<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier Ojeda Rodríguez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/javier-ojeda/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier Ojeda Rodríguez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1041439" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Notas provisionales sobre la fase movimientista canaria (II/III)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/politica/notas-provisionales-fase-movimientista-canaria-ii-iii-analisis-20a-18m_1_12304466.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/72d61188-45f3-43f2-a372-ecf8984ee5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Notas provisionales sobre la fase movimientista canaria (II/III)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se ha repetido que el 20-A abrió un ciclo que inspiró protestas similares en otras ciudades de España. Pero, a mi juicio, sería una oportunidad no aprovechada el leerlo como un eslabón en una cadena de malestares equivalentes</p><p class="subtitle">Artículo en formato PDF</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c084d5e0-00b7-4515-b977-9fb217959be1_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c084d5e0-00b7-4515-b977-9fb217959be1_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c084d5e0-00b7-4515-b977-9fb217959be1_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c084d5e0-00b7-4515-b977-9fb217959be1_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c084d5e0-00b7-4515-b977-9fb217959be1_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c084d5e0-00b7-4515-b977-9fb217959be1_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c084d5e0-00b7-4515-b977-9fb217959be1_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Revista Sansofé. Publicado un sábado 16 de mayo de 1970. La historia, a veces, rima"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Revista Sansofé. Publicado un sábado 16 de mayo de 1970. La historia, a veces, rima                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        De la primavera canaria&hellip; al oto&ntilde;o caliente. Esa pareci&oacute; ser la par&aacute;bola que describi&oacute; el resurgir de la protesta social en 2024: la apertura de un <em>nuevo</em> ciclo de movilizaciones. Sin embargo, con el paso del tiempo, cada vez se torna m&aacute;s evidente que los &aacute;nimos que se concitaron a ra&iacute;z de aquel 20 de abril se encuentran en severo repliegue. En este art&iacute;culo propongo un balance del estado actual de la contienda, en continuidad con otro texto anterior (<a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/turismofobia-turismofilia-limites-politico-20-de-abril-manifestacion-canarias-limite_132_11302599.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La turismofobia, la turismofilia y los l&iacute;mites de lo pol&iacute;tico</em></a>) y como intermedio de una tercera entrega que, por razones de contenci&oacute;n editorial, he preferido reservar para m&aacute;s adelante.
    </p><p class="article-text">
        Llevo un a&ntilde;o madurando una serie de reflexiones que, en ocasiones, he compartido en p&uacute;blico; otras, en privado; y muchas otras han quedado anotadas en la soledad de un cuaderno, como parte de un proceso de discusi&oacute;n y contraste de an&aacute;lisis sobre las posibilidades de tracci&oacute;n del periodo posterior al 20-A y sobre el devenir de lo que ya se identifica a s&iacute; mismo como el movimiento <em>Canarias tiene un l&iacute;mite</em>. As&iacute;, las ideas que aqu&iacute; expongo no son solo m&iacute;as &mdash;o s&iacute;, pero lo son despu&eacute;s de haber sido decantadas tras m&uacute;ltiples discusiones&mdash;, sino tambi&eacute;n de muchas otras personas con las que he tenido el privilegio de intercambiar diagn&oacute;sticos, propuestas y preocupaciones. He dudado si publicar esto era buena idea&mdash;quiz&aacute; me arrepienta a posteriori, qui&eacute;n sabe&mdash;, pero la convocatoria de movilizaciones para el pr&oacute;ximo 18 de mayo me ha empujado a ordenar mis notas y poner por escrito algo que, como he podido constatar en un a&ntilde;o, no es una impresi&oacute;n solitaria, sino un diagn&oacute;stico cada vez m&aacute;s compartido entre quienes observan con genuina preocupaci&oacute;n el curso de los acontecimientos.
    </p><p class="article-text">
        Como el prop&oacute;sito de este texto es ofrecer un balance ponderado &mdash;es decir, preguntarnos de d&oacute;nde venimos y hacia d&oacute;nde vamos&mdash;, quiero partir desde el principio de honestidad: tambi&eacute;n someter&eacute; a examen mis propias tesis. Sin &aacute;nimo de resultar hagiogr&aacute;fico y procurando ser lo m&aacute;s conciso posible, me remitir&eacute; en algunos momentos al art&iacute;culo que antecede a este (<em>La turismofobia, la turismofilia y los l&iacute;mites de lo pol&iacute;tico</em>) cuando sea necesario matizar, enmendar o reforzar lo dicho en el pasado.
    </p><p class="article-text">
        Para no perderme yo, y para no fatigar a quienes me lean, dispongo brevemente la estructura de este largo &mdash;disculpas anticipadas&mdash; art&iacute;culo. En primer lugar, propongo una lectura sobre qu&eacute; signific&oacute; el 20-A y qu&eacute; derivas ha tenido desde entonces. A continuaci&oacute;n, me detengo en las limitaciones que ha enfrentado el movimiento para sortear los obst&aacute;culos que enfrenta. Luego, examino, en clave prospectiva, los posibles escenarios de contienda pol&iacute;tica que podr&iacute;an abrirse tras el 18-M. Finalmente, esbozo una serie de consideraciones de cierre y apunto algunas ideas para un eventual encauzamiento. Pido, en definitiva, algo de paciencia: me detendr&eacute; a fondo en 2024 antes de aterrizar en 2025.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1.La posibilidad de un pueblo en formaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; fue el 20-A? Es una tarea compleja, y no exenta de cierta vanidad, el pretender definir un acontecimiento hist&oacute;rico a tan solo un a&ntilde;o de distancia. Creo que el 20-A fue muchas cosas a la vez. Aqu&iacute; existe el riesgo de observar el fen&oacute;meno seg&uacute;n la lente &mdash;y los intereses&mdash; desde la que se lo analice: en muchos casos, la interpretaci&oacute;n podr&iacute;a ser nada m&aacute;s que un ejercicio de adaptaci&oacute;n torticero, una forma de someter el acontecimiento a la potencia o utilidad pol&iacute;tica m&aacute;s conveniente para cada actor (en este caso, para quien les escribe). Asumir&eacute; el riesgo con la mayor honestidad de la que soy capaz, a partir de esta advertencia: en estas l&iacute;neas intento explorar, pretendiendo ser lo m&aacute;s riguroso y justo posible, las mayores potencialidades que le veo al 20-A como acontecimiento hist&oacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;a, fue muchas cosas a la vez. Pero si algo puede afirmarse sin demasiado riesgo, es que fue una grata sorpresa que tom&oacute; desprevenida a casi toda la sociedad. Para amplios sectores de la ciudadan&iacute;a, signific&oacute; un soplo de aire fresco: una oportunidad de nombrar y dotar de sentido a un malestar difuso. Para el adversario &mdash;muy especialmente la patronal hotelera&mdash;, supuso una afrenta intolerable.
    </p><p class="article-text">
        Mucho se ha dicho sobre que el 20-A inaugur&oacute; un ciclo de protestas que habr&iacute;a prendido en otros puntos de Espa&ntilde;a: M&aacute;laga, Valencia, Barcelona. Aunque la conexi&oacute;n existe, al menos como caja de resonancia: m&uacute;ltiples territorios atraviesan malestares similares&mdash;gentrificaci&oacute;n, alquileres imposibles, turistificaci&oacute;n&mdash;, la cuesti&oacute;n canaria no puede comprenderse adecuadamente si se la desdibuja bajo una homogeneizaci&oacute;n de dichas luchas. No porque sea m&aacute;s leg&iacute;timo ni m&aacute;s aut&eacute;ntico, sino porque se inscribe en un estadio distinto del conflicto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya en los d&iacute;as previos a la manifestaci&oacute;n comenzaron a circular diversas interpretaciones sobre d&oacute;nde deb&iacute;a rastrearse la naturaleza de estas movilizaciones. Destacar&iacute;a, entre ellas, el art&iacute;culo de J. M. Brito, que formul&oacute; una tesis &mdash;creo que compartida por buena parte de las asociaciones convocantes&mdash; seg&uacute;n la cual <em>Canarias tiene un l&iacute;mite</em> pod&iacute;a entenderse como una expresi&oacute;n renovada del movimiento ecologista canario (MEC), cuya presencia ha sido estructural en las din&aacute;micas de contienda sociopol&iacute;tica del archipi&eacute;lago durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. No le faltaba raz&oacute;n. Pero hab&iacute;a algo m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>                 I. La primavera de la impugnaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        En las semanas previas al 20-A, cuando comenzaban a calentarse los motores y las asociaciones convocantes &mdash;junto a m&uacute;ltiples individualidades&mdash; desplegaban su mensaje, emerg&iacute;a con nitidez un rasgo hasta entonces poco cristalizado con tal intensidad en la sociedad canaria: el alcance de la impugnaci&oacute;n contenida en el gesto pol&iacute;tico (que evoca el mejor lema que ha parido nuestra tierra: <em>&iexcl;que cojan ellos la maleta!</em>). La convocatoria era n&iacute;tida en ese sentido: no se trataba de una protesta sectorial como muchas otras anteriores (Salvar Veneguera, Salvar la Tejita, Salvar Tindaya, Salvar el Puerto de Granadilla y un largo etc&eacute;tera), sino de una deslegitimaci&oacute;n frontal del modelo. El binomio turismo-desarrollo quedaba estructuralmente impugnado.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, conviv&iacute;an dos almas en el 20-A: lo viejo y lo nuevo. Es cierto que no se puede comprender aquel acontecimiento sin reconocer su inscripci&oacute;n en una genealog&iacute;a larga del ecologismo canario. Su antecedente inmediato &mdash;el <em>Salvar Tenerife</em> de 2022&mdash; fue, sin duda, su condici&oacute;n de posibilidad a escala archipiel&aacute;gica. Como suele suceder en los procesos hist&oacute;ricos, lo nuevo no irrumpe de forma pura y espont&aacute;nea, sino que se forja dentro de su propia tradici&oacute;n. Pero, durante unas semanas hasta su eclosi&oacute;n en el 20-A, estoy convencido de que ese nuevo cuerpo social tom&oacute; forma y se emancip&oacute; de su pasado. Y al hacerlo, devino algo m&aacute;s: un sujeto de car&aacute;cter destituyente, portado por un cuerpo social reci&eacute;n articulado. &iquest;C&oacute;mo era aquello de que <em>el pueblo siempre vuelve, pero con distinto nombre</em>? El movimiento interpelaba al sujeto canario, s&iacute;, pero bajo una nueva premisa: la de haber alcanzado su propio l&iacute;mite. Germinaban, as&iacute;, las condiciones para todo un pleito nacional-popular.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo que, un mes despu&eacute;s, en una conversaci&oacute;n en la que lament&aacute;bamos la falta de tracci&oacute;n del movimiento, un compa&ntilde;ero me dijo: <em>&ldquo;yo creo que en la noche del 20-A les metimos un miedo a algunos que no pudieron ni dormir esa noche&rdquo;</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El proceso, como era de esperar, no fue monol&iacute;tico. Lo nuevo pujaba con fuerza, pero incluso antes del 20-A ya se dejaban entrever din&aacute;micas, discursos y una simbolog&iacute;a que remit&iacute;an al repertorio cl&aacute;sico de lo viejo. Estos tics se materializaron, sobre todo, en la insistencia por establecer canales de interlocuci&oacute;n con el Gobierno de Canarias &mdash;una cuesti&oacute;n que abordar&eacute; m&aacute;s adelante&mdash;, y en cierta ingenuidad estrat&eacute;gica: la de pensar que, ante un contexto alcista de politizaci&oacute;n &mdash;eso que historiadores y polit&oacute;logos denominan los &ldquo;momentos calientes&rdquo;&mdash; lo acertado era moderar el discurso, rebajar el tono, enfriar los &aacute;nimos, en lugar de martillear sin tes&oacute;n sobre los materiales ideol&oacute;gicos que permitieron poner en cuesti&oacute;n durante las semanas previas un r&eacute;gimen de verdad profundamente arraigado: aquel que sosten&iacute;a que el modelo productivo no pod&iacute;a ser cuestionado. A pesar de todo, el contagio generalizado por la mezcla de ilusi&oacute;n y hast&iacute;o tom&oacute; su propia inercia endiablada, y as&iacute; es como el 20-A fue, sin &aacute;pice de duda, un &eacute;xito rotundo. Pero la ventana de oportunidad se cerr&oacute; con la misma rapidez con la que se abri&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Tras haber forzado a la patronal hotelera a mirarse en el espejo, y despu&eacute;s de haber obligado al sistema de partidos canario a posicionarse &mdash;y a retratar su infinita hipocres&iacute;a&mdash;, <em>Canarias tiene un l&iacute;mite</em> asumi&oacute;, seguramente no de forma del todo autoconsciente, que era momento de racionalizar el desborde popular de abril.
    </p><p class="article-text">
        <strong>         II.Un verano institucional</strong>
    </p><p class="article-text">
        El diagn&oacute;stico fue cristalino: hab&iacute;a que pasar de la protesta a la propuesta. Se recogi&oacute; el &oacute;rdago &mdash;&iquest;o acaso la trampa? &mdash; <a href="https://diariodeavisos.elespanol.com/2024/04/tenerife-modelo-turistico/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que le hab&iacute;an tendido las instituciones canarias</a>. La sustancia de esta orientaci&oacute;n se encuentra disociada de las formas variadas que adopt&oacute;, puesto que hubo una variedad de actores y colectivos del 20-A que, con mayor moderaci&oacute;n o radicalismo, optaron sin excepci&oacute;n por esta v&iacute;a. Consecutivamente, el espacio &ldquo;Canarias Palante&rdquo; fue convocado como mecanismo de canalizaci&oacute;n, con la voluntad de ordenar las demandas y proyectar un-otro modelo para el archipi&eacute;lago. Con ello, se traz&oacute; con nitidez el horizonte de posibilidad del movimiento: transitar desde la calle hacia la mesa. Ello supon&iacute;a traducir la energ&iacute;a de la movilizaci&oacute;n a una l&oacute;gica de negociaci&oacute;n pol&iacute;tica con el aparato institucional. La orientaci&oacute;n pol&iacute;tica adoptada &mdash;como el conjunto de disposiciones cognitivas, normativas y estrat&eacute;gicas que definen el v&iacute;nculo entre actores sociales y sistema pol&iacute;tico&mdash; consisti&oacute; en conferir al Gobierno de Canarias el estatus de interlocutor leg&iacute;timo, desde el convencimiento de que era posible sentarlo a una mesa e incidir desde ah&iacute; en la transformaci&oacute;n del modelo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, esta decisi&oacute;n encerraba una premisa m&aacute;s profunda: que el adversario era legible, abordable y que su campo de acci&oacute;n no solo era reconocible, sino tambi&eacute;n el &uacute;nico viable. Fue ah&iacute; donde se consolid&oacute; el giro, ya contenido en lo viejo: el campo popular, en lugar de afirmarse como sujeto con capacidad instituyente (creador de instituciones propias), acept&oacute; operar bajo el marco ontol&oacute;gico y procedimental del adversario. Y ah&iacute; radica el error estrat&eacute;gico: definir tu orientaci&oacute;n pol&iacute;tica en funci&oacute;n del marco de inteligibilidad del adversario, asumir su campo como &uacute;nico posible, en definitiva, rendirse de antemano a su invencibilidad impl&iacute;cita. Basta con observar c&oacute;mo act&uacute;an los dirigentes de Coalici&oacute;n Canaria cuando integran parcialmente ciertas demandas sociales: no lo hacen por convicci&oacute;n, sino para sostener una hegemon&iacute;a que se construye &mdash;como toda hegemon&iacute;a&mdash; mediante la rearticulaci&oacute;n de una voluntad colectiva nacional-popular. Definir tu posici&oacute;n en funci&oacute;n del espacio que el otro te concede es una forma de interiorizar su supremac&iacute;a. Es abdicar de la disputa por lo realmente especial del 20-A.
    </p><p class="article-text">
        Tras desactivar el pulso popular en mayo, el Gobierno de Canarias no tard&oacute; en actuar. Desde entonces, los principales debates pol&iacute;ticos se han escenificado dentro del propio Consejo de Gobierno, entre Coalici&oacute;n Canaria y el Partido Popular, en una operaci&oacute;n de cierre institucional ejecutada con no poca astucia. La impugnaci&oacute;n que brot&oacute; desde abajo &mdash;con una ra&iacute;z genuinamente popular, aunque de composici&oacute;n social interclasista&mdash; fue desplazada hacia un terreno de disputa controlado: el de un conflicto t&iacute;picamente intraburgu&eacute;s. Es decir, un conflicto que, en lugar de cuestionar los fundamentos del modelo, se ventilaba en el interior de las &eacute;lites econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas seg&uacute;n l&oacute;gicas de capital. Es decir, desplazaron el eje del antagonismo hacia un debate interno entre fracciones del capital, entre modelos de acumulaci&oacute;n dentro del mismo r&eacute;gimen. Los medios de comunicaci&oacute;n hicieron el resto, obligando a la ciudadan&iacute;a a indignarse por el trato recibido por x grupo social, y a posicionarse seg&uacute;n la geograf&iacute;a ideol&oacute;gica de este marco tramposo. Esta reconducci&oacute;n tiene consecuencias de calado, porque al interiorizar el conflicto dentro de la propia burgues&iacute;a, se anulaba su potencial transformador y se naturalizaba el marco desde el cual se decide qu&eacute; es y qu&eacute; no es negociable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El movimiento fue doble, y hab&iacute;a sido ensayado ya antes del 20-A. Por un lado, se activ&oacute; una ley restrictiva sobre la vivienda vacacional &mdash; un a&ntilde;o despu&eacute;s, todav&iacute;a en fase de tramitaci&oacute;n&mdash;, que permiti&oacute; delimitar la econom&iacute;a pol&iacute;tica del conflicto en favor de los intereses de la patronal hotelera. Esta operaci&oacute;n solo fue posible porque, en el momento de mayor exposici&oacute;n p&uacute;blica del malestar social, fueron precisamente los grandes grupos hoteleros quienes amortiguaron los golpes del 20-A. A ello se sum&oacute; con entusiasmo el presidente Fernando Clavijo, que se permiti&oacute; incluso reprochar los bajos salarios del sector. Con el anuncio de la norma, se desplaz&oacute; la culpa de la masificaci&oacute;n tur&iacute;stica hacia los propietarios de vivienda vacacional, presentados como los nuevos agentes de perversi&oacute;n del modelo, responsables de fen&oacute;menos como la gentrificaci&oacute;n o la subida del precio de los alquileres al haber estrangulado la oferta. Pero la maniobra no ten&iacute;a como prop&oacute;sito tanto castigar como reconducir al interior del sistema los problemas: el propio proyecto de ley habilitaba un generoso margen para inscribir las viviendas como vacacionales antes de la entrada en vigor de la norma &mdash; en 2025 hay 13.000 pisos m&aacute;s de los que hab&iacute;a en 2024&mdash;, blindando as&iacute; un nuevo reparto de privilegios dentro del mismo r&eacute;gimen.
    </p><p class="article-text">
        En paralelo, la propuesta de reformar las previsiones de dotaciones a la Reserva de Inversiones de Canarias (RIC) para permitir que se puedan destinar a proyectos de alquiler social no hac&iacute;a sino profundizar en la l&oacute;gica capitalista de resoluci&oacute;n del conflicto no hac&iacute;a sino profundizar en la l&oacute;gica capitalista de resoluci&oacute;n del conflicto. No se trataba de romper el marco, sino de reinscribir el malestar dentro del r&eacute;gimen fiscal de siempre: el del REF, es decir, el mecanismo de acumulaci&oacute;n privilegiada por el capital isle&ntilde;o. En palabras del economista Federico Aguilera Klink, se transformaba un problema social en una oportunidad de inversi&oacute;n privada especulativa, reforzando el papel del capital como agente de resoluci&oacute;n de sus propias contradicciones. En definitiva, se consolid&oacute; una aut&eacute;ntica <em>doctrina del shock made in Coalici&oacute;n Canaria</em>: una estrategia de contenci&oacute;n del malestar que no confronta la estructura, sino que la refuerza mediante la gesti&oacute;n diferida de sus crisis.
    </p><p class="article-text">
        <strong>                 III.Simulacro de un oto&ntilde;o caliente</strong>
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, quedaba cada vez m&aacute;s claro que el Gobierno no contemplaba en absoluto incorporar al sujeto popular del 20-A como parte de ning&uacute;n proceso colegiado. La se&ntilde;al m&aacute;s elocuente de que el globo hab&iacute;a quedado pinchado fue el diagn&oacute;stico &mdash;interno, desde las propias asociaciones&mdash; de que era necesario volver a generar un nuevo 20-A para reequilibrar la correlaci&oacute;n de fuerzas. As&iacute; fue convocado el 20 de octubre. Pero en esa llamada, el movimiento admit&iacute;a algo m&aacute;s profundo: que estaba desprovisto de iniciativa, que hab&iacute;a perdido el control del relato, y que comparec&iacute;a ante la escena pol&iacute;tica sin rumbo. El movimiento se sab&iacute;a desnudo. El 20-A hab&iacute;a quedado como un episodio desprovisto de su naturaleza fundacional de un nuevo ciclo pol&iacute;tico. Es as&iacute; como comenz&oacute; la huida hacia adelante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que como reza el viejo axioma, la historia siempre se repite dos veces, primero como tragedia y luego como farsa. Aunque resulte inc&oacute;modo asumirlo, el 20-O fue una dolorosa confirmaci&oacute;n de esa ley no escrita. Situar las convocatorias en zonas tur&iacute;sticas part&iacute;a de un prop&oacute;sito t&aacute;ctico de noble intenci&oacute;n &mdash;visibilizar el conflicto en el coraz&oacute;n del modelo&mdash;, pero su resultado fue tr&aacute;gico. Ni los n&uacute;meros, ni el tono discursivo, ni el clima general de desconexi&oacute;n pol&iacute;tica acompa&ntilde;aron: lo cuantitativo y lo cualitativo fallaron. La movilizaci&oacute;n evoc&oacute;, m&aacute;s bien, las manifestaciones cl&aacute;sicas del nacionalismo canario de izquierdas: nutridas por n&uacute;cleos activistas, reconocibles por sus s&iacute;mbolos, y con escasa capacidad de interpelaci&oacute;n masiva &mdash;tanto en la movilizaci&oacute;n propiamente dicha como por su escasa reverberaci&oacute;n en la sociedad&mdash;. Fue una demostraci&oacute;n de minor&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica era clara, pero profundamente errada: se crey&oacute; que las condiciones que hicieron posible el 20-A podr&iacute;an replicarse mec&aacute;nicamente seis meses despu&eacute;s, como si la correlaci&oacute;n de fuerzas permaneciera congelada a la espera de su reactivaci&oacute;n. Pero el movimiento no hab&iacute;a escalado su arquitectura organizativa, ni hab&iacute;a producido una narrativa nueva capaz de volver a galvanizar el malestar. Mientras tanto, el adversario ya hab&iacute;a intervenido con eficacia, como me refer&iacute; anteriormente, para reconfigurar el terreno. Lo que ocurri&oacute; es f&aacute;cil de entender: la correlaci&oacute;n de fuerzas, que en abril pod&iacute;a leerse como un empate t&eacute;cnico entre una sociedad civil sofisticada y un bloque dominante cohesionado, se desplaz&oacute; de forma sostenida hacia este &uacute;ltimo. En un reciente art&iacute;culo de febrero de 2025 ya lo expres&oacute; Alfonso Gonz&aacute;lez Jerez &mdash;siempre despiadado&mdash; en una lacerante columna:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Uno de los portavoces de la manifa de ayer en la capital tinerfe&ntilde;a ha dicho que &laquo;no ha cambiado absolutamente nada despu&eacute;s de las grandes manifestaciones del a&ntilde;o pasado&raquo;. &iquest;C&oacute;mo qu&eacute; no? Claro que han cambiado. Han sido ustedes 300.</em>&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se puede ser muy injusto (puesto que esta vez se trataba de una concentraci&oacute;n, no de una manifestaci&oacute;n) y a la vez dar donde m&aacute;s duele.
    </p><p class="article-text">
        <strong>               IV.El 20-A metido bajo el invernadero</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo esto no solo se constata en la p&eacute;rdida de tracci&oacute;n pol&iacute;tica. Tambi&eacute;n se refleja en el marco de inteligibilidad que se ha impuesto sobre lo que fue &mdash;o pudo haber sido&mdash; el 20-A. Cuando el a&ntilde;o pasado me pronunci&eacute; sobre las supuestas demandas del 20-A, me pareci&oacute; necesario advertir que hacer de ellas el eje del discurso constitu&iacute;a un error t&aacute;ctico que pod&iacute;a &mdash;y efectivamente lo hizo&mdash; devenir en error estrat&eacute;gico. Las llamo &ldquo;supuestas&rdquo; porque dudo que la movilizaci&oacute;n masiva del 20 de abril respondiera, en su impulso m&aacute;s &iacute;ntimo, al deseo de ver implantada una ecotasa, una moratoria o una limitaci&oacute;n a la compraventa de vivienda por parte de no residentes. Esos elementos no eran fines en s&iacute; mismos ni puntos que unir para establecer una hoja de ruta, sino contenedores simb&oacute;licos de un malestar m&aacute;s amplio. Lo que impuls&oacute; a decenas de miles de personas a salir a la calle fue la intuici&oacute;n de que el r&eacute;gimen pol&iacute;tico canario hab&iacute;a quebrado su promesa de futuro. No porque cada quien hubiera hecho desde su casa un an&aacute;lisis racional del modelo econ&oacute;mico y llegase a tal conclusi&oacute;n. Fue el movimiento, aunque no siempre de forma autoconsciente, el que articul&oacute; el sentido de ese agotamiento: nombr&oacute;, encarn&oacute; y dramatiz&oacute; la fractura entre la expectativa de vida digna y la realidad material del presente. Pues todo orden pol&iacute;tico necesita sostenerse sobre una promesa cre&iacute;ble de porvenir; cuando esa promesa se desvanece, se rompe el hechizo de la obediencia y es cuando pueden emerger los estallidos populares.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que entonces era una intuici&oacute;n hoy se ha convertido en convicci&oacute;n: poner el foco en las demandas concretas introdujo una l&oacute;gica de cierre. En lugar de articularse con un horizonte de transformaci&oacute;n, fueron sublimadas en fetiches reformistas. As&iacute;, la imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica se redujo al per&iacute;metro de lo administrativamente viable. Y ese es el problema: no que las demandas fueran &ldquo;poco ambiciosas&rdquo;, sino que operaron como dispositivos de clausura. Nos dimos a nosotros mismos el l&iacute;mite. Lo que pudo haber sido el inicio de un proceso de m&aacute;xima impugnaci&oacute;n, se repleg&oacute; sobre una hoja de ruta program&aacute;tica que, adem&aacute;s, est&aacute; siendo paulatinamente absorbido por el propio sistema. La imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica &mdash;esa capacidad de pensar lo que a&uacute;n no existe&mdash; hab&iacute;a quedado secuestrada, sellando el per&iacute;metro de su propia impotencia.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, la situaci&oacute;n era, en realidad, m&aacute;s grave de lo que muchos alcanzamos a calibrar por aquel entonces. Apenas mes y medio despu&eacute;s del 20-A se celebraron las elecciones europeas, y el movimiento <em>Canarias tiene un l&iacute;mite</em> se desentendi&oacute; por completo de aquel acontecimiento. No porque debiera tener una traducci&oacute;n electoral, sino porque evidencia que desatendi&oacute; la coyuntura. Sobre esto ya se apuntaron algunas consideraciones en otro art&iacute;culo (<a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/politica/reensamblar-archipielago-eurafricano_1_11433082.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Reensamblar el archipi&eacute;lago eurafricano</a>), por lo que no me detendr&eacute; aqu&iacute;. Lo relevante es que, en ese 9 de junio, qued&oacute; claro que la energ&iacute;a pol&iacute;tica acumulada en abril no hab&iacute;a encontrado ninguna v&iacute;a de incidencia, ni siquiera como presi&oacute;n difusa. Coalici&oacute;n Canaria y Nueva Canarias ya ensayaron integrar algunas de las demandas del 20-A en su discurso electoral. Pero fue un gesto m&aacute;s est&eacute;tico que real. El resultado fue elocuente: la protesta no produjo desplazamientos electorales significativos por la izquierda &ndash;cuyo batacazo fue humillante&ndash;, y la extrema derecha &mdash;diversa, fragmentada, pero eficaz&mdash; logr&oacute; el mejor resultado de su historia en el archipi&eacute;lago con un caudal de 123.000 de los votos contabilizados en Canarias, un 18% del total. La clave es hacerse cargo de que de abril a junio hay un mundo, dos Canarias totalmente distintas. Algo que no queremos ver.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo interpretar esto apenas semanas despu&eacute;s de un clamor popular que se present&oacute; como una enmienda general al modelo? Yo mismo, como algunas personas en mi entorno, albergaba una ilusi&oacute;n que llegu&eacute; a plasmar por escrito: que el 20-A, al menos, habr&iacute;a servido como dique frente a la pol&iacute;tica del resentimiento. Que este nos habr&iacute;a ofrecido una salida igualitarista, con vocaci&oacute;n emancipadora, que nos inmunizaba &mdash;al menos durante un tiempo&mdash; contra el avance reaccionario. Me equivoqu&eacute; por completo. El 9-J fue una bofetada de realidad: la estructura de sentimiento reaccionaria se puede colar y desbordar sin grandes gestos, sin cultura organizativa ni &eacute;picos veintes de abril.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, lo que hemos presenciado es una deriva preocupante: la frustraci&oacute;n colectiva que cristaliz&oacute; en abril no ha encontrado canalizaci&oacute;n ni forma. No ha sido transformada en estructura ni en relato. Y cuando eso ocurre, cuando no se ofrece una salida organizada a un malestar expresado masivamente, este no desaparece: muta. Se vuelve par&aacute;lisis organizativa, se vuelve rabia muda, o se entrega al cinismo reaccionario. Esa es la amenaza que tenemos delante. Y ese es el bloqueo que debemos nombrar.
    </p><p class="article-text">
        <strong> 2.Diagn&oacute;stico sobre las limitaciones</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; nos est&aacute; bloqueando exactamente? Este apartado no pretende ser una enumeraci&oacute;n mec&aacute;nica y fatalista de &ldquo;todo lo que va mal&rdquo;, ni un cat&aacute;logo de errores al uso. No porque no sea necesario realizar un an&aacute;lisis cr&iacute;tico &mdash;lo es, y con urgencia&mdash; de las limitaciones que ha encontrado el 20-A para escalar su herramienta organizativa e ideol&oacute;gica, sino porque ese an&aacute;lisis debe ir m&aacute;s all&aacute; del inventario. Lo que aqu&iacute; me propongo es detenerme en los bloqueos, desmenuzarlos y tratar de comprender su l&oacute;gica interna: qu&eacute; los produce, c&oacute;mo se reproducen, y en qu&eacute; medida son obst&aacute;culos efectivos o fantasmas que operan como si lo fueran. A veces el estancamiento no es una pared, sino un espejo: y politizar esa diferencia es, quiz&aacute;s, el primer gesto necesario para comenzar a superarlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>                I. La falta de espacios: el movimiento sin lugar</strong>
    </p><p class="article-text">
        De todos los bloqueos que atraviesa esta fase del movimiento, el m&aacute;s acuciante es tambi&eacute;n el m&aacute;s evidente: la ausencia de una infraestructura popular donde pueda sedimentarse alg&uacute;n tipo de continuidad organizativa o pol&iacute;tica. Quien se moviliz&oacute; el 20-A y hoy desee reencontrarse con esa experiencia o prolongarla &mdash;ya sea para debatir, organizarse o simplemente participar&mdash; no tiene en su universo mental un espacio concreto al que dirigirse. No existe, en t&eacute;rminos generales, una &ldquo;plaza pol&iacute;tica&rdquo; donde volver.
    </p><p class="article-text">
        Es posible que esta afirmaci&oacute;n provoque extra&ntilde;eza entre quienes forman parte de colectivos hist&oacute;ricos o redes activas: s&iacute;, en Canarias existen &mdash;aunque en situaci&oacute;n de reflujo&mdash; algunos pocos centros sociales, fundaciones, asambleas vecinales o colectivos ecologistas que siguen funcionando como espacios de militancia. Pero no se trata de negar su existencia, sino de reconocer sus l&iacute;mites: esos espacios est&aacute;n anclados en ciclos pol&iacute;ticos previos<strong>, </strong>responden a<strong> </strong>configuraciones organizativas y subjetividades militantes de otro momento hist&oacute;rico, y no han sido capaces &mdash;ni tienen por qu&eacute; serlo por s&iacute; solos&mdash; de absorber el nuevo sujeto difuso que emergi&oacute; en abril de 2024.
    </p><p class="article-text">
        No hablamos, por lo tanto, de reencontrarse, porque para muchas de las personas que se movilizaron en 2024, este ser&iacute;a su primer contacto real con un espacio pol&iacute;tico organizado. Y ah&iacute; es donde reside la potencia del 20-A: haber convocado multitudinariamente a sectores sin tradici&oacute;n militante, sin experiencia pol&iacute;tica estructurada, sin un pasado organizativo. Reducir su valor a la &mdash; feliz, por supuesto&mdash; reactivaci&oacute;n de los n&uacute;cleos activistas es malinterpretar por completo el alcance del fen&oacute;meno. La oportunidad no estaba en fortalecer lo ya existente, sino en abrir lo que a&uacute;n no existe.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, un diagn&oacute;stico de partida es este: la falta de espacios comunes no es solo una carencia log&iacute;stica o t&aacute;ctica, sino una<strong> </strong>condici&oacute;n estructural del estancamiento<strong>.</strong> Mientras no seamos capaces de construir lugares donde ese nuevo sujeto pueda reconocerse, nombrarse y organizarse &mdash;no como prolongaci&oacute;n del pasado, sino como composici&oacute;n in&eacute;dita&mdash;, no habr&aacute; campo popular posible. Y sin campo popular, el 20-A quedar&aacute; como un hito extraordinario, desde luego, pero de car&aacute;cter epis&oacute;dico y no como momento fundacional de un tiempo nuevo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>             II. El cortocircuito de lo unitario</strong>
    </p><p class="article-text">
        Uno de los rasgos menos visibles &mdash;pero pol&iacute;ticamente m&aacute;s corrosivos&mdash; del ciclo iniciado tras el 20-A ha sido la incapacidad de articular una cultura pol&iacute;tica unitaria que permita procesar las diferencias sin que estas se conviertan, autom&aacute;ticamente, en fracturas. Esta carencia de procedimientos compartidos, de c&oacute;digos democr&aacute;ticos y de buenas pr&aacute;cticas no se manifiesta siempre de forma espectacular, pero act&uacute;a como un bloqueo subterr&aacute;neo, constante, que dificulta toda posibilidad de consolidaci&oacute;n organizativa en el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        El episodio m&aacute;s paradigm&aacute;tico fue, sin duda, el comunicado del Sindicato de Inquilinas de Tenerife apenas tres d&iacute;as antes del 20-O. En &eacute;l, la organizaci&oacute;n se desmarcaba p&uacute;blicamente del movimiento, alegando diferencias program&aacute;ticas irreconciliables con la propuesta de regulaci&oacute;n de la residencia. M&aacute;s all&aacute; de la legitimidad de su posicionamiento (es de agradecer, por lo menos, alg&uacute;n tipo de explicaciones al p&uacute;blico general de lo que ocurre para variar, aunque sea como excepci&oacute;n) &mdash;y de que probablemente su impacto desmovilizador fue muy marginal&mdash;, el gesto tuvo algo profundamente inquietante: no por lo que dec&iacute;a, sino por lo que revelaba. Que una discrepancia sobre una ley que hoy carece de profundizaci&oacute;n te&oacute;rica, sin elaboraci&oacute;n de anteproyecto, sin una rigurosa exposici&oacute;n de motivos, algo que en t&eacute;rminos de pol&iacute;tica europea es una quimera en el medio plazo (por mucho que Fernando Clavijo se esfuerce en demostrar lo contrario), bastara para justificar una ruptura p&uacute;blica sugiere que no existe una gram&aacute;tica com&uacute;n de lo colectivo, un m&iacute;nimo de paciencia estrat&eacute;gica para sostener el conflicto interno sin hacerlo estallar.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de exigir una disciplina castrense, ni de negar que haya diferencias relevantes. Se trata de distinguir entre divergencia y descomposici&oacute;n. En un campo popular amplio y plural, la disidencia no deber&iacute;a ser una amenaza sino una condici&oacute;n de posibilidad. Pero cuando toda diferencia se traduce en salida, cuando el portazo se vuelve m&eacute;todo, lo que se erosiona no es tan solo el movimiento, sino la posibilidad misma de construir hegemon&iacute;a. Por eso, este no es un asunto moral (qui&eacute;n tuvo raz&oacute;n, qui&eacute;n fue elegante o no), sino una pregunta de fondo sobre el tipo de cultura pol&iacute;tica que puede germinar tras el 20-A. Si no se tramita el disenso como parte constitutiva de cualquier proyecto com&uacute;n, la repetici&oacute;n de este tipo de episodios es solo cuesti&oacute;n de tiempo. Y cada reiteraci&oacute;n ser&aacute;, inevitablemente, m&aacute;s debilitante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>             III. &nbsp;Identidades para ganar&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una de las carencias m&aacute;s determinantes del ciclo abierto por el 20-A ha sido la ausencia de una identidad pol&iacute;tica com&uacute;n, m&iacute;nima pero compartida, que permita articular un &ldquo;nosotros&rdquo; con vocaci&oacute;n de transformaci&oacute;n. Sin ese &ldquo;nosotros&rdquo;, no hay posibilidad de construir hegemon&iacute;a. Lo que se produce, en su lugar, es un reflejo defensivo, reactivo, impotente: un juego de espejos en el que el adversario define el marco y nosotros respondemos desde la caricatura.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo m&aacute;s evidente de este reflejo condicionado ha sido la reacci&oacute;n con automatismos frente a cualquier movimiento institucional. Cuando Coalici&oacute;n Canaria anunci&oacute; una propuesta legislativa sobre la regulaci&oacute;n de la residencia, o cuando plante&oacute; una ecotasa insularizada, la respuesta dominante ha sido una mezcla de sarcasmo, desprecio y desd&eacute;n. Como si estuvi&eacute;ramos demasiado curtidas como para dejarnos enga&ntilde;ar. Esta actitud, m&aacute;s que una demostraci&oacute;n de lucidez pol&iacute;tica, encierra una trampa: la del cinismo como identidad y la desconfianza como horizonte. Y ah&iacute; se produce un desplazamiento peligroso. Al no tener una hoja de ruta ideol&oacute;gica propia, proyectada en el tiempo, cada gesto del adversario nos coloca ante una disyuntiva inmediata: a favor o en contra. Reaccionamos como si nos defendi&eacute;ramos de un intento de apropiaci&oacute;n, sin entender que la apropiaci&oacute;n simb&oacute;lica del adversario es parte del juego hegem&oacute;nico y no puede combatirse solo con sospecha.
    </p><p class="article-text">
        Una cr&iacute;tica sin propuesta no suma, y una propuesta sin identidad no circula. Sin un n&uacute;cleo identitario compartido &mdash;por modesto que sea&mdash;, las ideas se dispersan, los diagn&oacute;sticos no se sedimentan, y la intervenci&oacute;n pol&iacute;tica se convierte en una sucesi&oacute;n de impulsos. Deber&iacute;amos ser cautelosos ante esta cuesti&oacute;n. No sea que, al final, la caricaturizaci&oacute;n sistem&aacute;tica del adversario termine generando, por inversi&oacute;n, una caricatura de nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>             IV. &nbsp;Institucionalizaci&oacute;n sin instituciones</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una parte importante de los colectivos que vertebraron la protesta del 20-A entendi&oacute; el acontecimiento al rev&eacute;s. Lo interpretaron no como una ruptura que abr&iacute;a un nuevo espacio-tiempo pol&iacute;ticos, sino como una ocasi&oacute;n para reforzar lo que ya exist&iacute;a. Y en esa decisi&oacute;n &mdash;de naturaleza estrat&eacute;gica, aunque se presentara como t&aacute;ctica&mdash; se sell&oacute; gran parte del estancamiento posterior. Lo que pod&iacute;a haber sido el inicio de una construcci&oacute;n popular abierta se transform&oacute; en un repliegue hacia el interior de las estructuras organizativas previas. Pronto, dejar&iacute;amos de hablar como pueblo y cada vez m&aacute;s como una peque&ntilde;a parte de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        La expresi&oacute;n m&aacute;s clara de ese error fue Canarias Palante. Nacida como intento de mantener la articulaci&oacute;n del 20-A, construy&oacute; una estructura orientada hacia adentro: m&aacute;s preocupada por sostener la coordinaci&oacute;n entre colectivos ya existentes que por mantener viva la interlocuci&oacute;n con el nuevo sujeto popular que hab&iacute;a irrumpido. El v&iacute;nculo con &ldquo;la gente&rdquo; &mdash;con quienes no proven&iacute;an de la militancia, con quienes salieron por primera vez a la calle&mdash; hoy no existe. Muy poca gente de la que acudir&aacute; al 18-M sabe lo que es Canarias Palante. Esto no ha ocurrido por mala voluntad, sino por una deriva que prioriz&oacute; la autogesti&oacute;n interna por encima de la construcci&oacute;n de un afuera compartido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A esto se suma la siguiente derivada que es un proceso de institucionalizaci&oacute;n fallida. Canarias Palante no ha sido capaz ni de insertarse en el juego institucional &mdash;porque ha sido ignorado repetidamente por el Gobierno de Canarias&mdash; ni de producir instituciones propias &mdash;porque se ha limitado a reproducir la forma asociativa tradicional de los colectivos que la integran&mdash;. No hay, en rigor, una nueva institucionalidad emergente. Como mucho hay una red log&iacute;stica, pero que no genera ni dispositivos propios, ni subjetividades pol&iacute;ticas renovadas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>           V. &nbsp;El fetiche de la tecnocracia</strong>
    </p><p class="article-text">
        Junto con el fracaso de una institucionalizaci&oacute;n real &mdash;ni absorbida por el sistema ni capaz de generar dispositivos propios&mdash;, Canarias Palante se repleg&oacute; sobre una apuesta<strong> </strong>tecnocr&aacute;tica. Como si la ausencia de tracci&oacute;n del post 20-A pudiera compensarse con solvencia t&eacute;cnica. Se convoc&oacute; a la ciudadan&iacute;a a reunir propuestas. Desde la organizaci&oacute;n se aduce que el Gobierno de Canarias y sus 51 propuestas (muy pobremente expuestas, por cierto) han opacado las m&aacute;s de 1000 de las que dispone Canarias Palante. Hoy, que sepa quien escribe estas l&iacute;neas, el contenido de estas no se ha trasladado al p&uacute;blico, luego el argumento no se acaba de entender.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se confundi&oacute; la formulaci&oacute;n de alternativas con la capacidad para hacerlas valer. Como si bastara &mdash;de tener realmente la capacidad de elaborar las mejores propuestas, lo que est&aacute; a&uacute;n por ver&mdash; con tener raz&oacute;n. Como si la disputa por la hegemon&iacute;a fuera un ejercicio de eficiencia t&eacute;cnica y no de acumulaci&oacute;n de fuerzas. Pero la palabra t&eacute;cnica, sin relato pol&iacute;tico que la respalde, no arrastra ni interpela. Solo se escucha a quien tiene fuerza detr&aacute;s. Y quienes queremos el cambio de modelo productivo todav&iacute;a no la tenemos. Esa es la trampa: querer producir programa sin un proceso que coherentemente lo acompa&ntilde;e.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>         VI.&nbsp;Un movimientismo sin sujeto</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay una imagen que resume con crudeza el estado del movimiento tras el 20-A. Tras escuchar atentamente una sucesi&oacute;n de propuestas en el encuentro de Canarias Palante de noviembre de 2024, un compa&ntilde;ero me dijo algo con una sencillez devastadora: <em>&ldquo;Aqu&iacute; hay un mont&oacute;n de gente pidi&eacute;ndole a alguien que haga algo.&rdquo;</em> Esa frase no era un reproche. Era un diagn&oacute;stico pol&iacute;tico. Porque lo que ha predominado en buena parte del ciclo posterior a abril ha sido precisamente eso: una subjetividad demandista.
    </p><p class="article-text">
        Como correlato de lo anterior, uno de los rasgos m&aacute;s desconcertantes del presente pol&iacute;tico canario es el constante espectro de una cultura movimientista sin sujeto pol&iacute;tico real que la sostenga. A primera vista, parecer&iacute;a que existe en el archipi&eacute;lago una cierta efervescencia organizativa: plataformas que se convocan, colectivos que irrumpen &ndash;y desaparecen tan r&aacute;pido como emergieron&ndash;, campa&ntilde;as que circulan. Sin embargo, bajo esa superficie m&oacute;vil no hay un cuerpo pol&iacute;tico com&uacute;n, ni una estructura de mediaci&oacute;n, ni atisbo de una direcci&oacute;n colectiva s&oacute;lida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto no es una cr&iacute;tica moralista, ni una llamada a la ortodoxia organizativa. El &eacute;xito del 20-A mismo fue, organizativamente hablando, en buena medida fruto de lo que en la secci&oacute;n anterior llam&eacute; &ldquo;lo viejo del 20-A&rdquo;. El problema aparece cuando eso se toma por modelo. No abunda en Canarias, a diferencia de otros territorios peninsulares como Madrid o Barcelona, el militante aut&oacute;nomo negriniano &mdash;&iexcl;de Toni, no de Juan!&mdash; dotado de gran conciencia pol&iacute;tica. Y tampoco un campo que aspire a construirlo. Lo sorprendente es que, a pesar de ello, ciertas formas de intervenci&oacute;n reproducen las exterioridades del movimientismo aut&oacute;nomo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que predomina desde un tiempo a esta parte es una l&oacute;gica de agregaci&oacute;n d&eacute;bil: nombres que firman comunicados, colectivos que se suman a convocatorias, redes que se autodenominan &ldquo;movimientos&rdquo;, sin que nada de eso produzca densidad pol&iacute;tica en forma de continuidad organizativa. Hay formas externas de lo pol&iacute;tico &mdash;visibilidad, discurso, est&eacute;tica&mdash;, pero no hay interioridad pol&iacute;tica: el reconocimiento mutuo de estar construyendo algo en com&uacute;n, con direcci&oacute;n, con fases, con sentido. Lo que se ha generado, en muchos casos, es la ilusi&oacute;n de estar en movimiento. Pero moverse no es lo mismo que tener un proyecto. Una campa&ntilde;a no construye un sujeto. Una protesta no es un proceso. Una consigna no es una estrategia.
    </p><p class="article-text">
        Esta confusi&oacute;n entre movilizaci&oacute;n y movimiento, entre efervescencia y proyecto, es una de las principales causas del agotamiento actual. Se nos ha ense&ntilde;ado a desear el acontecimiento &mdash;cada vez que el adversario mov&iacute;a ficha, la reacci&oacute;n instintiva de mucha gente era exclamar: <em>&iexcl;d&oacute;nde est&aacute;n los colectivos, hay que volver a salir a las calles como el 20-A!</em> &mdash;, pero no a escalar la herramienta. Nos hemos acostumbrado a la sensaci&oacute;n de estar haciendo pol&iacute;tica trav&eacute;s de gestos, declaraciones, actos, posicionamientos, sin preguntarnos si existe realmente una direcci&oacute;n hacia alguna parte. Y as&iacute;, muchas veces, la colectividad se desplaza sin saber hacia d&oacute;nde se dirige, como si el hecho de estar en marcha fuera garant&iacute;a suficiente de estar construyendo algo.
    </p><p class="article-text">
        No solo hacen falta energ&iacute;as &mdash;que tambi&eacute;n, pues las asociaciones y colectivos organizados realizan una tarea encomiable en condiciones muy precarias, y requieren de mayor masa militante para seguir con este ritmo en el tiempo&mdash; o capacidad de diagn&oacute;stico. Tambi&eacute;n es necesaria una voluntad colectiva que se piense a s&iacute; misma como sujeto hist&oacute;rico. Una voluntad que no confunda mec&aacute;nicamente la actividad con el avance, ni la visibilidad con la construcci&oacute;n, ni la coordinaci&oacute;n con la articulaci&oacute;n. Mientras esa voluntad no se constituya, lo que nos mueve no es un proyecto, sino una inercia, por muy hermosamente que est&eacute; inspirada esta. Y, en pol&iacute;tica, sin sujeto cualquier forma de ilusi&oacute;n puede pasar por potencia. Ah&iacute; comienza el verdadero bloqueo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>            VII.&nbsp;Mitos construidos, bloqueos imaginados</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sobre las virtudes &mdash;y tambi&eacute;n los riesgos&mdash; de cierto adanismo pol&iacute;tico ya me refer&iacute; en el anterior art&iacute;culo. Ahora conviene se&ntilde;alar el nuevo bloqueo fruto precisamente del adanismo, m&aacute;s sutil pero igualmente paralizante: el de creernos nuestros propios cuentos. Nos hemos contado una historia &mdash;hemos construido toda una mitolog&iacute;a sobre el 20-A&mdash; que en ocasiones es tan generosa que deforma en extremo la realidad. Un relato que estira tanto el mito que lo desgasta, y con ello entorpece la capacidad de diagn&oacute;stico y dificulta una gesti&oacute;n realista de las expectativas.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los ejemplos m&aacute;s claros es la narrativa sobre las cifras. Hay quien ha llegado a convencerse de que el 20-A fue la movilizaci&oacute;n m&aacute;s grande de la historia de Canarias. Pero eso no se sostiene ni en t&eacute;rminos absolutos (n&uacute;mero total de asistentes), ni relativos (proporci&oacute;n en relaci&oacute;n con la poblaci&oacute;n), ni tan siquiera si nos limitamos a Tenerife, epicentro del ciclo de protestas contra el modelo tur&iacute;stico. Adem&aacute;s, el car&aacute;cter archipiel&aacute;gico fue m&aacute;s incipiente que consolidado: en islas como La Palma o La Gomera la movilizaci&oacute;n fue modesta, casi testimonial. Por supuesto, ello no quita que tuvo el m&eacute;rito de proyectarse fuera del territorio en ciudades peninsulares y europeas. En cualquier caso, el propio dise&ntilde;o de los manifiestos &mdash;insulares, por otro lado&mdash; ilustra mejor una coalici&oacute;n de una irregular heterogeneidad que una s&iacute;ntesis pol&iacute;tica propiamente dicha.
    </p><p class="article-text">
        No se me entienda mal: me repito como un loro, pero como manifest&eacute; en el pasado, las cifras son importantes, pero no lo m&aacute;s relevante. S&iacute;, los mitos y la &eacute;pica son absolutamente imprescindibles. Y porque son imprescindibles, hay que hacerse cargo responsablemente de ellos. Pero los usos que se le den a estos dispositivos pueden ser fatales si son mal empleados, generando un doble efecto: por un lado, impide evaluar con precisi&oacute;n qu&eacute; se logr&oacute; el 20-A de 2024 realmente; por otro, obliga a imaginar el futuro desde una ficci&oacute;n del pasado. Cuando se intenta construir desde una ficci&oacute;n y no desde el principio de realidad, lo que se edifica no es una estrategia, sino m&aacute;s bien una imagen.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; finaliza la lectura de los obst&aacute;culos. Tan solo por a&ntilde;adir una cuesti&oacute;n m&aacute;s: pudiera aducirse la idea de que el estancamiento se debe a la represi&oacute;n institucional o al silenciamiento medi&aacute;tico. Sin duda, ha habido actos de represi&oacute;n selectiva &mdash;basta ver c&oacute;mo se ha reanudado la ejecuci&oacute;n de macroproyectos como en La Tejita&mdash;. Pero reducir la crisis organizativa del movimiento a una operaci&oacute;n del adversario es una forma de no interrogar sus propios l&iacute;mites.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.Lo que viene</strong>
    </p><p class="article-text">
        El diagn&oacute;stico de los bloqueos conduce a constatar que, si tuvi&eacute;ramos que reducir todo lo anterior a la formulaci&oacute;n m&aacute;s simple, es que hoy Canarias tiene un l&iacute;mite carece de hip&oacute;tesis propia. No hay un relato que estructure las convicciones, ni una arquitectura que articule los fines, ni una direcci&oacute;n que proyecte el conflicto. En el mejor de los casos existe una intuici&oacute;n fragmentaria, sostenida por una energ&iacute;a social voluntariosa pero sin traducci&oacute;n organizativa estable ni horizonte compartido. La &uacute;nica orientaci&oacute;n que podr&iacute;a calificarse de tentativa ha sido la l&oacute;gica demandista, centrada en exigir mesas de negociaci&oacute;n al Gobierno de Canarias. Pero ser&iacute;a un tanto generoso atribuir a ese impulso la condici&oacute;n de hip&oacute;tesis pol&iacute;tica. La experiencia del &uacute;ltimo a&ntilde;o es m&aacute;s que suficiente para constatar que ese camino est&aacute; pol&iacute;ticamente agotado: ni avanza posiciones ni genera acumulaci&oacute;n de fuerzas.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, resulta &uacute;til observar qu&eacute; otras hip&oacute;tesis est&aacute;n siendo formuladas en otros lugares y por otros actores, y qu&eacute; pueden decirnos sobre el momento presente. A modo prospectivo, resulta interesante considerarlas, aunque a&uacute;n no se han desplegado plenamente en el archipi&eacute;lago, pero probablemente comenzar&aacute;n a aparecer de forma m&aacute;s o menos org&aacute;nica en el corto plazo. Por un lado, est&aacute; la hip&oacute;tesis del poder popular y la confederaci&oacute;n de luchas, defendida desde los Sindicatos de Inquilinas. Por otro, la hip&oacute;tesis del Movimiento Socialista. Ambas, cada una a su manera, podr&iacute;an convertirse en referencias emergentes en el periodo que se abre tras el 18 de mayo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>          I. Dos almas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las dos hip&oacute;tesis comparten una caracter&iacute;stica infrecuente en el actual paisaje pol&iacute;tico: proponen una lectura estrat&eacute;gica del momento y una arquitectura organizativa pensada en t&eacute;rminos de largo plazo. Una &mdash;la formulada desde algunos sectores del sindicalismo de vivienda como el Sindicato de Inquilinas de Madrid/Sindicat de Llogateres de Catalunya&mdash; apuesta por un poder popular territorial basado en la articulaci&oacute;n de luchas desde abajo. La otra &mdash;defendida desde el Movimiento Socialista&mdash; plantea la necesidad de una organizaci&oacute;n militante que reconstituya la clase trabajadora como sujeto pol&iacute;tico revolucionario. Ambas parten del reconocimiento del agotamiento de una fase, y ambas formulan, aunque con gram&aacute;ticas y estrategias distintas, una voluntad de recomposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La seriedad de estas propuestas no reside en su impacto actual, sino en que plantean preguntas que otros espacios esquivan: &iquest;c&oacute;mo se acumula poder? &iquest;qu&eacute; forma de organizaci&oacute;n puede sostener una estrategia transformadora? &iquest;desde d&oacute;nde se construye el sujeto pol&iacute;tico? No improvisan consignas, no se limitan a gestionar la frustraci&oacute;n, ni tampoco ofrecen dispositivos exclusivamente tecnocr&aacute;ticos. Formulan, con mayor o menor precisi&oacute;n, hip&oacute;tesis de poder.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de esta ambici&oacute;n compartida, los puntos de convergencia son escasos. Coinciden en el rechazo a la espontaneidad como metodolog&iacute;a, y en la cr&iacute;tica al institucionalismo como v&iacute;a de transformaci&oacute;n. M&aacute;s all&aacute; de eso, se mueven en planos estrat&eacute;gicos distintos. El MS opera en una l&oacute;gica cl&aacute;sica de construcci&oacute;n de partido con centralidad obrera y horizonte comunista. La propuesta del poder popular de los Sindicatos de Inquilinas, en cambio, no se orienta, al menos inicialmente, a la toma del poder, sino a la prefiguraci&oacute;n de instituciones desde abajo, con un sujeto en construcci&oacute;n que emerge del conflicto territorializado. Lo que una estructura lo piensa como partido, la otra lo piensa en red.
    </p><p class="article-text">
        Es el escenario a la vista. La hip&oacute;tesis del MS, aunque incipiente, ya se ha presentado de forma preliminar sobre el escenario canario con un an&aacute;lisis m&aacute;s que s&oacute;lido. La propuesta articulada desde los Sindicatos de Inquilinas, en cambio, a&uacute;n no ha aterrizado de forma org&aacute;nica, aunque es probable que llegue m&aacute;s pronto que tarde a trav&eacute;s de algunos sectores activistas canarios ya consolidados. En cualquier caso, el potencial de ambas hip&oacute;tesis en el archipi&eacute;lago est&aacute; todav&iacute;a por medirse.
    </p><p class="article-text">
        Lo que resulta indudable es que ambas hip&oacute;tesis desbordan el campo nacional-popular canario. Una lo hace frontalmente (el MS, que considera amortizado el ciclo abierto por el 20-A); la otra lo bordea (la hip&oacute;tesis de la confederaci&oacute;n de las luchas, que trabaja sobre los m&aacute;rgenes de ese ciclo, pero no desde dentro de sus coordenadas). En ese sentido, no prolongan la narrativa ni las formas organizativas del 20-A: las superan o las rehacen, cada una a su manera, planteando ya c&oacute;mo reorganizar el tiempo que viene.
    </p><p class="article-text">
        <strong>            II. Diversidad de escenarios a la vista</strong>
    </p><p class="article-text">
        A las puertas del 18 de mayo, el movimiento se encuentra ante un punto de inflexi&oacute;n. La ausencia de una hip&oacute;tesis de futuro compartida y la falta de una estructura organizativa con vocaci&oacute;n de continuidad abren la puerta a diversas derivas que, m&aacute;s que opciones deliberadas, se prefiguran como tendencias inerciales no formalizadas. Algunas de estas podr&iacute;an desarrollarse en paralelo d&aacute;ndose de forma simult&aacute;nea o incluso mezclarse en formas h&iacute;bridas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera tendencia, y posiblemente la m&aacute;s probable, es la disoluci&oacute;n progresiva del ciclo pol&iacute;tico articulado en torno a <em>Canarias tiene un l&iacute;mite</em>. En este escenario, algunos actores se incorporar&iacute;an a espacios con mayor capacidad organizativa y mayor claridad estrat&eacute;gica. Por afinidad ideol&oacute;gica y por la madurez de su despliegue, generar estructuras canarias de los Sindicatos de Inquilinas aparece como una opci&oacute;n especialmente veros&iacute;mil. Al mismo tiempo, otros sectores del movimiento podr&iacute;an quedar desmovilizados o pasar a formas de acci&oacute;n directa sin mediaci&oacute;n pol&iacute;tica &mdash;como pr&aacute;cticas de sabotaje&mdash;, desplazando la confrontaci&oacute;n hacia el terreno de la espontaneidad dispersa.
    </p><p class="article-text">
        Una segunda posibilidad, menos probable pero no descartable, es la configuraci&oacute;n de una estructura sociopol&iacute;tica con vocaci&oacute;n institucional, bien sea en forma de partido, bien como plataforma electoral de nuevo cu&ntilde;o. Su referente m&aacute;s cercano ser&iacute;a la experiencia de S&iacute; Se Puede (SSP) en sus or&iacute;genes de 2007, y su objetivo, disputar poder en los ciclos electorales venideros. El antecedente de la derrota del movimiento contra el puerto de Granadilla, y la centralidad de Tenerife como epicentro del malestar, podr&iacute;an alentar este tipo de apuesta. Pero, sin una estrategia e identidad pol&iacute;ticas diferenciadas, esta v&iacute;a podr&iacute;a acabar replicando viejas f&oacute;rmulas sin resolver las carencias de ciclos anteriores.
    </p><p class="article-text">
        La tercera opci&oacute;n consistir&iacute;a en una profundizaci&oacute;n de la din&aacute;mica espontane&iacute;sta, derivada de la frustraci&oacute;n por el bloqueo institucional y la p&eacute;rdida de tracci&oacute;n desde el 20-A. En este caso, la lectura dominante no ser&iacute;a la necesidad de reestructurar el campo pol&iacute;tico, sino de persistir en el car&aacute;cter informal, antiinstitucional y reactivo del movimiento, llev&aacute;ndolo a formas m&aacute;s radicalizadas de acci&oacute;n directa y a un rechazo a&uacute;n m&aacute;s marcado de toda mediaci&oacute;n o formalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cada una de estas tres derivas proyectar&iacute;a, de forma impl&iacute;cita, una lectura distinta de la fase movimientista. La pulsi&oacute;n disolutiva sugiere que el ciclo se ha agotado y que su impulso debe canalizarse hacia otros marcos organizativos. La pulsi&oacute;n electoralista interpreta que el movimiento expres&oacute; un malestar leg&iacute;timo que ahora debe traducirse en representaci&oacute;n institucional para disputar el poder que no pudo el 20-A. Por su parte, la pulsi&oacute;n espontane&iacute;sta considera que el 20-A fue el comienzo de una ruptura inorg&aacute;nica que debe profundizarse, intensificando su l&oacute;gica antijer&aacute;rquica y directa. Ninguna, sin embargo, se plantea como una reconstrucci&oacute;n del movimiento en sentido estricto, sino como derivaciones posteriores a su ocaso funcional.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, el 18 de mayo aparece como un momento de encrucijada inevitable. No porque vaya a resolver por s&iacute; solo el impasse, sino porque puede convertirse &mdash;si no hay una mutaci&oacute;n pol&iacute;tica real&mdash; en la repetici&oacute;n ritualizada, una farsa del 20-A. Que el 18-M reabra el tiempo pol&iacute;tico o lo clausure simb&oacute;licamente no depender&aacute; de las movilizaciones &mdash;alguno de sus voceros ha avisado de que el 18-M es un &ldquo;<em>ultim&aacute;tum</em>&rdquo; (veremos)&mdash;, sino de si logra o no constituirse como punto de inflexi&oacute;n real: uno que anuncie una voluntad organizada y no solo una nueva fecha en el calendario.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. Apuntes para salir del impasse</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si existe alguna forma de desencallar el momento pol&iacute;tico actual tras el 20-A, no pasa por ofrecer soluciones prefabricadas ni por dise&ntilde;ar una hoja de ruta detallada. No existe hoy en Canarias ese motor capaz de ofrecer semejante dispositivo. Lo que s&iacute; puede hacerse es formular algunas consideraciones sobre las condiciones m&iacute;nimas necesarias para que cualquier iniciativa pol&iacute;tica con vocaci&oacute;n de continuidad tenga una oportunidad real de sostenerse, acumular fuerza y proyectar direcci&oacute;n. Bastan tres l&iacute;neas a partir de las cuales trabajar.
    </p><p class="article-text">
        La primera tiene un car&aacute;cter que podr&iacute;amos llamar doctrinal o autoconsciente. La falta de una reflexi&oacute;n sistem&aacute;tica sobre lo que el movimiento es, sobre cu&aacute;les son sus convicciones y c&oacute;mo estas se traducen en organizaci&oacute;n y acci&oacute;n pol&iacute;tica, ha impedido que se constituya como sujeto pol&iacute;tico propio. Lo que est&aacute; ausente no es tanto la voluntad, como la capacidad de elaborar una teor&iacute;a pol&iacute;tica para una praxis pol&iacute;tica, de ofrecer un dispositivo de politizaci&oacute;n que dote de orientaci&oacute;n al vasto campo de personas que se movilizaron el 20-A pero que se encuentran hu&eacute;rfanas de br&uacute;jula. La consecuencia directa de esta carencia es la debilidad del dispositivo ideol&oacute;gico: ser&aacute; dif&iacute;cil avanzar posiciones en la correlaci&oacute;n de fuerzas si no se sofistica el repertorio de ideas que articulan el discurso, la acci&oacute;n y la organizaci&oacute;n. El movimiento no tiene por qu&eacute; ser un espacio cerrado ni doctrinario, pero s&iacute; necesita saber desde d&oacute;nde act&uacute;a, con qu&eacute; fines, y con qu&eacute; lenguaje.
    </p><p class="article-text">
        La segunda consideraci&oacute;n es de car&aacute;cter estrat&eacute;gico. No existe hoy un horizonte compartido al que aspirar, ni siquiera en t&eacute;rminos difusos. Es verdad que no deber&iacute;a corresponde necesariamente a un movimiento social dise&ntilde;ar un proyecto de pa&iacute;s&mdash;esa tarea le competer&iacute;a m&aacute;s bien a una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica como un partido&mdash;. Pero dado que el movimiento <em>Canarias tiene un l&iacute;mite</em> se ha arrogado desde sus inicios una forma de representaci&oacute;n colectiva, excluyendo expl&iacute;citamente a partidos y sindicatos (una exclusi&oacute;n que, en el caso de estos &uacute;ltimos, afortunadamente comienza a revertirse), es leg&iacute;timo plantearle tambi&eacute;n exigencias en ese plano. En tanto que la l&oacute;gica de los movimientos sociales tiende a ser discontinua y fragmentaria, si uno de ellos pretende encarnar al sujeto popular en su conjunto, entonces debe asumir cierta responsabilidad estrat&eacute;gica. Y en ese sentido, la ausencia de horizonte es un s&iacute;ntoma cr&iacute;tico. El 20-A enunci&oacute; como consigna central el cambio de modelo productivo. Pero esa consigna, m&aacute;s que un proyecto, ha funcionado como una imagen deseada: parece que lo acariciamos, que lo rozamos, pero no lo hemos formulado. Qu&eacute; significa eso &mdash;en qu&eacute; medida implica una ruptura con el actual modelo, en qu&eacute; medida descarta la posibilidad de una reforma interna&mdash; sigue siendo una tarea pendiente, eternamente postergada.
    </p><p class="article-text">
        La tercera l&iacute;nea es de naturaleza t&aacute;ctica, pero no por ello menor. Idealmente, la t&aacute;ctica deber&iacute;a estar subordinada a la estrategia, aunque se descentralice en funci&oacute;n de las particularidades de cada colectivo o territorio. Aqu&iacute; lo que est&aacute; en juego es la mediaci&oacute;n pol&iacute;tica entre el sujeto organizado y lo social que le rodea: c&oacute;mo contribuyen las acciones al fortalecimiento de la sociedad civil; c&oacute;mo el trabajo militante permite ensanchar el campo propio y estrechar el ajeno; c&oacute;mo forzar al adversario a ahogarse por sus propias contradicciones internas sin regalarle nuevas bases de legitimidad. Lo que est&aacute; en juego, en &uacute;ltima instancia, es de qu&eacute; manera el qu&eacute; y el c&oacute;mo se hace &mdash;la t&aacute;ctica&mdash; permite avanzar sobre el para qu&eacute; se hace &mdash;la estrategia&mdash;. Esa relaci&oacute;n no puede ser mec&aacute;nica ni espont&aacute;nea. Requiere, tambi&eacute;n, pensamiento pol&iacute;tico. En ese sentido, es preocupante la no coincidencia entre el ciclo de movilizaci&oacute;n de <em>Canarias tiene un l&iacute;mite</em> y el intento de huelga del sector hostelero en la provincia occidental. Han discurrido en paralelo, pero sin llegar a entrecruzarse. Ello evidencia algo m&aacute;s: evidencia una renuncia &mdash;a querer construir el campo popular&mdash; y consolida una identidad &mdash;la del movimiento como actor ecologista&mdash;. Si verdaderamente se pretende disputar la construcci&oacute;n de un orden propio, no hay ninguna batalla relevante en la correlaci&oacute;n de fuerzas que pueda considerarse desde&ntilde;able. Y menos a&uacute;n en un contexto donde el ecologismo &mdash;pese a varias de sus gloriosas victorias&mdash; nunca logr&oacute; imponer de forma duradera su hegemon&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5.Consideraciones finales</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se ha repetido que el 20-A abri&oacute; un ciclo que inspir&oacute; protestas similares en otras ciudades de Espa&ntilde;a. Pero, a mi juicio, ser&iacute;a una oportunidad no aprovechada el leerlo como un eslab&oacute;n en una cadena de malestares equivalentes. La cuesti&oacute;n canaria no replica una lucha m&aacute;s contra los efectos colaterales del modelo: pone en cuesti&oacute;n el modelo mismo. No es solo que el conflicto haya madurado m&aacute;s; es que ha rozado la posibilidad de impugnar el r&eacute;gimen de acumulaci&oacute;n que estructura todo el archipi&eacute;lago. Por supuesto, todo lo anterior se constatar&aacute; en la praxis y, cualesquiera que sean las derivadas futuras de la contienda en Canarias y de las tesis de cada uno, estas cuestiones se tendr&aacute;n que trabajar de forma compartida y solidaria entre quienes sostuvieron, sostienen y sostendr&aacute;n el conflicto social. Desde ah&iacute; el reconocimiento que ya plante&eacute; en la conclusi&oacute;n del anterior art&iacute;culo, y que reitero.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, hay un aspecto no puede ignorarse, pero cuya importancia es may&uacute;scula: el movimiento <em>Canarias tiene un l&iacute;mite </em>no tiene pleno dominio sobre el tiempo pol&iacute;tico. La fase movimientista actual es, por definici&oacute;n, una fase: se ha desplegado en un intervalo excepcional, lejos del calendario electoral, lo que ha permitido cierta autonom&iacute;a en los ritmos, los formatos y los lenguajes. Pero esa condici&oacute;n es, como reza el t&iacute;tulo de este art&iacute;culo, provisional. Llegar&aacute; el momento en que se vuelva a disputar el poder institucional en Canarias. La cuesti&oacute;n no es solo si el movimiento sobrevivir&aacute; a ese tr&aacute;nsito, sino en qu&eacute; condiciones llegar&aacute;: si con una arquitectura pol&iacute;tica capaz de intervenir o atrapado a&uacute;n en la fase anterior. Esa tarea ya era para el d&iacute;a despu&eacute;s del 20-A. Lo que ocurra en el largo plazo, para bien o para mal, se decide en los pr&oacute;ximos meses.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A menudo, cuando me pongo a pensar en la coyuntura, recuerdo como una catarsis algo que me dijo una compa&ntilde;era algunos meses despu&eacute;s del 20-A:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;A m&iacute; una cosa que me ha ayudado en estos dos meses, que he tenido bastante bajona y ansiedad con este tema, ha sido aceptar. Aceptar que no est&aacute;bamos preparadas para un momento as&iacute;, que no le quita lo bonito y las potencias que tiene, pero es una realidad y las fuerzas son las que son. Pues a prepararse.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Notas y referencias</strong>
    </p><p class="article-text">
        i. Nuez, G. (6 de mayo de 2025). Un a&ntilde;o del 20A: Las resistencias al turismo masivo que desbordaron el mapa. <em>El Salto Diario</em>. https://osalto.gal/cuadernos-de-ciudad/un-ano-movilizaciones-del-20a-canariasresistencias-al-turismo-masivo-desbordaron-mapa 
    </p><p class="article-text">
        ii Brito. J.M. (13 de abril de 2024). Canarias tiene un l&iacute;mite: malestares y sentidos comunes. <em>La Provincia</em>. https://www.laprovincia.es/opinion/2024/04/13/canarias-limite-malestares-sentidos-comunes100997661.html 
    </p><p class="article-text">
        iii. En un interesante seminario organizado por el Centro de Estudios de Difusi&oacute;n del Atl&aacute;ntico que versaba sobre el 20-A y las diversas interpretaciones que se le pod&iacute;an dar, recuerdo una cuesti&oacute;n que se plante&oacute; en tono enigm&aacute;tico. Esta planteaba en qu&eacute; medida el movimiento ecologista canario en todas sus d&eacute;cadas de 17 historia de lucha hab&iacute;a conseguido m&aacute;s victorias o m&aacute;s derrotas. Esa pregunta flot&oacute; en el ambiente del seminario y despert&oacute; un murmullo inc&oacute;modo entre el p&uacute;blico. Hoy, esa pregunta sigue sin respuesta. 
    </p><p class="article-text">
        iv. En este sentido, me pareci&oacute; de especial inter&eacute;s la conveniencia de que una instituci&oacute;n como el IDRA de Barcelona pudiera germinar en Canarias. En el presente, disponemos a&uacute;n de datos insuficientes sobre el mercado de la vivienda. Esta propuesta la le&iacute; en el art&iacute;culo de Quilombo, quiz&aacute; uno de los an&aacute;lisis m&aacute;s l&uacute;cidos y completos de los publicados a ra&iacute;z del 20-A. Pueden consultarlo en: <em>Quilombo</em> (21 de abril de 2024). Canarias tiene un l&iacute;mite: radiograf&iacute;a y mirada al futuro. Zona de Estrategia. https://zonaestrategia.net/canarias-tiene-un-limite-radiografia-y-mirada-al-futuro/ 
    </p><p class="article-text">
        v. Particularmente llamativo ha sido el nulo efecto pol&iacute;tico que ha tenido la intensa campa&ntilde;a (aunque algo tosca en su ejecuci&oacute;n) que el PSOE ha desplegado contra Partido Popular y Coalici&oacute;n Canaria en relaci&oacute;n con la renuncia del PP a votar en el Congreso de los Diputados a favor del reparto de menores no acompa&ntilde;ados que acoge el archipi&eacute;lago para derivarlos a los sistemas de acogida de otras Comunidades Aut&oacute;nomas. Esto revela lo cohesionado que se encuentra el bloque conservador no solo a nivel de gobierno, sino sobre todo entendido como coalici&oacute;n por abajo desde sus bases sociales. 
    </p><p class="article-text">
        vi. Ferrera, T. (3 de abril de 2025). Un a&ntilde;o del borrador de la ley canaria de alquiler vacacional: a&uacute;n sin norma, pero con 13.000 pisos tur&iacute;sticos m&aacute;s.<em> Canarias Ahora</em>. https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/ano-borrador-ley-canaria-alquiler-vacacional-norma-13- 000-pisos-turisticos_1_12186625.html 
    </p><p class="article-text">
        vii. Ferrera, T. (2024). &ldquo;Aunque haya especulaci&oacute;n&rdquo;: Canarias conf&iacute;a en la RIC para atajar la crisis de vivienda pese a los avisos del pasado. <em>Canarias Ahora</em>. https://www.eldiario.es/canariasahora/economia/haya-especulacion-canarias-confia-ric-atajar-crisisvivienda-pese-avisos-pasado_1_11912942.html 
    </p><p class="article-text">
        viii. Gonz&aacute;lez Jerez, A. (17 de febrero de 2025). &iquest;Qu&eacute; para&iacute;so? El D&iacute;a. https://www.laprovincia.es/opinion/2025/02/17/paraiso-114373087.html 
    </p><p class="article-text">
        ix. Labajos, V., Gil, J., Comerna, N. (17 de noviembre de 2024). Poder popular y confederaci&oacute;n de luchas: Una hip&oacute;tesis de ciclo pol&iacute;tico. <em>El Salto Diario</em>. https://www.elsaltodiario.com/opinion/sindicatoinquilinas-poder-popular-confederacion-luchas-hipotesis-ciclo-politico 
    </p><p class="article-text">
        x. Santana, D. (octubre de 2024). Canarias tiene un l&iacute;mite (o los l&iacute;mites del capitalismo). <em>Contracultura</em>. https://contracultura.cc/wp-content/uploads/2024/10/Canarias-tiene-un-limite-o-los-limites-delcapitalismo-Doramas-Sanatana.pdf 
    </p><p class="article-text">
        xi. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s del 20-A, algunas voces ya apuntaron algunas ideas preliminares en este sentido desde registros mucho pedag&oacute;gicos que el m&iacute;o: Mart&iacute;n, J. (8 de mayo de 2024). Veinte reflexiones sobre el 20A y una canci&oacute;n esperanzada. <em>Revista Tamaimos</em>. https://tamaimos.com/2024/05/08/veinte-sentencias-sobreel-20a-y-una-cancion-esperanzada/ 
    </p><p class="article-text">
        xii. C&aacute;mara, J. (3 de marzo de 2023). Los movimientos sociales entre la crisis y la necesidad militante. <em>Viento Sur</em>. https://vientosur.info/los-movimientos-sociales-entre-la-crisis-y-la-necesidad-militante/
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Ojeda Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/politica/notas-provisionales-fase-movimientista-canaria-ii-iii-analisis-20a-18m_1_12304466.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 May 2025 10:05:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/72d61188-45f3-43f2-a372-ecf8984ee5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="176202" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/72d61188-45f3-43f2-a372-ecf8984ee5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="176202" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Notas provisionales sobre la fase movimientista canaria (II/III)]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/72d61188-45f3-43f2-a372-ecf8984ee5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reensamblar el archipiélago eurafricano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/politica/reensamblar-archipielago-eurafricano_1_11433082.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a227883f-075b-4e3e-a0df-0b615de64efa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reensamblar el archipiélago eurafricano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El siguiente texto quiere reunir toda una serie de ideas, intuiciones y malestares acumulados que, presentados en forma de ensayo, pretenden invitar a una reflexión colectiva. Este no es un mandato electoral</p></div><p class="article-text">
        Los a&ntilde;os pasan, los procesos electorales se suceden, y las candidaturas y coaliciones van y vienen. En este momento, la aceleraci&oacute;n temporal de nuestros ritmos de vida dificulta abordar las encrucijadas hist&oacute;ricas por una doble sensaci&oacute;n de hast&iacute;o y agobio ante la presi&oacute;n informativa. El term&oacute;metro de los estados de &aacute;nimo no invita a encarar con optimismo una reflexi&oacute;n sosegada sobre el porvenir.
    </p><p class="article-text">
        Es as&iacute; como los a&ntilde;os pasan, pero las ideas siguen siendo las mismas. Ante las inminentes elecciones europeas, asistimos, preocupados, ante la falta de renovaci&oacute;n de perspectivas canarias sobre la Uni&oacute;n Europea, as&iacute; como ante la falta de inter&eacute;s a este respecto en la propia sociedad canaria. Por ello, somos conscientes de que con este art&iacute;culo remamos a contracorriente.
    </p><p class="article-text">
        El siguiente texto quiere reunir toda una serie de ideas, intuiciones y malestares acumulados que, presentados en forma de ensayo, pretenden invitar a una reflexi&oacute;n colectiva. Este no es un mandato electoral. Nuestro prop&oacute;sito es poner las luces largas sobre las perspectivas futuras del europe&iacute;smo canario. Estamos convencidos de que es necesario intervenir en el debate de las ideas &ndash; en tiempos tan imperiosamente <em>geopol&iacute;ticos</em>, palabra de moda &ndash; para arrojar luz sobre los caminos que est&aacute;n por recorrer en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas. Como trataremos a continuaci&oacute;n, un cuarto de siglo XXI es m&aacute;s que suficiente. Este debate es impostergable.
    </p><p class="article-text">
        En este ensayo planteamos la tesis de concebir Canarias a trav&eacute;s de la idea de ensamblaje: una red de interacciones y significados que disponen de manera espec&iacute;fica el espacio pol&iacute;tico que atraviesa el archipi&eacute;lago. En el evento que nos ocupa &ndash; las elecciones europeas &ndash;, esta idea cobra especial relevancia para dar cuenta de la particular inserci&oacute;n de Canarias en el entramado de fuerzas sociales y estructuras de largo recorrido hist&oacute;rico que dan forma a la Uni&oacute;n Europea de 2024. Fundamentalmente, las siguientes l&iacute;neas esbozan una propuesta pol&iacute;tica para pensar Canarias desde una perspectiva emancipadora. Esperamos que sirva no solo para reclamar la pertinencia de abordar con seriedad y ambici&oacute;n la pol&iacute;tica europea como pol&iacute;tica propiamente canaria, sino tambi&eacute;n para proporcionar materiales &uacute;tiles que den respuesta a las urgencias del tiempo pol&iacute;tico inaugurado tras el pasado 20-A.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&iexcl;Soltemos lastre!</strong></h3><p class="article-text">
        Tras el vibrante panorama pol&iacute;tico de Canarias de los &uacute;ltimos meses, las elecciones europeas no despiertan muchas pasiones. &iquest;Cu&aacute;les son las claves que explican este impasse? &iquest;Acaso es posible, y desde d&oacute;nde, pensar una propuesta emancipadora en el binomio Canarias-UE? Para entender el presente y mirar hacia el futuro, es esencial comprender y trascender tres trayectorias de largo recorrido que han marcado la posici&oacute;n de la izquierda canaria hacia la Uni&oacute;n Europea. Estos surcos, aunque enraizados en contextos hist&oacute;ricos espec&iacute;ficos, funcionan en el presente como r&eacute;moras que impiden la formulaci&oacute;n de una propuesta verdaderamente transformadora.
    </p><p class="article-text">
        La primera de estas r&eacute;moras es el europe&iacute;smo cr&iacute;tico de la izquierda espa&ntilde;ola, que resuena en el viejo ideario de la izquierda europea. Esta posici&oacute;n se centra en la construcci&oacute;n de un sujeto europeo de clase, feminista, antirracista y ecologista. Su visi&oacute;n es heredera de los anhelos nunca cumplidos de la Europa Social de los a&ntilde;os 70, y de la contestaci&oacute;n ante la austeridad de la crisis del 2008, a la vez que nost&aacute;lgica de ambas ante la ausencia del horizonte de expectativa que el anunciado neokeynesianismo post-pand&eacute;mico no termina de alumbrar. Hoy, el europe&iacute;smo cr&iacute;tico ni siquiera puede conectar con la aspiraci&oacute;n a la convergencia econ&oacute;mica con las econom&iacute;as de mayor bienestar social. Su plasmaci&oacute;n concreta en estas elecciones la comparten dos ofertas pol&iacute;ticas. Candidaturas como Sumar buscan estrechar lazos tanto entre grupos de la izquierda europea (la denominada <em>The Left</em>) como entre los partidos verdes, mientras que Podemos, aunque comparte esta l&iacute;nea, representa una posici&oacute;n n&iacute;tidamente de izquierda populista cl&aacute;sica, escenificando un euroescepticismo suave al dar prioridad en esta campa&ntilde;a a la denuncia de la OTAN y del env&iacute;o de armas a Ucrania. El europe&iacute;smo cr&iacute;tico de la izquierda espa&ntilde;ola, aunque bienintencionado y seguramente adaptado de forma adecuada para regiones como Andaluc&iacute;a o Extremadura &ndash; no por nada estos lugares enviaron eurodiputados a Bruselas en el pasado &ndash; sigue sin ofrecer una soluci&oacute;n radicalmente nueva para Canarias, ni tampoco se ha esforzado por integrar al sujeto canario en la primera l&iacute;nea de su propuesta pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La segunda trayectoria es la v&iacute;a regionalista de acomodamiento a los ritmos de la integraci&oacute;n europea, una postura que ha sido indistintamente representada por Coalici&oacute;n Canaria y el PSOE desde los a&ntilde;os 90 desde la administraci&oacute;n auton&oacute;mica, en la Delegaci&oacute;n del Gobierno de Canarias en Bruselas y con la participaci&oacute;n destacada de eurodiputados canarios en sucesivas legislaturas. En estos comicios, esta oferta despliega todos sus repertorios simb&oacute;licos en Nueva Canarias-BC, dentro de la coalici&oacute;n Sumar. Esta perspectiva ha buscado aprovechar el r&eacute;gimen jur&iacute;dico y econ&oacute;mico de las Regiones Ultraperif&eacute;ricas (RUP) para Canarias, proponiendo una integraci&oacute;n que respete las singularidades insulares para nada m&aacute;s que reforzar las exenciones fiscales y partidas presupuestarias espec&iacute;ficas vigentes. Sin embargo, este camino ha sido m&aacute;s de adaptaci&oacute;n que de transformaci&oacute;n, buscando encajar en el marco existente de la arquitectura institucional de la UE en lugar de desafiar sus limitaciones estructurales. Su capacidad para dar respuesta a las necesidades de la Canarias contempor&aacute;nea (en vivienda, abastecimiento energ&eacute;tico, gesti&oacute;n migratoria o diversificaci&oacute;n productiva), as&iacute; como para aspirar a la convergencia econ&oacute;mica con otras regiones europeas, es claramente insuficiente. En el futuro pr&oacute;ximo se comprobar&aacute; con mayor crudeza que la afirmaci&oacute;n tan alegre como irreflexiva &ndash; convertida en m&aacute;xima pol&iacute;tica de disciplinamiento sobre la disidencia eurocr&iacute;tica &ndash;, de que el r&eacute;gimen RUP nos consolida como <em>europeos de pleno derecho</em>, es hacer pol&iacute;tica con los ojos vendados.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, el abstencionismo pseudoafricanista y el euroescepticismo duro representan la tercera trayectoria. Su propuesta es n&iacute;tida: boicot a las elecciones europeas y mandato electoral abstencionista, cuyos nulos resultados son perfectamente observables desde las primeras elecciones europeas en las que particip&oacute; Canarias en 1989. Esta (no)posici&oacute;n, que a menudo se disfraza bajo la propuesta de transitar del r&eacute;gimen RUP al PTU (Pa&iacute;ses y Territorios de Ultramar), plantea una desconexi&oacute;n radical de la estructura europea. Entre otras cuestiones, esta propuesta desde&ntilde;a los beneficios &ndash; a&ntilde;adir&iacute;amos, y el prestigio extendido en la sociedad &ndash; del mercado com&uacute;n y dem&aacute;s mecanismos de integraci&oacute;n para Canarias; tambi&eacute;n, algo m&aacute;s preocupante: la larga dependencia del camino expresada en una econom&iacute;a pol&iacute;tica del archipi&eacute;lago dif&iacute;cil de reorientar. Este euroescepticismo, aunque atractivo para algunos anclados en lo que pudo ser y no fue de las postrimer&iacute;as de los a&ntilde;os 80, carece de una base pragm&aacute;tica que lo haga deseable en el contexto actual. No obstante, su valor reside en apuntar, aunque tan solo sea por reflejo retrospectivo, que, bajo el actual r&eacute;gimen de integraci&oacute;n a la UE, Canarias se encuentra atada de pies y manos para encajar institucionalmente las demandas que con cada vez mayor fuerza se vienen expresando en m&uacute;ltiples dimensiones: la delimitaci&oacute;n de las aguas territoriales, la restricci&oacute;n a la compraventa de viviendas a no residentes, la planificaci&oacute;n popular de la industria tur&iacute;stica, y un largo etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        Estas tres trayectorias consolidan visiones que impiden pensar una propuesta verdaderamente emancipadora. Para la izquierda canaria, el desaf&iacute;o es monumental: romper con estos moldes hist&oacute;ricos y atreverse a imaginar un futuro donde Canarias no solo se adapte a los ritmos cambiantes del mundo, sino que acometa un ejercicio consciente de resituarse radicalmente en el ensamblaje para as&iacute; trazar un sentido propio de su lugar en el mundo. Esta es, en primer lugar, la tarea de redefinir(se) en la relaci&oacute;n con la Uni&oacute;n Europea. En &uacute;ltima instancia, nos referimos a abordar con toda su crudeza el problema del sujeto, que es el gran ausente de los ciclos pol&iacute;ticos que nos legan las generaciones vencidas.&nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Una identidad geopol&iacute;ticamente escindida&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        Pero no hay sujeto sin <em>locus</em> (el lugar pol&iacute;tico). Como canarios y canarias sabemos, a base de siglos machacones, que no hay encarnaci&oacute;n ni articulaci&oacute;n pol&iacute;tica posibles sin abordar el espacio en donde nos desenvolvemos. Dicho de otro modo, no somos islas ancladas y atomizadas en medio del oc&eacute;ano. Es preciso sustantivar cr&iacute;ticamente sujeto y espacio al mismo tiempo.&nbsp; De este modo, el concepto geogr&aacute;fico de Canarias es discutido y discutible. Dec&iacute;a el historiador canario por excelencia, Jos&eacute; de Viera y Clavijo, al comienzo de su <em>Noticias de la historia de Canarias</em> (1772), acerca de la adscripci&oacute;n geogr&aacute;fica del archipi&eacute;lago:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todos cuantos tienen alguna mediana tintura de geograf&iacute;a, saben que, si bien las Islas Canarias no componen una parte muy considerable del mundo, no dejan de hacer una figura l&uacute;cida, aun cuando no se atienda a otros m&eacute;ritos que al de su ventajosa situaci&oacute;n. Ellas est&aacute;n en el oc&eacute;ano magno Atl&aacute;ntico, enfrente de la Mauritania tingitiana, provincia de Biledulgerida, entre los cabos de Guer y Bojador, de cuyas costas distan de veinte a ochenta leguas espa&ntilde;olas; y no hay duda que por esta notable inmediaci&oacute;n a aquel continente de la &Aacute;frica, del cual acaso fueron porci&oacute;n en lo primitivo, est&aacute;n generalmente demarcadas entre las islas africanas; de manera que s&oacute;lo por un efecto de negligencia geogr&aacute;fica, o por la idea que se suele tener en Europa de todos los pa&iacute;ses m&aacute;s ac&aacute; del estrecho de Gibraltar, han pasado y pasan para con algunos las islas de Canaria por regi&oacute;n de Am&eacute;rica, y por indianos sus habitantes (&hellip;). Pero ni este dictamen, a que se acostumbr&oacute; el vulgo, ni la participaci&oacute;n de algunos privilegios, comunes a los americanos e isle&ntilde;os, son bastantes t&iacute;tulos para despojar al &Aacute;frica de contar entre las posesiones que le cupieron en la participaci&oacute;n del orbe de la tierra.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de su proximidad a &Aacute;frica, nuestra tierra ha sido percibida de maneras contradictorias a lo largo del tiempo. Esta dualidad geogr&aacute;fica ha generado una identidad escindida, atrapada entre la cercan&iacute;a africana y la influencia europea, pasando por el trampantojo cada vez m&aacute;s descontextualizado del americanismo. En el contexto de las elecciones europeas, esta dualidad cobra una relevancia especial. Para la izquierda canaria, es fundamental abordar esta identidad geopol&iacute;tica escindida y plantear una visi&oacute;n que supere, tambi&eacute;n, algunas r&eacute;moras del pasado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para comenzar, es necesario desechar la idea geopol&iacute;tica de la tricontinentalidad, que presenta a Canarias como un <em>enclave</em> entre &Aacute;frica, Am&eacute;rica y Europa. Esta visi&oacute;n, aunque atractiva en su amplitud, no permite articular una posici&oacute;n concreta del archipi&eacute;lago en el mundo y le desposee de agencia. En este sentido, cabe mencionar el r&eacute;gimen de Regi&oacute;n Ultraperif&eacute;rica (RUP) profundiza la visi&oacute;n que ya denunciaba Viera y Clavijo: una percepci&oacute;n peyorativa sobre &Aacute;frica que, en nuestros tiempos, se manifiesta bajo la narrativa del afropesimismo. Este r&eacute;gimen no comprende exclusivamente una institucionalidad, sino que se encuentra dotado de una subjetividad que perpet&uacute;a la imagen paternalista de una Canarias dependiente y despose&iacute;da de agencia (geo)pol&iacute;tica. Por otro lado, un avance significativo fue sin lugar a duda el Estatuto de Autonom&iacute;a, que describe a Canarias como un &ldquo;archipi&eacute;lago atl&aacute;ntico&rdquo;. Debemos reconocer &ndash; y recordar todas las veces que haga falta &ndash; que el Estatuto acierta al describir a Canarias como un archipi&eacute;lago (un sujeto unitario) y no como &ldquo;islas&rdquo;. Si bien este t&eacute;rmino sit&uacute;a m&aacute;s o menos adecuadamente a Canarias, lo atl&aacute;ntico es insuficiente, puesto que expresa una ubicaci&oacute;n pasiva y act&uacute;a como un eufemismo que evita afirmar una posici&oacute;n geopol&iacute;tica m&aacute;s definida. Ello se ve reflejado hoy en las actitudes escasamente orientadas hacia los objetos pol&iacute;ticos que podr&iacute;amos visualizar como Europa, &Aacute;frica, la Uni&oacute;n Europea o la Uni&oacute;n Africana. Entonces, se torna imprescindible dar cuenta del encuentro eurafricano que forma parte de la constituci&oacute;n del ensamblaje.
    </p><p class="article-text">
        Pero abandonar estas r&eacute;moras tambi&eacute;n significa superar las visiones geogr&aacute;ficamente reificadas como las de Viera y Clavijo, quien conceb&iacute;a a Canarias como una extensi&oacute;n f&iacute;sica de &Aacute;frica. Nosotros planteamos que lo geogr&aacute;fico es fundamentalmente geopol&iacute;tico, y que la cuesti&oacute;n continental como unidad de adscripci&oacute;n identitaria es conceptualmente muy discutible, pero sobre todo pol&iacute;ticamente muy limitante. El archipi&eacute;lago no es un sujeto est&aacute;tico, sino un ente din&aacute;mico que debe redefinirse a partir del encuentro creciente entre Europa y &Aacute;frica, un proceso que interpela a Canarias para asumir una disposici&oacute;n cr&iacute;ticamente situada en el ensamblaje. No solo es preciso desandar lo andado, sino tambi&eacute;n trazar un nuevo camino.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El ensamblaje como tesis</strong></h3><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo despejar el campo de juego? &iquest;C&oacute;mo soltar el lastre y, al mismo tiempo, vincular nuestra cultura pol&iacute;tica a un horizonte deseable? Nuestra tesis plantea que Canarias participa de un ensamblaje eurafricano. Para nosotros, no debemos ver a Canarias como una entidad fija, sino como un actor en una red de relaciones cambiantes. Es importante anotar que todas estas din&aacute;micas e interacciones que atraviesan el archipi&eacute;lago, cuya cartograf&iacute;a es inmensa y no es prop&oacute;sito de este art&iacute;culo desarrollar, establecen una disposici&oacute;n concreta en t&eacute;rminos de poder a todos los actores que la conforman. Por supuesto, Canarias no se encuentra sola en dicho ensamblaje, y tampoco es el nodo principal de esta red. La red es una entidad viva que se adapta a los cambios y cuyos elementos est&aacute;n en constante interacci&oacute;n. En suma, toda esta heterogeneidad constitutiva del ensamblaje forma un todo funcional.
    </p><p class="article-text">
        Para los casos que nos ocupan, introducimos un vocablo que creemos &uacute;til para pensar el archipi&eacute;lago: Eur&aacute;frica. Con &eacute;l pretendemos arrojar luz sobre un encuentro cada vez m&aacute;s intenso de un espacio geopol&iacute;tico concreto de relaciones interdependientes entre Europa y &Aacute;frica. Sin embargo, tambi&eacute;n implica un reconocimiento de las asimetr&iacute;as de poder que conforman estas relaciones. El papel de Canarias en dicho encuentro no es inocuo: situarse como archipi&eacute;lago eurafricano significa enfrentar estas asimetr&iacute;as desde el reconocimiento del papel que desempe&ntilde;a Canarias en la reproducci&oacute;n de estas, en muchas ocasiones de manera c&oacute;mplice. Pero entendemos, casi a modo de paradoja, que las ventajas obtenidas de Canarias por su concurso en este proceso de reproducci&oacute;n de asimetr&iacute;as &ndash; que, por cierto, engendran injusticias por doquier &ndash; operan a modo de clausura, reforzando las condiciones perif&eacute;ricas bajo las que se nos impide aliviar el malestar que dichas asimetr&iacute;as acaban por orillar en nuestras costas (la cuesti&oacute;n migratoria en este sentido es paradigm&aacute;tica). En &uacute;ltima instancia, ello implica hacerse cargo de que el encuentro eurafricano en su espacio archipiel&aacute;gico no es un juego de suma cero, sino de ganancias netas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La segunda parte de nuestra tesis, o si quieren, su reverso, es la convicci&oacute;n de que, si bien el ensamblaje puede operar conceptualmente, el reconocimiento de este y su posterior cartograf&iacute;a enfrenta un obst&aacute;culo dif&iacute;cil de sortear. Digamos que, en t&eacute;rminos epistemol&oacute;gicos, nuestra mirada est&aacute; confundida por la subjetividad &ndash; que no es otra que los repertorios est&eacute;ticos de la canariedad &ndash; que imprimimos a nuestra visi&oacute;n del mundo. Esto quiere decir que todo individuo puede imaginar geogr&aacute;ficamente el ensamblaje, pero la disposici&oacute;n concreta que adopta el canario en el mismo le sit&uacute;a en un punto ciego. En otras palabras, los canarios tenemos una venda que nos impide ver el ensamblaje.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En adelante, examinamos c&oacute;mo opera este punto ciego en tres &aacute;reas de inter&eacute;s: 1) las mitolog&iacute;as que informan el debate pol&iacute;tico canario, 2) las actitudes espec&iacute;ficamente pasivas de nuestra cultura pol&iacute;tica ante la Uni&oacute;n Europea, y 3) el retorno de lo geopol&iacute;tico como refugio identitario. Estas esferas se sit&uacute;an en una escala regional, comunitaria e internacional respectivamente, pero se disponen de manera totalmente solapadas e hibridadas en el ensamblaje. Volveremos sobre esta cuesti&oacute;n en la conclusi&oacute;n.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>1.Desmitificar el para&iacute;so</strong></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Desde el mito de las Islas Afortunadas, pasando por la promoci&oacute;n tur&iacute;stica del <em>para&iacute;so</em> canario hasta, en los &uacute;ltimos tiempos, la denuncia social expresada como destrucci&oacute;n de un para&iacute;so <em>nuestro</em>, tenemos la impresi&oacute;n de que la enunciaci&oacute;n colectiva desde la que se recrea Canarias parte de una premisa incontestada: la geograf&iacute;a imaginaria del archipi&eacute;lago paradis&iacute;aco. De alg&uacute;n modo &ndash; y a cada uno le corresponde revisar su parte de responsabilidad en ello &ndash; la asimilaci&oacute;n Canarias-para&iacute;so condensa hoy el sentido com&uacute;n, y pocos son los que se resisten a dejarse llevar por la exaltaci&oacute;n del archipi&eacute;lago ed&eacute;nico. Es as&iacute; como este artificio se ha convertido en un instrumento maleable al servicio de voluntades contrapuestas: a la par que alimenta el discurso de un modelo productivo depredador, en &uacute;ltima instancia, ofreciendo un punto de apoyo &ndash; el para&iacute;so &ndash; a partir del que reivindicar un espacio e identidad propias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, polemizamos con la siguiente problem&aacute;tica: &iquest;qu&eacute; hacer cuando la enunciaci&oacute;n de las fuerzas hegem&oacute;nicas y contrahegem&oacute;nicas parten de un mismo <em>lugar</em>? Realicemos un sincero ejercicio de autocr&iacute;tica. Acaso como consecuencia del enraizamiento de la mirada externa en la episteme canaria &ndash; o, quiz&aacute;s tambi&eacute;n, como reflejo de un complejo de inferioridad colectivo producto de esa misma mirada &ndash;, hemos sido testigos de c&oacute;mo la mitolog&iacute;a del archipi&eacute;lago-para&iacute;so ha sido reapropiado como eje central de la reivindicaci&oacute;n social. Es un acuerdo m&aacute;s o menos expl&iacute;cito, pero cada vez m&aacute;s presente en el inconsciente colectivo canario. En este contexto, el pr&oacute;ximo acontecimiento pol&iacute;tico a la vista &ndash; las elecciones europeas &ndash;, interpela directamente a un 20-A que no se da por aludido y nos plantea la necesidad de se&ntilde;alar sin ambages los l&iacute;mites autoimpuestos de la imaginaci&oacute;n geogr&aacute;fica sobre el archipi&eacute;lago canario y sus implicaciones pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        La premisa es clara. La mitolog&iacute;a del para&iacute;so vac&iacute;a de contenido al archipi&eacute;lago y lo convierte en un reducto ahist&oacute;rico, un espacio de proyecci&oacute;n de fantas&iacute;as y deseos desde la exterioridad. Sostenemos que hay algo de alarmante cuando esta mirada permea y es adoptada como propia por la sociedad canaria, movilizada y reapropiada como bandera de la reivindicaci&oacute;n de un pueblo en su hartazgo.&nbsp; Planteamos que el archipi&eacute;lago-para&iacute;so no es m&aacute;s que la proyecci&oacute;n de quien busca, por un periodo de tiempo limitado y con pasaporte de turista, otorgarle una cierta materialidad a lo ficticio. La cuesti&oacute;n es: &iquest;a qu&eacute; fuerzas productivas sirve este artificio? Se trata de una l&oacute;gica de consumo del espacio, por lo tanto, funcional al complejo turismo-construcci&oacute;n del modelo productivo canario. Es algo que ya denunci&oacute; el antrop&oacute;logo Fernando Est&eacute;vez cuando dijo que los canarios nos hab&iacute;amos convertido en turistas de nuestra propia tierra. Ahora bien, cuando este artificio es articulado por la movilizaci&oacute;n social, se parte de un anhelo de un archipi&eacute;lago que nunca fue, la reminiscencia de un Ed&eacute;n que nunca habit&oacute; Canarias. De esta forma, la reivindicaci&oacute;n se diluye en la pugna por un espacio distorsionado. A&uacute;n m&aacute;s, esta reapropiaci&oacute;n del para&iacute;so no es inocua. Como le&ntilde;a que se le echa al fuego, la retroalimentaci&oacute;n que se produce entre discursos que reclaman el archipi&eacute;lago paradisiaco para unos o para otros solo refuerza este imaginario y no ofrecen un lugar de verdadera emancipaci&oacute;n pol&iacute;tica. Son, desde este punto de vista, enunciaciones pol&iacute;ticas orientadas hacia un &ldquo;no lugar&rdquo; que es imposible alcanzar, no ya por su car&aacute;cter ut&oacute;pico, sino porque no permite dar cuenta de la realidad del archipi&eacute;lago y los procesos que en &eacute;l convergen m&aacute;s all&aacute; de los atributos consensuados de una geograf&iacute;a paradis&iacute;aca. El archipi&eacute;lago-para&iacute;so se convierte as&iacute; en una utop&iacute;a paralizante que, en oposici&oacute;n al axioma de Galeano, no permite avanzar.
    </p><p class="article-text">
        Este proceso evidencia una clara despolitizaci&oacute;n del espacio archipiel&aacute;gico. La esencializaci&oacute;n en la concepci&oacute;n de Canarias no solo oscurece su lado no tan paradisiaco, sino que impide atender a todos los procesos pol&iacute;ticos, sociales, econ&oacute;micos, entre otros, que atraviesan el archipi&eacute;lago y lo conforman. Es ah&iacute; donde se encuentra una de las claves de nuestra reflexi&oacute;n: para reensamblar el archipi&eacute;lago euroafricano tenemos que desvelar su constituci&oacute;n din&aacute;mica y cambiante. No cuestionar la asimilaci&oacute;n archipi&eacute;lago-para&iacute;so impide arrancar de ra&iacute;z una forma de desposesi&oacute;n del <em>locus</em> pol&iacute;tico de Canarias. Operando a trav&eacute;s del tiempo, esta ficci&oacute;n contribuye a un borrado de la historia y de los procesos, pasados y presentes, que (re)constituyen el archipi&eacute;lago canario. Que esta cuesti&oacute;n no lleve a equ&iacute;voco: no es la [pol&iacute;tica de] identidad en s&iacute; misma lo que resulta limitante en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, sino la manera en que su cierre prematuro en forma de mito no permite articular actitudes y posicionamientos emancipadores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, la frustraci&oacute;n es compartida. Por ello, insistimos en que es hora de asumir que un archipi&eacute;lago reivindicado con base en lo paradis&iacute;aco &ndash; tanto para los de &ldquo;fuera&rdquo; como para los de &ldquo;dentro&rdquo; &ndash; es un archipi&eacute;lago vac&iacute;o, una entidad despolitizada desde la que no es posible articular una reivindicaci&oacute;n con perspectivas exitosas de emancipaci&oacute;n. La identidad-para&iacute;so, como identidad inculcada, despolitizada y ahist&oacute;rica, remite a un espacio irreal en el que no podremos ser. En el para&iacute;so ni hay pol&iacute;tica, ni hay identidad. Tan solo hay vac&iacute;o&hellip;. &iexcl;y Canarias no es otra cosa sino un espacio vivo en disputa! Es, por lo tanto, imprescindible cuestionar la l&oacute;gica del archipi&eacute;lago-para&iacute;so en todas y cada una sus manifestaciones, ante el peligro de quedarnos estancados en una espacialidad ficticia.
    </p><p class="article-text">
        Con esta propuesta no pretendemos desvirtuar las reivindicaciones ni atemperar los &aacute;nimos de un movimiento que, de forma esperanzadora, parece extenderse en un tejido social cada vez m&aacute;s amplio. Pero s&iacute; decimos que llegar&aacute; el momento, si no hemos traspasado ya ese Rubic&oacute;n, en que forzosamente habr&aacute; que hacerse cargo de ello. De lo contrario, corremos el riesgo de enterrar el horizonte de emancipaci&oacute;n sobre una identidad desalentadora. Sin reservas, afirmamos que este cuestionamiento ontol&oacute;gico es ineludible como punto de partida para el reensamblaje. Del para&iacute;so no cabe nada que recuperar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>         2.La ausencia de cultura pol&iacute;tica sobre la UE</strong>
    </p><p class="article-text">
        Atravesados por el momento pol&iacute;tico en el que escribimos &ndash; encajando la reciente movilizaci&oacute;n del 20-A junto con las inminentes elecciones al Parlamento Europeo &ndash;, sentimos que es indispensable cuestionar la manera en la que estos dos acontecimientos se encuentran entrelazados. El d&eacute;ficit de participaci&oacute;n en las elecciones europeas, al igual que la incapacidad de imaginar a la Uni&oacute;n Europea como objetivo de algunas de las reclamaciones de la movilizaci&oacute;n social, no son casuales. Tampoco son producto de una simple desidia colectiva a la que tantas veces se achaca la falta de implicaci&oacute;n pol&iacute;tica. Estos son los s&iacute;ntomas de un problema mayor, una expresi&oacute;n de que la sociedad canaria tiene un claro punto ciego en lo que respecta a la UE que impide observar c&oacute;mo el archipi&eacute;lago canario se encuentra atravesado, constituido y condicionado por su pertenencia a una organizaci&oacute;n supranacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil descifrar el entramado de fuerzas que atraviesan a nuestro despolitizado archipi&eacute;lago. Y, sin embargo, se encuentran presentes a nuestro alrededor de forma constante. Los Fondos Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) &ndash; tan presentes en la se&ntilde;alizaci&oacute;n de muchas infraestructuras &ndash;, pero tambi&eacute;n la pol&iacute;tica migratoria acordada en el seno de la UE &ndash; con el reciente Pacto de Migraci&oacute;n y Asilo, que condensa con mayor cinismo si cabe la <em>Europa Fortaleza</em> &ndash;, materializan la pertenencia comunitaria a trav&eacute;s de distintos impactos. Formar parte del espacio de la UE &ndash; y que la UE atraviese el nuestro &ndash; condiciona, por ejemplo, la compraventa de viviendas por extranjeros en las islas, y en &uacute;ltima instancia supone el mayor mercado de captaci&oacute;n de aquello que, seg&uacute;n se dice, nos da de comer. Sin embargo, por torpeza o desconocimiento, la Uni&oacute;n Europea no ha sido se&ntilde;alada como blanco visible de las demandas de la movilizaci&oacute;n del 20-A. De nuevo, es fundamental adoptar una mirada que desvele el ensamblaje.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Acaso no es curioso? El desinter&eacute;s por los temas europeos guarda cierta contradicci&oacute;n en un lugar, Canarias, para el que la pertenencia geopol&iacute;tica siempre ha sido central. Volvamos sobre el punto anterior de la identidad geopol&iacute;tica escindida. &iquest;Qui&eacute;n no ha escuchado alguna vez ese axioma perezosamente ecu&aacute;nime e intelectualmente indolente de que Canarias es &ldquo;geogr&aacute;ficamente africana y pol&iacute;ticamente europea&rdquo;? La sociedad canaria interioriza una identidad escindida, que cuando se quiere articular pol&iacute;ticamente se desvanece en el plano de la consciencia. Porque al igual que las desgracias, las contradicciones nunca vienen solas, y es que esta relaci&oacute;n entre Canarias y la UE entra&ntilde;a, en nuestra opini&oacute;n, otra paradoja de mayor significaci&oacute;n. Nos encontramos ante un archipi&eacute;lago que persigue constantemente reivindicarse desde la lejan&iacute;a y la otredad, marcando su supuesta excepcionalidad identitaria como patente de singularidad. &iquest;Qui&eacute;n no ha escuchado ese otro axioma a&uacute;n m&aacute;s perezoso e indolente de que somos geogr&aacute;ficamente africanos, pol&iacute;ticamente europeos&hellip; <em>y culturalmente latinoamericanos</em>? M&aacute;s all&aacute; de que invita a sospechar que estos axiomas exotizan y subalternizan al sujeto canario, apelando a una construcci&oacute;n identitaria desde una diferencia geogr&aacute;ficamente segmentada y esencializada, hay algo a&uacute;n m&aacute;s preocupante que resolver. Esto es que, al tiempo que reclama su singularidad, Canarias es incapaz de concebirse como entidad pol&iacute;tica activa situada estrat&eacute;gicamente en el ensamblaje.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es por ello por lo que reivindicamos que &uacute;nicamente a trav&eacute;s de una comprensi&oacute;n del archipi&eacute;lago canario como entidad pol&iacute;tica compleja podremos cuestionar la posici&oacute;n que ocupamos en la UE y articular en consecuencia nuestras aspiraciones. Que no le quepa duda al lector: expresamos esta necesidad desde el convencimiento de que, de lo contrario, los m&aacute;rgenes de actuaci&oacute;n para Canarias ser&aacute;n escasos
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n de la sociedad canaria con la Uni&oacute;n Europea se asemeja a la de un objeto pol&iacute;tico no identificado (OPNI) visto desde nuestro campo. Como nos ense&ntilde;aron Gabriel Almond y Sydney Verba, las orientaciones o actitudes concretas hacia los objetos pol&iacute;ticos &ndash; v&eacute;ase el Estado, los partidos, la sociedad civil misma, el POSEI, etc. &ndash; son fundamentales para luego entender la participaci&oacute;n pol&iacute;tica activa de una comunidad dada. Sin embargo, en Canarias, los temas europeos parecen estar ausentes de estas orientaciones, siendo percibidos como algo distante y abstracto. Ello conforma una cultura pol&iacute;tica vac&iacute;a de contenido y manifiestamente subalterna. A pesar de ser parte integral de la estructura pol&iacute;tica y econ&oacute;mica del archipi&eacute;lago, la UE no figura prominentemente en la conciencia pol&iacute;tica de los canarios. Si acaso nos relacionamos con ella en t&eacute;rminos cognitivos, afectivos o evaluativos, estas relaciones se dan de manera muy d&eacute;bil. &nbsp; Este fen&oacute;meno se manifiesta en varias formas, desde la baja participaci&oacute;n en las elecciones europeas hasta la falta de discusi&oacute;n p&uacute;blica sobre las pol&iacute;ticas y decisiones comunitarias que afectan directamente a Canarias. Cabe anotar que no es as&iacute; en otros escenarios, por lo que hay algo espec&iacute;fico sobre lo europeo que no termina de cuajar en la cultura pol&iacute;tica del archipi&eacute;lago. Dicho de otro modo, podemos imaginarnos una confrontaci&oacute;n con el Gobierno de Espa&ntilde;a (el cl&aacute;sico binomio Canarias-Estado), pero a&uacute;n adolecemos de la capacidad de performar una dial&eacute;ctica Canarias-Bruselas o Canarias-Comisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es as&iacute; como las actitudes y orientaciones pol&iacute;ticas de los canarios hacia la UE, rozando la hip&eacute;rbole, reflejan que no hay un reconocimiento profundo de c&oacute;mo las decisiones de la UE influyen en la vida cotidiana de las islas. Un ejemplo claro de esto es la percepci&oacute;n de la implementaci&oacute;n de los Fondos Europeos de Desarrollo Regional (FEDER) o del destino de los Fondos Next Generation. Sospechamos que, salvo en lo que respecta a sectores de actividad muy concretos &ndash; ganaderos y agricultores, por ejemplo &ndash;, estos fondos son interiorizados por la mayor&iacute;a de los canarios en t&eacute;rminos de ayuda de una Uni&oacute;n Europea generosa. En defensa de la sociedad canaria, cabe rese&ntilde;ar que seguramente el propio dise&ntilde;o vertical y los d&eacute;ficits democr&aacute;ticos del procedimiento administrativo europeo contribuyen en su justa medida a conformar esta imagen.
    </p><p class="article-text">
        La plasmaci&oacute;n m&aacute;s tr&aacute;gica y evidente se encuentra en la membrana que separa a representantes y representados. As&iacute; como durante d&eacute;cadas la mayor parte de los canarios eran capaces de relacionar r&aacute;pidamente a la &ldquo;canaria en Madrid&rdquo; con Ana Oramas, o en tiempos m&aacute;s recientes al &ldquo;diputado de las rastas canario&rdquo; con Alberto Rodr&iacute;guez, no ocurre lo propio con los actuales eurodiputados canarios Gabriel Mato (PP) y Juan Fernando L&oacute;pez Aguilar (PSOE). Nadie salvo un periodista o un militante de partido visualiza el concepto de eurodiputado canario con alguna de estas personalidades, incluso a pesar de que estos son pol&iacute;ticos de dilatadas trayectorias. De todos modos, en lo que respecta a la cultura pol&iacute;tica de los canarios, resulta m&aacute;s lacerante observar que en la campa&ntilde;a electoral ha pasado sin pena ni gloria el reciente acuerdo sobre el Pacto de Migraci&oacute;n y Asilo de la UE, que adem&aacute;s ha sido protagonizado y en buena medida liderado por J.F. L&oacute;pez Aguilar. El hecho es que se trata de un pacto que traza un consenso ideol&oacute;gico sobre la gesti&oacute;n de las migraciones desde la socialdemocracia hasta la extrema derecha, desde L&oacute;pez Aguilar a Jorge Buxad&eacute;, que empa&ntilde;a una carrera pol&iacute;tica llena de luces en lo que al primero se refiere. No obstante, m&aacute;s all&aacute; de las individualidades, que un pacto tan trascendental &ndash; denunciado por multitud de organizaciones en defensa de los derechos humanos &ndash; haya pasado desapercibido en la mayor parte de la sociedad canaria no solo condensa las problem&aacute;ticas expresadas en este art&iacute;culo. Sobre todo, representa una humillaci&oacute;n descarnada para un archipi&eacute;lago que es condenado a ejercer el papel de una frontera en la que se seguir&aacute;n vulnerando los derechos de las personas migrantes y que, eventualmente podr&iacute;a, de acuerdo con el Pacto, ejercer el espantoso margen de discrecionalidad que Espa&ntilde;a adquiere como Estado miembro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pese a todo, en medio de toda esta barbarie, la nota m&aacute;s esperanzadora seguramente la encontremos en esta esfera de acci&oacute;n. Durante el &uacute;ltimo lustro de crisis migratoria, toda una red de activistas, abogadas, voluntarias, periodistas comprometidas e instituciones locales ha dado lo mejor de s&iacute; por dignificar la acogida y el tr&aacute;nsito de las personas migrantes durante su estancia en Canarias. Si bien las actitudes espec&iacute;ficas de la sociedad canaria con respecto a la Uni&oacute;n Europea, a nuestro juicio, no han permeado activamente la cultura pol&iacute;tica del archipi&eacute;lago, una cuesti&oacute;n es digna de ser recordada. A&uacute;n hoy, los conatos de episodios xen&oacute;fobos &ndash; aunque inquietantes &ndash; han sido localizados y no se han extendido en el tiempo. Existe por lo tanto una estructura de sentimiento, que dir&iacute;a Raymond Williams, que act&uacute;a como cortafuegos y que, a su vez, quiz&aacute; pueda inspirar futuras articulaciones que nos dispongan de manera m&aacute;s activa en el ensamblaje eurafricano.
    </p><p class="article-text">
        <strong>              3.La geopol&iacute;tica como refugio identitario</strong>
    </p><p class="article-text">
        Son tiempos turbulentos. Suenan tambores de guerra, volvemos a escuchar c&oacute;mo los arsenales imprimen con frenes&iacute; la producci&oacute;n de armamento y, de pronto, estamos constantemente mirando mapas para darle sentido al curso de acontecimientos que, en su mayor&iacute;a, traen desgracias a nuestras mentes. Recientemente en Canarias hemos pensado muy poco la geopol&iacute;tica, aunque quiz&aacute; ser&iacute;a m&aacute;s adecuado preguntarse cu&aacute;ndo nos hemos prodigado especialmente en este campo. M&aacute;s all&aacute; del seguidismo de las corrientes que corresponden a la pol&iacute;tica exterior espa&ntilde;ola y europea y en las que el archipi&eacute;lago no tiene competencias, hemos visto poca cosa en este sentido. Cuando se produjo la importante Cumbre de la OTAN en Madrid en la que se deline&oacute; el nuevo Concepto Estrat&eacute;gico, en la esfera p&uacute;blica canaria apenas hubo vagas referencias ante el peligro que entra&ntilde;a &ndash; para Canarias exclusivamente, por supuesto &ndash; la inestable situaci&oacute;n pol&iacute;tica de los pa&iacute;ses del Sahel y sus amenazas derivadas (flujos migratorios y terrorismo, fundamentalmente). Aqu&iacute; tambi&eacute;n toca ser un poco generosos, puesto que quiz&aacute; resulta un tanto injusto recriminarles a los canarios su-nuestra disposici&oacute;n pasiva en el ensamblaje, considerando lo provincianos que pueden llegar a ser sus medios de comunicaci&oacute;n, dirigentes pol&iacute;ticos y dem&aacute;s esfera p&uacute;blica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el pintoresco mosaico que llamamos izquierda canaria, el refer&eacute;ndum sobre la OTAN de 1986 es la clave de b&oacute;veda. La mayor&iacute;a popular que vot&oacute; en contra de la adhesi&oacute;n a la OTAN reflej&oacute; una profunda preocupaci&oacute;n por los peligros del militarismo y los dilemas de seguridad en un mundo que exhalaba el &uacute;ltimo aliento de la Guerra Fr&iacute;a. Sin embargo, con el paso del tiempo, este evento envejeci&oacute; en algo m&aacute;s que un recuerdo hist&oacute;rico; se ha convertido en un mito reificado que prorroga un debate impostergable sobre los desaf&iacute;os de seguridad contempor&aacute;neos. No por nada dec&iacute;a Marx en el <em>18 Brumario de Luis Bonaparte</em> que &ldquo;la tradici&oacute;n de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos&rdquo;. En la memoria sentimental de nuestra querida izquierda canaria, ello se concreta en otro mito, la c&eacute;lebre Uni&oacute;n del Pueblo Canario (UPC), cuyo impulso fue decisivo para ganar el refer&eacute;ndum a&ntilde;os despu&eacute;s de muerto cual Cid Campeador montado sobre el caballo.
    </p><p class="article-text">
        De este modo, en discursos parlamentarios y en campa&ntilde;as electorales a menuda escuchamos los siguientes esl&oacute;ganes: &ldquo;plataforma de paz&rdquo;, &ldquo;neutralidad&rdquo; o &ldquo;internacionalismo&rdquo;. Estas palabras han arraigado en el discurso, pero rara vez se han traducido en propuestas concretas y acciones tangibles. Es nuestra convicci&oacute;n de que no son m&aacute;s que tropos ideol&oacute;gicos que act&uacute;an como una forma de sublimaci&oacute;n de la imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica, permitiendo a los izquierdistas sentirse c&oacute;modos en su percepci&oacute;n de s&iacute; mismos como algo que no son: los victoriosos antibelicistas de los a&ntilde;os 80. Este punto ciego, esta desconexi&oacute;n entre la narrativa hist&oacute;rica y la realidad contempor&aacute;nea, es una barrera que obstaculiza el camino hacia un reensamblaje eurafricano desde una perspectiva emancipadora.&nbsp; Es hora de romper con la autocomplacencia de la nostalgia y enfrentar los dilemas de seguridad del presente con determinaci&oacute;n. Por ejemplo, &iquest;qu&eacute; le dice a Canarias la autonom&iacute;a estrat&eacute;gica europea? &iquest;Qu&eacute; disposici&oacute;n concreta en dicho sistema ser&iacute;a deseable que ocup&aacute;semos en la misma? Y es que en el ba&uacute;l de los recuerdos encontraremos, seguramente, algunas viejas glorias. Pero, como los trofeos, su utilidad pol&iacute;tica alcanza nada m&aacute;s que para decorar una vitrina, y no sirven para salir a jugar el partido.&nbsp; Solo entonces podremos deshacernos del velo que nos impide ver claramente nuestro lugar en el mundo y comenzar a tejer, hilo a hilo, un nuevo escenario de seguridad para Canarias.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Conclusi&oacute;n: hacia el reensamblaje</strong></h3><p class="article-text">
        El ensamblaje eurafricano, tal como lo hemos abordado en este art&iacute;culo, revela las interconexiones y dependencias que configuran nuestra realidad. Entender este ensamblaje implica desvelar el manto que lo recubre, ese manto que nos ha cegado ante las fuerzas que moldean nuestro presente.&nbsp; Reconocemos que estamos mal situados en el ensamblaje. El ensamblaje ya existe, pero tiene un punto ciego; los canarios tenemos una venda que nos impide verlo claramente. Nuestra posici&oacute;n en el ensamblaje est&aacute; determinada por c&oacute;mo lo miramos, y es imprescindible cambiar nuestra perspectiva para recolocarnos estrat&eacute;gicamente. La resoluci&oacute;n de esta contradicci&oacute;n es lo que planteamos como el reensamblaje. Este es un proceso que concebimos metaf&oacute;ricamente mediante la electrificaci&oacute;n de toda la red, un ejercicio pol&iacute;tico radical que pueda iluminar los caminos estrat&eacute;gicamente favorables hacia eventos de emancipaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Desde la honestidad y la autocr&iacute;tica, reconocemos que estas l&iacute;neas no son m&aacute;s que un borrador de trabajo, un esbozo preliminar de ideas que, creemos firmemente, deben traducirse en acci&oacute;n colectiva. Este ensayo se concibe como una tarea pol&iacute;tica, una labor te&oacute;rica militante al servicio del debate y la cr&iacute;tica situada para con los objetivos de emancipaci&oacute;n de Canarias. No hemos profundizado en c&oacute;mo proceder a la ruptura del ensamblaje o c&oacute;mo disponernos estrat&eacute;gicamente para superar el punto ciego. Este abordaje preliminar se ha centrado m&aacute;s en la composici&oacute;n y las relaciones entre los elementos heterog&eacute;neos que forman la entidad funcional del ensamblaje eurafricano. A nuestro juicio, una tarea crucial de praxis te&oacute;rica ser&iacute;a, necesariamente, mapear y cartografiar las jerarqu&iacute;as y centros de poder que informan estas relaciones.
    </p><p class="article-text">
        El reensamblaje eurafricano no es un ejercicio abstracto, un exceso intelectualista o un artificio academicista. Es una tarea militante que nos invita a desafiar los mitos que nos han contenido y a establecer un marco de acci&oacute;n concreto y estrat&eacute;gico. En &uacute;ltima instancia, este art&iacute;culo se ofrece como una herramienta para el debate, un instrumento para el ensayo y el error. En suma, es toda una declaraci&oacute;n de intenciones: invitamos a todas aquellas comprometidas con la emancipaci&oacute;n de Canarias a cuestionar, criticar y, sobre todo, a actuar. La tarea de reensamblar nuestro mundo es ardua, pero es tambi&eacute;n la m&aacute;s noble y urgente de nuestras responsabilidades. Solo as&iacute;, transformando nuestra visi&oacute;n y acci&oacute;n colectiva, podremos alumbrar los caminos estrat&eacute;gicos que nos permitan dar la pelea.
    </p><p class="article-text">
        Gracias por leernos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Ojeda Rodríguez, Sira Dupain Trujillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/politica/reensamblar-archipielago-eurafricano_1_11433082.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Jun 2024 12:11:31 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a227883f-075b-4e3e-a0df-0b615de64efa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="51203" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a227883f-075b-4e3e-a0df-0b615de64efa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="51203" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Reensamblar el archipiélago eurafricano]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a227883f-075b-4e3e-a0df-0b615de64efa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La turismofobia, la turismofilia y los límites de lo político]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/turismofobia-turismofilia-limites-politico-20-de-abril-manifestacion-canarias-limite_132_11302599.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6431d065-bd9a-447c-8428-dc52605bb085_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La turismofobia, la turismofilia y los límites de lo político"></p><p class="article-text">
        La manifestaci&oacute;n convocada para el pr&oacute;ximo 20 de abril ya alcanz&oacute;, antes de celebrarse, su primera y m&aacute;s importante victoria: el miedo cambi&oacute; de bando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante estas &uacute;ltimas semanas hemos asistido a episodios grotescos, al tiempo que c&oacute;micos, e incluso pat&eacute;ticos. Este archipi&eacute;lago lo aguanta todo. Hemos visto a dirigentes patronales lamentar la <em>turismofobia</em> para, una semana m&aacute;s tarde, desdecirse escurriendo el bulto en la televisi&oacute;n auton&oacute;mica; al Gobierno de Canarias despreciar la protesta d&iacute;a s&iacute; y vestirse de los ropajes de la impugnaci&oacute;n contra la precariedad laboral del turismo d&iacute;a tambi&eacute;n; y a magacines televisivos brit&aacute;nicos preguntarse, indignados (ellos, los m&aacute;s honestos), si deber&iacute;a el Reino Unido &ldquo;boicotear Tenerife&rdquo;, su isla de vacaciones. Pero, &iquest;c&oacute;mo interpretar este circo, este baile de m&aacute;scaras diario de declaraciones contradictorias y eventos ininteligibles?
    </p><p class="article-text">
        Canarias es un teatro. Toda pol&iacute;tica lo es, claro, puesto que toda pol&iacute;tica consiste en una escenificaci&oacute;n del conflicto, pero la gram&aacute;tica de su gui&oacute;n no es la &eacute;pica, tampoco lo es la tragedia, ni mucho menos es el esperpento. Y, a pesar de su proximidad a la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, el archipi&eacute;lago no es muy proclive a los excesos de dramatizaci&oacute;n. No, la pol&iacute;tica canaria es, ante todo, el ejercicio consciente de la confusi&oacute;n, un teatro de la picaresca de doble fondo. Sus personajes son quimeras que dicen y aparentan ser lo que no son. Al mismo tiempo, el gui&oacute;n es muy propenso a la ambig&uuml;edad: los esfuerzos &ndash; econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos y medi&aacute;ticos &ndash; se dirigen a recubrir todo de una nebulosa que no permita ni al propio espectador distinguir qu&eacute; es y qu&eacute; no es cada personaje. Si nadie entiende nada, entonces ser&aacute; que no hay nada que entender.
    </p><p class="article-text">
        El nexo com&uacute;n que une los &uacute;ltimos acontecimientos no es otro sino el hecho constatable de que el campo popular ha situado sus t&eacute;rminos de discusi&oacute;n en el centro de la agenda social, pol&iacute;tica y medi&aacute;tica de Canarias. Ese es un logro muy meritorio, teniendo en cuenta la porosa membrana que separa a la sociedad canaria del debate y la toma de decisiones de los asuntos p&uacute;blicos. Vivimos (&iquest;viv&iacute;amos?) de espaldas a una realidad que nos golpea de frente todos los d&iacute;as, sin poder darle nombre ni enfrentarla con decisi&oacute;n. <em>Canarias tiene un l&iacute;mite</em>, lema de la convocatoria de las manifestaciones, despeja el campo de juego y traza un nuevo sentido com&uacute;n: el modelo productivo ya no da m&aacute;s de s&iacute;. Nada menos que concentraciones simult&aacute;neamente en todas las islas (convocadas por diferentes convocantes), manifestaciones en ciudades de la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica y unas cuantas m&aacute;s en capitales europeas. E ilusi&oacute;n, mucha ilusi&oacute;n. Todo un mensaje.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La gesti&oacute;n del miedo, que siempre vuelve</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es un alivio saber que el adversario no es muy sofisticado. El vicepresidente de Ashotel, Gabriel Wolgeschaffen, desinteresadamente preocupado por la reputaci&oacute;n del turismo, advirti&oacute; que &ldquo;a la vaca que da leche hay que dejarla tranquila&rdquo;. Para desgracia de este individuo, la sociedad canaria lleva d&eacute;cadas sosteniendo, de manera intermitente pero explosiva, la defensa del territorio a partir de una m&aacute;xima que anticipaba el pensamiento ecologista del presente: activar el freno de emergencia. Es en el pasado de las movilizaciones ecologistas en donde debemos rastrear el poso popular que eclosionar&aacute; el 20 de abril, como a su vez es en la tragedia de este movimiento &ndash; intermitente, espont&aacute;neamente exitoso, pero sin continuidad org&aacute;nica en el campo popular &ndash; donde debemos anticipar los enormes obst&aacute;culos que presagian, premonitoriamente, las incertidumbres del presente.
    </p><p class="article-text">
        D&eacute;cadas de modelo de desarrollo tur&iacute;stico nos dejan una estampa sociol&oacute;gica arraigada en el imaginario colectivo canario que es preciso identificar y cuestionar. Ese no puede ser calificado sino como el discurso del miedo. El turismo simboliza el contrato social de Canarias y, al mismo, nuestro encaje en la divisi&oacute;n europea del trabajo. Represent&oacute; una promesa de prosperidad para generaciones de canarios despu&eacute;s de siglos de emigraciones, exilios y pobreza severa bajo los anteriores reg&iacute;menes de monocultivo. Efectivamente, bajo la &eacute;gida del desarrollismo tur&iacute;stico, Canarias alcanz&oacute; niveles de bienestar nunca vistos. Ello funciona como un discurso disciplinador ante cualquiera que cuestione el modelo, y es el declive de su credibilidad para cumplir ese pacto por cuestiones evidentes (cada vez m&aacute;s turistas y cada vez m&aacute;s pobres) lo que ofrece la ventana de oportunidad para entender el agotamiento del modelo, el descr&eacute;dito de sus defensores y el hartazgo de cada vez m&aacute;s canarias y canarios.
    </p><p class="article-text">
        El discurso del miedo, por despiadado, es simple de entender. Personifica un chantaje lacerante que resuena en la memoria de generaciones de canarios que conocieron la miseria. Sus voceros pregonan que <em>el turismo nos sac&oacute; de pobres</em>. Falso. Hay que negarlo sin complejos porque ni siquiera es una verdad a medias. Quiz&aacute;, y siendo generosos, se trata m&aacute;s bien de una mentira a medias. No fueron los hoteleros ni las turoperadoras, ni la inversi&oacute;n extranjera, ni tampoco el gasto del turista visitante, lo que trajo bienestar social a Canarias. Fue el pueblo canario mismo, a trav&eacute;s de sus organizaciones sindicales, sus Asambleas de Vecinos independientes, sus cristianos de base, su movimiento feminista pionero y sus organizaciones partidistas de clase, quienes presionaron activamente para acabar con el chabolismo, edificar el sistema educativo y erigir el servicio canario de salud.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El discurso oficial ha pretendido borrar convenientemente esta disputa. El r&eacute;gimen de desarrollo presente es el reflejo, ni m&aacute;s ni menos, de la correlaci&oacute;n de fuerzas entre estas dos potencias que, en su choque, alcanzaron un equilibrio que desde hace tiempo se encuentra obsoleto. Cuando hablamos del modelo productivo, subrayar la agencia del movimiento &ndash; su capacidad de obrar, de torcer la mano al poder, de desbordarlo y de obligarle a asumir sus demandas &ndash; es la cara opuesta de la imagen de un pueblo canario que debe ser agradecido y servicial ante las migajas que le proporcionan los poderosos. Nada se ha ganado sin un enorme esfuerzo y organizaci&oacute;n en la historia social de Canarias. Y nadie, absolutamente nadie, lo tiene m&aacute;s presente que el adversario.
    </p><p class="article-text">
        El pacto antes mencionado tambi&eacute;n contiene, de forma impl&iacute;cita, una promoci&oacute;n activa de la despolitizaci&oacute;n social. Los discursos parlamentarios, las escaletas radiotelevisivas y el di&aacute;logo social entre patronal y sindicatos en Canarias tienen como objetivo la contenci&oacute;n no espec&iacute;ficamente del conflicto (en ocasiones incluso lo han promocionado), sino de su curso. El discurrir del conflicto en Canarias, ante todo, siempre debe acabar: no puede permanecer activo mucho tiempo, pues sus derivadas podr&iacute;an ser incontrolables. A su vez, parad&oacute;jicamente, el conflicto debe terminar en un reforzamiento de las posiciones de poder de aquellos que lo detentan. Pueden aceptarse muchas demandas y pueden ser integrados algunos sectores del movimiento. La elasticidad del poder en Canarias no conoce l&iacute;mites y a la historia reciente &ndash; exam&iacute;nenla ustedes mismos &ndash; me remito. Es as&iacute; como el ejercicio del poder en nuestro querido archipi&eacute;lago, recordando la novela y pel&iacute;cula hom&oacute;nima <em>El Gatopardo</em>, ha incorporado como ADN pol&iacute;tico aquello de que es preciso <em>cambiarlo todo para que en el fondo nada cambie</em>. Su m&eacute;todo es el ejercicio de la confusi&oacute;n y, de tener &eacute;xito, le sucede, de nuevo, el miedo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El campo popular</strong>
    </p><p class="article-text">
        De repente, todo el mundo est&aacute; de acuerdo con la ecotasa, con subir los sueldos en el empleo tur&iacute;stico, y de lo que haga falta. El discurso oficial y la Canarias real rara vez confluyen. Y, cuando lo hacen, significa que un enorme esfuerzo teatral se encuentra en marcha.
    </p><p class="article-text">
        Sin lugar a duda, el acierto discursivo de la convocatoria del 20-A es la proyecci&oacute;n de un deseo: que estas sean las manifestaciones &ldquo;m&aacute;s grandes&rdquo; de la Historia de Canarias. Sin esa ambici&oacute;n hubiese sido dif&iacute;cil activar la ilusi&oacute;n en la sociedad. Toda propuesta con vocaci&oacute;n de &eacute;xito requiere [dosis homeop&aacute;ticas] de adanismo, de lo contrario est&aacute; condenada a morir antes de nacer.&nbsp; Hasta aqu&iacute;, no obstante, creo conveniente identificar algunos inconvenientes cuyo prop&oacute;sito no es otro sino el de invitar a una discusi&oacute;n cr&iacute;tica y constructiva sobre la convocatoria del 20-A y de su recorrido en el futuro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El &eacute;xito del campo popular no debe medirse por el n&uacute;mero de personas que acudan a las manifestaciones. Ser&aacute; un dato relevante, desde luego, pero con escaso poder explicativo. En primer lugar, su recorrido debe examinarse por su capacidad de sortear los obst&aacute;culos y &oacute;rdagos mencionados anteriormente que el adversario le lance. En segundo lugar, debe ser capaz de ofrecer un mensaje claro. Hasta el momento, no tenemos constancia de ning&uacute;n manifiesto que plantee las tesis de la convocatoria m&aacute;s all&aacute; del lema &ndash; que <em>Canarias tiene un l&iacute;mite</em> &ndash; y una serie de demandas adjuntadas al cartel &ndash; ecotasa, moratoria tur&iacute;stica-vacacional y prohibici&oacute;n de compra de viviendas a no residentes &ndash;. El diagn&oacute;stico no puede nadar en el vac&iacute;o, y las demandas no tienen que ser presentadas, sino articuladas. &iquest;Cu&aacute;l es el horizonte de emancipaci&oacute;n a la vista?
    </p><p class="article-text">
        Se supone que es el cambio de modelo. En mi opini&oacute;n, esto es francamente discutible, habida cuenta de lo planteado acerca del diagn&oacute;stico &ndash; <em>Canarias tiene un l&iacute;mite</em> &ndash; y las demandas. Invito a los lectores a que rebusquen en los quinientos a&ntilde;os de historia de Canarias. Muy dif&iacute;cilmente encontraremos un ejemplo de cambio de modelo productivo como consecuencia de una reclamaci&oacute;n de las mayor&iacute;as sociales. M&aacute;s bien nos encontraremos con una realidad dolorosa: las grandes transiciones productivas suelen obedecer a las necesidades de quienes detentan el poder en el archipi&eacute;lago, en sinton&iacute;a con los grandes centros de poder fuera de &eacute;l. El escenario que nos ocupa no es un archipi&eacute;lago aislado con sus problem&aacute;ticas internas, sino insertado en toda una serie de redes que lo vinculan con fuerzas m&aacute;s poderosas que las de un presidente de la patronal tur&iacute;stica condenado por fraude fiscal que es algo aficionado a la comedia (el bueno de Jorge Marichal, presidente de la Confederaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Hoteles y Alojamientos Tur&iacute;sticos, por si alguno anda ya perdido con tanta ret&oacute;rica). En la propuesta de un <em>cambio de modelo</em> no caigamos en la trampa te&oacute;rica de pensar desde una isla conceptual dentro de la isla f&iacute;sica. Es as&iacute; como nos quiere el adversario, porque contribuye al clima de confusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El campo popular debe disipar la nebulosa, y ello pasa inexorablemente por la definici&oacute;n del adversario. El horizonte de un cambio de modelo tiene que promover, para ser cre&iacute;ble y poder ser articulado popularmente, la creaci&oacute;n de identidades. La disputa por el modelo no es otra cosa sino la enunciaci&oacute;n de una diferencia. El campo popular debe referenciarse en aquello que lo distingue del adversario (y este, a su vez, debe ser caracterizado y definido pol&iacute;ticamente, lo cual es una tarea pendiente). Es m&aacute;s, aquello que simbolice el adversario en buena medida lo es todo, porque debemos entender al adversario como un antagonista al que confrontamos. Eso es lo que significa un <em>exterior constitutivo</em>. Y es una cuesti&oacute;n apremiante en tanto que debemos convertir en virtualmente IM-PO-SI-BLE que el adversario pueda asumir las demandas del campo popular. La disputa por el modelo, cuyo deseo de cambio se enuncia en esta convocatoria, no debe poder concebirse por parte de los simpatizantes del 20-A como una gesti&oacute;n amable del turismo (<em>un modelo productivo de rostro humano</em>). Si no se pone pie en pared ante esta cuesti&oacute;n, me temo que todo esfuerzo ser&aacute; en vano.
    </p><p class="article-text">
        Es por ello por lo que se antoja imprescindible ser muy audaces en lo discursivo. No queda otra. Les contar&eacute; una cosa. Recientemente un proyecto de investigaci&oacute;n de la UNED (2022) titulado <em>Proyecto Consenso</em>, examin&oacute; las iniciativas legislativas aprobadas en parlamentos auton&oacute;micos en Espa&ntilde;a entre 1980 y 2021. El estudio arrojaba una conclusi&oacute;n emp&iacute;rica demoledora: Canarias es la segunda Comunidad Aut&oacute;noma con mayor &iacute;ndice de consenso en la aprobaci&oacute;n de leyes. El sistema pol&iacute;tico canario es hiperconsensual. Eso no quiere decir que no se escenifique cierto antagonismo en nuestro sistema pol&iacute;tico, pero la conducci&oacute;n del mismo tiende a la integraci&oacute;n suavizada del conflicto. Es preciso entender que, para el poder constituido, el problema no est&aacute; la imposibilidad de asumir las demandas. Las demandas son asumibles (no ser&iacute;a la primera vez que ocurrir&iacute;a, repito). Si no ha ocurrido a&uacute;n, es porque todav&iacute;a la correlaci&oacute;n de fuerzas se inclina abrumadoramente hacia las posiciones del adversario. El problema reside en facultar al campo popular con el poder para imponer sus demandas en estas condiciones en las que, moment&aacute;neamente, el adversario podr&iacute;a verse contra las cuerdas, a la expectativa de c&oacute;mo encaja la sociedad el 20-A. Me reitero en la idea anterior: la disputa por el modelo no es una cuesti&oacute;n ret&oacute;rica que se resuelve mec&aacute;nicamente, sino la politizaci&oacute;n de las identidades, situando la potencia de estas al servicio no de las demandas en s&iacute;, sino del horizonte pol&iacute;tico de emancipaci&oacute;n que encarnan. De este modo, el primer paso no es otro que el de jug&aacute;rsela discursivamente. Pero no acaba aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La segunda convicci&oacute;n es que para la creaci&oacute;n de las identidades del adversario y del campo popular (con su denominaci&oacute;n y significaci&oacute;n pendientes respectivamente), este &uacute;ltimo debe asumir una tarea harto dif&iacute;cil. Esta es la de construir la independencia pol&iacute;tica del campo popular. Con esto me refiero no a una mera actitud, sino a una l&iacute;nea estrat&eacute;gica de car&aacute;cter org&aacute;nico cuya convicci&oacute;n inquebrantable debe ser la de aspirar a la autonom&iacute;a pol&iacute;tica y organizativa del pueblo canario, renunciando a cualquier tipo de relaci&oacute;n institucional, empresarial o medi&aacute;tica externa al propio campo popular. Como dec&iacute;a al principio, el ejercicio del poder en Canarias no pretende la contenci&oacute;n espec&iacute;fica del conflicto, sino el controlar su cauce de manera que su integraci&oacute;n en el sistema pol&iacute;tico fortalezca las posiciones de poder de quienes lo detentan. Cuidado, esta no es una invitaci&oacute;n al radicalismo de nicho, ni mucho menos a una hostilidad de naturaleza violenta. Nada satisfar&iacute;a m&aacute;s al adversario, justamente, que la posibilidad de caricaturizar o demonizar al campo popular para negarle la legitimidad de sus posiciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo &uacute;til para ilustrar este argumento es el de cuando hace justo dos a&ntilde;os, durante una manifestaci&oacute;n en el sur de Tenerife que se desvi&oacute; de su cauce, pudimos ver, gracias a su grabaci&oacute;n, que unos pocos canarios comenzaron a soltar proclamas en pleno paseo de la Playa de las Am&eacute;ricas coreando el lema <em>tourist go gome</em>. El adversario trat&oacute; de demonizar este evento planteando que los manifestantes estaban intimidando a los turistas &ndash; nada m&aacute;s lejos de la realidad &ndash;, pero no fue eso lo que molest&oacute;, lo que realmente provoc&oacute; el miedo del adversario. La clave de este asunto es algo que deber&iacute;a convertirse en un principio rector de la acci&oacute;n pol&iacute;tica: la reapropiaci&oacute;n del espacio social. De repente, la pol&iacute;tica se colaba en las zonas tur&iacute;sticas, las &aacute;reas que simbolizaban el <em>para&iacute;so</em> fueron desprovistas de su encantamiento alienante y, en un instante, el turismo se revel&oacute; como un castillo de arena que pod&iacute;a ser cuestionado. Esa es la actitud espec&iacute;fica que debe informar, a mi juicio, la organicidad del campo popular. Una actitud activa y altiva frente al adversario con una vocaci&oacute;n de autonom&iacute;a pol&iacute;tica respecto de este. En definitiva, lo que debe estar en el centro de la praxis te&oacute;rica del campo popular es construir su independencia pol&iacute;tica contra la captura institucional.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Que Canarias sea una fiesta</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero hasta ahora, las se&ntilde;ales que emiten los diferentes convocantes del 20-A no invitan precisamente al optimismo en este sentido. Junto a la ausencia de manifiesto com&uacute;n &ndash; que conozcamos &ndash; y el de un mensaje unificado se suma el problema de no saber exactamente qui&eacute;nes son los portavoces de estas convocatorias. S&iacute; es cierto que ha habido intervenciones en la calle, en medios de comunicaci&oacute;n e incluso han sido ensayados intentos de portavoc&iacute;as corales &ndash; que conozca quien escribe, en Gran Canaria &ndash;. Es posible que la ausencia de portavoc&iacute;as (y los peligros de la <em>representaci&oacute;n</em> que ello entra&ntilde;a) haya permitido rehuir los golpes del adversario y facilitar que el mensaje se sit&uacute;e transversalmente. Sin embargo, esto solo sirve para un primer asalto, y alberga una serie de complicaciones en su desenvolvimiento futuro. Esta realidad constata una verdad incuestionable. El escenario que se expresar&aacute; el 20-A reflejar&aacute; una correlaci&oacute;n concreta de fuerzas: el adversario no es muy sofisticado (pues a&uacute;n no tiene claro qu&eacute; l&iacute;nea seguir), pero su poder org&aacute;nico (pol&iacute;tico, empresarial y medi&aacute;tico) se encuentra intacto y bastante coordinado; en cambio, el campo popular est&aacute; siendo creativo y sofisticado (por algo ha conseguido marcar la agenda), pero adolece de una debilidad que es la fragmentaci&oacute;n organizativa. Esta correlaci&oacute;n dejar&aacute; de estar en equilibrio muy pronto, as&iacute; que se antoja prioritario asumir la tarea de evitar la cooptaci&oacute;n por parte del adversario, y la construcci&oacute;n de una organicidad com&uacute;n e integradora desde el campo popular.
    </p><p class="article-text">
        Quien les escribe no es ingenuo. Es una tarea dificil&iacute;sima, solo basta con tener algo de memoria. En un territorio tan fragmentado como el archipi&eacute;lago canario, se precisa una cultura unitaria de dimensiones extraordinarias. Cultura unitaria no basada en un fetichismo de la unidad, no en una suma de las partes (a saber, las asociaciones convocantes) en un sujeto mayor. Se trata de incorporar al campo popular a toda esa gente que simpatiza abiertamente y acudir&aacute; al 20-A pero que no se encuentra interpelada para organizarse. De lo que se trata es de trascender el propio 20-A. La primera piedra desde la que construir, a mi juicio, no es otro que acordar un compromiso org&aacute;nico en torno a unas tesis pol&iacute;ticas (a saber, como propuse anteriormente, las primeras son qui&eacute;nes somos y qui&eacute;n es el adversario). La unidad y la construcci&oacute;n org&aacute;nica no deben erigirse en torno a la fascinaci&oacute;n por los liderazgos carism&aacute;ticos, las iniciativas osadas/temerarias y las identidades cuya subjetividad refleja la voluntad de situarse en los m&aacute;rgenes. Estos tres fantasmas no entra&ntilde;an un peligro para el campo popular por s&iacute; mismos &ndash; no se trata de una cuesti&oacute;n est&eacute;tica &ndash;. Es m&aacute;s, creo que son absolutamente imprescindibles para el campo popular. La cuesti&oacute;n cr&iacute;tica es la mediaci&oacute;n de estas actitudes espec&iacute;ficas en la construcci&oacute;n de una cultura pol&iacute;tica unitaria. La cultura unitaria va primero, y todo lo dem&aacute;s despu&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, se trata de darle la vuelta a todo. La gran tarea pendiente de los movimientos sociales &ndash; en este art&iacute;culo, el campo popular &ndash; en la historia de Canarias es la de elaborar un horizonte riguroso, cre&iacute;ble y ambicioso que conecte con los deseos de emancipaci&oacute;n del conjunto del pueblo canario. Esta es una oportunidad &uacute;nica para que alg&uacute;n d&iacute;a podamos exclamar, orgullosas: &iexcl;todos en el campo popular, nada contra el campo popular, nada fuera del campo popular! Y ganar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Posdata:</strong> No debemos olvidar que, hoy en d&iacute;a, hay personas en Canarias con procesos penales abiertos por enfrentarse a personas muy poderosas. Que el adanismo del 20-A no nos haga rehuir la mirada sobre las heridas abiertas &ndash; en Canarias lo personal siempre fue pol&iacute;tico &ndash; de las personas con nombre y apellidos que se la juegan. Una cultura unitaria tambi&eacute;n debe partir desde la memoria. Y es que mientras escribo estas l&iacute;neas, me entero por las redes sociales que los militantes de Salvar La Tejita han vuelto a subirse a las palas de las gr&uacute;as para interponerse por en&eacute;sima vez a la construcci&oacute;n del hotel. Dos d&iacute;as antes de que canarias y canarios en el mundo entero llenen las calles pidiendo un cambio. Estos hechos (uno de mayor&iacute;as, otro de minor&iacute;as militantes) se encuentran conectados, y eso es tremendamente maravilloso y esperanzador para lo que viene. Mi &aacute;nimo est&aacute; con todas esas personas valientes. La cr&iacute;tica pol&iacute;tica que hago en este art&iacute;culo ser&iacute;a ileg&iacute;tima y, sobre todo, in&uacute;til de todas todas, si estuviera disociada del reconocimiento del v&iacute;nculo colectivo por nuestra tierra que tan hermosamente viene expres&aacute;ndose como <em>Canarias no se vende, se ama y se defiende.</em> Son ustedes el hilo, semilla del campo popular.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Ojeda Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/turismofobia-turismofilia-limites-politico-20-de-abril-manifestacion-canarias-limite_132_11302599.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Apr 2024 09:39:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6431d065-bd9a-447c-8428-dc52605bb085_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="108618" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6431d065-bd9a-447c-8428-dc52605bb085_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="108618" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La turismofobia, la turismofilia y los límites de lo político]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6431d065-bd9a-447c-8428-dc52605bb085_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ángel Novus PSOE]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/angel-novus-psoe_129_10272385.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0368e52b-2f26-484e-bc98-d3b77c8eea56_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ángel Novus PSOE"></p><p class="article-text">
        (Voy a hablar sobre las elecciones canarias y tambi&eacute;n de las generales, pero perm&iacute;tanme antes una peque&ntilde;a digresi&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Hace poco m&aacute;s de cien a&ntilde;os, la esfera p&uacute;blica en Europa viv&iacute;a ensimismada en eso que, proverbio chino mediante, en la cr&oacute;nica pol&iacute;tica de nuestros d&iacute;as se suele acu&ntilde;ar como <em>tiempos interesantes</em>: &eacute;pocas en que las que se suceden acontecimientos de gran impacto que se acaban convirtiendo en una espiral tan incierta que sumergen a las sociedades en crisis existenciales sobre su presente y futuro. Nosotros vivimos en ese mundo desde hace tiempo (pandemia, crisis, guerra, volc&aacute;n, incendios). Adem&aacute;s, albergamos la sospecha de que, en cualquier instante, otra cat&aacute;strofe puede cer&ntilde;irse sobre nuestras vidas (&iquest;la extrema derecha post-franquista en el Gobierno de Espa&ntilde;a, quiz&aacute;?). Como dec&iacute;an, es la <em>nueva normalidad</em>.
    </p><p class="article-text">
        Cada uno experimentamos y construimos esa percepci&oacute;n de la realidad de forma &uacute;nica. El fil&oacute;sofo Walter Benjamin, all&aacute; por la d&eacute;cada de 1920 (&ldquo;felices&rdquo; en Estados Unidos, pero a&ntilde;os ciertamente aciagos en Europa), qued&oacute; fascinado por un cuadro del pintor suizo Paul Klee titulado &ldquo;Angelus Novus&rdquo;. El &aacute;ngel nuevo remite a una leyenda del Talmud, contenida en la tradici&oacute;n jud&iacute;a, que narra que &ldquo;una legi&oacute;n de &aacute;ngeles nuevos es creada a cada instante para, tras entonar su himno ante Dios, terminar y disolverse ya en la nada&rdquo;. No nos detengamos en exceso en lo art&iacute;stico, pero qued&eacute;monos con esto: el &aacute;ngel nuevo nos comunica un mensaje y, sobre todo, interpela a su receptor, nosotros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/952b4035-1772-4a03-a8ce-14ebde9454a9_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/952b4035-1772-4a03-a8ce-14ebde9454a9_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/952b4035-1772-4a03-a8ce-14ebde9454a9_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/952b4035-1772-4a03-a8ce-14ebde9454a9_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/952b4035-1772-4a03-a8ce-14ebde9454a9_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/952b4035-1772-4a03-a8ce-14ebde9454a9_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/952b4035-1772-4a03-a8ce-14ebde9454a9_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="&#039;Ángelus Novus&#039; del artista Paul Klee"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;Ángelus Novus&#039; del artista Paul Klee                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El caso es que al fil&oacute;sofo Walter Benjamin le inspir&oacute; este cuadro para elaborar una met&aacute;fora que denomin&oacute; el <em>&Aacute;ngel de la Historia</em> (nueva digresi&oacute;n, disculpen ustedes):
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay un cuadro de Klee que se llama <em>Angelus Novus</em>. En &eacute;l se muestra a un &aacute;ngel que parece a punto de alejarse de algo que le tiene paralizado. Sus ojos miran fijamente, tiene la boca abierta y las alas extendidas; as&iacute; es como uno se imagina al <em>&Aacute;ngel de la Historia</em>. Su rostro est&aacute; vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, &eacute;l ve una cat&aacute;strofe &uacute;nica que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera &eacute;l detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Para&iacute;so sopla un hurac&aacute;n que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el &aacute;ngel ya no puede cerrarlas. Este hurac&aacute;n le empuja irresistiblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante &eacute;l hasta el cielo. Ese hurac&aacute;n es lo que nosotros llamamos progreso.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Es posible que entre tanta digresi&oacute;n (ya van dos, y no prometo que sea la &uacute;ltima) provoque una indigesti&oacute;n tal que espante al lector. Escrib&iacute; estas l&iacute;neas en plena jornada electoral y, a estas alturas, yo tambi&eacute;n prefiero que me den las cosas masticaditas, que despu&eacute;s del 28-M uno ya llega al l&iacute;mite de lo que se puede echar al cuerpo. Sin embargo, creo que es importante afrontar lo que ocurri&oacute; en las pasadas elecciones desde esta perspectiva. En s&iacute;ntesis, esta introducci&oacute;n quiere reclamar la importancia de observar el pasado reciente para comprender la mirada que proyectamos al futuro. &iquest;Qu&eacute; mejor que ante una pr&oacute;xima jornada electoral, esta vez las elecciones generales?
    </p><p class="article-text">
        Cuatro a&ntilde;os de la legislatura m&aacute;s at&iacute;pica de la historia democr&aacute;tica de la Comunidad Aut&oacute;noma de Canarias. Ya se saben la historia, porque es de lo &uacute;nico que se ha hablado en campa&ntilde;a: se form&oacute; un gobierno <em>distinto</em> al de los anteriores comandados por Coalici&oacute;n Canaria desde 1993. El Pacto de las Flores, con el PSOE a la cabeza y Nueva Canarias, S&iacute; Podemos Canarias y Agrupaci&oacute;n Socialista Gomera en el Gobierno de Canarias, se propuso cambiar el rumbo de los ejecutivos anteriores. La legislatura en la que pareci&oacute; que el destino se ceb&oacute; especialmente con Canarias. Pueden ustedes elaborar perfectamente del tir&oacute;n el cat&aacute;logo de cat&aacute;strofes e infortunios.
    </p><p class="article-text">
        Ante todo, un hombre, un Presidente, un l&iacute;der reconocible y reconocido en la actualidad pol&iacute;tica canaria: &Aacute;ngel V&iacute;ctor Torres. All&aacute; donde hab&iacute;a un incendio, junto al jefe de bomberos estaba &eacute;l, tranquilizando a la poblaci&oacute;n. Si quebraba una turoperadora, ve&iacute;amos a &Aacute;ngel V&iacute;ctor en los telediarios asegurando la estabilidad del turismo. &iquest;Tu isla pasa a fase 3 de restricciones por el Covid? No se preocupen que &Aacute;ngel V&iacute;ctor se ocupa de animarnos porque lo vamos a conseguir. El hilo conductor de esta legislatura que feneci&oacute; amargamente el 28-M es la del liderazgo de &Aacute;ngel V&iacute;ctor Torres sobre todas las cosas, capit&aacute;n del <em>Velero Canarias </em>que naveg&oacute; a la deriva y entre tempestades, pero del que cuyos tripulantes siempre conservaron la esperanza de encontrar puerto seguro. La promesa de &Aacute;ngel V&iacute;ctor de que todo ir&iacute;a bien, as&iacute;, mantuvo la llama de confianza y respaldo mayoritario hacia el Gobierno de Canarias y, por consiguiente, al Pacto de las Flores.
    </p><p class="article-text">
        No se llamen a enga&ntilde;o, el anterior p&aacute;rrafo (parox&iacute;stico, hiperb&oacute;lico, exagerado hasta rozar la s&aacute;tira) no es en absoluto hagiogr&aacute;fico, pero tampoco menosprecia el liderazgo del candidato con m&aacute;s papeletas, hasta el 28-M, para ser Presidente del Gobierno de Canarias entre 2023 y 2027. Quiero poner sobre la mesa los problemas derivados de la construcci&oacute;n de un relato que se convirti&oacute; en hegem&oacute;nico para el sistema de partidos canario. Un relato de &eacute;xito relativo y aqu&iacute; van mis razones.
    </p><p class="article-text">
        La operaci&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s destacada de la legislatura fue la del PSOE. Consiguieron instalar el relato de que, durante casi treinta a&ntilde;os, Coalici&oacute;n Canaria gobern&oacute; a base de corrupci&oacute;n, nepotismo y sin la perspectiva social que s&iacute; es marca de la casa PSOE (la valoraci&oacute;n de esta parte la juzga cada uno). La cuesti&oacute;n cr&iacute;tica es que ese reparto de responsabilidades a Coalici&oacute;n Canaria fue proyectado de manera claramente asim&eacute;trica e incluso un tanto injusta. Instalar la idea de que Coalici&oacute;n Canaria gobern&oacute; sola y sin apoyos es manifiestamente una idea incompleta. Desde 1993 Coalici&oacute;n Canaria nunca obtuvo mayor&iacute;a absoluta, aunque s&iacute; que ostent&oacute; la Presidencia del Gobierno de Canarias hasta 2019. No obstante, siempre gobern&oacute; en coalici&oacute;n con el Partido Popular y el PSOE en distintas etapas. Adem&aacute;s, los Gobiernos de Espa&ntilde;a del PP y PSOE (Aznar y Zapatero, sobre todo) se apoyaron en Coalici&oacute;n Canaria para conformar mayor&iacute;as en el Congreso de los Diputados, dando tambi&eacute;n forma a la Canarias de los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os. La Canarias que conocimos hasta 2019, as&iacute;, estaba marcada con sello PSOE. Los defectos y virtudes del subsistema pol&iacute;tico canario, su estructura social y econ&oacute;mica y la cultura pol&iacute;tica presente en la sociedad no eran ajenos al partido. Esto no es solo anecd&oacute;tico, sino que define los m&aacute;rgenes de lo posible de un gobierno para crear y satisfacer expectativas. El r&aacute;pido declive del PSOE, no tanto electoral sino en cuanto a la capacidad de asignar posiciones al resto de actores en el tablero pol&iacute;tico canario, es buena prueba de ello.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De cualquier modo, como casi siempre en pol&iacute;tica, los hechos no se valoran en funci&oacute;n de un medidor de objetividad o rigor. Los hechos son ciertos en tanto que son ciertos en sus efectos. As&iacute; lo ha sido en la sociedad canaria. El PSOE <em>recuper&oacute;</em> la Presidencia del Gobierno de Canarias treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, a pesar de que durante ese lapso de tiempo tan terrible (seg&uacute;n el relato de los partidos que conformaron el Pacto de las Flores) este partido, el PSOE (y por qu&eacute; no decirlo, tambi&eacute;n Nueva Canarias), fue copart&iacute;cipe de sus resultados. La operaci&oacute;n no puede ser sino calificada como magn&iacute;fica en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos. El PSOE consigui&oacute; desbancar a Coalici&oacute;n Canaria no solo de la Presidencia del Gobierno, sino, sobre todo, de la centralidad del sistema de partidos en Canarias. Tras las elecciones de 2019, en las que el PSOE acumul&oacute; un poder sin precedentes a escala insular y municipal, la pol&iacute;tica canaria empez&oacute; a orbitar en torno a este partido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Varios factores ayudaron y consolidaron esta posici&oacute;n privilegiada. La competici&oacute;n en la derecha canaria dio alas al PP para disputar a Coalici&oacute;n Canaria su tradicional liderazgo en este espectro pol&iacute;tico. La huida hacia delante de Fernando Clavijo (recordemos para no olvidar, del ala m&aacute;s derechista de CC) a Madrid, al mismo tiempo que impidi&oacute; a CC disputar al PSOE el centro, dej&oacute; hu&eacute;rfana la oposici&oacute;n al Pacto de las Flores. Jos&eacute; Miguel Barrag&aacute;n (CC), de talante moderado y no tan conservador como Clavijo, no ha sido precisamente un ariete que haya incomodado en exceso a &Aacute;ngel V&iacute;ctor Torres. Tanto es as&iacute;, que en ocasiones pareci&oacute; que el Presidente delegaba en Rom&aacute;n Rodr&iacute;guez (NC) las funciones de rendir cuentas ante la oposici&oacute;n. Tan c&oacute;modo se sinti&oacute; el Pacto de las Flores que repart&iacute;a juego entre sus socios para que cada uno pudiera lucirse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, la din&aacute;mica de la pol&iacute;tica canaria no cambi&oacute; sustancialmente. Una de las particularidades del sistema de partidos canario es que promueve el consenso. En perspectiva comparada con otras comunidades aut&oacute;nomas, la legislaci&oacute;n aprobada suele obtener un gran respaldo del Parlamento. En Canarias, la polarizaci&oacute;n, dir&iacute;amos, es m&aacute;s bien baja. Esta din&aacute;mica centr&iacute;peta, de reforzar el n&uacute;cleo institucional del poder auton&oacute;mico, se mantuvo a pesar de la legislatura tan at&iacute;pica vivida. Ahora bien, si el PSOE fue capaz de reordenar el tablero pol&iacute;tico canario y situarse en la centralidad, &iquest;c&oacute;mo es que ese capital pol&iacute;tico ha demostrado tener los pies de barro? Este texto no pretende hablar de formalismos y abstracciones, as&iacute; que vayamos a lo sustancial (les avis&eacute; de que quiz&aacute; se ven&iacute;a otra digresi&oacute;n, pero les prometo que esta ya fue la &uacute;ltima).
    </p><p class="article-text">
        La legislatura pasada fue un c&uacute;mulo de desgracias, a cada cual de mayor gravedad. Pero, m&aacute;s all&aacute; de las cat&aacute;strofes, el despliegue legislativo y presupuestario es ciertamente impresionante. Cuatro presupuestos aprobados, Ley de Cambio Clim&aacute;tico, Renta Canaria de Ciudadan&iacute;a, Ley del Sistema P&uacute;blico de Cultura y un largu&iacute;simo etc&eacute;tera que no viene al caso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A mi parecer, el balance de estas cuestiones ha estado ausente, o siendo un poco m&aacute;s generosos, en constante segundo plano en la conformaci&oacute;n de la cultura pol&iacute;tica en Canarias. Quiero ser claro: la cobertura de estas cuestiones ha estado m&aacute;s o menos presente en la opini&oacute;n p&uacute;blica, pero ello no quiere decir que la sociedad canaria haya sido agente activo de ese proceso. La valoraci&oacute;n de estas medidas (cada uno la tendr&aacute; en funci&oacute;n de su grado de conocimiento) no ha sido ni mucho menos la piedra clave de la legislatura. Volver&eacute; a insistir sobre lo anterior: el liderazgo de &Aacute;ngel V&iacute;ctor Torres ha sido el principio y fin &uacute;ltimo de c&oacute;mo la sociedad canaria ha observado la legislatura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A este gobierno, en mi opini&oacute;n, le ha faltado arriesgar. As&iacute; como dec&iacute;a que la din&aacute;mica de la pol&iacute;tica canaria tiende al consenso y genera din&aacute;micas centr&iacute;petas&hellip; la estrategia de liderazgo paternalista podr&iacute;a haberle funcionado al PSOE <em>ceteris paribus</em> (manteniendo todas las condiciones igual de favorables, a saber, una oposici&oacute;n de CC y PP pl&aacute;cida). Pero, es mi opini&oacute;n, a este gobierno le ha faltado un enemigo. El Pacto de las Flores renunci&oacute; a reordenar las l&oacute;gicas del sistema de partidos canario, confiando en que podr&iacute;an inaugurar un largo per&iacute;odo que sucediera a las d&eacute;cadas de Coalici&oacute;n Canaria, pero sin alterar sustancialmente las bases materiales e institucionales que consolidaron el liderazgo de CC durante treinta a&ntilde;os. Estos d&iacute;as, &Aacute;ngel V&iacute;ctor Torres entona un canto lastimero a cuentas de lo injusto que le parece que es el sistema electoral canario. &Aacute;ngel V&iacute;ctor Torres, quien gobern&oacute; gracias los 6.000 votos y tres diputados de Casimiro Curbelo, otorg&aacute;ndole nada menos que la todopoderosa Consejer&iacute;a de Turismo a ASG. Eso habla de los enormes l&iacute;mites del Pacto de las Flores para no solo para ampliar, sino para tan siquiera conservar el apoyo de un gobierno que no repetir&aacute;, y que se ver&aacute; sucedido por otro marcadamente conservador.
    </p><p class="article-text">
        La sociedad canaria se encomend&oacute; al <em>&Aacute;ngel</em> [V&iacute;ctor] <em>de la Historia</em> comprendida entre 2019 y 2023. Es mi impresi&oacute;n que se elev&oacute; pr&aacute;cticamente a la categor&iacute;a de santo a una persona que, nada m&aacute;s pero tampoco nada menos, tuvo que gobernar en tiempos dif&iacute;ciles. Tanto es as&iacute;, que sirva de ejemplo el spot de campa&ntilde;a elaborado por las Juventudes Socialistas de Canarias, titulado &ldquo;Un &Aacute;ngel para Canarias&rdquo;, centrado en las bondades de un hombre que tuvo la mala suerte de gobernar en tiempos interesantes. Confieso que, dado el exceso de paternalismo del video, no pude acabar de verlo de la verg&uuml;enza ajena que me produjo. Sin embargo, se trata de un material excelente que expresa cu&aacute;l ha sido el relato que ha querido construir el PSOE de su acci&oacute;n de gobierno, y su exceso de confianza en la misma.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1639623680886992897?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Nuestro &Aacute;ngel V&iacute;ctor, <em>Angelus Novus</em> particular, nos proporcion&oacute; un mensaje perfectamente masticado que a todos nos lleg&oacute; por igual los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os de campa&ntilde;a permanente y las dos semanas de campa&ntilde;a electoral oficial: estamos soportando desaf&iacute;os que nos ponen a prueba, pero somos el gobierno de progreso, y saldremos adelante. Es un mensaje sencillo pero efectivo.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es que el viento pol&iacute;tico de Canarias (y el del resto del mundo) sigue huracanado, y esta promesa de embarcarnos con fe ciega hacia el tren del progreso tuvo, tiene y tendr&aacute; sus lagunas. Como nos advert&iacute;a Walter Benjamin al principio, resulta peligroso observar el presente sin detener la vista en la cantidad de escombros que uno acumula a su paso. Las ruinas que uno deja tras su vanaglorioso paso por el Gobierno de Canarias nos interpelan, a pesar de que queramos dar la espalda a ese pasado engalanado de autoelogios sobre la acci&oacute;n de gobierno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es mi impresi&oacute;n, y aqu&iacute; voy concluyendo, que el <em>&aacute;ngel nuevo, </em>alias &Aacute;ngel V&iacute;ctor, estaba destinado y ha acabo por convertirse en un <em>&aacute;ngel ca&iacute;do</em>. Un juguete roto. Aunque no sea perceptible despu&eacute;s una campa&ntilde;a electoral tan plana como la que hemos vivido, sus alas no son las de 2019 y el curso de la Historia no sigue un lineal progreso, sino que en ocasiones se producen altibajos considerables que pueden alterar su curso. Seamos claros: &Aacute;ngel V&iacute;ctor Torres no acumul&oacute; ning&uacute;n m&eacute;rito de peso para ser el Presidente del Gobierno de Canarias en 2019. La misma ola de car&aacute;cter estatal (conservadora) que se lo ha llevado por delante en 2023 fue la misma (entonces progresista) que le aup&oacute; en 2019. Es ciertamente parad&oacute;jico, una broma del destino, que sea precisamente Fernando Clavijo quien descabalgue a &Aacute;ngel V&iacute;ctor Torres, siendo que el desgaste de la reputaci&oacute;n del lagunero le abri&oacute; las puertas al aruquense hace cuatro a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Existen corrientes de fondo que invitan a pensar en un giro conservador de las sociedades occidentales, tambi&eacute;n de la canaria. Convendr&iacute;a que no solo &Aacute;ngel V&iacute;ctor Torres, sino tambi&eacute;n los actores pol&iacute;ticos, medi&aacute;ticos y culturales que fueron el sustrato material del Pacto de las Flores, lo tuvieran en cuenta. No todo debe ser enterrado en el ba&uacute;l de la Historia, por supuesto, pero la autocomplacencia de los partidos (Rom&aacute;n Rodr&iacute;guez <em>dixit</em>: <em>la ola estatal se nos llev&oacute; por delante y poco m&aacute;s hay que decir al respecto</em>) no le servir&aacute; de nada a una sociedad que sufrir&aacute;, m&aacute;s a&uacute;n que durante el Pacto de las Flores, a golpe de multa, desahucio, porra y cemento el gobierno tan reaccionario que se nos viene encima.
    </p><p class="article-text">
        La ausencia de un horizonte pol&iacute;tico para las perspectivas de emancipaci&oacute;n social (&iquest;d&oacute;nde est&aacute; el cambio de modelo productivo que se nos prometi&oacute;, amigos y amigas?) de Canarias, con mucho m&aacute;s relato que sustancia, presagia un futuro de nubarrones. Es por ello no vale aferrarse a un pasado edulcorado que no sedujo a la sociedad canaria para revalidar su apoyo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tanto es as&iacute;, que ser&iacute;a realmente tr&aacute;gico que, con los reaccionarios tocando las puertas del Consejo de Ministros, la sociedad canaria (la parte que se sienta interpelada a participar, que ya es mucho confiar) fuera a las elecciones generales con el &uacute;nico prop&oacute;sito de frenar el avance de la derecha. Eso ya no funcionar&aacute; m&aacute;s. La derecha arras&oacute; en Canarias, ya est&aacute; aqu&iacute; y nos ejercer&aacute;n el poder sin contemplaciones. Tengo la esperanza, y deber&iacute;amos depositar el resto en esta convicci&oacute;n, de que la sociedad canaria tendr&aacute; algo m&aacute;s que decir el pr&oacute;ximo 23 de julio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El <em>&Aacute;ngel de la Historia</em> nos los grita, mudo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Ojeda Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/angel-novus-psoe_129_10272385.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Jun 2023 17:04:47 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0368e52b-2f26-484e-bc98-d3b77c8eea56_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="672325" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0368e52b-2f26-484e-bc98-d3b77c8eea56_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="672325" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ángel Novus PSOE]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0368e52b-2f26-484e-bc98-d3b77c8eea56_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Canarias no es una isla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/canarias-no-isla_129_9167150.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hace cinco siglos el humanista brit&aacute;nico Tom&aacute;s Moro imagin&oacute; una tierra lejana (una isla ficticia llamada <em>Utop&iacute;a</em>) en la que los seres humanos viv&iacute;an en paz. Los bienes esenciales eran comunes, se organizaban bajo un sistema democr&aacute;tico y todos los ciudadanos ten&iacute;an derecho a una vivienda. En esencia, el valor de esta idea revolucionaria, cuyo eco resuena tras el pasado d&iacute;a 30 de mayo, resid&iacute;a en la posibilidad de imaginar sociedades mejores a las de su propio tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Casualmente, hace tambi&eacute;n cinco siglos se produjo la conquista de Canarias. Esta es la fecha que la mayor&iacute;a de los historiadores establecen para situar el comienzo de una identidad compartida en nuestro archipi&eacute;lago. As&iacute;, en un mismo momento coincidieron tanto las expansiones coloniales como la propuesta de construir sociedades radicalmente diferentes. En un tiempo como el nuestro, en el que nos vemos abrumados por el <em>shock</em> constante de la barbarie (las crisis econ&oacute;micas, la pandemia, el &uacute;ltimo asesinato por violencia machista), recordar que se pueden imaginar alternativas m&aacute;s esperanzadoras se antoja imprescindible para no sucumbir al pesimismo y la resignaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En un reciente ensayo titulado <em>Utop&iacute;a no es una isla</em> (Episkaia, 2020), la escritora Layla Mart&iacute;nez se pregunta por el impacto que tienen las ficciones dist&oacute;picas en el &aacute;nimo de las sociedades occidentales. En &eacute;l, se&ntilde;ala la proliferaci&oacute;n de pel&iacute;culas, libros y series de televisi&oacute;n que nos presentan un futuro apocal&iacute;ptico como consecuencia de desastres medioambientales, gobiernos autoritarios y sociedades muy desiguales. Entonces, afirma Mart&iacute;nez que, lejos de servir como advertencia para evitar el desastre que se avecina, estas ficciones dist&oacute;picas tienen como efecto la desactivaci&oacute;n de nuestra imaginaci&oacute;n: el deseo de querer construir un mundo mejor. En otras palabras, el deseo de querer vivir en <em>Utop&iacute;a</em>.
    </p><p class="article-text">
        Resulta curioso observar el boom de este subg&eacute;nero literario de las distop&iacute;as (desde las cl&aacute;sicas <em>Blade Runner, 1984 </em>o<em> Farenheit 451 </em>hasta las contempor&aacute;neas <em>Soy Leyenda, Los Juegos del Hambre </em>o<em> El cuento de la criada</em>). Siguen teniendo algo que como espectadores y lectores no podemos dejar de consumir. <em>Nos fascinan</em>. Y digo que resulta curioso porque en Canarias, me parece a m&iacute;, vivimos en un universo alternativo. Nos han contado otra historia desde que somos peque&ntilde;itos. Sobre todo, el D&iacute;a de Canarias.
    </p><p class="article-text">
        <em>Canarias es el para&iacute;so</em>. &iexcl;<em>Qu&eacute; suerte vivir aqu&iacute;!</em> Si eres canario, habr&aacute;s o&iacute;do esto m&aacute;s de una vez. Habr&aacute;s crecido escuchando en las conversaciones cotidianas de tus padres eso de que a Canarias la llaman las &ldquo;Islas Afortunadas&rdquo;. Hemos incorporado esa narrativa a nuestra identidad. Y as&iacute;, defendemos ante peninsulares y turistas extranjeros que Canarias es un lugar &uacute;nico por lo incre&iacute;ble de su clima y sus bellos paisajes. Me temo, sin embargo, que hemos comprado esta historia hasta tal punto de creer, en realidad, que en Canarias se vive bien. Que vivimos, en definitiva, en <em>Utop&iacute;a</em>.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Pero no les estoy descubriendo el fuego! Todos sabemos que el alquiler es car&iacute;simo y la cesta de la compra ahoga a las familias. Cada poco se nos encoge el coraz&oacute;n ante las pateras que, llenas del dolor m&aacute;s insoportable, llegan a nuestras costas. Para mayor tortura, asistimos todos los meses al en&eacute;simo intento de levantar hoteles y puertos en espacios naturales que deber&iacute;an estar protegidos. Este a&ntilde;o, en Adeje y Fonsal&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, si echamos la vista atr&aacute;s, aun con el esfuerzo de mucha gente valiente organizada que no se resigna, la imagen que nos devuelve la realidad es desalentadora. Da la impresi&oacute;n de que nunca triunfa la visi&oacute;n de una Canarias radicalmente mejor. Si acaso, como ocurriera en las exitosas manifestaciones de 2014 contra las prospecciones petrol&iacute;feras de Repsol, todo el esfuerzo sirve para interrumpir la barbarie, pero no para tomar otro rumbo. &iquest;Qu&eacute; es lo que nos est&aacute; pasando?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es hora de cambiar nuestra visi&oacute;n sobre Canarias. Asumamos que este no es el para&iacute;so que nos ense&ntilde;aron desde peque&ntilde;os, y que hemos aprendido a idealizar seg&uacute;n crecemos. El canario presume de ser un pueblo orgulloso, pero con la misma determinaci&oacute;n deber&iacute;a ser autocr&iacute;tico. Una sociedad en la que el 50% de su poblaci&oacute;n juvenil est&aacute; desempleada no debe consolarse en su belleza natural. El problema de los canarios es que habitamos un &ldquo;para&iacute;so&rdquo; que se ha convertido en un infierno irrespirable. La utop&iacute;a solo sobrevive en el caso de unos pocos privilegiados. Para la inmensa mayor&iacute;a, Canarias ha acabado por convertirse en la distop&iacute;a que no podemos dejar de consumir. Pero no es ninguna ficci&oacute;n, aunque la vivamos como tal.
    </p><p class="article-text">
        Este 30 de mayo se cumplieron 40 a&ntilde;os de nuestro Estatuto de Autonom&iacute;a. Es el &uacute;nico d&iacute;a que nos damos para reconocernos como canarios y pensar desde Canarias. Me produjo tristeza observar que transcurri&oacute; sin pena ni gloria. &iquest;C&oacute;mo explicarlo? Visto en retrospectiva, no puedo dejar de pensar que las generaciones que nacimos, crecimos y vivimos en la Autonom&iacute;a hemos reproducido las im&aacute;genes de un pasado exclusivamente folcl&oacute;rico. El traje de magos, sacar el cachorro de esa caja vieja donde permanece custodiado todo el a&ntilde;o. &iquest;Es que acaso nuestra identidad no nos deja ir m&aacute;s all&aacute; de rescatar lo pasado?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este D&iacute;a de Canarias volv&iacute; a vivir momentos que me llenan de ternura como ver a mis primos peque&ntilde;os ense&ntilde;&aacute;ndome que se van a comer una chocolatina Tirma. Me pregunto si, pasados los a&ntilde;os y ellos crezcan a la par que su inocencia se agota, podr&eacute; emocionarme con los hechos cotidianos m&aacute;s peque&ntilde;itos al mismo tiempo que no olvido que Canarias es mucho m&aacute;s que eso. Que debemos atender los malestares que recorren esta tierra. &iquest;Qu&eacute; mejor d&iacute;a que todos los que est&aacute;n por venir, tras este 30 de mayo?
    </p><p class="article-text">
        Los activistas franceses del <em>Mayo del 68</em> popularizaron el mes de mayo como la met&aacute;fora de la revoluci&oacute;n, de la conquista de lo posible y lo imposible. Era su tiempo para la &eacute;pica, su tiempo para la imaginaci&oacute;n de futuros mejores: m&aacute;s sociales, menos autoritarios, menos patriarcales, y m&aacute;s sostenibles con el medioambiente. El paso del tiempo no ha borrado la virtualidad de sus razones; quiz&aacute;, nos interpelan con m&aacute;s urgencia que nunca. Sin embargo, el sabor agridulce del mayo franc&eacute;s nos leg&oacute; tambi&eacute;n la met&aacute;fora de un posterior mes de junio que simboliz&oacute; la reacci&oacute;n del poder establecido contra el pueblo, la dura represi&oacute;n, y, sobre todo, el miedo. Un miedo al cambio implacable, que acab&oacute; por domesticar a una sociedad entera.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro 30 de mayo pas&oacute; sin mucha &eacute;pica, con poca memoria y menos horizontes de esperanza sobre el futuro de Canarias. Pero junio nos deja una imagen m&aacute;s hermosa de nuestra gente. La mayor manifestaci&oacute;n desde el inicio de la pandemia aconteci&oacute; en las calles de Tenerife con el lema <em>Salvar Tenerife</em>. Una concentraci&oacute;n que puso sobre la mesa parar el rumbo desenfrenado de atentados contra medio ambiente y reconsiderar nuestro modelo productivo, para hacerlo m&aacute;s sostenible y beneficioso para la poblaci&oacute;n local. El recorrido de <em>Salvar Tenerife</em> se definir&aacute; en la medida de que sea capaz de reunir a un sujeto incluso m&aacute;s amplio del que congreg&oacute; la propia manifestaci&oacute;n. En esencia, si logra ser capaz de auspiciar una gran conversaci&oacute;n colectiva sobre c&oacute;mo es la Canarias en la que <em>deseamos</em> <em>vivir</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora, como siempre, nos podemos negar. Podemos escoger seguir celebrando el 30 de mayo y el largo camino hasta su pr&oacute;xima celebraci&oacute;n exclusivamente con festejos. Pero propongo otra cosa. Pong&aacute;monos frente al espejo y cuestionemos el estado de todo aquello que nos angustie, para poderle dar una respuesta con nuestras voces y nuestras propias ideas. Estoy convencido de que para encarar el futuro de Canarias es necesario desandar algunos caminos que nos llevaron a esta situaci&oacute;n de par&aacute;lisis. Pero, sobre todo, debemos renunciar a hacer de nuestro presente un refugio al que no miramos a la cara, con toda su crudeza. Eso implica dejar de consumir la Canarias dist&oacute;pica que sufrimos por imaginar la Canarias ut&oacute;pica que queremos vivir. Si no lo hacemos, como dec&iacute;a Layla Mart&iacute;nez, nuestro pesimismo se convertir&aacute; en una profec&iacute;a autocumplida: &ldquo;sin nadie que crea que el futuro sea mejor, no se pueden articular las luchas que lo har&aacute;n posible.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Esta propuesta no surge de la nada. Poco a poco, las generaciones j&oacute;venes han ido trazando esta idea para presentarla en sociedad. El rapero tinerfe&ntilde;o Cruz Cafun&eacute; afirma en una de sus canciones que <em>Luego entend&iacute; que Canarias solo es para&iacute;so pa' guiris y g&aacute;ngsters</em>. Este verso ya se usa como consigna en manifestaciones. Como siempre ocurri&oacute;, la cultura es al mismo tiempo vanguardia y fuerza anticipatoria de caminos que est&aacute;n por recorrer en Canarias. Quiz&aacute;, tambi&eacute;n, porque bebe de un relato compartido desde el pasado. No se llamen a enga&ntilde;o, no me refiero a ning&uacute;n ingl&eacute;s hace quinientos a&ntilde;os enterrado. Si buscamos en nuestra memoria colectiva, en casa tambi&eacute;n encontraremos alguna que otra pista. No por nada, durante la larga noche de la dictadura, el poeta gomero Pedro Garc&iacute;a Cabrera nos inspir&oacute; con aquel verso que dec&iacute;a:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Un d&iacute;a habr&aacute; una isla que no sea silencio amordazado</em>&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Es una ense&ntilde;anza m&aacute;s viva que nunca. Canarias no es una isla. <em>Todav&iacute;a</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Ojeda Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/canarias-no-isla_129_9167150.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Jul 2022 10:09:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Canarias no es una isla]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
