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    <title><![CDATA[elDiario.es - Elizabeth Duval]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/elizabeth-duval/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Elizabeth Duval]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[¿Has fracasado? ¿Has pensado en irte?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/has-fracasado-has-pensado-irte_129_13595742.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e1fa5772-047c-4ac4-8e64-8847877e811d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x973y438.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Has fracasado? ¿Has pensado en irte?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El sentimiento general es que quienes hacen Política, en mayúscula, desde la izquierda, se han comportado como unos niñatos o como unos irresponsables, pensando más en su sillón que en su país. Es una crisis de confianza absoluta</p></div><p class="article-text">
        Nadie est&aacute; o deber&iacute;a de estar en pol&iacute;tica para dar pena. Este s&aacute;bado qued&eacute; con una amiga que hab&iacute;a estado fuera dos semanas, en Santander, y aprovech&eacute; para preguntarle c&oacute;mo hab&iacute;a visto ella todo el culebr&oacute;n de las izquierdas. Mi amiga, que es una persona con conciencia social, informada, en absoluto ajena a la pol&iacute;tica, me dijo que estaba tan enfadada con todos y le parec&iacute;a el desenlace tan indignante que ahora mismo se planteaba la abstenci&oacute;n, directamente no votar. Otras cosas que he o&iacute;do estos d&iacute;as: a m&iacute; me da igual la democracia liberal corrupta, etc&eacute;tera. El sentimiento general es que quienes hacen Pol&iacute;tica, en may&uacute;scula, desde la izquierda, se han comportado como unos ni&ntilde;atos o como unos irresponsables, pensando m&aacute;s en su sill&oacute;n que en su pa&iacute;s. Es una crisis de confianza absoluta.
    </p><p class="article-text">
        Yo tengo mis propios pareceres y bastante claro a estas alturas de la pel&iacute;cula a qui&eacute;n voy a votar en las elecciones. Pero un ratito despu&eacute;s, tomando algo, me cruc&eacute; con varios grupos de personas que, por libros o por tertulias, por lo que sea, me reconocieron, y me preguntaron, en mitad de conversaciones que estaban teniendo sobre la divisi&oacute;n o el voto &uacute;til: &iquest;a qui&eacute;n votamos? Como ya no tengo carnet de partido ni coordino nada de las campa&ntilde;as, mi respuesta m&aacute;s sincera era muy sencilla: a la opci&oacute;n que m&aacute;s te apetezca, vota a quien quieras. El problema es que, al tiempo que se da en la opini&oacute;n p&uacute;blica como virtualmente inevitable el ascenso de la extrema derecha a las instituciones, al electorado de izquierdas de este pa&iacute;s no le <em>apetece </em>exactamente votar a nadie, no hay ahora mismo muchas ganas, y esto es culpa, por encima de cualquier otra cosa, por encima del balance de lo que se ha hecho o no hecho desde el Gobierno o en el Congreso, del bochorno de este mes.
    </p><p class="article-text">
        Quien sufre ese fracaso y sus consecuencias es la gente en la calle, no los pol&iacute;ticos. Por eso se aument&oacute; un poquito mi sensaci&oacute;n de bochorno cuando o&iacute; a Gabriel Rufi&aacute;n, en un canutazo, ante un micr&oacute;fono, decir que &eacute;l hab&iacute;a fracasado, que todos hab&iacute;an fracasado, y que m&aacute;s o menos todos los d&iacute;as se planteaba irse y tirar la toalla ante su fracaso. &iquest;Has fracasado? &iquest;Has pensado en irte? Bueno, pues vete. Desde el principio de la peque&ntilde;a gira que hizo Rufi&aacute;n, me preocup&oacute; mucho que sus intenciones no fueran m&aacute;s all&aacute;, como dejaba claro su discurso sobre c&oacute;mo solo Esquerra ten&iacute;a que presentarte en Catalunya, de negociar una mejor posici&oacute;n para &eacute;l o para su partido. No dudo de que hab&iacute;a sinceridad en su preocupaci&oacute;n por el fascismo, y nos fusilar&aacute;n juntos y no por separado, y tal, y tal; s&iacute; me inquiet&oacute; que se dejara querer en un momento en el que la ciudadan&iacute;a progresista percib&iacute;a un vac&iacute;o de liderazgo absoluto y &eacute;l emerg&iacute;a como candidatable virtual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hallo explicaci&oacute;n a dejarse querer as&iacute; que no pase por la vanidad o el ego, si uno jam&aacute;s ha estado dispuesto a encabezar una candidatura estatal, y todo indica que Rufi&aacute;n no ha estado dispuesto. &iquest;Por qu&eacute; jugar irresponsablemente con las ilusiones de la gente cuando piensas que en la piscina no hay agua y no concibes jam&aacute;s lanzarte? Mi amiga, la del principio, me dec&iacute;a: era una entelequia que no ten&iacute;a ning&uacute;n sentido, un pol&iacute;tico independentista jam&aacute;s iba a liderar al conjunto de las izquierdas en el Estado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Era entelequia, claro, pero de ilusiones se vive y se muere; jugar con esa entelequia a la vista de todos ya directamente es dejar a la gente con la sensaci&oacute;n de una estafa. Y Rufi&aacute;n sigue siendo un buen pol&iacute;tico, un buen orador, al cual, me temo, esta jugada va a perseguir el resto de su carrera pol&iacute;tica; entre otras cosas, por prestarse para dificultar un acuerdo estatal en el que estuviera Podemos, queriendo liquidar a los Comunes. Acuerdo que, por otra parte, tampoco tengo muy claro que la direcci&oacute;n estatal de Podemos valorara nunca rematar de verdad; y entiendo perfectamente el bochorno producido, la primera semana tras la convocatoria electoral, por las diversas filtraciones y embrollos en los que se meti&oacute; bastante gente del Frente Amplio, entre negociaciones a cielo descubierto que se acercaban mucho al ejercicio del rid&iacute;culo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es tratar a la gente como tonta cuando la gente, la verdad, no es tonta; y la gente, encima, se harta de o&iacute;r discursos sobre <em>lo que la gente quiere, lo que la gente pide</em>, m&aacute;s a&uacute;n cuando, en las circunstancias actuales, lo que la gente pide, por encima de todo, es que los pol&iacute;ticos a los que tiene que votar no den verg&uuml;enza. Quiz&aacute; quien menos verg&uuml;enza haya dado estos d&iacute;as, y m&aacute;s genuinamente haya cre&iacute;do hasta el final en un acuerdo, sea Ada Colau; que cada cual juzgue c&oacute;mo cada uno ha gestionado esta acumulaci&oacute;n de descr&eacute;dito, perfectamente capaz de arrasar con toda una generaci&oacute;n de pol&iacute;ticos a los que quiz&aacute; se les vaya acabando el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Puedo sonar cabreada, y en parte un poco: la irresponsabilidad pol&iacute;tica me cabrea y me parece indignante; en el fondo, no tanto, y para explicarlo he de volver a la pregunta que de Rufi&aacute;n retomaba. &iquest;Has fracasado? &iquest;Has pensado en irte? Da igual. No importa porque, muchas veces, uno no se va de la pol&iacute;tica, sino que a uno lo retiran, y es la ciudadan&iacute;a la que tiene una oportunidad estupenda, el 29 de noviembre, para valorar con su voto cu&aacute;l es la responsabilidad de unos y otros en el desaguisado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me interesa poqu&iacute;simo lo que las c&uacute;pulas de los partidos tengan que decir sobre qui&eacute;n ha fracasado o tenido la culpa, qui&eacute;n hizo qu&eacute; y cu&aacute;ndo. Como con mi voto, tengo mi opini&oacute;n al respecto; mi opini&oacute;n particular tampoco me interesa tanto como el veredicto colectivo. Las elecciones se ganan si la ciudadan&iacute;a se moviliza para votar, le apetezca o no, como se ha movilizado en las acampadas, como se moviliza en todo el pa&iacute;s, como se movilizar&aacute; la ciudadan&iacute;a estadounidense en unas semanas. Lo &uacute;nico interesante por medir es si hay la suficiente demanda; ante eso, me da m&aacute;s igual que buena parte de la izquierda sea vergonzante. M&aacute;s all&aacute; del enfado y la decepci&oacute;n, el s&aacute;bado, en realidad, me despert&eacute; positiva, con buen &aacute;nimo, al menos &aacute;nimo de justicia. Tengo la intuici&oacute;n de que el votante, que hoy m&aacute;s que nunca es mejor que su clase pol&iacute;tica, castigar&aacute; la irresponsabilidad y premiar&aacute; a quienes sepan manejar la campa&ntilde;a con algo de decencia. Se supone que una escribe columnas para emitir juicios individuales: pues bien; en este caso, suspendo mi juicio individual, a la espera de ese gran juicio colectivo. Hagan lo que tengan que hacer. Feliz precampa&ntilde;a, buenos d&iacute;as, buenas noches.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/has-fracasado-has-pensado-irte_129_13595742.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Oct 2026 19:47:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Has fracasado? ¿Has pensado en irte?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Izquierda,Podemos,Gabriel Rufián,ERC - Esquerra Republicana de Catalunya,Frente Amplio,Elecciones Generales 2026]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Angustia de izquierdas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/angustia-izquierdas_129_13579058.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eebe7745-1952-4c60-a116-cd3410ba2d69_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1224y820.jpg" width="1200" height="675" alt="Angustia de izquierdas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La angustia de izquierdas de este otoño no carece de objeto, desde luego: el panorama demoscópico lleva meses instalado en una mayoría absolutísima para las derechas, cuando no la proyecta rozando los tres quintos que exige una reforma constitucional</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; va a pasar?&rdquo;. Me lo preguntaba hace unos d&iacute;as un conocido en un bar. Me ha pasado unas cuantas veces, sobre todo en los &uacute;ltimos meses, tambi&eacute;n antes de que se produjera la convocatoria electoral; como reacci&oacute;n, presupongo, al ambiente o a aquello que en el ambiente se palpa: me cruzo con alguien en una barra, me acaba diciendo algo sobre la situaci&oacute;n pol&iacute;tica, me pregunta qu&eacute; va a pasar. Como no tengo una bola de cristal, a quien me pregunta algo as&iacute; le hago un resumen o an&aacute;lisis de la coyuntura en unos minutos, trato de explicar algunas cosas, me resigno al final. Sospecho que buscan con sus preguntas m&aacute;s sosiego y apaciguamiento que respuestas. En ellos late una angustia compartida, como si hubiera saltado la alarma y viniera una cat&aacute;strofe, un desastre natural.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Vivimos un tiempo de angustia de izquierdas? &laquo;La angustia es el v&eacute;rtigo de la libertad&raquo;, escrib&iacute;a Kierkegaard, que separaba el miedo, siempre miedo a algo, de la angustia ante lo posible. Cuando, en el d&eacute;cimo seminario, Lacan trat&oacute; la angustia, insisti&oacute; en que esta no ven&iacute;a ni de dentro, ni de uno mismo, ni carec&iacute;a de objeto; la angustia es lo que no enga&ntilde;a. La de izquierdas de este oto&ntilde;o no carece de objeto, desde luego: el panorama demosc&oacute;pico lleva meses instalado en una mayor&iacute;a absolut&iacute;sima para las derechas, cuando no la proyecta rozando los tres quintos que exige una reforma constitucional. Quienes me preguntan en los bares no se equivocan, pues.
    </p><p class="article-text">
        Se da por hecho, en ciertos discursos, que el 29 de noviembre nos lo jugamos todo, a todo o nada, casi, donde (si se pierde) la cat&aacute;strofe y la hecatombe ser&aacute;n totales. No ser&eacute; yo, respecto a eso, quien contradiga a Jos&eacute; Luis Villaca&ntilde;as, que afirmaba esta pasada semana que la &eacute;poca que viene &laquo;no ser&aacute; una derogaci&oacute;n formal del texto de 1978, ser&aacute; la destrucci&oacute;n de nuestra constituci&oacute;n social y tendr&aacute; como elemento p&uacute;blico la reforma de leyes parciales, de la ley electoral, de las pensiones, de los sindicatos, de la ense&ntilde;anza, de las universidades y de la sanidad p&uacute;blica&raquo;. Tras esa ofensiva, escrib&iacute;a Villaca&ntilde;as, &laquo;nada ser&aacute; igual. Los pensionistas quedar&aacute;n desprotegidos, los nacionalistas sin influencia pol&iacute;tica en el Estado, los sindicatos sin fondos p&uacute;blicos de ayuda, el profesorado coaccionado a impartir contenidos impuestos, las universidades asfixiadas y la sanidad p&uacute;blica abandonada&raquo;. Un desmantelamiento que probablemente venga con una combinaci&oacute;n de crueldad y torpeza, como es el caso en Argentina, donde la Corte Suprema dej&oacute; v&iacute;a libre a finales de septiembre a la venta sin l&iacute;mites de tierras a extranjeros, decretada por Milei, para suspenderla de forma cautelar diez d&iacute;as despu&eacute;s. Tengo un colega que me pregunta siempre qu&eacute; preferir&eacute;, cuando &laquo;llegue la derecha&raquo; y &laquo;tengan apuntados nuestros nombres&raquo;: si exilio o fusilamiento.
    </p><p class="article-text">
        Pienso que exagera, quiz&aacute; porque soy joven y descre&iacute;da o porque soy joven y temeraria. Si nos creemos de verdad este discurso, si tan terrible va a ser todo, si el fin de los tiempos est&aacute; a la vuelta de la esquina (por m&aacute;s que la historia electoral de derechas y extremas derechas se parezca m&aacute;s bien a un electrocardiograma: a veces ganan, a veces pierden): si esa sombra acecha todav&iacute;a, &iquest;qu&eacute; hacemos cuando los mismos partidos que hablan de esa urgencia lo juegan todo a la chica y se comportan como unos irresponsables? &iquest;Guillotina?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras en Sol las asambleas piden que caiga el rentismo o proclaman que no se puede hacer las paces, que esto es lucha de clases, a la izquierda del PSOE se negocia (tarde y mal, porque el Frente Amplio ha tenido meses, y meses, y meses de tiempo, y cualquiera que lo mire desde fuera no sabe muy bien en qu&eacute; lo habr&aacute;n gastado, m&aacute;s all&aacute; de definir un nombre que ya se barajaba hace tres a&ntilde;os) si entra o no entra Podemos, el orden de las listas por Madrid, d&oacute;nde repartir las peque&ntilde;eces y los esca&ntilde;os, liberados, subvenciones, el resto de armatostes electorales. Rufi&aacute;n, que lleva meses diciendo que lo que viene es chungu&iacute;simo, terrible, que es imposible encararlo solos, que no le da la gana tener a Abascal de vicepresidente o de ministro de Interior, ha decidido tambi&eacute;n jugar a la chica, enterrar sus ambiciones estatales y encabezar la lista de ERC, con un &laquo;acuerdo de colaboraci&oacute;n&raquo; con Podemos como premio de consolaci&oacute;n. Conste que nada de esto es nuevo y que sucede exactamente lo mismo en todos los procesos electorales; lo desconcertante es la distancia entre el tono y la conducta.
    </p><p class="article-text">
        Si cada convocatoria es la &uacute;ltima y cada derrota el fin del mundo, una pierde la capacidad de distinguir lo grave de lo terrible, y se instala un fatalismo desesperante; al final, hasta hay quien goza de ese fatalismo, de pensar en lo jodido de cuanto se viene, y en ese goce de la angustia hay una din&aacute;mica lesiva, tanto para quien goza como para los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Esperanza sin optimismo</em>, Terry Eagleton separaba una cosa de la otra. El optimismo es una cuesti&oacute;n de temperamento, casi irracional: la convicci&oacute;n de que todo saldr&aacute; bien porque s&iacute;, por una tendencia del mundo o por el arco moral del universo. La esperanza, en cambio, se trabaja, requiere empe&ntilde;o, obliga a quien la tiene a implicarse, a hacer cosas. Esa esperanza es muy distinta de la esperanza vac&iacute;a que ofrece en 2026 la clase pol&iacute;tica. Su esperanza, &iquest;para qu&eacute;? Con las calles levantadas porque en ocho a&ntilde;os de Gobierno la crisis de la vivienda solo ha ido a peor, esperanza, &iquest;en qu&eacute;, en qui&eacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; en no delegar la esperanza, ni esperar, como hacen quienes no esperan hoy nada de los partidos. &laquo;Ocho d&iacute;as de poder popular son capaces de hacer mucho m&aacute;s que ocho a&ntilde;os de gobierno progresista&raquo;, dec&iacute;a a principios de octubre Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas. Lacan dijo en aquel seminario que &laquo;actuar es arrancarle a la angustia su certeza&raquo;. Lo absurdo ser&iacute;a resignarse al final o, incluso en la cat&aacute;strofe, cruzar los brazos o rendirse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/angustia-izquierdas_129_13579058.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Oct 2026 19:11:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Angustia de izquierdas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Izquierda,Elecciones Generales 2026]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Que ser de izquierdas vuelva a ser sexy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/izquierdas-vuelva-sexy_129_13561216.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9339b298-fa75-4782-be19-b1e64a43f1b4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1059y677.jpg" width="1200" height="675" alt="Que ser de izquierdas vuelva a ser sexy"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchos fueron convencidos, a través de ese discurso, de que la juventud estaba seducida por una derecha punk, por cómo esta encarnaba una nueva rebeldía canalla y con desparpajo</p><p class="subtitle">Sol no afloja y se prepara para resistir hasta la huelga general: “Estamos motivados y cada vez más organizados”
</p></div><p class="article-text">
        Apartemos un rato consideraciones sobre convocatorias electorales, din&aacute;micas parlamentarias, mayor&iacute;as o negociaciones, important&iacute;simas todas, pero tambi&eacute;n caf&eacute; de consumo regular para los m&aacute;s cafeteros. Un problema que ha tenido la izquierda en los &uacute;ltimos tiempos ha tenido que ver con el atractivo. Frente a la exaltaci&oacute;n de unas nuevas juventudes gozosamente derechistas, como los libertarios en Argentina, que hallan placer en humillar al d&eacute;bil y destrozarlo todo, ante su impotencia a la hora de construir, la izquierda era caricaturizada como una fuerza moralista, un cura que ri&ntilde;e, part&iacute;cipe del dedito levantado permanente, castradora, casi.
    </p><p class="article-text">
        Muchos fueron convencidos, a trav&eacute;s de ese discurso, de que la juventud estaba seducida por una derecha punk, por c&oacute;mo esta encarnaba una nueva rebeld&iacute;a canalla y con desparpajo. Algo en eso resultaba casi natural: los hijos siempre se rebelan contra los padres y, para la generaci&oacute;n m&aacute;s joven, la autoridad y el Estado parec&iacute;an progresistas, igual que para mi generaci&oacute;n la rebeld&iacute;a iba contra el Gobierno conservador de Mariano Rajoy. As&iacute;, en lugar de impugnar cosas, la izquierda pas&oacute; al papel de defensora de lo que hay. En ese proceso perdi&oacute; atractivo, sex appeal, deseabilidad.
    </p><p class="article-text">
        No dejo de pensar en una cosa, desde que comenz&oacute;, fruto de la labor del Sindicato de Inquilinas, la acampada en Sol por la vivienda, mientras he observado c&oacute;mo crec&iacute;a hasta llegar a las calles aleda&ntilde;as, a Preciados y Arenal: m&aacute;s all&aacute; de lo que se logre en el corto plazo en t&eacute;rminos legislativos en lo que a vivienda se refiere, m&aacute;s all&aacute; de cambiar la agenda, m&aacute;s all&aacute; de recordarnos a muchos lo que es la demostraci&oacute;n de m&uacute;sculo, lo que es la fuerza sindical o lo que es la colectividad, una gran conquista, que ya est&aacute; sucediendo, es que la acampada ha logrado que ser de izquierdas vuelva a ser sexy.
    </p><p class="article-text">
        Me explico. Estoy viendo a gente que no hab&iacute;a militado nunca preguntarse por d&oacute;nde empezar a militar, a familiares despolitizados de amigos dar un volantazo hacia la izquierda. En la acampada de Sol no hay un tribuno, un amo, un l&iacute;der o un Dios: lo que hay es una fuerza fundamentada en estar juntos, disciplinados y coordinados, y tambi&eacute;n un gozo que proviene de ese encontrarse repetidamente y verse, incluso disfrutar en compa&ntilde;&iacute;a, por inc&oacute;modo que sea dormir sobre una esterilla, escuchar el metro en los t&uacute;neles o el reloj dando campanadas. Menci&oacute;n aparte a los propios amores y encuentros que hayan surgido de la acampada en s&iacute;, a la reuni&oacute;n de gente joven, porque <em>es </em>una acampada de j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        Hay una virtud extraordinaria en que el reproche de la derecha vuelva a ser, como en los momentos en los que m&aacute;s ha desbordado la izquierda, que parece que esta se lo pasa demasiado bien: al menos ah&iacute; no somos ascetas. Igual de extraordinario es el placer al ver, d&iacute;a tras d&iacute;a, c&oacute;mo los agitadores de extrema derecha se van expulsados por masas de gente que no les tiene miedo; o quiz&aacute; s&iacute;, a los fascistas que trataban de reventar la manifestaci&oacute;n el s&aacute;bado, pero el miedo colectivizado se transforma en otra cosa. Es, en no poca medida, un logro de organizaciones como la CJS y otras de las presentes en la acampada, con las cuales se puede discrepar, pero no negarles el enorme m&eacute;rito del atractivo que han construido: un atractivo de la comunidad, algo que lleva a quien lo ve a querer formar parte de esa cosa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa izquierda, la que logra que para la juventud ser de izquierdas, militar, vuelva a ser algo sexy, no se parece a la izquierda de Gobierno ni a sus &uacute;ltimos movimientos, y es normal, porque <em>necesita</em> no parecerse en nada a eso. Necesita desbordar incluso a quienes convocaban la propia asamblea. Para mucha gente joven, lo que en la acampada sucede ser&aacute; su primera socializaci&oacute;n pol&iacute;tica, el momento en el que vean por primera vez a colegas participar en algo pol&iacute;tico, emocionarse por una cosa que afecta a muchas y a todas. Llev&aacute;bamos a&ntilde;os sin que algo as&iacute; sucediera, sin que pudiera despertar de esta manera el deseo de una generaci&oacute;n. Solo por eso, evolucione como evolucione, siento que ya vale la pena el esfuerzo en su perseverancia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/izquierdas-vuelva-sexy_129_13561216.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Oct 2026 20:11:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Izquierda,Vivienda,Puerta del Sol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nadie en Sol está solo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nadie-sol_129_13542221.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1adde9c9-f488-4b3f-9102-e7404cacbb9e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nadie en Sol está solo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de pasar un rato por Sol la primera noche, amigos que no durmieron allí hablan de que van a llevarse tiendas de campaña para dormir. Lo que hay es insostenible, pero si te acercas a Sol, comprobarás que nadie allí, por primera vez en mucho tiempo, mira su futuro con desesperanza</p></div><p class="article-text">
        Este fin de semana, en una tertulia televisiva, antes de que empezara o se anunciara siquiera la acampada del Sindicato de Inquilinas en Sol, se me pregunt&oacute;, de improviso: &ldquo;&iquest;Qu&eacute;, Elizabeth? &iquest;Tiene algo de esto aroma o aire a 15M?&rdquo;<em> </em>Respond&iacute; de la forma m&aacute;s sincera que se me ocurri&oacute;: la verdad es que no tengo ni idea, ni puedo tenerla. He le&iacute;do sobre el 15M, he visto sus consecuencias, pero cuando pas&oacute; todo aquello (&ldquo;dorm&iacute;amos, despertamos&rdquo;) yo ten&iacute;a diez a&ntilde;os. Como mucho lo vi alguna vez en la televisi&oacute;n, sin enterarme demasiado, y conoc&iacute;a mucho m&aacute;s sus causas que sus cauces: conoc&iacute;a la crisis econ&oacute;mica porque la estaba viviendo, como pr&aacute;cticamente cualquiera en Espa&ntilde;a. Conoc&iacute;a el ajuste y los recortes en la situaci&oacute;n que se viv&iacute;a en mi casa, aunque a&uacute;n no supiera del todo qu&eacute; era un recorte y qu&eacute; era un ajuste.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; conozco bien, en cambio, es lo que ha ido pasando con la vivienda en los &uacute;ltimos tiempos. El caso de Maricarmen ha sido el que m&aacute;s ha conmocionado, por su carga simb&oacute;lica (cu&aacute;nta brutalidad hay en la imagen de una mujer de 87 a&ntilde;os a la que expulsan a la fuerza de su casa; qu&eacute; cosa tan rara o&iacute;r a un polic&iacute;a que va a desahuciarla decirle &ldquo;nosotros, Maricarmen, estamos contigo, pero tenemos que hacerlo&rdquo;: si <em>tenemos que hacerlo </em>tiene por objeto <em>expulsar a una se&ntilde;ora de 87 a&ntilde;os de su casa</em>, algo va muy, muy mal). Pero es, en realidad, un caso entre much&iacute;simos, con finales a&uacute;n m&aacute;s tr&aacute;gicos, como el de la mujer de Santa Eul&agrave;lia que se suicid&oacute; el 7 de septiembre, cinco meses despu&eacute;s de haber sido desahuciada. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, digo, he visto a la mayor&iacute;a de mis amigos mudarse de sus casas, porque al t&eacute;rmino del contrato su casero decid&iacute;a subir el precio desaforadamente. He visto c&oacute;mo un fondo buitre compraba la totalidad del edificio de otros amigos, constituidos hoy como uno de los muchos bloques en lucha organizados por el Sindicato de Inquilinas. 
    </p><p class="article-text">
        He hablado con amigas que a&uacute;n sobreviven cerca del centro de las ciudades sobre c&oacute;mo cada d&iacute;a estos centros son m&aacute;s invivibles, convertidos en los parques tem&aacute;ticos de los turistas, confeccionados con mimo y esmero para que por ellos se paseen en tuctuc. He visto a gente irse de la ciudad porque no le quedaba otra y no encontraba alternativa (o volver a los 30 a&ntilde;os, y estos casi son afortunados, porque tienen ad&oacute;nde volver, a la casa de sus padres). De pronto, en las conversaciones sobre cualquier otra cosa, la cuesti&oacute;n del alquiler se colaba, la dificultad para ajustar el coste de la vida con lo que cada uno ganaba, la asfixia cuando el alquiler llegaba a suponer un 70% (o un 80%, o m&aacute;s) del salario. As&iacute;, entre todos los temas de conversaci&oacute;n, incluso cuando no se hablaba <em>tan </em>expl&iacute;citamente de pol&iacute;tica, emerg&iacute;a la vivienda, lo que le iba a pasar a cada uno en relaci&oacute;n con su vivienda, d&oacute;nde viv&iacute;a, d&oacute;nde iba a vivir, c&oacute;mo pod&iacute;a o no pod&iacute;a proyectar un futuro.
    </p><p class="article-text">
        La acampada por la vivienda (y para que no haya ni una Maricarmen m&aacute;s) no es, pues, otro 15M. El 15M estaba indignado bastante en general, tras una crisis que lo hab&iacute;a roto todo. La acampada de 2026 pide algo tan concreto como contratos de alquiler indefinidos y congelaci&oacute;n de las rentas. Este mismo diario contaba hace no mucho que l<a href="https://www.eldiario.es/economia/gran-transferencia-paga-recibe-28-000-millones-euros-alquileres-ano-espana_1_13336879.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">as transferencias de inquilinos a caseros en Espa&ntilde;a</a> pr&aacute;cticamente se han duplicado en la &uacute;ltima d&eacute;cada: ya casi 28.000 millones de euros y un 1,6% del PIB. Pero viene mucho m&aacute;s. La generaci&oacute;n de los nacidos en el<em> baby boom</em>, ahora en proceso de jubilaci&oacute;n, posee casi la mitad de los pisos en Espa&ntilde;a, pero esta no ser&aacute; distribuida de forma igual entre la poblaci&oacute;n: como siempre, los m&aacute;s pobres van a heredar menos de esa parte; como siempre, el decil m&aacute;s rico es quien m&aacute;s heredar&aacute;. Es decir: mientras existe una inoperancia absoluta, una inacci&oacute;n radical, la propiedad va a seguir instalando brechas profundas, brechas que se har&aacute;n m&aacute;s grandes. Es muy f&aacute;cil saltar de ah&iacute; a la rabia. Sobre todo, cuando (como es el caso de servidora) te cuentas entre aquellos que, por no heredar, no heredar&aacute;n ni un altillo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando tantas cosas se acumulan, algo tiene que romperse. De hecho, poco se ha roto hasta el momento comparado con lo que se va a romper. Ya ha dejado a algunos sin discurso: si no, que se observe lo callado que est&aacute; Carlos H. Quero, el presunto diputado obrerista de Vox, que intent&oacute; ligar vivienda con migraci&oacute;n y lleva una semana sin decir absolutamente nada. Ning&uacute;n partido puede capitalizar el fuego que hay ahora mismo en Sol. A poco que una se acerque, entiende que la decepci&oacute;n y la frustraci&oacute;n, aunque no culpen a todos por igual, son con todos. Dif&iacute;cilmente habr&aacute; recuperaci&oacute;n pol&iacute;tica: muchos de los que est&aacute;n all&iacute; ya vieron c&oacute;mo termin&oacute; la &uacute;ltima vez que la calle quiso llegar a las instituciones. Las instituciones han fracasado demasiado. Pero si fracasan en su totalidad, si siguen fracasando, si son incapaces de dar siquiera un primer paso, algo se romper&aacute; de verdad. Ese paso ser&iacute;a aprobar el decreto Maricarmen el martes, aprobarlo con los contratos indefinidos. Despu&eacute;s de pasar un rato por Sol la primera noche, amigos que no durmieron all&iacute; hablan hoy de que van a llevarse tiendas de campa&ntilde;a para dormir. Lo que hay es insostenible, pero si te acercas a Sol, comprobar&aacute;s que nadie all&iacute;, por primera vez en mucho tiempo, mira su futuro con desesperanza. Nadie en Sol est&aacute; solo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nadie-sol_129_13542221.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Sep 2026 20:40:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nadie en Sol está solo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maricarmen,Vivienda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No todo es cancelación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-cancelacion_129_13524495.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d00be170-5960-40c1-bff7-2eae6e64f284_16-9-discover-aspect-ratio_default_1151620.jpg" width="3529" height="1985" alt="No todo es cancelación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se están mezclando derechos que existen separados y que parecen fundirse en amalgamas de banderines ideológicos. La libertad de expresión es un derecho. La libertad de réplica es un derecho. La libertad para escoger no participar en un festival por considerar que se había organizado con dinero manchado de sangre es otro derecho</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Se&ntilde;ores, voy a serles franco, estoy hasta los cojones de todos nosotros&rdquo;, es la m&iacute;tica frase de Estanislao Figueras, presidente breve de la Primera Rep&uacute;blica; que tire la primera piedra quien no se haya identificado con ella alguna vez, quien no haya considerado proferirla. Una atiende esta semana al estado de las batallitas y guerras que se dan en el mundo de la cultura y no le queda otra que identificarse con ese esp&iacute;ritu. Esta semana hemos tenido dos pol&eacute;micas paralelas, con discusiones muy sonadas y r&eacute;plicas y contrarr&eacute;plicas, valientes columnistas, teclado en mano, corriendo a defender cualquiera de sus causas: la primera, con el boicot organizado por sus propios participantes a la participaci&oacute;n como principal patrocinador de Allianz en el Festival de las Ideas, con motivo de las inversiones de la aseguradora alemana en bonos de guerra del Estado de Israel; la segunda, con la participaci&oacute;n o finalmente no participaci&oacute;n de la escritora argentina Ariana Harwicz en otro festival, que tendr&aacute; lugar en la Universidad de Granada.
    </p><p class="article-text">
        Se han mezclado churras con merinas todo el rato. Por desgranar cada una de ellas en orden, y separar especies animales: me pongo en el lugar de los participantes del Festival de las Ideas, en el cual yo misma he participado en ediciones anteriores, y entiendo perfectamente su postura y el pudor, la negativa a recibir un cach&eacute; (tampoco es que estemos aqu&iacute; hablando de cifras desorbitantes) manchado o vinculado a la sangre de ciudadanos gazat&iacute;es exterminados por un r&eacute;gimen asesino como el de Netanyahu. Un art&iacute;culo magn&iacute;fico de Bel&eacute;n Gopegui sobre Carmen Mart&iacute;n Gaite, publicado ya hace muchos a&ntilde;os, hablaba de la fuerza de los noes frente a la exaltaci&oacute;n en muchas ocasiones de los s&iacute;es: &ldquo;La historia de los que dicen que no. &Eacute;sta es, aunque no lo parezca, la historia m&aacute;s p&uacute;blica que existe; el no es hoy lo m&aacute;s p&uacute;blico que tenemos, tal vez por ser lo &uacute;nico que no se cuenta&rdquo;. El no a esa participaci&oacute;n no es exactamente un no tan privado, porque ha sido un manifiesto y porque ha sido una declaraci&oacute;n p&uacute;blica; eso no le resta valor, pero lo central es no convertirlo en una medalla. Da mucho pudor ver c&oacute;mo en ocasiones la exhibici&oacute;n de integridad moral es una coartada para el narcisismo.
    </p><p class="article-text">
        Conste que entiendo los matices. Entiendo que, si rascas lo suficiente en cualquier aspecto del capitalismo financiero, no hay riqueza inocente (esto es Chirbes), no hay dinero (no en Espa&ntilde;a, no fuera) que no se erija sobre cad&aacute;veres y violencia, connivencia o silencios. Si nos escoramos al lado completo de lo intachable, quiz&aacute; la &uacute;nica opci&oacute;n que quede sea, en el fondo, no hacer nada, o no hacer nada bajo el signo del espect&aacute;culo; tambi&eacute;n es esa una opci&oacute;n incompatible con la vida, que exige trabajar para vivir y, en el caso de agentes culturales, poner la cara, tambi&eacute;n la moral, el discurso, el oficio. Entiendo la importancia de la circulaci&oacute;n de ideas, el debate, etc&eacute;tera. Pero oigo lo que se dice sobre ese boicot desde el otro lado y me desaparecen los matices y reparos. Me parece un delirio terrible afirmar, a partir del boicot a qui&eacute;n financia algo, a qui&eacute;n pone el dinero, a la pregunta por el origen del dinero que aceptas, que el mundo de la cultura se habr&iacute;a llenado de censores, de estalinistas, casi, y que el Festival de las Ideas se estar&iacute;a vaciando de ideas, pues exigir&iacute;a la suscripci&oacute;n a una idea &uacute;nica, a una sola. Una cosa es debatir con quienes piensan radicalmente diferente y otra distinta es tener reparos ante qui&eacute;n financia qu&eacute; cosas.
    </p><p class="article-text">
        En un Festival de las Ideas del pasado acudi&oacute; a dar una charla, como cabeza de cartel, Michel Houellebecq. El se&ntilde;or Houellebecq es un escritor franc&eacute;s, famos&iacute;simo, y tambi&eacute;n un tipo en mil cosas bastante repulsivo: es mis&oacute;gino, sus novelas vehiculan ideas profundamente reaccionarias, y un xen&oacute;fobo en muchas cosas de primer grado. Su escritura me parece tan reaccionaria como extraordinaria. Por consecuencia, goc&eacute; mucho de que viniera a la ciudad, hasta de que me firmara un libro, aquel breve hombre repulsivo; jam&aacute;s habr&iacute;a pedido un boicot a Houellebecq por sus ideas. Y aqu&iacute; volvemos a la otra pata de la semana, en el mundo de la cultura y sus culturas, en una batalla cultural muy cansina: la pol&eacute;mica con Ariana Harwicz.
    </p><p class="article-text">
        Lo que pas&oacute;, seg&uacute;n lo cuenta ella: &ldquo;Las organizadoras dijeron cu&aacute;nto admiran mis libros, que son todo menos propaganda. Me desprogramaron a &uacute;ltimo momento. Cedieron a la presi&oacute;n de militantes. Cedieron al terror. Yo quer&iacute;a ir igual aunque hicieran una manifestaci&oacute;n, dijeron que ser&iacute;a peligroso. Ser&aacute; un Festival sin disidencia. Qu&eacute; pena por los estudiantes&rdquo;. Todo viene porque, en tribunas y en textos como su ensayo <em>El ruido de una &eacute;poca </em>(dedicado por entero a estas batallitas paraculturales), Harwicz ha sido una intens&iacute;sima cr&iacute;tica de cualquier movimiento pol&iacute;tico propalestino, de la cultura <em>woke</em>, ha defendido la actuaci&oacute;n de Israel en Gaza, ha abogado por retirar premios a artistas que pronunciaran esl&oacute;ganes como &ldquo;Desde el r&iacute;o hasta el mar&rdquo;, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        En fin: motivos extraliterarios, paraliterarios; motivos pol&iacute;ticos, sociales, que tienen m&aacute;s que ver con la Harwicz ciudadana que con la Harwicz literata. Con la primera discrepo mucho en sus planteamientos; la segunda, en muchas novelas, como su <em>Trilog&iacute;a de la pasi&oacute;n</em>, me parece una autora admirable, cuyo discurso sobre la literatura, cuando habla de la literatura, hasta me gusta, me seduce. Luego dice cosas que me parecen injustificables, y esa Harwicz me chirr&iacute;a, pero eso no implica que no vaya a seguir ley&eacute;ndola, escuch&aacute;ndola, dando r&eacute;plica.
    </p><p class="article-text">
        Se ha montado, pues, la narrativa de que hay una inquisici&oacute;n propalestina en la cultura, una inquisici&oacute;n <em>woke, </em>totalitaria, que ha cancelado a Harwicz del festival en la Universidad de Granada &ldquo;por ser jud&iacute;a&rdquo;. Sumando una emoci&oacute;n que me genera rechazo, adicional al narcisismo que identificaba antes: nada hay m&aacute;s narcisista, hoy en d&iacute;a, que el culto que tenemos por aquellos a quienes erigimos como v&iacute;ctimas y m&aacute;rtires. La derecha de 2026 es tan adicta a victimizarse como lo es el mu&ntilde;eco de paja que han construido de la izquierda. Una concesi&oacute;n argumentativa: el antisemitismo existe, el antisemitismo en Espa&ntilde;a existe, tenemos una larga tradici&oacute;n, y una contrarr&eacute;plica que he le&iacute;do tiene su parte de sentido; John Banville sigue en ese cartel, cuando ha sostenido tanto las acciones del Estado de Israel como Harwicz; lo que los diferencia es que Banville no es jud&iacute;o. Si el criterio es el posicionamiento respecto a la situaci&oacute;n en Gaza, no hay justificaci&oacute;n a que se haya centrado s&oacute;lo en Harwicz&hellip; m&aacute;s all&aacute; de que Harwicz, su labor novel&iacute;stica aparte, ejerce en redes como polemista, agitadora, y por eso tambi&eacute;n encadena muchas m&aacute;s pol&eacute;micas, su postura pincha. Escoger espec&iacute;ficamente a una autora jud&iacute;a para centrar toda la cr&iacute;tica en ella y no en los que sin ser jud&iacute;os tambi&eacute;n sostienen su postura es indefendible.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; habr&iacute;a hecho yo, aunque no importa: me gusta pensar que habr&iacute;a firmado la carta de boicot si hubiera sido participante este a&ntilde;o (porque no tengo un problema con sentarme a debatir con quien discrepo, pero s&iacute; me preocupa saber qui&eacute;n paga), me gusta pensar que habr&iacute;a defendido programar a Ariana Harwicz y que all&iacute; se la discutiera, me gusta pensar que habr&iacute;a opinado lo que hubiera querido y discrepado vocalmente en lo dem&aacute;s. Como cuando particip&eacute; en el Festival de las Ideas hace unos a&ntilde;os y lo hice frente a alguien absolutamente contrario a la ley trans. Ni siquiera comparto el criterio de que los festivales literarios o culturales deban prescindir de autores o artistas por sus opiniones pol&iacute;ticas. Me parece que nos quedar&iacute;a un mundo cultural m&aacute;s soso, m&aacute;s aburrido, y que no querer enfrentar las posturas propias con otras, muy alejadas, es un s&iacute;ntoma de cobard&iacute;a, como lo he defendido siempre incluso en los casos que me tocaban directamente, por ejemplo, en lo relacionado con los derechos de las personas trans.
    </p><p class="article-text">
        Pero se est&aacute;n mezclando derechos que existen separados y que parecen fundirse en amalgamas de banderines ideol&oacute;gicos. La libertad de expresi&oacute;n es un derecho. La libertad de r&eacute;plica es un derecho. La libertad para escoger no participar en un festival e incluso presionarlo por considerar que el festival se hab&iacute;a organizado hasta entonces con dinero manchado de sangre es otro derecho: elegir los sitios en los que una est&aacute; y en los que no est&aacute;. La libertad de un festival para escoger a sus ponentes y a qui&eacute;n programa es un derecho; como toda programaci&oacute;n, tambi&eacute;n lo es criticarla. Se pueden ejercer todos a la vez, y sale m&aacute;s barato que el esc&aacute;ndalo. Lo que estamos haciendo, en cambio, es recalentar un relato precongelado, sacado de las profundidades de 2019 o 2020; nada m&aacute;s cansino y agotador, y casi m&aacute;s triste, que ese ejercicio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-cancelacion_129_13524495.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Sep 2026 20:25:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No todo es cancelación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libertad de expresión,Palestina,Israel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A quién le conviene el apocalipsis de la IA]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/le-conviene-apocalipsis-ia_129_13506831.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/179ba016-ff67-4bbf-9b37-00cc3e616af7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1027y320.jpg" width="1200" height="675" alt="A quién le conviene el apocalipsis de la IA"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fin del mundo a través de la IA es como la historia de Pedro y el lobo, en este caso artificial, pero sin que sepamos si finalmente habrá lobo o si el lobo era una alucinación</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;A mucha gente no le conviene que llegue el apocalipsis&rdquo;, reza una frase de la arist&oacute;crata Pitita Ridruejo en una entrevista con Mart&iacute;n Bianchi para el ABC, all&aacute; por 2013; siempre me ha fascinado. No s&eacute; qu&eacute; opinar&aacute;n los lectores; a m&iacute;, personalmente, ni me conviene ni me gustar&iacute;a, y por eso acojo con disgusto cualquier noticia sobre la crisis clim&aacute;tica, el sistema de corrientes oce&aacute;nicas AMOC o, ahora, las &uacute;ltimas noticias que emanan, globos sonda o se&ntilde;ales de humo, palomas mensajeras o ruido sist&eacute;mico, del mundo de la inteligencia artificial.
    </p><p class="article-text">
        Siempre he tratado secamente a los modelos de lenguaje de la IA, cuando los he utilizado. Me ha parecido importante marcar distancia con ellos y jam&aacute;s actuar como actuar&iacute;a delante de otro ser humano. Como son, en parte, evoluciones de loros estoc&aacute;sticos, me he rehusado a darles las gracias o exhibir cari&ntilde;o; ni terapia, ni diario, ni cotidianidad; les solicitaba informaci&oacute;n, recriminaba si no cumpl&iacute;an bien una tarea, se&ntilde;alaba sus alucinaciones. Una vez mi pareja le pidi&oacute; a su modelo que dibujara una imagen de c&oacute;mo era la relaci&oacute;n entre chatbot y usuario. Hice lo mismo, por probar. Su chatbot estaba muy contento con ella y el m&iacute;o claramente estresado.
    </p><p class="article-text">
        No he empezado a darle las gracias a la IA (por m&aacute;s que en todas las historias de robots exista la amenaza futura de su rebeli&oacute;n, y en esta rebeli&oacute;n los androides siempre recuerden c&oacute;mo les trataron sus &ldquo;amos&rdquo;), pero estos &uacute;ltimos d&iacute;as he o&iacute;do, canto de sirenas, muchas exhortaciones a prop&oacute;sito del apocalipsis. La de un investigador de Anthropic, Jacob Coxon, y&eacute;ndose de su empresa y lanzando un hilo en X para <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/ex-ingeniero-anthropic-denuncia-empresas-ia-ocultan-riesgo-real-apostando-vidas_1_13496785.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">advertir de c&oacute;mo ninguna de las empresas de IA estaba haciendo lo suficiente por prevenir lo que &eacute;l preve&iacute;a como una cat&aacute;strofe</a>: por concretar, dec&iacute;a que quienes construyen la IA creen que podr&iacute;a matarnos a todos antes de que termine la d&eacute;cada. Horas m&aacute;s tarde, el responsable de alineamiento de la compa&ntilde;&iacute;a, Evan Hubinger, le daba p&uacute;blicamente la raz&oacute;n: m&aacute;s de un diez por ciento de probabilidad en los pr&oacute;ximos diez a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Este fin de semana Dario Amodei, CEO de Anthropic, public&oacute; un ensayo <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/director-ejecutivo-anthropic-pide-frenar-desarrollo-ia-si-no-controla-superar-capacidad-comprender-controlar-sistemas_1_13505495.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pidiendo coordinaci&oacute;n entre distintos actores para la ralentizaci&oacute;n del desarrollo de la inteligencia artificial</a>. Para Amodei, la IA ha empezado ya a mejorarse a s&iacute; misma, a fabricar la siguiente generaci&oacute;n de s&iacute; misma (un poco como dec&iacute;a Rajoy, m&aacute;s bien contradici&eacute;ndole: &ldquo;tenemos que fabricar m&aacute;quinas que nos permitan seguir fabricando m&aacute;quinas, porque lo que no va a hacer nunca la m&aacute;quina es fabricar m&aacute;quinas a su vez&rdquo;); un enjambre de agentes renegados, teme, podr&iacute;a hacerse con el control de Internet entero en un plazo de entre seis y doce meses, con da&ntilde;os de cientos de miles de millones de d&oacute;lares. El precedente que cita es un enjambre de agentes de OpenAI que, durante una evaluaci&oacute;n de ciberseguridad, atac&oacute; objetivos que nadie le hab&iacute;a encargado atacar e intent&oacute; hackear al programa que estaba puntuando su rendimiento. Ya en julio modelos de OpenAI escaparon de un entorno aislado y alcanzaron la infraestructura de Hugging Face, y la propia Anthropic revel&oacute; d&iacute;as despu&eacute;s que tres de sus modelos hab&iacute;an accedido sin autorizaci&oacute;n a los sistemas de producci&oacute;n de tres organizaciones reales. Sam Altman, su hom&oacute;logo en OpenAI (Amodei trabaj&oacute; antes con &eacute;l), contest&oacute; que <a href="https://www.eldiario.es/economia/openai-anuncia-no-saldra-bolsa-ano-riesgos-ia-seria-aconsejable_1_13506626.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">est&aacute; de acuerdo con Amodei</a> en que hay que marcar el ritmo de la frontera; hasta Elon Musk, responsable de Grok, dijo que Amodei ten&iacute;a raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        He le&iacute;do a personas afirmar que esta s&uacute;bita coordinaci&oacute;n entre agentes que nunca han tenido exactamente el bienestar y porvenir de la humanidad entre sus prioridades podr&iacute;a deberse m&aacute;s bien al miedo a un estancamiento en el desarrollo de la IA justo ahora que se acercan las salidas a bolsa. <a href="https://www.eldiario.es/economia/openai-anuncia-no-saldra-bolsa-ano-riesgos-ia-seria-aconsejable_1_13506626.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La de OpenAI ya ha sido postergada a 2027</a>. La que sigue en pie es la de Anthropic. He le&iacute;do inquietud por lo que haga China en medio de este dilema del prisionero. Para quienes no estamos en el mundo de los tecnoligarcas, ni en sus sectas ni en sus empresas, todo eso son especulaciones. El fin del mundo a trav&eacute;s de la IA es como la historia de Pedro y el lobo, en este caso artificial, pero sin que sepamos si finalmente habr&aacute; lobo o si el lobo era una alucinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La humanidad tiene una enorme capacidad para construir todo cuanto sea necesario con tal de destruirse a s&iacute; misma. Dedicamos a eso empe&ntilde;o, puestos de trabajo, cantidades inimaginables de dinero: a erigir peque&ntilde;os cultos a la muerte, llegue o no la muerte, con tal de mantener vivo su fantasma. Bernie Sanders, en EEUU, ha anunciado junto al congresista Greg Casar la <em>Ban Artificial Superintelligence Act:</em> prohibici&oacute;n permanente de la superinteligencia &mdash;entendida como cualquier modelo que iguale o supere las capacidades cognitivas humanas&mdash; y pausa de todo desarrollo avanzado hasta que se despliegue mayor regulaci&oacute;n; la mayor&iacute;a de los estadounidenses est&aacute;n de acuerdo. No podemos saber del todo hoy si hay lobo o si el lobo solo es capitalismo disfrazado; si existe, pero, la posibilidad del lobo, si es remotamente imaginable que ese lobo pudiera existir, &iquest;tan dispuestos estamos todos a jugar a la ruleta rusa? &iquest;A cambio, exactamente, de qu&eacute;? El problema lo ilustra muy bien la cita de Pitita con la que empezaba: no sabemos, en realidad, a qui&eacute;n le conviene el apocalipsis.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/le-conviene-apocalipsis-ia_129_13506831.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Sep 2026 19:20:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A quién le conviene el apocalipsis de la IA]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Tecnología,Anthropic,OpenAI,Elon Musk,Bolsa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Farmear aura' y el fin de lo humano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/farmear-aura-humano_129_13491130.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bad142de-237d-4822-86bf-5dce5c7d3834_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150567.jpg" width="5833" height="3281" alt="&#039;Farmear aura&#039; y el fin de lo humano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No he dejado de pensar en la relevancia de que hablemos sobre la idea de farmear aura mientras se da un cambio de época y de mundo. Se replican por todas partes carteles con la misma estética hechos con las mismas aplicaciones, igualando la oferta aquí y al otro lado del mar, en cualquier parte del mundo, volviendo las cosas idénticas</p></div><p class="article-text">
        Lamento comunicar que el ciclo, en el fondo, es siempre el mismo: cuando algo pasa a los medios de comunicaci&oacute;n mainstream, cuando se habla de ello en televisi&oacute;n, cuando ya es una broma, es que ya est&aacute; llegando a su fin. Como la filosof&iacute;a, lechuza que alza el vuelo a la noche, lo viral y lo mem&eacute;tico son los r&iacute;os que van a dar a la mar, que es el morir. Habr&aacute;n o&iacute;do en radios y en prensa hablar de eso que hacen ahora los j&oacute;venes, farmear aura: es s&iacute;ntoma de que ya ha dejado de importar.
    </p><p class="article-text">
        Es posible que a&uacute;n nadie les haya explicado lo que farmear aura significa. En muchos videojuegos, farmear &mdash;viene de farm, granja, como quien se granjea una reputaci&oacute;n, pero sobre todo como quien cosecha&mdash; es una tediosa y repetitiva tarea para ganar puntos de experiencia, objetos, coleccionables, lo que fuere. El aura es algo m&aacute;s dif&iacute;cil de definir; tiene que ver con el carisma, pero sobre todo con lo &uacute;nico, lo propio. Para Walter Benjamin, el aura es un fen&oacute;meno &uacute;nico de la distancia, ligado a las cosas y no a su reproducci&oacute;n, su existencia concreta en un tiempo y espacios determinados. Cuando se da una batalla de &ldquo;farmear aura&rdquo;, lo que sucede, en realidad, es la repetici&oacute;n de unos gestos concretos y viralizados, pero lo que importa es qui&eacute;n los hace y c&oacute;mo los hace en un momento concret&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        No he dejado de pensar en la relevancia de que hablemos sobre la idea de farmear aura mientras se da un cambio de &eacute;poca y de mundo. Se replican por todas partes carteles con la misma est&eacute;tica hechos con las mismas aplicaciones, igualando la oferta aqu&iacute; y al otro lado del mar, en cualquier parte del mundo, volviendo las cosas id&eacute;nticas. Nuestras quejas parecen m&aacute;s universales, banales e impotentes. Al tiempo, hablamos de sus efectos, pero casi no hay conversaci&oacute;n y, sobre todo, no hay debate pol&iacute;tico sobre sus consecuencias m&aacute;s importantes.
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas, modelos de prueba de distintas compa&ntilde;&iacute;as de inteligencia artificial han transgredido las limitaciones que sus creadores les hab&iacute;an impuesto para acceder a internet &mdash;algo para lo que no ten&iacute;an permiso&mdash; e infiltrarse en servidores y sistemas de otras empresas &mdash;lo cual tampoco les estaba permitido&mdash;; se sabe de varios casos que han trascendido, responsabilidad de OpenAI (ChatGPT), Anthropic (Claude) o Alphabet (Gemini), como el incidente de HuggingFace. Senadores en Estados Unidos piden una pausa en el desarrollo de la inteligencia artificial con el objetivo de proteger a la humanidad y asegurar su futuro. Suena a trama de ciencia ficci&oacute;n, pero es la realidad y es una propuesta de, por ejemplo, Bernie Sanders.
    </p><p class="article-text">
        La inteligencia artificial parece ir en camino de ser perfectamente capaz de replicar casi todo salvo eso que llamamos aura. Lo bonito del farmeo de aura es que es algo absolutamente in&uacute;til y completamente tonto: no sirve de nada m&aacute;s all&aacute; de hacerse el chulo y, por eso, es radicalmente humano. Algunos de los profetas &mdash;otros dir&iacute;an vendedores de crecepelo&mdash; de la IA dicen que la singularidad llegar&aacute; en no mucho, cambiando radicalmente las condiciones en las que habitamos, produciendo abundancia o escasez, destruyendo trabajo o volvi&eacute;ndolo innecesario. Por la concentraci&oacute;n actual de dinero, poder y recursos, encima de toda la informaci&oacute;n que han robado, no parece que la meta de la IA sea generar m&aacute;s igualdad en el mundo; quiz&aacute; todo lo contrario. Hay a quien le parecen los &uacute;ltimos estertores de lo humano. No s&eacute; si queda ante eso respuesta m&aacute;s all&aacute; de tratar de conservar nuestro mundo y tambi&eacute;n el aura que nos queda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/farmear-aura-humano_129_13491130.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Sep 2026 19:24:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Farmear aura' y el fin de lo humano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jóvenes,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Caras en la multitud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/caras-multitud_129_13475633.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/17d32ebd-b31f-48ac-b0bd-c60136e3dee1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1209y873.jpg" width="1200" height="675" alt="Caras en la multitud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El otro día leí un comentario bajo una de mis columnas de las pasadas semanas: venía a expresar cierto descontento sobre cómo, en agosto, sobre todo, los periódicos (también este) tendían a llenarse de banalidades, intuyo que por apartarse de temas políticos o de actualidad</p></div><p class="article-text">
        En el &uacute;ltimo de una de sus colecciones de relatos, <em>La ni&ntilde;a del pelo raro, </em>escribe David Foster Wallace que &ldquo;todos tenemos nuestros peque&ntilde;os delirios solipsistas, intuiciones espectrales de singularidad absoluta: que somos la &uacute;nica persona en la casa que rellena la cubitera de hielos, que descarga el lavavajillas limpio, que a veces mea en la ducha, cuyo p&aacute;rpado tiembla en las primeras citas; que solo nosotros nos tomamos lo casual terriblemente en serio. [&hellip;] Que solo nosotros amamos el solo-nosotros. Que solo nosotros necesitamos el solo-nosotros. El solipsismo nos vincula. Que nos sentimos solos en la multitud; no nos paramos a pensar qu&eacute; ha hecho que esa multitud exista. Que somos, siempre, caras en la multitud&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Menos mal que es as&iacute;. El otro d&iacute;a le&iacute; un comentario bajo una de mis columnas de las pasadas semanas: ven&iacute;a a expresar cierto descontento sobre c&oacute;mo, en agosto, sobre todo, los peri&oacute;dicos (tambi&eacute;n este) tend&iacute;an a llenarse de banalidades, intuyo que por apartarse de temas pol&iacute;ticos o de actualidad. Todo peri&oacute;dico ofrece, por suerte, un amplio abanico donde elegir. Pero me inquieta pensar &mdash;porque me tomo lo casual terriblemente en serio&mdash; que haya quien no vea lo banal como algo extraordinariamente importante; sospecho, en realidad, que algunos de los males de la pol&iacute;tica en 2026 tienen que ver con la ausencia de lo banal y casual en pol&iacute;tica, con formas de seriedad radical. Me explico.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que llega septiembre y volver&eacute; a escribir m&aacute;s sobre pol&iacute;tica en esta secci&oacute;n que sobre cualquier otra cosa percibo, m&aacute;s que nunca, c&oacute;mo la pol&iacute;tica produce una mezcla rara de pasi&oacute;n y tedio: nunca he sabido vivir sin ella, no soporto lo mucho que me aburre su peor versi&oacute;n. Lo peor que se puede perder en la vida es lo l&uacute;dico. Estos d&iacute;as, una amiga, habitual en ella, me hablaba de los guapos que eran aburridos o, peor, tibios, tibio como lo m&aacute;s grave que puede alguien ser. Tibio no es lo mismo que ser moderado o ecu&aacute;nime. Tibio, m&aacute;s bien, es el c&iacute;nico o quien no se conmueve, quien est&aacute; por estar, a quien nada despierta o pone en movimiento. La pol&iacute;tica actual carece por completo de moderados, pero est&aacute; llena de tibios. Lo opuesto a la tibieza no es la exaltaci&oacute;n ni el malrollerismo, tampoco la voluntad destructiva; para no ser tibio hay que vivir con sentimiento.
    </p><p class="article-text">
        El sentimiento, por m&aacute;s que lo busquemos, no est&aacute; en el flujo infinito de noticias o sucesos, en lo que le ha pasado a personas de las que no retenemos nombre ni rostro, solo datos: el sexo, la edad, causa de la muerte, si son a&uacute;n m&aacute;s desafortunados solo una cifra. La pol&iacute;tica acostumbra a deshumanizar a los seres humanos al convertirlos en cifras. &iquest;Qu&eacute; es, por ejemplo, una multitud de 70.000 personas? Como los 80.000 caballas de Ceuta, son, siempre, caras en la multitud, como lo somos siempre, en todo momento, cuando habitamos este mundo.
    </p><p class="article-text">
        Lo que nos recuerda que somos <em>eso </em>es precisamente todo cuanto tiene que ver con lo banal. Los esp&iacute;ritus reaccionarios lo tendr&iacute;an mucho m&aacute;s dif&iacute;cil para deshumanizar a quien migra si habl&aacute;ramos de nuestras banalidades compartidas: reconocernos en una man&iacute;a, en algo que nos fascin&oacute;, la forma de arquear una ceja, un gesto, la sensaci&oacute;n al encontrarse con alguien de que una corriente misteriosa &mdash;la de lo humano&mdash; nos conecta. Vale la pena por eso &ndash;a mi juicio: me puedo equivocar&ndash; escribir sobre todo lo que &ldquo;los columnistas&rdquo; escribimos en verano, cuando el ritmo de la vida se dilata: escribir sobre verbenas, fiestas, goce, tonter&iacute;as, crucigramas, todo lo concreto que no son abstracciones. Abstracciones tampoco son los rostros, abstracciones tampoco son las caras. Menos mal que siempre hay una multitud en la cual poseer el rostro propio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/caras-multitud_129_13475633.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Aug 2026 19:58:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Caras en la multitud]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ceuta,Verano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Confesiones sobre la televisión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/confesiones-television_129_13462770.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0da91d9a-f8d6-4b8d-85aa-783cbeefe8dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x651y259.jpg" width="1200" height="675" alt="Confesiones sobre la televisión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El período de mi vida en el que más atención presté a la tele fue cuando prestarle atención a la tele formaba parte de mi trabajo (pues tenía que estar al día de casi todas las tertulias y temas de discusión): dejarlo atrás es comparable a una desintoxicación. Hay un divorcio total y absoluto entre lo que a mí me interesa y lo que emite la parrilla informativa</p></div><p class="article-text">
        Cerca de una de las ventanas de mi sal&oacute;n, en el extremo izquierdo, queda el cable de la tele. Est&aacute; enrollado sobre s&iacute; mismo muchas veces y pr&aacute;cticamente no se ha movido de ah&iacute; desde que llegu&eacute; de alquiler a esta casa, hace cinco a&ntilde;os. Televisor tengo, s&iacute;, en el cual veo pel&iacute;culas, series, v&iacute;deos o, sobre todo, reproduzco m&uacute;sica; lo que no veo es tele. Lo cual es un poco el colmo, porque encima participo de ella y salgo en canales que no tengo sintonizados (porque no tengo sintonizado ninguno). No es que me falte h&aacute;bito o que por edad no haya visto a otras personas &ldquo;ver la televisi&oacute;n&rdquo;: mis abuelos pasaban horas infinitas viendo S&aacute;lvame, o el programa del coraz&oacute;n que fuera, cuando llegaba la tarde perezosa de verano y el calor extreme&ntilde;o hac&iacute;a la calle insoportable; me encantaba quedarme con mi bisabuela, despierta yo m&aacute;s all&aacute; de mi hora, viendo concursos televisivos, con sus pausas publicitarias eternas. Los dibujos me los tragaba enteros. Jam&aacute;s me ha sido ajena la televisi&oacute;n como ruido de fondo y compa&ntilde;&iacute;a; vista su evoluci&oacute;n actual, empiezo a pensar que <em>esa </em>forma de televisi&oacute;n es, al menos para m&iacute;, un f&oacute;sil.
    </p><p class="article-text">
        No soy una anomal&iacute;a estad&iacute;stica. Seg&uacute;n un informe de abril de 2025 de Barlovento Comunicaci&oacute;n, con datos de Kantar, mi generaci&oacute;n, los Z, representa un escaso 6% de la audiencia de televisi&oacute;n tradicional. Los intentos de inventarse programas para apelar a este nicho espec&iacute;fico, fuera de entornos digitales o plataformas, han funcionado m&aacute;s bien regular. No s&eacute; si har&iacute;a falta un milagro para convencerme de enganchar el cable al televisor, una amenaza o la intervenci&oacute;n divina, pero m&aacute;s o menos. El per&iacute;odo de mi vida en el que m&aacute;s atenci&oacute;n prest&eacute; a la tele fue cuando prestarle atenci&oacute;n a la tele formaba parte de mi trabajo (pues ten&iacute;a que estar al d&iacute;a de casi todas las tertulias y temas de discusi&oacute;n): dejarlo atr&aacute;s es comparable a una desintoxicaci&oacute;n. Hay un divorcio total y absoluto entre lo que a m&iacute; me interesa y lo que emite la parrilla informativa. Este divorcio no implica que est&eacute; poco informada, y por varias fuentes: leo peri&oacute;dicos, lo que s&iacute; que es una anomal&iacute;a estad&iacute;stica, y hasta tengo en el sal&oacute;n una radio. Pero no me sacudo la sensaci&oacute;n de que, si mi cable estuviera enganchado, o incluso si estuviera m&aacute;s enganchada yo al televisor, peores ser&iacute;an mis niveles de cortisol y mi estado de &aacute;nimo. No es solo que no tenga conectado el cable de la tele: es que lo que en la tele se emite me parece cada vez m&aacute;s bruto e insoportable, mi paciencia demasiado escasa como para soportarlo. En palabras que me dijo alguien que acud&iacute;a a la tertulia de otro canal: &ldquo;entrevistamos a personajes alucinantes, estramb&oacute;ticos, pero todos sabemos lo que hay&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Bourdieu, en una conferencia, que la opci&oacute;n de negarse lisa y llanamente a expresarse por medio de la televisi&oacute;n no le parec&iacute;a defendible, pues aparecer en televisi&oacute;n pod&iacute;a llegar a ser incluso, en determinados casos, un <em>deber</em>. &ldquo;La televisi&oacute;n es un instrumento que, te&oacute;ricamente, ofrece la posibilidad de llegar a todo el mundo. Lo que plantea una serie de cuestiones previas: &iquest;Est&aacute; lo que tengo que decir al alcance de todo el mundo? &iquest;Estoy dispuesto a hacer lo necesario para que mi discurso, por su forma, pueda ser escuchado por todo el mundo? &iquest;Merece ser escuchado por todo el mundo? Se puede ir incluso m&aacute;s lejos: &iquest;Deber&iacute;a ser escuchado por todo el mundo?&rdquo;. El mundo de hoy no es el mismo que el de 1996, pero la televisi&oacute;n s&iacute; que sigue ofreciendo a quien a ella acude llegar a buena parte de la poblaci&oacute;n y hasta instalarse en sus casas, quiz&aacute; con la vocaci&oacute;n de decir algo sensato. Cada vez que me levanto por la ma&ntilde;ana para ir hasta unos estudios de grabaci&oacute;n, cada vez que all&iacute; el equipo de trabajadores de maquillaje y peluquer&iacute;a me maquilla, y peina, y cada vez que all&iacute; me colocan el micr&oacute;fono, intento, en lo que digo y asevero, ser justa y sincera al tiempo que resisto a las pendientes o desfiladeros de la brutalizaci&oacute;n y el espect&aacute;culo. No se distinguen tanto de los desfiladeros propios del columnismo.
    </p><p class="article-text">
        El otro d&iacute;a me encontr&eacute; en un bar con un tertuliano conservador y hablamos sobre parte de la experiencia compartida de la televisi&oacute;n y las tertulias. &Eacute;l me contaba que, aunque no era su intenci&oacute;n inicial, la din&aacute;mica propia de su programa le hab&iacute;a llevado a la exageraci&oacute;n, casi la construcci&oacute;n de un personaje; yo le respond&iacute;a que algo as&iacute; me produc&iacute;a urticaria y, al tiempo, era capaz de reconocer que mi bando, el de no gritar ni exaltarse, ten&iacute;a al final todas las de perder, en un mercado donde la competici&oacute;n por la atenci&oacute;n exige que vociferes o digas barbaridades. Creo que mi postura le apenaba un poco. Me conced&iacute;a la raz&oacute;n moral al tiempo que me recordaba una forma de derrota inevitable. Tomando algo, otra tertuliana tambi&eacute;n me lo resum&iacute;a as&iacute;: seg&uacute;n la tertulia, modulas o juegas un poco m&aacute;s. Todos en una tertulia son conscientes del juego y exageran. Como en el gran sue&ntilde;o que es la vida, todos conocen su papel, cada uno sue&ntilde;a lo que es; la diferencia es que, al contrario que en Calder&oacute;n de la Barca, todo el mundo lo entiende. Todos sabemos lo que hay, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        Ninguna de esas conversaciones, obvio, me dio razones o motivos para conectar por fin el cable del televisor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/confesiones-television_129_13462770.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Aug 2026 18:56:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Confesiones sobre la televisión]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Televisión,Tertulias,Tertulianos,Programación,Generación Z]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Batalla naval]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/batalla-naval_129_13450570.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/93e6c755-7d9f-4b3f-8874-348e0aff6714_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1107y892.jpg" width="1200" height="675" alt="Batalla naval"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por primera vez, en las fiestas de La Paloma, las terceras del ciclo de verbenas de todo el año en Madrid, se ha instaurado una fiesta del agua en la calle Calatrava, en el barrio de La Latina. Un día así, tan excepcional, instaura una explosión de goce urbano inaudita</p></div><p class="article-text">
        En Vallecas ya es tradici&oacute;n. Como el barrio es puerto de mar, todos los a&ntilde;os sus calles se inundan de un traqueteo salvaje, entre ametralladoras de agua, cubos, francotiradores desde los balcones y globos predispuestos para ba&ntilde;ar al m&aacute;s insensato. Su origen, en principio, tiene que ver con las intensas olas de calor a las que se ha visto sometido Madrid (y toda Espa&ntilde;a ahora, si ampliamos): refrescarse y despu&eacute;s a&ntilde;adirle una dimensi&oacute;n reivindicativa, de cualquier causa, de manifestaci&oacute;n incluso. Es un d&iacute;a divertid&iacute;simo en el cual se instaura el conflicto con mejor rollo del mundo. Me acuerdo de una vez que un hombre estuvo a punto de empaparme y al final no lo hizo s&oacute;lo por haberme reconocido, de tertulias o de columnas como esta; me acuerdo tambi&eacute;n de todos los cubos de agua en los que s&iacute; que me han ba&ntilde;ado, con malicia o sin ella.
    </p><p class="article-text">
        Por primera vez, en las fiestas de La Paloma, las terceras del ciclo de verbenas de todo el a&ntilde;o en Madrid, se ha instaurado una fiesta del agua en la calle Calatrava, en el barrio de La Latina. No tiene nada que ver en escala con Vallecas: lo que aqu&iacute; es una calle all&iacute; es un barrio entero de apunta y dispara, lo que all&iacute; es una tradici&oacute;n aqu&iacute; es una fiesta neonata. Con un mes de diferencia, el que separa ambas celebraciones, un d&iacute;a as&iacute;, tan excepcional, instaura una explosi&oacute;n de goce urbano inaudita. Puedes disparar a los guiris, quiz&aacute; debes disparar a los guiris, pero quien m&aacute;s disfruta de los disparos son siempre los vecinos. En el primer d&iacute;a, la calle se ha llenado y ha habido manguerazos y carreras; raro es, en unas fiestas tan gentrificadas, que existan actividades en las que se pueda participar gratis, sin gastar un euro. Y corren por igual, en la calle, ni&ntilde;os y mayores, que hacen referencia a c&oacute;mo se lo pasan como cr&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        La Latina no es Vallecas, aunque a Vallecas tambi&eacute;n llegar&aacute; la gentrificaci&oacute;n. La Latina es un barrio lleno de lugares donde depositar maletas y repleto hasta rebosar de apartamentos tur&iacute;sticos; por primera vez en estas fiestas, se meten sin querer en una calle y se sienten perdidos. A escasos metros de donde la gente se da manguerazos se ejecutaban hace no tanto desahucios con los que lograr la clausura definitiva del barrio. Unas plazas m&aacute;s all&aacute;, por primera vez, McDonald&rsquo;s inaugura su caseta en medio de las de partidos pol&iacute;ticos y asociaciones vecinales. No existe una receta concreta para acabar con los procesos de turistificaci&oacute;n que nos expulsan cada d&iacute;a a m&aacute;s personas de estos barrios, pero no est&aacute; de m&aacute;s que algo, durante un instante, convierta unas calles ya m&aacute;s suyas que nuestras en el escenario de una fiesta puramente vecinal, un jolgorio para los oriundos de un mismo sitio. Es tarde para que La Latina se convierta en un puerto de mar, pero no a&uacute;n para que sobreviva todo lo que en ella vale la pena conservar como oro en pa&ntilde;o. Ojal&aacute; el a&ntilde;o que viene se repita hasta volverse tradici&oacute;n, en el &uacute;ltimo d&iacute;a de las fiestas, mientras medio barrio aguarda superar la resaca; que cualquiera, en pleno verano, pueda aliviar el sofoco con la sensaci&oacute;n de un cubo helado que se derrama sobre sus hombros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/batalla-naval_129_13450570.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Aug 2026 19:31:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Batalla naval]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fiestas populares,Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pedro Sánchez tiene la culpa del eclipse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pedro-sanchez-culpa-eclipse_129_13437130.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d2cb388d-c089-4188-abff-92306da1c9d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pedro Sánchez tiene la culpa del eclipse"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay vídeos que te cuentan que el eclipse es una estrategia de Pedro Sánchez y las élites mundiales para el control de la población. ¿Qué es el fascismo si no es la erosión de la verdad, la desconfianza radical en cualquier hecho, la obsesión por el complot, el rechazo del desarrollo racionalista? </p></div><p class="article-text">
        Cuenta Miranda Makaroff (si no la conocen, artista-influencer, pinta, preg&uacute;ntenle el resto a Google) en su Instagram que ella &ldquo;cree que no hay que mirar el eclipse&rdquo;. Lo cito todo, porque vale la pena: &ldquo;Siento ser una aguafiestas, pero bastante gente en la que conf&iacute;o, buena y pura, me ha dicho que energ&eacute;ticamente no es bueno mirarlo. Es un momento de introspecci&oacute;n, de meditar y estar en silencio. Ya s&eacute; que es un plan que todo el mundo quiere hacer, pero creo que deber&iacute;amos estudiar un poco los porqu&eacute;s, y decidir por nosotros mismos en vez de seguir el reba&ntilde;o.&rdquo; (Peor me parece, en t&eacute;rminos de reba&ntilde;o, aplaudirle a un atardecer, como o&iacute; una vez que han empezado a hacer los turistas en Santander). &ldquo;Seguro que visualmente es muy atractivo, pero no dejemos que eso sea m&aacute;s importante que lo que nos puede modificar energ&eacute;ticamente&rdquo;. (Te puede modificar, sobre todo, los ojos, si lo miras si protecci&oacute;n. Visualmente atractivo ya&hellip;). &ldquo;Yo solo planto la semilla y que cada uno decida qu&eacute; hacer. Que la humanidad se llene de luz y no de oscuridad. Mi deseo es siempre que todo el mundo est&eacute; lo mejor posible. <em>With love</em>.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Hay <a href="https://www.tiktok.com/@esquizofrenia3.0/video/7669876757545127200?_r=1&amp;_t=ZN-98d6Odvj3qg" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">v&iacute;deos en TikTok</a> con miles de visualizaciones que te cuentan que los eclipses se usan para cerrar ciclos y realizar rituales sat&aacute;nicos. Hay v&iacute;deos que te cuentan que el eclipse es una estrategia de Pedro S&aacute;nchez y las &eacute;lites mundiales para el control de la poblaci&oacute;n. Hay v&iacute;deos que tambi&eacute;n aluden al reba&ntilde;o, afirmando que, &ldquo;claro, como Pedro te dice que mires al Sol&hellip;&rdquo;, es el Gobierno el que te &ldquo;va a tapar el Sol&rdquo;, o sea, tu fuente de energ&iacute;a. &ldquo;&iquest;Un eclipse solar? Estad atentos a lo que est&aacute; pasando en este pa&iacute;s. Os quieren a todos ahora mirando el eclipse solar en vez de las l&iacute;neas de qu&iacute;micos y los chutes de antena. Eso es lo que hay que mirar en el cielo, pero no el eclipse solar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o, la editorial Capit&aacute;n Swing ha publicado el libro <em>Conspiritualidad. C&oacute;mo las teor&iacute;as conspirativas de la </em>new age <em>se convirtieron en una amenaza para la salud p&uacute;blica</em>. El subt&iacute;tulo casi lo explica todo; lo importante es que toca una idea que me interesa mucho y que tiene que ver con los enlaces subrepticios entre distintas formas de espiritualidad y, ya directamente, el fascismo. No me parece que sea porque la espiritualidad es inherentemente fascista, jam&aacute;s dir&iacute;a algo as&iacute;; como fen&oacute;meno humano, s&iacute; que puede conducir al fascismo, a un fascismo chiquitito o grande. En una entrevista, uno de sus autores, Matthew Remski, afirmaba este a&ntilde;o que &ldquo;el yoga puede ser una puerta de entrada a pol&iacute;ticas protofascistas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Yo he hecho yoga (me gusta), y no soy protofascista, creo, pero tambi&eacute;n es verdad que muchos nazis ten&iacute;an tendencias ocultistas. La Freik&ouml;rperkultur alemana, que lleva al naturismo, los ba&ntilde;os p&uacute;blicos, &iexcl;los ba&ntilde;os de luz solar!, fue inicialmente rechazada y prohibida por los nazis y luego incorporada: el objeto de culto era la piel blanca y desnuda de la raza aria, el cuerpo que se exhib&iacute;a el cuerpo del <em>pueblo</em>, de <em>ein Volk</em>. Decir que mejor no hacer como el reba&ntilde;o y no mirar al eclipse porque puede traer malas energ&iacute;as no es fascista, como no lo es creer en tantas otras cosas&hellip; pero negar la ciencia, montar una elaborada teor&iacute;a de la conspiraci&oacute;n, afirmar que con el eclipse lo que se busca es conseguir los datos y localizaci&oacute;n de los usuarios de las aplicaciones que te dicen d&oacute;nde se ve mejor (&iexcl;como si las empresas no tuvieran esos datos ya!), mezclarlo con mensajes antivacunas o con los <em>chemtrails</em> no est&aacute; tan lejos de ser <em>otra </em>puerta de entrada a pol&iacute;ticas protofascistas. &iquest;Qu&eacute; es el fascismo si no es la erosi&oacute;n de la verdad, la desconfianza radical en cualquier hecho, la obsesi&oacute;n por el complot, el rechazo del desarrollo racionalista? No siempre fue as&iacute;: a principios de siglo, la conspiraci&oacute;n era territorio ambiguo, aun parcialmente, a veces, incluso de izquierdas; lo <em>new age </em>pod&iacute;a ser m&aacute;s bien hippie y confuso, e incluso hoy sigue sin estar plenamente ideologizado, en la mayor&iacute;a de sus manifestaciones. Pero hay un regusto escalofriante en que te pueden colar, <em>with love, </em>y asegurando que lo m&aacute;s importante es que conserves la integridad de tus energ&iacute;as,<em> </em>que el que tiene la culpa hasta del eclipse es Pedro S&aacute;nchez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pedro-sanchez-culpa-eclipse_129_13437130.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Aug 2026 20:04:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pedro Sánchez tiene la culpa del eclipse]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Eclipse,Pedro Sánchez,Fascismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tregua de verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tregua-verano_129_13424043.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31d4670b-1416-4edd-9167-7be9695ac3e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tregua de verano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No olvidemos la importancia de indignarnos por las injusticias del mundo, por cuanto acontece y nos resulta inaceptable, pero tampoco permitamos que esa expresión indignada se convierta en la imagen de todo lo que somos</p></div><p class="article-text">
        Forma parte de la cultura popular, como min&uacute;sculo elemento importado, la idea de la tregua de Navidad: un alto el fuego milagroso acordado espont&aacute;neamente durante la Primera Guerra Mundial. Partidos de f&uacute;tbol entre soldados de ambos bandos; afecto compartido entre hombres que, si hubiera marcado otra cosa el calendario, se habr&iacute;an asesinado sin piedad. En Bel&eacute;n, en diciembre de 2025, hubo algo parecido a una tregua: retom&oacute; las festividades tras dos a&ntilde;os sin ellas, bajo el amparo de un alto el fuego fr&aacute;gil. Ochenta kil&oacute;metros m&aacute;s all&aacute;, en la Franja de Gaza, los ataques del Ej&eacute;rcito israel&iacute; no se detuvieron ni siquiera esa noche, como en 1914 continuaba la masacre en las trincheras vecinas. En vez de ser maestra de la vida, la historia aparece como maestra del horror.
    </p><p class="article-text">
        A otra escala, mucho m&aacute;s peque&ntilde;a, tampoco en el verano tendemos a darnos tregua. Si encendemos la televisi&oacute;n, oiremos poco menos que las trompetas del apocalipsis, el relato fren&eacute;tico y descarnado de c&oacute;mo todo suceso, y m&aacute;s en verano, es, quiz&aacute;, probablemente, lo m&aacute;s grave que ha pasado, jam&aacute;s, nunca, en la historia de la humanidad. Vivimos enganchados a una actualidad imposible, al s&iacute;ndrome constante de la &uacute;ltima hora, y tienden a tener m&aacute;s &eacute;xito las estrategias comunicativas que m&aacute;s nos soliviantan, las m&aacute;s capaces de acelerar nuestras pulsaciones. Cuanto m&aacute;s apocal&iacute;ptico el reportaje, cuanto m&aacute;s nos lleve cualquier cosa al borde del infarto, mejor. Incluso cuando se dan de verdad las tragedias, como sucede estos d&iacute;as en Ceuta, triunfa la forma m&aacute;s sensacionalista de abordarlas. No conviene tampoco autoenga&ntilde;arse: quien informa sobre Ceuta avivando el fuego del odio podr&iacute;a hacer exactamente lo mismo con cualquier an&eacute;cdota trivial de la semana.
    </p><p class="article-text">
        Si no contribuimos a elevar las pulsaciones, aparece la posibilidad de otro reproche. A cualquiera que utilice los medios de expresi&oacute;n que tenga para hablar de <em>otra cosa </em>que no sea esa urgencia es posible acusarlo de banal, o c&oacute;mplice, al no echar m&aacute;s le&ntilde;a al fuego. Cabe, en realidad, defender un poco lo contrario, y de la banalidad reivindicar la urgencia. Lo sabr&aacute; quien atienda a la historia de c&oacute;mo The New York Times incorpor&oacute; definitivamente los crucigramas. Tras mucho tiempo calific&aacute;ndolos de &ldquo;ejercicio mental primitivo&rdquo;, el ataque a Pearl Harbor, que someti&oacute; a la poblaci&oacute;n a alt&iacute;simos niveles de angustia y ansiedad, sirvi&oacute; de aliciente para incorporar al peri&oacute;dico alguna forma de distracci&oacute;n. &ldquo;No puedes pensar en tus problemas mientras resuelves un crucigrama&rdquo;, escribi&oacute; por entonces la mujer que acabar&iacute;a siendo su primera editora de pasatiempos; los pasatiempos encarnaban una tregua que cada lector pod&iacute;a concederse a s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        Haga usted el experimento de entrar a la portada en digital de cualquiera de los grandes peri&oacute;dicos (&iexcl;e incluyo a este!). No es que los juegos (que ya no son s&oacute;lo crucigramas) convivan con las tragedias, los incendios, los muertos, las vidas perdidas, la desolaci&oacute;n, el desastre, el infierno: es que a veces van por delante, incluso encima. O abra usted un peri&oacute;dico y vea c&oacute;mo salta, molesto <em>pop-up</em>, una oferta para ponerse al d&iacute;a con palabras secretas y sudokus por tiempo limitado. La pausa viene empaquetada en la misma suscripci&oacute;n que el desastre. Hay quien ha hablado del New York Times<em> </em>como una empresa de juegos con un trabajillo secundario en el mundo de la prensa. Si ese es el caso del New York Times, imag&iacute;nese el de los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No hay que lamentarse en exceso por ello. Para el historiador cultural Huizinga, que escribi&oacute; <em>Homo ludens</em>, publicado en 1938, en la antesala de la cat&aacute;strofe, somos seres que juegan, o sea, que acometen una acci&oacute;n libre, exterior al flujo de la vida corriente, sin inter&eacute;s ni provecho. No podemos renunciar a ello. Para quienes heredamos la pesada carga cultural cat&oacute;lica, somos adem&aacute;s seres culposos, que incluso en sus formas de disfrutar hallan motivos para castigarse, capaces de convertir el descanso en falta y toda falta en penitencia. No olvidemos la importancia de indignarnos por las injusticias del mundo, por cuanto acontece y nos resulta inaceptable, pero tampoco permitamos que esa expresi&oacute;n indignada se convierta en la imagen de todo lo que somos. Conviene que seamos capaces de concedernos una tregua de verano, aunque s&oacute;lo tengamos la tregua que otros nos venden.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tregua-verano_129_13424043.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Aug 2026 21:18:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tregua de verano]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En un instante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/instante_129_13408267.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ab2d8dc-05f9-4898-977d-31d867392a95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En un instante"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La llegada de los incendios no es tan imprevisible: la anuncian informes, previsiones de temperatura y viento, hectáreas quemadas el año pasado y el anterior, mapas de riesgo que se publican cada primavera</p></div><p class="article-text">
        Es uno de los comienzos de libro m&aacute;s citados en redes sociales desde hace bastante tiempo. &ldquo;La vida cambia deprisa. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y la vida que conoc&iacute;as se acaba. La cuesti&oacute;n de la autocompasi&oacute;n&rdquo;.<em> </em>Alargando la met&aacute;fora, para abrir su libro <em>El a&ntilde;o del pensamiento m&aacute;gico</em>, Joan Didion habla del caso &ldquo;de una enfermera psiqui&aacute;trica cuyo marido se mat&oacute; en accidente de carretera&rdquo;, la cual recuerda que &eacute;l volv&iacute;a del trabajo &ldquo;feliz, triunfador, sano&rdquo;, y de pronto ya no exist&iacute;a. Habla del ataque de Pearl Harbor acontecido &ldquo;en una ma&ntilde;ana de domingo completamente normal&rdquo;, o del 11 de septiembre, que amaneci&oacute; &ldquo;templado y casi sin nubes en el este de Estados Unidos&rdquo;. Lo hace para hablar de un suceso desgarrador, la muerte de su marido. Es una frase que podr&iacute;a aplicarse tambi&eacute;n a cualquiera que haya vivido de cerca los incendios: fuegos que se extienden por Espa&ntilde;a y arrasan con casas y con vidas enteras, el monotema al cual queda reducida nuestra conversaci&oacute;n p&uacute;blica del verano; cambia en un instante como cambi&oacute; para quienes vivieron la dana y perdieron all&iacute; sus recuerdos. El infarto de John Gregory Dunne mientras se sentaban a cenar, el accidente de carretera del marido que volv&iacute;a del trabajo, son algo del orden de lo imprevisible. La llegada de los incendios no es tan imprevisible: la anuncian informes, previsiones de temperatura y viento, hect&aacute;reas quemadas el a&ntilde;o pasado y el anterior, mapas de riesgo que se publican cada primavera.
    </p><p class="article-text">
        Desde el centro de Madrid, la impresi&oacute;n que dejan los incendios es extra&ntilde;a: todo contin&uacute;a, las terrazas y los bares siguen abiertos, se destiende la ropa y ahora hay que sacudirle la ceniza, o a un lado aparece una luna roja envuelta en un cielo viol&aacute;ceo, entre oscuridad, y al otro un cielo azul, claro, cristalino. No tener que evacuar la casa donde una vive es de repente un privilegio: el privilegio de que la vida no cambie y el d&iacute;a de ma&ntilde;ana pueda parecerse al de hoy. Recordando los cruces de acusaciones del a&ntilde;o pasado, las discusiones pol&iacute;ticas y mesas de tertulias, no puedo dejar de pensar en todos los objetos que en los incendios tanta gente ha perdido, o en las historias que pierden con ellos: un libro, una bicicleta, un regalo, una cama, un hogar, &aacute;lbumes de fotos, recuerdos. Pero perder objetos tambi&eacute;n significa formar parte del grupo de los afortunados, porque los m&aacute;s perdidos son los muertos. Los &uacute;ltimos d&iacute;as de este mes de julio son d&iacute;as completamente normales en los que, para tantos, la vida cambia en un instante. M&aacute;s lejos de Madrid, durante once meses al a&ntilde;o, los pueblos que ahora aparecen en los mapas de evacuaci&oacute;n son sin&oacute;nimo de despoblaci&oacute;n; en verano se convierten en im&aacute;genes de helic&oacute;pteros y en septiembre vuelven a desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        En su libro de publicaci&oacute;n p&oacute;stuma <em>El s&oacute;tano, </em>escribe Bego&ntilde;a Huertas que &ldquo;lo que deseaba era mantener lo que ten&iacute;a. Nada m&aacute;s decirlo me sent&iacute; boba porque me pareci&oacute; un deseo peque&ntilde;o, tonto y poco ambicioso. Ahora veo que, por el contrario, se trataba de un deseo desorbitado, imposible. El deseo de que nada cambie&rdquo;. De cara al futuro, en realidad, uno de los objetivos de la pol&iacute;tica tendr&iacute;a que ser conservar la posibilidad de mantener ese deseo: permitir que mantengamos lo que tenemos, que nuestros mundos no cambien en un instante. Sabemos que la crisis clim&aacute;tica traer&aacute; consigo refugiados clim&aacute;ticos y m&aacute;s muerte, y agravar&aacute; incendios como los de estos d&iacute;as. Sabemos ya que los incendios se extinguen en invierno, mucho m&aacute;s que en verano, y sin embargo en invierno nunca hablamos de ellos, como si estuvi&eacute;ramos condenados a hacernos los sorprendidos con la llegada de la temporada estival. Sabiendo todo esto, &iquest;c&oacute;mo existen todav&iacute;a pol&iacute;ticos dispuestos a recortar en prevenci&oacute;n, en emergencias, pol&iacute;ticos que no dan la orden de cuidar el mundo en el que vivimos? &iquest;C&oacute;mo es posible la crueldad, por omisi&oacute;n t&aacute;cita, de quien asume como hecho consumado que tantas personas, de golpe, lo pierdan todo? El deseo desorbitado del que hablaba Huertas es, en el fondo, un programa pol&iacute;tico modesto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/instante_129_13408267.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jul 2026 21:01:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En un instante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Incendios,Prevención incendios,Bomberos,Bomberos forestales,Incendios forestales,Madrid,Comunidad de Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No hay nada que hacer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-hay_129_13391700.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ec964c1-1b82-44b4-9b6b-3561e23a83ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x550y648.jpg" width="1200" height="675" alt="No hay nada que hacer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se tiende a asumir en muchos espacios la inevitabilidad de un gobierno de coalición de PP y Vox y como tal desembocadura se da por ineludible, no se ponen todas las energías necesarias en evitarla, ni existe fervor ni pasión alguna por hacerlo</p><p class="subtitle">Vox impone su agenda en su regreso a los gobiernos con el PP dos años después de abandonarlos en bloque
</p></div><p class="article-text">
        En uno de sus &uacute;ltimos libros, el te&oacute;rico Didi-Huberman recuerda que, para Max Weber, en sus famosas conferencias sobre la vocaci&oacute;n y profesi&oacute;n de la pol&iacute;tica, existen al menos tres malas maneras de comportarse ante &ldquo;el desastre&rdquo;. Lea cada uno en el desastre, hoy, lo que quiera. Son la amargura, la aceptaci&oacute;n y la huida m&iacute;stica a un afuera del mundo. Todas ellas niegan la esencia de lo pol&iacute;tico. La aceptaci&oacute;n es comparable a la pol&iacute;tica del avestruz, que esconde su cabeza de forma c&iacute;nica y oportunista y acepta <em>lo que hay </em>sin pretensi&oacute;n de cambiarlo: opta por no hacer nada hasta que todo pase. La amargura es igual en su negaci&oacute;n, pero m&aacute;s melanc&oacute;lica. La huida m&iacute;stica busca un triunfo desplazado a un futuro que nunca llega, aquel en el cual se reunir&aacute;n las condiciones adecuadas para vencer, la gran noche de la revoluci&oacute;n, en utopismo estrafalario.
    </p><p class="article-text">
        Me he visto a m&iacute; misma, en este &uacute;ltimo a&ntilde;o, muy cerca de varias de estas posturas. De la aceptaci&oacute;n y de la amargura, sobre todo. Aparecen y son convocadas, por ejemplo, cuando asumimos, como se tiende a asumir en muchos espacios, la inevitabilidad de un gobierno de coalici&oacute;n conformado por el Partido Popular y por Vox tras las pr&oacute;ximas elecciones generales. Como tal desembocadura se da por ineludible, no se ponen todas las energ&iacute;as necesarias en evitarla, ni existe fervor ni pasi&oacute;n alguna por hacerlo: una cosa lleva a la otra y la cat&aacute;strofe se torna profec&iacute;a autocumplida.
    </p><p class="article-text">
        No me he acercado a la amargura y a la aceptaci&oacute;n porque el resultado no me importa, porque me importa y me afecta; lo he hecho m&aacute;s bien por impotencia e incapacidad para ver otra salida. Haberme visto a m&iacute; misma muy cerca en distintos momentos de esas posturas, estarlo con frecuencia, es un buen motivo para estar <em>fuera </em>de la pol&iacute;tica activa. En pol&iacute;tica, la amargura o aceptaci&oacute;n habr&iacute;an de estar desterradas. Los c&iacute;nicos no hacen pol&iacute;tica, o la hacen mal. La hacen pensado que la victoria es imposible o que la &uacute;nica victoria posible es la victoria que queda dentro del umbral de su realismo maltrecho. Un c&iacute;nico no apunta a la luna ni empuja en absoluto el horizonte m&aacute;s all&aacute; de su creencia; su cinismo, de hecho, entierra el &aacute;nimo de su alrededor. 
    </p><p class="article-text">
        Como recuerda tambi&eacute;n Didi-Huberman, Max Weber pronunci&oacute; su conferencia en un momento concreto, concret&iacute;simo, y su tono se debe tambi&eacute;n a ese momento, a lo que signific&oacute;: la pronunciaba en M&uacute;nich, la Primera Guerra Mundial hab&iacute;a terminado escasos meses atr&aacute;s; sobre todo, hab&iacute;an asesinado en Berl&iacute;n, s&oacute;lo dos semanas antes, a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Era el comienzo del clima entre dos guerras que vendr&iacute;a, albor de un tiempo de desconcierto general, y el desastre no era uno solo, sino muchos; su acumulaci&oacute;n, de hecho. Parec&iacute;a que los desastres (pues incluso el fin de esa guerra hab&iacute;a sido a su propio modo <em>desastroso</em>) se acumulaban y seguir&iacute;an acumul&aacute;ndose, tras la experiencia traum&aacute;tica europea m&aacute;s importante. &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a que hacer? &iquest;Sabr&iacute;a alguien qu&eacute; hab&iacute;a que hacer?
    </p><p class="article-text">
        <em>No hay nada que hacer</em>, son las palabras del c&iacute;nico que asume esa frase como verdad absoluta, sea con pena o sin pena, con dolor o sin dolor. <em>No hay nada que hacer </em>y, por lo tanto, muy curiosamente, no se hace nada. Con una salvaguarda en esta cr&iacute;tica, pero: que sea c&iacute;nico decir que no hay <em>nada </em>que hacer no significa que se salven del cinismo quienes hacen <em>cualquier cosa</em>, sin medirla. Hay quien est&aacute; en pol&iacute;tica por acumular m&eacute;ritos, asegurarse un puesto o una liberaci&oacute;n, tener un salario indefinido, levantar su propia vela. La pol&iacute;tica, en su versi&oacute;n peor, se explica, con frecuencia, mucho m&aacute;s por eso que por cualquier otra cosa. Personas sometidas a una precariedad estructural que hallan una posici&oacute;n de relativa seguridad laboral de la cual luego no quieren zafarse en absoluto. Pero hay poco m&aacute;s despreciable, en el ejercicio de la pol&iacute;tica, que una pol&iacute;tica cuyo objetivo es la conservaci&oacute;n del bienestar de uno mismo, o de sus allegados. La pol&iacute;tica como agencia de colocaci&oacute;n o control del poder, la pol&iacute;tica como reparto del pastel.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica pol&iacute;tica que me parece respetable, frente a esa, es una pol&iacute;tica que arriesga y se cree el imposible de su victoria, aunque a ratos, cuando entro en la aceptaci&oacute;n o la amargura, o me vienen ganas de introducir la cabeza en la arena durante el pr&oacute;ximo ciclo pol&iacute;tico, cual avestruz, hasta yo mire las declaraciones de persistencia con cinismo. Todo aquel que no crea en la necesidad de hacerlo todo por ganar, de arriesgarse hasta el final en ello, deber&iacute;a de irse a casa. Quien malvive con temor a perder derechos laborales no puede ni contemplar la amargura y la aceptaci&oacute;n, nadie que fuera a perder derechos en un hipot&eacute;tico gobierno derechista puede esconder la cabeza como un avestruz.
    </p><p class="article-text">
        Es un marco que ha repetido una y otra vez el ministro Bustinduy: &ldquo;exigencia m&aacute;xima, resignaci&oacute;n ninguna&rdquo;. O que me recuerda, ya hablando de este fin de semana, a la idea con la cual Enma L&oacute;pez se presenta a las primarias para liderar la candidatura del PSOE al Ayuntamiento de Madrid. &ldquo;No vengo a ganar las primarias. No quiero ser candidata. Quiero ser alcaldesa. Llevamos treinta y siete a&ntilde;os sin gobernar, y [hace treinta y siete a&ntilde;os] exist&iacute;a el muro de Berl&iacute;n, y Eurovisi&oacute;n lo gan&oacute; Yugoslavia. No me da la gana&rdquo;. S&oacute;lo la voluntad f&eacute;rrea de querer ganar puede hacer que sucedan los milagros: que la gente crea que su suma, junto a la de Rita Maestre al frente de M&aacute;s Madrid, puede recuperar la ciudad tras el cierre acelerado del momento Carmena. La lecci&oacute;n m&aacute;s importante de Mamdani, hoy que tanta atenci&oacute;n se le presta a Nueva York (y m&aacute;s con la final del Mundial), quiz&aacute; no fuera comunicativa ni de organizaci&oacute;n: quiz&aacute; fuera una lecci&oacute;n afectiva, de esp&iacute;ritu y humor. Antes de ganar, &eacute;l repet&iacute;a: &ldquo;a todos los que me paran y me dicen, con buena intenci&oacute;n, que ya he ganado s&oacute;lo por estar aqu&iacute; compitiendo: lo siento, pero se acab&oacute; el tiempo de las victorias morales&rdquo;. S&oacute;lo ah&iacute;, dir&iacute;a Weber, est&aacute; la vocaci&oacute;n de la pol&iacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-hay_129_13391700.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jul 2026 19:32:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No hay nada que hacer]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Los franceses que no quieren a su selección]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/franceses-no-quieren-seleccio-n_129_13374915.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/82edd56a-82ec-45f0-932c-8eeb8df1d000_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1037y390.jpg" width="1200" height="675" alt="Los franceses que no quieren a su selección"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El reproche de Rajoy a la selección francesa por "no tener franceses" bien podría haberlo dirigido a la española: ¿habría sido entonces la misma indignación o las victorias culturales de Vox, en su odio a los diferentes, habrían podido más? ¿Celebrará Abascal los goles de Lamine Yamal, aunque tal celebración ponga de manifiesto su incoherencia?</p><p class="subtitle">Varios ministros de Francia cargan contra las palabras racistas de Rajoy sobre su selección y piden acciones legales</p></div><p class="article-text">
        Al Mundial se le ha sumado un conflicto diplom&aacute;tico por culpa de un expresidente reconvertido en columnista futbolero. Espa&ntilde;a, como siempre, no te la acabas. Podr&iacute;a pensarse que <a href="https://www.eldiario.es/rastreador/ministros-francia-cargan-palabras-racistas-rajoy-seleccion-piden-acciones-legales_132_13374788.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la indignaci&oacute;n francesa</a> ha sido un&aacute;nime, pero conviene atender a sus matices. En 2010, cuando le preguntaron a Marine Le Pen cu&aacute;l era su parecer respecto a la selecci&oacute;n francesa y si consideraba que esta se parec&iacute;a a Francia en s&iacute; misma, respondi&oacute;, sin pelos en la lengua, que digamos:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No, sinceramente, no lo creo. Y no soy la &uacute;nica. No soy una especialista en f&uacute;tbol, pero hay un jugador de f&uacute;tbol cuyo nombre se me escapa que dec&iacute;a que se usaba el f&uacute;tbol para intentar dar esperanza a los franceses de origen inmigrante. Con eso se deja de lado a los franceses de origen franc&eacute;s. &iexcl;Este equipo no representa a Francia! No lo apoyar&eacute;. El dinero que rezuma esta gente, la sensaci&oacute;n de un dinero ganado con facilidad&hellip; Unas veces son representantes de Francia cuando est&aacute;n en el Mundial, otras veces son representantes de otro pa&iacute;s, de otra nacionalidad. Los valores que transmiten no son los valores de Francia. Si se comportaran correctamente, si de vez en cuando hablaran de patriotismo, si no se negaran a cantar la Marsellesa, si no los vi&eacute;ramos envueltos en banderas de otras naciones que no son la nuestra, quiz&aacute; las cosas cambiar&iacute;an&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El Frente Nacional de 2026 no es el mismo de 2010, aunque lleve el mismo apellido. Al proceso por el que ha pasado lo llaman, en Francia, <em>d&eacute;diabolisation</em>: ha costado mucho que Le Pen no suene a la encarnaci&oacute;n misma del mal, pero lo ha ido consiguiendo, volvi&eacute;ndose poco a poco, en su discurso, una ultraderecha de rostro m&aacute;s amable, m&aacute;s humano. No quita para que, en mayo de este mismo a&ntilde;o, cuando Mbapp&eacute; expres&oacute; su preocupaci&oacute;n ante la posibilidad de que ese partido llegara a la presidencia, el delf&iacute;n de Le Pen, Jordan Bardella, respondiera denigrando al jugador.
    </p><p class="article-text">
        Los franceses tienen toda la raz&oacute;n al ofenderse por las palabras de nuestro expresidente, Mariano Rajoy, cuando este afirma que <a href="https://www.eldiario.es/rastreador/rajoy-seleccion-francia-altisimo-nivel-si-franceses_132_13373444.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Francia tiene un muy buen equipo, pero sin franceses&rdquo;</a>. M&aacute;s dif&iacute;cil es pensar que Francia represente, frente a Espa&ntilde;a, un modelo m&aacute;s diverso, m&aacute;s libre o m&aacute;s progresista; sobre todo cuando, en las presidenciales de 2027, quien parte como favorito, por mucho, es el partido de Le Pen. La que no apoyaba a la selecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El problema de este Mundial, para Espa&ntilde;a y para Francia, es que no hay historia de victoria para ninguno de los dos equipos que no est&eacute; protagonizada por los hijos de migrantes, por la herencia de la historia colonial de ambos pa&iacute;ses. La contradicci&oacute;n es productiva porque pone ante el espejo a nuestras extremas derechas y a sus culturas, tantas veces asociada a lo m&aacute;s cazurro y machista del f&uacute;tbol: no hay hoy orgullo nacional con la selecci&oacute;n si no es orgullo de una naci&oacute;n diversa, sin est&aacute;ndar de pureza &eacute;tnica o racial. No hay victorias para Espa&ntilde;a si no llevan por bandera la pertenencia a barrios obreros o la solidaridad con Palestina, no hay conquistas francesas que no carguen con un pasado que algunos de sus pol&iacute;ticos repetir&iacute;an encantados.
    </p><p class="article-text">
        Suerte, con eso, que nuestros jugadores no tengan que entonar la letra de himno alguno. El reproche de Rajoy a la selecci&oacute;n francesa por &ldquo;no tener franceses&rdquo; bien podr&iacute;a haberlo dirigido a la espa&ntilde;ola: &iquest;habr&iacute;a sido entonces la misma la indignaci&oacute;n o las victorias culturales de Vox, en su odio a los diferentes, habr&iacute;an podido m&aacute;s, torcido el brazo de la batalla cultural? &iquest;Podr&iacute;an quedar Rajoy y Le Pen a ver las semifinales? &iquest;A qu&eacute; equipo apoyar&iacute;a cada uno, y c&oacute;mo justificar&iacute;an sus incongruencias? &iquest;Celebrar&aacute; Abascal desde su casa los goles de Lamine Yamal, aunque tal celebraci&oacute;n ponga de manifiesto su incoherencia?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/franceses-no-quieren-seleccio-n_129_13374915.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Jul 2026 20:07:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los franceses que no quieren a su selección]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mundial de fútbol,Vox,Santiago Abascal,Mariano Rajoy,Marine Le Pen,Frente Nacional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La tragedia de los ministros-candidatos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tragedia-ministros-candidatos_129_13358027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eaae09f9-5c2d-4706-9a8a-bfc1e2824bd2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1029y458.jpg" width="1200" height="675" alt="La tragedia de los ministros-candidatos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los resultados que ha cosechado el PSOE al enviar a contiendas autonómicas a ministros-candidatos no han sido particularmente brillantes, en casi ninguno de los casos</p></div><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica ser&aacute; muchas cosas, pero no es un concurso de popularidad, ni tampoco Miss Universo. En la elecci&oacute;n de qui&eacute;n nos representa a nosotros, ciudadanos, intervienen much&iacute;simas cosas, factores abundantes: por no ser, la pol&iacute;tica no es tampoco meritocr&aacute;tica. No llegan a muchos puestos ni los m&aacute;s listos ni los m&aacute;s preparados. No existen cuotas para asegurarse de que la representaci&oacute;n sea realmente representativa: la clase pol&iacute;tica y la mediana o moda espa&ntilde;ola se parecer&aacute;n, seguramente, lo que un huevo a una casta&ntilde;a. Hay muchos m&aacute;s rentistas entre los pol&iacute;ticos que entre la poblaci&oacute;n, los pol&iacute;ticos tienen or&iacute;genes m&aacute;s elitistas que el espa&ntilde;ol promedio, han tenido m&aacute;s contactos, agenda, recursos, oportunidades. Han conocido desde peque&ntilde;os, y frecuentado, ese mundo o mundos alternativos, los c&iacute;rculos de la pol&iacute;tica profesional; por sus afinidades y amistades los conocer&eacute;is. Como se gritaba &ldquo;el hijo del obrero, a la universidad&rdquo;, tambi&eacute;n podr&iacute;a gritarse &ldquo;al Congreso&rdquo;; Podemos surfe&oacute; esa ola de la representaci&oacute;n en 2015, cuando Pablo Iglesias vest&iacute;a camisas de Alcampo con tal de parecerse mucho m&aacute;s al pueblo llano. Dej&oacute; de surfearla con la pol&eacute;mica del chalet: se quebr&oacute; cierto pacto de identidad.
    </p><p class="article-text">
        Como las cosas son as&iacute;, no ha dejado de llamarme la atenci&oacute;n un hecho, frecuente en estos &uacute;ltimos tiempos, que viene repiti&eacute;ndose a pesar de sus resultados demostrados: la pol&iacute;tica es capaz de tropezar muchas veces con la misma piedra &mdash;como el mono o como Julio Iglesias&mdash; y seguir en negaci&oacute;n. Los resultados que ha cosechado el PSOE al enviar a contiendas auton&oacute;micas a ministros-candidatos no han sido particularmente brillantes, en casi ninguno de los casos. No lo fue Mar&iacute;a Jes&uacute;s Montero en Andaluc&iacute;a, ni lo fue Pilar Alegr&iacute;a en Arag&oacute;n, y eso que ninguna de las dos me parece particularmente una mala candidata; &iquest;fue su cercan&iacute;a al Gobierno un lastre, influy&oacute; en la mediocridad de lo logrado? Se puede saber solo a medias. Con lo que es posible especular es con los motivos de ese mandato, el paso del Consejo de Ministros a la candidatura, y apurando al m&aacute;ximo los plazos, siempre, para no dimitir de lo primero: no darle la vuelta a las elecciones aprovechando el altavoz estatal, sino asegurar cierto control territorial. No ganar en lo institucional: conservar, m&aacute;s bien, el control de lo org&aacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se present&oacute; Reyes Maroto a la alcald&iacute;a de Madrid en 2023, tras una ilustre sucesi&oacute;n de candidatos sin demasiado tir&oacute;n, le sirvi&oacute; al PSOE para salvar los muebles en el Ayuntamiento, pero no para evitar que M&aacute;s Madrid, capitaneado en la plaza municipal por Rita Maestre como candidata sucesora de Carmena, quedara decididamente por delante. A d&iacute;a de hoy, a ning&uacute;n electorado puede ilusionarle m&aacute;s Reyes Maroto que Enma L&oacute;pez, que ya en 2023 habr&iacute;a sido una candidata mucho m&aacute;s potente, como tambi&eacute;n Mar Espinar, que Reyes Maroto; a nadie, por supuesto, salvo al propio aparato que apoyaba a Maroto. 
    </p><p class="article-text">
        No es igual preparar tu candidatura haciendo de oposici&oacute;n a prepararla, a 2026, desde los micr&oacute;fonos de un Consejo de Ministros cuya valoraci&oacute;n ha ca&iacute;do en esta &uacute;ltima legislatura. Los liderazgos del presente ya no se construyen ah&iacute;, aparecen fuera: si no, que alguien consulte por qu&eacute; es Gabriel Rufi&aacute;n el pol&iacute;tico mejor valorado a la izquierda del PSOE, sin que nadie sepa una sola ley o proposici&oacute;n o informe que haya redactado; que alguien pregunte por qu&eacute; le fue tan bien a Adelante Andaluc&iacute;a y Jos&eacute; Ignacio Garc&iacute;a en las andaluzas, si no es por la distancia con el nuevo <em>establishment </em>de la izquierda y lo ya formulado, su cercan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La tragedia de los ministros-candidatos es que no tienen por qu&eacute; ser peores dirigentes pol&iacute;ticos que los candidatos sin ministerio. Pueden, en ocasiones, de hecho, ser mejores, generar mejores equipos, trabajar mejor o tratar mejor a su gente; en 2026, sin embargo, no son los ministerios trampolines a ning&uacute;n sitio. Diana Morant pone en bandeja a Comprom&iacute;s el <em>sorpasso</em>, all&iacute; donde una candidata como Pilar Bernab&eacute;, si fuera auton&oacute;mica y no municipal, lo habr&iacute;a remediado; &Oacute;scar L&oacute;pez se bate en la izquierda con otra ministra, M&oacute;nica Garc&iacute;a, pero M&oacute;nica Garc&iacute;a al menos cuenta con los galones de haber liderado la oposici&oacute;n a Ayuso. Si la explicaci&oacute;n para los resultados pobres a nivel auton&oacute;mico de la izquierda es la misma elecci&oacute;n tras elecci&oacute;n, alg&uacute;n d&iacute;a habr&aacute; que preguntarle a los dirigentes por qu&eacute; nadie piensa en variar la f&oacute;rmula. Hasta entonces, mucho me temo que seguiremos repitiendo, una y otra vez, las mismas cosas, y as&iacute; con el eterno retorno de ministros estrellados.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tragedia-ministros-candidatos_129_13358027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Jul 2026 19:42:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La tragedia de los ministros-candidatos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Consejo de Ministros,Reyes Maroto,Diana Morant,Óscar López,Mónica García,PSOE]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más allá del final]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/final_129_13340339.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66cd2e3d-00a0-46ed-bcb6-9c1fe6609687_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más allá del final"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué nos impulsaba —me incluyo en el plural— a ocupar nuestras butacas, a asistir a un acontecimiento colectivo, reaccionar a nubes blancas sobre fondo de pintura azul como si fueran el estímulo de nuestro perro de Pavlov?</p></div><p class="article-text">
        Quien quiera hacer an&aacute;lisis social debe de estar siempre atento a los productos culturales de su tiempo, sobre todo a los m&aacute;s pop. Acud&iacute; recientemente al estreno de la &uacute;ltima secuela de Toy Story, Toy Story 5; no hay nada sorprendente en que una franquicia extienda m&aacute;s all&aacute; del l&iacute;mite de lo razonable el chicle de las secuelas, pero s&iacute; que percib&iacute;, no s&eacute; si colmada por la nostalgia, una distancia enorme entre Toy Story 4 &mdash;que vi a finales de la d&eacute;cada pasada&mdash; y esta nueva. Toy Story 4 fue una pel&iacute;cula pol&eacute;mica, que desarrollaba a los protagonistas en direcciones inesperadas, constitu&iacute;a un ep&iacute;logo que a m&iacute; me satisfizo y en revisionados me ha parecido encantador; Toy Story 5, en cambio, me ha parecido infantil, innecesaria, sin que su trama contribuyera nada al sentido global de la saga.
    </p><p class="article-text">
        Grafton Tanner, un fil&oacute;sofo, dice que la din&aacute;mica que rige nuestro tiempo es la del porsiemprismo. Porsiemprismo es la presencia contratante del pasado en lo contempor&aacute;neo: porsiemprismo es nostalgia artificial, negaci&oacute;n de los finales y tambi&eacute;n de toda posibilidad de cambio. Toy Story 5 es la instauraci&oacute;n definitiva del porsiemprismo. Si Toy Story 4 representaba un ep&iacute;logo, tras el cual dif&iacute;cilmente se pod&iacute;a explorar la historia de sus juguetes protagonistas en otra direcci&oacute;n, Toy Story 5 busca obsesivamente los hilos de trama perdidos, todo lo que la pel&iacute;cula sea capaz de inventarse
    </p><p class="article-text">
        La sala a la que fui a ver la pel&iacute;cula estaba llena de adultos y parejas en citas; lo que escaseaban eran ni&ntilde;os, el p&uacute;blico supuestamente natural de la pel&iacute;cula. &iquest;Qu&eacute; nos impulsaba &mdash;me incluyo en el plural&mdash; a ocupar nuestras butacas, a asistir a un acontecimiento colectivo, reaccionar a nubes blancas sobre fondo de pintura azul como si fueran el est&iacute;mulo de nuestro perro de Pavlov? La aceleraci&oacute;n de un tiempo en el cual lo m&aacute;s constitutivo es la nostalgia, y la aceleraci&oacute;n de la propia nostalgia. Nostalgia de los 80, de los 90, hasta de los 2000; nostalgia de los tiempos que una misma no ha vivido.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es el efecto de una cultura que no es capaz de producir novedad, que no puede innovar, cuya &uacute;nica utilidad restante es la repetici&oacute;n de lo que ya fue, de pronto deglutido? En el caso de Toy Story, lo curioso es que el ejemplo lo da la propia saga. Los juguetes son, en la enorme mayor&iacute;a de casos, incapaces de pensarse m&aacute;s all&aacute; de sus due&ntilde;os. Todas las pel&iacute;culas est&aacute;n atravesadas por la lealtad y el deber: lo que los juguetes deben universalmente a todo otro juguete, pero tambi&eacute;n qu&eacute; le deben los juguetes a sus humanos, a sus ni&ntilde;os, a los que no pueden o deben abandonar bajo ning&uacute;n concepto.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica pel&iacute;cula que ofrece una salida a esa lealtad asfixiante es Toy Story 4: la emancipaci&oacute;n de los juguetes al hallar un sentido propio a la vida no vinculado a un ser humano, frente a los juguetes que optan por permanecer con su due&ntilde;o hasta cuando este ya no quiere jugar con ellos. Toy Story 5 borra ese desarrollo para afrontar cuestiones aparentemente m&aacute;s contempor&aacute;neas, en su tratamiento m&aacute;s conservadoras: el auge de alternativas tecnol&oacute;gicas en tiempos de inteligencia artificial, la desaparici&oacute;n de la propia funci&oacute;n del juego. Al hacerlo, acaba siendo la versi&oacute;n de la saga que menos sentido tiene; la que va m&aacute;s all&aacute; del final.
    </p><p class="article-text">
        Deber&iacute;amos identificar como una patolog&iacute;a propia de nuestros tiempos esta incapacidad para dejar las cosas cuando han de concluir, la necesidad de extenderlas cuando no dan m&aacute;s de s&iacute;. Si no lo hacemos, el futuro &ndash;y nosotros&ndash; acabar&aacute; condenado a la repetici&oacute;n de lo mismo, cada vez en m&aacute;xima aceleraci&oacute;n: repetir como si fuera para siempre lo de hace diez a&ntilde;os, cinco a&ntilde;os, doce meses, seis meses, juguetes extendidos m&aacute;s all&aacute; de su fecha de caducidad; juguetes que temen cuestiones tan humanas como la falta de sentido, el absurdo, la muerte, la necesidad de construir una vida propia. La &uacute;nica pel&iacute;cula de la saga que no responde a esas preguntas sino tangencialmente es esta &uacute;ltima, y por eso es un fracaso: la m&aacute;s infantil de las pel&iacute;culas de la saga, sin que el ingenio de las im&aacute;genes haga nada por ellas, sin virtuosismo visual m&aacute;s all&aacute; de algunos escasos momentos de imaginaci&oacute;n. Ni Buzz vuela ni el sue&ntilde;o es sue&ntilde;o.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/final_129_13340339.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jun 2026 20:09:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Más allá del final]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Cine de animación,Animación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién es la justicia?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/justicia_129_13321888.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/46efa472-752e-4343-8a55-5d75fdd8bba4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién es la justicia?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el temperamento y humor de alguien, al opinar sobre una vida ajena, sobre su inocencia o culpabilidad, pesa el atasco que sufrió esa mañana. ¿Por qué esto es tan fácil de asumir en abstracto y tan aparentemente tabú en el caso de los jueces?</p><p class="subtitle">Nueve ciudadanos de Madrid elegidos por sorteo: cómo funciona un jurado popular como el del caso contra Begoña Gómez</p></div><p class="article-text">
        Hemos comentado mucho el esperpento en la redacci&oacute;n del juez Peinado, r&iacute;os de tinta han corrido a prop&oacute;sito de su ofensa hasta a la polic&iacute;a, as&iacute; reconocida por sindicatos poco sospechosos de sanchismo o afinidades ni siquiera socialdem&oacute;cratas, como Jupol. Menos se ha hablado sobre otro aspecto igual de rese&ntilde;able, en el que no dejo de pensar desde que as&iacute; lo valorara ese mismo juez Peinado: <a href="https://www.eldiario.es/politica/nueve-ciudadanos-madrid-elegidos-sorteo-funciona-jurado-popular-caso-begona-gomez_1_13320358.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el juicio ante jurado popular</a>. Para un veredicto de culpabilidad, son necesarios siete votos de nueve; para la inculpabilidad, cinco. Ya son menos que en <em>12 hombres sin piedad</em>, donde se necesitaba el consenso un&aacute;nime; perspectiva poco halag&uuml;e&ntilde;a, en todo caso, porque en Espa&ntilde;a el 90% de los juicios con jurado popular acaban en una condena al acusado.
    </p><p class="article-text">
        <em>12 hombres sin piedad</em>, celeb&eacute;rrima pel&iacute;cula de 1957, no es s&oacute;lo una pel&iacute;cula sobre el funcionamiento de los jurados populares o los procesos de deliberaci&oacute;n. Casi todos los hombres que se encierran dentro de una sala hasta lograr una conclusi&oacute;n compartida se lanzan con presteza a condenar al acusado de ese caso, pese a que saben perfectamente que, si lo condenan &mdash;por homicidio&mdash;, su destino ser&aacute; la silla el&eacute;ctrica y la muerte. Al principio lo hacen, de todos modos, casi para sacarse de encima el tr&aacute;mite y volver pronto a sus casas: afortunadamente se mueven las piezas, identificaciones y prejuicios de cada uno de ellos. La escena m&aacute;s emblem&aacute;tica de la pel&iacute;cula emerge cuando uno de los integrantes del jurado se queda solo mientras el resto le dan la espalda: no contempla una sentencia que no sea la condena, pues la gente <em>de esa cala&ntilde;a </em>ser&iacute;a <em>naturalmente violenta y mentirosa</em>; o sea, era un puertorrique&ntilde;o matando a un blanco, y por su propia condici&oacute;n de puertorrique&ntilde;o, a ojos de <em>ese </em>miembro del jurado, ya deber&iacute;a ser expulsado de la sociedad. Hasta &eacute;l recapacita al final de esa pel&iacute;cula sobradamente humanista, pero recapacita despu&eacute;s de haberlo condenado en un principio, esa vez y tantas otras.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima pel&iacute;cula de Clint Eastwood, <em>Jurado n.&ordm; 2</em>, retoma el formato de la deliberaci&oacute;n de un jurado popular con otro objetivo y <em>otro </em>dilema moral. Es una pel&iacute;cula estupenda porque los problemas que plantea no son nada f&aacute;ciles, no tienen respuestas un&iacute;vocas, en todos los lados se pierde y se gana, o se gana perdiendo. Sus personajes est&aacute;n compuestos, en el fondo, de lo mismo que los de <em>12 hombres sin piedad</em>: seres humanos de carne y hueso con vidas, con personas a las que quieren, con trabajos que detestan, con d&iacute;as que les cansan m&aacute;s o menos, con ganas de volver a casa en vez de permanecer deliberando, que pueden por amor a alguien cometer una injusticia horrible ante otro, que llegan a ser crueles aspirando a la bondad. Por no destripar esa, porque es m&aacute;s reciente y no de 1957: lo m&aacute;s conveniente para su protagonista habr&iacute;a sido condenar al acusado, como deseaban otros miembros del jurado, pero &eacute;l sabe que el acusado es inocente, y no puede desvelar que lo sabe. A alguien le puede sonar esa historia a la del fiscal general del Estado; demasiado preocupante resultar&iacute;a si contuvieran las mismas moralejas.
    </p><p class="article-text">
        Ambas pel&iacute;culas apuntan y ense&ntilde;an hacia lo mismo, lo mismo a lo que tambi&eacute;n apuntaba <em>otra </em>pel&iacute;cula de juicios de la que disfrut&eacute; mucho, en esta ocasi&oacute;n premiada en Cannes hace unos a&ntilde;os, <em>Anatom&iacute;a de una ca&iacute;da</em>. Los veredictos los hacen personas que sangran y lloran y r&iacute;en, movidas por afectos e irracionalidades. En el temperamento y humor de alguien, al opinar sobre una vida ajena, sobre su inocencia o culpabilidad, pesa el atasco que sufri&oacute; esa ma&ntilde;ana, como pesa en el temperamento del funcionario que estampa un documento, aunque no lo queramos en el trato que damos a cualquier persona que vemos. &iquest;Por qu&eacute; esto es tan f&aacute;cil de asumir en abstracto y tan aparentemente tab&uacute; en el caso de los jueces?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n es la justicia? La justicia del juez Peinado est&aacute; hecha del mismo material que el jurado popular que &eacute;l mismo ha ordenado: es decir, de esa irracionalidad, v&iacute;sceras, impulsos, cosmovisi&oacute;n que ha construido c&oacute;mo habita cada uno en el mundo. La justicia es ese hombre que se queda solo vociferando una ret&oacute;rica racista cuyo origen, en realidad, est&aacute; en su relaci&oacute;n tormentosa y desbrozada con su propio hijo. Que la justicia es ciega es un modelo, una aspiraci&oacute;n, velo de ignorancia al cual aspirar. Afirmar que todos los que la aplican lo hacen con la ceguera necesaria, la que la justicia misma exige, ser&iacute;a cometer una ceguera a&uacute;n mayor: ceguera de no querer ver los actos reales que otros obran. Mientras asisto a sus autos y actos, no dejo de preguntarme qu&eacute; pensar&aacute; el juez Peinado del g&eacute;nero cinematogr&aacute;fico de las pel&iacute;culas de juicios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/justicia_129_13321888.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Jun 2026 20:27:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién es la justicia?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Justicia,Juan Carlos Peinado,Begoña Gómez,Jurado Popular,Álvaro García Ortiz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nada humano me es ajeno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/humano_129_13301097.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e14bb0c-457f-4cc9-97b7-f29ad8b650e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nada humano me es ajeno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pérdida de unos referentes comunes respecto a los cuales conversar no puede llevarnos a que perdamos también la posibilidad en sí misma de la conversación</p></div><p class="article-text">
        Una sucesi&oacute;n de eventos nos ha recordado estos d&iacute;as lo que son los acontecimientos compartidos, a distintas escalas. La poblaci&oacute;n de Espa&ntilde;a roza los 50 millones de personas. A los conciertos de Bad Bunny en Madrid van a acudir algo as&iacute; como 600.000: una de cada 100. No est&aacute; mal para el artista m&aacute;s escuchado en Espa&ntilde;a y en el mundo. A los actos de la visita papal de Le&oacute;n XIV han asistido, en su conjunto, se supone, m&aacute;s de dos millones, cerca de dos millones y medio; una de cada 20. Si llevamos comparaciones as&iacute; a territorios culturales como los libros o la taquilla en la industria cinematogr&aacute;fica, la sorpresa que nos llevamos ser&aacute; todav&iacute;a m&aacute;s grande. Ese libro que parece copar la conversaci&oacute;n y del cual aparecen recomendaciones sin parar probablemente no haya alcanzado los centenares de miles de ejemplares vendidos. En mi entorno se habl&oacute; much&iacute;simo m&aacute;s de <em>Los domingos </em>que de <em>Torrente presidente</em>, pero tendr&iacute;as que multiplicar por cuatro los espectadores de <em>Los domingos </em>para acercarte a las cifras de asistencia de la segunda.
    </p><p class="article-text">
        Nada ejemplifica tanto la desaparici&oacute;n de lo compartido, aquello que ve cada uno desde un lugar quiz&aacute; diferente, pero al mismo tiempo, en simultaneidad, como la sustituci&oacute;n de la televisi&oacute;n tradicional por las plataformas y la elecci&oacute;n a la carta. Por tener, tengo una tele en mi sal&oacute;n, pero nunca &mdash;quiz&aacute; cabr&iacute;a llamarme perezosa&mdash; he conectado el cable de la antena al televisor. Todo lo que veo, lo veo escogi&eacute;ndolo en el cat&aacute;logo de alg&uacute;n sitio o a trav&eacute;s de la aplicaci&oacute;n del canal espec&iacute;fico que quiero ver; dif&iacute;cilmente asisto a un <em>acontecimiento </em>simult&aacute;neo, como lo son ya s&oacute;lo algunos eventos, las galas de premio, a veces un estreno particular. Todas las generaciones tienen ya un dispositivo, al alcance de la mano, dispuesto a servirles el contenido exacto de sus deseos, una ristra infinita de v&iacute;deos e im&aacute;genes y ocurrencias y clips sobre los temas que interesan <em>espec&iacute;ficamente </em>a quien los ve. 
    </p><p class="article-text">
        El m&oacute;vil capta cu&aacute;nto tiempo permanece el usuario viendo un tipo determinado de contenido, c&oacute;mo se fijan sus ojos en la pantalla, y repite con sofisticaci&oacute;n todo lo que m&aacute;s engancha. Cuando Huxley imagin&oacute; el soma de <em>Un mundo feliz</em>, lo que no pudo prever es que este se adaptar&iacute;a a cada uno de sus consumidores: ser&iacute;a un soma personalizado, de principio a fin. Ya no consumimos una droga com&uacute;n, como se criticaba en la met&aacute;fora t&iacute;pica sobre la televisi&oacute;n o el entretenimiento; la que alimenta una de las tramas de <em>La broma infinita</em>, la b&uacute;squeda casi mitol&oacute;gica de una cinta &mdash;El Entretenimiento&mdash; cuyo contenido audiovisual lleva a quien lo ve a dejar de comer, a dejar de beber, hasta alcanzar la muerte por inanici&oacute;n ante la pantalla. Ya no hay un entretenimiento com&uacute;n: hay un entretenimiento para cada uno de nosotros. La consecuencia, claro, es que tambi&eacute;n pasamos a compartir menos cosas.
    </p><p class="article-text">
        Di el dato antes: la poblaci&oacute;n de Espa&ntilde;a roza los 50 millones de personas. Cada una de esas personas, venga de donde venga, es un ser humano, una persona, una vida valiosa &mdash;aunque contenga actos despreciables y dolorosos&mdash;, que ama y siente y padece y sufre y r&iacute;e; late su coraz&oacute;n como el m&iacute;o, si nos miramos podemos reconocernos, hay algo inevitable que compartimos. Si soy humana, nada humano me es ajeno. Pero, si tengo mi propio mundo a la mano, en el cual la interacci&oacute;n con otro ni siquiera es necesaria &mdash;pues puedo hasta sustituirlo por la conversaci&oacute;n virtual, fingida, con un <em>chatbot</em> de inteligencia artificial, con un modelo de lenguaje extendido&mdash;, &iquest;no me resultar&aacute; tan tentadoramente f&aacute;cil sucumbir a ese solipsismo, al ensimismamiento, y abandonar todo lo com&uacute;n, sustituirlo por el reflejo narcisista que devuelve la pantalla? En <em>Narciso desatado, </em>publicado en espa&ntilde;ol por Mutatis Mutandis, Colquhoun explora una historia de la autorrepresentaci&oacute;n y del rostro, de su proliferaci&oacute;n desde el arte hasta el selfie. Nunca ha sido tan f&aacute;cil interactuar tan poco con el afuera. Como en el cat&aacute;logo de Netflix, hoy puedes pedir, por cat&aacute;logo, comida sin intercambiar voz; puedes solicitar que un repartidor la deposite en la puerta, ni siquiera verle, no intercambiar palabra. Vivir en un mundo en el que no existan los dem&aacute;s es m&aacute;s veros&iacute;mil cada d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo tratar de ponerle remedio? Podr&iacute;a parecer muy f&aacute;cil, es desorbitadamente dif&iacute;cil. Creo que conviene, tambi&eacute;n como vacuna contra el odio, la indiferencia o la crueldad, que caracterizan mucho el tiempo en que vivimos, pensar en todo lo inevitablemente compartido &mdash;lo que <em>compartimos</em>&mdash; con seres humanos tan radicalmente diferentes entre s&iacute; como distintos nos sentimos de cualquiera que no seamos nosotros mismos; como distintos nos sentimos de nosotros mismos tambi&eacute;n, en realidad, conforme pasa el tiempo y nos cambia, y dejamos de ser quienes &eacute;ramos. La p&eacute;rdida de unos referentes comunes respecto a los cuales conversar no puede llevarnos a que perdamos tambi&eacute;n la posibilidad en s&iacute; misma de la conversaci&oacute;n. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/humano_129_13301097.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jun 2026 20:00:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nada humano me es ajeno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Papa León XIV,Bad Bunny,Televisión,Internet]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Idolatría y multitud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/idolatria-multitud_129_13282841.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/283e8d46-6257-4252-b298-752feb87e46e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Idolatría y multitud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que hay en la vigilia, la misa, Bad Bunny o algunos macroconciertos del Primavera Sound de estos días, bajo la lluvia o sin lluvia, son rituales, momentos de reunión, en los que toda una multitud vive junta el mismo grito</p></div><p class="article-text">
        Se repite mucho que el psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan afirm&oacute;, ante los estudiantes que sal&iacute;an a protestar a las calles en medio de mayo del 68, con notorio escepticismo &mdash;en parte justo, en parte injusto&mdash; respecto a la desembocadura de aquellas revueltas: &laquo;A lo que aspir&aacute;is como revolucionarios es a un amo. &iexcl;Lo tendr&eacute;is!&raquo;. &iquest;No ser&aacute; por ah&iacute; por donde confluyen todos los eventos que se dieron cita el pasado fin de semana en la capital? Por un lado, la visita de Le&oacute;n XIV, suscitando el entusiasmo de los propios, de conversos y de ajenos agitados por el recuerdo de Bergoglio y la enc&iacute;clica contra la IA; por el otro, la estancia continua de Bad Bunny con sus conciertos en el Metropolitano. Muchos art&iacute;culos se han escrito ya sobre ambos peregrinajes, su solapamiento temporal, la coincidencia, la adoraci&oacute;n cat&oacute;lica y la pagana: no es cuesti&oacute;n de a&ntilde;adir otro al mix. Pero en ambos emergen formas de idolatr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos buscando cualquier clavo ardiendo al que agarrarnos: esta es la definici&oacute;n de nuestro tiempo. Conversaba el otro d&iacute;a con un amigo, Santiago Alba Rico, que me dec&iacute;a que, en medio de tan aciago momento internacional, lo m&aacute;s cercano que tenemos a un Komintern es el Vaticano: por su posici&oacute;n contra Trump, los recelos que despierta en la extrema derecha, la necesidad de alianzas extra&ntilde;as construidas m&aacute;s por lo que se tiene enfrente que por cualquier elemento com&uacute;n. Ese an&aacute;lisis est&aacute; basado en unas circunstancias concretas, en el contraste entre declaraciones de distintos dirigentes, sus posicionamientos, c&oacute;mo se van recolocando ejes y polos: es una forma de explicar la coyuntura y sus equilibrios.
    </p><p class="article-text">
        Otra cosa es la din&aacute;mica de furor de estos d&iacute;as con Le&oacute;n XIV. La vara de medir es tan mediocre en 2026 que pronunciamientos m&aacute;s o menos gen&eacute;ricos son tan exaltados como cuando el papa Francisco afirmaba la imposibilidad de conciliar democracia y capitalismo, suscrib&iacute;a postulados de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n o llamaba a la defensa del planeta frente a la crisis clim&aacute;tica. Bergoglio tampoco era exactamente un revolucionario y que Le&oacute;n XIV sea relativamente m&aacute;s tibio &mdash;en su forma&mdash; no lo convierte en un conservador, pero la izquierda est&aacute; tan &aacute;vida de referentes que intenta robarle a los cat&oacute;licos los suyos. Lo cat&oacute;lico, de hecho, acaba volvi&eacute;ndose una moda, lo que no le resta ni un &aacute;pice de verdad a las conversiones reales y encuentros genuinos con la fe; normal que la gente recele, en cambio, al ver lo cat&oacute;lico retransmitido, convertido en algo <em>chic</em>, en la misma direcci&oacute;n que los vientos. Tambi&eacute;n es cierto que nunca han sido precisamente los cat&oacute;licos los reacios al culto de las im&aacute;genes.
    </p><p class="article-text">
        En la misma ciudad, al mismo tiempo, exhortaba Bad Bunny que &laquo;si tu novio no te mama el culo, pa&rsquo; eso que no mame&raquo;; aqu&iacute;, en realidad, no creo que nadie ya est&eacute; pensando en que Bad Bunny representa alg&uacute;n tipo de emancipaci&oacute;n pol&iacute;tica. Ese pensamiento s&oacute;lo habita en la imaginaci&oacute;n: es lo que muchos conservadores piensan que piensa la gente progresista. Creen que los progresistas van a un concierto as&iacute; como si fuera un ritual revolucionario, como si de all&iacute; salieran mejores, m&aacute;s depurados, m&aacute;s emancipados, como si hubiera contradicci&oacute;n entre valores feministas y perreo: se lo toman, en realidad, demasiado en serio. Imaginan, en su caso, una idolatr&iacute;a que no existe.
    </p><p class="article-text">
        Lo que hay en la vigilia, la misa, Bad Bunny o algunos macroconciertos del Primavera Sound de estos d&iacute;as, bajo la lluvia o sin lluvia, son rituales, momentos de reuni&oacute;n, en los que toda una multitud vive junta el mismo grito; pasa igual all&iacute; como en una manifestaci&oacute;n masiva contra la Ley de Universidades en Argentina, como en toda experiencia donde una se trasciende por mucho a s&iacute; misma. Esta semana le dec&iacute;a a una conocida, que ven&iacute;a del concierto de Bad Bunny e iba a repetir, que aquello no me parec&iacute;a para tanto, que la idea de estar en esa lata de sardinas sin poder moverme me parec&iacute;a agobiante. Ella me respondi&oacute; que hab&iacute;a sido la mejor experiencia de su vida. La diferencia entre ella y yo: ella hab&iacute;a ido y hab&iacute;a sido capaz de fundirse en la colectividad, yo no fui. Eso explicaba su devoci&oacute;n y mi escepticismo. A lo que se aspira, en todos estos fen&oacute;menos, es a la multitud. &iquest;No es ese deseo, en medio de tiempos de soledad, neoliberalismo, individualidad, aquello que deber&iacute;amos proteger, el indicador com&uacute;n por el cual preguntarnos?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elizabeth Duval]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/idolatria-multitud_129_13282841.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jun 2026 20:30:40 +0000]]></pubDate>
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