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    <title><![CDATA[elDiario.es - Luis Fernando Medina Serra]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/luis-fernando-medina-serra/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Luis Fernando Medina Serra]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Colombia y las disyuntivas postergadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/colombia-movilizaciones-economia_132_8309867.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f9e1dc8-f37b-433b-9187-39c511e51c34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Colombia y las disyuntivas postergadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras años de posponer indefinidamente los dilemas de fondo sobre su contrato social, parece que le ha llegado a Colombia la hora de decidir si quiere seguir confiando su afamada estabilidad a una conjunción de circunstancias que tal vez ya no se vayan a repetir</p></div><p class="article-text">
        Con frecuencia los periodistas deportivos se repiten una vieja pregunta: &iquest;Qu&eacute; es mejor: ser bueno o tener suerte? Por supuesto es imposible saberlo. Pero es una pregunta que deber&iacute;a hacer reflexionar a los economistas colombianos. Por d&eacute;cadas, Colombia ha sido un faro de estabilidad en las turbulentas aguas latinoamericanas. Su &uacute;ltimo episodio de inflaci&oacute;n desbordada fue hace m&aacute;s de un siglo. Aunque no ha tenido &ldquo;milagros econ&oacute;micos&rdquo; como los de Brasil en los a&ntilde;os 60, ha encadenado a&ntilde;os, d&eacute;cadas, de crecimiento econ&oacute;mico positivo que se han traducido en importantes ganancias en sus niveles de desarrollo. El genio del inter&eacute;s compuesto hace que sea mejor crecer persistentemente a tasas mediocres que tener una econom&iacute;a ciclot&iacute;mica que alterna entre la euforia y la depresi&oacute;n cada pocos a&ntilde;os (como Argentina desde hace m&aacute;s de 60 a&ntilde;os).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso es comprensible la angustia y la ansiedad con que muchos economistas colombianos han visto los &uacute;ltimos meses. Como ocurri&oacute; en muchos otros pa&iacute;ses, la pandemia desencaden&oacute; en Colombia la peor recesi&oacute;n desde que existen datos dignos de creer. Hasta ah&iacute;, nada an&oacute;malo. Pero, a diferencia de otros pa&iacute;ses, en Colombia a esta crisis se le sum&oacute; un estallido social no visto en d&eacute;cadas y se&ntilde;ales preocupantes de los mercados internacionales tales como la p&eacute;rdida del grado de inversi&oacute;n de la deuda colombiana y una pronunciada ca&iacute;da en el valor del peso colombiano.
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso es que todo esto ha ocurrido en momentos en que la pol&iacute;tica econ&oacute;mica colombiana ha estado dirigida por reconocidos custodios de la estabilidad, operando con las m&aacute;s impecables reglas de la ortodoxia. Nada de &ldquo;caprichos populistas&rdquo; aqu&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que ocurre es que, contrario a lo que suelen creer muchos economistas, la inestabilidad macroecon&oacute;mica no depende &uacute;nicamente de la lucidez de unos cuantos ungidos en los ministerios de Hacienda sino de procesos pol&iacute;ticos m&aacute;s profundos. En el caso colombiano, durante 30 a&ntilde;os la econom&iacute;a ha operado sobre la base de una profunda contradicci&oacute;n que por diversas razones no hab&iacute;a estallado. Pero, al igual que el deportista suertudo, parece que los colombianos estamos descubriendo que nuestros n&uacute;meros no eran resultado de un talento excepcional sino de haber contado con circunstancias a favor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1991 Colombia se dio a s&iacute; misma una nueva Constituci&oacute;n y, simult&aacute;neamente, abandon&oacute; los pilares de pol&iacute;tica econ&oacute;mica que hab&iacute;an guiado su modelo de desarrollo hasta ese momento. La nueva Constituci&oacute;n consagr&oacute; una serie de derechos sociales y, en esa medida, bien puede considerarse la base de un nuevo Estado del bienestar. Por otra parte, las reformas econ&oacute;micas buscaban exponer la econom&iacute;a colombiana (a&uacute;n m&aacute;s) a las fuerzas del mercado global. (Digo &ldquo;a&uacute;n m&aacute;s&rdquo; porque en verdad Colombia nunca lleg&oacute; a los extremos proteccionistas de otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n.)&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En principio, ambos objetivos eran compatibles. Es m&aacute;s, en aquella &eacute;poca el consenso ortodoxo era que eran complementarios: que la internacionalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a llevar&iacute;a a m&aacute;s crecimiento y que ese crecimiento permitir&iacute;a aumentar el gasto social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los resultados no han sido los que se esperaban. En el periodo 1961-1991, la econom&iacute;a colombiana creci&oacute; a un ritmo de 4.7% anual. Entre 1991 y el 2021 ese promedio cay&oacute; a 3.4%. No solo el crecimiento ha sido menor sino que ha sido tambi&eacute;n m&aacute;s vol&aacute;til. Si entre 1961 y 1991 solo hubo dos a&ntilde;os con crecimiento por debajo del 2%, desde 1991 ha habido cinco a&ntilde;os por debajo de ese umbral, incluida una profunda recesi&oacute;n en 1999.
    </p><p class="article-text">
        No es f&aacute;cil explicar este fen&oacute;meno y hay muchos desacuerdos al respecto. Pero hay tres patrones persistentes que, si bien a primera vista parecen inconexos, juntos presentan un cuadro tan coherente como inquietante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Primero, en estas d&eacute;cadas Colombia se convirti&oacute; en un exportador de hidrocarburos. Ya para 1995 la participaci&oacute;n de la miner&iacute;a en las exportaciones colombianas era del 24.7%, nada despreciable en un pa&iacute;s que por d&eacute;cadas hab&iacute;a sido primordialmente un exportador de caf&eacute;. En el 2009 ese porcentaje rompi&oacute; la barrera del 40% y nunca ha vuelto a caer por debajo de ese nivel. Incluso, en el 2014 lleg&oacute; a estar cerca del 60%. Segundo, a pesar de haber tenido a&ntilde;os de precios del petr&oacute;leo muy favorables, durante todo el siglo XXI Colombia ha presentado una balanza comercial deficitaria llegando incluso a d&eacute;ficits por encima del 6% del PIB (en el a&ntilde;o 2015). Tercero, la tasa de desempleo en Colombia se ha instalado tercamente en niveles de dos d&iacute;gitos con un promedio del 13% para lo que va corrido del siglo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En teor&iacute;a, un d&eacute;ficit comercial tan persistente no tiene por qu&eacute; ser malo. De hecho, como la balanza comercial es la imagen especular de la balanza de capitales, dicho d&eacute;ficit simplemente quiere decir que el pa&iacute;s es un receptor neto de inversi&oacute;n extranjera. Entonces, a simple vista pareciera como si Colombia estuviera tratando de potenciar su crecimiento sobre la base de capital importado lo cual tiene sentido para una econom&iacute;a en desarrollo. Pero, si eso es as&iacute;, la tasa de desempleo es motivo de interrogantes. Supuestamente, tanto capital importado deber&iacute;a haber aumentado la productividad de la econom&iacute;a, en especial del factor trabajo, de manera que el mercado laboral estar&iacute;a en condiciones de absorber la mano de obra. Pero no solamente la tasa de desempleo es alta sino que tambi&eacute;n es alta, muy alta, la tasa de informalidad. Cerca del 60% de la poblaci&oacute;n empleada trabaja en el sector informal, con muy baja productividad y en condiciones precarias y de penuria. Aqu&iacute; es donde los datos de primarizaci&oacute;n completan el cuadro. La inversi&oacute;n extranjera directa se ha dirigido predominantemente al sector de hidrocarburos (que es altamente intensivo en capital y por tanto genera poco empleo), lo cual es apenas obvio dada la rentabilidad de dicho sector a precios mundiales. Es decir, la globalizaci&oacute;n ha empujado a Colombia a seguir los patrones de la ventaja comparativa, sin capacidad de activar fuentes de crecimiento end&oacute;genas distintas a las de la venta de recursos naturales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aparte de las cifras mediocres de crecimiento econ&oacute;mico, esta combinaci&oacute;n de factores ha tenido otra consecuencia pol&iacute;ticamente explosiva: una preocupante vulnerabilidad de la econom&iacute;a a los shocks externos. Tal vez la manifestaci&oacute;n m&aacute;s elocuente y dram&aacute;tica de este fen&oacute;meno fue la malograda reforma tributaria que sirvi&oacute; de detonante para las movilizaciones de mayo. Seg&uacute;n los an&aacute;lisis del gobierno en aquel momento, si no se hac&iacute;a una reforma tributaria de manera inmediata (la segunda en tres a&ntilde;os), peligraba el valor de la deuda p&uacute;blica en los mercados internacionales. No es este el sitio para dirimir si la situaci&oacute;n era tan alarmante como dec&iacute;a el gobierno en ese momento. Nadie duda de que, as&iacute; no fuera necesario un apret&oacute;n fiscal tan draconiano, en el mejor de los casos s&iacute; hab&iacute;a motivos de inquietud. Pero m&aacute;s all&aacute; de las cuestiones coyunturales, el episodio puso de manifiesto un problema que se est&aacute; incubando hace d&eacute;cadas: lejos de fortalecer al Estado del bienestar por la v&iacute;a de mayor crecimiento, la globalizaci&oacute;n lo ha vuelto m&aacute;s fr&aacute;gil: su margen de maniobra se reduce en los a&ntilde;os malos que es justo cuando m&aacute;s se necesita.
    </p><p class="article-text">
        En &uacute;ltimas, la crisis de mayo puso de manifiesto una realidad que ha estado larvada desde hace ya a&ntilde;os: los prop&oacute;sitos incluyentes de la Constituci&oacute;n del 91 siempre han estado en una especie de danza peligrosa con las restricciones de financiamiento externo de una econom&iacute;a que ha sido incapaz de generar sus propios recursos para financiar el bienestar de sus ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Se habla mucho en estos d&iacute;as en Colombia de que el crecimiento econ&oacute;mico y el bienestar social se han desconectado. El siguiente cuadro muestra datos que parecen confirmar esta impresi&oacute;n. Cada columna corresponde a una de las tres &uacute;ltimas encuestas de pobreza multidimensional en Colombia, seg&uacute;n el a&ntilde;o. En cada fila se aprecia la diferencia entre el indicador de Colombia en cada una de las dimensiones de pobreza y lo que deber&iacute;a ser ese valor seg&uacute;n una regresi&oacute;n respecto al nivel de PIB per c&aacute;pita que tome en cuenta varios pa&iacute;ses para los cuales hay datos comparables. Es decir, cuando una celda tiene valor negativo, quiere decir que en ese indicador en particular, Colombia est&aacute; mejor de lo que sugerir&iacute;a su nivel de ingreso. En cambio, valores positivos quieren decir que en esa dimensi&oacute;n de pobreza el desempe&ntilde;o colombiano es peor de lo que se esperar&iacute;a dado su PIB per c&aacute;pita. Lo m&aacute;s notable es que durante la d&eacute;cada 2005-2015 los distintos valores fueron pasando a niveles positivos. Es decir, si bien puede que haya habido mejoras en el bienestar de la poblaci&oacute;n m&aacute;s pobre, estas mejoras se han venido rezagando con respecto al crecimiento de la econom&iacute;a.&nbsp;
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                Cambio socioeconómico en Colombia                            </span>
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        Tal vez la pregunta no es por qu&eacute; se produjo el estallido de mayo sino c&oacute;mo una combinaci&oacute;n tan inestable de ingredientes se hab&iacute;a podido mantener por a&ntilde;os. Una posible clave para responder esta pregunta se halla precisamente en la forma en que dicho estallido se fue extendiendo. Comenz&oacute; como una huelga convocada por algunas de las centrales sindicales m&aacute;s importantes. Pero Colombia es un pa&iacute;s con una muy baja densidad sindical; una huelga con ese origen solo podr&iacute;a convertirse en una movilizaci&oacute;n social sostenida si a ella se le sumaban otros sectores. Y as&iacute; fue. Pronto se fueron sumando una pluralidad, a veces desconcertante, de voces. Grupos ind&iacute;genas, estudiantes, campesinos y, tal vez de una manera con pocos precedentes en la historia de Colombia, los que la prensa ha dado en llamar &ldquo;ni-nis&rdquo;, es decir, j&oacute;venes que ni estudian ni trabajan, indignados y hastiados. Abundaban los relatos de algunos de estos j&oacute;venes que contaban c&oacute;mo ahora, durante las movilizaciones, pod&iacute;an comer mejor gracias a la solidaridad de la ciudadan&iacute;a, que antes de que comenzaran las protestas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, por supuesto, una movilizaci&oacute;n basada en grupos tan heterog&eacute;neos, muchos de ellos pr&aacute;cticamente espont&aacute;neos y sin mayor experiencia pol&iacute;tica, iba a terminar diluy&eacute;ndose. En &uacute;ltimas, a los d&eacute;ficits de la econom&iacute;a colombiana, tales como su d&eacute;ficit externo, su d&eacute;ficit fiscal entre otros, hay que sumarles un enorme d&eacute;ficit democr&aacute;tico. La democracia colombiana es capaz de generar elecciones genuinamente competitivas. Pero m&aacute;s all&aacute; de eso ha demostrado ser incapaz de sostener acciones colectivas que le den contenidos reales a las fluctuaciones electorales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No alcanzar&iacute;a el espacio de estas l&iacute;neas para profundizar en las ra&iacute;ces hist&oacute;ricas de este d&eacute;ficit. Pero algunos hechos merecen destacarse. A finales del siglo pasado puede decirse que el bipartidismo colombiano, uno de los m&aacute;s viejos del mundo, expir&oacute; dejando tras de s&iacute; una proliferaci&oacute;n de empresas electorales bastante inestables. M&aacute;s variado que su predecesor, el nuevo sistema de partidos hered&oacute; de aqu&eacute;l su aversi&oacute;n a los movimientos sociales. En Colombia los partidos no tienen movimientos y los movimientos no tienen partidos lo cual hace que la gesti&oacute;n de demandas de la poblaci&oacute;n est&eacute; siempre mediada por l&oacute;gicas clientelistas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A esto hay que sumarle, naturalmente, la violencia. Las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas constituyen uno de los periodos m&aacute;s violentos de la historia de Colombia en el que se entrelazaron los conflictos con las insurgencias armadas y el surgimiento de toda una constelaci&oacute;n de zonas de &ldquo;gobernanza criminal&rdquo; sometidas al narcotr&aacute;fico y otras mafias extractoras de recursos naturales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esas condiciones, es muy dif&iacute;cil que la ciudadan&iacute;a encuentre formas organizadas de expresarse. Por eso, cuando confluyeron varias circunstancias, tales como la baja popularidad de la Administraci&oacute;n Duque, los nuevos brotes de violencia que amenazan con descarrilar el proceso de paz, el incumplimiento por parte del gobierno de los compromisos adquiridos en movilizaciones anteriores y, como gran catalizador, la enorme crisis econ&oacute;mica y social de la pandemia, el resultado fue un desborde de indignaci&oacute;n no visto en d&eacute;cadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo peor de la pandemia parece haber quedado atr&aacute;s. La econom&iacute;a, despu&eacute;s de haber tocado fondo, comienza a recuperarse. La ola de protestas ya termin&oacute;. Habr&aacute; comicios parlamentarios y presidenciales en el primer semestre del a&ntilde;o entrante. Imposible hacer pron&oacute;sticos sobre lo que viene pero si se puede creer a la encuestas, tanto electorales como de opini&oacute;n, con todo y lo traum&aacute;ticos que hayan sido los &uacute;ltimos meses, la ciudadan&iacute;a no quiere volver al pasado. Por ejemplo, aunque ya empez&oacute; la proliferaci&oacute;n de candidaturas presidenciales t&iacute;pica del a&ntilde;o previo, a&uacute;n no hay una candidatura abierta y declaradamente continuista. Tras a&ntilde;os de posponer indefinidamente los dilemas de fondo sobre su contrato social, parece que le ha llegado a Colombia la hora de decidir si quiere seguir confiando su afamada estabilidad a una conjunci&oacute;n de circunstancias que tal vez ya no se vayan a repetir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Fernando Medina Serra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/colombia-movilizaciones-economia_132_8309867.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Sep 2021 04:01:05 +0000]]></pubDate>
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