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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Sánchez-Ramos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria-sanchez-ramos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Sánchez-Ramos]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Padres abandonadores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/padres-abandonadores_129_11291140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/27de246d-0b87-4f1f-b278-af14b9b30302_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Padres abandonadores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que vengo a contar es que esta historia de maldición familiar no es sino la constatación de un sistema desigual de poder llamado patriarcado</p></div><p class="article-text">
        Llevo sobre mi nombre el peso que llev&oacute; a Jes&uacute;s a la cruz. Mi padre tuvo a bien negarme tres-y-m&aacute;s veces cuando ni tan siquiera hab&iacute;a yo pisado este mundo y habitaba, ajena, el vientre materno. Crec&iacute; cargando con esta <em>maldici&oacute;n</em> familiar sufrida por las tres generaciones de mujeres de mi casa: mi abuela, mi madre y mi t&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pasar&iacute;an muchos a&ntilde;os y m&aacute;s duquelas a&uacute;n por llegar, hasta poder cantar esta verdad aqu&iacute; revelada. El retrato en primera persona de una realidad social estruendosa, estructural y sin nombre: la de los padres abandonadores. Una realidad que se oculta y se guarda en esas cajas de metal donde albergamos la memoria. Hasta que un d&iacute;a, una se decide a sacudir el polvo y entonces encuentra que el 81% de los dos millones de familias monoparentales de Espa&ntilde;a son, en realidad, monomarentales (INE, 2020). Hogares capitaneados por mujeres donde la feminizaci&oacute;n de la pobreza se traduce en una tasa de riesgo que duplica a la de los hogares encabezados por varones &#8213;el 52% frente al 25%&#8213; (Ministerio de Igualdad, 2021).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los padres abandonadores son aquellos que t&aacute;citamente deciden no serlo &#8213;no lo podr&iacute;a enunciar yo mejor que Bert&iacute;n&#8213; y eludir sus responsabilidades afectivas y/o econ&oacute;micas para con sus hijos e hijas bajo el amparo de la impunidad social. No son <em>padres ausentes</em> como el estado del Messenger<em> </em>dosmilero. Son padres a los que ning&uacute;n provida espera rezando en su lugar de trabajo rogando que paguen su pensi&oacute;n alimenticia. En Argentina, se les denomina padres aband&oacute;nicos. Una cuesti&oacute;n de estado que denunci&oacute; la cantante Mar&iacute;a Becerra: &ldquo;en la Argentina 7 de cada 10 padres no pasa la cuota alimentaria a sus hijos dejando a madres solteras haciendo todo el trabajo&rdquo;. Una lucha que la escritora y polit&oacute;loga Mar&iacute;a Florencia Freijo conoce bien y cuya activaci&oacute;n pol&iacute;tica ha vehiculado en redes bajo el hashtag #YoCr&iacute;oSola. En M&eacute;xico, sin embargo, quienes tienen nombre son ellas: las mam&aacute;s luchonas. Un t&eacute;rmino despectivo y sexista con el que marcar a las madres j&oacute;venes que sobreviven al abandono paterno de sus menores.
    </p><p class="article-text">
        Lo que vengo a contar es que esta historia de <em>maldici&oacute;n </em>familiar no es sino la constataci&oacute;n de un sistema desigual de poder llamado patriarcado. Sistema en el que hombres y mujeres hemos sido socializadas de modo distinto y en cuyo seno afloran las violencias contra las mujeres (f&iacute;sica, sexual, econ&oacute;mica, psicol&oacute;gica&hellip;). Solo si comprendemos la base que nos atraviesa, lograremos poner fin a esta violencia machista, dentro de la cual debemos conceptualizar el abandono paterno.
    </p><p class="article-text">
        Este es el<em> nude</em> que el patriarcado nunca pidi&oacute;. Un ejercicio honesto de justicia social que pone el foco donde corresponde. Frente a cualquier lectura airada, ruego se remita al t&iacute;tulo para sopesar su grado de indignaci&oacute;n. Tan solo espero que mis palabras acojan la verdad enterrada de esta saga de mujeres de las que provengo y a las que debemos siglos de disculpas. Las que cr&iacute;an y criaron solas mientras la sociedad cargaba contra ellas por tontas, por putas o por ingenuas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy rompemos la impunidad del silencio. Porque el miedo va a cambiar de bando. Y la verg&uuml;enza, tambi&eacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez-Ramos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/padres-abandonadores_129_11291140.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Apr 2024 04:01:41 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Las mujeres se están rebelando, los hombres no saben qué hacer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/mujeres-rebelando-hombres-no_129_9814122.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/837de4d2-9718-4ce1-a949-466f3e20c968_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las mujeres se están rebelando, los hombres no saben qué hacer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cuántos casos excepcionales son necesarios para entender que las violencias contra las mujeres son la norma, el espacio cotidiano desde el que habitamos, y no la excepción?
</p></div><p class="article-text">
        Qu&eacute; dif&iacute;cil se hace hablar con alguien que no domina nuestro idioma. Hablar desde otras latitudes y ser conscientes de que no podemos nombrar y acuerpar en la lengua esos sonidos que golpetean, se deslizan y se hacen inteligibles para quien los recibe. Pero hay un modo de incomunicaci&oacute;n a&uacute;n peor. Aquella que se da entre personas que aun compartiendo esa lengua madre no logran comprender.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Patriarcado. Machismo. Feminicidio</em>. Palabras huecas que flotan en lo et&eacute;reo y que hay que bajar cuerpo a tierra. <em>Violaci&oacute;n de Derechos Humanos. Cuesti&oacute;n de Estado. Problema de salud p&uacute;blica</em>. Hay que enraizar las palabras con conceptos que expliquen lo cotidiano. Porque en Espa&ntilde;a miles de hombres sanos han asesinado y asesinan, violan, explotan y humillan a mujeres por el mero hecho de serlo, instaurando un clima de violencia estructural y dominaci&oacute;n. 1.173 mujeres han sido asesinadas por los hombres que dec&iacute;an amarlas desde que contamos con estad&iacute;sticas en 2003. Sara, M&oacute;nica, Claudia, Mercedes, Isabel, Mar&iacute;a &Aacute;ngeles&hellip; Vidas arrebatadas con da&ntilde;os sociales irreparables que los n&uacute;meros no alcanzan a narrar. Vidas que seguir&aacute;n siendo arrebatadas mientras no atajemos la ra&iacute;z. Este es el pico del iceberg que clama por todas las que (sobre)vivimos en un <em>continuum</em> de violencias machistas, las que se ven y las que permanecen imperceptibles al ojo social: psicol&oacute;gica, econ&oacute;mica, f&iacute;sica, sexual, reproductiva, laboral, medi&aacute;tica&hellip; Esas que nos afectan a 1 de cada 3 mujeres en el mundo seg&uacute;n la OMS.
    </p><p class="article-text">
        Sin saberlo, emprend&iacute; un viaje para aprender a narrar las violencias contra las mujeres desde otros lugares del mundo. En el camino aprend&iacute; que no hace falta el fulgor de la contienda para que nuestros cuerpos fueran violentados con crueldad extrema. Que el silencio y la promesa de amor no eran un garante de supervivencia. Y que el horror que no se elige habita en lo cotidiano: en nuestros barrios, en nuestras casas, en nuestras escuelas. /<em>Con qui&eacute;n se habr&aacute; acostado esa/.</em> En medio de un clima democr&aacute;tico de paz manifiesta y de derechos formales adquiridos, donde una no espera la masacre de los d&iacute;as de guerra. /<em>No quiero que mi madre se convierta en un titular</em>/. Y es en esa calma tensa donde afloraron las verdades inc&oacute;modas que la sociedad prefiere no saber mirar. /<em>Tu amiga es tan bonita que me gustar&iacute;a verla muerta</em>/. Las historias de mis amigas, de mis vecinas, de las mujeres que me iba topando iban resonando en mi cabeza cosi&eacute;ndome a piquetitos como los que pintara Frida Kahlo (<em>Unos cuantos piquetitos</em>, 1935). /<em>En M&eacute;xico, las mujeres sabemos cu&aacute;ndo salimos, pero no si regresaremos</em>/. Existir en este marco te obliga a ser le&iacute;da como una eterna menor de edad. <em>/Comp&aacute;rteme tu ubicaci&oacute;n/Con cuidado, se&ntilde;orita/ &iquest;Viaja usted solita?</em>
    </p><p class="article-text">
        Explican las investigadoras Bosch, Ferrer, Ferreiro y Navarro, en la obra <em>Las violencias contra las mujeres. El amor como coartada </em>(2013), que &ldquo;las mujeres se han movido r&aacute;pidamente de su tradicional posici&oacute;n subordinada y los hombres ya no saben situarse frente a ellas<em>&rdquo;</em>. Eso mismo que cantan Julieta Venegas y Miau Tr&iacute;o: <em>Las mujeres se est&aacute;n rebelando, los hombres no saben qu&eacute; hacer</em>. Porque los derechos se conquistaron y la reacci&oacute;n machista no se har&iacute;a de esperar.
    </p><p class="article-text">
        Entender c&oacute;mo funcionan los mecanismos culturales que cimientan las violencias contra las mujeres es como aprender a leer. Una vez que sabes, no puedes regresar atr&aacute;s. Es un escrutinio inc&oacute;modo que te pone desnudo frente a un espejo con las <em>verg&uuml;enzas</em> de tu ADN cultural. Un mirarse y remirarse hasta hacer tambalear las bases de nuestro mis&oacute;gino <em>sentido com&uacute;n</em>. Pues entre esos pliegues corrompidos, se encuentran la idea manufacturada de amor rom&aacute;ntico y las jaulas sociales donde nos encierran feminidad y masculinidad. &ldquo;La sociedad patriarcal, estructurada sobre los valores de violencia, enfrentamiento y lucha, habla mucho del amor sin duda por encontrarse este ausente. El hombre no debe amar a la mujer porque amar al inferior, al subordinado, equivale a hacerse igual y debilitarse. De ah&iacute; que el var&oacute;n desee en vez de amar&rdquo; (Victoria Sau, 2000, <em>Diccionario ideol&oacute;gico feminista</em>).
    </p><p class="article-text">
        Habitar en la realidad social de las violencias machistas es como atravesar un campo de minas. Hay quienes destapamos la venda de los ojos para transitar mejor el camino y buscar soluciones colectivas. Y hay quienes, por el contrario, prefieren negar y seguir en ceguera. Eso s&iacute;, con ulterior estupefacci&oacute;n ante el estallido, celebrando incluso minutos de silencio y ondeando la bandera del punitivismo. Sin contar con el arma poderosa de la palabra para nombrar las violencias. Ser&aacute; en todo caso una tragedia. Un desgraciado <em>suceso</em>. Un <em>crimen pasional</em>. Esas cosas que les pasan a otras. La excepci&oacute;n, nunca la norma. &iquest;Te imaginas un sistema tan perfectamente hilvanado hasta el punto de que ni sus propias v&iacute;ctimas se reconozcan como tal?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el desconocimiento de la norma no exime de su cumplimiento. Puedes pensar que todo esto no va contigo, pero no hay manera de bajarse de este carro sin que te alcance. No creo conveniente pasar m&aacute;s tiempo del debido echando balones fuera en la eterna batalla del &ldquo;yo no soy machista&rdquo;. &iquest;Acaso no has consumido cine, literatura, medios o arte producidos desde la mirada dominante? &iquest;No has interactuado con ninguna persona sobre la faz de la Tierra? Si la respuesta es afirmativa, me temo que nuestra socializaci&oacute;n diferenciada por g&eacute;nero es sexista, ya seas presentador, jueza o camarero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos encontramos en un terreno de juego enfangado sobre el que una no puede decidir no jugar. Pero s&iacute; cambiar la estrategia. Por eso, mientras siga con vida no me resigno a habitar este mundo desde el miedo, sino desde la entereza y la esperanza, en un posicionamiento (muy andaluz) que hace de la alegr&iacute;a acto de resistencia. Porque la fuerza impetuosa de sabernos vivas contra todo pron&oacute;stico es imparable.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez-Ramos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/mujeres-rebelando-hombres-no_129_9814122.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Jan 2023 21:19:24 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[El verano de los pinchazos y otros cuentos para no dormir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/verano-pinchazos-cuentos-no-dormir_129_9273434.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cc35c2d2-0457-47f0-8907-ef56b618af14_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El verano de los pinchazos y otros cuentos para no dormir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ahora que las últimas noches de verano caen a cuentagotas, ¿qué queda del relato del terror sexual de las agresiones a mujeres en las discotecas?</p></div><p class="article-text">
        Mi madre siempre cuenta que cuando era peque&ntilde;a le costaba horrores hacerme dormir. Que los tornillos de la cuna ca&iacute;an rendidos ante ese f&eacute;rreo posicionamiento infantil que verbalic&eacute; al tiempo: &ldquo;Mam&aacute;, la noche no est&aacute; hecha para dormir&rdquo;. Y as&iacute;, &iacute;bamos sumando ojeras y madrugadas mientras yo permanec&iacute;a con los ojos bien abiertos, impert&eacute;rrita, como quien espera algo que no llega. <em>Du&eacute;rmete, ni&ntilde;a/Du&eacute;rmete ya/Que viene el coco/Y te llevar&aacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Al coco le sigui&oacute; una gran artiller&iacute;a de personajes de cuento para no dormir: el t&iacute;o del saco, el lobo, Barba Azul y, algo m&aacute;s tarde, Miguel Carca&ntilde;o, <em>El Chicle</em> o <em>las manadas</em>. Hoy, esos relatos contempor&aacute;neos que se usan para amedrentar a las mujeres est&aacute;n protagonizados por hombres que se dedican a pinchar a chicas cuando salen de fiesta. No precisamente con el huso de una rueca, sino con una jeringuilla con la que previsiblemente pretenden su sumisi&oacute;n qu&iacute;mica para abusar sexualmente de ellas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde el sector del ocio nocturno dijeron estar muy preocupados mientras activaban protocolos de protecci&oacute;n a las v&iacute;ctimas. Eso estuvo genial. Sin embargo, el presidente de la Federaci&oacute;n Andaluc&iacute;a Noche, Juan Rambla, defini&oacute; estas agresiones como &ldquo;una broma de mal gusto&rdquo;, ya que las averiguaciones no han confirmado la existencia de sustancias en la vasta mayor&iacute;a de los casos reportados. &iquest;Acaso pinchar a una mujer no es una agresi&oacute;n en s&iacute; misma? &iquest;Acaso no pretenden inocular el miedo en nuestras carnes? Se trata de una demostraci&oacute;n de fuerza, control y poder masculino. Una aguja que se traducir&iacute;a en un &ldquo;no te drogo, pero podr&iacute;a&rdquo; que, a modo de advertencia, se le hace a una y a todas a la vez para indicarnos cu&aacute;l es nuestro sitio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como tantos otros, Rambla sostuvo que &ldquo;es un problema que a grandes rasgos no existe, pues son casos aislados&rdquo;. Si bien es cierto que los pinchazos son casos minoritarios (que no aislados) no solo es que exista, es que seg&uacute;n la OMS estamos ante un problema estructural de salud p&uacute;blica y de violaci&oacute;n de los derechos humanos de proporciones epid&eacute;micas: las violencias contra las mujeres. Quiz&aacute; convenga recordar que en Espa&ntilde;a 2,8 millones de mujeres ha sufrido violencia sexual por parte de hombres; que se denuncia una violaci&oacute;n cada 4 horas y 2 agresiones sexuales a la hora; que el 70% de los agresores son amigos o familiares de la v&iacute;ctima; que los maridos, novios y exparejas violan tres veces m&aacute;s que los desconocidos; y que solo se denuncia un 20% de los casos (Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2019, Ministerio de Igualdad).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con este baile de cifras podemos lograr entender que los pinchazos o <em>las manadas</em> tan solo muestran el pico visible, medi&aacute;tico y porcentualmente minoritario del iceberg de las violencias sexuales contra las mujeres. Todo lo que queda debajo, los datos que no llegamos siquiera a detectar, se conocen como la &ldquo;cifra negra&rdquo;. En este sentido, el papel de los medios es crucial para dimensionar el problema social de las violencias contra las mujeres desde la &eacute;tica, la cautela y la perspectiva de g&eacute;nero. De lo contrario, podemos incidir en la revictimizaci&oacute;n, el morbo de la cr&oacute;nica negra y la espectacularizaci&oacute;n de los casos al puro estilo <em>true crime</em>, construyendo lo que la investigadora Nerea Barjola denomina el <em>relato del terror sexual</em>. Un discurso medi&aacute;tico que adoctrina y constri&ntilde;e a&uacute;n m&aacute;s los derechos y libertades de las mujeres desde el miedo, poniendo el foco sobre los actos de las v&iacute;ctimas y su<em> desgraciada suerte. </em>Obviando as&iacute; la acci&oacute;n de los agresores, el sistema patriarcal que les ampara y la responsabilidad pol&iacute;tica del estado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ibas sola? &iquest;Cerraste bien las piernas? &iquest;C&oacute;mo ibas vestida? Estamos cansadas del relato de la culpa sobre las supervivientes que busca a la <em>v&iacute;ctima ideal</em> y anula su diversidad y capacidad de agencia.<em> </em>En los 70, la primera ministra de Israel, Golda Meir, afrontaba una crisis para atajar las violaciones en el pa&iacute;s y propuso que fueran ellos y no ellas quienes asumieran un toque de queda tras el anochecer. Lejos de ser una opci&oacute;n deseable, es una propuesta simb&oacute;lica que muestra el rechazo tajante hacia cualquier atisbo de retroceso en la ocupaci&oacute;n de los espacios p&uacute;blicos por parte de los hombres, pero no as&iacute; para nosotras cuando se nos traza el camino <em>seguro</em> de regreso al hogar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es hora tambi&eacute;n de romper con los mitos sobre los agresores. Las violencias sexuales las cometen hombres machistas. He ah&iacute; el misterio resuelto de los pinchazos en las noches de fiesta. Ni salvajes, ni monstruos, ni enfermos mentales, ni perfiles determinados. Amigos, t&iacute;os, vecinos, padres, parejas para los que las mujeres somos un cuerpo a dominar, en las casas, en las oficinas y en la v&iacute;a p&uacute;blica. Entiendo que despertar en esta realidad pueda parecer un mal sue&ntilde;o. Quedamos hu&eacute;rfanos de los villanos del cuento, esos que encerr&aacute;bamos en el castillo lejano de la otredad. Pero solo as&iacute;, mirando la realidad social de frente, tendremos margen de acci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si en el patriarcado la mera existencia de las mujeres supone un factor de riesgo, &iquest;cu&aacute;l es la salida entonces? No ceder ante el miedo. Seguir ocupando los espacios p&uacute;blicos desde la autodefensa feminista, seguir nombrando y educando con temple, seguir impulsando y exigiendo al estado pol&iacute;ticas que aseguren vidas dignas de ser vividas para la mitad de la poblaci&oacute;n. El desaf&iacute;o democr&aacute;tico al que nos enfrentamos no es peque&ntilde;o. Y no quedar&aacute; en un (mal) sue&ntilde;o de una noche de verano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez-Ramos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/verano-pinchazos-cuentos-no-dormir_129_9273434.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Aug 2022 19:38:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia machista,Discotecas,Violencia]]></media:keywords>
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