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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alicia Valdés]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alicia-valdes/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alicia Valdés]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ser dignos de nuestro tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/dignos-tiempo_129_13589560.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0aea1228-8e6c-42e7-9590-6afecec61116_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1816y516.jpg" width="1200" height="675" alt="Ser dignos de nuestro tiempo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para los partidos políticos, ser dignos de su tiempo debería entenderse como la obligación de convertirse en meros instrumentos del clamor social, dejar de lado su deseo de subsistencia: la crítica social dará lugar a otras formaciones partidistas igual que en su momento hicieron con ustedes</p></div><p class="article-text">
        Escribo este art&iacute;culo a cuarenta y seis d&iacute;as de las elecciones, lo cual quiere decir que escribo este art&iacute;culo a cuarenta y siete d&iacute;as de que la conversaci&oacute;n sobre qui&eacute;n tiene la culpa de los buenos resultados de la extrema derecha tenga lugar en los plat&oacute;s de tertulias pol&iacute;ticas que tratan de situarse en el lado progresista del espectro ideol&oacute;gico de este pa&iacute;s. Durante los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, la culpa del auge de la extrema derecha ha sido endosada a los hombres j&oacute;venes, y este giro pol&iacute;tico se ha analizado como la consecuencia de un feminismo al que se le ha ido la olla y ha enfadado a quienes no hab&iacute;a que tocar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante los cuarenta y cinco d&iacute;as de precampa&ntilde;a y campa&ntilde;a electoral que tenemos por delante, la conversaci&oacute;n de la culpa, que nos ocupar&aacute; dentro de cuarenta y siete d&iacute;as, se ir&aacute; fraguando al calor de los mensajes de los m&uacute;ltiples partidos de izquierdas que se presentar&aacute;n a las pr&oacute;ximas elecciones generales. Mensajes electorales que nombrar&aacute;n la alerta antifascista, que apelar&aacute;n a nuestra responsabilidad para frenar a la extrema derecha o recurrir&aacute;n a nuestro deseo de convertirnos en el Estado que se imponga como el faro antifascista en un mundo con una clara tendencia hacia la extrema derecha. De cualquier manera, tratar&aacute;n de dar forma a un supery&oacute; que funcione como la instancia moral que trata de generar un sentimiento cat&oacute;lico de la culpa entre quienes plantean abstenerse. Este supery&oacute; de la orden se contrapone a la ilusi&oacute;n y la alegr&iacute;a con la que animaban al voto no hace demasiado. El uso de las emociones en pol&iacute;tica es un cl&aacute;sico, lo que no es tan tradicional es analizar por qu&eacute; se movilizan unos afectos y no otros.
    </p><p class="article-text">
        No creo que me equivoque al afirmar que el uso de consignas que hacen referencia a la responsabilidad o la culpa suelen ser parte de discursos pol&iacute;ticos de formaciones partidistas que saben que no han conseguido movilizar desde la esperanza y la posibilidad. Algo que parecer&iacute;a contraintuitivo al mirar alrededor. Desde el 26 de septiembre, las acampadas por la vivienda inundan nuestras plazas, la fuerza y la movilizaci&oacute;n por la justicia social nos mostraban una cara mucho m&aacute;s amable y combativa de una ciudadan&iacute;a sobre la que se escup&iacute;an profec&iacute;as autocumplidas sobre su tendencia hacia la extrema derecha o su desinter&eacute;s. La demostraci&oacute;n de fuerza social lleg&oacute; al parlamento y dio lugar a un imp&aacute;s que bien podr&iacute;a haber sido entendido por las fuerzas pol&iacute;ticas a la izquierda del PSOE como el instante perfecto para tumbar la desafecci&oacute;n y el hast&iacute;o con el que la ciudadan&iacute;a miraba a la (in)acci&oacute;n institucional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los millares de personas que llevan semanas moviliz&aacute;ndose por el acceso a la vivienda y por un cambio de paradigma consegu&iacute;an dar cuerpo a la idea de Rosi Braidotti de ser dignos de nuestro tiempo. Para m&iacute;, la traducci&oacute;n pol&iacute;tica y activista de esta idea es clara: ser dignas de nuestro tiempo significa dejar de lado los intereses personales, las opiniones subjetivas y las diferencias narcisistas para otro momento y lugar: todas esas personas estaban all&iacute; por un derecho que consideran b&aacute;sico, aunque su espacio de militancia (asambleas, sindicatos, organizaciones) construyeran fines y medios distintos. Toca actuar sobre el contexto actual, no encerrarnos en debates sobre lo que nos parece dicho contexto. Lo importante es comprender que la acci&oacute;n pol&iacute;tica ha de superar las demandas individuales e incluso las de colectivos espec&iacute;ficos para aglutinar el descontento. Ya discutiremos cuando hayamos conseguido lo que consideramos justo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Freud denomin&oacute; narcisismo de las peque&ntilde;as diferencias a una inclinaci&oacute;n agresiva (a la que no nos gusta renunciar)<strong> </strong>por la cual las diferencias m&aacute;s nimias acaban convirti&eacute;ndose en grandes elementos para la confrontaci&oacute;n, el ataque y la hostilidad. No es dif&iacute;cil observar que los partidos a la izquierda del PSOE gozan de manera obscena de ese narcisismo, pero parec&iacute;a que el momento de movilizaci&oacute;n social podr&iacute;a cambiar esa tendencia. Que la movilizaci&oacute;n social podr&iacute;a ser m&aacute;s fuerte que su perverso goce y que conseguir&iacute;a apartar sus diferencias para trasladar la petici&oacute;n popular. Creo que todas estar&iacute;amos de acuerdo en que parec&iacute;a que el brote verde de la esperanza podr&iacute;a surgir, pero estamos en oto&ntilde;o, y parece que todo se ha quedado en una hoja seca pisoteada sobre el suelo. La aparente incapacidad de las izquierdas de ser dignas de su tiempo es del todo bochornosa. Somos muchas las que decidimos guardar silencio ante el circo de sillas y candidaturas que viene a caracterizar la fallida precampa&ntilde;a de un espacio electoral que no le pertenece a nadie. Callamos por no entorpecer un proceso que se considera necesario, callamos por responsabilidad pol&iacute;tica, callamos por no dar carnaza a la extrema derecha, callamos por la verg&uuml;enza que supone adherirse a unos comportamientos partidistas que nada tienen que ver con el clamor por la justicia social. Pero lo cierto es que la falta de responsabilidad se sit&uacute;a en el otro lado de la ecuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La izquierda a la izquierda del PSOE olvida que se lo debe todo a la calle, a las acampadas, a las asambleas de barrio que llevan a&ntilde;os dando forma a quienes realmente alimentan el ansia por la justicia social y que consiguen hacer m&aacute;s vivible la vida de quienes son machacados por este sistema econ&oacute;mico desigual. La vergonzosa batalla por la candidatura no parece tener de fondo un desencuentro program&aacute;tico, puesto que a&uacute;n no hay programa y, aunque podr&iacute;a tratar de bucear entre el fango que envuelve las posibles explicaciones, prefiero no hacerlo, puesto que ser&iacute;a traer m&aacute;s barro a un espacio que considero necesario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si la discusi&oacute;n tiene que ver con qui&eacute;nes representan mejor el clamor de las calles, perm&iacute;tanme que les diga algo: no existe nadie que pueda hacerlo. Eso es lo que hace necesaria y &uacute;nica a la movilizaci&oacute;n social, sus peticiones y demandas no pueden ser condensadas en una &uacute;nica cara, en un &uacute;nico nombre. La verdadera izquierda nace siempre en las calles. Incluso cuando esta consigue entrar en el Parlamento es, de nuevo, superada por la cr&iacute;tica social. La cr&iacute;tica social pertenece a la calle porque es ah&iacute; donde se fragua; toda petici&oacute;n de justicia que sea institucionalizada se encontrar&aacute; siempre superada por una nueva causa. Nos piden que pensemos que el voto es como coger un bus y bajarse en la parada que te lleve lo m&aacute;s cerca de tu casa, aunque no te deje delante de tu portal. Lo que no han entendido a&uacute;n es que da igual qui&eacute;n conduzca el autob&uacute;s, con tal de que siga el camino que ha marcado previamente la necesidad de la calle.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para los partidos pol&iacute;ticos, ser dignos de su tiempo deber&iacute;a entenderse como la obligaci&oacute;n de convertirse en meros instrumentos del clamor social, dejar de lado su deseo de subsistencia: la cr&iacute;tica social dar&aacute; lugar a otras formaciones partidistas igual que en su momento hicieron con ustedes. Quiz&aacute;s lo entiendan mejor as&iacute;: nadie es imprescindible para esta misi&oacute;n, lo dem&aacute;s es el fetichismo de cuatro hooligans. Hacer pol&iacute;tica para vuestros feligreses es hacer partidismo, la pol&iacute;tica de las izquierdas debe ir m&aacute;s all&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Valdés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/dignos-tiempo_129_13589560.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Oct 2026 20:03:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ser dignos de nuestro tiempo]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[¿Abolicionismo o derechos laborales?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/abolicionismo-derechos-laborales_129_9065648.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3df9be46-0191-4f94-a3a8-7598f8a2e667_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Abolicionismo o derechos laborales?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La izquierda debería recordar una cosa: la libre elección es un mito neoliberal. Lo único que podemos hacer para protegernos en un sistema capitalista y patriarcal es blindar derechos</p><p class="subtitle">Otra mirada - Abrir el melón de la prostitución en sede parlamentaria, por Beatriz Ranea Triviño</p></div><p class="article-text">
        En su libro <a href="https://traficantes.net/libros/putas-insolentes" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Putas Insolentes, Juno Mac y Molly Smith</a> diseccionan de manera impecable los aspectos&nbsp;clave que conforman el debate de los feminismos en torno al trabajo sexual, entendido este en todas&nbsp;sus variantes, desde la prostituci&oacute;n y la pornograf&iacute;a hasta los masajes er&oacute;ticos. Uno de los puntos&nbsp;centrales tiene que ver con c&oacute;mo las feministas anti-prostituci&oacute;n y feministas prosex llevan la discusi&oacute;n&nbsp;sobre el trabajo sexual a cuestiones sobre la dimensi&oacute;n sexual del mismo, dejando de lado cuestiones laborales y de derechos. Esta observaci&oacute;n es aplicable tambi&eacute;n a nuestro contexto. &iquest;Sobre qu&eacute;&nbsp;t&eacute;rminos se est&aacute; discutiendo en torno al trabajo sexual desde las posiciones de izquierda?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os, los movimientos feministas de izquierdas han luchado por la transformaci&oacute;n de&nbsp;diferentes actividades econ&oacute;micas, as&iacute; como contratos que supon&iacute;an la subordinaci&oacute;n de la mujer y la&nbsp;reproducci&oacute;n de un sistema patriarcal. <a href="https://www.publico.es/politica/gobierno-aprueba-remitir-cortes-reconocimiento-derecho-desempleo-trabajadoras-hogar.html#analytics-buscador:listado" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Un ejemplo de esto es precisamente las mejoras en la garant&iacute;a de derechos laborales y fundamentales de las personas que ejercen el trabajo del hogar</a>. Una actividad&nbsp;laboral profundamente feminizada que podr&iacute;a ser acusada de la reproducci&oacute;n del imaginario&nbsp;patriarcal de &lsquo;la ama de casa&rsquo; y la divisi&oacute;n sexual del trabajo. Sin embargo, hemos entendido que lo&nbsp;que hace falta no es abolir este tipo de trabajo, sino dotar de derechos a estos sujetos. Otro ejemplo&nbsp;de la transformaci&oacute;n de contratos patriarcales es el contrato sexual por excelencia: el matrimonio. El&nbsp;matrimonio, junto con la familia, representan la subordinaci&oacute;n econ&oacute;mica de la mujer a cambio de&nbsp;actividades de reproducci&oacute;n y cuidados. &iquest;Se ha abolido el matrimonio? No, se ha adoptado una&nbsp;posici&oacute;n proderechos para subvertir las l&oacute;gicas generando diferentes pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en materia de&nbsp;derechos de mujeres y de derechos laborales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, algunos de los argumentos que se esgrimen desde el abolicionismo es que el trabajo&nbsp;sexual es el motor de generaci&oacute;n de trata de personas con fines de explotaci&oacute;n laboral. Una&nbsp;argumentaci&oacute;n que, por otro lado, jam&aacute;s se extrapola a sectores econ&oacute;micos que no tengan que ver con la sexualidad. <a href="https://mail.google.com/mail/u/1/#label/Luz/FMfcgzGpGSxHRpFFzWBnVgqwJVfHVqCM?projector=1&amp;messagePartId=0.1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Una de las industrias del estado espa&ntilde;ol que m&aacute;s se lucra de la trata de personas es precisamente el trabajo agr&iacute;cola</a>, el cual tambi&eacute;n conlleva violencias sexuales como se viene denunciando desde hace a&ntilde;os. Sin embargo, ante esta situaci&oacute;n, nadie se echa las manos a la cabeza&nbsp; y exige el fin del trabajo en el campo, sino que se habla de mejoras en las condiciones laborales y en&nbsp;los derechos de las personas que trabajan en ese sector. Algo que, por otro lado, nunca llegar&aacute; a tener&nbsp;resultados sin la abolici&oacute;n de la ley de extranjer&iacute;a y la cr&iacute;tica a la pol&iacute;tica fronteriza de la Uni&oacute;n Europea.&nbsp;Las fronteras son, entre otros elementos, uno de los grandes motores generadores de trata de&nbsp; personas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La propuesta del PSOE en torno a la prohibici&oacute;n de la pornograf&iacute;a o las propuestas de reforma de los&nbsp;art&iacute;culos 187 y 187 bis, presentadas desde Podemos primero y despu&eacute;s desde el PSOE, no se definen&nbsp;como pol&iacute;ticas dispuestas a garantizar y proteger derechos. Muy lejos de esa garant&iacute;a, lo que hacen&nbsp;es quitar el derecho de consentimiento a aquellas personas que ejercen el trabajo sexual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, una discusi&oacute;n que debiera ahondar en la dotaci&oacute;n de derechos laborales y fundamentales se ve&nbsp;reducida a una discusi&oacute;n de corte moral sobre el sexo. Discusi&oacute;n que parece tener como consecuencia&nbsp;el construir una nueva hegemon&iacute;a que siga coartando y limitando la agencia sexual de todo sujeto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta limitaci&oacute;n de la agencia se ilustra de manera clara a trav&eacute;s de la prohibici&oacute;n de la pornograf&iacute;a. <a href="https://twitter.com/AnnekeNecro/status/1531990663922958338" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En un hilo publicado en Twitter</a>, la directora y <em>performer </em>@AnnekeNekro analiza de manera sublime la&nbsp;historia de la pornograf&iacute;a. En pocas palabras, el an&aacute;lisis de Anneke nos empuja a pensar que la&nbsp;pornograf&iacute;a, al igual que cualquier otro tipo de cine, ha sido hegemonizado por un tipo de sujeto que&nbsp;impuso, en un determinado momento, una mirada patriarcal y heterosexual sobre la sexualidad. La&nbsp;prohibici&oacute;n de la pornograf&iacute;a refuerza la hip&oacute;tesis de que la mirada solo puede ser masculina, que ese&nbsp;pan&oacute;ptico del que nos hablaba Foucault no puede ser subvertido. En otras palabras, que la mirada no&nbsp;nos pertenece y que solo debemos permitirnos ser objetos de una visi&oacute;n privada y jam&aacute;s p&uacute;blica. Una&nbsp;negaci&oacute;n de agencia reforzada a trav&eacute;s de la propuesta de negar la capacidad de consentimiento a&nbsp;aquellas personas que ejercen la prostituci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La izquierda deber&iacute;a recordar una cosa: la libre elecci&oacute;n es un mito neoliberal. Lo &uacute;nico que podemos&nbsp;hacer para protegernos en un sistema capitalista y patriarcal es blindar derechos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desplazar el foco del debate de los derechos hacia la moral tendr&aacute; efecto bumer&aacute;n. Si la moral pesa&nbsp;m&aacute;s que la necesidad de garantizar derechos laborales y fundamentales, las conversaciones con la&nbsp;extrema derecha son legitimadas. Recordemos que la moral en Europa sigue siendo de corte cristiano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        *La autora donar&aacute; el importe de esta columna a una asociaci&oacute;n de trabajadoras sexuales. La autora tambi&eacute;n&nbsp;quiere agradecer a Andrea, Paula S&aacute;nchez, Roy Gal&aacute;n, Anneke Necro y Luna Miguel, la lectura y el cuidado&nbsp;durante su redacci&oacute;n
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Valdés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/abolicionismo-derechos-laborales_129_9065648.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jun 2022 20:05:45 +0000]]></pubDate>
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