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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carolina Muñoz Madrid]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carolina-munoz-madrid/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carolina Muñoz Madrid]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las chicas del primero izquierda: un tercio de las 100.000 prostitutas que ejercen han sido víctimas de trata]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/gazteberri/chicas-izquierda-tercio-100-000-prostitutas-ejercen-han-sido-victimas-trata_132_9235144.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/44852bf3-a52b-4849-a0c0-d5e9f8cb2395_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las chicas del primero izquierda: un tercio de las 100.000 prostitutas que ejercen han sido víctimas de trata"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las mujeres de la casa de citas Afrodita ponen rostro a un negocio que, según los datos del Instituto de las Mujeres, mueve en España cerca de 10 millones de euros al día</p><p class="subtitle">Más reportajes - Sin patria y sin techo: 613 inmigrantes que llegaron con un sueño viven en las calles de Bilbao</p></div><p class="article-text">
        &Eacute;rica (nombre ficticio) tiene 45 a&ntilde;os y un rostro que transmite paz y confianza. Su sonrisa y el cari&ntilde;o con el que trata a las personas que la rodean denotan a una mujer buena en todo el sentido de la palabra. Nadie dir&iacute;a que alguien como ella ha conocido de cerca la cara m&aacute;s oscura y perversa del ser humano. &Eacute;rica ha sido violada, apaleada, maltratada y vendida c&oacute;mo esclava sexual a los diecinueve a&ntilde;os. &ldquo;Yo no conoc&iacute;a el amor, durante muchos a&ntilde;os yo no sab&iacute;a c&oacute;mo se sent&iacute;a el ser amada. El amor que conoc&iacute; de los hombres era un amor que dol&iacute;a y que me hac&iacute;a tener ganas de morir. La primera vez que me violaron ten&iacute;a nueve a&ntilde;os y estaba tan asustada que me qued&eacute; c&oacute;mo tiesa. Recuerdo sentir un dolor tan fuerte en el alma que todav&iacute;a dura. Se lo cont&eacute; a mi mam&aacute; pero ella insinu&oacute; que yo lo provoqu&eacute;. Me rap&oacute; al cero, yo ten&iacute;a el cabello crespo y largo y ella me dej&oacute; calva. Me encerr&oacute; en casa y me dijo que estando fea ya no volver&iacute;a a salir a buscar lo que no se me hab&iacute;a perdido&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;rica hace una pausa y da un trago a su Coca-Cola, se levanta y ordena los cacharros de la cocina que est&aacute;n en el escurridor. Abre el armario y se queda frente a el durante unos minutos, c&oacute;mo tratando de convencerse de que est&aacute; aqu&iacute; y que est&aacute; ahora. Est&aacute; en su casa y est&aacute; lejos de todo aquello. Se sienta de nuevo y sonr&iacute;e con los labios, pero no con los ojos, mientras se enciende un cigarrillo. &ldquo;Ese hombre, gran amigo de la familia, logr&oacute; convertir esa violaci&oacute;n en un cortejo rom&aacute;ntico ante mi madre. Le ten&iacute;a que ver todos los d&iacute;as y ser amable con &eacute;l. A los doce a&ntilde;os ese hijo de puta me llev&oacute; a vivir con &eacute;l y a los diecis&eacute;is ya esperaba a mi primera hija. Yo era una ni&ntilde;a que jugaba con mu&ntilde;ecas. A m&iacute; nadie me dijo que eso estaba mal, nadie me defendi&oacute;, nadie me salv&oacute;. Ahora pienso en ese momento y en las ganas de volver all&iacute; y coger a esa ni&ntilde;a, abrazarla fuerte, llevarla a una casa bonita, al colegio y quererla mucho&rdquo;, susurr&oacute; para s&iacute; misma. De un brinco y como despertando de una enso&ntilde;aci&oacute;n &Eacute;rica se levanta de la silla.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;V&aacute;monos pues para conocer a las muchachas!
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La primera vez que me violaron tenía nueve años y estaba tan asustada que me quedé cómo tiesa. Recuerdo sentir un dolor tan fuerte en el alma que todavía dura. Se lo conté a mi mamá pero ella insinuó que yo lo provoqué</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">Afrodita</h3><p class="article-text">
        En el coche de camino al Afrodita &Eacute;rica retoma su historia con un salto temporal. Recuerda c&oacute;mo logr&oacute; escapar de la mafia, que la capt&oacute; en su Colombia natal, saltando por la ventana de un segundo piso en un club de Le&oacute;n. Las chicas fantaseaban con su huida todas las noches. &ldquo;No era f&aacute;cil, nos mov&iacute;amos constantemente de un club a otro y nosotras no sab&iacute;amos en qu&eacute; ciudad est&aacute;bamos. Ellos ten&iacute;an tu pasaporte y tu dinero. Cuando alguna chica intentaba buscar ayuda le daban una 'pela' que no la mataba de milagro. Pero lo peor era que amenazaban con matar a tu familia en tu pa&iacute;s, te dec&iacute;an que pegarles un tiro no costar&iacute;a ni 5.000 pesos y que t&uacute; ser&iacute;as una puta colombiana m&aacute;s muerta en este pa&iacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El precio de un sicario en Colombia ronda los 5.000 pesos, el equivalente a 2,50 euros. Seg&uacute;n los datos extra&iacute;dos de un informe elaborado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, durante la d&eacute;cada de los noventa se registraron 1.163 casos de homicidios perpetrados por menores de edad. Los ni&ntilde;os de la calle son un engranaje m&aacute;s del complejo sistema de trata de personas que azota el pa&iacute;s. Este delito posiciona a Colombia en el tercer lugar de naciones m&aacute;s afectadas en Am&eacute;rica Latina, detr&aacute;s de Rep&uacute;blica Dominicana y Brasil, seg&uacute;n el equipo de la Corporaci&oacute;n Espacios de Mujer. En este sentido, La Fiscal&iacute;a General del Estado apunta a que el 86% de las personas que sufren este flagelo son mujeres y ni&ntilde;as de diferentes razas, condiciones sociales y edades.
    </p><p class="article-text">
        En medio del telefonillo del portal de la Avenida de los Castros resalta un peque&ntilde;o cartel rojo con la inscripci&oacute;n 1&ordm; izquierda. Este, es el &uacute;nico preludio de que en este elegante y cl&aacute;sico portal se sit&uacute;a un piso en el que se ejerce la prostituci&oacute;n. Detr&aacute;s del edificio, una cantidad llamativa de toallas blancas se&ntilde;ala que se ha tratado de una buena noche de trabajo. En el piso de los Castros nunca se para de trabajar, aqu&iacute; todo est&aacute; disponible las 24 horas del d&iacute;a. Alcohol, drogas, juguetes sexuales y mujeres. Lo primero que aprenden las chicas al llegar al piso es a 'taponarse' durante la menstruaci&oacute;n. Lo hacen con trozos de esponjas de ba&ntilde;o. No poder ejercer durante unos d&iacute;as puede ocasionar la p&eacute;rdida de los clientes m&aacute;s codiciados. Ejercer la prostituci&oacute;n en un piso es totalmente diferente a hacerlo en un club nocturno. El ritmo de trabajo es m&aacute;s tranquilo, no hay que trasnochar, beber o pasar la noche llamando la atenci&oacute;n de los clientes que entran a los clubs. Aqu&iacute; ellos vienen a buscarlas a ellas.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;rica abre la puerta y Amanda (nombre ficticio) una de sus encargadas la recibe con un informe detallado de la noche. Viste de calle con una bata de flores por encima de la ropa y calza unas zapatillas de peluche. En el recibidor, una elegante mesita de varias alturas, acoge diferentes figuras que aluden a varias religiones. As&iacute;, un San Antonio de Padua con un ramo de perejil, sin su ni&ntilde;o en brazos, da la bienvenida. El ni&ntilde;o est&aacute; guardado en la nevera, si el santo responde a las plegarias de las mujeres, ellas se lo devolver&aacute;n. San Antonio convive en armon&iacute;a con un sonriente y rollizo Buda, con un Maneki Neko o gato amarillo de la suerte chino, con santos, v&iacute;rgenes y figuras vueltas del rev&eacute;s de origen africano. En este hall de sincretismo cultural descansan las plegarias, ruegos y rezos de las cinco chicas que junto a &Eacute;rica viven en esta casa y comparten clientes, comida y fe.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ese hombre, gran amigo de la familia, convirtió la violación en cortejo romántico. Tenía que verle todos los días y ser amable. A los 12 años ese hijo de puta me llevó a vivir con él y a los 16 ya esperaba mi primera hija. Yo todavía jugaba con muñecas</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">Me llamo Paulina. &iquest;Y t&uacute;?</h3><p class="article-text">
        El telefonillo del piso de Los Castros est&aacute; modificado para que suene muy bajito y se encienda una luz de aviso en la cocina y en el sal&oacute;n cuando llaman. Ante la se&ntilde;al luminosa
    </p><p class="article-text">
        las cinco chicas se levantan vehementes de sus literas y comienzan una actividad fren&eacute;tica pero bien coreografiada. Unas se santiguan, otras besan los escapularios que cuelgan de sus literas. Algunas rezan brevemente con los rosarios mientras se los quitan respetuosamente y los posan en altares improvisados. Todas se quitan las batas o los pijamas y dejan al descubierto unos cuerpos, tan variopintos c&oacute;mo ellas, ataviados con lencer&iacute;a fina. Las melenas caen al viento al soltar los coleteros, los labios se ti&ntilde;en de rojo rub&iacute; y la nube de perfume que inunda el gran sal&oacute;n es embriagadora. Los tacones de v&eacute;rtigo se ponen al final, mientras esperan en fila a ser llamadas para la presentaci&oacute;n ante el cliente. Puestos los tacones, tambi&eacute;n se ponen la sonrisa en la cara. La primera en desfilar por el largo y enmoquetado pasillo hace las veces de enviada especial tras su vuelta. &iquest;Es de los habituales?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Huele bien? &iquest;Es muy mayor? &iquest;Quiere algo raro?. Muchas veces su cara contesta a todas las preguntas de antemano.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;rica da la se&ntilde;al para que la siguiente chica desfile y entre en la habitaci&oacute;n donde el cliente espera. &ldquo;Yo soy Paulina (nombre ficticio) &iquest;y tu?. Las chicas se llaman c&oacute;mo quieren, algunas usan los nombres que les gustar&iacute;a que les hubiesen puesto y otras usan &rdquo;nombres de puta c&oacute;mo Amber, Cristal, o Esmeralda&ldquo;, afirman. En Afrodita todo debe representar una fantas&iacute;a para el cliente. Da igual lo que busque, debe encontrarlo aqu&iacute;. El cat&aacute;logo de servicios es tan variado c&oacute;mo el de chicas. Espa&ntilde;olas, latinas, chicas del Este de Europa, africanas y transexuales. &Eacute;rica conoce en profundidad los tejemanejes del oficio y con voz experta constata: &rdquo;Las asi&aacute;ticas tienen sus propios pisos y no se juntan en pisos c&oacute;mo este. Con los transexuales es dif&iacute;cil trabajar, exigen mucho porque saben que lo valen pero tienen muchos problemas con las chicas. Natacha, la trans que viene aqu&iacute;, tiene su propio horario y solo viene cuando ya tiene citas previstas. Es con diferencia la que m&aacute;s trabaja. Se ha dejado la polla porque sabe que los griegos son el servicio m&aacute;s cotizado y caro del piso&ldquo;. Un 'griego' es el nombre con el que se conoce a la practica de sexo anal y tiene un valor de 450 euros.
    </p><p class="article-text">
        Bianca es una chica brasile&ntilde;a de 23 a&ntilde;os que se siente muy orgullosa de su trabajo. Es una aut&eacute;ntica belleza carioca que podr&iacute;a estar desfilando en alguna pasarela. Sus compa&ntilde;eras en el piso la definen c&oacute;mo &ldquo;el sue&ntilde;o de cualquier futbolista&rdquo; y de hecho muchos de sus clientes lo son. Desde que lleg&oacute; a Espa&ntilde;a hace tan solo un a&ntilde;o ha conseguido sacar a su familia de las favelas y ahora sus padres gestionan tres panader&iacute;as y sus hermanos dos taxis. &ldquo;La primera vez que me prostitu&iacute; ten&iacute;a doce a&ntilde;os. Yo no sab&iacute;a que eso era prostituci&oacute;n. Yo solo sab&iacute;a que mi familia ten&iacute;a unas necesidades muy grandes y que un vecino me daba comida y algo de dinero de vez en cuando por dejarme tocar los pechos. &iexcl;Y ni siquiera ten&iacute;a tetas, qu&eacute; iba a tener ah&iacute;! Despu&eacute;s quiso m&aacute;s y m&aacute;s. Pero la primera vez que alguien me toc&oacute; fue a los nueve a&ntilde;os, mientras barr&iacute;a el patio de mi casa. Mi t&iacute;o se acerc&oacute;, meti&oacute; la mano debajo de mi vestido, me meti&oacute; los dedos en el co&ntilde;o y se march&oacute; oli&eacute;ndolos. Me qued&eacute; ah&iacute; pasmada llorando y me orin&eacute; encima&rdquo;, rememora con impotencia.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La primera vez que me prostituí tenía doce años. Yo no sabía que eso era prostitución. Yo solo sabía que mi familia tenía unas necesidades muy grandes y que un vecino me daba comida y algo de dinero de vez en cuando por dejarme tocar los pechos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tras Bianca, entra a la cocina Paulina (nombre ficticio) una peque&ntilde;a mujercita rolliza de grandes pechos y con un pelo rubio platino que le llega hasta la cintura. Es su turno de cocinar. Caraotas, arroz blanco y Farofa brasile&ntilde;a que toma prestado de la olla de Bianca. La cocina huele incre&iacute;blemente bien. Mientras en unas cazuelas se cuece 'fufu' africano, en otras, ebulle sancocho colombiano y en el microondas una merluza da vueltas con una ingente cantidad de cebolla. Paulina no es la chica m&aacute;s agraciada del piso pero es con diferencia la que m&aacute;s 'salero' tiene. Es como un torbellino a pesar de su metro cincuenta de estatura y rebosa felicidad y energ&iacute;a. A diferencia de las otras chicas que viven en el piso, Paulina tiene un horario de trabajo. &ldquo;Yo dejo a la ni&ntilde;a en el cole a las nueve y vengo ac&aacute;, despu&eacute;s la recojo a las cinco y nos vamos al parque. Mi hija tiene la vida con la que so&ntilde;&eacute; de peque&ntilde;a. Una habitaci&oacute;n para ella sola, mu&ntilde;ecas y sobre todo amor incondicional y protecci&oacute;n. Si alg&uacute;n d&iacute;a a mi hija le hacen algo, matar&iacute;a feliz por ella. Ella nunca va a pasar por lo que yo pase&rdquo;, sentencia.
    </p><h3 class="article-text">Las del primero izquierda</h3><p class="article-text">
        La edad media en la que las chicas del &ldquo;Afrodita&rdquo; empezaron a intercambiar sexo por dinero, comida o favores son los doce a&ntilde;os. Sin ser siquiera conscientes de lo que aquello significaba, encontraron en este antiguo trueque, la soluci&oacute;n moment&aacute;nea de sus problemas. Para Poly (nombre ficticio) fue la &uacute;nica realidad con la que convivi&oacute; durante parte de su infancia y adolescencia. No conoc&iacute;a otra forma de vida y tampoco lo que significaba el placer. Tras su primera menstruaci&oacute;n Poly fue mutilada genitalmente en Somalia y desde entonces, para ella, ni los hombres ni el sexo tienen ninguna significaci&oacute;n. Poly habla poco pero las cicatrices por todo su cuerpo hablan por ella y de un calvario y un camino que resulta dif&iacute;cil de imaginar. Poly est&aacute; agradecida de que en Espa&ntilde;a las mujeres puedan trabajar a cambio de dinero. &ldquo;En &Aacute;frica tu padre te cambia por un poco de 'Ugali', nada m&aacute;s&rdquo;. El ugali es el ingrediente b&aacute;sico en la dieta africana y el &uacute;nico plato que muchos africanos conocen en su vida. Poly est&aacute; agradecida de que aqu&iacute; los hombres no le peguen ni la violen y est&aacute; agradecida porque con &Eacute;rica y las chicas encontr&oacute; un hogar.
    </p><p class="article-text">
        Mientras las chicas ven la telenovela 'El Clon' en el canal internacional Caracol, algunas toman notas para mejorar su espa&ntilde;ol y repiten las expresiones imitando el acento latino americano. En el caso de Poly la escena resulta tremendamente jocosa. Entre carcajadas y bromas resuena la se&ntilde;al luminosa del sal&oacute;n, pero antes de que las chicas corran a prepararse, Erica avisa que se trata de Fidel, el taxista. Una de las chicas se marcha a una &ldquo;salida&rdquo; en un hotel. Fidel la acompa&ntilde;ar&aacute; y volver&aacute; para recogerla. Es un hombre de confianza para las chicas y siempre les lleva algo dulce que comer. Nunca les ha pedido nada a cambio de su amabilidad y esto sorprende a muchas de las chicas que a&uacute;n no se f&iacute;an de las buenas intenciones de los hombres. Mihalea, una chica rumana con unos ojos azules impresionantes ya est&aacute; preparada para salir. Mientras en la cocina se escucha la voz ronca y dicharachera de Fidel, las chicas bendicen a Mihaela antes de su partida. Nunca se sabe que puede pasar cuando est&aacute;s sola ante un hombre que pag&oacute; por ti. &Eacute;rica se siente orgullosa de que en su piso nunca ha pasado nada malo, ella matar&iacute;a por sus chicas y viceversa. En el Afrodita no hay hombres, ni chulos, ni guardaespaldas. Estas mujeres han aprendido a cuidarse solas y aqu&iacute; son una familia. Para muchas, la que nunca han tenido. Mihaela se marcha y las chicas
    </p><p class="article-text">
        vuelven a su novela, a sus libros o a sus clases improvisadas de espa&ntilde;ol. Los tacones esperan en fila ante la puerta del sal&oacute;n, c&oacute;mo Bianca sali&oacute; la primera antes, esta vez le toca a Poly. Pero no ahora. Enfundadas las batas y con sus zapatillas de peluche el sal&oacute;n, el &ldquo;frodita parece todo menos una casa de citas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p style="text-align: center;"><a href="https://telegram.me/eldiarioeus" target="_blank"><img src="https://static.eldiario.es/eldiario/public/content/file/original/2021/0118/13/siguenos-en-telegram-lideres-entre-los-medios-espanoles-78ba19d.png" alt="síguenos en Telegram" /></a></p>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carolina Muñoz Madrid]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Aug 2022 19:46:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Prostitución,Trata de personas,Trata de mujeres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Stagiers', las estrellas que no brillan en el firmamento Michelin]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/gazteberri/stagiers-estrellas-no-brillan-firmamento-michelin_132_9173872.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0a16ceb6-163e-4457-ac11-21549b02684f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Stagiers&#039;, las estrellas que no brillan en el firmamento Michelin"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una delgada línea separa los términos explotación y formación en la alta cocina y la sostenibilidad de este modelo de restaurante sin aprendices está en entredicho. Sin los sherpas gastronómicos... ¿llegarían a la cima los grandes chefs?</p><p class="subtitle">Entrevista - Joan Roca, chef: “La alta cocina no es cara, es una experiencia como ir al fútbol”</p></div><p class="article-text">
        La cocina se ha convertido en la novena maravilla y los cocineros en aclamadas estrellas de rock. La arquitectura de sus platos no se come, se expone. Los comedores son museos en los que se disfruta con todos los sentidos. Un trato exclusivo, 5 camareros por mesa y entre cuarenta y setenta cocineros en los fogones. Cocinas enormes y pulcras donde impera una f&eacute;rrea disciplina militar.&nbsp; Quien visita un restaurante galardonado con estrellas Michelin disfruta de una experiencia que dura una media de 4 horas, donde comer, es lo menos importante. Alquimia que se toca, se saborea, se huele, se mira. Durante el fest&iacute;n, unos r&iacute;en, lloran, algunos viajan y otros exclaman t&iacute;midamente a Dios. Un cubierto que ronda de m&iacute;nima los 175 euros y hasta cuarenta y cinco platos por men&uacute; degustaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Platos escandalosos, pol&eacute;micos y algunas veces ni siquiera comestibles c&oacute;mo en Mugaritz, a veces ni siquiera platos, c&oacute;mo en Atelier, donde el postre se sirve sobre el mantel a modo de lienzo. Cualquier local que figure en la prestigiosa lista de 'The 50 best of the world' es considerado un templo gastron&oacute;mico. Pol&eacute;micos, adorados, criticados y alabados a partes iguales. Pero &iquest;qui&eacute;n hace realidad este fest&iacute;n de Vatel? Aprendices de cocinero. 'Sherpas' de la gastronom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Engrosar el curr&iacute;culo con el nombre de los restaurantes m&aacute;s prestigiosos del mundo, es la insaciable ambici&oacute;n de j&oacute;venes cocineros que lo dejan todo en busca del saber. Los aprendices de sabio son la pieza clave que mueve el engranaje que se sit&uacute;a debajo de las cocinas estrelladas. Al igual que la piedra angular en una catedral, estos porfiados aprendices, soportan el peso de las estrellas. Nadie les obliga a buscar un 'stage', nadie les obliga a quedarse. Ellos, aseguran que no son nadie si no aprenden de los alquimistas del siglo XXI. Ellos, aseguran que si no entregas tu vida por devoci&oacute;n hacia aquello que amas no puedes llamarte cocinero. Pero &iquest;qu&eacute; fue primero? &iquest;el huevo o el aprendiz?&nbsp; Ofrecen sus manos y una parte de sus vidas a cambio del secreto del &eacute;xito. Sin retribuci&oacute;n alguna a excepci&oacute;n de casa y comida.
    </p><p class="article-text">
        Los grandes chefs ya no esconden sus recetas c&oacute;mo otrora lo hicieran sus predecesores franceses. Ahora el negocio reside en la figura del aprendiz. Estos m&aacute;steres acelerados de gastronom&iacute;a, son para algunos el nuevo modelo elegante de esclavitud y para otros, un truque justo. En este contexto, la ecuaci&oacute;n es simple: a m&aacute;s estrellas Michelin m&aacute;s cantidad de 'stagiers' en la cocina. Cuanto m&aacute;s reluciente sea el foco que se&ntilde;ala al cocinero estrella &iquest;m&aacute;s oscuros ser&aacute;n sus s&oacute;tanos?
    </p><h3 class="article-text"><strong>&iexcl;S&iacute;, chef!</strong></h3><p class="article-text">
        Tras los dos &oacute;culos de la metalizada puerta que da acceso a la cocina del Gran Casino de Santander se perciben unas refulgentes paredes blancas. No se aprecia bullicio, no hay caos &iquest;no hay nadie? Lo &uacute;nico que delata que tras la puerta hay una cocina es el penetrante y exquisito olor a fondo de carne y cebolla pochada. Dentro, trece chaquetillas blancas ejecutan una coreograf&iacute;a perfecta de ademanes simult&aacute;neos al comp&aacute;s de la m&uacute;sica de los cuchillos al cortar y de las ollas al hervir. Miradas bajas y un silencio que solo se rompe con un un&aacute;nime y estridente &iexcl;s&iacute; chef! Un caos perfectamente organizado. As&iacute; es el hogar de C&eacute;sar Villacorta.
    </p><p class="article-text">
        Ataviado con una chaquetilla blanca y un delantal gris, C&eacute;sar se sienta en la terraza,<strong> </strong>y con el sonido de los cormoranes de fondo y la espectacular vista a la infinidad del mar Cant&aacute;brico, se encoje de hombros y afirma: &ldquo;Mart&iacute;n es el puto amo. Empez&oacute; desde abajo, cuando su madre cerraba el Bodeg&oacute;n Alejandro, Martin siendo un cr&iacute;o, se marchaba a Francia a aprender. Un mes con un carnicero, un mes con un panadero, un mes en esta o aquella cocina. Por eso es el mejor, hay gente que pagar&iacute;a por una estancia en sus cocinas. Todos hemos sido aprendices y no creo que a Mar&iacute;n le tratasen especialmente bien&rdquo;. C&eacute;sar se march&oacute; a Lasarte cuando ten&iacute;a veintitr&eacute;s a&ntilde;os. Aplic&oacute; para una temporada, pero se qued&oacute; tres. Lo que equivale a un a&ntilde;o y medio.
    </p><p class="article-text">
        El chef admite que la estancia en el laureado restaurante no fue f&aacute;cil: &ldquo;No fue id&iacute;lico, pero me lleve un conocimiento de valor incalculable&rdquo;, asegura. Y es que, no solo a guisar se aprende en un Michelin. Marketing, gesti&oacute;n gastron&oacute;mica, I+D, incluso idiomas pueden aprenderse en un lugar en el que convergen hasta 20 nacionalidades distintas durante las estancias.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los compa&ntilde;eros de MB es lo mejor que te llevas, despu&eacute;s de doce a&ntilde;os a&uacute;n tengo un amigo japon&eacute;s. Tokiro, al que conoc&iacute; all&iacute; y que me ense&ntilde;a a tratar los pescados como solo ellos saben o Pamela, una chica mexicana que pag&oacute; por su 'stage'. Francamente mis recuerdos son buenos. Se de otras personas que lo pasaron muy mal, pero nadie te obliga a quedarte, si est&aacute;s a disgusto vete&rdquo;, sentencia el chef con tono rotundo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muchos lloraban reventados por las noches, otros se fueron, pero los que venían de fuera lo tenían más jodido. Si se iban, lo perdían todo. Allí te aferrabas a las personas porque es lo único que tenías</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La experiencia de Zuhaitz Cerrada en cambio es tan diferente que parece hablar de otro lugar. A&uacute;n conserva en su tel&eacute;fono la foto de un pa&ntilde;o de cocina ensangrentado y una brecha en la cabeza que ense&ntilde;a a modo de &ldquo;prueba a&rdquo;. Se abri&oacute; la cabeza durante un servicio en MB y ese trapo fue lo &uacute;nico que le proporcionaron para que se &ldquo;apa&ntilde;ara&rdquo;. &ldquo;No pude ir al m&eacute;dico hasta que acab&oacute; el servicio, ning&uacute;n jefe de cocina se interes&oacute; por saber si estaba bien&rdquo;. El vasco, como le llaman sus amigos, ten&iacute;a diecinueve a&ntilde;os cuando se gradu&oacute; en la escuela de cocina de Artxanda y Lasarte fue su primer contacto con la alta cocina. Lejos de sentir que ha tocado las estrellas, Zuhaitz a&uacute;n se encoleriza cuando alguien le menciona lo campechano que parece Berasategui en la televisi&oacute;n. &ldquo;Pura fachada&nbsp; &mdash; espeta el bilba&iacute;no &mdash; ese no es el Mart&iacute;n que conocen sus<em> '</em>stagiers'. En el restaurante ni siquiera te daban de comer, ten&iacute;as que robar sobrantes de lo que fuese y comerlos escondido en las c&aacute;maras. En los pisos nos hacinaban a 7 u 8 en una habitaci&oacute;n en condiciones infrahumanas. Muchos lloraban reventados por las noches, otros se fueron, pero los que ven&iacute;an de fuera lo ten&iacute;an m&aacute;s jodido. Si se iban, lo perd&iacute;an todo. All&iacute; te aferrabas a las personas porque es lo &uacute;nico que ten&iacute;as&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de desistir de los viajes en busca de los principios de la alquimia, este joven chef acab&oacute; en el Celler de Can Roca. &ldquo;El Celler es el &uacute;nico lugar en el que te tratan como a un ser humano. Ellos me reconciliaron con la cocina. Nos ense&ntilde;aban. Ten&iacute;amos una casa bonita y comida para el personal. Los Roca son personas emp&aacute;ticas y buenas en todo el sentido de la palabra&rdquo;, resalta Zuhaitz con una amplia sonrisa.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Perder para ganar</strong></h3><p class="article-text">
        Johan Pe&ntilde;a relata una experiencia similar en el Celler. Este cale&ntilde;o de veintinueve a&ntilde;os ahorr&oacute; durante 5 a&ntilde;os para vivir la experiencia 'stagier'. &ldquo;Primero, aplique a los restaurantes que eran mi top tres, sab&iacute;a por otros panas que las listas de espera eran infinitas as&iacute; que me asegure de tener mi plaza y despu&eacute;s ya me preocupar&iacute;a de conseguir la plata&rdquo;. Un viaje transoce&aacute;nico para aventurarse en un pa&iacute;s desconocido con el objetivo de hacer un curr&iacute;culo de prestigio. &ldquo;Uno ac&aacute; no es nadie si no tiene buenas pr&aacute;cticas hechas. Hay que dejarlo todo para volver y tenerlo todo, pero mejor&rdquo;, resalta.
    </p><p class="article-text">
        Johan ense&ntilde;a mediante la pantalla del ordenador, la preciosa sala de arquitectura neocl&aacute;sica que decora el comedor del restaurante que dirige en el imponente Cartagena Marriott Hotel. En un pa&iacute;s en el que el sueldo m&iacute;nimo es de 450.000 pesos &mdash;unos 210 euros&mdash;, ser el jefe de cocina de un restaurante en el que el cubierto cuesta el equivalente a tres salarios es un sue&ntilde;o. Es ganar.
    </p><p class="article-text">
        Johan y Zuhaitz se conocieron cuando el chef cale&ntilde;o finaliz&oacute; su 'stage' en el Celler y lleg&oacute; a MB. Por aquel entonces al del Bilbao le restaba un mes de estancia en &ldquo;las cocinas del infierno&rdquo; y ya preparaba su viaje a el Celler.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No sabes lo que te espera aqu&iacute;, ya puedes prepararte.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Yo s&eacute; que vengo a comer mierda vasco.
    </p><p class="article-text">
        Las jornadas en el restaurante Aponiente de &Aacute;ngel Le&oacute;n empiezan a primera hora. A las seis de la ma&ntilde;ana una fila de aprendices cargados con calderos recorre la localidad del puerto de Santa Mar&iacute;a en C&aacute;diz hasta llegar a la playa de la Puntilla. El agua con la que se cuece la magia del chef del mar debe recogerse justo despu&eacute;s de la primera bajamar de las 02:02 de la madrugada y antes de la siguiente pleamar a las 08:28.
    </p><p class="article-text">
        Diego Bilbao tiene treinta y siete a&ntilde;os y es copropietario de un coqueto restaurante en Santander llamado La hermosa de Alba. Hoy, c&oacute;mo cocinero lo tiene todo. Hoy, despu&eacute;s de casi 10 a&ntilde;os, recuerda a la perfecci&oacute;n las tablas de marea del puerto de Santa Mar&iacute;a. El, recorri&oacute; durante seis meses los tres kil&oacute;metros y medio que separan Aponiente de la Puntilla. La playa predilecta de Le&oacute;n por la riqueza en plancton marino de sus aguas. &ldquo;&Aacute;ngel dec&iacute;a que era un regalo disfrutar del amanecer en la playa, pero lo que no era tan m&aacute;gico era tener las manos congeladas, los pies mojados y caminar con calderos de agua a la espalda&rdquo;, rememora Diego.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando veo todo lo que he conseguido es inevitable preguntarme si tuviese todo esto sin haber pasado por los sótanos de los Michelin. Yo antes no tenía un nombre, pero cuando usé los suyos todo el mundo sabía quién era Diego Bilbao</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Absorto en sus recuerdos, este ex jugador de rugby, enorme y corpulento, se hace peque&ntilde;o, se sienta en una banqueta y se apoya en la pared. Las manos que apoya sobre la mesa de pulido acero de su cocina cuentan, por medio de las cicatrices, su propia historia. Las u&ntilde;as cortadas al ras dejan ver unas peque&ntilde;as cicatrices sim&eacute;tricas y de color gris&aacute;ceo, &ldquo;espinas y dientes de pescado&rdquo;, suelta sin importancia. &ldquo;Cuando veo todo lo que he conseguido es inevitable preguntarme si tuviese todo esto sin haber pasado por los s&oacute;tanos de los Michelin. Yo antes no ten&iacute;a un nombre, pero cuando us&eacute; los suyos todo el mundo sab&iacute;a qui&eacute;n era Diego Bilbao&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Felipe Bunchicoff, socio y amigo de Diego, tiene un aspecto similar al de Bilbao. Luce con orgullo la camiseta del equipo de rugby los Verdes de Santander. Mira a su compa&ntilde;ero con una sonrisa ir&oacute;nica y tras dejarle hablar le golpea en la espalda y se&ntilde;ala con un marcado acento argentino: &ldquo;La gente en Espa&ntilde;a es recontra blandita. A m&iacute; me sacaron la mierda en Quique Dacosta y no hablemos de Aponiente. Pero che, en Argentina cualquier pendejo con un puesto callejero te saca la concha de tu madre. Hay mierda que merece la pena aguantar. Yo gan&eacute;&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Las estrellas hablan</strong></h3><p class="article-text">
        Josep 'Pitu' Roca representa todo lo que est&aacute; bien en la alta cocina. Con su caracter&iacute;stico blazer negro y una delicadeza hipn&oacute;tica, el mayor de los Roca se sienta ante el ordenador. A su espalda se observa una estanter&iacute;a con cientos de libros y botellas de vino. Asegura que a&uacute;n se sorprende al escuchar las historias de sus j&oacute;venes becarios. &ldquo;No tiene sentido maltratar a las personas que hacen posible que nuestro restaurante sea lo que es. Los chicos llegan aqu&iacute; pensando que sin nosotros no ser&iacute;an nada, pero es al rev&eacute;s. De los casi 70 miembros del equipo de El Celler, unos 25 son 'stagiers'. Sin ellos, no podr&iacute;amos dar el tipo de servicio que damos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ane Berasategui, en cambio, no comparte la misma visi&oacute;n. A trav&eacute;s de un correo electr&oacute;nico, la hija y jefa de comunicaci&oacute;n de Martin Berasategui asegura que una estancia en sus restaurantes tiene un valor superior al de un m&aacute;ster gastron&oacute;mico. &ldquo;Es un privilegio estar en MB. Un m&aacute;ster ronda los 10.000 euros. Nuestros aprendices saben el valor de nuestra cocina y las listas de espera no paran de crecer. Formarse con uno de los mejores cocineros del mundo de forma gratuita es un hecho afortunado por el que otros alumnos tienen que pagar&rdquo;, rezan sus l&iacute;neas.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">No tiene sentido maltratar a las personas que hacen posible que nuestro restaurante sea lo que es. Los chicos llegan aquí pensando que sin nosotros no serían nada, pero es al revés: sin ellos, no podríamos dar el tipo de servicio que damos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En este sentido, Alan Iglesias, la mano derecha de &Aacute;ngel Le&oacute;n, habla tan deprisa como se mueve y tras un bufido de hast&iacute;o, despu&eacute;s de escuchar una serie de relatos, solo acierta a decir que, en efecto, aprender en las cocinas de &Aacute;ngel no es f&aacute;cil. &ldquo;Nadie dijo que lo fuera, no son unas vacaciones en C&aacute;diz, es un periodo de formaci&oacute;n intensiva para chavales que quieren relevar a los mejores del mundo&rdquo;, puntualiza el de Arrasate.
    </p><p class="article-text">
        Los d&iacute;as previos al inicio de este viaje por el firmamento gastron&oacute;mico, la ciudad de las artes y las ciencias se visti&oacute; de gala para celebrar la noche con m&aacute;s estrellas: La ceremonia de la Gu&iacute;a Michelin Espa&ntilde;a y Portugal 2022. Alfombra roja, focos a m&aacute;xima potencia, periodistas y fot&oacute;grafos de la prensa nacional e internacional, chaquetillas de alta costura y zapatos de Manolo Blahnik en un desfile al m&aacute;s puro estilo feria de las vanidades. Pecado y atracci&oacute;n. Mientras los rostros m&aacute;s conocidos del panorama gastron&oacute;mico internacional entran uno a uno en el Palacio de las Artes Reina Sof&iacute;a, en los s&oacute;tanos de sus lujosos restaurantes cientos de chicos, juntos y entusiasmados, sintonizan el canal oficial de la gu&iacute;a en YouTube y se disponen a so&ntilde;ar con la obtenci&oacute;n del palmar&eacute;s. El reconocimiento es tan suyo c&oacute;mo de las gastro estrellas, pero ellos no visten de Prada. Ellos son los de abajo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carolina Muñoz Madrid]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/gazteberri/stagiers-estrellas-no-brillan-firmamento-michelin_132_9173872.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Jul 2022 19:46:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Stagiers', las estrellas que no brillan en el firmamento Michelin]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cocina,Chefs,Cocineros,Michelin,Estrellas Michelin]]></media:keywords>
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