<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Ebbaba Hameida]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ebbaba-hameida/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ebbaba Hameida]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1037802/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Los últimos de la crisis de Líbano: los refugiados sirios acogidos en un país al borde del colapso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ultimos-crisis-libano-refugiados-sirios-acogidos-pais-borde-colapso_130_8655173.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3bfb7023-7469-4e03-a463-31ceeabcf5c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los últimos de la crisis de Líbano: los refugiados sirios acogidos en un país al borde del colapso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nueve de cada diez familias refugiadas en Líbano viven en extrema pobreza y, tras una década resistiendo sin trabajo ni educación, su futuro se complica aún más en un país al límite de sus capacidades</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Todas las noches, antes de dormir, bailo&rdquo;, confiesa Gayda Said Ahmed. Lleg&oacute; a <a href="https://www.eldiario.es/temas/libano/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">L&iacute;bano</a> hace diez a&ntilde;os huyendo de los horrores de la guerra en Siria. La danza, cuenta, le ayud&oacute; a hacer frente a las &aacute;speras noches de invierno. Baila para entrar en calor, pero tambi&eacute;n para evadirse de su alrededor. Sus movimientos le permiten olvidar por un rato sus aspiraciones, bloqueadas en un campo de refugiados de un pa&iacute;s <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/crisis-libano-empuja-migracion-mar-chipre-amigos-han-intentado-irse_1_6280855.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al borde del colapso</a>. Bailando viaja a &ldquo;otros mundos&rdquo; que no logra alcanzar. 
    </p><p class="article-text">
        Antes del estallido del conflicto en su pa&iacute;s, viv&iacute;a en Daraa, una ciudad ubicada a 100 kil&oacute;metros al sur de Damasco, cerca de la frontera con Jordania. &ldquo;Ten&iacute;a grandes metas que han quedado reducidas a esta choza&rdquo;, lamenta Gayda Said Ahmed mientras abre las puertas de la chabola donde vive en el campamento de personas refugiadas, Yasmine, ubicado en el Valle de la Bekaa a 30 kil&oacute;metros al este de Beirut. El asentamiento, gestionado por la ONG libanesa <a href="https://urda-lb.org/en/home/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Union of Relief and Development Associations</a> (URDA), aloja a cerca de 220 familias. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras prepara unas infusiones, Geyda presume de haber acondicionado la tienda de pl&aacute;stico en la que vive con la ayuda de su marido, su hija, su nuera, una amiga y sus dos nietos. La alfombra y los tejidos de los cojines y colchones que sirven de sof&aacute; lucen colores vivos. El reflejo dorado de los pa&ntilde;os que adornan los pocos muebles de su choza se convierte en lo m&aacute;s parecido a una luz durante los habituales apagones de la zona. No quiere volver a Siria: &ldquo;All&iacute; la guerra no ha terminado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A sus 47 a&ntilde;os lleva un vestido largo y un velo verde azulado que encuadra un rostro del que destaca una mirada intensa dibujada por el <em>kohl </em>[cosm&eacute;tico creado con galena molida].&nbsp; Antes era maestra, viv&iacute;a en una casa con jard&iacute;n y contaba con su familia cerca. &ldquo;Aqu&iacute; siento que mi vida se ha paralizado y que no he podido borrar todo lo que sufrimos bajo los bombardeos&rdquo;, suspira. &ldquo;La m&uacute;sica se ha convertido en mi terapia. Vivimos una realidad realmente dram&aacute;tica a la que no vemos salida&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/537c2c96-893c-4f06-957b-35b011cee6db_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/537c2c96-893c-4f06-957b-35b011cee6db_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/537c2c96-893c-4f06-957b-35b011cee6db_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/537c2c96-893c-4f06-957b-35b011cee6db_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/537c2c96-893c-4f06-957b-35b011cee6db_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/537c2c96-893c-4f06-957b-35b011cee6db_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/537c2c96-893c-4f06-957b-35b011cee6db_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gayda Said Ahmed (segunda de la izquierda) posa junto a su familia y una amiga en el interior de su vivienda situada en el asentamiento Yasmine en el Valle de la Bekaa."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gayda Said Ahmed (segunda de la izquierda) posa junto a su familia y una amiga en el interior de su vivienda situada en el asentamiento Yasmine en el Valle de la Bekaa.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text">Refugiarse en un L&iacute;bano al borde del colapso&nbsp;&nbsp;</h3><p class="article-text">
        El pa&iacute;s de los cedros acoge a alrededor de 1,5 millones refugiados sirios y a medio mill&oacute;n de palestinos. La<a href="https://data2.unhcr.org/en/documents/details/88960" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Evaluaci&oacute;n de Vulnerabilidad de Personas Sirias Refugiadas en L&iacute;bano</a> (VASyR sus siglas en ingl&eacute;s) de 2021 ha revelado que nueve de cada diez familias sirias viven en pobreza extrema. El 60% de ellas malviven en alojamientos peligrosos, deficientes o hacinados.
    </p><p class="article-text">
        La supervivencia de los m&aacute;s vulnerables se complica ahora en un L&iacute;bano que atraviesa la peor<a href="https://branded.eldiario.es/libano-al-borde-del-colapso/situacion-libano.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> crisis econ&oacute;mica y pol&iacute;tica de su historia reciente</a>. Su moneda ha perdido el 90% de su valor respecto al d&oacute;lar; su PIB, seg&uacute;n el Banco Mundial, ha ca&iacute;do hasta un 40% desde 2018 y, la inflaci&oacute;n ha aumentado un 200% en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os. A esto hay que sumarle las consecuencias de la pandemia y la devastadora explosi&oacute;n en el puerto de Beirut en agosto de 2020.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, no supera la crisis pol&iacute;tica cr&oacute;nica provocada por el sectarismo y la corrupci&oacute;n de sus dirigentes: &ldquo;Son 18 facciones pol&iacute;ticas conectadas con intereses de terceros pa&iacute;ses. Las guerras de fuera pasan factura internamente. El sistema pol&iacute;tico lleg&oacute; a sus l&iacute;mites y la actual clase pol&iacute;tica libanesa demostr&oacute; incapacidad y desidia para encontrar una soluci&oacute;n alternativa y, mucho menos, para gestionar la<a href="https://branded.eldiario.es/libano-al-borde-del-colapso/index.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> acogida de las personas refugiadas</a>&rdquo;, explica Ziad Abou Hoch, presidente de<a href="https://urdaspain.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> URDA Spain</a>. &ldquo;El 'como acoges te vamos a ayudar' se ha quedado en el aire&rdquo;, a&ntilde;ade que un pa&iacute;s en estas circunstancias, tambi&eacute;n, ha sido abandonado por la comunidad internacional.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sabemos que aqu&iacute; todo est&aacute; mal y que la situaci&oacute;n es dif&iacute;cil, pero nosotros no vinimos por gusto. Yo creo que los dem&aacute;s pa&iacute;ses nos han abandonado a nosotros, pero tambi&eacute;n a L&iacute;bano&rdquo;, interrumpe el marido de Geyda. Se llama Munir Naif Omar, acaba de cumplir 50 a&ntilde;os. Es alto y delgado. Se entretiene jugando con sus nietos. &ldquo;El peque&ntilde;o me llama pap&aacute; porque su padre se fue a Libia y de ah&iacute; cruz&oacute; el Mediterr&aacute;neo, ahora esta en Italia&rdquo;. Los tres hijos varones del matrimonio se han marchado.
    </p><p class="article-text">
        Munir muestra un bote de f&aacute;rmacos que deber&iacute;a tomar todos los d&iacute;as porque est&aacute; operado del coraz&oacute;n. &ldquo;Llevo meses sin poder tomar estas pastillas. Ahora cuestan cinco veces m&aacute;s y aqu&iacute; tampoco encontramos trabajo&rdquo;. Los medicamentos en L&iacute;bano se han vuelto un bien de lujo y algunos ni siquiera se encuentran.
    </p><p class="article-text">
        A las seis de tarde ya es de noche. Las 220 familias que viven en este campamento se esconden del fr&iacute;o. La luz brilla por su ausencia en un pa&iacute;s que lleva m&aacute;s de dos a&ntilde;os apag&aacute;ndose. Las chimeneas de gas y le&ntilde;a son insuficientes para calentar estos hogares construidos con materiales que ni a&iacute;slan del fr&iacute;o ni aguanta las fuertes lluvias tan frecuentes en esta regi&oacute;n. Solo se percibe lo poco que ilumina la luna, mientras miles de personas viven a la intemperie entre valles y monta&ntilde;as de la zona.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c228412a-5b72-44f2-8745-2e9542fb7c08_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c228412a-5b72-44f2-8745-2e9542fb7c08_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c228412a-5b72-44f2-8745-2e9542fb7c08_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c228412a-5b72-44f2-8745-2e9542fb7c08_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c228412a-5b72-44f2-8745-2e9542fb7c08_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c228412a-5b72-44f2-8745-2e9542fb7c08_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c228412a-5b72-44f2-8745-2e9542fb7c08_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Varios niños tapados con mantas duermen en el interior de una vivienda situada en el asentamiento Yasmine en el Valle de la Bekaa."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Varios niños tapados con mantas duermen en el interior de una vivienda situada en el asentamiento Yasmine en el Valle de la Bekaa.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h3 class="article-text">Ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que solo pueden imaginarse la escuela</h3><p class="article-text">
        Amanece y las mantas atrapan. Pese a las bajas temperaturas, los m&aacute;s peque&ntilde;os se divierten correteando por el sendero encharcado que discurre entre las dos hileras de tiendas blancas, mientras un grupo de chavales juega al futbol.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No tenemos escuela&rdquo;, dice Hayat de cinco a&ntilde;os. Marwa coge nuestra libreta y dibuja el aula dentro del autob&uacute;s donde reciben clases dos veces a la semana. &ldquo;Nos turnamos para que todos los ni&ntilde;os puedan subir al autob&uacute;s y aprender&rdquo;, dice. &ldquo;Yo quiero estudiar mucho&rdquo;, insiste mientras firma su grabado.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de la infancia refugiada en L&iacute;bano solo puede imaginarse la escuela. Organizaciones como<a href="https://www.hrw.org/es/news" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Human Rights Watch</a> (HRW) han denunciado reiteradamente los obst&aacute;culos que el Ministerio de Educaci&oacute;n ha impuesto a estudiantes procedentes de Siria. Quienes consiguen arreglar los papeles se encuentran con que sus familias no pueden afrontar los gastos educativos. &ldquo;El transporte es caro y muchas familias han dejado de mandar a sus hijos a la escuela. Por esto la idea del autob&uacute;s es la de intentar acercarles las aulas y, adem&aacute;s, brindarles de apoyo psicosocial&rdquo;, explica Abou Hoch.
    </p><p class="article-text">
        La Evaluaci&oacute;n de Vulnerabilidad de Personas Sirias Refugiadas del a&ntilde;o 2021 confirma que la ni&ntilde;ez soporta el mayor peso de la crisis. &ldquo;El 30% de menores en edad escolar nunca ha ido a la escuela. La asistencia a la educaci&oacute;n primaria cay&oacute; un 25 %&rdquo;, indica el informe. Adem&aacute;s, denuncia el preocupante aumento del trabajo infantil y que una de cada cinco ni&ntilde;as contrajo matrimonio en el &uacute;ltimo a&ntilde;o.
    </p><h3 class="article-text">Las mujeres que empujan el campamento</h3><p class="article-text">
        En este lugar d&oacute;nde el tiempo aparenta estar congelado por el fr&iacute;o, donde nada pasa y nada cambia, las mujeres son el motor de la supervivencia. Iham Basiri tiene detr&aacute;s de su chabola un peque&ntilde;o huerto. &ldquo;Tengo br&oacute;coli, espinacas, cebolla&hellip;&rdquo;, enumera. Como ella hay 70 mujeres que se dedican a la huerta. Tienen un grupo de WhatsApp para organizar los productos que necesitan y, posteriormente, realizar los repartos. Ellas lideran la vida en el refugio: &ldquo;Muchos hombres se han marchado. Ellos se permiten emigrar o incluso volver a Siria, pero nosotras nos quedamos con nuestros hijos y al frente de todo&rdquo;, se&ntilde;ala Iham.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4766e66-2af8-42de-9d54-40bd859d391c_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4766e66-2af8-42de-9d54-40bd859d391c_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4766e66-2af8-42de-9d54-40bd859d391c_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4766e66-2af8-42de-9d54-40bd859d391c_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4766e66-2af8-42de-9d54-40bd859d391c_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4766e66-2af8-42de-9d54-40bd859d391c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f4766e66-2af8-42de-9d54-40bd859d391c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Varias mujeres en el asentamiento Dar Salam, donde acuden todos los días para hacer manualidades con plástico reciclado."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Varias mujeres en el asentamiento Dar Salam, donde acuden todos los días para hacer manualidades con plástico reciclado.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Con el tiempo han aprendido tambi&eacute;n a crear un espacio para ellas mismas. Entre varios asentamientos esta <em>Dar Salam</em> (la casa de la paz) donde decenas de mujeres acuden todos los d&iacute;as para hacer manualidades con pl&aacute;stico reciclado. Rabaa Elgaidiri es la coordinadora y la maestra de todas: &ldquo;Comenzamos a reciclar bolsas de pl&aacute;stico y las convertimos en cosas bonitas&rdquo;. Bolsos, accesorios o adornos para la casa, ense&ntilde;a, orgullosa de lo que han conseguido. &ldquo;Hay algo que no ver&eacute;is y es todo lo que hemos hablado y puesto en com&uacute;n. Nosotras venimos aqu&iacute; y nos olvidamos de la monoton&iacute;a de nuestra vida y la condena del refugio&rdquo;, cuenta Elgaidiri. &ldquo;Tenemos mucha fuerza. Muchas mujeres est&aacute;n solas, perdieron familiares y a sus maridos en la guerra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La vida es complicada para ellas. Se enfrentan a los problemas relacionados con su condici&oacute;n de refugiadas, pero tambi&eacute;n al peso de las tradiciones y la religi&oacute;n que ya reca&iacute;a sobre sus hombros.
    </p><p class="article-text">
        Fuera de los asentamientos, en los barrios de Beirut la vida es mucho m&aacute;s precaria para las personas m&aacute;s vulnerables. &ldquo;Fuera de los campos tienen que pagar un alquiler cuyo precio se ha disparado y con la crisis muchas personas nos piden volver a los asentamientos&rdquo;, asegura el presidente de URDA Spain.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los datos de la ONU, el 80% de los libaneses viven por debajo del umbral de la pobreza. El aumento de la pobreza en la poblaci&oacute;n local ha provocado el aumento de los ataques contra qui&eacute;nes llegan buscando un lugar seguro, las personas refugiadas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El peor enemigo que puede encontrar una causa humanitaria es el olvido&rdquo; concluye Abou Hoch. &ldquo;Como han pasado diez a&ntilde;os dejaremos de importar&rdquo;, coincide Geyda. Porque diez a&ntilde;os son muchos y nada a la vez. La vida se ha detenido, sigue en espera y no avanza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ebbaba Hameida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/ultimos-crisis-libano-refugiados-sirios-acogidos-pais-borde-colapso_130_8655173.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Jan 2022 21:39:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3bfb7023-7469-4e03-a463-31ceeabcf5c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2577216" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3bfb7023-7469-4e03-a463-31ceeabcf5c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2577216" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los últimos de la crisis de Líbano: los refugiados sirios acogidos en un país al borde del colapso]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3bfb7023-7469-4e03-a463-31ceeabcf5c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Refugiados sirios,Líbano,Pobreza,Refugiados]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
