<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Dani Keral]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/dani-keral/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Dani Keral]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1042114" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Reescribir el rural]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/reescribir-rural_130_9206710.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3fd71d16-a346-4dc8-8be7-c705e41d3ccd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reescribir el rural"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El campo subsistirá mientras haya personas dispuestas a vivirlo... aunque los elementos que componen su historia cambien con los tiempos; estas cinco crónicas de emprendimiento y creatividad nos hablan de ese nuevo relato</p><p class="subtitle">Este artículo pertenece a la revista 'El grito de la España interior' de elDiario.es. Hazte socia o socio y te enviamos a casa nuestras revistas trimestrales</p></div><p class="article-text">
        El rural necesita personas que hablen su idioma. Ya lo dijo la escritora Mar&iacute;a S&aacute;nchez: &ldquo;Nuestro medio rural necesita otras manos que lo escriban, unas que no pretendan rescatarlo ni ubicarlo. Unas que sepan de la solana y de la umbr&iacute;a, de la luz y la sombra. De lo que se escucha y lo que se intuye. De lo que tiembla y lo que no se nombra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con esta &uacute;ltima imagen &ndash;temible, fascinante&ndash;, Mar&iacute;a S&aacute;nchez culminaba uno de los p&aacute;rrafos m&aacute;s l&uacute;cidos de su &lsquo;Tierra de mujeres&rsquo; (editorial Seix Barral), publicado en 2019, el mismo a&ntilde;o en el que apareci&oacute; &lsquo;Revista salvaje&rsquo;, una publicaci&oacute;n trimestral nacida para mostrar lo que ocurre en el medio rural sin filtros, modas ni <a href="https://www.eldiario.es/cienciacritica/sensacionalismo-cientifico-amplifica-negacionismos-bulos-pseudoverdades_132_8780290.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sensacionalismo</a>. Ambos surgieron como dos reclamos, dos gritos de celulosa impresa que inciden en la misma clave: hay que cambiar el relato y eliminar frases como &ldquo;rescatar el rural&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque el rural no se rescata (eso les sucede a los bancos) ni se ubica (para eso ya existen los mapas): se vive, se trabaja, se siente con las manos y, en cualquier caso, se replantea y se reclama desde el conocimiento &iacute;ntimo de su lenguaje. Por fortuna, hoy d&iacute;a hay muchas manos que conocen ese lenguaje y saben que &ldquo;lo que tiembla y lo que no se nombra&rdquo; puede ser el ojo miope de un anciano de un pueblo de Valladolid o un olivo colonizado de &lsquo;chitos&rsquo; en mitad del campo turolense. De eso trata este texto, de hablar de (y con) emprendedores que saben dar respuestas a lo que tiembla. As&iacute;, vamos a encontrar una empresa que revitaliza el patrimonio con literatura; una &oacute;ptica que ayuda a recuperar la vista a quienes no pueden desplazarse; un proyecto que amadrina olivos, restaura cultivos y crea &lsquo;despertadores&rsquo; para emprendedores extraviados; una empresa que crea simuladores para que practiquen los sanitarios del futuro y una f&aacute;brica-taller de juegos de mesa que hace vibrar a una aldea diminuta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta es la tribu de los traductores del rural.
    </p><h3 class="article-text">Gafasvan: el sue&ntilde;o hecho realidad de una &oacute;ptica itinerante</h3><p class="article-text">
        Daniel Paniagua se dio cuenta de que hab&iacute;a un problema que era necesario resolver cuando supo que su abuelo Constancio pagaba todos los caf&eacute;s que se apostaba en las partidas de cartas. Con una vista apedreada por los a&ntilde;os, a Constancio le costaba distinguir una sota de oros de un caballo de copas. Incapaz de conducir por s&iacute; mismo y afectado por un transporte p&uacute;blico cada vez m&aacute;s mermado en la zona, acudir a una &oacute;ptica desde el peque&ntilde;o pueblo de Mayorga (Valladolid) se hab&iacute;a convertido en algo inviable para &eacute;l.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Daniel quería crear una óptica móvil para los pueblos de la zona, pero la normativa no lo permite. &quot;Habría que adaptar la ley al entorno rural&quot;, dice</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Daniel hab&iacute;a estudiado &Oacute;ptica, aunque nunca lleg&oacute; a ejercer el oficio. Despu&eacute;s de vivir en Per&uacute; y en Valladolid, y de trabajar como comercial de una empresa de alquiler de veh&iacute;culos industriales, decidi&oacute; regresar a su Mayorga natal, en la Tierra de Campos vallisoletana. Aguijoneado por la a&ntilde;oranza y por la necesidad vital que ve&iacute;a en su abuelo, Daniel vio claro que ten&iacute;a que montar una &oacute;ptica para cubrir un doble objetivo: crear un proyecto de vida con futuro para s&iacute; mismo y solventar el problema social con el que se hab&iacute;a encontrado. As&iacute; es como naci&oacute; Gafasvan a finales de 2020, un proyecto de &oacute;ptica itinerante con Mayorga como epicentro.
    </p><p class="article-text">
        Como &eacute;l mismo explica en su p&aacute;gina web, existe el pensamiento generalizado de que &ldquo;los problemas de visi&oacute;n, que afectan al 98% de las personas mayores de 65 a&ntilde;os, son una necesidad b&aacute;sica resuelta, pero no es as&iacute; para todos&rdquo;. Y es que, en algunas regiones, las &oacute;pticas solo se encuentran en los n&uacute;cleos principales de poblaci&oacute;n, lo cual complica su acceso para muchas personas con problemas de movilidad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e8e32eb-a5c5-4f55-a357-df9a7a8bde03_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e8e32eb-a5c5-4f55-a357-df9a7a8bde03_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e8e32eb-a5c5-4f55-a357-df9a7a8bde03_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e8e32eb-a5c5-4f55-a357-df9a7a8bde03_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e8e32eb-a5c5-4f55-a357-df9a7a8bde03_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e8e32eb-a5c5-4f55-a357-df9a7a8bde03_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5e8e32eb-a5c5-4f55-a357-df9a7a8bde03_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Daniel Paniagua, óptico ambulante en la comarca de Tierra de Campos (Valladolid)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Daniel Paniagua, óptico ambulante en la comarca de Tierra de Campos (Valladolid).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La idea original de Daniel era crear una &oacute;ptica m&oacute;vil utilizando su veh&iacute;culo. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que eso no era viable, pues la normativa actual no permite realizar servicios de forma itinerante. Obligado a reconfigurar su idea, Daniel abri&oacute; una &oacute;ptica tradicional en Mayorga y solicit&oacute; licencia en diferentes locales de pueblos de los alrededores, a los que se trasladar&iacute;a de forma ambulatoria transportando su equipo.
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n ha supuesto un gran avance para la zona, pero para Daniel a&uacute;n est&aacute; lejos de ser lo ideal, debido a una normativa que solicita los mismos requisitos en Madrid que en pueblos que cuentan con unos 300 habitantes. Como &eacute;l mismo explica. &ldquo;En lugar de una &oacute;ptica itinerante lo que tengo ahora son cinco &oacute;pticas&rdquo;, lo cual le supone un mayor coste econ&oacute;mico porque en cada lugar donde se instala debe &ldquo;pagar la licencia sanitaria, las tasas de la Junta y a un arquitecto para que firme la memoria&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si t&uacute; &ndash;contin&uacute;a Daniel&ndash;, como Administraci&oacute;n P&uacute;blica, no puedes ofrecer tus servicios a todo el mundo y un se&ntilde;or que tiene 85 a&ntilde;os en un pueblo de tan solo 200 habitantes se ve impedido, facilita que alguien, desde una iniciativa privada, pueda cubrir esa necesidad, no seas tan estricto en ese sentido y adapta la normativa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que la situaci&oacute;n presenta sus problemas, Daniel explica que ha sacado un balance muy positivo de su primer a&ntilde;o y anima a que la gente emprenda en el rural porque &ldquo;cualquier servicio que se ofrece y que no existe siempre se encuentra con una acogida incre&iacute;ble&rdquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Apadrinaunolivo.org, cuando un &aacute;rbol se convierte en incubadora</h3><p class="article-text">
        Para Alberto Pardomingo no existe diferencia entre estar en Oliete, su pueblo turolense de 350 habitantes, y Madrid, el lugar donde tiene sede la empresa para la que (tele)trabaja. Y es que, desde su punto de vista, el tiempo en que pueblo y ciudad estaban separados ha llegado a su fin. Es lo que &eacute;l llama (recurriendo al t&eacute;rmino acu&ntilde;ado por Juan Carlos Casco) &lsquo;virtuceno&rsquo;, la era en la que &ldquo;no importa donde est&eacute;s, lo que importa es lo que hagas&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f66322d6-44a5-4e64-8f0c-344da0cbf2ad_4-3-aspect-ratio_50p_1053712.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f66322d6-44a5-4e64-8f0c-344da0cbf2ad_4-3-aspect-ratio_50p_1053712.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f66322d6-44a5-4e64-8f0c-344da0cbf2ad_4-3-aspect-ratio_75p_1053712.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f66322d6-44a5-4e64-8f0c-344da0cbf2ad_4-3-aspect-ratio_75p_1053712.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f66322d6-44a5-4e64-8f0c-344da0cbf2ad_4-3-aspect-ratio_default_1053712.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f66322d6-44a5-4e64-8f0c-344da0cbf2ad_4-3-aspect-ratio_default_1053712.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f66322d6-44a5-4e64-8f0c-344da0cbf2ad_4-3-aspect-ratio_default_1053712.jpg"
                    alt="Olivo y madrina de Apadrinaunolivo.org, en la provincia de Teruel."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Olivo y madrina de Apadrinaunolivo.org, en la provincia de Teruel.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Ese es el concepto en el que se bas&oacute;, junto a otros socios como Sira Plana y Jos&eacute; Alfredo Mart&iacute;n, para crear en 2014 <a href="https://apadrinaunolivo.org/es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Apadrinaunolivo.org</a>, un proyecto con el que buscan recuperar los 100.000 &aacute;rboles del olivar centenario de Oliete, que qued&oacute; abandonado por el descenso poblacional de la localidad (en 1910 el pueblo contaba con 2.500 habitantes).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La parte visible del proyecto era recuperar el olivar, pero su clave te&oacute;rica part&iacute;a de un an&aacute;lisis profundo de las necesidades de Oliete: generar un triple impacto a nivel social, medioambiental y econ&oacute;mico con el fin &uacute;ltimo de evitar que se cerrasen puertas (de casas, de tiendas, de servicios b&aacute;sicos como la escuela) y perder poblaci&oacute;n. Para ello, como explica Alberto, hac&iacute;a falta &ldquo;aplicar nuevas l&oacute;gicas a los procesos tradicionales, cambiar la forma de actuar para obtener resultados diferentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De esta forma, el equipo de Apadrinaunolivo.org recurri&oacute; a la creatividad y a las herramientas digitales para alcanzar su objetivo, que, seg&uacute;n Alberto, se basa en &ldquo;valorar las oportunidades del territorio, generando una conexi&oacute;n emocional entre medio urbano y rural y poniendo en valor una experiencia que, al final, hemos derivado en algo tangible&rdquo;. Esta conexi&oacute;n y experiencia tangible las encontraron en el apadrinamiento: mediante la aportaci&oacute;n de una cuota anual, los padrinos y madrinas ayudan a mantener los olivos de Oliete (que, adem&aacute;s, pueden visitar); a cambio, reciben dos litros anuales de aceite de oliva virgen extra. De momento, han conseguido apadrinar 15.000 olivos, crear 12 puestos de trabajo en jornada completa, un aumento del padr&oacute;n de habitantes y que la escuela pase de cuatro alumnos a 13.
    </p><p class="article-text">
        Pero Apadrinaunolivo.org no solo ha generado impacto en Oliete. Del proyecto inicial han surgido diferentes ramas, como Apadrinaunolivo.org Educa (talleres con los que han recorrido medio Arag&oacute;n para extender los valores de custodia del territorio y desarrollo rural); las l&iacute;neas comerciales de aceite Mi Olivo y de conservas Mi Huerto, esta &uacute;ltima asociada con el pueblo vecino de Alac&oacute;n, donde tambi&eacute;n han conseguido mantener abierta la escuela; o los reci&eacute;n creados Despertadores Rurales Inteligentes (DRI), un centro multidisciplinar para apoyar iniciativas rurales que se ubicar&aacute; en el antiguo cuartel de la Guardia Civil. Estos DRI servir&aacute;n para incubar cinco ideas de forma presencial y 10 de forma virtual, con el fin de convertirlas en proyectos sostenibles en un plazo de tres a cinco a&ntilde;os. Aparte, contar&aacute;n con un espacio dedicado al &lsquo;coworking&rsquo; y el &lsquo;coliving&rsquo; para teletrabajadores y n&oacute;madas digitales que quieran probar la experiencia del rural antes de dar el siguiente paso.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">&Aacute;gora Petricor, regenerar con cultura&nbsp;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;En las aceras de las calles toman el sol viejas y ni&ntilde;os. Las casas son graves, unas con escudo de piedra sobre el portal, otras m&aacute;s nuevas tienen casi todas las ventanas cerradas, algunas flores en los alf&eacute;izares; los portales son mudos y sombr&iacute;os&rdquo;. As&iacute; es la frase que se lee en el primer muro que caligrafi&oacute; Carmen Iglesias en su pueblo natal, Sig&uuml;enza. Eligi&oacute; esa frase, escrita por P&iacute;o Baroja en 1901 para el peri&oacute;dico &lsquo;El Imparcial&rsquo;, porque en &eacute;l relata sus andanzas por el pueblo castellanomanchego; pero, sobre todo, para intentar solventar el problema que ya describi&oacute; Baroja hace 120 a&ntilde;os y que da miedo, por lo actual: &ldquo;En varios sitios se ven casas desplomadas, hundidas, que se han abandonado sin pensar, indudablemente, en edificarlas de nuevo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esto, precisamente, se bas&oacute; el proyecto que Carmen, aparejadora de formaci&oacute;n, inici&oacute; en Sig&uuml;enza en 2016, despu&eacute;s de una aventura madrile&ntilde;a en el mundo de la construcci&oacute;n. De vuelta a su pueblo, decidi&oacute; continuar el camino de emprendimiento que hab&iacute;a iniciado en la capital apoy&aacute;ndose en otro mundo que conoc&iacute;a bien: el de la cultura. As&iacute; es como naci&oacute; &Aacute;gora Petricor, un nombre que conjuga el encuentro entre seres humanos y el valor intangible y abstracto del aroma que desprende la tierra despu&eacute;s de un aguacero.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Alberto Pardomingo, creador de Apadrinaunolivo.org, cree que pueblo y ciudad ya no son entidades separadas: hemos llegado al &#039;virtuceno&#039;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Carmen se bas&oacute; en la tierra, en lo intangible, para enfocar el objetivo de su proyecto, analizando las caracter&iacute;sticas del territorio guadalajare&ntilde;o y extrayendo sus particularidades. Una de las primeras que percibi&oacute; fue la misma que mencion&oacute; Baroja: la del patrimonio deteriorado. Como explica Carmen, este es &ldquo;un problema que sucede en muchos pueblos castellanos, que poseen zonas de gran valor pero con numerosos edificios en ruinas&rdquo;. Esto, seg&uacute;n Carmen, sucede &ldquo;porque son construcciones privadas sobre las que poco se puede hacer; las opciones de las Administraciones son complicadas, caras y con una importante carga legal&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es como tuvo la idea de recurrir a la caligraf&iacute;a mural para &ldquo;embellecer, en la medida de lo posible, esos inmuebles, aportar belleza y cultura a algo que solo muestra decrepitud&rdquo;. Aparte de la caligraf&iacute;a mural, otras actividades que Carmen comenz&oacute; a llevar a cabo a ra&iacute;z del an&aacute;lisis del entorno fueron el astroturismo, aprovechando la escasa contaminaci&oacute;n lum&iacute;nica, y el necroturismo &ndash; la visita a cementerios&ndash; para mostrar &ldquo;c&oacute;mo es la vivencia de la muerte en nuestra cultura, que encierra mucha espiritualidad y belleza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, y pese a que el emprendimiento rural le ha generado muchas satisfacciones, Carmen explica que en el medio rural existe &ldquo;una realidad que es distinta al &aacute;mbito urbano y que no se tiene en cuenta&rdquo;. Carmen pone como ejemplo los tr&aacute;mites administrativos, que deben ser formalizados en Guadalajara, a 50 minutos en coche de Sig&uuml;enza. Explica que, pese a la digitalizaci&oacute;n, a&uacute;n sigue habiendo mucha dependencia de lo presencial y &ldquo;basta que falte un papel y no te quieran atender para perder toda una ma&ntilde;ana&rdquo;. Otros problemas que cita son el transporte p&uacute;blico o los suministros energ&eacute;ticos, como los diversos fallos de conexi&oacute;n el&eacute;ctrica que, seg&uacute;n explica, sufre Sig&uuml;enza con relativa frecuencia. Pese a todo, ella se muestra firme en un pensamiento: no se ve como una sufridora sino como una &ldquo;disfrutadora&rdquo; del rural.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">BIOTME, alta tecnolog&iacute;a extreme&ntilde;a</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Como est&aacute;s en un pueblo tampoco puede ser muy bueno&rdquo;. Ese es el pensamiento que subyace en la mente de Jacinto Salas cada vez que tiene que presentarse frente a un cliente para demostrarle que el producto que desarrollan en BIOTME (la &lsquo;start-up&rsquo; con sede en Zafra de la que es CEO y CTO) es tan bueno como dicen los informes. Y es que, hoy d&iacute;a, algunas personas a&uacute;n muestran reticencias ante todo aquello que provenga del medio rural, aunque se trate de un producto de tecnolog&iacute;a tan avanzada como son los simuladores anat&oacute;micos de entrenamiento m&eacute;dico que crea <a href="https://biotme.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">BIOTME</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Un simulador anat&oacute;mico es una herramienta utilizada para el entrenamiento de profesionales sanitarios y tiene como gran ventaja que evita el uso de cad&aacute;veres y animales. Sin embargo, es necesario que tenga las condiciones necesarias para que reaccione como el cuerpo humano ante las diferentes t&eacute;cnicas diagn&oacute;sticas y manuales que se desarrollan en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica. Es decir: necesita mucho estudio, inversi&oacute;n y tecnolog&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eso es, precisamente, lo que ha logrado Jacinto junto a sus dos socios, Cristina Salas y Alberto Moreno, a trav&eacute;s de una gelatina sint&eacute;tica de elaboraci&oacute;n propia; algo que es &uacute;nico en Espa&ntilde;a: como BIOTME solo hay otras tres empresas en Europa, una en Jap&oacute;n y otras tres en Estados Unidos, todas ellas multinacionales. Gigantescos Goliats frente a un peque&ntilde;o David extreme&ntilde;o que cuenta con un as en la manga: la alta especificidad de su producto y un precio m&aacute;s asequible que los de las superempresas competidoras.
    </p><p class="article-text">
        En los tres a&ntilde;os que llevan trabajando con su gel bal&iacute;stico, BIOTME ha conseguido crear simuladores personalizados para diferentes patolog&iacute;as y con la consistencia de distintas partes del cuerpo. Esto les permite reaccionar tanto al tacto como a los equipos m&eacute;dicos como si se realizaran sobre un cuerpo humano.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/717a20d9-89f1-434c-a0cb-2b1de998d45f_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/717a20d9-89f1-434c-a0cb-2b1de998d45f_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/717a20d9-89f1-434c-a0cb-2b1de998d45f_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/717a20d9-89f1-434c-a0cb-2b1de998d45f_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/717a20d9-89f1-434c-a0cb-2b1de998d45f_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/717a20d9-89f1-434c-a0cb-2b1de998d45f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/717a20d9-89f1-434c-a0cb-2b1de998d45f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="BIOTME, tecnología biosanitaria de última generación en Zafra (Badajoz)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                BIOTME, tecnología biosanitaria de última generación en Zafra (Badajoz)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explica Jacinto, que pas&oacute; de la ingenier&iacute;a industrial a la biom&eacute;dica con BIOTME, la empresa se encuentra actualmente en fase de difusi&oacute;n y b&uacute;squeda de inversores, algo que les resulta de especial urgencia pues, tras tres a&ntilde;os de desarrollo con fondos propios, sus reservas se est&aacute;n agotando. Esa esperada llegada de fondos (sobre la que se muestran optimistas gracias a las ayudas europeas por la crisis de la COVID-19) har&aacute; posible dar el siguiente paso: la realidad aumentada, que permitir&iacute;a hacer m&aacute;s completa la experiencia cl&iacute;nica y para la cual establecer&iacute;an sinergias con alguna empresa especializada en el sector.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">El Troquel: la Apple de los juegos de mesa&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Ram&oacute;n Gonz&aacute;lez es el Steve Jobs gallego de los juegos de mesa. Esta comparaci&oacute;n, pese a lo llamativa, no es en absoluto descabellada: ambos estudiaron inform&aacute;tica, ambos comenzaron sus proyectos en el garaje de una casa y ambos consiguieron desmarcarse en su sector gracias a su pasi&oacute;n y creatividad. Pero empecemos por el principio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ram&oacute;n, nacido en la isla de Arousa, se dio cuenta de que quer&iacute;a darle otro rumbo a su vida despu&eacute;s de trabajar en grandes empresas del sector tecnol&oacute;gico en ciudades como A Coru&ntilde;a, Madrid o Vitoria. Cansado del ritmo de las grandes urbes, lo que &eacute;l deseaba era vivir en un pueblo y dedicarse a lo que m&aacute;s le apasionaba: los juegos de mesa.
    </p><p class="article-text">
        Reconvertido en aut&oacute;nomo, Ram&oacute;n fund&oacute; El Troquel en el a&ntilde;o 2015 y comenz&oacute; a dise&ntilde;ar y fabricar juegos de forma autodidacta en una peque&ntilde;a caba&ntilde;a ubicada en el terreno de su casa, en un pueblo al sur de Santiago de Compostela. Su proyect&oacute; empez&oacute; a tener &eacute;xito y, con ello, aumentaron las exigencias: m&aacute;s pedidos, m&aacute;s maquinaria, m&aacute;s necesidad de personal cualificado. Esto oblig&oacute; a Ram&oacute;n a dar el paso de formar una sociedad limitada en 2019 y a cambiarse de ubicaci&oacute;n a un taller m&aacute;s grande, el que ocupa hoy d&iacute;a en la peque&ntilde;a parroquia gallega de Calo.
    </p><p class="article-text">
        Pese a su crecimiento, Ram&oacute;n explica que &ldquo;no es f&aacute;cil emprender en este pa&iacute;s, menos a&uacute;n si est&aacute;s en el medio rural&rdquo;. Para &eacute;l, desarrollar un proyecto en un pueblo conlleva una serie de dificultades como &ldquo;el acceso a proveedores, la conexi&oacute;n a internet, el transporte y servicio de paqueter&iacute;a o encontrar personal cualificado que quiera venir a trabajar donde te encuentras&rdquo;. Aun as&iacute;, matiza que si se logran vencer esas dificultades, trabajar en el rural tiene muchos m&aacute;s pros que contras, como &ldquo;el ambiente saludable, la flexibilidad o los alquileres m&aacute;s baratos&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bfaae11d-79ea-4ed8-96a2-ac8f126eda8f_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bfaae11d-79ea-4ed8-96a2-ac8f126eda8f_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bfaae11d-79ea-4ed8-96a2-ac8f126eda8f_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bfaae11d-79ea-4ed8-96a2-ac8f126eda8f_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bfaae11d-79ea-4ed8-96a2-ac8f126eda8f_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bfaae11d-79ea-4ed8-96a2-ac8f126eda8f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bfaae11d-79ea-4ed8-96a2-ac8f126eda8f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ramón González fundó la empresa de juegos de mesa El Troquel en Teo (A Coruña)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ramón González fundó la empresa de juegos de mesa El Troquel en Teo (A Coruña).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Respecto a su proyecto, El Troquel, que se centra en el desarrollo de juegos de mesa con fines educativos, no solo tiene de peculiar que sea una &lsquo;rara avis&rsquo; en la zona donde se encuentra, dedicada fundamentalmente a la agricultura. Su singularidad est&aacute; en su enfoque sostenible (con el uso de t&eacute;cnicas y materiales que generen el m&iacute;nimo impacto ambiental, la eliminaci&oacute;n de pl&aacute;sticos de un solo uso o el mantenimiento de una plantilla fija de 12 personas durante todo el a&ntilde;o, pese al car&aacute;cter estacional de la empresa), y en que, como explica el propio Ram&oacute;n, es la &ldquo;&uacute;nica editorial espa&ntilde;ola que tiene fabrica propia en Espa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El creador de El Troquel explica que no solo se puede emprender desde el rural con una empresa como la suya, sino tambi&eacute;n ser transgresor y fabricar, comercializar y generar cultura de juegos de mesa en Espa&ntilde;a. De momento se ha hecho un hueco en el sector, pero su objetivo es poder llegar al gran p&uacute;blico. Es decir, a la mayor&iacute;a de las estanter&iacute;as, algo que se ha complicado con la crisis de la Covid-19, que ha llevado a los tenderos a apostar &uacute;nicamente por los juegos de mayor &eacute;xito. Aun as&iacute;, Ram&oacute;n no se rinde. A fin de cuentas, ya ha logrado lo m&aacute;s dif&iacute;cil: llegar hasta donde est&aacute; despu&eacute;s de haber empezado en un garaje
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dani Keral]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/reescribir-rural_130_9206710.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Aug 2022 20:51:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3fd71d16-a346-4dc8-8be7-c705e41d3ccd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2190471" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3fd71d16-a346-4dc8-8be7-c705e41d3ccd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2190471" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Reescribir el rural]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3fd71d16-a346-4dc8-8be7-c705e41d3ccd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[El grito de la España interior,Zonas rurales,Desarrollo rural,Medio rural]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
