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    <title><![CDATA[elDiario.es - Rosa Oroya Villalta]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/rosa-oroya-villalta/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Rosa Oroya Villalta]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sin patria y sin techo: 613 inmigrantes que llegaron con un sueño viven en las calles de Bilbao]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/gazteberri/patria-techo-613-inmigrantes-llegaron-sueno-viven-calles-bilbao_132_9177821.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b2966970-0243-4b99-8275-13cf165a3683_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sin patria y sin techo: 613 inmigrantes que llegaron con un sueño viven en las calles de Bilbao"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Llegaron a Bilbao pensando que era el paraíso en la tierra, pero pronto se dieron cuenta de que en el paraíso también se sufre: duermen en cajas de cartón que se encontraron en la basura y se tapan con una manta fina</p><p class="subtitle">Reportaje - Hogares clandestinos a pie de calle en Bilbao</p></div><p class="article-text">
        Cae el sol. Las calles bilba&iacute;nas se van vaciando, solo se oye el soplo del fr&iacute;o viento y el gorjeo de las palomas. Aparentemente est&aacute;n desiertas, pero est&aacute;n ellos, siempre est&aacute;n ellos, las personas sintecho, 1.057 concretamente. Llegaron a Bilbao pensando que era el para&iacute;so en la tierra, pero pronto se dieron cuenta de que en el para&iacute;so tambi&eacute;n se sufre. Duermen en cajas de cart&oacute;n que se encontraron en la basura y se tapan con una fina manta que alg&uacute;n alma caritativa les ha donado, o quiz&aacute;s una ONG.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se escucha el ruido del personal de limpieza p&uacute;blica. Ese es su despertador. Saben que tienen que levantarse y guardar sus pertenencias, les basta con una mochila. Toda su vida entra en ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me esperaba otra cosa, al llegar al primer mundo. Estuve un a&ntilde;o viviendo en el bosque, nadie preguntaba por m&iacute;. Sent&iacute;a que no le importaba a nadie. Cuando hablo con mi familia tengo que decirles que estoy bien, que estoy viviendo un sue&ntilde;o. Tengo que mentirles y mentirme a m&iacute; mismo&rdquo;, expresa Allika, con los ojos rojos. Allika es marroqu&iacute;, lleg&oacute; hace cuatro a&ntilde;os a Espa&ntilde;a y lleva un a&ntilde;o en Bilbao, un a&ntilde;o viviendo en las fr&iacute;as calles y en los oscuros bosques bilba&iacute;nos.
    </p><p class="article-text">
        Adham, un hombre de origen marroqu&iacute; recuerda una an&eacute;cdota que le marc&oacute; durante los meses que estuvo viviendo en las calles: &ldquo;Hab&iacute;a una familia, la chica ten&iacute;a 22 a&ntilde;os y estaban con un beb&eacute; y nadie les pod&iacute;a acoger. Les tuvimos que pagar el hotel, s&oacute;lo nos alcanzaba para pagarles tres d&iacute;as&rdquo;. Tambi&eacute;n cuenta la situaci&oacute;n en la que se encuentra un sintecho al que &eacute;l considera amigo: &ldquo;&Eacute;l es ciego de un ojo, y con el otro ve gracias a una lentilla. Est&aacute; enfermo, tiene dislocado el hombro y nadie nos ayuda, ni siquiera las autoridades&rdquo;. Adem&aacute;s, Adham sabe mejor que nadie la impotencia que sienten las personas que noche a noche solo tienen la compa&ntilde;&iacute;a del viento y de las palomas.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando hablo con mi familia tengo que decirles que estoy bien, que estoy viviendo un sueño. Tengo que mentirles y mentirme a mi mismo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Allika</span>
                                        <span>—</span> sintecho
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Miles de inmigrantes llegan a Bilbao con la esperanza de tener un futuro mejor, tener una oportunidad para alcanzar una vida digna. Su &uacute;nico objetivo es conseguir un buen trabajo y estudiar. Cuando llegan se encuentran con una realidad muy distinta a la que hab&iacute;an so&ntilde;ado. El idioma es diferente, no conocen nada ni a nadie, la soledad es su &uacute;nica compa&ntilde;era y nadie les da una oportunidad de prosperar. Es como si la vida se empe&ntilde;ara en ponerles la zancadilla una y otra vez. Aun as&iacute;, hay muchos casos en los que estas ca&iacute;das les motiva a superarse y decir: &ldquo;Hoy es nuevo d&iacute;a, el sol volvi&oacute; a salir y yo hoy estar&eacute; m&aacute;s cerca de mis objetivos. He logrado llegar y voy a luchar por lo que he venido&rdquo;, se repet&iacute;a continuamente Adham para no derrumbarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las personas sintecho simplemente buscan una oportunidad para salir adelante y dejar de dormir en la intemperie. Seg&uacute;n el Instituto Vasco de Estad&iacute;stica, Eustat, la poblaci&oacute;n extranjera residente en Euskadi actualmente alcanza los 185.000 habitantes, el 8,4% de la poblaci&oacute;n total.&nbsp; Desde 2016 la poblaci&oacute;n extranjera no ha hecho m&aacute;s que aumentar en la comunidad aut&oacute;noma. Aunque hay que destacar que el pasado a&ntilde;o, 2021, hubo un cambio a este patr&oacute;n, descendi&oacute; un poco m&aacute;s de .2000 personas. Se debi&oacute; a la pandemia. La suerte no siempre sonr&iacute;e a quienes buscan un futuro mejor. Para algunos de ellos, la calle es su &uacute;nica opci&oacute;n. En el caso de Bilbao, la ciudad m&aacute;s poblada de la comunidad, 613 de los 1.057 personas que duermen en las calles son extranjeras. Seg&uacute;n Eustat, de esos 613 extranjeros, m&aacute;s de la mitad son marroqu&iacute;es.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Administrativos vs. voluntarios</strong></h3><p class="article-text">
        Ante este problema social, el Ayuntamiento de Bilbao, coordinado con el Gobierno vasco, busca soluciones para reducir este n&uacute;mero. Con este objetivo, se han considerado cuatro contextos diferentes. El primero es crear espacios para una breve estancia, pensado fundamentalmente para personas transe&uacute;ntes, en los que se atienden las necesidades derivadas de la movilidad y a situaciones de crisis puntuales. El segundo se centra en grupos diferentes que necesitan un alojamiento de duraci&oacute;n intermedia. Va dirigido a aquellas personas que tienen la necesidad de resolver temporalmente el problema de la falta de hogar para poder plantearse procesos de cambio en su situaci&oacute;n de exclusi&oacute;n social. El tercero va dirigido a personas que necesitan un alojamiento de larga duraci&oacute;n en &ldquo;pisos de autonom&iacute;a&rdquo;, destinados a consolidar procesos de incorporaci&oacute;n social. Por &uacute;ltimo, est&aacute;n los &ldquo;pisos de supervivencia&rdquo;, orientados a resolver el alojamiento del n&uacute;cleo duro de la calle.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si bien es cierto que existen ayudas para estas personas, acceder a ellas es un proceso largo y complicado, hay poco espacio para la gran cantidad de desamparados que hay actualmente. &ldquo;S&oacute;lo te puedes quedar tres d&iacute;as y luego te tienes que marchar, y para volver a solicitar entrar al albergue tienen que pasar tres meses&rdquo;, revela decepcionado Allika.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que la burocracia les dificulta acceder a estos pisos o albergues, en lo que coinciden las personas &lsquo;sin hogar&rsquo; es en la gran generosidad del pueblo bilba&iacute;no, demostrando que no son indiferentes ante estas personas que necesitan ayuda. &ldquo;Los bares de la zona te invitan a desayunar o comer. Las personas que se est&aacute;n tomando un caf&eacute; te miran y te preguntan si quieres tomar algo, un caf&eacute; o un t&eacute;&rdquo;, explican agradecidos los migrantes que hacen fila para obtener informaci&oacute;n sobre la ONG Ongi Etorri Errefuxiatuak, ubicada en Pilota Kalea. &ldquo;Eso nos hace sentir que importamos y que entienden por lo que estamos pasando&rdquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Racismo, sin&oacute;nimo de desconocimiento</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Me acuerdo cuando vi por primera vez a Ashraf, era jovencito y ten&iacute;a una pinta de malote, no quer&iacute;a cenar, porque no quer&iacute;a molestar. Entonces le dije que se sentara con nosotros y al final acab&oacute; cenando. Pas&oacute; una hora y le grab&eacute; un v&iacute;deo a este chico que ten&iacute;a unas pintas de malo jugando a la 'play' con mi hijo. Al final solo es un ni&ntilde;o que ha sufrido&rdquo;, relata Jes&uacute;s Barcina Burgui, voluntario de la plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak. El desconocimiento, el miedo a lo diferente y los prejuicios son pilares fundamentales para incrementar el racismo. El recelo ante estas personas es algo que se tiene interiorizado, pero como destaca Barcina desde su propia experiencia, a la mayor&iacute;a de las personas se les caen todas las barreras en cuanto las conocen y se acercan a ellas.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al racismo, la sociedad vasca se denomina abierta y tolerante, obtiene un 72,7 de 100 puntos en la escala BOPI (Basque Open-mindness Index), lo que significa que tienen actitudes abiertas e inclusivas. No todos los datos son, sin embargo, igual de positivos. Seg&uacute;n una encuesta asociada al estudio &lsquo;Discriminaci&oacute;n y diversidad en la CAE: perspectivas, &aacute;mbitos y colectivos&rsquo; elaborado por el observatorio Ikuspegi en colaboraci&oacute;n con el Departamento de Igualdad, Justicia y Pol&iacute;ticas Sociales y la Universidad del Pa&iacute;s Vasco, el 24,4% de la poblaci&oacute;n declara haber sido discriminada.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Historias de superaci&oacute;n</strong></h3><p class="article-text">
        Salaheedine (Rabat, 20 a&ntilde;os) e Ismael (Bereber, 24), pueden contar en primera persona que la solidaridad y la ayuda existen. Ambos llegaron a Espa&ntilde;a en diferentes &eacute;pocas desde distintos puntos de Marruecos. Los dos j&oacute;venes estaban conectados desde antes de conocerse, ambos tuvieron que cruzar de una manera u otra la valla de Melilla. El miedo, la incertidumbre, la soledad y el peligro de vivir en la calle era algo que les acompa&ntilde;&oacute; durante todo su trayecto hasta llegar a Euskadi, viviendo cada uno su propia odisea. Sufrieron mucho, reconocen, incluso estando en Bilbao. Tanto Salaheedine como Ismael, al igual que Allika y Adham,&nbsp; estuvieron meses viviendo en las calles bilba&iacute;nas hasta que la vida recompens&oacute; su valent&iacute;a y optimismo con un &ldquo;golpe de suerte&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Encontraron a personas que se convertir&iacute;an en su familia vasca. Ismael encontr&oacute; a sus &ldquo;abuelos&rdquo;, un matrimonio de tercera edad que lo acogi&oacute; durante meses: &ldquo;Yo no tengo abuelos y cuando los conoc&iacute; me sent&iacute; como que ahora tengo abuelos de nuevo, compartimos todo&rdquo;. Salaheedine, hall&oacute; a una familia que se convertir&iacute;a en la suya: &ldquo;Me sent&iacute; en familia con Jes&uacute;s, Cristina y sus hijos, me ayudan mucho, me lo paso muy bien con ellos, son muy majos&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando llegué aquí me sentí igual de acogido que en mi casa. Los considero como una familia, siempre me han apoyado, todos los que están alrededor de mí</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ismael</span>
                                        <span>—</span> llegó desde Marruecos y habla así de Ongi Etorri Errefuxiatuak
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Salaheedine e Ismael se conocieron por Jes&uacute;s y Cristina, un matrimonio voluntario que acoge a personas que viven en situaci&oacute;n de calle. Jes&uacute;s Burgui milita desde hace 18 a&ntilde;os en &lsquo;Por un Mundo M&aacute;s Justo&rsquo;, un partido que lucha por una pol&iacute;tica m&aacute;s humana y m&aacute;s respetuosa con los Derechos Humanos. Tiene 51 a&ntilde;os y est&aacute; casado con Cristina, juntos construyeron una vida en que la inquietud sobre los temas sociales ha estado presente en cada momento. Cuando empez&oacute; toda la crisis migratoria del mediterr&aacute;neo, en 2016, vieron todo el sufrimiento humano y se dieron cuenta de que hab&iacute;a mucho por hacer y luchar para que se cumplan los derechos b&aacute;sicos de las personas. Desde ese momento emprendieron un nuevo objetivo y decidieron ponerse manos a la obra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se unieron hace seis a&ntilde;os a Ongi Etorri Errefuxiatuak y muy pronto empezaron a acoger a personas que llegaban de todas partes del mundo. Su &uacute;nica intenci&oacute;n es ayudarles y que puedan salir adelante, darle la oportunidad que muchos les negaban. &ldquo;Cuando llegu&eacute; aqu&iacute; me sent&iacute; igual de acogido que en mi casa. Los considero como una familia, siempre me han apoyado, todos los que est&aacute;n alrededor de m&iacute;. A veces me siento solo, pero pienso en estas personas que no son mi familia y est&aacute;n aqu&iacute; conmigo&rdquo;, explica Ismael.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Espero que siempre nos vengan a visitar, aunque sea de vez en cuando. Cuando tengan hijos ampliaremos la familia&rdquo;, comenta alegremente el matrimonio con una sonrisa de oreja a oreja. Entre ellos han creado un lazo especial, han creado una nueva familia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Oroya Villalta, Ana Lee Urrutia Gonzales]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Aug 2022 19:46:30 +0000]]></pubDate>
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