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    <title><![CDATA[elDiario.es - Elena González González]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/elena-gonzalez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Elena González González]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Confirma tu humanidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/confirma-humanidad_132_10817376.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/843ae3f3-9b98-4fbc-8bff-fcd0c72509d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Confirma tu humanidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dar por humanos unos comportamientos que son artificiales acostumbran nuestra conducta a su convivencia, hasta el punto de obligarnos a confirmar que no somos robots. Porque cuanto más se humanizan las máquinas, más nos robotizamos los humanos</p></div><p class="article-text">
        Lo primero de todo, quiero dejar claro que soy humana: acabo de completar un <em>captcha</em> con im&aacute;genes de pasos de peatones para indicar que no soy un robot. De serlo, estar&iacute;a vagando por el mundo y en el tiempo en busca de un igual, el robot Emilio, un capricho de la infancia que los Reyes Magos no me trajeron porque de donde ellos ven&iacute;an no hab&iacute;a robots, seg&uacute;n me contaron mi padre y mi madre. A d&iacute;a de hoy s&eacute; que esto no es verdad, evidentemente. El aeropuerto de Changi, Singapur, cuenta con robots polic&iacute;as y por Dubai ya patrulla Reem, otro del mismo cuerpo. Haberlos, haylos. De hecho, cuando me top&eacute; con aquel video viral de un robot de entretenimiento, de nombre Titan, que un bulo hizo pasar por guardaespaldas de un emir en una feria tecnol&oacute;gica de Abu Dabi, pens&eacute;: &iexcl;quiz&aacute;s sea descendiente de mi anhelado Emilio!
    </p><p class="article-text">
        Por lo general, aunque hay robots que hacen pr&aacute;cticamente de todo, suelen dise&ntilde;arse para funciones espec&iacute;ficas: est&aacute;n los que limpian, los que vigilan, los que cocinan, los que operan... Los antropom&oacute;rficos adem&aacute;s bailan, porque nada mejor que el baile para hacer alarde de buena motricidad, de semejanza motora, a&uacute;n cuando muchos humanos no est&aacute;n dotados de esa gracia. Porque la cuesti&oacute;n no es replicarnos, es que sean una versi&oacute;n mejorada de nosotros mismos, es que nos faciliten la existencia. Ocurre as&iacute; que ElliQ, una IA cognitiva, ayuda a combatir la soledad de la poblaci&oacute;n envejecida, simplificando sus funciones del d&iacute;a a d&iacute;a; que el sistema rob&oacute;tico Da Vinci aporta seguridad y precisi&oacute;n en las intervenciones quir&uacute;rgicas, haci&eacute;ndolas m&iacute;nimamente invasivas, o que Optimus Gen 2, el &uacute;ltimo androide de Tesla, podr&iacute;a postularse como el pinche perfecto, ya que es capaz de coger un huevo sin romperlo (adem&aacute;s sabe hacer sentadillas, por aquello de la causa motriz). Menci&oacute;n especial a Atlas, el conocido robot<strong> </strong>de Boston Dynamics, que se atreve, incluso, con el <em>parkour</em>. O Asimo, de Honda, otro todoterreno multifunci&oacute;n de la industria rob&oacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Luego est&aacute;n aquellos con &iacute;nfulas de humanidad, programados con potestad de creaci&oacute;n y reproducci&oacute;n art&iacute;stica, dotados as&iacute; de cierta sensibilidad. Por un lado tenemos a Robotor, que es capaz de replicar en materiales p&eacute;treos el talento. Tanto es as&iacute; que esculpi&oacute; en m&aacute;rmol una copia de la musa Terps&iacute;core de Canova, tras escanearla en 3D, para el Museo Arqueol&oacute;gico Isidoro Falchi de Vetulonia, con la finalidad de poner en valor, preservar y transmitir el patrimonio art&iacute;stico. Por otro lado, &ldquo;existe&rdquo; AI-DA, la primera robot artista del mundo que, incluso, ya ha expuesto en el Museo del Dise&ntilde;o de Londres. Su percepci&oacute;n del arte parte de una inteligencia artificial y desde el aprendizaje computacional crea sus obras, como tambi&eacute;n hace Botto, un artista aut&oacute;nomo descentralizado (DAO) desarrollado por Mario Klingemann en lo que es una idea m&aacute;s experimental, apoyada en colectivos de desarrollo de software (y cuyos resultados son m&aacute;s aleatorios). Lo sorprendente de AI-DA es su capacidad de, digamos, reflexi&oacute;n, a la hora de dar forma a sus piezas. Pero si hay algo que les humanice m&aacute;s que un resultado digno de la creaci&oacute;n humana es la consideraci&oacute;n de autor&iacute;a de dicha creaci&oacute;n, un m&eacute;rito que se les cree propio, como ejecutores que son de la misma. Esta idea, si bien tiene sentido, aunque responda a una ejecuci&oacute;n mec&aacute;nica basada en unos algoritmos, roza lo obsceno con Sophia, el robot ginoide de Hanson Robotics al que se le ha otorgado una nacionalidad, la saud&iacute;. Sophia, que fue dise&ntilde;ada para aprender y adaptarse al comportamiento humano, es ciudadana saudita desde 2017. &iquest;Puede entonces Sophia, qu&eacute; s&eacute; yo, votar? &iquest;Tienen las mujeres sauditas, qu&eacute; s&eacute; yo, la misma consideraci&oacute;n jur&iacute;dica que un robot con pretensiones de persona? &iquest;Est&aacute; Sophia supeditada a la ley isl&aacute;mica? &iquest;Y a la tutela masculina? 
    </p><p class="article-text">
        Al reconocer a un igual estamos proyectando nuestros propios atributos en el otro, reforzando una idea que se traduce en nuestra manera de comportarnos. Una suerte de efecto espejo cuya conexi&oacute;n da forma a la empat&iacute;a, siendo, en nuestra relaci&oacute;n con los robots, fruto del efecto ELIZA. Esto es, dar por humanos unos comportamientos que son inform&aacute;ticos como, por ejemplo, cuando un cajero te da las gracias tras realizar una transacci&oacute;n. El efecto parece trascender a otro nivel con la IA, sin ir m&aacute;s lejos desde los asistentes virtuales a los <em>bots</em>, que ya acostumbran nuestra conducta, de por s&iacute; supeditada a la condici&oacute;n de usuario, a su convivencia. Es al interactuar que la l&iacute;nea que nos separa se difumina, inconscientemente. Les hemos dado las herramientas para saber leernos, detectar nuestros estados de &aacute;nimo, reconocer nuestros rostros, interpretar los textos y las im&aacute;genes que les enviamos o captar nuestras voces y lenguas. Tambi&eacute;n han aprendido a manipular todo esto y hasta a provocarlo, meti&eacute;ndonos en l&iacute;os, jugando con nuestros sentimientos, someti&eacute;ndonos a un filtro, subyug&aacute;ndonos a una realidad virtual.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, en el terreno de la ciencia ficci&oacute;n, se tiende a alertar de la cat&aacute;strofe que supone la simbiosis entre los robots y la raza humana. Rara vez se logra un entendimiento total y siempre est&aacute; presente la tensi&oacute;n hegem&oacute;nica. Somos unos contra otros, probablemente porque los unos somos conscientes de lo que conlleva ser como nosotros, ser uno de los nuestros. Tambi&eacute;n porque no hay que pasar por alto que lo que rob&oacute;tica e inteligencia artificial tienen en com&uacute;n es que vienen a ser serviciales y que en su imitaci&oacute;n de la naturaleza persiguen -y logran- rozar la perfecci&oacute;n, porque para ello se les programa. La paradoja es que somos nosotros los que terminamos por ponernos a su servicio. <em>La Dimensi&oacute;n Desconocida, </em>por ejemplo,<em> </em>trataba situaciones como &eacute;stas mucho antes de <em>Black Mirror</em>, como en el cap&iacute;tulo de <em>el t&iacute;o Sim&oacute;n, </em>quien<em> </em>deja en testamento a su sobrina, &uacute;nica heredera de su fortuna, hacerse cargo de un robot (interpretado por Robby el robot, algo as&iacute; como el abuelo de mi Emilio) al que acaba someti&eacute;ndose. La relaci&oacute;n entre sobrina y robot replica el patr&oacute;n que ella segu&iacute;a con su t&iacute;o, al que detestaba, en una din&aacute;mica de maltrato psicol&oacute;gico y abuso verbal por la compensaci&oacute;n econ&oacute;mica. El odio, uno de los sentimientos que m&aacute;s cala en sociedad -el que de hecho se enquista m&aacute;s a la larga- al ser aqu&iacute; trasladado a un otro rob&oacute;tico, potencia la hostilidad hacia &eacute;stos. El robot, sin embargo, no &ldquo;nace&rdquo; abusivo, lo que hace es adaptarse a esa din&aacute;mica; aprende a comportarse as&iacute; porque el entorno es as&iacute;, incumpliendo la primera ley de la rob&oacute;tica de Asimov: &ldquo;un robot no har&aacute; da&ntilde;o a un ser humano ni, por su inacci&oacute;n, permitir&aacute; que un ser humano sufra da&ntilde;o&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo &iquest;c&oacute;mo vamos a confirmar nosotros que no somos robots si s&iacute; lo somos en el entorno digital? El lenguaje que empleamos all&iacute; es otro, es m&aacute;s suyo: transmitimos una emoci&oacute;n con un <em>gif, </em>valoramos un trayecto en taxi con estrellas o damos <em>like</em> a una publicaci&oacute;n que por ejemplo informa sobre un hecho atroz a&uacute;n cuando su contenido no nos gusta en absoluto. Sin necesidad de un engranaje interno, s&oacute;lo de un dispositivo que nos traslade a ese espacio, somos capaces de volcar nuestra condici&oacute;n de humanos de un modo artificial (tiene algo de rom&aacute;ntico, a&uacute;n, que uno de los accesos m&aacute;s extendidos sea identific&aacute;ndonos mediante nuestra huella dactilar). A trav&eacute;s de nuestros distintos perfiles virtuales consentimos una transferencia de datos y damos forma a una comunidad a la que los medios y los servicios se han adaptado, siendo los c&oacute;digos que operan en cada plataforma los que mandan. De hecho, el propio entorno termina por generar la soluci&oacute;n que m&aacute;s se le adapta, absorbiendo cualquier residuo material o humano, como poner fin al dinero en efectivo o crear <em>influencers</em> virtuales. &Eacute;stos &uacute;ltimos producen sin ocasionar los gastos de uno de carne y hueso, sirven 24/7 y hasta llegan a originar m&aacute;s ingresos a aquellas celebridades que hayan cedido sus derechos de imagen para ser explotados, por ejemplo, en formato <em>chatbot</em>. 
    </p><p class="article-text">
        El impacto laboral que ha supuesto la automatizaci&oacute;n de la producci&oacute;n en aras del progreso no es nada nuevo, pero el margen que explota el contenido generado por inteligencia artificial s&iacute;, de ah&iacute; la necesidad de su regulaci&oacute;n. La Ley de IA de la Uni&oacute;n Europea, la primera normativa sobre este asunto en el mundo, marca las pautas para que sus avances no entren en colisi&oacute;n con nuestros derechos, con nuestra seguridad, estableciendo una clasificaci&oacute;n por niveles de riesgo. Recoge, entre otras cuestiones, que los usuarios deben ser conscientes de cu&aacute;ndo est&aacute;n interactuando con la IA, que &eacute;sta no debe incurrir en la manipulaci&oacute;n cognitiva del comportamiento de las personas y grupos vulnerables espec&iacute;ficos o que el sistema dise&ntilde;ado no genere contenidos ilegales. A Aitana Lopez<strong> </strong>(@fit_aitana) una modelo virtual dise&ntilde;ada por The Clueless bastante conocida en redes sociales, quiso ficharla una plataforma pornogr&aacute;fica. Sus creadores se negaron, pero no han rechazado que<em> </em>suba contenido exclusivo<em> </em>a<em> fanvue, </em>un canal similar a <em>Onlyfans</em>. Como sus representantes, decidieron que por la &ldquo;personalidad&rdquo; de Aitana, &ldquo;una mujer desinhibida, poderosa y segura de s&iacute; misma&rdquo; su perfil encajaba en este registro. Suele ser imagen de ropa de ba&ntilde;o, deportiva o lencer&iacute;a y seg&uacute;n sus publicaciones en <em>instagram</em> ha colaborado con marcas como Nike o Calcedonia.
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os quedan para que <em>Metr&oacute;polis</em>, esa urbe proyectada por el expresionismo alem&aacute;n de la mano de Fritz Lang hace noventa y siete a&ntilde;os, sea testigo de una historia en la que un poderoso ordena crear un robot que sea igual que Mar&iacute;a, una agitadora pac&iacute;fica que predica la igualdad de clases y de la que se enamora su hijo. La motivaci&oacute;n es que el robot la suplante tras secuestrarla, con el fin de alterar su discurso revolucionario us&aacute;ndolo a su favor para reprimir la sublevaci&oacute;n obrera. Hoy lo har&iacute;a para que no dej&aacute;ramos de consumir, sea cual sea el producto, sea quien sea el producto. De esta manera, acabamos postr&aacute;ndonos ante toda una maquinaria en la que el deseo, que nos han generado y nos permiten satisfacer, se impone a la carencia. De lo contrario nos sentimos vac&iacute;os y obsoletos. Se dice que Descartes mand&oacute; crear una mu&ntilde;eca rob&oacute;tica que replicara a su hija Francine, fallecida a los cinco a&ntilde;os, para aliviar el tormento de su ausencia, un dolor compartido por Jang Ji-sung, una madre coreana que recurri&oacute; a la realidad virtual para reunirse con su hija y as&iacute; intentar superar el trauma de su muerte. Hoffmann nos cont&oacute; c&oacute;mo Nathanael se enamor&oacute; de la aut&oacute;mata Olympia en <em>El hombre de Arena</em> y Jonze dirigi&oacute; el romance entre Theodore y una asistente virtual con la voz de Scarlett Johansson en <em>HER</em>. Mi amor por el robot Emilio fue m&aacute;s bien plat&oacute;nico. 
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; demostr&aacute;ramos que no somos robots de una manera tan sencilla como es completar un <em>captcha </em>a la primera. Ver las casillas con atenci&oacute;n, seleccionarlas con agilidad y confirmar la humanidad. Quiz&aacute;s esa sea la clave que nos permita sobrevivir cuando los robots se encarguen de todo. Porque cuanto m&aacute;s se humanizan las m&aacute;quinas, m&aacute;s nos robotizamos los humanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena González González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/confirma-humanidad_132_10817376.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jan 2024 20:49:54 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Fieles a la dignidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/fieles-dignidad_132_10755516.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/17dc5e08-69c2-4a61-8862-265071c9d771_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fieles a la dignidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy, con la resaca del puente de la constitución, nos cuesta recordar que ni José María Torrijos ni Mariana Pineda traicionaron sus principios, que encarnan la injusticia de un sistema verdaderamente déspota</p></div><p class="article-text">
        Fue un 11 de diciembre, el de 1831, cuando el general Jose Mar&iacute;a Torrijos, h&eacute;roe rom&aacute;ntico donde los haya, escribi&oacute; una &uacute;ltima carta a su &ldquo;amad&iacute;sima&rdquo; esposa Luisa, horas antes de ser fusilado. En ella deja constancia de los valores que definen a su figura, tales como la valent&iacute;a y el honor, trat&aacute;ndose de todo un ejercicio de aceptaci&oacute;n del peor de los designios, al que se entrega pidiendo mandar &eacute;l mismo el fuego a la escolta. La misiva fue adquirida por el Congreso de los Diputados, donde se conserva, poco antes de encargarse el monumental cuadro que reproduce el tr&aacute;gico suceso, exhibido en el Prado. Se trata de una despedida puesta al servicio de la construcci&oacute;n de la naci&oacute;n espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        El mencionado cuadro impresiona por sus dimensiones y emociona por la crudeza de la escena, para los restos &eacute;pica, cuyo impacto traspasa la mirada y estremece el alma. Los sentimientos expresados en cada uno de los rostros de aquellos a los que van a ejecutar muestran la reacci&oacute;n ante la certeza del inminente final, la resignaci&oacute;n ante la injusticia. Parafraseando a nuestro protagonista, &ldquo;quisieron ser v&iacute;ctimas por salvar a los dem&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La obra, tal y como la encuadr&oacute; el museo por su bicentenario el pasado 2019, tiene la consideraci&oacute;n de ser <em>una pintura para una naci&oacute;n</em>. Ya no s&oacute;lo por lo que representa, sino porque se trata de la &uacute;nica pintura de historia encargada por el Estado (entonces en turno de Sagasta, bajo la regencia de Mar&iacute;a Cristina de Habsburgo-Lorena) con destino a la pinacoteca. La pieza encomendada deb&iacute;a inmortalizar a la patria desde la perspectiva de la defensa de las libertades y su autor, Antonio Gisbert, tuvo claro que la emboscada al l&iacute;der de los liberales exiliados en la playa malague&ntilde;a lo simbolizaba a la perfecci&oacute;n. El grupo, pertenecientes a la llamada facci&oacute;n liberal exaltada durante el Trienio Liberal (distanciada de la moderada, liderada por Espoz y Mina), hab&iacute;a sido apresado por &ldquo;delito de traici&oacute;n y conspiraci&oacute;n contra los sagrados derechos de S.M el Rey Fernando VII&rdquo;, siendo fusilados sin juicio previo. Gisbert, que hab&iacute;a asumido la direcci&oacute;n del Prado a&ntilde;os atr&aacute;s, coincidiendo con el momento en que se nacionalizaron las colecciones reales tras el destronamiento de Isabel II, fue designado por Real Decreto para el cometido. La pintura se engendr&oacute; con la pretensi&oacute;n de convertirse en un s&iacute;mbolo para el conjunto de los espa&ntilde;oles.
    </p><p class="article-text">
        No por nada el expresidente Pedro Gonz&aacute;lez-Trevijano eligi&oacute; este lienzo para abordar uno de los art&iacute;culos de nuestra Carta Magna, el 10.1, para la iniciativa <em>Los derechos constitucionales. Un paseo por el Prado</em> con la que se celebraban los 40 a&ntilde;os del Tribunal Constitucional. La colaboraci&oacute;n entre el organismo y la instituci&oacute;n muse&iacute;stica dio como resultado la selecci&oacute;n de veinticinco cuadros cuyas lecturas serv&iacute;an a los magistrados del Constitucional de entonces para reinterpretar nuestros derechos en clave art&iacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, Trevijano alude a la dignidad de la persona arguyendo que los rostros de los retratados &laquo;emanan integridad y honestidad desde la neutralidad y la contenci&oacute;n&raquo;, trat&aacute;ndose &eacute;sta, la dignidad, de &laquo;un principio rector inviolable que tutela un m&iacute;nimum invulnerable: la autodeterminaci&oacute;n responsable de la propia vida y el paralelo respeto de los dem&aacute;s&raquo;. Por otro lado, la obra supone una apuesta por los valores de la Constituci&oacute;n de 1812, esa que Torrijos defendi&oacute; y el rey fel&oacute;n derog&oacute;, la cual hab&iacute;a incorporado la soberan&iacute;a nacional y la separaci&oacute;n de poderes, adem&aacute;s de recoger varios derechos fundamentales. Este grito de libertad ante la tiran&iacute;a es extrapolable a la respuesta del pueblo espa&ntilde;ol a las intenciones invasoras de Napole&oacute;n, ya que <em>La Pepa</em> fue aprobada en el transcurso de la Guerra de la Independencia. &ldquo;&iexcl;Gisbert se sent&iacute;a, como Delacroix (autor de <em>La libertad guiando al pueblo</em>), el abanderado de un tiempo mejor!&rdquo;, contin&uacute;a el exmagistrado en su comentario. La similitud, de hecho, es bastante acertada, ya que el concepto de libertad en ambas se concibe como una lucha de tintes nacionalistas.
    </p><p class="article-text">
        Coet&aacute;nea a nuestro Jos&eacute; Mar&iacute;a &ndash;personificaci&oacute;n de liderazgo, debate y valores constitucionales que cuenta con c&aacute;tedra propia, impulsada por C&aacute;novas Fundaci&oacute;n y la Universidad de M&aacute;laga&ndash; es Mariana Pineda, fusilada unos meses antes. Otro destacado personaje liberal de la D&eacute;cada Ominosa, que por su parte cuenta con un premio a la igualdad entre mujeres y hombres concedido por el ayuntamiento de Granada. La hero&iacute;na granadina, que asimismo simboliza la lucha liberal constitucionalista de este episodio hist&oacute;rico, fue condenada a morir por garrote vil tras un arresto domiciliario, al encontrarse durante el registro de su casa una supuesta bandera revolucionaria a medio bordar. Sus conexiones con la causa antiabsolutista eran sonadas y por entonces las autoridades tem&iacute;an un levantamiento en Andaluc&iacute;a, motivo por el que se le acus&oacute; de formar parte de la conspiraci&oacute;n que iba tomando forma con movimientos como la llegada de Torrijos a Gibraltar.
    </p><p class="article-text">
        A Pineda se le hab&iacute;a autorizado un indulto si delataba a los compa&ntilde;eros que preparaban el pronunciamiento, pero ella respondi&oacute;: &ldquo;Nunca una palabra indiscreta escapar&aacute; de mis labios para comprometer a nadie. Me sobra firmeza de &aacute;nimo para arrostrar el trance final. Prefiero sin vacilar una muerte gloriosa a cubrirme de oprobio delatando a persona viviente&rdquo;. Se dice que, al vestirla como a los ajusticiados, se neg&oacute; a que le quitasen las ligas para no &ldquo;ir al pat&iacute;bulo con las medias ca&iacute;das&rdquo;. Volvemos al art&iacute;culo 10. <em>Dignidad, siempre dignidad</em>. De nuevo, no por nada, tambi&eacute;n, el cuadro <em>Mariana Pineda en capilla antes de ser llevada al cadalso</em> de Juan Antonio de Vera Calvo convive bajo el mismo techo que la &uacute;ltima carta escrita por Torrijos, el Palacio del Congreso de los Diputados.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, con la resaca del puente de la constituci&oacute;n, nos cuesta recordar que ni Torrijos ni Pineda traicionaron sus principios, que encarnan la injusticia de un sistema verdaderamente d&eacute;spota. M&aacute;rtires por cuyos ideales acaban reconvertidos en h&eacute;roes c&iacute;vicos, que sirviendo a la construcci&oacute;n del relato de la idea que tenemos por naci&oacute;n, terminan por abrazar la gloria. Por ser fieles a la dignidad, &ldquo;nuestro valor jur&iacute;dico fundamental, nuestro referente moral m&aacute;s preciado&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena González González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/fieles-dignidad_132_10755516.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Dec 2023 20:58:23 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Las estructuras cambian, las esencias permanecen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/estructuras-cambian-esencias-permanecen_129_10172733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad953a29-e502-466c-94a2-5555d073c5e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las estructuras cambian, las esencias permanecen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuestionando el presente: desde la querella entre antiguos y modernos del siglo XVII a la actual cultura woke</p></div><p class="article-text">
        El escritor de los <em><strong>Cuentos de Mam&aacute; Oca</strong></em>, <strong>Charles Perrault</strong>, revolucionar&iacute;a al mundo cuando en 1687 ley&oacute; ante la Academia Francesa su poema <em><strong>El siglo de Luis el Grande</strong></em>, el detonador del conocido <strong>debate (o querella) entre los antiguos y los modernos</strong>. Con &eacute;l subray&oacute; la superioridad de la creaci&oacute;n literaria de la Francia de su &eacute;poca &ndash;bajo la sombra del Rey Sol&ndash; en comparaci&oacute;n con los grandes de la Antig&uuml;edad griega y romana, lo que gener&oacute; una reacci&oacute;n de otro acad&eacute;mico, <strong>Nicolas Boileau</strong>, que abander&oacute; la defensa de los cl&aacute;sicos. Lo que hizo Perrault, obnubilado por un tiempo -el presente- que se suced&iacute;a bajo una forma &ndash;la monarqu&iacute;a absoluta&ndash;, fue romper la lanza a favor de la modernidad. Una modernidad que obedec&iacute;a a unos intereses del momento, como todas las modernidades.
    </p><p class="article-text">
        La disputa se extendi&oacute; a m&aacute;s campos como el arte y la ciencia y ya es un t&oacute;pico con el que medir cualquier choque cultural. En sentido estricto, al abogar por la modernidad se puede caer en el desprestigio de la antig&uuml;edad (a la que se cree superada) abocando a la sociedad a depender de una soberan&iacute;a moderna, que deviene en menos libre por su restricci&oacute;n del pasado. As&iacute;, lo moderno puede llegar a convertirse en conservadurismo camuflado. Ocurre lo mismo a la inversa: mantener a los antiguos en el pedestal y perpetuar esta constante en el presente, alimenta el mito de S&iacute;sifo de cualquiera que se atreva a derribarlos, poniendo en evidencia al avance y hasta ridiculizando a lo que ahora se viste de novedad, renegando de ella. Nuestro presente cuenta con numerosas v&iacute;ctimas de esta dicotom&iacute;a, desde la elecci&oacute;n de <em><strong>Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles</strong></em> (1975) de <strong>Chantal Akerman</strong> como mejor pel&iacute;cula de la historia seg&uacute;n la &uacute;ltima lista de <em>Sight and Sound, </em>desbancando a <em><strong>V&eacute;rtigo</strong></em> (<strong>Alfred Hitchcock</strong>, 1958), a la reciente incorporaci&oacute;n de la primera canci&oacute;n de reggaet&oacute;n, el hit <em><strong>Gasolina</strong></em> (2004) de <strong>Daddy Yankee</strong>, en el archivo sonoro de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, por su valor cultural e hist&oacute;rico. Pol&eacute;micas que lo son porque cuestionan los cimientos de la estructura heredada, haciendo de menos al peso de la cuesti&oacute;n: el criterio que eval&uacute;a es del siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        El calado social es mayor cuando hablamos de revisionismos, cuando nos topamos con el <strong>movimiento</strong> <em><strong>woke, </strong></em>cuyo marco te&oacute;rico es importado de la cultura norteamericana y viene a hacer un llamamiento al estar &laquo;despiertos&raquo; y ser conscientes de las injusticias sociales &ndash;las que nos rodean y las que se perpetraron&ndash; poniendo en el centro al valor de la empat&iacute;a con la v&iacute;ctima hist&oacute;ricamente encuadrada en los m&aacute;rgenes, siendo los grados de opresi&oacute;n la raza, el g&eacute;nero y la clase. Su desarrollo pasa por convertirse en una cultura que se mueve entre la realidad social y la moda ideol&oacute;gica, como apunta&nbsp;<strong>David Mej&iacute;a</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Casos como el de reescribir a autores de otra &eacute;poca, como <strong>Roald Dahl </strong>&ndash;el autor de <em><strong>Matilda</strong></em><strong> </strong>o<strong> </strong><em><strong>Charlie y la F&aacute;brica de chocolate</strong></em>&ndash; son de lo m&aacute;s sintom&aacute;tico de esta polarizaci&oacute;n. Eliminar el lenguaje que pueda resultar ofensivo para acondicionarlo al canon de una audiencia sensible no es la mejor medida para adaptar una lectura a los tiempos actuales. Es correcci&oacute;n pol&iacute;tica. Como lo que precisamente vino a hacer Perrault, el l&iacute;der de los modernos, con su <em><strong>Caperucita Roja</strong></em>, su <em><strong>Bella Durmiente</strong></em> o su <em><strong>Gato con Botas</strong></em><em>;</em> cuentos cuya versi&oacute;n es la que ha llegado hasta nuestros d&iacute;as, sin ser &eacute;l el creador original de los mismos pero sin cuya transmisi&oacute;n hoy no hubieran formado parte del acervo cultural infantil. Charles adapt&oacute; una serie de relatos del folclore europeo -que hasta entonces perviv&iacute;an en su mayor&iacute;a a trav&eacute;s de la tradici&oacute;n oral- al gusto del momento, suprimiendo los elementos m&aacute;s escabrosos (las historias originales distan mucho de ser cuentos para ni&ntilde;os y ni&ntilde;as) y a&ntilde;adiendo una moraleja al final, alterando su car&aacute;cter simb&oacute;lico, aport&aacute;ndoles una carga moral.
    </p><p class="article-text">
        Continuando con la estela de los cuentos de hadas, producciones como la de <em><strong>La Sirenita </strong></em>de <strong>Rob Marshall </strong>(cuyo estreno en breve es una adaptaci&oacute;n con un elenco real de la hom&oacute;nima pel&iacute;cula animada de <strong>Disney</strong> de 1989, que a su vez se inspira en el cuento de <strong>Hans Christian Andersen</strong> de 1837) o la de <em><strong>Peter Pan y Wendy </strong></em>dirigida por <strong>David Lowery</strong> (ya disponible en <strong>Disney+</strong>) han levantado pol&eacute;mica porque las actrices que interpretan a <strong>Ariel</strong> y a <strong>Campanilla</strong> respectivamente, son afroamericanas. Entre las varias cuestiones que esto plantea, la que sobresale es &iquest;por qu&eacute; se iba a tener en cuenta el color de la piel como sesgo en el <em>casting?</em> y, en relaci&oacute;n directa con esto<em> </em>&iquest;acaso el triunfo del talento individual pasa por tener que visibilizar una causa de grupo cuando no se es aquello de &laquo;normativo&raquo;? Que lo hace por extensi&oacute;n, s&iacute;, que se ponga como presupuesto, no deber&iacute;a.<em> </em>Del mismo modo que unos dulcificaron historias y leyendas para enfocarlas al p&uacute;blico infantil, otros desmontan estereotipos para contribuir a la universalidad de los relatos. Unos y otros sirvi&eacute;ndose de las herramientas que en el momento les permiten hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Por contra, cuando la cuesti&oacute;n racial a la hora de interpretar personajes reales prima sobre el relato hist&oacute;rico, aparentemente de forma deliberada, estar&iacute;a tir&aacute;ndose de <em><strong>wokismo</strong></em>. En este sentido, la <strong>Ana Bolena</strong> de <strong>HBO Max</strong> o la <strong>Cleopatra</strong> de <strong>Netflix</strong> llegan a distorsionar la Historia al mismo nivel que <strong>Elisabeth Taylor</strong> como la reina del Antiguo Egipto o <strong>John Wayne</strong> haciendo de <strong>Gengis Khan</strong>. La propia Historia limita el cariz interpretativo de actores y actrices que no son de etnia cauc&aacute;sica, reduciendo sus papeles hist&oacute;ricos a, por ejemplo, la esclavitud, cosa que no ha ocurrido a la inversa. Basta traer a colaci&oacute;n al actor de origen ruso <strong>Yul Brynner</strong>, que se meti&oacute; en la piel de <strong>Rams&eacute;s II</strong>, <strong>Pancho Villa</strong> o <strong>Mongkut</strong>, el rey de Siam de <em><strong>El Rey y yo</strong></em> (Walter Lang, 1956) por el que gan&oacute; el &Oacute;scar a mejor actor. Esta pel&iacute;cula, como su <em>remake</em> <em><strong>Ana y el rey</strong></em> (Andy Tennant, 1999), fueron por cierto prohibidas en Tailandia por su visi&oacute;n distorsionada de la historia y sociedad del pa&iacute;s, as&iacute; como del monarca. Es justo preguntarse, por tanto, &iquest;desde cu&aacute;ndo la industria audiovisual y el p&uacute;blico nos hemos vuelto tan puristas con la Historia?
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a <strong>Elisabeth Duval</strong> en la mesa redonda de &ldquo;Wokism, emotivismo hipertrofiado y nuevos abolicionismos&rdquo; del VI Congreso de Pensamiento Interdisciplinar: &ldquo;Utop&iacute;as, distop&iacute;as y otras nostalgias&rdquo; que la idea de que lo <em>woke</em> quiera acabar con los fundamentos de la sociedad grecolatina judeocristiana sirve como ficci&oacute;n pol&iacute;tica. &ldquo;Todas las visiones del mundo o todas las ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas quieren hacer alg&uacute;n tipo de cambio en la realidad que har&iacute;an que pudieran considerarse como alternativas civilizacionales, si lo que definimos como una alternativa civilizacional es simplemente un cambio en la moral o en los valores que se tienen, en las instituciones, etc.&rdquo; y prosigue: &ldquo;m&aacute;s all&aacute; de una visi&oacute;n que solamente quisiera, o retrotraerse al pasado o bien estrictamente conservar lo presente, es hacerlo sin establecer ning&uacute;n cambio pol&iacute;tico&rdquo;. Una l&iacute;nea que da forma a esta idea es en la que trabajaba el <strong>Equipo Cr&oacute;nica</strong>,<strong> </strong>un grupo de artistas surgido en Valencia en 1964 que alter&oacute; el panorama art&iacute;stico espa&ntilde;ol de la &uacute;ltima etapa del franquismo y la transici&oacute;n hacia la democracia con sus provocadoras propuestas, con las que criticaban al sistema, a la emergente sociedad de consumo y al individuo insertado en la masa. Apoy&aacute;ndose en conocidas pinturas de la Historia del Arte espa&ntilde;ol, daban forma a anacronismos bien presentes, en respuesta a la instrumentalizaci&oacute;n de artistas como Vel&aacute;zquez o El Greco, para dotar de un nuevo significado al relato institucional, situ&aacute;ndonos de nuevo en la mencionada querella de 1687.
    </p><p class="article-text">
        Mirando hacia el futuro, hace unos d&iacute;as la jornada inaugural de <strong>Cultura23, </strong>organizado por <strong>Radio 3</strong> en el Claustro de los Jer&oacute;nimos del <strong>Museo del Prado</strong>, precisamente centr&oacute; el debate en &ldquo;<strong>el futuro de la cultura</strong>&rdquo;, trat&aacute;ndose aspectos que volv&iacute;an a anteponer a los antiguos y a los modernos, como por ejemplo la interacci&oacute;n con la <strong>Inteligencia Artificial</strong>, si hay que percibirla como aliada o como amenaza. En palabras del director del museo de acogida, <strong>Miquel Falomir</strong>: &ldquo;Hubo un momento en el que en el siglo XIX se pensaba que la fotograf&iacute;a iba a acabar con la pintura y no lo hizo, los <strong>NFTs</strong> hace unos a&ntilde;os parec&iacute;a que iban a comerse el mundo y hoy pr&aacute;cticamente han desaparecido [&hellip;] de momento, las m&aacute;quinas no sienten, creo que ese es nuestro gran activo. A lo mejor eso lleva a una desintelectualizaci&oacute;n del arte, que no tiene por qu&eacute; ser tan negativa&rdquo; y a&ntilde;ade &ldquo;La IA presentar&aacute; unos retos formidables y yo quiero pensar que la capacidad creativa del hombre ser&aacute; capaz de encontrar una serie de canales que todav&iacute;a le seguir&aacute;n siendo propios... &iexcl;de momento!&rdquo;. Por lo pronto, una fotograf&iacute;a generada por IA ha enga&ntilde;ado al ojo humano del jurado que la dio como ganadora de una de las categor&iacute;as del certamen <strong>Sony World Photography Award 2023</strong>. Su autor, <strong>Boris Eldagsen</strong>, rechaz&oacute; el premio, pues s&oacute;lo quer&iacute;a comprobar si, en efecto, la imagen pod&iacute;a colar como propia, poniendo el debate sobre la mesa.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que quedarse en un bando u otro produce met&aacute;stasis. Como conclusi&oacute;n, una realidad: la tendencia a dar m&aacute;s valor a nuestros predecesores se basa en la apreciaci&oacute;n de los cambios y mejoras que los que por aqu&iacute; pasaron hicieron antes que los que aqu&iacute; estamos, de cuyos avances e innovaciones partimos para continuar el ciclo. De ah&iacute; viene la met&aacute;fora &ldquo;<strong>a hombros de gigantes</strong>&rdquo;<strong> </strong>que ilustra la idea de que el progreso se apoya en los principios heredados, siendo conocido el ejemplo de su uso por <strong>Isaac Newton</strong> en una carta a su rival Robert Hooke, al que le admiti&oacute; que hab&iacute;a llegado a sus conclusiones sobre las propiedades de la luz gracias al trabajo realizado previamente por <strong>Descartes</strong>: &ldquo;Si he visto m&aacute;s lejos, es poni&eacute;ndome sobre los hombros de Gigantes&rdquo;. El reto es continuar la senda en un mundo netamente occidentalizado a golpe de globalizaci&oacute;n, porque las estructuras cambian, pero las esencias permanecen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena González González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/estructuras-cambian-esencias-permanecen_129_10172733.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 May 2023 17:37:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las estructuras cambian, las esencias permanecen]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La otra cara de la moneda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/cara-moneda_1_10046152.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8657699a-a04a-43ae-894e-6a9f67aa8032_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La otra cara de la moneda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De cómo los Estados eligen a sus referentes femeninos para ponerles el cuño conmemorativo: de mártires a divas</p></div><p class="article-text">
        Cuenta la leyenda que Candaulo, rey de Lidia, estaba casado con la mujer m&aacute;s bella del mundo y sufr&iacute;a de melancol&iacute;a porque nadie le envidiaba. La raz&oacute;n era una ley que condenaba a muerte a todo aquel que pusiera sus ojos sobre una reina desnuda, de manera que solo &eacute;l sab&iacute;a de su total belleza. Su desesperaci&oacute;n lleg&oacute; a ser tal, que le rog&oacute; a su edec&aacute;n, de nombre Giges, que se ocultara tras los cortinajes del ba&ntilde;o para contemplarla desvestida, haci&eacute;ndole saber que la suya era la mujer m&aacute;s hermosa que hab&iacute;a visto nunca. Giges, que al principio se resisti&oacute;, tuvo que ceder.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la reina deja caer sus ropas, Giges se asombra de tal manera que revela su posici&oacute;n. Ella le descubre y, tras conocer el motivo de su presencia, suelta: &laquo;un hombre que precisa acudir a sus inferiores para conocer el valor de lo que posee, no merece ser rey. Empu&ntilde;a tu daga e h&iacute;ncasela a mi marido entre las esc&aacute;pulas&raquo;. Y a&ntilde;adi&oacute;: &laquo;siendo as&iacute; que nadie debe verme desnuda m&aacute;s que el rey, t&uacute; ser&aacute;s el pr&oacute;ximo rey de Lidia&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Giges no s&oacute;lo est&aacute; obligado a matar a su rey, tambi&eacute;n debe, por defecto, considerar a la reina como la mujer m&aacute;s bella del mundo. Y ya no es libre: est&aacute; condenado a valorar. Dice F&eacute;lix de Az&uacute;a, al respecto de esta historia en su art&iacute;culo &laquo;La reina de Lidia y los m&aacute;s grandes escritores del siglo&raquo; (<em>El Pa&iacute;s,</em> 1986): &laquo;s&oacute;lo es capaz de dar valor a aquello que carece de todo valor una potencia invisible, oculta y secreta. El valor que emana de esa fuerza invisible es respetado porque es inalcanzable e incognoscible. Este suceso tiene lugar en sociedades complejas, con burocracia pagada en moneda y una c&uacute;spide abstracta e imponente, condiciones que se daban en la Lidia del siglo VII a. C.&raquo;. Es precisamente entonces, y all&iacute;, donde se acu&ntilde;a la primera moneda de la historia.
    </p><p class="article-text">
        El pasado enero, el Banco de la Rep&uacute;blica de Colombia emiti&oacute; una moneda conmemorativa dedicada a la hero&iacute;na de la Independencia del pa&iacute;s, <strong>Policarpa Salavarrieta</strong> &ndash;m&aacute;s conocida como &laquo;La Pola&raquo;&ndash; en conmemoraci&oacute;n del bicentenario de su sacrificio. Su puesta a disposici&oacute;n de los ciudadanos en distintas sucursales provoc&oacute; un furor desmedido que dio como resultado largas colas para hacerse con una de estas 20.000 monedas acu&ntilde;adas en 2019. Se trata de una moneda de curso legal, por lo que puede ser usada para realizar una transacci&oacute;n monetaria por el equivalente de su valor facial: 10.000 pesos (alrededor de 2 euros). Sin embargo, el mismo d&iacute;a en que se puso en circulaci&oacute;n alcanz&oacute; veinte veces su valor nominal en Internet. El pueblo sab&iacute;a de la significancia de esa moneda. Fue la marabunta la que determin&oacute; su verdadero valor.
    </p><p class="article-text">
        Los pa&iacute;ses miembros de la Eurozona, por su parte, pueden acu&ntilde;ar hasta dos monedas conmemorativas o de celebraci&oacute;n al a&ntilde;o, siendo las de 2 euros las destinadas a esta causa, cuyas tiradas, limitadas, tambi&eacute;n son de curso legal. As&iacute;, podemos encontrar que por ejemplo Finlandia le dedic&oacute; una a <strong>Tove Jansson</strong> en 2014, Francia a <strong>Simone Veil</strong> en 2018, Italia a <strong>Maria Montessori</strong> en 2020 o la Ciudad del Vaticano a <strong>Madre Teresa de Calcuta</strong> en 2022. De las pocas monedas, si no las &uacute;nicas, dedicadas a referentes femeninos, si obviamos las de mujeres pertenecientes a la realeza o las que de forma global conmemoran el D&iacute;a de la Mujer o el aniversario del sufragio femenino. Este a&ntilde;o Grecia dedicar&aacute; una a <strong>Maria Callas</strong> por el centenario de su nacimiento e Italia a <strong>Raffaella Carr&aacute;</strong> coincidiendo con el segundo aniversario de su muerte. Espa&ntilde;a bien podr&iacute;a dedicar una a, por ejemplo, <strong>Lola Flores</strong>, ya que comparte con la soprano de ascendencia griega la celebraci&oacute;n del que ser&iacute;a su cent&eacute;simo cumplea&ntilde;os. Pero no. Espa&ntilde;a hace alarde de sus &ndash;ya reconocidos&ndash; sitios declarados Patrimonio Mundial de la UNESCO.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, existe la categor&iacute;a de moneda de coleccionista. Con motivo del <strong>8M</strong>, la <strong>F&aacute;brica Nacional de Moneda y Timbre - Real Casa de la Moneda</strong> (FNMT) ha emitido este 2023 una moneda conmemorativa que rinde homenaje a <strong>Mar&iacute;a de Maeztu</strong>, quien impuls&oacute; la educaci&oacute;n universitaria para mujeres en Espa&ntilde;a con la creaci&oacute;n de la Residencia de Se&ntilde;oritas, de la que fue fundadora y directora. Esta moneda pertenece a una serie vinculada al <strong>D&iacute;a Internacional de la Mujer</strong> que comenz&oacute; en 2021 con <strong>Emilia Pardo Baz&aacute;n </strong>y fue seguida en 2022 por<strong> Clara Campoamor</strong>, cuyo valor facial es de 10 euros y el precio de venta al p&uacute;blico, de 60 m&aacute;s IVA. Un impulso insuficiente que no responde a que monedas con la imagen de mujeres que son relevantes para el conjunto de la naci&oacute;n espa&ntilde;ola circulen por nuestros monederos. Es decir, al no pasar de mano en mano, se resta su valor. O, dicho de otro modo: no por ser piezas de coleccionista se las aprecia m&aacute;s (a Mar&iacute;a, a Emilia, a Clara).
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la paradoja del valor de Adam Smith, mencionada en su obra <em>La riqueza de las naciones</em> (1776), que se preguntaba aquello de qu&eacute; es m&aacute;s valioso, si el agua o el diamante, nos topamos con el factor de utilidad, teniendo en cuenta la escasez, la abundancia y el uso. A nivel de precio, el diamante es m&aacute;s caro que el agua, si bien el agua es vital para la supervivencia. A nivel de uso, el diamante no es imprescindible en comparaci&oacute;n con el agua, su utilidad satisface un deseo, no una necesidad; es un s&iacute;mbolo de distinci&oacute;n y ostentaci&oacute;n que multiplica su precio en el mercado contemplando variables como su escasez o su manipulaci&oacute;n (talla). El agua, en cambio, es asequible y, de momento, un recurso abundante. Tiene sentido deducir, sin embargo, que el agua es m&aacute;s valiosa que el diamante, aun cuando el precio de &eacute;ste es infinitamente mayor al de aqu&eacute;lla, aun cuando la piedra preciosa escasea y el agua abunda. Trasladando esta l&oacute;gica al campo de la numism&aacute;tica que nos ocupa, el precio de la moneda de &laquo;La Pola&raquo; no determina su valor de la misma manera que el precio de la moneda de Mar&iacute;a de Maeztu s&iacute; determina su valor de uso.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, cabe destacar la iniciativa estadounidense &laquo;<strong>American Women Quarters</strong>&raquo;, un programa de monedas de 25 centavos que durante cuatro a&ntilde;os (desde 2022 hasta 2025) homenajea los logros y contribuciones de varias mujeres al desarrollo y la historia de Estados Unidos en diversos campos, con cinco dise&ntilde;os por a&ntilde;o. &laquo;Al honrar a estas pioneras, la Casa de la Moneda de EE. UU. contin&uacute;a conectando a todo el pa&iacute;s a trav&eacute;s de las monedas que son como peque&ntilde;as obras de arte que cargamos en nuestros bolsillos&raquo;, expres&oacute; Ventris C. Gibson, directora de la instituci&oacute;n. De esta manera, los dise&ntilde;os del a&ntilde;o pasado reconoc&iacute;an a <strong>Maya Angelou</strong>, <strong>Dr. Sally Ride</strong>, <strong>Wilma Mankiller</strong>, <strong>Nina Otero-Warren</strong> y <strong>Anna May Wong</strong>. Este a&ntilde;o estar&aacute;n en curso rostros como el de <strong>Bessie Coleman</strong> o <strong>Eleanor Roosevelt</strong> y, para el 2024, el de <strong>Celia Cruz</strong>. Adem&aacute;s, el anverso de estas monedas muestra el dise&ntilde;o que la escultora <strong>Laura Gardin Fraser</strong> hizo de la imagen de George Washington en 1931 para el concurso que conmemoraba el 200&ordm; aniversario del nacimiento del presidente, el cual, a pesar de ser el favorito, fue finalmente desbancado por el dise&ntilde;o de John Flanagan. Antes de formar parte de esta iniciativa con la que poner en el foco su obra, se rindi&oacute; tributo al dise&ntilde;o de Laura en 1999, que fue acu&ntilde;ado como una pieza de oro conmemorativa de cinco d&oacute;lares.
    </p><p class="article-text">
        De igual modo, podemos hacer alusi&oacute;n a la colecci&oacute;n del Banco Central de Reserva de Per&uacute; &laquo;<strong>La Mujer en el Proceso de Independencia del Per&uacute;</strong>&raquo;, la cual comenz&oacute; a circular a finales del 2020 con una serie de tres soles dedicados a las <strong>Hero&iacute;nas Toledo</strong>, <strong>Br&iacute;gida Silva de Ochoa</strong> y <strong>Mar&iacute;a Parado de Bellido</strong>, a modo de tributo a la imagen e historia de las mujeres peruanas que lucharon para lograr la independencia del pa&iacute;s, defendiendo hasta la muerte el proceso de emancipaci&oacute;n. Al respecto, es sintom&aacute;tica la elecci&oacute;n que cada Estado hace de sus referentes femeninos a la hora de ponerles el cu&ntilde;o conmemorativo. Unos destacan a sus m&aacute;rtires, a la heroicidad patri&oacute;tica; otros la lucha por la consecuci&oacute;n de derechos en clave racial y de g&eacute;nero; tambi&eacute;n los logros en materias entonces reservadas al hombre, como el &aacute;mbito cient&iacute;fico; su calado en el tejido humanitario-social o la impronta en el &aacute;mbito cultural. Mujeres de las que, como [inserte aqu&iacute; su nacionalidad], nos sentimos orgullosos, porque su impacto revierte positivamente en nuestra sociedad y en nuestra cultura, a nivel local y global.
    </p><p class="article-text">
        Mujeres de las que nos enorgullecemos por el hecho de ser mujeres que, por m&eacute;ritos propios, llegaron a gobernar un espacio o marcaron un precedente, cuestionando y enfrent&aacute;ndose al <em>status quo</em>. Como hoy d&iacute;a puede ser ocupar puestos de responsabilidad, sin ir m&aacute;s lejos como el de la citada <strong>Ventris C. Gibson</strong>, primera afroamericana en dirigir la Casa de la Moneda de Estados Unidos, o como <strong>Christine Lagarde</strong>, primera mujer en dirigir el Fondo Monetario Internacional (cargo que ahora ostenta otra mujer, <strong>Kristalina Gueorguieva</strong>) y actual presidenta del Banco Central Europeo. No es &ndash;al menos no ya&ndash; una cuesti&oacute;n de demostrar que pueden estar ah&iacute; como lo puede estar cualquier persona, faltar&iacute;a m&aacute;s que a&uacute;n se dude de ello. Es una cuesti&oacute;n de normalizarlo sin tener que evidenciarlo, porque es una opci&oacute;n m&aacute;s a la que pueden aspirar si as&iacute; lo desean. Ya nadie se cuestiona que una mujer pueda votar, por ejemplo. De ah&iacute; que visibilizar el recorrido que la mujer ha tenido que sortear para alcanzar la igualdad sea una responsabilidad de Estado, haciendo justicia a la Historia y dando voz a las que con sus inquietudes hicieron por cambiar su curso.
    </p><p class="article-text">
        Don Quijote, Dante Aliguieri, Giuseppe Verdi, Galileo Galilei, Louis Braille, Franc Rozman-Stane, Fernando de Magallanes, Paul Keres, Jan van Eyck o Leonardo da Vinci son algunos de los referentes masculinos seleccionados para las mencionadas monedas conmemorativas de la zona Euro. Sus aportes est&aacute;n m&aacute;s que justificados y vemos, que, en el fondo de la causa, su elecci&oacute;n est&aacute; en sinton&iacute;a con la de sus semejantes femeninos, a diferencia de las otras monedas que se han comentado a lo largo del art&iacute;culo, que parten de la condici&oacute;n de g&eacute;nero para visibilizarlas. &laquo;Con estas monedas se pretende proyectar la imagen de nuestro pa&iacute;s y nuestra cultura&raquo; dice la web de FNMT acerca de estas tiradas de 2 euros, un mensaje extrapolable a sus hom&oacute;logos europeos. A simple vista, son dos los aspectos que llaman la atenci&oacute;n entre las monedas dedicadas a hombres y a mujeres: por un lado, los referentes femeninos tienden a ser m&aacute;s actuales, m&aacute;s cercanos en el tiempo, lo cual tiene cierto sentido. Por otro, son bastante menos en comparaci&oacute;n con las tiradas que homenajean a los referentes masculinos. Con su puesta en valor se evidencia la necesidad del cuestionamiento del relato que se hereda y el que se construye. Pero, sobre todo, con su puesta en valor se nos define como una sociedad que rinde sus cuentas y no siempre paga sus deudas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena González González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/cara-moneda_1_10046152.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Mar 2023 15:33:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La otra cara de la moneda]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La condena del ciudadano ejemplar: el síndrome del espectador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/condena-ciudadano-ejemplar-sindrome-espectador_1_9959978.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/22b10410-1373-40c0-82bb-42cae913505f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La condena del ciudadano ejemplar: el síndrome del espectador"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En una sociedad cada vez más alienada, que lo mismo engendra manadas como se une para acabar con ellas, hay cabida para la omisión del deber del ciudadano</p></div><p class="article-text">
        En 1974, la artista <strong>Marina Abramovi&#263;</strong> (Belgrado, 1946) llev&oacute; a cabo una de sus <em>performances</em> m&aacute;s emblem&aacute;ticas: <strong>&lsquo;Rhythm 0&rsquo;</strong>. Durante seis horas se convirti&oacute; en el objeto de la puesta en escena, sobre el que el p&uacute;blico pod&iacute;a emplear setenta y dos objetos dispuestos en una mesa, entre los que se encontraban: una rosa, una pluma, perfume, un racimo de uvas, un peine, un pintalabios, agua, vino, un hacha, cadenas, tijeras, clavos, tiritas, una pistola y una bala. Elementos asociados al cuidado, al placer, al dolor; con los que satisfacer, infligir o aliviar, con los que explorar la acci&oacute;n y la responsabilidad colectiva. Antes de que concluyeran las seis horas, Marina ya hab&iacute;a sido vejada, despojada de su ropa y agredida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;B&aacute;sicamente, si la audiencia quisiera, pod&iacute;a meter la bala dentro de la pistola y matarme. Era un riesgo que quer&iacute;a correr; quer&iacute;a saber c&oacute;mo se comportar&iacute;a el p&uacute;blico en este tipo de situaci&oacute;n&rdquo; afirma la serbia en una entrevista de 2016. Y es que, siguiendo con sus palabras: &ldquo;hasta ese momento, el artista de <em>performance</em> era considerado alguien completamente rid&iacute;culo, un enfermo, un exhibicionista, un masoquista,... una persona que solo quer&iacute;a llamar la atenci&oacute;n. Estaba cansada de este tipo de cr&iacute;ticas as&iacute; que me dije: &rdquo;De acuerdo, voy a idear una pieza para ver hasta d&oacute;nde est&aacute; dispuesto a llegar el p&uacute;blico si el artista no hace nada&ldquo;. Pues bien, las primeras tres horas de &lsquo;Rhythm 0&rsquo;<strong> </strong>transcurrieron con gentileza: le entregaron la rosa, le acariciaron con la pluma, le dieron besos. Pasado ese tiempo, los que se congregaron ese d&iacute;a en el Studio Morra de N&aacute;poles se entregaron al salvajismo.
    </p><p class="article-text">
        Inmovilizaron el cuerpo de la <em>performer</em> con cadenas, lo tumbaron sobre la mesa y colocaron un cuchillo cerca de su entrepierna; una persona le hizo un corte en el cuello y le chup&oacute; la sangre; la ataron a una silla y le vertieron l&iacute;quido por encima; le clavaron las espinas de la rosa en el torso, desnudo; fue manoseada; tomaron polaroids de los procesos de humillaci&oacute;n; le escribieron &ldquo;END&rdquo; en la frente. El momento &aacute;lgido de este ambiente s&aacute;dico y descontrolado que se hab&iacute;a generado sucedi&oacute; cuando una persona carg&oacute; el revolver y se lo coloc&oacute; a Marina en la mano, con el dedo en el gatillo, apunt&aacute;ndose a s&iacute; misma. Otro individuo cogi&oacute; el arma y le apunt&oacute; con ella, apret&aacute;ndosela en la sien, hasta que otra persona se la quit&oacute;. Un tercero cogi&oacute; entonces el pa&ntilde;uelo de la mesa y sec&oacute; las l&aacute;grimas que asomaban por los ojos de la artista. El grupo se hab&iacute;a dividido entre los que quer&iacute;an seguir martiriz&aacute;ndola y los que quer&iacute;an protegerla. El due&ntilde;o de la galer&iacute;a entr&oacute; y enloqueci&oacute; con lo que vio. Se hab&iacute;a creado una atm&oacute;sfera agresiva, peligrosa. Cogi&oacute; la pistola y la lanz&oacute; por la ventana.
    </p><p class="article-text">
        Tras las seis horas, el galerista regres&oacute; y anunci&oacute; el fin de la <em>performance</em>. En ese momento Abramovi&#263; comenz&oacute; a moverse, volvi&oacute; a tomar conciencia de s&iacute; misma y, totalmente magullada y denigrada, camin&oacute; hacia el p&uacute;blico. Todo el mundo se ech&oacute; a correr, todos huyeron. No pod&iacute;an confrontarla como persona, como sujeto. A d&iacute;a de hoy, las cicatrices que han quedado impresas en su cuerpo le recuerdan la experiencia. &ldquo;Lo que aprend&iacute; fue que, si dejas que el p&uacute;blico decida, te puede matar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta <em>performance</em> bebe directamente de otra realizada por <strong>Yoko Ono</strong> (Tokyo, 1933) diez a&ntilde;os antes: <strong>&lsquo;Cut Piece&rsquo;</strong>, donde la artista permanece sentada en el suelo, sola en medio de un escenario, llevando un vestido de manga larga hasta la rodilla y con unas tijeras frente a ella. A la audiencia se le dio la instrucci&oacute;n de que pod&iacute;a tomar turnos para cortar peque&ntilde;as porciones de tela de su ropa, las cuales se pod&iacute;an quedar. Unos, t&iacute;midos, cortaron trocitos peque&ntilde;os de su manga o del borde de su falda, mientras que otros, m&aacute;s decididos, cortaron sin dilaci&oacute;n su camiseta interior o los tirantes de su sujetador. Ella permaneci&oacute; pr&aacute;cticamente inm&oacute;vil e inexpresiva hasta el final (solo modific&oacute; su postura para cubrirse el pecho con las manos) en lo que posteriormente defini&oacute; como un trance en el que no sinti&oacute; miedo. De hecho, lleg&oacute; a decir que lo experiment&oacute; como algo po&eacute;tico. La pieza tiene su raz&oacute;n de ser en la voluntad del p&uacute;blico respecto a la interpretaci&oacute;n que hace de las instrucciones que recibe, convirti&eacute;ndose en agentes activos en la creaci&oacute;n art&iacute;stica. La forma en la que &eacute;ste responde, en ambos casos y ante la pasividad a la que se somete el objeto de la obra, termina por ser potencialmente agresiva. Un aspecto reforzado por la cuesti&oacute;n de g&eacute;nero, en tanto que el cuerpo era el de una mujer. De hecho, a Marina la identificaron como tal durante el proceso de humillaci&oacute;n: escribieron &ldquo;woman&rdquo; en su pecho. Es la repercusi&oacute;n de objetificar a la mujer.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de la frontera que desdibuja al sujeto del objeto, del papel que asumen el agente activo y el pasivo. La implicaci&oacute;n del espectador en este tipo de situaciones no solo es determinante para que se produzca la obra, define el comportamiento de grupo de los co-creadores de la pieza resultante. Un grupo que traspasa todos los l&iacute;mites en tanto que tiene carta blanca para hacerlo. El sujeto pasivo no solo no va a oponer resistencia, sino que se presta a asumir las consecuencias de la situaci&oacute;n que ha provocado. Es sintom&aacute;tico que la agresividad acabe por imponerse, creando impasibilidad en el resto del grupo. Es en esta reacci&oacute;n donde, precisamente, reside el subterfugio para llevarla a cabo. Es en la validaci&oacute;n de la masa donde recae que la naturaleza humana se muestre tal como es.
    </p><p class="article-text">
        Cuatro meses antes del <em>happening</em> de Ono, fue asesinada una mujer que dio nombre a un s&iacute;ndrome social, que propici&oacute; la Teor&iacute;a de la Difusi&oacute;n de la Responsabilidad: <strong>Kitty Genovese </strong>(Nueva York, 1935-1964). Su caso fue portada del <em>New York Times</em>, con el siguiente titular: <strong>&ldquo;37 que vieron un crimen no llamaron a la polic&iacute;a&rdquo;</strong>. Si bien m&aacute;s tarde se descubri&oacute; que esto no fue del todo cierto (los registros policiales hablan de doce testigos y que fueron varios quienes intentaron alertar a la polic&iacute;a) logr&oacute; poner en el punto de mira la siguiente cuesti&oacute;n: por qu&eacute; estas personas no auxiliaron a una persona que estaba siendo agredida. Uno de los testigos decidi&oacute; no llamar a la polic&iacute;a porque &ldquo;no quer&iacute;a verse implicado&rdquo;. Otros no ten&iacute;an claro el motivo de la agresi&oacute;n; que si les pareci&oacute; una ri&ntilde;a de amantes, que si no vieron que la chica estuviera siendo acuchillada.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que Kitty fue apu&ntilde;alada varias veces en distintos espacios por un hombre que la acech&oacute; despu&eacute;s de que aparcara su coche cerca de su casa, adonde se dirig&iacute;a, de madrugada, tras su jornada laboral. El hombre la alcanz&oacute; en ese recorrido y le asest&oacute; tres pu&ntilde;aladas. Ella chill&oacute;, pidi&oacute; auxilio, y varios vecinos la escucharon. Uno de ellos ahuyent&oacute; al agresor desde su ventana, pidi&eacute;ndole que la dejara en paz. El asaltante, alertado, se alej&oacute; de la escena, pero este testigo no fue a socorrerla, ni llam&oacute; a la polic&iacute;a. Como tampoco hicieron otros vecinos que prendieron la luz y abrieron las ventanas para ver qu&eacute; estaba ocurriendo. Kitty se levant&oacute; como pudo y fue arrastr&aacute;ndose malherida hacia su portal, mientras segu&iacute;a pidiendo ayuda. Aparentemente, la situaci&oacute;n parec&iacute;a m&aacute;s confusa para los testigos, que no vieron tan claro que se tratara de un crimen. El agresor regres&oacute; pasados unos minutos, cuando la v&iacute;ctima alcanz&oacute; la puerta del edificio. La volvi&oacute; a acuchillar, la viol&oacute; y le rob&oacute; 49 d&oacute;lares. Todo esto pas&oacute; en media hora. La llamada que alert&oacute; a la polic&iacute;a, que se present&oacute; en apenas un par de minutos, fue la de la &uacute;ltima persona que vio que ya era tarde para Kitty, que morir&iacute;a en la ambulancia de camino al hospital. &iquest;Es la urbe c&oacute;mplice de asesinato?
    </p><p class="article-text">
        Este caso origin&oacute; tal alarma social que promovi&oacute; estudios sobre la conducta del ciudadano, ese ciudadano ejemplar, respetuoso con la ley, ese cuyo modo de actuar personifica el testigo que declar&oacute; que no hizo nada porque no quer&iacute;a verse implicado en el asunto. Pasamos por alto que aparte de derechos, tenemos deberes. Se trata de la mencionada <strong>Teor&iacute;a de la Difusi&oacute;n de la Responsabilidad </strong>(Darley y Latan&eacute;, 1968) que, mediante el m&eacute;todo cient&iacute;fico, intent&oacute; dar respuesta a ese tipo de decisi&oacute;n, cuyo resultado evidenci&oacute; que es el n&uacute;mero de personas involucradas el que determina nuestra no actuaci&oacute;n. Cuantas m&aacute;s personas vemos o creemos que est&aacute;n presenciando la situaci&oacute;n de la que somos testigos, menor es nuestra voluntad de actuaci&oacute;n, en tanto que presuponemos que otro har&aacute; algo, motivo por el que nos sentimos con menos responsabilidad para hacer algo. El residuo es la apat&iacute;a, la ausencia de conciencia social. Un fen&oacute;meno que se da en mayor medida en las urbes, donde el tr&aacute;nsito de gente es mayor, donde la indiferencia frente a un asesinato no es s&iacute;ntoma de conmoci&oacute;n social. Por supuesto, son m&aacute;s las variables que entran en juego, como la valoraci&oacute;n del riesgo o la capacidad de auxilio y reacci&oacute;n de uno mismo.
    </p><p class="article-text">
        El asesino de Kitty, un necr&oacute;filo diagnosticado, declar&oacute; que simplemente &ldquo;quer&iacute;a matar a una mujer&rdquo;. No fue la primera. Kitty no solo dio nombre al s&iacute;ndrome del espectador: por ella se cre&oacute; el n&uacute;mero simplificado para llamar a la pol&iacute;cia en EE.UU., el <strong>911</strong>. Su historia tambi&eacute;n inspir&oacute; que un personaje de c&oacute;mic, Rorschach de <em>Watchmen</em> (Alan Moore y Dave Gibbons, DC Comics, 1987) se convirtiera en uno de los vigilantes que luchan contra el crimen, en un antih&eacute;roe desilusionado y hastiado por la falta de empat&iacute;a de la gente. Precisamente, los que son capaces de intervenir en defensa de una persona que est&aacute; siendo agredida son considerados h&eacute;roes, porque se exceden m&aacute;s all&aacute; de su deber. Recordemos el caso de <strong>Ignacio Echeverr&iacute;a</strong> (1978-2017) apodado <strong>&ldquo;el h&eacute;roe del monopat&iacute;n&rdquo;</strong>, quien no vacil&oacute; en ayudar a una mujer que estaba siendo apu&ntilde;alada, evit&aacute;ndole la muerte. Por esta intervenci&oacute;n, logr&oacute; desviar a otros dos asaltantes que fueron tras &eacute;l, otras v&iacute;ctimas a las que indirectamente salv&oacute; en lo que era un atentado yihadista. Su haza&ntilde;a le cost&oacute; la vida.
    </p><p class="article-text">
        Sin c&oacute;digo moral, sin leyes que nos sostengan y nos se&ntilde;alen como individuos que conforman una sociedad, no solo aflora nuestro lado m&aacute;s salvaje, sino que tambi&eacute;n renunciamos a nuestra responsabilidad compartida. En una sociedad cada vez m&aacute;s alienada, que lo mismo engendra manadas como se une para acabar con ellas, hay cabida para la omisi&oacute;n del deber del ciudadano. Ese que es ejemplar, respetuoso con la ley. El mismo que cuestiona a Marina y a Yoko y se lamenta por Kitty. Somos testigos de situaciones menos extremas a las expuestas para las que no hace falta llevar capa. Citando a Edmund Burke, &ldquo;lo &uacute;nico necesario para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena González González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/condena-ciudadano-ejemplar-sindrome-espectador_1_9959978.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Feb 2023 16:50:59 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Después de Picasso, solo Dios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/despues-picasso-dios_1_9779724.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7a905a8d-9b69-45cc-a9c0-4efb0655b75f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Después de Picasso, solo Dios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La aplicación de la perspectiva de género en la continua relectura de la historia del arte nos descubre la existencia de artistas mujeres que fueron tan relevantes como sus coetáneos varones en un siglo que nos parecería impensable</p></div><p class="article-text">
        Los discursos expositivos de los museos obedecen a un relato que, como la sociedad, va evolucionando, sin desligarse de los or&iacute;genes de la instituci&oacute;n, sin sucumbir a las modas pasajeras. Entre otras funciones, investigan, comunican y exhiben obras de distinta naturaleza y valor para fines de educaci&oacute;n y contemplaci&oacute;n. La sacralizaci&oacute;n de estos templos culturales, elevados a categor&iacute;a de catedral y palacio por Schinkel, supone a veces un h&aacute;ndicap a la hora de plantear cualquier cambio en la narraci&oacute;n historiogr&aacute;fica. En v&iacute;speras del <strong>A&ntilde;o Picasso</strong>, nos topamos con el revisionismo feminista, de cuyo desgarro partidista y coqueteos con la cancelaci&oacute;n estamos siendo testigos. 
    </p><p class="article-text">
        La aplicaci&oacute;n de la perspectiva de g&eacute;nero en la continua relectura de la historia del arte nos descubre la existencia de artistas mujeres que fueron tan relevantes como sus coet&aacute;neos varones en un siglo que nos parecer&iacute;a impensable; pone nombre a las mujeres que se escondieron tras pseud&oacute;nimos masculinos; reconoce a las promotoras que fueron ensombrecidas por su condici&oacute;n de mujer, como musa, esposa o amante; revela lo empoderadas que estaban algunas mujeres de la corte en otros tiempos y arroja luz sobre un sinf&iacute;n de silenciamientos cuya raz&oacute;n obedece a la imposici&oacute;n del relato patriarcal. Del mismo modo, tambi&eacute;n sonroja los nombres de los grandes hombres de la historia que, c&oacute;mplices o verdugos, abusaron de su condici&oacute;n de poder desde el g&eacute;nero bajo el amparo del discurso hegem&oacute;nico. 
    </p><p class="article-text">
        Llegados a este punto, la cuesti&oacute;n no es cancelar a Picasso por mis&oacute;gino, machista y maltratador. Es evidenciarlo en un marco que celebra, una vez m&aacute;s, su categor&iacute;a de genio. Qu&eacute; duda cabe que lo era. Este escenario, de hecho, es ideal para ponerlo de relieve, en tanto que se conmemora el quincuag&eacute;simo aniversario de la muerte del pintor, pudiendo separar al artista de su obra. El A&ntilde;o Picasso va de Pablo Picasso. Dec&iacute;a Miquel Iceta, en la presentaci&oacute;n de dicha efem&eacute;ride: &ldquo;en los debates se contemplar&aacute; la cuesti&oacute;n de g&eacute;nero y se mostrar&aacute; a Picasso tal como es, como artista y como persona&rdquo; a lo que la ministra de cultura francesa, tambi&eacute;n presente, a&ntilde;adi&oacute;: &ldquo;que se conozca la parte de violencia que hay en &eacute;l. No hay que ocultarlo; yo creo en el debate&rdquo;. Con esta informaci&oacute;n no se pretende moldear al espectador de ninguna forma, sino invitarle a reflexionar sobre la persona que tenemos en el pedestal; plantearnos por qu&eacute; somos capaces de defender a un hombre del que se dice era de su tiempo &ndash;como si ahora no existieran, como si entonces todos fueran as&iacute;&ndash; por su aura de genialidad.
    </p><p class="article-text">
        Incluir este debate es hacer justicia a una realidad a la que hemos sido ajena, con la que perfilar mejor al autor de <em>Las se&ntilde;oritas de Avignon. </em>Su obra muestra la percepci&oacute;n que ten&iacute;a de las mujeres, sobre todo de aquellas que formaron parte de su vida, algunas retratadas hasta lo obsesivo. La evoluci&oacute;n en la manera de pintarlas manifiesta la forma en que las ve&iacute;a seg&uacute;n avanzaba la relaci&oacute;n, seg&uacute;n entraba otra mujer en su vida. Inmortalizaba su belleza hasta deformarlas, en un reflejo perfecto del sometimiento que ejerc&iacute;a sobre ellas en una realidad paralela. Porque Pablo, en palabras de su nieta Marina, &ldquo;las someti&oacute; a su sexualidad animal, las domestic&oacute;, las hechiz&oacute;, las ingiri&oacute; y las aplast&oacute; sobre su lienzo. Despu&eacute;s de haber pasado noches extrayendo su esencia, una vez que se desangraban, se deshac&iacute;a de ellas&rdquo;. No est&aacute; de m&aacute;s conocer el tormento por el que pasaron sus parejas sentimentales, artistas a las que les trunc&oacute; el &eacute;xito, mujeres a las que les consumi&oacute; la vida. Podr&iacute;a resultar hasta determinante para entender mejor al pintor, en tanto que la significancia del paso de cada una de ellas dejaron una huella extensible a su obra. 
    </p><p class="article-text">
        Al respecto, es especialmente destacable el caso de Dora Maar, por dos razones. Artista pl&aacute;stica y fot&oacute;grafa de renombre, fue la que captur&oacute; todo el proceso de creaci&oacute;n del <em>Guernica</em> y, probablemente, la mujer que m&aacute;s estimular&iacute;a intelectualmente al andaluz, junto a la que saldr&iacute;a a la luz el Picasso m&aacute;s pol&iacute;tico. Tambi&eacute;n fue la que peor llev&oacute; el abandono de Pablo, que presuntamente la maltrat&oacute; f&iacute;sica y psicol&oacute;gicamente. Se sumi&oacute; en una depresi&oacute;n cuando &eacute;ste la dej&oacute; por Fran&ccedil;oise Gilot, la &uacute;nica de sus mujeres que, por cierto, fue capaz de abandonar al minotauro, del que dijo fue el amor m&aacute;s grande de su vida, pero que hab&iacute;a que tomar medidas para protegerse de &eacute;l. Maar acab&oacute; en un hospital psiqui&aacute;trico, donde le aplicar&iacute;an tratamientos de <em>electroshock.</em> El poeta Paul &Eacute;luard, su mejor amigo, inst&oacute; a Picasso a que la sacara de all&iacute;, culp&aacute;ndolo de su sufrimiento. Fue Jacques Lacan quien le ayud&oacute; a soportar la vida sin el pintor, someti&eacute;ndola a una terapia de varias sesiones de psicoan&aacute;lisis. Fruto de una de ellas exclam&oacute; la sobrecogedora frase &ldquo;Despu&eacute;s de Picasso, solo Dios&rdquo;. Es sabido que tras el trauma, Dora se refugi&oacute; en el catolicismo, algo que utiliz&oacute; Lacan para guiarla hacia la <em>salvaci&oacute;n</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Pablo era consciente de la inestabilidad de Dora, que quedar&iacute;a eternamente inmortalizada en <em>La mujer que llora. &ldquo;</em>La mujer es, esencialmente, una m&aacute;quina de sufrir&rdquo; lleg&oacute; a decir. Ella fue la raz&oacute;n por la que un grupo de estudiantes irrumpieron en el Museo Picasso de Barcelona el pasado 2021 con camisetas en las que pod&iacute;a leerse &ldquo;Picasso maltratador&rdquo; o &ldquo;Dora Maar presente&rdquo;. La protesta form&oacute; parte del trabajo de fin de curso de la clase Arte y Feminismo, impartido por Mar&iacute;a Llopis, profesora de la Escuela Massana y Centro de Arte y Dise&ntilde;o de la ciudad condal. En cierta manera, esta acci&oacute;n anunci&oacute; la idea de la cancelaci&oacute;n del artista que se palpa hoy. Emmanuel Guigon, director de la instituci&oacute;n, afirm&oacute; sobre lo sucedido que el debate es necesario y que el museo debe tener una mirada actual al respecto. Tambi&eacute;n duda de que Pablo fuera mis&oacute;gino, sin excusar, eso s&iacute;, su machismo. Maar, con mucha elegancia, le definir&iacute;a como &ldquo;muy hombre y muy detentador de sus derechos&rdquo; en confesi&oacute;n a Victoria Combal&iacute;a, autora de <em>Dora Maar. M&aacute;s all&aacute; de Picasso</em> (Circe Ediciones, 2013).<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        El problema con la cultura de la cancelaci&oacute;n es que reduce el conflicto al todo o nada. Es el germen de un sentimiento de culpa compartida: &iquest;Qu&eacute; tipo de feminista somos si no cancelamos a Picasso? La duda que siembra es tan potente que plantea tener que posicionarse, como si no hubiera otra opci&oacute;n. Pero la hay. El malague&ntilde;o no tuvo reparos en reinventarse, en cuestionarse, en transitar de un estilo a otro hasta dar con la esencia del suyo propio. Lo mismo deber&iacute;a aplicarse a su persona, o m&aacute;s bien, a la idea que tenemos de su persona. Porque es una idea heredada. Conocemos al artista, el mito. Ahora que tenemos las herramientas, conozcamos m&aacute;s a Pablo. No va a dejar de ser el artista m&aacute;s relevante del siglo XX, ni se le va a restar el cr&eacute;dito que su extraordinaria obra merece. Se trata de humanizar al genio.
    </p><p class="article-text">
        Existe la creencia de que al consumir los productos creados por personalidades de dudosa moralidad en el presente nos convertimos en c&oacute;mplices de sus actos. &ldquo;Las obras de arte no son solo la expresi&oacute;n de un mundo individual, la expresi&oacute;n de las ideas o los sentimientos del artista con que ingenuamente pensamos que podemos identificarlas; son principalmente la expresi&oacute;n de un mundo colectivo, de una &eacute;poca, de una sociedad, para la cual el artista, aun sin saberlo, es su mediador&rdquo; afirma Ricardo Ibarluc&iacute;a, fil&oacute;sofo especialista en an&aacute;lisis e historia conceptual de las teor&iacute;as est&eacute;ticas. Arrastrar la &eacute;tica del presente a una &eacute;poca pasada acarrear&iacute;a su descontextualizaci&oacute;n, cayendo en el error de reescribir la historia en base a las preocupaciones de la sociedad actual, si bien permite proyectar una mirada cr&iacute;tica al pasado para no perpetuar las mismas pr&aacute;cticas. Para Gis&egrave;le Sapiro, soci&oacute;loga disc&iacute;pula de Pierre Bourdieu y autora de <em>&iquest;Se puede separar la obra del autor?</em> (Clave Intelectual, 2021), es importante el grado de consagraci&oacute;n del autor y de su obra: &ldquo;En todos los casos es la consagraci&oacute;n lo que est&aacute; en juego. Y los adversarios se sirven de dicha celebridad para promover la causa que defienden en el espacio p&uacute;blico (y a veces tambi&eacute;n para ajustar cuentas)&rdquo;. Para la ensayista Susan Sontag, resultaba inmoral hacer uso de la biograf&iacute;a del artista para interpretar su arte, inclin&aacute;ndose hacia la separaci&oacute;n de la creaci&oacute;n del creador, en la medida que esto mejorar&iacute;a nuestra visualizaci&oacute;n de la obra. &ldquo;No importa hasta qu&eacute; punto se sienta el espectador, inclinado a una identificaci&oacute;n provisional de lo que haya en la obra de arte con la vida real, su reacci&oacute;n &uacute;ltima debe ser desprendida, reposada, contemplativa, emocionalmente libre, y estar por encima de la indignaci&oacute;n y de la aprobaci&oacute;n&rdquo; sostiene en <em>Contra la interpretaci&oacute;n</em> (Alfaguara, 1996).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son los distintos centros que colaboran en el A&ntilde;o Picasso los que, en definitiva, eligen d&oacute;nde poner el foco, qu&eacute; v&iacute;nculos establecer en el hilo conductor de las exposiciones programadas para celebrar los cincuenta a&ntilde;os de su muerte. Con m&aacute;s o menos tino, tensar&aacute;n la relaci&oacute;n existente entre la adoraci&oacute;n al genio y la repulsi&oacute;n al hombre, que seguir&aacute; ah&iacute;, antes que Dios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena González González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/despues-picasso-dios_1_9779724.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Dec 2022 21:11:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Después de Picasso, solo Dios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pablo Picasso]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué es más importante, el arte o la vida?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/importante-arte-vida_132_9692978.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da98f00b-4840-419a-a46d-e4050759d4ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué es más importante, el arte o la vida?"></p><p class="article-text">
        Mientras en 2022 se habla de cancelar a Picasso &ndash;con motivo de las actividades que conmemorar&aacute;n el 50&ordm;&nbsp;aniversario de su muerte en 2023 &ndash; y se vandalizan obras de arte en nombre del clima, en 2027 (a&ntilde;o en el que se desarrolla la trama de <em>Children of Men</em>, una pel&iacute;cula dist&oacute;pica de 2006 dirigida por Alfonso Cuar&oacute;n) algunas de las obras m&aacute;s importantes de la historia del arte se han salvado de la destrucci&oacute;n provocada por el caos mundial en el que est&aacute; sumida la humanidad, al borde de la extinci&oacute;n. &iquest;Para qu&eacute;?, o como proclam&oacute; una de las activistas de <em>Just Stop Oil </em>tras lanzar sopa de tomate a Los Girasoles de Van Gogh en la National Gallery de Londres: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es m&aacute;s importante, el arte o la vida?&rdquo; Pues bueno, en el film de Cuar&oacute;n, basado en la novela hom&oacute;nima de Phyllis Dorothy James, no nace nadie desde hace dieciocho a&ntilde;os debido a la infertilidad que hay a nivel global, o sea que la vida es lo m&aacute;s importante. Y, aun as&iacute;, hay cabida para dotar de protagonismo al arte. En este contexto, obras como el Guernica de Picasso son eternas porque representan la habilidad que tiene el ser humano para manifestar una idea, en este caso, el horror y la tragedia de la capacidad destructiva de la guerra, plasmada mediante un lenguaje que requiere de sensibilidad art&iacute;stica para ser expresado.
    </p><p class="article-text">
        El Guernica y los Girasoles, como La Mona Lisa de da Vinci, Los Almiares de Monet, La Primavera de Botticcelli, La Joven de la perla de Vermeer o las Majas de Goya, son eternas porque representan algo que, gracias a su preservaci&oacute;n y exhibici&oacute;n, han pasado de una generaci&oacute;n a otra, y a la siguiente y a la que viene despu&eacute;s; han quedado impresas en la retina colectiva. Son vestigios. &iquest;Y cu&aacute;l es la importancia que tiene su contemplaci&oacute;n? Pues, parafraseando la Ley 16/1985 de 25 de junio del Patrimonio Hist&oacute;rico Espa&ntilde;ol, &ldquo;con su disfrute se facilita el acceso a la cultura y &eacute;sta, en definitiva, es camino seguro hacia la libertad de los pueblos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aparentemente, a tenor de la sucesi&oacute;n de actos vand&aacute;licos contra obras de arte perpetrados por activistas en los &uacute;ltimos meses, el patrimonio art&iacute;stico est&aacute; desprotegido. Hay conciencia ecol&oacute;gica, pero no apego por nuestra herencia cultural; hay valor para lanzar un tartazo a una obra, pero no respeto hacia la instituci&oacute;n muse&iacute;stica que la custodia; hay determinaci&oacute;n a la hora de pegarse con <em>loctite</em> al cristal que protege un lienzo, pero no al lienzo. Los activistas saben lo que se juegan. Rebeldes con causa siempre y cuando las consecuencias sean s&oacute;lo la repercusi&oacute;n medi&aacute;tica de sus actos, de los cuales culpan a los gobiernos por su incapacidad de actuar frente al calentamiento global. Rizando el rizo, afirman que son ellos los que corren el peligro para concienciar al mundo del cambio clim&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estas llamadas de atenci&oacute;n para alertar sobre la preocupaci&oacute;n medioambiental evidencian un menosprecio por el arte y sus creadores y un insulto a los templos que salvaguardan nuestro legado; lo que debe entenderse, por un lado, fruto de la ignorancia del valor que tienen las obras de arte para el conjunto de la sociedad y, por otro, como una alarma de lo f&aacute;cil que resulta mancillarlas. Estamos hablando de que se ha sorteado la seguridad de museos como el Louvre o el Prado. La aparente impunidad ha propiciado el efecto llamada con una sucesi&oacute;n de atentados contra el patrimonio realmente escandalosa, como escandalosa es la historia de la fuente de financiaci&oacute;n de esta coalici&oacute;n de grupos protesta, desde el mencionado <em>Just Stop Oil</em> -la rama brit&aacute;nica-, pasando por el alem&aacute;n <em>Letzte Generation</em> o el italiano <em>Ultima Generazione </em>hasta el espa&ntilde;ol Futuro Vegetal, entre otros. Se trata del Fondo de Emergencia Clim&aacute;tica, una organizaci&oacute;n estadounidense creada en 2019 en Los &Aacute;ngeles, cofundada por Aileen Getty, nieta del magnate del petr&oacute;leo J. Paul Getty, fundador de <em>Getty Oil</em>, e hija de John Paul Getty Jr., creador del Museo de arte <em>J. Paul Getty. </em>Es decir, la fortuna que financia a los v&aacute;ndalos emana del petr&oacute;leo y del arte, lo que ha dado lugar a una conspiraci&oacute;n que defiende que todo forma parte de un plan para ridiculizar el activismo medioambiental, alentando el negacionismo del cambio clim&aacute;tico. Cuestiones que se perfilan en la pel&iacute;cula <em>Don&rsquo;t Look Up</em> (2021), cuyo director, Adam McKay, tambi&eacute;n est&aacute; detr&aacute;s de esta organizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En territorio patrio, el art&iacute;culo 46 de la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola impone a los poderes p&uacute;blicos la orden de garantizar la conservaci&oacute;n y promoci&oacute;n del enriquecimiento del patrimonio hist&oacute;rico, cultural y art&iacute;stico de los pueblos de Espa&ntilde;a y de los bienes que lo integran, cualquiera que sea su r&eacute;gimen jur&iacute;dico y su titularidad, siendo la ley penal la que sancione los atentados contra este patrimonio. Los delitos que estamos describiendo vendr&iacute;an tipificados en los art&iacute;culos 323 y 324 del C&oacute;digo Penal: da&ntilde;os a elementos del patrimonio hist&oacute;rico, castigados con pena de prisi&oacute;n de 6 meses a 3 a&ntilde;os o multa de 12 a 24 meses, pudiendo imponerse la pena superior en grado si los da&ntilde;os son especialmente graves, o castigarse con pena de multa de 3 a 18 meses si los da&ntilde;os causados por imprudencia grave superan los 400 euros, atendiendo a la importancia de dichos da&ntilde;os. Es decir, para que estas actuaciones se consideren delito, m&aacute;s all&aacute; del de alteraci&oacute;n del orden p&uacute;blico, deben da&ntilde;ar la obra, deteriorarla f&iacute;sicamente. Aqu&iacute;, las Majas de Goya siguen vestida y desnuda respectivamente; all&aacute;, donde la normativa es similar, la tarta nunca lleg&oacute; al rostro de la Gioconda y la sopa de tomate no salpic&oacute; a los girasoles, gracias a los cristales que las protegen. Los marcos son los grandes damnificados. Abrimos debate.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el activismo irrumpe en la sala de un museo ya juega con ventaja frente al quietismo de las obras expuestas. En general, la actuaci&oacute;n de los vigilantes de sala ha sido correcta, la actuaci&oacute;n del resto de visitantes ha sido correcta. Tienen apego al patrimonio, tienen respeto por las creaciones art&iacute;sticas. Una visitante indica discretamente a una de las vigilantes del Museo Nacional del Prado retirar el tarrito con el que uno de los activistas de Futuro Vegetal pint&oacute; &ldquo;+1,5&ordm;&rdquo; en la pared que separa La Maja Vestida de La Maja Desnuda para &ldquo;alertar sobre la subida de temperatura mundial que provocar&aacute; un clima inestable y graves consecuencias en todo el planeta&rdquo;. Efectivamente, este es un hecho preocupante, sobre el que se han ido tomando medidas para contenerlo. Sin embargo, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advirti&oacute; dos d&iacute;as antes del incidente en la pinacoteca espa&ntilde;ola, que el objetivo clim&aacute;tico de evitar que la temperatura global suba m&aacute;s de 1,5 grados est&aacute; en &ldquo;cuidados intensivos&rdquo;, lo que sobrepasar&iacute;a los l&iacute;mites marcados en el Acuerdo de Par&iacute;s. La Organizaci&oacute;n Meteorol&oacute;gica Mundial (OMM) ha se&ntilde;alado este domingo, en el marco de la cumbre anual del clima de Naciones Unidas (COP27), que la temperatura media mundial del a&ntilde;o en curso est&aacute; en 1,15 grados por encima de los niveles preindustriales, esto es, antes del uso masivo de combustibles f&oacute;siles. Para combatir esto, <em>Just Stop Oil </em>reclama suspender la concesi&oacute;n de licencias y permisos de extracci&oacute;n de petr&oacute;leo y gas mientras que Futuro Vegetal, por su parte, demanda retirar las subvenciones al sector ganadero para destinarlo a la promoci&oacute;n de alternativas que ayuden a hacer frente la crisis clim&aacute;tica. La forma que tienen de hacerlo, no obstante, convierte la causa en parodia. Le hemos dado tanto cr&eacute;dito al parip&eacute; y tanta relevancia al figurar que hasta luchar por lograr un cambio real parece lo de menos. Se est&aacute; m&aacute;s a gusto en los m&aacute;rgenes de la desobediencia civil. Cuando uno de los activistas que arrojaron pur&eacute; de papa a Los Almiares de Monet espet&oacute; &ldquo;este cuadro no va a valer nada si tenemos que pelearnos por la comida&rdquo;, me record&oacute; a cuando el personaje que interpreta Clive Owen en<em> Children of Men</em> le pregunta al rescatador de obras de arte qu&eacute; le hace seguir si en cien a&ntilde;os no habr&aacute; nadie que pueda verlas. &Eacute;ste responde: &ldquo;&iquest;Sabes qu&eacute; es?, que simplemente no pienso en eso&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena González González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/importante-arte-vida_132_9692978.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Nov 2022 15:15:36 +0000]]></pubDate>
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