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    <title><![CDATA[elDiario.es - Eduardo González Calleja]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/eduardo-gonzalez-calleja/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Eduardo González Calleja]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[La Segunda República en su contexto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/segunda-republica-contexto_129_8584302.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10f02a64-eb28-432b-a45e-58b0a055d46b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Segunda República en su contexto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El parlamentarismo demoliberal internacional no consigue asimilar la efervescencia ideológica y las disfunciones políticas y sociales de las naciones a partir de la posguerra, una crisis global en la que se enmarca la frustración de la experiencia democrática republicana en España</p><p class="subtitle">Este reportaje pertenece a la revista 'Las luces de la Segunda República', de elDiario.es. Hazte socia antes del 31 de diciembre y te enviamos a casa esa y otras dos revistas</p></div><p class="article-text">
        La Segunda Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola fue la &uacute;ltima democracia en proclamarse en Europa despu&eacute;s de la Gran Guerra, y la &uacute;ltima en consumar su derrumbamiento &mdash; a fines de marzo de 1939, pocos d&iacute;as m&aacute;s tarde de la desmembraci&oacute;n de Checoslovaquia&mdash;&nbsp; antes del estallido del segundo conflicto mundial. En aquellos tiempos, el Viejo Continente no era un lugar adecuado para que prosperasen los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos pluralistas: en 1920 hab&iacute;a 28 reg&iacute;menes democr&aacute;ticos en Europa, de los que solo perviv&iacute;an 12 a la altura de 1938. Ninguno fue derrocado por una revoluci&oacute;n comunista o socialista entre 1920 y 1945, pero la amenaza bolchevique, real o ficticia, fue un argumento que propici&oacute; y justific&oacute; la implantaci&oacute;n de numerosos y variados reg&iacute;menes autoritarios, en tres oleadas sucesivas: a mediados de los a&ntilde;os veinte, entre 1932 y 1934, y a partir de 1935. Este viraje hacia la dictadura se reflej&oacute; en los diecis&eacute;is golpes de Estado triunfantes protagonizados por las fuerzas de la derecha en aquellos a&ntilde;os, frente a ninguno con &eacute;xito de los levantamientos ejecutados por parte de las organizaciones de izquierda.
    </p><p class="article-text">
        Si tenemos que describir el contexto europeo de la posguerra, debi&eacute;ramos hablar del desencadenamiento, a partir de 1917, de una oleada revolucionaria que en realidad fue m&aacute;s nacionalista que marxista, pero tambi&eacute;n de una amplia respuesta contrarrevolucionaria que se plasm&oacute; en la hegemon&iacute;a del autoritarismo en el Este y el Sur del continente. La amenaza dictatorial no vino tanto de una improbable revoluci&oacute;n comunista &mdash;propuesta por un sector del escindido movimiento obrero&mdash; como de una movilizaci&oacute;n contrarrevolucionaria, ya fuera en su acepci&oacute;n de r&eacute;gimen autoritario, corporativo y modernizador &mdash;casos de Portugal o Austria&mdash; o en una alternativa dictatorial de masas con un car&aacute;cter declaradamente fascista, como los casos de Italia o Alemania. El origen y la naturaleza de este tipo de dictaduras es motivo de estudio desde hace d&eacute;cadas pero, desde finales del siglo pasado, los an&aacute;lisis comparados han dejado de centrarse en acontecimientos concretos &mdash;como la propia guerra, la posguerra, la revoluci&oacute;n rusa, la crisis del 29 o la llegada de Hitler al poder, con ser estos importantes&mdash; para atender a cuestiones a m&aacute;s largo plazo, que tienen que ver con la naturaleza de las coaliciones pol&iacute;ticas nacionales que se establecieron en los diversos pa&iacute;ses desde fines del siglo XIX, y su ulterior distorsi&oacute;n y reformulaci&oacute;n a ra&iacute;z de la aparici&oacute;n de la clase obrera como fuerza pol&iacute;tica abocada a la transformaci&oacute;n revolucionaria del &ldquo;orden burgu&eacute;s&rdquo;. Los tipos de r&eacute;gimen que se fueron implantando derivaban de diferentes grados de consolidaci&oacute;n del liberalismo y de distintos modelos de participaci&oacute;n obrera en la pol&iacute;tica anterior a la Gran Guerra, se apoyaban en variadas alianzas de clase, adoptaban diferentes respuestas ante la crisis econ&oacute;mica y exhib&iacute;an planteamientos ideol&oacute;gicos y &eacute;ticos muy distintos. En el caso espa&ntilde;ol, la convergencia estrat&eacute;gica entre el obrerismo socialista y la burgues&iacute;a reformista de inclinaci&oacute;n republicana precipit&oacute; la crisis de la monarqu&iacute;a y el establecimiento, casi de forma sorpresiva, de una &ldquo;rep&uacute;blica de trabajadores de todas clases&rdquo; que, al menos en sus inicios, mostr&oacute; una decidida voluntad de transformaci&oacute;n de la realidad nacional, en un sentido claramente modernizador.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de su breve duraci&oacute;n, la agitada trayectoria hist&oacute;rica de la Segunda Rep&uacute;blica no se puede interpretar como un hecho excepcional dentro del tormentoso contexto pol&iacute;tico internacional de los a&ntilde;os treinta. Por el contrario, el &lsquo;caso&rsquo; espa&ntilde;ol presenta similitudes con otras crisis de las democracias que acontecieron en la Europa de entreguerras, como fueron los casos sucesivos de Italia, Portugal, Alemania, Austria o Checoslovaquia, etc. Pa&iacute;ses con de-mocracias consolidadas en distinto grado, y con sistemas de partidos muy diferentes entre s&iacute;, vivieron desenlaces semejantes al espa&ntilde;ol, aunque por otras v&iacute;as, que no pasaron necesariamente por el trance de una guerra civil abierta. Hubo muchas variables de inter&eacute;s, entre las que se encuentran el nivel de desarrollo social y econ&oacute;mico del &aacute;rea en el que el pa&iacute;s se insertaba, el grado de consolidaci&oacute;n de la cultura pol&iacute;tica pluralista en el juego pol&iacute;tico y en las instituciones existentes, la capacidad del r&eacute;gimen democr&aacute;tico para aportar una mejora tangible en la vida material de la mayor&iacute;a de los ciudadanos, o el grado en que su actuaci&oacute;n amenazaba los intereses de determinados grupos sociales o de presi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las experiencias de ciertos pa&iacute;ses en los a&ntilde;os veinte y treinta demuestran que la crisis socioecon&oacute;mica y la democracia no son factores mutuamente excluyentes. El alcance y la extensi&oacute;n de la crisis pol&iacute;tica, social o econ&oacute;mica pueden ser factores importantes, pero no decisivos en la frustraci&oacute;n de una democracia, ya que esta puede movilizar todos sus recursos para conjurar esta amenaza y evitar que degenere en una crisis de r&eacute;gimen. Por ejemplo, el crac de 1929 golpe&oacute; duramente a los Estados Unidos sin que su estructura pol&iacute;tica sufriera conmociones peculiarmente violentas en comparaci&oacute;n a pa&iacute;ses europeos como la Alemania de Weimar, considerada por muchos como el paradigma de la democracia en crisis: el r&eacute;gimen democr&aacute;tico germano logr&oacute; sobrevivir en los primeros a&ntilde;os veinte a un origen considerado espurio por una buena parte de la opini&oacute;n p&uacute;blica conservadora cautivada por la &lsquo;Dolchtosslegende&lsquo; &mdash;la leyenda de la pu&ntilde;alada por la espalda que un Ej&eacute;rcito invicto habr&iacute;a recibido de manos de la revoluci&oacute;n&mdash;, a una serie de&nbsp; movimientos centr&iacute;fugos en los &lsquo;L&auml;nder&lsquo;, a la semilealtad de la &lsquo;Reichswehr&lsquo; y a incontables movimientos desestabilizadores de car&aacute;cter revolucionario y contrarrevolucionario. Estabilizada bajo un d&eacute;bil consenso en el segundo lustro de la d&eacute;cada, se derrumb&oacute; inopinadamente ante el embate conjugado de la depresi&oacute;n econ&oacute;mica y el renovado auge de los extremismos pol&iacute;ticos. Problemas de legitimidad y de radicalizaci&oacute;n pol&iacute;ticas afectaron tambi&eacute;n a pa&iacute;ses de honda raigambre parlamentaria como Francia o B&eacute;lgica, o a j&oacute;venes democracias como Finlandia o Checoslovaquia, pero sus sistemas pol&iacute;ticos superaron el embate y solo se vieron alterados de forma duradera por la agresi&oacute;n extranjera en los proleg&oacute;menos o durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, no es necesario describir las numerosas conmociones pol&iacute;ticas &mdash;y las subsiguientes secuelas autoritarias&mdash; sufridas por pa&iacute;ses predominantemente agrarios y con sistemas olig&aacute;rquicos formalmente parlamentarios como Hungr&iacute;a, Yugoslavia, Polonia, Bulgaria o Ruman&iacute;a. O naciones que, como Italia, Grecia o Portugal, fracasaron en su intento de transformaci&oacute;n de un sistema liberal tradicional en uno democr&aacute;tico de masas, y cayeron por mayor o menor tiempo en uno o varios per&iacute;odos de car&aacute;cter dictatorial.
    </p><p class="article-text">
        El fascismo fue uno de los movimientos de masas que moviliz&oacute; con mayor eficacia la contestaci&oacute;n ideol&oacute;gica y pol&iacute;tica organizada en contra del sistema democr&aacute;tico, acusado de ineficacia en la gesti&oacute;n de las transformaciones de todo orden acaecidas durante la posguerra. En los a&ntilde;os treinta, el fascismo en sus diversas manifestaciones se fue extendiendo m&aacute;s all&aacute; de Italia, en direcci&oacute;n a las fr&aacute;giles democracias de Europa Central y Oriental, donde &uacute;ni-camente Checoslovaquia resisti&oacute; la implantaci&oacute;n de cualquier tipo de dictadura o el desencadenamiento de una guerra civil. Fue entonces cuando el fascismo se convirti&oacute; en Espa&ntilde;a &mdash;como en otros lugares&mdash; en un imperati-vo categ&oacute;rico para todas las fuerzas pol&iacute;ticas, que tuvieron que situarse necesariamente a favor o en contra, apoy&aacute;ndolo, toler&aacute;ndolo u oponi&eacute;ndose a &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        La frustraci&oacute;n de la experiencia democr&aacute;tica republicana en Espa&ntilde;a debe enmarcarse en la crisis global del parlamentarismo demoliberal, evidenciada en sus dificultades para asimilar la efervescencia ideol&oacute;gica y las disfunciones pol&iacute;ticas y sociales que trajo consigo el definitivo ingreso de las masas en la vida colectiva de las naciones a partir de la posguerra. Fue entonces cuando se plante&oacute; en toda su crudeza el enfrentamiento entre las posibles salidas sociales y pol&iacute;ticas al imp&aacute;s en que estaba sumido el capitalismo: el colectivismo comunista, el populismo ultranacionalista o la profundizaci&oacute;n democr&aacute;tica y social del marco parlamentario liberal. Este fue el camino emprendido por el r&eacute;gimen republicano espa&ntilde;ol, que trat&oacute; de ampliar la capacidad de convocatoria de la democracia &lsquo;burguesa&rsquo; adaptando el sistema de partidos a los requerimientos de la nueva pol&iacute;tica de masas, conciliando el reforzamiento de competencias del poder ejecutivo con el respeto a las funciones fiscalizadoras de un sistema parlamentario m&aacute;s eficaz y representativo, y concertando una alianza interclasista que sustituyera al tradicional bloque olig&aacute;rquico que hab&iacute;a detentado el poder durante la monarqu&iacute;a y que fuera capaz de conjurar cualquier amenaza autoritaria procedente de los extremos del espectro pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es preciso resaltar las especificidades de la experiencia democr&aacute;tica espa&ntilde;ola, que tienen que ver con los profundos problemas y conflictos previos al per&iacute;odo republicano, y al modo en que el nuevo r&eacute;gimen decidi&oacute; afrontarlos. A diferencia del resto de las democracias m&aacute;s o menos formales que nacieron y murieron en los a&ntilde;os de entreguerras, la Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola no era el resultado directo de una derrota o de una victoria militar, aunque s&iacute; puede interpretarse como el fruto tard&iacute;o de un sentimiento nacional herido tras el Desastre de 1898, y que figura en los proleg&oacute;menos de la reacci&oacute;n pol&iacute;tica e intelectual previa a la constituci&oacute;n del nuevo r&eacute;gimen. Algunas singularidades del &lsquo;caso&rsquo; espa&ntilde;ol pueden residir en lo tard&iacute;o de la culminaci&oacute;n de su proceso de reforma sociopol&iacute;tica (al menos tres decenios desde los primeros atisbos de problemas graves en el sistema de la Restauraci&oacute;n) y en la incapacidad del r&eacute;gimen republicano a la hora de dotarse de un sistema pol&iacute;tico eficaz que estableciera una nueva hegemon&iacute;a social e ideol&oacute;gica bajo fundamentos s&oacute;lidos y duraderos. Por otra parte, el punto &aacute;lgido del enfrentamiento dial&eacute;ctico entre reforma, revoluci&oacute;n y reacci&oacute;n lleg&oacute; a nuestro pa&iacute;s con una d&eacute;cada de retraso respecto de la gran oleada revolucionaria y contrarrevolucionaria de inicios de los a&ntilde;os veinte, que constituy&oacute; el primer desaf&iacute;o para las fr&aacute;giles democracias establecidas tras la Gran Guerra. Este desfase cronol&oacute;gico contribuy&oacute; a agudizar los efectos del conflicto en Espa&ntilde;a, puesto que el cambio democr&aacute;tico se produjo en la etapa de crisis econ&oacute;mica y de exacerbaci&oacute;n de las tensiones ideol&oacute;gicas entre fascismo y antifascismo que alumbr&oacute; la segunda hornada de dictaduras.
    </p><p class="article-text">
        La gravedad del conflicto pol&iacute;tico espa&ntilde;ol de la &eacute;poca no resulta excepcional, si lo comparamos con las conmociones revolucionarias y contrarrevolucionarias que sufrieron los estados herederos de los imperios desaparecidos con la Primera Guerra Mundial. La Segunda Rep&uacute;blica sufri&oacute; niveles altos de violencia &mdash;sobre todo de violencia pol&iacute;tica organizada&mdash;, pero tambi&eacute;n lo tuvieron por per&iacute;odos m&aacute;s o menos largos de su historia otras democracias m&aacute;s o menos formales, como la Italia prefascista, las primeras rep&uacute;blicas austr&iacute;aca y portuguesa o la Rep&uacute;blica de Weimar. Y ello sin contar con el cruento y dif&iacute;cil reacomodo pol&iacute;tico de &lsquo;Estados sucesores&rsquo; como la Hungr&iacute;a de Horthy, la Polonia tutelada por Pilsudski, la Finlandia de Mannerheim o los nuevos estados b&aacute;lticos. Lo que, en un principio, hace destacable el caso espa&ntilde;ol es que sufriera una crisis caracterizada por la inusitada rapidez de su profundizaci&oacute;n y desarrollo, el dramatismo de sus episodios finales (adem&aacute;s de las profundas polarizaciones, rupturas sociales y conflictos violentos en el corto espacio de un lustro) y la peculiar resoluci&oacute;n dada a la misma: una cruenta y larga guerra civil librada por medios convencionales entre dos bandos antag&oacute;nicos apoyados por potencias extranjeras, e inmersa de lleno en un contexto internacional previo abocado al conflicto armado. Sin embargo, la interpretaci&oacute;n de la &ldquo;crisis espa&ntilde;ola de los a&ntilde;os treinta&rdquo; como un episodio m&aacute;s de la confrontaci&oacute;n global entre fascismo, comunismo y democracia no explica de forma satisfactoria el conjunto de factores dom&eacute;sticos (conflictos en torno a la propiedad, el trabajo o s&iacute;mbolos de orden nacional y religioso; dudosa lealtad de algunas instituciones del Estado; radicalizaci&oacute;n de los extremos pol&iacute;ticos; inestabilidad de los gobiernos&hellip;) que comprometieron la viabilidad del r&eacute;gimen republicano. La crisis de la Segunda Rep&uacute;blica consisti&oacute; b&aacute;sicamente en una sucesi&oacute;n de problemas irresueltos de orden interior, donde el ambiente internacional no ejerci&oacute; un influjo directo ni decisivo, sino que actu&oacute; como un reflejo que cataliz&oacute; pol&eacute;micamente las tensiones preexistentes, anejas al proceso reformista y rectificador en el que se empe&ntilde;&oacute; sucesivamente el r&eacute;gimen nacido el 14 de abril de 1931. La implicaci&oacute;n extranjera pudo ser decisiva durante la Guerra Civil, pero result&oacute; insignificante durante el per&iacute;odo anterior. Lo cierto es que, entre 1934 y 1941 &mdash;y en ello hay un punto de honor que a menudo se olvida&mdash;, ning&uacute;n r&eacute;gimen pol&iacute;tico europeo, ni democr&aacute;tico ni autoritario, resisti&oacute; de manera tan decidida y prolongada la agresi&oacute;n de las potencias fascistas y sus aliados dom&eacute;sticos como la Segunda Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola.
    </p><h3 class="article-text">CRONOLOG&Iacute;A</h3><p class="article-text">
        <strong>1931</strong>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>12/4: elecciones municipales. Triunfo de la coalici&oacute;n republicano-socialista en las&nbsp;ciudades.</li>
                                    <li>14/4: proclamaci&oacute;n de la II Rep&uacute;blica. Proclamaci&oacute;n en Barcelona de la Rep&uacute;blica catalana dentro del futuro Estado federal espa&ntilde;ol.</li>
                                    <li>21/4: restablecimiento de la Generalitat de Catalu&ntilde;a.</li>
                                    <li>10-11/5: sucesos del C&iacute;rculo Mon&aacute;rquico Independiente y quema de conventos en Madrid. Inicios de la conspiraci&oacute;n mon&aacute;rquica contra la Rep&uacute;blica.</li>
                                    <li>28/6: elecciones a Cortes Constituyentes. Triunfo de la Coalici&oacute;n Republicano-Socialista.</li>
                                    <li>4-29/7: huelga de la Telef&oacute;nica convocada por la CNT.&nbsp;</li>
                                    <li>14/7: inauguraci&oacute;n de las Cortes.</li>
                                    <li>2/8: aprobaci&oacute;n en refer&eacute;ndum del Estatuto catal&aacute;n.</li>
                                    <li>13-14/10: debate parlamentario sobre la cuesti&oacute;n religiosa, dimisi&oacute;n de Alcal&aacute;-Zamora y Miguel Maura y constituci&oacute;n del Gobierno Aza&ntilde;a.</li>
                                    <li>29/10: Ley de Defensa de la Rep&uacute;blica.&nbsp;</li>
                                    <li>9/12: las Cortes aprueban la Constituci&oacute;n.&nbsp;</li>
                                    <li>12/12 Alcal&aacute;-Zamora es elegido presidente de la Rep&uacute;blica y Aza&ntilde;a es confirmado como jefe de Gobierno.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <strong>1932</strong>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>24/1: disoluci&oacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s y confiscaci&oacute;n de sus bienes.</li>
                                    <li>11/3: Ley de Divorcio</li>
                                    <li>17/3: inicio de los debates sobre la Ley de Reforma Agraria.</li>
                                    <li>6/5: comienza el debate en Cortes del Estatuto Catal&aacute;n.</li>
                                    <li>10/8: golpe fallido de Sanjurjo en Sevilla.&nbsp;</li>
                                    <li>9/9: aprobaci&oacute;n por el Parlamento espa&ntilde;ol del Estatuto Catal&aacute;n y de la Ley de Bases de la Reforma Agraria.</li>
                                    <li>20/11: triunfo de ERC en las elecciones catalanas.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <strong>1933</strong>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>12-13/1: sucesos de Casas Viejas.</li>
                                    <li>28/2-5/3: congreso fundacional de la CEDA.&nbsp;</li>
                                    <li>25/4: elecciones municipales parciales.</li>
                                    <li>2/6: Ley de Congregaciones Religiosas, que establece una fecha tope para que la Iglesia cese en su actividad docente.</li>
                                    <li>14/6: nuevo Gobierno Aza&ntilde;a.&nbsp;</li>
                                    <li>4/8: Ley de Vagos y Maleantes.&nbsp;</li>
                                    <li>8/9: dimite el Gobierno Aza&ntilde;a, por el fracaso de las elecciones municipales.</li>
                                    <li>12/9: intento frustrado de Lerroux de formar Gobierno.</li>
                                    <li>8/10: Gobierno Mart&iacute;nez Barrio. Alcal&aacute;-Zamora disuelve las Cortes.</li>
                                    <li>29/10: mitin fundacional de Falange Espa&ntilde;ola.</li>
                                    <li>19/11: elecciones generales a Cortes. Victoria de las derechas. Por primera vez votan las mujeres.</li>
                                    <li>8-13/12: levantamientos anarquistas en Arag&oacute;n, Rioja y sur de Espa&ntilde;a</li>
                                    <li>16/12: Gobierno Lerroux.&nbsp;</li>
                                    <li>25/12: fallecimiento del presidente de la Generalitat Francesc Maci&agrave;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <strong>1934</strong>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>13/2: fusi&oacute;n de FE y las JONS.</li>
                                    <li>9/3: nuevo levantamiento anarcosindicalista.&nbsp;</li>
                                    <li>11-13/3: huelga de Artes Gr&aacute;ficas.</li>
                                    <li>31/3: pacto de los mon&aacute;rquicos alfonsinos y carlistas con Mussolini para fomentar la desestabilizaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica.&nbsp;</li>
                                    <li>24/4: Ley de Amnist&iacute;a. Dimisi&oacute;n del Gobierno Lerroux.</li>
                                    <li>28/4: Gobierno Samper.</li>
                                    <li>29/4: gran manifestaci&oacute;n antifascista en Barcelona.&nbsp;</li>
                                    <li>5-18/6: huelga general campesina.</li>
                                    <li>1/10: dimite el gobierno Samper.</li>
                                    <li>4/10: constituci&oacute;n del Gobierno Lerroux con 3 ministros cedistas.</li>
                                    <li>5/10: comienzo de la huelga general revolucionaria e insurreccional.</li>
                                    <li>6-7/10: levantamiento de la Generalitat.&nbsp;</li>
                                    <li>18/10: rendici&oacute;n de los &uacute;ltimos focos revolucionarios en Asturias.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <strong>1935</strong>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>6/5: Gobierno Lerroux con cinco ministros de la CEDA. Gil Robles es nombrado ministro de la Guerra.</li>
                                    <li>17/5: Franco es nombrado jefe del Estado Mayor Central.</li>
                                    <li>3/6: comienzo de la ayuda italiana a Falange.&nbsp;</li>
                                    <li>15-16/6: reuni&oacute;n falangista en Gredos para preparar un levantamiento armado.</li>
                                    <li>1/8: Ley de &ldquo;contrarreforma&rdquo; agraria.&nbsp;</li>
                                    <li>25/9: Dimisi&oacute;n de Lerroux. Gobierno Chapaprieta.</li>
                                    <li>29/9: fundaci&oacute;n del POUM.&nbsp;</li>
                                    <li>29/10: Chapaprieta remodela su Gobierno sin ministros radicales.&nbsp;</li>
                                    <li>9/12: dimisi&oacute;n del Gobierno Chapaprieta.</li>
                                    <li>11/12: intento frustrado de golpe de Gil-Robles y la camarilla militar.&nbsp;</li>
                                    <li>14/12: Gobierno de Portela Valladares.&nbsp;</li>
                                    <li>30/12: ante las cr&iacute;ticas de la CEDA, Portela Valladares se ve obligado a formar un nuevo Gobierno.&nbsp;&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <strong>1936</strong>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>7/1: disoluci&oacute;n del Parlamento.</li>
                                    <li>15/1: firma del pacto del Frente Popular.&nbsp;</li>
                                    <li>16/2: triunfo electoral del Frente Popular.&nbsp;</li>
                                    <li>17/2: Franco intenta la declaraci&oacute;n generalizada del estado de guerra.</li>
                                    <li>19/2: constituci&oacute;n del gabinete Aza&ntilde;a, formado exclusivamente por republicanos.</li>
                                    <li>8/3: reuni&oacute;n conspirativa de generales en Madrid.</li>
                                    <li>14/3: detenci&oacute;n de Primo de Rivera.</li>
                                    <li>7/4: destituci&oacute;n de Alcal&aacute;-Zamora.</li>
                                    <li>20/4: intento frustrado de sublevaci&oacute;n en Madrid.</li>
                                    <li>30/4: Falange, declarada legal por los tribunales.&nbsp;</li>
                                    <li>10/5: elecci&oacute;n de Aza&ntilde;a como presidente de la Rep&uacute;blica.&nbsp;</li>
                                    <li>29/5: nombramiento oficial de Mola como director de la conspiraci&oacute;n.</li>
                                    <li>29/6: Falange decide intervenir sin reservas en el complot militar.&nbsp;</li>
                                    <li>17/7: levantamiento en las guarniciones de &Aacute;frica. </li>
                            </ul>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo González Calleja]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/segunda-republica-contexto_129_8584302.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Dec 2021 20:31:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Segunda República en su contexto]]></media:title>
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