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    <title><![CDATA[elDiario.es - Tomás Herreros Sala]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/tomas-herreros-sala/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Tomás Herreros Sala]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ser de izquierdas no es suficiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/izquierdas-no-suficiente-partido-verde-europeo-15m_129_9229309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/808d1288-fa68-432c-b659-f6bf8fcf181a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ser de izquierdas no es suficiente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obsesión, convertida no pocas veces en pasión triste, por ser tan de izquierdas, debería dejar paso a otra obsesión y, esa sí, pasión alegre: convertirse en una cosa infinitamente más útil, esto es, ni más ni menos, convertirse en una herramienta para mejorar la vida de las personas</p></div><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas convocatorias electorales lo que venimos a conocer como &ldquo;izquierda&rdquo; -espacio pol&iacute;tico donde ser&iacute;an ubicados los dos autores de este art&iacute;culo- han sufrido importantes varapalos.
    </p><p class="article-text">
        En Andaluc&iacute;a encontramos la &uacute;ltima y tal vez m&aacute;s cruda de sus expresiones. Adem&aacute;s, dicho varapalo no es exclusivamente electoral; no se requiere ser un avispado analista social para constatar la desconexi&oacute;n que una parte importante de la ciudadan&iacute;a ha hecho en relaci&oacute;n a las izquierdas en plural.
    </p><p class="article-text">
        Es una tendencia y ni los lamentos ni la culpabilizaci&oacute;n a la sociedad (del tipo &ldquo;la sociedad se derechiza&rdquo;) conseguir&aacute;n revertirla. Tampoco los llamamientos a la &ldquo;unidad de la izquierda&rdquo; devienen soluci&oacute;n, tal y como se ha comprobado en Andaluc&iacute;a: la agregaci&oacute;n de debilidades no suma. De derrota en derrota no se llega a ninguna &ldquo;victoria final&rdquo;; m&aacute;s bien instalamos en un &ldquo;bucle melanc&oacute;lico&rdquo; a las personas que, con todo su entusiasmo, participaron en la en&eacute;sima plataforma electoral &ldquo;unitaria&rdquo; a trav&eacute;s de la cual se supon&iacute;a que conseguir&iacute;amos conectar con una mayor&iacute;a social. La fijaci&oacute;n por la &ldquo;unificaci&oacute;n&rdquo;, desligada de cualquier criterio de eficiencia electoral, responde al impulso emocional de &ldquo;agruparnos todos&rdquo; (los que pensamos m&aacute;s o menos igual), en lugar de abrirnos a nuestro entorno en sentido amplio. Ademas engarza con una limitaci&oacute;n radical que subyace en el discurso de la &ldquo;izquierda conservadora&rdquo;: su desconfianza en el pluralismo pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Este es otro s&iacute;ntoma, no menor, de la desconexi&oacute;n con una sociedad que se caracteriza&nbsp;por su diversidad y su complejidad, una sociedad que hace de la heterogeneidad una de sus fortalezas y potencias. La f&oacute;rmula para salvar esa distancia no es por tanto ni la unificaci&oacute;n ni obviamente el hecho de insistir en encastillarse en un rinc&oacute;n del tablero pol&iacute;tico. Pretender conectar con las mayor&iacute;as sociales pasa por volver a referirse a la vida cotidiana y abrirse a toda su complejidad.&nbsp;Dar la batalla a los discursos falsamente liberales del s&aacute;lvese quien pueda y proponer pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que faciliten la vida de la gente.
    </p><p class="article-text">
        La bandera de los sectores progresistas debe ser otra vez la de la felicidad y el bien comunes, retomando y revitalizando la aspiraci&oacute;n ilustrada &ldquo;a la felicidad de todos&rdquo; (y de todas). Aspiraci&oacute;n que encontr&oacute;, tiempo atr&aacute;s, traducci&oacute;n pol&iacute;tica en la declaraci&oacute;n de los derechos humanos y las primeras constituciones liberales frente al absolutismo.
    </p><p class="article-text">
        La izquierda a la izquierda de la izquierda&nbsp;interpela, en el mejor de los casos, a poco m&aacute;s del ese 10% del electorado que, algunas veces por identidad y otras por descarte, le vota. Los resultados saltan a la vista. Se requiere salir de las trincheras reinventando de arriba abajo los dispositivos a fin de tratar de conectar, no con un 10%, y s&iacute; con los deseos y aspiraciones de las mayor&iacute;as sociales. La obsesi&oacute;n, convertida no pocas veces en pasi&oacute;n triste, por ser tan de izquierdas, deber&iacute;a dejar paso a otra obsesi&oacute;n y, esa s&iacute;, pasi&oacute;n alegre: convertirse en una cosa infinitamente m&aacute;s &uacute;til, esto es, ni m&aacute;s ni menos, convertirse en una herramienta para mejorar la vida de las personas .
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s necesario que nunca. Vivimos tiempos complicados y grises con enormes tasas de desigualdad social, con una emergencia clim&aacute;tica cada vez m&aacute;s acuciante, junto a una precarizaci&oacute;n de la vida asfixiante para crecientes capas de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, la defensa de los derechos y libertades es hoy uno de los ejes del proyecto progresista frente al absolutismo de los mercados y las corrientes reaccionarias.
    </p><p class="article-text">
        El desprecio por las aspiraciones individuales o el llamamiento constante al &ldquo;sacrificio&rdquo; del d&iacute;a a d&iacute;a en aras de un futuro mejor no ayudan a realizar la necesaria conexi&oacute;n con las mayor&iacute;as. Frente al absolutismo de los mercados y las salidas en falso que ofrece la ola reaccionaria, el proyecto progresista debe asumir como elemento central la defensa de los derechos y libertades de cada uno y cada una, la posibilidad de vivir libres tal y como somos, en una sociedad de hombres y mujeres libres.
    </p><p class="article-text">
        Frente a los discursos reaccionarios que contraponen los derechos de unos a los derechos de otras, tenemos que reconstruir la ciudadan&iacute;a como comunidad de sujetos de derechos: mis derechos y mi libertad no se contraponen a los derechos y libertades de quienes son diferentes a m&iacute;, sino que son su condici&oacute;n. Si somos capaces de articularlos de manera virtuosa estaremos construyendo un espacio pol&iacute;tico que interpela a las mayor&iacute;as. Si los movimientos reaccionarios est&aacute;n siendo capaces de encadenar los agravios y temores de quienes sienten que est&aacute;n perdiendo alg&uacute;n privilegio a causa del avance en derechos de diferentes sectores (mujeres, migrantes, LGTBIQ+), el proyecto pol&iacute;tico progresista debe ofrecer un espacio de esperanza para el disfrute de esos derechos civiles, para el libre despliegue de la diversidad en todas sus dimensiones.
    </p><p class="article-text">
        Esto nada tiene que ver con la satisfacci&oacute;n a cualquier precio de los deseos individuales, con la irresponsabilidad y el inmediatismo. Al contrario, est&aacute; libertad debe vincularse a la seguridad de una base material que nos permita disfrutarla en un marco de igualdad: la lucha contra el cambio clim&aacute;tico y sus consecuencias y el desarrollo de una transici&oacute;n ecol&oacute;gica socialmente justa dan un nuevo sentido a medidas como la reducci&oacute;n del tiempo de trabajo, el fortalecimiento y la modernizaci&oacute;n de los servicios p&uacute;blicos, la instauraci&oacute;n de nuevos derechos como la renta b&aacute;sica y la reforma fiscal en sentido progresivo (que paguen de una vez por todas los que m&aacute;s tienen).
    </p><p class="article-text">
        Esperanza y realismo en pro de un futuro mejor, necesario y posible. Una posibilidad que pueda enunciarse y que sirva de proa y acicate. Un futuro mejor obviamente realista y obviamente para las mayor&iacute;as. El 15 M y el primer Podemos representaron la mayor conexi&oacute;n en las ultimas d&eacute;cadas de un proyecto de avance democr&aacute;tico con una mayor&iacute;a social; entonces ese proyecto supo salir del margen izquierdo del tablero pol&iacute;tico, abandonar esa identidad para apelar directamente a las mayor&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        En alg&uacute;n momento posterior eso se perdi&oacute;, se volvi&oacute; a la identidad y a la trinchera, y all&iacute; est&aacute;n los resultados. Solo M&aacute;s Madrid (segunda fuerza en la Comunidad y primera fuerza en el Ayuntamiento de Madrid) y Barcelona En Com&uacute; (primera fuerza en la ciudad de Barcelona en elecciones municipales) han tenido un desarrollo mucho menos equiparable con la izquierda tradicional. Deben por tanto analizarse esas dos experiencias mucho menos ideol&oacute;gicas y m&aacute;s enraizadas en las problem&aacute;ticas reales de la vida de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Las victorias electorales de <a href="https://www.eldiario.es/politica/gustavo-petro-primer-izquierdista-elegido-presidente-colombia_1_9099303.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gustavo Petro</a> en Colombia y la de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/izquierdista-boric-gana-presidencia-chilena-55-votos_1_8594568.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gabriel Boric</a> en Chile nos ofrecen en coyunturas muy distintas ejemplos esperanzadores.&nbsp;En ninguno de estos casos se ofrec&iacute;a un programa de &ldquo;izquierdas&rdquo;, sino una ruta inclusiva para toda la sociedad, un momento constituyente con nuevas pol&iacute;ticas de bienestar que favorecer&aacute;n a la mayor&iacute;a, no a los suyos.
    </p><p class="article-text">
        Un dispositivo diferente, y del cual tambi&eacute;n debemos tomar nota y aprender, es el que nos ofrecen los Partidos Verdes a escala europea (Alemania, Holanda, Escocia&hellip;), partidos que elecci&oacute;n tras elecci&oacute;n tienen mejores resultados y lo hacen siempre pivotando, de forma muy realista y pragm&aacute;tica, sobre las &aacute;reas de justicia ecol&oacute;gica y social en el &aacute;mbito donde se dan todas las batallas del presente, la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablamos de la posibilidad y la necesidad de articular diferentes proyectos y anhelos en un horizonte com&uacute;n de futuro, la sociedad civil activa es una referencia obligada. Existen potentes movimientos sociales y ciudadanos en nuestras sociedades que transforman valores y que lo hacen transversalmente, y de nuevo sin apelar a ninguna trinchera e identidad de izquierda. El caso m&aacute;s significativo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha sido sin duda el movimiento feminista, pero no podemos perder de vista el movimiento de justicia clim&aacute;tica ni las muchas expresiones que adopta la reivindicaci&oacute;n de justicia social y bienestar material: el movimiento por el derecho a la vivienda, los movimientos de las personas que tienen una vida dependiente y tambi&eacute;n el de las personas mayores que exigen mejores pensiones, y las movilizaciones en defensa de la sanidad y los servicios p&uacute;blicos frente a las pol&iacute;ticas de abandono desplegadas por los gobiernos de la derecha.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, en nuestro pa&iacute;s adquieren un peso particular los movimientos territoriales que demandan mayor descentralizaci&oacute;n de los poderes, que apuntan a una federalizaci&oacute;n del modelo territorial y que tienen una componente de avance democr&aacute;tico, en el sentido en que se orientan a una dispersi&oacute;n y reparto m&aacute;s justo del poder pol&iacute;tico y la capacidad de decidir y disponer de los recursos.
    </p><p class="article-text">
        Aprender y serles &uacute;tiles, no ret&oacute;ricamente, sino de forma efectiva convirtiendo sus demandas en pol&iacute;ticas p&uacute;blicas realistas es parte del camino que debemos hacer.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, ser&iacute;a prudente dejar de criticar a los votantes del PP o a los votantes de grupos nacionalistas. Ni son fascistas ni se les parecen. Muchos de ellos en alg&uacute;n momento tuvieron simpat&iacute;a por el 15M, ven con buenos ojos la transici&oacute;n ecol&oacute;gica, les parecen fatal las enormes desigualdades sociales y temen que efectivamente el dinero y no los m&eacute;ritos sea un requisito para tener una vida mejor. Pero les votan. Y lo hacen porque una parte de esas derechas y de los nacionalismos han sido capaces de ofrecer horizontes de futuro. Seguramente son horizontes implausibles y desubicados de un mundo irreversiblemente global y falsamente meritocr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Versiones, unas m&aacute;s duras que otras, pero al fin y al cabo versiones de la guerra de todos contra todos: me preocupo de los &ldquo;m&iacute;os&rdquo; y me olvido de los &ldquo;otros&rdquo;. Un horizonte en definitiva malo, pero un horizonte al fin y al cabo.
    </p><p class="article-text">
        Un espacio pol&iacute;tico progresista, con vocaci&oacute;n mayoritaria, debe construir horizontes de esperanza no para los &ldquo;nuestros&rdquo;, sino horizontes donde quepamos todos y todas. Capaces de dar respuesta a la pluralidad de esperanzas, pero tambi&eacute;n a los temores e inseguridades presentes en nuestros d&iacute;as. Un proyecto de mayor&iacute;as a partir de una relaci&oacute;n con los otros que parta, no de la dominaci&oacute;n ni de la guerra de unos contra otros, sino de &ldquo;la consideraci&oacute;n&rdquo;, del reconocimiento mutuo en la construcci&oacute;n de un ma&ntilde;ana com&uacute;n con horizontes realistas.
    </p><p class="article-text">
        Lo diremos otra vez: la sociedad civil global, gestada en la globalizaci&oacute;n de las comunicaciones y en la movilidad de las personas, sabe que los problemas planetarios (lucha contra la pobreza y por nuevos derechos de ciudadan&iacute;a, emergencia clim&aacute;tica, libertad de movimiento...) solo son abordables&nbsp;desde instituciones a escala global que, en nuestro caso, tienen su primera estaci&oacute;n en la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        Las peque&ntilde;as patrias, incluidos los Estados, son insuficientes para algunos de los principales retos del siglo XXI. &iquest;Lo diremos claro en los pr&oacute;ximos tiempos? &iquest;Sabremos ser &uacute;tiles a esa sociedad civil, global y europea?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nacho Murgui, Tomás Herreros Sala]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/izquierdas-no-suficiente-partido-verde-europeo-15m_129_9229309.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Aug 2022 20:28:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Más Madrid,15M]]></media:keywords>
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