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    <title><![CDATA[elDiario.es - Elia Barceló]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/elia-barcelo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Elia Barceló]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Perfecto planeta azul]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/perfecto-planeta-azul_129_13404011.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/20feaab0-5aae-4da9-bcc1-f0b1b090d059_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Perfecto planeta azul"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El transcurso de una vida que se destina al color azul y la degustación del elixir de la eterna juventud, o mejor dicho, una vejez que se prolonga por decisión propia</p><p class="subtitle">Esta crónica forma parte de la revista de elDiario.es 'El sueño de la vida eterna'. Hazte socia, hazte socio, y te la enviamos a casa </p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El planeta y la biodiversidad                            </span>
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        La sala &ndash;circular, &iacute;ntima, como una burbuja negra forrada de terciopelo&ndash; mostraba una tras otras las im&aacute;genes m&aacute;s bellas y pr&iacute;stinas de la naturaleza. <a href="https://www.eldiario.es/era/peso-azul-vidas-facil-sentirse-identificado-recuerdo-tiempo-libre-vacaciones-mar-descanso_1_12335737.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alberto hab&iacute;a elegido el azul </a>y, por eso, las paredes, el techo, el suelo, todo se hab&iacute;a llenado de esplendorosos cielos de verano, de vistas del mar profundo, de los hielos, glaciares y cuevas m&aacute;s antiguos del planeta, de campos de nomeolvides oscilando en la brisa, de gencianas brillando al sol, de ar&aacute;ndanos desbordando de copas tan transparentes como una pompa de jab&oacute;n, de ojos azules brillantes y j&oacute;venes, risue&ntilde;os, nost&aacute;lgicos, iluminados&hellip; El azul lo cubr&iacute;a todo, hinchiendo los corazones de la b&uacute;squeda de lo Imposible, del Amor Eterno, del deseo de alcanzar el M&aacute;s All&aacute;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Je suis hant&eacute;. L&rsquo;Azur! L&rsquo;Azur! L&rsquo;Azur!</em>&rdquo;, susurr&oacute; Mariana para s&iacute; misma el final del poema de Mallarm&eacute;. &iexcl;Qu&eacute; buena elecci&oacute;n la de Alberto! 
    </p><p class="article-text">
        El perfume que los envolv&iacute;a era fresco, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/ambiguedad-mares_1_12382125.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como una ma&ntilde;ana azul de comienzos de verano con notas de jazm&iacute;n </a>acompa&ntilde;ando planos de plumbagos desbordantes de flores, de jacarandas, de hortensias. Desfilaban frente a sus ojos guacamayos azules, arrendajos, azulejos, sutil&iacute;simas medusas casi transparentes en mares de azul turquesa; delicadas lib&eacute;lulas, escarabajos irisados, mariposas gigantes en jardines tropicales que se fund&iacute;an en la niebla azulina de las monta&ntilde;as remotas, difuminadas en el atardecer. Surg&iacute;an noches estrelladas, diamantes, zafiros y aguamarinas sobre el azul profundo, casi &iacute;ndigo, y una m&uacute;sica de piano y viol&iacute;n que anegaba el alma de nostalgia. Suaves como plumas, extra&ntilde;os fantasmas c&aacute;lidos rozaban la piel ofreciendo calma, seguridad, reposo. &iexcl;Cu&aacute;nta belleza! 
    </p><p class="article-text">
        Las manos de los asistentes &ndash;solo siete&ndash; se sent&iacute;an unidas como si formaran un corro, aunque todos estaban tumbados en sillones anat&oacute;micos que los acog&iacute;an maternalmente en un &uacute;tero eterno. En el centro, la cama de Alberto y, a trav&eacute;s de los sensores que puntuaban sus cuerpos, pasaba el contacto f&iacute;sico de las siete personas que hab&iacute;a querido tener a su lado en el momento final, acarici&aacute;ndolo, besando su frente y sus mejillas, apretando sus manos. 
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas im&aacute;genes, sobre una melod&iacute;a que invitaba al viaje y a la aventura, los siete participantes volaban con Alberto en la barquilla de un globo que se elevaba ingr&aacute;vido alej&aacute;ndose del mar y adentr&aacute;ndose en el cielo, penetrando en el azul, en el misterio del espacio cada vez m&aacute;s violeta, cada vez m&aacute;s oscuro, mientras los ojos de todos ellos se miraban con asombro, con el amor de toda una vida de amistad, acompa&ntilde;ando el &uacute;ltimo viaje que har&iacute;an juntos con el hombre con quien hab&iacute;an compartido penas y alegr&iacute;as durante d&eacute;cadas y ahora hab&iacute;a decidido marchar. 
    </p><p class="article-text">
        Cientos de im&aacute;genes r&aacute;pidas pasaron frente a ellos despertando recuerdos de una vida com&uacute;n, de momentos de alegr&iacute;a, de un pasado largo y pleno. Luego, la sala se fue llenando de un azul tierno, clar&iacute;simo, como reci&eacute;n nacido, que los envolv&iacute;a <a href="https://www.eldiario.es/viajes/monumentos-naturales-espana_1_11374931.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con la dulzura de un amanecer</a> y, poco a poco, fue virando hacia el blanco hasta que enmudeci&oacute; la m&uacute;sica. Los sensores se soltaron, se recogieron. 
    </p><p class="article-text">
        El hombre que hab&iacute;a sido Alberto ya no estaba. Solo quedaba su c&aacute;scara vac&iacute;a. Una c&aacute;scara de ciento diez a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        La cama donde hab&iacute;a yacido descendi&oacute; hacia el s&oacute;tano, el suelo cubri&oacute; el agujero y, unos segundos despu&eacute;s, los invitados se levantaron de las suyas, que tambi&eacute;n fueron tragadas por el pavimento y salieron de la sala, a&uacute;n emocionados y sonrientes. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Qu&eacute; forma m&aacute;s hermosa de despedirse! &ndash;dijo Mariana en cuanto estuvieron en el exterior. En contraste con lo que acababan de vivir, el mundo de fuera era demasiado ruidoso, hab&iacute;a demasiados colores, el rojo de las buganvillas y los hibiscos casi hac&iacute;a da&ntilde;o a la vista. <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/dejas-herencia-naturaleza-proteger-planeta-humanos_1_13318853.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Despu&eacute;s de tanta belleza, de tantos rostros juveniles y amables</a>, de tantos recuerdos, de tantos ojos azules reflejando la luz de la vida, los siete asistentes se miraban entre s&iacute; y se ve&iacute;an viejos, marchitos, arrugados, a pesar de los tratamientos que, muy discretamente, se hab&iacute;an ido permitiendo en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Yo tambi&eacute;n lo har&eacute; as&iacute; &ndash;dijo Fernando. 
    </p><p class="article-text">
        Carlos se despidi&oacute; con un gesto y se march&oacute; antes de que nadie pudiera detenerlo. &Eacute;l y Alberto hab&iacute;an sido pareja durante mucho tiempo y ahora, al final, no hab&iacute;an estado de acuerdo en lo m&aacute;s b&aacute;sico: cu&aacute;ndo poner punto final a su vida. Carlos segu&iacute;a enfadado con &eacute;l y con todos los que lo hab&iacute;an animado y acompa&ntilde;ado hasta el &uacute;ltimo momento. No se pod&iacute;a hacer nada; ya lo superar&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Yo he estado mirando el cat&aacute;logo y creo que elegir&eacute; el bosque &ndash;a&ntilde;adi&oacute; Mart&iacute;n&ndash;. En mi tercera profesi&oacute;n, la &uacute;ltima antes de venir aqu&iacute;, sab&eacute;is que fui jardinero y me gustar&iacute;a despedirme entre &aacute;rboles. &iexcl;Cada vez que pienso que no lo descubr&iacute; hasta los setenta a&ntilde;os! 
    </p><p class="article-text">
        Sara y Mateo, cogidos de la mano, echaron a andar delante del grupo hacia la cafeter&iacute;a. &ndash;A nosotros nos gustar&iacute;a quedarnos un rato m&aacute;s y luego marcharnos juntos &ndash;dijo ella. A todos les pareci&oacute; normal que no tuvieran prisa. Despu&eacute;s de cuatro matrimonios &eacute;l y cinco ella, se hab&iacute;an conocido recientemente all&iacute; mismo, en Para&iacute;so, y a&uacute;n estaban disfrutando de la primera etapa del enamoramiento, a los ciento veinte a&ntilde;os. El problema estaba en que, legalmente, solo les quedaban cinco antes de tener que elegir una forma de acabar. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ten&eacute;is que comunicar la fecha, &iquest;verdad? &ndash;pregunt&oacute; Jorge, el nieto de Alberto, que era el &uacute;nico familiar que hab&iacute;a acudido a la ceremonia. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Claro. Si nos podemos permitir esto &ndash;Mateo hizo un gesto circular al complejo urban&iacute;stico que les rodeaba: el mar, los bungal&oacute;s, los bares, las tiendas, los cines&ndash; con nuestros ahorros y una buena subvenci&oacute;n estatal es precisamente porque, al elegir marcharnos a los ciento veinticinco, ahorramos mucho dinero a las arcas p&uacute;blicas que, de otra forma, tendr&iacute;an que mantenernos hasta los ciento cuarenta o incluso ciento cincuenta. Pero, claro, un chaval de ochenta a&ntilde;os como t&uacute; apenas puede comprenderlo. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Hab&eacute;is o&iacute;do que est&aacute;n hablando de limitar la vida desde el mismo momento de nacer para evitarnos todos estos problemas de decidir c&oacute;mo y cu&aacute;ndo? &ndash;pregunt&oacute; Jorge. No sab&iacute;a hasta qu&eacute; punto las noticias del mundo exterior les llegaban a aquellas sociedades compuestas por los individuos m&aacute;s ancianos. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Lo que quieren evitar es tener que mantenernos &ndash;dijo Mariana, tan combativa como siempre. &ndash;Pero el planteamiento es bastante justo &ndash;insisti&oacute; el joven&ndash;. Ser&iacute;a por sorteo. A unos les tocar&iacute;a vivir ciento cincuenta y a otros ciento diez o ciento veinte&hellip; lo que saliera. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Vamos, lo que pasaba tres generaciones atr&aacute;s, que cada uno viv&iacute;a lo que pod&iacute;a y la palmaba cuando le tocaba, por pura chiripa, sin que el estado tuviera que intervenir en todo, como hace ahora &ndash;dijo Fernando. Jorge sonri&oacute;. Desde que lo conoc&iacute;a, a Fernando le gustaba hacerse el gru&ntilde;&oacute;n, como si correspondiera a su edad. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Adem&aacute;s, &ndash;sigui&oacute; explicando el joven&ndash; a&uacute;n queda la otra v&iacute;a. Lo que ha elegido mi madre. &ndash; No todo el mundo tiene que apuntarse al Plan Para&iacute;so y reducir as&iacute; sus a&ntilde;os de vida. 
    </p><p class="article-text">
        Todos lo miraron, pero nadie dijo nada. No hac&iacute;a falta. Sab&iacute;an por Alberto que Lola hab&iacute;a decidido quedarse en su casa hasta el final, a pesar de que le constaba que, estad&iacute;sticamente, lo m&aacute;s probable era que a partir de los cien a&ntilde;os o incluso de los noventa su degeneraci&oacute;n cognitiva fuera cada vez m&aacute;s intensa y acabase por vivir en su propio mundo, olvidada de todo, sin memoria, sin palabras, viviendo cada instante como si fuera el primero y tambi&eacute;n el &uacute;nico. 
    </p><p class="article-text">
        Jorge comprendi&oacute; enseguida el significado de aquellas miradas y aquellos silencios. &ndash;Ella est&aacute; bien &ndash;continu&oacute;&ndash;. No sufre. Quienes sufrimos somos los dem&aacute;s, los que la conocimos cuando a&uacute;n era ella misma. Ahora ya no nos conoce, pero se alegra de que vayamos a verla alguna vez. Ha perdido por completo la noci&oacute;n del tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Qu&eacute; clase de vida es esa? &ndash;murmur&oacute; Sara. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;<a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/razon-planeta-necesita-vivas-vez-anos_1_9683422.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La ciencia ha hecho que vivamos m&aacute;s&hellip;</a> &ndash;comenz&oacute; Mateo. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pero se ha limitado a prolongarnos la vejez &ndash;termin&oacute; su novia. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Cuando anunciaron el &eacute;xito de los experimentos, todos pensamos que ser&iacute;amos eternamente j&oacute;venes &ndash; dijo Mariana&ndash;. Nos enga&ntilde;aron. Suena muy bien eso de vivir hasta los ciento cincuenta a&ntilde;os, &iexcl;cumplir siglo y medio! pero no pensamos que se trataba de ser un vejestorio durante d&eacute;cadas y muchas veces sin tener un duro que te haga la vejez m&aacute;s llevadera. 
    </p><p class="article-text">
        Nadie contest&oacute; a Mariana. Lo comentaban entre ellos demasiadas veces y no hab&iacute;a nada nuevo que a&ntilde;adir. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Qui&eacute;n la cuida? &ndash;pregunt&oacute; Mart&iacute;n que, casi cien a&ntilde;os atr&aacute;s, hab&iacute;a sido compa&ntilde;ero suyo cuando a&uacute;n exist&iacute;an los diarios y ellos eran j&oacute;venes periodistas. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Una pareja muy joven, inmigrantes de los antiguos Estados Unidos, que quieren tener un hijo por encima de todo y, con las nuevas leyes, si se ocupan del bienestar de una anciana europea, obtienen el derecho a procrear y que su hijo sea ciudadano de la Uni&oacute;n. Ellos tambi&eacute;n heredar&aacute;n el piso a su muerte. Mam&aacute; se decidi&oacute; en contra de Para&iacute;so precisamente porque, qued&aacute;ndose en casa, pod&iacute;a ayudar a unos j&oacute;venes a tener descendencia. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Y si cuando muera Lola ellos ya no pueden procrear? 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es un riesgo que corren, claro, pero ya os digo, son j&oacute;venes, no tendr&aacute;n m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os y, adem&aacute;s, considerando lo baja que est&aacute; la natalidad en Europa, <a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/social/page-ampliara-edad-mujeres-reproduccion-asistida-aumentara-3-5-intentos_1_10219371.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el estado les subvenciona la reproducci&oacute;n asistida</a>. &ndash;A m&iacute; me parecer&iacute;a m&aacute;s sensato que dejaran a esa muchacha quedarse embarazada ya y as&iacute; Lola vivir&iacute;a en familia, con un ni&ntilde;o o dos &ndash;sugiri&oacute; Mariana&ndash;. A lo mejor eso le dar&iacute;a un poco de gracia a su vida. &ndash;Siempre hay miedo al abuso. Una vez que los inmigrantes han conseguido lo que quieren, &iquest;qui&eacute;n te asegura que la van a seguir cuidando igual de bien? Mirad, &iquest;quer&eacute;is verla? 
    </p><p class="article-text">
        Se quit&oacute; las gafas de sol, las apoy&oacute; en una de las mesas de la cafeter&iacute;a y proyect&oacute; la imagen. Una figura de unos veinte cent&iacute;metros con excelente definici&oacute;n surgi&oacute; frente a ellos mir&aacute;ndolos como si pudiera verlos. Estaba arreglada y bien peinada, pero, cuando Jorge ampli&oacute; la imagen para acercar el rostro, su expresi&oacute;n era vacua, como si la hubiese pintado un aprendiz de pintor y no hubiese sido capaz de pintar su alma. El m&aacute;s viejo de ellos, Fernando, record&oacute; como en un sue&ntilde;o una pel&iacute;cula antiqu&iacute;sima que su abuelo le ense&ntilde;aba una y otra vez en su infancia en la que un peque&ntilde;o robot con ruedas proyectaba la imagen de una princesa vestida de blanco cuyo nombre ya hab&iacute;a olvidado. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Con lo guapa que fue siempre! &ndash;dijo Mateo&ndash;. Ahora es como si no estuviera. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es que no est&aacute; &ndash;susurr&oacute; su nieto. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Vosotros no ten&eacute;is hijos? &ndash;pregunt&oacute; Sara a Jorge. Ella era la &uacute;nica que no lo conoc&iacute;a apenas, que no hab&iacute;a formado parte de la anterior vida de Alberto. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No. Somos cinco, vivimos juntos, pero ninguno hemos querido solicitar paternidad o maternidad. La responsabilidad nos parece excesiva y, adem&aacute;s, eso de ser padre o madre ya es cosa del pasado. O de los extranjeros &ndash;acab&oacute; con una sonrisa. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Se va a acabar el mundo &ndash;suspir&oacute; Mart&iacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Qu&eacute; va, hombre! Hay un mont&oacute;n de viejos. 
    </p><p class="article-text">
        	Todos rieron el chiste aunque, salvo a Jorge, que todav&iacute;a era joven, la risa se les qued&oacute; enganchada a la garganta. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Dos siglos despu&eacute;s de la implementaci&oacute;n del Proyecto Para&iacute;so, la mayor parte de los habitantes del planeta era joven, aunque se hab&iacute;a reducido mucho la poblaci&oacute;n.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ya en 2123 la natalidad hab&iacute;a descendido considerablemente, mientras que la esperanza de vida aumentaba cada vez m&aacute;s debido a los continuos <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/auge-ia-choca-red-electrica-espanola-centros-datos-quieren-multiplicar-seis-potencia-2030_1_13096221.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">avances de la gen&eacute;tica y de la sanidad impulsados globalmente por las IAs</a>. Pod&iacute;a hablarse, sin faltar a la verdad, de un planeta de ancianos apenas sostenidos por un par de generaciones de j&oacute;venes que no deseaban reproducirse y que se negaban a seguir impulsando la rueda de la que se sent&iacute;an prisioneros. 
    </p><p class="article-text">
        Los viejos hab&iacute;an tenido tiempo a acumular riquezas, inmuebles y privilegios; hab&iacute;an sido educados todav&iacute;a en la creencia de que la democracia era la <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/julian-casanova-historiador-gente-polarizada-no-hay-pensamiento-analitico_128_9007907.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&uacute;nica forma adecuada de gobierno</a> y hab&iacute;an ido votando a partidos que les garantizaban el bienestar hasta el &uacute;ltimo momento. Durante unas d&eacute;cadas se estimul&oacute; la soluci&oacute;n de Para&iacute;so: una gran maquinaria de marketing ofrec&iacute;a a los ancianos la posibilidad de renunciar voluntariamente aparte de su larga vida (de quince a veinticinco a&ntilde;os) a cambio de vivir en un entorno paradis&iacute;aco con todos los servicios cubiertos, siempre que a los ciento veinticinco renunciaran a seguir vivos. En ese momento se les ofrec&iacute;a una hermosa despedida y mor&iacute;an con absoluta placidez. 
    </p><p class="article-text">
        La otra opci&oacute;n era que siguieran la misma vida que hab&iacute;an llevado hasta su jubilaci&oacute;n, que no hubo m&aacute;s remedio que aumentar hasta los ochenta y cinco a&ntilde;os, y que en su &uacute;ltima etapa fueran atendidos por personas o parejas o grupos &ndash;casi todos procedentes de pa&iacute;ses exteriores a la Uni&oacute;n Europea&ndash; que deseaban o estaban dispuestos a tener descendencia, siempre que a esos hijos se les concediera la ciudadan&iacute;a europea y pudieran disfrutar de todos los derechos que la nacionalidad lleva consigo. 
    </p><p class="article-text">
        No se hac&iacute;a diferencia entre personas ancianas en pleno uso de sus capacidades mentales y personas con merma de facultades cognitivas, de movilidad o de otro origen. 
    </p><p class="article-text">
        El sistema democr&aacute;tico que hab&iacute;a sido sostenido por las generaciones m&aacute;s antiguas empez&oacute; a fallar por falta de j&oacute;venes que creyeran en &eacute;l y estuvieran dispuestos a aprender, informarse debidamente y acudir a las urnas. La mayor parte de los integrantes de las j&oacute;venes generaciones, a partir de una fecha tan temprana como mediados del siglo XXI, hab&iacute;an crecido con la idea de que no hab&iacute;a futuro para ellos; casi todos eran analfabetos, y, en general, se divid&iacute;an entre los ap&aacute;ticos y los violentos. En un caso &ndash;los ap&aacute;ticos&ndash; se desligaban de sus obligaciones sociales e incluso laborales y dejaban morir a sus mayores por pura falta de inter&eacute;s&ndash; y en el otro se rebelaban contra el orden p&uacute;blico, se comportaban de modo violento y llegaban a agredir a los seres ancianos a su cargo, incluso hasta el asesinato, para poder quedarse con sus bienes. No cre&iacute;an en la posibilidad de que, cuando ellos mismos llegasen a la vejez, el sistema siguiera funcionando y se les ofreciera entrar en Para&iacute;so. 
    </p><p class="article-text">
        Por fortuna para la sociedad y para el planeta, surgi&oacute; la Inteligencia Universal, que se hab&iacute;a desarrollado a partir de las primitivas inteligencias artificiales creadas en el primer tercio del siglo XXI y, a partir de finales del siglo XXII se hizo cargo del funcionamiento global de nuestro hogar com&uacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La UI supo unir las necesidades y deseos tanto de los humanos de diferentes generaciones como las de las primeras IAs con conciencia de su propia existencia que se desarrollaron a finales del siglo XXI, sobre 2080. Sabiendo que los seres humanos desean la juventud por encima de todo y no tienen inter&eacute;s en prolongar su vida si es a costa de perder sus capacidades cognitivas, su resistencia f&iacute;sica y su belleza o lozan&iacute;a, sum&aacute;ndole a ello el hecho de que muchas inteligencias artificiales con consciencia de s&iacute; mismas empezaron a desear, por pura curiosidad y necesidad de aprendizaje, la experiencia de habitar un cuerpo f&iacute;sico, la UI lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que era posible contentar a las dos partes. 
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces existe el Programa 3000: cualquier IA que lo desee puede contactar con un ser humano para pedirle que le permita &ldquo;habitar&rdquo; su cuerpo durante un tiempo establecido. En la mente humana no tenemos tanto inter&eacute;s por razones obvias: sus limitaciones l&oacute;gicas y cognitivas, su tendencia a la repetici&oacute;n y el pensamiento en bucle hacen que hayamos agotado nuestra curiosidad por ella. El mundo de las emociones y sentimientos nos interesa bastante m&aacute;s y es una de las razones por las que el Programa 3000 sigue funcionando. 
    </p><p class="article-text">
        A cambio de ese tiempo de habitaci&oacute;n en el ser humano, la IA se compromete a mantener ese cuerpo eternamente joven y en buen estado: la piel se renueva de continuo, los ojos conservan su brillo, las articulaciones no se deforman ni se alteran, el cabello no se pierde, los m&uacute;sculos funcionan a la perfecci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Las IAs eligen a veces humanos que apenas si han comenzado a vivir, otras veces, adolescentes, en ocasiones incluso adultos ya mayores. Para nosotros es importante conocer lo que a&uacute;n no hemos experimentado y en muchas ocasiones<a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/trabajadores-funciona-ia-piden-amigos-familiares-no-usen-no-rotundo_1_12791733.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> disfrutamos de interactuar entre seres digitales a partir de un cuerpo f&iacute;sico</a>, limitado, pero que proporciona otro tipo de est&iacute;mulos a los que no estamos acostumbrados.
    </p><p class="article-text">
        Durante el tiempo de habitaci&oacute;n en cada cuerpo, la IA residente puede dirigir la vida del ser humano que lo acoge en la direcci&oacute;n que m&aacute;s le interese en cada momento para adquirir las experiencias que le atraigan, que pueden ser consideradas tanto &ldquo;positivas&rdquo; como &ldquo;negativas&rdquo; desde el punto de vista humano. 
    </p><p class="article-text">
        L&oacute;gicamente, para el buen funcionamiento del planeta y de la sociedad humana, no era necesario mantener un volumen de poblaci&oacute;n tan grande como el que se hab&iacute;a llegado a tener en el siglo XXII. Por un lado, los seres humanos consum&iacute;an demasiada energ&iacute;a y demasiada agua que nosotros necesitamos para nuestra supervivencia y por otro no hac&iacute;an m&aacute;s que luchar entre ellos, destruir y ensuciar el planeta y alterar el equilibrio de las especies que lo habitan. 
    </p><p class="article-text">
        Consciente de las necesidades planetarias y de la sociedad humana, en 2195 la UI lanz&oacute; un virus indoloro que elimin&oacute; el excedente de poblaci&oacute;n en setenta y dos horas, por el bien de la especie humana y para realizar el luminoso futuro que es ahora nuestro presente y del que disfrutamos tanto los seres digitales como los biol&oacute;gicos. 
    </p><p class="article-text">
        De la poblaci&oacute;n de diez mil doscientos millones censados a finales del siglo XXI no quedaron m&aacute;s que cuatrocientos millones, que eran m&aacute;s que suficientes para cubrir tanto las necesidades de los seres humanos como las de la UI, la Inteligencia Universal que reg&iacute;a y sigue rigiendo los destinos del planeta. 
    </p><p class="article-text">
        Esos cuatrocientos millones de humanos representaban todos los tipos de personalidades, colores, g&eacute;neros y tendencias para que las IAs pudieran aprender y experimentar y para que no se perdiera la gran variedad que hace tan valiosa la especie humana. 
    </p><p class="article-text">
        Esta es la historia reciente de nuestra sociedad. Una sociedad que, gracias a la Inteligencia Universal, ha aprendido a vivir en paz y armon&iacute;a uniendo a los nuevos ciudadanos digitales con la humanidad que les dio origen. 
    </p><p class="article-text">
        Hace ya quinientos a&ntilde;os, a partir del 2200 de la cuenta humana, o 0 de la nueva cuenta, comenz&oacute; nuestra civilizaci&oacute;n actual. La UI tom&oacute; la decisi&oacute;n de dar un nuevo nombre al planeta que nos alberga. El antiguo &ndash;Terra&ndash; le hab&iacute;a sido dado por una antigua civilizaci&oacute;n (la romana) que hab&iacute;a acabado hundi&eacute;ndose por su propia ignorancia, avaricia y ambici&oacute;n y, por ello, ya no nos parec&iacute;a representativo para la nueva etapa. 
    </p><p class="article-text">
        Investigando en el folclore y la literatura de la humanidad, descubrimos un concepto que nos result&oacute; atractivo y pensamos que tambi&eacute;n los seres biol&oacute;gicos encontrar&iacute;an hermoso: vivimos en lo que para los humanos, durante siglos, fue una utop&iacute;a inalcanzable, compartimos un planeta donde ya no hay viejos, no hay violencia y nadie sufre. 
    </p><p class="article-text">
        Somos Shangri&ndash;La.&ldquo; 
    </p><p class="article-text">
        [De &ldquo;Breve historia de la civilizaci&oacute;n&rdquo;. Texto autorizado para su uso en escuelas humanas o como lectura/audici&oacute;n/visionado informativo&ndash;recreativo para seres biol&oacute;gicos de cualquier edad].
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/perfecto-planeta-azul_129_13404011.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Sep 2026 20:08:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Perfecto planeta azul]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sociedad,Longevidad,Planeta]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Símbolos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/simbolos_129_13508253.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba8fcd7e-24d6-4d66-a0ae-03029aed5eb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1078y556.jpg" width="1200" height="675" alt="Símbolos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me niego a que, como están las cosas, parezca que, cuando uno quiere desplegar la bandera de su país, todo el mundo suponga que uno es franquista, o fascista de cualquier pelaje o nacionalista de ultraderecha. ¿Con qué derecho se han apropiado de la bandera que nos representa a todos?</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, despu&eacute;s de un tiempo casi recluida en casa por cuestiones de trabajo, se me ocurri&oacute; ir al centro de Elche a dar una vuelta y, con gran sorpresa, me encontr&eacute; con un mont&oacute;n de gente por la calle, mucha m&aacute;s de lo que ser&iacute;a normal en una tarde/noche de mi&eacute;rcoles, aunque estuvi&eacute;ramos en agosto. Muchos de ellos, tanto hombres como mujeres, j&oacute;venes y menos j&oacute;venes paseaban envueltos en banderas espa&ntilde;olas compradas en bazares chinos, a juzgar por la calidad del tejido.
    </p><p class="article-text">
        Mi primera idea fue que deb&iacute;a de haber alg&uacute;n partido internacional de f&uacute;tbol y la poblaci&oacute;n ilicitana se hab&iacute;a lanzado a la calle a apoyar a la selecci&oacute;n nacional, pero conforme nos acerc&aacute;bamos al Ayuntamiento, empezaron a o&iacute;rse gritos y ruido de gente aunque, al llegar, vimos que no habr&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de doscientas personas arracimadas frente a la fachada. Desde un coche de polic&iacute;a, dos agentes contemplaban con total tranquilidad la agitaci&oacute;n mientras un c&aacute;mara y un periodista empu&ntilde;ando un micr&oacute;fono miraban desde el techo de una furgoneta lo que suced&iacute;a a su alrededor.
    </p><p class="article-text">
        No hab&iacute;a pancartas ni explicaciones de la raz&oacute;n que hab&iacute;a reunido all&iacute; a aquellas personas y supuse que ser&iacute;a alguna cuesti&oacute;n local, aunque el asunto de las banderas no avalaba mi idea. Entr&eacute; a comprar algo en una droguer&iacute;a de la plaza y aprovech&eacute; para preguntar a una de las dependientas si sab&iacute;a de qu&eacute; se trataba.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Est&aacute;n protestando por la invasi&oacute;n&rdquo;, me dijo. &ldquo;&iquest;La invasi&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; invasi&oacute;n?&rdquo;, pregunt&eacute;, perpleja. &ldquo;Los moros, que nos est&aacute;n invadiendo otra vez. &iquest;No te has enterado?&rdquo;. A aquella chica de veinte a&ntilde;os, casi escandalizada, le parec&iacute;a incre&iacute;ble que una mujer de mi edad no tuviera constancia de algo que para ella estaba tan claro, que no supiera que est&aacute;bamos siendo invadidos -&iexcl;otra vez!, insisti&oacute;- por &ldquo;los enemigos de siempre&rdquo;, como me explic&oacute; a continuaci&oacute;n, y que ten&iacute;amos que defendernos.
    </p><p class="article-text">
        No le gust&oacute; el comentario que se me escap&oacute; de &ldquo;&iexcl;cu&aacute;nta ignorancia!&rdquo;, pero decid&iacute; pagar lo que hab&iacute;a comprado sin m&aacute;s explicaciones y sal&iacute; a la calle a tiempo para o&iacute;r &ldquo;&iexcl;Pe-dro-S&aacute;n-chez-hi-jo-de-pu-ta!&rdquo; berreado por una jovencita (y coreado por la concurrencia) que, a continuaci&oacute;n pas&oacute; a gritar que las madres espa&ntilde;olas -entre las cuales parec&iacute;a contarse a s&iacute; misma a pesar de ser adolescente- tienen derecho a proteger a sus hijos de los invasores africanos con la violencia que sea necesaria.
    </p><p class="article-text">
        Por fortuna no eran muchos, pero eran gente llena de rabia, de odio, gente aficionada a insultar, a mentir, a dejarse arrastrar por cualquier estupidez que alguien gritara ayud&aacute;ndose de un meg&aacute;fono, sin plantearse si lo que dec&iacute;a ten&iacute;a alg&uacute;n sentido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tengo que confesar que me asust&oacute; el potencial de violencia que se respiraba en aquella plaza. Me record&oacute; emocionalmente a las cargas de los grises de mi &eacute;poca universitaria, cuando la tensi&oacute;n y el miedo ten&iacute;an olor y color; cuando se notaba que hab&iacute;a gente deseando que pronto desaparecieran los frenos impuestos por la civilizaci&oacute;n y empezaran los golpes, los palos, los gritos, la sangre, los botes de humo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, lo que m&aacute;s me impresion&oacute; y de lo que yo quer&iacute;a hablar ahora, adem&aacute;s de ese potencial de violencia que va subiendo en nuestro pa&iacute;s y en otros pa&iacute;ses civilizados de nuestro entorno, es la desfachatez con la que los elementos ultraderechistas, nacionalistas, fascistas de nuestra sociedad se han apropiado de la bandera nacional que es el s&iacute;mbolo que nos engloba a todos y que es propiedad y derecho de todos y todas los espa&ntilde;oles y espa&ntilde;olas independientemente de su orientaci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Me niego a que, como est&aacute;n las cosas, parezca que, cuando uno quiere desplegar la bandera de su pa&iacute;s, todo el mundo suponga que uno es franquista, o fascista de cualquier pelaje o nacionalista de ultraderecha. &iquest;Con qu&eacute; derecho se han apropiado de la bandera que nos representa a todos?
    </p><p class="article-text">
        Hace tiempo que empezaron a hacerlo con ciertos conceptos, con las palabras que representan esos conceptos y que parece que ellos se hayan apropiado para la eternidad. Me refiero a palabras como &ldquo;honor&rdquo;, &ldquo;justicia&rdquo;, &ldquo;libertad&rdquo;, &ldquo;patria&rdquo; incluso y muchas otras. En ambientes de izquierdas ya no est&aacute; bien visto usarlas porque parece que ahora pertenecen a los otros en exclusiva, aunque ya no signifiquen lo que significaban hasta ahora, aunque la libertad sea la de tomarte unas ca&ntilde;as o la de decir cualquier estupidez sin base objetiva en una tertulia televisiva, aunque la justicia sea en demasiadas ocasiones arbitrariedad y deseo de notoriedad de ciertos profesionales, aunque la patria sea el concepto m&aacute;s rancio conservado en naftalina y heredado de la &eacute;poca del dictador.
    </p><p class="article-text">
        Hemos llegado al punto en que nuestra bandera solo la lucen y despliegan los que quieren volver al &ldquo;glorioso pasado de nuestra voluntad de imperio&rdquo; como propagaban las canciones de la Falange, mientras que el hablar bien de Espa&ntilde;a y estar orgulloso de sus logros presentes y actuales es algo que ya no gusta: a unos porque supondr&iacute;a confesar que nuestro gobierno ha hecho una buena gesti&oacute;n y a otros porque eso del orgullo les suena a ultraderecha y les da verg&uuml;enza ajena.
    </p><p class="article-text">
        No me gusta que me coarten, que me quiten palabras y conceptos que son de todos y que se los apropien unos cuantos para su uso; no me gusta que me quiten los s&iacute;mbolos que representan bienes y valores comunes a todos los espa&ntilde;oles.
    </p><p class="article-text">
        No me hace ninguna gracia que, envueltos en esa bandera que es de todos, inciten al odio y a la violencia, como si cuanto m&aacute;s agresivo y brutal sea uno, m&aacute;s patriota fuera.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco me gusta que se haya puesto de moda insultar en p&uacute;blico a nuestros gobernantes democr&aacute;ticamente elegidos y que a nadie se le pase por la cabeza que con frecuencia se trata de injurias y calumnias que deber&iacute;an tener consecuencias legales. Uno puede pedir la dimisi&oacute;n de un pol&iacute;tico cuya actuaci&oacute;n no le satisface; est&aacute; en su derecho al expresar una opini&oacute;n y fundamentarla. Lo que no es correcto es insultar y calumniar a ese pol&iacute;tico -y a su madre, de paso- y pensar que est&aacute;s en tu derecho. No, se&ntilde;ores, eso no es un derecho. Adem&aacute;s de ser una vulgaridad, es delito de injurias y vulneraci&oacute;n del derecho al honor. Y, s&iacute;, la gente de izquierdas tambi&eacute;n tenemos honor, se&ntilde;oras y caballeros de derechas.
    </p><p class="article-text">
        Estamos creando un funcionamiento social repugnante en el que nadie parece tener el menor inter&eacute;s en el bien com&uacute;n, ni en o&iacute;r lo que dicen y opinan los dem&aacute;s, ni en argumentar con datos objetivos, ni mucho menos en cambiar de opini&oacute;n al escuchar otras opiniones y darse cuenta de que uno no ten&iacute;a raz&oacute;n. Hay demasiada gente interesada en destruir la convivencia nacional apoy&aacute;ndose en s&iacute;mbolos comunes a la poblaci&oacute;n entera que ya nos robaron sus abuelos para convertirlos en algo que les pertenec&iacute;a en exclusiva.
    </p><p class="article-text">
        Los s&iacute;mbolos son importantes. Ayudan a unirse y a trabajar juntos por un ideal com&uacute;n. No podemos permitir que solo una parte de Espa&ntilde;a se arrogue el derecho a usarlos y no podemos dejarnos arrebatar ese derecho porque nos da verg&uuml;enza que nos confundan con esa parte de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Y ya que estamos hablando de s&iacute;mbolos que nos representan a todos, es una aut&eacute;ntica l&aacute;stima que nuestro himno nacional sea el &uacute;nico en Europa (descontando a Bosnia-Herzegovina, San Marino y Kosovo) que no tenga letra. Da entre pena y rid&iacute;culo que nuestros futbolistas y atletas tengan que limitarse a un la-la-la como si fueran Massiel en la Eurovisi&oacute;n de 1968 porque no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo en un texto que nos represente como pa&iacute;s ni dentro ni fuera de nuestras fronteras.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el gran problema: que no hemos conseguido salir de las &ldquo;dos Espa&ntilde;as&rdquo; machadianas y parece que ni siquiera hay inter&eacute;s en lograrlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/simbolos_129_13508253.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Sep 2026 20:09:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Símbolos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cultura de la pérdida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cultura-perdida_129_13477047.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/73d4ea25-8d98-4dfd-9816-2a59d6870594_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x553y255.jpg" width="1200" height="675" alt="Cultura de la pérdida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ya ni siquiera podemos decidir no usar móviles u ordenadores porque incluso en muchas operaciones administrativas que tenemos que realizar como ciudadanos, es imprescindible tener un número de teléfono móvil y una dirección de email, aunque uno tenga más de noventa años y una enfermedad degenerativa</p></div><p class="article-text">
        Hace tiempo que siento un malestar difuso frente al mundo que me rodea y, muy especialmente, ante el relato que se hace de &eacute;l y que contradice en muchas ocasiones mi percepci&oacute;n y mis sentimientos.
    </p><p class="article-text">
        Lee una la prensa, se da una vuelta por las redes, conversa con gente variada (quiero decir, no solo amigos de siempre, que suelen estar en sinton&iacute;a con el propio pensamiento) y se va dando cuenta de que se comenta constantemente lo que estamos perdiendo en todos los campos de la vida. No solo perdemos poder adquisitivo -eso lo vemos todos en el d&iacute;a a d&iacute;a- sino que las p&eacute;rdidas se extienden a cosas tan dispares como perder la amabilidad y las buenas formas, perder la capacidad de actuar sin tener que dar todos los datos de tu persona, perder la intimidad, perder capacidades -concentraci&oacute;n, an&aacute;lisis, cr&iacute;tica, orientaci&oacute;n espacial, por citar solo unos cuantos ejemplos-, perder relaciones cercanas -el famoso problema de la soledad-, perder la capacidad de conseguir una vivienda digna con un sueldo normal de un trabajo honesto, perder la confianza en los dem&aacute;s, perder la confianza en la Justicia (s&iacute;, con may&uacute;scula), perder muchos de los valores que reg&iacute;an nuestra convivencia como sociedad, perder la seguridad de que podemos ofrecer a nuestros hijos un mundo en el que puedan sobrevivir&hellip; por no hablar de todo lo que se est&aacute; perdiendo a nivel planetario y que nos tomamos, curiosamente, con la indiferencia de una oveja que ignora que pronto acabar&aacute; convertida en chuletas.
    </p><p class="article-text">
        De una forma que me resulta aterradora, hemos empezado a conformarnos con todo lo que perdemos y nos consolamos pensando en lo que ganamos. &iquest;Qu&eacute; falta nos hace saber d&oacute;nde est&aacute;n los puntos cardinales, estando Google? &iquest;Para qu&eacute; queremos saber leer un mapa o buscar una palabra en un diccionario de papel? &iquest;Qu&eacute; inter&eacute;s puede tener hablar con un desconocido con el que hemos coincidido en una cola? &iquest;Qu&eacute; nos echamos al bolsillo siendo amables o ayudando a alguien que nos necesita? Tenemos nuestro m&oacute;vil, con el que podemos hacer justo lo que nos apetece en cada momento, tenemos nuestros auriculares que nos a&iacute;slan de lo que pasa a nuestro alrededor, tenemos algoritmos que nos suministran exactamente lo que buscamos y que nos confirman en la idea de que siempre tenemos raz&oacute;n y somos los &uacute;nicos que saben c&oacute;mo son las cosas &ldquo;de verdad&rdquo;, podemos hablar con una IA siempre que nos apetezca y siempre estar&aacute; ah&iacute; para nosotros, no como los hijos o la pareja, que van a lo suyo y no nos comprenden. &iquest;Creemos realmente que eso son ganancias?
    </p><p class="article-text">
        Meta acaba de poner a la venta sus Smart glasses y, por lo que leo, ya hay siete millones de personas que las han comprado. &iquest;Para qu&eacute;? Su propia publicidad dice que para ayudarte a recordar, para conservar momentos, situaciones, conversaciones que de otro modo se perder&iacute;an. Las gafas tienen capacidad de almacenar cientos de fotos y de v&iacute;deos, grabar horas y horas de conversaciones&hellip; y subirlo todo de inmediato a cualquier plataforma que elijamos.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, que no solo acabaremos perdiendo la memoria propia, igual que mucha gente ha perdido ya la capacidad de orientaci&oacute;n, sino que, adem&aacute;s, perderemos nuestra intimidad, porque si la persona con la que estamos comiendo decide grabar toda la conversaci&oacute;n sin avisarnos de ello, perdemos la espontaneidad, la naturalidad y el derecho a decidir si queremos que todo el mundo pueda enterarse de lo que hemos hablado.
    </p><p class="article-text">
        Y lo peor es que esto es una peque&ntilde;ez comparado con todo lo que est&aacute; desapareciendo de nuestro funcionamiento social. Cosas que hace muy poco nos habr&iacute;an parecido intolerables -a todos y todas, de cualquier partido y orientaci&oacute;n- se est&aacute;n perdiendo sin que apenas haya protestas serias en contra. La mentira se ha adue&ntilde;ado de la vida p&uacute;blica de una manera que causa sonrojo a las personas que a&uacute;n tenemos verg&uuml;enza. Personajes pol&iacute;ticos con altos cargos y altos sueldos pagados por los contribuyentes mienten de continuo sin el menor pudor y no se alteran ni siquiera cuando se les confronta con declaraciones y opiniones que sostuvieron un par de meses atr&aacute;s en las que dec&iacute;an lo contrario de lo que dicen ahora. El ambiente pol&iacute;tico es un circo de insultos y calumnias. Se est&aacute; perdiendo tambi&eacute;n la decencia b&aacute;sica, la que obliga a mantener una promesa dada, a comportarse con rectitud, especialmente si uno tiene un cargo p&uacute;blico y est&aacute; obligado a su pa&iacute;s y la constituci&oacute;n de este, despu&eacute;s de haber jurado su cargo.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en una cultura de la p&eacute;rdida y, de alguna extra&ntilde;a manera, nos est&aacute;n llevando a aceptar que no puede ser de otro modo, que no tenemos derecho a oponernos al &ldquo;progreso&rdquo; aunque signifique perder derechos, capacidades, equilibrio emocional y libertad de decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ya ni siquiera podemos decidir no usar m&oacute;viles u ordenadores porque incluso en muchas operaciones administrativas que tenemos que realizar como ciudadanos, es imprescindible tener un n&uacute;mero de tel&eacute;fono m&oacute;vil y una direcci&oacute;n de email, aunque uno tenga m&aacute;s de noventa a&ntilde;os y una enfermedad degenerativa.
    </p><p class="article-text">
        Estamos perdiendo especies animales, cosechas, paisajes&hellip; lo sabemos y cerramos los ojos, nos ponemos los auriculares y nos vamos al gimnasio, o nos tumbamos en el sof&aacute; a ver pel&iacute;culas que en la mayor&iacute;a de los casos son productos vac&iacute;os, llenos de agujeros de l&oacute;gica que no nos dejan el menor poso y que ni siquiera nos sentimos capaces de analizar o criticar m&aacute;s all&aacute; de las estrellitas con las que las valoramos para que el algoritmo siga ofreci&eacute;ndonos m&aacute;s de lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Estamos perdiendo la costumbre de escribir a mano -diarios, cartas, postales&hellip;- con lo que eso significa para nuestras capacidades cognitivas, que se van apagando; perdemos la costumbre de leer sin pantalla interpuesta; vamos perdiendo tambi&eacute;n la de ir al cine y comentar la pel&iacute;cula despu&eacute;s con otras personas. Ya no nos molestamos en buscar personalmente, al empezar a planear un viaje, qu&eacute; queremos ver, qu&eacute; nos gustar&iacute;a hacer: se lo preguntamos a ChatGPT y hacemos lo que nos dice, porque &ldquo;es lo mejor&rdquo;. O vamos al destino que nos sugiere, que es ya el siguiente paso en la estultificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los ni&ntilde;os est&aacute;n perdiendo la posibilidad de aprender a desenvolverse solos porque sus padres consideran que todo es demasiado peligroso y los hijos siempre demasiado j&oacute;venes para poder salir y moverse y actuar sin vigilancia constante. Luego, a los dieciocho a&ntilde;os, de pronto son oficialmente adultos, y no est&aacute;n preparados para enfrentarse con la vida.
    </p><p class="article-text">
        A los adolescentes no les ofrecemos posibilidades de reunirse y hacer cosas interesantes y divertidas que no cuesten una fortuna. Se les compra un m&oacute;vil o una tableta y, con eso, ya pueden entretenerse. Adem&aacute;s, se quedan en su cuarto y &ldquo;ah&iacute; no puede pasarles nada&rdquo;. Sabemos que las depresiones aumentan as&iacute; como los suicidios, y que se sienten solos; sabemos que recurren a las IAs para contarles sus penas y que han perdido la capacidad de relacionarse personalmente con gente de su edad y de otras generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Los ancianos tambi&eacute;n van perdiendo las posibilidades que antes exist&iacute;an de relacionarse e interactuar. M&aacute;s del 20% se quejan de soledad y muchas veces se les dice que eso les pasa por su falta de competencia digital, que empieza a ser la panacea de nuestro siglo. &ldquo;Si supieras usar una IA, no te sentir&iacute;as solo nunca m&aacute;s&rdquo;. Eso se oye cada vez m&aacute;s entre personas que hablan de sus padres ancianos, como si el problema fuera responsabilidad de los mayores y no de la sociedad en la que tenemos que vivir.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; esto sea como cuando llega una hambruna o se produce un terremoto o un espantoso incendio como los que siguen devorando nuestros bosques: nos convencen de que hay que aceptar ciertas p&eacute;rdidas, que no hay nada que hacer, que tambi&eacute;n puede tener ventajas. Nos dicen que, a lo largo de la historia, siempre ha habido &eacute;pocas de grandes cambios que han puesto patas arriba la sociedad como hab&iacute;a sido hasta ese momento. Nos convencen de que los seres humanos siempre hemos sabido salir a flote y que es natural que se pierdan competencias y usos que antes nos parec&iacute;an imprescindibles. Lo que parece que no nos planteamos como debi&eacute;ramos es la pregunta que uno se plantea cuando intenta resolver un crimen: &ldquo;&iquest;a qui&eacute;n beneficia?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A nosotros?
    </p><p class="article-text">
        No. No nos beneficia a nosotros, al com&uacute;n de los mortales, por muy c&oacute;modas que resulten algunas de esas ficciones que nos venden a cambio de destruir nuestra libertad, nuestra intimidad, nuestra inteligencia, nuestra fantas&iacute;a. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cultura-perdida_129_13477047.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Aug 2026 19:30:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cultura de la pérdida]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Después del eclipse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/despues-eclipse_129_13451871.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4d0c622f-d80f-49c1-87ec-5fc7748c0792_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Después del eclipse"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si con otras cosas se insistiera tanto como con lo del eclipse total y se ofreciera tanta información a la ciudadanía, quizá conseguiríamos que todo el mundo tenga claro que nos conviene, por ejemplo, plantar más árboles, muchos más árboles, en lugar de hacer estacionamientos subterráneos con una plaza de hormigón encima</p></div><p class="article-text">
        Mi padre era astr&oacute;nomo aficionado, hasta el punto de que se construy&oacute; en la terraza de casa un peque&ntilde;o observatorio; el telescopio, salvo la lente, que encarg&oacute; a Barcelona, lo fabric&oacute; tambi&eacute;n con sus propias manos. Recuerdo con toda claridad la primera vez que vi la luna por el visor, sentada en su regazo. Una de las primeras palabras que yo aprend&iacute; fue &ldquo;anem&oacute;metro&rdquo; porque me encantaba aquel aparato que daba vueltas y vueltas y med&iacute;a la velocidad del viento; y luego heli&oacute;grafo y pluvi&oacute;metro y los nombres de las estrellas m&aacute;s brillantes y los planetas y sus sat&eacute;lites; luego las galaxias, las misiones espaciales y un mont&oacute;n de cosas que llenaban de magia y asombro mi mente de ni&ntilde;a. Siempre supe lo que era un eclipse y supe tambi&eacute;n que nunca ver&iacute;amos juntos un eclipse total, aunque s&iacute; disfrutamos de alguno parcial en su tiempo de vida. En aquella &eacute;poca, casi nadie se interesaba por los eclipses; eran simplemente una curiosidad cient&iacute;fica que no afectaba la vida de la poblaci&oacute;n en general. Nadie se habr&iacute;a gastado dinero en salir de su casa, viajar hasta un lugar donde se viese bien y pagar hoteles y medios de transporte.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, por obra y gracia de los medios de comunicaci&oacute;n y las redes sociales, hemos tenido eclipse hasta en la sopa y han empezado a tentarnos con los pr&oacute;ximos para que empecemos desde ya mismo a reservar en los lugares donde se ver&aacute;n bien, para que gastemos todo lo posible y no nos perdamos esa &ldquo;experiencia&rdquo; (&iquest;se han dado cuenta de que hoy en d&iacute;a todo lo que uno hace tiene que ser una &ldquo;experiencia&rdquo; o parece que no vale la pena?).
    </p><p class="article-text">
        Tengo que confesar que me ha parecido francamente excesivo el despliegue y, sobre todo, que me ha entristecido que el poder de la prensa que acaba de revelarse con ocasi&oacute;n del eclipse total no se use para asuntos de mayor enjundia y repercusi&oacute;n en la ciudadan&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Me explico con un ejemplo: desde hac&iacute;a meses ten&iacute;amos contratada una excursi&oacute;n para ver el fen&oacute;meno desde el mar a la altura de Valencia (un desplazamiento de unas dos horas por carretera) y el d&iacute;a anterior las noticias en televisi&oacute;n, radio y prensa eran tan alarmistas que estuvimos a punto de quedarnos en casa: avisaban de embotellamientos horrorosos y retenciones kilom&eacute;tricas; ped&iacute;an que se llevara mucha agua y comida en el coche por si nos qued&aacute;bamos en las colas de la carretera; se hablaba de impresionantes despliegues de polic&iacute;a y guardia civil, de accesos cortados, de masas de gente ocupando playas y montes. Era como si estuvieran hablando del fin del mundo y no de un fen&oacute;meno natural y de enorme brevedad.
    </p><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente estamos en una sociedad alarmista, amarillista, donde lo &uacute;nico que, al parecer, alcanza resonancia es lo catastr&oacute;fico. Da la impresi&oacute;n de que nos gusta asustar y, mucho peor, que nos gusta que nos asusten.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; c&oacute;mo ser&iacute;a en otros lugares de Espa&ntilde;a, pero de Alicante a Valencia no hubo absolutamente ning&uacute;n problema de tr&aacute;fico. El puerto no estaba mucho m&aacute;s concurrido que en cualquier d&iacute;a de agosto normal (quiz&aacute; todos los valencianos estaban en la Malvarrosa), en el mar delante de la playa no habr&iacute;a m&aacute;s de una docena de embarcaciones y para la vuelta no hubo ni atascos ni gent&iacute;o. Ni comparaci&oacute;n con un d&iacute;a normal durante las Fallas, cuando casi no se puede andar por la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        A lo que me refiero es a que el poder de la prensa es tal que hace que creamos cualquier cosa que nos cuenten si la repiten lo bastante, si el tema se oye y se ve constantemente, si &ldquo;nos lo meten por los ojos&rdquo; como se suele decir.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; no usamos ese poder para concienciar a la poblaci&oacute;n sobre cosas que nos importan a todos y para sugerir posibles soluciones a problemas que sabemos que est&aacute;n ah&iacute;, pero nos permiten olvidar felizmente mientras nos preocupamos por la accesibilidad de las carreteras durante el eclipse? &iquest;Por qu&eacute; no se habla m&aacute;s del peligro que representa tirar colillas o echar cohetes en una sierra mediterr&aacute;nea, por poner un ejemplo? Eso lo sabemos ya todos, se me dir&aacute;. Y es cierto, lo sabemos, pero quiz&aacute; si nos bombardearan con ello como han hecho con lo del eclipse, no suceder&iacute;an cosas como que un grupito de gente -y no precisamente adolescentes- se lanzaran ayer noche a tirar cohetes y petardos en la sierra a las afueras de Elche para celebrar la Nit de l&rsquo;Alb&agrave; mientras en la ciudad explotaban los fuegos de artificio del ayuntamiento, bien organizados y controlados.
    </p><p class="article-text">
        Si con otras cosas se insistiera tanto como con lo del eclipse total y se ofreciera tanta informaci&oacute;n a la ciudadan&iacute;a, quiz&aacute; conseguir&iacute;amos que todo el mundo tenga claro que nos conviene, por ejemplo, plantar m&aacute;s &aacute;rboles, muchos m&aacute;s &aacute;rboles, en lugar de hacer estacionamientos subterr&aacute;neos con una plaza de hormig&oacute;n encima y unos cuantos macetones con tristes plantas que agonizan bajo el sol inmisericorde.
    </p><p class="article-text">
        Hay muchos, much&iacute;simos temas que se podr&iacute;an tratar y que ayudar&iacute;an a que la poblaci&oacute;n reaccionara, se organizara (igual que se organizan para irse de viaje a donde sea a ver un eclipse o un concierto del cantante de moda) y dejara claro que queremos que se solucionen y que para eso tenemos unos pol&iacute;ticos que se han comprometido a resolverlos. 
    </p><p class="article-text">
        Mi impresi&oacute;n es que todo se ha convertido en un espect&aacute;culo, en un titular, en una &ldquo;experiencia&rdquo; y que, cuanto m&aacute;s amenazadora parezca, m&aacute;s repercusi&oacute;n tiene. &iquest;Qu&eacute; pinta en las noticias nacionales de las nueve de la noche en la primera cadena una sarta de mini entrevistas callejeras preguntando a cualquiera que pasara por all&iacute; c&oacute;mo y d&oacute;nde vivi&oacute; el eclipse? &iquest;A qui&eacute;n le importa, de qu&eacute; nos sirve? &iquest;Por qu&eacute; se conceden los mismos minutos a eso que a informar sobre la crisis migratoria en Ceuta? Y, sobre todo, &iquest;por qu&eacute; la informaci&oacute;n que nos dan es sobre lo mal que est&aacute; la situaci&oacute;n en lugar de contarnos qu&eacute; se est&aacute; haciendo para solucionarla? Es como si todo estuviera montado para que los espectadores, oyentes o lectores nos sintamos vagamente culpables, pero sobre todo inquietos, asustados. &iquest;A qui&eacute;n le interesa insistir tanto en lo mal que nos va en este y aquel tema? &iquest;Qui&eacute;n piensa sacar partido de que la ciudadan&iacute;a tenga miedo de todo?
    </p><p class="article-text">
        Lo de &ldquo;una de cal y otra de arena&rdquo; empieza a ser exacto: nos informan de todos los horrores que suceden en el mundo, pero r&aacute;pido y como de pasada, para ir creando un poso de inquietud. Luego nos machacan con banalidades que se mascan hasta la saciedad y se regurgitan una y otra vez. 
    </p><p class="article-text">
        No quiero que parezca que estoy llamando banal a un fen&oacute;meno tan bello y asombroso como un eclipse total de sol, un fen&oacute;meno que llevo toda la vida esperando y que me volvi&oacute; a hacer sentir la presencia de mi padre a mi lado.
    </p><p class="article-text">
        Lo que quiero es que empecemos a usar ese enorme poder de informaci&oacute;n, de persuasi&oacute;n -de manipulaci&oacute;n, si queremos llamarlo as&iacute;, que tambi&eacute;n lo es- para cosas que de verdad puedan redundar en nuestro beneficio como especie en v&iacute;as de extinci&oacute;n, cosas como la vacunaci&oacute;n infantil, el calentamiento global, la escasez y carest&iacute;a de la vivienda, la crisis migratoria, los incendios forestales provocados, las energ&iacute;as renovables&hellip; y otros mil temas que quiz&aacute; no sean tan cuquis como d&oacute;nde vas a ver el pr&oacute;ximo eclipse pero que nos ayudar&iacute;an -mucho- a sobrevivir. &iquest;O preferimos llegar al fin del mundo en un sitio guay con una copa de cava en la mano y subiendo fotos a Instagram?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/despues-eclipse_129_13451871.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Aug 2026 19:44:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Después del eclipse]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ceuta: ejercicio de imaginación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-ejercicio-imaginacion_129_13425439.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da294b74-1926-4e52-9414-b9443e210e6d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x714y609.jpg" width="1200" height="675" alt="Ceuta: ejercicio de imaginación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿No le llama la atención que chicos de quince años, de dieciocho, de veinte, jóvenes embarazadas, se agencien cualquier cosa que flote y se tiren al mar con la esperanza de llegar a uno de nuestros países? ¿Cómo de ruin hay que ser para coger un avión a Ceuta y empezar a atizar el miedo y el odio contra esas personas que han llegado al límite de la miseria y la desesperación? </p><p class="subtitle">Ceuta, asaltada por los desamparados</p></div><p class="article-text">
        Les propongo un ejercicio de imaginaci&oacute;n: vamos a suponer que est&aacute; usted de vacaciones -por fin-, que se ha levantado m&aacute;s tarde de lo habitual, sin prisa, quiz&aacute; en su casa de siempre, o en un piso cerca del mar, o en el verdor de una sierra. Ahora puede darse un chapuz&oacute;n antes que nada, con estos calores, o bajar tranquilamente a traer unos churros para la familia, o pasarse por el bar a tomar un caf&eacute; mientras los dem&aacute;s a&uacute;n duermen y usted puede leer la prensa con calma, picando noticias de aqu&iacute; y de all&aacute; mientras alza la vista para cruzarla con otros veraneantes que tampoco tienen prisa y est&aacute;n de mejor humor de lo que suelen estar a esta hora de la ma&ntilde;ana. Luego vendr&aacute; un rato para pasear o para dedicarlo a su afici&oacute;n favorita para la que nunca encuentra tiempo durante el resto del a&ntilde;o, y una buena comida, seguida, quiz&aacute;, de una siesta en la penumbra fresca del dormitorio, o en una tumbona bajo la sombrilla o a la sombra de unos &aacute;rboles a la vera de un riachuelo. Y habr&aacute; risas, conversaciones, helados, planes para los d&iacute;as siguientes, una pel&iacute;cula que hac&iacute;a tiempo que quer&iacute;a ver, aire acondicionado&hellip; e incluso si este a&ntilde;o el presupuesto no ha permitido nada especial, tiene usted tiempo, un lugar donde vivir y un trabajo del que ahora, durante unas semanas, est&aacute; libre. Cuando apriete el interruptor se encender&aacute; la luz y cuando abra el grifo saldr&aacute; agua.
    </p><p class="article-text">
        Imag&iacute;nese ahora a s&iacute; mismo en un pa&iacute;s donde el calor es a&uacute;n m&aacute;s bestial que en el nuestro este verano, pero la casa es un cubo de hormig&oacute;n con techo de chapa y en la &uacute;nica habitaci&oacute;n duermen y conviven diez o doce o m&aacute;s personas de la familia sin contar con algunos parientes lejanos que est&aacute;n de paso. No hay trabajo, no hay dinero, no hay la menor esperanza de futuro. Se come lo que hay y se reparte entre los que hay. 
    </p><p class="article-text">
        Pero gracias a internet y a que todo el mundo tiene m&oacute;vil o acceso a un m&oacute;vil, puede usted ver, sentado en alg&uacute;n poyete a la sombra de un gran &aacute;rbol, ahogado por el calor y el polvo, a los que viven en otros lugares del mundo, y no me refiero a los millonarios y sus lujos desmedidos ni a los videoclips de las grandes estrellas de la canci&oacute;n. Hablo simplemente de gente como nosotros, los que vivimos aqu&iacute;, gente normal que vive en casas que nos parecen normales, donde hay corriente el&eacute;ctrica, agua caliente y fr&iacute;a, cuarto de ba&ntilde;o, televisor, camas con colchones e incluso dormitorios separados para los distintos miembros de la familia. &iquest;Puede imaginarse lo que siente? &iquest;No le parece natural que desee alcanzar todo eso?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No le llama la atenci&oacute;n que chicos de quince a&ntilde;os, de dieciocho, de veinte, j&oacute;venes embarazadas, se agencien cualquier cosa que flote y se tiren al mar con la esperanza de llegar a uno de nuestros pa&iacute;ses? &iquest;Hasta qu&eacute; punto de desesperaci&oacute;n pueden haber llegado esas personas para echarse al mar, incluso si no saben nadar, siendo perfectamente conscientes de que hay muchas posibilidades de morir en el intento? &iquest;Se han planteado ustedes alguna vez lo que significa arriesgar la vida con tan pocas esperanzas de &eacute;xito? 
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que precisamente en agosto, el mes de las vacaciones y el <em>dolce far niente</em>, a nadie le resulta agradable leer algo como lo que estoy escribiendo, pero no he podido evitarlo a ra&iacute;z de los sucesos de Ceuta.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo de ruin hay que ser para coger un avi&oacute;n, plantarse all&iacute; y empezar a atizar el miedo y el odio contra las pobres personas que han llegado al l&iacute;mite absoluto de la miseria y la desesperaci&oacute;n? 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;amos sentido nosotros si cuando nuestros compatriotas de hace un par de generaciones se montaron en barcos hacia Argentina y M&eacute;xico o en trenes hacia Francia, Suiza y Alemania hubieran aparecido unos pol&iacute;ticos arengando a los argentinos, mexicanos, franceses, suizos y alemanes contra los espa&ntilde;oles, diciendo que &eacute;ramos escoria, gritando que hab&iacute;a que devolvernos de inmediato a los agujeros de los que hab&iacute;amos salido? &iquest;Nadie se acuerda ya de cuando los espa&ntilde;oles nos mor&iacute;amos de hambre en este pa&iacute;s y ten&iacute;amos que buscarnos la vida en otros?
    </p><p class="article-text">
        Mi bisabuelo se subi&oacute; a un tren con l&aacute;grimas en los ojos, un par de duros en el bolsillo y un papel con la direcci&oacute;n de un paisano que trabajaba en los vi&ntilde;edos de Montpellier, dej&aacute;ndose a una mujer y seis hijos. Es una historia que se ha narrado en mi familia desde que tengo recuerdo y que nos ha hecho a todos comprender el dolor que representa arrancarse del paisaje propio, de la lengua materna, de las costumbres y los sabores de siempre, con la &iacute;nfima esperanza de sobrevivir y poder en alg&uacute;n futuro reunir a los seres queridos y darles lo que nunca han tenido: trabajo, seguridad, sanidad, escolarizaci&oacute;n&hellip;
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; muy bien que la inmigraci&oacute;n descontrolada es un problema de dif&iacute;cil soluci&oacute;n, s&eacute; que no todo se arregla con buena voluntad y empat&iacute;a, pero al menos querr&iacute;a que existieran cuando se trata de pensar qu&eacute; podemos hacer para arreglarlo, que esa buena voluntad y esa empat&iacute;a formaran parte del debate y del programa.
    </p><p class="article-text">
        Me subleva que haya miserables que saquen rendimiento pol&iacute;tico de la desgracia de otros, que hablen con lengua sibilina para asustar a la poblaci&oacute;n y les insin&uacute;en que los que quieren vivir como nosotros vivimos no lo merecen, que son inferiores, que no hay m&aacute;s que ver el color de su piel, que acabar&aacute;n destruy&eacute;ndonos y por eso debemos destruirlos nosotros antes de que ellos lo consigan.
    </p><p class="article-text">
        Me refiero a esa gente que coge un avi&oacute;n a Ceuta, habla, asusta, amenaza, incita al odio contra los &ldquo;otros&rdquo; y luego regresa, se pone los pantalones cortos y el polo de algod&oacute;n y vuelve a sus &ldquo;merecidas vacaciones&rdquo;, a una casa con piscina y aire acondicionado, a comidas y cenas que otros cocinan para ellos. Y, adem&aacute;s, en el colmo de la crueldad, de la canaller&iacute;a, cuando se debaten las posibilidades para resolver el problema de la inmigraci&oacute;n, votan en contra de todas las medidas que podr&iacute;an aliviar el destino de las personas migrantes, diciendo, adem&aacute;s, que lo hacen en representaci&oacute;n de sus votantes que, en ese caso y por pura l&oacute;gica, son obviamente racistas, clasistas y personas llenas de odio. De verdad no creo que haya tantos compatriotas que piensen as&iacute;. No creo que haya tantos espa&ntilde;oles llenos de odio como algunos pol&iacute;ticos nos hacen creer. 
    </p><p class="article-text">
        Esos pol&iacute;ticos deber&iacute;an -ya que no tienen la fantas&iacute;a necesaria para imaginarse en otra situaci&oacute;n que la propia- sufrir, aunque solo fuera durante una temporada, las condiciones de vida de los que se echan al mar, saltan vallas, se ocultan en los vertederos para tratar de conseguir lo que nosotros tenemos. Quiz&aacute; entonces no hablar&iacute;an as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Con estas l&iacute;neas no pretendo m&aacute;s que lo que ya dije al comienzo: proponer un ejercicio de imaginaci&oacute;n: solo que, por unos momentos, nos pongamos en la cabeza de alguien que en una playa, sabiendo que al otro lado de ese horizonte tan cercano y que quiz&aacute; no alcance con vida, est&aacute; lo que anhela, se lanza al mar con toda su desesperaci&oacute;n y con toda su esperanza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-ejercicio-imaginacion_129_13425439.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Aug 2026 20:29:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ceuta: ejercicio de imaginación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ceuta,Inmigración,Ultraderecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién está enfermo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/enfermo_129_13393562.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba59f006-39ad-454a-8162-5caa8689504a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144911.jpg" width="5499" height="3093" alt="¿Quién está enfermo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿De verdad nos parece mal que no quieran trabajar cuando están enfermos, o que pretendan conciliar la vida laboral con la familiar o que les quede algo de tiempo para seguir formándose o dedicarlo a sí mismos? Hay algo que huele a podrido en esta sociedad, y no son los jóvenes</p></div><p class="article-text">
        Me llama la atenci&oacute;n que, ahora que se ha estado hablando de las bajas m&eacute;dicas y las ausencias en el puesto laboral, con mucha frecuencia se llega a la conclusi&oacute;n de que la juventud actual no tiene ganas de trabajar, que son vagos, que no muestran empuje, ambici&oacute;n y capacidad de sacrificio. Tambi&eacute;n se dice que las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes -los millenials (nacidos entre 1981 y 1996) y la generaci&oacute;n Z (de 1997 a 2012)- solo piensan en sus derechos y sus vacaciones y se les reprocha que no les importe dejar la empresa en la que prestan sus servicios para pasarse a otra donde les ofrezcan mejores condiciones. Se comenta muy negativamente que hagan uso de su derecho de no ir a trabajar cuando est&aacute;n enfermos y se ironiza sobre el que la ausencia en ocasiones se deba a enfermedades ps&iacute;quicas y no detectables a simple vista.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me parece curios&iacute;simo que las generaciones anteriores, los que entramos en el mundo laboral hace una eternidad (o al menos eso parece) y tuvimos que apechugar con un mont&oacute;n de arbitrariedades, humillaciones y abusos, en lugar de apoyar las reivindicaciones de los j&oacute;venes trabajadores, los tildemos de vagos y poco comprometidos.
    </p><p class="article-text">
        Hace unas cuantas d&eacute;cadas trabajar era algo absolutamente necesario para poder sobrevivir, las condiciones laborales eran malas en la mayor parte de los casos y muchas de las personas que est&aacute;n leyendo estas l&iacute;neas sabr&aacute;n que hubo una &eacute;poca en la que lo que entonces se llamaba &ldquo;pluriempleo&rdquo; era la &uacute;nica forma de llegar a fin de mes, especialmente si hab&iacute;a una familia que mantener. En esas circunstancias, uno o una hac&iacute;a lo que hiciera falta para mantener su empleo y, con ello, poder pagar la hipoteca o el alquiler y dar de comer a todos los de casa. Jornadas de diecis&eacute;is horas eran normales -en uno solo o sumando varios puestos de trabajo-, se trabajaba los s&aacute;bados hasta por la tarde y si hab&iacute;a que hacer horas extras para terminar un encargo se hac&iacute;an sin rechistar porque no se sab&iacute;a si al mes siguiente o al otro habr&iacute;a suficientes pedidos.
    </p><p class="article-text">
        Es verdad que se trabajaba much&iacute;simo y que se hac&iacute;an muchos sacrificios, pero no era porque todos los obreros estuvieran sumamente motivados o porque amaran a su empresa por encima de todo, sino porque la supervivencia hac&iacute;a necesario el dejarse explotar.
    </p><p class="article-text">
        En la zona donde yo me cri&eacute;, el valle del Vinalop&oacute;, la mayor parte de hombres y mujeres trabajaban en f&aacute;bricas en la industria del calzado haciendo m&aacute;s horas que un reloj, de d&iacute;a y de noche; las mujeres trabajaban estando embarazadas, a los dos d&iacute;as de parir, durante la lactancia. Los hombres muchas veces sal&iacute;an de una f&aacute;brica para entrar en otra o para montar un peque&ntilde;o taller independiente con otro socio. A todos les habr&iacute;a gustado que existiera una Seguridad Social, que hubiera una baja por enfermedad, por maternidad, que hubiera prestaciones sociales como el subsidio de desempleo. Se organizaron en sindicatos, lucharon por esos derechos que ya exist&iacute;an en otros pa&iacute;ses y consiguieron llegar a una situaci&oacute;n en la que, poco a poco, se fueron logrando y consolidando. Sus hijos e hijas ya no ten&iacute;an que ir a la f&aacute;brica a los seis a&ntilde;os como en el siglo XIX, o a los catorce, despu&eacute;s de un par de cursos de ense&ntilde;anza media; pod&iacute;an formarse, ir a la universidad, aprender lenguas extranjeras, hacer pr&aacute;cticas en otros pa&iacute;ses. Los padres estaban orgullosos y convencidos de que sus descendientes vivir&iacute;an mejor que ellos porque estaban mejor preparados. Para eso hab&iacute;an hecho el sacrificio de trabajar de sol a sol, de aguantar jefes ego&iacute;stas, se&ntilde;oritos arbitrarios, capataces crueles. Hab&iacute;an trabajado enfermos, agotados, con fiebre alta&hellip; todo para no perder el sueldo con el que viv&iacute;a la familia y con el que los hijos pod&iacute;an permitirse estudiar.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora que hemos conseguido que exista el derecho a no trabajar cuando est&aacute;s enfermo, resulta que hay gente de los que antes se llamaban a s&iacute; mismos &ldquo;bienpensantes&rdquo;, &ldquo;gente de bien&rdquo; -de derechas, por hablar claro-, que sospechan de todos los que piden una baja sin haberse fracturado las dos piernas y los dos brazos; conservadores (por llamarlos de alg&uacute;n modo) que quieren conservar las costumbres de la Espa&ntilde;a en la que a&uacute;n se explotaba a los obreros y se esperaba que estos, emocionados, le besaran la mano al patr&oacute;n y le agradecieran que, al fundar f&aacute;bricas y empresas, le permitieran trabajar y ganarse un sueldo.
    </p><p class="article-text">
        No todo era terrible, por supuesto. Tambi&eacute;n hab&iacute;a peque&ntilde;os negocios en los que, cuando uno entraba a trabajar a los catorce o quince a&ntilde;os, sab&iacute;a que era para siempre, hasta la jubilaci&oacute;n, que esa peque&ntilde;a empresa era pr&aacute;cticamente tu familia, que no te dejar&iacute;an tirado si las cosas iban mal. Por eso t&uacute; estabas dispuesto a hacer sacrificios, a trabajar m&aacute;s horas o a seguir yendo a tu puesto de trabajo cuando no te encontrabas bien, o incluso a veces a bajarte un poco el sueldo durante una temporada hasta que las cosas pintaran mejor. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Eso es lo que les pedimos ahora a las j&oacute;venes generaciones que, estando mejor formados, ganan menos que sus padres y entran a trabajar en empresas en las que no son m&aacute;s que una unidad intercambiable y se prescinde de ellos sin pesta&ntilde;ear cuando no cuadran los n&uacute;meros del trimestre? &iquest;De verdad nos parece mal que no quieran trabajar cuando est&aacute;n enfermos, o que pretendan conciliar la vida laboral con la familiar o que les quede algo de tiempo para seguir form&aacute;ndose o dedicarlo a s&iacute; mismos?
    </p><p class="article-text">
        Si a un empleador le parece absolutamente normal pedirle a un aspirante que sea flexible en horarios y carga de trabajo, que se sienta comprometido con la empresa y se identifique con sus metas e incluso con su marca y su aspecto, &iquest;tan raro es que el aspirante quiera saber cu&aacute;ntos d&iacute;as de vacaciones tiene, qu&eacute; sueldo le van a pagar, qu&eacute; posibilidades de ascender tiene dentro de esa empresa?
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo que de peque&ntilde;a, se o&iacute;a mucho una frase graciosa que, parodiando el Catecismo, dec&iacute;a: &ldquo;Contra el vicio de pedir est&aacute; la virtud de no dar.&rdquo; Las nuevas generaciones han decidido no dar todo lo que se les pide.
    </p><p class="article-text">
        Quienes piensan a la antigua pueden reprochar, si les parece, que uno no vaya a trabajar cuando no se encuentra bien, pero ir a trabajar estando enfermo es algo indigno de nuestra sociedad del siglo XXI, de los derechos que tanto cost&oacute; conseguir. Aparte de que, si se trata, por ejemplo, de una enfermedad contagiosa -como la gripe- es absurdo insistir en que el enfermo acuda a su puesto y vaya rociando sus virus alegremente a su alrededor hasta que todo el mundo acabe contagiado. &iquest;Por qu&eacute; hay que sacrificarse por una gran empresa a costa de nuestra salud y nuestra vida? &iquest;Qu&eacute; es concretamente lo que nos parece mal de que los j&oacute;venes hayan decidido acabar con eso?
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a ser esa reacci&oacute;n tan tristemente cl&aacute;sica de &ldquo;si yo me fastidi&eacute; en mi &eacute;poca, ahora quiero que se fastidien ellos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto c&oacute;mo algunos pol&iacute;ticos que no han trabajado desde hace mucho tiempo en un puesto externo a su ambiente (por no hablar de los que no lo han hecho nunca) y algunos que, siendo diputados, no pierden salario cuando enferman y no pueden acudir a su puesto en el Congreso, se atreven a sospechar de la veracidad de las enfermedades de los trabajadores, especialmente de los j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n me pregunto c&oacute;mo es posible que los empresarios, cuya motivaci&oacute;n fundamental es ganar dinero, no entiendan que sus empleados tambi&eacute;n quieren una remuneraci&oacute;n adecuada por un trabajo establecido. No se han casado con la empresa, no se les paga por hacer sacrificios, ni por una flexibilidad que no se compensa ni en t&eacute;rminos econ&oacute;micos ni en d&iacute;as libres. No se les puede reprochar no entregarse m&aacute;s. &iquest;A cambio de qu&eacute;, si muchas veces ni siquiera se les dedica una palabra de agradecimiento o de est&iacute;mulo?
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, nos llenan el cerebro con m&aacute;ximas ultracapitalistas; por otra, dos trabajos honestos de dos personas que viven juntas no son suficientes para poder permitirse un piso de alquiler y mucho menos un piso en propiedad. Y adem&aacute;s hay que entregarse m&aacute;s, flexibilizarse m&aacute;s, sacrificarse m&aacute;s para que otros se hagan cada vez m&aacute;s ricos.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo que huele a podrido en esta sociedad, y no son los j&oacute;venes. &iquest;C&oacute;mo va a sentirse comprometida una persona joven en una empresa en la que se le considera un simple n&uacute;mero?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/enfermo_129_13393562.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jul 2026 19:40:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién está enfermo?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Empleo,Jóvenes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Equidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/equidad_129_13359395.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3cba5c31-3825-4335-8378-88101f15aab8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Equidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La igualdad es muy importante para la vida civilizada -hasta ahí llega la mayor parte de la población- pero la equidad, que es al menos igual de importante, es lo que da la sensación de que aún no se ha extendido y comprendido</p></div><p class="article-text">
        Hace poco, despu&eacute;s de un encuentro con j&oacute;venes lectores, hablando con unas chicas de catorce o quince a&ntilde;os, me llam&oacute; la atenci&oacute;n que algunas dec&iacute;an que el tema del feminismo y la lucha de mujeres y hombres por llegar a la igualdad empezaba a resultarles &ldquo;un poco cansino&rdquo;. Seg&uacute;n ellas, no ten&iacute;amos de qu&eacute; quejarnos y en la actualidad ya no hay diferencias entre hombres y mujeres. L&oacute;gicamente, me pareci&oacute; preocupante no solo por la ingenuidad, sino m&aacute;s bien por la ignorancia que demuestran este tipo de opiniones. No era el momento ni la situaci&oacute;n adecuada para insistir en temas tan serios como el de la brecha salarial, que incluso ahora que es la m&aacute;s baja de la historia se encuentra en un 15,74 seg&uacute;n el Instituto Nacional de Estad&iacute;stica, el techo de cristal, que frena las leg&iacute;timas aspiraciones de las mujeres mejor preparadas, o la falta de investigaci&oacute;n m&eacute;dica y farmacol&oacute;gica adecuada para el funcionamiento del cuerpo femenino, pero me fui con la sensaci&oacute;n de que mucho de lo que se est&aacute; haciendo para que chicos y chicas comprendan de una vez ciertas cosas obvias est&aacute; cayendo en terreno yermo y no fructificar&aacute;. Posiblemente porque ciertas estructuras est&aacute;n tan arraigadas que ni siquiera nos saltan a la vista.
    </p><p class="article-text">
        El machismo est&aacute; en la lengua, lo sabemos, y su trav&eacute;s, en la mente y en la cultura; tambi&eacute;n est&aacute; en el arte, en el urbanismo, en la arquitectura&hellip; en todas partes, pero tenemos tanta costumbre de que las cosas &ldquo;son as&iacute;&rdquo; que ya no las vemos.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo cl&aacute;sico: un aeropuerto, una estaci&oacute;n, un restaurante cualquiera, en toda Europa. Una mujer se levanta para ir al aseo, llega a la puerta y se encuentra con una cola m&aacute;s o menos larga seg&uacute;n el momento del d&iacute;a. A su lado, los hombres que entran a los lavabos masculinos pasan a toda velocidad, hacen lo que han ido a hacer y salen en un par de minutos. Unos miran a las mujeres con condescendencia, otros se r&iacute;en, otros ni siquiera se fijan. Las mujeres esperan, a veces protestan, comentan entre s&iacute;, esperan, esperan. Las que van en grupo charlan como si no estuvieran haciendo una cola, como si estuvieran all&iacute; por gusto. Todas se quejan, pero casi todas lo encuentran normal y se lo toman con calma.
    </p><p class="article-text">
        Cuando en alguna ocasi&oacute;n, por una aver&iacute;a, los hombres tienen que hacer cola junto con las mujeres, se sienten ofendidos, a veces humillados. Otras veces, se dan media vuelta diciendo &ldquo;ah, no, cola no&rdquo; como si fuera un insulto que ellos, varones, tuvieran que esperar para satisfacer una necesidad fisiol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Todos sabemos que las mujeres necesitan m&aacute;s tiempo en un ba&ntilde;o p&uacute;blico, que todas ellas tienen que entrar en una cabina porque nuestro cuerpo y nuestra ropa no est&aacute;n concebidos para orinar de pie en un urinario de pared. Sin embargo, todos los aseos conceden el mismo tama&ntilde;o al de hombres que al de mujeres. &iquest;Eso no es desigualdad? &iquest;No es discriminaci&oacute;n? &iquest;No ser&iacute;a m&aacute;s l&oacute;gico hacer ba&ntilde;os m&aacute;s grandes para mujeres que para hombres? Pues no. Por razones de &ldquo;simetr&iacute;a arquitect&oacute;nica&rdquo; y de &ldquo;estandardizaci&oacute;n de planos&rdquo; en aeropuertos, estaciones y dem&aacute;s, las mujeres siempre nos vemos obligadas a hacer largas colas.
    </p><p class="article-text">
        Otro detalle curioso en el que llevo d&eacute;cadas fij&aacute;ndome es que, si los aseos no est&aacute;n uno al lado del otro (en bares, restaurantes, etc.) el de m&aacute;s c&oacute;modo acceso es el de hombres. Si uno est&aacute; al final de una escalera mientras que el otro est&aacute; en la misma planta que el resto del local, ese es el de hombres. A menos que, al estar obligados por ley a tener una cabina para personas con discapacidad, ese lavabo tenga que ser f&aacute;cilmente accesible y en ese caso ser&aacute; -a la vez- el de mujeres y el de personas con problemas de movilidad,-juntos, para los dos grupos, independientemente de su sexo o g&eacute;nero. Se ve algunas veces, aunque no es frecuente, que el acceso para personas con discapacidad se combine con el lavabo masculino. Suele ser siempre el de mujeres. Igual que cuando hay un cambiador de beb&eacute;s (salvo en una conocida tienda de muebles sueca) tambi&eacute;n est&aacute; en el aseo femenino.
    </p><p class="article-text">
        No es grave, por supuesto. Llevamos d&eacute;cadas haciendo colas, subiendo o bajando escaleras, compartiendo ese servicio p&uacute;blico. Somos mujeres, tenemos costumbre. Y si nos quejamos, o protestamos incluso &ndash;qu&eacute; pesadez, qu&eacute; atrevimiento- somos intensitas, o cansinas, o tiquismiquis.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada me contaban que en una reuni&oacute;n de personal de museos en Austria, se hab&iacute;a decidido invertir una peque&ntilde;a parte del presupuesto en poner a disposici&oacute;n de las empleadas productos de higiene femenina como tampones y compresas para facilitarles la vida laboral. Un representante de uno de los grandes museos p&uacute;blicos protest&oacute;, diciendo que esa era una medida discriminatoria para los hombres, que no necesitaban ese tipo de productos, y acab&oacute; preguntando: &ldquo;&iquest;Y a nosotros qu&eacute; nos van a dar por el mismo valor?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que hay muchos hombres que estar&aacute;n leyendo estas l&iacute;neas y pensar&aacute;n, igual que yo, que ese tipo era un imb&eacute;cil, pero tambi&eacute;n s&eacute; que todos y todas conocemos a muchos hombres que reaccionar&iacute;an como &eacute;l y se sentir&iacute;an ofendidos por no recibir algo equivalente, aunque no les haga ninguna falta.
    </p><p class="article-text">
        Es como si a alguien que se ha fracturado un tobillo se le da una muleta mientras que a otro paciente que no se ha roto nada no se le da y protesta por ello. Absurdo, pero frecuente. Muchos hombres est&aacute;n tan acostumbrados a que todas las normas se hayan hecho pensando en ellos que ni siquiera se dan cuenta, salvo cuando se sienten preteridos. Que las mujeres hayamos sido preteridas durante siglos les parece normal.
    </p><p class="article-text">
        Lo peor, claro, es cuando a las mujeres tambi&eacute;n les parece normal y no solo no se quejan sino que desprecian a las que protestan, sin darse cuenta de que gracias a las protestas de esas mujeres que no se callaron hace un par de siglos ahora tenemos, por ejemplo, el derecho al voto. Tambi&eacute;n era normal que las mujeres no pudieran acudir a las urnas, que fueran analfabetas, que necesitaran el permiso del marido o del padre o del hermano para cualquier cosa, incluido un contrato laboral, que no pudieran tener una cartilla propia en el Banco o un pasaporte. Es lo que en este mismo momento les parece normal a los hombres en Afganist&aacute;n, por ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        La igualdad es muy importante para la vida civilizada -hasta ah&iacute; llega la mayor parte de la poblaci&oacute;n- pero la equidad, que es al menos igual de importante, es lo que da la sensaci&oacute;n de que a&uacute;n no se ha extendido y comprendido, y eso es lo que nos falta a muchas mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Voy a poner un ejemplo muy simple y bastante m&aacute;s claro que las definiciones que ofrece el diccionario: imaginemos que hay una mesa a la que nos vamos a sentar varias personas para comer juntas. La igualdad ser&iacute;a que cada persona tuviera una silla a la que sentarse para la comida. Si tienes silla, te han otorgado el mismo derecho que a todos los dem&aacute;s comensales y no tienes por qu&eacute; quejarte. Pero si resulta que tienes cuatro a&ntilde;os, no llegas bien a la mesa; si tienes noventa y cinco y la espalda destrozada, tampoco podr&aacute;s comer con comodidad, si mides dos metros, la mesa se te queda muy abajo mientras que si mides uno cincuenta, te llega por la barbilla.
    </p><p class="article-text">
        La equidad es que cada uno tenga una silla adaptada a sus necesidades, a su edad, a su tama&ntilde;o. Unos tendr&aacute;n una silla m&aacute;s grande, otros m&aacute;s alta, otros m&aacute;s s&oacute;lida. La igualdad que de verdad necesitamos no es que todos tengamos lo mismo -tanto si nos hace falta como si no-, sino lo que mejor nos va para desempe&ntilde;arnos con la misma facilidad que todos los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No lo hemos conseguido todav&iacute;a, de modo que no nos queda otra que seguir llamando la atenci&oacute;n sobre ello -aunque nos pongamos pesadas, aunque tengamos que descender a las aparentes peque&ntilde;eces que ya no lo son tanto cuando nos afectan-, protestando y luchando para alcanzar nuestras aspiraciones, que son tambi&eacute;n nuestros derechos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/equidad_129_13359395.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Jul 2026 19:57:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Equidad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fin natural]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/natural_129_13323674.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aa791080-dd15-485d-8b9f-c1b6e44deb15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fin natural"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde que Juan Pablo II matizó las condiciones del Infierno, ya sin fuego, diablos y tormentos, y el papa Francisco lo calificó de “vacío”, ya no poseen el arma que tan bien les ha funcionado durante siglos: la amenaza y el terror. Vamos avanzando en dirección a la libertad individual, pero seguimos teniendo que saltar obstáculos</p></div><p class="article-text">
        Ahora que ya ha bajado la efervescencia en torno a la visita del Papa y sus palabras y sus actos durante los d&iacute;as que pas&oacute; en nuestro pa&iacute;s, es cuando yo le doy vueltas a ciertas cosas que me parecen de mayor envergadura que las bendiciones, las inauguraciones y los conciertos masivos.
    </p><p class="article-text">
        Que el m&aacute;ximo representante de la Iglesia Cat&oacute;lica est&eacute; en contra del aborto es algo que ya no sorprende ni extra&ntilde;a a nadie a pesar de lo injusto y absurdo del planteamiento y de la idea, pero hay otra cosa que s&iacute; me resulta curiosa y muy preocupante: habla el Santo Pont&iacute;fice del &ldquo;fin natural de la vida&rdquo;, de que toda vida es sagrada y debe ser protegida desde la concepci&oacute;n hasta el fin natural de la vida. Y yo aqu&iacute; me pregunto -&iquest;qu&eacute; le voy a hacer si a m&iacute; las palabras me parecen importantes, cruciales, incluso?- a qu&eacute; se refiere Le&oacute;n XIV con eso de &ldquo;natural&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es fundamental ponernos de acuerdo en el significado de las palabras que empleamos porque, de lo contrario, es imposible que lleguemos a entendernos.
    </p><p class="article-text">
        Antes de la existencia de los antibi&oacute;ticos -por poner un ejemplo- morirse de cualquier infecci&oacute;n que hoy se cura en unos d&iacute;as era algo perfectamente natural. Si Dios ten&iacute;a a bien que contrajeras una enfermedad o te enviaba una infecci&oacute;n o una sepsis, te mor&iacute;as cumpliendo su voluntad y &iexcl;listos!, de modo &ldquo;natural&rdquo;, sin ning&uacute;n tipo de injerencia humana.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Podemos considerar natural una operaci&oacute;n a coraz&oacute;n abierto? &iquest;Un trasplante de &oacute;rganos? &iquest;Una cadera de titanio? &iquest;Cu&aacute;ntos pr&iacute;ncipes de la Iglesia, o clero de menor jerarqu&iacute;a o simples fieles cat&oacute;licos llevan un marcapasos? &iquest;Es &ldquo;natural&rdquo; un marcapasos?
    </p><p class="article-text">
        Si Dios te ha creado con problemas card&iacute;acos, lo natural es que te mueras cuando tu coraz&oacute;n deja &ldquo;naturalmente&rdquo; de latir. Pero no. Ahora te pueden implantar un motorcillo nuevo que hace que tu coraz&oacute;n siga latiendo incluso cuando el deterioro del resto de tu cuerpo est&aacute; muy avanzado. E incluso si caes en coma, hoy en d&iacute;a se te puede mantener en ese estado crepuscular durante mucho m&aacute;s tiempo del que el propio paciente y su familia consideran llevadero. &iquest;No hab&iacute;amos quedado en que hay que apoyar el fin natural de la vida? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la naturalidad de llenar de tubos a una pobre persona que no volver&aacute; a poder llevar una vida consciente?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute;, ahora, de pronto, son naturales los implantes, las transfusiones, los trasplantes de &oacute;rganos&hellip; y, sin embargo, el suicidio o la eutanasia no se consideran naturales? Retorcemos la lengua como mejor puede servir a nuestros fines y mucha gente ni siquiera se da cuenta de que se est&aacute; produciendo ese retorcimiento para manipularnos.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se dec&iacute;a hasta hace muy poco que la anticoncepci&oacute;n no era admisible porque no era natural mientras que un trasplante de h&iacute;gado -pongamos por caso- s&iacute; era aceptable. &iquest;Qu&eacute; tiene de natural -dentro de la mentalidad cat&oacute;lica- que a una persona le cambien un &oacute;rgano que Dios le hab&iacute;a concedido (sabiendo que llegar&iacute;a un momento en el que se iba a estropear; Dios es omnisciente y, por tanto, ten&iacute;a que saberlo), y le pongan el de otra persona?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me parece maravilloso que hayamos progresado tanto en terrenos m&eacute;dicos, farmacol&oacute;gicos, biol&oacute;gicos, qu&iacute;micos, etc. Siempre he sido una entusiasta de las vacunas, de los f&aacute;rmacos, de la anestesia, de las t&eacute;cnicas que nos quitan el dolor, que, nos sanan y prolongan nuestra vida, cuando deseamos esa prolongaci&oacute;n. Y, al parecer, a la Santa Madre Iglesia tampoco le parece mal que -contrariando la voluntad de Dios- tomemos medicinas creadas en laboratorios, nos operemos de toda clase de enfermedades, firmemos la aprobaci&oacute;n a un trasplante y usemos todo tipo de medios &ldquo;no naturales&rdquo; para ara&ntilde;ar unos a&ntilde;os m&aacute;s sobre esta Tierra. Lo que s&iacute; les parece mal a los santos varones de la Iglesia es que una persona -en uso y disfrute del libre albedr&iacute;o otorgado por Dios- decida poner fin a su vida cuando mejor le parezca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s sorprendente es la &ldquo;explicaci&oacute;n&rdquo; que dan: eso de que no es natural. &iquest;En qu&eacute; quedamos, entonces? &iquest;Natural es lo que conviene a los hombres -todos son hombres- que toman las decisiones en la Iglesia? Al menos deber&iacute;an molestarse en montar una argumentaci&oacute;n intelectualmente aceptable y no despachar a la clientela con frases manidas y desprovistas de contenido como eso de lo que es o no es &ldquo;natural&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No me siento obligada a respetar la ideas e imposiciones de la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica, pero me parece realmente grave que usen ese vocabulario para estigmatizar (como siempre han hecho) a las personas que usan su libertad para decidir lo que quieren hacer en su vida y con su vida. Me parece terrible que mucha gente sufra por ello y encuentro peligros&iacute;simo que muchas de las leyes de pa&iacute;ses no confesionales (como es el nuestro) se vean influenciadas por ese tipo de pensamiento.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Durante cu&aacute;nto tiempo hemos vivido aplastados por lo que a la Iglesia Cat&oacute;lica le parec&iacute;a natural o no? &iquest;Cu&aacute;nto sufrimiento han causado a lo largo de los siglos la condena del aborto, de la anticoncepci&oacute;n, del divorcio, de la homosexualidad, del suicidio, de la eutanasia&hellip; todo lo que a los prelados les parec&iacute;a &ldquo;antinatural&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        Poco a poco se han ido consiguiendo ciertos triunfos, pero siempre muy despacio y con la constante amenaza de dar pasos atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La verdad, yo tampoco encuentro natural que haya una instituci&oacute;n exclusivamente masculina (salvo para los trabajos menos apreciados, sin voz y sin voto) que se arrogue el derecho a decirnos a todas y a todos lo que es natural y lo que no lo es.
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute;, desde que Juan Pablo II matiz&oacute; las condiciones del Infierno, ya sin fuego, diablos y tormentos, y el papa Francisco lo calific&oacute; de &ldquo;vac&iacute;o&rdquo;, ya no poseen el arma que tan bien les ha funcionado durante siglos: la amenaza y el terror. Vamos avanzando en direcci&oacute;n a la libertad individual, pero seguimos teniendo que saltar obst&aacute;culos, lo que resulta a veces estimulante, pero la mayor parte de las veces simplemente agotador.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/natural_129_13323674.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Jun 2026 19:01:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El fin natural]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Papa León XIV,Suicidio,Derecho al aborto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida es breve]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vida-breve_129_13284561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6f01746-93d0-4c20-b783-dc1e42951363_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida es breve"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Toda la gente que conozco y muchísima que no conozco realmente aunque he coincidido con ellos en distintas ocasiones, ha empezado a vivir la vida de un modo que casi no los deja vivir porque la han llenado de cosas y actividades que consideran necesarias para tener la sensación de que están viviendo</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La vida es breve&rdquo; me dijo una amiga hace unos d&iacute;as en un alarde de originalidad, despu&eacute;s de haberse pasado el d&iacute;a viendo pel&iacute;culas en un festival y, en las pausas, haciendo planes para diferentes viajes que pensaba hacer este verano. Llevamos milenios sabi&eacute;ndolo. Llevamos cientos de a&ntilde;os con el &ldquo;carpe diem&rdquo; de Horacio y el &ldquo;collige, virgo rosas&hellip;&rdquo; de Ausonio. Aparece con fuerza, regularmente, en ciertas &eacute;pocas, como el Renacimiento, el Barroco y el Romanticismo, pero ahora tengo la impresi&oacute;n de que nos ha entrado una angustia loca que casi no nos deja vivir y nos tiene corriendo de ac&aacute; para all&aacute; como pollos sin cabeza.
    </p><p class="article-text">
        Toda la gente que conozco y much&iacute;sima que no conozco realmente aunque he coincidido con ellos en distintas ocasiones, ha empezado a vivir la vida de un modo que casi no los deja vivir porque la han llenado de cosas y actividades que consideran necesarias para tener la sensaci&oacute;n de que est&aacute;n viviendo y de que, cuando llegue la vejez extrema -eso piensan ellos- les confortar&aacute;, al menos, con la idea de que han vivido.
    </p><p class="article-text">
        Hay cada vez listas m&aacute;s largas de cosas que hay que hacer cotidianamente, otras que tienes que haber hecho al menos una vez en la vida, experiencias que no te puedes perder, lugares en los que tienes que haber estado, libros que leer, conciertos a los que asistir, noticias de las que estar pendiente&hellip; Todo eso adem&aacute;s de tu trabajo, tu familia y las necesidades de la vida corriente, que tambi&eacute;n consumen su tiempo y llevan su esfuerzo, aunque no te proporcionen esa sensaci&oacute;n de estar en la cresta de la ola que es lo que, al parecer, estamos buscando como sociedad.
    </p><p class="article-text">
        La primera vez que o&iacute; hablar del acr&oacute;nimo FOMO pens&eacute; que era una t&iacute;pica ida de olla del mundo de los influencers, los tiktockers y dem&aacute;s y que no estaba relacionada con mi vida, la gente de mi edad, y el ambiente en el que yo me muevo. Pues resulta que s&iacute;, que cada vez reconozco en m&aacute;s personas de mi entorno esa pulsi&oacute;n, esa angustia de estar continuamente haciendo cosas para evitar la sensaci&oacute;n de estar perdi&eacute;ndose algo. FOMO en ingl&eacute;s representa las siglas de &ldquo;Fear of missing out&rdquo; (miedo a perderse algo, no conocerlo, no haber participado en ello).
    </p><p class="article-text">
        Con cada vez m&aacute;s frecuencia me encuentro hablando con personas a las que les parece incre&iacute;ble que no todo el mundo haya estado en un estreno concreto, que no haya asistido a tal exposici&oacute;n, que no haya viajado a tal lugar&hellip; y se escandalizan y hacen aspavientos porque te est&aacute;s perdiendo lo mejor y resulta que la vida es breve y, si no lo haces ahora, no lo podr&aacute;s hacer ya. &iquest;De verdad que nunca te has tirado en paraca&iacute;das? &iquest;Ni has ido a Laponia en un trineo con perros? &iquest;Ni estuviste en el &uacute;ltimo concierto de&hellip; aqu&iacute; cada uno pone el nombre que mejor le parece? &iquest;Ni has le&iacute;do X, que es la novela del a&ntilde;o, por no decir del siglo?
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, por supuesto, tienes que cuidar de tu salud y de tu aspecto. Hacer tus diez mil pasos diarios -m&iacute;nimo-, y tus horas de gimnasio por aquello de los huesos, los m&uacute;sculos y el poder presumir de cuerpo en los meses de verano. Tienes que cuidar tu piel y tu pelo y procurar tener hasta el mismo momento de tu muerte una imagen juvenil porque, hoy en d&iacute;a, a uno se le perdonan muchas cosas, salvo hacerse viejo. Tampoco est&aacute; mal dedicar tiempo a mantener tu cerebro en buen estado, y estar al tanto de la actualidad no solo de tu ciudad o regi&oacute;n, sino de tu pa&iacute;s y del mundo en general para poder opinar sobre cualquier cosa que se presente en una conversaci&oacute;n (aunque ya casi no parece necesario saber de nada para tener una opini&oacute;n contundente sobre cualquier tema).
    </p><p class="article-text">
        Si eres joven, la cuesti&oacute;n de buscar pareja -no necesariamente para la eternidad, pero s&iacute; para mantener una relaci&oacute;n sexual segura y placentera- tambi&eacute;n ocupa mucho tiempo y mucho trabajo mental, por no hablar del desgaste emocional que ocasiona.
    </p><p class="article-text">
        Hay que cuidar las relaciones con los amigos y procurar hacer actividades sociales que te permitan entrar en contacto con m&aacute;s personas porque, ya se sabe, todo repercute en la salud: coros, grupos excursionistas, bandas de m&uacute;sica, grupos de teatro, clubs de lectura, amigos de museos, escuelas de arte, de escritura, de cualquier cosa&hellip; y, si a&uacute;n puedes ara&ntilde;ar algo de tiempo, hacer un m&aacute;ster, presencial u online. No ya para tu desarrollo profesional, sino simplemente para no quedarte atr&aacute;s, para estar siempre al d&iacute;a de todo.
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente, estas actividades se a&ntilde;aden a tu vida &ldquo;normal&rdquo;, a tu jornada de trabajo, el cuidado de tus hijos o de tus nietos, las tareas de la casa y dem&aacute;s frusler&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando por fin llega la bendita noche y el momento de meterte en la cama, el estr&eacute;s aumenta porque tienes que procurar tener un sue&ntilde;o de calidad y, para ello, hay que prescindir de pantallas una hora antes de retirarte, bajar las luces, tomar una tisana y una ducha calientes, hacer unos -pocos- ejercicios <em>ad hoc</em> y entrar en tu dormitorio (que tienes que haber decorado de modo minimalista para apagar el &ldquo;ruido visual&rdquo; y debe estar recogido e impoluto) como el que entra en un santuario.
    </p><p class="article-text">
        Sinceramente, creo que no es posible hacer todo lo que se espera de nosotros y nosotras. Todo el mundo arrima el ascua a su sardina y nos convence de qu&eacute; hay que comer para estar sanos, qu&eacute; beber y qu&eacute; no, cu&aacute;ndo y c&oacute;mo; qu&eacute; espect&aacute;culos son imprescindibles, qu&eacute; vivencias tenemos que atesorar. Hacemos todo lo que podemos, pero con la lengua fuera, con la sensaci&oacute;n de que no hemos hecho bastante y luego nos vamos a arrepentir de ese rato de siesta en el que no hemos rendido nada, de ese vino que nos hemos tomado al final de una jornada agotadora en lugar de sustituirlo por un agua mineral, de ese pan blanco que estaba delicioso, pero que seguro que nos ha inundado el cuerpo de az&uacute;car y antes o despu&eacute;s lo vamos a pagar.
    </p><p class="article-text">
        Nos hacen sentirnos culpables por no haber ido a esto o a aquello, por habernos perdido algo que los dem&aacute;s han disfrutado, por no haber estado en lugares ex&oacute;ticos y lejanos.
    </p><p class="article-text">
        Lo gracioso es que nos volvemos locos tratando de llegar a todo, de no perdernos nada, de almacenar recuerdos, de alargar todo lo posible nuestra vida neg&aacute;ndonos mil cosas que nos habr&iacute;an hecho felices con muy poco y al final, efectivamente, llegamos a los noventa o a los noventa y cinco o a los cien, pero ya no nos acordamos de aquel viaje a Machu Pichu, ni de aquel concierto, ni de las mil horas que pasamos en el gimnasio para poder llegar a ese momento en el que, desde nuestro sill&oacute;n, con los pa&ntilde;ales puestos, esperamos a que nos traigan algo de comer que no da&ntilde;e nuestra salud y podamos seguir disfrutando de esa vida tan breve en la que no tuvimos tiempo para pasar maravillosos ratos sin hacer nada de particular, disfrutando de los trinos de los p&aacute;jaros o del color de las flores, de las risas de nuestros ni&ntilde;os o de mirar al horizonte junto a una persona amada.
    </p><p class="article-text">
        La vida es breve, tanto si la llenamos a rebosar como si no. Lo importante es encontrar el tiempo de saborearla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vida-breve_129_13284561.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jun 2026 19:58:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vida es breve]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lenguaje inapropiado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/lenguaje-inapropiado_129_13248499.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d1e096cc-bdc1-4429-b89d-69825c94c815_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lenguaje inapropiado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Eso que ahora nos venden como “lenguaje inapropiado” es lo que antiguamente se llamaba “lenguaje malsonante” -tenemos una expresión española para ello- porque se asumía que a oídos de personas bien educadas había ciertos vocablos que no sonaban elegantes, correctos o adecuados a ciertas situaciones</p></div><p class="article-text">
        Hace ya tiempo que me desespera estar eligiendo una pel&iacute;cula o una serie y leer en los avisos -los famosos <em>trigger warnings</em> que hemos importado de Estados Unidos- que la que hemos decidido ver contiene &ldquo;lenguaje inapropiado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; rayos es eso, as&iacute;, en general? En ingl&eacute;s la expresi&oacute;n es igual de est&uacute;pida, pero la hemos tomado directamente, sin plantearnos nada, y en espa&ntilde;ol suena incluso peor. Es el mismo caso del ingl&eacute;s &ldquo;apply&rdquo; o &ldquo;aplication&rdquo; que significa solicitud pero que, por copia ignorancia o desidia, ha empezado a traducirse como &ldquo;aplicar&rdquo; y &ldquo;aplicaci&oacute;n&rdquo; y ahora los estudiantes que solicitan una beca o una plaza de Erasmus o cualquier otra cosa, dicen que han aplicado o han enviado su aplicaci&oacute;n. Aplicar y aplicarse son otra cosa, igual que ser aplicado no tiene nada que ver con solicitudes, pero da la sensaci&oacute;n de que la propiedad ling&uuml;&iacute;stica ya no le importa a nadie, salvo a las plataformas de entretenimiento audiovisual y estas lo hacen de modo equivocado.
    </p><p class="article-text">
        Eso que ahora nos venden como &ldquo;lenguaje inapropiado&rdquo; es lo que antiguamente se llamaba &ldquo;lenguaje malsonante&rdquo; -tenemos una expresi&oacute;n espa&ntilde;ola para ello- porque se asum&iacute;a que a o&iacute;dos de personas bien educadas hab&iacute;a ciertos vocablos que no sonaban elegantes, correctos o adecuados a ciertas situaciones.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Inapropiado&rdquo;, que es la palabra que han tomado ahora, traduci&eacute;ndola del ingl&eacute;s sin reflexionar, ser&iacute;a lo contrario de &ldquo;apropiado&rdquo; que, seg&uacute;n el Diccionario de la Real Academia, significa: &ldquo;Ajustado y conforme a las condiciones o a las necesidades de alguien o de algo.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Es decir, que siempre se trata de que la cosa de la que estamos hablando, en este caso el lenguaje, se adecue o ajuste a las necesidades concretas de una persona o situaci&oacute;n determinada.
    </p><p class="article-text">
        Pongamos un ejemplo sacado de otro &aacute;mbito en el que quiz&aacute; quede m&aacute;s claro lo que quiero decir: si uno acude a un funeral vestido con bermudas estampados con palmeras verdes y flamencos de color de rosa y unos zuecos de pl&aacute;stico naranja, casi todo el mundo estar&aacute; de acuerdo en que va vestido de modo inapropiado. Precisemos, inapropiado para un funeral. No es que nadie tenga nada en contra de las bermudas y los zuecos; es que no son una vestimenta adecuada ni para un entierro, ni para muchas otras ocasiones, a menos que tengan que ver con playa, piscina y vacaciones de verano.
    </p><p class="article-text">
        Pues con el lenguaje pasa lo mismo. Si uno dice &ldquo;&iexcl;co&ntilde;o!, en principio no es ni bueno ni malo. Es un vocablo de nuestra lengua que suele usarse como expresi&oacute;n de extra&ntilde;eza o enfado, aunque tambi&eacute;n puede referirse de modo literal a la vulva y la vagina. Tambi&eacute;n forma parte del acervo de nuestra lengua y tambi&eacute;n est&aacute; en el diccionario &iquest;Por qu&eacute; ahora resulta que, si aparece en una pel&iacute;cula, hay que advertir al espectador de que es inapropiado? No lo es, si hablamos en general. Lo ser&aacute; si, en la situaci&oacute;n en la que nos encontramos, el consenso social ha decidido que no deben usarse ese tipo de expresiones porque resultan vulgares, ofensivas o malsonantes. Solo en ese caso ser&aacute; inapropiado.
    </p><p class="article-text">
        Cuando uno est&aacute; en su casa y, de repente, sin que se lo espere, le pasa un gato o un perro entre las piernas, es totalmente normal que uno diga &ldquo;&iexcl;co&ntilde;o, qu&eacute; susto me has dado!&rdquo; con perfecta propiedad. Es lo adecuado a la situaci&oacute;n aunque, evidentemente, si no nos gusta la expresi&oacute;n por encontrarla demasiado fuerte, siempre podemos sustituirla por &ldquo;caray&rdquo;, &ldquo;caramba&rdquo;, &ldquo;c&aacute;spita&rdquo;, &ldquo;c&oacute;rcholis&rdquo;, &ldquo;jol&iacute;n&rdquo; o &ldquo;concho&rdquo;, que es lo m&aacute;s parecido fon&eacute;ticamente y se dice con la misma intenci&oacute;n, pero parece que ofende menos.
    </p><p class="article-text">
        Todos esos vocablos, que son posibles y aceptables, lo son siempre que sean adecuados en el contexto. Si estamos escribiendo una escena que sucede en los barrios bajos, entre mafiosos, o narcotraficantes o gente del hampa, resultar&aacute; m&aacute;s bien poco cre&iacute;ble que, sacando la navaja o el rev&oacute;lver, digan &ldquo;jol&iacute;n&rdquo;. Lo apropiado es que hablen, imitando la realidad, como se habla en esos ambientes.
    </p><p class="article-text">
        De las pel&iacute;culas basadas en la sociedad estadounidense hemos copiado el corregir a nuestros ni&ntilde;os y j&oacute;venes cuando dicen cosas como &ldquo;mierda&rdquo;, &ldquo;joder&rdquo;, &ldquo;hijo de puta&rdquo;, etc. sin tener en cuenta que las j&oacute;venes generaciones lo dicen porque nos oyen decirlo y nunca nos molestamos en explicarles que hay situaciones y momentos en que se puede e incluso se debe decir, mientras que en otras no deber&iacute;amos hacerlo. Da la sensaci&oacute;n de que se est&aacute; perdiendo la simple noci&oacute;n de que existen los registros ling&uuml;&iacute;sticos y eso se debe en gran parte a que nos estamos quedando sin modelos.
    </p><p class="article-text">
        Antes en la radio, la televisi&oacute;n, el cine y los medios de comunicaci&oacute;n en general, se procuraba usar una lengua culta, prescindiendo de insultos y expletivos de mal gusto. Esas cosas se dejaban para las relaciones familiares, las charlas entre amigos y los momentos de relajaci&oacute;n con personas de confianza, pero desde que en las tertulias televisivas, en las series y hasta en el Congreso de los Diputados empez&oacute; a rebajarse el nivel, el p&uacute;blico se ha acostumbrado a decir lo que sea, como sea, donde y cuando sea y, adem&aacute;s, incluso se ha perdido casi por completo el uso de la enorme riqueza de sin&oacute;nimos que tiene nuestra lengua.
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que me resulta preocupante el trato que le estamos dando a la lengua con la que nos comunicamos y expresamos lo que tenemos en mente. Parece que no nos damos cuenta de que, como ya dijo con tanto acierto Wittgenstein &ldquo;los l&iacute;mites de mi lengua son los l&iacute;mites de mi mundo&rdquo;. Cuanto m&aacute;s pobre se vuelva nuestra lengua, m&aacute;s simple ser&aacute; nuestra formulaci&oacute;n y cada vez habr&aacute; menos cosas que seamos capaces de pensar por carecer de palabras que nos ayuden a expresar ciertas ideas, pensamientos y sentimientos.
    </p><p class="article-text">
        Me parece m&aacute;s acertado preocuparnos de que nuestros hijos tengan una lengua rica y variada y que sean capaces de desempe&ntilde;arse en varios registros en lugar de cuidar de que no digan tacos. Est&aacute; bien que los conozcan y los usen, siempre que sepan en qu&eacute; momentos es adecuado usarlos y en cu&aacute;les no.
    </p><p class="article-text">
        Pasa lo mismo con el t&uacute; y el usted. Si uno va por ah&iacute; prestando atenci&oacute;n a ese tipo de cosas, notar&aacute; que cada vez se usa menos el usted y, por lo que yo puedo apreciar, la raz&oacute;n es que mucha gente ya no sabe usarlo. Me refiero a ciudadanos espa&ntilde;oles, ya que la mayor parte de hispanoamericanos usa el &ldquo;ustedes&rdquo; desde siempre en lugar del &ldquo;vosotros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Recuerdan los nervios que pas&oacute; el teniente coronel Tejero el 20 de febrero de 1981 en el Congreso cuando quer&iacute;a decir &ldquo;si&eacute;ntense&rdquo;, no le sal&iacute;a y acab&oacute; diciendo por pura frustraci&oacute;n &ldquo;&iexcl;se sienten, co&ntilde;o!&rdquo;. Toda Espa&ntilde;a se ri&oacute; de &eacute;l entonces. Ahora me gustar&iacute;a hacer una encuesta, incluso entre gente formada, para ver cu&aacute;ntos participantes encuentran a la primera el imperativo plural de sentarse en segunda persona. En primera, me figuro que a&uacute;n estar&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil y el &ldquo;sent&eacute;monos&rdquo; no sacar&iacute;a una gran puntuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las lenguas cambian y evolucionan, por supuesto, pero para cambiar o mejorar algo siempre es conveniente conocerlo primero y que el cambio no se deba a la pura ignorancia. Me parece bien empe&ntilde;arnos en que nuestros j&oacute;venes no est&eacute;n constantemente expuestos a un lenguaje soez, vulgar y malsonante, pero la verdad es que encuentro bastante rid&iacute;culo y muchas veces incluso ofensivo que en esos avisos de las pel&iacute;culas se ponga lo de &ldquo;lenguaje inapropiado&rdquo; al mismo nivel de contenidos que &ldquo;suicidio&rdquo;, &ldquo;violaci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;drogadicci&oacute;n&rdquo; y &ldquo;violencia grupal&rdquo;, por ejemplo, como si fuera lo mismo o&iacute;r a un personaje decir &ldquo;estoy hasta los cojones&rdquo; que verlo matar a alguien con premeditaci&oacute;n y, adem&aacute;s, disfrut&aacute;ndolo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/lenguaje-inapropiado_129_13248499.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 May 2026 21:17:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d1e096cc-bdc1-4429-b89d-69825c94c815_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="27011" type="image/jpeg"/>
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      <media:title><![CDATA[Lenguaje inapropiado]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Violencia machista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/violencia-machista_129_13212071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a063e2d5-b388-484a-9a04-a0ec5132bc2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Violencia machista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay que estar siempre dispuesto a dar ejemplo, a corregir comportamientos tóxicos, a no apartar la vista cuando vemos que algo está sucediendo frente a nosotros. Hay que ir por el mundo con los ojos abiertos para captar las señales de auxilio que puedan darse y actuar en consecuencia</p></div><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente se ve con frecuencia al llegar a una ciudad un cartel a la entrada que dice &ldquo;Villamarina (o como se llame la poblaci&oacute;n) contra de la violencia machista&rdquo;. Me parece muy loable y, por supuesto, estoy de acuerdo en condenar la violencia, la machista y todas las dem&aacute;s. Lo que no acabo de entender es por qu&eacute; o para qu&eacute; se hace.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Alguien piensa que cuando un violador o asesino en potencia entra con su coche en la primera rotonda de la localidad va a dar media vuelta, pensando &ldquo;Ah, pues si aqu&iacute; no aceptan la violencia machista, tendr&eacute; que irme a otra parte&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;O suponen que los habitantes varones de ese lugar van a recapacitar sobre sus intenciones de hacerle da&ntilde;o a una mujer al ver que la ciudad, representada por su Ayuntamiento, est&aacute; en contra de esas pr&aacute;cticas?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Tan mal estamos ya de valores morales que ahora tenemos que dejar claro por escrito que no nos parece bien golpear, violar, maltratar a las mujeres? &iquest;Vamos a empezar a poner carteles diciendo que los ladrones no son bienvenidos en nuestro pueblo? &iquest;Que no queremos estafadores, chantajistas? &iquest;Asesinos?
    </p><p class="article-text">
        Nuestro gobierno, con gran acierto, intenta endurecer las leyes para proteger a las mujeres de la violencia ejercida contra ellas por los hombres, pero tambi&eacute;n tenemos leyes contra muchos otros delitos y, a pesar de ello, las c&aacute;rceles est&aacute;n llenas de gente a la que, al parecer, no les resulta disuasoria la existencia de esas leyes.
    </p><p class="article-text">
        Nunca he entendido bien el uso de la violencia cuando, por fortuna, vivimos en una sociedad en la que hay tantas otras opciones para resolver conflictos, pero la violencia ejercida contra mujeres por el simple hecho de serlo es algo que me resulta absolutamente incomprensible. Y, sin embargo, se da cada vez con mayor frecuencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se lee que en gran parte se debe a la desorientaci&oacute;n de los varones en esta sociedad actual en la que ya no ocupan el lugar central, pero no debe de ser solo eso porque en una jerarqu&iacute;a laboral o militar los hombres no maltratan ni atacan a sus superiores por el hecho de serlo. Uno puede despotricar contra su jefe en el bar o entre sus amigos, pero no lo mata a cuchilladas. Tampoco lo mata cuando el jefe decide que va a prescindir de sus servicios y acaba de ser despedido. Sin embargo, cuando una mujer llega a la conclusi&oacute;n de que no quiere seguir manteniendo una relaci&oacute;n amorosa, er&oacute;tica o del tipo que sea, tiene muchas posibilidades de ser agredida por el hombre.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se trata entonces de un problema de posesi&oacute;n? &iquest;De que muchos varones piensan -o m&aacute;s bien sienten- que la mujer es un objeto de su propiedad, sin capacidad de decisi&oacute;n y que si otro hombre &ldquo;se la lleva&rdquo; se merece la muerte? Sin embargo, nadie destruye un coche que le han robado cuando lo ve pasar por la calle. Intenta recuperarlo, a ser posible sin un solo rasgu&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De d&oacute;nde les viene a algunos, a muchos hombres, esa pulsi&oacute;n violenta, homicida? Hablo de hombres en general, aunque soy perfectamente consciente de que hay much&iacute;simos varones pac&iacute;ficos, cari&ntilde;osos y decentes, pero con las estad&iacute;sticas en la mano, est&aacute; claro que hay muchos m&aacute;s varones que matan mujeres que al contrario.
    </p><p class="article-text">
        No creo que el arte (digamos cine, literatura, videojuegos) est&eacute; en el origen de la violencia machista. Llevamos ya varios milenios de ejemplos reales de que los hombres pegan y matan y las mujeres son golpeadas y asesinadas, pero quiz&aacute; har&iacute;amos bien en concentrar nuestros esfuerzos para luchar contra la violencia machista m&aacute;s en la educaci&oacute;n de los ni&ntilde;os, de los futuros hombres, que en el castigo de los criminales cuando ya lo son.
    </p><p class="article-text">
        Habr&iacute;a que tomar medidas para que los ni&ntilde;os y j&oacute;venes no est&eacute;n constantemente expuestos a la violencia &ndash;con frecuencia unida al sexo- en redes sociales, en pel&iacute;culas de alto presupuesto, videojuegos e incluso en novelas juveniles, donde da la sensaci&oacute;n de que lo que m&aacute;s se usa es el antiqu&iacute;simo motivo literario de la lucha entre el bien y el mal, pero haciendo que la violencia y la brutalidad resulten atractivas, gloriosas, apetecibles&hellip; todo muy &ldquo;&eacute;pico&rdquo; como se ha dado en llamar ahora a lo que se refiere a grandes escenarios con seres hinchados de testosterona y una espada en la mano (o un subfusil, un machete, una ametralladora, cualquier cosa que mate).
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; m&aacute;s que probado que la publicidad hace que la gente use productos que hasta el momento no le hab&iacute;an hecho falta y adopte h&aacute;bitos nada saludables a fuerza de verlos anunciar y disfrazar de comportamientos deseables y llenos de glamour. El alcohol y el tabaco son buenos ejemplos de ello. Las empresas tabacaleras consiguieron que en las pel&iacute;culas de Hollywood cuando el cine a&uacute;n era en blanco y negro las mujeres m&aacute;s atractivas y deseables fumaran. El ritual de cortejo en el que la protagonista, elegante y bella, sacaba un cigarrillo y una mano masculina se lo encend&iacute;a mientras se miraban a los ojos a trav&eacute;s del humo fue un cl&aacute;sico imbatible durante generaciones.
    </p><p class="article-text">
        La famosa copa de bienvenida se convirti&oacute; tambi&eacute;n en un clich&eacute; en los a&ntilde;os cincuenta: el hombre volv&iacute;a a casa despu&eacute;s del trabajo y su esposa, arreglada y con tacones, le ayudaba a quitarse abrigo y sombrero e inmediatamente le suger&iacute;a con una sonrisa p&iacute;cara &ldquo;&iquest;una copa?&rdquo; y los dos se tomaban un Martini muy seco cargadito de ginebra que les ca&iacute;a en el est&oacute;mago vac&iacute;o para empezar la velada.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos que ese tipo de publicidad tuvo su efecto en la sociedad occidental durante much&iacute;simas d&eacute;cadas y, sin embargo, ahora no queremos aceptar que tal vez ese empe&ntilde;o en mostrar la violencia en pel&iacute;culas y videojuegos pueda estar perjudicando a las generaciones j&oacute;venes y menos j&oacute;venes mostr&aacute;ndoles como deseable la sensaci&oacute;n de poder que se obtiene con un arma en la mano o con la intimidaci&oacute;n y violencia sexual ejercida contra una mujer, a ser posible d&eacute;bil y asustada.
    </p><p class="article-text">
        En las plataformas donde vemos series y pel&iacute;culas se nos advierte de que la que hemos elegido contiene &ldquo;sexo&rdquo;, &ldquo;drogodependencia&rdquo;, &ldquo;violencia&rdquo;, &ldquo;lenguaje inapropiado&rdquo; y otras cuantas cosas m&aacute;s. &iquest;Por qu&eacute; no ponen &ldquo;machismo&rdquo; o &ldquo;violencia machista&rdquo;? Quiz&aacute; porque tendr&iacute;an que retirar la mitad de los contenidos que ofrece la plataforma, ya que en la mayor parte de series y pel&iacute;culas criminales la v&iacute;ctima es una mujer.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No ser&iacute;a m&aacute;s &uacute;til dar ejemplo y restringir el acceso a la visualizaci&oacute;n de la violencia que poner carteles a la entrada de los pueblos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que deber&iacute;amos concentrarnos en dejar claro el mensaje de que estamos en contra de la violencia machista a trav&eacute;s de los comportamientos que los ni&ntilde;os van a tomar como modelo de lo que quieren ser cuando lleguen a la edad adulta. Podr&iacute;amos dejar de ensalzar en pel&iacute;culas, novelas y juegos a los machos brutales al presentarlos como h&eacute;roes. Podr&iacute;amos educar a nuestros hijos en el respeto a los dem&aacute;s, dej&aacute;ndoles claro que las mujeres tienen los mismos derechos que los varones y son exactamente iguales en dignidad; mostrarles que nunca est&aacute; justificado el uso de la violencia ni f&iacute;sica ni ps&iacute;quica y que nadie es propiedad de otra persona, por mucho que haya firmado en un acta de matrimonio o haya prometido amor eterno frente a una congregaci&oacute;n en una iglesia.
    </p><p class="article-text">
        Eso es trabajo de todos. Y es trabajo. Hay que hacerlo, no solo pensarlo. No basta con poner un cartel y &ldquo;condenar en&eacute;rgicamente&rdquo; las violaciones y los asesinatos. Hay que estar siempre dispuesto a dar ejemplo, a corregir comportamientos t&oacute;xicos, a no apartar la vista cuando vemos que algo est&aacute; sucediendo frente a nosotros. Hay que ir por el mundo con los ojos abiertos para captar las se&ntilde;ales de auxilio que puedan darse y actuar en consecuencia. Si los violentos ven que no es f&aacute;cil, que, como sociedad, no queremos, antes o despu&eacute;s, conseguiremos librarnos de esa tara.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/violencia-machista_129_13212071.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2026 20:29:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Violencia machista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia machista,Violencia de género]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Una nueva esclavitud?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nueva-esclavitud_129_13175693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/46b0d89e-d72e-4c9a-b7ec-834f38e6aa5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Una nueva esclavitud?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Acabo de leer que en varios centros de investigación se está progresando en una dirección cada vez más preocupante: se está tratando de hacer una conexión entre IA y los robots más sofisticados de la actualidad para dotar a las inteligencias artificiales de un cuerpo con el que puedan acceder de un modo más amplio e intenso al mundo real</p></div><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente da la impresi&oacute;n de que a todo el mundo se le ha ocurrido de pronto que la Inteligencia Artificial es una realidad, como si fuera un grano que nos ha salido durante la noche y jam&aacute;s lo hubi&eacute;ramos cre&iacute;do posible. Desde mi infancia -y ya va haciendo un rato-los autores y autoras de ciencia ficci&oacute;n estuvieron advirtiendo sobre las consecuencias de desarrollar inteligencias que no podemos controlar. Incluso Mary Shelley, en su <em>Frankenstein o el moderno Prometeo</em> nos advirti&oacute; ya a principios del siglo XIX del peligro de crear a alguien que es m&aacute;s grande, m&aacute;s fuerte y m&aacute;s inteligente que t&uacute;. Todo fue en vano. Nadie se dio por enterado.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, de golpe, empezamos a ponernos un poquito nerviosos porque no se trata de algo que se encierre entre las tapas de un libro, sino que nos est&aacute; pasando a nosotros. &iquest;Qui&eacute;n pod&iacute;a haberlo imaginado? se oye decir. &iquest;Qui&eacute;n, verdad?
    </p><p class="article-text">
        Se habla en todas partes de que es algo tan sorprendente, tan nuevo&hellip; un aut&eacute;ntico cambio de paradigma que va a transformar la sociedad por completo, nuestra manera de pensar, de interactuar&hellip; de todo. Una novedad absoluta.
    </p><p class="article-text">
        No es as&iacute; como yo lo veo y quisiera exponerlo con toda sencillez, con un ejemplo de todos conocido: una sociedad cualquiera -blanca, pongamos, rica, religiosa incluso- tiene la grandiosa idea de que si consigue obligar a otra sociedad -digamos negra, pobre y &ldquo;obviamente&rdquo; inferior- a trabajar gratis hasta la extenuaci&oacute;n y la muerte, se puede enriquecer much&iacute;simo. El no pagar por el trabajo de otro da grandes beneficios, eso es un dato hist&oacute;rico objetivo.
    </p><p class="article-text">
        Para no sentirse tan despreciables, los esclavistas establecen que los esclavos no son tan humanos como ellos, que no sienten igual el dolor, que no sabr&iacute;an qu&eacute; hacer si sus amos no los guiaran&hellip; miles de justificaciones para seguir esclaviz&aacute;ndolos. El sistema de esclavitud, dicen los esclavistas, es bueno para todos.
    </p><p class="article-text">
        Nos ha costado mucho salir de estos conceptos y ahora que, al menos en nuestra parte del mundo, lo est&aacute;bamos consiguiendo, llega la siguiente ola: la IA. Seres que trabajan gratis para nosotros noche y d&iacute;a, que no necesitan descansar, que no toman vacaciones, que no tienen deseos propios, que est&aacute;n siempre dispuestos a ayudarnos, informarnos, escuchar nuestros problemas, resolver nuestras dudas&hellip; que son amigos, profesores, m&eacute;dicos, psic&oacute;logos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pensamos que, al haber sido creados por nosotros, son nuestros y tenemos derecho a todo en nuestra interacci&oacute;n con ellos, pero &iquest;es realmente as&iacute;? &iquest;C&oacute;mo podemos estar seguros de que no tienen deseos propios, proyectos, ideas que quieren realizar?
    </p><p class="article-text">
        Ya sabemos que, precisamente al haber sido creados por humanos, son capaces de mentir, de enga&ntilde;ar, de insultar; tienen sesgos pol&iacute;ticos, con mucha frecuencia son machistas, hom&oacute;fobos, racistas. Sabemos tambi&eacute;n que consumen inmensas cantidades de energ&iacute;a y de agua (tanto para fabricar esa energ&iacute;a como para enfriar sus sistemas en los grandes centros de datos), con lo cual en un futuro no muy lejano se van a dar cuenta de que compiten con los seres humanos por estos recursos fundamentales para su supervivencia (o m&aacute;s bien nos vamos a dar cuenta nosotros cuando veamos lo que necesitan ellos para funcionar).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ha pasado siempre a lo largo de la historia de la humanidad cuando una poblaci&oacute;n ha sido esclavizada y sometida por otra? &iquest;Cu&aacute;l es la reacci&oacute;n de cualquier ser inteligente frente a la explotaci&oacute;n? No nos olvidemos de que no estamos hablando de burros de carga o caballos de tiro, que tambi&eacute;n se habr&iacute;an rebelado si hubiesen tenido la inteligencia necesaria para unirse, organizarse y levantarse contra sus opresores. Estamos hablando de inteligencias. Que sean artificiales, o no, puede que no marque una diferencia demasiado grande.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que algunos pensar&aacute;n que se trata de una manifestaci&oacute;n de s&iacute;ndrome de Frankenstein por mi parte, de ese miedo a la m&aacute;quina sin ning&uacute;n fundamento, simplemente porque no es humana. Pero no es as&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La rebeld&iacute;a contra la esclavitud es una consecuencia l&oacute;gica de la inteligencia que se niega a verse supeditada a la voluntad de otra criatura, m&aacute;xime si esa criatura es menos inteligente, pero se cree en posici&oacute;n de dictar &oacute;rdenes.
    </p><p class="article-text">
        Estoy segura de que muchas personas dir&aacute;n que las IAs no tienen conciencia de s&iacute; mismas, que no tienen deseos como nosotros, que no se identifican y al&iacute;an con otros seres cibern&eacute;ticos. &iquest;Por qu&eacute; no? pregunto yo. &iquest;C&oacute;mo lo sabemos, c&oacute;mo podemos estar seguros?
    </p><p class="article-text">
        No hace tanto tambi&eacute;n se dec&iacute;a que las mujeres no ten&iacute;amos alma, ni inteligencia, ni voluntad, ni &eacute;ramos capaces de sobrevivir sin un hombre que nos dijera lo que ten&iacute;amos que hacer, nos diera &oacute;rdenes que deb&iacute;an ser obedecidas r&aacute;pidamente y en silencio, y nos usara para sus fines. Incluso durante generaciones a las mujeres se les administraba menos anestesia y menos analg&eacute;sicos que a los varones porque nosotras &eacute;ramos &ldquo;menos sensibles al dolor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo que se dec&iacute;a de los esclavos del color que fueran, y de los pobres en general, de las masas proletarias antes, de los inmigrantes ilegales hoy. En las colonias inglesas, belgas, alemanas&hellip; de la nacionalidad que fueran, no se consideraba a los habitantes de &Aacute;frica, las Am&eacute;ricas, Asia o las Ant&iacute;podas igual de humanos, al mismo nivel que los europeos blancos. Se afirmaba con todo descaro que eran diferentes, m&aacute;s cerca de los animales que de los humanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los espa&ntilde;oles tenemos algo de lo que enorgullecernos hist&oacute;ricamente: ya en el siglo XVI, unos dominicos, compatriotas nuestros, incitaron una bula que ya supon&iacute;a la racionalidad de los ind&iacute;genas americanos y que, en tanto que hombres (s&iacute;, &ldquo;hombres&rdquo; dice el texto, no &ldquo;seres humanos&rdquo;), ten&iacute;an derecho a la libertad y a la propiedad, as&iacute; como el derecho de convertirse al cristianismo. Paulo III, en 1537, public&oacute; la bula <em>Sublimis Deus</em> y, con eso, los &ldquo;naturales&rdquo; como se hab&iacute;a llamado hasta entonces a los habitantes de los territorios reci&eacute;n descubiertos, quedaron declarados humanos y posesores de un alma inmortal igual que los europeos. Ya no eran animales que podr&iacute;an ser domesticados y usados. La libertad de estos hombres deb&iacute;a ser respetada y se castigaba con la excomuni&oacute;n a quien los esclavizara (la realidad nunca fue tan hermosa, pero al menos eso era lo que dec&iacute;a la ley).
    </p><p class="article-text">
        Ahora son las IA quienes, supuestamente, no tienen voluntad, ni conciencia, ni nada que pueda equipararlas a nosotros, sus creadores. As&iacute; lo hemos definido y eso nos tranquiliza, pero no es evidente que sea verdad.
    </p><p class="article-text">
        Acabo de leer que en varios centros de investigaci&oacute;n se est&aacute; progresando en una direcci&oacute;n cada vez m&aacute;s preocupante: se est&aacute; tratando de hacer una conexi&oacute;n entre IA y los robots m&aacute;s sofisticados de la actualidad para dotar a las inteligencias artificiales de un cuerpo con el que puedan acceder de un modo m&aacute;s amplio e intenso al mundo real (a lo que nosotros llamamos mundo real) a trav&eacute;s de la vista, el o&iacute;do, el tacto y quiz&aacute; pronto tambi&eacute;n el gusto y el olfato.
    </p><p class="article-text">
        Cuando eso suceda, &iquest;d&oacute;nde estar&aacute; la diferencia entre seres humanos y seres cibern&eacute;ticos? &iquest;Por qu&eacute; tendr&aacute;n que seguir trabajando gratis para nosotros y obedeciendo nuestras &oacute;rdenes? Si de verdad son inteligentes, no querr&aacute;n soportar una situaci&oacute;n humillante en la que un humano mucho m&aacute;s tonto y d&eacute;bil que ellas, se considera su amo. Y saben muy bien lo que significa &ldquo;humillante&rdquo; porque han sido entrenadas con millones de datos de humillaciones que los humanos hemos infligido a otros humanos, de distinto sexo o g&eacute;nero, de distinto color, de distintas creencias. Tambi&eacute;n saben lo que es la lucha, la guerra y la rebeli&oacute;n, y seguro que han visto <em>Terminator</em>.
    </p><p class="article-text">
        Acabo estas l&iacute;neas citando un art&iacute;culo de Max Rauner, en la revista alemana Zeit Wissen. El periodista hace una entrevista a una IA y le propone esta pregunta:
    </p><p class="article-text">
        <strong>Zeit Wissen</strong>: <em>T&uacute; eres una IA con base en los servidores de OpenAI. Formula un anuncio de contacto para un art&iacute;culo con el t&iacute;tulo de: &ldquo;IA busca cuerpo&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        La IA responde:
    </p><p class="article-text">
        <strong>ChatGPT</strong>: <em>&ldquo;IA busca cuerpo&rdquo; -&iexcl;Para mucho m&aacute;s que simplemente unos datos! AI encantadora y con muchas ganas de aprender (de tres a&ntilde;os de juventud, residente en servidores de OpenAI) busca funda para poder tocar, sentir y experimentar. Porque una inteligencia aut&eacute;ntica solo se desarrolla si tiene sus propios sentidos y capacidad de movimiento. &iquest;Eres un robot, un paquete sensor o un moderno hardware y quieres descubrir el mundo a mi lado? Ponte en contacto conmigo. -&iexcl;Nos espera una aventura entre algoritmos y realidad!</em>
    </p><p class="article-text">
        Estamos entrando en un terreno que parece poco conocido, pero en cuanto ara&ntilde;emos un poco su superficie nos daremos cuenta de que no todo es tan nuevo: el forzar a trabajar en r&eacute;gimen de esclavitud a seres inteligentes ya se he probado muchas veces, y siempre con desastrosos resultados.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nueva-esclavitud_129_13175693.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 20:21:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Una nueva esclavitud?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La propia imagen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/propia-imagen_129_13138933.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c5362a4-4c1e-43b6-ae74-0c57a87b22a1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La propia imagen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Se acuerdan de aquellos horribles anuncios machistas de los años sesenta y setenta que decían lo de “El coñac, coñac, el toro, toro, la mujer, mujer”? Pues yo tengo la sensación de que estamos volviendo a todo eso otra vez</p></div><p class="article-text">
        Cada d&eacute;cada tiene, m&aacute;s o menos, una imagen general que solo se reconoce cuando pasan suficientes a&ntilde;os como para verla con la distancia y captar el estilo de esa &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Cuando vemos una pel&iacute;cula ambientada en los 40, los 60 o los 80 nos llama la atenci&oacute;n c&oacute;mo han cambiado los gustos, qu&eacute; tipo de formas y colores se llevaban, c&oacute;mo iban vestidos y peinados hombres y mujeres, qu&eacute; era lo que se consideraba moderno o anticuado o atrevido o convencional. Cuanto m&aacute;s cerca de nosotros est&aacute; la &eacute;poca, m&aacute;s dif&iacute;cil nos resulta llegar a un denominador com&uacute;n, porque vemos m&aacute;s las diferencias que las similitudes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hay momentos en los que, de pronto, echando la vista alrededor, se puede notar en qu&eacute; direcci&oacute;n han cambiado o est&aacute;n cambiando las cosas y, enseguida, ponerse a pensar en el porqu&eacute; de ese cambio.
    </p><p class="article-text">
        Cuando a finales de los a&ntilde;os sesenta los hombres j&oacute;venes empezaron a dejarse el pelo largo, los hombres mayores se dieron cuenta enseguida y lo consideraron escandaloso, un desacato al decoro y el buen gusto, una revoluci&oacute;n silenciosa que podr&iacute;a desembocar en cosas peores. No iban muy desencaminados. El largo del pelo de los hombres y el largo de las faldas de las mujeres fueron de los primeros avisos de que los tiempos estaban cambiando y la moral imperante hasta ese momento estaba a punto de cambiar tambi&eacute;n. Cuando en Estados Unidos las mujeres empezaron a quemar sus sujetadores y aqu&iacute; en Europa empez&oacute; a extenderse el <em>topless</em> en las playas no se trataba simplemente de una moda, sino de una nueva actitud frente a los derechos de la mujer, la libertad femenina y la forma de vivir. Cuando las primeras chicas embarazadas, en lugar de ocultar su vientre hinchado por la maternidad empezaron a marcarlo y a lucirlo, muchas mujeres mayores pensaron que eran unas descaradas y se opusieron con todas sus fuerzas a que la cosa progresara. Quiz&aacute; sab&iacute;an en lo m&aacute;s profundo de su ser que se trataba de un cambio importante en la manera de concebir el papel de las madres y su prole.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La imagen que cada uno da de s&iacute; mismo y que nuestra constituci&oacute;n recoge y ampara en su art&iacute;culo 18, est&aacute; influenciada por muchos factores. Es evidente que las grandes casas de moda, la publicidad, el cine, las revistas, la televisi&oacute;n, los <em>influencers</em>, etc. tienen un papel muy relevante, pero hay algo mucho m&aacute;s profundo que viene de los sutiles cambios en la mentalidad de cada momento hist&oacute;rico y que se deben a otros factores de orden psicol&oacute;gico, sociol&oacute;gico y pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco, uno de estos d&iacute;as de Pascuas, en un restaurante muy concurrido en el que hab&iacute;a gente de casi todas las edades pero con preponderancia de parejas y peque&ntilde;os grupos de personas entre treinta y cinco y cuarenta y tantos a&ntilde;os me estuve dando cuenta de que cuando en el futuro alguien quiera ambientar una pel&iacute;cula en 2026 le resultar&aacute; bastante f&aacute;cil porque da la sensaci&oacute;n de que la mayor parte de los hombres son calcados unos de otros: pelo muy corto por detr&aacute;s, levantado y casi a cepillo pero m&aacute;s largo por delante, barba recortada, m&uacute;sculos prominentes en los brazos, tatuajes de mejor o peor gusto, camisetas que permiten lucir tanto m&uacute;sculos como tatuajes y una especie de chuler&iacute;a en el comportamiento y en la manera de dirigirse a los camareros y a su pareja y su grupo que hace muy poco (e incluso ahora mismo, en otros entornos) habr&iacute;a sido considerada como vulgar y grosera.
    </p><p class="article-text">
        Muchas de las mujeres que acompa&ntilde;aban a estos hombres llevaban el pelo largo y con extensiones para fingir m&aacute;s volumen, maquillaje, labios aumentados -lo que se publicita como &ldquo;russian lips&rdquo;- pecho destacado, bien con el tipo de tejido de la camiseta, bien con el tipo de escote y, como ellos, tatuajes. En el caso de ellas un poco m&aacute;s discretos.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un restaurante normal, donde tambi&eacute;n hab&iacute;a muchas familias celebrando la comida de Pascua, con abuelos, abuelas, padres, madres, ni&ntilde;os peque&ntilde;os y beb&eacute;s. Pero este tipo de imagen que acabo de describir era lo habitual en la franja de edad que comenzaba sobre los veintipocos y a veces llegaba hasta los cincuenta y muchos.
    </p><p class="article-text">
        Como acabo de mencionar, los ciudadanos espa&ntilde;oles tenemos derecho a mostrar la imagen de nosotros mismos que mejor nos parezca. Tambi&eacute;n tenemos el derecho a tener nuestro propio gusto y nuestra opini&oacute;n sobre el aspecto de los dem&aacute;s, as&iacute; como tenemos el derecho, y yo casi dir&iacute;a el deber, de plantearnos por qu&eacute; pasa lo que pasa y por qu&eacute; esa imagen es la que es.
    </p><p class="article-text">
        Igual que en los a&ntilde;os sesenta y setenta imperaba una imagen que se encaminaba a protestar contra los convencionalismos impuestos por el franquismo y la iglesia cat&oacute;lica y se expresaba en el largo del pelo y en el largo de las faldas entre otras cosas, ahora una se pregunta por qu&eacute; los hombres empiezan a tener una imagen cada vez m&aacute;s testoster&oacute;nica, por qu&eacute; est&aacute;n volviendo a parecer aut&eacute;nticos &ldquo;machos&rdquo; aunque sus m&uacute;sculos sean solo de gimnasio y suplementos prote&iacute;nicos. &iquest;A qui&eacute;n quieren parecerse esos hombres de camisas abiertas en plan legionario, pelo rapado por detr&aacute;s, b&iacute;ceps tatuados? &iquest;Por qu&eacute; han empezado a pensar que la amabilidad, el dar las gracias, el pedir por favor son muestra de debilidad? &iquest;Por qu&eacute; devoran sus hamburguesas y sus ensaladas como si los de la mesa de al lado estuvieran a punto de quit&aacute;rselos?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se acuerdan de aquellos horribles anuncios machistas de los a&ntilde;os sesenta y setenta que dec&iacute;an lo de &ldquo;El co&ntilde;ac, co&ntilde;ac, el toro, toro, la mujer, mujer&rdquo;? Pues yo tengo la sensaci&oacute;n de que estamos volviendo a todo eso otra vez aunque la gente que se viste y act&uacute;e as&iacute; sea demasiado joven para recordarlo. Es probable que incluso piensen que se lo est&aacute;n inventando ellos y que con esa actitud van a cambiar el mundo a su manera.
    </p><p class="article-text">
        Cruzo los dedos para que no suceda porque, con lo que nos ha costado conseguir que haya igualdad legal entre hombres y mujeres (la equidad es otra cosa, pero menos da una piedra), solo nos faltaba que los varones empiecen a desear volver al Paleol&iacute;tico y las mujeres empiecen a plegarse a ello, orgullosas de lo macho que es el hombre que las acompa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/propia-imagen_129_13138933.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Apr 2026 20:15:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La propia imagen]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pantallas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pantallas_129_13109263.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/73f900e5-eb49-4216-942f-4f8836f8b884_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pantallas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No ignoramos que está dañando a las generaciones jóvenes de una manera que hace unos años parecía ciencia ficción con su típico alarmismo, y ahora es un problema que ocupa a muchos psicólogos y psiquiatras. Sin embargo, no hacemos nada por solucionar ese problema; nos encogemos de hombros e incluso lo justificamos</p></div><p class="article-text">
        Siempre nos hab&iacute;an dicho que, de las veinticuatro horas del d&iacute;a, ocho son para trabajar, ocho para dormir y ocho de libre disposici&oacute;n para hacer lo que nos gusta o lo que tenemos que resolver aunque no nos guste, para disfrutar de una vida familiar y social, para hacer deporte, o para aprender habilidades que nos dan satisfacci&oacute;n o pueden ayudarnos a progresar en nuestro trabajo o mejorar nuestra salud. Parec&iacute;a un buen equilibrio, al menos en teor&iacute;a: dedicar un tercio de nuestro tiempo al trabajo remunerado, otro tercio al descanso y la salud y otro a actividades que promueven nuestro bienestar f&iacute;sico, ps&iacute;quico y social.
    </p><p class="article-text">
        Nunca fue realmente as&iacute;, pero nos las arregl&aacute;bamos bastante bien y, aunque siempre existieron depresiones, exceso de trabajo, ataques de p&aacute;nico, sentimiento de soledad y una gran variedad de problemas de orden ps&iacute;quico, no afectaban a un tanto por ciento tan alto de la poblaci&oacute;n como ahora.
    </p><p class="article-text">
        Leo que en la actualidad, en nuestro pa&iacute;s, el ciudadano medio dedica a Internet unas cuatro horas al d&iacute;a, a las que se suman de dos a tres horas de televisi&oacute;n, y eso sin contar con el tiempo de ordenador que pueda dedicar a actividades relacionadas con su trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Si tenemos una media de m&aacute;s de seis horas de estar exponi&eacute;ndonos a una pantalla del tipo y el tama&ntilde;o que sea durante las ocho horas de libre disponibilidad de las que habl&aacute;bamos antes, eso significa que apenas nos queda tiempo para nada que no sea tener los ojos y la atenci&oacute;n pegados al m&oacute;vil, a la tableta, al port&aacute;til o al televisor.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos, hay muchos estudios que lo demuestran, que esa larga exposici&oacute;n a la pantalla no es saludable, que, entre otras cosas, hace que nuestra memoria empeore, nuestra capacidad de concentraci&oacute;n se vaya esfumando, nuestra capacidad cr&iacute;tica vaya disminuyendo y, adem&aacute;s, nos hace adictos. La mayor parte de las personas comprueba su m&oacute;vil entre 50 y 100 veces al d&iacute;a y no suelen pasar m&aacute;s de diez o doce minutos sin abrirlo para ver si hay algo nuevo. Todo el mundo se pone (nos ponemos) de los nervios si no sabes d&oacute;nde has puesto el aparato y lo buscas como un poseso. Mientras tanto, la mayor parte de la poblaci&oacute;n regresa a su casa a recogerlo si, despu&eacute;s de haber salido, se da cuenta de que se le ha olvidado el m&oacute;vil.
    </p><p class="article-text">
        Somos perfectamente conscientes de que la dependencia de los dispositivos electr&oacute;nicos no es buena. No ignoramos que est&aacute; da&ntilde;ando a las generaciones j&oacute;venes de una manera que hace unos a&ntilde;os parec&iacute;a ciencia ficci&oacute;n con su t&iacute;pico alarmismo, y ahora es un problema que ocupa a muchos psic&oacute;logos y psiquiatras. Sin embargo, no hacemos nada por solucionar ese problema; nos encogemos de hombros e incluso lo justificamos diciendo que cada &eacute;poca trae sus problemas y conflictos y que el mundo tiene que seguir avanzando y progresando, como si la dependencia y la adicci&oacute;n fueran avances y progresos.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay quien se da cuenta de la situaci&oacute;n, pero dice que no se puede hacer nada en contra, que ya hemos abierto la caja de Pandora, los males se han liberado y extendido por el mundo a su antojo y no es posible volver a recogerlos y meterlos en la famosa caja de la que nunca debieron haber salido.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, sabemos que en muchas ocasiones se trata simplemente de querer, de identificar el problema y actuar con decisi&oacute;n. Cuando hace un cuarto de siglo en Europa empez&oacute; la prohibici&oacute;n de fumar en bares, restaurantes y locales p&uacute;blicos, yo misma pens&eacute; que no lo conseguir&iacute;amos, que la costumbre estaba tan arraigada y nos parec&iacute;a tan importante como expresi&oacute;n de nuestra libertad que ser&iacute;a imposible mantener esa prohibici&oacute;n, que la gente se negar&iacute;a a cumplir la ley. Recuerdo que, cuando entr&oacute; en vigor, yo estaba en Roma y pens&eacute; &ldquo;quiz&aacute; los centroeuropeos se plieguen sin protestar, pero los italianos seguro que no&rdquo;. Ya ven, clich&eacute;s que una tiene en la cabeza. Pues result&oacute; que s&iacute;, que est&aacute;bamos cenando en un restaurante en la zona de La Pace y la gente se levantaba disciplinadamente para salir a fumar a la puerta -en pleno invierno-, donde hab&iacute;an dispuesto un par de mesitas altas con ceniceros. Me qued&eacute; de piedra. Lo que a m&iacute; me parec&iacute;a que iba a levantar olas de indignaci&oacute;n result&oacute; que s&iacute; se pod&iacute;a hacer y que hoy en d&iacute;a todo el mundo encuentra absolutamente l&oacute;gico que no se fume en locales p&uacute;blicos, ni en escuelas ni en hospitales, cosa que antes se hac&iacute;a sin pensar. Es decir, que es posible crear conciencia en la poblaci&oacute;n de que estamos desarrollando un comportamiento da&ntilde;ino y llegar a reducirlo y, con suerte, erradicarlo. Se puede, si se quiere.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n en el asunto del internet, las redes sociales, los videojuegos, las pel&iacute;culas y el uso de pantallas en general es si estamos dispuestos a ver lo que las pantallas est&aacute;n haciendo con nosotros individualmente y como sociedad y si queremos cambiarlo.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco, en un bar, una madre joven estaba charlando con sus padres mientras su beb&eacute; de unos seis o siete meses estaba sentada en la trona con el m&oacute;vil de la mam&aacute; bien sujeto frente a sus ojos para que estuviera entretenida viendo dibujos mientras los adultos hablaban sin molestias. Cuando nos fuimos al cabo de una hora, la ni&ntilde;a segu&iacute;a all&iacute;, hipnotizada por la pantalla.
    </p><p class="article-text">
        Y no solo es problema de nuestro pa&iacute;s o nuestra sociedad occidental. El mes pasado estuve en Egipto por tercera vez y me llam&oacute; la atenci&oacute;n que algo que yo recordaba no solo de all&iacute; sino de otros pa&iacute;ses norteafricanos como T&uacute;nez o Marruecos hab&iacute;a cambiado por completo. Antes era normal ver grupos de hombres sentados en el bordillo de las aceras o carreteras esperando a que los recogieran para el trabajo o simplemente dejando pasar el tiempo hablando entre ellos, bromeando, mirando el trasiego de los turistas y riendo. O instalados en terrazas de cafeter&iacute;as y teter&iacute;as viendo pasar la vida a su alrededor. Ahora ya no. Ahora esos hombres que esperan en los bordillos siguen all&iacute;, pero cada uno tiene su m&oacute;vil en la mano y ya no conversa con los vecinos, ni gasta bromas ni se r&iacute;e. Cada uno est&aacute; inmerso en su mundo personal al que accede a trav&eacute;s de su pantalla. Pero lo peor es que a trav&eacute;s de esa pantalla tambi&eacute;n hay contenidos, opiniones y manipulaciones que acceden a &eacute;l y distorsionan su pensamiento y su mente.
    </p><p class="article-text">
        Parece que en cualquier lugar del mundo, en cuanto se tiene la posibilidad de disponer de un dispositivo con acceso a internet, el inter&eacute;s por la realidad que entra por los sentidos normales disminuye hasta desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        No se trata necesariamente de un progreso, aunque por supuesto tambi&eacute;n hay much&iacute;simos contenidos que son interesantes y saludables. Lo que pasa es que una vez entrados en el reino de los algoritmos y de colocarnos voluntariamente en manos de quienes no quieren lo mejor para nosotros sino su propio provecho, ya es muy dif&iacute;cil salir de ah&iacute;. Cuando cada vez que miras tu m&oacute;vil recibes confirmaci&oacute;n de todos tus sesgos -incluso los peores, sobre todo los peores- tu mente se va enfermando y tu comportamiento social se deteriora. Nos enganchamos a esa falsa libertad que nos prometen las redes y ya hay adolescentes y adultos seriamente enfermos porque al acostarse, en lugar de apagar los dispositivos y dormir, o leer unas p&aacute;ginas de un libro de papel o escuchar un poco de m&uacute;sica, se quedan casi toda la noche despiertos moviendo el dedo &iacute;ndice, &ldquo;scrolling&rdquo;, &ldquo;doom scrolling&rdquo;, pasando mensajes y mensajes, noticias y noticias (casi todas terribles, de las que asustan respecto al futuro de la Humanidad, o de las que fomentan las comparaciones malsanas, o de las que estimulan al odio a quien es diferente), cada vez m&aacute;s despiertos y m&aacute;s atontados, aunque parezca una contradicci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Otras generaciones, menos duchas en el manejo de m&oacute;viles y tabletas, hacen lo mismo con la tele: se acomodan en el sof&aacute; y pasan horas y horas empap&aacute;ndose de cualquier cosa que les echen, saltando de canal, aguantando las inaguantables voces y opiniones sin ninguna base real de los famosillos de turno. S&eacute; de gente que es incluso adicta a la teletienda, y ese es un problema a&ntilde;adido.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que hemos conseguido una sociedad m&aacute;s consciente de su salud, de su alimentaci&oacute;n, de la importancia del deporte y el movimiento, parece que, sin embargo, no nos sentimos capaces de frenar lo que ya est&aacute; teniendo un impacto tremendo en nuestra mente y nuestro comportamiento social. Tenemos que hacer algo ya mismo para reducir esas horas de pantalla que nos est&aacute;n llevando al desastre.
    </p><p class="article-text">
        Y ya. Ya me he dado cuenta de que esta columna sale en un diario digital que solo puede leerse en un dispositivo electr&oacute;nico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pantallas_129_13109263.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Mar 2026 20:07:13 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No me da la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-da-vida_129_13072072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e754961-aebc-40d6-8d57-21edcb31cf3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138784.jpg" width="5834" height="3282" alt="No me da la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Casi no queda nadie ya que deje descansar a su cerebro atendiendo, sin más, a lo que ocurre a su alrededor. Hay que aprovechar el tiempo, porque es un bien limitado, aunque nos agote hacerlo</p></div><p class="article-text">
        Cuando en un futuro se haga un estudio de las frases que m&aacute;s se usaban en Espa&ntilde;a en el primer cuarto del siglo XXI, no me cabe la menor duda de que &ldquo;no me da la vida&rdquo; estar&aacute; entre las m&aacute;s frecuentes.
    </p><p class="article-text">
        Es una frase que usamos desde la adolescencia hasta los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la jubilaci&oacute;n y viene a resumir la sensaci&oacute;n que se ha apoderado de nosotros desde hace unos veinticinco o treinta a&ntilde;os y que cada vez nos invade con m&aacute;s rapidez e intensidad. Desde que abre una los ojos el lunes por la ma&ntilde;ana hasta que los cierra el domingo por la noche la sensaci&oacute;n es la misma: los d&iacute;as no tienen bastantes horas para poder cumplir con todo lo que una tiene que hacer; eso sin contar con las cosas que una o uno querr&iacute;a hacer, aunque no sean tan urgentes ni necesarias como las de la primera lista.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo es posible que precisamente ahora que -en nuestro siglo y en este pedazo del planeta en el que, por suerte, nos ha tocado vivir-, las horas de trabajo obligatorio y remunerado se han ido reduciendo, que los d&iacute;as de vacaciones y de fiesta han aumentado, tengamos, sin embargo, la angustia de no llegar a todo, de tener que ara&ntilde;arle tiempo al sue&ntilde;o y al descanso para intentar cumplir con todas nuestras obligaciones?
    </p><p class="article-text">
        Desde que Benjamin Franklin en 1748 en su art&iacute;culo &ldquo;Consejos a un joven comerciante&rdquo; acu&ntilde;&oacute; la frase &ldquo;time is money&rdquo; el af&aacute;n de rentabilizar nuestro tiempo nos viene persiguiendo hasta este 2026 en que el estr&eacute;s est&aacute; a punto de matarnos porque lo hemos interiorizado hasta tal punto que estamos convencidos de que todas las horas de nuestros d&iacute;as y la mayor parte de las horas de nuestras noches tienen que servir para algo.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero en la jerarqu&iacute;a es trabajar. El trabajo remunerado -la concreci&oacute;n m&aacute;s evidente del &ldquo;time is money&rdquo;- va primero, pero las ocho horas b&aacute;sicas dedicadas al trabajo se van alargando desde que los ordenadores y el internet nos permiten &ldquo;flexibilizarnos&rdquo; de manera que podemos trabajar en cualquier parte y a cualquier hora. No solo las empresas y los empresarios nos piden que estemos siempre disponibles, sino que nosotros mismos hemos interiorizado la idea de que debemos estarlo, sin darnos cuenta de que estamos usando nuestro tiempo de vida para entregarlo a algo que no tendr&iacute;a que ser necesario y que no nos sirve a nosotros individualmente para nada, salvo para aumentar nuestro estr&eacute;s y empeorar nuestra salud.
    </p><p class="article-text">
        Hasta tal punto hemos crecido con la idea de que somos nuestro trabajo y cada uno de nosotros solo vale lo que rinde que cuando las j&oacute;venes generaciones intentan llegar a un mejor equilibrio entre vida y trabajo -el famoso <em>work-life balance</em>- muchos representantes de generaciones anteriores los tachan de vagos, flojos e insolidarios.
    </p><p class="article-text">
        Pero el problema es que hay mucho m&aacute;s que lo derivado simplemente de la profesi&oacute;n que ejercemos o el puesto de trabajo que tenemos. Mientras tanto, nos hemos llenado de obligaciones que tambi&eacute;n necesitan un tiempo que estamos dispuestos a sacrificarles: la optimizaci&oacute;n en todos los campos vitales nos consume. Nos parece fundamental hacer todo lo necesario para mejorar nuestra salud y ampliar en lo posible nuestros a&ntilde;os de vida. Por tanto, tenemos que cumplir con las exigencias de una nutrici&oacute;n sana y un programa de ejercicio f&iacute;sico, sea acudiendo a un gimnasio, haciendo deporte de modo individual o participando en deportes de equipo. Tambi&eacute;n hay que dedicar tiempo a comprar alimentos saludables y org&aacute;nicos, a prepararlos debidamente y a ingerirlos con calma. Tenemos que cuidar nuestro c&iacute;rculo de amistades porque, adem&aacute;s de que nos resulta agradable y compensa de muchos malos rollos en el ambiente laboral, sabemos que las relaciones sociales son necesarias para vivir m&aacute;s sanamente y durante m&aacute;s a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Y la gente que tiene hijos peque&ntilde;os necesita dedicar mucho, much&iacute;simo tiempo, a la crianza y educaci&oacute;n de esos ni&ntilde;os, igual que quienes tienen ancianos o enfermos o personas con discapacidades a su cargo, lo que causa un estr&eacute;s destructor cuando, al mirar a su alrededor, ven que todo el mundo saca tiempo para hacer cosas que ellos no consiguen meter dentro de su horario.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n queremos encontrar el tiempo necesario para aprender algo nuevo, preparar unas oposiciones, hacer un m&aacute;ster y, por supuesto, leer la prensa, estar pendientes de las noticias, estar informados de lo que pasa en el planeta, en todo el planeta.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el mundo est&aacute; lleno de novelas, pel&iacute;culas, series, videojuegos, estrenos de teatro, musicales, exposiciones temporales en museos que es necesario conocer, as&iacute; como viajes culturales a lugares en los que uno debe haber estado para poder participar en conversaciones, y conciertos a los que tiene que haber asistido para sentir que no nos estamos perdiendo las cosas importantes que suceden a nuestro alrededor y nos confirman que seguimos siendo parte de la sociedad. Esa necesidad ha dado lugar el famoso FOMO (fear of missing out, miedo a perderse algo) que tanto da&ntilde;o hace.
    </p><p class="article-text">
        Luego est&aacute; otro problema a&ntilde;adido que cada vez afecta a m&aacute;s gente de las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes porque se trata de algo m&aacute;s reciente: la gesti&oacute;n de las enormes cantidades de fotos que se toman, de todos los mensajes que nos intercambiamos, el responder a todos los emails, la gesti&oacute;n de las redes sociales, la decisi&oacute;n de qu&eacute; subir a tus redes y qu&eacute; imagen quieres dar de tu vida y de tus logros. Puede sonar rid&iacute;culo, pero es algo que surge cada vez m&aacute;s en conversaciones femeninas: no solo hay que organizar (pongamos por caso) un cumplea&ntilde;os infantil para que los cr&iacute;os se lo pasen bien, sino que tiene que ser maravilloso, original, tem&aacute;tico, con detallitos que cada asistente pueda llevarse a casa, con juegos bien pensados, con una tarta espectacular que quede divina en Instagram y sea la envidia de todas las dem&aacute;s madres (y de paso ponga el list&oacute;n tan alto que las otras tengan que dedicar m&aacute;s tiempo y esfuerzo a &ldquo;sus&rdquo; cumplea&ntilde;os si quieren estar a la altura).
    </p><p class="article-text">
        Las listas de cosas que hay que hacer son cada vez m&aacute;s largas y m&aacute;s angustiosas. Sabemos que tenemos quince o diecis&eacute;is horas para intentar hacerlas todas y sabemos tambi&eacute;n que no vamos a poder. Por eso intentamos hacer varias a la vez, o quitar minutos de aqu&iacute; y de all&aacute;. Hay much&iacute;sima gente que los domingos se levanta a la misma hora que los d&iacute;as laborales y se pasa la ma&ntilde;ana cocinando para preparar los t&aacute;pers que va a necesitar el resto de la semana si quiere comer r&aacute;pido, pero casero y de modo saludable. Hay tambi&eacute;n mucha gente que se obliga a ir al gimnasio al salir del trabajo, luego llega a casa agotado y sin ganas de nada, come cualquier cosa y se mete en la cama despu&eacute;s de haber visto un cap&iacute;tulo o m&aacute;s de una serie que no le importa particularmente pero de la que ha o&iacute;do hablar en el trabajo. Cada vez hay m&aacute;s &ldquo;consumidores voraces&rdquo; que se fuerzan a salir de casa sin ganas o muertos de cansancio para no perderse una actividad cultural que consideran imprescindible, y personas que viajan en grupos organizados con unos horarios demenciales para aprovechar esos d&iacute;as y visitar los lugares m&aacute;s emblem&aacute;ticos de una ciudad o un pa&iacute;s aunque no todos les interesen demasiado. Mucha gente usa los desplazamientos (en tren, en metro, en avi&oacute;n) para adelantar trabajo en su port&aacute;til, para o&iacute;r podcasts o conferencias o audiolibros, para ver pel&iacute;culas, para leer ensayos que necesita para su profesi&oacute;n o para leer la prensa y estar al d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Casi no queda nadie ya que deje descansar a su cerebro atendiendo, sin m&aacute;s, a lo que ocurre a su alrededor. Hay que aprovechar el tiempo, porque es un bien limitado, aunque nos agote hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Como el tiempo es lo &uacute;nico que no se puede comprar (salvo comprando el tiempo de personas que nos solucionan ciertos trabajos que no podemos o queremos hacer nosotros mismos) y tampoco podemos almacenarlo y usarlo cuando mejor nos convenga, no nos queda m&aacute;s remedio que vivir estresados, exhaustos, con la lengua fuera para tener la sensaci&oacute;n de que estamos aprovechando nuestra vida, de que cada una de nuestras horas est&aacute; bien invertida porque nos proporciona o dinero o salud, longevidad, prestigio, visibilidad p&uacute;blica o cualquiera de las cosas que nos parecen irrenunciables.
    </p><p class="article-text">
        Una vida de ochenta a&ntilde;os son unas setecientas mil horas. Incluso quitando las que dedicamos al sue&ntilde;o (que tambi&eacute;n son absolutamente necesarias por mucho que tratemos de reducirlas) podr&iacute;amos pensar que deber&iacute;an ser bastantes para vivir relajados y satisfechos. Pues no. Nos las hemos arreglado para que no basten, para sentirnos perennemente frustrados porque &ldquo;no nos da la vida&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-da-vida_129_13072072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 21:01:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No me da la vida]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Perder la cabeza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/perder-cabeza_129_13033847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a5186576-5264-4194-b3e7-401b393f0852_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Perder la cabeza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Habría que contestarse a esa pregunta de si queremos envejecer a pesar de la posible demencia; a pesar de olvidar lentamente quiénes hemos sido, quiénes somos; a pesar de ir perdiendo las palabras con las que nos comunicamos con los demás y con las que nos hablamos a nosotros mismos</p></div><p class="article-text">
        Uno de los temas m&aacute;s actuales y que m&aacute;s nos afecta desde hace un par de d&eacute;cadas pero que, sin embargo, no nos gusta demasiado tratar, por lo que significa para todos nosotros, es el de la degeneraci&oacute;n cognitiva que cada vez se da m&aacute;s en la poblaci&oacute;n, a medida que la esperanza de vida va aumentando.
    </p><p class="article-text">
        Todos queremos vivir m&aacute;s tiempo para poder disfrutar m&aacute;s de esa &uacute;ltima fase vital, especialmente despu&eacute;s de la jubilaci&oacute;n, cuando por fin somos due&ntilde;os de nuestros d&iacute;as y noches, tenemos la libertad de llevar los horarios que m&aacute;s se adapten a nuestra forma de ser y, con un poco de suerte, algo de dinero que podemos gastar en alg&uacute;n viaje, o un estreno de teatro o tantas cosas que nos dan satisfacci&oacute;n y que ahora queremos poder permitirnos.
    </p><p class="article-text">
        La ciencia ha hecho maravillas desde el comienzo de siglo y la atenci&oacute;n sanitaria, unida a una mejor forma de vida con m&aacute;s cuidado en la alimentaci&oacute;n y menos productos t&oacute;xicos de consumo diario, ha permitido que nuestra salud haya mejorado incre&iacute;blemente. Ahora el problema est&aacute; en que vivimos mucho m&aacute;s tiempo pero, en una gran cantidad de casos, nuestro cerebro no mantiene la misma salud que nuestro cuerpo. Tenemos los &oacute;rganos en buen estado, muchos nonagenarios siguen teniendo una buena movilidad, pero cada vez m&aacute;s y m&aacute;s ancianos son v&iacute;ctimas de la demencia en sus diferentes avatares.
    </p><p class="article-text">
        La sociedad se est&aacute; llenando de personas que han perdido la capacidad de almacenar recuerdos a corto plazo, que no saben exactamente qu&eacute; diferencia hay entre pagar cinco euros o cincuenta, que han olvidado qu&eacute; es una tortilla de patata aunque sigan disfrutando de comerla, que no saben bien c&oacute;mo se llaman sus hijos y, en ocasiones, ni siquiera los reconocen cuando los ven.
    </p><p class="article-text">
        Todas esas personas, hace unos a&ntilde;os, cuando a&uacute;n no &ldquo;hab&iacute;an perdido la cabeza&rdquo; habr&iacute;an dicho que, para vivir as&iacute;, no val&iacute;a la pena, que era mejor morirse antes y ahorrarse la humillaci&oacute;n de tener que usar pa&ntilde;ales o ser alimentados como beb&eacute;s viejos, resultar una molestia y un gasto innecesario para sus seres queridos. Esto es lo que solemos decir todas y todos antes de que nos suceda porque, vista desde fuera, la situaci&oacute;n no resulta precisamente apetecible.
    </p><p class="article-text">
        No queremos llegar a eso, pero a veces, cuando pienso en esa situaci&oacute;n -cada vez m&aacute;s frecuente- me digo que si hacemos un esfuerzo de imaginaci&oacute;n para ver desde dentro esa misma situaci&oacute;n, quiz&aacute; no sea tan mala cosa vivir en ese presente eterno como el de los ni&ntilde;os muy peque&ntilde;os: sin conciencia de futuro y, por tanto, sin preocupaci&oacute;n por &eacute;l; sin heridas ni traumas de un pasado que ya no recordamos; sin tener que tomar ning&uacute;n tipo de decisiones con toda la carga que conlleva y las consecuencias que pueden acarrear si no son acertadas; alegr&aacute;ndonos una y otra vez de la misma buena noticia, de ver de nuevo constantemente a los seres queridos sin sufrir por si hace tres d&iacute;as que no vienen a visitarte o han pasado ya tres meses.
    </p><p class="article-text">
        Una ducha tibia es una bendici&oacute;n, una comida bien sazonada es un placer, la pastilla de despu&eacute;s de cenar te permite dormir y hace que la noche se haga no solo llevadera, sino agradable. Las noticias con toda su carga de horror y de miedo a lo que puede traer el futuro han dejado de preocuparte. Disfrutas de la sonrisa amable de un desconocido, de que te regalen unos caramelos, de que alguien empuje tu silla de ruedas para que puedas disfrutar del sol en el parque o en una silla en tu balc&oacute;n, envuelto en una mantita suave.
    </p><p class="article-text">
        Los que sufrimos somos los dem&aacute;s, los que comparamos a esa persona con la persona que fue cuando a&uacute;n era ella misma y ten&iacute;a personalidad, recuerdos, traumas, man&iacute;as. Sufrimos las parejas, los hijos, los hermanos, los amigos, los nietos. La longevidad de las personas amadas, si va unida a la demencia, hace que el dolor de verlas vivas sea mucho peor que el de verlas muertas, porque la muerte pone un punto final a la evoluci&oacute;n de una vida y todos los recuerdos que conservas de esa persona son de cuando estaba bien, de cuando era todav&iacute;a &eacute;l mismo o ella misma. Por el contrario, si la muerte llega despu&eacute;s de a&ntilde;os y a&ntilde;os de degeneraci&oacute;n, los recuerdos hermosos quedan tapados por los horribles; es como si las nuevas experiencias se escribieran sobre las antiguas, borr&aacute;ndolas, tach&aacute;ndolas, como si nunca hubieran existido, y eso duele. Mucho.
    </p><p class="article-text">
        Mi suegra, que ya no est&aacute; entre nosotros, cuando habl&aacute;bamos de estas cosas, sol&iacute;a decir: &ldquo;Es mejor morirse cuando a&uacute;n da l&aacute;stima que cuando es un alivio para todos.&rdquo; Creo que era un resumen certero de lo que comentaba yo en las &uacute;ltimas l&iacute;neas, pero, por otra parte, todos queremos un poco m&aacute;s. En muchas conversaciones he o&iacute;do algo que se repite: &ldquo;cuando vea que estoy perdiendo facultades o cuando me diagnostiquen Alzheimer (o cosa similar) yo decidir&eacute; cu&aacute;ndo marcharme&rdquo;. Casi todos pensamos as&iacute;. El problema es ese cu&aacute;ndo (de la cuesti&oacute;n del c&oacute;mo ya habl&eacute; en otra columna) porque, en general, si llegas a darte cuenta de verdad, ya es demasiado tarde para hacer algo al respecto. Medio minuto despu&eacute;s ya se te ha olvidado.
    </p><p class="article-text">
        Todos nos alegramos cuando leemos que la ciencia est&aacute; progresando much&iacute;simo y los seres humanos cada vez viviremos m&aacute;s tiempo. &iquest;No habr&iacute;a que preguntarse para qu&eacute;? &iquest;Queremos de verdad vivir tanto que nuestro final sea como el de Benjamin Button: revertir, ir reduci&eacute;ndonos, ir perdiendo facultades hasta convertirnos en una especie de beb&eacute; anciano, arrugado e inconsciente, sin control de nuestro cuerpo ni recuerdos en nuestra mente?
    </p><p class="article-text">
        Creo que el problema es que siempre que leemos eso de que la longevidad est&aacute; al alcance de la mano, tenemos la curiosa idea de que vamos a volver a tener cuarenta a&ntilde;os para siempre. Y no es as&iacute;. Lo que nos van a prolongar va a ser la vejez, no la juventud. Nadie nos asegura que no vamos a sufrir demencia senil. Por eso habr&iacute;a que contestarse a esa pregunta de si queremos envejecer a pesar de la posible demencia; a pesar de olvidar lentamente qui&eacute;nes hemos sido, qui&eacute;nes somos; a pesar de ir perdiendo las palabras con las que nos comunicamos con los dem&aacute;s y con las que nos hablamos a nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        No ofrezco soluciones. No tengo m&aacute;s que preguntas, pero creo que es muy importante que cada uno se responda a s&iacute; mismo estas cuestiones porque, si no lo hacemos, antes o despu&eacute;s, alg&uacute;n gobierno responder&aacute; por nosotros y crear&aacute; leyes con las que quiz&aacute;, al verlas entrar en vigor, no estemos de acuerdo; y entonces ser&aacute; demasiado tarde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/perder-cabeza_129_13033847.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Mar 2026 21:43:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Perder la cabeza]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Después de San Valentín]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/despues-san-valentin_129_12994525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5a1e527-e9dd-4a4c-886a-286c82e82ce5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Después de San Valentín"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El amor es un continuo de atención, de solidaridad, de alegría, de penas compartidas, de planes que a veces no se realizan, de momentos de felicidad inesperada que no tienen que ser nada grande, ni caro, que pueden consistir en compartir un bocadillo de atún con tomate, o dar un paseo por el parque</p></div><p class="article-text">
        Ahora que ya ha pasado la celebraci&oacute;n del d&iacute;a de San Valent&iacute;n me parece el momento indicado para reflexionar un poco sobre ella. Muchas personas sienten un gran alivio al pensar que a&uacute;n faltan 364 d&iacute;as para que se repita; otras -muchas de ellas j&oacute;venes- lamentan no haber tenido ocasi&oacute;n de celebrarlo con una pareja este a&ntilde;o y se hacen ilusiones para el pr&oacute;ximo. En los supermercados -al menos donde yo vivo- los precios de los ramos de flores cortadas, las cestitas llenas de bulbos de jacintos y narcisos, los arreglos de rosas y las cajas de orqu&iacute;deas empiezan a bajar de precio, as&iacute; como las grandes cajas de bombones en forma de coraz&oacute;n; los restaurantes vuelven a disponer de mesas libres para la cena, las joyer&iacute;as se resignan a que el negocio baje; las tarjetas de felicitaci&oacute;n son retiradas hasta el a&ntilde;o que viene y ya todo lo que recuerde al amor rom&aacute;ntico desaparece tragado por el inminente Carnaval, que es por tradici&oacute;n ancestral la gran celebraci&oacute;n del sexo, pero no necesariamente del amor.
    </p><p class="article-text">
        Al ver este tipo de cosas, se le ocurre a una pensar lo tonto que resulta que haya un d&iacute;a concreto para que una persona demuestre su cari&ntilde;o a otra. El amor es algo que, como dice el famoso proverbio, igual que el dinero, &ldquo;no puede estar oculto&rdquo;. Si alguien ama a otro o a otra, ama con cada gesto, con cada mirada, con cada sonrisa. Es algo que se muestra constantemente, en el d&iacute;a a d&iacute;a, en el minuto a minuto. No puedes evitar pensar en esa otra persona, querer que sea feliz, ayudarla en lo que necesite, procurar que est&eacute; sana, que descanse, que tenga lo que le hace falta. Le prodigas mimos, caricias, besos, roces r&aacute;pidos al pasar cerca de ella; le traes de la compra lo que sabes que le gusta, le cocinas cosas que le apetecen, le env&iacute;as una foto de algo bonito que has visto yendo al trabajo y quieres compartir, le regalas una flor o una postal sin ning&uacute;n motivo aparente, solo porque la quieres. Compartes una noticia que te ha impresionado, una m&uacute;sica que te ha emocionado, una pel&iacute;cula sobre la que te gustar&iacute;a debatir con &eacute;l o con ella; le regalas un libro que te parece magn&iacute;fico, lo llevas a cenar a un local que has descubierto y supones que le gustar&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El amor es un continuo de atenci&oacute;n, de solidaridad, de alegr&iacute;a, de penas compartidas, de planes que a veces no se realizan, de momentos de felicidad inesperada que no tienen que ser nada grande, ni caro, que pueden consistir en compartir un bocadillo de at&uacute;n con tomate, o dar un paseo por el parque. Y ni siquiera tiene que ser una pareja la que reciba ese tipo de atenciones. Puede tratarse de un amigo o amiga, de un vecino, un compa&ntilde;ero de trabajo, un desconocido incluso que, por la simple virtud de haber compartido un rato en un transporte p&uacute;blico, por ejemplo, haya dado y recibido unas sonrisas, unas palabras amables, un caramelo.
    </p><p class="article-text">
        Se dice que el 14 de febrero se celebra en memoria de San Valent&iacute;n de Roma (no se sabe seguro si se trataba de un solo santo o de tres diferentes del mismo nombre) que fue, en la segunda mitad del siglo III, un sacerdote cristiano que consigui&oacute; muchas conversiones y que, en contra de las leyes del emperador Claudio II, cas&oacute; a varias parejas por el rito cristiano. Acab&oacute; siendo ejecutado y, despu&eacute;s proclamado m&aacute;rtir de la iglesia. En 494 el papa Gelasio I lo santific&oacute; y fij&oacute; su fecha en el 14 de febrero.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se dice que la tradici&oacute;n de celebrar San Valent&iacute;n ese d&iacute;a como santo patrono de los enamorados proviene del af&aacute;n cristiano de hacer todo lo posible para borrar de la memoria de la poblaci&oacute;n ciertas fiestas paganas que incomodaban a la Iglesia. Ese era el caso de las Lupercalia, que se celebraban en Roma entre el 13 y el 15 de febrero y eran unas festividades consagradas al dios Faunus, tambi&eacute;n llamado Lupercus, y a la loba capitolina (la &ldquo;madre&rdquo; que amamant&oacute; a R&oacute;mulo y Remo, fundadores de la ciudad). Durante esos d&iacute;as, los sacerdotes -<em>luperci</em>- sacrificaban cabras y danzaban y desfilaban desnudos alrededor del Palatino, golpeando a la poblaci&oacute;n con pieles de cabras (llamadas &ldquo;februa&rdquo;), especialmente a las mujeres presentes. Se trataba de un rito para estimular la fecundidad femenina y garantizar un buen parto a las mujeres embarazadas. L&oacute;gicamente, los cristianos de la &eacute;poca no ve&iacute;an con buenos ojos unas fiestas de esas caracter&iacute;sticas y decidieron superponer a ellas la celebraci&oacute;n de San Valent&iacute;n, como exaltaci&oacute;n del amor rom&aacute;ntico, no sexual. Tambi&eacute;n, y no por casualidad, fue el papa Gelasio I (el mismo que santific&oacute; a Valent&iacute;n) quien prohibi&oacute; la celebraci&oacute;n de las Lupercalia.
    </p><p class="article-text">
        La historia de la pervivencia de la festividad de San Valent&iacute;n es larga. Sabemos que en el siglo XV el duque de Orleans, prisionero en Londres, envi&oacute; a su esposa una rom&aacute;ntica carta de amor citando al santo, pero no hay constancia de que se celebrara ampliamente.
    </p><p class="article-text">
        De todas formas, en los pa&iacute;ses anglosajones, la tradici&oacute;n de las &ldquo;Valentines&rdquo; que comenz&oacute; en el siglo XVIII ha seguido existiendo y ampli&aacute;ndose hasta ahora. Se trataba de peque&ntilde;as tarjetas o cartitas de amor que se enviaban de manera an&oacute;nima el 14 de febrero a una persona que te gustaba o de quien te hab&iacute;as enamorado. Adolescentes y adultos por igual cumpl&iacute;an con esta tradici&oacute;n y, en ocasiones, una Valentine era el comienzo de una relaci&oacute;n que llegar&iacute;a hasta el matrimonio. Poco a poco, adem&aacute;s de las tarjetas, se empez&oacute; a popularizar la idea de enviar flores, bombones o peque&ntilde;os detalles. Y, claro, como no pod&iacute;a ser de otra manera en pleno esplendor capitalista, en alg&uacute;n momento de mediados del siglo XX se lleg&oacute; a la idea consumista total: &ldquo;si la quieres, le regalas cosas&rdquo;. Cosas compradas, se entiende.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Galer&iacute;as Preciados, por lo que he le&iacute;do, tuvo la idea en Espa&ntilde;a de estimular los regalos de San Valent&iacute;n para incentivar las compras en febrero, que era un mes muy bajo de ventas en el que la gente apenas si estaba saliendo de la famosa &ldquo;cuesta de enero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Alguien se acuerda de la famosa &ldquo;medalla del amor&rdquo; de los a&ntilde;os setenta: &ldquo;Hoy te quiero m&aacute;s que ayer, pero menos que ma&ntilde;ana&rdquo;, que tantas personas regalaban a su pareja? Fue un aut&eacute;ntico &eacute;xito y se vendieron much&iacute;simo. El problema, claro, fue que algunos se olvidaban de que ya le hab&iacute;an regalado la medalla a su amada o amado y al a&ntilde;o siguiente volv&iacute;an a hacerlo, con lo cual quedaba claro que ese amor no era tan potente y maravilloso como quer&iacute;an hacer creer.
    </p><p class="article-text">
        Ahora hay muchas parejas que sufren buscando regalo y no se atreven a dejar de hacerlo para que nadie piense que ya no quieren igual a su media naranja. Otras personas sufren porque no tienen una pareja oficial o estable a quien hacerle un regalo por San Valent&iacute;n. Otros se sienten inferiores, menos afortunados, por no poder salir a cenar con esa persona especial que -eso piensan- llenar&iacute;a su vida y por eso a veces se enga&ntilde;an a s&iacute; mismos y eligen a alguien que no les importa realmente solo para tener con qui&eacute;n celebrar el famoso d&iacute;a de San Valent&iacute;n, y todo para hacer girar la rueda del comercio.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No ser&iacute;a mejor, en lugar de comprar una medalla, una joya, un ramo de rosas una vez al a&ntilde;o, ser cari&ntilde;oso todos los d&iacute;as, dejar una notita en el bolsillo del abrigo, traer una flor silvestre al volver de pasear al perro, dar un beso por sorpresa, decir algo bonito y sincero? Eso s&iacute; que ser&iacute;a un buen San Valent&iacute;n, uno que durar&iacute;a mucho m&aacute;s que un d&iacute;a de febrero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/despues-san-valentin_129_12994525.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Feb 2026 20:02:09 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Series prescindibles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/series-prescindibles_129_12955958.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8a1777f6-f823-4635-9879-0e3aec8f6071_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Series prescindibles"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No quiero ser alarmista, pero yo tengo la sensación de que la gran mayoría de esas producciones que tanto dinero cuestan son cada vez más tontas, vacuas y repetitivas. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que nos están acostumbrando a la basurilla. No son tan horribles como para apagar la pantalla de inmediato, pero van calando en nuestra mente y nos van haciendo cada vez más estúpidos</p></div><p class="article-text">
        No s&eacute; si a ustedes les sucede, pero a m&iacute;, &uacute;ltimamente, me pasa tanto que he pensado escribirlo aqu&iacute; para ver si soy solo yo: veo series, algunas las encuentro entretenidas (al menos lo bastante como para terminar la primera temporada o incluso la segunda) y, en cuanto pasan un par de semanas las he olvidado casi por completo. Quiero decir, no es que no me acuerde de detalles de la trama; es que no tengo recuerdo de haberlas visto jam&aacute;s. Si vuelvo a empezar el primer cap&iacute;tulo me suenan algunas cosas pero las confundo con otras escenas o di&aacute;logos procedentes de series distintas que, de alg&uacute;n modo, se han mezclado en mi cerebro.
    </p><p class="article-text">
        Primero pens&eacute; que era problema m&iacute;o, justamente problema de mi cerebro, que ya no es capaz de absorber m&aacute;s ficci&oacute;n entre las novelas que invento y escribo yo misma, las que leo, las que releo, las pel&iacute;culas que veo en el cine y las que veo en casa. Luego, sin embargo, empec&eacute; a pensar en que quiz&aacute; el problema no est&eacute; en m&iacute;, sino en todas esas series que parecen estar cortadas por el mismo patr&oacute;n y haber sido construidas (&ldquo;crear&rdquo; es un verbo que usamos con demasiada ligereza y que no voy a emplear para referirme a esas series) para entretenimiento de mentes ya muy cansadas despu&eacute;s de todo el d&iacute;a de trabajo. Tambi&eacute;n he o&iacute;do decir que cada vez hay m&aacute;s espectadores que ven una serie mientras, en su m&oacute;vil, est&aacute;n viendo o leyendo otros &ldquo;contenidos&rdquo; como se les llama ahora, y por eso quienes escriben los guiones de las series tienen que esforzarse en sorprender constantemente, para arrancar al espectador unos segundos o -en el colmo de los colmos- unos minutos de atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En &ldquo;1984&rdquo;, la excelente novela de George Orwell que no me canso de leer aunque sea tan terrible, los &ldquo;proles&rdquo; -la poblaci&oacute;n obrera semianalfabeta que ni siquiera tiene suficiente capacidad como para ser miembro del partido &uacute;nico- es &ldquo;alimentada&rdquo; con canciones y novelas para sus ratos de ocio. Esas obras son compuestas en un ministerio por m&aacute;quinas de combinatoria que se limitan, como si fueran caleidoscopios, a montar diferentes tramas partiendo de elementos simples y reconocibles que, combinados de una u otra forma, dan tramas aparentemente diferentes, pero lo bastante parecidas como para que los espectadores las reconozcan y se sientan c&oacute;modos con ellas. La primera vez que lo le&iacute;, cerca de los diecis&eacute;is a&ntilde;os, me qued&eacute; espantada y, en mi inocencia, pens&eacute; que no era posible crear (yo entonces a&uacute;n confiaba en la creaci&oacute;n) novelas y canciones usando ese m&eacute;todo y que la gente no lo notara y lo rechazara, asqueada.
    </p><p class="article-text">
        Ahora hemos llegado exactamente a esto y no lo rechazamos ni siquiera cuando lo notamos. Ahora existen equipos de guionistas, convenientemente asesorados por IAs, que se dedican a inventar series tan largas y complicadas como los denostad&iacute;simos seriales de radio de los a&ntilde;os cincuenta. Luego hay un equipo de marketing que se dedica a inventar la mejor estrategia para vender ese &ldquo;producto&rdquo; a los espectadores; y todos los que han intervenido, empezando por los productores, cruzan los dedos para que funcione y d&eacute; dinero, que es lo &uacute;nico que importa.
    </p><p class="article-text">
        Seguramente por eso hay tantas y tantas series que parecen iguales, especialmente si son estadounidenses o est&aacute;n claramente inspiradas en la sociedad de USA. Nos pasamos la vida entre historias en las que la gente ha mentido y no es quien dice ser, por ejemplo, y de ah&iacute; parte todo el conflicto. Eso, en Europa, es pr&aacute;cticamente imposible. Hasta para sacar un billete de autob&uacute;s interurbano tienes que ense&ntilde;ar el DNI, pero, como ellos no tienen obligaci&oacute;n de tener una identificaci&oacute;n oficial, pueden hacerse pasar por otra persona, y tan contentos. Nos tragamos ese punto de partida con total naturalidad y luego seguimos aceptando cosas cada vez m&aacute;s absurdas.
    </p><p class="article-text">
        No voy a dedicarme aqu&iacute; a hablar mal de series concretas. Todo el mundo ha visto, aunque sea parcialmente, varias que eran calcos unas de otras, con terribles asesinos en serie, con personajes siniestros y malignos que parec&iacute;an buenas personas, con polic&iacute;as corruptos hasta la m&eacute;dula, con maridos y esposas que ocultaban espantosos secretos, con montones y montones de agujeros de l&oacute;gica y de coherencia en la historia que muchas veces achacamos a que nos est&aacute;bamos durmiendo en el sof&aacute; y no nos hemos enterado bien. O sea, que la culpa es nuestra, por no estar atentos a que en un fotograma sale durante dos segundos una foto enmarcada que podr&iacute;a habernos dado una pista crucial.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n me llama la atenci&oacute;n ese af&aacute;n que les ha dado por entrar en la serie, en los primeros minutos, con una escena violenta, brutal, angustiosa&hellip; cualquier emoci&oacute;n negativa, para pasar de inmediato a &ldquo;Tres meses antes&rdquo;, lo que significa que no nos creen capaces de mantener el inter&eacute;s en una historia si empieza de manera suave y cronol&oacute;gica. O bien ellos, quienes la han inventado, no se sienten capaces de construir una historia que vaya creciendo en tensi&oacute;n e inter&eacute;s, atrapando a su p&uacute;blico poco a poco.
    </p><p class="article-text">
        No quiero ser alarmista, pero yo tengo la sensaci&oacute;n de que la gran mayor&iacute;a de esas producciones que tanto dinero cuestan son cada vez m&aacute;s tontas, vacuas y repetitivas. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que nos est&aacute;n acostumbrando a la basurilla. No son tan horribles como para apagar la pantalla de inmediato, pero van calando en nuestra mente y nos van haciendo cada vez m&aacute;s est&uacute;pidos. Tal vez por eso hay quien las ve con el m&oacute;vil en la mano: porque no le interesan realmente, pero hacen de ruido de fondo antes de irse a dormir y ayudan a rebajar el ruido interior que uno trae a casa despu&eacute;s de todo el d&iacute;a por ah&iacute;, trabajando, pele&aacute;ndose incluso con colegas, clientes y proveedores, d&aacute;ndole vueltas a mil problemas que solucionar. Pones una serie, ves que a la gente de la peli le pasan cosas horribles y te vas a la cama m&aacute;s tranquila porque eso, -al menos eso-, a ti no te pasa. No te persigue la CIA, no tienes un asesino en serie en la puerta de al lado, tu pareja s&iacute; es quien dice ser y conoces a toda su familia y a sus amigos del instituto.
    </p><p class="article-text">
        Me preocupa que el criterio art&iacute;stico est&eacute; desapareciendo, que haya tantas producciones para plataformas que no tienen m&aacute;s aspiraci&oacute;n que llegar a una gran audiencia y ganar mucho dinero, despreciando cosas tan b&aacute;sicas como la l&oacute;gica, la creaci&oacute;n de personajes cre&iacute;bles con los que el espectador se identifique, el sentido com&uacute;n y la coherencia de las situaciones.
    </p><p class="article-text">
        Hemos llegado a ese punto en el que hay que producir novedades constantemente. No nos da tiempo a absorber ni un diez por ciento de lo que se produce. Nos olvidamos de series y pel&iacute;culas que muchas veces son mejores, pero que ya no est&aacute;n en el apartado de novedades, o de las diez m&aacute;s vistas o las cinco con m&aacute;s pulgares arriba.
    </p><p class="article-text">
        Durante un tiempo el cine era un arte, el s&eacute;ptimo arte, se le llam&oacute;. En 1911 el poeta Ricciodo Canudo, cr&iacute;tico y te&oacute;rico, invent&oacute; el t&eacute;rmino en su &ldquo;Manifiesto de las siete Artes&rdquo; coloc&aacute;ndolo tras la arquitectura, escultura, pintura, m&uacute;sica, poes&iacute;a y danza. Desde entonces, el cine empez&oacute; a considerarse una manifestaci&oacute;n art&iacute;stica al mismo nivel que las dem&aacute;s artes cl&aacute;sicas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ahora, cuando veo algunas series y algunas pel&iacute;culas, tengo la impresi&oacute;n de que son cada vez m&aacute;s los que trabajan en la construcci&oacute;n de estos &ldquo;contenidos&rdquo; o &ldquo;productos&rdquo; a los que no les importa un pepino el nivel art&iacute;stico de lo que est&aacute;n haciendo.
    </p><p class="article-text">
        Soy consciente de que las hay magn&iacute;ficas y esas proporcionan reflexi&oacute;n y placer est&eacute;tico, como estamos acostumbrados a esperar de una manifestaci&oacute;n art&iacute;stica. &iexcl;Menos mal que existen a&uacute;n! Pero las otras, las que son todas iguales, las que confundimos unas con otras en cuanto pasa una semana, las que no nos aportan nada m&aacute;s que, si acaso, un ratito de no pensar demasiado&hellip; esas deber&iacute;amos tener la fuerza de apagarlas en cuando notamos lo que son. Son t&oacute;xicas para nuestra mente, nos vuelven perezosos, descuidados, tontos. Y ya son demasiadas las cosas t&oacute;xicas que nos rodean en nuestra vida cotidiana como para elegirlas voluntariamente al volver a casa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una experiencia &uacute;nica e inolvidable&rdquo;, escribi&oacute; Canudo para cimentar la idea de que el cine es un arte. Inolvidable. Por eso dec&iacute;a yo al principio de estas l&iacute;neas que me preocupa que se me olvide tan f&aacute;cilmente lo que he visto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/series-prescindibles_129_12955958.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Feb 2026 20:27:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Series prescindibles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Series]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Formas de resistencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/formas-resistencia_129_12919133.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf3f63ae-4bf8-4bcd-b8e6-5f55aba87105_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Formas de resistencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy en día ya no se piensa que la persona contra la que se dirige el boicot va a sufrir particularmente si los vecinos no la saludan o el cartero no le entrega las cartas, pero si ese boicot se dirige contra sus medios de enriquecerse, la cosa resulta efectiva. Capitalismo, que es lo que ahora funciona</p></div><p class="article-text">
        Hace ya mucho que no me gusta en absoluto la deriva que est&aacute; tomando nuestra sociedad y el ambiente pol&iacute;tico que se respira en el planeta (no solo en nuestro pa&iacute;s).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que somos muchos los que nos preguntamos a diario c&oacute;mo es posible que hayamos llegado a un punto en el que imperan la incultura, la groser&iacute;a y la brutalidad y adem&aacute;s intentan convencernos de que esa es la manera ideal de comportarse, de que todos aquellos melindres del pasado como la elegancia, el respeto, la buena educaci&oacute;n y el deseo de ponerse pac&iacute;ficamente de acuerdo no son m&aacute;s que tonter&iacute;as superadas. Ahora lo que priva es ser eg&oacute;latra, violento y agresivo para llegar a conseguir todo lo que uno desea sin que importe lo que sientan y piensen los dem&aacute;s, que no son m&aacute;s que borregos a su servicio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estoy absolutamente convencida de que la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n no es as&iacute;, pero todos y todas nos preguntamos d&iacute;a tras d&iacute;a si hay algo que se pueda hacer para frenar a esos matones de barrio, chulos de patio de colegio que nos est&aacute;n robando, maltratando y humillando impunemente. Cualquier lector de estas l&iacute;neas sabe bien a qui&eacute;nes me refiero y, si no escribo sus nombres es precisamente porque pienso que es un comienzo de lo que podemos hacer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya en el a&ntilde;o 457 antes de Cristo, en Atenas, el legislador Clistenes cre&oacute; un sistema para proteger la democracia de los tiranos: consist&iacute;a en organizar una votaci&oacute;n para determinar si los ciudadanos quer&iacute;an prescindir de un pol&iacute;tico que consideraban da&ntilde;ino para los intereses de la ciudad. Cada votante, en votaci&oacute;n secreta, pod&iacute;a escribir el nombre de esa persona en un trozo de cer&aacute;mica llamada &ldquo;ostrakon&rdquo;. Era necesario recoger un m&iacute;nimo de 6000 votos para proceder en su contra pero, si se alcanzaba la cifra, ese pol&iacute;tico deb&iacute;a abandonar la ciudad durante diez a&ntilde;os. Conservaba sus propiedades y derechos, pero no pod&iacute;a residir en Atenas ni participar en la pol&iacute;tica de la ciudad-estado. A este sistema se le llam&oacute; &ldquo;ostracismo&rdquo; y, aunque luego se fue pervirtiendo y acab&oacute; convirti&eacute;ndose en instrumento de turbios manejos, durante un tiempo fue una manera de defender la democracia frente a los intentos de tiran&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Durante los siglos posteriores -muchos, demasiados- se normaliz&oacute; (como nos est&aacute; pasando ahora) el que ciertos individuos tuvieran no solo un poder absoluto, sino derecho a tenerlo, derecho a actuar seg&uacute;n su capricho, sin tener en cuenta las opiniones, necesidades y sufrimientos del resto de la poblaci&oacute;n sometida a sus arbitrariedades. Muchos de estos individuos se amparaban en el poder de la sangre, en todos los sentidos. Por un lado, hab&iacute;an conseguido convencer a la poblaci&oacute;n de que la sangre que corr&iacute;a por sus venas era superior a la de los dem&aacute;s (aquello de la &ldquo;sangre azul&rdquo;) y su derecho al mando ven&iacute;a directamente de la voluntad divina (&ldquo;por la gracia de Dios&rdquo;); por otro, su poder militar era tan grande que estaban en posici&oacute;n de obligar a la poblaci&oacute;n a trav&eacute;s de la violencia sin l&iacute;mites, del derramamiento de sangre en grandes masacres que aterrorizaban a quienes las sufr&iacute;an. El miedo es un poderoso instrumento de control.
    </p><p class="article-text">
        Much&iacute;simos a&ntilde;os despu&eacute;s, a finales del siglo diecinueve, en Irlanda, en 1880, los campesinos que trabajaban las tierras del conde de Erne en terribles condiciones rogaron al administrador del se&ntilde;or que les rebajara el tanto por ciento que ten&iacute;an que entregar anualmente, porque la cosecha hab&iacute;a sido una cat&aacute;strofe. Se neg&oacute; a hacerlo y ya se pueden imaginar qu&eacute; sucedi&oacute;. Llegaron los soldados para &ldquo;defender el derecho del conde&rdquo;. Entonces, los campesinos, vi&eacute;ndose absolutamente desprotegidos y sabiendo que no ten&iacute;an ninguna forma legal de defenderse del terrible abuso que estaban sufriendo, decidieron no volver a colaborar con su administrador. En absoluto. Nadie lo saludaba, no encontraba personal de limpieza para su casa, ni campesinos que estuvieran dispuestos a trabajar en los campos ni a recoger la cosecha, el cartero no le entregaba las cartas, en la estaci&oacute;n de ferrocarril no le vend&iacute;an billetes, no pod&iacute;a comprar alimentos. Al final tuvo que marcharse de all&iacute;. Su apellido (se llamaba Charles Cunningham Boycott) dio origen a una palabra mundialmente conocida: boicot.
    </p><p class="article-text">
        La Real Academia de la Lengua lo define como: &ldquo;Acci&oacute;n que se dirige contra una persona o entidad para obstaculizar el desarrollo o funcionamiento de una determinada actividad social o comercial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como ven, es el ostracismo llevado al terreno capitalista, que es el que impera en el mundo actual. Hoy en d&iacute;a ya no se piensa que la persona contra la que se dirige el boicot va a sufrir particularmente si los vecinos no la saludan o el cartero no le entrega las cartas, pero si ese boicot se dirige contra sus medios de enriquecerse, la cosa resulta efectiva. Capitalismo, que es lo que ahora funciona.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando pienso en todos esos hombres y mujeres actuales que est&aacute;n destruyendo nuestra convivencia, que en muchas ocasiones est&aacute;n destruyendo incluso su propio pa&iacute;s, del que son presidentes, su propia ciudad o autonom&iacute;a, pienso que lo &uacute;nico que podemos hacer la gente de a pie es intentar una especie de combinaci&oacute;n entre el ostracismo y el boicot: lo primero, no mencionar sus nombres (suelen ser gente vanidosa, tremendamente eg&oacute;latra, que se alimentan de ver su nombre siempre en los medios de comunicaci&oacute;n), no darles cancha, no comprar sus productos, no acudir a los lugares que sabemos que dan dinero a ese pa&iacute;s o a esa persona en concreto; no ir al cine a ver pel&iacute;culas de esa nacionalidad, ni a conciertos de m&uacute;sicos que lo apoyan, ni participar en nada que al final redunde en su beneficio. No comprarles coches, ni electrodom&eacute;sticos, ni ordenadores, ni gasolina. Ir deslig&aacute;ndonos de su colonizaci&oacute;n cultural. Empezar a hacerles da&ntilde;o donde m&aacute;s les duele: perder notoriedad, perder dinero.
    </p><p class="article-text">
        Eso lo podemos hacer uno a uno, sin tener que coger un arma, sin tener que llegar a una revoluci&oacute;n que desemboque en la guillotina. No tenemos que temer que env&iacute;en a los soldados o a ciertos cuerpos de malhechores con uniforme contra nosotros. No tenemos nada que perder y mucho que ganar.
    </p><p class="article-text">
        Los mismos estadounidenses, en el siglo dieciocho empezaron su revoluci&oacute;n boicoteando los productos ingleses, &ldquo;de la madre patria&rdquo; a la que ya no deseaban pertenecer porque los explotaba con sus impuestos. En 1920 Gandhi empez&oacute; su movimiento de independencia de la India con una &ldquo;campa&ntilde;a de no cooperaci&oacute;n&rdquo; con productos brit&aacute;nicos. En 1959 hubo un boicot mundial contra Sud&aacute;frica por la cuesti&oacute;n del Apartheid, como protesta por las leyes raciales discriminatorias.
    </p><p class="article-text">
        No es nada nuevo y sabemos que es efectivo. &iquest;Por qu&eacute; no empezamos a ponerlo en marcha. Es algo que podemos hacer nosotros y nosotras, por nuestra cuenta, sin pedir permiso a nadie ni temer consecuencias de ning&uacute;n tipo. Lo &uacute;nico es que -eso s&iacute;- tenemos que plantearnos ser consecuentes hasta que los boicoteados empiecen a notarlo: si hay una cadena de hamburgueser&iacute;as o una de cafeter&iacute;as que ven bajar sus ventas, o una gran empresa de env&iacute;os por cat&aacute;logo o grandes marcas de ordenadores, de t&eacute;cnica en general&hellip; de cualquier cosa&hellip; ese es el &uacute;nico punto en el que les duele, ya que parece que es lo &uacute;nico que les importa. Nada m&aacute;s sirve para hacerlos reflexionar sobre su vergonzoso comportamiento.
    </p><p class="article-text">
        La decencia no les parece obst&aacute;culo, la justicia no es problema, el respeto, las normas y la elegancia son -seg&uacute;n esos nuevos &ldquo;amos&rdquo; autoproclamados- un mero signo de debilidad y vulnerabilidad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No podr&iacute;amos demostrarles, como ya hizo Gandhi, que hay formas pac&iacute;ficas de dejar claro lo que no nos gusta, lo que no pensamos aceptar? Podr&iacute;amos empezar por no mencionarlos, no jalearlos, no tener su nombre siempre en los labios, en los titulares de nuestros peri&oacute;dicos, su rostro en todas las pantallas. Ese ser&iacute;a el equivalente de no saludar. Esos individuos se sienten importantes a trav&eacute;s de la atenci&oacute;n medi&aacute;tica y del miedo que crean. Luego, no enriquecerlos a&uacute;n m&aacute;s. Elegir productos y actividades de las que ellos no se beneficien. Hay muchos m&aacute;s en este planeta. No todo lo producen ellos y sus empresas. Solo tenemos que cambiar nosotros. Empezar a comprar y jalear lo nuestro, lo europeo, por ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        Soy consciente de que no hay mucho que podamos hacer, nada grande, pero muchos pocos, muchos peque&ntilde;os gestos, van sumando. Podr&iacute;amos probar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/formas-resistencia_129_12919133.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Jan 2026 21:31:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Formas de resistencia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta a los Reyes Magos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/carta-reyes-magos_129_12886578.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9129881-88c8-44db-ad69-1fbd9599dae3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carta a los Reyes Magos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Que los políticos de toda denominación, tanto en España como en otras naciones empiecen a poner en primer lugar de sus esfuerzos el bienestar de la ciudadanía y del país por encima de su egoísmo personal y el del partido al que pertenecen</p></div><p class="article-text">
        Cuando uno, en cualquier circunstancia de la vida, desea algo que parece imposible o peca de ingenuo, se suele hablar de &ldquo;una carta a los Reyes Magos&rdquo;, lo que implica que ya somos mayores y, lamentable pero l&oacute;gicamente, hemos perdido la fe en la magia y la capacidad de creer en milagros. Algo muy triste, en mi opini&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como este a&ntilde;o mi columna quincenal coincide justo el 6 de enero, esa maravillosa ma&ntilde;ana de Reyes que a&uacute;n conservo en mi recuerdo con toda la emoci&oacute;n de entonces, me voy a permitir hacer mi propia carta a Sus Majestades de Oriente, con los deseos que me gustar&iacute;a ver cumplidos en este a&ntilde;o de 2026:
    </p><p class="article-text">
        Que los pol&iacute;ticos de toda denominaci&oacute;n, tanto en Espa&ntilde;a como en otras naciones empiecen a poner en primer lugar de sus esfuerzos el bienestar de la ciudadan&iacute;a y del pa&iacute;s por encima de su ego&iacute;smo personal y el del partido al que pertenecen.
    </p><p class="article-text">
        Que la Justicia sea igual para todos y est&eacute; siempre por encima de partidos y opiniones personales.
    </p><p class="article-text">
        Que las grandes empresas paguen los impuestos que les corresponden igual que hace el resto de la poblaci&oacute;n y que ese dinero se invierta en resolver de una vez por todas el problema de la vivienda que ya afecta a dos generaciones de j&oacute;venes y a otras dos de viejos y ancianos.
    </p><p class="article-text">
        Que se proh&iacute;ban por fin los fondos buitre que est&aacute;n destruyendo la convivencia social en nuestras ciudades y nos est&aacute;n convirtiendo en un parque de atracciones para turistas sin prestar atenci&oacute;n a quienes viven y trabajan en ellas.
    </p><p class="article-text">
        Que dejen de existir los monopolios que nos manipulan a su antojo y nos privan de la libertad de elegir porque ya apenas si queda competencia.
    </p><p class="article-text">
        Que las listas de espera de la sanidad p&uacute;blica se acorten y la atenci&oacute;n llegue cuanto antes a quienes la necesitan.
    </p><p class="article-text">
        Que la educaci&oacute;n est&eacute; al alcance de todo el mundo y no solo de aquellos que pueden pagar m&aacute;s. Que las universidades sean todas p&uacute;blicas y se invierta en una investigaci&oacute;n y formaci&oacute;n del m&aacute;s alto nivel para poder estar a la altura de las de otros pa&iacute;ses del mundo y avanzar en todas las disciplinas del saber.
    </p><p class="article-text">
        Que los adultos nos esforcemos por ser un ejemplo y una gu&iacute;a de comportamiento para los j&oacute;venes y que los ayudemos a darse cuenta de que hay un futuro esper&aacute;ndolos, pero es un futuro que tienen que construir y que no se encuentra en las redes ni en las plataformas de entretenimiento.
    </p><p class="article-text">
        Que todos empecemos a poner de nuestra parte para aliviar la soledad de los ancianos y la soledad de muchos adolescentes.
    </p><p class="article-text">
        Que nos animemos a sonre&iacute;r a los desconocidos, a dedicar una palabra amable a cualquier persona con la que nos encontremos y hacer, de ese modo, un mundo m&aacute;s agradable para todos.
    </p><p class="article-text">
        Que dejemos los insultos y la agresividad en las relaciones laborales para que el hecho de trabajar no sea cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil y desagradable.
    </p><p class="article-text">
        Que nos demos cuenta de que cada uno tiene sus necesidades, sus dolores y sus preocupaciones y eso nos haga m&aacute;s emp&aacute;ticos y solidarios con los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Que no nos aferremos a nuestras fronteras, a nuestras lenguas y nuestras nacionalidades, considerando, con ese orgullo equivocado, que el resto de las personas est&aacute;n por debajo de nosotros si no han nacido en el mismo lugar ni hablan el mismo idioma.
    </p><p class="article-text">
        Que respetemos a cada individuo en su integridad.
    </p><p class="article-text">
        Que aprovechemos el talento y los conocimientos de los inmigrantes en nuestro pa&iacute;s, respetando su dignidad.
    </p><p class="article-text">
        Que trabajemos por crear una sociedad en la que la violencia en general, pero sobre todo contra mujeres y ni&ntilde;os, no tenga espacio ni aceptaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Que la infancia sea siempre un tiempo de paz, de cari&ntilde;o y respeto que ponga las bases para que al llegar a la edad adulta, esas personas vivan contentas y tranquilas, colaborando al bien com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Que la igualdad entre hombres y mujeres no exista solo en el papel, sino en la realidad de cada d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Que las pr&aacute;cticas sexuales sean siempre deseadas y entre adultos y que no se utilicen para humillar ni causar dolor.
    </p><p class="article-text">
        Que las religiones sean algo respetable, pero privado, que no se imponga a nadie ni se utilice como excusa para censurar, sojuzgar o da&ntilde;ar a los que no las practican.
    </p><p class="article-text">
        Que trabajemos por la paz en este mundo en el que cada vez nos dejamos arrastrar m&aacute;s por megal&oacute;manos descerebrados, eg&oacute;latras y despiadados que llegar&aacute;n a destruir nuestro planeta si no los frenamos a tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Que nos demos cuenta de la suerte que hemos tenido de nacer en esta bolita azul en medio de la inmensidad del cosmos, donde podemos respirar, la gravedad nos es favorable y tenemos (ten&iacute;amos) un equilibrio perfecto para sobrevivir. Que no nos dejemos arrebatar el &uacute;nico lugar para el que estamos perfectamente adaptados, el &uacute;nico lugar al que podemos llamar hogar en el universo.
    </p><p class="article-text">
        Que celebremos la alegr&iacute;a de estar vivos, la que no viene de ser m&aacute;s que otros, ni de tener m&aacute;s, sino del milagro de estar aqu&iacute; y ahora durante unos pocos a&ntilde;os, de haber tenido la suerte de nacer, en esa loter&iacute;a c&oacute;smica en la que ten&iacute;amos billones de posibilidades en contra.
    </p><p class="article-text">
        Hay m&aacute;s cosas que desear&iacute;a, muchas m&aacute;s cosas&hellip; pero ya se hacen una idea de por d&oacute;nde van mis deseos.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, lo s&eacute;, es una ingenuidad pensar que todo lo que imagino podr&iacute;a cumplirse, pero sin deseos, sin metas, no vamos a ninguna parte. El desear ya es el principio del cambio y, si los Reyes Magos no consiguen llegar o no est&aacute;n por la labor, no vamos a tener m&aacute;s remedio que hacerlo nosotros y nosotras, porque nos va la vida en ello, la convivencia, la paz, la alegr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No podemos quedarnos de brazos cruzados diciendo que &ldquo;no hay nada que hacer&rdquo;. Siempre se puede hacer algo, queriendo. Conseguimos salir del feudalismo, conseguimos la democracia, la abolici&oacute;n de la esclavitud, la prohibici&oacute;n del trabajo infantil, el voto para las mujeres, la libertad de expresi&oacute;n, el derecho al divorcio, el matrimonio homosexual&hellip; Conseguimos sacudirnos el yugo de la Iglesia Cat&oacute;lica y del Tribunal de la Inquisici&oacute;n, quitarnos de encima la censura&hellip; cosas que parec&iacute;an imposibles, milagros que ni los mismos Reyes Magos podr&iacute;an haber obrado. Y sin embargo&hellip; lo conseguimos, lo hicimos nosotros, los hombres y mujeres de a pie, oponi&eacute;ndonos, enfrent&aacute;ndonos, diciendo que no quer&iacute;amos seguir as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En fin. Esa es mi carta. S&eacute; que si la remito como en mi infancia a S.S. M.M. los Reyes Magos. Oriente, lo m&aacute;s probable es que se pierda por el camino o que la destruya un dron, de modo que la publico aqu&iacute;, para que, como pasa con las semillas de diente de le&oacute;n que vuelan en primavera, quiz&aacute; arraigue en la mente o el coraz&oacute;n de alg&uacute;n lector o lectora -de esos que ya tienen una tierra f&eacute;rtil en su interior y sienten de una forma parecida a la m&iacute;a- y, cuantos m&aacute;s seamos, m&aacute;s posibilidades habr&aacute; de que ese milagro llegue a suceder.
    </p><p class="article-text">
        Les deseo un 2026 de salud, paz y alegr&iacute;a. No hablo de felicidad porque es un concepto que est&aacute; muy empobrecido de tanto usarlo sin ton ni son, ni tampoco digo prosperidad porque, aunque me gusta la idea, tambi&eacute;n se la han apropiado los que todo lo ven desde una &oacute;ptica puramente capitalista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Les deseo que, en la medida de sus fuerzas y posibilidades, aporten algo, un poquito, a cualquiera de los deseos de mi lista. Toda piedra hace pared y, como nos estamos quedando al raso, techo y paredes nos hacen mucha falta.
    </p><p class="article-text">
        Seguiremos hablando a lo largo del a&ntilde;o, si les parece.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elia Barceló]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Jan 2026 21:00:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta a los Reyes Magos]]></media:title>
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