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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ángeles Caso]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Ángeles Caso]]></description>
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      <title><![CDATA[Un poco de intrascendencia, por favor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/intrascendencia-favor_129_8924597.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69192d72-8626-43c6-9b20-915807946145_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un poco de intrascendencia, por favor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A quienes adoran la Historia, no tener ni la menor posibilidad de formar parte de ella les debe de parecer una triste forma de fracaso definitivo. Yo creo, en cambio, que saber que no tienes que hacer nada para estar ahí es muy tranquilizador</p></div><p class="article-text">
        En medio de las ruinas del templo de Poseid&oacute;n en el Cabo Sounion, cerca de Atenas, hay un pilar cuya parte inferior est&aacute; cubierta de nombres grabados sobre la piedra. Son las firmas de viajeros de los siglos XVIII y XIX, que quisieron dejar all&iacute; la memoria de su existencia, frente al mar que un d&iacute;a domin&oacute; el viejo dios. Una de esas firmas es la de Lord Byron, el poeta genial, la inmensa figura del Romanticismo, el mismo que, poco despu&eacute;s, morir&iacute;a cerca, en Mesolongi, luchando por la independencia de Grecia frente al Imperio Otomano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese aut&oacute;grafo a cincel de Byron sobre la piedra de Sounion &mdash;trazado en cuidadosas may&uacute;sculas de imprenta&mdash; me produce reflexiones melanc&oacute;licas. &iquest;Tambi&eacute;n &eacute;l? &iquest;Es posible que, despu&eacute;s de revolucionar la poes&iacute;a en lengua inglesa, ese hombre de Fama Inmortal a&uacute;n quisiera dejar algo m&aacute;s para la Historia? &iquest;Algo tan tonto como un garabato con su nombre en un templo que hab&iacute;a permanecido en pie durante 2.500 a&ntilde;os sin que le preocupasen nada los poetas ingleses?
    </p><p class="article-text">
        A los hombres &mdash;a muchos hombres, por decirlo mejor&mdash; siempre les ha encantado dejar cosas para la Historia. No s&eacute; si a las mujeres nos ocurre lo mismo: ni siquiera hemos podido plante&aacute;rnoslo, porque no hemos formado parte de ella. Hasta ahora, las mujeres tan solo hemos protagonizado la historia en min&uacute;sculas, aquella sobre la que jam&aacute;s ha reca&iacute;do ning&uacute;n foco, la que no ha sido recogida en cr&oacute;nicas ni libros, la que no ha dejado su Memoria Imborrable en grandes monumentos tallados en piedra, en tumbas indestructibles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nosotras hemos gestado y parido y criado y educado, hemos recolectado frutos y ra&iacute;ces, hemos cuidado de los huertos y los animales dom&eacute;sticos, hemos molido los granos, cocinado los alimentos, mantenido el fuego y acarreado el agua. Hemos fabricado los tejidos que nos han cubierto y puesto orden en los espacios que nos acogen. Hemos mantenido las actividades artesanales y los negocios familiares a la par de los hombres. Hemos curado las heridas, preparado las hierbas medicinales, aliviado el sudor de los enfermos, alimentado a los ancianos, sostenido la mano de los moribundos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nada de todo eso ha merecido medallas, honores ni estatuas. Cada una de las mujeres que nos han precedido durante milenios &mdash;salvo unas pocas excepciones&mdash; ha vivido sabiendo que la memoria de su nombre se borrar&iacute;a por completo en una o dos generaciones. Que nadie m&aacute;s, despu&eacute;s de las hijas o los nietos, volver&iacute;a a recordarlas cuando hubiesen muerto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A quienes adoran la Historia, no tener ni la menor posibilidad de formar parte de ella les debe de parecer una triste forma de fracaso definitivo. Yo creo, en cambio, que saber que no tienes que hacer nada para estar ah&iacute; es muy tranquilizador. Evita cometer muchas tonter&iacute;as, como la de estropear con tu firma una antiqu&iacute;sima columna e irte despu&eacute;s a combatir a los turcos. Pero, sobre todo, evita realidades mucho peores, como que te d&eacute; por hacer cosas horriblemente sangrientas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Imaginemos el asunto. Pongamos por caso que eres un pastor de Mesopotamia, hace 5.000 a&ntilde;os, con tus buenas cabezas de ganado que dan lo suficiente para alimentar a toda tu familia y, adem&aacute;s, venderles buenos chuletones a tus vecinos que, a cambio, te entregan kilos y kilos de esas manzanas tan ricas que no crecen en tus campos. Tienes una estupenda casa de adobe que te protege del fr&iacute;o y el calor excesivos y, en las fiestas de la cosecha, puedes permitirte celebrar grandes banquetes a los que invitas a todas las personas que te importan y en los que te pillas con tus amigos unos colocones inolvidables. Deber&iacute;as ser feliz con todo eso, digo yo. O, por lo menos, darte por satisfecho.
    </p><p class="article-text">
        Pero resulta que eres hombre, y te ha picado el dichoso mosc&oacute;n ese de la Historia. As&iacute; que no, no tienes bastante. Necesitas m&aacute;s, mucho m&aacute;s: m&aacute;s cabezas de ganado, m&aacute;s mujeres, m&aacute;s casas, y nuevos campos en los que crezcan esas manzanas que ahora no son tuyas. Necesitas todo lo que haga falta para llegar a ser un Gran Hombre, y que el d&iacute;a en que te entierren lo hagan en una tumba inmensa, mucho mayor que las de al lado, rodeado de car&iacute;simos objetos exclusivos que nadie m&aacute;s logr&oacute; poseer. Una tumba que guarde tu nombre para la Eternidad. Ser el m&aacute;s rico y el m&aacute;s poderoso del cementerio, vamos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo vas a conseguir todo eso? No es f&aacute;cil, claro. Igual tienes que robarles algunas cosas a tus buenos vecinos para empezar a acumular. Pero, si les robas, despu&eacute;s tendr&aacute;s que mantenerlos callados y quietos. Bueno, tal vez podr&iacute;as encerrarlos, violar a las mujeres para sembrar el terror, o simplemente matarlos, y todo resuelto. Aunque quiz&aacute; lo mejor sea convertirlos en tus esclavos, porque as&iacute; tendr&aacute;s mano de obra a precio de saldo para construir las muchas casas que anhelas y cuidar de tu ganado cada vez m&aacute;s extenso y cultivar tus campos numerosos, mientras t&uacute; te sientas a contemplarlo todo en una silla muy alta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Digamos sin embargo la verdad: tener esclavos es complicado. Para eso necesitas hombres armados que los mantengan sometidos. As&iacute; que te pones a acaparar todas las materias necesarias para fabricar muchas armas y luego te creas un ej&eacute;rcito, uno tuyo, propio, el primer ej&eacute;rcito, poblado de hombres que se dejan mandar por ti no solo porque comparten un poco de tus riquezas, sino porque tambi&eacute;n podr&aacute;n entrar en la Historia a tu lado, aunque sea en letras m&aacute;s peque&ntilde;as. Despu&eacute;s te hacen falta much&iacute;simas casas para albergar a toda esa gente que est&aacute; a tu servicio, as&iacute; que fundas una ciudad, la primera ciudad del mundo, y en lo m&aacute;s alto de la colina te haces construir una fortaleza inmensa donde tu silla alta est&eacute; a salvo cuando vengan otros como t&uacute; a robarte lo que t&uacute; has robado primero. Que seguro que los hay.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Solo te queda inventarte un dios que desde all&aacute; arriba lo ordene todo y ya est&aacute;, ya has iniciado la Historia. Desde este momento, t&uacute; y tus descendientes y los descendientes de tus descendientes vais a llenar los relatos y las cr&oacute;nicas de Grandes Haza&ntilde;as Heroicas semejantes a las tuyas, aunque cada vez un poco m&aacute;s sofisticadas, m&aacute;s letales. Vais a ejercer todo el poder, a poseer todas las riquezas, a conquistar todas las tierras, a dictar todas las leyes, a imponer todas las ideas, a crear todos los imperios, a explotar todos los recursos, a utilizar, maltratar, violar, esclavizar, torturar y asesinar a todas las mujeres y hombres que pod&aacute;is. Vais a hacer muchas guerras. Un n&uacute;mero infinito de guerras. Una y otra vez desde aquel d&iacute;a de hace 5.000 a&ntilde;os hasta hoy. Una y otra vez. Pero as&iacute; es como se escribe la Historia, qu&eacute; demonios. Y la Historia, con su Fama Perpetua, merece lo que haga falta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; ustedes, pero yo, la verdad, no quisiera ser uno de esos Grandes Hombres y verme obligada a hacer todas esas cosas espantosas para que me recuerden los tiempos venideros. &iexcl;Qu&eacute; responsabilidad tan sangrienta! Prefiero quedarme con lo peque&ntilde;o, con la casa fresca de adobe, las alegres cabezas de ganado que pastan bajo las nubes y las fiestas con mis vecinos, que me traen sus manzanas tan ricas. De la Historia, que se ocupen los depredadores. Yo, desde luego, me apunto a la intrascendencia de la historia, por el bien de todos. Y tan feliz. Aunque, a decir verdad, no dejo de so&ntilde;ar con que los Grandes Hombres empiecen a derretirse al fin bajo el peso insoportable de su Propia Importancia. &iexcl;Menudo alivio para el mundo!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángeles Caso]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Apr 2022 20:05:50 +0000]]></pubDate>
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