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    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier Polavieja]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/javier-polavieja/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier Polavieja]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cuidado con el gap]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/discriminacion-genero-brecha-salarial-experimentos_132_8671332.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d1f982af-5867-4e36-ba4d-103269ac852e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuidado con el gap"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nuevas datos experimentales sobre la discriminación de género ofrecen pruebas contrarias a la intuición</p></div><p class="article-text">
        Existen constatadas diferencias entre hombres y mujeres en numerosos indicadores laborales; entre otros, las tasas de participaci&oacute;n y empleo, el tipo de jornada y tipo de contrato, el acceso a puestos de supervisi&oacute;n y direcci&oacute;n y los salarios. En todos estos indicadores las mujeres est&aacute;n peor que los hombres. Adem&aacute;s, hombres y mujeres tienden a concentrarse en diferentes ocupaciones, siendo esta segregaci&oacute;n ocupacional clave para entender las diferencias de g&eacute;nero en las trayectorias salariales t&iacute;picas (perfiles antig&uuml;edad/ingresos) y por ende la brecha salarial de g&eacute;nero. Reducir las brechas (o <em>gaps</em>) de g&eacute;nero en el mercado de trabajo es un objetivo declarado de las instituciones p&uacute;blicas en todos los &aacute;mbitos. Resulta evidente, sin embargo, que, para ello, tenemos que entender bien cu&aacute;les son sus causas.
    </p><h3 class="article-text">Cuidado con el gap</h3><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n m&aacute;s popular de la desigualdad laboral de g&eacute;nero atribuye la misma a la existencia de discriminaci&oacute;n, es decir el trato desigual que recibir&iacute;an las mujeres por parte de los empleadores, tanto en la contrataci&oacute;n, como en la promoci&oacute;n interna y la retribuci&oacute;n. Es com&uacute;n en el debate p&uacute;blico que la desigualdad de g&eacute;nero y la discriminaci&oacute;n se traten, de hecho, como sin&oacute;nimos: si las mujeres muestran peores indicadores laborales que los hombres (p.ej. salarios promedio m&aacute;s bajos), entonces las mujeres <em>tienen que estar discriminadas</em>. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de esta creencia extendida en el debate p&uacute;blico, de la existencia de desigualdades observables no se puede concluir la existencia de discriminaci&oacute;n. Esto es as&iacute; porque las diferencias observables en el mercado laboral pueden ser tambi&eacute;n el resultado de diferencias (t&iacute;picamente no observables) en las preferencias, expectativas, orientaciones, rasgos de comportamiento y constre&ntilde;imientos que influyen sobre los procesos &ldquo;de oferta&rdquo;, incluyendo entre ellos los procesos de formaci&oacute;n de capital humano (nota: la oferta del mercado de trabajo somos los trabajadores, la demanda los empresarios). Por muy complejos que sean los modelos econom&eacute;tricos con los que estimamos las distintas &ldquo;brechas&rdquo; laborales, ning&uacute;n modelo estimado a partir de datos observables (recogidos a trav&eacute;s de encuestas) puede identificar de manera indubitable la existencia de discriminaci&oacute;n: ni observamos todas las caracter&iacute;sticas que importan, ni la existencia de diferencias de g&eacute;nero en las caracter&iacute;sticas que s&iacute; observamos puede ser autom&aacute;ticamente atribuida a procesos de discriminaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, centr&aacute;ndonos en la brecha salarial, sabemos 1) que las mujeres acceden en mucho menor medida que los hombres a las carreras STEM (ciencia, tecnolog&iacute;a, ingenier&iacute;a y matem&aacute;ticas) y 2) que dichas carreras reciben altos r&eacute;ditos en los mercados de trabajo de las econom&iacute;as avanzadas (p.ej. en t&eacute;rminos de empleabilidad y salarios). Esto significa 1) que saber cu&aacute;l es el campo de estudio, no solo el nivel de estudios, es muy importante para entender las diferencias salariadas observadas entre hombres y mujeres (y sin embargo los datos oficiales sobre brechas salariales rara vez incluyen informaci&oacute;n sobre el campo de estudio); y 2) que dif&iacute;cilmente los empleadores pueden ser responsables de los procesos que llevan a hombres y mujeres a elegir diferentes campos de estudio. Argumentaciones an&aacute;logas se podr&iacute;an hacer, por ejemplo, respecto de las diferencias de g&eacute;nero en la distribuci&oacute;n de la carga dom&eacute;stica, la aversi&oacute;n al riesgo o las orientaciones con respecto al logro (estas dos &uacute;ltimas seguramente mucho m&aacute;s controvertidas). Los factores que modelan la oferta importan y mucho a la hora de explicar la desigualdad laboral observada. &iquest;Quiere esto decir que no debamos tomarnos en serio la posibilidad de discriminaci&oacute;n en las empresas como factor explicativo de la desigualdad laboral entre hombres y mujeres? Al contrario: quiere decir que para tomarnos en serio la discriminaci&oacute;n, debemos utilizar la metodolog&iacute;a adecuada. Y esa metodolog&iacute;a se llama experimentos de campo. 
    </p><h3 class="article-text">Los experimentos de campo</h3><p class="article-text">
        En los experimentos de campo analizamos el comportamiento de los empleadores (o sus agentes) a la hora de seleccionar su personal en contextos reales (lo hacemos, por cierto, sin que los empleadores lo sepan, pero eso ahora es otro tema). Los experimentos de campo m&aacute;s comunes son los llamados test de correspondencia. En estos test se env&iacute;an curr&iacute;culos de candidatos ficticios a ofertas de empleo reales, para una selecci&oacute;n de ocupaciones elegidas de antemano por los investigadores. Los CVs enviados son id&eacute;nticos en todas las caracter&iacute;stica relevantes para el puesto ofertado pero difieren en aquella caracter&iacute;stica hipot&eacute;ticamente susceptible de generar discriminaci&oacute;n (en el caso que nos ocupa, el g&eacute;nero del solicitante). Lo que queremos contrastar es el efecto que tiene dicha caracter&iacute;stica, que denominamos &ldquo;tratamiento&rdquo;, en las decisiones de contrataci&oacute;n de las organizaciones en un determinado mercado de trabajo. Con un n&uacute;mero suficiente de unidades experimentales (empresas), la aleatorizaci&oacute;n de los tratamientos nos permite estimar, para cada ocupaci&oacute;n seleccionada, &nbsp;cu&aacute;l es la probabilidad media de contratar a una mujer frente a un hombre de id&eacute;nticas caracter&iacute;sticas curriculares en un determinado mercado laboral. La medida resumen t&iacute;pica utilizada en estos estudios es la <em>ratio de respuesta</em> (o <em>callback ratio</em>), que, para este caso, ser&iacute;a simplemente el resultado de dividir la tasa de respuesta media para las mujeres por la tasa de respuesta media para los hombres. 
    </p><p class="article-text">
        Los cient&iacute;ficos sociales han venido realizando experimentos de campo sobre discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero en la contrataci&oacute;n desde los a&ntilde;os 70 del pasado siglo. Aunque parezca sorprendente, los hallazgos de estos experimentos son muy dispares, con estudios que encuentran discriminaci&oacute;n contra las mujeres, estudios que encuentran discriminaci&oacute;n contra los hombres y estudios que no encuentran nada. Estas diferencias entre estudios podr&iacute;an indicar verdaderas diferencias entre pa&iacute;ses, en la medida en la que los contextos institucionales y culturales pueden afectar a las decisiones de contrataci&oacute;n de los empleadores. El problema, sin embargo, es que los experimentos realizados son bastante heterog&eacute;neos en lo que respecta a las ocupaciones utilizadas como diana &nbsp;y otras caracter&iacute;sticas importantes del dise&ntilde;o de investigaci&oacute;n y, adem&aacute;s, se han realizado en diferentes momentos del tiempo, por lo que sus resultados no son comparables entre s&iacute;. &nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Un estudio pionero</h3><p class="article-text">
        Para superar estas limitaciones, un equipo de investigadores de cinco instituciones europeas (el WZB y las universidades de &Aacute;msterdam, Oslo, Oxford y la Carlos III de Madrid) hemos realizado el primer estudio sobre discriminaci&oacute;n laboral de g&eacute;nero que utiliza un dise&ntilde;o armonizado en seis pa&iacute;ses, Alemania, Espa&ntilde;a, Estados Unidos, Noruega, Pa&iacute;ses Bajos y Reino Unido. Los datos de este trabajo, recientemente publicado en<a href="https://doi.org/10.1093/esr/jcab043" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em> European Sociological Review</em></a>, provienen del proyecto GEMM, el mayor experimento de campo sobre discriminaci&oacute;n laboral realizado hasta la fecha (con m&aacute;s de 19.000 empresas testadas) y el &uacute;nico con un dise&ntilde;o deliberadamente comparado. Utilizamos una submuestra de 4.500 empresas a las que se enviaron CVs de candidatos &nbsp;con padres aut&oacute;ctonos. Nuestro dise&ntilde;o es desemparejado, por lo que cada oferta (empresa) recibe solo un CV, que puede corresponder aleatoriamente a un solicitante hombre o mujer de id&eacute;nticas caracter&iacute;sticas curriculares. Usando las plataformas de b&uacute;squeda de empleo m&aacute;s importantes de cada pa&iacute;s, mandamos solicitudes a ofertas de empleo en seis ocupaciones: cocinero, administrativo-contable, recepcionista, representante de ventas, desarrollador de software, ayudante de tienda. Estas ocupaciones fueron seleccionadas cuidadosamente buscando representatividad y variaci&oacute;n, tanto en las cualificaciones requeridas, como en el contacto con el consumidor. Aunque el grado de tipismo de g&eacute;nero de algunas de estas ocupaciones var&iacute;a dependiendo del pa&iacute;s (p.ej., cocinero es una ocupaci&oacute;n claramente masculina en Alemania, neutra en Espa&ntilde;a y claramente femenina en Reino Unido); hay dos ocupaciones que son t&iacute;picamente femeninas en todos los pa&iacute;ses (recepcionista y administrativo-contable) y dos que son t&iacute;picamente masculinas (representante de ventas y desarrollador de software). Juntas, estas seis ocupaciones seleccionadas representan entre el 15 y el 20 por ciento de la fuerza de trabajo en cada pa&iacute;s. Nuestros solicitantes son j&oacute;venes (en torno a los 25 a&ntilde;os, dependiendo de la ocupaci&oacute;n) y tiene cuatro a&ntilde;os de experiencia laboral en el sector correspondiente a la oferta. No se&ntilde;alizamos situaci&oacute;n familiar. Como en todos los test de correspondencia, nos interesa medir si el empleador contesta positivamente a nuestras solicitudes (mostrando inter&eacute;s por nuestros solicitantes) o no. 
    </p><p class="article-text">
        Dos hallazgos fundamentales destacan de este estudio: 
    </p><p class="article-text">
        <em>Primero</em>, aunque los seis pa&iacute;ses seleccionados difieren en sus contextos institucionales, econ&oacute;micos y culturales, <strong>no encontramos discriminaci&oacute;n contra las mujeres</strong> <strong>en ninguno de los pa&iacute;ses analizados</strong>, ni siquiera en las dos ocupaciones m&aacute;s claramente masculinizadas: representantes de ventas y desarrollador de software (v&eacute;ase Figura 1). El hecho de no encontrar ning&uacute;n sesgo por parte de los empleadores en esta &uacute;ltima ocupaci&oacute;n es especialmente relevante porque es en precisamente este tipo de ocupaciones d&oacute;nde m&aacute;s cabr&iacute;a esperar reparos a contratar mujeres por parte de los empleadores, atendiendo a dos hechos conocidos: 1) que las mujeres suelen tener m&aacute;s riesgos de interrupci&oacute;n laboral y 2) que las interrupciones laborales tienen mayores efectos sobre la productividad del trabajador en aquellas profesiones que requieren de un aprendizaje continuo en el puesto, como es el caso de las ocupaciones del sector de las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n. A pesar del riesgo objetivo de atrofia de las capacidades asociado al mayor riesgo &ldquo;estad&iacute;stico&rdquo; de interrupci&oacute;n laboral, los empleadores no penalizan a las mujeres que solicitan empleos como desarrolladoras de software.
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            <span class="title">
                Figura 1 Ratios de género en las respuestas por ocupación y país                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Nota: Realizado por el autor a partir de los datos de Birkelund et al. 2021: 10, Tabla 3. Ratios significativas se&ntilde;aladas:&nbsp;* P&le; .01; **P&le; .05; *** P&le;. 001
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El segundo hallazgo&nbsp;</em>es que en cuatro de los seis pa&iacute;ses analizados (Alemania. Espa&ntilde;a, Pa&iacute;ses Bajos y Reino Unido), <strong>encontramos discriminaci&oacute;n contra los hombres</strong> (ver Figura 2). En estos pa&iacute;ses los hombres tendr&iacute;an, como promedio entre todas las ocuupaciones, entre 5 y 9 por ciento menos probabilidades de recibir una respuesta positiva que las mujeres. Estas probabilidades promedio se explican, sobre todo, por la <strong>alta discriminaci&oacute;n</strong> que encontramos <strong>contra los solicitantes varones en las ocupaciones t&iacute;picamente femeninas</strong> (recepcionista y administrativo-contable) pero tambi&eacute;n en otras menos claramente feminizadas (ayudante de tienda). Seg&uacute;n nuestros estimadores, en estas ocupaciones los candidatos varones podr&iacute;an tener que mandar entre el doble (ayudante de tienda en Alemania y Pa&iacute;ses Bajos) y el cu&aacute;druple (recepcionistas en Espa&ntilde;a y administrativos contables en Reino Unido) de solicitudes que las mujeres de id&eacute;nticas caracter&iacute;sticas curriculares para obtener una respuesta positiva (dado los amplios intervalos de confianza alrededor de las estimaciones, se recomienda cautela en la interpretaci&oacute;n de estas intensidades). Estos resultados sugieren que, aunque las 4.500 organizaciones analizadas operan en contextos institucionales diversos, sus reclutadores consideran que las mujeres son mejores candidatas para las ocupaciones m&aacute;s t&iacute;picamente femeninas, pero no consideran a los hombres mejores candidatos para las ocupaciones t&iacute;picamente masculinas. 
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            <span class="title">
                Figura 2 Efecto promedio de ser mujer sobre la probabilidad de respuesta positiva por país                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Nota: Coeficientes con intervalos de confianza del 95% estimados con modelos de probabilidad lineal para cada pa&iacute;s, incluyendo controles por ocupaci&oacute;n (Birkelund et al. 2021:11). El coeficiente para Reino Unido es significativo al 90% de confianza.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><h3 class="article-text">A modo de conclusi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        A pesar de la indiscutible mejora en los indicadores laborales de las mujeres que venimos observando en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas en todos los pa&iacute;ses de nuestro entorno, a d&iacute;a de hoy, estas todav&iacute;a est&aacute;n peor que los hombres en los mercados de trabajo. La pregunta clave es por qu&eacute;. Hay dos tipos de respuestas en la literatura especializada: las que se centran en los factores de oferta (lo que los trabajadores hacen) y las que se centran en las explicaciones de demanda (lo que las empresas hacen). A tenor de los resultados de este estudio, parecer&iacute;a que el ca&ntilde;&oacute;n humeante de la &ldquo;desventaja&rdquo; laboral de las mujeres estar&iacute;a en las explicaciones de oferta. Entender c&oacute;mo se forman las preferencias educativas (incluidas las decisiones que determinan la elecci&oacute;n del campo de estudio) y ocupacionales, as&iacute; como los factores que influyen sobre las decisiones profesionales de unos y otras es clave para entender los<em> gaps</em> que a&uacute;n observamos en los mercados de trabajo. Sin embargo, es importante enfatizar que una limitaci&oacute;n de los experimentos de campo sobre discriminaci&oacute;n es que solo nos proporcionan informaci&oacute;n sobre los sesgos de los empleadores en la contrataci&oacute;n, pero no nos dicen nada sobre sus potenciales sesgos en las decisiones de promoci&oacute;n. El revolver de las explicaciones de la demanda todav&iacute;a podr&iacute;a estar cargado. Es lugar com&uacute;n concluir un trabajo acad&eacute;mico con la frase &ldquo;necesitamos m&aacute;s investigaci&oacute;n sobre el tema&rdquo; y, sin embargo, la necesitamos.
    </p><p class="article-text">
        Mientras esa investigaci&oacute;n llega, espero que el estudio recientemente publicado en ESR sirva para acercar la evidencia sobre la discriminaci&oacute;n laboral contra los hombres a un p&uacute;blico no experto y, sobre todo, para concienciar de la importancia de acertar en el diagn&oacute;stico de las causas que provocan las diferencias observables en indicadores laborales entre hombres y mujeres (a&uacute;n hay diferencias en favor de los primeros, insisto), para no errar en el dise&ntilde;o de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Para ser a&uacute;n m&aacute;s claro, espero que este estudio sirva para alertar del peligro que supondr&iacute;a tratar un problema de oferta como si fuera uno de demanda, por ejemplo, introduciendo medidas de &ldquo;discriminaci&oacute;n positiva&rdquo; all&iacute; donde no existe evidencia de discriminaci&oacute;n &ldquo;negativa&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Polavieja]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/discriminacion-genero-brecha-salarial-experimentos_132_8671332.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Jan 2022 05:00:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuidado con el gap]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Brecha de género]]></media:keywords>
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