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    <title><![CDATA[elDiario.es - Andrés García Reche]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/andres-garcia-reche/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Andrés García Reche]]></description>
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      <title><![CDATA[El modelo productivo español: casi todo por hacer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/modelo-productivo-espanol_129_8574644.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c47971e8-487a-4f35-8cf6-c8c81438868f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El modelo productivo español: casi todo por hacer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se necesita con urgencia un nuevo sistema de gobernanza al máximo nivel de decisión política, para el conjunto del Sistema de Innovación, que acabe con ese comportamiento en forma de trayectorias paralelas en el que se han situado históricamente los mundos científico y productivo en España</p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a no puede considerarse un pa&iacute;s marginal, ni mucho menos irrelevante, en el contexto de la econom&iacute;a global. El hecho de que su PIB se sit&uacute;e en el lugar n&uacute;mero 14, de un total de 187 pa&iacute;ses (FMI, 2020), da una idea bastante clara de su m&aacute;s que apreciable importancia cuantitativa. Y, sin embargo, es igualmente cierto que, en la medida en que avanzamos en el an&aacute;lisis, las cosas comienzan a empeorar bastante. Por ejemplo, en t&eacute;rminos de PIB <em>per c&aacute;pita,</em> nuestra posici&oacute;n desciende significativamente, hasta la casilla 37, lo que no es, desde luego, un dato muy reconfortante. Y si, ya dentro del marco de la Uni&oacute;n Europea, consideramos la clasificaci&oacute;n de los distintos pa&iacute;ses, de acuerdo con la mayor o menor tasa de desempleo que estos tengan, siempre aparecemos claramente destacados en los primeros puestos; pero esta vez, no por estar entre los mejores, sino por ser los campeones absolutos del paro, disput&aacute;ndonos, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, este dudoso honor con Grecia. 
    </p><p class="article-text">
        Tampoco puede considerarse una buena noticia que ocupemos un mediocre decimotercer puesto en el panel global de salarios medios percibidos por los trabajadores pertenecientes a la UE; o, en fin, que nos situemos en el decimos&eacute;ptimo lugar, de un total de 27 posibles, en el <em>ranking</em> del esfuerzo realizado en I+D (1,25% del PIB), bastante menos de la mitad del que realizan pa&iacute;ses como Suecia, Austria o Alemania, B&eacute;lgica o Finlandia, que son los m&aacute;s aventajados en este asunto. 
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente, ante este panorama general tan poco estimulante, ser&iacute;a muy aconsejable, a la vez que urgente, contestar dos preguntas esenciales: la primera es si este pa&iacute;s dispone de un diagn&oacute;stico, lo suficientemente acertado, sobre las verdaderas causas de esta relativa mediocridad en materia econ&oacute;mica con la que convivimos desde hace d&eacute;cadas (yo dir&iacute;a, siglos); y la segunda, si existe un plan de mejora efectivo, es decir una estrategia cre&iacute;ble para que pueda producirse un cambio de alcance. 
    </p><p class="article-text">
        En realidad, aunque pudiera opinarse, no sin cierta garant&iacute;a de &eacute;xito, que la respuesta es claramente negativa en los dos casos, en rigor solo lo es en el primero; entre otras cosas porque, de un modo u otro, todos los gobiernos suelen tener un plan. Cuesti&oacute;n muy diferente es que dicho plan no suela llevar a parte alguna, al estar fundamentado habitualmente en un diagn&oacute;stico equivocado. No hay viento favorable para el que no sabe a qu&eacute; puerto se dirige. Lo dijo Schopenhauer, y no caben muchas dudas de que, al menos en esto, tenia toda la raz&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, si hubiera que definir de forma sint&eacute;tica cual es la principal causa que refleja n&iacute;tidamente, a la vez que explica, la debilidad estructural de nuestra econom&iacute;a, sin ninguna duda debe acudirse a la siguiente cifra: 58.000 euros, que es el monto de valor a&ntilde;adido por trabajador ocupado (productividad media) que el sistema econ&oacute;mico espa&ntilde;ol es capaz de generar a lo largo de un a&ntilde;o, para todo el conjunto de actividades en las cuales estamos &ldquo;especializados&rdquo;. Para que nos hagamos una idea aproximada de su magnitud relativa, recuerdo que Dinamarca estaba, para ese mismo periodo (2020), en 107.000 euros, y Alemania, en 75.000.
    </p><p class="article-text">
        Y la raz&oacute;n de que esta cifra sea tan importante es muy simple: la mayor&iacute;a de los indicadores que reflejan el nivel de vida de una poblaci&oacute;n en un determinado territorio, quedan determinados por ella: la renta <em>per c&aacute;pita</em> de sus habitantes, los salarios que pueden percibir sus trabajadores, los beneficios de sus empresas, la suficiencia de los recursos del Estado para hacer frente a los servicios p&uacute;blicos (incluyendo las pensiones), y, en fin, su propia capacidad de crecimiento y de creaci&oacute;n de empleo, en el caso de que hablemos en t&eacute;rminos din&aacute;micos. Es lo que de manera un tanto burda, pero bastante gr&aacute;fica, se entiende como el &ldquo;tama&ntilde;o del pastel econ&oacute;mico&rdquo;, que luego habremos de repartir entre todos, y del que depende, en &uacute;ltima instancia, la capacidad que los distintos pa&iacute;ses tienen para lograr un grado razonable de igualdad y cohesi&oacute;n social. 
    </p><p class="article-text">
        Solo as&iacute; puede entenderse c&oacute;mo (siguiendo con el ejemplo), tanto el PIB <em>per c&aacute;pita, </em>como los salarios medios de Dinamarca y Alemania, est&eacute;n tan alejados del valor que alcanzan en Espa&ntilde;a; o que el gasto p&uacute;blico <em>per c&aacute;pita</em> que el Estado dan&eacute;s y alem&aacute;n dedican a sus ciudadanos (28.000 y 20.000 euros, respectivamente), no se parezcan, ni de lejos, a los menos de 13.000 euros que se gastan en Espa&ntilde;a. Resumiendo, la productividad no lo es todo, pero, a largo plazo, lo es casi todo, como acertadamente afirm&oacute; hace ya 24 a&ntilde;os Paul Krugman, y nadie, hasta ahora, le ha desmentido. 
    </p><p class="article-text">
        Ya s&eacute; que pudiera parecer algo pretencioso dar por sentado, de manera tan contundente, que el hecho de que se haya ignorado secularmente, por activa o por pasiva, un diagn&oacute;stico aparentemente tan simple, como &eacute;ste, sea la principal causa de que estemos donde estamos en el terreno econ&oacute;mico, pero, cr&eacute;anme, no lo es. &Uacute;nicamente poniendo el foco en las verdaderas causas que explican el relativamente bajo valor a&ntilde;adido que el sistema productivo espa&ntilde;ol es capaz de generar, podr&iacute;a empezar a vislumbrarse alguna luz al final del t&uacute;nel. 
    </p><p class="article-text">
        Dicho lo cual, resultar&iacute;a totalmente l&oacute;gico, al tiempo que inaplazable, preguntarnos cuales podr&iacute;an ser dichas causas. Y claro est&aacute;, la respuesta es que existen muchas de ellas, y muy variadas, entre las que pudieran citarse, por ejemplo, el dise&ntilde;o inadecuado de la inversi&oacute;n p&uacute;blica, el d&eacute;ficit de ciertas infraestructuras (con menci&oacute;n especial para el corredor mediterr&aacute;neo que afecta a m&aacute;s del 50% de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola), la relativa desorientaci&oacute;n de nuestro sistema educativo, y muy especialmente, el tama&ntilde;o excesivamente reducido de nuestras empresas o el marcado sesgo de la especializaci&oacute;n productiva sectorial hacia actividades de medio bajo y bajo contenido tecnol&oacute;gico&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Pero hay una que destaca mucho sobre todas ellas, que es, adem&aacute;s, el n&uacute;cleo duro del problema, y que tiene un car&aacute;cter secular; a saber: el deficiente funcionamiento del Sistema de Innovaci&oacute;n; es decir, la ausencia de conexiones eficaces, sist&eacute;micas y permanentes entre los productores de conocimiento (de manera destacada aquellos que pertenecen al &aacute;mbito cient&iacute;fico) y los usuarios de dicho conocimiento, principalmente las empresas (innovaci&oacute;n). Y mientras esto no se entienda, en un mundo que lleva ya m&aacute;s de tres d&eacute;cadas instalado de lleno en eso que se ha dado en llamar la &ldquo;era de la econom&iacute;a del conocimiento&rdquo;, todos los intentos que se realicen por otras v&iacute;as no pasar&aacute;n de ser un mero c&uacute;mulo de esfuerzos bienintencionados. 
    </p><p class="article-text">
        El hecho de que Espa&ntilde;a disponga de un volumen de producci&oacute;n cient&iacute;fica de gran magnitud, situado entre los diez primeros puestos del <em>ranking</em> mundial, hace todav&iacute;a m&aacute;s sorprendente que dicha materia gris sea tan escasamente aprovechada por nuestras propias empresas y sectores. No es culpa de nadie en particular. Nuestro personal cient&iacute;fico/investigador siempre ha reaccionado bien a los est&iacute;mulos que recib&iacute;a (fundamentalmente, investigar y publicar) y por tanto han hecho bien su trabajo, y las empresas, por su parte, debido a su peque&ntilde;o tama&ntilde;o o al tipo de sector al que pertenecen, no han sido (no son) habitualmente muy proclives a acercarse a un conocimiento al que nunca han tenido f&aacute;cil acceso, y que ahora, adem&aacute;s, es necesariamente algo m&aacute;s disruptivo y complejo del que est&aacute;n acostumbradas. 
    </p><p class="article-text">
        No es un problema, por tanto, &uacute;nicamente cuantitativo, relacionado con el reducido gasto en I+D que se realiza en Espa&ntilde;a (sobre todo, por parte de las empresas, todo hay que decirlo). Es tambi&eacute;n, un problema cualitativo, de car&aacute;cter estructural, que dificulta y lastra el buen funcionamiento del Sistema de Innovaci&oacute;n en su conjunto.
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia l&oacute;gica, pues, de todo ello es que se necesita con urgencia un nuevo sistema de gobernanza al m&aacute;ximo nivel de decisi&oacute;n pol&iacute;tica, para el conjunto del Sistema de Innovaci&oacute;n (teniendo en cuenta, naturalmente, la especificidad propia del estado auton&oacute;mico), que acabe definitivamente con ese comportamiento en forma de trayectorias paralelas en el que se han situado hist&oacute;ricamente los mundos cient&iacute;fico y productivo en Espa&ntilde;a, garantizando as&iacute; que no se pierda ya ni un solo gramo m&aacute;s de la materia gris que nuestras empresas y sectores necesitan, aunque muchas de ellas ni siquiera lo sepan todav&iacute;a. Ahora puede entenderse como si alg&uacute;n patriotismo puede tener justificaci&oacute;n en la era global, &eacute;ste es, sin duda alguna, el patriotismo cient&iacute;fico/tecnol&oacute;gico; el &uacute;nico que realmente puede hacer m&aacute;s libres e independientes a los pa&iacute;ses, aunque solo sea dentro de los l&iacute;mites razonables que impone dicha globalizaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Conclusi&oacute;n: es hora de que el debate econ&oacute;mico en este pa&iacute;s se enfoque de manera prioritaria hacia las verdaderas causas que impulsan el valor a&ntilde;adido y la creaci&oacute;n de riqueza, y, consecuentemente, a la necesidad perentoria de fortalecer su Sistema de Innovaci&oacute;n, olvid&aacute;ndose as&iacute;, al menos por un tiempo, de toda esa otra multitud de temas colaterales que, siendo importantes, son de mucho menor calado y relevancia. Ya lo advirti&oacute; Tito Livio: <em>Dum Romae consulitur, Saguntum expugnatur.</em> 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrés García Reche]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/modelo-productivo-espanol_129_8574644.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Dec 2021 05:00:49 +0000]]></pubDate>
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