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    <title><![CDATA[elDiario.es - Agustín Camacho Guerrero]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Agustín Camacho Guerrero]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Nuestras especies "chiquitas", grandes olvidadas de la revolución climática]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/pequenas-especies-grandes-olvidadas-revolucion-climatica_132_8526352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02bcb960-4ba8-4e99-9673-fe182482c650_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nuestras especies &quot;chiquitas&quot;, grandes olvidadas de la revolución climática"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras la polémica sobre el cambio climático atrae a la opinión pública, centenares de especies, pequeñas y desconocidas, pueden desaparecer de sus últimos refugios frescos en nuestro país</p></div><p class="article-text">
        Once de la noche de un domingo oto&ntilde;al, Campi&ntilde;a de C&oacute;rdoba. El entom&oacute;logo Gin&eacute;s Rodr&iacute;guez identifica uno de los grillos m&aacute;s raros de la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, el <em>Stenonemobius gracili</em>s, con apenas cuatro individuos conocidos hasta el momento. La alegr&iacute;a nos invade en salidas nocturnas como esta. A pesar de vivir en la urbanizada Europa, en una buena noche todav&iacute;a se pueden registrar m&aacute;s de una decena de especies de artr&oacute;podos nunca antes vistas en la provincia, algunas ni tienen nombre cient&iacute;fico, solo porque nadie las hab&iacute;a mirado antes con suficiente atenci&oacute;n. Adem&aacute;s de tener formas a veces bizarras y a veces bell&iacute;simas, nuestras especies de peque&ntilde;o tama&ntilde;o son capaces de todo tipo de proezas: cargar renacuajos en su cintura, cazar comida con su lengua, o hasta trepar por superficies de vidrio.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, antes de que nos asombren con nuevas curiosidades, muchas de esas especies desaparecer&aacute;n. Ello despu&eacute;s de haber resistido por milenios el duro clima espa&ntilde;ol. Linajes de especies hist&oacute;ricamente adaptadas al calor y al fr&iacute;o se dividen la tierra desde hace millones de a&ntilde;os. Hasta el final del Mioceno, una Tierra m&aacute;s c&aacute;lida que la actual permiti&oacute; a las especies &ldquo;calientes&rdquo; alcanzar regiones muy septentrionales. Lo sabemos por restos de linajes de especies tales como leones, elefantes y rinocerontes. Al final del mioceno, con posterior enfriamiento del clima, linajes &ldquo;fr&iacute;os&rdquo; han alcanzado zonas tropicales, tales como osos y salamandras. Durante nuestra era, el Antropoceno, nos extendimos por una Tierra fr&iacute;a y, despu&eacute;s de extinguir a aquellos &ldquo;exploradores&rdquo; de linajes calientes, la hemos calentado a base de hachas, fuego y gases varios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nuestra ganader&iacute;a y agricultura, hoy llamadas a vigilar y defender la tierra, han puesto al sol la mayor parte de los suelos originalmente cubiertos de bosques. En zonas hist&oacute;ricamente productivas y llanas, como la Campi&ntilde;a del Guadalquivir a su paso por C&oacute;rdoba, hablamos de cerca del 97% por ciento de la superficie existente. 97% para el hombre, 3% para millares de especies animales. Los individuos que componen cada especie necesitan de espacio para obtener los recursos necesarios para mantener sus poblaciones. Sin embargo, las especies apenas pueden hacerlo en un estrecho rango de condiciones ambientales. Ello conlleva que estas ocupen territorios finitos sobre el planeta, limitadas entre otras cosas por su tolerancia al clima. Particularmente, especies de peque&ntilde;o tama&ntilde;o, capaces de sobrevivir con escasos recursos, tienden a transformarse en end&eacute;micas, o sea, a distribuirse por &aacute;reas aisladas y peque&ntilde;as.&nbsp;
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                Galápago Europeo                            </span>
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        Cuando el clima cambia, muchas especies tienen que cambiar su distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica, as&iacute; como lo hace el ganado trashumante. Estas retroceden donde el clima las mata, o les sabotea su competici&oacute;n con otras especies, y avanzan donde este les da ventaja. Con el hombre, ahora, avanzan muchas especies &ldquo;calientes&rdquo;: las que se reproducen r&aacute;pido y durante todo el a&ntilde;o, las que aguantan el calor abrasador de los campos abiertos, el asfalto y el hormig&oacute;n&hellip; A las &ldquo;fr&iacute;as&rdquo;, sin embargo, les toca ahora replegarse, &iquest;pero a d&oacute;nde?. El calentamiento exige su retirada a zonas m&aacute;s frescas. Sin embargo, muchas no podr&aacute;n cruzar nuestros campos, demasiado &aacute;ridos y envenenados por los usos intensivos del suelo. Para escapar, lo que necesitan las poblaciones de millares de especies &ldquo;fr&iacute;as&rdquo; de peque&ntilde;o tama&ntilde;o son corredores de sombra fresca y estable. La soluci&oacute;n es clara pero la intenci&oacute;n parece poca: hay que usar el tiempo fresco para recuperar zonas verdes y h&uacute;medas, proteger y extender los &uacute;ltimos refugios frescos, y re-naturalizar Espa&ntilde;a, aunque sea con especies &ldquo;chiquitas&rdquo;. Ojal&aacute; as&iacute; puedan vuestros descendientes sorprenderse a&uacute;n con ellas. Hay que darse prisa. Con fuegos como los de Sierra Bermeja, los &uacute;ltimos testigos de tiempos m&aacute;s frescos desaparecen, acurrucados en sus refugios evanescentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras los focos de la pol&eacute;mica se centran en si hace buen o mal tiempo, si escoger la energ&iacute;a solar o nuclear, si Greta Thunberg o Donald Trump... procesos catastr&oacute;ficos se desarrollan en la sombra. Esta vez no es la sombra de la pol&iacute;tica, sino la brindada por la vegetaci&oacute;n y arroyos de nuestros montes y valles. En esos &uacute;ltimos cantones, numerosas especies &ldquo;fr&iacute;as&rdquo;, incapaces de alcanzar mejores refugios, esperan su turno en las ruletas rusas del fuego veraniego, de la pr&oacute;xima especie invasora, y del pr&oacute;ximo sistema de explotaci&oacute;n del suelo. Es f&aacute;cil acordarse de las especies grandes, como el Oso Pardo y el Urogallo. Pero no tanto del Trit&oacute;n del Montseny, o del Sapo Partero B&eacute;tico, del Lagarto Verdinegro y del Gal&aacute;pago Europeo. Todos ellos, y un n&uacute;mero desconocido de peque&ntilde;os vertebrados e invertebrados, plantas y hongos, encuentran en nuestro pa&iacute;s los frentes m&aacute;s c&aacute;lidos de toda su distribuci&oacute;n. Sin embargo, muchas de estas especies son a&uacute;n tan desconocidas que es imposible saber si son &ldquo;calientes&rdquo; o &ldquo;fr&iacute;as&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Atendiendo a esta falta de conocimiento sobre el futuro de especies frente al calentamiento clim&aacute;tico, ha nacido el proyecto VULNERAWEB. Este tiene su base en la Estaci&oacute;n Biol&oacute;gica de Do&ntilde;ana-CSIC y est&aacute; financiado por el fondo Horizonte 2020 de la Uni&oacute;n Europea. El proyecto consiste principalmente en el desarrollo de una plataforma web para detectar poblaciones vulnerables al calentamiento clim&aacute;tico. En este momento, el proyecto est&aacute; enfocado en los reptiles y anfibios, pero busca extenderse a nuevos grupos. Despu&eacute;s de haber captado el poder de supercomputaci&oacute;n del CESGA (Centro de Supercomputaci&oacute;n de Galicia) para la identificaci&oacute;n de la vulnerabilidad clim&aacute;tica, esta plataforma busca ahora alianzas para combinar datos actualizados de la distribuci&oacute;n de estos animales con estimaciones de su tolerancia al calor y previsiones de su exposici&oacute;n a temperaturas estresantes, en el presente y el futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustín Camacho Guerrero]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Nov 2021 19:04:18 +0000]]></pubDate>
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