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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alexandra Kohan]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alexandra-kohan/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alexandra Kohan]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Yo sé]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/yo-se_129_9225933.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/61bac9f7-4c79-4f73-ba97-f5611b68aa09_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Yo sé"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más allá de la formación que cada quien tenga, las redes sociales hacen proliferar un tipo de enunciación, un modo de la asertividad, el posicionamiento en un lugar de saber. Cada uno de los influencers —se auto perciban o no de ese modo— parecieran decir "yo sé"</p></div><p class="article-text">
        El discurso universitario no es aquel que s&iacute; o s&iacute; se act&uacute;a en la universidad. Hay personas que sostienen ese discurso fuera de la universidad &mdash;y, a la inversa: en la universidad puede no haber discurso universitario. Es eso que Henri Meschonnic llama &ldquo;el academicismo del pensamiento&rdquo;. Dice: &ldquo;Se trata de todas las formas de saber que esconden su propia ignorancia. Es lo que aprend&iacute; al estudiar el texto b&iacute;blico y los comentarios. &iquest;C&oacute;mo gente tan sabia, que traduce esos textos, no se da cuenta que su saber produce ignorancia e impide incluso saber que la produce? Nada me parece m&aacute;s c&oacute;mico que lo serio del saber&rdquo;. Vuelvo a leerlo a la luz de un fen&oacute;meno muy actual: el modo en que pululan, por doquier, gracias a las redes sociales, expertos y especialistas. Y tambi&eacute;n vuelvo a pensar en el asunto a partir de la lectura del &uacute;ltimo libro de<strong> Renata Salecl</strong>, editado por Godot, <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/pasion-ignorancia_1_9175256.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Pasi&oacute;n por la ignorancia</a>. La autora eslovena indaga los modos actuales en los que nos relacionamos con lo que sabemos, con lo que no sabemos, con lo que no queremos saber, con lo que negamos o con lo que ignoramos voluntariamente.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la formaci&oacute;n que cada quien tenga, las redes sociales hacen proliferar un tipo de enunciaci&oacute;n, un modo de la asertividad, el posicionamiento en un lugar de saber. Cada uno de los <em>influencers</em> &mdash;se auto perciban o no de ese modo&mdash; parecieran decir &ldquo;Yo s&eacute;&rdquo;. Y por supuesto que esos supuestos saberes recaen sobre todo en aquello de lo que no se puede saber anticipadamente, sobre aquello que de ning&uacute;n modo se puede subsumir en una t&eacute;cnica, en una <em>expertise</em>, en un manual: el amor, los encuentros amorosos, la maternidad, la crianza, el duelo, el cuerpo, la sexualidad. Si de algo no se sabe, es de todo ello. Pero estos nuevos emperadores del saber nos hacen creer que es posible asir, controlar y evitar la duda, la vacilaci&oacute;n y los impedimentos. Esas posiciones tienden a arrasar con la experiencia y a transformarlo todo en generalizaciones, en uniformidades y en la ilusi&oacute;n de que alguien sabe y puede garantizar nuestras decisiones.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estos nuevos emperadores del saber nos hacen creer que es posible asir, controlar y evitar la duda, la vacilación y los impedimentos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
         Jacques Derrida dice: &ldquo;&shy;Si s&eacute; lo que hay que decidir, no decido. &shy;Entre el saber y la decisi&oacute;n se requiere un salto, aunque sea necesario saber lo m&aacute;s y lo mejor posible antes de decidir&rdquo;. Ese salto, ese peque&ntilde;o riesgo, es el que se intenta evitar constantemente. Y esa evitaci&oacute;n refuerza la idea de que existir&iacute;a un saber anticipado. De eso se sirven los profesionales que pululan en las redes sociales vendi&eacute;ndose a s&iacute; mismos como si fueran una marca y disputando un lugar en el mercado del saber. No considero que esas formas sean formas de promoci&oacute;n de un trabajo, o, como algunos dijeron, modos de &ldquo;enganchar clientes/pacientes&rdquo;. Considero que ah&iacute; se juega otra cosa. La l&oacute;gica del reconocimiento en un lugar de saber y, por lo tanto, del ejercicio de un poder. Se trata de lo que Salecl postula: &ldquo;En estos tiempos de vigilancia incesante (...) se le atribuye una importancia desmedida a la necesidad de sobresalir del resto, de venderse de la mejor manera posible y de obtener el reconocimiento ajeno en forma de <em>likes</em> y <em>shares</em>. La expresi&oacute;n definitiva de esta profesionalizaci&oacute;n de lo personal es el surgimiento del influencer de redes sociales&rdquo;. Esa profesionalizaci&oacute;n de lo personal se sostiene, muchas veces, en los discursos colmados de saber.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay personas que se babean con el saber del otro y hay personas que se babean con su propio saber.
    </p><p class="article-text">
        La pandemia produjo la ca&iacute;da de un mundo y en esa ca&iacute;da se trastoc&oacute;, como nunca hab&iacute;a ocurrido antes, nuestra relaci&oacute;n con el no saber y con lo incierto. No es que antes no hubiera incertidumbre, es que ahora nos la topamos de frente y es m&aacute;s dif&iacute;cil hacernos los distra&iacute;dos. Por eso no me parece menor que sea este el momento en el que somos permanentemente asediados por estos profesionales del saber. No me parece menor que, cuando menos sabemos, m&aacute;s se expanden los profesionales devenidos <em>influencers</em>. Los profesionales <em>influencers</em> constituyen un mundo hecho publicidad. Y, porque la pandemia evidenci&oacute; tan fuertemente la precariedad del saber, es que me resultan todav&iacute;a m&aacute;s aparatosas y m&aacute;s c&oacute;micas esas posiciones de saber. Alguna vez <a href="https://issuu.com/fundacionmedife/docs/porvenir._la_cultura_en_la_post_pandemia__1_/s/11930229" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mart&iacute;n Kohan</a> escribi&oacute;: &ldquo;Me pregunto si ser&aacute; la angustia lo que dispone tan fuertemente a la asertividad. La angustia o la arrogancia, que es a veces su complemento. La urgencia por saber y la pretensi&oacute;n de ya saber (urgencia de saber al menos algo, pretensi&oacute;n de ya saberlo todo) puede que se toquen en alg&uacute;n punto. O puede que se estimulen en un juego de mutua reproducci&oacute;n. En definitiva, por lo uno o por lo otro, y de una manera por dem&aacute;s notoria, los tonos rotundos de la asertividad imperan (...). Cosa extra&ntilde;a porque, si algo define el estado de situaci&oacute;n en el que nos encontramos, es que, como nunca y m&aacute;s que nunca, no se sabe&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta cuando Allouch dice: &ldquo;Freud hab&iacute;a inventado una pr&aacute;ctica in&eacute;dita en la que ya no era su saber el que guiaba la acci&oacute;n y a la vez, pretend&iacute;a que ese movimiento se mantuviera fuera del alcance del discurso m&eacute;dico y del de los curas&rdquo;. Hay en algunos psicoanalistas, como en todas las disciplinas, m&aacute;s evangelizaci&oacute;n que ense&ntilde;anza, m&aacute;s saber anudado al poder que a la transmisi&oacute;n de una ense&ntilde;anza. Hay aleccionadores y pedagogos tambi&eacute;n en el psicoan&aacute;lisis. Hay <em>psicoanalisisplanning</em> y hay <em>influencers</em>. En esas posiciones de saber se puede leer lo que Allouch se&ntilde;ala de aquellos que,&nbsp; &ldquo;a fin de no morir, eligen no vivir, no hacer su agujero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace much&iacute;simos a&ntilde;os le consult&eacute; a un Se&ntilde;or Profesor Adjunto especialista y experto &mdash;conocido cercano por ese entonces&mdash; por una referencia de Freud. Me pregunt&oacute; para qu&eacute; la necesitaba y le cont&eacute; que un estudiante me hab&iacute;a preguntado algo muy complejo y que quer&iacute;a darle algunas referencias para leer en la pr&oacute;xima clase. El profesor, at&oacute;nito, me pregunt&oacute; con tono despectivo: &ldquo;&iquest;Vos te paraste delante de los alumnos y dijiste &rdquo;no s&eacute;&ldquo;?&rdquo;. Muchas veces, desde entonces, me escucho diciendo &ldquo;no s&eacute;&rdquo; ante algunas preguntas, y noto tambi&eacute;n que s&oacute;lo puedo empezar a pensar si antes pas&eacute; por esa vacilaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>SI DIGO YO</strong>*
    </p><p class="article-text">
        <em>Cada paso que doy</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>me disuelvo. En el agua, en una hoja</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de papel. De noche, en la ventana.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No s&eacute; qu&eacute; hacer para quedarme.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Dormido, adentro de una piedra, cuando soy</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>una piedra. Tiemblo, me caigo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Si amo, desaparezco. Cuando no amo,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>desaparezco igual. &iquest;De qu&eacute; estoy hecho?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;De sombra? &iquest;de palabras?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Si digo yo, es como si dijera cualquier cosa.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Como si oyera llover.</em>
    </p><p class="article-text">
        *Osvaldo Bossi. Incluido en el libro recientemente publicado <em>Cuando yo era poeta</em>, Hemisferio Derecho ediciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/yo-se_129_9225933.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Aug 2022 19:18:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Yo sé]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Finales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/finales_129_9200798.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/717677b3-1098-43c9-a360-05dc96c0233d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Finales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El concepto de alta del paradigma médico se suele trasladar al psiconálisis. Pero ¿cuándo termina un análisis?</p></div><p class="article-text">
        El paradigma m&eacute;dico nos atraviesa tanto y est&aacute; tan metido en ciertos modos de pensar y de concebir algunas escenas, que resulta por momentos abrumador. Es en esa clave que muchas veces se piensa que el &ldquo;alta&rdquo; podr&iacute;a aplicarse a un an&aacute;lisis. De ah&iacute; tambi&eacute;n los prejuicios que suelen derramarse sobre el psicoan&aacute;lisis: que se eternizan porque los analistas <em>no dan el alta</em>, porque manipulan y porque ejercen el poder de retener a los pacientes. M&aacute;s o menos as&iacute;, desde siempre, se vierten sobre el psicoan&aacute;lisis cr&iacute;ticas basadas en una pr&aacute;ctica tan diversa como imposible de definir -m&aacute;s all&aacute; de la pretensi&oacute;n de uniformidad promovida por cada una de las distintas instituciones psicoanal&iacute;ticas, &ldquo;el&rdquo; psicoan&aacute;lisis no existe-. Me refiero estrictamente a la noci&oacute;n de alta, noci&oacute;n que conlleva en s&iacute; una idea de salud, de enfermedad y de cura. Y es que, como se&ntilde;ala Jorge Jinkis, &ldquo;muchas veces recurren al an&aacute;lisis personas educadas por la psiquiatr&iacute;a y acalladas por la farmacolog&iacute;a&rdquo;. Resulta dif&iacute;cil, sigue el autor, &ldquo;avanzar un paso sin desmontar ese discurso&rdquo;. En un an&aacute;lisis, entonces, no se trata de curar porque, sigue Jinkis, &ldquo;las dificultades (inhibici&oacute;n, angustia, s&iacute;ntoma) no son enfermedades&rdquo;. Por otra parte, porque el psicoan&aacute;lisis &ldquo;no pretende suprimir ning&uacute;n conflicto&rdquo; y porque su modo de concebir los s&iacute;ntomas es in&eacute;dito y radicalmente diferente de c&oacute;mo los concibe la medicina; los s&iacute;ntomas acaso sean soluciones a cierto penar. El psicoan&aacute;lisis, entonces, &ldquo;apenas procura atenuar el costo de estas soluciones sin normalizarlas (...) reconociendo en esa singularidad los l&iacute;mites de su acci&oacute;n&rdquo;. El padecimiento inherente al hecho de estar vivos no se puede, seg&uacute;n Jinkis, reducir y ordenar en grados de salud y enfermedad. Y es que &ldquo;Hablamos del peligro de estar vivo&rdquo;, como dice Fito P&aacute;ez o, en palabras de Clarice Lispector: &ldquo;Y entonces viene el desamparo de estar vivo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es por todo eso que el alta no es una finalidad y, mucho menos, una finalidad que deba ser prescripta por el analista. Eso no significa que no se puedan pensar los finales o, en rigor, de qu&eacute; modo finalizan los an&aacute;lisis. M&aacute;s all&aacute; de las distintas concepciones, teorizaciones, ideales y dispositivos inventados para pensar de qu&eacute; se trata el final de un an&aacute;lisis, lo cierto es que, como dijo Freud, la terminaci&oacute;n es un asunto pr&aacute;ctico: &ldquo;No tengo el prop&oacute;sito de aseverar que el an&aacute;lisis como tal sea un trabajo sin conclusi&oacute;n. Como quiera que uno se formule esta cuesti&oacute;n en la teor&iacute;a, la terminaci&oacute;n de un an&aacute;lisis es, opino yo, un asunto pr&aacute;ctico. Todo analista experimentado podr&aacute; recordar una serie de casos en que se despidi&oacute; del paciente para siempre &laquo;<em>rebus bene gestis</em>&raquo;&rdquo;, algo as&iacute; como &ldquo;todo ha ido bien&rdquo;. En esa misma l&iacute;nea, Lacan dijo que un an&aacute;lisis termina cuando el analizante no viene m&aacute;s. Los distintos finales son, efectivamente, un asunto hecho acto y no una prescripci&oacute;n, una autorizaci&oacute;n o un permiso que otorga el analista como si fuera un m&eacute;dico. Siempre me result&oacute; llamativa la queja de los que esperan que sea el otro el que d&eacute; el alta. Si se espera eso de alguien es que no se hizo caer a ese alguien, es que todav&iacute;a se espera del otro una garant&iacute;a para tomar una decisi&oacute;n. Si, como dice Allouch, &ldquo;concluir un an&aacute;lisis es tirar al psicoanalista que ha ca&iacute;do&rdquo;, no hay nada que haya concluido en aquel que sostiene al otro en un lugar de poder. Si un an&aacute;lisis tiene efectos, ya no ser&aacute; necesario pedir permiso para irse, ya no se va a esperar autorizaci&oacute;n ni se va a pretender un com&uacute;n acuerdo para concluir. Por supuesto que deben existir esos analistas que no est&aacute;n dispuestos a caer, esos que se aferran al sill&oacute;n, del mismo modo en que se aferran a los lugarcitos de poder. Pero eso es otra cosa. Dejar un an&aacute;lisis, ya sea porque se considera que concluy&oacute;, ya sea porque algo ya no funciona, ya sea porque la transferencia cay&oacute;, no requiere autorizaci&oacute;n. Y es que haberse analizado es tambi&eacute;n dejar de pedirle autorizaci&oacute;n al otro, es dejar de dar explicaciones, es actuar y ser capaz de atajar los efectos. Es acaso el <em>paso </em>hacia lo que no se sabe, es un salto hacia el ejercicio de una libertad que no es sin v&eacute;rtigo. La salida del an&aacute;lisis, para Allouch, se halla -es un hallazgo- en un lugar diferente de la freudiana: amar y trabajar; no se trata de encontrar un bienestar sino de enterarse de que, como dijo Lacan, &ldquo;El Otro no es en ning&uacute;n caso un lugar de felicidad&rdquo;. Y hablando de felicidad, Lacan tambi&eacute;n dijo que un an&aacute;lisis no tiene que ser llevado muy lejos, &ldquo;cuando el analizante piensa que &eacute;l es feliz por vivir es suficiente&rdquo;. Y lo dice en suelo norteamericano, suelo en el que se juega la obligaci&oacute;n del bienestar y de la felicidad. Por eso dice &ldquo;feliz por vivir&rdquo; y no &ldquo;vivir feliz&rdquo;. Y es que un an&aacute;lisis no tiene ning&uacute;n objetivo, aunque tenga, como dice Jinkis, &ldquo;una direcci&oacute;n: mientras no se la determine previamente, es algo que, en un an&aacute;lisis, se puede llegar a descubrir&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Siempre me resultó llamativa la queja de los que esperan que sea el otro el que dé el alta. Si se espera eso de alguien es que no se hizo caer a ese alguien, es que todavía se espera del otro una garantía para tomar una decisión.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La transferencia es un <em>entre dos</em>, de modo que, en los desenlaces de un an&aacute;lisis, tambi&eacute;n est&aacute; implicado el analista. Acaso se tratar&aacute; de acompa&ntilde;ar a la puerta a todo aqu&eacute;l que haya dado ese paso, se tratar&aacute; de soportar ser un desecho, de hacerse soporte de <em>eso</em>. Si hay una &eacute;tica en su posici&oacute;n, ella se cifra tambi&eacute;n ah&iacute;, en estar <em>disponible</em> tambi&eacute;n para ser desechado de cualquiera de las formas posibles. No pretender eternizarse tambi&eacute;n es un modo del ejercicio anal&iacute;tico. Porque se trata, tambi&eacute;n para el analista, de no ser, como dice Lacan, un Yo fuerte, ese que es un buen empleado.
    </p><p class="article-text">
        Allouch dice que acceder a que no haya garant&iacute;as, acceder a que el Otro no existe como garante, no es f&aacute;cil: &ldquo;Se trata de una salida, del cierre de un recorrido subjetivo que, para algunos, se desprende del an&aacute;lisis, que para otros se da por otras v&iacute;as y que, para otros, sencillamente no se da&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Irse de un an&aacute;lisis, darlo por terminado, es, muchas veces, como irse de un amor, como dar por terminado un amor. &iquest;C&oacute;mo se hace? No lo s&eacute;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Falso territorio, </strong></em><strong>Irene Gruss</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dej&oacute; de arder. No el le&ntilde;o
    </p><p class="article-text">
        sino el &iacute;mpetu,
    </p><p class="article-text">
        la gana, lejos,
    </p><p class="article-text">
        all&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        No llego all&aacute;. No hay all&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que importa es que dej&oacute; de arder.
    </p><p class="article-text">
        <em>AK</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexandra Kohan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/finales_129_9200798.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Jul 2022 20:24:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Finales]]></media:title>
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