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    <title><![CDATA[elDiario.es - Álvaro López García]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alvaro-lopez-garcia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Álvaro López García]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Coleccionistas de hongos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/coleccionistas-hongos_132_12190200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ff003f85-3983-4095-9b2c-aa80fed01a52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Coleccionistas de hongos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La historia de la agricultura del futuro se está escribiendo estos días, en parte, mirando al pasado más remoto, a esas antiguas alianzas entre plantas y hongos que permitieron la vida sobre la tierra</p><p class="subtitle">Sequía y muerte en Nerja
</p></div><p class="article-text">
        El camino hacia la sostenibilidad, en concreto de la sostenibilidad agr&iacute;cola, viene bien definido desde las altas instituciones europeas a trav&eacute;s de programas o acuerdos como el Pacto Verde Europeo o &lsquo;Farm to Fork&rsquo; (De la Granja a la Mesa). Entre sus objetivos para 2030 se encuentra la reducci&oacute;n en el uso de agroqu&iacute;micos, tanto fertilizantes como pesticidas. Hace unas semanas, unos compa&ntilde;eros de nuestro centro, la Estaci&oacute;n Experimental del Zaid&iacute;n (CSIC), en Granada, se hac&iacute;an eco de c&oacute;mo el&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/bioinoculantes-microbianos-herramienta-prometedora-alcanzar-sostenibilidad-agricola_132_11987869.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">uso de microbios beneficiosos</a>&nbsp;para las plantas pod&iacute;an ser parte de la soluci&oacute;n a esa reducci&oacute;n de agroqu&iacute;micos. Entre esos microbios destaca un antiguo grupo de hongos que han vivido asociados a las plantas desde hace m&aacute;s de 400 millones de a&ntilde;os. En este post les vamos a hablar de su origen, de las cosas que pueden hacer por las plantas (y su cultivo) y de lo dif&iacute;cil que es conseguir encontrarlos, aislarlos y cultivarlos para su uso. Les vamos a hablar de la labor que se lleva a cabo en la Estaci&oacute;n Experimental del Zaid&iacute;n (EEZ-CSIC) a trav&eacute;s de su&nbsp;Colecci&oacute;n de Hongos Micorr&iacute;cicos Arbusculares (ColHMA-EEZ).
    </p><p class="article-text">
        Hace unos 450 millones de a&ntilde;os, en un periodo llamado Ordov&iacute;cico, los antecesores de las primeras plantas luchaban contra los elementos f&iacute;sicos para salir del agua y conquistar un mundo de tierras infinitas y vac&iacute;as, pura roca, sometidas a la radiaci&oacute;n solar directa y a fluctuaciones extremas de temperatura diaria. Adem&aacute;s de los problemas mencionados, estas plantas primitivas, similares a los musgos actuales, ten&iacute;an problemas para obtener los nutrientes y el agua necesarios para su desarrollo a partir de la roca, ya que sus primigenias ra&iacute;ces (que realmente no eran tal cosa) no eran eficientes para llevar a cabo esa tarea. En ese contexto, fue crucial el pacto al que llegaron con un grupo de hongos con los que, probablemente, ya andaban en &lsquo;conversaciones&rsquo; cuando a&uacute;n viv&iacute;an en el agua. Juntos, conformaron una de las simbiosis mutualistas m&aacute;s antiguas y extendida en la naturaleza, la simbiosis micorr&iacute;cica. En esta simbiosis, el hongo coloniza, por un lado, el interior las c&eacute;lulas de las ra&iacute;ces vegetales y, por otro, explora el sustrato, toma nutrientes inorg&aacute;nicos y agua, los transporta hasta la planta y los intercambia con ella por compuesto de carbono procedentes de la fotos&iacute;ntesis. El hongo no puede vivir sin la planta (fuente de todo su carbono), la planta, dif&iacute;cilmente puede crecer sin el hongo. Fue tan temprano el surgimiento de esta relaci&oacute;n que es uno de los rasgos m&aacute;s basales en el &aacute;rbol geneal&oacute;gico de las plantas, es decir, una caracter&iacute;stica que se ha ido heredando conforme aparec&iacute;an nuevas especies de plantas. De hecho, actualmente m&aacute;s del 70% de las especies de plantas terrestres forman este tipo de simbiosis micorr&iacute;cica. Se ha llegado a decir que las plantas no tienen ra&iacute;ces, tienen micorrizas (del griego &ldquo;hongo-ra&iacute;z&rdquo;).&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El camino hacia la mejora de las condiciones de producción hacia una sostenibilidad que asegure el futuro de nuestros suelos para las generaciones venideras, pasa por reducir insumos químicos en favor del papel que, de forma natural, los microbios del suelo pueden jugar en nuestros sistemas productivos </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Aunque hay m&aacute;s tipos de hongos que forman micorrizas, los m&aacute;s importantes desde el punto de vista agr&iacute;cola son los hongos micorr&iacute;cicos arbusculares (hongos MA). Tambi&eacute;n son los m&aacute;s antiguos y extendidos. Como hemos dicho, son muy importantes a la hora de tomar nutrientes del suelo, sobre todo f&oacute;sforo, el nutriente m&aacute;s limitante de la naturaleza tras el nitr&oacute;geno y que, entre otras cosas, es necesario para conformar nuestro ADN. Pero tienen otros beneficios para la planta, haci&eacute;ndola en general m&aacute;s tolerantes a los estreses ambientales. Cuando estos hongos entran en contacto con una ra&iacute;z nueva que no ha sido colonizada antes, se establece una comunicaci&oacute;n qu&iacute;mica (&lsquo;dialogo molecular&rsquo;) entre planta y hongo para dejar claro que, aunque puedan parecer enemigos a primera vista, son, en realidad, aliados. Ese amago defensivo iniciado por la planta es capaz de activar sus defensas, como una vacuna, contra futuros ataques de enemigos. A este proceso se le llama potenciaci&oacute;n o&nbsp;<em>priming</em>. Por otro lado, la interacci&oacute;n con estos hongos tambi&eacute;n beneficia a la planta frente a estreses como la sequ&iacute;a o la salinidad. No s&oacute;lo porque proveen directamente agua a la planta, sino tambi&eacute;n porque inducen cambios fisiol&oacute;gicos y bioqu&iacute;micos que mejoran su respuesta a los estreses, fortaleciendo y aportando mayor resiliencia a su hospedador.&nbsp;
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                    alt="A la izquierda Psilophyton sp., planta fósil del Devónico (Fuente Pixabay, pixabay.com). A la derecha esporas de nuevas especies de hongos micorrícicos arbusculares descritas por el equipo de la Estación Experimental del Zaidín (fotos por Javier Palenzuela)."
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                A la izquierda Psilophyton sp., planta fósil del Devónico (Fuente Pixabay, pixabay.com). A la derecha esporas de nuevas especies de hongos micorrícicos arbusculares descritas por el equipo de la Estación Experimental del Zaidín (fotos por Javier Palenzuela).                            </span>
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        Pese a ser un grupo de organismos muy ubicuo, es decir, que los encontramos en casi todos los h&aacute;bitats terrestres, la presencia y funci&oacute;n de estos hongos mutualistas se ve muy afectada por las pr&aacute;cticas agr&iacute;colas convencionales. Hemos comentado que una de las bases del establecimiento de esta simbiosis es el intercambio de nutrientes por compuesto carbonados que se produce entre hongo y planta. Cuando en el ambiente existen nutrientes suficientes para satisfacer las necesidades de la planta, esta no invierte en la simbiosis. No la necesita. Si los hongos no consiguen colonizar una planta, al final acaban por desaparecer del sistema (recuerden que son simbiontes obligados, es decir, que necesitan colonizar una planta para completar su ciclo de vida). D&eacute;cadas de fertilizaci&oacute;n masiva de nuestros campos han hecho que la diversidad y el funcionamiento de los hongos MA se haya visto mermada. Hasta ahora no ha importado mucho. Hab&iacute;amos reemplazado el papel de estos microorganismos beneficiosos por fertilizantes y plaguicidas qu&iacute;micos que aportaban los nutrientes y venc&iacute;an a las plagas. Sin embargo, el camino hacia la mejora de las condiciones de producci&oacute;n hacia una sostenibilidad que asegure el futuro de nuestros suelos para las generaciones venideras, pasa por reducir insumos qu&iacute;micos en favor del papel que, de forma natural, los microbios del suelo pueden jugar en nuestros sistemas productivos.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En la EEZ-CSIC llevamos repitiendo este proceso, es decir, aislando hongos MA, desde hace casi cincuenta años, recolectando y estudiando los hongos MA que conviven con nosotros</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Son muchas las iniciativas y empresas que han desarrollado, y siguen haci&eacute;ndolo, bioinoculantes que contienen hongos MA vivos, listos para ser aplicados a los cultivos. Sin embargo, si nos paramos un momento y revisamos su contenido, nos damos cuenta de que la diversidad de especies f&uacute;ngicas que contienen es en realidad muy reducida. Toda la diversidad que contienen casi se puede contar con los dedos de una mano. Esto tiene que ver con la dificultad para aislar y multiplicar este grupo de hongos. Como hemos dicho, son simbiontes obligados, microsc&oacute;picos (no vemos d&oacute;nde est&aacute;n), cada uno tiene su propio ciclo de vida (no vemos cu&aacute;ndo est&aacute;n), y viven a menudo mezclados colonizando la misma planta, lo que implica separarlos antes para poder cultivarlos individualmente. Una forma de aislarlos es utilizar una planta trampa: se toma el suelo de inter&eacute;s y se coloca en alg&uacute;n contenedor con una planta tipo (sorgo, tr&eacute;bol o puerro son las m&aacute;s utilizadas), se deja crecer y, cada cierto tiempo, se toma un poco de suelo para ver qu&eacute; hongos van multiplic&aacute;ndose. No se exagera si se dice que tras m&aacute;s de dos a&ntilde;os todav&iacute;a se pueden encontrar hongos MA que esporulan por primera vez (tambi&eacute;n hay hongos que no son capaces de esporular en condiciones artificiales de crecimiento y que probablemente nunca se puedan detectar). Las esporas nuevas que producen los hongos que se multiplican, y que nos permiten identificarlos, se transfieren a un nuevo contenedor con sustrato est&eacute;ril, y se cultivan, con nuevas plantas hospedadoras, por otro periodo de tiempo. No siempre funciona, a veces las esporas no germinan, pero si la nueva planta se coloniza, tendremos un nuevo aislado de hongo MA.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la EEZ-CSIC llevamos repitiendo este proceso, es decir, aislando hongos MA, desde hace casi cincuenta a&ntilde;os, recolectando y estudiando los hongos MA que conviven con nosotros. La colecci&oacute;n de germoplasma vivo que conforma la ColHMA-EEZ contiene m&aacute;s de doscientos cincuenta aislados de m&aacute;s de cuarenta especies diferentes. Algunos de ellos han sido descritos por primera vez para la ciencia en la provincia de Granada y llevan nombres que nos suenan a todos como la&nbsp;<em>Ambispora granatensis,</em>&nbsp;la<em>&nbsp;Acaulospora baetica</em>&nbsp;o la&nbsp;<em>Entrophospora nevadensis</em>, que hacen referencia<em>&nbsp;</em>a la localidad o a los sistemas monta&ntilde;osos de los que se aislaron. Hay uno en concreto, la<em>&nbsp;Otospora bareae</em>, que lleva el nombre del pionero en Espa&ntilde;a en el estudio de la simbiosis MA, Jos&eacute; Miguel Barea Navarro, investigador tambi&eacute;n de la Estaci&oacute;n Experimental del Zaid&iacute;n. Otros, aunque ya conocidos, han demostrado tener excepcionales capacidades en la protecci&oacute;n de cultivos. Por ejemplo, una&nbsp;<em>Entrophospora</em>&nbsp;<em>etunicata</em>&nbsp;aislada de los sistemas semides&eacute;rticos de Cabo de Gata, es muy eficiente mejorando la adaptaci&oacute;n a sequ&iacute;a y salinidad de plantas cultivables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La historia de la agricultura del futuro se est&aacute; escribiendo estos d&iacute;as, en parte, mirando al pasado m&aacute;s remoto, a esas antiguas alianzas entre plantas y hongos que permitieron la vida sobre la tierra. Recuperar y potenciar el papel de los hongos micorr&iacute;cicos arbusculares en nuestros sistemas agr&iacute;colas no es solo una estrategia para reducir el uso de insumos qu&iacute;micos: es una oportunidad para reconectar con los procesos naturales que sostienen la fertilidad del suelo y la resiliencia de los cultivos. Desde la EEZ-CSIC y la ColHMA-EEZ, la labor silenciosa pero constante de caracterizar, conservar y estudiar estos microorganismos ofrece herramientas reales para avanzar hacia una agricultura m&aacute;s sostenible, m&aacute;s viva y m&aacute;s en armon&iacute;a con el mundo que habitamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álvaro López García, Eulogio Javier Palenzuela Jiménez, Concepción Azcón González de Aguilar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/coleccionistas-hongos_132_12190200.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Apr 2025 19:21:46 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Sequía y muerte en Nerja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/sequia-muerte-nerja_132_10726994.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9886b4c9-5d72-4969-bb00-7ef976058c10_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sequía y muerte en Nerja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre muestra y muestra, no tardamos en advertir una gran cantidad de parches de bosque coloreados en tonos marrones: eran pinos muertos</p></div><p class="article-text">
        Nuestras investigaciones nos llevaron esta semana a muestrear en las estribaciones sure&ntilde;as del Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Alhama y Almijara, en la provincia de M&aacute;laga. Se trata de una zona caracter&iacute;stica de bosques de pino carrasco (<em>Pinus halepensis</em> Mill.) mezclado con enebros, coscojas, espinos negros y lentiscos. La ma&ntilde;ana transcurri&oacute; apaciblemente en la Costa del Sol mientras nos dedic&aacute;bamos a buscar hojas de distintas especies vegetales. Sin embargo, entre muestra y muestra, no tardamos en advertir una gran cantidad de parches de bosque coloreados en tonos marrones: eran pinos muertos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muy probablemente estos &aacute;rboles estaban muriendo debido a la actual sequ&iacute;a. En algunas zonas, y a ojo de buen cubero, hasta la mitad de los pinos se hab&iacute;an secado. Aunque estas circunstancias son excepcionales, la muerte de &aacute;rboles individuales no es algo extra&ntilde;o. De hecho, los bosques sufren continuamente la muerte de individuos. &Eacute;stos dejan sitio para que nuevos &aacute;rboles se establezcan, confiriendo una cierta din&aacute;mica de reemplazamiento al bosque. El problema es que este proceso ocurre a una escala temporal que hace dif&iacute;cil para los seres humanos poder apreciarlo: los &aacute;rboles pueden vivir cientos de a&ntilde;os. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En nuestro grupo de investigaci&oacute;n intentamos arrojar cierta luz sobre c&oacute;mo los bosques se van regenerando, es decir, c&oacute;mo unos &aacute;rboles son reemplazados por otros en el tiempo. Esto lo llevamos a cabo estudiando qu&eacute; factores determinan el establecimiento de &aacute;rboles j&oacute;venes, o como les llamamos en nuestro argot: reclutas. En este contexto, un recluta es una planta joven que ha sobrevivido a los primeros a&ntilde;os de vida, que es cuando m&aacute;s posibilidades tienen de morir. Una vez que se han establecido, a menudo debajo de &aacute;rboles m&aacute;s grandes, los reclutas s&oacute;lo tienen que esperar a que se abra un hueco en el dosel arb&oacute;reo, aprovechar la luz, y crecer hasta ocupar su lugar en el bosque. Tambi&eacute;n hay veces, las m&aacute;s, en que los &aacute;rboles que cubren a los reclutas no mueren en un tiempo demasiado largo y las plantas j&oacute;venes terminan por decaer por falta de luz o por la competencia por agua y nutrientes, muriendo finalmente sin conseguir reemplazar a un &aacute;rbol adulto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un dato importante en este contexto es que en los bosques hay distintas especies de &aacute;rboles y arbustos, y no todas se reclutan igual de bien en todas las condiciones. Hay ciertas preferencias entre las especies de adultos y reclutas. Las plantas son capaces de modificar su entorno, por ejemplo, dando m&aacute;s o menos sombra, beneficiando la proliferaci&oacute;n de distintos microorganismos beneficiosos o sirviendo como reservorio de enfermedades que pueden atacar a la misma o a otras especies vegetales. El c&oacute;mo una especie modifique su entorno ser&aacute; clave para explicar esas preferencias. En funci&oacute;n de las condiciones que cada especie de recluta necesita y de las modificaciones que las especies de los adultos confieren al ambiente, podemos establecer qu&eacute; especies ser&aacute; m&aacute;s probable que se recluten bajo los &aacute;rboles del bosque actual.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La pregunta clave que nos hacemos ante este escenario es si las especies que hay en zonas más altas, y la modificación del medio que hacen, van a facilitar o entorpecer el establecimiento de las especies que vienen migrando de más abajo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En el contexto de esa mortalidad tan alta que se observa en las cercan&iacute;as de Nerja, esta informaci&oacute;n nos puede ayudar a predecir qu&eacute; especies se establecer&aacute;n en los &ldquo;huecos&rdquo; que dejan los pinos perdidos. Sin embargo, no s&oacute;lo la modificaci&oacute;n del medio por parte de las especies presentes va a actuar en este proceso. Aunque los pinos beneficien mucho m&aacute;s al establecimiento de especies diferentes a ellos, su mayor abundancia y producci&oacute;n de semillas har&aacute; que la mayor parte de nuevos reclutas, y finalmente &aacute;rboles adultos, sigan siendo pinos. Sin embargo, a tiempos mucho m&aacute;s largos, y sobre todo si eventos parecidos al de este a&ntilde;o se van sucediendo (cosa que, desgraciadamente, parece probable), la estructura del bosque podr&iacute;a ir cambiando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este es el escenario que manejamos en el proyecto COEXCLIM, el cual busca obtener informaci&oacute;n sobre los efectos del cambio clim&aacute;tico en la composici&oacute;n de nuestros bosques. El cambio clim&aacute;tico conlleva un aumento de las temperaturas que hace que las especies de plantas migren en altitud buscando zonas m&aacute;s frescas acordes con sus requerimientos. Su establecimiento como reclutas en esos nuevos ambientes, en muchos casos ocupados por especies de plantas diferentes a las de la comunidad de la que ellas vienen, se ve sujeto a los mismos procesos que hemos explicado para el pinar de Nerja. La pregunta clave que nos hacemos ante este escenario es si las especies que hay en zonas m&aacute;s altas, y la modificaci&oacute;n del medio que hacen, van a facilitar o entorpecer el establecimiento de las especies que vienen migrando de m&aacute;s abajo. Responder a esta cuesti&oacute;n es clave para evaluar la capacidad de nuestras comunidades vegetales para responder al desaf&iacute;o clim&aacute;tico al que nos enfrentamos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>El proyecto titulado </em>El papel de la microbiota de las plantas como mediadora del impacto del cambio clim&aacute;tico en la coexistencia de especies<em> (COEXCLIM) se encuentra financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovaci&oacute;n de Espa&ntilde;a, a trav&eacute;s del Subprograma Estatal de Generaci&oacute;n de Conocimiento 2022 [PID2022-140086NB-C21 y PID2022-140086NB-C22].</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álvaro López García, José Luis Garrido Sánchez, Julio M. Alcántara Gámez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/sequia-muerte-nerja_132_10726994.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Nov 2023 20:03:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sequía y muerte en Nerja]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sequía,Agua]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los microbios de nuestras macetas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/microbios-macetas_132_10027657.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2823a918-ef30-42dd-bb01-e4f2a43bdae2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los microbios de nuestras macetas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Existen microorganismos beneficiosos para las plantas, que las ayudan de forma directa en la toma de nutrientes o agua, o las protegen contra enfermedades o plagas. Pero también hay microbios nocivos para el crecimiento vegetal, esos que causan enfermedades</p></div><p class="article-text">
        A mi madre siempre le han gustado las plantas. All&aacute; por el a&ntilde;o 1999, encontr&oacute; un tallo de una planta abandonada en la basura. Era una vinca (<em>Catharanthus roseus</em> (L.) G.Don), con unas flores rosas muy llamativas. As&iacute; que decidi&oacute; plantar el tallo en una de las macetas de su terraza. Todo fue bien, el tallito agarr&oacute; y creci&oacute; hasta convertirse en una planta de tama&ntilde;o considerable. Fue tan bien, que empez&oacute; a extenderse por todas las macetas de la terraza, suponemos que ayudada por el peque&ntilde;o tama&ntilde;o de sus semillas y su dispersi&oacute;n por el viento. El grado de homogeneizaci&oacute;n de la terraza, dominada por su color rosa, llegaba a molestar en comparaci&oacute;n con la diversidad que se ve&iacute;a antes de su llegada. Sin embargo, esa magn&iacute;fica capacidad de dispersi&oacute;n que observamos, de la noche a la ma&ntilde;ana, desapareci&oacute;. La temporada siguiente, sin intervenci&oacute;n humana, la presencia de la vinca se redujo considerablemente. Aunque a&uacute;n aparec&iacute;a en alguna maceta suelta, no era en m&aacute;s de dos o tres sitios donde una planta adulta a&uacute;n resist&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? Si aparentemente no cambiaron las condiciones ni de riego, ni de temperatura, ni de abonado de las macetas, &iquest;qu&eacute; otras causas podr&iacute;an explicar la repentina desaparici&oacute;n de esa especie de planta?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy d&iacute;a se habla mucho de los efectos que los microbios tienen para el funcionamiento de diversos sistemas, desde el cuerpo humano hasta los ecosistemas naturales. En particular, los microbios que habitan el suelo, o los sustratos donde crecen las plantas en nuestras macetas, tienen papeles muy importantes. Por un lado, ayudan a descomponer la materia org&aacute;nica que va quedando debido al crecimiento y muerte tanto de animales como de plantas, cuyos nutrientes no podr&iacute;an ser, de otro modo, aprovechados de nuevo por estas &uacute;ltimas. Existen microorganismos beneficiosos para las plantas, que las ayudan de forma directa en la toma de nutrientes o agua, o las protegen contra enfermedades o plagas. Pero tambi&eacute;n hay microbios nocivos para el crecimiento vegetal, esos que causan enfermedades.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando una planta se establece en un sitio determinado, arrancan una serie de procesos que llevan a la planta a cambiar las condiciones del suelo donde está creciendo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cuando una planta se establece en un sitio determinado, arrancan una serie de procesos que llevan a la planta a cambiar las condiciones del suelo donde est&aacute; creciendo. Por un lado, desde sus ra&iacute;ces se liberan sustancias que son diferentes dependiendo de la especie de planta. Por otro, la materia org&aacute;nica que se genera en forma de ra&iacute;ces que van muriendo o de hojas que van cayendo, hace que el suelo se enriquezca en compuestos que tambi&eacute;n son diferentes seg&uacute;n la especie de planta. Dependiendo de cuales sean esas sustancias, los microbios adaptados a nutrirse de &eacute;stas tendr&aacute;n distintas identidades. Cuando la planta muere, la modificaci&oacute;n que queda, en forma de sustancias y especies de microbios, es el llamado <em>legado en el suelo</em>. Y este legado tiene la capacidad de afectar al crecimiento de la siguiente planta que se establezca en ese mismo lugar. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El c&oacute;mo el legado afecta a la siguiente generaci&oacute;n de plantas depende de muchos factores. Uno de ellos es la acumulaci&oacute;n de microbios nocivos, pat&oacute;genos. &Eacute;stos suelen ser bastante espec&iacute;ficos. Es decir, tienden a afectar a una especie de planta, pero no a las dem&aacute;s. Cuando una planta crece en un suelo, &eacute;ste empieza a acumular microbios enemigos de esa planta, cosa que no pasa en los suelos donde otras especies est&aacute;n creciendo, los cuales acumulan enemigos de esas otras especies. As&iacute;, si al morir la primera planta, una segunda de la misma especie intenta establecerse en ese sitio, lo encontrar&aacute; lleno de enemigos naturales y le ser&aacute; m&aacute;s dif&iacute;cil progresar mientras lucha contra las enfermedades. Esto lo saben bien los agricultores. La t&eacute;cnica de rotaci&oacute;n, es decir, el no repetir varios a&ntilde;os seguidos el mismo cultivo, se hace, entre otras cosas, por esta raz&oacute;n: el no acumular microbios da&ntilde;inos para esos cultivos. Otra t&eacute;cnica, el barbecho, que se basa en dejar descansar la parcela cultivada durante un tiempo, tambi&eacute;n aten&uacute;a esos efectos de acumulaci&oacute;n de pat&oacute;genos.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la vinca en la terraza de mi madre, &eacute;sta es una explicaci&oacute;n totalmente plausible para el proceso que vimos. La vinca lleg&oacute; de nuevas y empez&oacute; a extenderse sin encontrar enemigos en las macetas. Sin embargo, con el paso del tiempo, las macetas empezaron a acumular microbios contra los que les era m&aacute;s dif&iacute;cil luchar, aquellos que estaban adaptados a infectar espec&iacute;ficamente a las vincas. Este fen&oacute;meno ayud&oacute; a controlar la poblaci&oacute;n de la vinca que, en otras circunstancias, habr&iacute;a ido desplazando al resto de plantas con quienes compart&iacute;an maceta. Igual que pas&oacute; en la terraza, este tipo de procesos contribuyen a mantener la diversidad vegetal que vemos en los bosques en general y de forma particular en los mediterr&aacute;neos. Dentro de uno de los subproyectos del proyecto SUMHAL, nuestro trabajo se centra en la investigaci&oacute;n de las relaciones entre plantas, donde los efectos mediados por el suelo y su microbioma toman especial relevancia. Entre las tareas que llevamos a cabo est&aacute;n el inventario de las relaciones planta-planta y la catalogaci&oacute;n de los microorganismos que encontramos asociados con ellas mismas para intentar entender las din&aacute;micas que dirigen la diversidad vegetal de los bosques mediterr&aacute;neos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>El proyecto SUMHAL se encuentra financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovaci&oacute;n de Espa&ntilde;a, a trav&eacute;s de los Fondos Europeos de Desarrollo Regional (FEDER) [SUMHAL, LIFEWATCH-2019-09-CSIC-4, POPE 2014-2020]</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álvaro López García, José Luis Garrido Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/microbios-macetas_132_10027657.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Mar 2023 19:26:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los microbios de nuestras macetas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Biología,Ecosistemas,Plantas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[300 años de estudio de los microorganismos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/300-anos-estudio-microorganismos_132_8285866.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a57f67ba-a01a-4002-b58a-4d2acb9caeb4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="300 años de estudio de los microorganismos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cadena de ADN se compone de cuatro bases: adenina, timina, citosina y guanina, cuyo orden a lo largo de ella es único en cada ser vivo y difiere del resto.</p></div><p class="article-text">
        Hace poco m&aacute;s de 300 a&ntilde;os, Anton van Leeuwenhoek observ&oacute; por primera vez la existencia de microorganismos en gotas de agua. Desde entonces, la microbiolog&iacute;a ha experimentado un progresivo desarrollo que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, ha sufrido una vertiginosa aceleraci&oacute;n tanto en cantidad de datos obtenidos como en el avance de las t&eacute;cnicas de estudio. Las primeras observaciones de microorganismos, a trav&eacute;s de los primeros microscopios, fueron acompa&ntilde;adas de esquemas y dibujos de los investigadores que intentaban interpretar lo que ve&iacute;an. En primera instancia, estas clasificaciones se basaban en caracter&iacute;sticas morfol&oacute;gicas que permit&iacute;an agruparlos (la primera clasificaci&oacute;n fue desarrollada por un bot&aacute;nico alem&aacute;n en 1872, Ferdinand Cohn). Estas clasificaciones, pese a ser un gran avance en el estudio temprano de los microorganismos, ten&iacute;an el problema de que, como se comprob&oacute; m&aacute;s tarde, no eran capaces de distinguir distintas especies de microorganismos debido a que muchos comparten la misma apariencia en su forma. Quedaban entonces agrupados en tipos morfol&oacute;gicos o morfotipos. 
    </p><p class="article-text">
        El siguiente gran avance tard&oacute; en llegar: a finales del siglo XIX se introdujeron las t&eacute;cnicas modernas de aislamiento de los microorganismos mediante placas de cultivo y tinciones, principalmente orientado al estudio de las bacterias. Esto permiti&oacute; llevar a cabo experimentos con los que se demostr&oacute; la implicaci&oacute;n de los microorganismos en el desarrollo de enfermedades (1905, premio Nobel Robert Koch). A&uacute;n as&iacute;, las distintas cepas de bacterias eran clasificadas de acuerdo a criterios morfol&oacute;gicos o a trav&eacute;s de su respuesta a diversas pruebas bioqu&iacute;micas. 
    </p><p class="article-text">
        No fue hasta el descubrimiento de la estructura del ADN (1953, premio Nobel Watson y Crick) y el desarrollo de la t&eacute;cnica de secuenciaci&oacute;n a finales de los a&ntilde;os 70 del siglo XX (1980, premio Nobel Sanger y Gilbert), cuando se pudo distinguir la verdadera identidad de cada una de esas colonias de microorganismos que se consegu&iacute;an cultivar en el laboratorio. La cadena de ADN se compone de cuatro bases: adenina, timina, citosina y guanina, cuyo orden a lo largo de ella es &uacute;nico en cada ser vivo y difiere del resto. Pese a ser un gran avance, el aislamiento, cultivo e identificaci&oacute;n por secuenciaci&oacute;n de microorganismos ten&iacute;a, al menos, dos problemas. Por un lado, la mayor parte de los microorganismos que existen en la naturaleza no son cultivables con los medios que se utilizan normalmente. Por ello, cualquier estudio de este tipo que pretendiese caracterizar un ecosistema se centraba necesariamente en una parte muy peque&ntilde;a de la diversidad total de microorganismos (los que no se pod&iacute;an cultivar, no se detectaban). Por otro, la cantidad de microorganismos, o colonias, que pod&iacute;an ser secuenciadas, y as&iacute; identificar su ADN, no sol&iacute;a pasar, en los mejores casos, del orden de los cientos en un s&oacute;lo estudio. Sabemos que ese n&uacute;mero es demasiado peque&ntilde;o en comparaci&oacute;n con el n&uacute;mero de especies de microorganismos presentes en el medio. Como ejemplo, en un solo gramo de suelo puede haber miles o decenas de miles de especies de bacterias y hongos microsc&oacute;picos.
    </p><p class="article-text">
        Un paso interesante, que permiti&oacute; evitar el cultivo de los microorganismos para su posterior identificaci&oacute;n, fue el desarrollo de las t&eacute;cnicas de &ldquo;huella gen&eacute;tica&rdquo; o fingerprinting. Estas t&eacute;cnicas se asociaron en muchos casos a la actualmente famosa reacci&oacute;n en cadena de la polimerasa o, m&aacute;s conocida por sus siglas en ingl&eacute;s, PCR (1986, premio Nobel Kary Mullis). El prop&oacute;sito de esta &uacute;ltima, al igual que cuando se utiliza en los test para detectar la presencia de COVID, es el de aumentar la cantidad de ADN presente en una muestra y, as&iacute;, hacerlo detectable. En el caso del an&aacute;lisis de comunidades completas de microorganismos presentes en una muestra, por ejemplo de suelo, el ADN amplificado mediante PCR es sometido a una transformaci&oacute;n mediante la cual es posible diferenciar los tipos de secuencias que contiene. De este modo, podemos tener una estimaci&oacute;n de la diversidad de tipos de secuencias e inferir la diversidad de microorganismos. Las t&eacute;cnicas difieren entre ellas en los m&eacute;todos que usan para dar a cada tipo de secuencia de ADN una &ldquo;huella&rdquo; particular. Algunas cortan el ADN en trozos mediante enzimas, de modo que el tama&ntilde;o de los fragmentos difiere dependiendo de la secuencia de bases del ADN. Otras cambian la forma de la mol&eacute;cula de ADN dependiendo de su secuencia y as&iacute; es posible diferenciarla. Tienen nombres largos, normalmente conocidos por sus acr&oacute;nimos: SSCP, DGGE, TTGE, TRFLP&hellip;
    </p><p class="article-text">
        El desarrollo de la tecnolog&iacute;a en otros aspectos, como por ejemplo el de lentes fotogr&aacute;ficas, ha permitido el desarrollo de nuevas t&eacute;cnicas, en ingl&eacute;s Next Generation Sequecing (NGS). Dichas t&eacute;cnicas se centran en la secuenciaci&oacute;n masiva de fragmentos de ADN presentes en una muestra. En muchos casos, las hebras de ADN encontradas quedan fijas en un soporte y es una potente c&aacute;mara la que va grabando los peque&ntilde;os destellos originados en cada secuencia individual al ir avanzando su lectura. Cada tipo de destello corresponde a una base de ADN. Esta informaci&oacute;n unida a la posici&oacute;n y al tiempo de lectura permite reconstruir la secuencia de ADN de millones de secuencias al mismo tiempo. Se genera tanta informaci&oacute;n que en los laboratorios suele dedicarse m&aacute;s tiempo al an&aacute;lisis inform&aacute;tico de los datos que a las propias t&eacute;cnicas microbiol&oacute;gicas.
    </p><p class="article-text">
        Desde el grupo de micorrizas de la Estaci&oacute;n Experimental del Zaid&iacute;n (CSIC Granada) estudiamos c&oacute;mo las especies de microorganismos del suelo cambian en respuesta a los factores ambientales: tipo de suelo, temperatura, vegetaci&oacute;n&hellip; Y a su vez c&oacute;mo esos cambios en la composici&oacute;n de especies afectan a las funciones que los microorganismos tienen en el ecosistema. Esto es debido a que la respuesta y la funci&oacute;n de cada especie es a menudo &uacute;nica. Es pues crucial para nuestros estudios ser capaces de distinguir y catalogar la comunidad de especies presentes en cada sistema. El desarrollo de todas estas t&eacute;cnicas de estudio ha dejado en el camino varios premios Nobel. En cada uno de nuestros trabajos de investigaci&oacute;n es, pues, imposible no recordar a Newton cuando dijo, sobre sus propios estudios, que: &ldquo;Si he podido ir m&aacute;s all&aacute; es porque me encaramaba a hombros de gigantes&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álvaro López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/300-anos-estudio-microorganismos_132_8285866.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Sep 2021 18:11:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[300 años de estudio de los microorganismos]]></media:title>
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