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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Hesse]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria-hesse/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Hesse]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Autoras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/autoras_129_9165519.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1598564d-19fb-4a5f-a508-8b0956886f7a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Autoras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Uno de los principios del arte es la necesidad de hablar de lo que nos mueve por dentro, de lo que nos inquieta, de cómo habitamos este mundo. Es la naturaleza humana, ¿en cuántos libros los hombres nos cuentan cómo se enfrentan al amor, al paso del tiempo?</p></div><p class="article-text">
        No me recuerdo sin un l&aacute;piz en la mano. Desde ni&ntilde;a viv&iacute;a imaginando historias que finalmente acababa plasmadas en un papel. Mi madre se encarg&oacute; de guardar todas las que pudo y, cuando voy a su casa, todav&iacute;a me pierdo en esas cajas llenas de blocs y folios pintados a dos caras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el colegio nadie nos ense&ntilde;&oacute; que se pod&iacute;a vivir del dibujo, desarrollar una carrera profesional. Te hablaban de pintores (todos se&ntilde;ores, por supuesto), pero no te dec&iacute;an que adem&aacute;s de pintar cuadros y frescos, aquellos libros que us&aacute;bamos para estudiar y que estaban llenos de ilustraciones los hab&iacute;a hecho una persona, y que ese era su modo de vida. O que los &aacute;lbumes que le&iacute;amos tambi&eacute;n eran arte. Que el dibujo est&aacute; por todas partes donde miremos, en nuestra ropa, la tele, los anuncios, la prensa &iexcl;hasta en el Curro de la Expo 92!
    </p><p class="article-text">
        En la adolescencia solo unos pocos segu&iacute;amos dibujando, nos hab&iacute;an adoctrinado bien para comprender que era algo que no serv&iacute;a para mucho. Fue en aquella &eacute;poca cuando descubr&iacute; el mundo de los c&oacute;mics. Me debat&iacute;a entre leer Spiderman, o Videogirl Ai. Recuerdo que el dibujante Luis Rollo se hab&iacute;a puesto de moda, por lo que no es de extra&ntilde;ar que muchas sinti&eacute;ramos que era un mundo ajeno al nuestro. La representaci&oacute;n de la mujeres era terriblemente sexista, y mira, lo de ir peleando por la vida, pues la verdad que cero inter&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero a m&iacute; me encantaba dibujar y contar historias, as&iacute; que ten&iacute;a que encontrar mi hueco en ese universo. Cuando pod&iacute;a me escapaba desde el pueblo a la ciudad para ir a las tiendas especializadas de c&oacute;mics y descubrir cosas nuevas. Le&iacute; a Charles Burns, Enki Bilal, Neil Gaiman&hellip; y mi fascinaci&oacute;n fue creciendo.
    </p><p class="article-text">
        Ya en la universidad me decid&iacute; a entrar en una asociaci&oacute;n de c&oacute;mic para hablar de autores a los que admiraba (y lo sigo haciendo), intercambiar descubrimientos y organizar salones: oficialmente me hab&iacute;a convertido en una rareza. &iquest;Qu&eacute; hac&iacute;a una mujer en un mundo de hombres? Seguro que ahora alg&uacute;n se&ntilde;or muy listo dir&aacute; que en aquellos a&ntilde;os ya &ldquo;hab&iacute;a mujeres&rdquo;, porque la necesidad de explicarnos cosas (a las mujeres) es inmensa, y s&iacute;, hab&iacute;a unas pocas que met&iacute;an la cabeza, y por supuesto que nosotras las conoc&iacute;amos, eran nuestra esperanza. Me refiero a por ejemplo Ana Juan, Jill Tompson, Maitena&hellip; ellas hab&iacute;an conseguido ser ese bicho ex&oacute;tico al que se le permit&iacute;a estar.
    </p><p class="article-text">
        En aquella &eacute;poca, a todos a los que nos gustaba dibujar, &iacute;bamos con nuestros portafolios a ense&ntilde;ar lo que, con mayor o menor torpeza, sab&iacute;amos hacer. Los invitados a esos salones, ya fueran autores, asistentes, editores, directores y un largo etc&eacute;tera, eran en un 98% hombres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo viv&iacute;a, como dice Moderna de Pueblo, <em>idiotizada</em>, pensaba que era &ldquo;la guay&rdquo; por ser parte de ese porcentaje m&iacute;nimo. O no tuve la capacidad cr&iacute;tica de analizar lo machista que fue la situaci&oacute;n de que la &uacute;nica propuesta laboral que me lleg&oacute; en uno de aquellos eventos fue la de participar en una pel&iacute;cula porno. Me estaban dejando claro cu&aacute;l era mi valor, lo que interesaba era mi cuerpo, lo que tengo entre las piernas. Y de forma habitual, se&ntilde;ores diez a&ntilde;os mayores que nosotras nos hablaban por el inter&eacute;s de acceder a &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Me parece un milagro que con aquel panorama a&uacute;n qued&aacute;ramos compa&ntilde;eras con ganas de intentarlo. Y no es algo aislado en el mundo del tebeo, tambi&eacute;n ha sido as&iacute; en cualquier disciplina art&iacute;stica, ya fuese la literatura, el cine, la m&uacute;sica&hellip; A la ausencia de referentes femeninos a lo largo de la historia, se un&iacute;a la batalla de adentrarte en un entorno que nos trata con condescendencia y sexismo.
    </p><p class="article-text">
        Pero, para bien o para mal, llegaron las redes sociales, y con ellas la posibilidad de mostrar nuestro trabajo fuera de esos c&iacute;rculos. A esto se un&iacute;a un p&uacute;blico formado por mujeres que ansiaban sentirse representadas en las historias que le&iacute;an. Est&aacute;bamos hartas de ser la barbie objeto, la cuidadora, la que no envejece, la que no se despeina ni follando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y se hizo la magia: aparecieron y tuvieron visibilidad compa&ntilde;eras abri&eacute;ndonos camino, y por qu&eacute; no decirlo, pet&aacute;ndolo.
    </p><p class="article-text">
        Con este peque&ntilde;o triunfo, tambi&eacute;n llegan los post de aquellos que se preguntan por qu&eacute; esas vi&ntilde;etas tienen &eacute;xito, cuestionando si sabemos dibujar (eso s&iacute;, Cutlas mola). Un cuestionamiento general que se da en cualquiera de las disciplinas art&iacute;sticas y culturales. Nos toca soportar las cr&iacute;ticas de si el &eacute;xito es merecido o est&aacute; ah&iacute; por nuestro f&iacute;sico, o porque seguro que nos hemos comido alguna polla, porque algo muy com&uacute;n es atribuirle &eacute;xito a nuestro recipiente y al hecho de hacer uso de &eacute;l y ponernos de rodillas cada vez que es necesario.
    </p><p class="article-text">
        Pero sus cr&iacute;ticas y sus llantos nos dan igual. Hoy en d&iacute;a, las largas colas de firmas en salones y ferias son, en general, para nosotras. Ya no tenemos que demostrar nada, aunque en el fondo, silencioso y agazapado, el patriarcado devastador siga ejerciendo poder a trav&eacute;s del s&iacute;ndrome de la impostora.
    </p><p class="article-text">
        Y, por desgracia, la realidad es que la mayor&iacute;a de premios se los siguen llevando ellos. En los Goya 2022 s&oacute;lo 9 de las 43 pel&iacute;culas que optaban a la estatuilla fueron dirigidas por mujeres, y el presupuesto que reciben para hacerlas es menor, &iquest;por qu&eacute;? Porque a&uacute;n nos consideran nicho. Nuestras creaciones cargan con la pesada etiqueta de lo femenino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando me entrevistan todav&iacute;a me preguntan si pienso hacer alg&uacute;n libro protagonizado por un hombre (aunque exista la biograf&iacute;a de Bowie). Y siempre pienso lo mismo &iquest;Les preguntan a ellos por su sensibilidad masculina y cu&aacute;ndo escribir&aacute;n sobre una protagonista femenina?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gran parte de las creadoras todav&iacute;a tenemos que justificar nuestro trabajo aunque la realidad es algo m&aacute;s simple y universal: a nosotras, las mujeres artistas, nos gusta hacer lo mismo que a los hombres, contar historias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Uno de los principios del arte es la necesidad de hablar de lo que nos mueve por dentro, de lo que nos inquieta, de c&oacute;mo habitamos este mundo. Es la naturaleza humana, &iquest;en cu&aacute;ntos libros los hombres nos cuentan c&oacute;mo se enfrentan al amor, al paso del tiempo? &iquest;Cu&aacute;ntos libros de ficci&oacute;n hay de neur&oacute;ticos?&iquest;De guerras? &iquest;Cu&aacute;ntas pel&iacute;culas ha hecho Scorsese sobre g&aacute;nsters? A nosotras nos queda mucho que contar, mucha sangre menstrual que compartir, partos y postpartos, p&eacute;rdidas, gestaciones, historias de maltrato, o relatos de mujeres mediocres, que es algo que nunca se nos ha permitido ser. Necesitamos leerlas, visionarlas, y encontrarnos en esos lugares comunes que cre&iacute;amos que eran individuales. Estamos lej&iacute;simos de agotar estos temas porque durante siglos se nos ha invisibilizado y menospreciado. Y esto no quiere decir que por nuestra condici&oacute;n de g&eacute;nero utilicemos una &uacute;nica narrativa. Queremos crear libremente, sin tener que asumir la responsabilidad de ce&ntilde;irnos a cuestiones concretas.
    </p><p class="article-text">
        Es curioso que sintamos como todo un &eacute;xito personal cuando por fin aparecemos en una lista de los mejores c&oacute;mics u otras disciplinas art&iacute;sticas sin cargar con la etiqueta &ldquo;femenino&rdquo;. Aun as&iacute; siempre aparecer&aacute; alg&uacute;n colega para decirte &ldquo;qu&eacute; fuerte que est&eacute;s ah&iacute; junto a Spiegleman, Paco Roca o Azzarello&rdquo;. &iquest;Hab&iacute;a m&aacute;s mujeres en esa lista? S&iacute;, y as&iacute; se lo manifest&eacute;, pero seg&uacute;n &eacute;l eso ya era cuesti&oacute;n de gustos. Al colega, quienes le importaban eran estos. Estos son los trabajos de calidad. Pero no se trata de una cuesti&oacute;n de gusto, porque a m&iacute; me gusta Paco Roca. La cuesti&oacute;n importante es de g&eacute;nero porque su comentario no era un elogio hacia m&iacute;. &Eacute;l realmente se preguntaba c&oacute;mo alguien como yo y mis compa&ntilde;eras pod&iacute;amos estar ah&iacute;, con los autores &ldquo;de verdad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora que estamos ocupando estos peque&ntilde;os espacios, tambi&eacute;n nos lo quieran quitar. Quer&iacute;amos creer que el caso de de Carmen Mola era algo anecd&oacute;tico, pero la triste realidad es que no es as&iacute;.&nbsp; Recientemente algo similar ha vuelto a ocurrir y tras un seud&oacute;nimo femenino hab&iacute;a un se&ntilde;or.&nbsp; No citar&eacute; el nombre del individuo porque sinceramente me da pereza hacerle publicidad &iquest;Puede ir la broma m&aacute;s lejos? Puede, porque en su perfil se denominaba feminista y sus tiras c&oacute;micas trataban de forma habitual esa tem&aacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mucho alboroto se ha creado alrededor. &iquest;Qu&eacute; hay de malo en que un hombre use un pseud&oacute;nimo de mujer cuando es algo que han hecho ya las mujeres? Las mujeres nos hemos visto obligadas a usar seud&oacute;nimos para poder publicar y para que se tomara en serio nuestro trabajo. Cuando Maria Lej&aacute;rraga, la mayor dramaturga de nuestra historia, reclamo la autor&iacute;a de toda su obra firmada por su marido Gregorio Mart&iacute;nez Sierra, nadie la crey&oacute;, y el alegato que daban es que era demasiado buena para estar escrito por una mujer. Hab&iacute;a mucha gente a su alrededor que conoc&iacute;a la verdad, pero nadie sali&oacute; a apoyarla. Virginia Wolf sentenci&oacute; que &ldquo;an&oacute;nimo&rdquo; ten&iacute;a nombre de mujer. Habr&aacute; quien defienda que hab&iacute;a una intenci&oacute;n de lucro por parte de las mujeres cuando usaban el seud&oacute;nimo, y que, por lo tanto, es lo mismo, pero la diferencia es clara. Unas intentaban crear en un mundo que no se les permiti&oacute;, mientras en este caso, un mundo donde aun no hay paridad, trivializan y mercantilizan la lucha feminista para sacar r&eacute;dito. Y esto toca la moral bastante, porque aquellas que hablamos de feminismo se nos cuestiona si lo hacemos para conseguir visibilidad, sin saber el agotamiento mental qu&eacute; supone, y la de odio e insulto que recibimos por ello.
    </p><p class="article-text">
        Esta persona alega que nunca dijo que fuera mujer, que es el nombre de su personaje, pero curiosamente respondi&oacute; a entrevista como si lo fuera, y comparti&oacute; fotos suyas con la imagen de una chica.
    </p><p class="article-text">
        La otra pregunta es si un hombre no puede hablar sobre feminismo. Evidentemente puede, ojal&aacute; todos se implicaran de forma real porque es necesario. Lo que no es l&iacute;cito es hacerse pasar por una de nosotras para hablar de nosotras. O mercantilizar una lucha por la que muchas somos se&ntilde;aladas y cuestionadas. Es curioso que cuando nosotras nos posicionamos en el movimiento feminista, somos criticadas, y en este caso, ellos son elogiados. Podr&iacute;a explicar c&oacute;mo deben ser part&iacute;cipes del movimiento, pero sinceramente me da pereza. Se&ntilde;ores, lean e investiguen como hemos hecho nosotras. Los libros est&aacute;n ah&iacute; para todo el mundo. Leednos, escuchadnos y dejad de cuestionarnos todo el rato.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Hesse]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/autoras_129_9165519.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Jul 2022 21:00:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Autoras]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nunca fuimos tan aburridamente importantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aburridamente-importantes_129_8207604.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c42271c9-4e92-4f29-9baa-61d685ccf68b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nunca fuimos tan aburridamente importantes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tu yo real, lo que antes estaba bien o a lo que ni siquiera prestabas atención, ahora no es lo suficientemente bueno como para mostrarlo públicamente</p></div><p class="article-text">
        Llega el verano y aunque todos los a&ntilde;os te peleas contigo misma por no caer en la trampa y aceptarte tal y como eres, meses antes comienzas con la operaci&oacute;n bikini. Que no se llame operaci&oacute;n ba&ntilde;ador u operaci&oacute;n playa ya es bastante significativo, queda claro que lo de estar perfectas y espectaculares en esta &eacute;poca del a&ntilde;o es cosa nuestra. 
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado se hizo en redes una campa&ntilde;a <em>body positiv</em>, donde miles de mujeres mostraban su cuerpo real, tal y como es, manifestando que existe diversidad de cuerpos y todos son v&aacute;lidos. Incluso se unieron compa&ntilde;eras de figuras esculturales&nbsp;que mostraban con esfuerzo esa zona que a ellas les desagradaba y que las dem&aacute;s no logr&aacute;bamos entender, pero no cuestiono que lo hicieran. Lo que comprend&iacute; con ellas es la ferocidad de la presi&oacute;n que se ejerce hacia nuestra est&eacute;tica consiguiendo as&iacute; que nunca nos veamos perfectas tal y como somos, incluso habiendo invertido tiempo y dinero en ello.
    </p><p class="article-text">
        Lleg&oacute; el invierno y nuestras carnes defectuosas las cubrimos de jers&eacute;is y abrigos y muchas nos olvidamos de esos kilos que nos fastidian, ahora nuestros rostros son los&nbsp;protagonistas. Las redes sociales, que se han convertido en el espejo donde nos miramos, son nuestra nueva realidad, donde buscamos las referencias, y se inundan de caras angulosas, de labios gruesos y pesta&ntilde;as XL. No hay manchas en la piel, ni ojeras, incluso si se nos antoja podemos tener pecas. Snapchat e Instagram han creado un sin fin de filtros donde sin necesidad de cirug&iacute;a conseguimos parecernos a nuestra actriz favorita, o no, porque resulta que incluso ella tambi&eacute;n ha sucumbido a la magia de dichos efectos. 
    </p><p class="article-text">
        Algunas chicas manifiestan que quiz&aacute;s se est&eacute; haciendo un uso abusivo de estos filtros (las consultas a cirujanos aumentaron solicitando tener la belleza inalcanzable que se consigue con los filtros). Otras manifiestan que ellas en estos lares virtuales lo que quieren es verse bien, que para que las veamos mal, vayamos a buscarlas cuando bajan a hacer recados. Lo que la gente r&iacute;e y aplaude lleva detr&aacute;s un mensaje peligroso. Tu yo real, lo que antes estaba bien o a lo que ni siquiera prestabas atenci&oacute;n, ahora no es lo suficientemente bueno como para mostrarlo p&uacute;blicamente.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que es normal que cuando estemos con nuestras amistades en un bar, en el momento de hacernos la foto de turno, no nos reconozcamos en ella. No hay retoques, no hay pose, no hay filtro. No es el espejo donde nos miramos todos los d&iacute;as, algunas cada cinco minutos. Nunca en nuestra vida nos hab&iacute;amos mirado tan continuamente. Nuestra imagen aparec&iacute;a ante nuestros ojos cuando te lavabas los dientes y la cara, o al vestirte para salir de casa. Nunca fuimos tan aburridamente importantes.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o la campa&ntilde;a <em>body positiv</em> no aparece por ning&uacute;n lado, ya no est&aacute; de moda. As&iacute; que t&uacute; vuelves a la idea de poner en forma tu figura antes de tu primer d&iacute;a de playa, pero cada vez te cuesta m&aacute;s trabajo. Ya no es solo cuesti&oacute;n de adelgazar, tu cuerpo es otro, tu piel no se muestra tersa como antes y la grasa que se te acumula en la barriga y los muslos permanece en su lugar como si hubiera firmado un contrato indefinido con tus c&eacute;lulas, est&aacute;n ah&iacute; para quedarse. Te preguntas si quiz&aacute;s deber&iacute;as haber hecho m&aacute;s deporte y te cargas con la responsabilidad de no haber conseguido estar mejor. Esto no lo salva ni las poses, ni los filtros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me enfado conmigo misma &iexcl;C&oacute;mo yo que soy feminista y que se supone que he aprendido la lecci&oacute;n sigo cayendo en la trampa! Me hago mayor, mi cuerpo al igual que mi cara est&aacute; cambiando. Este invierno decid&iacute; no usar los dichosos filtros. Me enfrent&eacute; a lo que las chicas de Girlygirl Magazine llaman &ldquo;La se&ntilde;ora del espejo&rdquo;. Un d&iacute;a me mir&eacute; y all&iacute; estaba, algo hab&iacute;a cambiado. Durante mucho tiempo me hab&iacute;a visto como alguien de veintimuchos. Pero resulta que tengo treintaitodos y no podemos luchar contra el paso inexorable del tiempo. No es la arruga, ni la cana. Es todo. Inevitablemente nos vamos transformando, la cintura ensancha, el col&aacute;geno se escapa de los poros, los huesos del rostro tambi&eacute;n parecen estar de festival. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el <em>body positiv</em> de la madurez? Lo sabes, hay un vac&iacute;o. Quiero pensar que quiz&aacute;s ese vac&iacute;o en las redes sociales existe porque la madurez nos da la inteligencia para dar una patada al m&oacute;vil y mandarlas al carajo. Pero no solo es aqu&iacute; donde buscamos referentes. El cine, los libros, las series o los programas de televisi&oacute;n son los lugares tradicionales. &iquest;A partir de qu&eacute; edad dejamos de existir? Muchas actrices luchan por no evaporarse, sucumben pronto a la cirug&iacute;a. El p&uacute;blico incluso aplaude c&oacute;mo han mejorado sus rostros, hasta que la transformaci&oacute;n se vuelve monstruosa, y entonces se&ntilde;alan c&oacute;mo han perdido la cabeza y no supieron parar. 
    </p><p class="article-text">
        Es f&aacute;cil juzgar desde la frontera, pero nuestros trabajos no dependen de la edad que aparentamos. Mientras los hombres tienen sus mejores papeles a partir de los cuarenta y muchos (Leonardo DiCaprio es ejemplo de ello), nuestras historias se diluyen y desaparecen. No es que no molemos, es que simplemente no estamos, no somos NADA.
    </p><p class="article-text">
        Pero no todo es desolador, las reivindicaciones est&aacute;n ah&iacute;. Kate Winslet se neg&oacute; a que retocaran sus arrugas y barrigas para la serie Marie Of Easttown. Hace poco Andie MacDowell aparec&iacute;a con su melena plateada en el festival de Cannes causando revuelo y admiraci&oacute;n. Nomadland, dirigida por Chlo&eacute; Zhao (la segunda mujer en ganar un Oscar a la mejor direcci&oacute;n) en mi opini&oacute;n a&uacute;n va m&aacute;s all&aacute;, tanto por lo que cuenta, como por la protagonista Franc&eacute;s McDormand de 64 a&ntilde;os (maravillosa en todo lo que hace, vean la serie Olive Kitteridge, curiosamente tambi&eacute;n dirigida y guionizada por mujeres), que no solo se trata de canas la cosa, sino de mostrarnos la diversidad de los cuerpos, los rostros y sobre todo las historias que nos representan. Esto tambi&eacute;n lo hacen otras tantas directoras como Lena Dunhan, Michalea Coel o Phoebe Walter- Bridge. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestra belleza no acaba con la edad, y ni mucho menos nuestras vidas. Reivindicamos as&iacute; encontrar esas referentes y reclamamos que se nos escuche y se nos deje crear nuestras historias, porque no es casualidad que sea en ellas donde rompemos con los roles y est&eacute;ticas que nos han sido impuestas durante demasiado tiempo. No somos nicho, somos la mitad de la poblaci&oacute;n y necesitamos existir en todas nuestras edades. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Hesse]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aburridamente-importantes_129_8207604.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Aug 2021 20:27:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Selfie,Redes sociales,Feminismo]]></media:keywords>
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