<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Josefina Carabias]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/josefina-carabias/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Josefina Carabias]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1037465/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Manuel Azaña: su año triunfal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/manuel-azana-ano-triunfal_1_8608392.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16a4caaf-d18e-4150-9359-5d3e2b109615_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manuel Azaña: su año triunfal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al principio, Josefina Carabias no pensaba ser periodista, le daba demasiado respeto a la escritura. Se licenció en Derecho y, un año después, cambió de idea y comenzó a escribir reportajes sobre la nueva mujer que se fraguaba en el poderoso clima político de la República. Como el resto de la intelectualidad madrileña de la época, frecuentaba el Ateneo, donde conoció a Manuel Azaña, de cuya admiración y amistad nació el libro ‘Azaña. Los que le llamábamos don Manuel’, del que publicamos uno de sus capítulos</p><p class="subtitle">Este texto pertenece a la revista 'Las luces de la Segunda República', de elDiario.es. Hazte socia antes del 31 de diciembre y te enviamos a casa esa y otras dos revistas</p></div><p class="article-text">
        Hay que volver a 1931, el a&ntilde;o crucial en la vida de Aza&ntilde;a, aquel en el que dio el salto desde el anonimato a ser el hombre con m&aacute;s poder, con m&aacute;s fuerza, con legiones de admiradores y tambi&eacute;n con muchos y temibles enemigos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Era s&oacute;lo un oscuro funcionario del Ministerio de Gracia y Justicia, con pujos de escritor, &iexcl;y vean ustedes qu&eacute; caprichos tiene el destino! Pero, cuanto m&aacute;s suba, m&aacute;s terrible ser&aacute; la ca&iacute;da&rdquo;, dec&iacute;an algunos atene&iacute;stas, de los que segu&iacute;an sin tragarle.
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que su puesto de funcionario no era tan oscuro. Entr&oacute; por oposici&oacute;n como &lsquo;oficial letrado&rsquo; en el Ministerio de Gracia y Justicia, un cuerpo que no carec&iacute;a de alguna brillantez. Hab&iacute;a llegado, por sus pasos, a jefe de Negociado y llegar&iacute;a a jefe de Administraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Su destino como jefe del Registro de &Uacute;ltimas Voluntades a los j&oacute;venes nos parec&iacute;a una cosa mitad c&oacute;mica y mitad siniestra. En cuanto a los viejos enemigos suyos, sol&iacute;an murmurar: &ldquo;Le pusieron donde le corresponde. Un hombre tan d&eacute;spota no podr&iacute;a tolerar junto a s&iacute; m&aacute;s voluntades que las de los muertos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a lo de &ldquo;con pujos de escritor&rdquo;, tampoco ten&iacute;an raz&oacute;n. Aza&ntilde;a era ya un escritor hecho. Su novela &lsquo;El jard&iacute;n de los frailes&rsquo;, basada en los recuerdos de su vida en el Colegio Universitario de El Escorial, era la obra de un maestro de la lengua castellana. Tal vez por eso mismo a los j&oacute;venes no nos arrebataba del todo. Nos ol&iacute;a, quiz&aacute; injustamente, a siglo pasado.
    </p><p class="article-text">
        A la saz&oacute;n est&aacute;bamos entusiasmados con el neorrealismo pacifista, como &lsquo;Sin novedad en el frente&rsquo;, de Heinrich M. Remarque, y de espa&ntilde;oles, los &lsquo;Esperpentos&rsquo; y la serie &lsquo;El Ruedo Ib&eacute;rico&rsquo; de Valle-Incl&aacute;n. Y, por supuesto, Baroja. Todo lo dem&aacute;s, incluso Gald&oacute;s, nos ol&iacute;a a naftalina. Menos mal que del pecado de menospreciar a Gald&oacute;s nos arrepentimos la mayor&iacute;a tan pronto como lo le&iacute;mos con alg&uacute;n detenimiento.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b6689f4-afb5-4ee7-9ee8-a8603ee6fb61_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b6689f4-afb5-4ee7-9ee8-a8603ee6fb61_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b6689f4-afb5-4ee7-9ee8-a8603ee6fb61_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b6689f4-afb5-4ee7-9ee8-a8603ee6fb61_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b6689f4-afb5-4ee7-9ee8-a8603ee6fb61_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b6689f4-afb5-4ee7-9ee8-a8603ee6fb61_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6b6689f4-afb5-4ee7-9ee8-a8603ee6fb61_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Josefina Carabias de vacaciones en Arenas de San Pedro (1934)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Josefina Carabias de vacaciones en Arenas de San Pedro (1934).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tampoco nos explic&aacute;bamos &mdash;de esto ya he hablado&mdash; que Aza&ntilde;a llevara a&ntilde;os dedicado a estudiar la obra de don Juan Valera. Sin duda se trataba de una personalidad interesante. Un verdadero esnob de su tiempo, que un d&iacute;a ya muy lejano escandaliz&oacute; a sus contertulios del Ateneo &mdash;Valera tambi&eacute;n fue asiduo atene&iacute;sta en el siglo pasado&mdash; cuando les dijo:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Me he hecho diplom&aacute;tico porque me gusta esa vida. Tampoco me importar&iacute;a dedicarme a otra cosa, si creyera que ella me iba a proporcionar los cien duros mensuales que yo necesito para vivir.
    </p><p class="article-text">
        Confesar que necesitaba para vivir cien duros, en un sitio como el Ateneo donde hab&iacute;a grandes poetas, grandes escritores y, en fin, toda clase de hombres de talento que se habr&iacute;an sentido felices y potentados con un duro diario, fue cosa que se tom&oacute; como una provocaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No era la primera vez que yo hablaba de Valera con Aza&ntilde;a. Me divert&iacute;a pincharle dici&eacute;ndole que no me explicara que &lsquo;Pepita Jim&eacute;nez&rsquo; se considerase como una obra maestra.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Lo fue en su tiempo &mdash;me dijo un d&iacute;a Aza&ntilde;a, que, por casualidad, encontr&oacute; un rato para sentarse en un corro en el que hab&iacute;a de todo; es decir, j&oacute;venes y mayores. Recuerdo entre otros a Luis de Tapia, a Ricardo Baroja &mdash;dos sesentones con esp&iacute;ritu juvenil&mdash;, el poeta Paco Vighi, los periodistas Vicente S&aacute;nchez-Oca&ntilde;a y Paulino Masip, mezclados con algunos chicos y chicas de los que ya est&aacute;bamos reci&eacute;n licenciados en la universidad.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pues lo que caracteriza a la obra maestra es que lo es en todos los tiempos. Ah&iacute; tiene usted el Quijote.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Sin ir m&aacute;s lejos... &mdash;dijo Aza&ntilde;a, riendo con las mejores ganas.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;De verdad, don Manuel, &iquest;es que a usted le divierte esa correspondencia del seminarista con su t&iacute;o el cura, en la que cuenta las excursiones con la viudita? &iexcl;Jes&uacute;s, qu&eacute; pereza!
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ese estilo de novela supuso una revoluci&oacute;n. La prueba fue su &eacute;xito. Tendr&iacute;amos que hablar muy largamente sobre ello. Valera no es mi ideal literario. Creo que vale la pena dedicar un tiempo a estudiar un tipo que nadie ha estudiado a fondo y a escribir una biograf&iacute;a que nadie ha escrito. A lo mejor, un d&iacute;a escribe usted la m&iacute;a con muchos menos motivos, y los j&oacute;venes de aquel tiempo futuro le dicen que &lsquo;El jard&iacute;n de los frailes&rsquo; es un pesti&ntilde;o insufrible. Claro que esto lo digo suponiendo que yo logre escribir una novela que se venda como &lsquo;Pepita Jim&eacute;nez&rsquo;. El recuerdo que deje como presidente del Ateneo no ser&aacute; biografiable.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Y si digo, como repiten algunos por aqu&iacute;, que era usted un d&eacute;spota?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Bueno, con tal que a lo de d&eacute;spota no se olvide de a&ntilde;adir &lsquo;ilustrado&rsquo;, me conformo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Para todo eso hay un grave inconveniente, don Manuel. Que yo no soy escritora.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Bueno, pero lo ser&aacute; con el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No pienso. Yo lo que quiero es que traigan ustedes las rep&uacute;blicas para que el t&iacute;tulo de abogado conseguido por una mujer valga igual que el de un hombre.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Es que se los dan m&aacute;s baratos?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No, se&ntilde;or. El papel pergamino cuesta igual. Mil pesetas. Y los estudios los mismos: preparatorio y cinco a&ntilde;os. Pero luego no nos dejan hacer nada.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;C&oacute;mo que nada? &iquest;Y la se&ntilde;orita Campoamor? &iquest;Y la se&ntilde;orita Kent?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ya ve. Esos son buenos ejemplos. Muy conocidas, con buen porvenir pol&iacute;tico seg&uacute;n se dice, pero &iquest;usted cree que sus bufetes podr&iacute;an llegar a darles para vivir bien? El p&uacute;blico no conf&iacute;a en las mujeres como ganadoras de pleitos o como sanadoras de enfermos. Lo que nosotras queremos es que nos dejen ser, por ejemplo, registradores de la Propiedad.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Caramba...! &iquest;Le gusta a usted la Hipotecaria? &iexcl;Qu&eacute; raro!
    </p><p class="article-text">
        &mdash;La Hipotecaria o lo que sea. Lo humillante es tener una carrera y que no nos sirva igual que a los hombres.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pueden ser funcionarios. Los Ministerios se est&aacute;n llenando de mujeres.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, eso, como lo de poder informar ante los Tribunales, se lo debemos al general Primo de Rivera. La verdad es que los estudiantes, sin exceptuar las chicas, le dimos muchos disgustos. Por lo menos deber&iacute;amos haber reconocido que fue feminista...
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Yo dir&iacute;a &lsquo;femin&oacute;filo&rsquo;...
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Es posible. Por eso se qued&oacute; a medio camino. Permiti&oacute; que las mujeres con t&iacute;tulo universitario podamos hacer oposiciones a oficiales de los Ministerios. Pero sin pasar de eso, de oficiales. Sigue prohibido el acceso a jefe de Negociado. Y menos al de jefe de Administraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;O sea que, aunque gane usted unas oposiciones dif&iacute;ciles, no podr&aacute; usted nunca despachar con un director general.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Claro...!
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pues no se puede figurar la suerte que es eso &mdash;concluy&oacute; Aza&ntilde;a, cada vez m&aacute;s divertido.
    </p><p class="article-text">
        Por su tono bromista podr&iacute;a parecer que el asunto de la &ldquo;promoci&oacute;n de la mujer&rdquo;, como decimos ahora, era la &uacute;ltima de sus preocupaciones, suponiendo que le preocupase.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hacía impresión ver a un ministro subiendo a una plataforma mientras sonaba una musiquilla hasta entonces subversiva</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sin embargo, hablando meses despu&eacute;s con el que hab&iacute;a sido mi profesor, don Luis Jim&eacute;nez de As&uacute;a, feminista hasta sus &uacute;ltimas consecuencias, presidente de la Comisi&oacute;n Constitucional, me dijo que en sus conversaciones o cambio de impresiones con los miembros del Gobierno mientras se redactaba el dictamen y se discut&iacute;an los art&iacute;culos, uno de los pocos ministros que no pusieron nunca ning&uacute;n reparo a la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer fue don Manuel Aza&ntilde;a. Y en cuanto a lo del voto femenino, creo que fue el &uacute;nico que lo defendi&oacute;. Incluso hab&iacute;a muchos socialistas que estaban en contra. Pero Aza&ntilde;a opin&oacute; que siendo las mujeres elegibles &mdash;habr&iacute;a resultado escandaloso que no lo fueran a tales alturas del siglo y en un pa&iacute;s europeo&mdash; resultaba injusto y hasta &ldquo;indecente&rdquo; que se las prohibiese ser electoras.
    </p><p class="article-text">
        Alguien le objet&oacute; &mdash;me dijo Jim&eacute;nez de As&uacute;a&mdash; que en Francia, el pa&iacute;s que a &eacute;l le gustaba tanto, las mujeres no ten&iacute;an derecho al voto:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Eso viene de que esa reforma tiene rango constitucional y en Francia la Constituci&oacute;n se les ha quedado vieja. Si hacen una nueva, el sufragio femenino se implantar&aacute;. Igual ocurre en Suiza, donde se rigen por leyes antiqu&iacute;simas y reforman las cosas mediante refer&eacute;ndums, que es una pr&aacute;ctica poco recomendable. Pero, ya ven ustedes, las inglesas votan, las americanas votan, las alemanas votan, las checoslovacas votan.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Se hundir&aacute; la Rep&uacute;blica si damos el voto a la mujer.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Pues si la estabilidad de la Rep&uacute;blica depende s&oacute;lo de que no voten las monjas [pudiendo votar los frailes], habr&aacute; que convenir que hemos tra&iacute;do una Rep&uacute;blica an&eacute;mica y agusanada.
    </p><p class="article-text">
        Al fin, ya convertido en ministro de Guerra, se anunci&oacute; que Aza&ntilde;a ir&iacute;a una tarde al Ateneo. Hab&iacute;an pasado varias semanas desde la proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica. Muchos pensaban que nunca m&aacute;s le ver&iacute;amos por all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Para &eacute;l esta casa no ha sido m&aacute;s que un trampol&iacute;n, a fin de lograr el triunfo pol&iacute;tico. Lo dem&aacute;s le tiene sin cuidado.
    </p><p class="article-text">
        No era cierto.
    </p><p class="article-text">
        Aza&ntilde;a, ya ministro fue, como digo, al Ateneo. Era una tarde de domingo, creo que con motivo de un concierto. La sala estaba abarrotada y la orquesta, al entrar &eacute;l, toc&oacute; el &lsquo;Himno de Riego&rsquo;. Hac&iacute;a impresi&oacute;n ver a un ministro con sus ayudantes uniformados subiendo a una plataforma mientras sonaba una musiquilla hasta entonces subversiva y, sin duda, poco solemne.
    </p><p class="article-text">
        Resultaba que el Comit&eacute; Republicano, que durante su a&ntilde;o largo de funcionamiento hab&iacute;a cuidado hasta los menores detalles de su futura actuaci&oacute;n como Gobierno provisional para cuando llegara el caso de asumir el poder (una eventualidad que algunos de sus miembros, especialmente Aza&ntilde;a, ve&iacute;an muy lejana), llegando incluso a tener resueltas cuestiones de detalle que funcionaron como un reloj desde el primer momento, no hab&iacute;a pensado, en cambio, en que la Rep&uacute;blica deber&iacute;a tener un himno nacional que no pod&iacute;a ser la marcha real, aunque se la llamase por su antiguo nombre de &lsquo;Marcha Granadera&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco la gente hab&iacute;a pensado en eso. As&iacute; fue que lo primero que se toc&oacute; en Madrid, el 14 de abril, lo que interpretaron las orquestas de los cines, hoteles y caf&eacute;s (hab&iacute;a entonces muchos caf&eacute;s con orquesta, algunas de ellas magn&iacute;ficas y famosas) fue &lsquo;La Marsellesa&rsquo;. Eso era tambi&eacute;n lo que m&aacute;s cantaba la gente por la calle e incluso lo que se o&iacute;a por la radio. Tambi&eacute;n se cantaba el &lsquo;Himno de Riego&rsquo;, pero m&aacute;s en plan de broma, como era tradicional aunque llevara muchos a&ntilde;os prohibido. Pero resultaba que las notas de esa vieja musiquilla popular no las ten&iacute;a escritas en sus partituras ninguna orquesta ni ninguna banda.
    </p><p class="article-text">
        Pasadas las primeras cuarenta y ocho horas de jolgorio callejero y vuelto todo a la normalidad, el Gobierno provisional se plante&oacute; el problema, que no dejaba de tener su importancia. Por grande que fuera el entusiasmo de la gente y de los miembros del Gobierno respecto a la Rep&uacute;blica vecina, y por muy cargado de sentido tradicional y liberal que estuviera el vibrante himno nacional franc&eacute;s, no era l&oacute;gico ni l&iacute;cito compartir lo que era propio y oficial de otra naci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola necesitaba un himno suyo. Ni &lsquo;La Marsellesa&rsquo; ni mucho menos &lsquo;La Internacional&rsquo; pod&iacute;an seguir siendo interpretadas por las bandas de m&uacute;sica municipales de los pueblos al paso de las autoridades.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, hubo que decretar deprisa y corriendo que se adoptase el &lsquo;Himno de Riego&rsquo;, como himno nacional, en espera de que alguno de los compositores espa&ntilde;oles se sintiera inspirado y acertase con una m&uacute;sica capaz de hacerse popular lo antes posible. El &lsquo;Himno de Riego&rsquo; era popular, pero carec&iacute;a de solemnidad. Tampoco era propiamente un himno republicano. Era el homenaje del pueblo a un general liberal que se sublev&oacute; para restablecer la Constituci&oacute;n de las Cortes de C&aacute;diz y logr&oacute; que el rey Fernando VII la aceptase durante dos a&ntilde;os solamente.
    </p><p class="article-text">
        Aunque las coplillas que se hab&iacute;an hecho m&aacute;s populares eran desvergonzadas, hab&iacute;a tambi&eacute;n una cuarteta decente y que pod&iacute;a ser cantada por todo el mundo:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si Riego muri&oacute; fusilado / no lo fue por infante y traidor, / que muri&oacute; con la espada en la mano / defendiendo la Constituci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque decente, esta letra tampoco traduc&iacute;a la realidad. Riego no muri&oacute; fusilado sino ahorcado y descuartizado. Quiz&aacute; por eso la copla se le aplic&oacute; a otro general liberal, Torrijos, que &eacute;se s&iacute; muri&oacute; fusilado en la playa de M&aacute;laga aunque no con la espada en la mano, puesto que no le dio tiempo a luchar. Fue hecho prisionero en el momento mismo de desembarcar para ponerse a la cabeza de una supuesta sublevaci&oacute;n que s&oacute;lo fue una trampa tendida por los que quer&iacute;an acabar con las conspiraciones que se fraguaban contra el absolutismo fuera de Espa&ntilde;a.
    </p><h3 class="article-text">Su primer pateo</h3><p class="article-text">
        Al entrar Aza&ntilde;a aquella tarde en el sal&oacute;n de actos del Ateneo, aquella m&uacute;sica popular que ya era oficial, acompa&ntilde;ada por una salva de aplausos, no lleg&oacute; a ahogar del todo el pateo que se arm&oacute; en la tribuna de arriba, donde se situaban siempre los inconformistas a los que todav&iacute;a no se les aplicaba el horrendo galicismo de &ldquo;contestatarios&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Tengo la impresi&oacute;n &mdash;le dec&iacute;a un viejo atene&iacute;sta a otro&mdash; de que a un hombre con tanta tendencia al autoritarismo como Aza&ntilde;a no le puede gustar mucho que le toquen esta m&uacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Claro... A &eacute;l le gustar&iacute;a algo de Wagner o, mejor, la sinfon&iacute;a &lsquo;Heroica&rsquo; de Beethoven. Adem&aacute;s de autoritario es un mel&oacute;mano empedernido, como todos los d&eacute;spotas.
    </p><p class="article-text">
        (Todav&iacute;a no se hablaba de Hitler ni, por lo tanto, de su meloman&iacute;a, pero hab&iacute;a otros ejemplos hist&oacute;ricos).
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Lo que le gustar&iacute;a a &eacute;l, a pesar de que fue durante la guerra tan enemigo de Alemania, ser&iacute;a que por lo menos en el Ateneo se le compusiera un himno que empezara diciendo: &ldquo;Aza&ntilde;a, Aza&ntilde;a, &uuml;ber alles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, s&iacute;... Usted puede hacer todo el sarcasmo que quiera, pero ya ver&aacute; c&oacute;mo, antes de un a&ntilde;o, ese hombre que a usted tanto le molesta y al que aqu&iacute; pateamos se habr&aacute; merendado a todos los otros pol&iacute;ticos republicanos. As&iacute; es que lo de &ldquo;Aza&ntilde;a, &uuml;ber alles&rdquo; no es ninguna exageraci&oacute;n. Se los merendar&aacute; a todos.
    </p><p class="article-text">
        No salud&eacute; a don Manuel aquella tarde. Ni siquiera lo intent&eacute;. Porque no hay nada que me resulte tan triste como esas pobres gentes que se abren camino a codazos para llegar a estrechar la mano de un personaje. Y m&aacute;s si es el mismo con quien poco antes pod&iacute;amos conversar tranquilamente y al que muchos hac&iacute;an como que no le ve&iacute;an cuando andaba por aquellos mismos pasillos.
    </p><p class="article-text">
        Mi idea era que pasar&iacute;a mucho tiempo sin tener ocasi&oacute;n de saludarle. Jam&aacute;s se me pas&oacute; por la imaginaci&oacute;n la idea de ir a verle al Ministerio como hicieron tantos atene&iacute;stas, incluso de los que hab&iacute;an votado en contra suya cuando lo elegimos presidente. Notaba nacer ya entonces en m&iacute; la tendencia &mdash;que ha seguido siempre acompa&ntilde;&aacute;ndome&mdash; a no hacer visitas a los personajes oficiales. Si se les va a pedir algo, lo m&aacute;s probable es que no se saque nada. Si se trata s&oacute;lo de una visita desinteresada, la cosa me parece todav&iacute;a m&aacute;s tonta. Jam&aacute;s nos agradecer&aacute;n que les hagamos perder el tiempo y, adem&aacute;s, siempre estar&aacute;n con la escama de que los vamos a poner en el compromiso.
    </p><p class="article-text">
        Fue de un modo absolutamente casual como tuve ocasi&oacute;n de saludar a Aza&ntilde;a en la mism&iacute;sima calle. Todav&iacute;a pod&iacute;a permitirse el lujo de callejear sin que los transe&uacute;ntes le reconocieran. Y as&iacute; fue que estando una noche de primeros de mayo la mayor&iacute;a de los contertulios del Lion sentados en la terraza &mdash;por casualidad, aquel a&ntilde;o hubo primavera a su tiempo&mdash;, nos quedamos muy sorprendidos al ver al mism&iacute;simo Aza&ntilde;a llegar por la acera hasta las mesas que ocup&aacute;bamos. Le acompa&ntilde;aban un par de amigos no pol&iacute;ticos y tambi&eacute;n muy conocidos de todos nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Ven&iacute;a del Ministerio de Guerra y se dirig&iacute;a a pie a su casa. No llevaba ayudantes ni escolta de ninguna clase, al menos aparente. Parec&iacute;a contento y al vernos se detuvo salud&aacute;ndonos uno por uno.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;C&oacute;mo va usted as&iacute;... a cuerpo? &mdash;le pregunt&oacute; asustado no s&eacute; cu&aacute;l de nuestros amigos.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;C&oacute;mo voy a ir, haciendo una noche tan espl&eacute;ndida? &iquest;Quiere usted que lleve impermeable?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Quiero decir sin vigilancia ninguna.
    </p><p class="article-text">
        Don Manuel sonri&oacute; socarr&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Bueno, tanto como ninguna... Puede que por ah&iacute; alrededor ande alguien cuid&aacute;ndome... Precauci&oacute;n superflua. Todav&iacute;a... y tal vez siempre (seg&uacute;n se pongan las cosas), paso muy bien por un transe&uacute;nte, como hay tantos.
    </p><p class="article-text">
        En vista de aquella disposici&oacute;n, alguien le invit&oacute; a sentarse.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Prefiero andar. Llevo muchos d&iacute;as que apenas puedo ir a ning&uacute;n sitio a pie. &iexcl;Con lo que me gustaba andar, sobre todo por la noche...!
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; no se me ocurr&iacute;a nada que decirle hasta que me acord&eacute; de que no le hab&iacute;a dado a&uacute;n la enhorabuena por su cargo. Le dije que no hab&iacute;a habido ocasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Es verdad... No nos hab&iacute;amos visto desde la noche que ustedes me &lsquo;raptaron&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo del &lsquo;rapto&rsquo;, que despu&eacute;s, como ya he dicho, lo repiti&oacute; Aza&ntilde;a muchas veces al correr de los a&ntilde;os, produjo alguna curiosidad en el grupo. No sab&iacute;an a qu&eacute; pod&iacute;a referirse. Don Manuel tampoco se meti&oacute; en explicaciones. Prefiri&oacute; seguir bromeando:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;He visto que de &lsquo;intr&eacute;pida raptora&rsquo; se ha convertido usted en pocas semanas en &lsquo;intr&eacute;pida interviuvadora&rsquo;. Me ha hecho gracia verla retratada con los nuevos prohombres que tienen prisa por hacer declaraciones para los peri&oacute;dicos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si hubiera conocido a Azaña siendo ya periodista, me habría parecido antipático e intratable</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, pero me falta usted. Estoy esperando la ocasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Pues menos mal que espera usted sentada...!, y pelando la pava, como de costumbre.
    </p><p class="article-text">
        Lo de la ocasi&oacute;n se lo hab&iacute;a dicho tambi&eacute;n en broma. Sab&iacute;a muy bien que Aza&ntilde;a, a pesar de tener muchos amigos periodistas, se negaba rotundamente a cualquier declaraci&oacute;n y menos a&uacute;n a que le hicieran reportajes de tipo personal. Las intervi&uacute;s (como se dec&iacute;a entonces en lugar de entrevistas) le causaban verdadero espanto. Los que intentaban alg&uacute;n tipo de reportaje de car&aacute;cter personal &mdash;su vida privada, sus aficiones, sus costumbres&mdash; tropezaban con m&aacute;s dificultades que quienes le ped&iacute;an declaraciones pol&iacute;ticas.
    </p><h3 class="article-text">Aza&ntilde;a y los periodistas</h3><p class="article-text">
        Creo que eso contribuy&oacute; mucho a la fama de hombre antip&aacute;tico que siempre tuvo e incluso a que se le llamara ogro. El que entraba por lana, en ese terreno, sal&iacute;a trasquilado. La c&eacute;lebre frase &ldquo;Yo solo hablo para la Gaceta&rdquo; ha pasado a la historia porque la pronunci&oacute; m&aacute;s de una vez. Si entonces hubiera sido costumbre celebrar conferencias de prensa del estilo de las que despu&eacute;s empezaron a celebrar los presidentes de Estados Unidos y m&aacute;s tarde el general De Gaulle, es posible que a eso s&iacute; hubiera accedido alguna vez, en caso de existir las cintas magnetof&oacute;nicas, donde quedar&iacute;an grabadas las preguntas y las respuestas, a fin de evitar aquellas malas interpretaciones de sus palabras que le irritaban tanto.
    </p><p class="article-text">
        Las conferencias de prensa habr&iacute;an sido para &eacute;l como una especie de turno de ruegos y preguntas en el Parlamento. Aza&ntilde;a era antes que escritor, antes que pol&iacute;tico, antes que hombre de Estado, un gran parlamentario. Su habilidad para poner los puntos sobre las &iacute;es, para pulverizar el lugar com&uacute;n, para quedar siempre dial&eacute;cticamente por encima del oponente, era extraordinaria. Como un&iacute;a a esto unas grandes dotes de improvisaci&oacute;n mental y una envidiable facultad de expresar con elocuencia, elegancia, justeza e incluso una buena dosis de humor todo aquello que improvisaba, estoy segura de que se habr&iacute;a sentido muy a su gusto enfrent&aacute;ndose con muchos periodistas a la vez y desarmando incluso a los m&aacute;s irreductibles con la fuerza de sus razones y la rapidez de sus respuestas.
    </p><p class="article-text">
        Bien entendido que Manuel Aza&ntilde;a, a pesar de que le gustaba eso que se llama &lsquo;vestir el cargo&rsquo;, o sea, producirse en forma que impusiera respeto y alg&uacute;n distanciamiento, nunca hubiera accedido a celebrar esas reuniones con la prensa rode&aacute;ndose de la pompa teatral de que se rodeaba m&aacute;s tarde el general De Gaulle en tales casos. No habr&iacute;a puesto al Gobierno en &lsquo;silla de orquesta&rsquo; ni se hubiera hecho hacer &lsquo;preguntas preparadas&rsquo; para su lucimiento, ni habr&iacute;a ordenado que le hicieran las preguntas todas juntas o, mejor dicho, una detr&aacute;s de otra al comienzo de la reuni&oacute;n, a fin de que no se notase que se dejaba muchas sin contestar. Aza&ntilde;a las habr&iacute;a contestado absolutamente todas, por retorcidas y dif&iacute;ciles de contestar que fuesen.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es posible que no hubiera accedido a esa clase de reuniones, por estimar que, como intermediarios entre un hombre de Gobierno y su pueblo, ya est&aacute;n los diputados y que es a ellos m&aacute;s que a la prensa a quienes un pol&iacute;tico debe toda clase de explicaciones. El papel de la prensa, y en su tiempo de la radio, es el de dar despu&eacute;s a conocer al pueblo ese di&aacute;logo que entonces en Espa&ntilde;a &mdash;como sigue ocurriendo hoy en la C&aacute;mara de los Comunes&mdash; era constante, casi a diario y no estaba sometido a reglamentos que prescriben un orden del d&iacute;a r&iacute;gido y marcado con anticipaci&oacute;n. Si hab&iacute;a cuestiones palpitantes, pod&iacute;a abrirse debate sobre ellas en el acto.
    </p><p class="article-text">
        Aza&ntilde;a no hac&iacute;a concesiones a la prensa ni &lsquo;pasaba jab&oacute;n&rsquo; a los periodistas. Por ese motivo a muchos les ca&iacute;a antip&aacute;tico. Es posible que si yo le hubiera conocido siendo ya periodista, y no antes como le conoc&iacute;, tampoco hubi&eacute;ramos llegado a ser amigos. Me habr&iacute;a parecido tan antip&aacute;tico e intratable como a muchos de mis compa&ntilde;eros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josefina Carabias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/manuel-azana-ano-triunfal_1_8608392.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Dec 2021 21:12:51 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/16a4caaf-d18e-4150-9359-5d3e2b109615_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3928935" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/16a4caaf-d18e-4150-9359-5d3e2b109615_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3928935" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Manuel Azaña: su año triunfal]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/16a4caaf-d18e-4150-9359-5d3e2b109615_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Segunda República,Manuel Azaña]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
