<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Aridane Ávila]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/aridane-avila/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Aridane Ávila]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1038740/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni mártires, ni invisibles: Educación Social con derechos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/martires-invisibles-educacion-social-derechos_132_12461196.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El cuidado de quien cuida no es un asunto menor. Y forma parte de garantizar una carrera profesional sólida, tener formación que de manera específica prepare para asumir los retos propios de cada desafío
</p></div><p class="article-text">
        Existen profesiones que sostienen el mundo sin hacer demasiado ruido. Que no aparecen en discursos de dirigentes pol&iacute;ticos, que no llenan los titulares de las principales cabeceras, ni aparecen en las listas de las noticias m&aacute;s le&iacute;das. Pero ah&iacute; est&aacute;n como el sol que cada d&iacute;a sale. Como &aacute;rboles con sus ra&iacute;ces bajo tierra, manteniendo en pie a quien ya nadie ve. Ah&iacute; est&aacute; la Educaci&oacute;n Social con su presencia firme en medio del derrumbe, en esas manos tendidas en la desesperanza, en esa voz entre el grito y el abandono. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en los &uacute;ltimos meses, la vocaci&oacute;n silenciosa se ha visto alterada por la tragedia. En febrero, en Badajoz, una educadora social fue asesinada realizando su trabajo. Hace unos d&iacute;as, en Euskadi, otra compa&ntilde;era de profesi&oacute;n fue apu&ntilde;alada mientras desarrollaba su labor en el turno de noche de un hogar. Hechos aislados geogr&aacute;ficamente, pero m&aacute;s relacionados de lo que parece en su contexto y forma. Un olvido estructural de quienes acompa&ntilde;an desde el coraje y la profesionalidad. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando una persona estudia Educaci&oacute;n Social, debe tener algunas premisas claras sobre lo que representa la profesi&oacute;n. A veces, de manera err&oacute;nea, se atribuye m&aacute;s peso del que se deber&iacute;a a la vocaci&oacute;n, dejando la importancia m&aacute;s al coraz&oacute;n que al conocimiento cient&iacute;fico. Como dec&iacute;a una magn&iacute;fica profesora que tuve en la facultad, Sof&iacute;a Valdivielso, afortunadamente los seres humanos no nos podemos dividir, es tan importante la cabeza como el coraz&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Estas dos agresiones vienen a ser la m&aacute;xima expresi&oacute;n de que algo no funciona en el sistema de protecci&oacute;n, y desde luego en la prevenci&oacute;n. Asumir los preceptos de la profesi&oacute;n implica escuchar sin juzgar, actuando muchas veces con miedo, pero con el convencimiento de que permanecer sin huir tendr&aacute; beneficios para la gente con la que se trabaja. Sin embargo, todo esto se hace desde el anonimato, la precariedad, y como demuestran estos dos desgraciados hechos, cada vez m&aacute;s desde el riesgo f&iacute;sico. 
    </p><p class="article-text">
        La pregunta es c&oacute;mo hemos llegado a esto. De qu&eacute; manera, quienes trabajan para que otras personas no caigan en el terreno de los nadie, que dec&iacute;a Galeano, sean tratados como profesionales de segunda. Quien ejerce la educaci&oacute;n social interviene en contextos muy complejos. Desde centros de menores, personas con enfermedad mental, v&iacute;ctimas de violencia, personas sin hogar, familias desestructuradas, etc&eacute;tera. Trabajan en la brecha de la desigualdad. Para otro debate dar&iacute;a, por qu&eacute; la profesi&oacute;n se ha ido escorando hacia el acompa&ntilde;amiento, y no tanto en la prevenci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        No es dif&iacute;cil encontrar noticias en la prensa, referentes a cuando un polic&iacute;a salva a alguien tras alg&uacute;n atragantamiento, o cuando una agente de la Guardia Civil fuera de servicio rescata a alguien de una situaci&oacute;n compleja en el mar. Casi se pone la profesi&oacute;n por delante de la persona. Sin embargo, esto en la Educaci&oacute;n Social no sucede. Es una profesi&oacute;n invisible. 
    </p><p class="article-text">
        Con desconocimiento y sin exposici&oacute;n p&uacute;blica, las consecuencias son evidentes. Sueldos alejados de la complejidad del propio trabajo, una estabilidad laboral muchas veces condicionada a subvenciones o proyectos, equipos multidisciplinares irreales, formaci&oacute;n superficial para afrontar contextos violentos o protocolos de seguridad muy pobres. De hecho, en algunos territorios del estado espa&ntilde;ol, la figura del educador social no est&aacute; reconocida ni integrada en equipos. Y como dec&iacute;a, ni siquiera hay un reconocimiento social que honre la importancia de la profesi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de unas condiciones poco justas, estamos hablando de c&oacute;mo la sociedad trata a quienes sostienen lo m&aacute;s profundo. Las educadoras y los educadores sociales, son ese ligero camino que existe entre el propio sistema y quienes ya han perdido la esperanza en &eacute;l. Un hilo para personas que est&aacute;n a punto de romperlo. En muchas ocasiones, el trabajo representa humanizar instituciones, poniendo a quien m&aacute;s lo necesita los recursos necesarios, y a construir comunidad donde ya no queda tejido. No es una profesi&oacute;n como dice su apellido solamente social, es una necesidad profundamente &eacute;tica, pero tambi&eacute;n democr&aacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Quien haya estudiado esta maravillosa carrera, no le extra&ntilde;ar&aacute; escuchar que en la facultad siempre se habla de ser &ldquo;agentes de cambio&rdquo;. Pero cada vez se configura m&aacute;s la posici&oacute;n para no generar demasiado ruido, como si remover conciencias no formara parte tambi&eacute;n del compromiso que uno asume al desarrollar esta profesi&oacute;n. As&iacute; que aunque sean necesarios los minutos de silencio y las manifestaciones, estas agresiones deber&iacute;an ser un punto de inflexi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Y la bater&iacute;a de medidas que se deben empezar a exigir no son pocas. Ya es un buen momento para que la figura del educador/a social quede blindada en las comunidades aut&oacute;nomas. Ya no es tiempo que profesionales de otras titulaciones hagan la labor de educaci&oacute;n social, igual que educadoras sociales no hacen la labor de una psic&oacute;loga por poner un ejemplo. Es un debate inc&oacute;modo, pero necesario. 
    </p><p class="article-text">
        De tal manera, los protocolos de seguridad tienen que estar adaptados a los riesgos reales que se enfrentan. Ahora mismo no funcionan. Y mayor seguridad no significa ni m&aacute;s c&aacute;maras, ni m&aacute;s vigilantes, ni m&aacute;s rejas, ni m&aacute;s muros. Porque aunque esas medidas sean necesarias en ciertos recursos, m&aacute;s control y represi&oacute;n, no siempre representa mayor seguridad. Mayor formaci&oacute;n, menos horas en los turnos, m&aacute;s trabajadoras y mejor organizaci&oacute;n, son la mayor garant&iacute;a para un trabajo m&aacute;s seguro. 
    </p><p class="article-text">
        El cuidado de quien cuida no es un asunto menor. Y forma parte de garantizar una carrera profesional s&oacute;lida, tener formaci&oacute;n que de manera espec&iacute;fica prepare para asumir los retos propios de cada desaf&iacute;o. Que permita que la salud mental de las educadoras y educadores sociales no quede como algo menor. Que los recursos sean los adecuados siempre. 
    </p><p class="article-text">
        Pero a pesar de que esas medidas son necesarias para pensar en un horizonte distinto, hay dos puntos que pueden dar un empuje a&uacute;n mayor. Es complicado encontrar profesionales de la educaci&oacute;n social en el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. El papel ahora mismo se encuentra m&aacute;s en ser ejecutores de esas pol&iacute;ticas, que en el hecho de ser actores estrat&eacute;gicos que dise&ntilde;en qu&eacute; se hace. O se da ese paso, o las posiciones de la Educaci&oacute;n Social, siempre ser&aacute;n escogidas por otras personas ajenas a la profesi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Y por otro lado, si el trabajo no se pone en el centro del relato, no habr&aacute; red social que sostenga los desaf&iacute;os que el propio sistema pone encima de la mesa con una realidad que genera y aumenta las desigualdades. Ser&iacute;a interesante que los medios de comunicaci&oacute;n no hagan visible solamente cuando ocurre una tragedia qu&eacute; es la profesi&oacute;n, sino que la visibilicen en profundidad en todos sus &aacute;mbitos. 
    </p><p class="article-text">
        Los hechos sucedidos en Bilbao y Badajoz no deber&iacute;an quedar en una an&eacute;cdota, ni siquiera en un planificado olvido institucional. Dec&iacute;a el escritor valenciano Joan Fuster que &ldquo;toda pol&iacute;tica que no sea hecha por nosotros, ser&aacute; hecha contra nosotros&rdquo;, por lo que estas dos situaciones son hechos que obligan a abrir los ojos y generar reacciones desde la propia disciplina. La dignidad no se ruega, se defiende. 
    </p><p class="article-text">
        Proteger la Educaci&oacute;n Social no es querer solo una profesi&oacute;n mejor. Es un acto de justicia, pero principalmente, una decisi&oacute;n colectiva de d&oacute;nde est&aacute; nuestro horizonte como sociedad. Porque en estos tiempos de polarizaci&oacute;n y exclusi&oacute;n, la educaci&oacute;n social es un acto radical de empat&iacute;a, amor y reconstrucci&oacute;n democr&aacute;tica. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Aridane Ávila]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/martires-invisibles-educacion-social-derechos_132_12461196.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Jul 2025 18:16:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ni mártires, ni invisibles: Educación Social con derechos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reivindación social, la importancia de no perder la esperanza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/reivindacion-social-importancia-no-perder-esperanza_132_11751704.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Caminando por las calles de Val&egrave;ncia, me top&eacute; con una imagen que me hizo detenerme: en plena Pla&ccedil;a de l&rsquo;Ajuntament, hab&iacute;a una acampada de personas reivindicando algo tan b&aacute;sico como la vivienda digna. A su alrededor, la vida segu&iacute;a como si nada. Mientras algunas personas se congregaban para defender un derecho esencial, el resto de la ciudad continuaba su rutina, casi sin detenerse a observar. &iquest;Cu&aacute;nta gente se par&oacute; a escuchar? &iquest;Cu&aacute;ntas personas, por un momento, sintieron esa incomodidad que nace de saber que algo no est&aacute; bien? Lo que vi all&iacute; me hizo reflexionar sobre el estado de las luchas sociales en nuestra &eacute;poca, y c&oacute;mo parece que, poco a poco, la esperanza de lograr cambios se va desvaneciendo.
    </p><p class="article-text">
        No es solo Val&egrave;ncia. En Canarias, hace unos meses las movilizaciones para cambiar un modelo econ&oacute;mico que precariza a tantos y favorece a unos pocos, llenaban las calles con gritos de justicia. Este fin de semana, las manifestaciones, aunque persistentes, han perdido fuerza en n&uacute;mero. &iquest;Qu&eacute; nos ha sucedido? &iquest;Es que hemos dejado de creer en el poder de nuestras acciones colectivas? &iquest;O es que el sistema ha logrado algo a&uacute;n m&aacute;s profundo: mantenernos distra&iacute;dos, sumidos en la falsa sensaci&oacute;n de que no podemos cambiar nada?
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en una era donde el entretenimiento y la inmediatez ocupan el centro de nuestras vidas. Cada d&iacute;a, nos llega contenido que nos invita a desconectar, a olvidarnos, aunque sea por un momento, de la la realidad cotidiana que nos rodea. Diferentes plataformas de streaming, redes sociales, videojuegos, todo dise&ntilde;ado para evitar que pensemos en exceso en las injusticias estructurales. El sistema cree haber encontrado la f&oacute;rmula perfecta: distraernos lo suficiente para que no luchemos, para que no seamos capaces de organizarnos, para que no alcemos la voz. Y, cuando lo hacemos, cuando decidimos tomar las calles, nos invade una sensaci&oacute;n de derrota antes de comenzar. Porque, &iquest;de qu&eacute; sirve manifestarse si nada cambia? &iquest;De qu&eacute; sirven nuestras acciones si, al final, el poder parece inmune a nuestras demandas?
    </p><p class="article-text">
        Esa sensaci&oacute;n de impotencia es devastadora. Nos va minando poco a poco, llev&aacute;ndonos a la apat&iacute;a. Tiene una gran conexi&oacute;n con esa &ldquo;conciencia neblinada&rdquo; que hablaba Manuel Alem&aacute;n en su&nbsp;<em>Psicolog&iacute;a del Hombre Canario.&nbsp;</em>Lo que sucede es que esa apat&iacute;a nos acaba convenciendo de que nada tiene sentido, de que no importa lo que hagamos, todo seguir&aacute; igual. Y ah&iacute; es donde reside la trampa. Porque lo que de verdad debilita nuestras luchas no es solo la represi&oacute;n o la indiferencia de las clases con m&aacute;s poder, sino la p&eacute;rdida de la esperanza. Y la esperanza, esa chispa que nos empuja a seguir creyendo, es esencial. Sin ella, todo lo que queda es resignaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto, el camino hacia la consecuci&oacute;n de derechos sociales es largo y, a menudo, ingrato. Como me dec&iacute;a un profesor en la Universidad: &ldquo;El progreso se mueve a dientes de sierra&rdquo;. Y la historia est&aacute; llena de ejemplos que nos recuerdan que las grandes victorias sociales no suceden de la noche a la ma&ntilde;ana. A veces, ni siquiera suceden en una misma generaci&oacute;n. Pero eso no significa que nuestras acciones no tengan incidencia. Cada paso, cada peque&ntilde;a victoria, cuenta. Mantener viva la esperanza es fundamental. Porque sin esperanza, no hay lucha. Y sin lucha, no hay cambio.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo una frase del cantautor Ismael Serrano que dice: &ldquo;Si la tristeza es compartida, se vuelve rabia que cambia vidas&rdquo;. Esa es la clave. La tristeza que sentimos al ver que nuestros derechos siguen siendo negados no debe sumirnos en el silencio. Al contrario, debe convertirse en rabia. Una rabia que, alejada de ser destructiva, sea capaz de unir, de organizar, de impulsar el cambio. Porque cuando nos encontramos en esa tristeza compartida, cuando nos damos cuenta de que no estamos solos en esta batalla, es cuando la esperanza brota.
    </p><p class="article-text">
        Lo vi en esa acampada en Val&egrave;ncia: la tristeza por la falta de vivienda digna, compartida por quienes estaban all&iacute;, ten&iacute;a el potencial de convertirse en esa rabia transformadora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Canarias, la situaci&oacute;n es a&uacute;n m&aacute;s preocupante cuando se observa la creciente pobreza que asfixia a una parte demasiado importante de la poblaci&oacute;n. A pesar de que el archipi&eacute;lago se promociona como un destino tur&iacute;stico de talla mundial, con cifras r&eacute;cord de visitantes a&ntilde;o tras a&ntilde;o, esta bonanza no se refleja en la vida de la mayor&iacute;a de personas que residen en nuestro archipi&eacute;lago. El modelo tur&iacute;stico, en lugar de ser una soluci&oacute;n, ha aumentado las desigualdades. Grandes empresas y cadenas hoteleras (extranjeras y locales) se llevan la mayor parte de los beneficios, mientras que la precariedad laboral, con sueldos bajos y empleos temporales, sigue siendo la norma para la mayor&iacute;a de la ciudadan&iacute;a canaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y el problema es que esto agrava la sensaci&oacute;n de desesperanza: &iquest;c&oacute;mo creer en un cambio si el motor econ&oacute;mico que nos proponen como tierra prometida solo perpet&uacute;a la pobreza? La falta de oportunidades y el encarecimiento de los elementos b&aacute;sicos del d&iacute;a a dia, hacen que cada vez m&aacute;s personas sientan que, por mucho que protesten o se movilicen, nada va a cambiar en realidad. En lugar de desarrollo sostenible y derechos garantizados, el turismo masivo se muestra como una trampa que mantiene a la sociedad canaria en un ciclo de dependencia, y especialmente una alta vulnerabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Por eso hay que despertar esa rabia transformadora, pero para que eso suceda, necesitamos creer que es posible. Tener la ambici&oacute;n de mantener viva la esperanza, porque, aunque el camino sea duro y a menudo parezca est&eacute;ril, es el &uacute;nico que nos llevar&aacute; hacia un futuro m&aacute;s equitativo.
    </p><p class="article-text">
        Si queremos un cambio, no entra en la ecuaci&oacute;n perder la esperanza. Porque la esperanza, aunque fr&aacute;gil, es lo &uacute;nico que nos impulsa a seguir luchando, a seguir creyendo que, un d&iacute;a, nuestras acciones colectivas cambiar&aacute;n vidas. Y eso, al final, es lo que importa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Aridane Ávila]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/reivindacion-social-importancia-no-perder-esperanza_132_11751704.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Oct 2024 17:18:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Reivindación social, la importancia de no perder la esperanza]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Brutalidad policial, la revolución pendiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/brutalidad-policial-revolucion-pendiente_129_8827046.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La valla de Melilla mide aproximadamente 10 metros y tiene una longitud de aproximadamente 12 kil&oacute;metros. Altura y extensi&oacute;n suficiente como para dificultar a cualquier ser humano su escalada y &eacute;xito en traspasar tal amasijo de hierros cortantes. Es una frontera, un l&iacute;mite entre lo pol&iacute;ticamente europeo y africano. Y tambi&eacute;n ha sido el m&aacute;ximo exponente de la brutalidad policial&nbsp;en las &uacute;ltimas fechas. Curiosamente en Europa estos d&iacute;as se han abierto fronteras por el este, pero sin embargo por el sur, la humanidad no ha cobrado el mismo sentido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El caso de George Floyd en Estados Unidos, los mencionados abusos en la valla, el caso de Wubi en Catalunya, la muerte de Jonathan Carrillo, la brutalidad contra Elhadji en Pamplona, la misteriosa p&eacute;rdida de Emad Efrrali en Algeciras&hellip; todos estos casos comparten en com&uacute;n la brutalidad e impunidad policial. Un terrible problema de car&aacute;cter mundial que combina racismo institucional con injusticia de estado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso estamos ante una revoluci&oacute;n pendiente, la de lograr unas fuerzas y cuerpos de seguridad del estado sin miedo a limpiar aquellos elementos que alejan al cuerpo de ser considerado ejemplar. Se trata tambi&eacute;n de aclarar m&aacute;s de 570 casos de brutalidad policial en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, tal como acredita la ONG SOS Racismo. De todas esas situaciones, solo 4 agentes fueron condenados en la v&iacute;a penal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Estados Unidos cada vez cobra m&aacute;s importancia el movimiento <em>Defund The Police</em>. Su principal objetivo no es la desaparici&oacute;n de la polic&iacute;a, sino que se aborde de manera integral la formaci&oacute;n policiaca y que los sesgos &eacute;tnicos o pol&iacute;ticos se puedan corregir a trav&eacute;s de la concienciaci&oacute;n. Pero no solo se queda en ese aspecto, sino que tambi&eacute;n propone la necesidad de reducir el gasto en seguridad, para poder aumentarlo en cuestiones sociales que permitan reducir las problem&aacute;ticas asociadas a la inseguridad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Supone mayor seguridad un mayor n&uacute;mero de polic&iacute;as? &iquest;Es correcto afrontar los problemas sociales mediante reformas policiales? &iquest;Es reformable la actual concepci&oacute;n polic&iacute;aca? Son preguntas de dif&iacute;cil resoluci&oacute;n. Pero la gran cuesti&oacute;n es si la polic&iacute;a es el cuerpo m&aacute;s adecuado para resolver todas las situaciones comprometidas. Un problema de salud p&uacute;blica como las drogas, tal vez deber&iacute;a recaer en autoridades relacionadas con la salud p&uacute;blica. Los problemas relacionados con la salud mental, si se tratasen con m&aacute;s recursos desde sanidad, probablemente tendr&iacute;an menos incidencia en llamadas a la polic&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque Chicago quede lejos de nuestro territorio, bien vale como ejemplo de nuestro mundo neoliberal en la agenda de prioridades. Su gasto en salud mental para servicios a la comunidad es de 10&rsquo;5 millones de d&oacute;lares al a&ntilde;o. Su cuerpo de polic&iacute;a, gasta esa misma cifra en dos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        La legitimidad es un arma m&aacute;s poderosa que cualquier pistola. Y ser&iacute;a interesante que los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado pudieran recuperarla cuanto antes. Probablemente porque el camino hacia una polic&iacute;a m&aacute;s preventiva y menos reactiva es o deber&iacute;a ser imparable. Y una vez en este punto, tambi&eacute;n ser&iacute;a de adecuada reflexi&oacute;n pensar si es posible hacer pol&iacute;ticas sociales con polic&iacute;as. Si un cuerpo destinado al control y el cumplimiento de la ley, no es productivo ejecutor en la traducci&oacute;n de la violencia estructural a la violencia directa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a la soci&oacute;loga italiana Tamar Pitch que <em>&ldquo;la seguridad es patrimonio de las derechas, no declinable por parte de la izquierda&rdquo;</em>. Por lo tanto, este necesario cambio no tiene tanto que ver con cambios pol&iacute;ticos, sino con cambios de paradigma profundos. De esos que se labran en las calles y en movimientos de base con repercusi&oacute;n en medios de comunicaci&oacute;n, capaces de afianzar cambios sociales de calado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gabriel Rufi&aacute;n escribi&oacute; un tweet al ver la serie <em>Antidisturbios</em> y la calific&oacute; como documental. Algunos sindicatos policiales la calificaron como &ldquo;porquer&iacute;a&rdquo;. Las im&aacute;genes de estos &uacute;ltimos d&iacute;as en Melilla vuelven a poner el debate encima de la mesa. Y la revoluci&oacute;n pendiente vuelve a surgir.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Aridane Ávila]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/brutalidad-policial-revolucion-pendiente_129_8827046.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Mar 2022 15:51:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Brutalidad policial, la revolución pendiente]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
