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    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier Montes]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/javier-montes/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier Montes]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Quién no habría querido vivir en el Madrid de Javier Marías?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/no-habria-querido-vivir-madrid-javier-marias_129_9307800.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/98e88ca8-30cf-4d1f-9ea3-03fed6f84baa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién no habría querido vivir en el Madrid de Javier Marías?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Era un Madrid acomodado y discreto, educado, de profesiones liberales y abolengo republicano, que miraba con desprecio los excesos horteras de los banqueros</p><p class="subtitle">El joven Marías en el siglo XXI, por Isaac Rosa</p></div><p class="article-text">
        Yo creo que el &eacute;xito de Javier Mar&iacute;as a partir de los noventa, al menos en Espa&ntilde;a, se debi&oacute; en parte a que sus libros pertrecharon con una &eacute;tica y una est&eacute;tica a una joven burgues&iacute;a urbana e ilustrada que medraba y cog&iacute;a confianza. Y que encontr&oacute; en sus elegantes novelas lo que necesitaba: un espejo igualmente joven y favorecedor. Sus personajes vest&iacute;an bien, discurr&iacute;an mejor, ten&iacute;an trabajos (y les pasaban cosas) interesantes, que a ratos rozaban lo excitantemente s&oacute;rdido o peligroso. Hablaban idiomas, viajaban a sus anchas por las capitales europeas y por la de un pa&iacute;s que se hab&iacute;a sacudido la caspa y ya no era la eterna Espa&ntilde;a Negra. 
    </p><p class="article-text">
        Hay artistas que tienen la oportunidad y el don (o el don de la oportunidad) para describir y crear a la vez un grupo social. Lo dotan de una imagen estilizada y aspiracional que sirve luego de contrase&ntilde;a entre sus miembros. Woody Allen se inspir&oacute; en los burgueses intelectuales del Upper West Side neoyorquino tanto como se los invent&oacute;. Coderch construy&oacute; las casas que dieron techo com&uacute;n y estilo de vida compartido a la burgues&iacute;a ilustrada catalana. Mar&iacute;as permiti&oacute; a la burgues&iacute;a culta y progresista madrile&ntilde;a (menos visible y vendible que la barcelonesa, pero que haberla, hayla) palparse y reconocerse como clase en sus novelas. &iquest;Qui&eacute;n no habr&iacute;a querido vivir en una casa de Coderch, en una peli de Woody Allen, en una novela de Mar&iacute;as? 
    </p><p class="article-text">
        O ya puestos, y en el caso de los madrile&ntilde;os, &iquest;qui&eacute;n no habr&iacute;a querido vivir en el Madrid de Mar&iacute;as? Era un Madrid acomodado y discreto, educado, de profesiones liberales y abolengo republicano, que miraba con desprecio los excesos horteras de banqueros y advenedizos de los pelotazos noventeros (aunque no dejase de beneficiarse oblicuamente de ellos). Sus localizaciones eran siempre impecables y de buen tono, refinadas sin esfuerzo: las cenas en La Ancha, las copas en el Bar Hispano, las pernoctas en el Wellington, los paseos por el parque de Berl&iacute;n. Y los pisos y casas por Almagro y El Viso, que uno intu&iacute;a bien puestos: con muebles de Tiempos Modernos o por lo menos de La Oca, con vestidos de Sybilla en sus vestidores, probablemente con alg&uacute;n libro de Mar&iacute;as en sus mesillas de noche. Los personajes de sus novelas seguramente le le&iacute;an, y uno al leerlas se volv&iacute;a tambi&eacute;n un poco personaje de Mar&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        Yo nac&iacute; un a&ntilde;o despu&eacute;s de muerto Franco. Si sirvo como caso-tipo de lector de mi quinta, le&iacute; a Mar&iacute;as hacia los veinte y ca&iacute; rendido y deslumbrado. Le hac&iacute;a cosas inauditas al espa&ntilde;ol, le daba una textura y un alcance nuevos, constru&iacute;a con &eacute;l una voz y un mundo muy personal y a la vez capaz de interpelar a muchos. Los ejemplos son sabidos: el arranque de <em>Coraz&oacute;n tan blanco</em> es de los m&aacute;s poderosos de la literatura espa&ntilde;ola; escenas como la de la muerte s&uacute;bita en <em>Ma&ntilde;ana en la batalla piensa en m&iacute;</em> se recuerdan para siempre como si le hubiesen pasado a uno mismo; la brillantez de las semblanzas literarias de <em>Miramientos</em> sigue brillando (acabo de comprobarlo por si acaso). Se me ocurre &Aacute;lvaro Pombo como ejemplo de otro escritor que en ese momento luciese un br&iacute;o y un pulso parecidos. 
    </p><p class="article-text">
        Con los a&ntilde;os ese mundo se fue volviendo m&aacute;s autorreferencial y obsesivo, o quiz&aacute; yo m&aacute;s impaciente y revirado: se me fueron quitando las ganas de leerle. No s&eacute; si ser&eacute; el &uacute;nico lector suyo que se dio por vencido sin luchar ante los vol&uacute;menes sucesivos de <em>Tu rostro ma&ntilde;ana</em>, o que ley&oacute; y luego olvid&oacute; totalmente <em>Los enamoramientos</em> y <em>Berta Isla</em>. El Reino y la Corte de Redonda se volvi&oacute; una broma demasiado larga, y hasta el placer perverso de buscar su jeremiada dominical perdi&oacute; la gracia. 
    </p><p class="article-text">
        Noto que los colegas de mi edad, a pesar de todo, lo mencionamos quiz&aacute; con m&aacute;s aprecio y respeto que los que tienen diez o quince a&ntilde;os menos. Uno recuerda siempre con cari&ntilde;o a los autores de los primeros deslumbramientos como lector adulto, quiz&aacute; en una transferencia de la nostalgia por esa edad. Me parece que los m&aacute;s j&oacute;venes conocieron sobre todo al personaje period&iacute;stico y al acad&eacute;mico displicente, con muy poca sinton&iacute;a con su manera de ver el mundo. Han le&iacute;do (si las han le&iacute;do) con poco entusiasmo y bastante incomprensi&oacute;n sus novelas. Quiz&aacute;, volviendo al principio, porque esas novelas reflejan una clase y un mundo y una ilusi&oacute;n de seguridad noventeros que se desvaneci&oacute; a la fuerza en los dosmiles, que los de mi quinta a&uacute;n pillamos por los pelos pero que no se parece en nada al mundo en que ellos han tenido que foguearse. Creo que les parece un escritor <em>de &eacute;poca</em>, y eso es a la vez injusto e irremediable. L&aacute;stima que se pierdan lo que en sus novelas trasciende esa &eacute;poca: el tono, la inteligencia, la ductilidad de su prosa que tan excitantes resultaron entonces. 
    </p><p class="article-text">
        Desde mi casa, en Madrid, se ve el tejado del edificio donde estaba la suya. La luz de su balc&oacute;n se quedaba encendida todas las noches, y al pasar se alcanzaba a ver el estante m&aacute;s alto de su biblioteca. Yo siempre miraba hacia arriba: Mar&iacute;as velaba y trabajaba, y ya no me acuerdo qui&eacute;n me cont&oacute; que en broma la llamaban &ldquo;la lucecita de El Pardo&rdquo;. A veces, volviendo de fiesta a horas intempestivas, esa luz me hac&iacute;a sentir algo culpable y a la vez me consolaba. Era un consuelo algo novelero, desde luego, pero suelen serlo las ficciones que mejor nos acompa&ntilde;an: &eacute;l mismo lo dir&iacute;a. Al pasar bajo sus balcones por la noche echar&eacute; en falta la luz y la compa&ntilde;&iacute;a. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Montes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/no-habria-querido-vivir-madrid-javier-marias_129_9307800.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Sep 2022 14:10:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Marías,Literatura,Woody Allen,Madrid]]></media:keywords>
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