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    <title><![CDATA[elDiario.es - Inés Hernand]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ines-hernand/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Inés Hernand]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El desahucio de Maricarmen por dentro: “Vosotros por dinero, nosotros por amor”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/desahucio-maricarmen-dinero-amor_129_13539562.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/067d4c1f-cd1a-4e29-9123-188e8dcfe13f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x304y596.jpg" width="1200" height="675" alt="El desahucio de Maricarmen por dentro: “Vosotros por dinero, nosotros por amor”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cualquiera podríamos ser Maricarmen, en una España que ha registrado más de 600.000 desahucios en los últimos trece años. Gracias al Sindicato de Inquilinas, la PAH y todos los movimientos asociativos que han puesto el cuerpo tanto tiempo y hacen posible que esta lucha por la vivienda digna y el derecho a habitar tenga sentido</p><p class="subtitle">Inés Hernand denuncia en RTVE el desahucio de Maricarmen: “Esto es culpa del gobierno regional y del central, de los dos”
</p></div><p class="article-text">
        Eran las 6 de la ma&ntilde;ana del 23 de septiembre de 2026.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a como ese hace 16 a&ntilde;os, se movilizaban 3 millones de personas en Francia en contra de la reforma de pensiones. Despu&eacute;s de todos los reclamos, no se logr&oacute; impedir la aprobaci&oacute;n de la reforma. Pero aquellas personas que transitaron esa experiencia compartida como un acompa&ntilde;amiento, como un alivio, posteriormente tambi&eacute;n compartieron la indignaci&oacute;n y la rabia que lograron expandir, propia de la frustraci&oacute;n que generan las expectativas colectivas.
    </p><p class="article-text">
        Qui&eacute;n nos iba a decir que esa efem&eacute;ride ser&iacute;a casi prof&eacute;tica con nuestro d&iacute;a, aunque a esas horas a&uacute;n desconoc&iacute;amos la envergadura que adquirir&iacute;a despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El pasado mi&eacute;rcoles, al sonido de unos silbatos, nos aglutinamos en el 46 de la calle Alcalde Sainz de Baranda de Madrid, una amalgama de cuerpos. Cuerpos de todas las edades, procedencias y g&eacute;neros que hab&iacute;an pasado ya 10 horas sobre el asfalto, durmiendo precariamente y con la ilusi&oacute;n de paralizar la desverg&uuml;enza y la inhumanidad a la que nos enfrentar&iacute;amos poco rato despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        A esas horas, a&uacute;n se acercaban c&aacute;maras que enfocaban con la luz artificial sobre nuestras caras en, todav&iacute;a, la noche cerrada. Ven&iacute;an de todas las cadenas y medios, y cruz&aacute;bamos complicidad con algunos y miradas de zool&oacute;gico con otros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Ines Hernard en la protesta pacifica a las puertas del piso de Maricarmen.                            </span>
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        Ten&iacute;amos unas peque&ntilde;as barricadas de poli&eacute;ster bajo el nombre de Quechua, algo simb&oacute;lico que nos franqueaba de la desprotecci&oacute;n de nuestros cuerpos ante las fuerzas del orden.
    </p><p class="article-text">
        A las 6.35 de la ma&ntilde;ana, los polic&iacute;as antidisturbios que se aproximaban iban retirando algunas de las tiendas de campa&ntilde;a y, confusos, se pon&iacute;an y se quitaban el casco, como sus convicciones quiz&aacute;. Todav&iacute;a la directriz era conservadora y hab&iacute;a solo siete furgones, pues a lo largo de la ma&ntilde;ana se ir&iacute;an sumando hasta llegar a unos veinticinco. Ya sab&eacute;is, por la peligrosidad que pod&iacute;a ofrecer una anciana de 87 a&ntilde;os con un 50% de discapacidad.
    </p><p class="article-text">
        Amanec&iacute;a por el este de la calle y, entre las piernas de los polic&iacute;as, nos cubr&iacute;amos de los primeros rayos de sol. Cuando se aproximaban, entrelaz&aacute;bamos nuestros brazos, como un fuerte tejido inquebrantable que solo las cuchillas m&aacute;s afiladas sabr&iacute;an destrozar.
    </p><p class="article-text">
        Grit&aacute;bamos &ldquo;&iexcl;Verg&uuml;enza!&rdquo;, y tambi&eacute;n les dec&iacute;amos cosas directas a ellos, mir&aacute;ndolos a los ojos: &ldquo;Puedes no hacerlo&rdquo;, &ldquo;&iquest;Qu&eacute; le contar&aacute;s a tu hijo cuando hoy vuelvas a casa?&rdquo;, &ldquo;Podr&iacute;a ser tu abuela, podr&iacute;as ser t&uacute;&rdquo;. Ante las frases, apartaban la mirada. Alguno ten&iacute;a los ojos vidriosos y otros, sencillamente, re&iacute;an. No paraba de preguntarme qu&eacute; puede llevarte a esa especializaci&oacute;n, pero bueno, supongo que cada cual tiene su historia.
    </p><p class="article-text">
        Pasaban los minutos y ven&iacute;an cargados de emoci&oacute;n y de sucesos: echaban a la prensa y pon&iacute;an a los furgones interceptando la visibilidad de las personas que se agolpaban en la manzana ya cortada; empezaban a arrastrar e identificar a los primeros ciudadanos que estaban resistiendo pac&iacute;ficamente, y el sol nos cegaba y utiliz&aacute;bamos las siluetas de los polic&iacute;as como parasol. No dej&aacute;bamos de cantar o de gritar, desvelando a todo el vecindario. Nos mov&iacute;a la justicia y la convicci&oacute;n de que esto hab&iacute;a que cambiarlo.
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                La visión de Inés Hernard durante la protesta pacíficas.                            </span>
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        Hab&iacute;a gente de los portales aleda&ntilde;os que sal&iacute;a a trabajar a esas horas con actitud de descontento porque les habr&iacute;amos despertado o porque no podr&iacute;a recogerles el Uber en la puerta. Otros, sin embargo, aplaud&iacute;an el gesto de m&aacute;s de 300 personas hacinadas en el portal, unas encima de otras, sobre el asfalto sucio y fr&iacute;o, por cuestionar un mercado de vivienda absolutamente fallido.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s minutos a nuestras espaldas. Hab&iacute;a compa&ntilde;eros que se ten&iacute;an que marchar a trabajar; lo hac&iacute;an entre aplausos y con la previa identificaci&oacute;n por parte de los antidisturbios. Nos cant&aacute;bamos &ldquo;Compa&ntilde;eras, no est&aacute;is solas&rdquo;, con todos los asistentes a ambos lados de la manzana que no alcanz&aacute;bamos a ver. Me mensajeaba con Ignatius, que lleg&oacute; y me dijo que estaba atestado de gente.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute;bamos nosotras, comandadas por Valeria y Alicia, del Sindicato de Inquilinas, art&iacute;fices de esta movilizaci&oacute;n, que en todo momento nos preguntaban si est&aacute;bamos bien y nos animaban. En paralelo a esta concentraci&oacute;n, se ejecutaba el desahucio de David, de 52 a&ntilde;os, y su hijo, de 21, en Vallecas, donde llevaban viviendo y pagando 20 a&ntilde;os. Nos informaban en tiempo real.
    </p><p class="article-text">
        Las 9. Llega puntual el Samur Social, a la vez que la comisi&oacute;n judicial, la procuradora de Urbagesti&oacute;n y, con ellas, la presencia de la abogada de Maricarmen, Beatriz Duro, y la abogada del Sindicato de Inquilinas, Alejandra Jacinto. Nos estrujamos y deshacemos en miradas. Solo vemos c&oacute;mo pasea uno de los trabajadores del Samur Social, de pelo largo y canoso, limpi&aacute;ndose de l&aacute;grimas la cara. Lo que alcanzan a ver nuestros ojos rodeados de polic&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Empieza un murmullo porque est&aacute;n mucho rato hablando. Empiezan a adelantar lo que no podemos creer: van a ejecutar el desahucio, van a echar a una mujer de 87 a&ntilde;os, con m&aacute;s de 40 a&ntilde;os cotizados, de su casa, sin alternativa habitacional, reducida al abandono administrativo, pero no social. Estamos todas con ella.
    </p><p class="article-text">
        Hago un inciso para contaros que el d&iacute;a anterior estuve entrevistando a Maricarmen para Radio Nacional. Dos a&ntilde;os antes la conoc&iacute; en Saldremos Mejores y la distancia entre un momento y otro era como de la noche al d&iacute;a: estaba enjuta, desgastada, triste, vulnerable, pero a&uacute;n con ganas de resistir por el derecho que le pertenece, seg&uacute;n el art&iacute;culo 47 de la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola: a una vivienda digna. Su casa estaba en un estado liminal: cajas de por medio, recuerdos a&uacute;n colgados, olor a caf&eacute; y su ventana ya reconocible de la cantidad de medios en los que ha salido.
    </p><p class="article-text">
        Van a sacar de su casa a Maricarmen. Los dispositivos t&iacute;midos ya se convierten en cancerberos que empiezan a mover cuerpos como sacos de patatas. Sacos que se resisten, algunos m&aacute;s y otros menos, pero cuerpos vejados. Susurraban insultos algunos de ellos; otros ejerc&iacute;an violencia en sitios invisibles pero efectivos, como pisotones en tobillos o mu&ntilde;ecas, cuello, pu&ntilde;etazos incluso a mi compa&ntilde;ero Lucas. A m&iacute; me cogieron de la capucha, estrangul&aacute;ndome, y luego me zancadillearon dici&eacute;ndome que &ldquo;dejara de hacer el gilipollas&rdquo;. Aguardaban, pacientes y con ganas, cuatro horas de resistencia pac&iacute;fica ciudadana, sus ganas de menospreciarnos. O, como ellos lo llaman: hacer su trabajo.
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            <span class="title">
                Visión de Inés Hernand durante la protesta.                            </span>
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        Yo sal&iacute; de las primeras porque estaba en la primera fila y nos quedamos, despu&eacute;s de ser identificados, un rato largo esperando fuera del  per&iacute;metro de seguridad al resto de compa&ntilde;eros que desalojaban progresivamente. Nos fund&iacute;amos en l&aacute;grimas y abrazos de impotencia mientras, de fondo, transe&uacute;ntes dec&iacute;an: &ldquo;Si quer&iacute;a vivir por 500 euros, que se hubiera ido a Villaverde&rdquo;. Qu&eacute; put&iacute;simo asco. Los abogados de la propiedad que han ido proliferando estos d&iacute;as. No podemos dejar de mencionar que algo est&eacute; amparado por una ley no significa que esa ley concreta sea justa o responda a las necesidades de la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Creo que deber&iacute;amos de tener consenso en que no es normal pagar 2.500 euros en el centro de una ciudad cuando ganas 1.500 euros, y que ello implique acabar viviendo a dos horas de tu barrio de siempre o de tu trabajo y luego presentar eso como si el problema fuese &ldquo;cumplir con un contrato&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a existe una ampl&iacute;sima voluntad de pago a nuestras 13 grandes inmobiliarias y fondos de inversi&oacute;n, los cuales gestionan m&aacute;s de 100.000 viviendas en alquiler en Espa&ntilde;a, y a los caseros particulares en general, tambi&eacute;n. No entiendo esta inquina de generar una imagen del inquilino como alguien sospechoso o moroso, cuando la inmensa mayor&iacute;a de personas que alquilan una vivienda lo hacen precisamente para pagarla y poder vivir en ella. &iquest;No ser&aacute; que odian a los pobres?
    </p><p class="article-text">
        Sal&iacute;a Maricarmen a la una de la tarde, en camilla y directa al hospital. Se describ&iacute;a el ruido de la sierra de la puerta de su casa como uno de los sonidos del horror. Y es que pensadlo bien: est&aacute;n a punto de despojarte de lo que fue tu hogar durante m&aacute;s de 70 a&ntilde;os.
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            <span class="title">
                Así acabaron algunos de los participantes de la protesta frente a la casa de Maricarmen.                            </span>
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        Ante la impotencia, la rabia, la tristeza y la incredulidad ante la ejecuci&oacute;n, no tard&oacute; el Sindicato en convocar una concentraci&oacute;n esa misma tarde en diversos puntos de Espa&ntilde;a y, entre ellos, enfrente del &aacute;tico de Ayuso, de 6,3 millones de euros, en General Mart&iacute;nez Campos. Sin saberlo, la multitudinaria asistencia, cifrada en 10.000 asistentes, despert&oacute; la misma sensaci&oacute;n de unidad y fuerza ante el desencanto de que algo no se materialice. Me record&oacute; a cuando unos pocos segu&iacute;amos la p&aacute;gina de <em>Democracia Real Ya </em>en Facebook en 2011, que convocaba una manifestaci&oacute;n a las 6 de la tarde, el 15 de mayo, de Cibeles a Sol, bajo el lema &ldquo;No somos mercanc&iacute;a en manos de pol&iacute;ticos y banqueros&rdquo;, y que acabar&iacute;a desembocando en casi 30 d&iacute;as de acampada en el kil&oacute;metro 0 de nuestra Espa&ntilde;a. El kil&oacute;metro 0&hellip; parec&iacute;a casi po&eacute;tico estar all&iacute; gestando todo aquello.
    </p><p class="article-text">
        Los <em>punkis </em>de La Elipa, las <em>rachetas</em>, los <em>gays and girls, </em>las se&ntilde;oras, los caballeros&hellip; cab&iacute;amos todas en esa indignaci&oacute;n que gritaba: &ldquo;Maricarmen, no est&aacute;s sola&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; esta sea la primera pieza del domin&oacute; en caer hacia una reforma justa y digna, como tienen otros pa&iacute;ses europeos en materia de vivienda, como Suiza o Alemania, con contratos de car&aacute;cter vitalicio salvo una raz&oacute;n legal de peso, como un impago, y frenemos el despiadado borrado de nuestras vidas, secundado por leyes rentistas.
    </p><p class="article-text">
        Como &uacute;ltima nota, dir&eacute; que cualquiera podr&iacute;amos ser Maricarmen, en una Espa&ntilde;a que ha registrado m&aacute;s de 600.000 desahucios en los &uacute;ltimos trece a&ntilde;os. Gracias al Sindicato de Inquilinas, la PAH y todos los movimientos asociativos que han puesto el cuerpo tanto tiempo, que permanecen an&oacute;nimos, y a las cajas de resistencia que hacen posible, ante lo disuasorio de las sanciones, que esta lucha por la vivienda digna y el derecho a habitar tenga sentido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Inés Hernand]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/desahucio-maricarmen-dinero-amor_129_13539562.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Sep 2026 20:36:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El desahucio de Maricarmen por dentro: “Vosotros por dinero, nosotros por amor”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Desahucios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Misoginia digital]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/misoginia-digital_129_8810045.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e2685337-e7d6-4a40-b497-6b9db45716d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Misoginia digital"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizá y solo quizá, este 8M, junto con reivindicar la Educación Sexual Integral para dejar de seguir criando una manada de bonobos sin ningún tipo de reflexión hacia la afectividad y hacia la sexualidad, estaría bien mirar hacia la sensibilización digital y concretarlo desde una perspectiva de género</p></div><p class="article-text">
        8 de marzo, otra vez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Parece que algunas marcas (que no todas) ya han empezado a cortarse a la hora de capitalizar las causas que nos llevan a las calles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute; que el eslogan <em>&ldquo;por una justicia de g&eacute;nero que difumine la brecha de g&eacute;nero en los cuidados y las tareas dom&eacute;sticas&rdquo; </em>es demasiado largo para encuadrar en una botella de ginebra <em>women's edition</em>. Qu&eacute; l&aacute;stima.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No pasa nada, que si el capitalismo no nos pilla por un lado, nos pilla por otro: no ser&iacute;a la primera vez que ver&iacute;amos a <em>instagramers </em>se&ntilde;alar la prostituci&oacute;n, mientras mercantilizan su maternidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Todav&iacute;a no sabe de lo que le hablamos? Efectivamente, de la era hipermoderna. Esa en la que la cultura del like y la validaci&oacute;n impera, y desde una perspectiva de g&eacute;nero, adem&aacute;s nos castiga.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando eres un personaje p&uacute;blico, asumes el juicio del espectador, la cr&iacute;tica. Pero ni firmas ni se te explica que de forma impl&iacute;cita con tu profesi&oacute;n va la denigraci&oacute;n por tu g&eacute;nero. Pero, &iquest;y si no eres ninguna mujer de especial relevancia p&uacute;blica? pues tambi&eacute;n, querida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De una forma u otra. Si est&aacute;s tremenda, la cosificaci&oacute;n. Si eres inteligente, el paternalismo. Si eres una mujer racializada, el racismo. Si eres una mujer que tiene 60 a&ntilde;os, que te dejen a los m&aacute;rgenes mientras se admira a tus coet&aacute;neos masculinos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y todo esto queda grabado en los servidores de Zuckerberg. No es un comentario que haces en una comida con tus colegas <em>los esmegm&aacute;ticos </em>a puerta cerrada. No es un comentario siquiera que la gente diga a la cara.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es un comentario que a&ntilde;adido a los centenares que recibimos las mujeres, en ocasiones, por el mero hecho de serlo, va cincelando una resignaci&oacute;n subconsciente que se convierte en una normalizaci&oacute;n de algo que no es normal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No queremos perpetuar en nuestro c&oacute;digo gen&eacute;tico que haya que acostumbrarse al insulto de la evidencia, pero parece que tampoco sabemos c&oacute;mo dejar de alimentar al monstruo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; y solo quiz&aacute;, este 8M, junto con reivindicar la Educaci&oacute;n Sexual Integral para dejar de seguir criando una manada de bonobos sin ning&uacute;n tipo de reflexi&oacute;n hacia la afectividad y hacia la sexualidad, estar&iacute;a bien mirar hacia la sensibilizaci&oacute;n digital y concretarlo desde una perspectiva de g&eacute;nero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dejemos de criar necios que se autogestionan comportamientos que son denunciables, pues esos ni&ntilde;os cuando reenv&iacute;an un gif de una felaci&oacute;n, lo que necesitan es orientaci&oacute;n y educaci&oacute;n. Y esto, aunque no lo sintamos nuestro, es una problem&aacute;tica estructural de todxs.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Inés Hernand]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/misoginia-digital_129_8810045.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Mar 2022 21:56:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Misoginia digital]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[8M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hoy quiero confesar... que estoy algo cansada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/hoy-quiero-confesar-cansada_129_8719021.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/daefec8b-f725-4e4c-87dc-22d4a2b73b5e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hoy quiero confesar... que estoy algo cansada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los concursos no dejan de ser espacios de valoraciones subjetivas y, pese a que entiendo el desánimo, no podemos dejarnos desbordar así. O sí, pero a cambio de hacerlo también con la contratación de más profesores en la escuela pública y más sanitarios en nuestros centros de atención primaria</p></div><p class="article-text">
        Sin ser nosotras fans de la Pantoja, a consecuencia de sus reiteradas pr&aacute;cticas corruptas, no encontraba mejor epitafio para ponerle a este agitado Benidorm Fest. Teta de strass versus teta lactante. Lengua que busca universalizarse versus palabras que buscan envasar al vac&iacute;o ciertas pr&aacute;cticas que cre&iacute;amos en desuso. 
    </p><p class="article-text">
        Toda Espa&ntilde;a unida como si estuviera despegando el primer sat&eacute;lite a la Luna desde Badajoz, a la que arrebatan el emplazamiento como si fuese potestad del pueblo elegir el lugar de despegue. 
    </p><p class="article-text">
        En fin, todas estas par&aacute;bolas para decir que el Benidorm Fest ha conseguido que muchas personas tuvieran sensaci&oacute;n de pertenencia a un gran colectivo. No hab&iacute;a aparentes reclamos independentistas, ni siquiera hab&iacute;a consignas que gritasen &ldquo;&iexcl;Renta B&aacute;sica Universal!&rdquo;. Simplemente artistas de calado nacional con grandes trayectorias a sus espaldas (de unos m&aacute;s que otros) apostando por incorporar algunos mensajes sociales en un prime time de la forma m&aacute;s inofensiva. 
    </p><p class="article-text">
        Cae la noche del s&aacute;bado 29 de enero como si las 90.000 personas que llamaron para votar hubieran sido estafadas por acciones de Nueva Rumasa. M&aacute;s de 72 horas de protestas digitales, dos ma&ntilde;anas ocupando las cr&oacute;nicas de medios y los caf&eacute;s de trabajadores mileuristas, en las que quer&iacute;an ver rodar cabezas como en el medievo a consecuencia de una desavenencia en la votaci&oacute;n popular y del jurado de dicho festival. &iquest;Qu&eacute; cabezas quer&iacute;an ser socialmente decapitadas? Las que se ven, como siempre. 
    </p><p class="article-text">
        Miles de insultos a la candidata escogida por el jurado ponen de manifiesto el racismo integrado en la sociedad, la misoginia y un sinf&iacute;n de simplezas fruto de la ira que se van contrarrestando con trending topics de apoyo. 
    </p><p class="article-text">
        Los concursos no dejan de ser espacios de valoraciones subjetivas y, pese a que entiendo el des&aacute;nimo, no podemos dejarnos desbordar as&iacute;. O s&iacute;, pero a cambio de hacerlo tambi&eacute;n con la integraci&oacute;n de m&aacute;s profesores en la escuela p&uacute;blica, m&aacute;s sanitarios en nuestros centros de atenci&oacute;n primaria y m&aacute;s exigencias en una reforma laboral descafeinada que no termina de ser garantista con el trabajador. Lo dem&aacute;s, sigue siendo un opi&aacute;ceo que, en este caso, nos ha sentado mal. 
    </p><p class="article-text">
        Somos buena sociedad resign&aacute;ndonos, quiz&aacute; por nuestra trayectoria hist&oacute;rica. Pero est&aacute; claro que hay un hartazgo que va m&aacute;s all&aacute; de Chanel, y en esta ocasi&oacute;n la moraleja queda en que &ldquo;lo justo, no es universal&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Inés Hernand]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/hoy-quiero-confesar-cansada_129_8719021.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Feb 2022 21:17:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hoy quiero confesar... que estoy algo cansada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Benidorm Fest,Eurovisión]]></media:keywords>
    </item>
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