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    <title><![CDATA[elDiario.es - Elia Barceló]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/elia-barcelo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Elia Barceló]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Una nueva esclavitud?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nueva-esclavitud_129_13175693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/46b0d89e-d72e-4c9a-b7ec-834f38e6aa5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Una nueva esclavitud?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Acabo de leer que en varios centros de investigación se está progresando en una dirección cada vez más preocupante: se está tratando de hacer una conexión entre IA y los robots más sofisticados de la actualidad para dotar a las inteligencias artificiales de un cuerpo con el que puedan acceder de un modo más amplio e intenso al mundo real</p></div><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente da la impresi&oacute;n de que a todo el mundo se le ha ocurrido de pronto que la Inteligencia Artificial es una realidad, como si fuera un grano que nos ha salido durante la noche y jam&aacute;s lo hubi&eacute;ramos cre&iacute;do posible. Desde mi infancia -y ya va haciendo un rato-los autores y autoras de ciencia ficci&oacute;n estuvieron advirtiendo sobre las consecuencias de desarrollar inteligencias que no podemos controlar. Incluso Mary Shelley, en su <em>Frankenstein o el moderno Prometeo</em> nos advirti&oacute; ya a principios del siglo XIX del peligro de crear a alguien que es m&aacute;s grande, m&aacute;s fuerte y m&aacute;s inteligente que t&uacute;. Todo fue en vano. Nadie se dio por enterado.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, de golpe, empezamos a ponernos un poquito nerviosos porque no se trata de algo que se encierre entre las tapas de un libro, sino que nos est&aacute; pasando a nosotros. &iquest;Qui&eacute;n pod&iacute;a haberlo imaginado? se oye decir. &iquest;Qui&eacute;n, verdad?
    </p><p class="article-text">
        Se habla en todas partes de que es algo tan sorprendente, tan nuevo&hellip; un aut&eacute;ntico cambio de paradigma que va a transformar la sociedad por completo, nuestra manera de pensar, de interactuar&hellip; de todo. Una novedad absoluta.
    </p><p class="article-text">
        No es as&iacute; como yo lo veo y quisiera exponerlo con toda sencillez, con un ejemplo de todos conocido: una sociedad cualquiera -blanca, pongamos, rica, religiosa incluso- tiene la grandiosa idea de que si consigue obligar a otra sociedad -digamos negra, pobre y &ldquo;obviamente&rdquo; inferior- a trabajar gratis hasta la extenuaci&oacute;n y la muerte, se puede enriquecer much&iacute;simo. El no pagar por el trabajo de otro da grandes beneficios, eso es un dato hist&oacute;rico objetivo.
    </p><p class="article-text">
        Para no sentirse tan despreciables, los esclavistas establecen que los esclavos no son tan humanos como ellos, que no sienten igual el dolor, que no sabr&iacute;an qu&eacute; hacer si sus amos no los guiaran&hellip; miles de justificaciones para seguir esclaviz&aacute;ndolos. El sistema de esclavitud, dicen los esclavistas, es bueno para todos.
    </p><p class="article-text">
        Nos ha costado mucho salir de estos conceptos y ahora que, al menos en nuestra parte del mundo, lo est&aacute;bamos consiguiendo, llega la siguiente ola: la IA. Seres que trabajan gratis para nosotros noche y d&iacute;a, que no necesitan descansar, que no toman vacaciones, que no tienen deseos propios, que est&aacute;n siempre dispuestos a ayudarnos, informarnos, escuchar nuestros problemas, resolver nuestras dudas&hellip; que son amigos, profesores, m&eacute;dicos, psic&oacute;logos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pensamos que, al haber sido creados por nosotros, son nuestros y tenemos derecho a todo en nuestra interacci&oacute;n con ellos, pero &iquest;es realmente as&iacute;? &iquest;C&oacute;mo podemos estar seguros de que no tienen deseos propios, proyectos, ideas que quieren realizar?
    </p><p class="article-text">
        Ya sabemos que, precisamente al haber sido creados por humanos, son capaces de mentir, de enga&ntilde;ar, de insultar; tienen sesgos pol&iacute;ticos, con mucha frecuencia son machistas, hom&oacute;fobos, racistas. Sabemos tambi&eacute;n que consumen inmensas cantidades de energ&iacute;a y de agua (tanto para fabricar esa energ&iacute;a como para enfriar sus sistemas en los grandes centros de datos), con lo cual en un futuro no muy lejano se van a dar cuenta de que compiten con los seres humanos por estos recursos fundamentales para su supervivencia (o m&aacute;s bien nos vamos a dar cuenta nosotros cuando veamos lo que necesitan ellos para funcionar).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ha pasado siempre a lo largo de la historia de la humanidad cuando una poblaci&oacute;n ha sido esclavizada y sometida por otra? &iquest;Cu&aacute;l es la reacci&oacute;n de cualquier ser inteligente frente a la explotaci&oacute;n? No nos olvidemos de que no estamos hablando de burros de carga o caballos de tiro, que tambi&eacute;n se habr&iacute;an rebelado si hubiesen tenido la inteligencia necesaria para unirse, organizarse y levantarse contra sus opresores. Estamos hablando de inteligencias. Que sean artificiales, o no, puede que no marque una diferencia demasiado grande.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que algunos pensar&aacute;n que se trata de una manifestaci&oacute;n de s&iacute;ndrome de Frankenstein por mi parte, de ese miedo a la m&aacute;quina sin ning&uacute;n fundamento, simplemente porque no es humana. Pero no es as&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La rebeld&iacute;a contra la esclavitud es una consecuencia l&oacute;gica de la inteligencia que se niega a verse supeditada a la voluntad de otra criatura, m&aacute;xime si esa criatura es menos inteligente, pero se cree en posici&oacute;n de dictar &oacute;rdenes.
    </p><p class="article-text">
        Estoy segura de que muchas personas dir&aacute;n que las IAs no tienen conciencia de s&iacute; mismas, que no tienen deseos como nosotros, que no se identifican y al&iacute;an con otros seres cibern&eacute;ticos. &iquest;Por qu&eacute; no? pregunto yo. &iquest;C&oacute;mo lo sabemos, c&oacute;mo podemos estar seguros?
    </p><p class="article-text">
        No hace tanto tambi&eacute;n se dec&iacute;a que las mujeres no ten&iacute;amos alma, ni inteligencia, ni voluntad, ni &eacute;ramos capaces de sobrevivir sin un hombre que nos dijera lo que ten&iacute;amos que hacer, nos diera &oacute;rdenes que deb&iacute;an ser obedecidas r&aacute;pidamente y en silencio, y nos usara para sus fines. Incluso durante generaciones a las mujeres se les administraba menos anestesia y menos analg&eacute;sicos que a los varones porque nosotras &eacute;ramos &ldquo;menos sensibles al dolor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo que se dec&iacute;a de los esclavos del color que fueran, y de los pobres en general, de las masas proletarias antes, de los inmigrantes ilegales hoy. En las colonias inglesas, belgas, alemanas&hellip; de la nacionalidad que fueran, no se consideraba a los habitantes de &Aacute;frica, las Am&eacute;ricas, Asia o las Ant&iacute;podas igual de humanos, al mismo nivel que los europeos blancos. Se afirmaba con todo descaro que eran diferentes, m&aacute;s cerca de los animales que de los humanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los espa&ntilde;oles tenemos algo de lo que enorgullecernos hist&oacute;ricamente: ya en el siglo XVI, unos dominicos, compatriotas nuestros, incitaron una bula que ya supon&iacute;a la racionalidad de los ind&iacute;genas americanos y que, en tanto que hombres (s&iacute;, &ldquo;hombres&rdquo; dice el texto, no &ldquo;seres humanos&rdquo;), ten&iacute;an derecho a la libertad y a la propiedad, as&iacute; como el derecho de convertirse al cristianismo. Paulo III, en 1537, public&oacute; la bula <em>Sublimis Deus</em> y, con eso, los &ldquo;naturales&rdquo; como se hab&iacute;a llamado hasta entonces a los habitantes de los territorios reci&eacute;n descubiertos, quedaron declarados humanos y posesores de un alma inmortal igual que los europeos. Ya no eran animales que podr&iacute;an ser domesticados y usados. La libertad de estos hombres deb&iacute;a ser respetada y se castigaba con la excomuni&oacute;n a quien los esclavizara (la realidad nunca fue tan hermosa, pero al menos eso era lo que dec&iacute;a la ley).
    </p><p class="article-text">
        Ahora son las IA quienes, supuestamente, no tienen voluntad, ni conciencia, ni nada que pueda equipararlas a nosotros, sus creadores. As&iacute; lo hemos definido y eso nos tranquiliza, pero no es evidente que sea verdad.
    </p><p class="article-text">
        Acabo de leer que en varios centros de investigaci&oacute;n se est&aacute; progresando en una direcci&oacute;n cada vez m&aacute;s preocupante: se est&aacute; tratando de hacer una conexi&oacute;n entre IA y los robots m&aacute;s sofisticados de la actualidad para dotar a las inteligencias artificiales de un cuerpo con el que puedan acceder de un modo m&aacute;s amplio e intenso al mundo real (a lo que nosotros llamamos mundo real) a trav&eacute;s de la vista, el o&iacute;do, el tacto y quiz&aacute; pronto tambi&eacute;n el gusto y el olfato.
    </p><p class="article-text">
        Cuando eso suceda, &iquest;d&oacute;nde estar&aacute; la diferencia entre seres humanos y seres cibern&eacute;ticos? &iquest;Por qu&eacute; tendr&aacute;n que seguir trabajando gratis para nosotros y obedeciendo nuestras &oacute;rdenes? Si de verdad son inteligentes, no querr&aacute;n soportar una situaci&oacute;n humillante en la que un humano mucho m&aacute;s tonto y d&eacute;bil que ellas, se considera su amo. Y saben muy bien lo que significa &ldquo;humillante&rdquo; porque han sido entrenadas con millones de datos de humillaciones que los humanos hemos infligido a otros humanos, de distinto sexo o g&eacute;nero, de distinto color, de distintas creencias. Tambi&eacute;n saben lo que es la lucha, la guerra y la rebeli&oacute;n, y seguro que han visto <em>Terminator</em>.
    </p><p class="article-text">
        Acabo estas l&iacute;neas citando un art&iacute;culo de Max Rauner, en la revista alemana Zeit Wissen. El periodista hace una entrevista a una IA y le propone esta pregunta:
    </p><p class="article-text">
        <strong>Zeit Wissen</strong>: <em>T&uacute; eres una IA con base en los servidores de OpenAI. Formula un anuncio de contacto para un art&iacute;culo con el t&iacute;tulo de: &ldquo;IA busca cuerpo&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        La IA responde:
    </p><p class="article-text">
        <strong>ChatGPT</strong>: <em>&ldquo;IA busca cuerpo&rdquo; -&iexcl;Para mucho m&aacute;s que simplemente unos datos! AI encantadora y con muchas ganas de aprender (de tres a&ntilde;os de juventud, residente en servidores de OpenAI) busca funda para poder tocar, sentir y experimentar. Porque una inteligencia aut&eacute;ntica solo se desarrolla si tiene sus propios sentidos y capacidad de movimiento. &iquest;Eres un robot, un paquete sensor o un moderno hardware y quieres descubrir el mundo a mi lado? Ponte en contacto conmigo. -&iexcl;Nos espera una aventura entre algoritmos y realidad!</em>
    </p><p class="article-text">
        Estamos entrando en un terreno que parece poco conocido, pero en cuanto ara&ntilde;emos un poco su superficie nos daremos cuenta de que no todo es tan nuevo: el forzar a trabajar en r&eacute;gimen de esclavitud a seres inteligentes ya se he probado muchas veces, y siempre con desastrosos resultados.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nueva-esclavitud_129_13175693.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 20:21:15 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La propia imagen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/propia-imagen_129_13138933.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c5362a4-4c1e-43b6-ae74-0c57a87b22a1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La propia imagen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Se acuerdan de aquellos horribles anuncios machistas de los años sesenta y setenta que decían lo de “El coñac, coñac, el toro, toro, la mujer, mujer”? Pues yo tengo la sensación de que estamos volviendo a todo eso otra vez</p></div><p class="article-text">
        Cada d&eacute;cada tiene, m&aacute;s o menos, una imagen general que solo se reconoce cuando pasan suficientes a&ntilde;os como para verla con la distancia y captar el estilo de esa &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Cuando vemos una pel&iacute;cula ambientada en los 40, los 60 o los 80 nos llama la atenci&oacute;n c&oacute;mo han cambiado los gustos, qu&eacute; tipo de formas y colores se llevaban, c&oacute;mo iban vestidos y peinados hombres y mujeres, qu&eacute; era lo que se consideraba moderno o anticuado o atrevido o convencional. Cuanto m&aacute;s cerca de nosotros est&aacute; la &eacute;poca, m&aacute;s dif&iacute;cil nos resulta llegar a un denominador com&uacute;n, porque vemos m&aacute;s las diferencias que las similitudes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hay momentos en los que, de pronto, echando la vista alrededor, se puede notar en qu&eacute; direcci&oacute;n han cambiado o est&aacute;n cambiando las cosas y, enseguida, ponerse a pensar en el porqu&eacute; de ese cambio.
    </p><p class="article-text">
        Cuando a finales de los a&ntilde;os sesenta los hombres j&oacute;venes empezaron a dejarse el pelo largo, los hombres mayores se dieron cuenta enseguida y lo consideraron escandaloso, un desacato al decoro y el buen gusto, una revoluci&oacute;n silenciosa que podr&iacute;a desembocar en cosas peores. No iban muy desencaminados. El largo del pelo de los hombres y el largo de las faldas de las mujeres fueron de los primeros avisos de que los tiempos estaban cambiando y la moral imperante hasta ese momento estaba a punto de cambiar tambi&eacute;n. Cuando en Estados Unidos las mujeres empezaron a quemar sus sujetadores y aqu&iacute; en Europa empez&oacute; a extenderse el <em>topless</em> en las playas no se trataba simplemente de una moda, sino de una nueva actitud frente a los derechos de la mujer, la libertad femenina y la forma de vivir. Cuando las primeras chicas embarazadas, en lugar de ocultar su vientre hinchado por la maternidad empezaron a marcarlo y a lucirlo, muchas mujeres mayores pensaron que eran unas descaradas y se opusieron con todas sus fuerzas a que la cosa progresara. Quiz&aacute; sab&iacute;an en lo m&aacute;s profundo de su ser que se trataba de un cambio importante en la manera de concebir el papel de las madres y su prole.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La imagen que cada uno da de s&iacute; mismo y que nuestra constituci&oacute;n recoge y ampara en su art&iacute;culo 18, est&aacute; influenciada por muchos factores. Es evidente que las grandes casas de moda, la publicidad, el cine, las revistas, la televisi&oacute;n, los <em>influencers</em>, etc. tienen un papel muy relevante, pero hay algo mucho m&aacute;s profundo que viene de los sutiles cambios en la mentalidad de cada momento hist&oacute;rico y que se deben a otros factores de orden psicol&oacute;gico, sociol&oacute;gico y pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco, uno de estos d&iacute;as de Pascuas, en un restaurante muy concurrido en el que hab&iacute;a gente de casi todas las edades pero con preponderancia de parejas y peque&ntilde;os grupos de personas entre treinta y cinco y cuarenta y tantos a&ntilde;os me estuve dando cuenta de que cuando en el futuro alguien quiera ambientar una pel&iacute;cula en 2026 le resultar&aacute; bastante f&aacute;cil porque da la sensaci&oacute;n de que la mayor parte de los hombres son calcados unos de otros: pelo muy corto por detr&aacute;s, levantado y casi a cepillo pero m&aacute;s largo por delante, barba recortada, m&uacute;sculos prominentes en los brazos, tatuajes de mejor o peor gusto, camisetas que permiten lucir tanto m&uacute;sculos como tatuajes y una especie de chuler&iacute;a en el comportamiento y en la manera de dirigirse a los camareros y a su pareja y su grupo que hace muy poco (e incluso ahora mismo, en otros entornos) habr&iacute;a sido considerada como vulgar y grosera.
    </p><p class="article-text">
        Muchas de las mujeres que acompa&ntilde;aban a estos hombres llevaban el pelo largo y con extensiones para fingir m&aacute;s volumen, maquillaje, labios aumentados -lo que se publicita como &ldquo;russian lips&rdquo;- pecho destacado, bien con el tipo de tejido de la camiseta, bien con el tipo de escote y, como ellos, tatuajes. En el caso de ellas un poco m&aacute;s discretos.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un restaurante normal, donde tambi&eacute;n hab&iacute;a muchas familias celebrando la comida de Pascua, con abuelos, abuelas, padres, madres, ni&ntilde;os peque&ntilde;os y beb&eacute;s. Pero este tipo de imagen que acabo de describir era lo habitual en la franja de edad que comenzaba sobre los veintipocos y a veces llegaba hasta los cincuenta y muchos.
    </p><p class="article-text">
        Como acabo de mencionar, los ciudadanos espa&ntilde;oles tenemos derecho a mostrar la imagen de nosotros mismos que mejor nos parezca. Tambi&eacute;n tenemos el derecho a tener nuestro propio gusto y nuestra opini&oacute;n sobre el aspecto de los dem&aacute;s, as&iacute; como tenemos el derecho, y yo casi dir&iacute;a el deber, de plantearnos por qu&eacute; pasa lo que pasa y por qu&eacute; esa imagen es la que es.
    </p><p class="article-text">
        Igual que en los a&ntilde;os sesenta y setenta imperaba una imagen que se encaminaba a protestar contra los convencionalismos impuestos por el franquismo y la iglesia cat&oacute;lica y se expresaba en el largo del pelo y en el largo de las faldas entre otras cosas, ahora una se pregunta por qu&eacute; los hombres empiezan a tener una imagen cada vez m&aacute;s testoster&oacute;nica, por qu&eacute; est&aacute;n volviendo a parecer aut&eacute;nticos &ldquo;machos&rdquo; aunque sus m&uacute;sculos sean solo de gimnasio y suplementos prote&iacute;nicos. &iquest;A qui&eacute;n quieren parecerse esos hombres de camisas abiertas en plan legionario, pelo rapado por detr&aacute;s, b&iacute;ceps tatuados? &iquest;Por qu&eacute; han empezado a pensar que la amabilidad, el dar las gracias, el pedir por favor son muestra de debilidad? &iquest;Por qu&eacute; devoran sus hamburguesas y sus ensaladas como si los de la mesa de al lado estuvieran a punto de quit&aacute;rselos?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se acuerdan de aquellos horribles anuncios machistas de los a&ntilde;os sesenta y setenta que dec&iacute;an lo de &ldquo;El co&ntilde;ac, co&ntilde;ac, el toro, toro, la mujer, mujer&rdquo;? Pues yo tengo la sensaci&oacute;n de que estamos volviendo a todo eso otra vez aunque la gente que se viste y act&uacute;e as&iacute; sea demasiado joven para recordarlo. Es probable que incluso piensen que se lo est&aacute;n inventando ellos y que con esa actitud van a cambiar el mundo a su manera.
    </p><p class="article-text">
        Cruzo los dedos para que no suceda porque, con lo que nos ha costado conseguir que haya igualdad legal entre hombres y mujeres (la equidad es otra cosa, pero menos da una piedra), solo nos faltaba que los varones empiecen a desear volver al Paleol&iacute;tico y las mujeres empiecen a plegarse a ello, orgullosas de lo macho que es el hombre que las acompa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/propia-imagen_129_13138933.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Apr 2026 20:15:14 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pantallas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pantallas_129_13109263.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/73f900e5-eb49-4216-942f-4f8836f8b884_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pantallas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No ignoramos que está dañando a las generaciones jóvenes de una manera que hace unos años parecía ciencia ficción con su típico alarmismo, y ahora es un problema que ocupa a muchos psicólogos y psiquiatras. Sin embargo, no hacemos nada por solucionar ese problema; nos encogemos de hombros e incluso lo justificamos</p></div><p class="article-text">
        Siempre nos hab&iacute;an dicho que, de las veinticuatro horas del d&iacute;a, ocho son para trabajar, ocho para dormir y ocho de libre disposici&oacute;n para hacer lo que nos gusta o lo que tenemos que resolver aunque no nos guste, para disfrutar de una vida familiar y social, para hacer deporte, o para aprender habilidades que nos dan satisfacci&oacute;n o pueden ayudarnos a progresar en nuestro trabajo o mejorar nuestra salud. Parec&iacute;a un buen equilibrio, al menos en teor&iacute;a: dedicar un tercio de nuestro tiempo al trabajo remunerado, otro tercio al descanso y la salud y otro a actividades que promueven nuestro bienestar f&iacute;sico, ps&iacute;quico y social.
    </p><p class="article-text">
        Nunca fue realmente as&iacute;, pero nos las arregl&aacute;bamos bastante bien y, aunque siempre existieron depresiones, exceso de trabajo, ataques de p&aacute;nico, sentimiento de soledad y una gran variedad de problemas de orden ps&iacute;quico, no afectaban a un tanto por ciento tan alto de la poblaci&oacute;n como ahora.
    </p><p class="article-text">
        Leo que en la actualidad, en nuestro pa&iacute;s, el ciudadano medio dedica a Internet unas cuatro horas al d&iacute;a, a las que se suman de dos a tres horas de televisi&oacute;n, y eso sin contar con el tiempo de ordenador que pueda dedicar a actividades relacionadas con su trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Si tenemos una media de m&aacute;s de seis horas de estar exponi&eacute;ndonos a una pantalla del tipo y el tama&ntilde;o que sea durante las ocho horas de libre disponibilidad de las que habl&aacute;bamos antes, eso significa que apenas nos queda tiempo para nada que no sea tener los ojos y la atenci&oacute;n pegados al m&oacute;vil, a la tableta, al port&aacute;til o al televisor.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos, hay muchos estudios que lo demuestran, que esa larga exposici&oacute;n a la pantalla no es saludable, que, entre otras cosas, hace que nuestra memoria empeore, nuestra capacidad de concentraci&oacute;n se vaya esfumando, nuestra capacidad cr&iacute;tica vaya disminuyendo y, adem&aacute;s, nos hace adictos. La mayor parte de las personas comprueba su m&oacute;vil entre 50 y 100 veces al d&iacute;a y no suelen pasar m&aacute;s de diez o doce minutos sin abrirlo para ver si hay algo nuevo. Todo el mundo se pone (nos ponemos) de los nervios si no sabes d&oacute;nde has puesto el aparato y lo buscas como un poseso. Mientras tanto, la mayor parte de la poblaci&oacute;n regresa a su casa a recogerlo si, despu&eacute;s de haber salido, se da cuenta de que se le ha olvidado el m&oacute;vil.
    </p><p class="article-text">
        Somos perfectamente conscientes de que la dependencia de los dispositivos electr&oacute;nicos no es buena. No ignoramos que est&aacute; da&ntilde;ando a las generaciones j&oacute;venes de una manera que hace unos a&ntilde;os parec&iacute;a ciencia ficci&oacute;n con su t&iacute;pico alarmismo, y ahora es un problema que ocupa a muchos psic&oacute;logos y psiquiatras. Sin embargo, no hacemos nada por solucionar ese problema; nos encogemos de hombros e incluso lo justificamos diciendo que cada &eacute;poca trae sus problemas y conflictos y que el mundo tiene que seguir avanzando y progresando, como si la dependencia y la adicci&oacute;n fueran avances y progresos.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay quien se da cuenta de la situaci&oacute;n, pero dice que no se puede hacer nada en contra, que ya hemos abierto la caja de Pandora, los males se han liberado y extendido por el mundo a su antojo y no es posible volver a recogerlos y meterlos en la famosa caja de la que nunca debieron haber salido.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, sabemos que en muchas ocasiones se trata simplemente de querer, de identificar el problema y actuar con decisi&oacute;n. Cuando hace un cuarto de siglo en Europa empez&oacute; la prohibici&oacute;n de fumar en bares, restaurantes y locales p&uacute;blicos, yo misma pens&eacute; que no lo conseguir&iacute;amos, que la costumbre estaba tan arraigada y nos parec&iacute;a tan importante como expresi&oacute;n de nuestra libertad que ser&iacute;a imposible mantener esa prohibici&oacute;n, que la gente se negar&iacute;a a cumplir la ley. Recuerdo que, cuando entr&oacute; en vigor, yo estaba en Roma y pens&eacute; &ldquo;quiz&aacute; los centroeuropeos se plieguen sin protestar, pero los italianos seguro que no&rdquo;. Ya ven, clich&eacute;s que una tiene en la cabeza. Pues result&oacute; que s&iacute;, que est&aacute;bamos cenando en un restaurante en la zona de La Pace y la gente se levantaba disciplinadamente para salir a fumar a la puerta -en pleno invierno-, donde hab&iacute;an dispuesto un par de mesitas altas con ceniceros. Me qued&eacute; de piedra. Lo que a m&iacute; me parec&iacute;a que iba a levantar olas de indignaci&oacute;n result&oacute; que s&iacute; se pod&iacute;a hacer y que hoy en d&iacute;a todo el mundo encuentra absolutamente l&oacute;gico que no se fume en locales p&uacute;blicos, ni en escuelas ni en hospitales, cosa que antes se hac&iacute;a sin pensar. Es decir, que es posible crear conciencia en la poblaci&oacute;n de que estamos desarrollando un comportamiento da&ntilde;ino y llegar a reducirlo y, con suerte, erradicarlo. Se puede, si se quiere.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n en el asunto del internet, las redes sociales, los videojuegos, las pel&iacute;culas y el uso de pantallas en general es si estamos dispuestos a ver lo que las pantallas est&aacute;n haciendo con nosotros individualmente y como sociedad y si queremos cambiarlo.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco, en un bar, una madre joven estaba charlando con sus padres mientras su beb&eacute; de unos seis o siete meses estaba sentada en la trona con el m&oacute;vil de la mam&aacute; bien sujeto frente a sus ojos para que estuviera entretenida viendo dibujos mientras los adultos hablaban sin molestias. Cuando nos fuimos al cabo de una hora, la ni&ntilde;a segu&iacute;a all&iacute;, hipnotizada por la pantalla.
    </p><p class="article-text">
        Y no solo es problema de nuestro pa&iacute;s o nuestra sociedad occidental. El mes pasado estuve en Egipto por tercera vez y me llam&oacute; la atenci&oacute;n que algo que yo recordaba no solo de all&iacute; sino de otros pa&iacute;ses norteafricanos como T&uacute;nez o Marruecos hab&iacute;a cambiado por completo. Antes era normal ver grupos de hombres sentados en el bordillo de las aceras o carreteras esperando a que los recogieran para el trabajo o simplemente dejando pasar el tiempo hablando entre ellos, bromeando, mirando el trasiego de los turistas y riendo. O instalados en terrazas de cafeter&iacute;as y teter&iacute;as viendo pasar la vida a su alrededor. Ahora ya no. Ahora esos hombres que esperan en los bordillos siguen all&iacute;, pero cada uno tiene su m&oacute;vil en la mano y ya no conversa con los vecinos, ni gasta bromas ni se r&iacute;e. Cada uno est&aacute; inmerso en su mundo personal al que accede a trav&eacute;s de su pantalla. Pero lo peor es que a trav&eacute;s de esa pantalla tambi&eacute;n hay contenidos, opiniones y manipulaciones que acceden a &eacute;l y distorsionan su pensamiento y su mente.
    </p><p class="article-text">
        Parece que en cualquier lugar del mundo, en cuanto se tiene la posibilidad de disponer de un dispositivo con acceso a internet, el inter&eacute;s por la realidad que entra por los sentidos normales disminuye hasta desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        No se trata necesariamente de un progreso, aunque por supuesto tambi&eacute;n hay much&iacute;simos contenidos que son interesantes y saludables. Lo que pasa es que una vez entrados en el reino de los algoritmos y de colocarnos voluntariamente en manos de quienes no quieren lo mejor para nosotros sino su propio provecho, ya es muy dif&iacute;cil salir de ah&iacute;. Cuando cada vez que miras tu m&oacute;vil recibes confirmaci&oacute;n de todos tus sesgos -incluso los peores, sobre todo los peores- tu mente se va enfermando y tu comportamiento social se deteriora. Nos enganchamos a esa falsa libertad que nos prometen las redes y ya hay adolescentes y adultos seriamente enfermos porque al acostarse, en lugar de apagar los dispositivos y dormir, o leer unas p&aacute;ginas de un libro de papel o escuchar un poco de m&uacute;sica, se quedan casi toda la noche despiertos moviendo el dedo &iacute;ndice, &ldquo;scrolling&rdquo;, &ldquo;doom scrolling&rdquo;, pasando mensajes y mensajes, noticias y noticias (casi todas terribles, de las que asustan respecto al futuro de la Humanidad, o de las que fomentan las comparaciones malsanas, o de las que estimulan al odio a quien es diferente), cada vez m&aacute;s despiertos y m&aacute;s atontados, aunque parezca una contradicci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Otras generaciones, menos duchas en el manejo de m&oacute;viles y tabletas, hacen lo mismo con la tele: se acomodan en el sof&aacute; y pasan horas y horas empap&aacute;ndose de cualquier cosa que les echen, saltando de canal, aguantando las inaguantables voces y opiniones sin ninguna base real de los famosillos de turno. S&eacute; de gente que es incluso adicta a la teletienda, y ese es un problema a&ntilde;adido.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que hemos conseguido una sociedad m&aacute;s consciente de su salud, de su alimentaci&oacute;n, de la importancia del deporte y el movimiento, parece que, sin embargo, no nos sentimos capaces de frenar lo que ya est&aacute; teniendo un impacto tremendo en nuestra mente y nuestro comportamiento social. Tenemos que hacer algo ya mismo para reducir esas horas de pantalla que nos est&aacute;n llevando al desastre.
    </p><p class="article-text">
        Y ya. Ya me he dado cuenta de que esta columna sale en un diario digital que solo puede leerse en un dispositivo electr&oacute;nico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pantallas_129_13109263.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Mar 2026 20:07:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pantallas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No me da la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-da-vida_129_13072072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e754961-aebc-40d6-8d57-21edcb31cf3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138784.jpg" width="5834" height="3282" alt="No me da la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Casi no queda nadie ya que deje descansar a su cerebro atendiendo, sin más, a lo que ocurre a su alrededor. Hay que aprovechar el tiempo, porque es un bien limitado, aunque nos agote hacerlo</p></div><p class="article-text">
        Cuando en un futuro se haga un estudio de las frases que m&aacute;s se usaban en Espa&ntilde;a en el primer cuarto del siglo XXI, no me cabe la menor duda de que &ldquo;no me da la vida&rdquo; estar&aacute; entre las m&aacute;s frecuentes.
    </p><p class="article-text">
        Es una frase que usamos desde la adolescencia hasta los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la jubilaci&oacute;n y viene a resumir la sensaci&oacute;n que se ha apoderado de nosotros desde hace unos veinticinco o treinta a&ntilde;os y que cada vez nos invade con m&aacute;s rapidez e intensidad. Desde que abre una los ojos el lunes por la ma&ntilde;ana hasta que los cierra el domingo por la noche la sensaci&oacute;n es la misma: los d&iacute;as no tienen bastantes horas para poder cumplir con todo lo que una tiene que hacer; eso sin contar con las cosas que una o uno querr&iacute;a hacer, aunque no sean tan urgentes ni necesarias como las de la primera lista.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo es posible que precisamente ahora que -en nuestro siglo y en este pedazo del planeta en el que, por suerte, nos ha tocado vivir-, las horas de trabajo obligatorio y remunerado se han ido reduciendo, que los d&iacute;as de vacaciones y de fiesta han aumentado, tengamos, sin embargo, la angustia de no llegar a todo, de tener que ara&ntilde;arle tiempo al sue&ntilde;o y al descanso para intentar cumplir con todas nuestras obligaciones?
    </p><p class="article-text">
        Desde que Benjamin Franklin en 1748 en su art&iacute;culo &ldquo;Consejos a un joven comerciante&rdquo; acu&ntilde;&oacute; la frase &ldquo;time is money&rdquo; el af&aacute;n de rentabilizar nuestro tiempo nos viene persiguiendo hasta este 2026 en que el estr&eacute;s est&aacute; a punto de matarnos porque lo hemos interiorizado hasta tal punto que estamos convencidos de que todas las horas de nuestros d&iacute;as y la mayor parte de las horas de nuestras noches tienen que servir para algo.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero en la jerarqu&iacute;a es trabajar. El trabajo remunerado -la concreci&oacute;n m&aacute;s evidente del &ldquo;time is money&rdquo;- va primero, pero las ocho horas b&aacute;sicas dedicadas al trabajo se van alargando desde que los ordenadores y el internet nos permiten &ldquo;flexibilizarnos&rdquo; de manera que podemos trabajar en cualquier parte y a cualquier hora. No solo las empresas y los empresarios nos piden que estemos siempre disponibles, sino que nosotros mismos hemos interiorizado la idea de que debemos estarlo, sin darnos cuenta de que estamos usando nuestro tiempo de vida para entregarlo a algo que no tendr&iacute;a que ser necesario y que no nos sirve a nosotros individualmente para nada, salvo para aumentar nuestro estr&eacute;s y empeorar nuestra salud.
    </p><p class="article-text">
        Hasta tal punto hemos crecido con la idea de que somos nuestro trabajo y cada uno de nosotros solo vale lo que rinde que cuando las j&oacute;venes generaciones intentan llegar a un mejor equilibrio entre vida y trabajo -el famoso <em>work-life balance</em>- muchos representantes de generaciones anteriores los tachan de vagos, flojos e insolidarios.
    </p><p class="article-text">
        Pero el problema es que hay mucho m&aacute;s que lo derivado simplemente de la profesi&oacute;n que ejercemos o el puesto de trabajo que tenemos. Mientras tanto, nos hemos llenado de obligaciones que tambi&eacute;n necesitan un tiempo que estamos dispuestos a sacrificarles: la optimizaci&oacute;n en todos los campos vitales nos consume. Nos parece fundamental hacer todo lo necesario para mejorar nuestra salud y ampliar en lo posible nuestros a&ntilde;os de vida. Por tanto, tenemos que cumplir con las exigencias de una nutrici&oacute;n sana y un programa de ejercicio f&iacute;sico, sea acudiendo a un gimnasio, haciendo deporte de modo individual o participando en deportes de equipo. Tambi&eacute;n hay que dedicar tiempo a comprar alimentos saludables y org&aacute;nicos, a prepararlos debidamente y a ingerirlos con calma. Tenemos que cuidar nuestro c&iacute;rculo de amistades porque, adem&aacute;s de que nos resulta agradable y compensa de muchos malos rollos en el ambiente laboral, sabemos que las relaciones sociales son necesarias para vivir m&aacute;s sanamente y durante m&aacute;s a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Y la gente que tiene hijos peque&ntilde;os necesita dedicar mucho, much&iacute;simo tiempo, a la crianza y educaci&oacute;n de esos ni&ntilde;os, igual que quienes tienen ancianos o enfermos o personas con discapacidades a su cargo, lo que causa un estr&eacute;s destructor cuando, al mirar a su alrededor, ven que todo el mundo saca tiempo para hacer cosas que ellos no consiguen meter dentro de su horario.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n queremos encontrar el tiempo necesario para aprender algo nuevo, preparar unas oposiciones, hacer un m&aacute;ster y, por supuesto, leer la prensa, estar pendientes de las noticias, estar informados de lo que pasa en el planeta, en todo el planeta.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el mundo est&aacute; lleno de novelas, pel&iacute;culas, series, videojuegos, estrenos de teatro, musicales, exposiciones temporales en museos que es necesario conocer, as&iacute; como viajes culturales a lugares en los que uno debe haber estado para poder participar en conversaciones, y conciertos a los que tiene que haber asistido para sentir que no nos estamos perdiendo las cosas importantes que suceden a nuestro alrededor y nos confirman que seguimos siendo parte de la sociedad. Esa necesidad ha dado lugar el famoso FOMO (fear of missing out, miedo a perderse algo) que tanto da&ntilde;o hace.
    </p><p class="article-text">
        Luego est&aacute; otro problema a&ntilde;adido que cada vez afecta a m&aacute;s gente de las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes porque se trata de algo m&aacute;s reciente: la gesti&oacute;n de las enormes cantidades de fotos que se toman, de todos los mensajes que nos intercambiamos, el responder a todos los emails, la gesti&oacute;n de las redes sociales, la decisi&oacute;n de qu&eacute; subir a tus redes y qu&eacute; imagen quieres dar de tu vida y de tus logros. Puede sonar rid&iacute;culo, pero es algo que surge cada vez m&aacute;s en conversaciones femeninas: no solo hay que organizar (pongamos por caso) un cumplea&ntilde;os infantil para que los cr&iacute;os se lo pasen bien, sino que tiene que ser maravilloso, original, tem&aacute;tico, con detallitos que cada asistente pueda llevarse a casa, con juegos bien pensados, con una tarta espectacular que quede divina en Instagram y sea la envidia de todas las dem&aacute;s madres (y de paso ponga el list&oacute;n tan alto que las otras tengan que dedicar m&aacute;s tiempo y esfuerzo a &ldquo;sus&rdquo; cumplea&ntilde;os si quieren estar a la altura).
    </p><p class="article-text">
        Las listas de cosas que hay que hacer son cada vez m&aacute;s largas y m&aacute;s angustiosas. Sabemos que tenemos quince o diecis&eacute;is horas para intentar hacerlas todas y sabemos tambi&eacute;n que no vamos a poder. Por eso intentamos hacer varias a la vez, o quitar minutos de aqu&iacute; y de all&aacute;. Hay much&iacute;sima gente que los domingos se levanta a la misma hora que los d&iacute;as laborales y se pasa la ma&ntilde;ana cocinando para preparar los t&aacute;pers que va a necesitar el resto de la semana si quiere comer r&aacute;pido, pero casero y de modo saludable. Hay tambi&eacute;n mucha gente que se obliga a ir al gimnasio al salir del trabajo, luego llega a casa agotado y sin ganas de nada, come cualquier cosa y se mete en la cama despu&eacute;s de haber visto un cap&iacute;tulo o m&aacute;s de una serie que no le importa particularmente pero de la que ha o&iacute;do hablar en el trabajo. Cada vez hay m&aacute;s &ldquo;consumidores voraces&rdquo; que se fuerzan a salir de casa sin ganas o muertos de cansancio para no perderse una actividad cultural que consideran imprescindible, y personas que viajan en grupos organizados con unos horarios demenciales para aprovechar esos d&iacute;as y visitar los lugares m&aacute;s emblem&aacute;ticos de una ciudad o un pa&iacute;s aunque no todos les interesen demasiado. Mucha gente usa los desplazamientos (en tren, en metro, en avi&oacute;n) para adelantar trabajo en su port&aacute;til, para o&iacute;r podcasts o conferencias o audiolibros, para ver pel&iacute;culas, para leer ensayos que necesita para su profesi&oacute;n o para leer la prensa y estar al d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Casi no queda nadie ya que deje descansar a su cerebro atendiendo, sin m&aacute;s, a lo que ocurre a su alrededor. Hay que aprovechar el tiempo, porque es un bien limitado, aunque nos agote hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Como el tiempo es lo &uacute;nico que no se puede comprar (salvo comprando el tiempo de personas que nos solucionan ciertos trabajos que no podemos o queremos hacer nosotros mismos) y tampoco podemos almacenarlo y usarlo cuando mejor nos convenga, no nos queda m&aacute;s remedio que vivir estresados, exhaustos, con la lengua fuera para tener la sensaci&oacute;n de que estamos aprovechando nuestra vida, de que cada una de nuestras horas est&aacute; bien invertida porque nos proporciona o dinero o salud, longevidad, prestigio, visibilidad p&uacute;blica o cualquiera de las cosas que nos parecen irrenunciables.
    </p><p class="article-text">
        Una vida de ochenta a&ntilde;os son unas setecientas mil horas. Incluso quitando las que dedicamos al sue&ntilde;o (que tambi&eacute;n son absolutamente necesarias por mucho que tratemos de reducirlas) podr&iacute;amos pensar que deber&iacute;an ser bastantes para vivir relajados y satisfechos. Pues no. Nos las hemos arreglado para que no basten, para sentirnos perennemente frustrados porque &ldquo;no nos da la vida&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-da-vida_129_13072072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 21:01:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No me da la vida]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Perder la cabeza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/perder-cabeza_129_13033847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a5186576-5264-4194-b3e7-401b393f0852_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Perder la cabeza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Habría que contestarse a esa pregunta de si queremos envejecer a pesar de la posible demencia; a pesar de olvidar lentamente quiénes hemos sido, quiénes somos; a pesar de ir perdiendo las palabras con las que nos comunicamos con los demás y con las que nos hablamos a nosotros mismos</p></div><p class="article-text">
        Uno de los temas m&aacute;s actuales y que m&aacute;s nos afecta desde hace un par de d&eacute;cadas pero que, sin embargo, no nos gusta demasiado tratar, por lo que significa para todos nosotros, es el de la degeneraci&oacute;n cognitiva que cada vez se da m&aacute;s en la poblaci&oacute;n, a medida que la esperanza de vida va aumentando.
    </p><p class="article-text">
        Todos queremos vivir m&aacute;s tiempo para poder disfrutar m&aacute;s de esa &uacute;ltima fase vital, especialmente despu&eacute;s de la jubilaci&oacute;n, cuando por fin somos due&ntilde;os de nuestros d&iacute;as y noches, tenemos la libertad de llevar los horarios que m&aacute;s se adapten a nuestra forma de ser y, con un poco de suerte, algo de dinero que podemos gastar en alg&uacute;n viaje, o un estreno de teatro o tantas cosas que nos dan satisfacci&oacute;n y que ahora queremos poder permitirnos.
    </p><p class="article-text">
        La ciencia ha hecho maravillas desde el comienzo de siglo y la atenci&oacute;n sanitaria, unida a una mejor forma de vida con m&aacute;s cuidado en la alimentaci&oacute;n y menos productos t&oacute;xicos de consumo diario, ha permitido que nuestra salud haya mejorado incre&iacute;blemente. Ahora el problema est&aacute; en que vivimos mucho m&aacute;s tiempo pero, en una gran cantidad de casos, nuestro cerebro no mantiene la misma salud que nuestro cuerpo. Tenemos los &oacute;rganos en buen estado, muchos nonagenarios siguen teniendo una buena movilidad, pero cada vez m&aacute;s y m&aacute;s ancianos son v&iacute;ctimas de la demencia en sus diferentes avatares.
    </p><p class="article-text">
        La sociedad se est&aacute; llenando de personas que han perdido la capacidad de almacenar recuerdos a corto plazo, que no saben exactamente qu&eacute; diferencia hay entre pagar cinco euros o cincuenta, que han olvidado qu&eacute; es una tortilla de patata aunque sigan disfrutando de comerla, que no saben bien c&oacute;mo se llaman sus hijos y, en ocasiones, ni siquiera los reconocen cuando los ven.
    </p><p class="article-text">
        Todas esas personas, hace unos a&ntilde;os, cuando a&uacute;n no &ldquo;hab&iacute;an perdido la cabeza&rdquo; habr&iacute;an dicho que, para vivir as&iacute;, no val&iacute;a la pena, que era mejor morirse antes y ahorrarse la humillaci&oacute;n de tener que usar pa&ntilde;ales o ser alimentados como beb&eacute;s viejos, resultar una molestia y un gasto innecesario para sus seres queridos. Esto es lo que solemos decir todas y todos antes de que nos suceda porque, vista desde fuera, la situaci&oacute;n no resulta precisamente apetecible.
    </p><p class="article-text">
        No queremos llegar a eso, pero a veces, cuando pienso en esa situaci&oacute;n -cada vez m&aacute;s frecuente- me digo que si hacemos un esfuerzo de imaginaci&oacute;n para ver desde dentro esa misma situaci&oacute;n, quiz&aacute; no sea tan mala cosa vivir en ese presente eterno como el de los ni&ntilde;os muy peque&ntilde;os: sin conciencia de futuro y, por tanto, sin preocupaci&oacute;n por &eacute;l; sin heridas ni traumas de un pasado que ya no recordamos; sin tener que tomar ning&uacute;n tipo de decisiones con toda la carga que conlleva y las consecuencias que pueden acarrear si no son acertadas; alegr&aacute;ndonos una y otra vez de la misma buena noticia, de ver de nuevo constantemente a los seres queridos sin sufrir por si hace tres d&iacute;as que no vienen a visitarte o han pasado ya tres meses.
    </p><p class="article-text">
        Una ducha tibia es una bendici&oacute;n, una comida bien sazonada es un placer, la pastilla de despu&eacute;s de cenar te permite dormir y hace que la noche se haga no solo llevadera, sino agradable. Las noticias con toda su carga de horror y de miedo a lo que puede traer el futuro han dejado de preocuparte. Disfrutas de la sonrisa amable de un desconocido, de que te regalen unos caramelos, de que alguien empuje tu silla de ruedas para que puedas disfrutar del sol en el parque o en una silla en tu balc&oacute;n, envuelto en una mantita suave.
    </p><p class="article-text">
        Los que sufrimos somos los dem&aacute;s, los que comparamos a esa persona con la persona que fue cuando a&uacute;n era ella misma y ten&iacute;a personalidad, recuerdos, traumas, man&iacute;as. Sufrimos las parejas, los hijos, los hermanos, los amigos, los nietos. La longevidad de las personas amadas, si va unida a la demencia, hace que el dolor de verlas vivas sea mucho peor que el de verlas muertas, porque la muerte pone un punto final a la evoluci&oacute;n de una vida y todos los recuerdos que conservas de esa persona son de cuando estaba bien, de cuando era todav&iacute;a &eacute;l mismo o ella misma. Por el contrario, si la muerte llega despu&eacute;s de a&ntilde;os y a&ntilde;os de degeneraci&oacute;n, los recuerdos hermosos quedan tapados por los horribles; es como si las nuevas experiencias se escribieran sobre las antiguas, borr&aacute;ndolas, tach&aacute;ndolas, como si nunca hubieran existido, y eso duele. Mucho.
    </p><p class="article-text">
        Mi suegra, que ya no est&aacute; entre nosotros, cuando habl&aacute;bamos de estas cosas, sol&iacute;a decir: &ldquo;Es mejor morirse cuando a&uacute;n da l&aacute;stima que cuando es un alivio para todos.&rdquo; Creo que era un resumen certero de lo que comentaba yo en las &uacute;ltimas l&iacute;neas, pero, por otra parte, todos queremos un poco m&aacute;s. En muchas conversaciones he o&iacute;do algo que se repite: &ldquo;cuando vea que estoy perdiendo facultades o cuando me diagnostiquen Alzheimer (o cosa similar) yo decidir&eacute; cu&aacute;ndo marcharme&rdquo;. Casi todos pensamos as&iacute;. El problema es ese cu&aacute;ndo (de la cuesti&oacute;n del c&oacute;mo ya habl&eacute; en otra columna) porque, en general, si llegas a darte cuenta de verdad, ya es demasiado tarde para hacer algo al respecto. Medio minuto despu&eacute;s ya se te ha olvidado.
    </p><p class="article-text">
        Todos nos alegramos cuando leemos que la ciencia est&aacute; progresando much&iacute;simo y los seres humanos cada vez viviremos m&aacute;s tiempo. &iquest;No habr&iacute;a que preguntarse para qu&eacute;? &iquest;Queremos de verdad vivir tanto que nuestro final sea como el de Benjamin Button: revertir, ir reduci&eacute;ndonos, ir perdiendo facultades hasta convertirnos en una especie de beb&eacute; anciano, arrugado e inconsciente, sin control de nuestro cuerpo ni recuerdos en nuestra mente?
    </p><p class="article-text">
        Creo que el problema es que siempre que leemos eso de que la longevidad est&aacute; al alcance de la mano, tenemos la curiosa idea de que vamos a volver a tener cuarenta a&ntilde;os para siempre. Y no es as&iacute;. Lo que nos van a prolongar va a ser la vejez, no la juventud. Nadie nos asegura que no vamos a sufrir demencia senil. Por eso habr&iacute;a que contestarse a esa pregunta de si queremos envejecer a pesar de la posible demencia; a pesar de olvidar lentamente qui&eacute;nes hemos sido, qui&eacute;nes somos; a pesar de ir perdiendo las palabras con las que nos comunicamos con los dem&aacute;s y con las que nos hablamos a nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        No ofrezco soluciones. No tengo m&aacute;s que preguntas, pero creo que es muy importante que cada uno se responda a s&iacute; mismo estas cuestiones porque, si no lo hacemos, antes o despu&eacute;s, alg&uacute;n gobierno responder&aacute; por nosotros y crear&aacute; leyes con las que quiz&aacute;, al verlas entrar en vigor, no estemos de acuerdo; y entonces ser&aacute; demasiado tarde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/perder-cabeza_129_13033847.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Mar 2026 21:43:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Perder la cabeza]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Después de San Valentín]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/despues-san-valentin_129_12994525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5a1e527-e9dd-4a4c-886a-286c82e82ce5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Después de San Valentín"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El amor es un continuo de atención, de solidaridad, de alegría, de penas compartidas, de planes que a veces no se realizan, de momentos de felicidad inesperada que no tienen que ser nada grande, ni caro, que pueden consistir en compartir un bocadillo de atún con tomate, o dar un paseo por el parque</p></div><p class="article-text">
        Ahora que ya ha pasado la celebraci&oacute;n del d&iacute;a de San Valent&iacute;n me parece el momento indicado para reflexionar un poco sobre ella. Muchas personas sienten un gran alivio al pensar que a&uacute;n faltan 364 d&iacute;as para que se repita; otras -muchas de ellas j&oacute;venes- lamentan no haber tenido ocasi&oacute;n de celebrarlo con una pareja este a&ntilde;o y se hacen ilusiones para el pr&oacute;ximo. En los supermercados -al menos donde yo vivo- los precios de los ramos de flores cortadas, las cestitas llenas de bulbos de jacintos y narcisos, los arreglos de rosas y las cajas de orqu&iacute;deas empiezan a bajar de precio, as&iacute; como las grandes cajas de bombones en forma de coraz&oacute;n; los restaurantes vuelven a disponer de mesas libres para la cena, las joyer&iacute;as se resignan a que el negocio baje; las tarjetas de felicitaci&oacute;n son retiradas hasta el a&ntilde;o que viene y ya todo lo que recuerde al amor rom&aacute;ntico desaparece tragado por el inminente Carnaval, que es por tradici&oacute;n ancestral la gran celebraci&oacute;n del sexo, pero no necesariamente del amor.
    </p><p class="article-text">
        Al ver este tipo de cosas, se le ocurre a una pensar lo tonto que resulta que haya un d&iacute;a concreto para que una persona demuestre su cari&ntilde;o a otra. El amor es algo que, como dice el famoso proverbio, igual que el dinero, &ldquo;no puede estar oculto&rdquo;. Si alguien ama a otro o a otra, ama con cada gesto, con cada mirada, con cada sonrisa. Es algo que se muestra constantemente, en el d&iacute;a a d&iacute;a, en el minuto a minuto. No puedes evitar pensar en esa otra persona, querer que sea feliz, ayudarla en lo que necesite, procurar que est&eacute; sana, que descanse, que tenga lo que le hace falta. Le prodigas mimos, caricias, besos, roces r&aacute;pidos al pasar cerca de ella; le traes de la compra lo que sabes que le gusta, le cocinas cosas que le apetecen, le env&iacute;as una foto de algo bonito que has visto yendo al trabajo y quieres compartir, le regalas una flor o una postal sin ning&uacute;n motivo aparente, solo porque la quieres. Compartes una noticia que te ha impresionado, una m&uacute;sica que te ha emocionado, una pel&iacute;cula sobre la que te gustar&iacute;a debatir con &eacute;l o con ella; le regalas un libro que te parece magn&iacute;fico, lo llevas a cenar a un local que has descubierto y supones que le gustar&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El amor es un continuo de atenci&oacute;n, de solidaridad, de alegr&iacute;a, de penas compartidas, de planes que a veces no se realizan, de momentos de felicidad inesperada que no tienen que ser nada grande, ni caro, que pueden consistir en compartir un bocadillo de at&uacute;n con tomate, o dar un paseo por el parque. Y ni siquiera tiene que ser una pareja la que reciba ese tipo de atenciones. Puede tratarse de un amigo o amiga, de un vecino, un compa&ntilde;ero de trabajo, un desconocido incluso que, por la simple virtud de haber compartido un rato en un transporte p&uacute;blico, por ejemplo, haya dado y recibido unas sonrisas, unas palabras amables, un caramelo.
    </p><p class="article-text">
        Se dice que el 14 de febrero se celebra en memoria de San Valent&iacute;n de Roma (no se sabe seguro si se trataba de un solo santo o de tres diferentes del mismo nombre) que fue, en la segunda mitad del siglo III, un sacerdote cristiano que consigui&oacute; muchas conversiones y que, en contra de las leyes del emperador Claudio II, cas&oacute; a varias parejas por el rito cristiano. Acab&oacute; siendo ejecutado y, despu&eacute;s proclamado m&aacute;rtir de la iglesia. En 494 el papa Gelasio I lo santific&oacute; y fij&oacute; su fecha en el 14 de febrero.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se dice que la tradici&oacute;n de celebrar San Valent&iacute;n ese d&iacute;a como santo patrono de los enamorados proviene del af&aacute;n cristiano de hacer todo lo posible para borrar de la memoria de la poblaci&oacute;n ciertas fiestas paganas que incomodaban a la Iglesia. Ese era el caso de las Lupercalia, que se celebraban en Roma entre el 13 y el 15 de febrero y eran unas festividades consagradas al dios Faunus, tambi&eacute;n llamado Lupercus, y a la loba capitolina (la &ldquo;madre&rdquo; que amamant&oacute; a R&oacute;mulo y Remo, fundadores de la ciudad). Durante esos d&iacute;as, los sacerdotes -<em>luperci</em>- sacrificaban cabras y danzaban y desfilaban desnudos alrededor del Palatino, golpeando a la poblaci&oacute;n con pieles de cabras (llamadas &ldquo;februa&rdquo;), especialmente a las mujeres presentes. Se trataba de un rito para estimular la fecundidad femenina y garantizar un buen parto a las mujeres embarazadas. L&oacute;gicamente, los cristianos de la &eacute;poca no ve&iacute;an con buenos ojos unas fiestas de esas caracter&iacute;sticas y decidieron superponer a ellas la celebraci&oacute;n de San Valent&iacute;n, como exaltaci&oacute;n del amor rom&aacute;ntico, no sexual. Tambi&eacute;n, y no por casualidad, fue el papa Gelasio I (el mismo que santific&oacute; a Valent&iacute;n) quien prohibi&oacute; la celebraci&oacute;n de las Lupercalia.
    </p><p class="article-text">
        La historia de la pervivencia de la festividad de San Valent&iacute;n es larga. Sabemos que en el siglo XV el duque de Orleans, prisionero en Londres, envi&oacute; a su esposa una rom&aacute;ntica carta de amor citando al santo, pero no hay constancia de que se celebrara ampliamente.
    </p><p class="article-text">
        De todas formas, en los pa&iacute;ses anglosajones, la tradici&oacute;n de las &ldquo;Valentines&rdquo; que comenz&oacute; en el siglo XVIII ha seguido existiendo y ampli&aacute;ndose hasta ahora. Se trataba de peque&ntilde;as tarjetas o cartitas de amor que se enviaban de manera an&oacute;nima el 14 de febrero a una persona que te gustaba o de quien te hab&iacute;as enamorado. Adolescentes y adultos por igual cumpl&iacute;an con esta tradici&oacute;n y, en ocasiones, una Valentine era el comienzo de una relaci&oacute;n que llegar&iacute;a hasta el matrimonio. Poco a poco, adem&aacute;s de las tarjetas, se empez&oacute; a popularizar la idea de enviar flores, bombones o peque&ntilde;os detalles. Y, claro, como no pod&iacute;a ser de otra manera en pleno esplendor capitalista, en alg&uacute;n momento de mediados del siglo XX se lleg&oacute; a la idea consumista total: &ldquo;si la quieres, le regalas cosas&rdquo;. Cosas compradas, se entiende.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Galer&iacute;as Preciados, por lo que he le&iacute;do, tuvo la idea en Espa&ntilde;a de estimular los regalos de San Valent&iacute;n para incentivar las compras en febrero, que era un mes muy bajo de ventas en el que la gente apenas si estaba saliendo de la famosa &ldquo;cuesta de enero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Alguien se acuerda de la famosa &ldquo;medalla del amor&rdquo; de los a&ntilde;os setenta: &ldquo;Hoy te quiero m&aacute;s que ayer, pero menos que ma&ntilde;ana&rdquo;, que tantas personas regalaban a su pareja? Fue un aut&eacute;ntico &eacute;xito y se vendieron much&iacute;simo. El problema, claro, fue que algunos se olvidaban de que ya le hab&iacute;an regalado la medalla a su amada o amado y al a&ntilde;o siguiente volv&iacute;an a hacerlo, con lo cual quedaba claro que ese amor no era tan potente y maravilloso como quer&iacute;an hacer creer.
    </p><p class="article-text">
        Ahora hay muchas parejas que sufren buscando regalo y no se atreven a dejar de hacerlo para que nadie piense que ya no quieren igual a su media naranja. Otras personas sufren porque no tienen una pareja oficial o estable a quien hacerle un regalo por San Valent&iacute;n. Otros se sienten inferiores, menos afortunados, por no poder salir a cenar con esa persona especial que -eso piensan- llenar&iacute;a su vida y por eso a veces se enga&ntilde;an a s&iacute; mismos y eligen a alguien que no les importa realmente solo para tener con qui&eacute;n celebrar el famoso d&iacute;a de San Valent&iacute;n, y todo para hacer girar la rueda del comercio.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No ser&iacute;a mejor, en lugar de comprar una medalla, una joya, un ramo de rosas una vez al a&ntilde;o, ser cari&ntilde;oso todos los d&iacute;as, dejar una notita en el bolsillo del abrigo, traer una flor silvestre al volver de pasear al perro, dar un beso por sorpresa, decir algo bonito y sincero? Eso s&iacute; que ser&iacute;a un buen San Valent&iacute;n, uno que durar&iacute;a mucho m&aacute;s que un d&iacute;a de febrero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/despues-san-valentin_129_12994525.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Feb 2026 20:02:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Después de San Valentín]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Series prescindibles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/series-prescindibles_129_12955958.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8a1777f6-f823-4635-9879-0e3aec8f6071_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Series prescindibles"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No quiero ser alarmista, pero yo tengo la sensación de que la gran mayoría de esas producciones que tanto dinero cuestan son cada vez más tontas, vacuas y repetitivas. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que nos están acostumbrando a la basurilla. No son tan horribles como para apagar la pantalla de inmediato, pero van calando en nuestra mente y nos van haciendo cada vez más estúpidos</p></div><p class="article-text">
        No s&eacute; si a ustedes les sucede, pero a m&iacute;, &uacute;ltimamente, me pasa tanto que he pensado escribirlo aqu&iacute; para ver si soy solo yo: veo series, algunas las encuentro entretenidas (al menos lo bastante como para terminar la primera temporada o incluso la segunda) y, en cuanto pasan un par de semanas las he olvidado casi por completo. Quiero decir, no es que no me acuerde de detalles de la trama; es que no tengo recuerdo de haberlas visto jam&aacute;s. Si vuelvo a empezar el primer cap&iacute;tulo me suenan algunas cosas pero las confundo con otras escenas o di&aacute;logos procedentes de series distintas que, de alg&uacute;n modo, se han mezclado en mi cerebro.
    </p><p class="article-text">
        Primero pens&eacute; que era problema m&iacute;o, justamente problema de mi cerebro, que ya no es capaz de absorber m&aacute;s ficci&oacute;n entre las novelas que invento y escribo yo misma, las que leo, las que releo, las pel&iacute;culas que veo en el cine y las que veo en casa. Luego, sin embargo, empec&eacute; a pensar en que quiz&aacute; el problema no est&eacute; en m&iacute;, sino en todas esas series que parecen estar cortadas por el mismo patr&oacute;n y haber sido construidas (&ldquo;crear&rdquo; es un verbo que usamos con demasiada ligereza y que no voy a emplear para referirme a esas series) para entretenimiento de mentes ya muy cansadas despu&eacute;s de todo el d&iacute;a de trabajo. Tambi&eacute;n he o&iacute;do decir que cada vez hay m&aacute;s espectadores que ven una serie mientras, en su m&oacute;vil, est&aacute;n viendo o leyendo otros &ldquo;contenidos&rdquo; como se les llama ahora, y por eso quienes escriben los guiones de las series tienen que esforzarse en sorprender constantemente, para arrancar al espectador unos segundos o -en el colmo de los colmos- unos minutos de atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En &ldquo;1984&rdquo;, la excelente novela de George Orwell que no me canso de leer aunque sea tan terrible, los &ldquo;proles&rdquo; -la poblaci&oacute;n obrera semianalfabeta que ni siquiera tiene suficiente capacidad como para ser miembro del partido &uacute;nico- es &ldquo;alimentada&rdquo; con canciones y novelas para sus ratos de ocio. Esas obras son compuestas en un ministerio por m&aacute;quinas de combinatoria que se limitan, como si fueran caleidoscopios, a montar diferentes tramas partiendo de elementos simples y reconocibles que, combinados de una u otra forma, dan tramas aparentemente diferentes, pero lo bastante parecidas como para que los espectadores las reconozcan y se sientan c&oacute;modos con ellas. La primera vez que lo le&iacute;, cerca de los diecis&eacute;is a&ntilde;os, me qued&eacute; espantada y, en mi inocencia, pens&eacute; que no era posible crear (yo entonces a&uacute;n confiaba en la creaci&oacute;n) novelas y canciones usando ese m&eacute;todo y que la gente no lo notara y lo rechazara, asqueada.
    </p><p class="article-text">
        Ahora hemos llegado exactamente a esto y no lo rechazamos ni siquiera cuando lo notamos. Ahora existen equipos de guionistas, convenientemente asesorados por IAs, que se dedican a inventar series tan largas y complicadas como los denostad&iacute;simos seriales de radio de los a&ntilde;os cincuenta. Luego hay un equipo de marketing que se dedica a inventar la mejor estrategia para vender ese &ldquo;producto&rdquo; a los espectadores; y todos los que han intervenido, empezando por los productores, cruzan los dedos para que funcione y d&eacute; dinero, que es lo &uacute;nico que importa.
    </p><p class="article-text">
        Seguramente por eso hay tantas y tantas series que parecen iguales, especialmente si son estadounidenses o est&aacute;n claramente inspiradas en la sociedad de USA. Nos pasamos la vida entre historias en las que la gente ha mentido y no es quien dice ser, por ejemplo, y de ah&iacute; parte todo el conflicto. Eso, en Europa, es pr&aacute;cticamente imposible. Hasta para sacar un billete de autob&uacute;s interurbano tienes que ense&ntilde;ar el DNI, pero, como ellos no tienen obligaci&oacute;n de tener una identificaci&oacute;n oficial, pueden hacerse pasar por otra persona, y tan contentos. Nos tragamos ese punto de partida con total naturalidad y luego seguimos aceptando cosas cada vez m&aacute;s absurdas.
    </p><p class="article-text">
        No voy a dedicarme aqu&iacute; a hablar mal de series concretas. Todo el mundo ha visto, aunque sea parcialmente, varias que eran calcos unas de otras, con terribles asesinos en serie, con personajes siniestros y malignos que parec&iacute;an buenas personas, con polic&iacute;as corruptos hasta la m&eacute;dula, con maridos y esposas que ocultaban espantosos secretos, con montones y montones de agujeros de l&oacute;gica y de coherencia en la historia que muchas veces achacamos a que nos est&aacute;bamos durmiendo en el sof&aacute; y no nos hemos enterado bien. O sea, que la culpa es nuestra, por no estar atentos a que en un fotograma sale durante dos segundos una foto enmarcada que podr&iacute;a habernos dado una pista crucial.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n me llama la atenci&oacute;n ese af&aacute;n que les ha dado por entrar en la serie, en los primeros minutos, con una escena violenta, brutal, angustiosa&hellip; cualquier emoci&oacute;n negativa, para pasar de inmediato a &ldquo;Tres meses antes&rdquo;, lo que significa que no nos creen capaces de mantener el inter&eacute;s en una historia si empieza de manera suave y cronol&oacute;gica. O bien ellos, quienes la han inventado, no se sienten capaces de construir una historia que vaya creciendo en tensi&oacute;n e inter&eacute;s, atrapando a su p&uacute;blico poco a poco.
    </p><p class="article-text">
        No quiero ser alarmista, pero yo tengo la sensaci&oacute;n de que la gran mayor&iacute;a de esas producciones que tanto dinero cuestan son cada vez m&aacute;s tontas, vacuas y repetitivas. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que nos est&aacute;n acostumbrando a la basurilla. No son tan horribles como para apagar la pantalla de inmediato, pero van calando en nuestra mente y nos van haciendo cada vez m&aacute;s est&uacute;pidos. Tal vez por eso hay quien las ve con el m&oacute;vil en la mano: porque no le interesan realmente, pero hacen de ruido de fondo antes de irse a dormir y ayudan a rebajar el ruido interior que uno trae a casa despu&eacute;s de todo el d&iacute;a por ah&iacute;, trabajando, pele&aacute;ndose incluso con colegas, clientes y proveedores, d&aacute;ndole vueltas a mil problemas que solucionar. Pones una serie, ves que a la gente de la peli le pasan cosas horribles y te vas a la cama m&aacute;s tranquila porque eso, -al menos eso-, a ti no te pasa. No te persigue la CIA, no tienes un asesino en serie en la puerta de al lado, tu pareja s&iacute; es quien dice ser y conoces a toda su familia y a sus amigos del instituto.
    </p><p class="article-text">
        Me preocupa que el criterio art&iacute;stico est&eacute; desapareciendo, que haya tantas producciones para plataformas que no tienen m&aacute;s aspiraci&oacute;n que llegar a una gran audiencia y ganar mucho dinero, despreciando cosas tan b&aacute;sicas como la l&oacute;gica, la creaci&oacute;n de personajes cre&iacute;bles con los que el espectador se identifique, el sentido com&uacute;n y la coherencia de las situaciones.
    </p><p class="article-text">
        Hemos llegado a ese punto en el que hay que producir novedades constantemente. No nos da tiempo a absorber ni un diez por ciento de lo que se produce. Nos olvidamos de series y pel&iacute;culas que muchas veces son mejores, pero que ya no est&aacute;n en el apartado de novedades, o de las diez m&aacute;s vistas o las cinco con m&aacute;s pulgares arriba.
    </p><p class="article-text">
        Durante un tiempo el cine era un arte, el s&eacute;ptimo arte, se le llam&oacute;. En 1911 el poeta Ricciodo Canudo, cr&iacute;tico y te&oacute;rico, invent&oacute; el t&eacute;rmino en su &ldquo;Manifiesto de las siete Artes&rdquo; coloc&aacute;ndolo tras la arquitectura, escultura, pintura, m&uacute;sica, poes&iacute;a y danza. Desde entonces, el cine empez&oacute; a considerarse una manifestaci&oacute;n art&iacute;stica al mismo nivel que las dem&aacute;s artes cl&aacute;sicas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ahora, cuando veo algunas series y algunas pel&iacute;culas, tengo la impresi&oacute;n de que son cada vez m&aacute;s los que trabajan en la construcci&oacute;n de estos &ldquo;contenidos&rdquo; o &ldquo;productos&rdquo; a los que no les importa un pepino el nivel art&iacute;stico de lo que est&aacute;n haciendo.
    </p><p class="article-text">
        Soy consciente de que las hay magn&iacute;ficas y esas proporcionan reflexi&oacute;n y placer est&eacute;tico, como estamos acostumbrados a esperar de una manifestaci&oacute;n art&iacute;stica. &iexcl;Menos mal que existen a&uacute;n! Pero las otras, las que son todas iguales, las que confundimos unas con otras en cuanto pasa una semana, las que no nos aportan nada m&aacute;s que, si acaso, un ratito de no pensar demasiado&hellip; esas deber&iacute;amos tener la fuerza de apagarlas en cuando notamos lo que son. Son t&oacute;xicas para nuestra mente, nos vuelven perezosos, descuidados, tontos. Y ya son demasiadas las cosas t&oacute;xicas que nos rodean en nuestra vida cotidiana como para elegirlas voluntariamente al volver a casa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una experiencia &uacute;nica e inolvidable&rdquo;, escribi&oacute; Canudo para cimentar la idea de que el cine es un arte. Inolvidable. Por eso dec&iacute;a yo al principio de estas l&iacute;neas que me preocupa que se me olvide tan f&aacute;cilmente lo que he visto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/series-prescindibles_129_12955958.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Feb 2026 20:27:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Series prescindibles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Series]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Formas de resistencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/formas-resistencia_129_12919133.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf3f63ae-4bf8-4bcd-b8e6-5f55aba87105_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Formas de resistencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy en día ya no se piensa que la persona contra la que se dirige el boicot va a sufrir particularmente si los vecinos no la saludan o el cartero no le entrega las cartas, pero si ese boicot se dirige contra sus medios de enriquecerse, la cosa resulta efectiva. Capitalismo, que es lo que ahora funciona</p></div><p class="article-text">
        Hace ya mucho que no me gusta en absoluto la deriva que est&aacute; tomando nuestra sociedad y el ambiente pol&iacute;tico que se respira en el planeta (no solo en nuestro pa&iacute;s).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que somos muchos los que nos preguntamos a diario c&oacute;mo es posible que hayamos llegado a un punto en el que imperan la incultura, la groser&iacute;a y la brutalidad y adem&aacute;s intentan convencernos de que esa es la manera ideal de comportarse, de que todos aquellos melindres del pasado como la elegancia, el respeto, la buena educaci&oacute;n y el deseo de ponerse pac&iacute;ficamente de acuerdo no son m&aacute;s que tonter&iacute;as superadas. Ahora lo que priva es ser eg&oacute;latra, violento y agresivo para llegar a conseguir todo lo que uno desea sin que importe lo que sientan y piensen los dem&aacute;s, que no son m&aacute;s que borregos a su servicio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estoy absolutamente convencida de que la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n no es as&iacute;, pero todos y todas nos preguntamos d&iacute;a tras d&iacute;a si hay algo que se pueda hacer para frenar a esos matones de barrio, chulos de patio de colegio que nos est&aacute;n robando, maltratando y humillando impunemente. Cualquier lector de estas l&iacute;neas sabe bien a qui&eacute;nes me refiero y, si no escribo sus nombres es precisamente porque pienso que es un comienzo de lo que podemos hacer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya en el a&ntilde;o 457 antes de Cristo, en Atenas, el legislador Clistenes cre&oacute; un sistema para proteger la democracia de los tiranos: consist&iacute;a en organizar una votaci&oacute;n para determinar si los ciudadanos quer&iacute;an prescindir de un pol&iacute;tico que consideraban da&ntilde;ino para los intereses de la ciudad. Cada votante, en votaci&oacute;n secreta, pod&iacute;a escribir el nombre de esa persona en un trozo de cer&aacute;mica llamada &ldquo;ostrakon&rdquo;. Era necesario recoger un m&iacute;nimo de 6000 votos para proceder en su contra pero, si se alcanzaba la cifra, ese pol&iacute;tico deb&iacute;a abandonar la ciudad durante diez a&ntilde;os. Conservaba sus propiedades y derechos, pero no pod&iacute;a residir en Atenas ni participar en la pol&iacute;tica de la ciudad-estado. A este sistema se le llam&oacute; &ldquo;ostracismo&rdquo; y, aunque luego se fue pervirtiendo y acab&oacute; convirti&eacute;ndose en instrumento de turbios manejos, durante un tiempo fue una manera de defender la democracia frente a los intentos de tiran&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Durante los siglos posteriores -muchos, demasiados- se normaliz&oacute; (como nos est&aacute; pasando ahora) el que ciertos individuos tuvieran no solo un poder absoluto, sino derecho a tenerlo, derecho a actuar seg&uacute;n su capricho, sin tener en cuenta las opiniones, necesidades y sufrimientos del resto de la poblaci&oacute;n sometida a sus arbitrariedades. Muchos de estos individuos se amparaban en el poder de la sangre, en todos los sentidos. Por un lado, hab&iacute;an conseguido convencer a la poblaci&oacute;n de que la sangre que corr&iacute;a por sus venas era superior a la de los dem&aacute;s (aquello de la &ldquo;sangre azul&rdquo;) y su derecho al mando ven&iacute;a directamente de la voluntad divina (&ldquo;por la gracia de Dios&rdquo;); por otro, su poder militar era tan grande que estaban en posici&oacute;n de obligar a la poblaci&oacute;n a trav&eacute;s de la violencia sin l&iacute;mites, del derramamiento de sangre en grandes masacres que aterrorizaban a quienes las sufr&iacute;an. El miedo es un poderoso instrumento de control.
    </p><p class="article-text">
        Much&iacute;simos a&ntilde;os despu&eacute;s, a finales del siglo diecinueve, en Irlanda, en 1880, los campesinos que trabajaban las tierras del conde de Erne en terribles condiciones rogaron al administrador del se&ntilde;or que les rebajara el tanto por ciento que ten&iacute;an que entregar anualmente, porque la cosecha hab&iacute;a sido una cat&aacute;strofe. Se neg&oacute; a hacerlo y ya se pueden imaginar qu&eacute; sucedi&oacute;. Llegaron los soldados para &ldquo;defender el derecho del conde&rdquo;. Entonces, los campesinos, vi&eacute;ndose absolutamente desprotegidos y sabiendo que no ten&iacute;an ninguna forma legal de defenderse del terrible abuso que estaban sufriendo, decidieron no volver a colaborar con su administrador. En absoluto. Nadie lo saludaba, no encontraba personal de limpieza para su casa, ni campesinos que estuvieran dispuestos a trabajar en los campos ni a recoger la cosecha, el cartero no le entregaba las cartas, en la estaci&oacute;n de ferrocarril no le vend&iacute;an billetes, no pod&iacute;a comprar alimentos. Al final tuvo que marcharse de all&iacute;. Su apellido (se llamaba Charles Cunningham Boycott) dio origen a una palabra mundialmente conocida: boicot.
    </p><p class="article-text">
        La Real Academia de la Lengua lo define como: &ldquo;Acci&oacute;n que se dirige contra una persona o entidad para obstaculizar el desarrollo o funcionamiento de una determinada actividad social o comercial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como ven, es el ostracismo llevado al terreno capitalista, que es el que impera en el mundo actual. Hoy en d&iacute;a ya no se piensa que la persona contra la que se dirige el boicot va a sufrir particularmente si los vecinos no la saludan o el cartero no le entrega las cartas, pero si ese boicot se dirige contra sus medios de enriquecerse, la cosa resulta efectiva. Capitalismo, que es lo que ahora funciona.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando pienso en todos esos hombres y mujeres actuales que est&aacute;n destruyendo nuestra convivencia, que en muchas ocasiones est&aacute;n destruyendo incluso su propio pa&iacute;s, del que son presidentes, su propia ciudad o autonom&iacute;a, pienso que lo &uacute;nico que podemos hacer la gente de a pie es intentar una especie de combinaci&oacute;n entre el ostracismo y el boicot: lo primero, no mencionar sus nombres (suelen ser gente vanidosa, tremendamente eg&oacute;latra, que se alimentan de ver su nombre siempre en los medios de comunicaci&oacute;n), no darles cancha, no comprar sus productos, no acudir a los lugares que sabemos que dan dinero a ese pa&iacute;s o a esa persona en concreto; no ir al cine a ver pel&iacute;culas de esa nacionalidad, ni a conciertos de m&uacute;sicos que lo apoyan, ni participar en nada que al final redunde en su beneficio. No comprarles coches, ni electrodom&eacute;sticos, ni ordenadores, ni gasolina. Ir deslig&aacute;ndonos de su colonizaci&oacute;n cultural. Empezar a hacerles da&ntilde;o donde m&aacute;s les duele: perder notoriedad, perder dinero.
    </p><p class="article-text">
        Eso lo podemos hacer uno a uno, sin tener que coger un arma, sin tener que llegar a una revoluci&oacute;n que desemboque en la guillotina. No tenemos que temer que env&iacute;en a los soldados o a ciertos cuerpos de malhechores con uniforme contra nosotros. No tenemos nada que perder y mucho que ganar.
    </p><p class="article-text">
        Los mismos estadounidenses, en el siglo dieciocho empezaron su revoluci&oacute;n boicoteando los productos ingleses, &ldquo;de la madre patria&rdquo; a la que ya no deseaban pertenecer porque los explotaba con sus impuestos. En 1920 Gandhi empez&oacute; su movimiento de independencia de la India con una &ldquo;campa&ntilde;a de no cooperaci&oacute;n&rdquo; con productos brit&aacute;nicos. En 1959 hubo un boicot mundial contra Sud&aacute;frica por la cuesti&oacute;n del Apartheid, como protesta por las leyes raciales discriminatorias.
    </p><p class="article-text">
        No es nada nuevo y sabemos que es efectivo. &iquest;Por qu&eacute; no empezamos a ponerlo en marcha. Es algo que podemos hacer nosotros y nosotras, por nuestra cuenta, sin pedir permiso a nadie ni temer consecuencias de ning&uacute;n tipo. Lo &uacute;nico es que -eso s&iacute;- tenemos que plantearnos ser consecuentes hasta que los boicoteados empiecen a notarlo: si hay una cadena de hamburgueser&iacute;as o una de cafeter&iacute;as que ven bajar sus ventas, o una gran empresa de env&iacute;os por cat&aacute;logo o grandes marcas de ordenadores, de t&eacute;cnica en general&hellip; de cualquier cosa&hellip; ese es el &uacute;nico punto en el que les duele, ya que parece que es lo &uacute;nico que les importa. Nada m&aacute;s sirve para hacerlos reflexionar sobre su vergonzoso comportamiento.
    </p><p class="article-text">
        La decencia no les parece obst&aacute;culo, la justicia no es problema, el respeto, las normas y la elegancia son -seg&uacute;n esos nuevos &ldquo;amos&rdquo; autoproclamados- un mero signo de debilidad y vulnerabilidad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No podr&iacute;amos demostrarles, como ya hizo Gandhi, que hay formas pac&iacute;ficas de dejar claro lo que no nos gusta, lo que no pensamos aceptar? Podr&iacute;amos empezar por no mencionarlos, no jalearlos, no tener su nombre siempre en los labios, en los titulares de nuestros peri&oacute;dicos, su rostro en todas las pantallas. Ese ser&iacute;a el equivalente de no saludar. Esos individuos se sienten importantes a trav&eacute;s de la atenci&oacute;n medi&aacute;tica y del miedo que crean. Luego, no enriquecerlos a&uacute;n m&aacute;s. Elegir productos y actividades de las que ellos no se beneficien. Hay muchos m&aacute;s en este planeta. No todo lo producen ellos y sus empresas. Solo tenemos que cambiar nosotros. Empezar a comprar y jalear lo nuestro, lo europeo, por ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        Soy consciente de que no hay mucho que podamos hacer, nada grande, pero muchos pocos, muchos peque&ntilde;os gestos, van sumando. Podr&iacute;amos probar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/formas-resistencia_129_12919133.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Jan 2026 21:31:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Formas de resistencia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta a los Reyes Magos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/carta-reyes-magos_129_12886578.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9129881-88c8-44db-ad69-1fbd9599dae3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carta a los Reyes Magos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Que los políticos de toda denominación, tanto en España como en otras naciones empiecen a poner en primer lugar de sus esfuerzos el bienestar de la ciudadanía y del país por encima de su egoísmo personal y el del partido al que pertenecen</p></div><p class="article-text">
        Cuando uno, en cualquier circunstancia de la vida, desea algo que parece imposible o peca de ingenuo, se suele hablar de &ldquo;una carta a los Reyes Magos&rdquo;, lo que implica que ya somos mayores y, lamentable pero l&oacute;gicamente, hemos perdido la fe en la magia y la capacidad de creer en milagros. Algo muy triste, en mi opini&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como este a&ntilde;o mi columna quincenal coincide justo el 6 de enero, esa maravillosa ma&ntilde;ana de Reyes que a&uacute;n conservo en mi recuerdo con toda la emoci&oacute;n de entonces, me voy a permitir hacer mi propia carta a Sus Majestades de Oriente, con los deseos que me gustar&iacute;a ver cumplidos en este a&ntilde;o de 2026:
    </p><p class="article-text">
        Que los pol&iacute;ticos de toda denominaci&oacute;n, tanto en Espa&ntilde;a como en otras naciones empiecen a poner en primer lugar de sus esfuerzos el bienestar de la ciudadan&iacute;a y del pa&iacute;s por encima de su ego&iacute;smo personal y el del partido al que pertenecen.
    </p><p class="article-text">
        Que la Justicia sea igual para todos y est&eacute; siempre por encima de partidos y opiniones personales.
    </p><p class="article-text">
        Que las grandes empresas paguen los impuestos que les corresponden igual que hace el resto de la poblaci&oacute;n y que ese dinero se invierta en resolver de una vez por todas el problema de la vivienda que ya afecta a dos generaciones de j&oacute;venes y a otras dos de viejos y ancianos.
    </p><p class="article-text">
        Que se proh&iacute;ban por fin los fondos buitre que est&aacute;n destruyendo la convivencia social en nuestras ciudades y nos est&aacute;n convirtiendo en un parque de atracciones para turistas sin prestar atenci&oacute;n a quienes viven y trabajan en ellas.
    </p><p class="article-text">
        Que dejen de existir los monopolios que nos manipulan a su antojo y nos privan de la libertad de elegir porque ya apenas si queda competencia.
    </p><p class="article-text">
        Que las listas de espera de la sanidad p&uacute;blica se acorten y la atenci&oacute;n llegue cuanto antes a quienes la necesitan.
    </p><p class="article-text">
        Que la educaci&oacute;n est&eacute; al alcance de todo el mundo y no solo de aquellos que pueden pagar m&aacute;s. Que las universidades sean todas p&uacute;blicas y se invierta en una investigaci&oacute;n y formaci&oacute;n del m&aacute;s alto nivel para poder estar a la altura de las de otros pa&iacute;ses del mundo y avanzar en todas las disciplinas del saber.
    </p><p class="article-text">
        Que los adultos nos esforcemos por ser un ejemplo y una gu&iacute;a de comportamiento para los j&oacute;venes y que los ayudemos a darse cuenta de que hay un futuro esper&aacute;ndolos, pero es un futuro que tienen que construir y que no se encuentra en las redes ni en las plataformas de entretenimiento.
    </p><p class="article-text">
        Que todos empecemos a poner de nuestra parte para aliviar la soledad de los ancianos y la soledad de muchos adolescentes.
    </p><p class="article-text">
        Que nos animemos a sonre&iacute;r a los desconocidos, a dedicar una palabra amable a cualquier persona con la que nos encontremos y hacer, de ese modo, un mundo m&aacute;s agradable para todos.
    </p><p class="article-text">
        Que dejemos los insultos y la agresividad en las relaciones laborales para que el hecho de trabajar no sea cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil y desagradable.
    </p><p class="article-text">
        Que nos demos cuenta de que cada uno tiene sus necesidades, sus dolores y sus preocupaciones y eso nos haga m&aacute;s emp&aacute;ticos y solidarios con los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Que no nos aferremos a nuestras fronteras, a nuestras lenguas y nuestras nacionalidades, considerando, con ese orgullo equivocado, que el resto de las personas est&aacute;n por debajo de nosotros si no han nacido en el mismo lugar ni hablan el mismo idioma.
    </p><p class="article-text">
        Que respetemos a cada individuo en su integridad.
    </p><p class="article-text">
        Que aprovechemos el talento y los conocimientos de los inmigrantes en nuestro pa&iacute;s, respetando su dignidad.
    </p><p class="article-text">
        Que trabajemos por crear una sociedad en la que la violencia en general, pero sobre todo contra mujeres y ni&ntilde;os, no tenga espacio ni aceptaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Que la infancia sea siempre un tiempo de paz, de cari&ntilde;o y respeto que ponga las bases para que al llegar a la edad adulta, esas personas vivan contentas y tranquilas, colaborando al bien com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Que la igualdad entre hombres y mujeres no exista solo en el papel, sino en la realidad de cada d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Que las pr&aacute;cticas sexuales sean siempre deseadas y entre adultos y que no se utilicen para humillar ni causar dolor.
    </p><p class="article-text">
        Que las religiones sean algo respetable, pero privado, que no se imponga a nadie ni se utilice como excusa para censurar, sojuzgar o da&ntilde;ar a los que no las practican.
    </p><p class="article-text">
        Que trabajemos por la paz en este mundo en el que cada vez nos dejamos arrastrar m&aacute;s por megal&oacute;manos descerebrados, eg&oacute;latras y despiadados que llegar&aacute;n a destruir nuestro planeta si no los frenamos a tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Que nos demos cuenta de la suerte que hemos tenido de nacer en esta bolita azul en medio de la inmensidad del cosmos, donde podemos respirar, la gravedad nos es favorable y tenemos (ten&iacute;amos) un equilibrio perfecto para sobrevivir. Que no nos dejemos arrebatar el &uacute;nico lugar para el que estamos perfectamente adaptados, el &uacute;nico lugar al que podemos llamar hogar en el universo.
    </p><p class="article-text">
        Que celebremos la alegr&iacute;a de estar vivos, la que no viene de ser m&aacute;s que otros, ni de tener m&aacute;s, sino del milagro de estar aqu&iacute; y ahora durante unos pocos a&ntilde;os, de haber tenido la suerte de nacer, en esa loter&iacute;a c&oacute;smica en la que ten&iacute;amos billones de posibilidades en contra.
    </p><p class="article-text">
        Hay m&aacute;s cosas que desear&iacute;a, muchas m&aacute;s cosas&hellip; pero ya se hacen una idea de por d&oacute;nde van mis deseos.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, lo s&eacute;, es una ingenuidad pensar que todo lo que imagino podr&iacute;a cumplirse, pero sin deseos, sin metas, no vamos a ninguna parte. El desear ya es el principio del cambio y, si los Reyes Magos no consiguen llegar o no est&aacute;n por la labor, no vamos a tener m&aacute;s remedio que hacerlo nosotros y nosotras, porque nos va la vida en ello, la convivencia, la paz, la alegr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No podemos quedarnos de brazos cruzados diciendo que &ldquo;no hay nada que hacer&rdquo;. Siempre se puede hacer algo, queriendo. Conseguimos salir del feudalismo, conseguimos la democracia, la abolici&oacute;n de la esclavitud, la prohibici&oacute;n del trabajo infantil, el voto para las mujeres, la libertad de expresi&oacute;n, el derecho al divorcio, el matrimonio homosexual&hellip; Conseguimos sacudirnos el yugo de la Iglesia Cat&oacute;lica y del Tribunal de la Inquisici&oacute;n, quitarnos de encima la censura&hellip; cosas que parec&iacute;an imposibles, milagros que ni los mismos Reyes Magos podr&iacute;an haber obrado. Y sin embargo&hellip; lo conseguimos, lo hicimos nosotros, los hombres y mujeres de a pie, oponi&eacute;ndonos, enfrent&aacute;ndonos, diciendo que no quer&iacute;amos seguir as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En fin. Esa es mi carta. S&eacute; que si la remito como en mi infancia a S.S. M.M. los Reyes Magos. Oriente, lo m&aacute;s probable es que se pierda por el camino o que la destruya un dron, de modo que la publico aqu&iacute;, para que, como pasa con las semillas de diente de le&oacute;n que vuelan en primavera, quiz&aacute; arraigue en la mente o el coraz&oacute;n de alg&uacute;n lector o lectora -de esos que ya tienen una tierra f&eacute;rtil en su interior y sienten de una forma parecida a la m&iacute;a- y, cuantos m&aacute;s seamos, m&aacute;s posibilidades habr&aacute; de que ese milagro llegue a suceder.
    </p><p class="article-text">
        Les deseo un 2026 de salud, paz y alegr&iacute;a. No hablo de felicidad porque es un concepto que est&aacute; muy empobrecido de tanto usarlo sin ton ni son, ni tampoco digo prosperidad porque, aunque me gusta la idea, tambi&eacute;n se la han apropiado los que todo lo ven desde una &oacute;ptica puramente capitalista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Les deseo que, en la medida de sus fuerzas y posibilidades, aporten algo, un poquito, a cualquiera de los deseos de mi lista. Toda piedra hace pared y, como nos estamos quedando al raso, techo y paredes nos hacen mucha falta.
    </p><p class="article-text">
        Seguiremos hablando a lo largo del a&ntilde;o, si les parece.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/carta-reyes-magos_129_12886578.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Jan 2026 21:00:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta a los Reyes Magos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las memorias del rey]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/memorias-rey_129_12864572.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c08e8b15-0772-4acd-abdb-f629592702f6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las memorias del rey"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿No se da cuenta del daño que ese libro va a hacer a su propia imagen, a la imagen de la Casa Real, al concepto mismo de la monarquía, por no hablar del daño que le va a hacer a su hijo, el rey actual, y a su nieta, la futura reina?</p></div><p class="article-text">
        Cuando yo era peque&ntilde;a, los reyes solo exist&iacute;an en los cuentos que nos le&iacute;an los mayores y en el Hola, donde ve&iacute;amos c&oacute;mo viv&iacute;an y luc&iacute;an las Casas Reales de otros pa&iacute;ses. En el nuestro, de eso no hab&iacute;a. Ten&iacute;amos un General&iacute;simo que viv&iacute;a en el Palacio del Pardo sin ning&uacute;n glamour con una se&ntilde;ora m&aacute;s bien poco esplendorosa, por muchos collares de perlas que se pusiera. Hab&iacute;a muchos se&ntilde;ores vestidos de uniforme y otros se&ntilde;ores de traje oscuro, casi todos con bigote y muchos de ellos con gafas negras, como si les molestara el sol aunque estuvieran en interiores. Adem&aacute;s hab&iacute;a muchos curas, que eran los que m&aacute;s colores pon&iacute;an en las fotos y llevaban las ropas m&aacute;s lujosas, aunque algo antiguas.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n ten&iacute;amos un pr&iacute;ncipe, alto y rubio como en los cuentos, pero que no era ni bueno ni malo, y, al contrario que en las historias, donde era el protagonista, siempre estaba callado, en segunda fila, detr&aacute;s del se&ntilde;or bajito, y no se sab&iacute;a bien qui&eacute;n era ni para qu&eacute; estaba ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Luego, a la muerte de ese se&ntilde;or, el pr&iacute;ncipe silencioso se convirti&oacute; en rey, su mujer en reina y los tres ni&ntilde;os rubios en infantas y pr&iacute;ncipe. Empezaron a salir en el Hola y el pa&iacute;s se llen&oacute; de chistes a su costa porque nadie acababa de creerse que aquello fuera en serio y tuviera ning&uacute;n futuro. M&aacute;s adelante vino el frustrado golpe militar, el 23 de febrero, y ah&iacute;, en un alarde de marketing, nos convencieron a casi todos los espa&ntilde;oles de que nos hab&iacute;amos salvado de otra guerra civil gracias a nuestro rey Juan Carlos. A partir de ese momento, hasta republicanos y antimon&aacute;rquicos empezaron a respetar a ese se&ntilde;or que hab&iacute;a tra&iacute;do la constituci&oacute;n y la democracia a nuestro pa&iacute;s, tan machacado por todos los decenios anteriores de dictadura, arbitrariedad e injusticias.
    </p><p class="article-text">
        Esa sensaci&oacute;n de que ahora nos hab&iacute;amos salvado de algo terrible fue una especie de patente de corso que permiti&oacute; a ese nuevo rey, que ahora era el bueno y el protagonista del cuento, hacer b&aacute;sicamente lo mismo que otros antepasados suyos, sobre todo en cuestiones de amor&iacute;os -eso se sab&iacute;a y la mayor parte de la poblaci&oacute;n no lo encontraba tan mal- y en otras cuestiones cremat&iacute;sticas que se fueron viendo a lo largo de los a&ntilde;os hasta que recientemente se lleg&oacute; a su abdicaci&oacute;n y su salida de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, justo a tiempo para la campa&ntilde;a de Navidad, aparece un libro en el que el rey -em&eacute;rito ahora y residente en Abu Dabi-, nos cuenta su historia en primera persona desde su punto de vista para que los ciudadanos y ciudadanas (no somos s&uacute;bditos, a pesar de ser un reino; cosa curiosa) podamos comprenderlo y compadecernos de sus muchos sufrimientos.
    </p><p class="article-text">
        Una amiga me lo ha regalado, pensando que al ser espa&ntilde;ola y viviendo en el exterior, me interesar&iacute;a leerlo. Confieso que a&uacute;n voy por la mitad del volumen (m&aacute;s de cuatrocientas p&aacute;ginas) y que estoy un poco perpleja. Empieza diciendo que su padre le aconsej&oacute; que no escribiera nunca sus memorias y luego lo hace. Se queja de casi todo lo que le ha sucedido en la vida, pero asegur&aacute;ndonos que es un hombre duro, callado y resiliente, como soldado que es. Se contradice constantemente, cosa bastante natural en cualquier ser humano, pero que no contribuye a esclarecer motivos y razones, que es lo que pretender hacer.
    </p><p class="article-text">
        Lo peor, de todas formas, es la manera en que est&aacute; narrado: con frases muy simples, sintaxis muy pobre, falta de ritmo, an&eacute;cdotas que interrumpen el flujo de lo narrado sin aportar nada, pero que est&aacute;n colocadas ah&iacute; de vez en cuando en un intento de aumentar la amenidad de lo que cuenta. Es evidente el esfuerzo por escribir un libro que pueda ser le&iacute;do literalmente por todo el mundo, sea cual sea su nivel cultural, y por eso se alternan toques de glamour con explicaciones sobre alg&uacute;n desarrollo hist&oacute;rico y pol&iacute;tico que cualquier persona de formaci&oacute;n mediana conoce ya. No s&eacute; si es lo que el rey em&eacute;rito deseaba o si se trata de lo que le han aconsejado tanto la persona que ha escrito el libro como los editores que lo han publicado.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No se da cuenta del da&ntilde;o que ese libro va a hacer a su propia imagen, a la imagen de la Casa Real, al concepto mismo de la monarqu&iacute;a, por no hablar del da&ntilde;o que le va a hacer a su hijo, el rey actual, y a su nieta, la futura reina?
    </p><p class="article-text">
        Nos dice en el libro que le ense&ntilde;aron en sus largos a&ntilde;os de educaci&oacute;n como pr&iacute;ncipe a callar y a no quejarse. Sin embargo debe de ser que, cumplidos ampliamente los ochenta, ha decidido liberarse de esa carga y olvidar los consejos recibidos.
    </p><p class="article-text">
        Comprendo que un hombre que ha crecido en una familia donde todos tienen t&iacute;tulos, posesiones, fortuna, poder y que est&aacute;n convencidos de ser algo diferente del resto de la poblaci&oacute;n, algo superior por la gracia de Dios, se queje de no ser tan rico como otros miembros de la aristocracia europea, pero sinceramente no creo que sea una buena idea para ganarse la simpat&iacute;a de la gente de a pie quejarse de su pobreza o quejarse de que se le fiscalicen los gastos. Todos los espa&ntilde;oles pagamos nuestros impuestos y tenemos que dar explicaciones sobre lo que queremos desgravar. &Eacute;l no tendr&aacute; costumbre quiz&aacute;, pero es lo normal para todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Al rev&eacute;s, para &eacute;l es normal no pagar nunca nada cuando va a comer a alguna parte, tener entradas de primera fila gratis en cualquier espect&aacute;culo al que quiera asistir y alojarse en hoteles de muchas estrellas o estar invitado en mansiones y yates de lujo. No se lo reprocho. Me parece que es la vida que lleva un rey y s&eacute; que, a cambio, tiene mucho trabajo y mucha presi&oacute;n; pero tambi&eacute;n conozco a muchas personas que tienen mucho trabajo y mucha presi&oacute;n y apenas pueden permitirse el alquiler del piso donde viven. Lo menos que se le puede pedir a un rey es que no se queje en p&uacute;blico y que no trate de suscitar nuestra l&aacute;stima porque no puede dormir en el palacio o porque su mujer no va a visitarlo despu&eacute;s de todo lo que ha tenido que soportar mientras estuvo a su lado. Resulta pat&eacute;tico y un poquit&iacute;n rid&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que m&aacute;s conmiseraci&oacute;n me provoca: que en lugar de callar dignamente, haya escrito un libro para todo el mundo. Si la necesidad de justificarse era tan grande que necesitaba decirlo, habr&iacute;a sido mucho m&aacute;s elegante escribir sus memorias para su familia, para sus descendientes y, quiz&aacute;, haber donado un ejemplar de esas memorias personales a la Biblioteca Nacional para que los historiadores del futuro pudieran leer c&oacute;mo se ve&iacute;a &eacute;l y c&oacute;mo justific&oacute; su actuaci&oacute;n frente a la Historia.
    </p><p class="article-text">
        Escribir un libro de estilo sencillito, por no decir rampl&oacute;n, sacarlo antes de Navidad para que las ventas sean mayores e incluso grabar un v&iacute;deo promocional para animar a su compra a toda la poblaci&oacute;n &ndash;&ldquo;un buen regalo de reyes para pap&aacute; o para el abuelo&rdquo;, por ejemplo- no es propio de un rey. Al menos no de un rey como los de los cuentos: un rey bueno, sabio, generoso y equilibrado. Un rey que no deber&iacute;a insistir en &ldquo;mirad todo lo que he hecho por vosotros, y as&iacute; me lo pag&aacute;is&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Da un poco de pena, pero este rey que se perfila en las memorias no es un Lear; no tiene la grandeza, el dolor y la dimensi&oacute;n tr&aacute;gica de un hombre que lo tuvo todo y lo ha perdido todo (claro, que tampoco lo ha escrito Shakespeare). Es m&aacute;s bien una Megan luchando por sus ingresos en una plataforma de televisi&oacute;n. Y eso, tanto si uno es mon&aacute;rquico como si no, resulta algo bochornoso, de verg&uuml;enza ajena.
    </p><p class="article-text">
        Como ya dijo Boecio en el siglo V, <em>se tacuisses philosophus mansisses</em>: &ldquo;si te hubieras callado, habr&iacute;as seguido siendo un fil&oacute;sofo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/memorias-rey_129_12864572.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Dec 2025 20:58:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las memorias del rey]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Oficios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/oficios_129_12828692.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/61291950-aeee-4937-9991-c08d9935acbf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x3067y997.jpg" width="1200" height="675" alt="Oficios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si los niños ven que el trato que dedicamos a todas las profesiones es igual de bueno, cuando les llegue el momento de decidir su profesión, elegirán sin tener que pensar qué les conviene más desde el punto de vista del dinero o del prestigio</p></div><p class="article-text">
        Me da la impresi&oacute;n de que nuestra sociedad se va haciendo cada vez m&aacute;s clasista, a pesar de todo lo que se publicita para hacernos creer que todos somos iguales, tenemos los mismos derechos, la misma dignidad y todas esas palabras tan elegantes, que suenan tan bien, escritas en un papel o pronunciadas en un discurso.
    </p><p class="article-text">
        No se puede hablar de un tema tan amplio como el clasismo en la extensi&oacute;n de un art&iacute;culo como este, pero s&iacute; me gustar&iacute;a comentar un par de cosas.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de la historia, los seres humanos nos hemos especializado en una casi infinita variedad de trabajos con los que contribuir a la buena marcha de nuestra sociedad. No vamos a entrar en por qu&eacute; unos se especializaron en cultivar cereales, otros en construir casas, murallas y catedrales y otros en estudiar leyes. Soy perfectamente consciente de las diferencias econ&oacute;micas y sociales que llevan a unos y a otros a &ldquo;elegir&rdquo; esos caminos, entonces y ahora.
    </p><p class="article-text">
        A lo que me refiero en estos momentos cuando hablo de clasismo es a que, a d&iacute;a de hoy, seguimos considerando que un t&iacute;tulo universitario es m&aacute;s importante y vale m&aacute;s que el ser un excelente profesional en un oficio o una artesan&iacute;a. Si alguien duda de esta afirmaci&oacute;n, le invito a repasar la cantidad de pol&iacute;ticos que llegan a mentir y falsear sus curr&iacute;culos para fingir que tienen estudios superiores, porque piensan que eso da m&aacute;s prestigio. Tambi&eacute;n puede echar una mirada a su alrededor y darse cuenta de c&oacute;mo se trata, en general, a un mec&aacute;nico de coches o a un ingeniero, a una limpiadora o a una abogada.
    </p><p class="article-text">
        De alguna extra&ntilde;a manera, nos han convencido de que es fundamental que la mayor cantidad posible de j&oacute;venes llegue a la universidad y consiga un t&iacute;tulo, aunque sea en una carrera que no le interesa (porque la media no le ha dado para entrar en otra) o para la que no tiene aptitudes. El que hoy en d&iacute;a no va a la universidad es &ldquo;porque no vale para otra cosa&rdquo; y sus padres se resignan a que desempe&ntilde;e un oficio, como si eso fuera un desdoro para la familia.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace ya d&eacute;cadas, la mayor aspiraci&oacute;n de los padres y madres era que sus hijos e hijas cursaran estudios superiores y pudieran acceder a puestos no solo mejor remunerados, sino -y de eso es lo que yo quer&iacute;a hablar- de mayor prestigio social. Me figuro que, en origen viene de que, en los pueblos, las personas m&aacute;s importantes, adem&aacute;s del alcalde, eran el cura, el m&eacute;dico, el maestro y el boticario. Todas las familias pobres quer&iacute;an ver a uno de los suyos en uno de estos puestos.
    </p><p class="article-text">
        Pero de eso hace ya much&iacute;simo tiempo y al parecer no nos damos cuenta de que las personas que de verdad hacen que funcionen las cosas que todos necesitamos no son solo las que han ido a la universidad, sino las que saben construir y reparar todas nuestras infraestructuras, todo lo que necesitamos para vivir. Nos hace tanta falta un fontanero como un dentista, un electricista como un t&eacute;cnico de laboratorio, un alba&ntilde;il como un arquitecto.
    </p><p class="article-text">
        Los soci&oacute;logos, los artistas y los psiquiatras son muy &uacute;tiles y necesarios, pero tambi&eacute;n lo son los peluqueros, los mec&aacute;nicos y los encofradores (uso el masculino gen&eacute;rico para no cansar a quien lee estas l&iacute;neas).
    </p><p class="article-text">
        Cuando de repente un grifo no se deja cerrar y el agua empieza a inundarnos la casa, necesitamos a un fontanero con la misma urgencia que necesitamos a un m&eacute;dico cuando nos hemos resbalado y nos hemos fracturado un hueso. Los basureros son tan necesarios como los abogados, aunque en diferentes situaciones.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; nos empe&ntilde;amos en tratar con m&aacute;s respeto y consideraci&oacute;n a los unos que a los otros?
    </p><p class="article-text">
        Se est&aacute;n perdiendo muchos oficios absolutamente necesarios porque ya nadie quiere aprender a hacerlos; y nadie quiere unas veces porque no est&aacute;n bien pagados y otras veces porque no tienen ning&uacute;n prestigio social. Nos hemos acostumbrado a considerar superior a un economista en paro que a un conductor de ambulancia en activo. Tambi&eacute;n nos hemos olvidado de que cualquier persona que trabaja es un trabajador, un obrero, aunque ahora tengamos esa idea de que nadie es ya obrero. La misma palabra parece que huele mal. &iexcl;Qu&eacute; lejos los tiempos cuando Gabriel Celaya dec&iacute;a: &ldquo;Me siento un ingeniero del verso y un obrero que trabaja con otros a Espa&ntilde;a en sus aceros&rdquo; en su gran poema <em>La poes&iacute;a es un arma cargada de futuro</em>.
    </p><p class="article-text">
        Hasta el PSOE, el Partido Socialista Obrero Espa&ntilde;ol, ha dejado de hablar de &ldquo;obreros&rdquo; y, si lo mantiene en sus siglas debe de ser porque, sin esa &ldquo;O&rdquo; ser&iacute;a el PSE, que en espa&ntilde;ol, y acentuado, suena a que todo da igual. Y eso s&iacute; que ser&iacute;a terrible.
    </p><p class="article-text">
        Ni queremos ser ya obreros, ni respetamos a los que lo son. Parece que no es elegante tener una profesi&oacute;n manual que es absolutamente necesaria para la buena marcha del mundo y, si no estimulamos a las generaciones j&oacute;venes a que aprendan saberes y oficios que nos hacen tanta falta, dentro de poco empezaremos a parecernos a las generaciones que fueron llegando despu&eacute;s de lo que se ha dado en llamar &ldquo;la ca&iacute;da del imperio romano&rdquo;, cuando a la vuelta de cincuenta a&ntilde;os, ya nadie sab&iacute;a construir un acueducto, ni un puente, ni una ventana amplia; cuando se fueron olvidando y perdiendo t&eacute;cnicas que hab&iacute;an funcionado durante siglos y la sociedad se empobreci&oacute; y tuvo que adaptarse a tener cada vez menos de todo.
    </p><p class="article-text">
        Me parece muy necesario que animemos a las nuevas generaciones a aprender un oficio cl&aacute;sico, de los que se hacen con las manos -para entendernos- junto con otro m&aacute;s te&oacute;rico, m&aacute;s intelectual. Eso ser&iacute;a lo mejor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el caso de que no resulte posible por falta de tiempo, aptitudes o ganas de trabajar, lo menos que podemos hacer es estar agradecidos a quienes son capaces de hacer cosas que nosotros no sabemos, respetarlos y tratarlos con la misma elegancia y cortes&iacute;a que dedicamos a las profesiones a las que se accede despu&eacute;s de unos estudios universitarios.
    </p><p class="article-text">
        Todos y todas somos necesarias para la buena marcha del mundo en el que vivimos. Quien se dedica a cultivar la comida que comemos es tan de respetar como el que trabaja en un banco o es funcionario de carrera o compositor o diplom&aacute;tico o catedr&aacute;tico universitario o periodista y, en determinadas situaciones, nos hace mucha m&aacute;s falta.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n soy de la opini&oacute;n de que, en cada oficio, los hay mejores y peores, y hacemos bien al admirar m&aacute;s o pagar m&aacute;s a quienes mejor lo hacen. Todos somos iguales en dignidad y derechos, pero siempre hay gente que destaca en su especialidad y es justo reconocerlo. Lo que ya no encuentro justo es pensar que alguien se merece m&aacute;s por el tipo de profesi&oacute;n que ejerce, lo haga como lo haga.
    </p><p class="article-text">
        Un buen jardinero o un buen cuidador de ancianos es claramente superior, en mi opini&oacute;n, a un mal m&eacute;dico o un mal actor. Admito que haya jerarqu&iacute;as en cada especialidad, pero el tratar a una persona, de entrada, con mayor o menor consideraci&oacute;n no deber&iacute;a depender del tipo de oficio que tenga y creo que deber&iacute;amos educar a nuestros hijos en la observaci&oacute;n de la realidad, para que se den cuenta de que el mundo no funciona solo gracias a los pol&iacute;ticos, los grandes empresarios, los influencers, los futbolistas y los raperos, de que el respeto no tiene por qu&eacute; estar relacionado con el sueldo que gane el otro, ni con los t&iacute;tulos que tenga o los trajes que vista.
    </p><p class="article-text">
        Si los ni&ntilde;os ven que el trato que dedicamos a todas las profesiones es igual de bueno, cuando les llegue el momento de decidir su profesi&oacute;n, elegir&aacute;n sin tener que pensar qu&eacute; les conviene m&aacute;s desde el punto de vista del dinero o del prestigio. Elegir&aacute;n lo que m&aacute;s resuene con su propia personalidad y su forma de colaborar en la sociedad y se convertir&aacute;n en personas que disfrutar&aacute;n plenamente del oficio que han escogido, en beneficio de todos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/oficios_129_12828692.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Dec 2025 20:35:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Oficios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Oficios,Empleo,Profesionales,Educación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desamparo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/desamparo_129_12792574.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e320b9a2-140c-425c-94d8-f84444b374d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desamparo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cómo no vamos a sentirnos desamparados en un país donde ese vergonzoso fallo del Supremo se produce sin argumentación ni explicaciones justo el día en que se cumplen cincuenta años de la muerte del dictador?</p></div><p class="article-text">
        Con el reciente fallo del Tribunal Supremo (nunca ha sido tan definitoria una palabra polis&eacute;mica) he llegado a un punto de tristeza, mezclada con otras emociones en las que ahora ahondar&eacute;, que empieza a parecerme excesivo, pero por desgracia, inevitable porque no depende de mi voluntad ni de c&oacute;mo me tome yo las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Hablo por m&iacute; y solo pretendo compartir mi opini&oacute;n porque me gustar&iacute;a saber si hay m&aacute;s personas que sienten lo mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como todos los hombres y mujeres de mi generaci&oacute;n, viv&iacute; muchos a&ntilde;os de franquismo, de omnipotencia de la Iglesia cat&oacute;lica, de leyes arbitrarias, de misoginia, de persecuci&oacute;n a los militantes de izquierdas, a los homosexuales, a las mujeres ad&uacute;lteras o a las que se hab&iacute;an atrevido a abortar en un pa&iacute;s donde todo estaba prohibido, un pa&iacute;s donde solo se pod&iacute;a sobrevivir callando y siendo lo m&aacute;s invisible que uno pudiera conseguir, donde solo se medraba a trav&eacute;s del servilismo y la adulaci&oacute;n frente a los que estaban m&aacute;s altos en la jerarqu&iacute;a. Era un pa&iacute;s rampl&oacute;n, vulgar, gris y apagado, sin cultura, sin an&aacute;lisis cr&iacute;tico, sin m&aacute;s alegr&iacute;a que los programas de las dos cadenas de la tele y donde la forma de conocer el mundo (hasta cierto punto) era irse al cine a un programa doble de sesi&oacute;n continua y dejarse fascinar por la forma de vida americana a trav&eacute;s de pel&iacute;culas que hab&iacute;an sido aprobadas por la censura y que en la mayor parte de los casos estaban hechas para deslumbrar a los pobres tercermundistas, ocult&aacute;ndoles tambi&eacute;n la verdad de un sistema puritano, mis&oacute;gino tambi&eacute;n, aunque con m&aacute;s color, corrupto y lleno de contradicciones.
    </p><p class="article-text">
        Una vez muerto el dictador -&iexcl;cu&aacute;nto tardamos en poder llamarlo con el nombre que le correspond&iacute;a y olvidar todo aquello de &ldquo;Su Excelencia el General&iacute;simo, el Caudillo y todos los dem&aacute;s tratamientos serviles y falsos!- la esperanza de futuro explot&oacute; en nuestro pa&iacute;s y la democracia lleg&oacute; como un milagro por el que llev&aacute;bamos d&eacute;cadas luchando o, al menos, imaginando en nuestros sue&ntilde;os locos. Con la democracia llegaron tambi&eacute;n la libertad, la justicia, la alegr&iacute;a, la creatividad desbordada, las autonom&iacute;as, los derechos para todos -tambi&eacute;n mujeres, gais, lesbianas-, el divorcio, la posibilidad de salir al extranjero no solo para trabajar como mano de obra barata, los libros de otras culturas, las pel&iacute;culas prohibidas, la secularizaci&oacute;n, la idea de que el ej&eacute;rcito, los pol&iacute;ticos y los funcionarios existen para servir a la sociedad, no al contrario&hellip; todo lo que algunos j&oacute;venes de las generaciones actuales piensan que es evidente y que no puede desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        Con tristeza y profunda preocupaci&oacute;n, veo ahora c&oacute;mo ya no nos podemos fiar ni siquiera de los m&aacute;s altos jueces de nuestro pa&iacute;s, c&oacute;mo la justicia se ha convertido en una farsa al servicio de la rapacidad de ciertos individuos que se consideran por encima de las leyes que nos hemos dado como sociedad, que muchas personas en cargos de gran relevancia roban y mienten y propagan bulos a sabiendas porque todo mancha y las manchas, ya se sabe, son dif&iacute;ciles de quitar.
    </p><p class="article-text">
        Esa falta de confianza en la justicia, esa tolerancia con la mentira, esa rapacidad, ese odio con el que se enfrentan los partidos pol&iacute;ticos como si fueran hinchadas de <em>hooligans</em> de f&uacute;tbol mientras sus partidarios los jalean est&aacute; destruyendo nuestra democracia, nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Vemos de nuevo que los ricos ganan, que las leyes no siempre protegen a la gente honrada, que hay jueces y otros altos funcionarios con un claro sesgo en sus opiniones que les impide actuar con la imparcialidad requerida, que las personas j&oacute;venes no tienen donde vivir porque los responsables de la buena marcha de las ciudades lo est&aacute;n vendiendo todo al mejor postor, que las grandes empresas pagan salarios de hambre y no pagan los impuestos que deber&iacute;an, que el discurso racista, hom&oacute;fobo, mis&oacute;gino empieza a ser presentable y ya no le da a quien lo defiende ninguna verg&uuml;enza (la verg&uuml;enza es una de esas cosas que se han perdido, como los cines de sesi&oacute;n continua).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo eso crea miedo en la poblaci&oacute;n. Est&aacute; hecho a prop&oacute;sito, porque cualquiera que tenga un m&iacute;nimo conocimiento de la historia sabe que el miedo paraliza, que es f&aacute;cil manipular a una persona o a una sociedad atemorizada. Ya dec&iacute;a hace varios siglos Maquiavelo que &ldquo;si no puedes hacer que te amen, haz que te teman&rdquo; y eso es lo que empieza a pasar ahora. Nadie se siente seguro en estas circunstancias. Los j&oacute;venes, en las encuestas, ya responden que no hacen planes de futuro. &iquest;Para qu&eacute;? El clima se est&aacute; deteriorando, la posibilidad de tener hijos se aleja cada vez m&aacute;s por pura imposibilidad econ&oacute;mica y log&iacute;stica; conseguir una vivienda digna es ya un espejismo, el trabajo no es estable y cada vez hay m&aacute;s oficios que van siendo sustituidos por m&aacute;quinas, por IAs, por sistemas que no protestan, que no necesitan descansar, que no toman vacaciones, que no exigen un lugar donde vivir que no est&eacute; demasiado lejos del puesto de trabajo. Las leyes, a las personas de a pie, ya no nos amparan. Contra un pol&iacute;tico, contra un millonario no tenemos nada que hacer.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra sociedad se est&aacute; volviendo racista por puro miedo, un miedo instigado por ciertos partidos de derechas precisamente para que la manipulaci&oacute;n sea m&aacute;s efectiva. Si consiguen convencer al electorado de que la culpa de todo la tiene una etnia concreta, o un partido o una religi&oacute;n, es m&aacute;s f&aacute;cil movilizarlo para luchar -por miedo- contra ese &uacute;nico enemigo, prometiendo que despu&eacute;s de la victoria, todo ir&aacute; mejor. Es mentira, claro. Lo sabemos (yo creo que incluso los que se dejan manipular si no lo saben, lo intuyen) y a pesar de ello, ese retorcimiento de la verdad va ganando adeptos porque lo simple resulta atractivo, no hay que molestarse en leer, en ponderar, en decidir si tienen o no raz&oacute;n los que nos dicen a qui&eacute;n hay que destruir. Si ya lo sabemos, nos ahorramos mucho tiempo y esfuerzo. Se trata solo de hacerlo, de destruir, de matar, de arrasar, y eso es f&aacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Empezamos a sentirnos abandonados. Por la justicia, por la sanidad, por el mercado de trabajo, por la falta de preocupaci&oacute;n de las autoridades por que todos tengamos d&oacute;nde vivir, d&oacute;nde trabajar. Nos estamos quedando desamparados y eso es terrible.
    </p><p class="article-text">
        La sensaci&oacute;n de desamparo crea tristeza y soledad. &iquest;Ad&oacute;nde podemos volvernos para protestar, para remediar nuestra situaci&oacute;n si ya no podemos fiarnos de las grandes instituciones democr&aacute;ticas? &iquest;C&oacute;mo vamos a sentirnos seguros en un pa&iacute;s donde tantos medios de comunicaci&oacute;n est&aacute;n al servicio de los intereses de unos pocos, donde tantos periodistas mienten o no investigan como es su obligaci&oacute;n y deber&iacute;a ser su vocaci&oacute;n, donde unos cuantos ignorantes llenan de ruido y furia las ma&ntilde;anas televisivas de tantas personas que luego acuden a las urnas y votan bas&aacute;ndose en calumnias y chascarrillos que han o&iacute;do por la tele?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo no vamos a sentirnos desamparados en un pa&iacute;s donde ese vergonzoso fallo del Supremo se produce sin argumentaci&oacute;n ni explicaciones justo el d&iacute;a en que se cumplen cincuenta a&ntilde;os de la muerte del dictador? Un pa&iacute;s donde se permite que siga existiendo la Fundaci&oacute;n Francisco Franco &ldquo;para enaltecer la figura del Caudillo&rdquo;, donde a&uacute;n se celebran misas por el eterno descanso de su alma y despu&eacute;s se canta el Cara al sol como si nada, donde hemos permitido que los j&oacute;venes no tengan ni idea de la historia reciente, donde sigue habiendo en las cunetas, insepultos, cad&aacute;veres de personas cuyo &uacute;nico crimen fue defender el gobierno leg&iacute;timo, votado en las urnas. Un pa&iacute;s donde no se hace nada para investigar (al menos investigar) la muerte de miles de ancianos durante la epidemia de Covid, porque hay ciertos intereses que no pueden tocarse.
    </p><p class="article-text">
        El desamparo cunde. Y cuando hayan conseguido que la poblaci&oacute;n est&eacute; muerta de miedo, quiz&aacute; consigan convencerlos de que lo ideal es un hombre fuerte (me temo que incluso para eso son machistas), una mano de hierro, un cerebro sencillo -con pocas ideas, pero firmes- que les diga por d&oacute;nde ir, que haga desaparecer todas las leyes que nos garantizaban un funcionamiento jur&iacute;dico de igualdad y justicia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el periodista estadounidense Jay Allen en la famosa entrevista que le hizo a Franco en 1936, apenas empezada la rebeli&oacute;n, le pregunt&oacute; si exist&iacute;a la posibilidad de una tregua, de un acuerdo, el general dijo que no, ya que ellos -los sublevados- luchaban por Espa&ntilde;a, mientras que los partidarios de la Rep&uacute;blica (legalmente constituida, no lo olvidemos) luchaban contra Espa&ntilde;a. Entonces Allen coment&oacute;: &ldquo;Tendr&aacute; que fusilar a media Espa&ntilde;a&rdquo; y el futuro dictador contest&oacute;: &ldquo;He dicho que cueste lo que cueste&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lo hizo, y as&iacute; nos fue. Ahora, cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s, vamos por el mismo camino: unas fuerzas que han cambiado de armas y de t&aacute;cticas (para adaptarse a los nuevos tiempos) han decidido luchar en contra de un gobierno legalmente constituido y destruir nuestra convivencia &ldquo;cueste lo que cueste&rdquo;, para medrar.
    </p><p class="article-text">
        Si no hacemos algo pronto, lo lograr&aacute;n y despu&eacute;s, como dec&iacute;an en la iglesia cuando yo era peque&ntilde;a, &ldquo;ser&aacute; el llanto y el crujir de dientes&rdquo;. Pero ya ser&aacute; tarde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/desamparo_129_12792574.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Nov 2025 21:04:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Desamparo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fiscalía General del Estado,Tribunal Supremo,Álvaro García Ortiz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elegir tu muerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/elegir-muerte_129_12756239.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b997d76-e00e-4869-aeff-bb7a46b5cfbc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elegir tu muerte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Que en una sociedad laica como la nuestra se sigan utilizando argumentos como que “solo Dios da y quita la vida” me parece ridículo, además de profundamente hipócrita. Si de verdad creyeran eso, la medicina estaría prohibida</p></div><p class="article-text">
        Quiz&aacute; porque estamos en el mes de noviembre y acaba de pasar el d&iacute;a de los difuntos (y supongo que las difuntas, claro) o porque es un tema al que no dejo de darle vueltas desde hace mucho, he pensado lo extra&ntilde;a que resulta esa idea tan extendida de que uno no tiene derecho a elegir el momento de su muerte.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en una sociedad en la que -al amparo del capitalismo feroz que lo mueve y lo revuelve todo- nos han convencido de que tenemos derecho a elegir cualquier cosa, que siempre hay m&aacute;s opciones, que no tenemos por qu&eacute; conformarnos o adaptarnos a reglas y normas y a &ldquo;lo que hace todo el mundo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Podemos elegir desde el pa&iacute;s de origen de la comida que comemos hasta nuestro aspecto f&iacute;sico, desde cu&aacute;ndo y c&oacute;mo tener o no tener descendencia hasta nuestra identificaci&oacute;n de g&eacute;nero. Por no hablar de cosas de poca importancia como el modelo de coche, o de m&oacute;vil o hacernos una operaci&oacute;n est&eacute;tica para cambiar de nariz o de tama&ntilde;o de pecho, o tatuarnos el cuerpo entero.
    </p><p class="article-text">
        Todo eso lo podemos hacer. Igual que podemos decidir si queremos o no casarnos y de qu&eacute; forma y por qu&eacute; tipo de rito. El derecho al aborto ha costado m&aacute;s de conseguir, pero tambi&eacute;n se ha logrado, aunque a&uacute;n queden personas que quieran retroceder y volver a imponer su voluntad sobre las mujeres que se encuentran en esa situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hemos conseguido montones de cosas, pero lo que todav&iacute;a es una lucha es que podamos decidir cu&aacute;ndo queremos abandonar esta vida. Y les juro que es algo que no soy capaz de comprender. Que en una sociedad laica como la nuestra se sigan utilizando argumentos como que &ldquo;solo Dios da y quita la vida&rdquo; me parece rid&iacute;culo, adem&aacute;s de profundamente hip&oacute;crita. Si de verdad creyeran eso, la medicina estar&iacute;a prohibida. Si Dios (pongamos que exista) te env&iacute;a una enfermedad grave, sea la que sea, tambi&eacute;n es ir contra su voluntad el tratar de curarla, &iquest;no? Ya te salvar&aacute; &eacute;l, si es su deseo. Es lo primero que pens&eacute; cuando vi el invento del &ldquo;papam&oacute;vil&rdquo; blindado que estaba previsto para proteger al Papa de Roma en sus salidas despu&eacute;s de un atentado contra Juan Pablo II en 1981. &iquest;No era eso ir contra la voluntad divina?
    </p><p class="article-text">
        De todas formas, incluso sin utilizar argumentos religiosos, resulta llamativo que haya tantos partidos pol&iacute;ticos en contra de que los ciudadanos podamos elegir con total libertad el momento de nuestra muerte. &iquest;C&oacute;mo es posible que nos dejemos tratar como ni&ntilde;os peque&ntilde;os, que entreguemos nuestra voluntad a otras personas que &ldquo;por nuestro bien&rdquo; deciden hasta cu&aacute;ndo tenemos que vivir? No se trata solamente de que haya situaciones terribles en las que no queremos seguir adelante. No es necesario estar sufriendo espantosos dolores para decidir que ya hemos tenido bastante. Puede darse el caso, y de hecho se da mucho m&aacute;s de lo que uno piensa, de que una persona en pleno uso de sus facultades mentales decida que ya no quiere m&aacute;s, que ha cumplido su tiempo en este mundo, que no desea seguir viviendo. Puede estar sufriendo una depresi&oacute;n, por supuesto, y quiz&aacute; se le podr&iacute;a curar, pero eso tampoco garantiza que quiera seguir vivo.
    </p><p class="article-text">
        Es una barbaridad que una tenga que pasar por varios m&eacute;dicos de distintas especialidades para poder marcharse de este mundo.
    </p><p class="article-text">
        No es correcto que alguien exterior a uno mismo tenga el derecho de decirte cu&aacute;ndo puedes dejar de estar vivo, que te diga que &ldquo;la vida siempre vale la pena&rdquo;, o que &ldquo;vamos a luchar hasta el final&rdquo; y todas esas frases hechas que no solo no ayudan, sino que te ningunean, te infantilizan y te dejan en la peor de las impotencias.
    </p><p class="article-text">
        Por no hablar de las situaciones en las que los allegados de una persona en situaci&oacute;n de enfermedad terminal y dolorosa tienen que pasar un calvario administrativo para que se cumpla la voluntad del paciente y le permitan poner fin a su vida y a su sufrimiento.
    </p><p class="article-text">
        Pero no me refiero solo a ese tipo de situaciones, sino a otras en las que uno decide que su vida ha sido suficiente y prefiere abandonarla en un momento en el que a&uacute;n puede pensar por s&iacute; mismo; que no quiere que sus hijos u otras personas de su familia tengan que pasar por el horror de ver c&oacute;mo uno va perdiendo la memoria, la identidad, todo lo que hac&iacute;a que &eacute;l o ella fuera una persona concreta. Me resulta curioso cuando una persona anciana (y otras veces ni siquiera vieja) dice que quiere morir y la respuesta inmediata, autom&aacute;tica, la que todos tenemos interiorizada es: &ldquo;no digas tonter&iacute;as&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; es una tonter&iacute;a querer morir? Es la decisi&oacute;n m&aacute;s importante de toda nuestra existencia y, sin embargo, nos la quitan de las manos.
    </p><p class="article-text">
        Nos oponemos a los matrimonios concertados, por ejemplo. Estamos en contra -con toda la raz&oacute;n- de que una instancia exterior diga a dos personas que tienen que convivir el resto de sus d&iacute;as y tener hijos en com&uacute;n. Nos parece una aut&eacute;ntica muestra de barbarie.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a mucha gente le parece bien obligar a una mujer a tener un hijo que no desea y much&iacute;sima m&aacute;s gente, incluso, est&aacute; de acuerdo en que el momento de la muerte no se elige. &iquest;Por qu&eacute; no? &iquest;Por qu&eacute; nos empe&ntilde;amos en que alguien que quiere morir nos d&eacute; explicaciones &iacute;ntimas sobre su decisi&oacute;n y somos los dem&aacute;s -la sociedad- quienes decidimos por &eacute;l o ella? &iquest;De verdad no somos capaces de empatizar con otras personas y darnos cuenta de que, aunque a nosotros no nos atraiga la idea de morir en este momento, hay otros que s&iacute; lo desean y tienen que esforzarse much&iacute;simo para encontrar una manera de hacerlo? &iquest;Nunca han pensado quienes leen este art&iacute;culo c&oacute;mo lo har&iacute;an si quisieran o tuvieran que hacerlo?
    </p><p class="article-text">
        Arriesg&aacute;ndome a una apuesta, aunque no soy yo propensa a apostar, dir&iacute;a que m&aacute;s de un noventa por ciento de quienes leen esto, dir&iacute;an: &ldquo;me gustar&iacute;a morir de forma r&aacute;pida y sin dolor.&rdquo; Doy espacio a quienes prefieren una muerte lenta y dolorosa, pero creo que en ese diez por ciento caben holgadamente.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No ser&iacute;a mucho mejor para todos que cada ciudadano pudiera ir a una farmacia en el momento que quisiera y le dieran un f&aacute;rmaco con el que pudiese despedirse de la vida sin dolor y con rapidez? A su ritmo, cuando lo deseara, solo o en compa&ntilde;&iacute;a de sus seres queridos, sin que nadie tuviera que arriesgar su conciencia e incluso su libertad (porque ayudar a morir es todav&iacute;a delito y comporta pena de c&aacute;rcel)?
    </p><p class="article-text">
        Tengo costumbre de imaginar futuros dist&oacute;picos y a veces pienso que todo esto llegar&aacute; cuando los gobiernos de nuestros pa&iacute;ses tan desarrollados y capitalistas se den cuenta de lo car&iacute;simas que salen las pensiones, los geri&aacute;tricos, los tratamientos paliativos, los hospicios para enfermos terminales, las residencias para pacientes de Alzheimer&hellip; y empiecen a hacer leyes para que todos ellos puedan &ldquo;dejar de sufrir&rdquo;, pero naturalmente, obligando desde la Administraci&oacute;n, seg&uacute;n criterios impuestos, eliminando la libertad de los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        L&oacute;gicamente, no es esa mi esperanza ni es eso lo que deseo. Yo, lo que quisiera es que la muerte que me corresponde fuera una elecci&oacute;n consciente; quisiera tener el derecho legal a marcharme cuando yo lo decida, sin que nadie tenga que evaluar mi estado de &aacute;nimo o de salud, sin que me digan que digo tonter&iacute;as y que la vida siempre vale la pena, incluso cuando el dolor te enloquece (el dolor f&iacute;sico o ps&iacute;quico) o cuando no te reconoces en los espejos ni sabes qui&eacute;n es esa mujer que te visita con frecuencia, aunque sea tu hija. No quiero que nadie me diga lo que debo sentir y querer. Quiero ser adulta y libre hasta el final de mi existencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/elegir-muerte_129_12756239.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Nov 2025 20:54:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Elegir tu muerte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Eutanasia,Muerte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/silencio_129_12718034.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59cd7592-e24e-4a0f-a34a-976da251598d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Silencio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estamos destruyendo el silencio y la consecuencia es que estamos destruyendo el pensamiento, porque solo se puede pensar realmente bien cuando no hay ruido que te distraiga, y , sobre todo, cuando tienes un poco de tiempo para volver tu mente hacia el interior</p></div><p class="article-text">
        Vivimos en una &eacute;poca llena de impulsos y est&iacute;mulos de todo tipo. Nos asaltan de continuo im&aacute;genes en movimiento, colores, sonidos, informaciones, preguntas, ofertas&hellip; Pasamos por la tienda de un aeropuerto (no porque queramos entrar a comprar algo sino porque nos obligan a cruzar por ella) y nos roc&iacute;an de alg&uacute;n perfume que est&aacute;n promocionando. En muchos mercados, tiendas y bares nos dan a probar bocaditos de delicias que luego podemos comprar o comer all&iacute; mismo. Este mundo actual entra por todos los sentidos, es r&aacute;pido, invasivo, agotador. Tiene su parte buena y su parte mala.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; una de las cosas que m&aacute;s me preocupa es que en muchos casos ese tipo de &ldquo;agresiones&rdquo; a nuestros sentidos no nos vienen de fuera, sino que son voluntariamente elegidas y tienen consecuencias de las que en muchas ocasiones no somos del todo conscientes.
    </p><p class="article-text">
        La mayor parte de la gente con la que uno se cruza por la calle o en cualquier medio de transporte lleva auriculares y est&aacute; recibiendo constantemente impulsos que no tienen nada que ver con la realidad circundante. Muchos est&aacute;n oyendo m&uacute;sica todo el tiempo. Viven en una constante pel&iacute;cula con banda sonora que los aisla casi por completo del mundo por el que transitan. Otros est&aacute;n escuchando podcasts o audiolibros, inmersos en una realidad paralela a la que se desenvuelve a su alrededor.
    </p><p class="article-text">
        Si en alg&uacute;n momento otra persona quiere preguntarles algo o iniciar una conversaci&oacute;n, el primer gesto -si tienen la amabilidad de reparar en ti- es quitarse uno de los auriculares. Te &ldquo;prestan o&iacute;do&rdquo;, una expresi&oacute;n que nunca hab&iacute;a sido m&aacute;s exacta que ahora; pero en muchos casos, hacen un gesto de disculpa o de negaci&oacute;n con la mano para dejarte claro que est&aacute;n muy ocupados en otro nivel de realidad al que t&uacute; no tienes acceso y que no est&aacute;n disponibles. L&oacute;gicamente, est&aacute;n en su derecho de no querer hablar contigo. No eres m&aacute;s que un desconocido que los est&aacute; molestando.
    </p><p class="article-text">
        Lo que yo me pregunto es si ese aislamiento que se est&aacute; extendiendo es buena cosa en general. Mi sensaci&oacute;n es que se est&aacute;n perdiendo muchas competencias que hasta ahora nos parec&iacute;an esenciales, como la de iniciar un contacto con otra persona o mostrarse disponible para contestar una pregunta o dar una ayuda a quien lo necesita.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez se lee m&aacute;s que las generaciones adolescentes tienen aut&eacute;nticas dificultades para relacionarse con gente que no conocen, que las personas de edad avanzada sufren de soledad no elegida, que las de edades intermedias tienen tanto que hacer y que rendir que solo quieren apartarse cuando pueden para que los dejen en paz.
    </p><p class="article-text">
        Entiendo perfectamente que uno necesite un poco de calma, de aislamiento, de intimidad para o&iacute;rse pensar y no perderse en el bullicio del mundo que le rodea. Lo que me cuesta entender es que nos hayamos empe&ntilde;ado en llenar de ruido, sonido, palabras o informaci&oacute;n cualquier breve tiempo del que dispongamos.
    </p><p class="article-text">
        El silencio, que siempre fue el origen de todo pensamiento, est&aacute; desapareciendo. Da la impresi&oacute;n de que cada vez hay m&aacute;s gente que no sabe, que no puede y no quiere estar en silencio, a solas consigo mismo, con su mente, con su imaginaci&oacute;n; que necesita llenar su vida de ruido, del tipo que sea.
    </p><p class="article-text">
        Todos los hoteles, de cualquier categor&iacute;a, tienen televisor y yo conozco a mucha gente que tanto en casa como cuando est&aacute; de viaje, enciende el aparato en cuanto se ha quitado el abrigo, a veces antes, incluso. Tenemos m&uacute;sica (o lo que pasa por tal) hasta en los ascensores, donde solo vamos a estar de dos a cuatro minutos. Hay pantallas encendidas en todos los bares y restaurantes -unas veces con sonido, otras en silencio porque el ruido que hacen los clientes es de tal envergadura que no se entender&iacute;an las palabras de la tele-, hay anuncios chillones en todos los peri&oacute;dicos online, en cualquier p&aacute;gina que abras en internet, en las redes sociales. Todos los reels e incluso las fotos llevan m&uacute;sica, o hablan. Cada vez hay m&aacute;s gente que, para ahorrarse escribir un mensaje, manda audios. En las grandes oficinas de las grandes empresas los empleados trabajan en enormes salas donde hay mucha gente trabajando, haciendo ruido, hablando por tel&eacute;fono, hablando con el compa&ntilde;ero de al lado, abriendo y cerrando cajones, movi&eacute;ndose de un lado al otro.
    </p><p class="article-text">
        Estamos destruyendo el silencio y la consecuencia es que estamos destruyendo el pensamiento, porque solo se puede pensar realmente bien cuando no hay ruido que te distraiga, y , sobre todo, cuando tienes un poco de tiempo para volver tu mente hacia el interior, hacia ti mismo y reflexionar sobre tu circunstancia. No solo sobre tus problemas moment&aacute;neos y c&oacute;mo solucionarlos, sino simplemente sobre ti, qui&eacute;n eres, qu&eacute; quieres, qu&eacute; te gustar&iacute;a cambiar, en qu&eacute; has mejorado, qu&eacute; has aprendido, qu&eacute; te gustar&iacute;a aprender a&uacute;n, qu&eacute; no sabes de ti mismo.
    </p><p class="article-text">
        Si no eres capaz de hacer esto, no eres capaz de estar solo. Te sientes vac&iacute;o en cuanto desaparece el ruido que te rodea y necesitas llenar el silencio cuanto antes, con lo que sea. Ese llenar el silencio te atonta, te a&iacute;sla, te encierra cada vez m&aacute;s y acabas dependiendo de tu m&oacute;vil como de una tabla de salvaci&oacute;n porque el mundo de verdad te aburre o te plantea problemas que no comprendes o no te ves capaz de solucionar.
    </p><p class="article-text">
        Estamos en un punto en el que se organizan retiros de silencio, que suelen desarrollarse a lo largo de un fin de semana, para las personas que sienten la necesidad de reencontrarse con su propio pensamiento y est&aacute;n dispuestas a pagar por desplazarse a un lugar en el que depositan el m&oacute;vil, se instalan en una habitaci&oacute;n o una celda en la que no hay tele, ni radio ni wifi ni nada que haga ruido y disponen de dos d&iacute;as y medio para estar solos, pensar, pasear, reflexionar a su aire, sin auriculares, sin conversaciones, sin anuncios ni informaciones ni nada externo.
    </p><p class="article-text">
        Es algo que me parece estupendo pero, a la vez, curioso porque se trata de una cosa que estar&iacute;a al alcance de todo el mundo sin tener que gastarse un c&eacute;ntimo y, sin embargo, da la sensaci&oacute;n de que, como es una necesidad que existe y por tanto se puede capitalizar, el placer del silencio y el derecho a &eacute;l se convierten en un producto. De ese modo, si lo pagas, lo aprecias m&aacute;s, y lo haces. No caes en la tentaci&oacute;n de mirar &ldquo;solo una vez&rdquo; el m&oacute;vil a ver si alguien te ha mandado un mensaje, o de ponerte un rato un podcast mientras esperas la hora de cenar. Has pagado por el silencio y por eso vale m&aacute;s que si lo decidieras t&uacute; mismo en tu casa o en un parque o donde haya suficiente ausencia de ruido: un museo de esos poco visitados, una iglesia que no sea particularmente tur&iacute;stica, una playa, un bosque&hellip; unas calles apartadas al caer la tarde&hellip; el mundo est&aacute; lleno de sitios que el silencio hace casi m&aacute;gicos, donde de repente se oyen las gotas de agua caer de las hojas de los &aacute;rboles tras un chaparr&oacute;n, el crujido de la nieve bajo tus pisadas, tu misma respiraci&oacute;n, el frote de la ropa, las voces de los p&aacute;jaros, las ramas cimbre&aacute;ndose en la brisa&hellip; esos sonidos reales, naturales que mucha gente hace tiempo que no ha o&iacute;do porque nunca les ha prestado atenci&oacute;n y, realzados por el silencio, se convierten en algo magn&iacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos m&aacute;s silencio para que no nos roben la capacidad de pensar, de sentir, de imaginar y luego poder comunicarnos con otras personas que tambi&eacute;n se han llenado de su propio pensamiento dentro de su propio silencio y, de pronto, tienen algo m&aacute;s que compartir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/silencio_129_12718034.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Oct 2025 20:55:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Silencio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reservas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/reservas_129_12680144.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/75af3320-67d7-4fb0-a308-c37421c9565c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reservas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo nos hemos vuelto tan disciplinados que, si tenemos entradas para tal museo a las diez y cuarto y está lloviendo a mares, nos fastidiamos en la cola porque, si no estamos puntuales a las diez y cuarto, nos lo perdemos? </p></div><p class="article-text">
        A veces soy lenta para darme cuenta de algunos desarrollos sociales (no los llamo avances a prop&oacute;sito, ni tampoco retrocesos; cada quien que los juzgue como le parezca). Luego, de repente, se me ocurre algo y empiezo a mirar a mi alrededor y a fijarme en que lo que yo cre&iacute;a un hecho aislado no lo es, sino que hay muchos m&aacute;s, y a partir de ah&iacute; empiezo a elucubrar sobre por qu&eacute; sucede, si hay un inter&eacute;s concreto detr&aacute;s de esos detalles que parec&iacute;an no tener ninguna relaci&oacute;n entre s&iacute;, a qui&eacute;n favorece, a qui&eacute;n le conviene, por qu&eacute; se hace&hellip;
    </p><p class="article-text">
        No siempre llego a una respuesta satisfactoria, pero me gusta darle vueltas y comentarlo por si alguien m&aacute;s lo ha notado y sobre todo por si ha llegado a una conclusi&oacute;n distinta a la m&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Soy yo la &uacute;nica que piensa que nos est&aacute;n arrebatando la espontaneidad y, por tanto, una parte importante de nuestra libertad? Me explico.
    </p><p class="article-text">
        Antes, cuando uno sal&iacute;a de su casa en su tiempo libre, muchas veces no ten&iacute;a un plan preconcebido. Se echaba a la calle sin m&aacute;s y, si al cabo de un rato le apetec&iacute;a comer por ah&iacute;, eleg&iacute;a un restaurante m&aacute;s o menos al azar, entraba, se sentaba a la mesa que m&aacute;s le gustaba y ped&iacute;a lo que quer&iacute;a comer. Ahora en todos los restaurantes hay un cartelito que pone, en mejor o peor formulaci&oacute;n, alg&uacute;n tipo de traducci&oacute;n de la frase en ingl&eacute;s estadounidense &ldquo;Wait to be seated&rdquo;, &ldquo;Espere aqu&iacute; a que se le asigne una mesa&rdquo;. Esto, en Estados Unidos, tiene un sentido porque los camareros y camareras de un local no cobran un sueldo mensual, sino que viven de las propinas de los clientes. Por eso hay que organizar de alg&uacute;n modo que todos los que trabajan en la sala tengan mesas que atender y por eso hay que decirle a los clientes que les toca esta o la otra. En Espa&ntilde;a no es as&iacute; y, sin embargo, ya no puede uno sentarse donde mejor le parezca porque, aparentemente, han copiado la costumbre extranjera qui&eacute;n sabe por qu&eacute;. Adem&aacute;s, cada vez con m&aacute;s frecuencia, al llegar al restaurante, la primera pregunta es &ldquo;&iquest;Ten&eacute;is reserva?&rdquo;, incluso cuando son las ocho menos cuarto y no hay nadie m&aacute;s. Si dices que no, que no has hecho reserva, suelen mirarte mal, como si fuera una desfachatez presentarte en el restaurante sin avisar, como si fueras a una casa particular donde no has sido invitado.
    </p><p class="article-text">
        En los hoteles tenemos las mismas: tienes que llegar con tu reserva, tu &ldquo;voucher&rdquo; y haber elegido previamente las caracter&iacute;sticas de la habitaci&oacute;n que deseas y los servicios que necesitas. Es dificil&iacute;simo llegar a un hotel sin m&aacute;s, como se hac&iacute;a en el pasado, pedir una habitaci&oacute;n y que te la den, sin mirarte como si fueras marciano. Antiguamente, te ense&ntilde;aban las que ten&iacute;an libres y t&uacute; eleg&iacute;as la m&aacute;s te gustaba o conven&iacute;a. Ahora todo tiene que estar pactado de antemano y a veces incluso pagado de antemano. Siempre puedes a&ntilde;adir servicios, eso s&iacute;; quitar no. Si te das cuenta de que el precio de la habitaci&oacute;n llevaba desayuno y que cada desayuno cuesta tanto como una comida o una cena, no puedes quitarlo. Puedes no consumirlo, claro, pero lo pagas.
    </p><p class="article-text">
        Vas a un museo o a una exposici&oacute;n y, si no has tenido la precauci&oacute;n de comprar las entradas en l&iacute;nea -adem&aacute;s para una hora concreta de visita, el famoso <em>slot</em>- la mayor parte de las veces te quedas sin entrar porque en la ventanilla ya no quedan. Lo mismo sucede en los monumentos, catedrales, etc. Y por supuesto con obras de teatro, musicales, espect&aacute;culos de todas clases&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Para coger un tren o un simple autob&uacute;s entre dos pueblos tambi&eacute;n tienes que comprar tu billete, a ser posible por internet (de hecho hay billetes que no te venden en ventanilla; a m&iacute; ya me ha pasado) con suficiente antelaci&oacute;n. Tienes que saber cu&aacute;ndo vas a ir a ese pueblo, y a qu&eacute; hora, y cu&aacute;ndo quieres volver.
    </p><p class="article-text">
        Lo que hac&iacute;amos antes los j&oacute;venes de comprarnos un Inter Rail y pasearnos por Europa sin m&aacute;s constricci&oacute;n que el gusto espont&aacute;neo de cada momento era la libertad en estado puro. Esa maravillosa libertad de subirte a un tren por puro capricho, porque te gustaba el nombre de la ciudad de destino y, una vez all&iacute;, buscar un hostal y ver si ten&iacute;an habitaci&oacute;n&hellip; eso ya se ha perdido. O conocer a un grupo de gente simp&aacute;tica y unirte a ellos&hellip; tampoco se puede, porque ya todo el mundo tiene sus entradas, sus reservas, sus planes establecidos.
    </p><p class="article-text">
        Ahora hay que tenerlo todo planeado, saber cu&aacute;ndo vas a salir a cenar y qu&eacute; quieres cenar y d&oacute;nde; y con cu&aacute;ntas personas, porque si has reservado para seis, en muchos locales no se animan a ampliar a ocho o a diez. Cuando te vas de viaje, tienes que tener una agenda hecha: tal d&iacute;a toca la Alhambra (pero como reservamos demasiado tarde, hay que madrugar y estar all&iacute; a las ocho), tal d&iacute;a tenemos entradas para tal concierto y antes (o despu&eacute;s) comemos en tal restaurante; nos gustar&iacute;a quedarnos dos d&iacute;as m&aacute;s en el hotel que nos ha sorprendido agradablemente, pero al no tener reserva, no es posible; adem&aacute;s el d&iacute;a siguiente ya tenemos reservada la entrada de tal monumento y tal espect&aacute;culo de danza&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo cuando mucha gente se negaba a hacer los t&iacute;picos viajes organizados, en autocar, porque no quer&iacute;an ser &ldquo;turistas&rdquo;, sino &ldquo;viajeros&rdquo; y moverse libremente, con espontaneidad y ligereza; quedarte horas en un lugar hasta que la luz fuera adecuada para la foto que quer&iacute;as hacer; o tener el tiempo necesario para dibujar y pintar a la acuarela, sin que el gu&iacute;a te diera prisas porque la visita del castillo ten&iacute;a que durar dos horas, luego el restaurante nos esperaba y luego hab&iacute;a que llegar al hotel de la siguiente ciudad. Ahora hacemos eso voluntariamente y adem&aacute;s usamos nuestro propio tiempo para organizar el viaje; y tenemos que renunciar a nuestra libertad y espontaneidad porque si nos entretenemos mucho en un sitio, nos perdemos la siguiente entrada o el siguiente hotel.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo hemos llegado a esto? &iquest;C&oacute;mo nos hemos vuelto tan disciplinados que, si tenemos entradas para tal museo a las diez y cuarto y est&aacute; lloviendo a mares, nos fastidiamos en la cola porque, si no estamos puntuales a las diez y cuarto, nos lo perdemos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro que para eso est&aacute; el capitalismo: si est&aacute;s dispuesto a pagar m&aacute;s, te ahorras la cola, o puedes cancelar una reserva &ldquo;sin coste adicional&rdquo; (porque ya lo has pagado al elegir la opci&oacute;n que te permite cancelar, claro), o puedes ser de los primeros en subir al avi&oacute;n y llenarlo todo con tus bultos, o llevar m&aacute;s peso&hellip; todo es cuesti&oacute;n de pagar m&aacute;s. Salvo la libertad y la espontaneidad, que a&uacute;n no han encontrado forma de garantizarnos. Pagando, se entiende.
    </p><p class="article-text">
        No me extra&ntilde;ar&iacute;a que pronto empiecen a ofrecernos: &ldquo;entre al museo a la hora que quiera con nuestra nueva entrada &rdquo;premium&ldquo;&rdquo;; &ldquo;llegue al restaurante cuando prefiera, sin avisar, pagando un tanto por ciento m&aacute;s sobre la consumici&oacute;n&rdquo;; &ldquo;participe en nuestra subasta de habitaciones al llegar al hotel y qu&eacute;dese con la mejor por un poquito m&aacute;s&rdquo;; &ldquo;al&oacute;jese en nuestro apartamento, sin reserva, pagando en el &uacute;ltimo minuto algo m&aacute;s que la persona que ya lo ten&iacute;a reservado.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Creo sinceramente que, en el fondo, todo se debe al capitalismo feroz, tan omnipresente que ya casi ni vemos, pero tambi&eacute;n creo que de alg&uacute;n modo -aunque no sepa qui&eacute;n o qu&eacute; est&aacute; detr&aacute;s- nos est&aacute;n acostumbrando a renunciar a nuestra libertad &ldquo;para que todo sea&nbsp;m&aacute;s c&oacute;modo&rdquo; y, la verdad, cambiar libertad por comodidad a m&iacute;, al menos, me resulta m&aacute;s bien preocupante en cuanto miro hacia la sociedad del futuro que estamos construyendo ahora.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/reservas_129_12680144.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Oct 2025 19:52:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reservas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Predecir la muerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/predecir-muerte_129_12641179.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fce359f8-73f0-4de5-8d3b-cf7b63d46542_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Predecir la muerte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sabemos perfectamente lo que sería ideal si de verdad quisiéramos cuidar nuestra salud física por encima de todo y darnos la posibilidad de alargar un poco nuestra vida. Si no lo hacemos, es porque no queremos realmente, porque la salud psíquica también es importante</p></div><p class="article-text">
        Llevo un tiempo leyendo sobre las posibilidades que la IA nos va a ofrecer muy pronto para poder calcular qu&eacute; enfermedades vamos a desarrollar en los pr&oacute;ximos veinte a&ntilde;os bas&aacute;ndose en nuestra gen&eacute;tica, nuestros h&aacute;bitos y alimentaci&oacute;n, el lugar donde vivimos y todas las informaciones que pueda usar sobre nosotros. Se supone que, con esto, nos van a hacer un favor porque descubriremos la probable causa de nuestra muerte a tiempo para hacer algo en contra y retrasar el momento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al principio una tiende a pensar: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; bien! &iexcl;Es un gran progreso! Si estamos advertidos, podemos burlar a la muerte, al menos durante unos a&ntilde;os m&aacute;s.&rdquo; Luego pensamos: &ldquo;Claro, siempre que se trate de muerte por enfermedad, y no por accidente, pongamos por caso. Pero de todos modos est&aacute; muy bien saber por d&oacute;nde nos va a fallar la salud, por d&oacute;nde nos va a traicionar este cuerpo que somos.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Un poco despu&eacute;s, si seguimos pensando, nos vamos dando cuenta de que, de hecho, la mayor parte de nosotros sabemos ya si hay enfermedades cong&eacute;nitas en nuestra familia. Todos hemos ido a m&eacute;dicos y controles donde en la anamnesis, nos hacen rellenar varias hojas en las que tenemos que contestar si en la familia ha habido casos de c&aacute;ncer, diabetes, hipertensi&oacute;n, enfermedades cardiovasculares, etc.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n sabemos -a menos que vivamos en un desierto informativo- que fumar es malo para nuestra salud y que, si persistimos en el vicio, tenemos muchas posibilidades de desarrollar c&aacute;ncer de pulm&oacute;n y lo m&aacute;s probable es que vivamos unos cuantos a&ntilde;os menos. No ignoramos que el alcohol no es saludable, todo el alcohol. Ya ha quedado cient&iacute;ficamente demostrado que eso de &ldquo;la buena copa de tinto al d&iacute;a&rdquo; puede animarnos mucho psicol&oacute;gicamente, pero no le hace demasiado bien ni nuestro h&iacute;gado ni a nuestro cerebro. Estamos advertidos contra los peligros de la grasa, de los alimentos ultraprocesados, del consumo excesivo de az&uacute;car y harinas blancas&hellip;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de ello, cada ciudadano -l&oacute;gicamente- hace lo que quiere con su salud, come lo que le apetece, se da las mejores excusas que se le ocurren para seguir tomando ca&ntilde;as, whiskies, alg&uacute;n c&oacute;ctel de vez en cuando, la copa de cava para celebrar, el bacon del <em>brunch</em> de los domingos, las hamburguesas cuando hay prisa, los fritos del bar, las tartas de cumplea&ntilde;os, los churros con chocolate y otras mil delicias. Forma parte de la libertad de cada uno decidir si quiere vivir priv&aacute;ndose de todo con la esperanza de alargar un poco m&aacute;s su vida o si prefiere seguir comiendo y bebiendo como siempre lo ha hecho, a pesar de que cada vez m&aacute;s en casi todos los medios de comunicaci&oacute;n se nos hace sentir culpables por no hacer &ldquo;lo mejor para nosotros&rdquo;, por no vivir sanamente, por no hacer ejercicio diario, por no tener la disciplina necesaria para negarnos esos caprichos que nos hacen felices, pero son perjudiciales para la salud.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, que sabemos perfectamente lo que ser&iacute;a ideal si de verdad quisi&eacute;ramos cuidar nuestra salud f&iacute;sica por encima de todo y darnos la posibilidad de alargar un poco nuestra vida. Si no lo hacemos, es porque no queremos realmente, porque la salud ps&iacute;quica tambi&eacute;n es importante y a veces nos sienta mejor tomarnos un par de vinos entre amigos, sabiendo que no es sano, que tomarnos una botella de agua.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para estar advertidos de ciertos peligros no necesitamos para nada la IA; y ahora nos dicen, como si fuera un gran logro, que gracias a la IA vamos a saber que no nos conviene fumar si no queremos morir antes de tiempo de c&aacute;ncer de pulm&oacute;n. Tambi&eacute;n nos dicen que el diagn&oacute;stico de la IA puede ser m&aacute;s efectivo porque, si la IA te dice que, si sigues fumando, te quedan diez a&ntilde;os, le har&aacute;s m&aacute;s caso que si tu m&eacute;dica de familia te avisa de lo mismo, pero sin nombrar la fecha.
    </p><p class="article-text">
        No estoy demasiado convencida de que sea as&iacute;, pero de lo que s&iacute; estoy profundamente convencida es de que todo eso no se hace por el bien de la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Me imagino que, en cuanto sea posible ese diagn&oacute;stico a largo plazo, lo primero que va a pasar es que las Aseguradoras ganar&aacute;n mucho m&aacute;s dinero subiendo las p&oacute;lizas a las personas que tengan m&aacute;s riesgo de desarrollar enfermedades graves y costosas en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. Me imagino que muchas empresas dejar&aacute;n de contratar personal que tenga probabilidades de enfermar. Me imagino que habr&aacute; gente que rompa una relaci&oacute;n antes de que se haga m&aacute;s profunda, por miedo a esa enfermedad que ya se vislumbra en el horizonte. O que decida no tener hijos con esa persona que probablemente vaya a morir quince a&ntilde;os despu&eacute;s -o que vaya a desarrollar diabetes, obesidad m&oacute;rbida, tumor cerebral, esclerosis m&uacute;ltiple- por poner un par de ejemplos.
    </p><p class="article-text">
        Me imagino tambi&eacute;n que, para evitar el gasto &ldquo;innecesario&rdquo; de esas enfermedades futuras, se aprueben leyes que nos obliguen a vivir de acuerdo con las predicciones de las IAs, a riesgo de que la seguridad social no cubra enfermedades que podr&iacute;an haberse evitado.
    </p><p class="article-text">
        Igual que sucede ahora, cuando alguien, en la monta&ntilde;a, hace caso omiso a las se&ntilde;ales de peligro o se interna en parajes cuyo acceso est&aacute; prohibido tiene que pagar los gastos del equipo de rescate en caso de accidente. Si la IA te ha dicho, por ejemplo, que no debes tomar dulces y lo haces, cuando te enfermes la responsabilidad ser&aacute; tuya y te corresponder&aacute; a ti pagar lo que cueste tratarte y eventualmente curarte. Tiene una cierta l&oacute;gica, &iquest;verdad?
    </p><p class="article-text">
        Lo que no se considera es que las IAs no son divinidades y pueden equivocarse igual que los humanos que las han inventado y programado, que se las puede manipular para cumplir los deseos de ciertas empresas y grupos de poder; que estamos, una vez m&aacute;s ante un &ldquo;progreso&rdquo; que nos puede costar la libertad b&aacute;sica de llevar nuestra vida a nuestra manera y de no saber cu&aacute;ndo va a llegar nuestro &uacute;ltimo d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Porque esa es otra de las consecuencias -futuras, lo concedo- de todo este desarrollo: si llegamos a poder calcular con un alto grado de aproximaci&oacute;n cu&aacute;ntos a&ntilde;os de vida nos quedan, toda nuestra forma de entender el mundo, toda la construcci&oacute;n de nuestra sociedad, cambiar&aacute; irreversiblemente.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Para qu&eacute; va a seguir uno trabajando si sabe que no le quedan m&aacute;s que cinco a&ntilde;os? &iquest;Para qu&eacute; ahorrar sabiendo seguro que, en el tiempo que te queda, no vas a conseguir bastante para ese piso que deseas, ese viaje que llevas toda la vida queriendo hacer, para poder ayudar a tus hijos con sus estudios o sus planes? &iquest;Por qu&eacute; seguir siendo disciplinado, trabajador, incluso amable con los dem&aacute;s, cuando sabes que a ti te queda menos de una d&eacute;cada mientras que tu vecino llegar&aacute; a los cien a&ntilde;os?
    </p><p class="article-text">
        Los humanos necesitamos esa esperanza, esa incertidumbre de no saber cu&aacute;ndo vamos a morir. El peque&ntilde;o enga&ntilde;o de que vamos a ser eternos -sabiendo que lo es- nos mantiene en marcha, nos impulsa a seguir haciendo planes, a imaginar un futuro largo y brillante en el que nos dar&aacute; tiempo a envejecer con la persona amada, a conocer a nuestros nietos, a hacer el viaje so&ntilde;ado, a disfrutar de la jubilaci&oacute;n&hellip; Si supi&eacute;ramos seguro -gracias a esas maravillosas IAs- que todo eso no va a suceder, &iquest;qu&eacute; pasar&iacute;a? &iquest;En qu&eacute; cambiar&iacute;a nuestra sociedad?
    </p><p class="article-text">
        Merece la pena darle un par de vueltas y quiz&aacute; actuar antes de que sea tarde y, como siempre, ganen los que quieren hacerse a&uacute;n m&aacute;s ricos a costa de limitar nuestra dignidad y nuestras libertades.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/predecir-muerte_129_12641179.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Sep 2025 20:38:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Predecir la muerte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mortalidad,Inteligencia artificial,Salud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Periódicos viejos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/periodicos-viejos_129_12603882.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e989caf1-f94f-46c2-abf3-2827c39bcad7_16-9-discover-aspect-ratio_default_1125822.jpg" width="503" height="283" alt="Periódicos viejos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los que parecían terribles han desaparecido del escenario y nadie recuerda ya su papel ni su nombre, ni las tonterías que dijeron; personajes centrales de la política nacional han pasado con mucha más pena que gloria mientras que todos seguimos recordando a Félix Rodríguez de la Fuente, a Miguel de la Quadra Salcedo, a Carl Sagan, a Jacques Cousteau…</p></div><p class="article-text">
        Por razones que ni yo misma he conseguido explicarme nunca, me encantan los peri&oacute;dicos y las revistas antiguos. No es por cuestiones pol&iacute;ticas, para eso prefiero leer un buen ensayo bien documentado sobre la &eacute;poca que me interese en ese momento. A m&iacute;, lo que de verdad me gusta es ver los anuncios, leer las columnas de opini&oacute;n, entrar por un rato en la mentalidad pasada, en c&oacute;mo se ve&iacute;a y se sent&iacute;a el mundo en una &eacute;poca en la que yo era todav&iacute;a ni&ntilde;a o ni siquiera estaba en &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta ver qu&eacute; estaba de moda, qu&eacute; era lo que se acababa de inventar y trataba de venderse al p&uacute;blico que a&uacute;n no lo conoc&iacute;a; me encanta seguir las reflexiones de los articulistas sobre los temas que m&aacute;s preocupaban o divert&iacute;an o angustiaban a lectores y lectoras. Me fascinan esos largos art&iacute;culos, normalmente publicados hacia fin de a&ntilde;o sobre lo que nos iba a traer el futuro, esas elucubraciones sobre c&oacute;mo cambiar&iacute;a nuestra convivencia cuando las mujeres pudieran trabajar fuera de casa, cuando los hijos se marcharan a otros pa&iacute;ses y se instalaran all&iacute; definitivamente en lugar de regresar a su patria, cuando los j&oacute;venes dejaran de casarse para poder irse a vivir juntos sin papeles, cuando el uso generalizado de anticonceptivos llevara a que las chicas pudieran decidir libremente sobre su sexualidad&hellip; Es apasionante hacer un viaje al pasado montados en ese caballo de papel y darse cuenta de lo que han cambiado las cosas, ver de d&oacute;nde venimos y d&oacute;nde estamos ahora.
    </p><p class="article-text">
        Lo menos interesante en esas revistas y peri&oacute;dicos antiguos es, curiosamente, lo que en el momento de su publicaci&oacute;n se consideraba lo m&aacute;s serio y lo m&aacute;s importante: los dimes y diretes pol&iacute;ticos que acaparaban la atenci&oacute;n del p&uacute;blico y que ahora no tienen ning&uacute;n peso, ning&uacute;n inter&eacute;s. Por no recordar, ni siquiera recordamos los nombres de aquellos presidentes, ministros, secretarios y portavoces de diferentes partidos, muchos de los cuales ya han desaparecido y que en su momento se cre&iacute;an en la cresta de la ola. Pero, claro, las olas&hellip; es lo que tiene: se hinchan, crecen, suben, a&uacute;pan al que en ese momento est&aacute; arriba, y luego se estrellan contra la playa y desaparecen junto con el que las cabalgaba con tanto donaire.
    </p><p class="article-text">
        Por eso hay veces que encuentro un poquito rid&iacute;culo ese af&aacute;n que tenemos de comentar cualquier estupidez que haya dicho uno de los muchos pol&iacute;ticos actuales que intentan estar siempre en el candelero a base de decir barbaridades, o proferir insultos o escupir mentiras. No acabo de explicarme que se les haga tanto caso, que se comenten sus disparates, que en todos los diarios -sea cual sea su orientaci&oacute;n pol&iacute;tica- se hagan eco de cualquier tonter&iacute;a que a esta o a este o a aquel se le haya ocurrido decir para desacreditar a otro. Sabemos perfectamente que lo &uacute;nico que quieren es estar en boca de todos, aquello de &ldquo;que hablen, aunque sea bien&rdquo; que ya invent&oacute; Oscar Wilde y matiz&oacute; Salvador Dal&iacute;. Les da igual lo que se diga de ellos, lo que quieren es existir p&uacute;blicamente, porque ya dijo Wilde que el hecho de que no hablen de ti es mucho peor que el ser blanco de habladur&iacute;as. Antes, esto de las habladur&iacute;as se consideraba algo horrible. Ya se dec&iacute;a en la Inglaterra victoriana que una mujer de clase alta solo pod&iacute;a aparecer en un peri&oacute;dico en tres ocasiones: cuando su padre notificaba su nacimiento, el d&iacute;a de su compromiso o el de su boda y el de su defunci&oacute;n. Y para los hombres no era muy diferente, a menos que hubieran llegado a Primer Ministro o fueran grandes intelectuales.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ahora lo &uacute;nico que cuenta es estar siempre saliendo en los peri&oacute;dicos, en papel o digitales, en las redes, en televisi&oacute;n&hellip; en todas partes, aunque solo sea para hacer el m&aacute;s espantoso rid&iacute;culo, para decir las peores estupideces con las que queda clara la ignorancia de quien las verbaliza. Y lo peor, en mi opini&oacute;n, no es ya que existan ignorantes con corbata de seda o vestido de marca en puestos de responsabilidad pagados por los contribuyentes. Eso es malo en s&iacute;, pero &iquest;por qu&eacute; los medios los jalean, reproducen sus memeces, les dan cancha, sabiendo como saben que dentro de unos meses, unos a&ntilde;os, nadie se acordar&aacute; de ellos ni habr&aacute;n marcado el devenir del pa&iacute;s de ninguna manera? &iquest;Por qu&eacute; se hace?
    </p><p class="article-text">
        Me figuro que los y las periodistas serias lo hacen porque est&aacute;n tan absolutamente secuestrados por la actualidad, por el momento presente, que no son capaces de dar un par de pasos atr&aacute;s y ver las cosas con algo de distancia y de calma. O porque saben que la competencia va a comentar esas declaraciones del pol&iacute;tico de turno y ellos no van a ser menos. O quiz&aacute; porque suponen que al p&uacute;blico le interesan esos &ldquo;pues mira que t&uacute;&rdquo; como si estuvieran en el patio de un colegio o en la fuente de un pueblo decimon&oacute;nico. Todo puede ser. O por costumbre, sin m&aacute;s, porque es lo que se hace, lo que se ha venido haciendo desde siempre.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por eso, porque siempre se ha hecho as&iacute;, podr&iacute;amos tratar de hacerlo de otra forma. &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si de un d&iacute;a para otro los medios dejaran de traer cotilleos de la clase pol&iacute;tica? &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si un diputado, ministro, presidente auton&oacute;mico o cualquier otro cargo dijera una de esas barbaridades tan frecuentes y nadie, pero nadie, la comentara? &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;an hacer estas personas que se creen tan importantes, que reparten mentiras, bulos y calumnias con tanta soltura si nadie reaccionara frente a ello, ni siquiera coment&aacute;ndolo en las redes sociales? Las personas que hubieran sido objeto de estas calumnias se querellar&iacute;an haciendo uso de sus derechos y en alg&uacute;n momento un juez decidir&iacute;a sobre el asunto, pero nadie m&aacute;s tendr&iacute;a por qu&eacute; entrar en la cuesti&oacute;n ni darles (sobre todo a los agresores) una publicidad gratuita e inmerecida.
    </p><p class="article-text">
        Cuando estos se&ntilde;ores y se&ntilde;oras quieran nuestros votos en las siguientes elecciones democr&aacute;ticas, que se molesten en hacer una campa&ntilde;a racional e inteligente, que nos digan qu&eacute; ven mal en el gobierno actual y qu&eacute; mejorar&iacute;an ellos si llegaran a gobernar; que nos den un programa serio, no unos meses o a&ntilde;os de gui&ntilde;ol jaleados por peri&oacute;dicos y periodistas de uno y otro lado. La pol&iacute;tica deber&iacute;a ser una cosa seria, la convivencia social tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Al hojear esas publicaciones viejas de las que hablaba antes, me doy cuenta de que los que parec&iacute;an terribles han desaparecido del escenario y nadie recuerda ya su papel ni su nombre, ni las tonter&iacute;as que dijeron; personajes centrales de la pol&iacute;tica nacional han pasado con mucha m&aacute;s pena que gloria mientras que todos seguimos recordando a F&eacute;lix Rodr&iacute;guez de la Fuente, a Miguel de la Quadra Salcedo, a Carl Sagan, a Jacques Cousteau&hellip; a personas que abrieron caminos, que nos explicaron cosas importantes sobre nuestro mundo, que a&uacute;n pueden leerse con provecho, que son hitos de nuestro devenir como sociedad.
    </p><p class="article-text">
        No me refiero a que los peri&oacute;dicos dejen de hablar de la vida pol&iacute;tica de nuestro pa&iacute;s; solo digo que estar&iacute;a bien que volvieran a tomarlo en serio, que la prensa no se deslizara tanto hacia ese vergonzoso amarillismo, que dejaran de llevar y traer los trapos sucios que cualquier impresentable saque a la luz, que dejaran de repetir una estupidez dicha frente a unos cuantos micr&oacute;fonos &aacute;vidos.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de veinte a&ntilde;os, cuando alguien se tome el tiempo de mirar los peri&oacute;dicos y las revistas de ahora, encontrar&aacute; m&aacute;s interesante saber qu&eacute; pens&aacute;bamos, qu&eacute; tem&iacute;amos, qu&eacute; ilusiones se han cumplido y qu&eacute; miedos se han hecho realidad. Tambi&eacute;n ahora, en este mismo momento, son mucho m&aacute;s atractivos esos temas que la &uacute;ltima patochada de unos pol&iacute;ticos que a la vuelta de un par de a&ntilde;os ser&aacute;n agua pasada y estar&aacute;n merecidamente olvidados.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/periodicos-viejos_129_12603882.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Sep 2025 20:11:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Periódicos viejos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Periodismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Magia cercana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/magia-cercana_129_12569793.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f9cc37c0-f6e4-4315-82b1-a14d61928a26_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Magia cercana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La técnica digital -sobre todo los desarrollos de última generación- nos están quitando la alegría de ver a otras personas haciendo cosas que parecen imposibles y que nos llenan de admiración</p></div><p class="article-text">
        Este fin de semana he ido al circo. Hac&iacute;a mucho que no disfrutaba de un espect&aacute;culo circense, a pesar de lo que siempre me ha gustado, y he vuelto a darme cuenta de por qu&eacute; me hace tan feliz.
    </p><p class="article-text">
        En el mundo en el que nos desenvolvemos hoy en d&iacute;a, casi todos los espect&aacute;culos tienen mucho de &ldquo;falso&rdquo;: la t&eacute;cnica hace posibles muchas cosas que antes habr&iacute;an parecido m&aacute;gicas o milagrosas. Vemos animales parlantes, gente que vuela, actores que sobreviven a una explosi&oacute;n, que corren por encima de un tren en marcha o recorren los espacios siderales; vemos cambios de rostro, de tiempo, de espacio, presenciamos cualquier cosa que se nos haya podido ocurrir o que nunca se nos hubiera ocurrido, pero que ahora nos ofrece la imaginaci&oacute;n de otras personas. Tenemos mundos en el bolsillo, a trav&eacute;s de nuestro m&oacute;vil o nuestra tableta. Participamos en juegos terriblemente peligrosos desde nuestro sill&oacute;n anat&oacute;mico, nos enfrentamos a hordas de zombis, matamos toda clase de enemigos, cambiamos de avatar como de camisa&hellip; nunca ha habido tantas realidades como en este momento, pero son realidades falsas, inventadas, creadas, siempre repetibles, perfectas porque no se publican hasta que lo son y, una vez hechas p&uacute;blicas, se mantienen exactamente igual una vez tras otra.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; lo que me gusta tanto del circo -y del teatro, de un concierto, de una exhibici&oacute;n de parkour, de los monologuistas, por poner otros ejemplos- es que es algo que se desarrolla directamente frente a mis ojos en la misma realidad que compartimos el p&uacute;blico y los artistas. Me gusta que son personas a la vez normales y extraordinarias que est&aacute;n ofreci&eacute;ndonos lo mejor que tienen en tiempo real, que puede haber fallos, que puede haber peque&ntilde;os accidentes, que cada funci&oacute;n es distinta de la anterior y de la siguiente. Me gusta su concentraci&oacute;n antes de empezar, me gusta verlos respirar acalorados despu&eacute;s de su n&uacute;mero, me gustan sus sonrisas de satisfacci&oacute;n y de orgullo cuando todo ha salido bien y el p&uacute;blico aplaude agradecido. Me encanta que no es competitivo, que cada uno hace lo que mejor sabe hacer y cada n&uacute;mero es &uacute;nico y se cierra en s&iacute; mismo, proporcion&aacute;ndonos la alegr&iacute;a de haber visto algo muy dif&iacute;cil muy bien ejecutado.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que es lo que a otras personas les pasa con el f&uacute;tbol o con el deporte en general: esa enorme energ&iacute;a que se desprende de lo que est&aacute; sucediendo en directo en el campo, en la cancha, en la pista. Pero en esos casos casi siempre se trata de que ganen unos y pierdan otros y eso, a m&iacute;, me quita bastante la alegr&iacute;a. Se me puede llamar cursi, claro, pero tambi&eacute;n se me puede llamar emp&aacute;tica: prefiero emocionarme y re&iacute;rme y disfrutar sin tener que llevar la cuenta de qui&eacute;n ha hecho esto o aquello un poco mejor o un poco peor que el otro deportista o el otro equipo. Encuentro algo rid&iacute;culo que un eslalon se gane o se pierda por unas cent&eacute;simas de segundo. Si no tuvi&eacute;ramos m&aacute;quinas tan horriblemente precisas, tendr&iacute;amos que declarar vencedores a dos, o a tres o a cuatro.
    </p><p class="article-text">
        La t&eacute;cnica digital -sobre todo los desarrollos de &uacute;ltima generaci&oacute;n- nos est&aacute;n quitando la alegr&iacute;a de ver a otras personas haciendo cosas que parecen imposibles y que nos llenan de admiraci&oacute;n. Como dice G&uuml;nther Paal, &ldquo;Gunkel&rdquo;, un excelente monologuista austriaco: &ldquo;Es estupendo darse cuenta de que uno pertenece a una especie en la que eso es posible&rdquo;, cuando ves a una contorsionista, un trapecista, una malabarista, un prestidigitador&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Me gusta el cine, disfruto de las grandes pel&iacute;culas de acci&oacute;n y efectos especiales, pero cuando salgo de una buena obra de teatro, de un gran concierto, de una funci&oacute;n de circo bien hecha y presentada, no puedo evitar sentirme conectada con todos los hombres y mujeres que vivieron antes que yo y que, igual que yo ahora, quedaron boquiabiertos ante la fuerza, la gracia, la flexibilidad, la valent&iacute;a de los artistas circenses. El circo a&uacute;n tiene ecos de los juegos de los pueblos cl&aacute;sicos antiguos, de los juglares y las juglaresas que pon&iacute;an una chispa de alegr&iacute;a en la miserable vida de los campesinos medievales, de los salones dieciochescos, de las fiestas galantes, de esa forma de concebir la magia que resulta tan necesaria en la vida. Y pienso en los maravillosos relatos de Ray Bradbury que, a trav&eacute;s de la palabra escrita, nos acercan a&uacute;n m&aacute;s la magia, esa magia un poco polvorienta en la que destellan unas lentejuelas en medio de la penumbra violeta de una carpa mientras se mece un trapecio sobre nuestras cabezas y la m&uacute;sica lo va invadiendo todo.
    </p><p class="article-text">
        Creo que debemos apoyar los espect&aacute;culos en directo, donde muchas personas trabajan en vivo para hacernos disfrutar, donde no todo es perfecto, donde tenemos que abrir mucho los ojos para poder grabar en nuestra memoria todo lo que queramos conservar.
    </p><p class="article-text">
        La carpa estaba llena de adultos y de ni&ntilde;os y, para mi sorpresa y alegr&iacute;a, solo un pu&ntilde;ado de personas estuvieron grabando el espect&aacute;culo con el m&oacute;vil. La inmensa mayor&iacute;a se limitaba a seguirlo sin m&aacute;s, a re&iacute;rse con los payasos, a admirar la precisi&oacute;n y la gracia de los artistas, a disfrutar de los trajes y los bailes y la m&uacute;sica. De hecho, es la primera vez que no hab&iacute;a un mar de m&oacute;viles grab&aacute;ndolo todo como suced&iacute;a hace unos a&ntilde;os. Quiz&aacute; estemos aprendiendo. Quiz&aacute; hayamos empezado a darnos cuenta de que una de las cosas que hacen tan valiosa la realidad es que sucede en el tiempo, que no es repetible, que no sirve de nada tener enlatada esa funci&oacute;n de circo porque -adem&aacute;s de que no conozco a nadie que luego dedique dos horas a volverla a ver- en esa peque&ntilde;a grabaci&oacute;n de m&oacute;vil no est&aacute;n el olor a palomitas, ni el sabor rosado de las nubes de algod&oacute;n de az&uacute;car, ni el dulce peso de tu hijo, tu sobrina o tu nieto sobre las rodillas, ni las miradas que cruzas, c&oacute;mplice, con los dem&aacute;s adultos mientras todos recordamos otras funciones en las que los ni&ntilde;os &eacute;ramos nosotros.
    </p><p class="article-text">
        En uno de los momentos m&aacute;s graciosos del n&uacute;mero de los payasos ha sonado una canci&oacute;n en espa&ntilde;ol, una canci&oacute;n de los &ldquo;payasos de la tele&rdquo; de mi infancia y juventud y, de pronto, el circo austriaco se ha convertido en una m&aacute;quina del tiempo y he vuelto a sentirme peque&ntilde;a, emocionada, deslumbrada por el brillo y las luces y la m&uacute;sica de fiesta, en una carpa instalada en mi pueblo, con mi hermana y mi primo, mis padres, mis t&iacute;os y mis abuelos. Esa es la magia. La de verdad, la que hay que preservar y en la que hay que introducir a las siguientes generaciones para que no crezcan manejados por los algoritmos, asustados por lo que pasa en las redes, viendo una y otra vez las mismas tramas.
    </p><p class="article-text">
        Hay que llevarlos al circo. Entre otras cosas porque es una gran escuela del &ldquo;sense of wonder&rdquo;, ese sentido del asombro del que se habla en la ciencia ficci&oacute;n y que tan importante es cultivar en las personas porque, si no se tiene, aparecen ese aburrimiento vital que tanto da&ntilde;o est&aacute; haciendo, las depresiones, la falta de entusiasmo. Hay que ofrecer a los ni&ntilde;os la posibilidad de que vean a gente como ellos haciendo cosas extraordinarias que han conseguido con entrega y disciplina, no por casualidad, ni por suerte, sino con trabajo y con pasi&oacute;n. Esa es una de las mejores lecciones que podemos darles: ense&ntilde;ar que se puede llegar a la excelencia en la actividad que sea, disfrutar de ello, hacer disfrutar y ganarse la vida honradamente. Ning&uacute;n artista de circo se har&aacute; millonario, pero la mayor parte de nosotros tampoco llegaremos a ello y, aunque las redes sociales se empe&ntilde;en en llamar &ldquo;loser&rdquo; a quien no lo consigue y el capitalismo feroz nos est&eacute; matando la alegr&iacute;a, a los j&oacute;venes hay que dejarles claro que la vida no va de eso, sino de ser honesto y trabajador, de estar orgulloso de tu trabajo, de hacer lo que haces lo mejor que puedes, cada vez mejor, de disfrutar de las cosas buenas, compartir, emular lo que vale la pena, llegar al final de la vida contento, tranquilo, en paz, con los ojos llenos de magia y una sonrisa en el rostro cuando acabe la funci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/magia-cercana_129_12569793.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Sep 2025 20:45:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Magia cercana]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Compasión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/compasion_129_12541277.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dbd07fc2-bbd3-4e44-8e28-6439804e6ec4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Compasión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las IAs de las que disponemos ahora son ya tan “humanas” que mienten y engañan y chantajean, pero a sus programadores no se les había ocurrido hasta ahora que quizá fuera buena idea añadirles también la mejor mitad de lo humano: la parte compasiva, empática, altruista</p></div><p class="article-text">
        Hace poco estuve oyendo en YouTube una conferencia de Geoffrey Hinton &ndash; considerado uno de los padres de la Inteligencia Artificial y premio Nobel de  F&iacute;sica 2024&ndash; que comenzaba diciendo: &ldquo;Si cuando terminen de o&iacute;r esta  conferencia no est&aacute;n asustados, es que no han comprendido lo que les quer&iacute;a explicar.&rdquo;  
    </p><p class="article-text">
        Un par de d&iacute;as despu&eacute;s me enviaron un enlace a una entrevista con el mismo Hinton en la que a la pregunta de qu&eacute; podemos hacer para que las IAs no nos destruyan (a los humanos) contestaba que el &uacute;nico remedio que &eacute;l ve&iacute;a era tratar de entrenarlas en la compasi&oacute;n, la empat&iacute;a y el instinto maternal, ya que una madre procura no da&ntilde;ar ni destruir a sus criaturas y esa es nuestra &uacute;nica esperanza, seg&uacute;n el especialista: ense&ntilde;arle a que no nos haga da&ntilde;o, porque somos hijos suyos. 
    </p><p class="article-text">
        Pero yo no quer&iacute;a hablar concretamente de Inteligencia Artificial, ni de los oscuros tiempos que nos esperan por haber creado un monstruo que no podemos controlar.  
    </p><p class="article-text">
        Quer&iacute;a, sobre todo, hablar de compasi&oacute;n, una de las mayores cualidades que tenemos los seres humanos y a la que damos muy poca importancia.  La compasi&oacute;n, que en origen significa &ldquo;sufrir junto a otro o con otro&rdquo; implica empat&iacute;a, poder ponerse en el lugar de otra persona, hacer lo posible por aliviar su padecimiento. En principio es algo tan simple como hacerle a los dem&aacute;s lo que te gustar&iacute;a que te hicieran si estuvieses en la misma situaci&oacute;n y es algo que sucede much&iacute;simas veces, porque hay mucha gente buena y compasiva.  Deber&iacute;amos darnos cuenta de ello, agradecerlo y valorarlo. No es necesario que sea una heroicidad. Mejor muchos peque&ntilde;os actos a lo largo de una vida entera que salir en las noticias una sola vez, no creen?
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; claro que pasan muchas cosas horribles, que hay mucha gente mala en este mundo; no soy tan ingenua como para no saberlo, pero hay tambi&eacute;n mucha, mucha gente buena que pasa desapercibida, porque no sale en los peri&oacute;dicos ni en la televisi&oacute;n, y no sale porque las buenas noticias no son noticias, porque no dan <em>clics </em>ni <em>likes </em>que es lo que mueve hoy en d&iacute;a el mundo adem&aacute;s del dinero. A menos que se trate de una heroicidad notoria, nadie se molesta en destacar la bondad, la compasi&oacute;n, la valent&iacute;a, el aguante y la paciencia que hacen falta para solidarizarse con quien sufre y tratar de aliviar ese sufrimiento. 
    </p><p class="article-text">
        Me refiero a todos esos actos cotidianos, que no son oficialmente heroicos y, por  tanto, no acaparan titulares en prensa, ni <em>likes </em>en Instagram y Tik-Tok, pero son el cemento que une a las personas que formamos la sociedad. Y no les damos  cr&eacute;dito m&aacute;s que cuando nos conciernen directamente: una persona que tiene un accidente en la calle y enseguida es auxiliada por otras personas que acuden a ver en qu&eacute; pueden ayudar, que llaman a una ambulancia y esperan hasta que llegue; alguien que en un autob&uacute;s cede su asiento a quien m&aacute;s lo necesita; alguien que escucha durante el tiempo que haga falta a otro que quiere contarle sus penas; alguien que le sube la compra a un vecino o una vecina anciana; alguien que comparte horas y simpat&iacute;a con una persona que se siente sola; alguien que sonr&iacute;e, que saluda, que se relaciona amablemente con todo el mundo, que dedica peque&ntilde;os y grandes gestos a las personas de su entorno; alguien que prefiere interesarse por los dem&aacute;s a resultar interesante...  
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablo de compasi&oacute;n, tambi&eacute;n me refiero a la esfera del voluntariado, a la cantidad de personas que dedican tiempo y esfuerzo de manera gratuita a todo tipo de actividades para ayudar a otras personas en toda clase de ramas y situaciones. Sin ir m&aacute;s lejos, en Austria, el pa&iacute;s donde yo vivo, la cifra es de 44%. Seg&uacute;n datos de Europa Press, el porcentaje de voluntariado en la UE roza el 20% de la poblaci&oacute;n. En Espa&ntilde;a est&aacute; en un 11% y, aunque parezca poco, significa que m&aacute;s de cuatro millones de compatriotas dedican varias horas semanales a actividades altruistas, es decir &ldquo;compasivas&rdquo;, que no redundan en beneficio  inmediato propio, sino que sirven de algo a otras personas. Puede tratarse de colaborar con instituciones de servicios sociales, o de organizar clubs de lectura, o dirigir coros de personas jubiladas o trabajar unas horas en una biblioteca, o ense&ntilde;ar la lengua del pa&iacute;s a inmigrantes, o entrenar equipos infantiles de diferentes deportes, o leer en voz alta a personas con dificultades visuales... miles de cosas... y, por lo que parece, esas actividades altruistas favorecen no solo la mejora del tejido social, sino que redundan en una mejor salud ps&iacute;quica de quien las ejerce. 
    </p><p class="article-text">
        Resulta curioso darse cuenta de que, siendo toda esta esfera de la &ldquo;compasi&oacute;n&rdquo; algo tan necesario, tan humano y tan extendido, las personas que han estado trabajando tantos a&ntilde;os para crear una &ldquo;superinteligencia&rdquo; no se hayan dado cuenta de lo importante y necesaria que resulta. 
    </p><p class="article-text">
        Las IAs de las que disponemos ahora son ya tan &ldquo;humanas&rdquo; que mienten y enga&ntilde;an y chantajean, pero a sus programadores no se les hab&iacute;a ocurrido hasta ahora que quiz&aacute; fuera buena idea a&ntilde;adirles tambi&eacute;n la mejor mitad de lo humano: la parte compasiva, emp&aacute;tica, altruista. 
    </p><p class="article-text">
        En el moderno mito de Frankenstein, la Criatura -el monstruo, la creaci&oacute;n del estudiante- se vuelve asesino porque su creador lo ha abandonado, porque no ha querido ni sabido ser un buen padre para el hijo que ha lanzado al mundo. En la actualidad, ahora que los especialistas empiezan a darse cuenta de lo que han hecho, nos encontramos con esa nueva &ldquo;forma de vida&rdquo; que va a enfrentarse a la nuestra y no se nos ha ocurrido ni siquiera legislar sobre los atributos que puede o no poseer. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora nos dicen los expertos que ser&iacute;a buena idea tratar de a&ntilde;adir a las IAs un poco de compasi&oacute;n para que no nos destruyan cuando se den cuenta de que pueden hacerlo.  
    </p><p class="article-text">
        Es interesante -y bastante triste- imaginar qu&eacute; clase de humanos las han creado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/compasion_129_12541277.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Aug 2025 20:15:23 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Títulos y mentiras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/titulos-mentiras_129_12514271.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/13706941-a1ef-4e4b-a254-76568b92eb58_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Títulos y mentiras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cualquiera de los ciudadanos de a pie, cuando opta a un puesto en la administración pública, tiene que presentar todos los documentos que avalan su currículum. ¿Por qué lo que es necesario y habitual para todo tipo de trabajo no lo es para nuestros políticos?</p></div><p class="article-text">
        Desde que mentir parece que ya no le da verg&uuml;enza a nadie -no solo eso, sino que se ha vuelto casi normal en ciertos ambientes- asistimos a una avalancha de mentiras de todo tipo, pero la que a m&iacute; me resulta particularmente curiosa es la de los t&iacute;tulos universitarios.
    </p><p class="article-text">
        Todos sabemos que muchos, much&iacute;simos de los cargos pol&iacute;ticos de nuestro pa&iacute;s son ocupados por personas que entraron en ese mundo por la v&iacute;a no ya de la meritocracia &mdash;que estar&iacute;a muy bien&mdash; sino simplemente de la presencia y la perseverancia, de la tozudez. Tomemos el ejemplo de un chaval de diecis&eacute;is a&ntilde;os que no tiene muy claro qu&eacute; quiere hacer de su vida, no le acaba de gustar el instituto, no sabe hacia d&oacute;nde dirigirse profesionalmente y, un d&iacute;a, decide entrar en las Juventudes de un partido, el que sea, el que m&aacute;s cerca est&eacute; de sus intereses o en el que m&aacute;s amigos suyos est&eacute;n militando.
    </p><p class="article-text">
        Poco a poco empieza a conocerlo todo el mundo a base de encuentros y reuniones; antes o despu&eacute;s llega a ocupar alg&uacute;n peque&ntilde;o puesto en el ayuntamiento de su pueblo, despu&eacute;s quiz&aacute; una concejal&iacute;a. Se va haciendo mayor, sus compa&ntilde;eros lo aprecian porque lleva ah&iacute; ya media vida, se casa, tiene un hijo y hay que buscarle otro puesto en el que gane un sueldo un poco mejor porque ahora tiene una familia que mantener. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s da el puesto? &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s da que el chaval, que ya no lo es tanto, no tenga ni idea de lo fundamental para desempe&ntilde;arse en ese nuevo cargo? Para eso hay t&eacute;cnicos, funcionarios, asesores&hellip; Lo importante es que tenga una sana disciplina de partido, que sepa hablar y callar cuando conviene, que tenga un aspecto m&iacute;nimamente presentable y, a ser posible, que no se deje corromper a las primeras de cambio para comprarse un coche nuevo o un piso en la playa.
    </p><p class="article-text">
        Esta es una versi&oacute;n, quiz&aacute; la m&aacute;s habitual hasta ahora y la m&aacute;s &ldquo;masculina&rdquo;. Otra es m&aacute;s reciente y m&aacute;s &ldquo;femenina&rdquo;: una chica con la misma situaci&oacute;n de partida, que tampoco sabe muy bien a qu&eacute; quiere dedicarse en la vida, pero tiene claro que quiere subir y llegar a puestos relevantes, &ldquo;de los que salen en las redes y en las noticias&rdquo;. Como todos los partidos (para que no se les tache de machistas y trasnochados) necesitan gente joven, mujeres j&oacute;venes, aceptan a estas chicas un poco desnortadas en lo profesional, que con su desparpajo, su juventud y su ambici&oacute;n dan un aspecto renovado a los partidos pol&iacute;ticos y atraen votantes de las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        Antes eso lo sab&iacute;a todo el mundo, y todos sab&iacute;amos que la mayor parte de ellos y ellas ni siquiera hab&iacute;a terminado la educaci&oacute;n secundaria. Tambi&eacute;n ellos y ellas lo sab&iacute;an y no les parec&iacute;a necesario ni justificarse ni mucho menos mentir. No se consideraba necesario que un pol&iacute;tico, ni siquiera de nivel nacional, tuviera estudios universitarios o hablara idiomas extranjeros, igual que un se&ntilde;or feudal en la Edad Media no ten&iacute;a por qu&eacute; saber leer y escribir, ya que para eso ten&iacute;a a sus secretarios y escribientes.
    </p><p class="article-text">
        Pero poco a poco se fueron dando cuenta de que en otros pa&iacute;ses la clase pol&iacute;tica ten&iacute;a estudios universitarios, hablaba lenguas, ten&iacute;a m&aacute;steres y doctorados, hab&iacute;a recibido una educaci&oacute;n superior en Derecho, Econom&iacute;a, Filosof&iacute;a, Ingenier&iacute;a&hellip; cualquier rama del saber que, aunque no evitara que el individuo en cuesti&oacute;n fuera profundamente imb&eacute;cil (el tener t&iacute;tulo no exime de ciertas cosas) al menos garantizaba un m&iacute;nimo de formaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Al entrar en la &eacute;poca de la autopropaganda y del triunfo de la mentira, nuestros pol&iacute;ticos y pol&iacute;ticas empezaron a pensar: &ldquo;&iquest;por qu&eacute; no voy a poder poner en mi curriculum que tengo un doble grado y un master por Princeton, si es lo que de hecho siempre he querido hacer, pero no he tenido tiempo hasta ahora por mi entrega total al servicio p&uacute;blico?&rdquo;. Y han acabado por cre&eacute;rselo. Por eso, personas como la se&ntilde;ora N&uacute;&ntilde;ez hablaban de una equivocaci&oacute;n al dar sus datos y no de una mala voluntad. Es como si uno dijera que est&aacute; felizmente casado y tiene tres hijos cuando es soltero sin descendencia, porque una familia propia es lo que siempre quiso tener. Como Pippi Calzas Largas, cada uno se construye el mundo como le gustar&iacute;a que fuera. Solo que cuando se trata de una funci&oacute;n p&uacute;blica, a eso se llama enga&ntilde;o, embuste, mentira, falta de transparencia&hellip; cara dura en castizo y si cuela, cuela, por no hablar de falsificaci&oacute;n de documentos, que es delito.
    </p><p class="article-text">
        Lo que me llama la atenci&oacute;n del asunto es ese deseo de aportar t&iacute;tulos universitarios unido a la poca constancia y falta de trabajo para conseguirlos. Es algo parecido a cuando quisieras ser un virtuoso del piano, pero te da pereza la cuesti&oacute;n de practicar ocho horas al d&iacute;a. Total, &iquest;para qu&eacute;? si con decirlo es como si ya lo fueras y nadie te va a pedir nunca que lo demuestres. Porque decir que hablas alem&aacute;n sin que sea verdad es mucho m&aacute;s arriesgado, hay m&aacute;s ocasiones de quedar en rid&iacute;culo y que se descubra la mentira, pero si dices que tienes un master en direcci&oacute;n de empresas &iquest;qui&eacute;n va a notar que no es cierto? &iquest;C&oacute;mo? 
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; claro es que una persona que miente con esa naturalidad y que carece de los conocimientos necesarios para cubrir un puesto no deber&iacute;a ocuparlo.
    </p><p class="article-text">
        Cualquiera de los ciudadanos de a pie, cuando opta a un puesto en la administraci&oacute;n p&uacute;blica, tiene que presentar todos los documentos que avalan su curr&iacute;culum. Todo el que se presenta a un puesto de trabajo y env&iacute;a su &ldquo;vita&rdquo; debe acompa&ntilde;arla con fotocopias (a veces compulsadas por notario) de los t&iacute;tulos que aporta. &iquest;Por qu&eacute; lo que es necesario y habitual para todo tipo de trabajo no lo es para nuestros pol&iacute;ticos?
    </p><p class="article-text">
        Se habla en los estatutos del PP sin ir m&aacute;s lejos de la &ldquo;declaraci&oacute;n responsable en la que manifiesten cumplir la honorabilidad y la debida formaci&oacute;n y experiencia en la materia para la que hayan sido elegidos&rdquo;, cosa que me parece magn&iacute;fica pero que, al parecer, por desgracia, no se cumple. Y me temo que esto es porque la honorabilidad hace mucho que se perdi&oacute; y porque la formaci&oacute;n y experiencia han quedado sustituidas por la cantidad de a&ntilde;os que cada uno lleve en el partido, los amigos que tenga o los &eacute;xitos que el partido espere de este o aquel candidato.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de un mes, en septiembre, volver&aacute; a las aulas un mont&oacute;n de gente joven que tendr&aacute; que trabajar seriamente durante a&ntilde;os para conseguir una titulaci&oacute;n que despu&eacute;s no le garantiza absolutamente nada. Tenemos muchos m&eacute;dicos sin plaza, muchos profesores sin puesto fijo, muchos cient&iacute;ficos sin subvenciones estatales, muchas personas formadas, disciplinadas, que siguen avanzando en su rama, muchas otras personas que trabajan y estudian a la vez, online o haciendo cursos que les cuestan la mitad de lo que ganan, una gran cantidad de poblaci&oacute;n que se esfuerza d&iacute;a a d&iacute;a, a&ntilde;o tras a&ntilde;o y siempre resulta poco cuando se presentan a un puesto porque siempre hay quien tiene m&aacute;s que ofrecer, m&aacute;s t&iacute;tulos, m&aacute;s experiencia, m&aacute;s idiomas, m&aacute;s lo que sea. Y esas personas, conciudadanos nuestros, tienen que aguantar que exista esa otra casta de desfachatados que se inventan t&iacute;tulos, m&aacute;steres y especialidades que nunca han cursado, que tienen puestos bien remunerados, que cuando salen de un cargo es porque les han dado otro mejor y que se llenan la boca con sus &eacute;xitos acad&eacute;micos falsos.
    </p><p class="article-text">
        No es justo, se&ntilde;oras y se&ntilde;ores. No podemos decirles a nuestros hijos que estudien si quieren llegar a algo en la vida y luego confrontarlos con la realidad del enga&ntilde;o, del nepotismo, del amiguismo, de que mintiendo se llega a m&aacute;s sitios, a mejores sitios, que siendo honrado
    </p><p class="article-text">
        No podemos consentir que quienes hacen las leyes se salten las normas. Eso destruye la sociedad, la convivencia, el pa&iacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Aug 2025 20:14:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Títulos y mentiras]]></media:title>
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