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    <title><![CDATA[elDiario.es - Guillermo Sabas Rodríguez]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Un plato solidario rodeado de abundancia en Getxo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/gazteberri/plato-solidario-rodeado-abundancia-getxo_132_9173949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/77e063c9-fa3f-467a-922f-7631f5b94bde_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un plato solidario rodeado de abundancia en Getxo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El comedor social de las Hijas de La Caridad es el único de Getxo y alimenta a 53 personas</p><p class="subtitle">El éxito de 'Intimidad' lleva a Bizkaia a redoblar las ayudas para captar más rodajes de series y cine</p></div><p class="article-text">
        Es domingo. Hace sol pero no calor. El tintineo de las copas brindando, risas y un barullo no muy alto pero constante inundan la Plaza Tellagorri de Algorta, m&aacute;s conocida como la Plaza del Tilo. Los hombres llevan chaleco, pantalones chinos y gafas de sol. Las mujeres, abrigo, botas con tac&oacute;n y los labios muy pintados. Todas las personas tienen algo en la mano; algunas beben cerveza, otras un Rueda, el cl&aacute;sico vino blanco del &lsquo;poteo&rsquo; de los domingos, y los m&aacute;s peque&ntilde;os arramblan con los platos de rabas. Entre todo este escenario de vidas solucionadas y domingos de &lsquo;relax&rsquo;, anda Francisca Noriega, Paquita. Cruza la plaza esquivando espaldas y copas, en silencio y sin apenas reparar en su alrededor. Es su pan de cada d&iacute;a. Contin&uacute;a calle abajo cien metros y se pone a la cola. Con ella tambi&eacute;n est&aacute;, entre otros, Tob&iacute;as Odianela, un senegal&eacute;s afincado en Getxo que supera los 60 a&ntilde;os. Est&aacute;n esperando a que les den de comer. No tienen con qu&eacute; pagarlo.
    </p><p class="article-text">
        Paquita tiene 73 a&ntilde;os, es una mujer maltratada, enferma y con recursos insuficientes para vivir. Por eso, cada d&iacute;a a las 11:45 espera en la puerta del comedor social de las Hijas de La Caridad, en Algorta, a que ellas le den una bolsa con la comida, la cena y el desayuno de sus pr&oacute;ximos dos d&iacute;as. De los siete comedores sociales en Bizkaia, &ldquo;este es el &uacute;nico oficial en Getxo&rdquo;, relata Mertxe Iturralde, o sor Mertxe, hermana de las Hijas de La Caridad. Ella es quien se ocupa de la gesti&oacute;n del comedor. Y dice oficial porque no son ellas las &uacute;nicas que dan comida a personas que lo necesitan. La parroquia de los Trinitarios de Algorta, a escasos cinco minutos de distancia andando, da bocadillos cada d&iacute;a a una docena de locales. La mayor&iacute;a son personas sin techo.
    </p><p class="article-text">
        El caso de los Trinitarios, sin embargo, no es lo habitual. Sor Mertxe cuenta que ellas se someten a todo tipo de controles: &ldquo;Cada d&iacute;a tenemos que medir la temperatura de las neveras y congeladores, la temperatura a la que cocinamos y la de la comida una vez lista para servirse&rdquo;. Una vez al a&ntilde;o, inspectoras de Sanidad se acercan y recogen el registro de las temperaturas de cada d&iacute;a, examinan las neveras y el congelador, la caldera del centro y el sistema anti incendios. Despu&eacute;s se van. Todo esto est&aacute; establecido en la Reglamentaci&oacute;n T&eacute;cnico-Sanitaria de los Comedores Colectivos que, por ejemplo, establece que &ldquo;las comidas refrigeradas deben almacenarse en c&aacute;maras frigor&iacute;ficas que aseguren una temperatura de conservaci&oacute;n inferior o igual a 3&ordm;C&rdquo;. Un seguimiento exhaustivo que sor Mertxe comprende: &ldquo;No podemos dar comida en mal estado&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cada día tenemos que medir la temperatura de las neveras y congeladores, la temperatura a la que cocinamos y la de la comida una vez lista para servirse</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">Impacto de la pandemia</h3><p class="article-text">
        Esa comida hace ya dos a&ntilde;os que no solo la sirven en plato. Con la pandemia, tuvieron que cambiar su modo de trabajar porque no pod&iacute;an abrir el centro. &ldquo;Cada d&iacute;a ven&iacute;an las personas desde sus casas y, en la puerta, les d&aacute;bamos una bolsa con la comida y la cena en t&aacute;per, dos piezas de fruta y, cada dos d&iacute;as, un bric de leche y un tubo de galletas Mar&iacute;a para desayunar&rdquo;, relata sor Mertxe. Cuenta tambi&eacute;n que, con ayuda de la DYA, a las personas sin hogar se las llevaron a un polideportivo de Getxo. Esta decisi&oacute;n tambi&eacute;n fue apoyada por el Gobierno vasco, que ha mostrado una conciencia clara respecto a las personas sin techo en planes como es la Estrategia Vasca para Personas Sin Hogar. Tras el confinamiento continuaron funcionando as&iacute;, puesto que la incidencia era alta y ellas no quer&iacute;an correr el riesgo de contagiarse.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cada día venían las personas desde sus casas y, en la puerta, les dábamos una bolsa con la comida y la cena en táper, dos piezas de fruta y, cada dos días, un bric de leche y un tubo de galletas María para desayunar</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">sor Mertxe</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A d&iacute;a de hoy, en el comedor social comen en torno a veinte personas, muchas menos que antes de la pandemia. Pero no porque no puedan, sino porque con el cambio de funcionamiento, muchos usuarios expresaron que prefer&iacute;an seguir cogiendo la comida en t&aacute;per. Mertxe explica que cuando reabrieron el centro en junio de 2021 era ya verano, y que muchos dijeron preferir coger la comida en t&aacute;per para comerla donde quisieran y cuando quisieran, al aire. De esta forma, son otras 35 personas las que cogen la comida y se la llevan. Entre ellas, Paquita: &ldquo;Yo estoy contenta. Me dan la comida, me la llevo a casa, como tranquila y luego me echo la siesta en el sof&aacute;. Es m&aacute;s c&oacute;modo&rdquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Trabajo con otras entidades</strong></h3><p class="article-text">
        Todo este trabajo exige colaboraci&oacute;n para poder ser desempe&ntilde;ado y las Hijas de La Caridad cuentan con la ayuda de otras entidades. Es m&aacute;s, ellas solo gestionan el comedor social, las duchas y la lavander&iacute;a del centro. M&aacute;s all&aacute;, el Ayuntamiento es el primer agente con el que trabajan. Desde el &Aacute;rea de Cohesi&oacute;n Social, Catalina Rebolledo, una trabajadora social, se encarga de la selecci&oacute;n de personas que asisten al comedor y de crear los bonos que les dar&aacute;n acceso al centro de las monjas. Asimismo, sor Mertxe suspira al contar que el Banco de Alimentos tambi&eacute;n les da comida, consciente de que sin esa ayuda todo ser&iacute;a m&aacute;s complicado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otra de las entidades que proporciona comida al comedor de las monjas es Oreka, una empresa local que se dedica a la redistribuci&oacute;n de excedentes alimentarios de diferentes empresas en el sistema y que les da comida una vez por semana. Denis Ugalde, uno de los dos socios de la empresa, cuenta que siempre hab&iacute;a tenido mucha vinculaci&oacute;n con proyectos sociales y voluntariados, y pens&oacute; que ser&iacute;a una muy buena idea &ldquo;enfocar al &aacute;mbito social&rdquo; su actividad en Oreka. En cuanto al reparto de trabajo dentro del convento, hay otras dos monjas que ayudan a Mertxe en la gesti&oacute;n del comedor, as&iacute; como un voluntario. Solo uno, los dem&aacute;s dejaron de ir. &ldquo;La mayor&iacute;a eran mayores y, con la pandemia, o sus hijos o nosotras les dijimos que no vinieran para no ponerles en riesgo&rdquo;, aclara Mertxe.
    </p><p class="article-text">
        Ese voluntario, que, de hecho, acude todos los d&iacute;as a las comidas, es Jos&eacute; Ignacio N&uacute;&ntilde;ez, o Txetxu. Lo lleva haciendo los &uacute;ltimos seis a&ntilde;os, excepto en el periodo de confinamiento m&aacute;s estricto. &ldquo;Mi mujer, que es la coordinadora de las catequistas de la parroquia de San Nicol&aacute;s y suele tener relaci&oacute;n con las monjas, me dijo que necesitaban ayuda en el comedor&rdquo;, recuerda Jos&eacute; Ignacio. Comenz&oacute; acudiendo los fines de semana tanto en el desayuno como en la comida. &ldquo;Lo mejor de todo es que me da una tremenda alegr&iacute;a dar ese granito de arena que Dios nos pide a todos -cuenta Txetxu sonriente-, estar aqu&iacute; me aporta m&aacute;s a m&iacute; que a ellos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Comedor y centros de d&iacute;a</strong></h3><p class="article-text">
        En el mismo edificio conviven con el comedor social dos centros de d&iacute;a, uno foral y el otro municipal. Estos los gestiona Sortarazi, una asociaci&oacute;n dedicada al desarrollo y la inserci&oacute;n de personas en situaci&oacute;n de exclusi&oacute;n y con la que las Hijas de La Caridad llevan a&ntilde;os trabajando. Naroa Puyo, educadora social de la asociaci&oacute;n explica que &ldquo;el foral es un centro m&aacute;s especializado, con procesos de inclusi&oacute;n de usuarios que est&aacute;n dispuestos a esforzarse por cambiar aspectos de su vida a mejor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al municipal, por el contrario, pueden acudir personas que no quieran mejorar su calidad de vida, seg&uacute;n Naroa, que explica adem&aacute;s que puede ser que est&eacute;n durmiendo en la calle y que solo quieran acceder a los servicios de las monjas. Se trata, seg&uacute;n ella, de atender con &ldquo;dignidad&rdquo; a las personas que se encuentran en exclusi&oacute;n. Tambi&eacute;n cuenta que la diferencia principal entre ambos centros de d&iacute;a es la fuente de financiaci&oacute;n. El foral es financiado por la Diputaci&oacute;n Foral de Bizkaia, mientras que el municipal, por el Ayuntamiento de Getxo. As&iacute;, el primero est&aacute; m&aacute;s orientado a dar un acompa&ntilde;amiento integral a las personas y, el segundo, a ofrecer servicios que soliciten los usuarios en un momento dado.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la gesti&oacute;n, Sortarazi pone el equipo humano, mientras que es Servicios Sociales quien selecciona a las personas. No obstante, Naroa Puyo relata que &ldquo;hay veces que viene gente tocando el timbre pidiendo ayuda&rdquo;. En esos casos, ella y sus compa&ntilde;eras se encargan de hacerles una primera acogida y de citarles con los Servicios Sociales del Ayuntamiento para que entren en la red de protecci&oacute;n social. Pero la mayor dificultad no viene de la organizaci&oacute;n, sino de la financiaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El Ayuntamiento aporta al a&ntilde;o 30.000 euros para el comedor social a modo de ayuda. Una cantidad que, a juicio de Mertxe, podr&iacute;a ser mucho m&aacute;s alta. Cuando lleg&oacute; aqu&iacute; hace cuatro a&ntilde;os se qued&oacute; &ldquo;asombrada&rdquo; con esa cantidad de dinero y no para bien. Por eso, en la primera reuni&oacute;n que tuvo con el Ayuntamiento, fue clara. Hizo c&aacute;lculos y les explic&oacute; que con el dinero que el Ayuntamiento aportaba al centro ellas podr&iacute;an atender tan solo a cuatro personas durante todo el a&ntilde;o y a una quinta cada dos d&iacute;as, frente a las 53 que atienden actualmente. &ldquo;Creo que no fui exagerada calculando 9 euros al d&iacute;a por persona en comida&rdquo;, detalla.
    </p><p class="article-text">
        Por eso sor Mertxe agradece la ayuda de otras entidades. Aun as&iacute;, &ldquo;si no nos llega, llamo a Le&oacute;n y pido dinero&rdquo;, confiesa. Llama a Le&oacute;n, donde se encuentra la casa central de las Hijas de La Caridad, y pide refuerzos. &ldquo;Y es que aun sabiendo que los servicios sociales siempre son deficitarios y que no te van a pagar el 100% de los gastos, no queda otra, &iquest;a d&oacute;nde voy con el dinero que nos dan?&rdquo;, lamenta. A pesar de todo, est&aacute; contenta de tener el comedor y de poder alimentar a tanta gente. Todas las ma&ntilde;anas a las 11:30 ella y las otras dos hermanas preparan las bolsas y los t&aacute;peres con la comida de la cocinera y, a en punto, abren la puerta.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, a las 12:05, por lo general, Paquita ya tiene su comida en la mano. Les da las gracias y habla un rato, porque eso a ella le encanta. Se abriga bien con la chaqueta, coge la bolsa y comienza el camino de vuelta a casa. Sube la cuesta hasta la Plaza del Tilo y, en apenas diez minutos, pasa de estar en la cola a volver a esquivar las copas de rueda y verm&uacute;. Despu&eacute;s de la plaza, cinco minutos m&aacute;s andando y llega a su casa, donde con calma se sirve y come con la televisi&oacute;n de fondo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillermo Sabas Rodríguez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Jul 2022 19:46:19 +0000]]></pubDate>
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