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    <title><![CDATA[elDiario.es - Rubén Bleda]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ruben-bleda/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Rubén Bleda]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Fernando Parra Nogueras, escritor: "La literatura de autoficción se ha abonado a la exposición impúdica del dolor"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/fernando-perez-parra-escritor-literatura-autoficcion-abonado-exposicion-impudica-dolor_1_13047715.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6353844b-5e92-4a1d-a7c8-da7937808daf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fernando Parra Nogueras, escritor: &quot;La literatura de autoficción se ha abonado a la exposición impúdica del dolor&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Herida y ventana' habla de un dolor enceguecido que lo devora todo (excepto el amor y la literatura)</p></div><p class="article-text">
        Fernando Parra est&aacute; de gira, presentando su &uacute;ltimo libro, <em>Herida y ventana</em> (Ed. Funambulista, 2025). Fernando Parra es un escritor grand&iacute;simo que vive en peque&ntilde;o &minus;como hay peque&ntilde;os, m&iacute;nimos escritores que viven a lo grande &minus;y por eso sale de gira por su cuenta, en su coche, acompa&ntilde;ado de su amada Beatriz Pastor (su Beatrice), como contaba recientemente en sus redes sociales, pag&aacute;ndose de pecunio propio las frondas cervantinas, o los airbnbes, a ver si logra vender los m&aacute;s de 300 ejemplares que han sido establecidos como el umbral de acceso a la condici&oacute;n de escritor. Seguramente ya los habr&aacute; vendido, porque llena todas las librer&iacute;as por las que pasa. Y si no, tanto da, porque Herida y ventana es un libro que no tiene prisa. Herida y ventana es un libro que va a perdurar. Dec&iacute;a Fernando, nada m&aacute;s publicarlo, cuando lo tuvo por primera vez en sus manos, que le sorprend&iacute;a su ligereza, su poco peso. Lo que ocurre es que <em>Herida y ventana</em> pesa en la memoria, no en las manos. Pesa en el coraz&oacute;n. Pero no con un peso que aplasta, sino que sustenta. Sale uno de este libro como habi&eacute;ndose ba&ntilde;ado en las aguas m&aacute;s profundas, las m&aacute;s duras. Las que llevan consigo la inmensa cal de la muerte y el cristal puro del amor. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Herida y ventana</em> habla de un dolor enceguecido que lo devora todo (excepto el amor y la literatura). Habla de que (ya lo adelant&oacute; Jim Jarmusch) s&oacute;lo los amantes sobreviven. Y de que (&iquest;palabras del rey Salom&oacute;n?) el amor es fuerte como la muerte. Es un libro que se pregunta qu&eacute; puede hacer la literatura contra el dolor y &eacute;l mismo es la respuesta. 
    </p><p class="article-text">
        Intentamos entrar en este libro por la herida, que est&aacute; abierta y nos sirve de ventana. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El enfermo por depresi&oacute;n solo puede iniciar su recuperaci&oacute;n cuando, por fin, descubre al otro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El lenguaje, con toda su carga estructural, me ofreci&oacute; un orden, un asidero cierto cuando todo se desmoronaba a mi alrededor. Su labor terap&eacute;utica me salva cada d&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La estructura del libro, que se organiza en tres bloques, Infierno, Purgatorio y Para&iacute;so (acompa&ntilde;ado este &uacute;ltimo del ir&oacute;nico subt&iacute;tulo </strong><em><strong>ma non troppo</strong></em><strong>), remite a La Divina Comedia de Dante. Sin embargo, la novela arranca en los cap&iacute;tulos 23 y 24, que deber&iacute;an pertenecer al Para&iacute;so. &iquest;Qu&eacute; v&iacute;nculo existe entre tu libro y el del gran florentino? &iquest;A qu&eacute; se debe la anomal&iacute;a inicial en el orden de los cap&iacute;tulos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n con la <em>Divina Comedia</em> se establece ya desde el mismo t&iacute;tulo del libro. En el s&eacute;ptimo c&iacute;rculo del Infierno, Dante sit&uacute;a a los suicidas. Estos representan &aacute;rboles porque el D&iacute;a del Juicio Final, sus almas pender&aacute;n ahorcadas de las ramas. Para que Dante-personaje pueda entablar un di&aacute;logo con ellos, debe antes quebrar una de las ramas. La rama sangrar&aacute;, pero permitir&aacute; al condenado poder comunicarse: &laquo;<em>fanno dolore, e al dolor fenestra</em>&raquo;, dicen los versos. Eleg&iacute; ese c&iacute;rculo del Infierno por motivos obvios y dio lugar al t&iacute;tulo, <em>Herida y ventana</em>. El libro sangra, pero su herida permite abrir una ventana. Los tres bloques representan diferentes momentos del proceso de la enfermedad. Del infierno, apenas quiero hablar; el purgatorio se desarrolla en la casa de mis abuelos, cuando el personaje debe expiar toda su culpa; y el para&iacute;so llega de la mano de Beatriz (trasunto de la Beatrice de Dante), aunque se trata de un para&iacute;so en construcci&oacute;n. Respecto a la estructura inicial, mi intenci&oacute;n era que el lector descubriese desde el mismo inicio a un personaje roto, pero ya convaleciente, para invitarlo a recorrer con &eacute;l todo el proceso que le ha llevado hasta la situaci&oacute;n actual. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Del Infierno es evidente que no quieres hablar: tiene un &uacute;nico cap&iacute;tulo, que significativamente lleva el n&uacute;mero 0, y consta &uacute;nicamente de cuatro frases: &ldquo;No s&eacute;. No quiero. No puedo. No me atrevo&rdquo;&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El relato de mi infierno personal me resultaba demasiado doloroso como para recrearme en &eacute;l. Hay tambi&eacute;n una mezcla de pudor y una vocaci&oacute;n muy clara de apartarme de cualquier atisbo de morbo amarillista o de caer en el f&aacute;cil patetismo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El retiro en casa de tus abuelos, donde escribes una parte de lo que luego ser&aacute; Herida y ventana, conforma la parte del Purgatorio. La modernidad literaria est&aacute; plagada del gesto de aislarse para escribir, de escribir para indagar en el yo y enfrentar sus sombras. O expiar sus culpas, como dec&iacute;as. Tu libro invita a cuestionarse el por qu&eacute; y el para qu&eacute; escribimos. Lo cual nos lleva a la pregunta que habr&aacute;s escuchado tantas veces en las aulas: profe, &iquest;para qu&eacute; sirve la literatura?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En un mundo tan pragm&aacute;tico como el nuestro, resulta dif&iacute;cil convencer al descre&iacute;do de la utilidad de la literatura. De todos modos, la literatura no tiene necesidad de servir a un fin pr&aacute;ctico. Esto ya lo defendieron los parnasianistas con su idea del &laquo;arte por el arte&raquo;. Pero yo niego la mayor. La literatura es &uacute;til porque el ser humano necesita alimentar su dimensi&oacute;n espiritual si no quiere sentirse desnortado en la sociedad de consumo, que solo aporta la satisfacci&oacute;n perentoria y ef&iacute;mera de un hedonismo salvaje. En mi caso particular, en un momento en el que mi vida estaba vuelta del rev&eacute;s y en el que mi cabeza era un aut&eacute;ntico caos, las palabras, el fraseo, las combinaciones gramaticales &ndash;el lenguaje, en definitiva&ndash;, con toda su carga estructural, me ofreci&oacute; un orden, un asidero cierto cuando todo se desmoronaba a mi alrededor. Su labor terap&eacute;utica me salva cada d&iacute;a. Pero tambi&eacute;n he buscado cierta desmitificaci&oacute;n del escritor maldito que todos tenemos en nuestro imaginario. Yo, desde luego, no era, en casa de mis abuelos, un escritor maldito, sino un pobre diablo a quien su madre le tra&iacute;a cada mediod&iacute;a la comida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Escribes: &ldquo;No hay nada que m&aacute;s me sonroje que la manifestaci&oacute;n imp&uacute;dica del dolor&rdquo;. Creo que este es un tema sobre el que merece la pena detenerse. &iquest;Por qu&eacute; sonroja la manifestaci&oacute;n del dolor? O, &iquest;cu&aacute;ndo y bajo qu&eacute; formas es imp&uacute;dica la manifestaci&oacute;n del dolor? &iquest;C&oacute;mo concilias esta idea con la escritura y publicaci&oacute;n de Herida y ventana?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que la llamada literatura de autoficci&oacute;n se ha abonado, efectivamente, a la exposici&oacute;n imp&uacute;dica del dolor. Coquetea con el exhibicionismo gratuito, suele ser oportunista para encajar con la demanda editorial y solo desea granjearse, a cualquier precio (incluso mintiendo descaradamente) lo que yo llamo en el libro &laquo;lectores-<em>reality</em>&raquo;. He tratado de huir de todo eso. Y la &uacute;nica manera es haciendo literatura, ofreciendo al lector un equilibrio entre su verdad vivencial, honesta y desnuda, y una apuesta estil&iacute;stica donde la met&aacute;fora supure y sangre y sea tambi&eacute;n verdad; que el texto no se limite a la mera cr&oacute;nica personal de una enfermedad y trascienda la mezquina an&eacute;cdota por la v&iacute;a est&eacute;tica pero sin imposturas. Ese era el gran reto. Yo solo quer&iacute;a dignificar mi dolor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En relaci&oacute;n con esto, observamos que internet y las redes sociales han tra&iacute;do un estallido de los l&iacute;mites tradicionales entre lo &iacute;ntimo y lo p&uacute;blico, entre lo obsceno y lo escenificable, generando una brecha generacional en cuanto a la visibilizaci&oacute;n de heridas y traumas. En el mejor de los casos, se generan comunidades de apoyo que ayudan a desestigmatizar experiencias que sol&iacute;an ocultarse, como el padecimiento de ciertas enfermedades, la depresi&oacute;n entre ellas; en el peor, se llega a una sobreexplotaci&oacute;n casi totalitaria de los relatos normativos del yo y a la impudicia oportunista de la que habl&aacute;bamos antes. &iquest;Piensas que podemos aprender algo de las nuevas generaciones respecto a la expresi&oacute;n del dolor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si la funci&oacute;n de esa visibilizaci&oacute;n est&aacute; cargada de nobleza, nada hay que reprocharles. Existen comunidades en Internet que comparten sus vicisitudes y su sufrimiento y que consiguen hacer sentir menos solas a las personas que padecen determinadas enfermedades tradicionalmente estigmatizadas. Lo que no es tolerable es la exhibici&oacute;n <em>per se</em>, con el &uacute;nico fin de llamar la atenci&oacute;n, conseguir el m&aacute;ximo n&uacute;mero de <em>likes</em> (que luego vergonzosamente monetizan) y alimentar cierto narcisismo, animados por el prestigio del sufrimiento. Ayudar en el dolor, s&iacute;; mercantilizarlo, no.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tu libro actualiza un hecho incontestable: el desconocimiento general que se tiene sobre la depresi&oacute;n y las grandes dificultades que encuentran las personas deprimidas para hacerse entender por sus entornos y ser reconocidos como enfermos. &iquest;Has tenido esa sensaci&oacute;n? &iquest;Existen buenos y malos deprimidos o verdaderos y falsos deprimidos, de cara a la galer&iacute;a? </strong>
    </p><p class="article-text">
        La sociedad capitalista, que basa sus pilares en la consecuci&oacute;n del &eacute;xito a toda costa, tambi&eacute;n hace su injerencia en el terreno de la salud mental. A la acusaci&oacute;n de debilidad, se suma el hecho de que si no consumas el final esperado, tambi&eacute;n fracasas. De manera que el suicido es percibido en determinados c&iacute;rculos como la culminaci&oacute;n de una coherencia personal con el que salvar la poca dignidad que te quedaba. Abortar el suicidio, en cambio, es de cobardes o de fracasados. A m&iacute; algunas personas, que se han erigido en psiquiatras de sal&oacute;n, me han negado mi enfermedad. Piensan que si uno quiere suicidarse, se suicida y listos, y no se dedica a escribir un libro. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El Para&iacute;so (ma non troppo) supone tu vuelta al hogar que compartes con Beatriz, tu mujer, y la apertura de una nueva etapa en tu enfermedad. Hemos hablado del poder sanador de la literatura, pero aqu&iacute; se hace evidente que el verdadero motor de tu recuperaci&oacute;n no ha venido de las letras, sino del amor, y concretamente de tu compa&ntilde;era de vida. Hay una especie de anagn&oacute;risis que no queremos destripar, pero me gustar&iacute;a que nos hablaras de este proceso y del papel que tiene Beatriz en este libro. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Bea y mi familia constituyen el coraz&oacute;n de este libro. Muchas veces ponemos el foco en la persona enferma, pero muy pocas veces en los cuidadores, que sufren tanto o m&aacute;s. El enfermo por depresi&oacute;n es ego&iacute;sta, egoc&eacute;ntrico, cree que el mundo confabula contra &eacute;l, sufre picos emocionales que paga con su entorno m&aacute;s cercano y se convierte en un verdadero tirano y en un desconocido para los suyos. Bea estuvo durmiendo durante mucho tiempo con un extra&ntilde;o. Pero nunca me solt&oacute; de la mano. Sus esfuerzos por traerme de vuelta fueron extenuantes y acabaron con su propia salud. El enfermo por depresi&oacute;n solo puede iniciar su recuperaci&oacute;n cuando, por fin, descubre al otro. A m&iacute;, Bea se me hizo visible en un momento muy concreto del proceso, y fue a partir de ese instante revelador, al redescubr&iacute; a mi mujer, cuando se produjo el gran punto de inflexi&oacute;n. Sanar es cuidar del otro. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Siguiendo con esta cuesti&oacute;n, se me plantea un problema ampliamente debatido: qu&eacute; pasa con las personas que rodean a escritores y escritoras, que, por cometer la insensatez de ser sus amigas, sus amantes, etc., pueden acabar en un libro, con sus intimidades y hasta sus cuerpos expuestos a la vista del p&uacute;blico. &iquest;Tienen pleno derecho los escritores para usar a quienes quieran como personajes de sus libros? En tu caso, &iquest;has pedido permiso, has permitido vetos o los habr&iacute;as permitido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que no todo vale y que hay un c&oacute;digo moral que es necesario respetar. En mi caso, no tuve que pedir permiso a nadie, porque todos los &laquo;personajes&raquo; de mi libro est&aacute;n ah&iacute; para recibir su homenaje, no para sufrir ning&uacute;n escarnio p&uacute;blico. Y respecto a los menos favorecidos, tampoco soy partidario de los ajustes de cuentas, sino m&aacute;s bien de tratar de entender los motivos por los que decidieron abandonarme, que pueden ser tan leg&iacute;timos como mi derecho al reproche o a la estupefacci&oacute;n. En cualquier caso, no aparecen sus nombres y hay, incluso, una mirada desesperanzada pero conciliadora. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>En un momento del libro llegas a la conclusi&oacute;n de que el deprimido debe estar solo, porque hace da&ntilde;o a quienes le aman. &iquest;Sigues pensando igual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si yo hubiera estado solo, sin el amparo de los m&iacute;os, es casi seguro que hoy no estar&iacute;a aqu&iacute;. No s&eacute; si con eso respondo a tu pregunta. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Bleda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/fernando-perez-parra-escritor-literatura-autoficcion-abonado-exposicion-impudica-dolor_1_13047715.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2026 05:01:23 +0000]]></pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[Román Piña, escritor y editor: “A uno lo satisfacen más los libros en los que ha puesto el corazón"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/roman-pina-escritor-editor-satisfacen-libros-puesto-corazon_1_12952770.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9e148969-61bb-4cce-a4ab-bacbf3bfaaf2_16-9-discover-aspect-ratio_default_1135513.jpg" width="724" height="407" alt="Román Piña, escritor y editor: “A uno lo satisfacen más los libros en los que ha puesto el corazón&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor ha presentado en Libros Traperos, en Murcia, su obra 'Pisábamos los charcos' (Ediciones del viento, 2024), galardonada con el XXVIII Premio de Novela Ciudad de Salamanca</p></div><p class="article-text">
        <em>Un beso en un portal / un abrazo &iexcl;hasta ma&ntilde;ana! / &iexcl;qu&eacute; hombre me sent&iacute;a / cuando a ti te acompa&ntilde;aba! / T&uacute; lo eras todo, / y yo no era nada. / Pis&aacute;bamos los charcos / &iexcl;tan lejos estabas!</em> De esta canci&oacute;n de Golpes Bajos, 'Cena recalentada', ha extra&iacute;do Rom&aacute;n Pilla Vals (Palma de Mallorca, 1966) el t&iacute;tulo de su &uacute;ltima novela, 'Pis&aacute;bamos los charcos' (Ediciones del viento, 2024), galardonada con el XXVIII Premio de Novela Ciudad de Salamanca. 'Pis&aacute;bamos los charcos' es una entra&ntilde;able, hermosa, l&iacute;rica, agridulce novela de memorias donde Rom&aacute;n Pi&ntilde;a narra o evoca, con un esfuerzo por llegar al tu&eacute;tano de los hechos que se pone de manifiesto en las propias p&aacute;ginas, un par de a&ntilde;os de su juventud, los del tr&aacute;nsito a los estudios superiores, que fueron tambi&eacute;n los de un tr&aacute;nsito desde su Palma de Mallorca natal a su Valencia universitaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta Valencia inquieta y art&iacute;stica de alrededor de 1985, 1986, el protagonista pasa por distintos alojamientos, amigos, amigas, amores y no amores, canciones de Golpes Bajos y pel&iacute;culas de Hitchcock. Sobre todo, atraviesa una juventud a la vez plet&oacute;rica y chamuscada de idealismos rom&aacute;nticos, sue&ntilde;os literarios y cartas que no llegan. Aprovechamos el reciente paso del autor por Murcia y la presentaci&oacute;n de su novela en Libros Traperos para saber m&aacute;s sobre esta &eacute;poca y su elocuente plasmaci&oacute;n en libro.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Al que canta 'Cena recalentada' le recibe su madre y le disuelve de un plumazo la magia que le dej&oacute; la noche: </strong><em><strong>&iquest;D&oacute;nde has estado? / &iexcl;mira qu&eacute; facha! / &iquest;qu&eacute; horas son estas? / &iexcl;vete a la cama! </strong></em><strong>Ya que has usado esta canci&oacute;n para titular tu novela, me preguntaba qu&eacute; relaci&oacute;n estableces entre ambas. &iquest;Le espetar&iacute;as eso mismo al protagonista de tu novela, Cristian, si lo vieras aparecer ahora, volviendo de un de sus derivas nocturnas por Valencia, con la cabeza llena de canciones y fantas&iacute;as?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los pocos discos de Golpes Bajos ya publicados, sonaban en el walkman de Cristian en sus paseos solitarios nocturnos por el centro desierto de Valencia, inicios del 86. En ese momento especial, en que abandona la calidez de un colegio mayor para asomarse a la soledad de una pensi&oacute;n (valga como met&aacute;fora de la soledad en el mundo), se abriga con la voz de Coppini, se hermana con el caminante &ldquo;jocoso y contento&rdquo; de la canci&oacute;n &ldquo;Travesuras de Till&rdquo;, de la que salen muchos t&iacute;tulos de cap&iacute;tulos de la novela. En la pensi&oacute;n, Mami, la patrona, no tiene que llamar al orden nunca a Cristian por llegar tarde. Lleva una vida bastante responsable. Tiene diecinueve a&ntilde;os. La canci&oacute;n en realidad estaba pensada para alguien de catorce, creo yo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>'Pis&aacute;bamos los charcos' puede inscribirse en el g&eacute;nero memorial&iacute;stico o de autoficci&oacute;n, &iquest;no es as&iacute;? En cualquier caso, es una novela que rescata el pasado. Pienso que, para algunos escritores, la juventud es el tiempo de cosechar la literatura y la madurez el tiempo de recogerla. &iquest;Lo es en tu caso? &iquest;Qu&eacute; necesidad o impulso mueve a un escritor a recuperar episodios concretos de la propia vida y qu&eacute; valor crees que tiene para el lector recibir esta clase de legado?&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Apost&eacute; por hacer una novela con un peso absoluto de la memoria, pero con voluntad de ser relato y no una acumulaci&oacute;n de recuerdos. Hay escenificaci&oacute;n e invenci&oacute;n de los momentos que uno solo es capaz de recordar borrosamente. La literatura consigue hacerlos vivos y n&iacute;tidos. Estos dos a&ntilde;os de un joven que entra en la veintena, en mi caso fueron novelescos. Lo sab&iacute;a entonces, pero hasta los 55 a&ntilde;os no he me sentido capaz de rescatarlos como novela, incluso lo hab&iacute;a descartado. Siempre hay un detonante inesperado que pone en marcha las cosas. Para el lector tendr&aacute; valor si consigo meterlo en el mundo de Cristian y se lo pasa bien acompa&ntilde;&aacute;ndolo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La novela reconstruye, o revive, el d&iacute;a a d&iacute;a en un piso compartido de la calle Joaqu&iacute;n Costa, que se convierte en centro neur&aacute;lgico de intensas relaciones y vivencias. Una &eacute;poca que ya desde dentro se sinti&oacute; como excepcional e irrepetible. En el origen del proyecto, &iquest;qu&eacute; te propon&iacute;as contar exactamente? &iquest;Qu&eacute; recursos ten&iacute;as a tu alcance, aparte de la traicionera memoria, para ilustrar esta etapa de tu vida?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me propon&iacute;a, en especial, ahondar en c&oacute;mo entiende Cristian el amor humano, el enamoramiento, y por qu&eacute; lo entiende as&iacute;. Es un joven virgen, que lee a Plat&oacute;n y literatura religiosa, de modo que tiene su propia teor&iacute;a de c&oacute;mo se debe amar. Tambi&eacute;n quer&iacute;a hacer un canto a la amistad. Para levantar esta casa me vino muy bien la madera de un diario en el que fui anotando brevemente sucesos vividos en aquellos meses.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hemos hablado de memorias, pero 'Pis&aacute;bamos los charcos' es tambi&eacute;n una novela de formaci&oacute;n, como todas las que narran la juventud. Pienso que es una novela sobre el aprendizaje de vivir que puede servir como parte del aprendizaje de morir: desprenderse del pasado, dejarse ir, despedirse de los amigos. De hecho, la novela tiene su origen en la enfermedad de un amigo, &iquest;verdad? &iquest;C&oacute;mo te has sentido respecto a ese pasado y a las personas que lo pueblan una vez escrita la novela?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; dedicada a Pedro Garc&iacute;a G&oacute;mez, que lleva cinco a&ntilde;os enfermo de ELA. Tuve que bajar a un pozo muy hondo para sacar el agua para estas p&aacute;ginas, quiero decir que ese Cristian y sus cuitas y esos amigos y esos amores existieron en un tiempo muy breve, de modo que fue un ejercicio casi de exhumaci&oacute;n. Camino de la senectud, y con un hijo de veinte a&ntilde;os, me temo que tuve un ramalazo de nostalgia. Fue un descenso a un El&iacute;seo, el lado feliz del inframundo. Lo disfrut&eacute; mucho. Cristian lo llev&oacute; algo peor, en su momento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>H&aacute;blanos del papel de Murcia en la novela, esa ciudad de donde nunca llega carta alguna.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cristian se enamora de una murciana de diecisiete a&ntilde;os. Le escribe una carta declar&aacute;ndose en t&eacute;rminos casi patol&oacute;gicos, mendigando permiso para hacerla su musa. Pero no recibe respuesta. Luego viajar&aacute; a Murcia tres veces en los meses siguientes.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Es la situaci&oacute;n perfecta. Como es un amor imposible, no puede salir mal</strong></em><strong>. As&iacute; explica el protagonista, con su habitual iron&iacute;a, su experiencia del amor como culto a la amada, como un camino de perfeccionamiento espiritual. &iquest;C&oacute;mo valoras esta actitud desde la perspectiva adulta?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al cabo de unos a&ntilde;os, Cristian (esto no sale en la novela), se inspir&oacute; en aquella historia para escribir un poema que dice: &ldquo;lamento no tener la foto que me diste para mirarla ahora con lujuria&rdquo;. Humor y golfer&iacute;a aparte, por un lado hay que mirar con ternura al enamorado ingenuo e idealista, y por otro hay que lamentar que no recibiera una bofetada a tiempo para, al menos, haberle ahorrado a la musa murciana los sermones de confesor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;nto tiene el amor cort&eacute;s de sentimiento natural, espont&aacute;neo, y cu&aacute;nto de mito literario y cultural que se va reciclando siglo tras siglo? </strong>
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si la implicaci&oacute;n emocional de los j&oacute;venes cuando se atreven a iniciar relaciones de amor est&aacute; ahora m&aacute;s controlada, si se ponen m&aacute;s escudos&hellip; yo quiero creer que no. Que el amor es siempre igual en todo siglo y lugar. No depende de ideolog&iacute;as, no lo deforman discursos. Se vive de distintas formas seg&uacute;n son las personas, no sus educadores o sus circunstancias. Acabo de leer la celebrada 'Comer&aacute;s flores', y la enamorada y maltratada protagonista, una joven de hoy, ha crecido con las historias rom&aacute;nticas de Jane Austen en el pecho. La vacuna feminista funciona solo a veces. No hay garant&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tambi&eacute;n encontramos esta curiosa f&oacute;rmula: creer en el amor, no en el enamoramiento. &iquest;Puedes explicarla?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cristian es un joven &ldquo;padawan&rdquo;, lleva a&ntilde;os aprendiendo a dominar la fuerza. Qu&eacute; amar y c&oacute;mo y cu&aacute;nto es solo una cuesti&oacute;n de m&uacute;sculo, de entrenamiento, de costumbre. En cambio, enamorarse es un cataclismo, te arrasa, te deja en una pendiente a un palmo de un mar de lava, como le pas&oacute; a Anakin Skywalker. Y acabas sin piernas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Realmente te hiciste pasar por el pr&iacute;ncipe y col&oacute;? &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;as contarnos de esa incre&iacute;ble escena?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, ese episodio es pura ficci&oacute;n. Es verdad que ese personaje, el pianista Patricio Pizarro, visitaba a la vecina tambi&eacute;n pianista del edificio, y que fuimos a un concierto suyo. Pero no hicimos ninguna gamberrada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Eres un escritor de extensa trayectoria, con 18 libros publicados. Narrativa de distintos g&eacute;neros, poes&iacute;a... &iquest;Est&aacute;s m&aacute;s contento con unos libros que con otros? &iquest;Coincide tu nivel de satisfacci&oacute;n respecto a los libros con la fortuna que hayan tenido de ventas y cr&iacute;tica? &iquest;Qu&eacute; tal te llevas, en ese sentido, con 'Pis&aacute;bamos los charcos'?</strong>
    </p><p class="article-text">
        De esos 18 (&iquest;en serio? No los tengo contados), me satisfacen los que nacieron como libros, de modo que se caen de la satisfacci&oacute;n dos colecciones de art&iacute;culos, y un op&uacute;sculo con chistes o aforismos llamado 'Museo del divorcio'. A uno lo satisfacen m&aacute;s los libros en los que ha puesto el coraz&oacute;n, incluso por encima de los libros que lo han curado, que ha escrito por necesidad o incluso por reto art&iacute;stico. Hay una mezcla de eso en G&oacute;lgota, en Sacrificio, en Stradivarius Rex y en Una hero&iacute;na intergal&aacute;ctica. Las ventas y la cr&iacute;tica, si las hay, son satisfacciones de menor peso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Bleda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/roman-pina-escritor-editor-satisfacen-libros-puesto-corazon_1_12952770.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Feb 2026 05:00:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Román Piña, escritor y editor: “A uno lo satisfacen más los libros en los que ha puesto el corazón"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Valencia,Murcia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Laureano Debat, escritor: “'Casa de nadie' es una historia de prostitución que no juzga ni condena ni idolatra”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/laureano-debat-escritor-casa-nadie-historia-prostitucion-no-juzga-condena-idolatra_1_10109258.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/af37e824-94b3-4bda-a891-2c6b5cf2287f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Laureano Debat, escritor: “&#039;Casa de nadie&#039; es una historia de prostitución que no juzga ni condena ni idolatra”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La novela es un retrato de la vida íntima de estas dos mujeres desde el privilegiado camerino que ocupa el autor, quien llegó a ser, durante ese tiempo, parte de su peculiar familia</p></div><p class="article-text">
        En 'Casa de nadie' (Candaya, 2022), Laureano Debat narra una historia en carne propia: su convivencia a lo largo de nueve meses con dos mujeres, Jimena y Sonia, madre e hija, chilenas de origen, que ejerc&iacute;an la prostituci&oacute;n en el piso que compartieron en Barcelona. Desde el momento en el que toma conciencia de a qu&eacute; se dedican sus compa&ntilde;eras de piso, Laureano se convierte en un esmerado documentalista de sus vidas: su personaje indaga, interroga, est&aacute; atento, investiga los detalles que luego habr&aacute;n de dar sustancia a la novela. Forma sutil de metaliteratura: vemos al escritor trabajando en el libro que ahora tenemos en las manos. 
    </p><p class="article-text">
        Es un retrato de la vida &iacute;ntima de estas dos mujeres desde el privilegiado camerino que ocupa el autor, quien lleg&oacute; a ser, durante ese tiempo, parte de su peculiar familia. Novela de observaci&oacute;n, de estilo delicado y evocador, que se desarrolla en una &ldquo;casa de todos y de nadie&rdquo;, poblada de personajes de paso.
    </p><p class="article-text">
        Charlamos con Laureano a prop&oacute;sito de su visita a Murcia y a Libros Traperos el pasado s&aacute;bado 18 de marzo para presentar esta novela.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La mirada masculina ha conformado un amplio imaginario sobre la prostituci&oacute;n. Dir&iacute;a que ha llegado a ser un </strong><em><strong>topos </strong></em><strong>literario, con abundante presencia sobre todo en la literatura de los siglos XIX y XX. Pienso, no obstante, que el tema de la esta novela no es la prostituci&oacute;n, sino la curiosidad que inspira la vida &iacute;ntima de las prostitutas. Y m&aacute;s exactamente la curiosidad que a un escritor le inspira la posibilidad de una convivencia &iacute;ntima con prostitutas. Esta novela refleja c&oacute;mo se ponen en marcha los engranajes del instinto literario ante un material prometedor. &iquest;Por qu&eacute; crees que la prostituci&oacute;n es un motivo literario tan habitual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por varios motivos. Hay uno transversal a la existencia misma de la civilizaci&oacute;n y que quiz&aacute;s tenga que ver con eso de que es el trabajo m&aacute;s viejo del mundo y dem&aacute;s. O, mejor dicho, con la presencia de la prostituci&oacute;n en casi todas las &eacute;pocas, sobre todo la femenina. Y, por supuesto, siempre con la mediaci&oacute;n narrativa del ojo masculino juzgador, idealizador, salvador y unos cuantos t&oacute;picos m&aacute;s con los cuales los escritores hombres han tratado el tema. Y esto que acabo de decir parecer&iacute;a una contradicci&oacute;n de mi parte, teniendo en cuenta que <em>Casa de nadie</em> es, en teor&iacute;a, una historia de la prostituci&oacute;n filtrada por un ojo masculino. Justamente por eso he procurado dar un punto de vista completamente opuesto a la que se le ha venido dando al tema y he tratado de llegar al m&aacute;ximo de empat&iacute;a que pude con mis compa&ntilde;eras de piso, primero durante la convivencia y despu&eacute;s durante la escritura con un narrador que en ning&uacute;n momento juzga ni condena ni idolatra ni ejerce de salvador puritano. Siguiendo con tu pregunta, el tema siempre invita a cierto voyeurismo, es una puerta de entrada a territorios muchas veces desconocidos. Y hoy sigue siendo un tema atrayente, supongo, por la discusi&oacute;n pol&iacute;tica que implica la regulaci&oacute;n o la abolici&oacute;n de la actividad y la complejidad de todo este debate global sobre los derechos de las prostitutas en el que muchos pa&iacute;ses est&aacute;n inmiscuidos ahora mismo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Como dices, el autor/personaje tiene con las protagonistas una proximidad amistosa, de cari&ntilde;o y convivencia, lo que nos ofrece una visi&oacute;n de camerino, palabra que mencionas en varios momentos de la novela. Escribes, por ejemplo, en la p&aacute;gina 236: &ldquo;Quiz&aacute; sea el morbo que no encuentro en esta casa donde habito el camerino del morbo, es decir, su lado opuesto&rdquo;. &iquest;Consideras que el posible morbo de esta novela ha sido disuelto a base de cotidianidad? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Es probable. No hubo demasiado morbo durante la convivencia y as&iacute; es como el narrador de la novela lo cuenta, tal cual yo lo viv&iacute;. Algunos momentos puntuales de cierto morbo s&iacute; que hubo, evidentemente, insinuaciones, sensualidad y jugueteos, hay algunos desnudos y la aparici&oacute;n, por momentos, del deseo. Pero dentro del camerino que representaba esa casa (o el costado de la casa que me toc&oacute; habitar) lo que hubo en mayor medida fue el reverso del morbo sexual: las reacciones expl&iacute;citas y espont&aacute;neas de dos prostitutas cuando se preparan para recibir a un cliente y cada vez que terminan de dar el servicio. Entre todo eso: llantos, orgasmos, v&oacute;mitos, silencios, pastillas, drogas, comidas, alcohol, la gama m&aacute;s amplia de sensaciones y acciones que dos personas pueden tener antes y despu&eacute;s de trabajar con su cuerpo en la pr&aacute;ctica sexual, y durante su d&iacute;a a d&iacute;a y sus noches de descanso. Ah&iacute; no hay morbo sino la curiosidad de estar viviendo en unas bambalinas a las que ni siquiera los clientes de la prostituci&oacute;n pueden acceder. Y desde esos costados est&aacute; escrita esta historia.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>Precisamente, me llama la atenci&oacute;n que gran parte de esas escenas de bambalinas que mencionas tengan lugar en la cocina, que es el escenario por excelencia donde transcurre la vida de la </strong><em><strong>otra mujer</strong></em><strong>, de la esposa tradicional. O, mejor dicho, de </strong><em><strong>la mujer</strong></em><strong>, porque es la prostituta la que ha merecido siempre el apelativo de &ldquo;otra&rdquo;. Adem&aacute;s, resulta que las ventanas de esta casa de nadie dan al patio de un convento. Parecen decisiones de escritor m&aacute;s que hechos fortuitos&hellip; </strong>
    </p><p class="article-text">
        La cocina era tambi&eacute;n el espacio para comer y daba directamente al sal&oacute;n. Esos eran los sitios de nuestras reuniones y, arquitect&oacute;nicamente, estaban en el centro de la casa, entre sus habitaciones y la m&iacute;a. Fue algo natural y espont&aacute;neo habitar esos espacios como las bambalinas de su trabajo. Ellas ya lo hac&iacute;an antes de mi llegada y decidieron compartirlo conmigo. Adem&aacute;s, la comida era un aspecto importante de nuestras vidas: los agasajos, los sabores, las texturas. Hab&iacute;a un hedonismo muy marcado de parte de ellas en disfrutar de la gastronom&iacute;a. De hecho, Jimena tuvo un restaurante en Chile. Dentro de una familia patriarcal, es verdad lo que dices de la simbolog&iacute;a de una cocina, pero no &eacute;ramos una familia demasiado ortodoxa. Y s&iacute;, el balc&oacute;n de mi habitaci&oacute;n daba al patio de un convento que estaba a la vuelta, en la calle Enric Granados y Plaza Letamendi. Entiendo que incluirlo puede parecer una licencia de ficci&oacute;n, pero es que era as&iacute;: cada ma&ntilde;ana me levantaba y ve&iacute;a el patio de ese convento. Fue un hecho concreto y ese convento sigue estando ah&iacute;. La casa de nadie es la que ya no existe.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Transcurren m&aacute;s de diez a&ntilde;os entre que se desarrollan los hechos narrados en la novela hasta su reciente publicaci&oacute;n, tiempo que permite imaginar un reposado trabajo. Aunque tengas como base tus propios recuerdos, &iquest;has buscado inspiraci&oacute;n o influencias en obras literarias u otras fuentes que aborden la cuesti&oacute;n del trabajo sexual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, han sido muchas lecturas y muy variadas: desde novelas francesas del siglo XIX hasta ensayos actuales sobre feminismo y prostituci&oacute;n, pasando por algunos autores del boom latinoamericano o japoneses, cronistas y varias prostitutas que hablan desde su propia experiencia. Tambi&eacute;n mucho cine, algunas series y hasta canciones. B&aacute;sicamente, casi todos los g&eacute;neros y &aacute;mbitos narrativos que me interesan. Parte de esa huella aparece en el recorrido de la novela, explicitada en citas concretas que se ponen en relaci&oacute;n con la historia de Sonia y de Jimena y de mi vida con ellas. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La convivencia con ellas, &iquest;ha modificado la concepci&oacute;n previa que ten&iacute;as de la prostituci&oacute;n, si es que ten&iacute;as alguna? </strong>
    </p><p class="article-text">
        No ten&iacute;a ninguna y no era un tema que me interesara per se o del que conociera demasiado. Alguna vez, en la adolescencia, con mis amigos hab&iacute;amos ido a alguno de los puticlubs del puerto de Quequ&eacute;n, a 50 km de Lober&iacute;a, mi pueblo natal, pero m&aacute;s por la aventura de entrar en territorio desconocido y de presenciar esos ambientes turbios, a veces peligrosos. Fueron muy pocas veces y siempre visitas inc&oacute;modas, no era nuestro sitio y no sab&iacute;amos c&oacute;mo comportarnos. Nunca me interes&oacute; la prostituci&oacute;n como cliente. Y vivir con ellas, m&aacute;s que cambiar mi visi&oacute;n sobre el tema, me sirvi&oacute; para aprender much&iacute;simo sobre todo lo que se juega, se expone y se arriesga una mujer que se dedica a este trabajo. Ellas no sol&iacute;an exponer sus miedos y su asco a los clientes, al contrario, lo hac&iacute;an en el camerino, muchas veces a mi lado. Lo mismo que sus alegr&iacute;as y sus emociones m&aacute;s divertidas. O cuando consum&iacute;an medicamentos o drogas. Todo eso formaba parte del detr&aacute;s de escena, antes o despu&eacute;s del sexo, y vivir eso sirvi&oacute; para empatizar cada vez m&aacute;s con ellas y entender el riesgo f&iacute;sico y emocional que corr&iacute;an cada vez que atend&iacute;an a un cliente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los cap&iacute;tulos principales est&aacute;n nombrados por los meses del a&ntilde;o y se intercalan de otros m&aacute;s breves que siguen otras dos secuencias: la de un encuentro posterior con Sonia, una vez abandonada la vivienda, y la de una serie de conversaciones con ambas que responden a una idea de entrevista o documental, donde cuentan sus historias de vida. &iquest;Qu&eacute; te aporta esta forma de estructurar la novela frente a otras opciones?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; ese lugar com&uacute;n de que uno escribe para ordenar el caos de la experiencia, de la vida que se manifiesta de manera convulsa e inorg&aacute;nica. Yo ten&iacute;a que contar una vida, un trozo de vida muy concreta pero, evidentemente, ca&oacute;tica: nueve meses, principalmente, de tres personas y, de manera secundaria, de unas cuantas personas m&aacute;s que se cruzan en el camino. Y, adem&aacute;s, el pasado de Sonia y de Jimena. Esa estructura que diseccionas muy bien fue la manera m&aacute;s apropiada que encontr&eacute; para narrar todo eso, para que todas esas vidas con sus presentes y sus pasados se conviertan en algo que se catalogue como novela.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La novela se desarrolla a lo largo del a&ntilde;o 2010 y tiene como tel&oacute;n de fondo dos hechos muy relevantes de nuestra historia reciente: el avance de la crisis econ&oacute;mica y el inicio del proc&eacute;s catal&aacute;n. &iquest;C&oacute;mo contemplabas estas situaciones desde tu mirada argentina y c&oacute;mo fue tu experiencia de migrante en Espa&ntilde;a? </strong>
    </p><p class="article-text">
        El Proc&eacute;s catal&aacute;n me parec&iacute;a fascinante como problema pol&iacute;tico, sobre todo porque en Argentina nunca hab&iacute;amos tenido un conflicto as&iacute; y me daba mucha curiosidad entender sus causas. Lo fui siguiendo como periodista durante algunos a&ntilde;os con mucho inter&eacute;s hasta que me satur&oacute; y muchas de las cosas que me parec&iacute;an fascinantes descubr&iacute; que carec&iacute;an de todo inter&eacute;s. La polarizaci&oacute;n extrem&iacute;sima del conflicto, que no significa otra cosa que el borrado de los matices, es lo que me acab&oacute; agotando. Cualquier cosa a la que se le borran los matices, sobre todo de manera arbitraria, deja de interesarme al instante. Lo de la crisis econ&oacute;mica mucho no te puedo decir, porque vengo de un pa&iacute;s con crisis mucho m&aacute;s acentuadas y fuertes que las que tuvo Espa&ntilde;a en estos a&ntilde;os, pero s&iacute; sent&iacute; su impacto no solo en mi bolsillo sino en el desencanto de muchos de mis amigos y amigas que hab&iacute;an crecido con otra idea de futuro. Acab&eacute; de entenderlo con el <em>Yo, precario</em> de mi amigo Javier L&oacute;pez Menacho.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Bleda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/laureano-debat-escritor-casa-nadie-historia-prostitucion-no-juzga-condena-idolatra_1_10109258.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Apr 2023 08:07:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Laureano Debat, escritor: “'Casa de nadie' es una historia de prostitución que no juzga ni condena ni idolatra”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Demasiado Jekill, demasiado Hyde: 'El Antropoide' de Fernando Parra Nogueras.]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/jekill-hyde-antropoide-fernando-parra-nogueras_132_8991628.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/231e3cf9-227a-446c-a6d2-e8a0ee33776b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Demasiado Jekill, demasiado Hyde: &#039;El Antropoide&#039; de Fernando Parra Nogueras."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una historia arriesgada que Fernando plantea con atrevimiento, desarrolla sin complejos y desenlaza con un soberbio final de novela grande y clásica.</p></div><p class="article-text">
        Hay amor. Hay dolor. Hay crimen y hay castigo. Hay un poco de Dostoievski y un poco de Lorca y un poco de Cervantes y un poco de Stevenson y un poco de muchos otros. Hay un muerto, hay un coma, hay una boda, hay una org&iacute;a. Hay piscinas defecadas y un cond&oacute;n tirado en medio de la calle. Hay coribantes frigios y hay hostias. Hay lunas perversas que vomitan hombres sobre la playa y alunizajes desquiciados que no llegan a ser. Hay un hacerse literaria la vida y un hacerse viv&iacute;simo lo literario. Hay amistad y chantaje. Hay traici&oacute;n y sacrificio. Hay onanismo y sodom&iacute;a. Hay un beso que es una concha marina y una mujer que se llama Guadalupe Hincapi&eacute;. Hay palabras como c&aacute;rabe, intonso, palangre, alquitara. Hay humanidad y ternura, violencia y resentimiento. Hay putas, <em>cruising</em>, culpa y redenci&oacute;n. De todo hay en &ldquo;El Antropoide&rdquo; (Candaya, 2021), de Fernando Parra Nogueras, y de todo en su justa medida, que es la generosidad y el exceso de un gigante de las letras.
    </p><p class="article-text">
        Desde la extensa cita de Francisco Umbral que nos explica qu&eacute; es eso del antropoide hasta el poema de Eloy S&aacute;nchez Rosillo que nos brinda una brizna de consuelo al t&eacute;rmino de la apabullante lectura, transcurren los desafueros de Eduardo, protagonista de la novela, un joven culto pero cr&aacute;pula, ambicioso pero inadaptado, que es colocado por su familia en un peri&oacute;dico de provincias, donde desempe&ntilde;a diversos cargos muy por debajo de sus capacidades. Sumido en la desidia a la que le abocan tales circunstancias, le resulta dif&iacute;cil oponer resistencia a su &ldquo;otro&rdquo;, a su Hyde, a su antropoide, a esa alteridad animal que gusta &uacute;nicamente de ser carne y mezclarse con la carne y degradarse en las salvajes pulsiones de la carne. S&oacute;lo sus aspiraciones de escritor, acuci&aacute;ndolo siempre desde alg&uacute;n fondo sombr&iacute;o de su conciencia, el recuerdo de su madre hecho cenizas en un reloj de pulsera y los bellos sentimientos que le despierta Cloe, una compa&ntilde;era de trabajo, ejercen de insuficiente contrapeso a la vor&aacute;gine insaciable que lo habita y que se alimenta de su decepci&oacute;n, de su hast&iacute;o, de su cinismo y su descreimiento. Eduardo se precipita en el abyecto mundo de la noche llevado por el rencor hacia s&iacute; mismo y hacia su condici&oacute;n humana; se degrada, se humilla, se envilece como protesta desesperada ante el hecho de ser hombre, de estar hecho de cuerpo, fluidos, olores, apetitos y muerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me siento culpable porque me veo degradado a mi condici&oacute;n de carne&rdquo;, le explica el propio Eduardo a su hermana Virginia. La culpa es el tema central de la novela, pero se trata de la culpa abstracta y sobrenatural que se experimenta ante la imposibilidad de permanecer permanentemente en las &aacute;reas m&aacute;s elevadas de lo humano, all&aacute; donde uno se emociona con un libro o con un aria de &oacute;pera. Culpa de no ser siempre el cr&iacute;tico sensible, el hombre enamorado. Culpa de no ser, citando a Baudelaire, <em>sublime sin interrupci&oacute;n</em>. El retorno seguro a la carne, la necesaria ca&iacute;da otra vez en el lodazal de las c&eacute;lulas, desanima continuamente a Eduardo y lo incita a caer, puesto que hay que caer, lo m&aacute;s honda y asquerosamente posible.
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                &quot;Hilas y las ninfas&quot;, de John William Waterhouse (1893)                            </span>
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        A ratos er&oacute;tica, a ratos de intriga, a ratos intimista, a ratos decadente: el autor baraja los g&eacute;neros con soltura, imaginaci&oacute;n y maestr&iacute;a. Una historia arriesgada que Fernando plantea con atrevimiento, desarrolla sin complejos y desenlaza con un soberbio final de novela grande y cl&aacute;sica. Fernando Parra, que ya hab&iacute;a despuntado con su primera novela, &ldquo;Persianas&rdquo; (2019), finalista del Premio Azor&iacute;n, se confirma ahora como un novelista de primer orden y de proyecci&oacute;n prometedora. &ldquo;El Antropoide&rdquo; es una novela mat&eacute;rica y sabrosa, humanista y tr&aacute;gica, de personajes y descripciones extraordinariamente v&iacute;vidos. Pone en juego una gran variedad de recursos narrativos: anticipaciones, <em>flashforwards</em>, <em>flashbacks</em>, uso de distintos tiempos verbales, pero todo ello sin distorsionar su cronolog&iacute;a, sin que la lectura se vuelva confusa, como ocurre en las novelas experimentales, que resultan atractivas en parte y precisamente por la desorientaci&oacute;n que producen, por el mareo y la p&eacute;rdida de anclajes que propician en el lector. &ldquo;El Antropoide&rdquo; tiene la virtud de aunar la claridad cristalina de una novela lineal con los juegos sugestivos de una novela barroca.
    </p><p class="article-text">
        Hablaba Fernando en una entrevista de la diferencia entre los lectores que quieren sencillez formal, lenguaje llano y f&aacute;cil, y los que gustan del juego literario, de los vocablos inesperados y de la rica sintaxis. &Eacute;l es claramente de estos &uacute;ltimos y transmite en &ldquo;El Antropoide&rdquo; el deleite alegre y laborioso de un escritor, de un fil&oacute;logo, de un apasionado erudito de la palabra escrita. En una &eacute;poca en la que el barroquismo se rechaza o sirve para oscurecer un texto, para complicarlo hasta lo inextricable, Fernando es barroco desde el delicioso retru&eacute;cano, desde la sortija literaria, logrando una fluidez luminosa y f&aacute;cil que no resulta nada com&uacute;n. Encuentro cierta iron&iacute;a en el mero hecho de manejar las sofisticadas referencias mitol&oacute;gicas y metaliterarias que abundan en la novela, habida cuenta de que la cultura general tiende a renegar de ellas. Una iron&iacute;a similar a la que a la que encuentro en los m&uacute;sicos del Titanic, que se dice que siguieron tocando, indiferentes, mientras el resto de tripulantes se afanaba en salvarse del hundimiento. Hay algo de generosa gratuidad, de liberalidad dispendiosa en el estilo de Fernando que me parece ir&oacute;nico y hasta travieso en los tiempos que corren, en las literaturas que corren, de lo cual se disfruta con holgura.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El antropoide&rdquo; recala en Murcia despu&eacute;s de recorrer muchas ciudades y recibir muchas rese&ntilde;as. Pero es una novela que no cansa ni se cansa. La presentaci&oacute;n, con presencia del autor, tendr&aacute; lugar en Librer&iacute;a Circular (Ronda de Garay, 39B) el viernes 13 de mayo a las 19:00 horas. Un zeppelin de seda a punto de caer sobre nosotros.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Bleda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/jekill-hyde-antropoide-fernando-parra-nogueras_132_8991628.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2022 13:07:54 +0000]]></pubDate>
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