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    <title><![CDATA[elDiario.es - Claudia Piñeiro]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Claudia Piñeiro]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[En 'El Reino', la ficción también es mentira]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/reino-ficcion-mentira_129_8258049.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4255c2af-6f24-4709-b8ac-191646f69af2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En &#039;El Reino&#039;, la ficción también es mentira"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Celebro que 'El Reino' haya abierto un debate sobre ciertas iglesias y su relación con el poder. Sobre todo, acerca de cómo algunos partidos de derecha, desde Estados Unidos al sur del continente americano, han unido agenda con algunas iglesias para obtener beneficios que nada tienen que ver con la fe religiosa genuina de sus propios fieles, ajenos a esta manipulación</p><p class="subtitle">La serie sobre el papel de los evangélicos en la política que ha agitado la polémica en Argentina</p></div><p class="article-text">
        Escribo ficci&oacute;n. Y la ficci&oacute;n es mentira. Puede ser una mentira veros&iacute;mil o no, entretenida o no, que abre debates en la sociedad o no. Pero siempre mentira. Aunque una mentira que no pretende enga&ntilde;ar, como s&iacute; lo hace otro tipo de discursos, porque advierte que lo es y se define a s&iacute; misma en el contrato ficcional. Quien est&aacute; del otro lado acepta o no ese contrato.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con Marcelo Pi&ntilde;eyro, director de cine con una trayectoria y un prestigio que no hace falta que recuerde en esta&nbsp;columna, escribimos una serie de ocho cap&iacute;tulos, <em>El Reino</em>, que puede verse en la plataforma Netflix en m&aacute;s de 190 pa&iacute;ses. Aunque pasaron apenas dos semanas del estreno, tuvo un &eacute;xito de espectadores que no tiene antecedentes ni en nuestro pa&iacute;s, ni en muchos otros sitios. Se escuchan personas hablando de <em>El Reino</em> por la calle, en los bares, en programas de radio o tev&eacute; (de espect&aacute;culos, pol&iacute;ticos o deportivos). Se le han dedicado infinidad de notas de todo tipo en los medios gr&aacute;ficos, circulan <em>memes</em> con frases y personajes de la serie, caricaturas, <em>reels</em> en IG o TikTok. Netflix acaba de anunciar una segunda temporada y los fans de la serie invadieron las redes pidiendo precisiones sobre la fecha de estreno.
    </p><p class="article-text">
        <em>El Reino</em> abri&oacute; un debate. Tal vez, &eacute;se sea uno de sus mayores e impensados logros: que a partir de lo que esta ficci&oacute;n cuenta, se haya habilitado en la sociedad una discusi&oacute;n que permita pensar en voz alta algo que estaba latente, que necesitaba hablarse puertas afuera,&nbsp;entre todos, discutirse. No s&eacute; si se le puede pedir mucho m&aacute;s a una ficci&oacute;n. Un escritor, como cualquier otra artista, ejerce su tarea con libertad. La libertad creativa es un derecho que, felizmente, hoy no s&oacute;lo no se discute sino que, ante ataques, nuestra sociedad defiende como un valor que no estamos dispuestos a perder. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, algunos le piden m&aacute;s de lo que es a la ficci&oacute;n. O al menos a<em> El Reino</em>. Se le pide, casi, que no sea ficci&oacute;n, que quien la cre&oacute; acepte algunas &ldquo;indicaciones&rdquo; de todo tipo que pretenden poner l&iacute;mites a la libertad creativa. Que el Pastor Emilio o la Pastora Elena no sean los que inventamos sino otros, m&aacute;s ajustados a los pastores que se describen desde las ciencias sociales, por ejemplo. O mejor dicho, los que describen algunos especialistas consultados en las ciencias sociales, cada uno con su campo de estudio acotado al que definieron al momento de hacer su propia investigaci&oacute;n, y que por lo general deja afuera alguna provincia, alguna Iglesia en particular, alg&uacute;n fen&oacute;meno religioso o empresarial que no interesa para su estudio. Seguramente est&aacute; bien que as&iacute; sea. Yo no s&eacute; de investigaci&oacute;n en ciencias sociales as&iacute; que no opino sobre esos trabajos, m&aacute;s all&aacute; de que me interesen y los lea. 
    </p><p class="article-text">
        En la ficci&oacute;n no hay campo de estudio ni conclusiones fruto de investigaciones hechas con m&eacute;todos cient&iacute;ficos. Ni tiene por qu&eacute; haberlos, a menos que quien la conciba los necesite para inventar ese mundo al que quiere darle forma. La ficci&oacute;n no propone&nbsp; conclusiones a las que s&iacute; pueden arribar los investigadores de las ciencias sociales sino, como dije antes, un contrato ficcional: el espectador, el lector, sabe que eso que se le cuenta es mentira y, ante la propuesta, decide entrar o no a ese mundo que alguien abri&oacute; delante de &eacute;l sin otra pretensi&oacute;n que contarle una historia. 
    </p><p class="article-text">
        Yo conf&iacute;o en ese otro y esa otra que est&aacute; all&iacute; para decidir qu&eacute; quiere que le cuenten y que no. Yo conf&iacute;o y defiendo la libertad de creaci&oacute;n de quien quiera contar una historia. Los y las escritores de narrativa, guionistas, dramaturgos creamos personajes, y esos personajes, para bien y para mal, son &uacute;nicos, no responden a un promedio, sino a una particularidad. Dar cuenta de todos los distintos tipos de pastores evang&eacute;licos que hay en la Argentina, desde el Chaco hasta Tierra del Fuego, en un solo personaje ser&iacute;a una tarea que a ning&uacute;n guionista que quiera hacer bien su trabajo se le cruzar&iacute;a por la cabeza. Ni siquiera &ldquo;mostrar&rdquo; por ac&aacute; y por all&iacute;, en alguna escena sin necesidad dram&aacute;tica, que hay una infinidad de otro tipo de pastores diferentes a Emilio V&aacute;zquez Pena, para que nadie pueda decir que no sabemos que s&iacute;, que efectivamente, existen otros. Porque si lo hici&eacute;ramos, esa ficci&oacute;n no funcionar&iacute;a, no abrir&iacute;a debate, no permitir&iacute;a la discusi&oacute;n, no posibilitar&iacute;a que los especialistas en la materia dieran su punto de vista sobre la realidad que estudian y de la que no se hablaba en el debate p&uacute;blico del modo en que se habla despu&eacute;s de un fen&oacute;meno como &eacute;ste.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el arranque de Ana Karenina, Tolstoi dice:&nbsp; &ldquo;Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada&rdquo;. Y, claro, a la ficci&oacute;n le interesan m&aacute;s las familias y personajes que tienen conflictos, claroscuros, secretos, desgracias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Celebro que <em>El Reino</em> haya abierto un debate sobre ciertas iglesias y su relaci&oacute;n con el poder. Sobre todo, acerca de c&oacute;mo algunos partidos de derecha, desde Estados Unidos al sur del continente americano, han unido agenda con algunas iglesias para obtener beneficios que nada tienen que ver con la fe religiosa genuina de sus propios fieles, ajenos a esta manipulaci&oacute;n. Porque en definitiva de eso habla<em> El Reino</em>. Del poder. Y ojal&aacute; la discusi&oacute;n p&uacute;blica se extienda a otros poderes de los que tambi&eacute;n se habla en la serie. Los servicios de inteligencia, por ejemplo. O la pol&iacute;tica y los pol&iacute;ticos. O la justicia. O qui&eacute;n maneja hoy el mundo. En estos d&iacute;as aparecieron hilos maravillosos de personas que saben mucho m&aacute;s que yo de todos estos temas. Uno de los que m&aacute;s me interes&oacute; habla de irregularidades en el sistema judicial argentino cuando debe investigar casos de abusos, de desaparici&oacute;n de menores, de padres que reclaman por sus hijos e hijas en puertas que nadie abre, o que incluso cierran a pedido. Ojal&aacute; nuestra sociedad tambi&eacute;n habilite ese debate, el del funcionamiento de la justicia de las &ldquo;peque&ntilde;as causas&rdquo;, las que no ocupan las primeras planas de los diarios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as recib&iacute; testimonios conmovedores de personas que vivieron muchos a&ntilde;os dentro de algunas iglesias y que se sintieron identificadas por lo que cuenta <em>El Reino</em>: desde haber perdido su casa o gran parte de su patrimonio, hasta haberse sentido abusados de distinta manera. Tambi&eacute;n recib&iacute; mensajes de personas que, por el contrario, se sintieron protegidas y ayudadas en iglesias evang&eacute;licas donde encontraron lo que buscaban. En algunos mensajes&nbsp;me cuentan que conocieron a pastores iguales a los de <em>El Reino</em>, y en otros que conocieron a pastores muy distintos, a veces mejores, a veces incluso peores. El mundo que cuenta esta serie es acotado, el que se abri&oacute; a debate es mucho mayor. Al debate podemos pedirle m&aacute;s debate, pero a la ficci&oacute;n no podemos pedirle que no sea ficci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Claudia Piñeiro]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Aug 2021 21:06:19 +0000]]></pubDate>
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