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    <title><![CDATA[elDiario.es - Antxon Olabe]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/antxon-olabe/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Antxon Olabe]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Renovables? Sí, gracias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/renovables-si-gracias_129_10019867.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b79e31e1-4189-47b2-be00-38a0f64a51f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Renovables? Sí, gracias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si va calando el marco narrativo que asocia desarrollo de las renovables con injusticia para la España Vaciada, destrucción de la naturaleza y la biodiversidad y beneficios para “los de siempre”, se generará un efecto secundario no deseado, favorable a la prolongación de la vida del parque nuclear</p></div><p class="article-text">
        <em>Dedicado a Amory B. Lovins</em>
    </p><p class="article-text">
        El 1 de octubre de 1976 la prestigiosa revista norteamericana <em>Foreign Affairs</em> publicaba un largo ensayo del f&iacute;sico Amory B. Lovins (ten&iacute;a entonces 29 a&ntilde;os), quien despu&eacute;s ser&iacute;a presidente y fundador del legendario centro de investigaci&oacute;n y asesoramiento sobre temas energ&eacute;ticos Rocky Mountain Institute. Se trataba de un ensayo extraordinariamente visionario titulado &ldquo;Energy Strategy: The Road not Taken&rdquo;, en el que por primera vez&nbsp;se contrastaba de manera exhaustiva las ventajas de una estrategia energ&eacute;tica <em>suave</em> a largo plazo, basada en la eficiencia, la generaci&oacute;n distribuida y las tecnolog&iacute;as renovables, frente la estrategia <em>dura </em>por la que apostaba su pa&iacute;s, Estados Unidos, basada en la proliferaci&oacute;n de centrales nucleares y la explotaci&oacute;n exhaustiva de todos los recursos f&oacute;siles. El sue&ntilde;o del camino energ&eacute;tico entonces no adoptado descansaba en los tres pilares mencionados. Disminuir de manera radical las enormes ineficiencias del sistema, avanzar hacia una generaci&oacute;n distribuida aproxim&aacute;ndola al lugar donde ten&iacute;an lugar los usos finales de la misma y aprovechar la casi infinita energ&iacute;a proveniente del sol para sostener las necesidades de la econom&iacute;a y la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Tres a&ntilde;os antes, 1973, se hab&iacute;a producido el primer <em>shock </em>del petr&oacute;leo y las &eacute;lites norteamericanas hab&iacute;an entrado en p&aacute;nico ante el da&ntilde;o infligido por el uso geopol&iacute;tico del crudo a manos del c&aacute;rtel de la OPEP. Se trataba de reaccionar al sentimiento de inseguridad en el abastecimiento de energ&iacute;a que se hab&iacute;a generado en dicha crisis. Lovins argumentar&iacute;a l&uacute;cidamente que hab&iacute;a otro camino para responder a la situaci&oacute;n&hellip; Sabemos bien cu&aacute;l de ambas estrategias prevaleci&oacute;, as&iacute; como las consecuencias que dicha decisi&oacute;n acarrear&iacute;a en a&ntilde;os y d&eacute;cadas venideras no s&oacute;lo a Estados Unidos sino a nivel mundial: shock del petr&oacute;leo de 1979 y del gas en 2022 con sus graves efectos sobre la inflaci&oacute;n y el empleo, guerras de ocupaci&oacute;n por el control de los recurso petrol&iacute;feros (Irak), grave crisis clim&aacute;tica, siete millones de muertes anuales por la contaminaci&oacute;n del aire, Chern&oacute;bil y Fukushima, utilizaci&oacute;n de las exportaciones de gas como vector de poder, etc&eacute;tera. La lista es larga y&nbsp; aporta un elemento definidor de nuestro tiempo.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de los casi cincuenta a&ntilde;os transcurridos desde la publicaci&oacute;n del seminal ensayo de Lovins, el movimiento ecologista internacional y la inmensa mayor&iacute;a de los movimientos ecologistas nacionales y locales hicieron de la defensa del <em>camino energ&eacute;tico suave</em> un elemento clave de su identidad. Durante d&eacute;cadas fue una propuesta casi ut&oacute;pica. El solo hecho de imaginar que alg&uacute;n d&iacute;a se podr&iacute;a ir poniendo fin a la columna vertebral energ&eacute;tica que sosten&iacute;a la econom&iacute;a-mundo con sus centenares de centrales at&oacute;micas, sus miles de centrales t&eacute;rmicas de carb&oacute;n y gas, sus millones de pozos de petr&oacute;leo, etc&eacute;tera, parec&iacute;a literalmente un sue&ntilde;o. Sin embargo, una generaci&oacute;n despu&eacute;s la conversaci&oacute;n hab&iacute;a cambiado. La principal raz&oacute;n: se hab&iacute;a hecho realidad la temida desestabilizaci&oacute;n del clima, atisbada ya en los setenta por las mentes m&aacute;s informadas y lucidas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El cambio real comenzar&iacute;a en el a&ntilde;o 2000 cuando el gobierno de la principal econom&iacute;a europea y entonces tercera del mundo, Alemania, puso en marcha su propia versi&oacute;n del camino suave, la estrategia <em>Energiewende</em>. Significativamente, la impuls&oacute; el primer gobierno de coalici&oacute;n entre la socialdemocracia y los Verdes, cristalizaci&oacute;n pol&iacute;tica del movimiento ecologista alem&aacute;n curtido en las formidables luchas antinucleares de aqu&eacute;l pa&iacute;s. Una vez que Alemania hizo una apuesta por la eficiencia y las renovables, estrategia que a agrandes rasgos ser&iacute;a replicada por la Uni&oacute;n Europea a partir de 2007, se crearon las condiciones de demanda de mercado para que una econom&iacute;a industrial como la china&nbsp; se lanzase a la fabricaci&oacute;n masiva de m&oacute;dulos solares y aerogeneradores. En poco tiempo, sus precios unitarios relativos descendieron de manera dr&aacute;stica, lo que dio pie a su vez a que se incrementase la demanda internacional de dichas tecnolog&iacute;as. Se hab&iacute;a activado un c&iacute;rculo virtuoso, una disrupci&oacute;n tecnol&oacute;gica, por el que en el important&iacute;simo sector de la generaci&oacute;n el&eacute;ctrica las tecnolog&iacute;as renovables y su generaci&oacute;n distribuida, incluyendo el autoconsumo, comenzaban a hacerse realidad treinta a&ntilde;os despu&eacute;s del ensayo de Lovins.
    </p><p class="article-text">
        En ese marco de referencia produce una cierta tristeza ver que desde algunos c&iacute;rculos se menosprecia hoy d&iacute;a el avance que supone pasar de quemar carb&oacute;n y gas, a utilizar el poder del sol y del viento a la hora de generar la energ&iacute;a el&eacute;ctrica que necesitan nuestros hospitales y universidades, nuestras f&aacute;bricas y hogares, nuestras residencias&hellip; Qu&eacute; f&aacute;cil se dice que dicha transformaci&oacute;n apenas supone cambiar el surtidor de la gasolinera por un enchufe el&eacute;ctrico! Se oculta que detr&aacute;s de esa aparente nimiedad se est&aacute; manifestando la divergencia entre dos modelos, dos estrategias, dos visiones del mundo de la energ&iacute;a. El sendero suave del aprovechamiento del poder del sol y el viento, frente al sendero duro nuclear y f&oacute;sil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta reflexi&oacute;n es pertinente en un momento en el que se escuchan en nuestro pa&iacute;s cada vez m&aacute;s voces contrarias al desarrollo de las renovables. Por supuesto nadie las cuestiona por s&iacute; mismas, ese es un debate ya ganado a nivel de la sociedad. Sin embargo, al alimentar un discurso p&uacute;blico en el que se cargan las tintas sobre los aspectos negativos de su desarrollo en lugar de los positivos se va generando un significado social contrario a su avance. El despliegue de las renovables es percibido en ese discurso m&aacute;s como una pesada carga que como la cristalizaci&oacute;n de un progreso real hacia un modelo diferente de relacionarnos como sociedad con la energ&iacute;a que precisamos. Por ello, los movimientos sociales y pol&iacute;ticos que tan alegremente se est&aacute;n apuntando al &ldquo;pero no as&iacute;&rdquo;, han de ser consciente de que en la batalla cultural y social que est&aacute;n alimentado hay un riesgo real de que con el agua sucia sea el ni&ntilde;o al que se arroje por la ba&ntilde;era.
    </p><p class="article-text">
        Este debate leg&iacute;timo y significativo es dif&iacute;cil que impida alcanzar los objetivos que nuestro pa&iacute;s se ha propuesto para 2030 en su Plan Nacional de Energ&iacute;a y Clima, 2021-2030. Ah&iacute; no est&aacute; el problema. Afortunadamente el desarrollo de las renovables goza hoy d&iacute;a en Espa&ntilde;a de un extraordinario impulso pol&iacute;tico por parte del gobierno progresista de coalici&oacute;n, as&iacute; como de un apoyo social mayoritario y de un importante respaldo econ&oacute;mico. Sin embargo, la relevancia que est&aacute; adquiriendo dicho debate apunta a tres problemas muy serios a medio y largo plazo que merecen la debida atenci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, si va calando el marco narrativo que asocia desarrollo de las renovables con injusticia para la Espa&ntilde;a Vaciada, destrucci&oacute;n de la naturaleza y la biodiversidad y beneficios para &ldquo;los de siempre&rdquo;, se generar&aacute; como lluvia fina un efecto secundario no deseado. Adquirir&aacute; m&aacute;s fuerza y credibilidad la prolongaci&oacute;n de la vida del parque nuclear, tema que permanece latente y agazapado en los partidos de la derecha y la extrema derecha a la espera de unas condiciones pol&iacute;ticas y de opini&oacute;n p&uacute;blica m&aacute;s favorables. Si las renovables traen m&aacute;s problemas que beneficios, &iquest;qu&eacute; perdemos por alargar la vida de unas centrales que no generan emisiones de gases de efecto invernadero, ni impactos en el territorio? &iquest;Qu&eacute; sentido tiene cerrarlas si las alternativas ocasionan tantos problemas?
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, la transformaci&oacute;n de la energ&iacute;a hacia la neutralidad clim&aacute;tica es una apuesta nacional y europea que se ha de ir desarrollando a lo largo de las tres pr&oacute;ximas d&eacute;cadas, en el horizonte 2050. Los objetivos a 2030 pivotan sobre todo en la transici&oacute;n del sector el&eacute;ctrico y son los menos dif&iacute;ciles de alcanzar. La descarbonizaci&oacute;n del transporte y la movilidad, de la edificaci&oacute;n, la industria y la agricultura suponen retos formidables que en buena medida se han de ir logrando a partir de esa fecha. Precisar&aacute;n una electrificaci&oacute;n basada en renovables a una escala muy superior a la que tendremos en 2030. Por eso, es tan decisivo ganar la batalla de la opini&oacute;n p&uacute;blica ya que sin un apoyo social claro y rotundo a las renovables ser&aacute; dif&iacute;cil que se logren los desarrollos y las transformaciones que se precisar&aacute;n con posterioridad a 2030.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, por lo que tiene de repercusi&oacute;n hacia el resto de Europa y hacia el resto del mundo. Las renovables suponen, con la eficiencia y el ahorro, el n&uacute;cleo central de la respuesta real a la emergencia clim&aacute;tica. Tres de cada cuatro toneladas de gases de efecto invernadero que se generan anualmente a nivel global provienen del sistema energ&eacute;tico f&oacute;sil y de los usos industriales asociados. Si como consecuencia de esa desvalorizaci&oacute;n de las renovables no encuentran en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os el apoyo de la opini&oacute;n publica en un pa&iacute;s&nbsp; como Espa&ntilde;a, al que con raz&oacute;n se le considera a la vanguardia mundial de la transformaci&oacute;n de la energ&iacute;a, &iquest;c&oacute;mo ser&aacute; percibido esa decisi&oacute;n por la sociedad brasile&ntilde;a, la india, o la sudafricana? Dir&aacute;n, y con raz&oacute;n, que si en un pa&iacute;s como Espa&ntilde;a econ&oacute;micamente desarrollado, con enorme potencial solar y e&oacute;lico e industria propia en esos &aacute;mbitos, no quiere las renovables, &iquest;por qu&eacute; raz&oacute;n la habr&iacute;an de querer ellos? El efecto contagio podr&iacute;a ser desmotivador convirti&eacute;ndose en una palo entre las ruedas. Quienes se frotar&iacute;an las manos en ese escenario ser&iacute;an los sospechosos habituales: Exxon, Shell, Aramco, BP, Petrobras, Gazprom&hellip; y por supuesto el Retardista Nacional Jefe, Repsol. Sin un desarrollo masivo de renovables a nivel mundial la transformaci&oacute;n de la energ&iacute;a ser&aacute; una quimera y el estatus quo f&oacute;sil saldr&iacute;a vencedor como ya lo hizo en la coyuntura en la que Lovins escribi&oacute; su ensayo. En esas circunstancias, la emergencia clim&aacute;tica se convertir&iacute;a inexorablemente en cat&aacute;strofe clim&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, es preciso reconocer y respetar la lucha distributiva que se dirime en esta batalla cultural y social por el relato sobre las renovables. Los territorios en los que se desarrollan tienen todo el derecho a participar de manera justa en los beneficios que generan los proyectos mediante f&oacute;rmulas creativas e innovadoras que las empresas han de promover. Existe mucho recorrido de mejora en la manera en que las mismas han de escuchar y relacionarse con las instituciones y las comunidades locales en las que se desarrollan los proyectos e&oacute;licos y fotovoltaicos. Pero por favor, que los &aacute;rboles no nos impidan ver el bosque.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esa direcci&oacute;n, y con la intenci&oacute;n de contribuir constructivamente a este debate sugerir&iacute;a que el pr&oacute;ximo gobierno nacional (progresista) que surja de las urnas desarrolle un c&oacute;digo detallado de buenas pr&aacute;cticas que, si no de iure s&iacute; de facto, obligue mediante los incentivos adecuados a las empresas a una metodolog&iacute;a sistem&aacute;tica de interlocuci&oacute;n y cobeneficios con las comunidades locales. Asimismo, que promueva una normativa y una estrategia espec&iacute;ficamente dirigidas a responder afirmativamente a las justas demandas que surgen en esta conversaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por primera vez desde la revoluci&oacute;n industrial Espa&ntilde;a se encuentra extraordinariamente bien posicionada en una decisiva transici&oacute;n tecnol&oacute;gica, econ&oacute;mica e industrial. No nos saboteemos a nosotros mismos. Por ello, recapitulando cincuenta a&ntilde;os de lucha por esa gran transformaci&oacute;n de la energ&iacute;a que despunta en el horizonte, algunos decimos alto y claro: &iquest;Renovables? S&iacute;, gracias!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antxon Olabe]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/renovables-si-gracias_129_10019867.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Mar 2023 21:42:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Renovables? Sí, gracias]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Negacionismo climático e Ilustración oscura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/negacionismo-climatico-e-ilustracion-oscura_129_12989500.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Que nadie se llame a enga&ntilde;o, asistimos a una confrontaci&oacute;n de alcance civilizatorio. Frente a la raz&oacute;n y la ciencia, la voluntad de poder. Nietzsche frente Kant. Una disputa por el eje axial sobre el cual auto comprendernos como sociedad o, m&aacute;s po&eacute;ticamente, por el <em>alma </em>de Occidente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esa disputa, el negacionismo clim&aacute;tico ha tenido y tiene una importancia capital. La negaci&oacute;n pura y dura del principio de realidad, el rechazo sostenido a lo largo de tres d&eacute;cadas de las conclusiones de la ciencia tiene un efecto profundo, perverso y sutil. El del &aacute;cido corrosivo que busca disolver una de las principales conquistas civilizatorias de la Ilustraci&oacute;n y de la revoluci&oacute;n cient&iacute;fica que le precedi&oacute; en Europa en los siglos XVI y&nbsp;XVII. El reconocimiento de que existe una realidad compartida, la labor de la ciencia como gu&iacute;a para descubrir la naturaleza de-lo-que-es.
    </p><p class="article-text">
        El mundo est&aacute; organizado seg&uacute;n leyes f&iacute;sico-matem&aacute;ticas que los seres humanos pueden comprender. Ese fue el lema central que activ&oacute; una revoluci&oacute;n cient&iacute;fica que cambiar&iacute;a el curso de la humanidad. Nicol&aacute;s Cop&eacute;rnico, Giordano Bruno, Francis Bacon, Galileo Galilei, Johannes Kepler, Isaac Newton&hellip; reordenaron la comprensi&oacute;n del universo f&iacute;sico y sentaron las bases cognitivas, epistemol&oacute;gicas, sobre las que, posteriormente, personas como John Locke, Voltaire, Jean-Jacques Rousseau, Denis Diderot y otros, pondr&iacute;an su pasi&oacute;n y su inteligencia al servicio de una nueva visi&oacute;n de la sociedad basada en la raz&oacute;n, la libertad, el individuo, el progreso, la fraternidad, socavando as&iacute; las bases del <em>Ancien R&eacute;gime. </em>Por ello, la abrupta negaci&oacute;n de las conclusiones surgidas del mayor proceso colaborativo en la historia universal de la ciencia, el IPCC y sus informes de s&iacute;ntesis a lo largo de 35 a&ntilde;os con miles de cient&iacute;ficos implicados, sentaba las bases para una disputa de alcance civilizatorio acerca de la naturaleza de la realidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La conciencia de que el mundo se ha adentrado en una grave emergencia clim&aacute;tica ha alterado de forma decisiva los imaginarios colectivos del siglo XXI. La proliferaci&oacute;n cultural de distop&iacute;as en el cine, las series, la literatura y el arte se despliega sobre el ineludible tel&oacute;n de fondo del Antropoceno, la disrupci&oacute;n antropog&eacute;nica en el funcionamiento de los sistemas de soporte de la vida. Sin embargo, desde la Casa Blanca se ha puesto en marcha una ofensiva reaccionaria que incluye la guerra contra toda acci&oacute;n clim&aacute;tica, no s&oacute;lo a nivel nacional sino internacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque los reaccionarios m&aacute;s cultos saben que es real, se niega la crisis del clima. Son conscientes de que la misma est&aacute; provocada por la quema de combustibles f&oacute;siles y que&nbsp;sus impactos est&aacute;n generando desestabilizaci&oacute;n y sufrimiento en numerosos lugares del mundo, en especial en el Sur Global. Asimismo, que alimenta un creciente&nbsp;malestar en las sociedades occidentales y que est&aacute;, en buena medida, en el origen de movimientos migratorios masivos de personas humildes que, escapando de la miseria y la destrucci&oacute;n, acaban agolp&aacute;ndose en sus propias fronteras &iquest;Qu&eacute; hacer, se preguntan? &iquest;C&oacute;mo convertir esa amenaza que pesa como una losa sobre el presente y el futuro de los recursos patrimoniales y las rentas derivadas del petr&oacute;leo y el gas en una oportunidad? Negando la crisis, no reconociendo su existencia, no importa lo que diga la ciencia. No en vano, nos hemos adentrado en un mundo de &ldquo;realidades alternativas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa negaci&oacute;n frontal del principio de realidad precisa, para imponerse socialmente, el control y la manipulaci&oacute;n de las mentes y los corazones de centenares de millones de personas en el &aacute;gora de las redes sociales. Mediante algoritmos que premian las pasiones m&aacute;s oscuras y manipulables, los aceleracionistas libertarios de Sillicon Valley, alimentando sus propios sue&ntilde;os de dominio mundial e inmortalidad transhumanista, ponen su poder econ&oacute;mico y tecnol&oacute;gico a disposici&oacute;n de esa gran manipulaci&oacute;n. Y cuando ocurren cat&aacute;strofes clim&aacute;ticas como las acontecidas en Espa&ntilde;a en a&ntilde;os recientes, son h&aacute;bilmente utilizadas por la extrema derecha para culpabilizar a las instituciones democr&aacute;ticas, envenenar el debate p&uacute;blico y cabalgar el descontento social. Evitando toda menci&oacute;n a las causas de fondo, afirman sin pudor que esas menciones son meras cortinas de humo.
    </p><p class="article-text">
        En otras palabras, controlando la conversaci&oacute;n p&uacute;blica de las RRSS, agitan y manipulan los miedos, malestares y ansiedades propios de la &eacute;poca, entre los que la emergencia clim&aacute;tica ocupa un lugar central, convirti&eacute;ndolos en votos y en poder pol&iacute;tico. Mediante la alquimia de las narrativas convierten esas emociones en combustible del incendio reaccionario que persigue poner fin a la democracia liberal y a las conquistas sociales. Han quedado, as&iacute;, para la historia las palabras de Steve Bannon en 2017: &ldquo;no soy populista, soy leninista, Lenin quiso destruir el Estado y yo pretendo lo mismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese brutal negacionismo logra, en el camino, dos objetivos complementarios. Para la corriente MAGA, ultranacionalista y populista, como antes para el Tea Party, act&uacute;a como elemento de identidad, marcador de adscripci&oacute;n. En un pa&iacute;s profundamente fraccionado como es Estados Unidos la derecha m&aacute;s extremista ha convertido el concepto de cambio clim&aacute;tico en un fetiche cultural. No se trata, por tanto, de un fen&oacute;meno explicable en t&eacute;rminos de leyes f&iacute;sicas y qu&iacute;micas, sino de un concepto subjetivo y opinable, contra el que definir y afirmar la propia identidad grupal. Adem&aacute;s, favorece la cosmovisi&oacute;n y los valores de otra de las corrientes sociales clave del movimiento: los cristianos evang&eacute;licos. Si la verdad ya ha sido revelada y se trata de esperar la nueva palingenesia, el lugar de la ciencia es subalterno. El de mero asistente de la revelaci&oacute;n declarada por el dogma.
    </p><p class="article-text">
        En consecuencia, el negacionismo clim&aacute;tico ha de entenderse como una de las claves epistemol&oacute;gicas de la Ilustraci&oacute;n Oscura. Frente a la esfera de la raz&oacute;n, frente a la b&uacute;squeda honesta de la verdad, lo que <em>nos</em> importa (vendr&iacute;an a decir), es la voluntad de poder. La apuesta filos&oacute;fica de los Nick Land y Curtis Yarvin de turno es haber entendido que su momento generacional es propicio para que la vieja &ldquo;moral del amo&rdquo;, la del discurso ateniense en Melos, la de Nietzsche y Splenger, vuelva a irrumpir en el mundo tras d&eacute;cadas de inhibici&oacute;n democr&aacute;tica. La ret&oacute;rica reaccionaria del siglo XXI ha salido, as&iacute;, al encuentro de la Historia declarando, con palabras y con actos, su innato derecho a dominar por la fuerza a todos aquellos que considera inferiores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para horadar el sentido com&uacute;n de la &eacute;poca basado en la igualdad republicana de todas las personas, ha de prevalecer la &eacute;tica del bote salvavidas de Hardin. &ldquo;No hay para todos, hay que proteger a los Nuestros, los Otros no son bienvenidos, nuestras fronteras est&aacute;n en peligro<em>&hellip;</em>&rdquo; De esa manera, mediante esas narrativas t&oacute;xicas tratan de dominar pol&iacute;tica y culturalmente lo que denominan el tiempo del interregno, avanzando paso a paso hacia un cambio radical de r&eacute;gimen, no s&oacute;lo en Estados Unidos sino en Europa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que nadie se llame a enga&ntilde;o. La Ilustraci&oacute;n Oscura persigue derrocar las conquistas civilizatorias de 1789 y 1945. Hoy como entonces fracasar&aacute;n!&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emilio Santiago Muiño, Antxon Olabe]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/negacionismo-climatico-e-ilustracion-oscura_129_12989500.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Mar 2026 05:02:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Negacionismo climático e Ilustración oscura]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Necesidad de una política de la Tierra', el libro de Antxon Olabe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/necesidad-politica-tierra-libro-antxon-olabe_1_9293658.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bcf4051e-4c12-4cf4-81fb-45362118cacf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Necesidad de una política de la Tierra&#039;: adelanto editorial del libro de Antxon Olabe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El economista ambiental aborda en su nuevo libro la crisis del cambio climático y sus consecuencias: "Se juzgará a nuestra generación por la actitud con la que afrontamos esta amenaza existencial. [...] Esta es la lucha decisiva de nuestro tiempo"</p><p class="subtitle">La ONU reconoce el medio ambiente saludable como un derecho humano</p></div><p class="article-text">
        El economista ambiental, ensayista y experto en temas de cambio clim&aacute;tico y transici&oacute;n energ&eacute;tica Antxon Olabe publica este mi&eacute;rcoles 7 de septiembre su libro <em>Necesidad de una pol&iacute;tica de la Tierra</em>, en el que aborda una problem&aacute;tica mundial: la crisis del cambio clim&aacute;tico&nbsp;y las consecuencias devastadoras que est&aacute; teniendo&nbsp;en nuestro planeta.
    </p><p class="article-text">
        Adelantamos uno de sus cap&iacute;tulos, titulado 'Pol&iacute;tica de la Tierra':
    </p><h2 class="article-text">Pol&iacute;tica de la Tierra</h2><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Debemos tener en cuenta que la biosfera tard&oacute; tres mil ochocientos millones de a&ntilde;os en construir el hermoso mundo que hemos heredado. Solo conocemos una parte de la complejidad de sus especies y del modo en que trabajan juntas para crear el equilibrio sostenible que acabamos de empezar a comprender. Nos guste o no, estemos o no preparados, somos la mente y los guardianes del mundo vivo. Nuestro futuro final depende de que entendamos esto&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Edward O. Wilson, Medio planeta. La lucha por las tierras salvajes en la era de la sexta extinci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Pensar en el siglo XXI </h3><p class="article-text">
        Hemos de pensar el siglo XXI a la luz de la emergencia clim&aacute;tica y el creciente colapso de la biosfera. Vista desde nuestra tradici&oacute;n filos&oacute;fica y moral, la respuesta a la actual emergencia clim&aacute;tica y ecol&oacute;gica habr&iacute;a de encontrar sus ra&iacute;ces y su fuerza en el legado de la raz&oacute;n cr&iacute;tica, el conocimiento cient&iacute;fico, el compromiso con la justicia como igualdad (tambi&eacute;n entre generaciones) y la participaci&oacute;n activa de la ciudadan&iacute;a en la esfera p&uacute;blica. La tradici&oacute;n de la que somos herederos no es un saber fosilizado, sino un compromiso con la construcci&oacute;n de una sociedad m&aacute;s justa, basada en la participaci&oacute;n discursiva y socr&aacute;tica de una ciudadan&iacute;a libre en una democracia siempre en proceso de mejora y que precisa, como condici&oacute;n necesaria para su perdurabilidad, la preservaci&oacute;n de los procesos de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Es preciso actualizar el legado de nuestra tradici&oacute;n para sentar sobre bases firmes la respuesta a esta encrucijada. Precisamos conceptos y categor&iacute;as adecuados con los que pensar los desaf&iacute;os decisivos del siglo XXI, dado que las razones &uacute;ltimas de la desestabilizaci&oacute;n clim&aacute;tica y ecol&oacute;gica reflejan un estar-en-el-mundo propio de una civilizaci&oacute;n que ha concebido su relaci&oacute;n con la naturaleza en t&eacute;rminos de dominaci&oacute;n y depredaci&oacute;n, en lugar de preservaci&oacute;n, cuidado e interdependencia. Se trata de un molde cultural que, si bien est&aacute; arraigado en la lejana antig&uuml;edad, qued&oacute; fraguado en los albores de la primera modernidad, sobre todo a partir de la formulaci&oacute;n propuesta por Francis Bacon.
    </p><p class="article-text">
        Cuatro siglos despu&eacute;s y a la vista de la desestabilizaci&oacute;n de funciones esenciales del sistema Tierra como el clima, la salud de los oc&eacute;anos o la diversidad biol&oacute;gica, la opci&oacute;n sensata e inteligente es aprender de los excesos, corregir el rumbo. En ese sentido, una &laquo;segunda modernidad&raquo; habr&iacute;a de incluir una comprensi&oacute;n renovada sobre las relaciones entre los seres humanos y la Tierra, integrando en el modelo de desarrollo econ&oacute;mico el paradigma de los l&iacute;mites ecol&oacute;gicos planetarios. La crisis clim&aacute;tica y el creciente colapso de la diversidad biol&oacute;gica demandan la cesura simb&oacute;lica de una era ecol&oacute;gicamente autodestructiva.
    </p><p class="article-text">
        Las generaciones actuales somos depositarias de un formidable legado de vida transmitido por numerosas generaciones de antepasados y tenemos la responsabilidad de entregarlo a quienes nos han de suceder. En la estela de fil&oacute;sofos como John Rawls y J&uuml;rgen Habermas no se trata tanto de descubrir sino de construir socialmente nuevos c&oacute;digos de justicia y equidad con los que proteger a las personas j&oacute;venes y a las generaciones venideras, a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Formulado en otros t&eacute;rminos, la interdependencia fuerte entre generaciones exige reformular el modelo tradicional de contrato social. El propio Rawls matiz&oacute; su Teor&iacute;a de la Justicia para acomodar el dilema planteado por la relaci&oacute;n justa entre generaciones. En su &uacute;ltima formulaci&oacute;n (Justicia como equidad, 2012), invoca la posici&oacute;n original estipulando que &laquo;las diferentes partes habr&iacute;an de escoger aquellos principios que ellas hubiesen preferido que hubiesen sido aplicados por las generaciones precedentes&raquo;. Un velo de la ignorancia intergeneracional por el que cada generaci&oacute;n se compromete a respetar aquellos principios de sostenibilidad que le gustar&iacute;a ver cumplidos por sus predecesores. En definitiva, un pacto de justicia entre generaciones.
    </p><h3 class="article-text">Metamorfosis </h3><p class="article-text">
        Somos seres biol&oacute;gicos en un mundo ecol&oacute;gico. La pandemia de la COVID-19 ha sido el suceso singular m&aacute;s disruptivo a nivel global desde la finalizaci&oacute;n de la Segunda Guerra Mundial. En un momento dado, m&aacute;s de cuatro mil millones de seres humanos se vieron afectados por distintos niveles de confinamiento y restricci&oacute;n. Un &laquo;simple virus&raquo; nos ha recordado de manera abrupta nuestra interdependencia con el medio natural, as&iacute; como la vulnerabilidad de nuestros sistemas de salud y de nuestras econom&iacute;as.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/bc327be7-b474-4a6c-b105-603005f8e430_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="200" height="300" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Por ello, la respuesta a la desestabilizaci&oacute;n del clima habr&iacute;a de concebirse como parte de una metamorfosis m&aacute;s amplia, una transformaci&oacute;n en la manera de concebir y desarrollar las relaciones entre la econom&iacute;a, la ecolog&iacute;a y la sociedad. Se la puede denominar transici&oacute;n ecol&oacute;gica global. En la medida en que precisar&aacute; incorporar elementos sociales, culturales, de estilos de vida, jur&iacute;dicos, filos&oacute;ficos, espirituales, adem&aacute;s de econ&oacute;micos y tecnol&oacute;gicos, cabr&iacute;a tambi&eacute;n denominarla emergente civilizaci&oacute;n ecol&oacute;gica global, dando por bueno un concepto procedente de la cultura china. En todo caso, habr&iacute;a de apoyarse sobre una comprensi&oacute;n renovada entre los seres humanos y el sistema Tierra. En t&eacute;rminos de la Ecolog&iacute;a cient&iacute;fica y siguiendo a Eugene Odum, se trata de transitar desde una etapa inmadura de dominaci&oacute;n y destrucci&oacute;n del medio natural a una etapa madura de preservaci&oacute;n y protecci&oacute;n del ecosistema global (l&iacute;mites ecol&oacute;gicos planetarios) como condici&oacute;n ineludible para garantizar nuestra supervivencia y bienestar a largo plazo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tras medio siglo de experiencia, debemos reconocer que el sistema internacional de protección ecológica de la Tierra está fallando. A pesar de los informes científicos, las iniciativas dirigidas a mejorar la gobernanza global no han prosperado</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La apropiaci&oacute;n agresiva del medio natural no es inevitable, no estamos abocados a destruir el tejido de la biosfera y socavar los cimientos que han permitido la aventura humana. No ser&aacute; f&aacute;cil. Evolutivamente nos hemos multiplicado y hemos prosperado enfocados hacia problemas que surgen en nuestro entorno m&aacute;s cercano y que nos ata&ntilde;en de forma directa y personal a corto plazo. Sin embargo, aprendemos culturalmente a partir de nuestra interacci&oacute;n con el medio. Y la destrucci&oacute;n de la diversidad biol&oacute;gica ha sido, junto a la crisis clim&aacute;tica, nuestro mayor error como especie. Ambas son las vigas maestras que sostienen el funcionamiento de la biosfera. No es razonable pensar que podamos abocarlas a una desestabilizaci&oacute;n profunda y no sufrir las consecuencias. Hemos de despertar a esa realidad inexorable antes de que sea demasiado tarde.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, el objetivo fundamental de una pol&iacute;tica de la Tierra deber&iacute;a ser reconducir de manera urgente la trayectoria del sistema clim&aacute;tico hacia lo que las Ciencias de la Tierra denominan un valle de estabilidad, evitando que se adentre en una din&aacute;mica de retroalimentaci&oacute;n positiva que pueda llevarlo fuera de control. Ello requerir&aacute; una permanente observaci&oacute;n cient&iacute;fica y un sistema de gobernanza en un nivel de inteligencia organizada y con capacidad de decisi&oacute;n superior al actual. Se precisar&aacute;n muchas d&eacute;cadas antes de que podamos considerar que la desestabilizaci&oacute;n ha quedado reconducida. En verdad, no se lograr&aacute; antes de que la concentraci&oacute;n de CO2 en la atm&oacute;sfera descienda y se estabilice por debajo de las 350 partes por mill&oacute;n. El camino hacia la neutralidad es preciso recorrerlo de manera cooperativa y solidaria entre pa&iacute;ses y sociedades, y se ir&aacute; desplegando a medida que se desarrolle un amplio proceso de aprendizaje social. En otras palabras, el concepto &ldquo;pol&iacute;tica de la Tierra&rdquo; pretende desplazar el centro de gravedad desde aquello que nos separa hacia aquello que nos une como seres humanos que enfrentan juntos una amenaza existencial.
    </p><h3 class="article-text">Proteger a los j&oacute;venes y a las generaciones venideras</h3><p class="article-text">
        <em>Abrir la Constituci&oacute;n</em>
    </p><p class="article-text">
        Tras medio siglo de experiencia, debemos reconocer que el sistema internacional de protecci&oacute;n ecol&oacute;gica de la Tierra est&aacute; fallando. Y lo que es peor, a pesar de los informes cient&iacute;ficos que han documentado el deterioro de la situaci&oacute;n planetaria, las iniciativas dirigidas a mejorar la gobernanza global no han prosperado. Las inercias burocr&aacute;ticas del sistema de organizaciones de las Naciones Unidas, por un lado, y el bloqueo por parte de Estados partidarios de mantener el actual statu quo ambiental por otro, han impedido todo avance relevante en esa direcci&oacute;n. As&iacute;, la propuesta defendida por m&aacute;s de cincuenta pa&iacute;ses, entre ellos la Uni&oacute;n Europea y todos sus Estados miembros, de crear una Organizaci&oacute;n Mundial del Medio Ambiente, equivalente a la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud, no ha encontrado apoyo suficiente en las Naciones Unidas. Lo mismo ha sucedido con la mencionada propuesta del Pacto Mundial por el Medio Ambiente.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, nos encontramos en una situaci&oacute;n de emergencia clim&aacute;tica y colapso creciente de la diversidad biol&oacute;gica como consecuencia de que el sistema normativo y de gobernanza internacional no est&aacute; suficientemente afianzado. Como dijo Stephen Hawking, vivimos el tiempo m&aacute;s peligroso (para nosotros) en la historia de nuestro planeta. Asumir esa realidad habr&iacute;a de ser el punto de partida para pensar el siglo XXI y mejorar el modelo de gobernanza de los bienes comunes de la humanidad, empezando por la preservaci&oacute;n del clima de la Tierra.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, alrededor de ciento cincuenta y cinco Estados recogen en sus constituciones o en otros instrumentos normativos de relevancia el derecho de los seres humanos a disfrutar de un medio ambiente adecuado. Adem&aacute;s, ese derecho se evoca en declaraciones internacionales no vinculantes como la Declaraci&oacute;n de Estocolmo y la Declaraci&oacute;n de R&iacute;o. Asimismo, aun cuando el derecho a un medio ambiente saludable no figura de manera expl&iacute;cita en el Convenio Europeo de Derechos Humanos aprobado en 1950 (en esa fecha no hab&iacute;an surgido a&uacute;n los problemas ambientales globales, lo har&iacute;an a partir de los a&ntilde;os sesenta), el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha favorecido una comprensi&oacute;n din&aacute;mica del Convenio, interpret&aacute;ndolo frecuentemente en t&eacute;rminos favorables a la protecci&oacute;n ambiental.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Deberían abrirse las constituciones y otras cartas magnas para incluir [...] la obligación de los poderes públicos de velar por el derecho de las personas jóvenes a verse libres de la amenaza existencial que representa la crisis climática</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A ello hay que a&ntilde;adir que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, los tribunales de justicia de diferentes pa&iacute;ses (Francia, Holanda, Alemania&hellip;) han sentado jurisprudencia sobre la obligaci&oacute;n de los gobiernos de preservar de manera m&aacute;s eficaz los derechos de las personas j&oacute;venes a ver su futuro clim&aacute;tico protegido y, en algunos casos, incluso han obligado a multinacionales energ&eacute;ticas a responsabilizarse de objetivos ambiciosos de mitigaci&oacute;n de sus emisiones. Esa implicaci&oacute;n deber&iacute;a ir madurando hacia una transformaci&oacute;n de mayor calado normativo, que habr&iacute;a de ser recogida en la Constituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y es que nos hemos adentrado en un tiempo en el que se hace necesario ampliar los c&oacute;digos de responsabilidad, integrando en nuestro horizonte de decisi&oacute;n de forma m&aacute;s expl&iacute;cita la preservaci&oacute;n del legado transmitido a los j&oacute;venes y a las generaciones venideras. Por ello, deber&iacute;an abrirse las constituciones y otras cartas magnas para incluir, tras un amplio debate ciudadano, la obligaci&oacute;n de los poderes p&uacute;blicos de velar por el derecho de las personas j&oacute;venes a verse libres de la amenaza existencial que representa la crisis clim&aacute;tica. Un mandato constitucional que en los Estados miembros de la Uni&oacute;n Europea podr&iacute;a formularse al amparo de la declaraci&oacute;n de emergencia clim&aacute;tica aprobada por el Parlamento Europeo en noviembre de 2019.
    </p><h3 class="article-text">Europa, una causa de alcance universal</h3><p class="article-text">
        La Uni&oacute;n Europea ha sido la primera instituci&oacute;n que ha hecho hincapi&eacute; en sus tratados en la responsabilidad hacia los bienes comunes de la humanidad. Esa responsabilidad figura en el centro de su proyecto pol&iacute;tico y de su comprensi&oacute;n como actor global. De esa manera, Europa ha conectado con lo m&aacute;s valioso del legado de la Ilustraci&oacute;n, aquello que el tiempo ha sedimentado como su n&uacute;cleo orientador de sentido: la confianza en el uso de la raz&oacute;n, la labor de gu&iacute;a otorgada a la ciencia y un aliento de vocaci&oacute;n universal. Hoy en d&iacute;a, ese legado cosmopolita habr&iacute;a de actualizarse adoptando una visi&oacute;n y una tarea a la altura de lo que ha sido la contribuci&oacute;n europea a la historia de las ideas, la ciencia y la cultura.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace cinco siglos, Europa se ha construido y definido en relaci&oacute;n abierta con el mundo. La Europa heredera del humanismo renacentista, la revoluci&oacute;n cient&iacute;fica, el esp&iacute;ritu de la Ilustraci&oacute;n, el proyecto filos&oacute;fico de la modernidad y la declaraci&oacute;n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, habr&iacute;a de dotarse de un proyecto de largo alcance espacial y temporal capaz de otorgarle un sentido profundo al proyecto de la Uni&oacute;n Europea, m&aacute;s all&aacute; de la satisfacci&oacute;n de los intereses materiales de sus ciudadanos. Europa habr&iacute;a de hacer suya una gran causa de alcance universal, como dijo Tocqueville refiri&eacute;ndose al legado de la Revoluci&oacute;n francesa. Una causa que pueda ser percibida por la ciudadan&iacute;a como la sustancia pol&iacute;tica y moral de nuestro estar en el mundo. Se deber&iacute;a articular un proyecto integral que, con humildad, aliente la esperanza y la confianza de que sabremos y podremos reconducir la situaci&oacute;n. A la ciudadan&iacute;a, a los Estados nacionales y a las instituciones comunitarias nos corresponde asumir la iniciativa ante el desaf&iacute;o definidor de nuestro tiempo: la amenaza existencial del cambio clim&aacute;tico y la crisis ecol&oacute;gica global.
    </p><p class="article-text">
        En este momento de crisis clim&aacute;tica y ecol&oacute;gica de alcance planetario, el despertar geopol&iacute;tico de Europa no deber&iacute;a entrar en contradicci&oacute;n con su papel equilibrador y moderador en la esfera internacional, y menos con su liderazgo ante la crisis clim&aacute;tica. Adem&aacute;s de improductivo no ser&iacute;a justo. Como escribi&oacute; Ulrich Beck, el software de la modernidad tecnoindustrial que Occidente ha exportado al resto de los pa&iacute;ses en los &uacute;ltimos doscientos a&ntilde;os y que ha conducido, junto a numerosos y notables progresos, a la actual situaci&oacute;n de crisis ecol&oacute;gica y clim&aacute;tica, ha sido en gran medida una creaci&oacute;n europea.
    </p><p class="article-text">
        La Europa comunitaria de cuatrocientos cincuenta millones de ciudadanos est&aacute; en condiciones de presentar al resto de la comunidad internacional un compromiso integral dirigido a reconducir la emergencia clim&aacute;tica, convirti&eacute;ndolo en el eje central de su proyecci&oacute;n exterior. Construyendo sobre el corpus ambiental generado en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os, consolidando el liderazgo clim&aacute;tico de las tres &uacute;ltimas d&eacute;cadas y profundizando en el proyecto estrat&eacute;gico del Pacto Verde, la Uni&oacute;n Europea deber&iacute;a demandar apoyo a la ciudadan&iacute;a para hacer de la preservaci&oacute;n de los sistemas vitales de la Tierra y de la respuesta a la desestabilizaci&oacute;n del clima el n&uacute;cleo de su proyecci&oacute;n global.
    </p><p class="article-text">
        En los tiempos actuales en los que la din&aacute;mica ecol&oacute;gica y clim&aacute;tica podr&iacute;a escapar a todo control, es m&aacute;s necesario que nunca dar un paso al frente, afirmar nuestra presencia responsable y no dejarnos llevar por esa deriva autodestructiva. En definitiva, Europa habr&iacute;a de crear los conceptos y la narrativa con los que tejer los mimbres de una transformaci&oacute;n profunda en las relaciones entre econom&iacute;a, ecolog&iacute;a y sociedad, haciendo de ello su prop&oacute;sito pol&iacute;tico definidor. Una causa de alcance universal, una pol&iacute;tica de la Tierra, que sea nuestra contribuci&oacute;n m&aacute;s perdurable a la aventura humana.
    </p><h3 class="article-text">La lucha decisiva de nuestro tiempo</h3><p class="article-text">
        La ciencia ha realizado la aportaci&oacute;n crucial a la hora de explicar las causas de la crisis clim&aacute;tica, sus consecuencias y su din&aacute;mica. Ahora bien, la respuesta pertenece a un &aacute;mbito diferente.
    </p><p class="article-text">
        Hace referencia a qu&eacute; sociedad queremos, sobre qu&eacute; valores aspiramos a construirla, en qu&eacute; lugar situamos conceptos como justicia y equidad, qu&eacute; mundo queremos legar a nuestros j&oacute;venes, a nuestros hijos y a las generaciones venideras, qu&eacute; importancia otorgamos a que desaparezcan cientos de miles de especies biol&oacute;gicas que comparten con nosotros la Tierra. En otras palabras, afecta al n&uacute;cleo pol&iacute;tico y moral de nuestra sociedad, a nuestros valores como comunidad de hombres y mujeres libres que no s&oacute;lo viven juntos, sino que comparten un destino com&uacute;n, es decir, a los fundamentos de justicia y equidad en los que se basan nuestras sociedades democr&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, la respuesta a la emergencia clim&aacute;tica planetaria es la lucha decisiva de nuestro tiempo, la que definir&aacute; a nuestra generaci&oacute;n como la respuesta a los totalitarismos defini&oacute; el siglo XX (Tony Judt). Pertenece al linaje de las grandes movilizaciones pol&iacute;ticas y sociales que tuvieron lugar en los &uacute;ltimos trescientos a&ntilde;os, tales como la prohibici&oacute;n de la esclavitud, la conquista de las libertades y la democracia, la desaparici&oacute;n de los imperios coloniales, la carta de los derechos humanos, la lucha contra el racismo y por los derechos civiles, la construcci&oacute;n del Estado social europeo, los hist&oacute;ricos logros de la igualdad de g&eacute;nero...
    </p><p class="article-text">
        Esas transformaciones se libraron y en buena medida ganaron, al menos en ciertas partes del mundo, porque fueron capaces de generar una respuesta moral entre amplias mayor&iacute;as sociales, ya que sent&iacute;an que afectaba a su sentido b&aacute;sico de la justicia y la igualdad. Por ello, se equivocan quienes tratan de acotar la respuesta a la crisis clim&aacute;tica al &aacute;mbito instrumental de la tecnolog&iacute;a y/o la econom&iacute;a. Las transformaciones energ&eacute;ticas y tecnol&oacute;gicas son imprescindibles. Mediante ellas es como se materializar&aacute; el cambio. Ahora bien, para lograrlo es necesario que una mayor&iacute;a social acepte que la emergencia clim&aacute;tica afecta a valores b&aacute;sicos que dan sentido a sus vidas.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje es claro: no podemos permitir que nuestros j&oacute;venes, nuestros hijos y las generaciones venideras hereden un mundo clim&aacute;ticamente devastado. Los gobiernos de las naciones tienen el deber de preservar el clima de la Tierra, ya que, como representantes de los intereses de la sociedad, no pueden permanecer impasibles ante su deterioro irreversible. El objetivo de 1,5 grados es irrenunciable. El d&iacute;a de ma&ntilde;ana se juzgar&aacute; a nuestra generaci&oacute;n por la actitud con la que afrontamos esta amenaza existencial. Si la comunidad internacional no es capaz de reconducir la crisis del clima, el futuro que entregaremos a los j&oacute;venes y a las generaciones venideras ser&aacute; &laquo;un mundo en llamas&raquo;. No lo podemos aceptar. Esta es la lucha decisiva de nuestro tiempo.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antxon Olabe]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Sep 2022 20:38:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Necesidad de una política de la Tierra', el libro de Antxon Olabe]]></media:title>
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