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    <title><![CDATA[elDiario.es - Denise Najmanovich]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/denise-najmanovich/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Denise Najmanovich]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De gallos y machos: los mitos de la razón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/machismo-peleas-de-gallos-violencia-maltrato-animal-guerra_132_8870889.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/563f9569-5b0f-43a5-b740-e7ebd091f953_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De gallos y machos: los mitos de la razón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿No será hora de empezar a reflexionar sobre esta racionalidad patriarcal predadora que se presenta como el único saber verdadero y como el modelo del bien, y dejar a los gallos en paz?</p></div><p class="article-text">
        Cuentan les historiadores que Tem&iacute;stocles, el gran general-pol&iacute;tico ateniense, mientras se dirig&iacute;a a enfrentar a los persas durante las guerras m&eacute;dicas, vio a dos gallos librando un cruento enfrentamiento. Esa lucha le dio una excelente oportunidad para arengar a sus tropas, declarando: &ldquo;Esos gallos no se esfuerzan por defender a la patria ni a sus dioses, no luchan por las tumbas de sus antepasados ni por la gloria, la libertad o por sus hijos. Se pelean para no resultar vencidos y para no ceder ante el adversario.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Me encontr&eacute; por primera vez con esta historia en el libro de Nicole Loraux <em>La ciudad dividida</em>. En esa obra magn&iacute;fica la autora explora el temor de les antig&uuml;es griegues a lo que nosotres actualmente llamamos &ldquo;guerra civil&rdquo; y elles nombraban m&aacute;s expresivamente como &ldquo;luchas intestinas&rdquo;. Por mucho que se juramentaron contra el miedo a destriparse entre s&iacute;, ese temor nunca les abandon&oacute;. No es que no lo intentaron, sino que es una tarea imposible para una cultura que ennobleci&oacute;, exalt&oacute; y racionaliz&oacute; la guerra. Actualmente no nos va mucho mejor. Las f&aacute;bulas que les griegues inventaron, les romanes propagaron y les modernes adoptaron se han naturalizado hasta el punto de que ni siquiera se nos ocurre cuestionarlas. O m&aacute;s bien, no se nos ocurr&iacute;a, porque en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas las concepciones heredadas est&aacute;n perdiendo el aura que las hac&iacute;a incontrovertibles.
    </p><p class="article-text">
        Aunque parezca una an&eacute;cdota menor, podr&iacute;amos situar el discurso de Tem&iacute;stocles como el nacimiento de una filosof&iacute;a predadora. Enti&eacute;ndase bien, no el comienzo de la actividad depredadora humana, sino del discurso que no s&oacute;lo la justifica sino que la exalta. En este discurso es donde se expresan las grandes hebras que construyeron la trama patriarcal.
    </p><p class="article-text">
        Los gallos resultaron important&iacute;simos, ya que fueron utilizados para contraponer la lucha animal (que, seg&uacute;n nuestro imaginario cultural heredado, est&aacute; basada en el instinto) y las guerras que libran los hombres (que nos dicen que son el fruto de las m&aacute;s elevadas razones). Tendemos a creerlo porque es parte inseparable de la atm&oacute;sfera en la que vivimos. Nos adiestran cont&aacute;ndonos machaconamente el cuento del hombre-var&oacute;n como una excepci&oacute;n en la naturaleza&nbsp;y como portaestandarte de la racionalidad.
    </p><p class="article-text">
        Seguimos racionalizando-justificando las guerras entre humanes y&nbsp;la depredaci&oacute;n de todo lo dem&aacute;s con argumentos muy semejantes a los de Tem&iacute;stocles, solo que los dioses ol&iacute;mpicos han sido reemplazados por el dios laico de la productividad y el esp&iacute;ritu del santo progreso.
    </p><p class="article-text">
        Antonio Machado, gran pensador adem&aacute;s de poeta, nos alert&oacute; sobre ese culto racionalista cuando se&ntilde;al&oacute; que en la antigua Grecia la fe en los dioses no fue sustituida por la raz&oacute;n, sino por la fe en la raz&oacute;n. La diferencia es abismal.
    </p><p class="article-text">
        Los mitos divinos fueron suplantados por f&aacute;bulas racionales, que nos cuentan que nuestras batallas son nobles pero las luchas entre los animales son brutales, que nuestros guerreros son h&eacute;roes mientras los animales son sanguinarios. Casi todos los t&eacute;rminos relacionados con el mal y la crueldad provienen de palabras relacionadas con los animales: brutal, bestial, feroz... O directamente decimos que se trata de acciones inhumanas. En cambio, al trato justo, generoso, cuidadoso, amable lo llamamos humano, siendo como somos la especie m&aacute;s predadora, sanguinaria y cruel de este planeta y la &uacute;nica capaz de destruirse mutuamente.
    </p><p class="article-text">
        Pero no termina all&iacute; la narrativa de la excepcionalidad, que es siempre correlativa a la invenci&oacute;n de la&nbsp;animalidad. Todes hemos escuchado una y mil veces que el pez grande se come al chico y que &ldquo;el hombre es el lobo del hombre&rdquo; (una frase de Plauto hecha famosa por Hobbes en su fundamentaci&oacute;n del Estado moderno). Nuestro sistema educativo recalca los aspectos predadores de los animales pero casi nunca menciona la inmensa importancia, la enorme extensi&oacute;n y el gran valor de la simbiosis y la colaboraci&oacute;n entre todos los seres vivientes,&nbsp;tanto de la misma especie como con otras. No nos ense&ntilde;an que muchos peces peque&ntilde;os, lejos de ser comidos por los grandes, resultan protegidos por ellos; por ejemplo, el pez r&eacute;mora y el tibur&oacute;n, que establecen una relaci&oacute;n de cuidado mutuo: el pez peque&ntilde;o ayuda al tibur&oacute;n eliminando los ectopar&aacute;sitos y limpiando el tejido epid&eacute;rmico del pez m&aacute;s grande, que&nbsp;a su vez &eacute;ste protege a la r&eacute;mora de los predadores.
    </p><p class="article-text">
        Es un lugar com&uacute;n decir que la ley de la selva consiste en destruirse les unes a les otres mientras que la ley civil es la expresi&oacute;n de la bondad humana, que garantiza nuestra seguridad. Sin embargo, tanto la esclavitud como los genocidios han sido legales. Lo llamativo del caso es que los lobos no suelen matarse entre ellos, aunque desde luego pelean entre s&iacute;. Tambi&eacute;n se cuidan y protegen mutuamente. Y, como si esto fuera poco, la selva, en las ant&iacute;podas de esta narrativa inhospitalaria que hemos inventado, es el ecosistema m&aacute;s generativo, fecundo y diverso del planeta.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos ahora a los gallos. &iquest;Es propia de ellos la lucha intestina? Desde luego que no. Aunque pueden ser agresivos, muy raramente llegan a matarse, salvo cuando han sido entrenados, seleccionados artificialmente durante generaciones y llevados a hacerlo en un re&ntilde;idero dise&ntilde;ado por los hombres. El famoso instinto asesino de los gallos de pelea es tan &ldquo;natural&rdquo; como la cuadratura de los tomates modificados gen&eacute;ticamente. Uno de los tantos inventos de los ingenieros de la eficiencia que no quer&iacute;an perder espacio al empaquetarlos y as&iacute; los hicieron m&aacute;s rentables.
    </p><p class="article-text">
        Esos tomates no tuvieron &eacute;xito, pero la ilusi&oacute;n machista de la nobleza de la guerra a&uacute;n persiste, y la filosof&iacute;a predadora a la que dio origen, lejos de retroceder, est&aacute; en plena expansi&oacute;n en este siglo XXI. No es de extra&ntilde;ar que lo est&eacute;, cuando nuestra forma de vida ha privilegiado la raz&oacute;n instrumental, que concibe todo lo que existe como un recurso para les humanes y no como otras formas de vida compa&ntilde;eras. Los gallos siguen siendo utilizados como met&aacute;fora de virilidad y, al mismo tiempo, para degradarlos por su animalidad. Esta ambig&uuml;edad entre la valoraci&oacute;n y el desprecio la hemos heredado y tambi&eacute;n sostenido. Al mismo tiempo, son objeto concreto de la crueldad patriarcal en ese &ldquo;deporte&rdquo; siniestro conocido como pelea de gallos, que los obliga a enfrentarse para el regodeo de les espectadores-apostadores. Los combates sanguinarios entre estos animales son el producto de la selecci&oacute;n artificial, el entrenamiento y la instigaci&oacute;n constante de los varones humanos, no la expresi&oacute;n de ninguna agresividad natural incontenible. La pelea es uno de los primeros &ldquo;juegos&rdquo; masculinos registrados en la historia, que adem&aacute;s se ha extendido por casi todo el globo terrestre: de Bali a Angkor Wat, de Atenas a Londres, de Espa&ntilde;a a Latinoam&eacute;rica, por lo general a trav&eacute;s de las conquistas imperiales. Las narraciones asociadas a las peleas de gallos han contado con la pluma de ilustres escritores como Esquilo, Hemingway y Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, entre muchos otros. &iexcl;Hasta las mencionan en el <em>Kamasutra, </em>instando a las mujeres a aprender sus reglas para agradar a los hombres en las conversaciones del lecho!
    </p><p class="article-text">
        Esta expansi&oacute;n y duraci&oacute;n en el tiempo nos ayudar&aacute; a entender cabalmente la fuerza de las f&aacute;bulas de la pelea de gallos en la figuraci&oacute;n patriarcal. Tambi&eacute;n merecen ser recordadas las canciones sobre <a href="https://www.youtube.com/watch?v=UBOfsjiU6lE" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">gallos negros y tambi&eacute;n rojos</a> que se cantaron &nbsp;en <a href="http://aplomez.blogspot.com/2016/09/matizaciones-innecesarias-tal-vez-sobre.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la resistencia espa&ntilde;ola al fascismo</a>. Aunque se los opone, siempre se trata de gallos, en eso no hay grietas ideol&oacute;gicas. El machismo&#8209;leninismo no es menos patriarcal que el liberal o el fascista.
    </p><p class="article-text">
        La met&aacute;fora de la virilidad ligada al gallo, as&iacute; como la pr&aacute;ctica de las peleas, sigue vigente hoy en todo el planeta, a pesar o incluso a veces favorecida por las prohibiciones. Como muestra, considero suficiente el hecho de que hasta <a href="https://www.worldslashercup.ph/wp-content/uploads/2021/12/2022-world-slasher-cup-1024x1024.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se celebran &ldquo;olimp&iacute;adas&rdquo;</a> de este &ldquo;deporte&rdquo;. Si tuviera alguna duda del sesgo machista de esta actividad, las fotos de la entrega de la gran copa con el campe&oacute;n rodeado de las <em>misses</em> que engalanan su hombr&iacute;a bastar&iacute;a para quit&aacute;rmela.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de ser una pr&aacute;ctica tan extendida, la pelea de gallos pas&oacute; desapercibida para les antrop&oacute;logues hasta que tanto Clifford Geertz como Gregory Bateson y Margaret Mead coincidieron en darle una gran importancia. Sus investigaciones se centraron en Bali y dejaron bien en claro la estrech&iacute;sima relaci&oacute;n entre los gallos y la masculinidad. Varias generaciones de antrop&oacute;logues en todo el mundo han encontrado y publicado hallazgos semejantes.
    </p><p class="article-text">
        Mi inter&eacute;s radica especialmente en la forma en que la cultura patriarcal occidental ha utilizado al gallo como figura de contraste para la justificaci&oacute;n e incluso el ennoblecimiento de la guerra y como f&aacute;bula fundante de la ilusoria excepcionalidad del hombre.
    </p><p class="article-text">
        Las peleas de gallos pueden ser pensadas como poderos&iacute;simas met&aacute;foras generativas del pensamiento de los hombres-machos sobre s&iacute; mismos. Geertz plante&oacute; que las historias de gallos son narraciones que se cuentan los habitantes de&nbsp;Bali a s&iacute; mismos. Olvid&oacute; mencionar que esa historia excluye totalmente a las mujeres, de modo que no solo quedaron eliminadas del cuento machista de Bali sino tambi&eacute;n del que construy&oacute; el antrop&oacute;logo. Son historias de machos que pretenden ser la historia de la humanidad -absurdamente universal-. Es a la vez una historia de la disociaci&oacute;n (de los hombres respecto al animal), de exclusi&oacute;n (de las mujeres de la racionalidad) y de subordinaci&oacute;n (de todes al hombre-h&eacute;roe-triunfador). Considero crucial comprenderla porque, como en el <em>Aleph </em>de Borges, el re&ntilde;idero condensa todo un&nbsp;modo de existencia patriarcal.
    </p><p class="article-text">
        En Bali,&nbsp;la palabra que designa al gallo, <em>sabung</em>, se usa metaf&oacute;ricamente para aludir al h&eacute;roe, al guerrero, al campe&oacute;n, al donju&aacute;n o al tipo duro. En ingl&eacute;s, <em>cock</em> es la forma vulgar de referirse al pene-falo, al l&iacute;der, y tambi&eacute;n designa el hecho de empujar la pieza necesaria de un arma hasta su posici&oacute;n para que est&eacute; lista para disparar. En castellano la asociaci&oacute;n genital no es tan obvia, pero tanto en Espa&ntilde;a como en muchos pa&iacute;ses de Latinoam&eacute;rica una de las maneras de nombrar a quienes van por el mundo ostentando su machismo es llamarlos <em>gallitos</em>.
    </p><p class="article-text">
        Les antrop&oacute;logues nos han mostrado que las peleas de gallos en todo el mundo son expresiones de la masculinidad patriarcal inherentemente competitiva. Los resultados de las peleas confieren estatus, dignidad y honor al ganador -un valor masculino negado a las mujeres-.
    </p><p class="article-text">
        En diferentes culturas se compara la pelea de gallos con los juicios en los tribunales, con las guerras, con las discusiones pol&iacute;ticas y con las ri&ntilde;as callejeras. Por eso su an&aacute;lisis va mucho m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites del re&ntilde;idero para dar cuenta de rasgos centrales de la cultura patriarcal: no s&oacute;lo la crueldad, sino tambi&eacute;n la jerarqu&iacute;a y el modo en que ambas se justifican, racionalizan y glorifican.
    </p><p class="article-text">
        Cliford Geertz sostiene que a nivel emocional la ri&ntilde;a da lugar al &ldquo;estremecimiento del riesgo, la desesperaci&oacute;n de la p&eacute;rdida, el placer del triunfo&rdquo;. Pero aclara que no se trata &uacute;nicamente de una cuesti&oacute;n afectiva, ya que su inter&eacute;s radica no s&oacute;lo en &ldquo;que el riesgo sea excitante, que perder sea deprimente y que triunfar sea gratificante (banales tautolog&iacute;as de afecto), sino que de esas emociones as&iacute; ejemplificadas est&aacute; constituida la sociedad y que ellas son las que unen a los individuos&rdquo;. &nbsp;Es decir, seg&uacute;n Geertz, para los balineses asistir a las peleas de gallos y participar en ellas es una especie de educaci&oacute;n sentimental. Me permito agregar que no s&oacute;lo para ellos, sino tambi&eacute;n para todos los dem&aacute;s machos de la tierra, aunque el significado espec&iacute;fico para cada pueblo estar&aacute; entretejido en cada caso seg&uacute;n la idiosincrasia de su cultura. Coincido con Geertz en que la cuesti&oacute;n principal relacionada con la pelea de gallos es la relaci&oacute;n de los hombres-varones con la furia y tambi&eacute;n con el temor a la furia. Me permito a&ntilde;adir que este temor ha sido decisivo para gestar el patriarcado occidental como una cultura centrada en el control o, m&aacute;s precisamente, en la ilusi&oacute;n de control.
    </p><p class="article-text">
        Dice Geertz que a trav&eacute;s de las peleas de gallos los machos pretenden sujetar el furor a &ldquo;una serie de reglas que, por un lado, las contienen y que, por otro, les permiten desplegarse, crear una estructura&rdquo;. As&iacute; es, pero considero imprescindible destacar que esa ilusi&oacute;n de seguridad tiene patas cortas y vida ef&iacute;mera, que ese control del que se jactan les gobernantes, l&iacute;deres y dirigentes es imaginario. En lugar de eliminar la ambig&uuml;edad entre la admiraci&oacute;n y el desprecio por la furia animal, lo que se ha hecho es acentuarla a trav&eacute;s del ritual. Nuestras olimp&iacute;adas son otra forma de ritual que para les antigues griegues como Tem&iacute;stocles solo pod&iacute;a darse entre iguales (es decir entre machos griegos) y que era la expresi&oacute;n de una actividad guiada por reglas de honor, en la que la furia combativa se encauzaba. Los rituales contin&uacute;an a pesar de que obviamente nunca evitaron las guerras intestinas sino que, por el contrario, reforzaron la cultura competitiva y combativa.
    </p><p class="article-text">
        La gran fantas&iacute;a de los machos guerreros-ciudadanos fue creer que dominaban la vida con sus reglas, que la raz&oacute;n permit&iacute;a&nbsp;controlar sus afectos, que pod&iacute;an gobernarse a s&iacute; mismos a voluntad. Cre&iacute;an espantar el peligro de la discordia entre ellos con juramentos sagrados que les permit&iacute;an a la vez desplegar la furia contra les extranjeres -convertidos en b&aacute;rbares y enemigues- y contenerla cuando surg&iacute;a contra &ldquo;hermanos&rdquo; de la ciudad. La raz&oacute;n se ocup&oacute; no solo de justificar como algo &ldquo;natural&rdquo; la conquista de les extranjeres, incluso hasta el exterminio, sino tambi&eacute;n de enaltecerla como la m&aacute;s alta virtud que otorgaba la gloria y el honor a los que triunfaban. Pero esa racionalidad disociada del cuerpo, de los afectos, de la vida, es tan solo una fantas&iacute;a, as&iacute; como fue una quimera la idea de espantar las luchas intestinas declar&aacute;ndose hermanos y jurament&aacute;ndose para evitarlas. Estas imaginaciones no son inocuas, tienen efectos en nuestras acciones, forman parte de nuestro modo de vivir, que siempre es convivir. A trav&eacute;s de los gallos, el imaginario patriarcal glorifica la guerra y degrada a les extranjeres. La tragedia de Esquilo <em>Los Persas</em> fue crucial en la construcci&oacute;n de la imagen de aquellos a los que iban a combatir, que son reiteradamente&nbsp;llamados &ldquo;gallos&rdquo; para degradarlos. Pero no s&oacute;lo eso: el mito del macho-racional que trasciende la furia animal configura una jerarqu&iacute;a entre les humanes, con el macho-l&iacute;der en la cima, y degrada a todes les otres: mujeres, esclaves, ni&ntilde;es, varones subalternos, etc. As&iacute; se fue estructurando el modo de vida patriarcal, basado en la conquista, la competencia, el enfrentamiento, el control, la dominaci&oacute;n y la jerarqu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Las fabulas racionalistas sobre los gallos y la organizaci&oacute;n de las peleas entre estos animales siguen teniendo un lugar destacado porque es preciso reiterar los mitos que organizan el imaginario, incluido el de los racionalistas, que no es ninguna excepci&oacute;n. La naturaleza humana fue inventada en el contraste con la naturaleza animal. Tem&iacute;stocles y tambi&eacute;n Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles se otorgaron a s&iacute; mismos la posibilidad de transcender la animalidad gracias a la raz&oacute;n. Una fantas&iacute;a que fue retomada y remodelada por Descartes, que profundiz&oacute; a&uacute;n m&aacute;s la separaci&oacute;n, generando un enfrentamiento entre el hombre y la naturaleza y correlativamente, entre la mente racional y el cuerpo instintivo. Seg&uacute;n estos mitos racionales los animales no pueden regular su furia ni encauzarla hacia altos ideales, como se jactaban de hacer los varones guerreros-ciudadanos que fundaron nuestra cultura y como refrend&oacute; el pensamiento filos&oacute;fico. Con ellos naci&oacute; la ilusi&oacute;n de que los hombres&#8209;varones pueden y, m&aacute;s a&uacute;n, deben tener un control racional&#8209;voluntario de sus furias y de la vida en general, mientras que todas las dem&aacute;s criaturas, ya sean mujeres humanas, varones esclavos o b&aacute;rbaros, gallos y todas los dem&aacute;s&nbsp;habitantes que pueblan la tierra ser&iacute;an incapaces de tales haza&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        Esta f&aacute;bula de control racional es inseparable de la supuesta incapacidad de control animal y, adem&aacute;s, nos exige una opci&oacute;n dicot&oacute;mica, sin otras alternativas posibles. Por eso es tan importante comprender el car&aacute;cter ilusorio el control racional humano como la noci&oacute;n falaz del descontrol&nbsp;animal. Temple Grandin, una de las voces m&aacute;s interesantes en relaci&oacute;n a la vida animal, sostiene que<em>&ldquo;todos los animales tienen medios de controlar la agresividad</em>&rdquo; y que &ldquo;h<em>ay muy pocos animales adultos, aparte de los humanos, que se ataquen unos a otros tan violentamente como para que muera uno de ellos</em>&rdquo;. Lo que ella llama control, siguiendo la tradici&oacute;n, prefiero llamarlo modulaci&oacute;n. El control, si nos ponemos a pensar, es un valor digital: tenemos o no tenemos control, no tiene sentido afirmar que tenemos un poco de control, como no lo tiene decir que estamos un poco embarazadas. En cualquier caso, todos los animales aprenden en la convivencia a modular y orientar la agresividad. Algo que cualquiera que conviva con animales en su casa o que haya vivido entre animales ha podido experimentar. La modulaci&oacute;n de la tendencia agresiva es imprescindible para la continuidad de la vida. Si no fuera as&iacute;, los animales no habr&iacute;an podido sobrevivir a su propia furia y se habr&iacute;an extinguido.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s parad&oacute;jico de estos planteos, y tambi&eacute;n lo m&aacute;s peligroso, es que la racionalidad moderna, que se presenta como el sumo bien, lejos de permitirnos una modulaci&oacute;n m&aacute;s favorable a la convivencia, industrializ&oacute; nuestra capacidad asesina -como han mostrado las guerras mundiales- y al disciplinar los afectos inhibi&oacute; la piedad, que podr&iacute;a haber evitado infinidad de matanzas, como sostienen tanto Hanna Arendt como Zygmunt Bauman.&nbsp;Ning&uacute;n gallo-animal hubiera mirado imp&aacute;vido, ni se hubiera desentendido del destino fatal de una fila de gallitos conducidos al matadero; solo los seres humanos, que disciplinaron los afectos a fuerza de justificaciones racionales y construyeron modos de vida basados en la obediencia y en una moral instrumental, pudimos hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Veinticinco siglos de una historia humana pr&oacute;diga en matanzas, tanto entre extranjeres como entre hermanes, ya sea de sangre o que as&iacute; se declararon, incluides les griegues&nbsp;que se juramentaron para evitarlo, muestran la falacia de los cacareos racionales. La racionalidad que invocan es un mito. Y no solo eso: guerras de todo tipo, femicidios e infanticidios, esclavitud y tortura, depredaci&oacute;n de nuestra casa-tierra, poluci&oacute;n del aire y las aguas, han sido gestadas en nombre de las deidades racionales: el progreso y la productividad. Todo porque esa raz&oacute;n instrumental concibe a la existencia de les dem&aacute;s como un recurso para que el hombre-macho se ense&ntilde;oree.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No ser&aacute; hora de empezar a reflexionar sobre esta racionalidad patriarcal predadora que se presenta como el &uacute;nico saber verdadero y como el modelo del bien, y dejar a los gallos en paz?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Denise Najmanovich]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/machismo-peleas-de-gallos-violencia-maltrato-animal-guerra_132_8870889.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Mar 2022 04:01:01 +0000]]></pubDate>
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