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    <title><![CDATA[elDiario.es - Natalia Carrero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/natalia-carrero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Natalia Carrero]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Subidas y bajadas alpinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/subidas-bajadas-alpinas_1_10435975.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/184a6a27-d657-43b4-bc7f-b04179409ff4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Subidas y bajadas alpinas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 'Perspectivas del Mont Blanc', Mary Shelley o Alexandre Dumas se suman a una expedición a lo largo del tiempo y las aristas hacia la cumbre más alta de la Unión Europea</p><p class="subtitle">Viajar para escribir -  Octave Mirbeau en '628-E8', las distracciones de un escritor que conduce en 1907 </p></div><p class="article-text">
        El macizo del Mont Blanc y sus poblaciones aleda&ntilde;as, hoy rentables destinos tur&iacute;sticos y deportivos, nunca han dejado de fascinar a miradas de todas las &eacute;pocas, condiciones y predisposiciones. &ldquo;Hay en los Alpes ascensionistas asiduos, como en Baden y en M&oacute;naco se ven habituales de la ruleta. &iquest;Es acaso el amor a la ciencia lo que los empuja? No: suben por subir&rdquo;, coment&oacute; en 1876 un arquitecto franc&eacute;s acerca del turismo incipiente de la &eacute;poca. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>Perspectivas del Mont Blanc</em> (Alba Editorial) Isabel Gonz&aacute;lez-Gallarza propone una estimulante antolog&iacute;a de textos que alternan el enfoque literario de mayor y menor calado con el apunte o documento de &ldquo;simples viajeros de ayer y de hoy, cient&iacute;ficos, exploradores, ge&oacute;grafos, testigos oculares y gu&iacute;as de monta&ntilde;a&rdquo;. Que el primer texto se remonte a 1606 y la lectura avance cronol&oacute;gicamente, adem&aacute;s de servir de repaso hist&oacute;rico, geogr&aacute;fico, incluso ecol&oacute;gico, de nuestra relaci&oacute;n con el enclave m&aacute;s alto de la Uni&oacute;n Europea, invita a tomar conciencia de nuestro presente demasiado veloz y algo idiota, con la crisis clim&aacute;tica deshaciendo glaciares y aumentando grietas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cinco monta&ntilde;as, se&ntilde;ora, de hielo puro, de la cabeza a los pies; pero de un hielo que podemos llamar perpetuo&rdquo;. En 1669 un funcionario franc&eacute;s lamentaba por carta la separaci&oacute;n de su amada durante d&iacute;as de subidas y bajadas por las cinco monta&ntilde;as m&aacute;s peligrosas de puro hielo. Se cre&iacute;a que el Mar de Hielo de los glaciares a&uacute;n por explorar, y explotar neoliberalmente, permanec&iacute;a intacto desde la creaci&oacute;n del mundo. Las aguas del diluvio universal no hab&iacute;an podido derretirlo y bajo sus resplandores centelleantes aguardaban cristales y piedras preciosas. 
    </p><p class="article-text">
        Al cabo de 75 a&ntilde;os el terrateniente brit&aacute;nico Sir William Windham encabez&oacute; y coste&oacute; la primera expedici&oacute;n por los Alpes. Esta novata incursi&oacute;n tur&iacute;stica de ocho personas m&aacute;s cinco criados que parti&oacute; de Ginebra result&oacute; una bienaventurada traves&iacute;a con bruscos deslizamientos inesperados y otras sorpresas como los avistamientos de &iacute;bices, cabras que saltan precipicios con una precisi&oacute;n asombrosa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Ilustración de Gustave Doré del primer ascenso del cervino por Edward Whymper y su equipo en 1865"
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                Ilustración de Gustave Doré del primer ascenso del cervino por Edward Whymper y su equipo en 1865                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Se considera a Horace B&eacute;n&eacute;dict de Saussure, primer cient&iacute;fico que subi&oacute; a la cima del Mont Blanc, el fundador del alpinismo. Adem&aacute;s de inventariar la bot&aacute;nica, la geolog&iacute;a y la f&iacute;sica de la regi&oacute;n, prometi&oacute; una importante recompensa a quien definiera el camino hasta la cima. En agosto de 1786 Jacques Balmat y el doctor Paccard se embolsaron el dinero. Antes de morir rentabilizaron la haza&ntilde;a que protagonizaron al l&iacute;mite de sus fuerzas y con las manos congeladas, al cont&aacute;rsela a Alexandre Dumas padre. No mucho despu&eacute;s un quincea&ntilde;ero de abolengo, sobrino de c&eacute;lebres pioneros de la aviaci&oacute;n francesa se empe&ntilde;&oacute; en repetir el logro, sin llegar a conseguirlo. &ldquo;Escup&iacute;a sangre y a punto hab&iacute;a estado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n de verme arrastrado por pasillos de avalanchas. Para mi profundo pesar, tuve que resignarme a bajar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo hoy puede resultar algo polvoriento el discurso de qui&eacute;n fue el primero que subi&oacute; a esta y aquella cima, en masculino adinerado y, casi siempre, con honores. Para equilibrar la balanza siempre se pueden encontrar perspectivas desde otros &aacute;mbitos y con intenciones igualmente ilustrativas; historias de gente &ldquo;sin historia&rdquo; que habitaron las aldeas suizas en las que abundaban los casos de bocio o cretinismo, as&iacute; como de quienes participaron en la construcci&oacute;n del observatorio Janssen cuyos cimientos no soportaron el &ldquo;lenguaje de las llanuras&rdquo; y que hoy sigue enterrado.
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                Mont Blanc visto desde Chamonix                            </span>
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        Si como afirma Isabel Gonz&aacute;lez-Gallarza en su introducci&oacute;n, para escribir de verdad sobre el Mont Blanc es necesario conocerlo o hay que haber estado all&iacute;, Mary Shelley tambi&eacute;n captur&oacute; su atm&oacute;sfera de aristas verticales y llanuras heladas. Chamonix y los glaciares fueron escenarios de <em>Frankenstein o el moderno Prometeo</em>, cuando se produce el desencuentro entre el doctor Frankenstein, que hab&iacute;a regresado a su aldea de la infancia en busca de imposible sosiego, y su criatura condenada a la soledad. &ldquo;Mi refugio son las monta&ntilde;as desiertas y los desolados glaciares. He vagado por aqu&iacute; durante muchos d&iacute;as; las cavernas de hielo, que &uacute;nicamente yo no temo y el hombre no apetece, son mi morada.&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        Johanna Schopenhauer, madre del fil&oacute;sofo y autora de &eacute;xito que firmaba con su nombre, y la viajera empedernida George Sand tambi&eacute;n estuvieron en Chamonix. Esta &uacute;ltima describe desde la ventana de su alcoba el cintur&oacute;n gran&iacute;tico del Mont Blanc bajo las grandes estrellas del firmamento mediante unos despliegues metaf&oacute;ricos que frena en seco su reconocible y mundano sentido del humor, al afirmar que lo m&aacute;s hermoso que ha visto en Chamonix es la belleza y el aplomo de su hija de ocho a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Atra&iacute;do por la magnificencia del paisaje, el alpinista ilustrador Edward Whymper empez&oacute; recorriendo monta&ntilde;as para dibujarlas y vender sus grabados. Mientras cuenta el ascenso al puerto de Dolent detalla las ventajas y desventajas de algunos elementos t&eacute;cnicos; las cuerdas y los distintos tipos de piolets para excavar escalones en el hielo. Cierran el volumen dos textos apasionados del divulgador alpinista Gaston R&eacute;buffat, de 1987, para quien la nieve cruje bajo los crampones, que la &ldquo;muerden&rdquo; bien. &ldquo;Antes de iniciar la marcha nocturna, el gu&iacute;a o el alpinista interrogar&aacute;n al cielo, al viento y a la noche, y tiene esta conversaci&oacute;n secreta y muda algo cautivador: una complicidad a la que luego sigue un compromiso&rdquo;. 
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                    alt="Un montañero posa en el Mont Velan a 3.765 metros de altura, detrás puede verse Gran Combin, en 1934"
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                Un montañero posa en el Mont Velan a 3.765 metros de altura, detrás puede verse Gran Combin, en 1934                            </span>
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        Tal vez &eacute;sa sea palabra a resignificar, dadas las consecuencias del calentamiento cabr&iacute;a debatir y matizar el compromiso del contrato, con sus correspondientes ingresos, que adquieren los gu&iacute;as profesionales, as&iacute; como esos otros compromisos, acaso m&aacute;s realistas y ambiciosos, que cada persona decide asumir respecto a los desplazamientos, vacaciones, deportes, tambi&eacute;n en lo referido a las tensiones sobre lo que se consume, se come y se desecha. El dif&iacute;cil compromiso de cuidar la tierra, en este caso concreto del macizo m&aacute;s imponente de Europa, pasar&iacute;a tambi&eacute;n por escuchar las demandas de los activistas que el pasado diciembre bloquearon el t&uacute;nel del Mont Blanc.
    </p><h3 class="article-text">Verano 2023 &iquest;descendiendo?</h3><p class="article-text">
        El algoritmo y la inteligencia artificial generan notificaciones. Ascensi&oacute;n Express en dos o tres d&iacute;as, opci&oacute;n dise&ntilde;ada para hacer cumbre en un tiempo reducido con un precio moderado. Salida desde Chamonix. Programa Confort, 4 d&iacute;as, 650 euros, m&iacute;nimo cuatro personas, no presenta grandes dificultades t&eacute;cnicas, no es necesario escalar pero s&iacute; tener una buena condici&oacute;n f&iacute;sica ya que hay jornadas con bastante desnivel. Objetivo Mont Blanc en seis d&iacute;as, aclimata bien tu cuerpo en altura. Mira el curr&iacute;culum deportivo del gu&iacute;a, sus titulaciones internacionales y escaladas m&aacute;s representativas. Cordadas por aristas de roca y de nieve. Reserva con antelaci&oacute;n la temporada de verano que va de junio a septiembre para asegurar plaza en los refugios. La cumbre es lo de menos. Adem&aacute;s de las ofertas de alpinismo por distintas aristas hay numerosas actividades; escalada en hielo, en roca, esqu&iacute;, trekking, entre otras.
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            <span class="title">
                Un escalador alcanza la cima de la Petite Aiguille Verte, en Les Grands Montets, en el macizo del Mont Blanc, el 24 de agosto de 2001                            </span>
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        Se dice que en la monta&ntilde;a lo importante es volver. Mientras prosiguen las ofertas de flujo de dinero y el deshielo, pa&iacute;ses como Francia aplican nuevas restricciones de acceso al Mont Blanc. Algunas perspectivas actualizadas y necesarias para resistirse a cualquier amago de nostalgia monta&ntilde;era quedan recogidas en <em>La virtud en la monta&ntilde;a. Vindicaci&oacute;n de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista </em>(Trea Ensayos), del historiador Pablo Batalla Cueto, para quien al igual que el clima, el alma humana tambi&eacute;n sufre un &ldquo;proceso de recalentamiento, de derretimiento y de evaporaci&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalia Carrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/subidas-bajadas-alpinas_1_10435975.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Aug 2023 20:06:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Subidas y bajadas alpinas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Viajes,Literatura,Alpinismo,Calentamiento global,Montañismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La lengua clínica y crítica de Begoña Huertas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/lengua-clinica-critica-begona-huertas_129_9986934.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/489b66f9-0a8c-4a25-87ed-d5e00a5b3eee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La lengua clínica y crítica de Begoña Huertas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se publica de manera póstuma 'El sótano', obra de la escritora asturiana que fue columnista de elDiario.es entre 2012 y 2018. La también escritora y amiga de la autora, Natalia Carrero, desentraña su obra</p><p class="subtitle">Hemeroteca - Lee los artículos de Begoña Huertas en elDiario.es</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Compongo versos claros sobre una cosa oscura&rdquo;. A esta consigna de Lucrecio se aplic&oacute; la autora de <em>El s&oacute;tano </em>(Anagrama, 2023), novela reci&eacute;n publicada a t&iacute;tulo p&oacute;stumo. El estilo pulcro de Bego&ntilde;a Huertas alcanza un punto no final, pues su silencio no suena a cierre ni definitivo. Se detiene m&aacute;s bien en un momento como de abandono, una cierta renuncia consciente. Realiza, por seguir tratando de definir la conclusi&oacute;n de una novela que al mismo tiempo lo es de una trayectoria literaria, un gesto de despedida que funciona como detonante de sentido a partir del cual las palabras mutan y se disgregan, se dispersan en una serie de 30 <em>collages</em>.
    </p><p class="article-text">
        Tras el ep&iacute;grafe-despedida titulado <em>La novela que no escrib&iacute;</em> contemplamos recortes de papel, textos rotos, manchados y fragmentos de fotograf&iacute;as de mujeres y hombres, ajedreces, caballos, copas, labios rojos, beatas y beatos de esta y de otras &eacute;pocas y &eacute;picas; en suma, materiales de descarte, desechos reunidos a mano, tijera, pegamento y pintura. Podr&iacute;a considerarse que la obra de Bego&ntilde;a Huertas concluye en una espl&eacute;ndida propuesta artesanal no exenta de la intenci&oacute;n de incomodar. Entre la infinidad de motivos de los <em>collage</em>, cuyos originales de mayor tama&ntilde;o alguna librer&iacute;a o sala podr&iacute;a animarse a exponer descubrimos, por ejemplo, el rev&eacute;s de la trama y la forja literaria; las palabras tachadas; el ruido generado por el choque de textos mutilados y relegados a cierta opacidad; la celebraci&oacute;n del desorden inevitable; la ruina de los cuerpos y los vapores rojos as&iacute; como la promesa de la semilla; apuntes fortuitos de bot&aacute;nica, la vida que sigue; abolici&oacute;n de las jerarqu&iacute;as y cadenas o condenas clasificatorias. <em>Ad infinitum.</em>
    </p><p class="article-text">
        El poema griego en seis cantos <em>De la naturaleza de las cosas</em> es el andamiaje del que Bego&ntilde;a Huertas decidi&oacute; servirse para rehabilitar <em>La man&iacute;a de entender</em>; t&iacute;tulo de la pen&uacute;ltima versi&oacute;n de la novela en la que se propuso avanzar durante su residencia en la Academia de Espa&ntilde;a en Roma. Esa man&iacute;a de entender, una vez detectada y adoptada como premisa en torno a la cual realizar sus pesquisas, resultar&iacute;a el hallazgo feliz, estrella del buen designio del proyecto. La autora reescribi&oacute; el viejo manuscrito mientras reservaba los folios para los futuros <em>collages</em>. Seguramente por entonces cont&oacute;, adem&aacute;s de con las &oacute;ptimas condiciones materiales y de salud, con dosis m&aacute;s que suficientes de un humor tan particular como ajedrec&iacute;stico, cr&iacute;tico y cl&iacute;nico, sin el cual <em>El s&oacute;tano</em> no nos interpelar&iacute;a tanto con sus fulgores. La novela desprende cada tanto unas v&iacute;vidas s&iacute;ntesis po&eacute;ticas, composiciones de palabras que se pueden extraer como m&aacute;ximas, muestras de la pluma bistur&iacute; de Bego&ntilde;a Huertas, tal vez para ser inyectadas como recetas esenciales cien por cien a favor de la enfermedad de vivir tendiendo al bien.
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            <span class="title">
                Collage de la autora                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;De repente se qued&oacute; mirando hacia un rinc&oacute;n y volvi&oacute; de all&iacute; llena de met&aacute;foras, como si aquella esquina fuera un caladero de f&iacute;sica cu&aacute;ntica y regresara con las redes del campo sem&aacute;ntico llenas de nuevos t&eacute;rminos y conceptos en los que apoyarse. La masa de un objeto no es solo la suma de las masas de las cosas que contiene, sino que incluye la energ&iacute;a que mantiene esas cosas unidas. De igual manera, la relaci&oacute;n entre dos personas no es la suma de dos, sino de tres partes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En ocasiones la narradora se divierte. Juega, como sol&iacute;a hacerlo tambi&eacute;n la autora experta del ajedrez, para hacer jaque al padre. En su libro anterior, testimonio sobre el c&aacute;ncer de colon cuyo primer diagn&oacute;stico afront&oacute; hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os, y de paso sobre las numerosas lecturas en torno a los malestares f&iacute;sicos que emple&oacute; como espejo y contraste, encontramos el desconcierto en el t&iacute;tulo. Ahora, en esta leve ficci&oacute;n quir&uacute;rgica recibimos ese mismo desconcierto pero expandido, dosificado en todas las p&aacute;ginas, inoculado en los espacios de la ficci&oacute;n. Salas comunes medio vac&iacute;as de pacientes con dolencias que se sospechan irremediables; la consulta de la doctora Mu&ntilde;oz que expone y analiza radiograf&iacute;as como si fueran obras cumbre del expresionismo abstracto. Estancias ajardinadas o forradas con moquetas silenciadoras de pasos, a veces con algo de m&uacute;sica de fondo; es el murmullo de la vida que sigue su ritmo de espaldas a la mortalidad. La narradora describe a rachas mientras conjetura lo que sucede tanto a su alrededor como en su propio cuerpo, y muy a su pesar. Un pesar que, de pronto, comprendemos en su crudeza y sin concesiones a la manera del proceso kafkiano que asegura haber le&iacute;do con su propio filtro, inevitablemente enfermizo y demoledor: &ldquo;La enfermedad no se elige, pero yo me comportaba como si hubiera tenido la culpa. Como si me hubiera estrellado aposta contra un muro, haci&eacute;ndome polvo, dej&aacute;ndome para el desguace&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al peso de la asunci&oacute;n del diagn&oacute;stico como pena sin lamentaciones, pues ni siquiera hay energ&iacute;as para ello, o como condena asumida en la que, siguiendo los imperativos m&eacute;dicos se van tapando, anestesiando los dolores; a toda esa materia, &ldquo;adormecida&rdquo;, &ldquo;enlazada&rdquo;, &ldquo;agitada&rdquo;, viene a a&ntilde;adirse el de la culpa social, siempre tan hip&oacute;crita y nada hipocr&aacute;tica. La sociedad supuestamente sana preferir&iacute;a que la protagonista se hubiera mantenido en su pista central, en lugar de marcarse ese desairado aparte, con la excusa de la dolencia del cuerpo, para ausentarse y penar por un s&oacute;tano blanqueado e higienizado hasta la &uacute;ltima mota de polvo. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; me cuesta tanto romper la l&oacute;gica, el pensamiento discursivo, la frase?&rdquo;, se pregunta en el decimotercer cap&iacute;tulo, <em>La naturaleza de las cosas</em>. &ldquo;Porque aunque yo transija, al fin, y acepte lo oscuro, no me siento c&oacute;moda transmitiendo esa oscuridad a mi alrededor.&rdquo; A continuaci&oacute;n, los collages reproducidos como miniaturas casi medievales por fin rompen la l&oacute;gica. La palabra, antes tan apegada a las luces de la raz&oacute;n, queda en patente e inc&oacute;moda disoluci&oacute;n, soterrada bajo materiales de derribo que acaso representan esa materia algo oscura, por desconocida, que compone el universo y cuanto contiene.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Collage de la autora                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><em><strong>Lectura salteada de cinco minutos por su obra, antes de estallar en collage</strong></em></h3><p class="article-text">
        Bego&ntilde;a Huertas <a href="https://www.youtube.com/watch?v=EVWeYN7h_v0" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">cont&oacute; en la biblioteca de la universidad de Navarra</a> que en ciertas etapas de la enfermedad apenas consigui&oacute; escribir. En b&uacute;squeda de espejos y referencias contrastables fue especializ&aacute;ndose en lecturas que abordaran la enfermedad desde cualquier perspectiva. Le&iacute;a como jugaba al ajedrez; jaque al padre. Resulta emocionante cuando afirma que de pronto comprendi&oacute; que se escribe con el cuerpo, nada m&aacute;s lejos que el tablero cuadrado lleno de cuadrados. El esfuerzo mental es un esfuerzo f&iacute;sico. En cuanto su propio estado f&iacute;sico, y la distancia sobre lo padecido, le abrieran una v&iacute;a a partir de la que objetivar la experiencia, emprender&iacute;a la escritura de <em>El desconcierto</em>, libro que calific&oacute; como un &ldquo;viaje de lo anal&iacute;tico a lo sensorial&rdquo;. A continuaci&oacute;n, citas seleccionadas para recordar que merece la pena leerla. 
    </p><h3 class="article-text">'El desconcierto' (Rata, 2017)</h3><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/f7866c8e-29e5-480a-810f-ad65f558b747_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Testimonio en primera persona.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un texto inesperado, que no contaba con escribir. Pero de repente me encuentro haciendo literatura&rdquo;. &ldquo;Este libro muestra una armon&iacute;a rota por un c&aacute;ncer y habla de c&oacute;mo la literatura intenta recomponerla&rdquo;. &ldquo;Luego estaban mis hijas. Desde mi habitaci&oacute;n &mdash;desde aquel otro lado de la vida en el que me hab&iacute;a quedado&mdash; pod&iacute;a escucharlas&rdquo;. &ldquo;Era el mes de junio. Yo llevaba entre mis manos los papeles que hab&iacute;a impreso unos d&iacute;as antes, descargados de la p&aacute;gina web de la Asociaci&oacute;n para una Muerte Digna&rdquo;. &ldquo;Tranquila, somos polvo de estrellas&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">'Una noche en Amalfi'<em> </em>(El Aleph, 2012)</h3><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/5869b926-36f6-4671-baac-0a641909a929_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Gran intriga en Italia protagonizada por una pareja con excedente de ocio neoliberal a sus espaldas. Podr&iacute;amos emocionarnos y afirmar que el hotel apartado prepara el terreno sobre el que m&aacute;s tarde la autora construir&aacute; <em>El s&oacute;tano</em>. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La decisi&oacute;n de que ella pasara tanto tiempo fuera cuando Guillermo era a&uacute;n tan peque&ntilde;o fue tomada por los dos a conciencia. Era necesario el dinero, se dijo, pero lo cierto era que &eacute;l ten&iacute;a un trabajo suficiente como para mantener a los dos, a los tres. Un buen puesto. Cu&aacute;nto dinero m&aacute;s quer&iacute;an. Qu&eacute; necesitaban&rdquo;. &ldquo;Mientras todo quede en esto, todav&iacute;a no hemos roto el tablero, podemos reencaminar la partida&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">'En el fondo. Pide una copa, paga Proust' (451 Editores, 2009)</h3><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/f48770dd-eb75-4952-a142-64dfba8e2339_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Una excursi&oacute;n guiada al subsuelo sentimental, un curso avanzado de turismo al interior de las relaciones humanas&rdquo;. &ldquo;&iquest;Necesita un poco de autoestima? El curso tiene una duraci&oacute;n de un mes y cuesta solo ochenta euros. &iquest;Te vendr&iacute;a bien un nuevo amigo? &iquest;Querr&iacute;a tener una imagen m&aacute;s llamativa? Venga a nuestro centro de asesoramiento y le hacemos un presupuesto sin compromiso. &iquest;Algo en lo que creer? Encuentra este mes en nuestra revista las &uacute;ltimas tendencias&rdquo;. &ldquo;Dejamos que se aleje el amor con un <em>ya lo encontrar&eacute; si ha de ser as&iacute; m&aacute;s adelante</em>. Y m&aacute;s adelante est&aacute; la muerte&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">'Por eso envejecemos tan deprisa' (Debate, 2001)</h3><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/fd73fb4c-71b6-4fb8-bbec-ccb007e2bdb1_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Novela ambientada en una piscina municipal con numerosos personajes controlados o analizados a distancia por una socorrista desconcertada.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La mujer-hoja nadaba despreocupada, llevada por la corriente. Mirarla era relajante&rdquo;. &ldquo;Afirmaba que hay un momento perfecto y este es cuando se obtiene confianza con una persona pero a&uacute;n se la ve <em>ajena</em>&rdquo;. &ldquo;La verdad es que todo era raro y era tambi&eacute;n un alivio. El juego hab&iacute;a terminado. Hora de recoger. Y resultaba que el juego era una vida y los juguetes toda la parafernalia in&uacute;til que la acompa&ntilde;a. Una planta que se seca y que tras arrancarla hay que quitar las hojas muertas que han ca&iacute;do alrededor&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">'D&eacute;jenme dormir en paz' (Debate, 1998)</h3><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/c9473968-eb0b-4c73-82e9-ba03209f9053_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em>Road movie</em> por carreteras de USA en la era predigital, novela de pocas p&aacute;ginas con aprendizaje a marchas forzadas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La realidad cansa si uno no se adapta a ella. Esa sensaci&oacute;n de ir chocando con sus bordes. Esa consistencia que tienen algunas cosas es desesperante. Y yo me desesperaba porque aquella tarde no hab&iacute;a podido moldearlas a mi antojo ni tampoco aceptarlas como hab&iacute;an sido&rdquo;. &ldquo;Todo era una mierda. Y yo fij&aacute;ndome en las lucecitas, en la estela que dejaba Pan al volar. Alucinando con el brillo de polvo que soltaba Campanilla en lugar de aplastarla con el dedo gordo como a una mosca&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">'A tragos'<em> </em>(Debate, 1996)</h3><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/f1350e04-06e3-4ec2-bf4d-bbdab57531dd_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Relatos sin complacencias ni temores de juventudes con exigencias de conocer lo que sea, por mucho que duela y por mucho que el horizonte se retuerza.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;As&iacute; que despu&eacute;s de todo ir dando tumbos puede que no sea tan malo. Tumbarse en las escaleras para explorar el pelda&ntilde;o horizontalmente. Tirar la br&uacute;jula para olvidarse del norte, y poder mirar, sencillamente, a los lados. Qu&eacute; lateral, qu&eacute; in&uacute;til y qu&eacute; descanso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde el magn&iacute;fico &uacute;ltimo relato titulado <em>Autobiograf&iacute;as, S.L</em>., nos asalta este &iquest;presagio?: &ldquo;Opina, opina, opina ahora sobre lo que te venga en gana&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalia Carrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/lengua-clinica-critica-begona-huertas_129_9986934.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Feb 2023 21:34:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La lengua clínica y crítica de Begoña Huertas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Obituario]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El silenciamiento de Carmen Laforet]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/silenciamiento-carmen-laforet_1_8273756.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/06601aa4-4fee-4cc6-843f-9c4c669d3f73_16-9-discover-aspect-ratio_default_1027861.jpg" width="1017" height="572" alt="El silenciamiento de Carmen Laforet"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora Natalia Carrero escribe sobre la autora de 'Nada' en los cien años de su nacimiento, quien no pudo con las exigencias que acompañaron el éxito de su primera novela</p><p class="subtitle">Entrevista - Marta Cerezales Laforet: "Es el momento de reivindicar otras obras de mi madre, aparte de 'Nada'"</p></div><p class="article-text">
        Haber acertado de pleno, tan joven y a la primera, con una novela excepcional; espejo de una sociedad tremebunda que describi&oacute; con pulso firme. Recibir el premio Nadal y la consiguiente atenci&oacute;n medi&aacute;tica; invitaciones, entrevistas, elogios, conversaciones en las que hab&iacute;a que estar siempre como la estupenda literata que se supon&iacute;a que era. Escuchar persistentes solicitudes de m&aacute;s, m&aacute;s cuentos y novelas tan buenas y mejores que <em>Nada</em>. Quedar tal vez abrumada y no ser capaz de seguir el ritmo, cumplir las expectativas. No poder atender el sinf&iacute;n de demandas &mdash;aunque solo fueran dos o tres preguntas, dec&iacute;a el periodista por lo general hombre&mdash;, que siempre ven&iacute;an a a&ntilde;adirse, nunca restar, a las responsabilidades adquiridas como esposa y madre de familia de clase media con ambiciones perfeccionistas, tal vez felices y que coman perdices.
    </p><p class="article-text">
        Pues ella no pudo.
    </p><p class="article-text">
        No pudo con todo <em>eso.</em> Lo que esa sociedad profundamente arraigada sobre una base milenaria y patriarcal esperaba de ella. No pudo ni siquiera anticiparse a que no podr&iacute;a. No conseguir&iacute;a, ni aunque se esforzara, actuar en consecuencia, librarse mediante explicaciones, palabras que trataran de acotar el meollo en el que se deb&iacute;a sentir tan atrapada. Y tan liberada. Casi mejor callar y huir, salir, dar con el punto de fuga.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco pudo decir, en cuanto avist&oacute; que probablemente ya nunca nunca podr&iacute;a ser la escritora que la sociedad lectora le auguraba que ser&iacute;a, que no, que su cuerpo, su mano, su intelecto, sus palabras, ya hab&iacute;an desistido hac&iacute;a tiempo. Sus intereses eran otras cosas menos evidentes, m&aacute;s necesariamente escapistas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Obedeció demasiado al hombre, marido y exmarido, que le pidió o exigió que no escribiera sobre su relación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tal vez temi&oacute; que el suyo tal vez fuera un grito silenciado, censurado. Y para eso mejor no gastar energ&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Importante: Obedeci&oacute; demasiado al hombre, marido y exmarido, que le pidi&oacute; o exigi&oacute; que no escribiera sobre su relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ese recorte tem&aacute;tico resulta tan llamativo que se dibujar&iacute;a como una frontera abismal. Por aqu&iacute; no pases, literatura. &iquest;C&oacute;mo se puede llenar de libertad la p&aacute;gina blanca, cuando ya presenta una l&iacute;nea o una mancha que recuerda la limitaci&oacute;n de la escritora? Imposible la pr&aacute;ctica de la escritura aut&eacute;ntica, deliberada y feliz.
    </p><p class="article-text">
        Asumida la consigna de esa autoridad externa, patriarcal, la mujer se autocensura al aplicarla. Progresivamente el silencio se zampa sus palabras; sus comunicaciones presenciales y epistolares, sus textos literarios cada vez m&aacute;s esforzados, cada vez menos logrados; tambi&eacute;n las neuronas, de manera imperceptible al principio. La fe religiosa no tarda en acechar ese vac&iacute;o sobre el que arrojar la luz del consuelo de las bienaventuradas. Es el asunto visceral de una novela titulada L<em>a mujer nueva</em>.
    </p><p class="article-text">
        Esta historia algo triste de una escritora autosilenciada no terminar&iacute;a cuando ya est&aacute;, es despedida con los honores correspondientes a <em>Nada</em>, la gran novela que contiene todo el ruido que retumb&oacute; filosamente en la sociedad que la ley&oacute;. No ha terminado a&uacute;n, pues a continuaci&oacute;n se publican documentos in&eacute;ditos de la autora; <a href="https://www.eldiario.es/cultura/carmen-laforet-elena-fortun-correspondencia_1_3588714.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cartas de intelectuales, hombres y mujeres</a>, famosas deportistas; alguna novela in&eacute;dita; testimonios filiales; m&aacute;s estudios y biograf&iacute;as. Se afirma que vivi&oacute; sobre todo a la fuga de s&iacute; misma, de su familia, de los prejuicios sociales. Se cotillea para admirar su humanidad; a pesar de sus carencias, escribi&oacute; esa cima de nuestra literatura. No ha terminado el cuento de siempre acabar. Se sigue estudiando con detenimiento acad&eacute;mico la obra, la vida, las tensiones y correlaciones de fuerzas que acaso sucedieran. Qui&eacute;n sabe, todo son hip&oacute;tesis. Personalmente, ahora hablo de m&iacute;, para variar, elucubro sobre ella desde mis veinte a&ntilde;os porque todo el mundo me preguntaba si hab&iacute;a le&iacute;do <em>Nada</em>, de Carmen Laforet. Y a&uacute;n sigo en las mismas tal vez imaginando demasiado, escribiendo barbaridades o estimulantes conjeturas como:
    </p><p class="article-text">
        1. A Carmen Laforet no le dio tiempo a comprender y a respetar su propio &eacute;xito. Pero eso del tiempo, a saber qu&eacute; significa. No se lo permiti&oacute;. No quiso. No pudo.
    </p><p class="article-text">
        2. Quiero creer que Carmen Laforet, adem&aacute;s de a Virginia Woolf y a William Faulkner, ley&oacute; todo lo de aqu&iacute;. Seguramente ley&oacute; <em>Natacha,</em> <em>Tea Rooms</em>, alg&uacute;n art&iacute;culo de Luisa Carn&eacute;s. Tal vez lo comentaran con sus prejuicios de clase ociosa en su c&iacute;rculo de intelectuales madrile&ntilde;os m&aacute;s bien acomodados, antes de decidir no volver a clase de derecho romano o civil.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La mujer se autocensura, progresivamente el silencio se zampa sus palabras</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Se cumple otra efem&eacute;ride, cien a&ntilde;os de su nacimiento, y seguramente habr&aacute; m&aacute;s. Es la excusa para seguir rondando, tratando de escuchar y comprender esa suerte de silenciamiento letal que padeci&oacute;, cuando quiz&aacute; ser&iacute;a mejor centrarse en la obra y dejarse de vueltas para reivindicar a destiempo feminismos o rebeld&iacute;as, qu&eacute; m&aacute;s da. S&iacute;, a eso voy.
    </p><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n, algunas notas y subrayados centrados en el personaje de Andrea, a partir de mi relectura hace dos d&iacute;as, siempre maravillada, de <em>Nada:</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi equipaje era un malet&oacute;n muy pesado &mdash;porque estaba casi lleno de libros&mdash; y lo llevaba yo misma con toda la fuerza de mi juventud y de mi ansiosa expectaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La novela podr&iacute;a definirse como una casa, una ciudad, unas vidas desmadejadas.
    </p><p class="article-text">
        La casa de la calle Aribau a la que llega Andrea &ldquo;con anhelo de vida&rdquo; para estudiar letras se encuentra tan destartalada como la ciudad de Barcelona de posguerra: &ldquo;Un infierno. Y en toda Espa&ntilde;a no hay una ciudad que se parezca m&aacute;s al infierno que Barcelona&rdquo;, en palabras de la t&iacute;a Angustias.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Despu&eacute;s de la guerra han quedado un poco mal de los nervios&hellip;&rdquo;; as&iacute; la parentela de la calle Aribau, bot&oacute;n de muestra.
    </p><p class="article-text">
        Andrea inaugura la estirpe de las &ldquo;chicas raras&rdquo; que defini&oacute; Carmen Mart&iacute;n Gaite; j&oacute;venes listas y universitarias que, si a partir de entonces empezaron a salir en las novelas, acaso se deb&iacute;a a que sus maneras algo rebeldes ya empezaban a cuestionar la norma. Se alejaban conscientemente de los usos amorosos y dom&eacute;sticos de la &eacute;poca para ir creando alternativas, estrenando relaciones m&aacute;s inteligentes, estrategias m&aacute;s medidas para ampliar libertades.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La historia de Carmen Laforet no ha terminado aún, pues todavía se publican documentos inéditos de la autora                            </span>
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        &ldquo;Hab&iacute;a le&iacute;do r&aacute;pidamente una hoja de mi vida que no merec&iacute;a la pena recordar m&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Andrea ejerce sobre todo de testigo, presencia lo que enturbia los alrededores y lo narra con su mirada que aguanta hasta las l&aacute;grimas; puede tambi&eacute;n soportar que el t&iacute;o Rom&aacute;n afirme que va por Barcelona &ldquo;suelta como un perro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hac&iacute;a un esfuerzo por ver el lado c&oacute;mico del asunto, aunque s&oacute;lo fuera imaginando a mis hipot&eacute;ticos amantes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al cabo de un a&ntilde;o: &ldquo;De la casa de la calle Aribau no me llevaba nada. Al menos, as&iacute; cre&iacute;a yo entonces&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora dir&iacute;amos que sale evolucionada o hacia la siguiente temporada, como si fuera una serie. Pero es m&aacute;s que una serie, es para leerla y releerla, interpretarla como las buenas novelas.
    </p><p class="article-text">
        Se va de Aribau al cabo de un a&ntilde;o con el relato bien urdido de la vida, a pesar de la confusi&oacute;n y de la crudeza.
    </p><p class="article-text">
        Cerramos la novela y no cerramos el asunto en nuestras reflexiones interrumpidas. Hemos conocido, gracias al car&aacute;cter excepcional de la autora que la concibi&oacute;, un paisaje humano y urbano devastado por la guerra y por la primera etapa de la dictadura que, al cabo de los a&ntilde;os, a la vuelta del desarrollismo, comenzar&iacute;a a desaparecer de gran parte de la memoria colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Esos premios Nadal se tornar&iacute;an m&aacute;s comerciales, por sintetizarlo as&iacute;, y por seguir elucubrando. Como augurara el poeta: <em>Vendr&iacute;an m&aacute;s a&ntilde;os malos y nos volver&iacute;an m&aacute;s ciegas.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalia Carrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/silenciamiento-carmen-laforet_1_8273756.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Sep 2021 20:00:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El silenciamiento de Carmen Laforet]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Efemérides,Premio Nadal]]></media:keywords>
    </item>
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