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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jacob Guinot]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jacob-guinot/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jacob Guinot]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La tiranía de las encuestas de evaluación docente en la Universidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/tirania-encuestas-evaluacion-docente-universidad_129_8966209.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c0c73b8-d29c-468b-af7e-04ffce156d09_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La tiranía de las encuestas de evaluación docente en la Universidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las evaluaciones docentes se emplean para conceder premios, acreditaciones y todo tipo de incentivos. Con todo ello, nos podemos encontrar con que se emplee el sistema de evaluación para sacar rédito personal, sin que esto se traduzca necesariamente en una mejora de la enseñanza</p></div><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n sobre si evaluar a las personas en las organizaciones o c&oacute;mo hacerlo es una de las cuestiones m&aacute;s importantes para &eacute;stas, no s&oacute;lo por si el m&eacute;todo elegido nos permite realmente evaluar el trabajo de la gente, sino tambi&eacute;n por los efectos que dicha forma de evaluar tienen en su comportamiento. En este art&iacute;culo de opini&oacute;n analizamos la evaluaci&oacute;n de la docencia del profesorado universitario dada la creciente importancia que est&aacute; tomando.
    </p><p class="article-text">
        La literatura sobre la direcci&oacute;n de recursos humanos considera que antes de decidir qu&eacute; vamos a evaluar, c&oacute;mo lo vamos a evaluar y qui&eacute;n lo va a evaluar, deber&iacute;amos reflexionar sobre su prop&oacute;sito: &iquest;Para qu&eacute; evaluamos? Y b&aacute;sicamente hay dos motivos: para recompensar/penalizar al profesorado o para que &eacute;ste se desarrolle y mejore en su docencia. Esta distinci&oacute;n es capital porque no es lo mismo que dicha evaluaci&oacute;n tenga efectos en su salario y promoci&oacute;n que sirva para recibir una retroalimentaci&oacute;n m&aacute;s o menos constructiva. En el sistema universitario espa&ntilde;ol la evaluaci&oacute;n docente tiene efectos en la remuneraci&oacute;n y cada vez va a tener m&aacute;s efectos en su promoci&oacute;n (sexenios docentes, Programa Docentia, etc.), por lo tanto, tiene un claro prop&oacute;sito de penalizaci&oacute;n o recompensa (incentivos). Y esto a pesar de que hay muchas evidencias cient&iacute;ficas (Glucksberg, 1962; o mirar video Ted de Dan Pink: La sorprendente ciencia de la motivaci&oacute;n) de que cuando el trabajo es cognitivo o creativo, y este obviamente lo es, los incentivos tienen efectos negativos sobre dicho trabajo, es decir la gente rinde menos o lo hace peor.&nbsp; Por lo tanto, no se deber&iacute;an usar incentivos/castigos en la docencia universitaria.&nbsp; Adem&aacute;s, y tal y como un conocido profesor de la universidad de McGill, Henry Mintzberg (1989) considera, en las organizaciones profesionales, como son las universidades o los hospitales, la forma de asegurarnos de que los profesionales hacen correctamente su trabajo es a trav&eacute;s de su formaci&oacute;n o educaci&oacute;n; es lo que Mintzberg denomina la normalizaci&oacute;n de las habilidades. Es decir, el profesional sanitario o educador no debe ser evaluado por sus resultados, como podr&iacute;a hacerse con un comercial. Por lo tanto, cuando un profesional ha aprobado unos estudios y unas oposiciones podemos confiar en que har&aacute; su trabajo correctamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si aun a pesar de esto, se decide evaluar al profesorado sobre su docencia con un prop&oacute;sito de recompensa o penalizaci&oacute;n, dado el pernicioso auge del mal llamado sistema de calidad universitario, deber&iacute;amos decidir qu&eacute; vamos a evaluar exactamente, c&oacute;mo lo vamos a hacer y qui&eacute;n lo har&aacute;. Con respecto a la primera cuesti&oacute;n, la direcci&oacute;n de recursos humanos plantea dos opciones: evaluar resultados, normalmente a trav&eacute;s de medidas objetivas, o evaluar comportamientos en el trabajo, lo cual tiene un car&aacute;cter m&aacute;s subjetivo. Si queremos evaluar resultados de la actividad docente, lo l&oacute;gico ser&iacute;a utilizar alg&uacute;n indicador que nos informara de lo mucho o poco que el alumnado ha aprendido. &iquest;Pero qu&eacute; indicador puede ser ese? &iquest;El porcentaje de aprobados, o con notas altas? Si hacemos esto, asumimos que cuanto mejores notas sacan nuestros estudiantes, m&aacute;s han aprendido y por lo tanto mejor es la calidad de nuestra docencia. Pero esto implica asumir tambi&eacute;n que la total responsabilidad del aprendizaje del estudiantado recae en el profesorado; y esto obviamente no es as&iacute;: el estudiantado tiene un papel muy importante en el proceso de aprendizaje, adem&aacute;s de otros factores contextuales. O dicho de otra manera el profesorado no tiene toda la responsabilidad en el proceso de aprendizaje, al igual que no la tiene un o una m&eacute;dica en el proceso de curaci&oacute;n de una enfermedad de un paciente.
    </p><p class="article-text">
        Si por el contrario queremos evaluar comportamientos, actitudes o acciones que realiza el profesor en la docencia, esto nos obliga a decidir qui&eacute;n debe evaluar estos aspectos, puesto que es una apreciaci&oacute;n subjetiva: &iquest;el estudiantado? &iquest;los compa&ntilde;eros? &iquest;la direcci&oacute;n del departamento? En principio, podemos pensar que es el estudiantado el que est&aacute; m&aacute;s cerca de la acci&oacute;n docente y que por lo tanto es el m&aacute;s adecuado para hacerlo. De hecho, este el camino elegido por el sistema universitario para evaluar la acci&oacute;n docente del profesorado. Sin embargo, esto implica asumir una l&oacute;gica que es muy cuestionable: el estudiantado sabe mejor que nadie que es lo que hay que hacer para aprender: c&oacute;mo deben darse las clases; cu&aacute;nto deben estudiar, leer o trabajar; qu&eacute; materiales deben tener; c&oacute;mo deben ser los ex&aacute;menes etc. De hecho, hay diversas investigaciones cient&iacute;ficas que demuestran que el estudiantado no deber&iacute;a evaluar al profesorado; concretamente muestran que cuando el estudiantado aprende menos tiende a evaluar m&aacute;s positivamente al profesorado (Carrell and West, 2010; Braga et al., 2014). Es decir, aquellos profesores que consiguen mejores evaluaciones por parte de sus alumnos no han conseguido que aprendan lo suficiente. As&iacute; pues, podemos asumir que los estudiantes no saben qu&eacute; es lo que un profesor debe hacer para que ellas y ellos aprendan. En la misma l&iacute;nea, otra investigaci&oacute;n (Vaillancourt, 2012) demuestra que el profesorado que es m&aacute;s &ldquo;generoso&rdquo; en sus notas tiende a obtener mejores evaluaciones por parte de su alumnado. Esa &ldquo;generosidad&rdquo; implicar&iacute;a menor exigencia, esfuerzo o trabajo para obtener una buena nota; lo que conlleva penalizar a aquellos profesores que les hacen esforzarse m&aacute;s en el proceso de aprendizaje. Bjork, Dunlosky y Kornell (2012) demuestran que los estudiantes tienden a considerar que las actividades f&aacute;ciles les llevan a aprender m&aacute;s, cuando en realidad son las m&aacute;s dif&iacute;ciles las que les llevan a aprender m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En resumidas cuentas, las universidades que est&aacute;n fomentando la evaluaci&oacute;n por parte del estudiantado y que conf&iacute;an en ella est&aacute;n penalizando a los buenos profesores y apoyando a aquellos que simplemente se lo ponen f&aacute;cil o divertido (Poropat, 2014). Y en esa diversi&oacute;n entra toda la mal llamada innovaci&oacute;n educativa, repleta de nuevas tecnolog&iacute;as que no hacen m&aacute;s que entretener y distraer al estudiantado; al cual solo se le quiere tener feliz y contento, pero probablemente menos cr&iacute;tico y m&aacute;s ignorante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que en una sociedad obsesionada por medirlo todo, la evaluaci&oacute;n de la tarea del profesor no pod&iacute;a quedar excluida de esta tendencia. Estas evaluaciones docentes, adem&aacute;s, se emplean para conceder premios, acreditaciones y todo tipo de incentivos. Con todo ello, finalmente, nos podemos encontrar con que se emplee el sistema de evaluaci&oacute;n para sacar r&eacute;dito personal, sin que esto se traduzca necesariamente en una mejora de la ense&ntilde;anza. Adem&aacute;s, al dar tanto peso a la valoraci&oacute;n del alumnado, la universidad puede acabar erigi&eacute;ndose como una empresa de educaci&oacute;n destinada a satisfacer al estudiante. Un estudiante que ya se percibe m&aacute;s como un cliente o consumidor de un producto o servicio final que como un ciudadano que acude a la universidad con el objetivo de aprender y adaptarse a lo que significa la vida universitaria.
    </p><p class="article-text">
        El profesorado universitario sigue teniendo el mismo desaf&iacute;o: investigar y ense&ntilde;ar, motivando al estudiantado y tratando de maximizar su aprendizaje. Y si bien dicho proceso de ense&ntilde;anza-aprendizaje puede mejorarse, desde luego no lo har&aacute; con las evaluaciones del estudiantado, las recompensas o los castigos en programas como el Docentia o los sexenios docentes. Su creciente importancia no implica que la Universidad se preocupa m&aacute;s de la docencia, sino al contrario, la menosprecia o infravalora al castigar a los mejores profesores. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Chiva Gómez, Jacob Guinot]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/tirania-encuestas-evaluacion-docente-universidad_129_8966209.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 May 2022 04:01:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La tiranía de las encuestas de evaluación docente en la Universidad]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La estafa de la nueva educación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/estafa-nueva-educacion_129_8128257.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b85ea9b7-2df1-4d6b-91e9-cb7025c07f3e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La estafa de la nueva educación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estamos convirtiendo la educación en una oda a la ''imbecilización'', menospreciando el saber y trivializando el conocimiento. La nueva pedagogía condena a nuestros alumnos a una confortable ignorancia, formando ciudadanos acríticos con el sistema</p></div><p class="article-text">
        La ense&ntilde;anza en Espa&ntilde;a lleva a&ntilde;os siendo pasto de gur&uacute;s, <em>coaches</em> y todo tipo de pseudoexpertos esforzados en convertirla en un suced&aacute;neo de lo que deber&iacute;a consistir. Alejada cada vez m&aacute;s del buen juicio y de la racionalidad, el car&aacute;cter buenista, bobalic&oacute;n y antiilustrado prolifera desbocadamente. La memorizaci&oacute;n, el esfuerzo, la constancia y el pensamiento cr&iacute;tico se sustituyen por una amalgama de ocurrencias pedag&oacute;gicas revestidas por su supuesto car&aacute;cter innovador para dotarlas de validez. Aprendizaje cooperativo, aprendizaje basado en proyectos, <em>flipped classroom</em>, junto con un sinf&iacute;n de propuestas disparatadas, se extienden por todo el sistema educativo como una plaga. El saber, la transmisi&oacute;n de conocimientos, su an&aacute;lisis, entendimiento y cuestionamiento quedan eclipsados por lo afectivo y socioemocional, en un tratado en el que la felicidad se convierte en el nuevo objeto de deseo y el &eacute;xito como la m&aacute;xima pretensi&oacute;n. Tal y como expone Alberto Royo en su libro ''Contra la nueva educaci&oacute;n'', las competencias profesionales se apartan para dar prioridad a las emocionales. Todo ello auspiciado por emprendedores, psic&oacute;logos positivos, educadores emocionales y toda una retah&iacute;la de charlatanes e iluminados, muchos de los cuales sin ninguna experiencia docente. Este libertinaje emocional se hace a costa de la devaluaci&oacute;n del profesor, que deja de ser un trasmisor de conocimientos, gu&iacute;a y referencia en el aula, para reconvertirlo en un simple acompa&ntilde;ante a modo de <em>coach</em>. Parece que para que el estudiantado se active, el profesorado deba tener un papel pasivo; un papel cuyo objetivo sea que los estudiantes se lo pasen bien mientras aprenden, o sean felices en clase. Lo grave es que se dejan de lado aspectos como atender, escuchar, pensar, memorizar, analizar o cuestionar, los cuales requieren esfuerzo y dedicaci&oacute;n, y, por lo tanto, son denostados. Como consecuencia, el estudiantado suele penalizar en sus evaluaciones al profesorado que les obliga a estudiar. Es l&oacute;gico pues que se correlacionen positivamente el uso de estas nuevas metodolog&iacute;as con mejores valoraciones al profesorado. Y de ah&iacute; a considerar que los mejores valorados son los mejores profesores hay un corto trecho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estamos convirtiendo la educaci&oacute;n en una oda a la ''imbecilizaci&oacute;n'', menospreciando el saber y trivializando el conocimiento. La nueva pedagog&iacute;a condena a nuestros alumnos a una confortable ignorancia, formando ciudadanos acr&iacute;ticos con el sistema, d&oacute;ciles ante los desmanes pol&iacute;ticos y sin aspiraciones intelectuales. El conocimiento ser&aacute; por tanto exclusivo de aquellos que puedan sufrag&aacute;rselo, aumentando la ya acentuada desigualdad y cercenando las posibilidades de ascenso social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta deriva pedagogista est&aacute; impregnando el conjunto del sistema educativo, con el poder econ&oacute;mico aprovechando para imponer sus valores. El adoctrinamiento en los valores neoliberales, impulsado por la OCDE (Organizaci&oacute;n para la Cooperaci&oacute;n y el Desarrollo Econ&oacute;micos), y dirigido por el gur&uacute; de turno, estigmatiza el aprendizaje de contenidos y desactiva la apetencia por el orgullo de aprender. Las nuevas pedagog&iacute;as, hiperestimulantes y de ''sal&oacute;n recreativo'' -tal como las denomina Andreu Navarra en su reciente libro ''Prohibido aprender''- basadas en redes sociales, din&aacute;micas emocionales o videojuegos, sin ninguna exigencia acad&eacute;mica, condenan a la juventud al infantilismo y la insignificancia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Toda esta din&aacute;mica antipedag&oacute;gica, rid&iacute;cula y chapucera, deseduca a la juventud para conformar consumidores pasivos y trabajadores d&oacute;ciles y f&aacute;cilmente intercambiables. Ciudadanos amoldados al orden econ&oacute;mico neoliberal en el que impera la precariedad y la temporalidad m&aacute;s salvajes. No en vano, el desembarco de la educaci&oacute;n por competencias pretende favorecer la ''empleabilidad'' del alumnado impregnando la ense&ntilde;anza p&uacute;blica de vocablos y neologismos de corte economicista y empresarial, como el <em>coaching</em>, la rentabilidad o el emprendimiento. Y todo ello pese al empeoramiento paulatino de los resultados de nuestro pa&iacute;s en las pruebas PISA, los elevados &iacute;ndices de fracaso escolar y los bajos resultados acad&eacute;micos generalizados. En cambio, las metodolog&iacute;as m&aacute;s tradicionales y de eficacia constatada, como la clase magistral, se denigran y tratan como impostoras. Y es que los militantes de esta neopedagog&iacute;a se postulan como los &uacute;nicos valedores del aprendizaje significativo, promoviendo charlas inefables y proclamando fr&iacute;volos esl&oacute;ganes como el tan manido ''aprender a aprender''.
    </p><p class="article-text">
        No se trata tampoco de regresar a tiempos grises para retomar modelos educativos autoritaristas y trasnochados, sino de acertar en el diagn&oacute;stico y tratamiento de los males de la ense&ntilde;anza espa&ntilde;ola. Si de verdad queremos recuperar el verdadero sentido de la escuela y el aprendizaje, debemos dejarnos de tanto mito y ocurrencia pedagogista y centrarnos en formar una ciudadan&iacute;a cr&iacute;tica, consciente e informada, capaz de abordar con autonom&iacute;a y responsabilidad el futuro que se les presenta. Recuperar la independencia docente, reducir las ratios y la burocracia, prestigiar el conocimiento, mejorar las condiciones de trabajo del profesorado y aumentar la inversi&oacute;n en educaci&oacute;n p&uacute;blica, son recetas irrenunciables para recuperar todo el terreno perdido. Y todo ello volviendo a confiar en la labor del docente, tan denostada en los &uacute;ltimos tiempos por los medios de comunicaci&oacute;n y los poderes pol&iacute;ticos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jacob Guinot, Ricardo Chiva Gómez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/estafa-nueva-educacion_129_8128257.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Jul 2021 04:00:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La estafa de la nueva educación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,Profesores,Enseñanza,Informe Pisa]]></media:keywords>
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