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    <title><![CDATA[elDiario.es - Noah Higón Bellver]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/noah-higon-bellver/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Noah Higón Bellver]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Me conocen como la chica de las siete enfermedades raras, pero nunca he dejado de ser Noah]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/conocen-chica-siete-enfermedades-raras-he-dejado-noah_1_11962148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49954b0a-c6ae-4472-8458-bff7f57d1960_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Me conocen como la chica de las siete enfermedades raras, pero nunca he dejado de ser Noah"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mi vida es la que es, un conglomerado de amaneceres que se ciernen sobre los cristales. Padezco el Síndrome de Ehlers Danlos, el de Wilkie, el de May-Thurner, el de Raynaud, el del cascanueces, el de compresión vena cava inferior y gastroparesia</p><p class="subtitle">El servicio público de 'La Revuelta': la reivindicativa entrevista de Broncano a Noah Higón</p><p class="subtitle">Este artículo se publicó por primera vez el 22 de febrero de 2022</p></div><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil reducir nuestra vida, nuestros recuerdos, a un solo d&iacute;a, a un instante de fugacidad en donde todo cobra sentido o lo pierde. Mi nombre es Noah, y aunque me conocen como la chica de las siete enfermedades raras y del implante coclear, nunca he dejado de ser Noah. Aunque nac&iacute; un 4 de agosto de 1998, volv&iacute; a nacer un martes 13 de 2020, despu&eacute;s de un coma inducido del que, seg&uacute;n los m&eacute;dicos, hab&iacute;a un 99% de posibilidades de que no saliese. Mi mundo se hab&iacute;a silenciado, como se silenci&oacute; tambi&eacute;n despu&eacute;s de que, en octubre de ese mismo a&ntilde;o, la medicaci&oacute;n que tuve que tomar para hacer frente a la sepsis que sufr&iacute; me hiciera perder la audici&oacute;n de mi o&iacute;do izquierdo.
    </p><p class="article-text">
        Todo era un barullo inentendible. Una enfermedad, o varias, que apretaban, un alma agarr&aacute;ndose a la vida y, de fondo, yo. En aquel momento, la existencia tal y como la conoc&iacute;a ya no exist&iacute;a, se hab&iacute;a disipado en esa inmediatez que marca el ahora, y tampoco pod&iacute;a reprocharle nada. Al fin y al cabo, el mundo estaba antes que yo aqu&iacute;, y por ende a m&iacute; no me qued&oacute; m&aacute;s remedio que encontrar en esa burda quietud lo que perd&iacute; en el ruido. Hasta que romp&iacute; la barrera del silencio.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1423283737521901570?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Todo en una UCI es relativo, hasta lo inabarcable. All&iacute; las horas no importan, salvo cuando dejaban entrar a mam&aacute;. Ojal&aacute; las manecillas de aquel reloj que se divisaba desde mi cama se hubiesen parado en aquellos instantes de felicidad que en mi cavilar quer&iacute;an durar una eternidad. Peque&ntilde;os lapsos de latidos descompasados en los que debes hacerte la hero&iacute;na para que cuando ella salga por esa puerta siga pensando que su hija va gan&aacute;ndole la partida a la muerte, aunque en realidad sea la muerte la que est&aacute; a punto de hacer jaque mate. Somos viejas amigas, de hecho nos tuteamos. Hace bastantes tachones en el calendario que le perd&iacute; el respeto, que dej&eacute; de temerla, y acept&eacute; que todo aquel que viene est&aacute; abocado a irse. Ahora la miro con cierta altaner&iacute;a, por encima del hombro y con suma insolencia. Ahora que s&eacute; qu&eacute; es morir es cu&aacute;ndo m&aacute;s quiero vivir. 
    </p><p class="article-text">
        Para poder explicarles mi vida necesitar&iacute;a algo m&aacute;s que unas cu&aacute;ntas p&aacute;ginas. Tampoco les quiero aburrir con terminolog&iacute;a m&eacute;dica que muchas veces ni ellos mismos son capaces de descifrar. Padezco el S&iacute;ndrome de Ehlers Danlos y el S&iacute;ndrome de Wilkie. El de May-Thurner y el de Raynaud. Tambi&eacute;n el S&iacute;ndrome del cascanueces, el de compresi&oacute;n vena cava inferior y gastroparesia.
    </p><p class="article-text">
        Mi vida es la que es, un conglomerado de amaneceres que se ciernen sobre los cristales, un grito mudo, un desv&aacute;n de cicatrices, una tregua conmigo misma y una esperanza en ciernes pero marchita. Estoy tan en paz que ya solo queda la guerra conmigo, aunque hay d&iacute;as que ni tan siquiera eso. Podr&iacute;amos decir que antes de todo ten&iacute;a un pasado simple y un futuro imperfecto. Ahora vivo en el tiempo verbal en el que todos y cada uno de nosotros deber&iacute;amos hacerlo; en un presente continuo. Tengo, por suerte, aunque reniegue de ella, <em>una habitaci&oacute;n propia </em>en la que poder lamerme las heridas, y he aprendido que no debo pedir la felicidad porque ya vivo en ella, tan solo que de vez en cuando la partida en la que siempre estoy imbuida con el dolor quede en tablas. S&eacute; que vivo de prestado, en vilo en muchas ocasiones, pero pese a todo lo hago en voz alta, porque he comprendido que aquello a lo que llamaba destino no era m&aacute;s que lo que hac&iacute;a de mi vida. En definitiva, no era m&aacute;s que mi vida. 
    </p><h3 class="article-text">Las balas que me dispar&eacute;</h3><p class="article-text">
        Los recuerdos se agolpan en mi mente ya cansada de sufrir, as&iacute; que algunos han decidido autoconfinarse. Y es que es posible que no haya m&aacute;s memoria que la que nos brindan las heridas. Hay d&iacute;as que me acuerdo de lo mucho que me cost&oacute; quererme, del sinf&iacute;n de balas que me dispar&eacute; para ver si as&iacute; pod&iacute;a aplacar el dolor del alma. Con el f&iacute;sico tan solo nos une ese hilo rojo que me recuerda que si la herida duele es porque sigue habiendo vida. Viv&iacute; a pecho descubierto, a sonrisa perenne, a cuerpo amaestrado que sabe ya cu&aacute;ndo y d&oacute;nde debe parar para purgar sus pecados. Viv&iacute; y vivo encima de la raya, intentando que el equilibrio sea mi mejor aliado. Viv&iacute; y vivo por y para la vida, aunque en muchas ocasiones renegase de ella. 
    </p><p class="article-text">
        Nunca constru&iacute; una eternidad, por miedo a que el castillo de naipes que se forjaba ante mis ojos cayese ante el m&aacute;s m&iacute;nimo movimiento de mi cuerpo en ese momento indefenso. Durante todo el periplo hospitalario que cargo en mi mochila he cre&iacute;do perderlo todo. A decir verdad, hubo un momento en el que s&iacute; lo perd&iacute; todo, incluso a m&iacute; misma. No hac&iacute;a pie en ning&uacute;n mar en calma, y cada ola que llegaba a la orilla arrastraba tantos sue&ntilde;os que en un momento decid&iacute; dejar de luchar por ellos. Fue con 17, aunque todo comenz&oacute; mucho antes.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A los 12 años vinieron las enfermedades, ellas siempre habían estado ahí, no fue fácil ponerles nombre y apellidos, brotaron una detrás de otra, sin previo aviso</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con 12 vinieron las enfermedades, aunque ellas siempre hab&iacute;an estado ah&iacute;. No fue f&aacute;cil ponerles nombre y apellidos, brotaron una detr&aacute;s de otra sin previo aviso, aunque siempre cargando su cartel de <em>cerrado por derribo</em> sobre m&iacute;. Vinieron los quir&oacute;fanos, el malvivir, el madurar a golpe de gotero y el cambiar de verbo para pasar de vivir a tener que meramente sobrevivir. Vinieron las cicatrices, el habitar un nuevo cuerpo en el que cada paso por taller era como abrir una nueva grieta para que, aunque de pasada, el sol pudiese entrar en ella. Vinieron los reproches, los perdones, las preguntas y el por qu&eacute; a m&iacute;. Vinieron las ca&iacute;das, la morfina, el no querer vivir. Supongo que lo &uacute;nico bueno de tocar fondo es que ya no se puede caer m&aacute;s, y en esa disyuntiva que se me plante&oacute; a ciegas, eleg&iacute; recoger todos los pedazos esparcidos por esa habitaci&oacute;n propia y levantarlos de nuevo. Reconstruirme e intentar ser feliz. 
    </p><p class="article-text">
        Aprend&iacute; a no reprocharme nada, a mirar de frente al miedo, acunarlo cuando fuese necesario, y hacerlo part&iacute;cipe de esta vida tan m&iacute;a y ahora ya tan nuestra. Decid&iacute; que el dolor deber compartirse para que as&iacute; los naufragios valgan la pena. Decid&iacute; ser Noah, y creer en el significado de mi nombre &ndash;que  mam&aacute; escogi&oacute; minuciosamente: larga vida&ndash; para que independientemente de lo largo del recorrido estuviese en paz con el pasado y a la vez con lo edificado en el presente. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora mi lucha es el esqueleto de lo que muchos llaman futuro, la alegor&iacute;a de lo imposible hecho factible. Ahora, con 23 a&ntilde;os y unas cuantas hostias de m&aacute;s, s&eacute; cu&aacute;l es mi verdadera patria y qu&eacute; bandera debo enarbolar. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora que parece que nos hayan borrado la sonrisa sacamos esa arma letal que es la risa del alma, la que no se marchita y florece d&iacute;a a d&iacute;a. Ahora que todo ha cambiado sigo siendo la misma alma peque&ntilde;a que miraba a la vida como solo una kamikaze puede hacerlo: abriendo las ventanas de par en par, dejando as&iacute; entrar aire nuevo aun siendo yo la vela que se consume en cada abrir y cerrar de ojos. Empe&ntilde;&eacute; hasta mi cordura, y dej&eacute; de pensar que no era lo que nadie buscaba, sino lo que pocos tienen la suerte de encontrar; un alma vieja de ni&ntilde;a que no pudo serlo, un abismo incontrolable, y unos puntos suspensivos de Sabina. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora que defiendo lo &uacute;nico que conozco con u&ntilde;as y dientes siento que esta lucha cobra sentido si ustedes hoy al leerme se dan de bruces con su sino. Si entienden que para acompa&ntilde;ar en la lucha a veces solo hace falta el silencio y tumbarse en mitad de la v&iacute;a, y es que siempre nos quedar&aacute;n m&aacute;s trenes y sobre todo, m&aacute;s estaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora que ya me conocen siendo esa <em>paraula viva (palabra viva)</em> de Estell&eacute;s, les emplazo a hacerlo con ustedes mismos. Todo habr&aacute; valido la pena si este domingo de febrero se replantean sus cimientos m&aacute;s primarios, si piensan en esos tres millones de almas que en nuestro pa&iacute;s padecen enfermedades raras, al igual que yo, si por un instante mudan a la piel de su familia, amigos&hellip; si deciden frenar en seco, hacer un alto en el camino, mirar al de al lado a los ojos y poder llamarle compa&ntilde;ero. Si hoy se perdonan, entonan el <em>mea culpa </em>y sacan su lado m&aacute;s humano cualquier viacrucis pasado o presente tendr&aacute; valor. Si hoy deciden reconciliarse con la vida est&aacute;n de suerte, han ca&iacute;do en el lado correcto de la historia. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sin ciencia no hay futuro. Nuestras vidas están en manos de aquellos que encadenan contratos precarios, cuando su trabajo jamás debería ser tan volátil e itinerante</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Si ustedes hoy est&aacute;n ley&eacute;ndome es gracias a que la literatura, las palabras, me salvaron. Lo hicieron hasta cuando yo misma me daba la espalda. Soy de las que cree en la cultura como arma de construcci&oacute;n masiva, y es en esa cultura en donde debemos ampararnos cuando nuestro mundo se quede en ruinas. 
    </p><p class="article-text">
        Si han llegado hasta aqu&iacute; entender&aacute;n que todo suma, incluso aquello que nunca sucedi&oacute;. Si han llegado hasta aqu&iacute; les invito a que reflexionen, a ser una sola voz que defienda nuestra sanidad con u&ntilde;as y dientes, hoy les pido que sean ustedes los abanderados del cambio, que gritemos a los cuatro vientos que: &ldquo;Sin ciencia no hay futuro&rdquo;, y que nuestras vidas est&aacute;n en manos de aquellos que encadenan contratos precarios, cuando su trabajo jam&aacute;s deber&iacute;a ser tan vol&aacute;til e itinerante. 
    </p><p class="article-text">
        Si hoy ustedes despu&eacute;s de leerme se van a la cama con la sensaci&oacute;n de que cada d&iacute;a vivido es un d&iacute;a ganado a la vida y es restarle uno de vuelta, lo habr&aacute;n entendido todo. Y ello querr&aacute; decir que, aunque yo no me considere escritora, tendr&eacute; que seguir poniendo &ldquo;pero no mucho&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Noah Hig&oacute;n Bellver acaba de publicar el poemario <em>De esperanza marchita </em>(La Esfera de los Libros).
    </p><p class="article-text">
        <em>(*) Este art&iacute;culo se public&oacute; por primera vez el 22 de febrero de 2022</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Noah Higón Bellver]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/conocen-chica-siete-enfermedades-raras-he-dejado-noah_1_11962148.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jan 2025 09:00:00 +0000]]></pubDate>
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