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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Miguel Hernández León]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan-miguel-hernandez-leon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Miguel Hernández León]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Rituales del odio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/rituales-odio_129_10839391.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/89ec1099-ba88-4b37-a318-425975f4c44e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rituales del odio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las patochadas organizadas por elementos proto-fascistas ante la sede nacional del PSOE parecen responder al impulso de un incontrolado odio. Pero la escenografía desplegada parece conducir a la memoria de rituales conocidos</p></div><p class="article-text">
        Las patochadas organizadas en los pasados d&iacute;as por elementos proto-fascistas ante la sede nacional del PSOE en Madrid parecen responder al impulso de un incontrolado odio. Pero la escenograf&iacute;a desplegada parece conducir a la memoria de rituales conocidos: rezos de los que no sabemos de manera exacta su objetivo: si solicitan la ira divina o piden perd&oacute;n por la propia culpa, acompa&ntilde;ados por el apaleamiento del grotesco mu&ntilde;eco que pretend&iacute;a representar al <em>traidor odiado</em>. Mascaradas o rituales de odio de alguna manera, para las que se puede aceptar una explicaci&oacute;n basada en las razones ideol&oacute;gicas que la justificar&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, aquella conjunci&oacute;n de lo <em>sagrado y </em>lo<em> profano </em>permite la posibilidad de un an&aacute;lisis que nos remonta hasta mitos originarios que sirven como modelos. La antropolog&iacute;a resulta necesaria para comprenderlos en profundidad: releer a Georges Dum&eacute;zil, Frazer, Mircea Eliade, o Levi-Strauss, entre otros, ayudar&iacute;an, con toda posibilidad, a comprender a esos rituales que se refugiaron en el folklore popular.
    </p><p class="article-text">
        Hay suficientes analog&iacute;as para su descripci&oacute;n, sin olvidar aquellas oleadas de violencia en el norte de &Aacute;frica, en las postrimer&iacute;as del siglo IV, protagonizadas por los irascibles <em>monjes </em>que incendiaron la sinagoga de Call&iacute;nico en el a&ntilde;o 388, o, en a&ntilde;os posteriores, se dedicaron a saquear las aldeas sirias que pose&iacute;an templos paganos. Incluso de manera m&aacute;s condenable, Te&oacute;filo, patriarca de Alejandr&iacute;a, les solicit&oacute; que <em>purgaran </em>la ciudad del Sarapeo, donde se ubicaba el templo de Serapis, para acabar se&ntilde;alando c&oacute;mo, en el 415, un grupo de aquellos fan&aacute;ticos cometi&oacute; el odioso crimen de asesinar a golpes a Hipatia, la importante fil&oacute;sofa de Alejandr&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin llegar a tanto, pero sin ignorar las posibles consecuencias de ad&oacute;nde puede conducir el odio fomentado por el fanatismo, podemos establecer las anunciadas correspondencias. En primer lugar, el de la <em>figura amenazadora</em>, Dum&eacute;zil recuerda la figura de Trita m&iacute;tico de los Vedas, coautor de la ejecuci&oacute;n del Tric&eacute;falo, que asume la impureza del asesinato necesario con sus consecuencias, figura por tanto que re&uacute;ne la doble condici&oacute;n de purificador y chivo expiatorio. Hay que saber que figura simb&oacute;lica del Drag&oacute;n, que sintetiza todas aquellas variantes del Monstruo Marino, de la Serpiente primordial, o de la Noche y de la Muerte, debe ser vencida y despedazada para que el Cosmos venga al d&iacute;a, y con ello se consiga superar el terror ante el Caos, que no deja de ser el terror al vac&iacute;o. Eliminar por tanto a aquella figura monstruosa, de hecho <em>informe</em>, que impide la existencia del <em>mundo </em>que algunos desean. El mito se encarna en los rituales y actos profanos que s&oacute;lo producen su efecto cuando se <em>repiten </em>de manera peri&oacute;dica, aunque cuando esa <em>repetici&oacute;n</em> se vac&iacute;a de su condici&oacute;n, en origen religiosa, conduce al pesimismo existencial que es el umbral del odio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, y mucho m&aacute;s significativo, podemos recordar a los rituales que James George Frazer denominaba como destinados a <em>la expulsi&oacute;n p&uacute;blica del mal</em>. Es decir, aquellos intentos de expulsar, o eliminar, a los elementos causantes de los males que afectan a una entera sociedad, ya sean invisibles o materializados en una <em>v&iacute;ctima propiciatoria</em>. Aunque en su forma m&aacute;s primitiva, y de forma peri&oacute;dica, la v&iacute;ctima sea sacrificada de manera real. Tampoco deja de ser contradictorio el olvido de que, en el per&iacute;odo m&aacute;s primario de la historia cultural, la costumbre era matar a un dios, lo que en tiempos posteriores, en los que el ritual se repite, se interpreta de manera equivocada y esta condici&oacute;n se olvida, al considerar a la v&iacute;ctima como un criminal, merecedora del castigo infligido. En todo caso no hay que ignorar que el objetivo de estas ceremonias tiene la finalidad pretendida de limpieza completa de todos los males, reales o supuestos, que afectan a una sociedad.
    </p><p class="article-text">
        El folklore popular ha conservado la memoria de esos rituales en todas las culturas identitarias. En Espa&ntilde;a, por citar alg&uacute;n ritual an&aacute;logo, podr&iacute;amos traer a colaci&oacute;n el del <em>Jarramplas y los nabos de Piornal</em>, en C&aacute;ceres: un personaje vestido del que cuelgan una enorme cantidad de cintas de colores, rematado con una m&aacute;scara con dos cuernos y una gran nariz, que simboliza a un ladr&oacute;n de ganado. Los postulados actuales del patrimonio inmaterial, en su condici&oacute;n antropol&oacute;gica, lo ha protegido, como a tantos otros, y ha sido declarado Fiesta de Inter&eacute;s Tur&iacute;stico en Extremadura, de igual forma que lo ha sido como Fiesta de Inter&eacute;s Tur&iacute;stico Nacional. En el folklore popular la v&iacute;ctima representada no deja de ser una abstracci&oacute;n, en el caso de la calle Ferraz se representa la pretendida figura de un personaje real: el presidente del gobierno espa&ntilde;ol.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sabemos que los rituales se fundamentan en una creencia, luego su origen proviene de un <em>afuera</em> que justifica la acci&oacute;n, en nuestro caso inicial hay que preguntarse a quien corresponde la responsabilidad de lo que se realiza. En el folklore los Mitos originarios, ahora descarnados de la sacralidad que los sustentaban, al volverse hist&oacute;ricos, devienen en <em>Mascaradas</em>, y siempre existe el peligro que las mascaradas de Ferraz acaben siendo declaradas Patrimonio Antropol&oacute;gico. Los dioses no lo permitan.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Miguel Hernández León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/rituales-odio_129_10839391.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jan 2024 21:25:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Calle Ferraz,Sánchez,Ultras]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Farola]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/farola_129_9781450.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b2bc4508-ef71-433d-be75-d1fffc71e6ee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Farola"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La demanda ciudadana ha conducido a la declaración de BIC para el Faro Portuario de Málaga. Una garantía de protección de la 'Farola', al mismo tiempo que abría la posibilidad de impedir el proyecto de una torre de 27 plantas en el mismo dique de Levante</p></div><p class="article-text">
        El nombre de <em>farola</em>, como se bautiz&oacute; este faro mar&iacute;timo en el puerto de M&aacute;laga, respond&iacute;a a una designaci&oacute;n habitual en la costa andaluza. De hecho, la autoridad portuaria ya advirti&oacute; en su momento el riesgo de la utilizaci&oacute;n de nombres &ldquo;como farol, linterna y otros, que sin necesidad se han introducido en nuestro lenguaje para designar impropiamente los faros&rdquo;.&nbsp;El <em>pharos </em>grecolatino hab&iacute;a derivado a <em>farola, </em>un apelativo que respond&iacute;a a la escala reducida de aquellas torres vig&iacute;as almenaras de la antigua costa andaluza. Un tipo de faro como los que hab&iacute;a en C&aacute;diz y Tarifa, ya desaparecidos.
    </p><p class="article-text">
        La demanda ciudadana ha conducido a la declaraci&oacute;n de Bien de Inter&eacute;s Cultural, en la categor&iacute;a de monumento, por parte del Ministerio de Cultura para este Faro Portuario de M&aacute;laga. Una garant&iacute;a de protecci&oacute;n de la <em>Farola</em>, al mismo tiempo que confiaba a la delimitaci&oacute;n del espacio concernido por la declaraci&oacute;n la posibilidad de impedir el proyecto de levantar una torre de 27 plantas en el mismo dique de Levante, destinado a hotel de lujo y promovido por capital de Qatar. Al parecer un empe&ntilde;o in&uacute;til, dado que ni el rechazo de ICOMOS, ni el de instituciones acad&eacute;micas y culturales, ni de la oposici&oacute;n de actores culturales, de arquitectos y urbanistas, ni de los miles de firmas de la ciudadan&iacute;a, han podido, por el momento, paralizar el proceso administrativo que amenaza al paisaje cultural &ndash;que es una categor&iacute;a patrimonial- de la ciudad de M&aacute;laga.
    </p><p class="article-text">
        Hay que reconocer que la ciudad ha conseguido, en estos a&ntilde;os, un protagonismo basado en su oferta cultural, en su atracci&oacute;n como sede de innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica y en una gran afluencia tur&iacute;stica. Pero esta &uacute;ltima, la que parece justificar la construcci&oacute;n de aquel hito arquitect&oacute;nico, no deja de ser m&aacute;s que la expresi&oacute;n singular de la relaci&oacute;n <em>turismo/riqueza</em>. Aquella que el Abad Gregoire hab&iacute;a defendido en la Convenci&oacute;n Nacional surgida de la Revoluci&oacute;n francesa: &ldquo;<em>Las arenas de Nimes y el puente del Gard han reportado a Francia probablemente mucho m&aacute;s que todo lo que costaron a los romanos&rdquo;. </em>Aun as&iacute;, en esta frase tambi&eacute;n se expresa la necesidad de defender el patrimonio cultural &ndash;y paisaj&iacute;stico- como reclamo para el viajero.<em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Defendamos nuestro horizonte</em>, es el t&iacute;tulo del manifiesto que ha reunido a los partidarios de la conservaci&oacute;n de la relaci&oacute;n paisaj&iacute;stica de la ciudad con el mar. Una frase determinante de la fundamentaci&oacute;n del concepto de paisaje cultural, ya que <em>horizonte </em>y <em>l&iacute;mite </em>son t&eacute;rminos que desde su vecindad conceptual, que no equivalencia, definen la <em>distancia </em>desde la que se construye el decir <em>paisaje</em>. Un&nbsp; concepto inabarcable, como fantasma del deseo, que s&oacute;lo es aprehendido mediante el horizonte de la perspectiva; un horizonte que no es real en cuanto que limita lo que intuye la mirada: la indeterminaci&oacute;n de una apertura infinita.
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n entre <em>horizonte </em>y <em>l&iacute;mite</em> est&aacute; contenida en la etimolog&iacute;a de estas palabras en su origen: <em>horisma </em>y <em>horidson </em>tienen en el griego cl&aacute;sico los significados de frontera, l&iacute;mite o moj&oacute;n, en el primer caso, y el de l&iacute;nea o c&iacute;rculo que delimita un territorio, en el segundo. Y ambas palabras provienen del verbo <em>horidso </em>poseedor de un amplio campo sem&aacute;ntico, que podr&iacute;a abarcar los sentidos de limitar, fijar los l&iacute;mites o <em>separar </em>un territorio. As&iacute; como el de definir, dividir o apropiarse de un lugar. Y con la ra&iacute;z de un verbo cercano y arcaico que podr&iacute;a traducirse como <em>ver </em>o <em>mirar.</em> No obstante este <em>l&iacute;mite </em>no se puede entender como una barrera infranqueable, sino como la posici&oacute;n desde la que el lugar cobra su sentido. Desde donde <em>se define.</em> Hay que entender que el concepto de paisaje cultural es algo m&aacute;s que un simple encuadre de la mirada, sino que posee la condici&oacute;n de fijar la memoria que se reconoce en el lugar. La experiencia de un territorio que conforma la identidad de los que le habitan. Y el mar es ese l&iacute;mite de un horizonte que envuelve, al mismo tiempo que define, lo que es <em>visto </em>y como se <em>nos ve</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A veces vuelvo a observar una pintura al &oacute;leo que conservo como herencia familiar. Representa una vista de la bah&iacute;a&nbsp; de M&aacute;laga al inicio del siglo XX. El paisaje se contempla desde la playa vac&iacute;a de un Torremolinos que fue. La Farola determina el inicio de un perfil que completa la Alcazaba en las faldas del monte Gibralfaro. S&eacute; que ya, en parte, aquella condici&oacute;n paisaj&iacute;stica se ha modificado, pero la amenaza de la torre hotelera vendr&iacute;a a destruir mi memoria, la memoria de la ciudad de M&aacute;laga: <em>Defendamos nuestro horizonte.</em>
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                Recreación del paisaje con la futura torre hotelera junto al faro.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Juan Miguel Hernández León]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Dec 2022 21:57:39 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Imagen y culto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/imagen-culto_129_9027047.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c850e2ee-c832-4d45-b924-35e3a905becc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Imagen y culto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si la Ley de Amnistía de 1977 impide la exigencia de responsabilidades sobre hechos o delitos cometidos durante la guerra o bajo la dictadura; aquella, imperante en el plano jurídico, no puede cobijar a una memoria que ahora resulta inaceptable para la exigencia de reparación moral de lo que fue ocultado</p></div><p class="article-text">
        &Eacute;ste t&iacute;tulo est&aacute; tomado de la obra de Hans Belting, donde se expone una historia de la imagen y su funci&oacute;n anterior a su presencia en lo que se ha venido a considerar como perteneciente a la historia del arte. Es decir, cuando cobra una dimensi&oacute;n aut&oacute;noma de su utilizaci&oacute;n cultual y religiosa. Belting, en ese texto, describe como en los &uacute;ltimos tiempos de la Antig&uuml;edad, la unidad de Roma ya no se encontraba en la figura del emperador sino en la autoridad de la religi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si ya Constantino I, (desde la astuta comprensi&oacute;n del beneficio pol&iacute;tico de sus decisiones), con el Edicto de Mil&aacute;n sobre la libertad religiosa, as&iacute; como convocando el primer Concilio Ecum&eacute;nico de Nicea, identifica el imperio romano con el cristianismo, es porque comprende que la <em>unidad del Estado </em>consist&iacute;a en la <em>unidad de creencia. </em>Es el momento en el que las im&aacute;genes simb&oacute;licas cobran una atenci&oacute;n importante en cuanto se entienda que propician o arriesgan la unidad pol&iacute;tica pretendida. El debate se centra entre la utilizaci&oacute;n de la imagen de Cristo o la del s&iacute;mbolo abstracto de la cruz. Y es &eacute;sta la que persistir&aacute; como signo unitario. Una confirmaci&oacute;n de aquella pregunta que se hac&iacute;a Paul Ricoeur sobre la igualdad sem&aacute;ntica entre <em>religio </em>y <em>religare. </em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Valga este lejano fundamento para ir comprendiendo el origen de aquella profusi&oacute;n de cruces a los <em>Ca&iacute;dos por Dios y por Espa&ntilde;a </em>con la que el franquismo esparci&oacute; sus huellas por el territorio espa&ntilde;ol. Una pol&iacute;tica simb&oacute;lica con la que presionar a la sociedad desde la l&oacute;gica de un <em>Nuevo Estado </em>de raigambre nacional-cat&oacute;lica, con perfiles de totalitarismo fascista. En efecto, la omnipresencia de la cruz tiene su justificaci&oacute;n en lo que Dionisio Ridruejo, (en cuanto actuaba entonces como jefe del Servicio Nacional de Propaganda del <em>Nuevo Estado</em>), afirmaba: &ldquo;A nuestros Ca&iacute;dos creemos que no se les debe conmemorar m&aacute;s que con la Cruz&hellip;para realzar la honda significaci&oacute;n espiritual de las muertes que conmemora&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La cruz, por tanto, como s&iacute;mbolo de lo que unificaba los matices ideol&oacute;gicos de los componentes pol&iacute;ticos del nuevo estado totalitario. La cruz, como se&ntilde;al de la memoria que resaltaba la muerte como sacrificio de los m&aacute;rtires y los h&eacute;roes a los que rememoraba. La cruz, como signo que reivindicaba el mito de una Espa&ntilde;a imperial pensada como la raz&oacute;n de una supuesta religiosidad en su fundamento.&nbsp; La Cruz como justificaci&oacute;n de lo que se entend&iacute;a como &ldquo;Cruzada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La elecci&oacute;n e imposici&oacute;n de la cruz, aislada o dominando un conjunto arquitect&oacute;nico, tuvo su confirmaci&oacute;n en la Comisi&oacute;n nombrada para la conmemoraci&oacute;n de los Ca&iacute;dos. Presidida por Eugenio d&acute;Ors, y compuesta, entre otros, por el obispo de Madrid-Alcal&aacute;, Leopoldo Eijo y Garay, o el arquitecto Pedro Muguruza, uno de los protagonistas del dise&ntilde;o definitivo de esta simbolog&iacute;a excluyente y totalitaria, el del <em>Valle de los Ca&iacute;dos. </em>Con ello, la dimensi&oacute;n religiosa de aquel signo qued&oacute; contaminada por la ideolog&iacute;a, como lo hab&iacute;a sido desde sus or&iacute;genes. De hecho, la intervenci&oacute;n del mismo Franco en la voluntad de erigir el monumento de Cuelgamuros, (incluso en su control del dise&ntilde;o, como reconocieron los arquitectos Muguruza y Diego M&eacute;ndez), es la demostraci&oacute;n del significado pretendido con aquella descomunal cruz, la que desafiaba al olvido, ignoraba la objetividad hist&oacute;rica, y condicionaba una memoria fabulada.
    </p><p class="article-text">
        Dos recientes libros, el de Jos&eacute; &Aacute;lvarez Junco, &ldquo;Que hacer con una pasado sucio&rdquo;, y el de Miguel &Aacute;ngel del Arco Blanco, &ldquo;Cruces de memoria y olvido&rdquo;, han reincidido sobre el problema de una soluci&oacute;n definitiva, o posible, para este &ldquo;lugar de memoria&rdquo; incompatible con un estado democr&aacute;tico. En sus conclusiones, ambos, aunque con matices, parecen proponer una modificaci&oacute;n de su significado, o una ampliaci&oacute;n m&aacute;s plural de la complejidad de lo que rememora. Aun as&iacute;, la historiograf&iacute;a, por m&aacute;s rigurosa y cient&iacute;fica que se la reconozca, no puede obviar aquel &ldquo;principio de incertidumbre&rdquo; de Heisenberg, adoptado por Dewey con el reconocimiento de que &ldquo;el sujeto de conocimiento interact&uacute;a con el objeto conocido&rdquo;. O lo que es lo mismo, el saber, (como asume la ciencia pura), que el observador modifica la comprensi&oacute;n de lo observado.
    </p><p class="article-text">
        Si la Ley de Amnist&iacute;a de 1977 impide la exigencia de responsabilidades sobre hechos o delitos cometidos durante la guerra o bajo la dictadura; aquella, imperante en el plano jur&iacute;dico, no puede cobijar a una memoria que ahora resulta inaceptable para la exigencia de reparaci&oacute;n moral de lo que fue ocultado. No se puede olvidar aquello que ya indic&oacute; tambi&eacute;n Ricoeur: el <em>olvido obligado </em>que es la <em>amnist&iacute;a</em>. S&oacute;lo es necesario se&ntilde;alar la proximidad fon&eacute;tica y sem&aacute;ntica entre <em>amnist&iacute;a </em>y <em>amnesia</em>. El obligar al olvido aleja al concepto de <em>perd&oacute;n </em>bajo la presencia de la <em>simulaci&oacute;n</em>, (de nuevo Ricoeur). No es por tanto la &ldquo;memoria hist&oacute;rica&rdquo; contra la Historia, sino la realidad de una &ldquo;memoria colectiva&rdquo;, (la que Halbwachs conceptualiz&oacute; como &ldquo;cuadros sociales de la memoria&rdquo;), que se traduce como que para el recuerdo se necesita a los otros.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es posible la reinversi&oacute;n del significado del Valle de los Ca&iacute;dos? &iquest;C&oacute;mo modificar lo memorial recogido bajo esa imperativa y descomunal Cruz, la que le da su dimensi&oacute;n sem&aacute;ntica? Quiz&aacute;s resulta necesario volver citar a Ricoeur, en la duda que condicion&oacute; su reflexi&oacute;n: &ldquo;&hellip;c&oacute;mo puede ser preservada en su integridad la frontera entre amnist&iacute;a y amnesia en favor del trabajo de la memoria, completada por el duelo, y guiado por el esp&iacute;ritu del perd&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Miguel Hernández León]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 May 2022 04:00:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Imagen y culto]]></media:title>
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