<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Jorge F. Hernández]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jorge-f-hernandez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jorge F. Hernández]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1037347/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Separados por la misma lengua]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/separados-lengua_129_8590850.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9622d205-f091-48ae-913e-ccd8af14b036_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Separados por la misma lengua"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De una orilla a otra del Atlántico, el idioma nos divide y, a la vez, nos hace cómplices de chistes gemelos, palabras viajeras y hasta malentendidos tradicionales. Es un territorio identitario que reivindica la diferencia y nos habla de raíces comunes</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'México, esdrújulo y volcánico', de elDiario.es</p></div><p class="article-text">
        El mexicano del cuarto 502 (en el sexto piso) llama al lobby e informa al gerente que &ldquo;se desconchinfl&oacute; la llave de la tina... &iquest;Podr&iacute;an enviar a un plomero, por favorcito? El encargado en recepci&oacute;n tarda un buen rato en deducir que se trata de la habitaci&oacute;n 502 (en la planta sexta) y que lo que ha ocurrido es que &rdquo;se averi&oacute; el grifo de la ba&ntilde;era... y por ende, hay que llamar a un fontanero&ldquo;; sin favor, ni leches.
    </p><p class="article-text">
        La an&eacute;cdota se volvi&oacute; chiste o chisme y el cuento se le adjudica a Alfonso Reyes hace un siglo, a Jos&eacute; Emilio Pacheco hace medio y a la m&aacute;s reciente estrella de la literatura mexicana en visitar Madrid. Ya sean hechos o bulos, se trata de la c&iacute;clica confirmaci&oacute;n de que entre M&eacute;xico y Espa&ntilde;a hay una lengua com&uacute;n que nos separa, tal como el Atl&aacute;ntico e igual que suced&iacute;a seg&uacute;n George Bernard Shaw con el idioma ingl&eacute;s, tan diferente el de Kentucky al de Liverpool. La cita tambi&eacute;n se atribuye a Oscar Wilde y aunque los habitantes de ese idioma sin e&ntilde;e dan fe de diametrales diferencias incluso en la pronunciaci&oacute;n de una misma palabra, parece no haber en el mundo un espejo tan enigm&aacute;tico y contrastante como el que se extiende desde la Pen&iacute;nsula hasta el Pac&iacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Empecemos con la &ldquo;tl&rdquo; heredera del n&aacute;huatl mexica (mal llamado azteca) que tanto l&iacute;o causa en hinchas del 'Aleti' de 'Madr&iacute;', o hablemos de los necios que insisten en escribir &ldquo;M&eacute;jico&rdquo; con jota no aragonesa. Hablo de lugares comunes verbales tan contrastantes o refractados como el michoacano que confunde toda m&uacute;sica espa&ntilde;ola con el flamenco o el paisano guanajuatense que &ndash;ante el primer golpe de la cruda que en Espa&ntilde;a es resaca&ndash; tiene la mala ocurrencia de pedir &ldquo;una polla con dos huevos&rdquo; en el bar del hotel, sin imaginar que hay geograf&iacute;as donde esa combinaci&oacute;n no significa jerez con clara y yema como remedio para el trasnochado. En la misma l&iacute;nea rayana con la vulgaridad accidental est&aacute;n el estupor que puede causarle al espa&ntilde;ol que escuche que la Loter&iacute;a Nacional Mexicana ha logrado acumular una polla de varios millones para un pr&oacute;ximo sorteo, sin imaginar que se trata de un bote acumulado; y el pudoroso mexicano que siente taquicardia al escuchar que en Espa&ntilde;a es com&uacute;n meter de culo a un auto compacto en lugares estrechos. De hecho, en M&eacute;xico no es habitual&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;aunque cada generaci&oacute;n ha ido dosificando el diferencial&ndash; escuchar en radio, televisi&oacute;n o conversaci&oacute;n coloquial la &ldquo;teta&rdquo; o el &ldquo;mecagoen&rdquo; tan frecuentes y normalizados en Espa&ntilde;a desde hace siglos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta entra&ntilde;able diferencia en las hablas, lejos de convertirse en conflicto o reducto irascible, conforma un policromado mural de diversidad abundante y provechosa germinaci&oacute;n no solo de rimas inesperadas, sino de aut&eacute;nticos giros culturales que enriquecen el aroma de la relaci&oacute;n bilateral. Nos hermana la tiza que se usa en el cole espa&ntilde;ol, que no es m&aacute;s que el gis de las escuelas mexicanas, siendo &ldquo;tizotl&rdquo; ra&iacute;z n&aacute;huatl que cruz&oacute; a la metr&oacute;polis en boca de alg&uacute;n conquistador arrepentido, y gis el ar&aacute;bigo guarismo que lleg&oacute; a Mesoam&eacute;rica en boca de alg&uacute;n fraile; y as&iacute; tambi&eacute;n no es lo mismo sentir pena en Pantitl&aacute;n que grima en Granada, ni verg&uuml;enza en Vitoria; no es lo mismo chillar de berrinche en Quer&eacute;taro que pitar al &aacute;rbitro en Aranjuez, y qu&eacute; decir del grito de la porra del Atlante a contrapelo de los cantos de los ultras, ambos lejanos id&eacute;nticos a la barra de Boca en Argentina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Precisamente de la boca a los gestos, el espejo trasatl&aacute;ntico refleja que un corte de mangas no dice nada en Guadalajara, Jalisco, as&iacute; como el chilango del antiguo DF que pinta un caracolito no recibe contestaci&oacute;n alguna si lo hace en Valladolid o Zaragoza. Pues no es lo mismo &ndash;aunque se parezcan&ndash; los que se l&iacute;an a hostias con los que se agarran a chingadazos y llama la atenci&oacute;n que en el valle de An&aacute;huac se miente tanto a la madre, mientras que al cruzar la carpetovet&oacute;nica les d&eacute; por cagarse en su padre. Y merece un largo ensayo esa ligereza andaluza con la que se puede lanzar un piropo a la Macarena como hija de la gran puta frente al recato pudoroso y ultraortodoxo de los ind&iacute;genas conversos, incapaces de aludir as&iacute; a los dioses. Y as&iacute; como se abre una falla tect&oacute;nica abismal de diferencias an&iacute;micas y culturales entre Espa&ntilde;a y M&eacute;xico, se yergue una inmensa monta&ntilde;a de dichos compartidos, greguer&iacute;as clonadas y albures m&aacute;s o menos trasatl&aacute;nticos: hablo de los chistes que en la Pen&iacute;nsula denostan a los de Lepe, que son los mismos chistes que se cuentan en chilangolandia contra los gachupines; y de los refranes que se cruzaron en ambos sentidos en los cinco siglos que llevamos intentando conocernos en un mestizaje como de madr&eacute;pora, que cubre no solo lo hist&oacute;rico y cultural, sino tambi&eacute;n lo biol&oacute;gico-existencial.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco caus&oacute; cierto furor tricolor &ndash;hubo quienes se rasgaron las vestiduras&ndash; el hecho de tener que leer subt&iacute;tulos a&ntilde;adidos en la pel&iacute;cula mexicana 'Roma', de Alfonso Cuar&oacute;n, que se proyectaba en Espa&ntilde;a. De acuerdo, es evidente que se necesitan subt&iacute;tulos hasta en Toluca y Tacubaya para los inalcanzables di&aacute;logos en lengua mixteca que emplean las actrices que hacen el papel de sirvientas; pero parec&iacute;a exagerado que en M&oacute;stoles o Bilbao tuvieran que recurrir al subtitulado de los di&aacute;logos de los otros actores que &iexcl;hablaban espa&ntilde;ol! Por lo mismo, llama poderosamente la atenci&oacute;n la notoria propensi&oacute;n al doblaje del cine hispano, a contrapelo del ya anclado y habitual recurso de los subt&iacute;tulos en M&eacute;xico, como si todo ello tuviese que ver con los &iacute;ndices de alfabetismo o lectura.	
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; como la maestr&iacute;a parece diferenciarse del m&aacute;ster, el parking en Segovia parece diferenciarse de un estacionamiento en Celaya; y as&iacute; como el que guacha en spanglish de pocho venido en cholo en pleno coraz&oacute;n de East L.A. como territorio mexicano, de igual manera parec&iacute;a intraducible el cheli de chulapos y chulaponas y el argot macarra de tiempos de la movida. Aunque el menda que se come el tarro sea gemelo del pendejo que est&aacute; mal del mel&oacute;n, aunque la bofia sea la tira y el chocolate equivalga a un churro (lo cual parece enredo de desayuno), ya sabemos no pocos chichimecas el l&iacute;o que podemos formar en cualquier tasca al insistir en tomarnos un whisky con Tehuac&aacute;n, o bien la vergonzosa situaci&oacute;n de preguntar a una compa&ntilde;era de la Complutense si acaso lleva en el bolso un Durex (que ella identifica como cond&oacute;n), cuando en verdad solo dese&aacute;bamos un poco de tira adhesiva.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos el mismo idioma y diferentes lenguas, o bien es la misma lengua que se ha partido en dos o m&aacute;s idiomas, y el caleidoscopio se desdobla incluso en lo et&eacute;reo. Por ejemplo, en el sencillo af&aacute;n por dar la hora es com&uacute;n que en Espa&ntilde;a mienten las 2:50 como &ldquo;tres menos diez&rdquo;, desconcertando al mexicano que acostumbra a decir &ldquo;diez para las tres&rdquo;, quiz&aacute; con el argumento de que no se puede dar por hecha la tercera hora de un d&iacute;a o mediod&iacute;a si por azar nos cae encima un terremoto que para el tiempo a las 2:59; y todo eso de una esot&eacute;rica manera quiz&aacute; explique que el Metro de Madrid circule al rev&eacute;s que la naranja serpiente subterr&aacute;nea de M&eacute;xico, donde los vagones entran a la estaci&oacute;n por el lado izquierdo del que se para en el and&eacute;n, provocando que al viajar &ndash;de aqu&iacute; para all&aacute; y viceversa&ndash; mexicanos y espa&ntilde;oles se paren al filo de los rieles como visitantes ajenos a Londres, donde uno tiene que estar a las vivas con las v&iacute;as cambiadas. Y ya que estamos: &iquest;qu&eacute; me dicen del flem&aacute;tico anuncio de &ldquo;Mind the gap&rdquo; que en M&eacute;xico se tradujo como &ldquo;Ojo&rdquo; y que en Madrid se alarga barrocamente en &ldquo;Metro de Madrid: pr&oacute;xima estaci&oacute;n en curva. Por favor, tenga cuidado para no introducir el pie entre coche y and&eacute;n&rdquo;?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que el verbo chingar sea tan polifac&eacute;tico en M&eacute;xico trastoca notablemente el &uacute;nico doble sentido que se le confiere en Espa&ntilde;a, y hace que llame tanto la atenci&oacute;n que muchos rancheros digan &ldquo;ansina&rdquo; y &ldquo;vuesa merc&eacute;&rdquo; como si habitara el Quijote en Cholula o Chapala. O que la conserje aconseje subir para arriba, entrar adentro para luego bajar para abajo y salir para afuera no debe de ser pretexto para erguirnos en censores calificadores de la Irreal Academia de la Lengua, sino para convertirnos en beneficiarios de un din&aacute;mico diccionario que se desdobla continuamente con los vocablos al uso, los pronombres prestados y el cantinflismo inevitable (&iquest;o puro quevedismo ramoniano?).
    </p><p class="article-text">
        Nos hemos de leer por los siglos de los siglos con la compartida tipograf&iacute;a donde no faltar&aacute;n ni el ansia ni el asombro de redescubrir verbos y nombres que cre&iacute;amos haber memorizado. Nos hemos de escuchar en boleros o rancheras que se mezclan con todos los palos del flamenco y l&aacute;nguidas cantigas de anta&ntilde;o en la inagotable y generosa m&uacute;sica que pone a bailar hasta en el habla y nos hemos de ver para siempre en el espejo, que refleja y refracta, de millones de apellidos compartidos y tant&iacute;simas ra&iacute;ces intactas, en paisajes parecidos y costumbres clonadas. De ida y vuelta, Espa&ntilde;a y M&eacute;xico a dos voces exponenciales y policromadas que confirman que Comala o Macondo est&aacute;n tambi&eacute;n en la Mancha y que Sancho y Don Alonso son cuates &ndash;entre ellos y con todos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge F. Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/separados-lengua_129_8590850.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Jan 2022 20:59:48 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9622d205-f091-48ae-913e-ccd8af14b036_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="506128" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9622d205-f091-48ae-913e-ccd8af14b036_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="506128" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Separados por la misma lengua]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9622d205-f091-48ae-913e-ccd8af14b036_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Lenguaje,Español,México,México, esdrújulo y volcánico]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
