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    <title><![CDATA[elDiario.es - Eugenio Otero Urtaza]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/eugenio-otero-urtaza/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Eugenio Otero Urtaza]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las Misiones Pedagógicas: la enseñanza de '"todo lo demás"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/historia/misiones-pedagogicas-ensenanza_130_8584684.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49c3c054-a742-478f-83b2-4e8531f5b52d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las Misiones Pedagógicas: la enseñanza de &#039;&quot;todo lo demás&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cossío se hizo con un selecto grupo de maestros y jóvenes intelectuales y los envió al medio rural para conectar modernidad y tradición</p><p class="subtitle">Este reportaje pertenece a la revista 'Las luces de la Segunda República', de elDiario.es. Hazte socia antes del 31 de diciembre y te enviamos a casa esa y otras dos revistas</p></div><p class="article-text">
        El Patronato de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/historia/misiones-pedagogicas-ensenanza_130_8584684.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Misiones Pedag&oacute;gicas</a> fue creado por un decreto del Gobierno Provisional de la Segunda Rep&uacute;blica el 29 de mayo de 1931. El decreto establec&iacute;a que se trataba de llevar a las gentes &ldquo;con preferencia a las que habitan en las localidades rurales, el aliento del progreso y los medios de participar en &eacute;l, en sus est&iacute;mulos morales y en los ejemplos de avance universal, de modo que los pueblos todos de Espa&ntilde;a, aun los apartados, participen en las ventajas y goces nobles reservados hoy a los centros urbanos&rdquo;. Este prop&oacute;sito pretend&iacute;a sacar a las aldeas de su abandono mediante la difusi&oacute;n entre sus gentes de la &ldquo;cultura general, la moderna orientaci&oacute;n de las escuelas y la educaci&oacute;n ciudadana&rdquo;.&nbsp; Era una idea que ya hab&iacute;a sido pedida en 1881 al Gobierno espa&ntilde;ol por Francisco Giner, fundador de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza (ILE) en 1876. Giner cre&iacute;a que era necesario llevar a los mejores maestros hasta las aldeas m&aacute;s apartadas y perdidas de Espa&ntilde;a para que sus gentes, que viv&iacute;an en un universo mental ajeno a la cultura ilustrada y la Revoluci&oacute;n Industrial, fuesen part&iacute;cipes de la modernidad que se hab&iacute;a difundido por las ciudades.
    </p><p class="article-text">
        Para hacer realidad este proyecto su Patronato, que presid&iacute;a Manuel Bartolom&eacute; Coss&iacute;o, busc&oacute; con mucho cuidado un plantel de j&oacute;venes intelectuales y maestros que fuesen capaces de conectar con el mundo rural espa&ntilde;ol. Era fundamental que aquellos j&oacute;venes supieran crear un ambiente de cordialidad con los campesinos, que fueran bien recibidos y que mantuvieran una convivencia jocunda y fraterna. La primera labor del Patronato consisti&oacute; as&iacute; en buscar personas que tuviesen cualidades para ir por los pueblos, porque el misionero deb&iacute;a serlo &ldquo;a todas las horas&rdquo;, sin parecer desocupado u ocioso, sin que &ldquo;jam&aacute;s su actitud pueda interpretarse como pasatiempo o informal pereza&rdquo;; dando la sensaci&oacute;n &ldquo;del &lsquo;inter&eacute;s desinteresado&rsquo; de su visita&rdquo;. Pod&iacute;a divertirse y gozar con la obra que realiza, pero &ldquo;se guardar&aacute; muy mucho de que pudiera producirse en el pueblo la sensaci&oacute;n desmoralizadora de que ha ido all&iacute; a divertirse&rdquo;, y rompiendo con sus h&aacute;bitos urbanos no deb&iacute;a hacer nada que resultase chocante o que pudiera servir de esc&aacute;ndalo. Una conducta que Coss&iacute;o defin&iacute;a como &ldquo;ni de afectada austeridad ni de despreocupaci&oacute;n indiferente&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Derecho al disfrute</h3><p class="article-text">
        La idea de las Misiones Pedag&oacute;gicas contaba con pocos antecedentes en Espa&ntilde;a. En M&eacute;xico ven&iacute;an desarroll&aacute;ndose las Misiones Culturales desde 1923, gracias a la iniciativa de Jos&eacute; Vasconcelos y Roberto Medell&iacute;n. Estas misiones compart&iacute;an con el proyecto espa&ntilde;ol la idea de mandar un grupo de personas para apoyar la labor que realizaban los maestros rurales en contextos de grandes dificultades, ya que su objetivo era &ldquo;el mejoramiento profesional de los maestros federales y, de modo secundario, pero no por eso menos importante, llevar una &uacute;til propaganda de orden cultural e higi&eacute;nico a las comunidades en que dichas Misiones Culturales trabajaran&rdquo;. Pero partiendo de ese objetivo general, ambos proyectos divergen: las misiones pedag&oacute;gicas espa&ntilde;olas no estaban concebidas para suplir las tareas escolares. Se trataba de suscitar una visi&oacute;n sutil, abierta, sin jerarqu&iacute;as, de aquellos saberes que no se ense&ntilde;aban en las aulas. Para Coss&iacute;o, &ldquo;la doctrina dilecta y &uacute;ltima en materia educativa era... &lsquo;todo lo dem&aacute;s&rsquo;, aquello que rebasa lo estrechos cauces del academicismo docente, atenido a la receta&rdquo;. Pensaba que el menor caudal del saber de una persona viene de las aulas y que es fuera de ellas donde las personas enriquecen su cultura, y que era en ese &aacute;mbito de relaciones informales donde hab&iacute;a que incidir con las actividades de las misiones pedag&oacute;gicas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se dieron cuenta de que no solo había una cultura antigua en las aldeas sino que además había que contar con ella para renovar la vida y los hábitos del país</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Se dirig&iacute;an, en principio, a proporcionar a la poblaci&oacute;n campesina una idea de la cultura y de la vida que se desarrollaba en las ciudades, de modernizar un estilo de vida detenido en el tiempo llevando las luces de la democracia; de animar la vida cultural de las aldeas mediante lo que Coss&iacute;o denominaba &ldquo;la &lsquo;celeste diversi&oacute;n&rsquo; que la humanidad, por miserable que sea, persigue a la par del alimento&rdquo;. En Espa&ntilde;a, estos j&oacute;venes que viajaban a las aldeas perdidas e incomunicadas ten&iacute;an mucho m&aacute;s de moder-nos juglares que de instructores aleccionadores de campesinos. &ldquo;La juglar&iacute;a, dir&iacute;a Rafael Dieste, era el arte de entendernos con el pueblo, de entrar en viva y cordial comunicaci&oacute;n con &eacute;l y, por feliz carambola, de ser, a nuestra vez, orientados por &eacute;l&rdquo;. No ten&iacute;an funciones utilitarias o productivas. Se quer&iacute;a hacer conscientes a los campesinos que el ocio tiene un valor en s&iacute; mismo, y que todas las personas tienen derecho a disfrutar de los bienes que proporciona la cultura &mdash;libros, cine, teatro, pintura, m&uacute;sica, romances, etc.&mdash; independientemente de su condici&oacute;n social, lugar de residencia o posici&oacute;n econ&oacute;mica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Coss&iacute;o consideraba que este prop&oacute;sito pod&iacute;a parecer ante una opini&oacute;n multitudinaria como algo vago, raro, escandaloso y extravagante:&nbsp; &ldquo;Ser&aacute; milagro &mdash;dec&iacute;a&mdash; en efecto, que no aparezca como fr&iacute;volo adorno ineficaz el intento de hacer part&iacute;cipes a los abandonados de modo paup&eacute;rrimo, es cierto, pero part&iacute;cipes al cabo, de aquellos quehaceres sol&iacute;citos al ocio, de aquellos precisamente que no sirven para nada, sino que valen por s&iacute; mismos y cuya eficacia utilitaria quedar&aacute; siempre invisible e imponderable&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El primer prop&oacute;sito de las Misiones era que el pueblo gozase contemplando la belleza de las creaciones humanas, que se divirtiese con la visita de aquellos modernos juglares y valorasen aquellas cosas que no est&aacute;n en funci&oacute;n de un aprovechamiento utilitario inmediato. Poco a poco, el &aacute;mbito de las actuaciones se fue ensanchando y a trav&eacute;s de esa cultura difusa que llegaba de las ciudades a las aldeas m&aacute;s remotas, se ve&iacute;a un abismo que era necesario salvar, porque en el mundo urbano se desconoc&iacute;a el acopio de valores que exist&iacute;a en las aldeas, y as&iacute; en alg&uacute;n momento se produjo la paradoja de que los misioneros se ve&iacute;an a s&iacute; mismos educados, en su genio y actitudes vitales ante la vida, por aquellos campesinos que les acog&iacute;an con j&uacute;bilo.
    </p><p class="article-text">
        El Patronato cre&oacute; varios servicios para alcanzar sus fines. El m&aacute;s importante fue el servicio de bibliotecas que cont&oacute; con la ayuda de Mar&iacute;a Moliner y la supervisi&oacute;n de Juan Vicens de la Llave. Consist&iacute;a en una colecci&oacute;n de cien libros que se entregaban en un mueble, junto a papel para forrarlos, indicadores de p&aacute;ginas e instrucciones y talonarios para el pr&eacute;stamo. Eran bibliotecas destinadas fundamentalmente a las aldeas y sol&iacute;an depositarse en el local de la escuela al cuidado de maestros. Hasta el 31 de marzo de 1937, en que se disolvi&oacute; el Patronato, se entregaron 5.522 bibliotecas y alrededor de 600.000 libros, lo que supone la campa&ntilde;a de animaci&oacute;n a la lectura m&aacute;s grande jam&aacute;s hecha en Espa&ntilde;a. Cuando la aldea recib&iacute;a la visita de una expedici&oacute;n misionera se hac&iacute;an lecturas p&uacute;blicas, especialmente de romances y poes&iacute;as. Era habitual que los misioneros reunieran a los ni&ntilde;os durante el d&iacute;a, mientras los adultos trabajaban, para leer y organizar juegos. Junto con los libros, los misioneros llevaban un gram&oacute;fono con el que organizaban audiciones tanto de m&uacute;sica popular, representativa de las diversas comunidades de Espa&ntilde;a, como cl&aacute;sica o culta.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Alguna vez los campesinos buscaron detrás de la pantalla de cine dónde se escondían los actores o el artilugio que hacía aquello posible</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">El misterio del cine</h3><p class="article-text">
        No obstante era el cine el servicio que m&aacute;s seduc&iacute;a a los campesinos; no faltaba en ninguna expedici&oacute;n. Los programas sol&iacute;an terminarse con la proyecci&oacute;n de alguna pel&iacute;cula. en ocasiones al aire libre, extendiendo una tela blanca en una pared o, cuando se pod&iacute;a, en un local amplio. Los campesinos hac&iacute;an grandes caminatas para contemplar el prodigio y se quedaban pasmados ante lo que aparec&iacute;a en la pantalla. Cre&iacute;an que una muerte esc&eacute;nica era un suceso cierto, y lloraban y se lamentaban por peripecias que aparec&iacute;an como fatales; o les aterraba ver una m&aacute;quina de tren en direcci&oacute;n hacia ellos. Alguna vez los campesinos, al terminar la proyecci&oacute;n, buscaron detr&aacute;s de la pantalla d&oacute;nde se escond&iacute;an los actores, o el artilugio que hac&iacute;a aquello posible. Casi todos los aparatos eran de cine mudo, por lo que sol&iacute;an acompa&ntilde;ar las pel&iacute;culas &mdash;cine c&oacute;mico y documentales fundamentalmente&mdash;, con audiciones del gram&oacute;fono. El Patronato produjo sus propios documentales, hoy casi todos perdidos, menos &lsquo;Estampas&rsquo;, que recoge escenas rodadas durante 1932 en varias misiones. Jos&eacute; Val del Omar fue el realizador de algunas de ellas y el que finalmente dirigir&iacute;a el servicio.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Teatro y Coro del Pueblo estuvieron dirigidos respectivamente por Alejandro Casona (1903-1965) y Eduardo Mart&iacute;nez Torner (1888-1955). Quer&iacute;an llevar a los pueblos un teatro elemental, de f&aacute;cil comprensi&oacute;n por los campesinos. Para ello, Casona recurri&oacute; a la imagen de la Carreta de Angulo el Malo, &ldquo;que atraviesa con su alegr&iacute;a colorista y villanesca las p&aacute;ginas de &lsquo;El Quijote&rsquo;&rdquo;; y as&iacute;, deb&iacute;a ser &ldquo;recogido y elemental, ambulante, de f&aacute;cil montaje, sobrio de fondos y ropajes&rdquo;. Y adem&aacute;s educador, &ldquo;sin intenci&oacute;n dogmatizante, con la did&aacute;ctica simple de los buenos proverbios&rdquo;. Se eligieron obras cortas del teatro cl&aacute;sico de Juan de la Encina, Lope de Rueda, Cervantes o Calder&oacute;n de la Barca. El grupo estaba compuesto por &ldquo;una cincuentena de muchachos y muchachas&rdquo;, casi todos estudiantes universitarios y aprendices de maestros, que ten&iacute;an aquel grupo como algo suyo, e interven&iacute;an en la elecci&oacute;n del repertorio y en el reparto de papeles, sin querer hacer de ello una actividad profesional; elaborando discretas normas amistosas para el &eacute;xito de la actuaci&oacute;n, armando y desmontando el tablado del escenario y colaborando en los detalles de la organizaci&oacute;n tanto para las represen-taciones teatrales como para los conciertos de m&uacute;sica popular y recitado de romances.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Espa&ntilde;a in&eacute;dita</h3><p class="article-text">
        Pero el teatro, con su impedimenta, no pod&iacute;a llegar a las aldeas m&aacute;s incomunicadas, y Coss&iacute;o hab&iacute;a pensado que este inconveniente pod&iacute;a solucionarse llevando un teatro de gui&ntilde;ol que representase farsas y romances, que sin renunciar a la frescura popular cumpliese las exigencias de un &ldquo;espect&aacute;culo culto&rdquo;. La ocasi&oacute;n se present&oacute; cuando el escritor Rafael Dieste (1899-1981) pidi&oacute; a Pedro Salinas ser pensionado para el interior de Espa&ntilde;a con el fin de estudiar los giros y modismos del lenguaje popular. Salinas se sorprendi&oacute; por la solicitud y le dijo que la Junta para Ampliaci&oacute;n de Estudios solo daba pensiones para el extranjero pero que pod&iacute;a desarrollar ese estudio con las Misiones Pedag&oacute;gicas, y le ofreci&oacute; la direcci&oacute;n del gui&ntilde;ol, denominado el Retablo de Fantoches, que estren&oacute; en Malpica, en plena Costa de la Muerte gallega, en octubre de 1933. Dieste escribi&oacute; varias farsas para representar en el gui&ntilde;ol y, como se&ntilde;ala Aznar Soler, pronto confirmo &ldquo;su inter&eacute;s dramat&uacute;rgico por avivar en la imaginaci&oacute;n popular tanto la pristinidad de su &eacute;tica profunda como la veta de las maravillas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El Museo del Pueblo era un conjunto circulante de copias de cuadros casi todas del Museo del Prado, hechas por pintores entonces muy j&oacute;venes como Ram&oacute;n Gaya, Juan Bonaf&eacute; y Eduardo Vicente. En la organizaci&oacute;n de esta colecci&oacute;n es donde Coss&iacute;o consagr&oacute; m&aacute;s energ&iacute;as porque si hay algo original en sus ideas pedag&oacute;gicas es en su concepci&oacute;n de la educaci&oacute;n est&eacute;tica. Las palabras que escribi&oacute; para que fueran le&iacute;das en las presentaciones constituyen, seg&uacute;n Santullano, un &ldquo;verdadero y compendiado tratado de las artes bellas al alcance de las gentes campesinas, a quienes pretend&iacute;a elevar a la contemplaci&oacute;n est&eacute;tica&rdquo;. Hab&iacute;a dos colecciones de cuadros que se deten&iacute;an generalmente una semana en cada localidad, dejando luego reproducciones fotogr&aacute;ficas o grabados enmarcados para las escuelas. El Museo se anunciaba de antemano con un cartel, y los encargados daban explicaciones sobre las obras, que los campesinos sol&iacute;an apostillar con comentarios, y se proyectaban algunas pel&iacute;culas e im&aacute;genes fijas en relaci&oacute;n con los cuadros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Patronato tambi&eacute;n organizaba cursos para maestros, especialmente con la colaboraci&oacute;n de Pablo Guti&eacute;rrez Moreno, director de las Misiones de Arte, el inspector Vicente Valls Angl&eacute;s y la maestra Elisa L&oacute;pez Velasco. Eran cursos con un n&uacute;mero muy limitado de asistentes que duraban una semana, en los que se trataban temas solicitados por los interesados, a los que se consultaba con tiempo. Al participar en ellos los maestros de una comarca previamente determinada, permit&iacute;a en la mayor&iacute;a de los casos que por la ma&ntilde;ana trabajasen en sus escuelas, mientras dedicaban la tarde a las tareas del curso. La experiencia pronto sugiri&oacute; un estilo, muy cercano al de la ILE, en el que se buscaba la acci&oacute;n &iacute;ntima y personal &mdash;pocos profesores y alumnos&mdash; y no pr&eacute;dicas que no ten&iacute;an consecuencias; al mismo tiempo que se trataba de reavivar la confianza del maestro, que creyese en su propio esfuerzo y en su propia inspiraci&oacute;n, m&aacute;s que en cualquier receta al uso.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s esencial del &eacute;xito de las Misiones Pedag&oacute;gicas fueron los equipos de personas, j&oacute;venes en su mayor&iacute;a, que iban por los pueblos realizando esta labor. Porque, por una parte, descubrieron una Espa&ntilde;a in&eacute;dita, desconocida en las grandes urbes, que ten&iacute;a unos valores que era necesario estimar y promover en una poblaci&oacute;n embelesada por el confort del autom&oacute;vil y la electricidad. Toda esa juventud se dio cuenta de que no solo hab&iacute;a una cultura antigua y residual en las aldeas, sino que adem&aacute;s esta cultura conten&iacute;a un fondo con el que hab&iacute;a que contar para renovar la vida y los h&aacute;bitos del pa&iacute;s. Por otra, las andanzas por los pueblos hicieron madurar a toda una generaci&oacute;n inquieta de intelectuales, estudiantes y profesores universitarios, inspectores de educaci&oacute;n y maestros, influyendo en su percepci&oacute;n de la vida, en sus valores art&iacute;sticos y literarios, en sus decisiones pol&iacute;ticas y sus compromisos sociales. No puedo dejar de citar aquellas palabras con las que Dieste terminaba su reflexi&oacute;n sobre las Misiones: &ldquo;Despu&eacute;s de haber sido misionero, dif&iacute;cilmente se podr&iacute;a ser marrullero en pol&iacute;tica, ficticio o pedante en arte, descuidado en asuntos de &eacute;tica profesional&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No es posible hacer una s&iacute;ntesis somera, ni siquiera una clasificaci&oacute;n de todos aquellos j&oacute;venes sin incurrir en simplificaciones poco explicativas. Tenemos actualmente una n&oacute;mina de 723 personas que en alg&uacute;n momento intervinieron en las actividades del Patronato. La mayor&iacute;a de ellos eran maestros, o sus profesores, pero quienes daban un car&aacute;cter peculiar a cada misi&oacute;n eran los jefes de equipo: inspectores, escritores, artistas o algunos maestros que tambi&eacute;n escrib&iacute;an o investigaban sobre la poes&iacute;a y costumbres populares. Hemos citado algunos nombres, pero en las misiones tuvieron tambi&eacute;n una participaci&oacute;n muy activa Mar&iacute;a Zambrano, Luis Cernuda, Miguel Hern&aacute;ndez, Francis Bartolozzi, Urbano Lugr&iacute;s o Agapito Marazuela, por citar personas muy conocidas. Examinar las trayectorias que tuvieron como generaci&oacute;n, los compromisos en que estaban sumidos entonces y el poso intelectual que dej&oacute; en ellos las andanzas por los pueblos, descubrir c&oacute;mo la Guerra Civil trunc&oacute; sus esperanzas y los dispers&oacute;, conocer qu&eacute; les ocurri&oacute; despu&eacute;s y en qu&eacute; se transformaron&hellip;, sin duda conforma una galer&iacute;a que guarda muchas historias luminosas, una sinfon&iacute;a de episodios en los que podemos encontrar lo que supuso aquel esfuerzo transformativo por alcanzar una Espa&ntilde;a democr&aacute;tica y culta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eugenio Otero Urtaza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/historia/misiones-pedagogicas-ensenanza_130_8584684.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Dec 2021 20:54:03 +0000]]></pubDate>
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