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    <title><![CDATA[elDiario.es - Sonia Simón Losada]]></title>
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      <title><![CDATA[Estrombolia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/estrombolia_129_8361002.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e1097cdf-b195-4c83-816e-c338a5353db2_16-9-discover-aspect-ratio_default_1030554.jpg" width="276" height="155" alt="Estrombolia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Catorce mil kilómetros en el hemisferio sur no son suficientes para dejar de estar en el Atlántico. El tiempo hoy solo es una variante en la ecuación de la velocidad de la lava.</p></div><p class="article-text">
        Mi ritmo circadiano se sincroniza con el de la isla, no puedo dormir si ella est&aacute; despierta. Es muy extra&ntilde;o sentir que me llama, con su canto de sirena pelirroja, y mi impotencia me asfixia. Y por m&aacute;s que solo sea un trozo de tierra tan insignificante como cualquier otro, observar como desaparece el lugar que me ha visto crecer, hace que una parte de m&iacute; tambi&eacute;n deje de existir. 
    </p><p class="article-text">
        La distancia es relativa. Catorce mil kil&oacute;metros en el hemisferio sur no son suficientes para dejar de estar en el Atl&aacute;ntico. El tiempo hoy solo es una
    </p><p class="article-text">
        variante en la ecuaci&oacute;n de la velocidad de la lava.
    </p><p class="article-text">
        Yo crec&iacute; en una casa, una de esas casas como las que ayer estaban pintadas de verde, y hoy de negro. Crec&iacute; solamente en una casa, siempre la misma. La conoc&iacute;a de memoria. Era capaz de reconocer los surcos del patio y las piedras irregulares de cada una de las macetas. Sab&iacute;a el punto exacto en el que la llave abrir&iacute;a la cerradura, y mis sentidos notaban el sutil cambio de olor seg&uacute;n las estaciones.
    </p><p class="article-text">
        Por las noches jugaba a hacer el recorrido desde mi habitaci&oacute;n a la cocina con las luces apagadas. Empec&eacute; por necesidad, mis brazos de ni&ntilde;a no alcanzaban los interruptores, luego se convirti&oacute; en costumbre in&uacute;til, un reto innecesario.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez llegaba m&aacute;s lejos porque el miedo a la oscuridad era vencido por la seguridad del tacto de unas paredes que me guiaban. Las paredes de mi casa. La nave nodriza de mi ser. Recuerdo las v&iacute;speras de Reyes, el ruido de la lluvia en la azotea, las telara&ntilde;as en el techo de tea, los azulejos del ba&ntilde;o, la primera vez que volv&iacute; y la &uacute;ltima que me fui con la certeza de que ser&iacute;a para siempre.
    </p><p class="article-text">
        Parte de mi tristeza infinita es por todos estos recuerdos de mi infancia... en el mismo lugar, y la sensaci&oacute;n de pertenecer a ese lugar, a un
    </p><p class="article-text">
        pedazo de tierra inerte que parad&oacute;jicamente te da vida. Estoy triste, por m&iacute;, por mi isla bonita, y sobre todo por los palmeros que siguen cerrando los ojos para recorrer las paredes de sus casas antes de que el olvido les borre el mapa invisible que los lleva desde la habitaci&oacute;n a la cocina.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; estuviera ah&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sonia Sim&oacute;n Losada</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sonia Simón Losada]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/estrombolia_129_8361002.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Oct 2021 16:09:04 +0000]]></pubDate>
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