que me narras en un audio de WhatsApp infinito, uno de esos que una se deja para el oasis de una escucha sosegada que nunca llega. Est&aacute;s siendo mi banda sonora junto al retumbar de mis 120 pulsaciones por minuto. Entro al vag&oacute;n y en tu relato se funde &ldquo;pr&oacute;xima estaci&oacute;n...&rdquo;. Ah&iacute; me acuerdo de que ten&iacute;a que contestar unos correos urgentes, as&iacute; que dejo tu audio a medias. Para cuando quiero retomarlo ya no recuerdo qu&eacute; dec&iacute;as en la primera mitad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gracias a la nueva posibilidad de acelerar los audios, hoy podr&iacute;a estar escuch&aacute;ndote a doble velocidad. Probablemente en el instante en que mi pie se dispusiera a cruzar el abismo entre coche y and&eacute;n ya habr&iacute;a terminado. No puedo negar la practicidad de esta funci&oacute;n. No puedo negar que a veces se me acumulan tus audios. Y me agobio. Hay una urgencia inc&oacute;moda en este consumo pausado de tu voz. Tambi&eacute;n me siento culpable cuando soy yo la que se extiende. Cuando levanto el dedo, mi audio vuela hacia su destino y ya van demasiados minutos para nuestras aceleradas existencias. &iquest;Cu&aacute;l es la duraci&oacute;n del exceso, a partir de qu&eacute; segundo hay que pedir perd&oacute;n?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Parece que poder escuchar los audios m&aacute;s r&aacute;pido es algo que dese&aacute;bamos. Perder menos tiempo en escuchar las chapas que nos mandan. Sentir menos juicio cuando enviamos un <em>podcast</em>. Quiz&aacute; ya no hay que disculparse, entre risas y verg&uuml;enzas, porque sabemos que quien escucha tendr&aacute; la opci&oacute;n de desdibujar nuestro tono y minimizar el esfuerzo. Pero no deja de haber algo inquietante en el asunto. Admitir que nos viene de perlas esta novedad viene acompa&ntilde;ado de asumir que no tenemos tiempo para la escucha. Porque escuchar es precisamente eso, transitar una secuencia de sonidos, entregarse a la temporalidad. Nutrirse del paisaje sonoro que acompa&ntilde;a el audio, ya sean pajarillos en el parque o el eco de un ba&ntilde;o en pleno momento All Bran. Las pausas, las respiraciones, la forma de modular la voz. La emocionalidad que desprende el recorrido por cada palabra. La artista e investigadora Salom&eacute; Voegelin habla de la escucha como &ldquo;un acto de compromiso con el mundo&rdquo;. Una escucha que reconoce, que acoge y que da espacio a la existencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo indica que lo oral adquirir&aacute; cada vez m&aacute;s protagonismo en nuestras interacciones a trav&eacute;s de dispositivos tecnol&oacute;gicos. Aplicaciones como Clubhouse o la funci&oacute;n Spaces de Twitter son algunos ejemplos que permiten crear salas en las que interactuar desde la voz. Tal vez hay un agotamiento en torno a ciertos foros para el debate. Un cansancio de la vor&aacute;gine de im&aacute;genes en la pantalla, de la ira an&oacute;nima tras ciertos tuits. Sin ser en ning&uacute;n caso la panacea ni algo que viene a sustituir lo anterior, m&aacute;s bien a sumarse, esta revalorizaci&oacute;n del audio abre posibilidades, tambi&eacute;n muchas preguntas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; implicar&aacute; que estas interacciones precisen de un tiempo para ser escuchadas? &iquest;Permitir&aacute; repensar nuestras din&aacute;micas? &iquest;Escuchamos o solo aguardamos el final de la intervenci&oacute;n que nos precede para exponer nuestra opini&oacute;n? Son nuevas funcionalidades que ponen el foco en diversificar las voces, en sumar matices a las ondas. Y suena bien, siempre y cuando venga acompa&ntilde;ado de la reflexi&oacute;n de que no es solo cuesti&oacute;n de ampliar el n&uacute;mero de voces, sino de que estas sean escuchadas. Contemplar el potencial transformador de la escucha, la forma en que nos vincula desde la relaci&oacute;n que se teje en el proceso. Ir m&aacute;s all&aacute; de una noci&oacute;n de escucha que se agote en lo auditivo, entenderla como una sincron&iacute;a entre quien quiere expresar algo en el formato que sea y quien se deja afectar por ese mensaje.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso, aunque acelerar los audios en aplicaciones como WhatsApp o Telegram puede resultar funcional y ahorrar tiempo, hay algo que perturba, una sensaci&oacute;n de traici&oacute;n a lo que la voz sugiere. Porque no es solo alterar los tiempos del sonido de quien habla, es tambi&eacute;n descomponer la forma en que suena hasta la despersonalizaci&oacute;n. Es eficiente para tener la informaci&oacute;n con mayor rapidez, pero se pierden los detalles que hacen &uacute;nica esa comunicaci&oacute;n. Escuchar como acci&oacute;n pol&iacute;tica no es solo atender a lo discursivo, es recorrer el intervalo que la voz permite. Un par&eacute;ntesis que remite a la conexi&oacute;n entre voz y cuerpo, una entrega a lo colectivo, a lo polif&oacute;nico, donde lo sonoro hace visible aquello que hay m&aacute;s all&aacute; de lo que abarca nuestra mirada.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Irene Blanco Fuente]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Jul 2021 20:14:43 +0000]]></pubDate>
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