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    <title><![CDATA[elDiario.es - David Cano]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/david-cano/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - David Cano]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Células inmortales, vacunas y carne artificial: la ciencia que empezó en un frasco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/celulas-inmortales-vacunas-carne-artificial-ciencia-empezo-frasco_132_12671729.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/08008fe8-f6ec-416b-91e8-14d9c9cbc4bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Células inmortales, vacunas y carne artificial: la ciencia que empezó en un frasco"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy en día, cultivar células en el laboratorio es algo cotidiano en biomedicina. Pero esto no siempre fue posible. Esta es la historia de cómo aprendimos a mantener células vivas fuera de su organismo y de los avances obtenidos gracias a ello</p></div><p class="article-text">
        Si hay algo com&uacute;n a cualquier laboratorio de biomedicina son los cultivos celulares: ahora mismo, en todo el planeta, millones de c&eacute;lulas humanas y animales crecen en placas y frascos dentro de incubadoras. Esta tecnolog&iacute;a, aparentemente sencilla, nos ha permitido desarrollar vacunas como la de la poliomielitis, f&aacute;rmacos como los anticuerpos monoclonales y modelos fiables para estudiar el c&aacute;ncer. Tambi&eacute;n que en un futuro no muy lejano podamos consumir carne artificial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hasta comienzos del siglo XX la idea de mantener vivas c&eacute;lulas aisladas del cuerpo parec&iacute;a un sue&ntilde;o imposible, casi ciencia ficci&oacute;n. Hasta que, en 1907, un bi&oacute;logo estadounidense llamado Ross Harrison consigui&oacute; lo que parec&iacute;a impensable: logr&oacute; que unas fibras nerviosas de rana crecieran en una placa de cultivo aliment&aacute;ndolas con una soluci&oacute;n con nutrientes. 
    </p><p class="article-text">
        Este logro supuso un salto conceptual radical. Por primera vez en la historia, los componentes b&aacute;sicos de un organismo, las c&eacute;lulas, pod&iacute;an estudiarse de manera aislada, sin la complejidad del cuerpo completo. Algo as&iacute; como examinar los ladrillos de un edificio sin tener que derribarlo.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s, el cirujano franc&eacute;s Alexis Carrel, que trabajaba en el Instituto Rockefeller de Nueva York, se interes&oacute; por la t&eacute;cnica de Harrison. Carrel &mdash;un prestigioso cirujano que terminar&iacute;a recibiendo el Nobel por sus avances en el trasplante de vasos sangu&iacute;neos y &oacute;rganos&mdash;, perfeccion&oacute; los m&eacute;todos de Harrison y logr&oacute; cultivar distintos tipos de tejidos, incluidos los de humanos. 
    </p><p class="article-text">
        Su experimento m&aacute;s c&eacute;lebre fue el cultivo de un trozo de tejido card&iacute;aco, de pollo, que mantuvo latiendo durante a&ntilde;os. Carrel lleg&oacute; a presentarlo como un tejido &ldquo;inmortal&rdquo;, y la prensa de la &eacute;poca se hizo eco con titulares dignos de la literatura fant&aacute;stica, desde comparaciones con relatos de Edgar Allan Poe hasta especulaciones de Thomas Edison sobre la vida despu&eacute;s de la muerte. 
    </p><p class="article-text">
        El mito del coraz&oacute;n inmortal fascin&oacute; al p&uacute;blico durante d&eacute;cadas, que ve&iacute;a en aquel frasco de laboratorio una especie de fuente de la eterna juventud en miniatura. Sin embargo, hoy sabemos que no era realmente inmortal. En los a&ntilde;os 60, Leonard Hayflick demostr&oacute; que las c&eacute;lulas de mam&iacute;feros solo pueden dividirse un n&uacute;mero limitado de veces. Lo m&aacute;s probable es que hubiera alg&uacute;n error o contaminaci&oacute;n en los cultivos inmortales de Carrel, pero el impacto medi&aacute;tico y cient&iacute;fico de su trabajo reforz&oacute; la idea de que el cultivo de tejidos pod&iacute;a ser una herramienta poderosa para la ciencia.
    </p><h2 class="article-text">El l&iacute;mite de Hayflick o por qu&eacute; las c&eacute;lulas no crecen para siempre</h2><p class="article-text">
        En estos comienzos, el principal problema de los cient&iacute;ficos era c&oacute;mo alimentar a las c&eacute;lulas para que crecieran. Los primeros intentos fueron muy rudimentarios: se usaron extractos de tejidos, sueros animales, clara de huevo y soluciones salinas que no proporcionaban a las c&eacute;lulas el ambiente adecuado, lo que hac&iacute;a que los experimentos fueran muy dif&iacute;ciles de reproducir. Adem&aacute;s, los cultivos se contaminaban f&aacute;cilmente con microorganismos. 
    </p><p class="article-text">
        Estos intentos pueden compararse a intentar cocinar sin conocer los ingredientes exactos de las recetas. Sin embargo, poco a poco, los cient&iacute;ficos identificaron los nutrientes que las c&eacute;lulas necesitaban para sobrevivir: amino&aacute;cidos, vitaminas, hormonas, factores de crecimiento. Esto permiti&oacute; crear los primeros medios de cultivo definidos y estandarizados. Por primera vez, las recetas del cultivo celular pod&iacute;an reproducirse en cualquier laboratorio del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, exist&iacute;a una gran limitaci&oacute;n: las c&eacute;lulas humanas aisladas ten&iacute;an fecha de caducidad y despu&eacute;s de dividirse un n&uacute;mero de veces, simplemente dejaban de crecer; lo que hac&iacute;a que la investigaci&oacute;n fuera muy lenta y costosa. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy d&iacute;a sabemos que este fen&oacute;meno &mdash;conocido como el l&iacute;mite de Hayflick&mdash;, es un mecanismo de seguridad natural del cuerpo para protegerse frente a proliferaciones descontroladas de c&eacute;lulas como, por ejemplo, las que dan lugar a un c&aacute;ncer. Ese l&iacute;mite funciona gracias a los tel&oacute;meros, unas estructuras situadas en los extremos de los cromosomas que se acortan cada vez que la c&eacute;lula se divide. Es como si cada c&eacute;lula llevara incorporado un calendario de p&aacute;ginas arrancables: en cada divisi&oacute;n pierde una hoja, y cuando ya no quedan m&aacute;s, se detiene.
    </p><h2 class="article-text">Las c&eacute;lulas &ldquo;inmortales&rdquo; de Henrietta Lacks (y los dilemas &eacute;ticos que la acompa&ntilde;an) </h2><p class="article-text">
        El hito decisivo lleg&oacute; en 1951, cuando George Gey, en el Hospital Johns Hopkins de Baltimore, obtuvo c&eacute;lulas de un tumor de cuello uterino de una paciente llamada Henrietta Lacks. Estas c&eacute;lulas no solo sobrevivieron en cultivo, sino que crec&iacute;an indefinidamente. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo escapaban estas c&eacute;lulas al l&iacute;mite de Hayflick? La clave est&aacute; en que eran c&eacute;lulas cancerosas. Los tumores tienen mecanismos que &ldquo;reparan&rdquo; continuamente los tel&oacute;meros. Dicho de otro modo, las c&eacute;lulas HeLa &mdash;llamadas as&iacute; por la abreviatura del nombre de la donante&mdash; hab&iacute;an secuestrado el contador natural del envejecimiento celular y lograban reponer las p&aacute;ginas de su calendario indefinidamente. Esa misma propiedad que en el cuerpo provoca un tumor es la que, en el laboratorio, las convierte en inmortales.
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            <span class="title">
                Escultura de bronce en memoria de Henrietta Lacks, en Bristol.                            </span>
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        Las c&eacute;lulas HeLa se convirtieron en las primeras c&eacute;lulas humanas &ldquo;inmortales&rdquo; y pronto fueron compartidas por laboratorios de todo el mundo. Su impacto fue inmediato e inmenso, siendo fundamentales para probar f&aacute;rmacos, avanzar en la investigaci&oacute;n contra el c&aacute;ncer y desarrollar vacunas, entre muchas aplicaciones.
    </p><p class="article-text">
        Pero la historia de las c&eacute;lulas HeLa tiene tambi&eacute;n un lado oscuro, que refleja los dilemas &eacute;ticos de la investigaci&oacute;n biom&eacute;dica. Las c&eacute;lulas fueron obtenidas sin el consentimiento de Henrietta Lacks ni de su familia, algo que hoy en d&iacute;a ser&iacute;a impensable. El caso, lleno de aristas y con un recorrido de d&eacute;cadas, sirvi&oacute; de catalizador para endurecer las normas &eacute;ticas de la investigaci&oacute;n en medicina. Hoy, el nombre de Henrietta Lacks se ha convertido en un s&iacute;mbolo de los dilemas industriales, legales y &eacute;ticos que acompa&ntilde;an a la investigaci&oacute;n biom&eacute;dica.
    </p><h2 class="article-text">Y as&iacute; lleg&oacute; la biotecnolog&iacute;a moderna</h2><p class="article-text">
        El primer gran producto derivado de cultivos celulares a escala industrial fue la vacuna contra la poliomielitis. El vir&oacute;logo Jonas Salk hab&iacute;a desarrollado la vacuna usando c&eacute;lulas de ri&ntilde;&oacute;n de mono. La vacuna funcionaba, pero la producci&oacute;n a gran escala era una pesadilla log&iacute;stica: requer&iacute;a miles de monos, algo insostenible. Los cultivos celulares permitieron reemplazar aquellos animales por l&iacute;neas celulares que crec&iacute;an en biorreactores, permitiendo la producci&oacute;n masiva de la vacuna que ayud&oacute; a salvar millones de vidas. Era como cambiar una f&aacute;brica improvisada por una cadena de montaje moderna y eficiente. 
    </p><p class="article-text">
        Este &eacute;xito demostr&oacute; que los cultivos celulares no solo serv&iacute;an para investigaci&oacute;n, sino que tambi&eacute;n eran una herramienta para fabricar productos biol&oacute;gicos a escala industrial, sentando las bases de la biotecnolog&iacute;a moderna. Hoy en d&iacute;a, muchas vacunas frente a enfermedades como la rubeola, varicela o rabia se siguen fabricando en cultivos de c&eacute;lulas de mam&iacute;feros. Durante las siguientes d&eacute;cadas llegaron m&aacute;s innovaciones, como la producci&oacute;n de interferones y anticuerpos monoclonales, que abrieron el camino a gran parte de las terapias biol&oacute;gicas modernas, transformando as&iacute; la medicina.
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                Cartel de la campaña de vacunación contra la polio de 1963 en EEUU.                            </span>
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        Los a&ntilde;os 90 trajeron un paso m&aacute;s: la ingenier&iacute;a de tejidos, en la que las c&eacute;lulas crecen sobre un armaz&oacute;n biodegradable que funciona como andamio. Y en 2007, un descubrimiento sacudi&oacute; la biomedicina: el japon&eacute;s Shinya Yamanaka consigui&oacute; que c&eacute;lulas adultas comunes se transformaran en c&eacute;lulas madre pluripotentes inducidas (iPSC). En t&eacute;rminos sencillos, descubri&oacute; como devolver a c&eacute;lulas adultas (por ejemplo, de la piel) la &ldquo;memoria&rdquo; de cuando eran j&oacute;venes, de forma que pudieran convertirse en casi cualquier tejido del cuerpo humano. 
    </p><p class="article-text">
        Las iPSC abrieron una nueva era, porque permitieron obtener c&eacute;lulas de pacientes concretos y as&iacute; modelar enfermedades, probar f&aacute;rmacos de manera personalizada y so&ntilde;ar con terapias regenerativas en el futuro. El descubrimiento fue tan trascendental que Yamanaka recibi&oacute; el Premio Nobel de Medicina en 2012, solo cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de su hallazgo.
    </p><h2 class="article-text">Lo que est&aacute; por llegar</h2><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, los cultivos celulares est&aacute;n expandi&eacute;ndose hacia &aacute;reas que Harrison y Carrel jam&aacute;s imaginaron. Se cultivan &ldquo;organoides&rdquo;, estructuras tridimensionales en miniatura que imitan la organizaci&oacute;n y funci&oacute;n de &oacute;rganos y, son, por tanto, fisiol&oacute;gicamente m&aacute;s cercanas a la realidad. Tambi&eacute;n se est&aacute; avanzando en la bioimpresi&oacute;n de tejidos, con impresoras 3D que utilizan c&eacute;lulas como &ldquo;tinta biol&oacute;gica&rdquo;, con la idea de reemplazar tejidos da&ntilde;ados. Ya se ha logrado cultivar, entre otros, piel, cart&iacute;lago, e incluso estructuras m&aacute;s complejas como tr&aacute;queas. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, los cultivos celulares est&aacute;n ayudando a reducir la experimentaci&oacute;n con animales (aunque a&uacute;n es necesaria en muchos casos), ofreciendo modelos m&aacute;s &eacute;ticos pero relevantes en biomedicina. En la actualidad existen miles de l&iacute;neas celulares diferentes conservadas en repositorios internacionales que funcionan como bibliotecas de c&eacute;lulas. Cada l&iacute;nea representa un modelo concreto (como cerebro, h&iacute;gado, p&aacute;ncreas, distintos tipos de tumores), y los investigadores pueden solicitarlas como quien pide herramientas en un cat&aacute;logo. 
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute;, lo que comenz&oacute; a principios del siglo XX como un experimento artesanal impulsado por la curiosidad cient&iacute;fica, se ha convertido en una tecnolog&iacute;a clave de amplio impacto en la salud, la industria y nuestra vida cotidiana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Cano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/celulas-inmortales-vacunas-carne-artificial-ciencia-empezo-frasco_132_12671729.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Oct 2025 18:15:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Células inmortales, vacunas y carne artificial: la ciencia que empezó en un frasco]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué hay que regular la investigación médica en seres humanos: el escándalo del doctor Chéster Southam]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/hay-regular-investigacion-medica-seres-humanos-escandalo-doctor-chester-southam_132_11390161.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8a059d3b-c77d-4b60-9f2a-b7ab49eb4d0e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué hay que regular la investigación médica en seres humanos: el escándalo del doctor Chéster Southam"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El oncólogo Chester Southam llevó a cabo una serie de experimentos que han dejado una huella indeleble en la historia de la ética médica</p></div><p class="article-text">
        La experimentaci&oacute;n en seres humanos es fundamental para los avances m&eacute;dicos y cient&iacute;ficos, especialmente en los ensayos cl&iacute;nicos donde se eval&uacute;a la eficacia y seguridad de nuevos tratamientos. Aunque los estudios precl&iacute;nicos en modelos animales son &uacute;tiles, no siempre reflejan con precisi&oacute;n los efectos en humanos debido, por ejemplo, a las diferencias biol&oacute;gicas existentes. Por eso, la experimentaci&oacute;n en seres humanos es esencial para garantizar que los nuevos tratamientos sean seguros y efectivos antes de su uso generalizado. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, este tipo de investigaci&oacute;n presenta importantes desaf&iacute;os &eacute;ticos y requiere una estricta regulaci&oacute;n para evitar abusos y proteger la salud y los derechos de los participantes en la investigaci&oacute;n. Para llevar a cabo un estudio en seres humanos, es necesario obtener la aprobaci&oacute;n de un comit&eacute; de &eacute;tica en investigaci&oacute;n. Estos comit&eacute;s revisan los protocolos de investigaci&oacute;n para asegurar que los estudios se realicen respetando los principios &eacute;ticos. Adem&aacute;s de regirse por la normativa legal existente a nivel nacional, los comit&eacute;s siguen unas recomendaciones internacionales que, aunque no son vinculantes desde un punto de vista jur&iacute;dico, son generalmente aceptadas en la comunidad cient&iacute;fica. 
    </p><p class="article-text">
        El primer documento internacional sobre &eacute;tica de la investigaci&oacute;n, y que fue creado como respuesta a los terribles excesos de la experimentaci&oacute;n realizada por el r&eacute;gimen nazis en los campos de concentraci&oacute;n, fue el C&oacute;digo de N&uuml;remberg en 1947. Ya en este primer documento se establec&iacute;a que el consentimiento voluntario del sujeto era absolutamente esencial para realizar experimentos en seres humanos. 
    </p><p class="article-text">
        Las recomendaciones m&aacute;s utilizadas en la actualidad son aquellas que se recogen en la declaraci&oacute;n de Helsinki, elaborada por la Asociaci&oacute;n M&eacute;dica Mundial en 1964, y de la que se han realizado varias modificaciones posteriores. La Declaraci&oacute;n de Helsinki reitera la necesidad del consentimiento voluntario y consciente del individuo como requisito imprescindible de toda experimentaci&oacute;n, se&ntilde;alando que cualquier experimentaci&oacute;n debe tener como prioridad el bienestar del individuo sobre los intereses cient&iacute;ficos o sociales. Un componente esencial del proceso de investigaci&oacute;n en seres humanos es el consentimiento informado, en el que se garantiza que el sujeto ha expresado voluntariamente su intenci&oacute;n de participar en la investigaci&oacute;n, y ha comprendido completamente los objetivos del estudio, beneficios, posibles riesgos y las y sus derechos y responsabilidades.
    </p><h3 class="article-text">Principios &eacute;ticos</h3><p class="article-text">
        Por desgracia, a lo largo de la historia, no siempre se han respetado estos principios &eacute;ticos, y ha habido numerosos casos de estudios en seres humanos controvertidos o directamente inmorales, incluso en reconocidos centros de investigaci&oacute;n. Uno de los casos m&aacute;s destacados ocurri&oacute; hace 70 a&ntilde;os en el prestigioso Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, un centro dedicado al tratamiento e investigaci&oacute;n del c&aacute;ncer, donde el onc&oacute;logo Chester Southam llev&oacute; a cabo una serie de experimentos que han dejado una huella indeleble en la historia de la &eacute;tica m&eacute;dica.
    </p><p class="article-text">
        Southam estaba interesado en investigar c&oacute;mo el sistema inmunol&oacute;gico humano respond&iacute;a a las c&eacute;lulas cancerosas. En particular, quer&iacute;a determinar si el c&aacute;ncer era contagioso (no lo es, <span class="highlight" style="--color:white;">el c&aacute;ncer no es una enfermedad infecciosa y, por tanto, no se puede transmitir por contacto con otra persona). Para ello, inici&oacute; unos terribles experimentos donde </span>inyect&oacute; c&eacute;lulas cancerosas vivas en personas. En febrero de 1954, Southam y sus colegas comenzaron sus primeros experimentos con pacientes terminales de c&aacute;ncer. Estos estudios demostraron que las c&eacute;lulas cancerosas no crec&iacute;an en los individuos receptores (ya que el sistema inmune reconoce las c&eacute;lulas tumorales inyectadas como extra&ntilde;as y las destruye, similar a lo que ocurre en los trasplantes). Pero Southam quer&iacute;a ir m&aacute;s all&aacute; e investigar si este proceso tambi&eacute;n se produc&iacute;a en personas sanas. 
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, no era f&aacute;cil reclutar voluntarios sanos para este tipo de experimentos, por lo que Southam recurri&oacute; principalmente a dos grupos de individuos: prisioneros y pacientes seniles de un hospital geri&aacute;trico. Estos grupos eran especialmente vulnerables porque su capacidad para dar un consentimiento informado era cuestionable. Las personas encarceladas, debido a su situaci&oacute;n de dependencia y falta de libertad, y los pacientes seniles, debido a su estado cognitivo, no pod&iacute;an entender completamente los riesgos asociados o rechazar la participaci&oacute;n en estos estudios. Lo m&aacute;s preocupante es que Southam no inform&oacute; adecuadamente a estos pacientes sobre la naturaleza de las inyecciones; muchos no sab&iacute;an que estaban recibiendo c&eacute;lulas cancerosas vivas. 
    </p><p class="article-text">
        En lugar de informar claramente sobre los riesgos y el prop&oacute;sito del estudio, Southam utiliz&oacute; t&eacute;rminos ambiguos que no reflejaban la realidad del procedimiento y, en particular, el origen de las c&eacute;lulas inyectadas. En palabras de Southam, quer&iacute;an evitar la fobia e ignorancia que acompa&ntilde;aba a la palabra &ldquo;c&aacute;ncer&rdquo;. Incluso en los anuncios donde buscaban voluntarios entre los prisioneros parec&iacute;a sugerir que pod&iacute;an descubrir si los participantes ten&iacute;an un c&aacute;ncer no diagnosticado. En entrevistas posteriores, cuando se le pregunt&oacute; por qu&eacute; &eacute;l mismo no hab&iacute;a participado como sujeto si estaba tan seguro de que no hab&iacute;a riesgo alguno (lo que hubiera sido tambi&eacute;n una mala praxis cient&iacute;fica, por otro lado), Southam respondi&oacute; que no habr&iacute;a dudado en hacerlo si hubiera sido necesario, pero que hab&iacute;a muy pocos onc&oacute;logos de su nivel y, por tanto, no le parec&iacute;a razonable exponerse a ese riesgo, por min&uacute;sculo que fuera. Estas palabras claramente reflejaban que Southam consideraba su vida m&aacute;s valiosa que la de los participantes.
    </p><h3 class="article-text">Doce a&ntilde;os investigando</h3><p class="article-text">
        Aunque los experimentos de Southam con prisioneros suscitaron preocupaciones &eacute;ticas entre algunos de sus colegas m&eacute;dicos, la investigaci&oacute;n continu&oacute; durante 12 a&ntilde;os, implicando a m&aacute;s de 200 reclusos y recibiendo una financiaci&oacute;n p&uacute;blica considerable. En 1963, tres m&eacute;dicos de un hospital geri&aacute;trico donde Southam hab&iacute;a reclutado sujetos se negaron a colaborar con &eacute;l y expresaron su preocupaci&oacute;n a la direcci&oacute;n del hospital. En lugar de condenar estas pr&aacute;cticas, el hospital elogi&oacute; la investigaci&oacute;n. Como respuesta, los tres m&eacute;dicos renunciaron a sus puestos en el hospital y continuaron tratando de detener los estudios. 
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, tras un largo proceso, la Junta de Regentes de la Universidad del Estado de Nueva York, el organismo responsable de supervisar todas las actividades educativas del estado, encontr&oacute; a Southam y al director del hospital culpables de enga&ntilde;o y conducta no profesional. Sorprendentemente, solo les suspendieron la licencia m&eacute;dica durante un a&ntilde;o. Esta acci&oacute;n disciplinaria tuvo poco impacto en la carrera profesional de Southam, quien, de hecho, fue elegido presidente de la Asociaci&oacute;n Americana para la Investigaci&oacute;n del C&aacute;ncer solo unos a&ntilde;os despu&eacute;s. Falleci&oacute; en 2002 convencido de que sus investigaciones no hab&iacute;an violado ning&uacute;n c&oacute;digo &eacute;tico y que hab&iacute;an sido completamente necesarias. 
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, el caso de Ch&eacute;ster Southam est&aacute; relacionado con otro notorio caso de malas pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas en Estados Unidos. En algunos de sus estudios, Southam utiliz&oacute; las c&eacute;lulas cancerosas HeLa. Estas c&eacute;lulas, una de las m&aacute;s utilizadas en investigaci&oacute;n biom&eacute;dica, se obtuvieron de una paciente de c&aacute;ncer llamada Henrietta Lacks (de ah&iacute; el acr&oacute;nimo) en los a&ntilde;os 50. Sin embargo, nunca se obtuvo el consentimiento de la paciente, y se siguieron utilizando despu&eacute;s de su muerte sin que sus familiares lo supieran hasta 1974. El caso de Ch&eacute;ster Southam es uno de los numerosos ejemplos de la falta de consentimiento informado en la investigaci&oacute;n biom&eacute;dica durante el siglo XX y subraya la necesidad continua de vigilancia y revisi&oacute;n &eacute;tica en la investigaci&oacute;n con seres humanos para evitar futuros abusos y mantener la confianza del p&uacute;blico en la ciencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Cano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/hay-regular-investigacion-medica-seres-humanos-escandalo-doctor-chester-southam_132_11390161.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 May 2024 18:32:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué hay que regular la investigación médica en seres humanos: el escándalo del doctor Chéster Southam]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Investigación científica,Cáncer,Medicina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El origen del bulo que relaciona el autismo con las vacunas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/origen-bulo-relaciona-autismo-vacunas_132_9970823.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/61486183-c414-4fcb-9a3a-9e57a57d035c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El origen del bulo que relaciona el autismo con las vacunas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cumplen 25 años de un vergonzoso fraude científico que está teniendo graves consecuencias para la salud pública</p></div><p class="article-text">
        Este 28 de febrero se cumplen 25 a&ntilde;os de uno de los mayores fraudes cient&iacute;ficos de la medicina y que ha tenido graves consecuencias para la salud p&uacute;blica. En 1998, el m&eacute;dico brit&aacute;nico Andrew Wakefield, (con licencia ahora revocada) y sus colegas publicaron un art&iacute;culo (m&aacute;s tarde retractado) en la prestigiosa revista m&eacute;dica <a href="https://www.thelancet.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>The Lancet</em></a> sugiriendo que la vacuna triple v&iacute;rica, que protege contra el sarampi&oacute;n, la rub&eacute;ola y las paperas, estaba asociada a los trastornos del desarrollo (autismo en particular) en ni&ntilde;os. El estudio de Wakefield es un caso cl&aacute;sico de fraude cient&iacute;fico en la comunidad m&eacute;dica, plagado de malas pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas y &eacute;ticas y conflictos de inter&eacute;s, pero tambi&eacute;n ilustra perfectamente la dificultad de combatir la desinformaci&oacute;n en ciencia y salud. Veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de este art&iacute;culo, no hay evidencia cient&iacute;fica de que las vacunas causen autismo. De hecho, hay pruebas abrumadoras de que no lo hacen. Sin embargo, persiste la informaci&oacute;n err&oacute;nea sobre las vacunas y existe un movimiento antivacunas notable entre la poblaci&oacute;n (afortunadamente minoritario en Espa&ntilde;a), tal y como se puso de manifiesto en la campa&ntilde;a de vacunaci&oacute;n contra la COVID-19 y que tuvo su germen en este estudio.
    </p><p class="article-text">
        Andrew Wakefield hab&iacute;a investigado previamente la relaci&oacute;n entre el virus del sarampi&oacute;n y enfermedades digestivas inflamatorias, pero no era un experto en vacunas o trastornos del desarrollo en ni&ntilde;os. En realidad, era un cirujano de formaci&oacute;n, aunque no ejerc&iacute;a como tal. El estudio de Wakefield fue duramente criticado por la comunidad cient&iacute;fica casi inmediatamente tras su publicaci&oacute;n por su falta de rigor cient&iacute;fico y por estar basado en un an&aacute;lisis de solo 12 ni&ntilde;os. En retrospectiva, es dif&iacute;cil justificar c&oacute;mo un art&iacute;culo cient&iacute;ficamente tan pobre pudo pasar los filtros de publicaci&oacute;n de una revista cient&iacute;fica de primer nivel.
    </p><p class="article-text">
        Durante los a&ntilde;os siguientes, varios grupos intentaron sin &eacute;xito tratar de replicar los resultados. Tambi&eacute;n se descubri&oacute; que Wakefield no hab&iacute;a revelado conflicto de intereses en la publicaci&oacute;n. Esta es una pr&aacute;ctica obligatoria en publicaciones cient&iacute;ficas, ya que permite evaluar si hay un potencial sesgo de los autores. En el caso de Wakefield, ten&iacute;a intereses econ&oacute;micos puesto que hab&iacute;a desarrollado kits diagn&oacute;sticos e incluso una posible vacuna. Todo esto llev&oacute; al resto de autores del art&iacute;culo a retractarse de las &ldquo;interpretaciones&rdquo; del estudio en 2004. Wakefield no apoy&oacute; esta retractaci&oacute;n y sigui&oacute; manteniendo la existencia de un v&iacute;nculo entre las vacunas y el autismo en numerosas intervenciones p&uacute;blicas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las conclusiones han sido abrumadoras, las vacunas son seguras y efectivas, y los beneficios de vacunar superan ampliamente los riesgos, ya que protegen de enfermedades graves y potencialmente mortales.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En 2009, el periodista brit&aacute;nico Brian Deer, conocido por sus investigaciones sobre la industria farmac&eacute;utica y la medicina, public&oacute; un extenso informe que demostraba que la investigaci&oacute;n de Wakefield era un fraude. En el reportaje se mostraban las malas pr&aacute;cticas &eacute;ticas y cient&iacute;ficas de Wakefield, que inclu&iacute;a la manipulaci&oacute;n de los datos obtenidos, que algunos de los ni&ntilde;os estudiados no ten&iacute;an realmente autismo, que otros ni&ntilde;os hab&iacute;an sido seleccionados para el estudio por asociaciones antivacunas y que el estudio no hab&iacute;a sido aprobado por ning&uacute;n comit&eacute; de &eacute;tica (un requisito imprescindible en cualquier estudio con pacientes). Deer tambi&eacute;n revel&oacute; que Wakefield trabajaba conjuntamente con un abogado para obtener &ldquo;pruebas&rdquo; que pudieran usar para demandar a las compa&ntilde;&iacute;as farmac&eacute;uticas que produc&iacute;an las vacunas. Debido a estas irregularidades, la revista <em>The Lancet</em> finalmente acab&oacute; retractando el art&iacute;culo completo en 2010, 12 a&ntilde;os despu&eacute;s de su publicaci&oacute;n. Ese mismo a&ntilde;o, el Colegio General de M&eacute;dicos brit&aacute;nico dictamin&oacute; despu&eacute;s de una larga investigaci&oacute;n que Wakefield hab&iacute;a actuado de forma deshonesta e irresponsable en el estudio y que hab&iacute;a sometido de forma cruel a los ni&ntilde;os del estudio a pruebas m&eacute;dicas innecesarias e invasivas, como colonoscopias y punciones lumbares. Los hechos se consideraron tan graves que Wakefield fue expulsado del colegio de m&eacute;dicos y se prohibi&oacute; ejercer la medicina a perpetuidad en el Reino Unido, un hecho extremadamente inusual.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el da&ntilde;o ya estaba hecho. La falsa creencia de que las vacunas causaban autismo se extendi&oacute; por todo el mundo y se gener&oacute; desconfianza en la vacunaci&oacute;n en la poblaci&oacute;n. El movimiento antivacunas se fortaleci&oacute; y se convirti&oacute; en un fen&oacute;meno global, ayudado por famosos, grupos de padres y organizaciones que tienen como objetivo difundir informaci&oacute;n err&oacute;nea y alarmante sobre los riesgos de las vacunas, especialmente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en redes sociales. Es conveniente tener en cuenta que, independientemente de si el estudio de Wakefield fue fraudulento y no deber&iacute;a haberse realizado, lo cierto es que la ciencia ha demostrado no existe relaci&oacute;n alguna entre las vacunas y autismo. La alarma provocada por la publicaci&oacute;n motiv&oacute; que se realizaran innumerables estudios (con su correspondiente coste econ&oacute;mico) en las siguientes d&eacute;cadas para verificar los resultados. Las conclusiones han sido abrumadoras, las vacunas son seguras y efectivas, y los beneficios de vacunar superan ampliamente los riesgos, ya que protegen de enfermedades graves y potencialmente mortales. Pocas veces un estudio cient&iacute;fico ha sido tan desacreditado y se le ha dedicado tanto esfuerzo. 
    </p><p class="article-text">
        El estudio de Wakefield ha tenido consecuencias devastadoras para la salud p&uacute;blica. Caus&oacute; un aumento en la desconfianza a la vacunaci&oacute;n y las tasas de vacunaci&oacute;n disminuyeron en muchos pa&iacute;ses (particularmente en el Reino Unido) en los a&ntilde;os posteriores a la publicaci&oacute;n de su art&iacute;culo. Aunque esa tasa ha aumentado desde entonces, un gran n&uacute;mero de ni&ntilde;os en pa&iacute;ses en desarrollo (es decir, con f&aacute;cil acceso a servicios de vacunaci&oacute;n) no son vacunados debido a la reticencia de los padres. Esto ha llevado a brotes de enfermedades prevenibles por vacunaci&oacute;n, como el sarampi&oacute;n, la tos ferina y la poliomielitis en muchas partes del mundo. Por ejemplo, en 2018, el sarampi&oacute;n que estaba en v&iacute;as de ser erradicado en Europa alcanz&oacute; un r&eacute;cord de contagios. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Durante años, la controversia sobre las vacunas ha desviado la atención, esfuerzos y fondos económicos que se podrían haber dedicado a buscar las verdaderas causas del autismo.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No vacunar a los ni&ntilde;os es un acto irresponsable que tiene consecuencias a nivel personal y colectivo. Las vacunas no solo protegen a los ni&ntilde;os vacunados. Muchos ni&ntilde;os no pueden ser vacunados (como los ni&ntilde;os con un sistema inmune debilitado) y su seguridad depende de la inmunidad de grupo cuando se vacuna a quienes los rodean. En 2019, la <a href="https://www.who.int/es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud</a> (OMS) declar&oacute; el movimiento antivacunas como una de las 10 principales amenazas a la salud mundial. El fraude de Wakefield tambi&eacute;n ha afectado la confianza del p&uacute;blico en la ciencia y en las instituciones m&eacute;dicas. Los movimientos antivacunas a menudo promueven la idea de que la ciencia m&eacute;dica est&aacute; controlada por grandes multinacionales farmac&eacute;uticas que no tienen en cuenta la salud y el bienestar de las personas. El estudio de Wakefield ha tenido otros impactos negativos casi tan importantes como la desconfianza en la vacunaci&oacute;n. Durante a&ntilde;os, la controversia sobre las vacunas ha desviado la atenci&oacute;n, esfuerzos y fondos econ&oacute;micos que se podr&iacute;an haber dedicado a buscar las verdaderas causas del autismo.
    </p><p class="article-text">
        Han pasado 25 a&ntilde;os desde que se public&oacute; el estudio de Wakefield y 13 a&ntilde;os desde que fue retractado. Durante este tiempo, muchas organizaciones m&eacute;dicas y de salud p&uacute;blica han tratado de educar al p&uacute;blico sobre la seguridad y eficacia de las vacunas y han intentado combatir la desinformaci&oacute;n y el miedo sobre las vacunas. Entonces, &iquest;c&oacute;mo es posible que tanta gente hoy todav&iacute;a crea en el v&iacute;nculo entre las vacunas y el autismo? Es una pregunta compleja, pero refleja lo dif&iacute;cil que es refutar la desinformaci&oacute;n (noticias falsas, bulos, como queramos llamarlo) sobre salud en general <span class="highlight" style="--color:white;">Las razones </span>son variadas e incluyen factores psicol&oacute;gicos, sociales, culturales, educativos e incluso pol&iacute;ticos. La cobertura medi&aacute;tica del estudio y su amplia difusi&oacute;n en internet y las redes sociales ayudaron a crear una narrativa negativa sobre las vacunas.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, existen grupos y personas que se benefician econ&oacute;micamente de promover la idea de que las vacunas son peligrosas y difunden ese mensaje de forma muy activa. Por otro lado, est&aacute; bien establecido que las emociones y las creencias personales pueden influir de forma muy significativa en la percepci&oacute;n la informaci&oacute;n. Algunas personas pueden haber tenido experiencias personales negativas con la medicina y la atenci&oacute;n m&eacute;dica, lo que puede hacer que desconf&iacute;en de las recomendaciones m&eacute;dicas en general. Adem&aacute;s, algunos pueden sentir que su libertad personal se ve comprometida al tener que tomar una decisi&oacute;n de vacunaci&oacute;n (como se vio, por ejemplo, en la campa&ntilde;a de vacunaci&oacute;n contra la COVID-19). Por &uacute;ltimo, la relaci&oacute;n entre las vacunas y el autismo es una narrativa que apela a nuestro deseo natural de explicaciones simples a situaciones tan complejas y terribles como un diagn&oacute;stico de autismo. Cabe se&ntilde;alar que hoy en d&iacute;a no se conoce todav&iacute;a la causa espec&iacute;fica de los trastornos del espectro autista. Existe un componente gen&eacute;tico, pero probablemente haya muchas causas diferentes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Cano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/origen-bulo-relaciona-autismo-vacunas_132_9970823.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Feb 2023 20:00:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El origen del bulo que relaciona el autismo con las vacunas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vacunas,Antivacunas,Ciencia,Medicina,Autismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cien años de la primera inyección de insulina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/cien-anos-primera-inyeccion-insulina_132_8791575.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f18e5de9-1641-4cb9-b31f-01638b962214_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cien años de la primera inyección de insulina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La curiosa historia del descubrimiento de un tratamiento que salva millones de vidas</p></div><p class="article-text">
        El pasado 23 de enero se cumplieron 100 a&ntilde;os de uno de los mayores logros de la medicina moderna. Leonard Thompson, un adolescente de 14 a&ntilde;os de edad con diabetes, recibi&oacute; en el Hospital General de Toronto de Canad&aacute;, por primera vez en la historia, una inyecci&oacute;n de insulina. En ese momento, Thompson (que hab&iacute;a sido diagnosticado con diabetes a los 10 a&ntilde;os) pesaba 29 kilos y estaba al borde de la muerte. Hasta aquel 23 de enero de 1922 un diagn&oacute;stico de diabetes era una sentencia de muerte. El &uacute;nico tratamiento en aquel entonces para los pacientes diab&eacute;ticos era someterlos a una dieta muy estricta, en un estado casi de hambruna, que simplemente retrasaba lo inevitable. 
    </p><p class="article-text">
        La inyecci&oacute;n de insulina en Thompson tuvo un efecto inmediato, disminuyendo sus niveles de glucosa en sangre de forma espectacular, salvando su vida y cambiando para siempre el destino de millones de personas afectadas por la diabetes. Que Thompson fuera el primer paciente en recibir este tratamiento fue en parte azaroso. Thompson, que deb&iacute;a haber ingresado en otro hospital, acab&oacute; ingresado en el Hospital General de Toronto donde los investigadores Frederick Banting, Charles Best, James Collip y John Macleod llevaban meses tratando de aislar la insulina. Adem&aacute;s, hubo otro golpe de suerte m&aacute;s importante. Thompson ya hab&iacute;a recibido unos d&iacute;as antes (el 11 de enero) una inyecci&oacute;n con un preparado de insulina, pero no hab&iacute;a surtido apenas efecto en sus niveles de glucosa caus&aacute;ndole adem&aacute;s una peque&ntilde;a reacci&oacute;n al&eacute;rgica en la zona de la inyecci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; ocurri&oacute; entonces entre el 11 de enero y el 23 de enero? Entre esos apenas 12 d&iacute;as y, despu&eacute;s de muchos meses de duro trabajo, los investigadores acabaron de perfeccionar su m&eacute;todo para purificar la insulina.
    </p><p class="article-text">
        Es una de las muchas curiosidades asociadas al descubrimiento de la insulina, un hito m&eacute;dico que tuvo todos los ingredientes de una novela: una historia emocionante de lucha tenaz contra una enfermedad mortal, un desaf&iacute;o cient&iacute;fico, momentos de genialidad, casualidades, choques de egos, luchas por la atribuci&oacute;n de los m&eacute;ritos, m&eacute;ritos no reconocidos, rencores y, sobre todo, muchas controversias.
    </p><p class="article-text">
        Como ocurre en muchos otros grandes hitos cient&iacute;ficos, el descubrimiento de la insulina fue posible gracias al conocimiento generado por multitud de investigadores en las d&eacute;cadas previas. Por entonces se conoc&iacute;a que la insulina (que a&uacute;n no se llamaba as&iacute; y ni siquiera se sab&iacute;a qu&eacute; tipo de factor era) deb&iacute;a encontrarse en el p&aacute;ncreas y m&aacute;s concretamente, en las estructuras histol&oacute;gicas conocidas como islotes de Langerhans. Durante las dos primeras d&eacute;cadas del siglo XX, varios investigadores ya hab&iacute;an obtenido extractos de p&aacute;ncreas que consegu&iacute;an reducir los niveles de az&uacute;car en la sangre en animales de experimentaci&oacute;n. Sin embargo, estos extractos conten&iacute;an muchas impurezas y sol&iacute;an causar reacciones t&oacute;xicas en personas, lo que imped&iacute;a su uso como tratamiento. Por tanto, desde cierto punto de vista, puede considerarse el 23 de enero de 1922 como la fecha del descubrimiento de la insulina ya que fue la primera vez que se demostr&oacute; que un extracto de p&aacute;ncreas disminu&iacute;a los niveles de sangre en un paciente diab&eacute;tico. En este sentido, ese d&iacute;a Leonard Thompson fue al mismo tiempo un paciente y un sujeto experimental. Cabe destacar que el d&iacute;a antes de la primera inyecci&oacute;n de insulina a Thompson, dos de los investigadores (Banting y Best) probaron en ellos mismos los preparados de insulina para comprobar que no causaban efectos t&oacute;xicos (no lo causaron). 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; tuvieron &eacute;xito estos investigadores de Toronto donde tantos otros investigadores hab&iacute;an fracasado? Como ocurre en muchos descubrimientos cient&iacute;ficos, tuvo lugar un trabajo de equipo donde la clave fue la complementariedad de las habilidades de los distintos investigadores. El conocimiento y la supervisi&oacute;n de Macleod complementaba la iniciativa, la tenacidad y las ideas brillantes de Banting junto al trabajo duro y meticuloso de Best, a los que m&aacute;s tarde se uni&oacute; Collip con su talento y experiencia en bioqu&iacute;mica. 
    </p><p class="article-text">
        Es llamativo que el camino al descubrimiento de la insulina en Toronto comenz&oacute; por el liderazgo y entusiasmo de alguien a quien hoy en d&iacute;a definir&iacute;amos como un &ldquo;outsider&rdquo;. Frederick Grant Banting (1891-1941) fue un m&eacute;dico que tras servir en la Primera Guerra Mundial regres&oacute; a su Ontario natal para ejercer como cirujano ortop&eacute;dico, un &aacute;rea muy alejada de la fisiolog&iacute;a del p&aacute;ncreas y el estudio de la diabetes. Banting no tuvo mucho &eacute;xito en su consulta de cirujano y para complementar sus bajos ingresos acept&oacute; un trabajo a tiempo parcial en una escuela de medicina local como profesor de anatom&iacute;a y fisiolog&iacute;a. Preparando unas clases sobre fisiolog&iacute;a de carbohidratos, Banting tom&oacute; un gran inter&eacute;s en la diabetes a la que, por otra parte, apenas hab&iacute;a tratado en su pr&aacute;ctica profesional. A Banting se le describe como un &aacute;vido lector y ten&iacute;a como costumbre leer literatura cient&iacute;fica antes de dormir. La tarde que preparaba sus clases sobre fisiolog&iacute;a de carbohidratos se llev&oacute; a su casa uno de los varios art&iacute;culos cient&iacute;ficos que se hab&iacute;an publicado en a&ntilde;os anteriores sobre la relaci&oacute;n entre la diabetes y los islotes de Langerhans (donde ahora sabemos que se produce la insulina). A Banting le llam&oacute; la atenci&oacute;n uno de los trabajos donde se describ&iacute;a una situaci&oacute;n patol&oacute;gica en un paciente en la que el p&aacute;ncreas exocrino (la parte del p&aacute;ncreas que produce las enzimas digestivas y que constituye la mayor parte del p&aacute;ncreas) se encontraba atrofiado por una obstrucci&oacute;n, pero sin embargo los islotes de Langerhans se conservaban intactos. Este paciente no hab&iacute;a desarrollado diabetes, lo que de nuevo corroboraba que el factor (m&aacute;s bien su deficiencia) causante de la diabetes deb&iacute;a encontrarse en estos islotes pancre&aacute;ticos. En un momento de inspiraci&oacute;n (que seg&uacute;n el propio Banting se le ocurri&oacute; en la cama en mitad de la noche), Banting razon&oacute; que ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil tratar de aislar la insulina de los islotes de Langerhans a partir de un p&aacute;ncreas atrofiado ya que estar&iacute;a libre de los efectos da&ntilde;inos que causaban las enzimas digestivas del p&aacute;ncreas exocrino. Esta pr&aacute;ctica era posible hacerla en modelos animales de experimentaci&oacute;n (concretamente en perros) mediante un procedimiento quir&uacute;rgico relativamente simple. Con esta idea, Banting se propuso encontrar un investigador que le proporcionara los medios necesarios para realizar estos estudios.
    </p><p class="article-text">
        Tal fue el entusiasmo de Banting que, en un arrebato, decidi&oacute; dejar su pr&aacute;ctica cl&iacute;nica privada y dedicarse a tiempo completo a investigar sobre este tema. Conviene recalcarlo, Banting no ten&iacute;a ninguna formaci&oacute;n investigadora y m&aacute;s a&uacute;n, su conocimiento sobre la diabetes era bastante escaso. A pesar de &eacute;sto, se lanz&oacute;, de forma casi temeraria, a tratar de aislar la insulina. Justo dos a&ntilde;os despu&eacute;s Banting recib&iacute;a el premio Nobel de Fisiolog&iacute;a y Medicina por el descubrimiento de la insulina convirti&eacute;ndose en el cient&iacute;fico m&aacute;s joven (32 a&ntilde;os) hasta la fecha en recibir el galard&oacute;n en esta categor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La determinaci&oacute;n de Banting le permiti&oacute;, en apenas una semana desde su idea, conseguir una entrevista con el director del departamento de Fisiolog&iacute;a de la Universidad de Toronto, John James Rickard MacLeod (1876-1935). MacLeod era un investigador muy prestigioso que hab&iacute;a trabajado en diversas &aacute;reas de la fisiolog&iacute;a incluido el metabolismo de carbohidratos y la diabetes. McLeod coment&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s que no qued&oacute; particularmente impresionado en esa primera entrevista y que Banting parec&iacute;a tener muchas carencias tanto a nivel de conocimiento de la enfermedad como de la metodolog&iacute;a experimental que pretend&iacute;a utilizar. Sin embargo, algo debi&oacute; ver MacLeod en aquel joven inexperto y le ofreci&oacute; un laboratorio, diez perros para sus experimentos y la ayuda de un joven estudiante de medicina de su departamento, Charles Herbert Best (1899-1978), durante dos meses. La elecci&oacute;n de Charles Best tuvo tambi&eacute;n su momento azaroso. MacLeod ofreci&oacute; a Banting dos estudiantes que se turnar&iacute;an durante sus vacaciones de verano. Se decidi&oacute; por un lanzamiento de moneda qui&eacute;n comenzar&iacute;a primero sus pr&aacute;cticas. Le toc&oacute; a Best. La conexi&oacute;n personal y profesional que hizo con Banting le llev&oacute; a continuar trabajando con &eacute;l durante los siguientes meses y pasar a la historia como uno de los descubridores de la insulina.
    </p><p class="article-text">
        Banting y Best ten&iacute;an que trabajar contrarreloj ya que MacLeod se hab&iacute;a comprometido a darles solo dos meses para producir los primeros resultados. En esas semanas Banting y Best consiguen obtener extractos de p&aacute;ncreas atrofiados siguiendo el m&eacute;todo que hab&iacute;an planeado. Probaron ese extracto en una perra (Marjorie) a la que previamente le hab&iacute;an causado diabetes extirp&aacute;ndole el p&aacute;ncreas. Inmediatamente observaron que se reduc&iacute;an los niveles de glucosa en la sangre de Marjorie. Sin embargo, estos extractos acababan causando alergias y toxicidad por las impurezas del extracto. Durante este tiempo, MacLeod hab&iacute;a estado de vacaciones en Escocia. Cuando volvi&oacute; qued&oacute; tan impresionado por los hallazgos que, adem&aacute;s de suministrarle m&aacute;s recursos materiales para que continuara sus estudios, finalmente accedi&oacute; a otra petici&oacute;n de Banting: permitir al bioqu&iacute;mico James Bertran Collip (1892-1965) unirse a sus investigaciones. Collip tuvo una contribuci&oacute;n decisiva en la purificaci&oacute;n de insulina. Su conocimiento y experiencia fue fundamental en un momento en el que Banting y Best parec&iacute;an no avanzar en sus estudios. Fue Collip quien logr&oacute; perfeccionar el m&eacute;todo de purificaci&oacute;n de la insulina, justo en los d&iacute;as que transcurrieron entre la primera y la segunda inyecci&oacute;n del joven Thompson en enero de 1922. A Thompson le siguieron muchos otros pacientes que confirmaron estos resultados, y hacia 1923 ya se produc&iacute;a la insulina de forma industrial a partir de p&aacute;ncreas de vacas. Hay que se&ntilde;alar que los investigadores vendieron su patente sobre la purificaci&oacute;n de insulina a la Universidad de Toronto por la simb&oacute;lica cantidad de un euro.
    </p><p class="article-text">
        Como curiosidad, el primer m&eacute;dico que us&oacute; la insulina en Europa fue el m&eacute;dico Rossend Carrasco i Formiguera (1892-1990). Carrasco estaba estudiando en Harvard durante el curso 1921-1922 cuando asisti&oacute; a una conferencia de Banting. Siguiendo sus indicaciones, Carrasco fue capaz de aislar un extracto de p&aacute;ncreas y administrarlo por primera vez a un ni&ntilde;o diab&eacute;tico el 3 de octubre de 1922. Los extractos que consegu&iacute;a no eran muy puros y Carrasco los probaba en &eacute;l mismo antes de decidir si los administraba a los pacientes. Carrasco se convirti&oacute; m&aacute;s tarde en el responsable de la s&iacute;ntesis y distribuci&oacute;n de la insulina en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        El descubrimiento de la insulina en 1922 supuso una revoluci&oacute;n m&eacute;dica que logr&oacute; salvar a miles de personas que estaban al borde la muerte. Por tanto, no fue una sorpresa que en 1923 se concediera el Premio Nobel de Medicina y Fisiolog&iacute;a por su descubrimiento (apenas dos a&ntilde;os despu&eacute;s y en una primera nominaci&oacute;n, algo extremadamente raro). Pero s&iacute; fue muy pol&eacute;mico. El premio Nobel recay&oacute; sobre Banting y MacLeod. Cuando Banting recibi&oacute; las noticias entr&oacute; en c&oacute;lera, hasta tal punto que en primera instancia pens&oacute; en rechazar el premio. Banting consideraba que MacLeod no hab&iacute;a realizado contribuci&oacute;n alguna que le hiciera merecedor del premio. De hecho, siempre que pod&iacute;a se&ntilde;alaba que, durante el verano de 1921, cuando &eacute;l y Best trabajaban en el aislamiento de la insulina, MacLeod estaba de vacaciones. Quiz&aacute;s es cuestionable el grado de participaci&oacute;n de MacLeod en los estudios, pero sin MacLeod probablemente Banting jam&aacute;s habr&iacute;a podido realizar sus estudios, y diversos testimonios (incluidos del propio Best) indican que los consejos y ayuda cient&iacute;fica de MacLeod fueron esenciales para el avance de las investigaciones. Finalmente, Banting decidi&oacute; aceptar el premio (aunque no acudi&oacute; a recogerlo) pero dividi&oacute; su parte del premio con Best, al que consideraba m&aacute;s merecedor que MacLeod del premio. MacLeod, a su vez, decidi&oacute; dividir su parte del premio con Collip. La concesi&oacute;n del premio Nobel sac&oacute; a la luz la lucha de egos entre Banting y MacLeod que hab&iacute;a comenzado pr&aacute;cticamente desde la primera presentaci&oacute;n de los resultados en un congreso cient&iacute;fico, el 30 de diciembre de 1921. En esa ocasi&oacute;n Banting acus&oacute; a MacLeod de atribuirse los m&eacute;ritos de sus investigaciones en p&uacute;blico. Banting y MacLeod no volvieron a tener relaci&oacute;n despu&eacute;s de obtener el premio Nobel. S&iacute; parece haber m&aacute;s consenso en que Best debi&oacute; haber recibido tambi&eacute;n el Nobel y, de hecho, la Fundaci&oacute;n Nobel reconoci&oacute; su error &iexcl;en 1972!,
    </p><p class="article-text">
        El comit&eacute; del Nobel recibi&oacute; en 1923 en&eacute;rgicas protestas de investigadores que sent&iacute;an que sus m&eacute;ritos no hab&iacute;an sido reconocidos, al haber realizado experimentos similares antes que Banting y Best. El m&eacute;dico alem&aacute;n George Ludwig Zueltzer (1870-1949) fue uno de ellos. Zueltzer tambi&eacute;n hab&iacute;a tenido &eacute;xito con sus extractos pancre&aacute;ticos muchos a&ntilde;os antes que los canadienses. De hecho, Zueltzer lleg&oacute; a obtener una preparaci&oacute;n de insulina en 1914, tan pura que su inyecci&oacute;n causaba un coma hipogluc&eacute;mico en los animales. Sin embargo, Zueltzer interpret&oacute; de forma err&oacute;nea que eso era un efecto t&oacute;xico por las impurezas del extracto. Probablemente Zueltzer hubiera acabado descubriendo la insulina, pero el comienzo de la Primera Guerra Mundial par&oacute; sus investigaciones. El caso del rumano Nicolae Constantin Paulescu (1869-1931) es m&aacute;s controvertido y m&aacute;s dif&iacute;cil de justificar. Paulescu desarroll&oacute; un extracto pancre&aacute;tico que tambi&eacute;n consegu&iacute;a disminuir los niveles de glucosa en sangre en perros en 1916. Sin embargo, fue reclutado para la guerra y no pudo publicar sus resultados hasta 1921, el mismo a&ntilde;o que Banting y Best publicaron sus primeros resultados. Los canadienses eran conocedores de sus estudios. De hecho, en esas primeras publicaciones de Banting se referencia el trabajo de Paulescu, pero lo citaron incorrectamente, describiendo que la inyecci&oacute;n el extracto pancre&aacute;tico de Paulescu no hab&iacute;a conseguido disminuir los niveles de az&uacute;car en sangre. Es dif&iacute;cil de justificar este error tan grave de Banting y sus colaboradores. Pudo deberse a una deficiente traducci&oacute;n que hicieron del art&iacute;culo de Paulescu (que fue publicado en franc&eacute;s), aunque los defensores de Paulescu creen que fue algo intencionado. El comit&eacute; del Nobel se defendi&oacute; porque seg&uacute;n la normativa del premio no se puede conceder sin una nominaci&oacute;n previa, y nadie hab&iacute;a nominado a Paulescu. Paulescu probablemente fue v&iacute;ctima de no haber tenido los medios y la difusi&oacute;n suficiente para dar a conocer sus resultados y el descubrimiento de la insulina qued&oacute; para siempre asociado a Banting, Best, Collip y MacLeod. Para los interesados, la Universidad de Toronto mantiene una excelente p&aacute;gina web (<a href="https://insulin.library.utoronto.ca/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://insulin.library.utoronto.ca/</a>) que documenta el per&iacute;odo inicial del descubrimiento y desarrollo de la insulina. Tienen miles de im&aacute;genes de documentos originales (cuadernos y gr&aacute;ficos de laboratorio, correspondencia, etc.), fotograf&iacute;as, premios, y recortes de prensa de la &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; fue de Leonard Thompson, el primer paciente en recibir insulina? Leonard Thompson muri&oacute; en 1935 a los 27 a&ntilde;os despu&eacute;s de haber llevado una vida relativamente normal. Muri&oacute; por una neumon&iacute;a agravada probablemente por complicaciones asociadas a la diabetes. Como curiosidad, el p&aacute;ncreas de Leonard Thompson se conserv&oacute; y se encuentra en exposici&oacute;n en el museo anat&oacute;mico del Instituto Banting de la Universidad de Toronto. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Cano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/cien-anos-primera-inyeccion-insulina_132_8791575.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Mar 2022 18:53:57 +0000]]></pubDate>
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