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    <title><![CDATA[elDiario.es - Antonio López Vega]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Antonio López Vega]]></description>
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      <title><![CDATA[Ciencia y cultura: nervio republicano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ciencia-cultura-nervio-republicano_129_8588142.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cd588a0e-0a9f-4908-9f67-26160d1efba7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ciencia y cultura: nervio republicano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La entusiasta participación de los intelectuales en el andamiaje del primer bienio, desde posiciones ideológicas muy diversas, se activa para dejar atrás el viejo régimen e impulsar una importante renovación social</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'Las luces de la Segunda República', de elDiario.es. Hazte socia antes del 31 de diciembre y te enviamos a casa esa y otras dos revistas</p></div><p class="article-text">
        La Rep&uacute;blica la han hecho posible los intelectuales. Vosotros, los que ocup&aacute;is el poder, hab&eacute;is sido los parteros de la Rep&uacute;blica; pero permitidnos que os digamos que quienes la han engendrado hemos sido nosotros. Nosotros, unos humildes y otros ilustres, quienes a lo largo de treinta a&ntilde;os hemos hecho poco a poco, con trabajo, con perseverancia, que el cambio de la sensibilidad nacional se efect&uacute;e&ldquo;. As&iacute; saludaba Azor&iacute;n la Rep&uacute;blica en un conocido art&iacute;culo publicado en el diario orteguiano &lsquo;Crisol&rsquo; en junio de 1931. Y ten&iacute;a raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La Rep&uacute;blica fue, ante todo y sobre todo, un Estado cient&iacute;fico y cultural, como advirti&oacute; hace ya tiempo J. P. Fusi. A pesar de que los historiadores nos hemos fijado hasta la obsesi&oacute;n c&oacute;mo fue posible el paso &ldquo;de la fiesta popular a la lucha de clases&rdquo; &ndash;por decirlo con Santos Juli&aacute;&ndash; y por desentra&ntilde;ar las motivaciones que llevaron al golpe de Estado del verano de 1936 que, fracasado y no sometido, despe&ntilde;&oacute; al pa&iacute;s por el precipicio del odio, el rencor y la incomprensi&oacute;n en la m&aacute;s incivil de nuestras guerras, lo cierto es que la Rep&uacute;blica asisti&oacute; al momento de mayor modernizaci&oacute;n y esplendor cient&iacute;fico y cultural de nuestro pa&iacute;s hasta entonces; solo superado por el actual per&iacute;odo democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Aquella Rep&uacute;blica, en cuyas Cortes hab&iacute;a m&aacute;s de un centenar de profesores, periodistas y escritores, era fruto de la conjunci&oacute;n de m&uacute;ltiples circunstancias, sociales, econ&oacute;micas o pol&iacute;ticas. Con todo, el origen remoto del r&eacute;gimen de abril de 1931 se puede encontrar en el proyecto educativo liberal de Francisco Giner de los R&iacute;os y su Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza. A hombros del mismo y de los postulados regeneracionistas que sancion&oacute; Joaqu&iacute;n Costa con la crisis de 1898 &ndash;&ldquo;escuela y despensa&rdquo;&ndash;, Ortega y Gasset habl&oacute; en 1910 de la necesidad de &lsquo;europeizar Espa&ntilde;a&rsquo;, entendiendo por tal la de asomar el pa&iacute;s a la modernidad. Ciencia, cultura, investigaci&oacute;n y universidad eran el camino. Incorporar a la mujer al proyecto, el imperativo. La Residencia de Se&ntilde;oritas, regentada por Mar&iacute;a de Maeztu desde 1915, y otras sedes culturales y cient&iacute;ficas de similar procedencia ideol&oacute;gica &ndash;como, por ejemplo, el International Institute, de origen norteamericano, o el vanguardista y moderno Lyceum Club, entre otros&ndash;, dieron instrucci&oacute;n y cobijo a las pioneras que conquistaron para la mujer &aacute;mbitos que hasta entonces les hab&iacute;an sido vedados en raz&oacute;n de su g&eacute;nero. Aza&ntilde;a fue un paso m&aacute;s all&aacute;: el &lsquo;problema de Espa&ntilde;a&rsquo; era a sus ojos, por encima de todo, un problema pol&iacute;tico. La soluci&oacute;n: la implantaci&oacute;n plena de la democracia &ndash;sufragio universal masculino y femenino&ndash; y de un Estado moderno, fuerte y articulado.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, llegada la Rep&uacute;blica, cient&iacute;ficos e intelectuales se autoerigieron en el nervio del nuevo r&eacute;gimen. Tras haber tenido mucho que ver en el plano inclinado que llev&oacute; al final de la monarqu&iacute;a alfonsina de manera c&iacute;vica y pac&iacute;fica &ndash;Santos Juli&aacute; habl&oacute; del a&ntilde;o de 1930 como un &ldquo;a&ntilde;o de intelectuales&rdquo;&ndash;, muchos fueron nombrados embajadores de la nueva Rep&uacute;blica: S&aacute;nchez Albornoz, Am&eacute;rico Castro, P&eacute;rez de Ayala, Fernando de los R&iacute;os, Madariaga, Gabriel Alomar o Luis de Zulueta. Otros, como el propio Fernando de los R&iacute;os que fue responsable de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, Valle-Incl&aacute;n que desempe&ntilde;&oacute; como director de la Escuela de Bellas Artes de Roma, o Victoria Kent que fungi&oacute; como directora general de prisiones, ostentaron cargos institucionales estrat&eacute;gicos o ministerios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con estos mimbres, durante el primer bienio &ndash;el conocido como &lsquo;social-aza&ntilde;ista&rsquo;&ndash;, la legislaci&oacute;n atendi&oacute; cuestiones como el cuidado del patrimonio art&iacute;stico y bibliotecario &ndash;con la implantaci&oacute;n de una red de archivos nacionales&ndash; o la construcci&oacute;n de miles de escuelas y la convocatoria de plazas para nuevos maestros, con un aumento del 50% del presupuesto en educaci&oacute;n. Junto a ello, numerosos ejemplos bien conocidos muestran la pulsi&oacute;n educativa, cultural o cient&iacute;fica del r&eacute;gimen republicano de 1931: las colonias de verano que mostraron por vez primera el mar a las ni&ntilde;as y ni&ntilde;os m&aacute;s desfavorecidos, la primera feria del libro en el Retiro, la Barraca lorquiana o las Misiones Pedag&oacute;gicas &ndash;que llevaron el teatro cl&aacute;sico espa&ntilde;ol y crearon miles de bibliotecas populares por toda la geograf&iacute;a nacional, respectivamente&ndash;, o, claro, instituciones universitarias sobresalientes como la Universidad Internacional de Santander o la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de Madrid, en cuyas aulas ense&ntilde;aban en los treinta el propio Ortega, Men&eacute;ndez Pidal, Garc&iacute;a Morente, Am&eacute;rico Castro, S&aacute;nchez Albornoz o Jos&eacute; Gaos, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, tal y como advert&iacute;a Azor&iacute;n, en aquel periodo que conocer&iacute;amos como Edad de Plata encontramos los cimientos de aquella Rep&uacute;blica que quiso resolver con car&aacute;cter inmediato los problemas estructurales del pa&iacute;s: caciquismo y corrupci&oacute;n electoral, subdesarrollo econ&oacute;mico de amplias zonas rurales, intervencionismo y estructura militar arcaica e injerencia clerical en la vida p&uacute;blica y ciudadana. Instituciones como la Junta para Ampliaci&oacute;n de Estudios &ndash;que ofreci&oacute; pensiones a cerca de dos millares de licenciados para completar conocimientos en los centros m&aacute;s vanguardistas del extranjero&ndash;, institutos de investigaci&oacute;n y laboratorios como los de Blas Cabrera (f&iacute;sica y qu&iacute;mica), Julio Rey Pastor (matem&aacute;ticas) o Juan Negr&iacute;n (fisiolog&iacute;a) &ndash;por citar tan solo, entre los muchos que salpicaron la geograf&iacute;a nacional, algunos de los vinculados a la propia Junta&ndash;, revistas culturales &ndash;como la ya casi centenaria Revista de Occidente&ndash;, la visita a Espa&ntilde;a de figuras de relieve mundial &ndash;como Einstein, Schr&ouml;dinger, Marie Curie, Marinetti o Le Corbusier&ndash; o la celebraci&oacute;n en nuestro pa&iacute;s de congresos y reuniones cient&iacute;ficas internacionales, fueron el magma en el que aquellos hombres y mujeres desenvolvieron su labor en las primeras d&eacute;cadas del siglo. As&iacute;, tras brillar con luz propia en sus respectivas disciplinas y atesorar un gran prestigio acad&eacute;mico y profesional, muchos de ellos asumieron responsabilidades pol&iacute;ticas en la coyuntura republicana.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del ya cl&aacute;sico debate sobre c&oacute;mo tanta inteligencia en el puente de mando del pa&iacute;s no logr&oacute; abortar el golpe y evitar la cat&aacute;strofe, la advertencia que Azor&iacute;n hac&iacute;a en junio de 1931 sobre el fundamento &uacute;ltimo que inspir&oacute; ese cambio de &lsquo;sensibilidad nacional&rsquo; seguir&iacute;a ausente del an&aacute;lisis de los estudiosos durante d&eacute;cadas. El horror vivido durante la Guerra Civil, cuando las dos Espa&ntilde;as se &lsquo;helaron el coraz&oacute;n&rsquo; en el campo de batalla &ndash;por decirlo con Machado&ndash;, y la prolongada dictadura de Franco, hicieron que nuestra historiograf&iacute;a se centrase en tratar de comprender las enormes resistencias que enajenaron a importantes sectores de la poblaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica y alimentaron el golpe de 1936. Estudios acerca de la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica, la oposici&oacute;n aristocr&aacute;tica, la conspiraci&oacute;n de buena parte de la c&uacute;pula militar y el combate que, desde el p&uacute;lpito, enarbol&oacute; la Iglesia cat&oacute;lica contra la Rep&uacute;blica postergaron, junto a otros an&aacute;lisis, los estudios sobre la arcadia cient&iacute;fica y cultural que se vivi&oacute; entonces.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente, en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas, nuestra historiograf&iacute;a ha venido cubriendo de una manera m&aacute;s que solvente este vac&iacute;o con estudios de aspectos sectoriales, biograf&iacute;as o an&aacute;lisis comparados que muestran como, en un contexto caracterizado por la destrucci&oacute;n del sistema de cooperaci&oacute;n internacional y por el ascenso de opciones nacionalistas y totalitarias, la II Rep&uacute;blica fue el laboratorio de una serie de reformas y cambios estructurales que solo llegar&iacute;an a Espa&ntilde;a pr&aacute;cticamente medio siglo despu&eacute;s de nuestra m&aacute;s dolorosa traves&iacute;a del desierto.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio López Vega]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Dec 2021 21:34:40 +0000]]></pubDate>
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