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    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier Giner]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/javier-giner/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier Giner]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['Contigo aprendí', una canción sin rima de Javier Giner a Pedro Almodóvar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/aprendi-cancion-rima-javier-giner-pedro-almodovar_129_11681828.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/454eabb3-7e8c-4e26-8be2-b3ae107569fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2309y2097.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Contigo aprendí&#039;, una canción sin rima de Javier Giner a Pedro Almodóvar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor y director que estos días presenta la serie basada en su libro 'Yo, adicto', escribe una carta-homenaje al cineasta manchego, con quien trabajó en El Deseo, para felicitarle por el premio Donostia que recibirá este jueves en el Festival de San Sebastián</p><p class="subtitle">Pedro Almodóvar hace historia y logra el León de Oro en Venecia con ‘La habitación de al lado’
</p></div><p class="article-text">
        Contigo aprend&iacute; que el cine, el deseo y la pasi&oacute;n mueven monta&ntilde;as y dan sentido a la vida. Que defender mi lugar en el mundo y mi forma de sentir es un acto de dignidad y poder&iacute;o revolucionarios. Que la valent&iacute;a, el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/pedro-almodovar-extrema-derecha-quiere-convertir-menores-migrantes-invasores-estupido-e-injusto_1_11623445.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">compromiso</a> y la autenticidad irreductible son ox&iacute;geno necesario en una realidad como la nuestra y valen la pena, por mucha soledad e incomprensi&oacute;n que puedan provocar. Que es posible derribar muros y cambiar el mundo expres&aacute;ndose con libertad y existiendo. Que la creaci&oacute;n y una pantalla son nuestros mejores aliados. Que no importa lo que digan ni lo que opinen ni el triunfo que resulte, solo importa ser dr&aacute;sticamente honesto con uno mismo y con el resto.
    </p><p class="article-text">
        Contigo aprend&iacute; que la familia elegida es tan trascendente y vital como la biol&oacute;gica. Que las redes de afectos nos salvan y que es posible construir universos ficticios y reales que socorran vidas an&oacute;nimas y que hagan el dolor m&aacute;s soportable. Que la grandeza art&iacute;stica no est&aacute; re&ntilde;ida con la generosidad y empat&iacute;a personales y que el cine nunca es solo cine porque nos hace m&aacute;s humanos y nos explica y nos ayuda a comprendernos mejor. Que la sala de cine en tu compa&ntilde;&iacute;a es un espejo y un grito y tambi&eacute;n un abrazo y una caricia.
    </p><p class="article-text">
        Aprend&iacute; que no hay nada art&iacute;sticamente m&aacute;s valioso que el riesgo y la incertidumbre y el inconformismo y la b&uacute;squeda constante y la reinvenci&oacute;n y la defensa a ultranza de aquello en lo que crees. Que recibir directrices como &ldquo;esto no se ha hecho nunca&rdquo; o &ldquo;esto no se puede hacer&rdquo; no son obst&aacute;culos, sino gasolina para asegurarse de que lo haces. Que la visi&oacute;n personal del mundo puede ser poderosamente universal porque las emociones sinceras y la humanidad no entienden de idiomas.
    </p><p class="article-text">
        Y a darlo todo, la vida, por aquello que me conmueve yo contigo lo aprend&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Contigo aprend&iacute; que la reivindicaci&oacute;n del diferente y del extra&ntilde;o y del confundido y del juzgado y del olvidado es algo a defender. Que la tolerancia es una manera de vivir. Que dotar de voz a los seres silenciados es una forma de po&eacute;tica justicia. Que las palpitaciones y la expresi&oacute;n descarnada de las mismas, en todas sus variantes posibles, es necesario en este mundo donde cada vez hablamos menos y peor y somos m&aacute;s cobardes. Que la oscuridad no siempre es lo opuesto a la luz y que, al final del camino, la vida siempre se abre paso y triunfa.
    </p><p class="article-text">
        Contigo aprend&iacute; que el drama es drama y la comedia es comedia pero que a menudo en la vida y en el cine pueden ir intr&iacute;nsecamente unidos. Que la alta y baja cultura son etiquetas obsoletas. Que los colores y los cuadros y la ropa a veces tambi&eacute;n son di&aacute;logos que expresan m&aacute;s que las palabras. Que todos los g&eacute;neros supuestamente intocables no lo son y que el melodrama m&aacute;s arrebatado puede resultar austero y la austeridad puro arrebato. Que los actores y actrices son criaturas mitol&oacute;gicas y fr&aacute;giles que merecen todo el cari&ntilde;o, dedicaci&oacute;n y cuidado. Que lo m&aacute;s dif&iacute;cil de conseguir es que todo parezca sencillo cuando no lo es y que se puede ser exigente sin ser un tirano. Que las reglas existen para poder deso&iacute;rlas en pos de encontrar la legitimidad y nacimiento de una voz &uacute;nica. Que muchos y muchas vinieron antes y nos dejaron mensajes en su camino y que todo se construye desde la curiosidad incansable por tu oficio y sus maestros.
    </p><p class="article-text">
        Aprend&iacute; que todo lo que te rodea en un set de rodaje es valios&iacute;simo y que forma parte de la enorme orquesta y que la afinaci&oacute;n de todos sus elementos, por peque&ntilde;os que sean, es necesaria para el resultado final. Que la vida es m&aacute;s llevadera si est&aacute; atravesada por el ardor de la ficci&oacute;n en todas sus formas. Y que la realidad, a menudo, es mucho menos real que la invenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aprend&iacute; que la maestr&iacute;a no se consigue de la noche a la ma&ntilde;ana, sino con un largu&iacute;simo camino de dedicaci&oacute;n ol&iacute;mpica, esfuerzos, negativas, decepciones y luchas internas. Y que la avidez creativa por todas las disciplinas (arte, literatura, m&uacute;sica, moda, arquitectura, teatro, danza&hellip;) es alimento para d&iacute;as lluviosos y sosegados y para la inspiraci&oacute;n solitaria.
    </p><p class="article-text">
        Aprend&iacute; que se puede estar orgulloso de tu tierra y tu pa&iacute;s sin patriotismos vac&iacute;os, sinti&eacute;ndolo parte de ti y defendi&eacute;ndolo por medio mundo. Que no solo es importante qu&eacute; haces, sino c&oacute;mo lo haces y para qu&eacute; y para qui&eacute;n lo haces.
    </p><p class="article-text">
        Y contigo aprend&iacute; que existe una responsabilidad inherente y oculta al hecho de la creaci&oacute;n y que la ejerzas con libertad incondicional, con entrega absoluta y sinceridad radical nos ha hecho mejores personas, espectadores y pupilos.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/pedro-almodovar-premio-donostia-festival-san-sebastian-eus_1_11588901.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recibes el Premio Donostia</a> me gustar&iacute;a aprovechar este texto para agradecerte de todo coraz&oacute;n una vida de aprendizajes. Y los que quedan.
    </p><p class="article-text">
        Felicidades, Pedro, maestro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Giner]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/aprendi-cancion-rima-javier-giner-pedro-almodovar_129_11681828.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Sep 2024 20:14:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Contigo aprendí', una canción sin rima de Javier Giner a Pedro Almodóvar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pedro Almodóvar,Películas,Festival de Cine de San Sebastián,Premios,Premio Donostia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Chemsex: No sé cómo hablar de esta epidemia que nos está destrozando]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/chemsex-no-hablar-epidemia-destrozando_129_9019867.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2bd843de-5353-4cf6-a616-d572fd7f9950_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Chemsex: No sé cómo hablar de esta epidemia que nos está destrozando"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando sabes lo que otros están sufriendo, porque tú lo has sufrido, toca decirlo. Toca ayudar como sea y como puedas. Toca exponerlo sin reparos, aunque te caiga la del pulpo</p><p class="subtitle">La adicción al Chemsex: “Tu vida es sexo-sobrevivir-dormir-droga”</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as escrib&iacute; este hilo en Twitter: &ldquo;<em>Me preocupa much&iacute;simo c&oacute;mo tratar p&uacute;blicamente la epidemia del chemsex en la poblaci&oacute;n homosexual. Por un lado, no quiero estigmatizar. Por otro, creo que se debe hablar alto y claro del tema sin esconderlo. Y no llego a ninguna certeza de c&oacute;mo se puede hablar de ello. C&oacute;mo hablar del destrozo f&iacute;sico, psicol&oacute;gico y emocional que las nuevas sustancias, los h&aacute;bitos de consumo y los rituales asociados a estas pr&aacute;cticas est&aacute;n provocando en demasiados homosexuales de 18 a 50 a&ntilde;os. C&oacute;mo explicar las cotas de deshumanizaci&oacute;n y degradaci&oacute;n a las que se puede llegar sin sonar moralista o sin que parezca que est&aacute;s juzgando la vida sexual de las personas. Es algo en lo que pienso a menudo. Y me debato en c&oacute;mo debe hacerse. Esconderlo, como si no existiese, no ayuda. Enarbolar la libertad como defensa, tampoco. Porque lo que acontece tiene poco que ver con la libertad y mucho con la enfermedad. No os pod&eacute;is imaginar la cantidad de chicos gays que me han escrito a ra&iacute;z de &rdquo;Yo, adicto&ldquo; con vidas, situaciones, problem&aacute;ticas e historias que son relatos de terror. Que me impresionan a m&iacute; (y puedo asegurar que tengo el culo pelado). Creo que es vital que se hable de ello, que hablemos de ello. &iquest;C&oacute;mo? No tengo ni idea. Ojal&aacute; lo supiera</em>&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Al poco tiempo, se desat&oacute; un peque&ntilde;o <em>apocalipsis</em> en mi tel&eacute;fono. Muchas personas del colectivo me apoyaron y tuve la certeza de que sab&iacute;an perfectamente las dimensiones del problema y de lo que yo hablaba; los neandertales hom&oacute;fobos (y machistas) aprovecharon que pasaba por ah&iacute; el r&iacute;o para insultarme y soltar berridos contra toda la comunidad; otros me desaprobaron diciendo aquello de &ldquo;los heteros tambi&eacute;n follan con drogas&rdquo;. Independientemente de las reacciones, el hilo era honesto. Estos &uacute;ltimos meses no paro de reflexionar sobre c&oacute;mo hablar del chemsex y de esta epidemia que est&aacute; diezmando a la comunidad gay (hablo de comunidad gay y no lgtbi porque el chemsex est&aacute; asociado principalmente a hombres gais y bisexuales).
    </p><p class="article-text">
        Yo, en lo que va de 2022, llevo dos muertes a mis espaldas: un suicidio y una sobredosis. Sobre ambas revolotea el fantasma del chemsex. Llevo decenas y decenas de mensajes recibidos de hombres desesperados que no saben qu&eacute; hacer porque est&aacute;n destrozando su vida, son conscientes y no saben c&oacute;mo salir de la espiral porque no pueden parar. Eso, por muy salvaje que resulte decirlo, es lo que es: la enfermedad de la adicci&oacute;n. Todos los hombres gais que vivimos en las grandes ciudades espa&ntilde;olas hablamos de ello: por whatsapp, en cenas, en grupos de deporte, en conciertos. Todos conocemos a alguien que ha tenido un problema o est&aacute; pasando por algo tremendo. Muchos de nosotros conocemos de primera mano p&eacute;rdidas de trabajos, de casas, de parejas; ingresos psiqui&aacute;tricos; intentos de suicidio; enfermedades mentales y f&iacute;sicas. En algunos casos, los m&aacute;s terribles, p&eacute;rdidas de vidas.
    </p><p class="article-text">
        Por todo esto me parece fundamental hablar de ello. Voy a intentar hacerlo abiertamente en este art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        No es un texto moralista ni condescendiente. No tengo el m&aacute;s m&iacute;nimo inter&eacute;s en juzgar la vida sexual libre y los h&aacute;bitos o modos de vida de las personas. Creo en una sexualidad abierta, constructiva e imaginativa y en el placer, sea este cual sea y de la manera que sea, como uno de los grandes regalos que tenemos los seres humanos para explorar, para compartir y para entendernos. No considero que la salud afectivo sexual est&eacute; regida por normas inviolables de &ldquo;c&oacute;mo se deben hacer las cosas&rdquo;. La vida no es nunca un guion. Cada uno sabe qu&eacute; le hace feliz y qu&eacute; es lo que disfruta. Nada en contra del disfrute y, mucho menos, de la felicidad. Adem&aacute;s, no estoy yo en ninguna posici&oacute;n para poder juzgar nada. Como ex adicto (o adicto recuperado) he practicado y hecho casi todo lo que pod&eacute;is imaginar y m&aacute;s. No tengo nada de santo y no soy ejemplo de nada ni m&aacute;s listo que el resto. Pero s&eacute; de lo que hablo. Eso, aunque no me convierte en una autoridad m&eacute;dica, s&iacute; me hace tener una voz personal al respecto, porque yo pas&eacute; por ah&iacute; y atraves&eacute; el infierno de la adicci&oacute;n a sustancias y al sexo. Por eso s&eacute; perfectamente que demonizar el uso de sustancias o el se&ntilde;alamiento no sirve de nada. Pero cuando a tu alrededor compruebas las dimensiones del problema urge levantar la voz y al menos decir: ojo, existe un problema y nos afecta a todos. Est&aacute; pasando algo tremendo y necesitamos hablar de ello. Cuando sabes lo que otros est&aacute;n sufriendo, porque t&uacute; lo has sufrido, toca decirlo. Toca ayudar como sea y como puedas. Toca exponerlo sin reparos, aunque te caiga la del pulpo. El silencio, los susurros, el mirar hacia otro lado lo &uacute;nico que consigue es que el abismo se haga cada vez m&aacute;s grande. Por eso este texto.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, he asistido al crecimiento exponencial del chemsex en la comunidad de hombres gais y bisexuales, la m&iacute;a. He visto c&oacute;mo gente maravillosa y v&aacute;lida ha destrozado su realidad, como yo la destroc&eacute;. Saber perfectamente por lo que est&aacute;n pasando lo hace todav&iacute;a m&aacute;s doloroso de ver. Y la pandemia y sus efectos devastadores sobre la salud mental de la poblaci&oacute;n no han hecho m&aacute;s que multiplicar la epidemia. En estos &uacute;ltimos meses he comprobado de primera mano c&oacute;mo el chemsex se ha convertido en una alternativa de ocio para un tanto por ciento elevado de la comunidad. Realmente me dan igual los n&uacute;meros. Con que haya una sola persona me basta y me preocupa. Nadie deber&iacute;a pasar por eso. Pero la realidad es que son muchos, much&iacute;simos, demasiados. Hace poco, la educadora social que me ayud&oacute; a recuperar mi vida, que me sac&oacute; del hoyo, me explic&oacute; c&oacute;mo las cl&iacute;nicas de desintoxicaci&oacute;n de toda Espa&ntilde;a est&aacute;n llenas de hombres con adicciones por el chemsex, que la red p&uacute;blica de apoyo est&aacute; desbordada y que esta epidemia tiene todas las caracter&iacute;sticas de una crisis de salud p&uacute;blica. Lleg&oacute; a decirme que yo hab&iacute;a tenido suerte porque si mis adicciones hubiesen ocurrido ahora, en este presente, yo probablemente estar&iacute;a ya muerto. En los &uacute;ltimos tiempos, yo mismo, despu&eacute;s de que me contactasen a ra&iacute;z de la publicaci&oacute;n de &ldquo;Yo, adicto&rdquo;, he derivado a j&oacute;venes y no tan j&oacute;venes a Narc&oacute;ticos An&oacute;nimos, a StopSIDA, a ApoyoPositivo y a diferentes organizaciones y grupos que est&aacute;n ya desde hace tiempo creando espacios dedicados &uacute;nicamente a este fen&oacute;meno, porque entienden la dimensi&oacute;n del problema que est&aacute; diezmando vidas, trabajos, futuros. Pero vayamos por partes. Me adelanto yo solo.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que hay que dejar claro es que s&iacute;, es evidente: &ldquo;follar con drogas&rdquo; no es patrimonio gay ni much&iacute;simo menos. Ser&iacute;a una idiotez (adem&aacute;s de homofobia) relacionar las drogas con &ldquo;la vida gay&rdquo;. Los heteros se ponen finos. De hecho, en este pa&iacute;s, todo el mundo se pone fino (comenzando con el alcohol que, por mucho que les pese a ciertos partidos pol&iacute;ticos, s&iacute;, es una droga y una muy jodida). Lo que ocurre es que algunos heterosexuales, ya sab&eacute;is de qui&eacute;n hablo, s&iacute; son expertos en la manipulaci&oacute;n y la demagogia: en se&ntilde;alar a los otros mientras ellos hacen lo mismo (o peor). En usar a los dem&aacute;s, normalmente colectivos oprimidos y vulnerables, para verter sobre ellos toda su hipocres&iacute;a y doble moral, estigmatizando y condenando desde una tribuna de moral que ni es tribuna ni es nada. Hablo de todos esos que llaman a las mujeres &ldquo;putas&rdquo; desde el sof&aacute; de un puticlub. De todas esas que condenan las drogas mientras estructuran sus campa&ntilde;as pol&iacute;ticas sobre la libertad de ponerse ciego a ca&ntilde;as. De todas estas personas tambi&eacute;n hay muchas en Espa&ntilde;a. A veces me aterroriza pensar que cada vez son m&aacute;s. Quiero pensar que es solo un espejismo.
    </p><p class="article-text">
        Pero el tema es que el chemsex no es &ldquo;follar con drogas&rdquo; (o con &ldquo;qu&iacute;micos&rdquo;, de ah&iacute; chemsex: <em>chemical sex</em>). El chemsex es mucho m&aacute;s preciso que eso. Se trata de un fen&oacute;meno espec&iacute;fico y con caracter&iacute;sticas que lo diferencian de &ldquo;follar con drogas&rdquo;. La diferencia es muy importante, para saber de qu&eacute; estamos hablando. Cuando nos referimos al chemsex no hablamos de fumarte unos porros y echar un polvo. Ni siquiera de salir a bailar, tomar MDMA e irte a hacer un tr&iacute;o porque te apetece. Las sustancias utilizadas en el chemsex son &ldquo;nuevas&rdquo;: mefedrona (mefe), meta anfetamina (tina), GHB. Es cierto que en las sesiones de chemsex hay todo tipo de drogas (MDMA, coca&iacute;na, viagra, etc), pero esas que he mencionado son las m&aacute;s predominantes. Las v&iacute;as de administraci&oacute;n son tambi&eacute;n diferentes: v&iacute;a intravenosa, anal, etc. Y los rituales de consumo y h&aacute;bitos son tambi&eacute;n muy concretos y diferenciados: largas quedadas que duran d&iacute;as en los que incluso entre los participantes costean los espacios donde se hacen, con rutinas muy establecidas y el apoyo desinteresado de todas las aplicaciones que conocemos. Tampoco quiero entrar al detalle en lo que ocurre en estos espacios. Creo que todos los que formamos parte de la comunidad sabemos de lo que hablo: todos conocemos a alguien o nos han llegado las leyendas, etc. Todos sabemos lo que son los chills, las sesiones, las chuches, el chorri, etc. Muchos de nosotros vivimos rodeados de estas pr&aacute;cticas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso es necesario se&ntilde;alar que esto, el chemsex, est&aacute; relacionado predominantemente con los hombres gais y bisexuales. Y hacerlo no es homofobia ni estigmatizaci&oacute;n: es una realidad comprobable y documentada. Ya hay alg&uacute;n heterosexual que participa de todo esto, pero su presencia es residual. Adem&aacute;s, se da una circunstancia, como en cualquier tipo de adicci&oacute;n, que lo hace todo a&uacute;n m&aacute;s problem&aacute;tico: es algo absolutamente transversal. No conoce de edades, ni de clases ni de razas. El chemsex afecta por igual a abogados o farmac&eacute;uticos que a camareros o peones, a gente con estudios y a gente que no los tiene, a gente tremendamente joven que a gente con una edad y una experiencia vital m&aacute;s longeva. Y, cualquiera que haya hablado o conocido a alguien que se encuentra inmerso en la espiral destructiva del chemsex sabe que estoy hablando de algo muy oscuro y perverso: estoy hablando de autodestrucci&oacute;n y adicci&oacute;n, con todas las letras. De algo que no tiene ninguna relaci&oacute;n con la libertad sexual, ni con una promiscuidad orgullosa, ni siquiera con el placer.&nbsp; A menudo, cuando hablas con personas que practican chemsex, suele aparecer una frase que se repite: &ldquo;ni siquiera lo disfruto&rdquo;. Esa es una se&ntilde;al inequ&iacute;voca de que, al contrario de lo que algunos dicen, ciertas pr&aacute;cticas y adicciones est&aacute;n &iacute;ntimamente relacionadas al dolor y al sufrimiento, no al placer ni a la libertad. A querer escapar desesperadamente de una falta de afectos, de una falta de futuro, de estabilidad&hellip; y esconden problemas mucho m&aacute;s profundos que el uso de las sustancias o el sexo. Problemas sist&eacute;micos como la precariedad material y emocional que tienen poco que ver con el individuo y mucho con la sociedad que construimos entre todos.
    </p><p class="article-text">
        Y no, todo esto no tiene nada que ver con una supuesta libertad, porque la realidad es que no se es libre bajo el efecto de las drogas o la adicci&oacute;n. De hecho, uno de los mayores dramas de esta enfermedad y de las sustancias es que sepulta el &ldquo;yo&rdquo;: la capacidad de tomar decisiones reflexionadas, erosionando los instrumentos internos que te permiten saber lo que quieres, c&oacute;mo y cu&aacute;ndo lo quieres. La espiral de compulsi&oacute;n y gratificaci&oacute;n instant&aacute;nea no tiene nada que ver con la libertad y mucho con patrones enfermos. De nuevo, lo digo con conocimiento de causa. Yo me descubr&iacute; a menudo haciendo cosas que nunca quise hacer, que me da&ntilde;aban a niveles profundos y que, sin embargo, continuaba haciendo porque era incapaz de parar. Porque algo ajeno a m&iacute; hab&iacute;a tomado el tim&oacute;n y se hab&iacute;a adue&ntilde;ado de mis decisiones. Eso no es ser libre. Al contrario, es ser esclavo: de una sustancia, de la aprobaci&oacute;n grupal o de unas rutinas, me da lo mismo. Hay un mecanismo perverso en la adicci&oacute;n: la justificaci&oacute;n y ausencia de conciencia de enfermedad. El autoenga&ntilde;o. Yo mismo me negaba ser adicto, no era capaz de identificarme como tal. Yo no era yonqui, eran los dem&aacute;s. Yo era libre, irreverente y viv&iacute;a mi vida sin atender a las aburridas rutinas de la sociedad gris. Tuve que pegarme varios sustos gordos antes de poder admitirme que, efectivamente, era un enfermo y necesitaba ayuda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y si en la comunidad no entendemos que el chemsex no puede ser una alternativa de ocio, si no comprendemos que el chemsex no es lo mismo que correrse una juerga bailando en una discoteca hasta el amanecer, que el chemsex ni siquiera es lo mismo que el sexo en grupo o la experimentaci&oacute;n sexual o una vida libre de conceptos cat&oacute;licos de culpa y castigo, entonces tenemos un problema serio de conciencia comunitaria. Si no somos capaces de hablar de ello abandonando los dos polos presentes en todas las conversaciones, el puritanismo cat&oacute;lico por un lado o la ausencia completa de l&iacute;mites por otro, tenemos un problema comunitario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A menudo, esto lo he hablado con algunos pol&iacute;ticos de diversos signos, no se sabe qu&eacute; hacer desde la pol&iacute;tica con esta epidemia. Saben que existe, pero no saben c&oacute;mo aplicar estrategias para solucionarla. Que siempre han faltado recursos para este tipo de temas es algo que es evidente. Que, adem&aacute;s, en este caso concreto deber&iacute;an ser pol&iacute;ticas especificas para un colectivo (a poder ser no atravesadas por las normas de conducta heteropatriarcales) lo hace a&uacute;n m&aacute;s complejo. No hace falta ser Bauman. Que hay mucha gente en la pol&iacute;tica que intenta hacer todo lo posible tambi&eacute;n. Me consta. Pero no es suficiente. Est&aacute; lejos de serlo. Nadie quiere abrir el mel&oacute;n, nadie quiere exponerlo a la luz p&uacute;blica. Muchos temen que al hacerlo les estemos dando munici&oacute;n gratuita a los partidos hom&oacute;fobos que, lamentablemente, existen en nuestro pa&iacute;s. Otros temen aparecer como moralistas o como enjuiciadores de los dem&aacute;s. Pero mientras nosotros, los que estamos a salvo, nos perdemos en debates est&eacute;riles sobre si hablar de chemsex y se&ntilde;alar su existencia problem&aacute;tica es homofobia o estigmatizaci&oacute;n, hay miles de personas ah&iacute; afuera que est&aacute;n sufriendo y sobreviviendo en un infierno de consecuencias tremebundas. 
    </p><p class="article-text">
        Y puede que hablar de chemsex sea darle munici&oacute;n a la derecha y a la extrema derecha para que vuelvan a insultarnos o a llamarnos degenerados. Pero con toda honestidad, me importa un pimiento. Sinceramente, me importa muy poco lo que piensen o digan. Que se ahoguen en su odio. No quiero seguir callado para &ldquo;no darles munici&oacute;n&rdquo;. S&eacute; que, hagamos lo que hagamos, no vamos a conseguir su respeto ni su aprobaci&oacute;n. Podr&iacute;amos ser todos ciudadanos ejemplares (como ellos pretender ser, nada m&aacute;s lejos de la realidad) y seguir&iacute;an con su homofobia y sus discursos de odio. Pero mientras nosotros estamos callados para que no se diga de nosotros lo que sea, hay miles de personas del colectivo que est&aacute;n sufriendo, que est&aacute;n viendo sus vidas destrozadas y que, con toda seguridad, necesitan nuestra ayuda y nuestro apoyo. Vuelvo a repetirlo, para que quede claro: personas que nos necesitan. Que necesitan la mejor versi&oacute;n de nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Si algo he aprendido en la vida es que de este tipo de enfermedades y situaciones no se sale ni se ayuda con juicios, con moralidades, con insultos, con marginaci&oacute;n ni con se&ntilde;alamiento. Al contrario, la &uacute;nica manera de ayudar es con empat&iacute;a, con humanidad, con aceptaci&oacute;n, compasi&oacute;n, comprensi&oacute;n, cuidados y cari&ntilde;o. Suena a hippie flower, pero no lo es. Por eso me parece fundamental que hablemos alto y claro de esta epidemia que est&aacute; diezmando a la poblaci&oacute;n gay.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alguna vez me he encontrado dentro de la comunidad a gais ungidos por la mano de una supuesta perfecci&oacute;n que te dicen: &ldquo;Es su problema&rdquo;. Me recuerda mucho a aquello de &ldquo;si es yonqui es porque &eacute;l quiere, nadie le ha obligado&rdquo;. En fin, personas que no son capaces de ver al otro. Personas demasiado entregadas a mirarse su propio ombligo. Pero no, &ldquo;no es su problema&rdquo;. El t&eacute;rmino comunidad es grupo. Y quiero, necesito pensar, que nosotros lo sabemos hacer mucho mejor que eso. Quiero pensar que podemos hablar calmadamente de las cosas que nos pasan sin tirarnos los trastos a la cabeza y sin lanzar zascas a diestro y siniestro. Que podemos unir las manos y salir juntos de esto.
    </p><p class="article-text">
        Hubo algo trascendental que aprend&iacute; en mi desintoxicaci&oacute;n: el poder del grupo y la sanaci&oacute;n de la palabra y el compartir con otros. De estos infiernos nunca se sale solo, jam&aacute;s. Se sale con ayuda profesional y con una red de apoyo y de afectos. Quiero pensar que los que estamos a salvo podemos ser esa red para los que, lamentablemente, se han perdido en ese abismo. Quiero pensar que podemos hablar de las cosas que nos ocurren en el colectivo: los apegos, la inmediatez de las aplicaciones, la hipersexualizaci&oacute;n, las herencias patriarcales, la homofobia interiorizada, la gordofobia, los est&aacute;ndares inalcanzables, el machismo, el edadismo, la libertad sexual, las nuevas formas de relaci&oacute;n, etc. Que podemos debatirlas para hacernos m&aacute;s fuertes y unirnos m&aacute;s. Suena a utop&iacute;a, pero me niego a pensar que no somos capaces. Creo fervientemente que si alguien es capaz de no juzgar, de no estigmatizar, de no condenar al ostracismo, a la soledad y al silencio, somos precisamente nosotros. Que si alguien conoce la importancia de los cuidados, del respeto, de la aceptaci&oacute;n y de los abrazos, somos nosotros.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&iquest;Cu&aacute;l es la soluci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; se puede hacer? No tengo las respuestas. Ojal&aacute; las tuviera. Lo pienso y lo reflexiono pr&aacute;cticamente a diario. Es algo que me preocupa much&iacute;simo. Solo s&eacute; que el silencio no es la contestaci&oacute;n a esta pregunta. Al contrario, el silencio alimenta el oscurantismo y la estigmatizaci&oacute;n, la incomprensi&oacute;n y la culpa. Atravesando lo que yo atraves&eacute;, no podr&iacute;a perdonarme no poner sobre la mesa esta epidemia para intentar que tomemos conciencia de sus dimensiones y que arrimemos el hombro, para instaurar los amores, los abrazos, la compa&ntilde;&iacute;a y el apoyo. Que nos olvidemos de los cuerpos, de nuestras fotos de Instagram, de los debates est&eacute;riles de Twitter y que pongamos el foco en lo que est&aacute; ocurriendo a nuestro alrededor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Creo que es necesario, como nunca, que construyamos comunidad y que seamos la red de apoyo de la que muchas personas, ahora mismo, est&aacute;n necesitadas. Es capital que lo hagamos y que nos unamos. Nos estamos jugando, literalmente, la vida. Y a los otros, a los que nunca nos van a respetar, a los que, hagamos lo que hagamos nos van a se&ntilde;alar y a condenar, que les jodan. No son importantes. Tenemos algo mucho m&aacute;s urgente a lo que atender: nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; podamos decirles a todas esas personas que est&aacute;n sufriendo que estamos aqu&iacute; para ellos. Que en este partido jugamos todos en el mismo equipo. Y que lo vamos a ganar juntos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Giner]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/chemsex-no-hablar-epidemia-destrozando_129_9019867.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 May 2022 20:40:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Chemsex: No sé cómo hablar de esta epidemia que nos está destrozando]]></media:title>
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