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    <title><![CDATA[elDiario.es - Beatriz Silva]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/beatriz-silva/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Beatriz Silva]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Partisanas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/partisanas_129_12197710.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69265c65-4589-47ab-970e-5c4bf2eb175a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1115094.jpg" width="4015" height="2258" alt="Partisanas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lucha contra la ocupación nazi de Italia estuvo protagonizada también por ellas, las 35.000 mujeres que podrían haberse quedado en casa pero se unieron a la Resistencia para luchar contra el fascismo y desafiar la jerarquía masculina</p></div><p class="article-text">
        En su novela <em>Agnese va a morir</em>, la escritora Renata Vigan&ograve; retrata la lucha partisana como una guerra de pobres, una que se hac&iacute;a envolvi&eacute;ndose los pies con telas cuando faltaban las botas. Vemos la guerra a trav&eacute;s de los ojos de Agnese, una lavandera de los valles de Comacchio, en la Roma&ntilde;a, que se une a la Resistencia despu&eacute;s de que los nazis se lleven a su marido. Con ella, recorremos valles, pantanos, puentes y caba&ntilde;as abandonadas. Conocemos desde dentro la historia de un movimiento que entre 1943 y 1945 combati&oacute; a las fuerzas de ocupaci&oacute;n nazi y descubrimos el papel que tuvieron las mujeres en la batalla contra el fascismo.
    </p><p class="article-text">
        Publicada por primera vez en 1949 por Einaudi, y aqu&iacute; en 2020 por Errata Naturae, la novela est&aacute; escrita a partir de las vivencias de su autora que form&oacute; parte de esta guerra de guerrillas que fue la Resistencia. A diferencia de neorrealistas de la &eacute;poca como Roberto Rosellini o Italo Calvino, Vigan&ograve; nos ofrece una mirada coral de la lucha partisana. Los personajes no son h&eacute;roes individuales sino brigadas de combatientes formadas por campesinos pobres que son masacradas y sustituidas por otras una y otra vez. Conocemos los detalles cotidianos de la guerra, el color de las ropas ra&iacute;das, el espesor de la niebla sobre el pantano, el crujir de las ca&ntilde;as que sirven de escondrijo y a veces de cama improvisada. Vigan&ograve; consigue escribir la historia en may&uacute;sculas a partir de lo com&uacute;n, de los miedos y las peque&ntilde;as alegr&iacute;as de un grupo de hombres y mujeres que improvis&oacute; una guerra popular que vivieron sin &eacute;pica ni dramatismo, como una gran familia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras ellos montaban emboscadas, ellas organizaban la log&iacute;stica clandestina que permit&iacute;a las operaciones. Lo hac&iacute;an montadas en bicicletas destartaladas o caminando largas distancias a campo traviesa, soportando la nieve en invierno y el sol implacable en verano. Agnese y la mayor&iacute;a de las partisanas hac&iacute;an el papel de <em>staffetta,</em> algo para lo que se necesitaba habilidad y coraje porque ten&iacute;an que ingeni&aacute;rselas para transportar municiones y armas, pero tambi&eacute;n prensa clandestina, mapas e instrucciones para los comandos asegur&aacute;ndose de pasar desapercibidas. Desde la retaguardia las mujeres aseguraban el suministro constante de ropa y medicamentos, pero muchas asumieron tambi&eacute;n el mando y empu&ntilde;aron las armas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los datos de la Asociaci&oacute;n Nacional de Partisanos de Italia, ANPI, de las 300.000 personas que formaron parte de las formaciones de combate de la Resistencia, 35.000 eran mujeres. Otras 20.000 tuvieron funciones de apoyo indispensables; 683 fueron fusiladas o asesinadas en combate; 1.890 acabaron deportadas a campos de concentraci&oacute;n y 4.633 fueron detenidas, torturadas y condenadas por los tribunales fascistas. Especialmente emblem&aacute;tico fue el caso de Irma Bandiera, capturada en agosto de 1944 en Bolo&ntilde;a y torturada salvajemente durante seis d&iacute;as y seis noches por los fascistas de la Compa&ntilde;&iacute;a Aut&oacute;noma Especial. En los interrogatorios le arrancaron los ojos y dejaron luego su cad&aacute;ver expuesto para escarmiento convirti&eacute;ndola en una especie de m&aacute;rtir civil, como explica Jordi Corominas en uno de los episodios de su programa <em>Mujeres malditas</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque una vez acabada la guerra, novelas como la de Renata Vigan&ograve; explicaron estas historias y pusieron a la mujer en el centro de la lucha partisana, su papel cay&oacute; r&aacute;pidamente en el olvido. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, sin embargo, ha comenzado a rescatarse esta parte silenciada de la historia en ensayos como el de Benedetta Tobagi, <em>La Resistenza delle donne</em> (Einaudi, 2022), que, a partir de una gran colecci&oacute;n de fotograf&iacute;as ha construido una genealog&iacute;a de la emancipaci&oacute;n femenina vivida en esos a&ntilde;os. Tobagi recoge testimonios que dan cuenta de aspectos desconocidos hasta ahora como las razones que tuvieron las mujeres para tomar las armas, abandonar el hogar y afrontar la muerte y la tortura, pero tambi&eacute;n de c&oacute;mo vivieron el sexo y el amor en medio de un estado de total excepci&oacute;n respecto a la norma que hab&iacute;a regido sus vidas hasta ese momento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde 1945, el movimiento de la Resistencia inspir&oacute; muchas pel&iacute;culas y canciones, pero en su gran mayor&iacute;a invisibilizando a las mujeres porque, como nos recuerda Tobagi, el fascismo y el patriarcado, que sobrevivi&oacute; a la derrota del primero, se rigen por las mismas coordenadas: jerarqu&iacute;a, autoridad y sumisi&oacute;n legal y sexual de la mujer. No es casualidad que, una vez acabada la guerra, las partisanas fueran obligadas a volver a sus roles tradicionales arrebat&aacute;ndoles la moment&aacute;nea invasi&oacute;n que hab&iacute;an protagonizado del espacio p&uacute;blico irrumpiendo en un terreno tan tradicionalmente masculino como la guerra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tobagi nos recuerda que la lucha contra el fascismo fue tambi&eacute;n el combate del patriarcado porque permiti&oacute; a las j&oacute;venes resistentes experimentar, por primera vez en la historia de Italia, todas aquellas posibilidades que estaban reservadas a los espacios masculinos y experimentar en plenitud ser sujetos pensantes y aut&oacute;nomos, due&ntilde;os de sus cuerpos y sus mentes. Fue una ruptura con los roles de g&eacute;nero que se vivi&oacute; tambi&eacute;n en Francia, en los guetos del Este de Europa, en el ej&eacute;rcito partisano de Tito y en los frentes de la Guerra Civil espa&ntilde;ola, un fen&oacute;meno del que da cuenta la periodista Ingrid Strobl en <em>Partisanas </em>(Virus Editorial, 2015).
    </p><p class="article-text">
        Strobl recuerda c&oacute;mo en Yugoslavia, 200.000 mujeres integraron el Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional y 2.000 llegaron a ser oficiales. Tambi&eacute;n que en Espa&ntilde;a la gran experta en bombas durante la Guerra Civil fue Rosario S&aacute;nchez Mora, <em>La Dinamitera</em>, y que la persona m&aacute;s buscada por la Gestapo en el gueto de Varsovia era una mujer, Niuta Tejtelbojm, conocida como &ldquo;Wanda de las trenzas rubias&rdquo;. Strobl entrevist&oacute; a muchas de estas mujeres y descubri&oacute; que entre las motivaciones que tuvieron para luchar contra el fascismo fue el deseo de acabar con todas las injusticias que les hab&iacute;a tocado vivir desde peque&ntilde;as y que ve&iacute;an encarnadas en esta nueva ideolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Algo parecido explica Benedetta Tobagi en <em>La Resistenza delle donne</em> que recoge alrededor de 130 fotograf&iacute;as en blanco y negro donde se ven grupos de j&oacute;venes italianas que posan seguras, felices, con los brazos entrelazados, vistiendo orgullosamente pantalones por primera vez en sus vidas, o con sus armas en las manos. A otras se las ve en sus bicicletas, avanzando por caminos solitarios, cargando paquetes con municiones o alimentos que aseguraban la supervivencia de la Resistencia. A diferencia de los hombres, las j&oacute;venes que participaron en la lucha partisana eran verdaderas voluntarias porque no estaban obligadas a hacer el servicio militar. Podr&iacute;an haber escogido quedarse en casa esperando que acabara la guerra, pero decidieron luchar y arriesgarse, quiz&aacute;s porque tambi&eacute;n eran conscientes que levantarse contra la dictadura era una forma de luchar contra la jerarqu&iacute;a masculina y familiar a la que hab&iacute;an estado sometidas.
    </p><p class="article-text">
        <em>Agnese va a morir</em> y <em>La Resistenza delle donne</em> son testimonios apasionados de la &eacute;pica de un pueblo que se rebel&oacute; contra el fascismo desde la mirada femenina. Una que, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/agnese-renata-vigano-best-seller-partisanas-resistencia-italiana-espana_1_1125193.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como recordaba en estas p&aacute;ginas</a> el profesor em&eacute;rito de la Universidad de Bolonia, Andrea Battisti, es necesario reivindicar cuando se cumplen 80 a&ntilde;os del fin de la ocupaci&oacute;n porque los nuevos fascismos vuelven a ser una amenaza real en nuestras vidas. La figura de Agnese, una campesina mayor, pobre y casi analfabeta, que hace la guerra calzada en chanclas, es lo contrario del estereotipo del h&eacute;roe. Nos recuerda que siempre se puede reaccionar a la violencia con lo que se tiene al alcance, que la guerra no se define tanto por las acciones b&eacute;licas sino por los hechos tr&aacute;gicos que transforman para siempre a las personas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Beatriz Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/partisanas_129_12197710.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Apr 2025 19:42:47 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[La memoria bordada con hilo y aguja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/memoria-bordada-hilo-aguja_129_11632063.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e1bddbeb-d61b-4287-8d30-cdfb653c41a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La memoria bordada con hilo y aguja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Durante la dictadura, las chilenas plasmaron la violencia política en arpilleras, pequeños cuadros hechos con trozos de tela que se han convertido en un testimonio esencial de la memoria histórica y democrática del país</p></div><p class="article-text">
        En muchas culturas, el concepto de tejer o hilar se confunde con el de narrar, con la memoria colectiva que se mantiene viva gracias a los relatos que pasan de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. En el ejercicio de tejer la memoria, las mujeres han tenido un papel fundamental, no s&oacute;lo escribiendo con tinta, como los hombres, sino tambi&eacute;n con sus hilos y sus agujas. La historia de las arpilleras chilenas va sobre mujeres que casi no sab&iacute;an escribir pero que fueron capaces de bordar y coser la memoria democr&aacute;tica del pa&iacute;s. Lo hicieron con retazos de tela vieja que convirtieron en tapices que representaban escenas de la vida en dictadura, aquellas que no sal&iacute;an en los medios de comunicaci&oacute;n ni tampoco se pod&iacute;an contar en voz alta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las arpilleras comenzaron a fabricarse poco despu&eacute;s del golpe militar en los c&iacute;rculos de mujeres familiares de presos pol&iacute;ticos y personas detenidas desaparecidas que pasaban largas horas esperando noticias en las dependencias de la Iglesia Cat&oacute;lica. Alguien se acord&oacute; de las arpilleras de Violeta Parra y pens&oacute; que era una buena idea poner a estas mujeres a coser y bordar para aliviar sus esperas. R&aacute;pidamente las manos comenzaron a narrar la violencia que se viv&iacute;a. Las detenciones, los centros de tortura y la b&uacute;squeda incesante de detenidos desaparecidos. Los grupos de arpilleristas se fueron multiplicando y los tapices comenzaron a hablar tambi&eacute;n de otras caras de la dictadura como el hambre, el desempleo o la falta de acceso a la salud y a la vivienda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de Violeta Parra que solo bordaba sobre telas r&uacute;sticas, las arpilleristas de la dictadura sumaron nuevos materiales. G&eacute;neros, pl&aacute;sticos, lana, cuero y cart&oacute;n se utilizaron para crear paisajes y relatos sobre un soporte de tela basta o arpillera- de ah&iacute; su nombre. A muchas escenas se les a&ntilde;ad&iacute;a un peque&ntilde;o texto o una frase explicativa bordada. &ldquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;n?&rdquo;, &ldquo;No m&aacute;s muertes&rdquo;, &ldquo;Tenemos hambre de justicia&rdquo;. A trav&eacute;s del uso de texturas y colores, creaban efectos de espacio, de lejan&iacute;a o de volumen, representaban figuras humanas pero tambi&eacute;n elementos del paisaje que las rodeaba, como el mar o la cordillera. Sus creaciones transmit&iacute;an angustia pero tambi&eacute;n esperanza y se convirtieron en un acto de denuncia y de desobediencia que sal&iacute;a clandestinamente del pa&iacute;s para explicar en el extranjero lo que estaba sucediendo en Chile.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La escritora Marjorie Agos&iacute;n ha comparado el proceso de creaci&oacute;n de las arpilleras al de componer un poema o plantar un &aacute;rbol que conmemora una muerte. Un proceso que nace de un lugar profundo, de una zona de intimidad que acaba encarnando la voz p&uacute;blica que permite que las mismas manos que serv&iacute;an para acariciar, cuenten luego la historia tr&aacute;gica de sus seres queridos. Las arpilleras de la dictadura muestran personas inmol&aacute;ndose, que vagan sosteniendo las fotos de sus familiares o se encadenan frente a los juzgados. Pero tambi&eacute;n retratan los sue&ntilde;os y los deseos de las mujeres que les dieron vida y que transformaron su sufrimiento en peque&ntilde;as piezas de arte, cada una &uacute;nica y diferente como la chilena que la hizo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de su gran valor art&iacute;stico, hist&oacute;rico y testimonial, no sabemos quienes fueron sus autoras. Tal y como ha sucedido a lo largo de la historia con los tejidos y manualidades hechas por mujeres en comunidad, las arpilleras permanecieron como una obra an&oacute;nima que se atribuy&oacute; al grupo que las hizo. En algunos casos, se incluy&oacute; un bolsillo cosido en el reverso con un breve mensaje escrito en papel para orientar al destinatario. &ldquo;Este tapiz representa a un cantante chileno que fue detenido, torturado y asesinado en un campo de prisioneros pol&iacute;ticos&rdquo;, dice el mensaje escondido en una arpillera de 1978 con dos episodios. En uno se representa a V&iacute;ctor Jara cantando y en el otro, el cuerpo y la guitarra rota. La arpillerista incluy&oacute; tambi&eacute;n una frase bordada de la canci&oacute;n <em>La plegaria a un labrador</em>: &ldquo;Lev&aacute;ntate y mira la monta&ntilde;a de donde viene el viento, el sol y el agua&rdquo;. Y coron&oacute; la escena con estos mismos elementos representados con telas de colores.
    </p><p class="article-text">
        Una muestra importante de arpilleras se conserva en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Santiago de Chile pero muchas siguen en manos de las personas que las compraron en el pa&iacute;s o en el extranjero. Porque adem&aacute;s de ser una herramienta de denuncia, fueron una actividad econ&oacute;mica que permiti&oacute; a las mujeres que las fabricaban acceder a recursos en un entorno de grave crisis econ&oacute;mica y cesant&iacute;a. No es casualidad que uno de los episodios m&aacute;s representados en las arpilleras sean las ollas comunes que organizaban para hacer frente al hambre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las arpilleras son un testimonio esencial de la memoria hist&oacute;rica y democr&aacute;tica de Chile en el que las mujeres han tenido un papel protag&oacute;nico, uno que no ha tenido a&uacute;n el debido reconocimiento. El hecho que no se firmaran, revela hasta qu&eacute; punto sus propias autoras no cre&iacute;an que pudieran formar parte alg&uacute;n d&iacute;a del Arte en may&uacute;sculas, el que hacen los hombres y se exhibe en los grandes museos. Un arte que ha excluido hist&oacute;ricamente las obras hechas por mujeres en otros formatos y en el que el valor de una pieza est&aacute; indisolublemente ligado al nombre de su creador. Esta perspectiva androc&eacute;ntrica y de clase ha excluido de los circuitos art&iacute;sticos las arpilleras, pero tambi&eacute;n los <em>quilts</em> con los que las afroamericanas relataban sus leyendas y su historia de esclavitud o las mantas tejidas de las indias navajo precursoras del arte abstracto. Creaciones que han salido del trabajo hecho por mujeres con hilo y aguja y que han servido tambi&eacute;n para coser y bordar la memoria democr&aacute;tica de sus pueblos.
    </p><p class="article-text">
        La memoria no es una cuesti&oacute;n aislada, forma parte de los recuerdos individuales a trav&eacute;s de los cuales se teje ese gran manto que es la memoria hist&oacute;rica que sigue siendo inseparable de la individual. Mi memoria como chilena es parte de la desmemoria colectiva de mi pa&iacute;s. De los silencios que se crearon respecto a la violencia que gener&oacute; la dictadura y sobre lo que se prefiri&oacute; pasar por alto para no molestar a los vencedores que impusieron su relato y su historia oficial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las arpilleras nos ense&ntilde;an la dificultad de convivir con la memoria y con el trauma individual y colectivo explicando historias que son al mismo tiempo una escena particular, que representa un momento hist&oacute;rico de Chile, y una universal, que nos interpela como humanidad. Recuperarlas para el arte y la memoria es un modo de rescatar la historia escrita bajo un c&oacute;digo distinto al de la palabra. Uno que nos permite conocer medio siglo m&aacute;s tarde lo que signific&oacute; la dictadura chilena y la violaci&oacute;n de los derechos humanos, pero tambi&eacute;n c&oacute;mo se organiz&oacute; la resistencia femenina al r&eacute;gimen a trav&eacute;s de una actividad tradicionalmente reservada a las mujeres que tuvo como &uacute;nica arma de lucha el hilo y la aguja.
    </p><p class="article-text">
        Beatriz Silva es periodista chilena, diputada independiente por el PSC y editora y autora del libro <em>Chile, 50 a&ntilde;os despu&eacute;s</em> (Catarata)
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Beatriz Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/memoria-bordada-hilo-aguja_129_11632063.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Sep 2024 20:13:14 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escribir la historia del arte en femenino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/escribir-historia-arte-femenino_129_10976580.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bbd78986-917c-434c-a6ee-1e337be468be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2332y1446.jpg" width="1200" height="675" alt="Escribir la historia del arte en femenino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ausencia de mujeres artistas de los grandes museos y de la historiografía artística hace urgente una nueva lectura ampliada e inclusiva que reconozca su papel y el valor de su mirada</p></div><p class="article-text">
        El cuadro<em> La nodriza y Julie</em>, de Berthe Morisot, marc&oacute; un hito dentro del movimiento impresionista porque rompi&oacute; en 1879 todas las convenciones de la construcci&oacute;n pict&oacute;rica. Es excepcional por la composici&oacute;n, los colores y la estrategia del modelado, que parece adelantarse al fauvismo. Pero lo es sobre todo por el tema escogido. En la imagen vemos como la nodriza de la hija de Morisot, Angele, alimenta a la peque&ntilde;a Julie. A primera vista podr&iacute;amos pensar que se trata de una reinterpretaci&oacute;n del viejo tema de La Virgen y el Ni&ntilde;o pero no es as&iacute;. La obra retrata una escena de trabajo. La madre no es la verdadera madre, es una nodriza y no alimenta al beb&eacute; por instinto maternal sino a cambio de un salario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s normal es que esta escena la hubiera representado un hombre (hab&iacute;an pocas artistas en activo a fines del siglo XIX) pero lo hizo una mujer. Una mujer artista que retrata a otra mujer amamantando una criatura que no es suya, no por instinto sino por dinero, algo ins&oacute;lito y &uacute;nico en la historia de arte. Esta obra existe porque la realiz&oacute; una mujer que era consciente que la maternidad y los cuidados est&aacute;n lejos de la imagen idealizada que han dado tradicionalmente las artes. S&oacute;lo una mujer era capaz de reconocer que amamantar puede ser tambi&eacute;n un intercambio econ&oacute;mico en el que dos mujeres obtienen un beneficio, una recibe un sueldo y la otra, pinta un cuadro que podr&aacute; vender. Como se&ntilde;ala la historiadora Linda Nochlin, en <em>La nodriza y Julie,</em> tanto la leche como la pintura son productos que se producen o se crean para el mercado con fines lucrativos. Es una obra que se atreve a ahondar en lo que no hab&iacute;a hecho ninguna otra antes, la relaci&oacute;n inc&oacute;moda entre maternidad, trabajo y dinero.
    </p><p class="article-text">
        Berthe Morisot fue una de las principales exponentes del impresionismo pero su nombre no se nos viene a la mente de la misma manera que los de Claude Monet o Auguste Renoir. Para la mayor&iacute;a de personas que visitan los grandes museos, el nombre de Tamara Lempicka es tambi&eacute;n desconocido. No tienen en la retina ninguna de sus obras a pesar que en el Par&iacute;s de los a&ntilde;os 20&rsquo; sus obras se cotizaban diez veces m&aacute;s caras que las de Pablo Picasso y era m&aacute;s conocida. La ausencia manifiesta de mujeres artistas de los grandes museos y de la historiograf&iacute;a art&iacute;stica, tal y como se ha escrito en el &uacute;ltimo siglo, es algo que pasa desapercibido para el gran p&uacute;blico y de lo que se sigue hablando poco a nivel acad&eacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        La exposici&oacute;n <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/maestras-correctivo-paliativos-thyssen-ninguneo-mujeres-historia-arte_1_10642174.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Maestras,</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/maestras-correctivo-paliativos-thyssen-ninguneo-mujeres-historia-arte_1_10642174.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> organizada recientemente por el Museo Thyssen en Madrid</a>, ha representado un esfuerzo por poner de manifiesto este borrado que las mujeres han experimentado en la historia del arte. Viene a sumarse a una decena de exposiciones que se han venido organizando en distintos pa&iacute;ses desde los a&ntilde;os 70&rsquo; en las que, a trav&eacute;s de la selecci&oacute;n de las obras, pero tambi&eacute;n de conferencias y simposios, se intenta constatar que el papel de las mujeres en la historia del arte no siempre ha sido invisible. Hubo &eacute;pocas, como el periodo de entreguerras en Europa, en que las mujeres tuvieron un rol protag&oacute;nico como creadoras y un papel primordial en el desarrollo de los grandes movimientos art&iacute;sticos de la modernidad, como el cubismo y el surrealismo. Nombres como el de Mela Muter, Tamara de Lempicka, Sonia Delaunay o Tarsila do Amaral, estuvieron en el epicentro de un movimiento que utiliz&oacute; todo tipo de materiales y soportes para crear y en los que sus vidas y sus cuerpos se convirtieron tambi&eacute;n en herramientas para reinventar. Escenas de sexo, de masturbaci&oacute;n o de maternidad se hicieron desde la mirada femenina e influyeron a generaciones enteras de artistas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta efervescencia creativa se vio interrumpida con la llegada de la Segunda Guerra Mundial que abri&oacute; un periodo que restringi&oacute; la visibilidad de las mujeres e hizo que cayeran en el olvido, no s&oacute;lo ellas sino tambi&eacute;n las que les antecedieron. Desde los a&ntilde;os 70&rsquo;, han ido surgiendo, sin embargo, iniciativas para visibilizar a las artistas borradas y mostrar por qu&eacute; su mirada es imprescindible pero tambi&eacute;n irreemplazable. &Eacute;stas denuncian la necesidad de hacer una relectura de la historia del arte, no s&oacute;lo en clave interpretativa sino para darles el lugar que les corresponde en los museos y galer&iacute;as donde su ausencia sigue siendo manifiesta.
    </p><p class="article-text">
        En julio de 2018, la National Gallery anunciaba la adquisici&oacute;n del <em>Autorretrato como Catalina de Alejandr&iacute;a</em> de la artista barroca italiana Artemisia Gentileschi. El comunicado constataba que la obra se convert&iacute;a en la n&uacute;mero veinte hecha por una mujer que se incorporaba a una pinacoteca que atesora m&aacute;s de 2.300 obras. No era una excepci&oacute;n. Entre las mil obras expuestas en el Museo del Prado s&oacute;lo hay diez cuyas autoras sean mujeres y en el Louvre, s&oacute;lo aparecen veinticinco referenciadas entre m&aacute;s de 3.600 pinturas. Los museos de Estados Unidos est&aacute;n un poco mejor pero a&uacute;n as&iacute;, el 87% de obras expuestas son de hombres (y casi todos blancos).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son porcentajes dif&iacute;ciles de aceptar porque, a&uacute;n considerando la situaci&oacute;n de inferioridad que han sufrido las mujeres a lo largo de la historia en todos los &aacute;mbitos, han existido grandes maestras en todas las &eacute;pocas. En la Italia del siglo XVII, la pintora Lavinia Fontana consigui&oacute; regentar su propio taller en Bolonia y Artemisia Gentileschi obtuvo un reconocimiento similar al de sus colegas masculinos. Las obras de Gentileschi no s&oacute;lo competieron con las de Caravaggio sino que aportan una mirada del mundo m&aacute;s rica en muchos aspectos que s&oacute;lo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha vuelto a ponerse en valor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>Judit y su criada, </em>una de las pinturas expuestas por el Thyssen que sirvi&oacute; de reclamo a la exposici&oacute;n, Gentileschi retrata la escena b&iacute;blica en que Judit escapa con la cabeza de Holofernes despu&eacute;s de haberle decapitado. La tensi&oacute;n de la escena y el silencio c&oacute;mplice entre las dos mujeres muestra una comprensi&oacute;n de la condici&oacute;n femenina que dif&iacute;cilmente un hombre habr&iacute;a plasmado. Las obras de Gentileschi incorporan el tema de la violencia de g&eacute;nero antes de que existiera como concepto, alterando los relatos mitol&oacute;gicos de moda en su &eacute;poca para visibilizar la fuerza de las mujeres que siempre son mostradas como protagonistas y nunca como v&iacute;ctimas, incluso en episodios como el de <em>Susana y los viejos</em> en el que se representa el acoso sexual que sufre una joven por parte de dos hombres mayores. Pero tambi&eacute;n han permitido abrir el foco hacia otras perspectivas, como el trabajo de la artista visual Gloria Oyarzabal a partir de <em>Susana y los viejos</em>, para acercarse a la trata de esclavas en Ghana que ha permitido descubrir el impacto del colonialismo en el concepto de mujer en &Aacute;frica.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; no se ha escrito hasta ahora sobre estas cosas?&iquest;C&oacute;mo podemos reparar el olvido? Te&oacute;ricas como Griselda Pollock dicen que reescribir la historia del arte no deber&iacute;a traducirse en crear una historia paralela de &ldquo;grandes maestras&rdquo; enfrentada a la historiograf&iacute;a hegem&oacute;nica de los &ldquo;grandes maestros&rdquo;, sino en hacer una relectura que obligue a contemplar la existencia de otras narrativas y de localizar y dar reconocimiento a la obra de mujeres hasta ahora infravaloradas. Esto, bajo la perspectiva de que las mujeres son capaces de ver a las mujeres de otra manera y de ver el mundo de otra manera, tal y como demuestra Berthe Morisot con<em> La nodriza y Julie</em>. El amor, el matrimonio, el deseo, los roles sociales, la maternidad (la deseada y la no deseada) y la guerra son cuestiones que las mujeres han abordado de manera singular en todos los tiempos porque para ellas significan cosas diferentes. Sin embargo, los museos, las galer&iacute;as y la historia del arte, est&aacute;n rebosantes de im&aacute;genes de madres, diosas, reinas y prostitutas que son protagonistas o hacen el papel de musas pero siempre en obras firmadas por hombres que esconden su papel como creadoras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Artemisia Gentileschi fue la primera mujer en ser admitida en la Academia de las Artes del Dise&ntilde;o de Florencia y tuvo como mecenas a Carlos I y a la familia Medici. Y, aunque nunca se dice, el concepto de <em>ready made</em> no fue inventado por Marcel Duchamp sino por Elsa von Freytag-Loringhoven que en 1913 declar&oacute; un viejo anillo de metal como obra de arte en <em>Ornamento duradero</em>, la primera obra de &ldquo;arte encontrado&rdquo;. En casi todas las &eacute;pocas han existido mujeres artistas que consiguieron reconocimiento pero no las conocemos porque hemos asumido las selecciones hechas por otros como las &uacute;nicas posibles. Porque la mirada de la historia del arte se ha construido escondiendo que el arte se compone de muchas m&aacute;s historias, historias de mujeres pero tambi&eacute;n de personas de todos los continentes y de todas las razas que est&aacute;n a&uacute;n por escribir y descubrir.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Beatriz Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/escribir-historia-arte-femenino_129_10976580.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Mar 2024 20:22:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Escribir la historia del arte en femenino]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Chile no consigue decir “nunca más”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/chile-no-decir_129_10502164.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c50789d-3550-4725-b30c-6ac25dfdbc0a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Chile no consigue decir “nunca más”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 50 aniversario del golpe ha encontrado un país dividido que sigue sin ponerse de acuerdo en lo que significó la muerte y la tortura de miles de personas 
</p><p class="subtitle">Mario Amorós, historiador: “Nixon y Kissinger veían en Allende el principal enemigo de América Latina”</p></div><p class="article-text">
        Hoy se cumplen 50 a&ntilde;os del golpe de Estado que acab&oacute; con la democracia en Chile y la significancia de la fecha ha intensificado el debate en torno al quiebre de la democracia y las consecuencias de los 17 a&ntilde;os de dictadura. El cap&iacute;tulo m&aacute;s duro es, sin duda, el de la violaci&oacute;n de los derechos humanos, porque las v&iacute;ctimas y los verdugos siguen vivos, pero tambi&eacute;n porque los chilenos y las chilenas siguen sin ponerse de acuerdo en lo que represent&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Con motivo de estos 50 a&ntilde;os, la expresidenta Michelle Bachelet ha vuelto a Villa Grimaldi, uno de los principales centros de detenci&oacute;n y tortura que tuvo el r&eacute;gimen militar, y record&oacute; los d&iacute;as que pas&oacute; all&iacute;, recluida junto a su madre, &Aacute;ngela Jeria. &ldquo;Escuch&aacute;bamos a la gente que gritaba cuando la pon&iacute;an en la parilla el&eacute;ctrica. Las amarraban en un especie de catre met&aacute;lico en distintas partes del cuerpo y les tiraban agua para que fuera m&aacute;s fuerte la conducci&oacute;n&rdquo;, ha dicho de unos d&iacute;as en los que sufri&oacute; maltrato f&iacute;sico y psicol&oacute;gico, aunque ella misma no lleg&oacute; a ser torturada con electricidad. Su padre, Alberto Bachelet, un general de la Fuerza A&eacute;rea que se opuso al golpe, s&iacute; lo fue y muri&oacute; en 1974 a causa de las torturas que le infligieron sus propios subalternos.
    </p><p class="article-text">
        Probablemente no es una coincidencia que haya sido ella la que impuls&oacute; durante su primer mandato la creaci&oacute;n del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos para dar visibilidad a este episodio negro de la historia de Chile pero tambi&eacute;n para estimular la reflexi&oacute;n sobre lo que sucedi&oacute;. Lo hizo en 2010 como respuesta tambi&eacute;n a las recomendaciones que hizo el informe Rettig, el primero que se hizo sobre los cr&iacute;menes de la dictadura y que recogi&oacute; en 1990 el trabajo de la Comisi&oacute;n Nacional de Verdad y Reconciliaci&oacute;n, y el Informe Valech<em>,</em> que reuni&oacute; en 2004 el trabajo de la Comisi&oacute;n sobre Prisi&oacute;n Pol&iacute;tica y Tortura. Ambos informes establecieron que durante la dictadura murieron al menos 3.216 personas y que 38.254 fueron arrestadas y torturadas.
    </p><p class="article-text">
        En la p&aacute;gina 253 del <em>Informe Valech</em> es posible leer el testimonio de una mujer detenida en 1974 que describe varios de los tormentos que aplicaban los agentes de la polic&iacute;a secreta de entonces, la DINA. &ldquo;Por violaci&oacute;n de los torturadores qued&eacute; embarazada y abort&eacute; en la c&aacute;rcel. Sufr&iacute;&nbsp;<em>shocks</em>&nbsp;el&eacute;ctricos, colgamientos, <em>pau de arara</em>, submarinos, simulacro de fusilamiento, quemaduras con cigarros. Me obligaron a tomar drogas, sufr&iacute; violaci&oacute;n y acoso sexual con perros, la introducci&oacute;n de ratas vivas por la vagina y todo el cuerpo. Me obligaron a tener relaciones sexuales con mi padre y hermano que estaban detenidos. Tambi&eacute;n a ver y escuchar las torturas de mi hermano y padre. Me hicieron el tel&eacute;fono, me pusieron en la parrilla, me hicieron cortes con yatag&aacute;n en mi est&oacute;mago. Ten&iacute;a 25 a&ntilde;os&rdquo;, dice el testimonio de esta mujer que pas&oacute; dos a&ntilde;os detenida.
    </p><p class="article-text">
        El informe recoge 3.399 testimonios de mujeres, pero tambi&eacute;n de ni&ntilde;as y adolescentes de 13, 14 y 15 a&ntilde;os, que sufrieron violaciones y agresiones de todo tipo entre 1973 y 1990. Tambi&eacute;n de las que quedaron embarazadas y dieron a luz. Siendo estudiante de periodismo, tuve la posibilidad de entrevistar a algunas de ellas. Conservo la imagen de una que no era capaz de verbalizar con detalles lo que le hab&iacute;a sucedido en la catacumba en la que la encerraron varios meses pero s&iacute; las consecuencias irreversibles que le provoc&oacute;. No pod&iacute;a tener hijos por las quemaduras en el &uacute;tero y sufr&iacute;a un insomnio cr&oacute;nico por las pesadillas y la ansiedad que no la abandonaban en ning&uacute;n momento.
    </p><p class="article-text">
        Desde la recuperaci&oacute;n de la democracia en 1990, y especialmente ahora al cumplirse los 50 a&ntilde;os del golpe, la pregunta que nos hacemos muchos chilenos y chilenas es c&oacute;mo fue posible tanto horror en una sociedad que hasta 1973 era una de las m&aacute;s democr&aacute;ticas y pac&iacute;ficas del continente. Tambi&eacute;n c&oacute;mo se gener&oacute; un aparato de represi&oacute;n y violencia de esta envergadura en pocos d&iacute;as, de d&oacute;nde salieron los verdugos y c&oacute;mo fue posible mantener durante tanto tiempo el silencio y la indiferencia ante estas atrocidades.
    </p><p class="article-text">
        En el pr&oacute;logo de un libro del que soy autora y que ser&aacute; publicado en las pr&oacute;ximas semanas, Michelle Bachelet, hace hincapi&eacute; en la anomal&iacute;a que representa que, 50 a&ntilde;os despu&eacute;s, las fuerzas pol&iacute;ticas en Chile sigan sin ser capaces de pactar una declaraci&oacute;n conjunta que condene el golpe de Estado de 1973 y afirme con rotundidad que nunca pueden repetirse en el pa&iacute;s cr&iacute;menes de lesa humanidad. Que lo vivido estos 50 a&ntilde;os debe servir para construir un futuro mejor y avanzar en el reconocimiento com&uacute;n de que la democracia y el respeto a los derechos humanos son bienes valiosos que debemos preservar bajo cualquier circunstancia.
    </p><p class="article-text">
        El presidente Gabriel Boric ha intentado pactar estos d&iacute;as una declaraci&oacute;n de m&iacute;nimos para que todas las fuerzas pol&iacute;ticas asuman la condena de estos hechos. No ha sido posible porque <a href="https://www.eldiario.es/internacional/negacionismo-crece-chile-50-anos-golpe-gobierno-salvador-allende_1_10489297.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la derecha se ha negado</a> aduciendo que generan divisi&oacute;n y abordan lo que sucedi&oacute; &ldquo;con una sola mirada&rdquo;. Incluso una diputada, Gloria Naveill&aacute;n, lleg&oacute; a calificar la violencia sexual contra las prisioneras como &ldquo;leyenda urbana&rdquo;. El presidente ha seguido adelante y ha anunciado <a href="https://www.eldiario.es/internacional/boric-lanza-inedita-politica-busqueda-victimas-desaparicion-forzada_1_10476313.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un plan de b&uacute;squeda para encontrar e identificar 1.092 personas detenidas desaparecidas</a> de las al menos 3.200 que, seg&uacute;n el Ministerio de Justicia, fueron asesinadas y sus cuerpos ocultados durante los 17 a&ntilde;os de dictadura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que desde la recuperaci&oacute;n de la democracia se han producido avances, porque hay condenas y una parte importante de la c&uacute;pula est&aacute; presa. Pero hay juicios que siguen abiertos, que no avanzan, y a los que la justicia no llega. En agosto pasado, la Corte Suprema por fin dictamin&oacute; <a href="https://www.eldiario.es/internacional/sentencia-definitiva-25-anos-carcel-militares-asesinaron-victor-jara_1_10471323.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una sentencia definitiva contra siete exmilitares por la tortura y asesinato del cantautor V&iacute;ctor Jara</a>, algo que ha permitido que ingresen en prisi&oacute;n. Pero son muchos los que sigue en lista de espera.
    </p><p class="article-text">
        El periodista Daniel Hopenhayn, autor del libro&nbsp;<em>As&iacute; se tortur&oacute; en Chile (1973-1990)</em> que recoge algunos pasajes del Informe Valech, dice en su introducci&oacute;n que si una sociedad sabe que tortur&oacute;, se lo pensar&aacute; dos veces antes de volver a hacerlo, y si sabe c&oacute;mo tortur&oacute;, es probable que abomine de la idea. A 50 a&ntilde;os del golpe, deber&iacute;amos a&ntilde;adir que comprometerse a que no volver&aacute; a suceder deber&iacute;a ser una obligaci&oacute;n ineludible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Daniel Hopenhayn intenta tambi&eacute;n esbozar una explicaci&oacute;n a la pregunta que planteaba m&aacute;s arriba, la de c&oacute;mo fue posible mantener la impunidad durante tantos a&ntilde;os ante las graves violaciones de los derechos humanos. Su respuesta es que entre las personas que aprueban y las indignadas, existe un tercer grupo mucho m&aacute;s numeroso, el de las indiferentes. Una insondable marea humana en cuyas espaldas descansa la impunidad de la bestia. Trabajar contra la indiferencia para que la bestia no vuelva a ser parte de nuestras vidas es una tarea que contin&uacute;a pendiente en Chile. Que todos y todas, votemos lo que votemos, no miraremos nunca m&aacute;s hacia otro lado y digamos alto y firme: nunca m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Beatriz Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/chile-no-decir_129_10502164.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Sep 2023 20:53:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Chile no consigue decir “nunca más”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Chile,Golpe de Estado,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Constitución tramposa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/constitucion-tramposa_129_10206871.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/11f9c66e-d2da-438e-99bf-f0a0c55bca99_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Constitución tramposa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es difícil vaticinar hacia dónde se encaminará el proceso constituyente en Chile. Cuanto más radical sea el texto que redacte la nueva asamblea constituyente, más posibilidades tendrá de ser rechazado en el plebiscito de diciembre</p></div><p class="article-text">
        El pr&oacute;ximo mes de septiembre se cumplir&aacute;n 50 a&ntilde;os del golpe militar que acab&oacute; con la democracia en Chile. Pocas personas habr&iacute;an imaginado hace dos a&ntilde;os que esta fecha fat&iacute;dica llegar&iacute;a no s&oacute;lo con la Constituci&oacute;n de Augusto Pinochet todav&iacute;a viva, sino con un proceso en marcha para sustituirla liderado por los mismos sectores que reivindican la dictadura.
    </p><p class="article-text">
        Incluso a m&iacute;, siendo chilena, me resulta dif&iacute;cil entender la monta&ntilde;a rusa pol&iacute;tica y emocional que vive mi pa&iacute;s desde que en octubre de 2019 se desat&oacute; el estallido social. El documentalista Patricio Guzm&aacute;n, que ha dedicado su vida a retratar e intentar entender nuestro pa&iacute;s, dec&iacute;a recientemente que Chile es un pa&iacute;s contradictorio, acostumbrado a sorprenderte. Un pa&iacute;s de terremotos que te toman por sorpresa. Y que eso no se cambia de la noche a la ma&ntilde;ana. O quiz&aacute;s no se cambia nunca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo dec&iacute;a despu&eacute;s de haber estrenado <em>Mi pa&iacute;s imaginario, </em>un documental que retrataba de forma po&eacute;tica y emotiva los acontecimientos ocurridos en torno al estallido social. Cuando lo rod&oacute;, nada parec&iacute;a augurar que los cambios pol&iacute;ticos y sociales que la sociedad chilena reclamaba no se har&iacute;an realidad. La enorme movilizaci&oacute;n se hab&iacute;a materializado en r&iacute;os de personas manifest&aacute;ndose y cantando al un&iacute;sono los himnos contra la desigualdad acu&ntilde;ados durante la dictadura. No hab&iacute;a motivos para pensar que la revuelta que se alimentaba con las piedras de la cordillera de los Andes no estaba anclada en un sentimiento profundo y sincero, que la protesta sal&iacute;a del coraz&oacute;n de Chile.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la historia del pa&iacute;s es tozuda y, s&oacute;lo dos a&ntilde;os despu&eacute;s, una parte mayoritaria de la ciudadan&iacute;a decidi&oacute; primero (en septiembre pasado) rechazar el texto constitucional que se le propon&iacute;a para dar respuesta a las demandas sociales. Ahora, ha decidido dejar en manos de la extrema derecha el futuro de las reformas que ten&iacute;an que cambiarlo todo.
    </p><p class="article-text">
        Los estudios de opini&oacute;n dicen que las personas que acudieron a votar el domingo lo hicieron pensando principalmente en la agenda pol&iacute;tica de la derecha y la extrema derecha: el aumento de la inmigraci&oacute;n y la criminalidad. El resultado, sin embargo, ha sido la p&eacute;rdida de una nueva oportunidad hist&oacute;rica para abordar las reformas que permitir&iacute;an hacer de Chile una sociedad m&aacute;s justa e igualitaria.
    </p><p class="article-text">
        Chile necesita una nueva Constituci&oacute;n por muchas razones. Una de ellas es abordar cuestiones trascendentales que llevan d&eacute;cadas en lista de espera, como lo es la protecci&oacute;n del medioambiente en un pa&iacute;s devastado por un modelo econ&oacute;mico que no ha puesto l&iacute;mites a la explotaci&oacute;n de los recursos naturales. Necesita un texto que mire al siglo XXI y ponga las bases para crear, aunque sea t&iacute;midamente, un estado de bienestar que procure salud, educaci&oacute;n, pensiones y unos derechos sociales b&aacute;sicos a una sociedad donde el 1% de la poblaci&oacute;n acumula el 25% de la riqueza.
    </p><p class="article-text">
        El pa&iacute;s necesita tambi&eacute;n dise&ntilde;ar un nuevo sistema de organizaci&oacute;n territorial y pol&iacute;tico que reemplace el actual, totalmente centralizado, por uno m&aacute;s federal que permita no s&oacute;lo que los pueblos originarios tengan un encaje institucional sino tambi&eacute;n que las regiones m&aacute;s alejadas, como&nbsp;Magallanes o Atacama, accedan a m&aacute;s autonom&iacute;a. Basta mirar un mapa del pa&iacute;s para constatar que es una anomal&iacute;a total que todas las decisiones se tomen en Santiago, a miles de kil&oacute;metros de distancia.
    </p><p class="article-text">
        Estas cuestiones fundamentales no han formado parte, sin embargo, del debate, ni en septiembre pasado, cuando se rechaz&oacute; el texto propuesto por la primera asamblea constituyente, ni ahora. El 7 de mayo pasado se eligi&oacute; una nueva convenci&oacute;n donde la formaci&oacute;n m&aacute;s numerosa es el Partido Republicano, de extrema derecha, que suma con la derecha tradicional 34 de los 50 esca&ntilde;os. Con estos n&uacute;meros podr&aacute;n escribir el texto que quieran ya que superan los tres quintos del qu&oacute;rum necesario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su primer anuncio ha sido que no har&aacute;n grandes cambios a la actual Carta Magna, un texto que el abogado y ex constituyente Fernando Atria bautiz&oacute; en 2015 como &ldquo;Constituci&oacute;n tramposa&rdquo;. Aprobada en 1980 por la dictadura, tuvo como principal objetivo blindar un modelo econ&oacute;mico neoliberal donde todas las cosas que son esenciales para el mantenimiento de la vida en Chile han sido privatizadas, incluso el agua. Es tramposa porque ha conseguido durante 40 a&ntilde;os relegar a los representantes pol&iacute;ticos a un mero papel de administradores, al punto que ninguno de los gobiernos de la Concertaci&oacute;n consigui&oacute;, a pesar de sus amplias mayor&iacute;as, sacar adelante ni una sola de las reformas estructurales que la ciudadan&iacute;a demandaba, porque la arquitectura institucional lo imped&iacute;a. Es lo que la escritora chilena Diamela Eltit defini&oacute; como una f&oacute;rmula segregadora impuesta por la dictadura, pensada milim&eacute;tricamente para debilitar el Estado y favorecer la ampliaci&oacute;n de los grandes capitales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la misma &eacute;poca en que Patricio Guzm&aacute;n reflexionaba acerca de la naturaleza desconcertante de Chile y de sus terremotos, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/patricio-guzman-retrata-revolucion-feminista-llevo-victoria-boric_1_9564712.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">constataba en estas p&aacute;ginas los riesgos que representaba que la revuelta que comenz&oacute; en 2019 no contara con l&iacute;deres ni con un programa ni una ideolog&iacute;a clara</a>. Esto pod&iacute;a ser aprovechado, dec&iacute;a, por la extrema derecha si las fuerzas progresistas del gobierno encabezado por Gabriel Boric no convenc&iacute;an con medidas claras. Sus palabras resuenan ahora como una profec&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil vaticinar hacia d&oacute;nde se encaminar&aacute; el proceso constituyente. Entre las propuestas del Partido Republicano se encuentra prohibir el aborto, y algunos de sus miembros han llegado a cuestionar el derecho a voto de las mujeres. Algo dif&iacute;cil de implementar pero que resulta una especie de broma del destino si tomamos en cuenta el gran componente feminista que tuvo el estallido social. No fue una casualidad que todas las voces escogidas por Patricio Guzm&aacute;n para contarlo en <em>Mi pa&iacute;s imaginario</em> fueran mujeres: eran ellas quienes llevaban la voz de la revuelta.
    </p><p class="article-text">
        Es probable que, mientras m&aacute;s radical sea el texto que redacte esta nueva asamblea constituyente, m&aacute;s posibilidades tendr&aacute; de ser rechazado en el plebiscito de diciembre. Un escenario que facilitar&iacute;a que Chile siga montado en esta monta&ntilde;a rusa que comenz&oacute; en octubre de 2019 con una subida del metro de 30 pesos y que, como invocaba el lema de la revuelta, era mucho, mucho m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Beatriz Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/constitucion-tramposa_129_10206871.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 May 2023 04:01:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Constitución tramposa]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Violencia sexual en tiempos de guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/violencia-sexual-tiempos-guerra_129_9015763.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/43218ef4-3c1b-4d4b-bd9a-9f9cab6c4d41_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Violencia sexual en tiempos de guerra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Ucrania se repite la historia. Mujeres y niñas violadas por ejércitos de ocupación. Berlín es uno de los pocos lugares que ha documentado uno de los crímenes de guerra más silenciados</p></div><p class="article-text">
        La retirada de tropas rusas de algunas zonas de Ucrania ha dejado im&aacute;genes de edificios destruidos y civiles muertos pero tambi&eacute;n testimonios de violaciones. Una de las m&aacute;s impactantes es la que hizo el alcalde de Bucha a mediados de abril que denunci&oacute; a las fuerzas de Mosc&uacute; de violar durante un mes a 25 ni&ntilde;as de entre 11 y 14 a&ntilde;os a las que mantuvieron encerradas en un s&oacute;tano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una historia de horror que no es nueva, que se repite guerra tras guerra y que a pesar de su brutalidad sigue representando uno de los cr&iacute;menes m&aacute;s frecuentes y m&aacute;s invisibilizados de los conflictos armados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as hemos recordado el fin de la Segunda Guerra Mundial y la liberaci&oacute;n de los campos de exterminio nazi pero poco hemos hablado de la violencia sexual que sufrieron millones de mujeres y ni&ntilde;as en Europa. Violaciones que nunca llegaron a documentarse correctamente. Sabemos que en Viena los hospitales informaron de 87.000 mujeres violadas durante las tres semanas siguientes al fin de la guerra y se estima, tambi&eacute;n, que al menos dos millones de mujeres alemanas fueron violadas por los soldados en las primeras semanas de ocupaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de ellas fue la primera esposa del excanciller alem&aacute;n, Helmut Kohl, Hannelore, v&iacute;ctima a los 12 a&ntilde;os de una violaci&oacute;n en grupo que le dej&oacute; una lesi&oacute;n cervical de por vida. No habl&oacute; de ello hasta que era una adulta pero las secuelas f&iacute;sicas y psicol&oacute;gicas la acompa&ntilde;aron hasta que se suicid&oacute; a los 68 a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Berl&iacute;n es uno de los lugares que m&aacute;s ha documentado la violencia sexual durante la Segunda Guerra Mundial. Se calcula que all&iacute; m&aacute;s de 100.000 mujeres y ni&ntilde;as fueron violadas. De &eacute;stas, unas 10.000 fallecieron a ra&iacute;z de unas agresiones de las que no se habl&oacute; durante d&eacute;cadas. Los archivos de los distritos de la ciudad guardan testimonios escritos en primera persona por ni&ntilde;as de menos de 12 a&ntilde;os que explican como fueron violadas repetidamente, a veces en presencia de su propia familia. S&oacute;lo en uno de ellos se registraron 995 peticiones de aborto producto de estos ataques.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antony Beevor, uno de los primeros historiadores que document&oacute; la violencia sexual durante las primeras semanas de ocupaci&oacute;n, constata en su libro <em>Berl&iacute;n, la ca&iacute;da. 1945</em> que los soldados rusos violaron a todas las mujeres de la ciudad que ten&iacute;an entre ocho y ochenta a&ntilde;os. El libro describe violaciones en grupo de 20 &oacute; 30 hombres y el ataque a una maternidad que hac&iacute;a las veces de orfanato donde monjas, ni&ntilde;as, ancianas, mujeres embarazadas y otras que acababan de dar a luz fueron violadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Berl&iacute;n no s&oacute;lo ha documentado la violencia sexual sufrida por mujeres y ni&ntilde;as alemanas, ha hecho bastante tambi&eacute;n por rescatar del olvido la que perpetr&oacute; el ej&eacute;rcito nazi. En el Museo Ruso Alem&aacute;n es posible acceder a testimonios gr&aacute;ficos de mujeres asesinadas en Crimea. Las im&aacute;genes son siempre las mismas: cuerpos que yacen en el suelo, la ropa desgarrada y manchada de sangre, a veces con las negras marcas de golpes visibles en las piernas.
    </p><p class="article-text">
        Pocos libros han profundizado en la violencia sexual durante la Segunda Guerra Mundial. Uno de ellos es <em>Una mujer en Berl&iacute;n</em>. Escrito en forma de diario por su protagonista, relata las primeras semanas de ocupaci&oacute;n, como se normalizaron las violaciones en grupo y c&oacute;mo muchas mujeres accedieron a convertirse en amantes fijas de un soldado a cambio de protecci&oacute;n. Lo que la historiadora Susan Brownmiller describe como &ldquo;la l&iacute;nea turbia que divide la violaci&oacute;n en tiempos de guerra de la prostituci&oacute;n en tiempos de guerra&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La autora de <em>Una mujer en Berl&iacute;n</em>, que insisti&oacute; en permanecer en el anonimato, relata como ella misma fue traicionada por un grupo de vecinos que le pidi&oacute; ayuda para evitar una violaci&oacute;n en grupo y acab&oacute; siendo v&iacute;ctima de los depredadores sin que nadie hiciera nada por protegerla. El hecho que Alemania fuera uno de los &uacute;ltimos pa&iacute;ses en publicar este libro revela hasta que punto el tema ha sido y sigue siendo un tab&uacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En est&aacute;s p&aacute;ginas, los enviados especiales a Ucrania, han descrito situaciones muy parecidas a las que relata la autora de <em>Una mujer en Berl&iacute;n</em> pero tambi&eacute;n la escritora rumana Alaine Polcz en <em>Una mujer en el frente</em>, que fue ella misma violada primero por los alemanes y luego por los rusos.
    </p><p class="article-text">
        Madres que esconden a sus hijas, mujeres encerradas durante d&iacute;as que son violadas repetidamente y que cada vez se preguntan si adem&aacute;s ser&aacute;n asesinadas. Las personas que atienden a algunas de las v&iacute;ctimas de Ucrania dicen que la mayor&iacute;a comenzar&aacute; a hablar despu&eacute;s de meses, cuando hayan asumido lo que les ha ocurrido. Cuando superen la verg&uuml;enza o el sentimiento de ser ellas mismas culpables de un crimen de guerra que no fue tipificado como tal hasta 2008 por la Corte Penal internacional y que sigue quedando mayoritariamente en silencio aunque representa la peor cara de los conflictos armados.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Beatriz Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/violencia-sexual-tiempos-guerra_129_9015763.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 May 2022 04:01:38 +0000]]></pubDate>
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