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    <title><![CDATA[elDiario.es - Mark Galeotti]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/mark-galeotti/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Mark Galeotti]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Putin cumple 25 años en el poder: ¿por qué Occidente sigue sin saber interpretar al presidente ruso?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/putin-cumple-25-anos-occidente-sigue-interpretar-presidente-ruso_129_11934023.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d21dba28-c8b3-44a3-8cc2-be32121daccc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Putin cumple 25 años en el poder: ¿por qué Occidente sigue sin saber interpretar al presidente ruso?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Extracto del libro 'Tenemos que hablar de Putin' (Capitán Swing), con motivo del 25 aniversario de la llegada del presidente al poder</p></div><p class="article-text">
        El White Rabbit de Mosc&uacute; es el restaurante &ldquo;neorruso&rdquo; por excelencia. Situado bajo una c&uacute;pula acristalada en lo alto de un imponente centro comercial pr&oacute;ximo a la torre de estilo g&oacute;tico estalinista del Ministerio de Asuntos Exteriores, es el tipo de local en el que colocan peque&ntilde;as sillas extra junto a las comensales para que dejen sus bolsos, en el que la abultada cuenta se presenta dentro de una matrioska y en el que la fusi&oacute;n de cocina rusa tradicional e internacional se extiende hasta los helados con aromas de pino. Personalmente no me entusiasma &mdash;soy demasiado pobre y mis gustos, demasiado sencillos&mdash;, pero es un local vistoso y de prestigio donde conviene que te vean.
    </p><p class="article-text">
        No deber&iacute;a haberme extra&ntilde;ado, por tanto, que un antiguo funcionario de la Administraci&oacute;n Presidencial (el Departamento de Presidencia de Vladimir Putin y la instituci&oacute;n m&aacute;s poderosa de Rusia) escogiera el White Rabbit cuando lo invit&eacute; a elegir un restaurante para ir a comer. Ni siquiera una comida de precio desorbitado y con abundante vino &mdash;de Crimea, naturalmente&mdash; bastaron para tirarle realmente de la lengua, pero una de las partes m&aacute;s reveladoras de la conversaci&oacute;n fue su larga y moderadamente grosera diatriba sobre la continua torpeza de Occidente a la hora de interpretar las intenciones del &ldquo;jefe&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;En serio, cuando leo la mierda que publican sus peri&oacute;dicos, lo que dicen sus pol&iacute;ticos y escriben sus &ldquo;expertos&rdquo;, francamente no s&eacute; de d&oacute;nde sacan todo eso. No me extra&ntilde;a que hayamos acabado metidos en este berenjenal. Y &iquest;sabe qu&eacute;? &mdash;dijo blandiendo la copa de vino casi vac&iacute;a y fulmin&aacute;ndome con la mirada como si viera en m&iacute; a un representante de toda la clase period&iacute;stica, pol&iacute;tica y de expertos de Occidente&mdash;. Eso dificultaba mi trabajo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;En qu&eacute; sentido? &mdash;pregunt&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; tipo de relaci&oacute;n podremos mantener con todos ustedes mientras sigan sin vernos realmente tal como somos, mientras sigan sin escucharnos e interpreten como les venga en gana todas y cada una de las palabras del presidente y hasta su &uacute;ltimo pedo? Mi tarea consist&iacute;a en intentar comunicar, pero, dij&eacute;ramos lo que dij&eacute;ramos, pusi&eacute;ramos lo que pusi&eacute;ramos en los discursos del jefe, todo el mundo daba simplemente por sentado que ya sab&iacute;a cu&aacute;l era el verdadero significado, qu&eacute; era lo que en verdad est&aacute;bamos diciendo. Todos creen conocer ya a Vladimir Vladimirovich.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos que hablar sobre Putin. Es verdaderamente necesario. No solo porque, nos guste o no, es una de las personas m&aacute;s importantes del planeta, ni tampoco por el impacto de la batalla geopol&iacute;tica que est&aacute; librando con Occidente con fanfarronadas y enga&ntilde;os, con memes y dinero, sino tambi&eacute;n porque se ha convertido en un s&iacute;mbolo planetario que cada cual define a su gusto. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/5a96ed02-c101-49a9-85a0-a94d1484c76e_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        A pesar de sus 25 a&ntilde;os de presencia permanente en la pol&iacute;tica mundial, a pesar de las abundantes biograf&iacute;as que narran su vida y de los calendarios que reproducen sus gestas a pecho descubierto, y a pesar de haberse convertido en tema habitual para los humoristas y los expertos, seguimos sin saber realmente qui&eacute;n es Putin.
    </p><p class="article-text">
        Putin es empecinadamente celoso de su privacidad &mdash;no solo la personal, sino tambi&eacute;n la familiar&mdash;, tanto por inclinaci&oacute;n personal como por c&aacute;lculo pol&iacute;tico: su reserva permite que cada cual se construya su propio Putin particular. Parte de la motivaci&oacute;n que me ha impulsado a escribir este libro nace de la frustraci&oacute;n ante las caricaturas simplistas a las que tan a menudo se recurre &mdash;y no solo en Occidente&mdash; para intentar entenderlo. Recuerdo haber o&iacute;do afirmar alegremente a un embajador europeo reci&eacute;n acreditado en Mosc&uacute; que &ldquo;para entender a Putin, basta estar al corriente de su formaci&oacute;n como agente del KGB&rdquo;. Si la cosa es tan sencilla, &iquest;por qu&eacute; seguimos equivoc&aacute;ndonos al interpretarlo? 
    </p><p class="article-text">
        Las principales causas impulsoras del actual proceso de distanciamiento de Rusia tal vez hayan sido otras, pero no deja de ser deprimente que la diplomacia occidental haya fallado con tanta frecuencia, dejando que un potencial aliado a principios de la d&eacute;cada de 2000 llegara a irritarse hasta tal punto que en 2007 Putin empezara a prepararse para una confrontaci&oacute;n. La tibia reacci&oacute;n de Occidente ante la invasi&oacute;n rusa de Georgia en 2008 se esgrimi&oacute; en 2014 en Mosc&uacute; como prueba de que su injerencia en Ucrania suscitar&iacute;a tan solo una breve protesta simb&oacute;lica. Incluso lleg&oacute; a convencer a Putin, y a muchos integrantes de su clase dirigente, de que Occidente era demasiado d&eacute;bil para temerlo y demasiado peligroso para ignorarlo. Sobre todo, no hemos logrado convencerles de que no les odiamos a ellos, de que no odiamos ni a su pa&iacute;s ni a su cultura. Todo lo que ha ocurrido no se debe &uacute;nicamente &mdash;ni siquiera principalmente&mdash; a nuestra torpeza a la hora de tratar con Putin y con Rusia, pero lo cierto es que hemos conseguido tratar mal a ambos, y en gran parte por incomprensi&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Putin es un yudoka, no un jugador de ajedrez</h2><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la nieve, los osos y el vodka, el ajedrez ocupa uno de los primeros lugares entre los clich&eacute;s irritantemente perdurables que utilizamos para describir a Rusia y los rusos. Piensen en los t&iacute;picos malvados rusos de las pel&iacute;culas: entre ellos encontramos al bruto mat&oacute;n, como es l&oacute;gico, pero tambi&eacute;n al jugador de ajedrez impasible, capaz de anticiparse diez jugadas a su rival. 
    </p><p class="article-text">
        Los pol&iacute;ticos estadounidenses parecen apreciar especialmente esta met&aacute;fora. Durante la presidencia de Barack Obama, el presidente de la Comisi&oacute;n de Inteligencia del Congreso, Mike Rogers, se lament&oacute; de que &ldquo;Putin juega al ajedrez y tengo la impresi&oacute;n de que nosotros estamos jugando a las canicas&rdquo;. Y, m&aacute;s recientemente, Hillary Clinton declar&oacute; que Donald Trump &ldquo;juega a las damas mientras Putin est&aacute; jugando una partida tridimensional de ajedrez&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, en el fondo esto no va de ajedrez. La tendencia imperante a ver a Putin como un gran cerebro maquiav&eacute;lico conecta con el temor occidental que lo identifica como responsable de todo lo que va mal e interpreta cualquier contratiempo como parte de una compleja estrategia rusa. La elecci&oacute;n de Donald Trump, el Brexit, el auge del populismo en Europa, la crisis migratoria e incluso la violencia en los campos de f&uacute;tbol se han atribuido todos, en alg&uacute;n momento, a la acci&oacute;n de Mosc&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        Como resultado, corremos el riesgo de otorgarle demasiado poder. Buena parte del aventurerismo internacional de Putin es un bluf, al estilo de la reacci&oacute;n de un animal que al topar con un depredador hincha el cuerpo o eriza el pelaje para adquirir una apariencia lo m&aacute;s voluminosa e intimidante posible. Tenemos tendencia a no mirar qu&eacute; hay debajo del pelo erizado.
    </p><p class="article-text">
        Es innegable que Mosc&uacute; a menudo intenta manipular las elecciones y ensanchar la brecha social en Occidente, aunque raras veces con consecuencias ni siquiera remotamente pr&oacute;ximas a lo que solemos temer. Pero lo m&aacute;s importante es que todo ello presupone impl&iacute;citamente la existencia de alg&uacute;n plan hostil y sigiloso a largo plazo para irse apropiando poco a poco del mundo; un plan que Putin querr&iacute;a llevar a cabo a la manera del villano arquet&iacute;pico de James Bond, aunque sin una guarida en un volc&aacute;n extinguido. 
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                l presidente ruso, Vladimir Putin, asiste a una sesión de entrenamiento sobre tatami con el equipo nacional de judo de Rusia en febrero de 2019                            </span>
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        Carecemos de pruebas que indiquen que Putin juega al ajedrez y, en cualquier caso, es un juego que no le va. El ajedrez es una competici&oacute;n intelectual transparente con unas normas inflexibles y donde las posibles alternativas est&aacute;n rigurosamente acotadas. Todo el mundo comienza la partida con las mismas piezas y todo el mundo sabe qu&eacute; puede hacer un pe&oacute;n y cu&aacute;ndo le toca mover pieza. Putin no quiere tener tan restringidas sus alternativas. En cambio, domina el yudo. Cintur&oacute;n negro, ha estado perfeccionando su t&eacute;cnica desde que empez&oacute; a practicarlo en la adolescencia, y su actuaci&oacute;n como estadista parece reflejar ese dominio. 
    </p><p class="article-text">
        Un yudoka seguramente se habr&aacute; preparado para anticipar los movimientos habituales de un rival y habr&aacute; practicado con antelaci&oacute;n su respuesta, pero buena parte de la t&eacute;cnica consiste en utilizar la fuerza del oponente en su contra y aprovechar la oportunidad cuando se presenta. En este sentido, tanto en geopol&iacute;tica como en el yudo, Putin es un oportunista. Sabe captar la ocasi&oacute;n favorable, pero carece de una ruta predeterminada para llegar hasta ella.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que en una estrategia cuidadosamente estudiada, conf&iacute;a en su capacidad para aprovechar con rapidez cualquier ventaja que detecte. Como resultado, a menudo resulta impredecible, como tambi&eacute;n lo es el Estado ruso que ha configurado; uno y otro incluso act&uacute;an a veces de manera contradictoria, sobre todo en pol&iacute;tica exterior. Muchos &ldquo;&eacute;xitos&rdquo; aparentes a corto plazo se acaban convirtiendo a la larga en un lastre por la ausencia de un atento an&aacute;lisis previo o de un posterior seguimiento. Esto contribuye a explicar, no obstante, por qu&eacute; tantas veces somos incapaces de anticipar los movimientos de Putin: ni &eacute;l mismo sabe cu&aacute;l ser&aacute; su siguiente paso. 
    </p><p class="article-text">
        En cambio, se dedica a acosarnos movi&eacute;ndose en c&iacute;rculos por el ring. Es consciente de que, en conjunto y si permanece unido, Occidente es mucho m&aacute;s poderoso que Rusia, con un producto interior bruto veinte veces superior, una poblaci&oacute;n seis veces mayor y tropas que triplican las suyas. Pero se mantiene al acecho a la espera de que cometamos un error que le brinde una oportunidad aparentemente favorable para atacar. 
    </p><p class="article-text">
        Anhela tener poder, estabilidad en casa y reconocimiento fuera. Para conseguirlo necesita tranquilidad en el pa&iacute;s, manteniendo en silencio o amordazado cualquier tipo de oposici&oacute;n, pero tambi&eacute;n que la econom&iacute;a rusa funcione, al menos a su manera. Lo cual requiere mantener relaciones comerciales con Occidente, que le proporciona mercados insustituibles para su petr&oacute;leo y su gas natural, adem&aacute;s de las inversiones y la tecnolog&iacute;a que necesita para la modernizaci&oacute;n de su pa&iacute;s. Pero a la vez tambi&eacute;n somos el principal obst&aacute;culo que le impide lograr sus objetivos geopol&iacute;ticos, neg&aacute;ndonos a otorgar a Rusia la consideraci&oacute;n que &eacute;l reclama e interponi&eacute;ndonos cuando intenta reafirmar su dominio sobre pa&iacute;ses vecinos, como Georgia y Ucrania.
    </p><p class="article-text">
        Putin es consciente de que Occidente, cuando se mantiene unido, es m&aacute;s poderoso que Rusia en casi todos los aspectos, pero considera, al mismo tiempo, que nuestra debilidad reside en el hecho de ser una constelaci&oacute;n de democracias, a menudo d&iacute;scolas. Quiere vernos divididos, desmoralizados y desconcertados hasta el extremo de estar dispuestos a llegar a un trato con &eacute;l o, cosa m&aacute;s probable, reducidos a un estado de &aacute;nimo poco id&oacute;neo para desafiarlo. Pero Putin no tiene un plan maestro sobre el camino que debe seguir para lograr su prop&oacute;sito. En su lugar ha encontrado, por casualidad o deliberadamente, una manera de sacar partido de las ambiciones y fantas&iacute;as de toda suerte de personas, instituciones y organizaciones, desde periodistas y diplom&aacute;ticos hasta esp&iacute;as y empresarios. 
    </p><h2 class="article-text">La corte real de Putin</h2><p class="article-text">
        A primera vista, Rusia parece un pa&iacute;s como cualquier otro. Cuenta con todas las instituciones de rigor: un consejo de ministros y ministerios, un parlamento bicameral, una constituci&oacute;n, tribunales y consulados. En la pr&aacute;ctica, la situaci&oacute;n es muy distinta. El predecesor y patrocinador de Putin, Boris Yeltsin, bombarde&oacute; su propio parlamento para superar una crisis constitucional e imponer un Gobierno hiperpresidencialista; Putin ha ido incluso m&aacute;s lejos con la creaci&oacute;n de un sistema que funciona de un modo muy parecido a una corte real, por lo menos en la c&uacute;spide.
    </p><p class="article-text">
        Los organismos gubernamentales se solapan y compiten entre ellos, las cadenas de mando formales tienen menos peso que las relaciones personales, algunos favoritos prosperan, otros caen en desgracia, y el estatus y el poder dependen m&aacute;s de los servicios prestados para atender a las necesidades del Kremlin que de ninguna consideraci&oacute;n institucional formal o social. 
    </p><p class="article-text">
        En esta &ldquo;adhocracia&rdquo;, la categor&iacute;a profesional no siempre cuenta, ni tampoco siquiera la condici&oacute;n oficial de funcionario del Estado. En fin de cuentas, desde que el multimillonario Mija&iacute;l Jodorkovski, casi de la noche a la ma&ntilde;ana, pas&oacute; de ser el hombre m&aacute;s rico de Rusia a ser un convicto, incluso los llamados oligarcas, los hombres con las mayores fortunas de Rusia, saben que su riqueza depende del poder del Estado. 
    </p><p class="article-text">
        Los adh&oacute;cratas se definen, en cambio, por su lealtad, su relaci&oacute;n con el jefe y los servicios que pueden prestarle. El ministro de Asuntos Exteriores, Sergu&eacute;i Lavrov, por ejemplo, era una figura legendaria en los c&iacute;rculos diplom&aacute;ticos, pero desde 2014 ha quedado relegado en gran parte a un segundo plano y ni siquiera fue invitado a asistir a la reuni&oacute;n donde se decidi&oacute; la anexi&oacute;n de Crimea. Sigue ocupando su despacho en el ministerio de Asuntos Exteriores, pero hasta sus subordinados leales reconocen que ya no forma parte de la &ldquo;cocina&rdquo;, el gabinete extraoficial de Putin, y solo puede intentar sacar el mejor partido posible de pol&iacute;ticas iniciadas por otros. 
    </p><p class="article-text">
        Dando muestras de un admirable dominio del doble sentido, un diplom&aacute;tico me explic&oacute; que Lavrov hab&iacute;a &ldquo;adoptado un modelo de actuaci&oacute;n b&aacute;sicamente reactivo para abordar las situaciones a medida que se le presentan, en un contexto complejo y a menudo impredecible&rdquo;. Por mi parte, lo interpreto como un reconocimiento de que Lavrov ya no monta el elefante en el desfile y ni siquiera participa en su conducci&oacute;n, sino que m&aacute;s bien camina detr&aacute;s, con una pala en la mano para recoger la porquer&iacute;a que el paquidermo va dejando a su paso. 
    </p><p class="article-text">
        La dependencia de las relaciones personales y de los acuerdos t&aacute;citos &mdash;poni&aacute;tiye en ruso, una expresi&oacute;n que curiosamente tambi&eacute;n se utiliza mucho en el submundo del hampa&mdash; ha llegado a ser un elemento central del estilo de gobierno de Putin. &Eacute;l mismo (y cada vez con mayor frecuencia tambi&eacute;n sus altos mandos) raras veces da instrucciones directas, solo define objetivos generales e insin&uacute;a el resultado deseado.
    </p><p class="article-text">
        En palabras del periodista Mija&iacute;l Zigar: &ldquo;Nunca dir&aacute;n: 'Roben esos billones de d&oacute;lares, por favor' o 'les ruego que maten a esos periodistas'. [En vez de eso] dicen: 'Hagan lo que tienen que hacer. Ya saben cu&aacute;les son sus obligaciones; c&uacute;mplanlas, por favor'&rdquo;. Los adh&oacute;cratas se convierten as&iacute; en emprendedores pol&iacute;ticos, dedicados a buscar oportunidades para poner en pr&aacute;ctica las ideas que creen que complacer&aacute;n al jefe, bas&aacute;ndose en insinuaciones y conjeturas. 
    </p><p class="article-text">
        Si aciertan, ser&aacute;n recompensados, pero si se equivocan, el Kremlin puede desautorizarlos y marginarlos. Ser capaz de predecir hoy lo que el jefe querr&aacute; ma&ntilde;ana ha pasado a ser, en muchos sentidos, una habilidad vital en la Rusia de Putin.
    </p><p class="article-text">
        <em>Este texto es un fragmento del libro '</em><a href="https://capitanswing.com/libros/tenemos-que-hablar-de-putin/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Tenemos que hablar de Putin: por qu&eacute; Occidente se equivoca con el presidente ruso</em></a><em>' (Capit&aacute;n Swing), del analista brit&aacute;nico Mark Galeotti, autor de otros libros como ''</em><a href="https://capitanswing.com/libros/una-historia-breve-de-rusia/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Una historia breve de Rusia</em></a><em>' o 'Las guerras de Putin: de Chechenia a Ucrania'.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mark Galeotti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/putin-cumple-25-anos-occidente-sigue-interpretar-presidente-ruso_129_11934023.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Dec 2024 20:27:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Putin cumple 25 años en el poder: ¿por qué Occidente sigue sin saber interpretar al presidente ruso?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Rusia,Vladímir Putin]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rusia, Ucrania y la venganza de la historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/rusia-ucrania-venganza-historia_129_9009254.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4f02628a-5c5d-48f8-b086-e67ebbe2cbf0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x187y389.jpg" width="1200" height="675" alt="Rusia, Ucrania y la venganza de la historia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este es un fragmento del libro 'Una historia breve de Rusia' de Mark Galeotti (Capitán Swing), que se publica el 23 de mayo. En el texto el autor, profesor y especialista en Europa del Este, analiza la invasión de Ucrania, que esta semana cumple tres meses</p><p class="subtitle">Delirio y tragedia: el largo viaje de Putin hasta invadir Ucrania</p></div><p class="article-text">
        El 24 de febrero de 2022, despu&eacute;s de una larga escalada ret&oacute;rica y militar, Vladimir Putin se lanz&oacute; a invadir Ucrania. En el momento en el que escribo estas l&iacute;neas, el resultado de esta terrible guerra es a&uacute;n incierto, pero est&aacute; claro que la expectativa inicial de Mosc&uacute; de una victoria r&aacute;pida y sencilla ha sido frustrada por la tenaz y apasionada resistencia del pueblo ucraniano.
    </p><p class="article-text">
        Existen claras reminiscencias hist&oacute;ricas en este conflicto, en las negras nubes de humo que se elevan de las ciudades bombardeadas y en las im&aacute;genes de los millones de refugiados que huyen de una guerra en Europa, en la ret&oacute;rica grandilocuente de un aspirante a conquistador y en los ojos confundidos del prisionero de guerra ruso al que se le hab&iacute;a asegurado que entrar&iacute;a en Ucrania como libertador, no como ocupante. Esta es, despu&eacute;s de todo, una guerra que Putin ha justificado apelando a la historia &mdash;aunque se trate de una versi&oacute;n crudamente hilada por &eacute;l a partir de retazos de aqu&iacute; y de all&aacute;&mdash;, y, aparentemente, sus planes de guerra los elabor&oacute; sobre la base de su incomprensi&oacute;n de la misma.
    </p><p class="article-text">
        Clara e insensatamente, Putin se considera un historiador amateur de primera. Se ha dedicado a dar largas exposiciones de su bidimensional interpretaci&oacute;n de la historia de Ucrania, que han enojado a los ucranianos tanto como han dejado perplejos a los historiadores. Por ejemplo, en su &laquo;Sobre la unidad hist&oacute;rica de los rusos y los ucranianos&raquo;, publicado en julio de 2021, afirma que los ucranianos y los rusos son &laquo;un solo pueblo&raquo;, ignorando alegremente la complejidad de la relaci&oacute;n. Despu&eacute;s de todo, Ucrania es una naci&oacute;n multiling&uuml;e en la que el ruso es solo uno de los idiomas y, adem&aacute;s, la Iglesia rusa es solo uno de los credos ortodoxos que se profesan en el pa&iacute;s. No hay duda de que existen profundos v&iacute;nculos e interconexiones, pero los ucranianos y los rusos han vivido en Estados separados m&aacute;s tiempo de lo que lo han hecho bajo el mismo Gobierno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que, para &eacute;l, no solo los ucranianos no son un pueblo verdadero, sino que Ucrania no es un verdadero pa&iacute;s. En la v&iacute;spera de la invasi&oacute;n, afirm&oacute; rotundamente que Ucrania no es nada m&aacute;s que una construcci&oacute;n artificial de la revoluci&oacute;n, creada por la pol&iacute;tica bolchevique para las nacionalidades, y que, en ese sentido, podr&iacute;a ser denominada &laquo;la Ucrania de Vladimir Lenin&raquo;. Aunque la historia siempre es objeto de conflicto y siempre es movilizada para uso pol&iacute;tico, raramente sirve de base para una estrategia militar. Esto es lo que sucedi&oacute; en este caso, a insistencia de Putin, y el resultado ha sido un desastre. El ej&eacute;rcito ruso ha desarrollado su propia forma de hacer la guerra, que comienza con una cuidadosa preparaci&oacute;n, seguida de un bombardeo preliminar masivo por medio de misiles y aviones, con anterioridad al avance de unas fuerzas de armas combinadas cuidadosamente dirigidas. 
    </p><p class="article-text">
        En febrero de 2022, sin embargo, Putin parece que no solo tom&oacute; la decisi&oacute;n final de invadir Ucrania en el &uacute;ltimo minuto, sino que impuso un enfoque muy diferente a sus generales. Convencido de que este no-pueblo no luchar&iacute;a para proteger a su no-Estado, exigi&oacute; una barrera artillera mucho m&aacute;s liviana, para despu&eacute;s mandar peque&ntilde;as fuerzas ligeras a las principales ciudades. Parece haber cre&iacute;do sinceramente que un par de compa&ntilde;&iacute;as de paracaidistas podr&iacute;an simplemente circular hasta el centro de Kyiv y detener al Gobierno, para que Mosc&uacute; pudiese nombrar en su lugar a sus propias marionetas. Y, por supuesto, que los ucranianos aceptar&iacute;an d&oacute;cilmente este nuevo r&eacute;gimen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No funcion&oacute; as&iacute;. En lugar de ello, los ucranianos detuvieron a los invasores rusos con la misma determinaci&oacute;n con que hab&iacute;an luchado contra los alemanes setenta a&ntilde;os antes. Aunque Putin intent&oacute; envolver su &laquo;operaci&oacute;n militar especial&raquo; &mdash;llamarla &laquo;guerra&raquo; o &laquo;invasi&oacute;n&raquo; te puede mandar a la c&aacute;rcel quince a&ntilde;os&mdash; en el manto de la Gran Guerra Patri&oacute;tica, lo que ha conseguido, si acaso, es lo contrario. Ciudades como Mari&uacute;pol, en la costa del mar de Azov, reducida a escombros, rodeada y, aun as&iacute;, luchando mientras su poblaci&oacute;n asediada abr&iacute;a los radiadores para encontrar algo de agua potable, se han convertido en el Leningrado y el Stalingrado de esta guerra.
    </p><p class="article-text">
        Mientras escribo, contin&uacute;an los combates. Tras los desastrosos errores de c&aacute;lculo de Putin, sus generales intentan recuperar la iniciativa. Est&aacute; por ver si, como Stalin, se da cuenta de lo est&uacute;pido que es intentar llevar a cabo la microgesti&oacute;n de su guerra y deja que los profesionales ejerzan su sangriento cometido, o si, como Nicol&aacute;s II, piensa que tiene que mantener el control, seguro de que la victoria est&aacute; al alcance de la mano y que servir&aacute; para salvar su deca&iacute;da fortuna.
    </p><p class="article-text">
        No es solo que la interpretaci&oacute;n de Putin sea completamente ajena al trabajo acad&eacute;mico y resulte crudamente instrumental, un intento de retorcer el pasado para que sirva a las necesidades pol&iacute;ticas del momento. Como ya se ha dicho, despu&eacute;s de todo, si acaso son los ucranianos los que podr&iacute;an defender que la Rusia de hoy es simplemente un v&aacute;stago de su propia naci&oacute;n. Tampoco se trata simplemente de que esto haya tenido unos resultados desastrosos, llev&aacute;ndole a adoptar una estrategia militar err&oacute;nea al comienzo de la guerra. M&aacute;s bien, se puede decir que ha olvidado algo realmente fundamental: que la historia no es el destino.
    </p><p class="article-text">
        Incluso aunque todo lo que escribi&oacute; fuese cierto, no significar&iacute;a nada, a menos que el pueblo ucraniano decidiese lo contrario. El tiempo erosiona todas las viejas realidades: las culturas nacionales evolucionan, los credos y las ideolog&iacute;as ascienden y decaen, las fronteras cambian, las poblaciones se mueven y las comunidades se redefinen a s&iacute; mismas. Se podr&iacute;a decir que los ucranianos de hoy &mdash;no en menor medida por sus a&ntilde;os de resistencia al imperialismo de Putin&mdash; est&aacute;n m&aacute;s unidos de lo que lo han estado en cualquier otro momento de su historia. Aunque las cr&oacute;nicas medievales llamaron a la vieja Kiev la &laquo;madre de las ciudades rusas&raquo;, el Kyiv de hoy no solo est&aacute; sometido al matricida bombardeo de la artiller&iacute;a de Mosc&uacute;, sino que est&aacute; intentando dejar atr&aacute;s ese t&iacute;tulo y situarse firmemente en el seno de la amplia familia europea.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos ahora en Rusia. A lo largo del tiempo, sus fronteras se han expandido a todo lo largo de Eurasia, engullendo en su camino a entidades pol&iacute;ticas m&aacute;s peque&ntilde;as. Su identidad ha sido desafiada y reinventada, ya sea por Pedro y Catalina la Grande, intentando abrir sus ventanas respectivas a Europa, o por los bolcheviques, present&aacute;ndola como la cuna de la revoluci&oacute;n global posnacional. Es una naci&oacute;n ortodoxa rusa (excepto donde no lo es, como en el Tartarist&aacute;n musulm&aacute;n o en la Tyva budista). Es la Moscovia de Mija&iacute;l Romanov, el Estado europeo del epistolario de Catalina la Grande, el &laquo;gendarme de Europa&raquo; de Nicol&aacute;s I, la revoluci&oacute;n de Lenin, el despertar de Gorbachov; y, al mismo tiempo, es algo diferente de cada uno de ellos, un todo que es m&aacute;s que la suma de sus partes, al igual que Ucrania ha superado esos momentos hist&oacute;ricos que Putin cree que puede organizar en apretadas filas y mandar a la batalla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En lugar de ello, estancado contra los ucranianos y enfrentado a unas sanciones econ&oacute;micas occidentales sin precedentes, Putin da la impresi&oacute;n de ser incapaz de adaptarse y parece estar recurriendo cada vez m&aacute;s a la intimidaci&oacute;n dentro de sus fronteras a medida que las implicaciones de su guerra aparecen cada vez m&aacute;s claras. El pa&iacute;s est&aacute; siendo despojado de las ganancias econ&oacute;micas, sociales y pol&iacute;ticas de los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os, y da la impresi&oacute;n de que Putin parece decidido a arrastrar a Rusia a los mon&oacute;tonos y grises a&ntilde;os setenta del pasado siglo, con unos l&iacute;deres envejecidos presidiendo una econom&iacute;a en decadencia, atrapados en una amarga rivalidad con Occidente, bas&aacute;ndose en la corrupci&oacute;n y la represi&oacute;n para mantener a las masas a raya.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, la historia es un r&iacute;o que nunca vuelve sobre sus pasos y que &mdash;citando por &uacute;ltima vez a Marx&mdash; se repite &laquo;la primera vez como tragedia, la segunda como farsa&raquo;. Los rusos de hoy no son los de la d&eacute;cada de 1970, y a pesar de todas las sanciones que han roto sus v&iacute;nculos directos con Europa y los intentos del Kremlin por romper los que quedan, saben lo que se arriesgan a perder. Decenas de miles de rusos han sido detenidos por protestar contra la invasi&oacute;n, y figuras muy conocidas, desde personalidades de la televisi&oacute;n hasta profesores universitarios, han firmado cartas abiertas, dimitido de sus trabajos, incluso abandonado el pa&iacute;s antes que colaborar con el Kremlin. 
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora, muchos rusos apoyan a&uacute;n la guerra, pero apoyan la guerra que les han dicho que est&aacute; haciendo Rusia, una operaci&oacute;n limitada, quir&uacute;rgica en sus esfuerzos por evitar bajas civiles, para evitar que una Ucrania &laquo;neonazi&raquo; amenace a Rusia y cometa genocidio contra los rusoparlantes del Donbas. Si la experiencia de la guerra de Afganist&aacute;n sirve de algo, una vez que se enfrenten a la realidad de la guerra contada por los soldados que vuelvan del frente, o documentada por los que ya no puedan volver, esta aceptaci&oacute;n del discurso oficial podr&iacute;a desaparecer r&aacute;pidamente. Despu&eacute;s de la desilusi&oacute;n, viene la ira.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Incluso aunque Putin, en sus esfuerzos por emular a sus h&eacute;roes hist&oacute;ricos, como Pedro el Grande o Iv&aacute;n el Grande (el &laquo;recolector de las tierras rusas&raquo;), se est&eacute; convirtiendo en realidad en una especie de tributo a Brezhnev, este episodio particular de la historia de Rusia es poco probable que dure tanto como la &laquo;&eacute;poca del estancamiento&raquo;. Aunque solo sea porque, como nos recuerda la historia, las guerras tienen tendencia a acelerar el ritmo del cambio. Una derrota abyecta en lo que se supon&iacute;a que ser&iacute;a una &laquo;guerrita corta y victoriosa&raquo; contra Jap&oacute;n llev&oacute; a la Revoluci&oacute;n de 1905, cuando la ira popular ante la humillaci&oacute;n nacional y las privaciones se combinaron. Una guerra aparentemente interminable, en la cual m&aacute;s y m&aacute;s hombres mor&iacute;an absurdamente sin que se viese la victoria en el horizonte mientras la gente se mor&iacute;a de hambre en la retaguardia, termin&oacute; derrocando la dinast&iacute;a Romanov en 1917. Una guerra econ&oacute;mica no declarada con Occidente, que cerr&oacute; a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica el acceso al cr&eacute;dito y a las tecnolog&iacute;as que necesitaba para sobrevivir, tambi&eacute;n acab&oacute; derrocando a ese imperio. Realmente, Putin no deber&iacute;a haber jugado con la historia. La historia siempre gana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mark Galeotti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/rusia-ucrania-venganza-historia_129_9009254.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 May 2022 19:43:04 +0000]]></pubDate>
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