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    <title><![CDATA[elDiario.es - Víctor Rodríguez Gago]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/victor-rodriguez-gago/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Víctor Rodríguez Gago]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Chupitos con el crítico literario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/chupitos-critico-literario_1_13022912.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/17063e0d-f2f4-46be-a9bc-ce897fef188e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Chupitos con el crítico literario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La literatura canaria y algo con qué bajarla</p></div><p class="article-text">
        04.12.2025. Vicisitudes del archivo: la conversaci&oacute;n se interrumpe, faltan cartas, hay palabras ilegibles que, de repente, por la tensi&oacute;n dram&aacute;tica de lo que se dicen entre ellos, se vuelven puntos ciegos que demandan una intervenci&oacute;n restauradora. Y he aqu&iacute; que ocurre una de las prestaciones que hacen de esta edici&oacute;n de <strong>Miguel P&eacute;rez Alvarado </strong>del epistolario de <strong>Alonso Quesada </strong>y<strong> Luis Doreste Silva</strong> (Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2025) algo m&aacute;s original y fascinante que un simple inventario documental para historiadores. Me refiero a su intervenci&oacute;n en los silencios del archivo, la interpolaci&oacute;n de una voz que no es la del editor y tampoco la de los corresponsales, sino una que habla desde los m&aacute;rgenes de la transcripci&oacute;n y la anotaci&oacute;n, voz que restaura y traduce, es decir, que produce un texto nuevo, vuelto hacia s&iacute; mismo con una tensi&oacute;n ir&oacute;nica. &iquest;No comparten procedimiento esta forma de intervenir y la de Cairasco en su traducci&oacute;n de la <em>Jerusal&eacute;n liberada</em> de Tasso? Es curioso que en ambos casos, la intervenci&oacute;n se haga desde el lugar donde se instalan y funcionan los dispositivos de la anotaci&oacute;n, la transcripci&oacute;n y la traducci&oacute;n. De alg&uacute;n modo, ambas intervenciones cuestionan el sujeto y el espacio de la enunciaci&oacute;n literaria. &iquest;Tienen sujeto las notas? &iquest;Qui&eacute;n habla en la traducci&oacute;n? &iquest;De qui&eacute;n es la voz que reemplaza lo ilegible por lo recreado? En la tensi&oacute;n entre el archivo y sus m&aacute;rgenes, &iquest;desde qu&eacute; lado se configura el sentido del documento? Quiz&aacute; sea esta una de las formas que la literatura canaria tiene de hacer su diferencia; mediante las tecnolog&iacute;as textuales (la nota, la digresi&oacute;n, el anexo, la interpolaci&oacute;n, la traducci&oacute;n) que desmitifican las nociones de sujeto y centro inherentes a la tradici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        09.12.2025. Cierta cr&iacute;tica literaria en Canarias me recuerda a esos parientes mayores que esconden la botella de moscatel y el surtido cu&eacute;tara bajo llave. Todo lo raciona este pariente educado en la escasez, al que uno visita por compromiso. Su saber es un secreto guardado en un aparador. Aunque lo que sabe quiz&aacute; no merezca tanto celo. O tal vez el celo sea su saber. O tal vez en el reparto de lo sensible le toc&oacute; un bonito aparador con llave. Es una cr&iacute;tica que no critica nada, a la que asustan la pol&eacute;mica y destrozar los libros. En vez de sancocharlos como si fueran beb&eacute;s, seg&uacute;n el primer punto del dec&aacute;logo de Benjamin, los plastifica antes del primer d&iacute;a de clase, los lee con una atenci&oacute;n ardiente y metida para adentro, una concentraci&oacute;n de cabalista, como al bisbisear por primera vez el impronunciable nombre de Yahv&eacute; en hebreo. Luego el cr&iacute;tico canario los guarda en el aparador mitol&oacute;gico, junto al vino perretoso y los bollos que a&ntilde;urgan. Para este cr&iacute;tico, la literatura canaria ha estado siempre relajada, retozando en un lugar ameno, gozando, como D&aacute;cil, del alegre sitio y de su capitan&iacute;a consorte. No hay antagonismo, ni trauma, ni historia, ni ideolog&iacute;a. Solo mitos anfibios que van tan ricamente por el Atl&aacute;ntico y por Europa deseando que les pregunten en alguna parte la contrase&ntilde;a. Como dijo Nicanor Parra, as&iacute; pasa la gloria del mundo, sin gloria, sin mundo, sin un miserable s&aacute;ndwich de mortadela. La unidad de medida de esta cr&iacute;tica literaria es el chupito sobre una mesa r&uacute;stica cubierta de hule. Si ha estudiado un archivo, te lo da a catar y corre a echar el fechillo. Si llega el primero a un corpus, le cuesta hasta ponerte una tapa de chochos y un botell&iacute;n. Si encuentra un in&eacute;dito, lo esconde en cachos por la casa. En su glosa hay una oscuridad fatalista. M&aacute;s que desmontar el texto, te lo resume con sombras chinescas. Antes que soltar a los perros del lenguaje, el cr&iacute;tico los arrulla en la mitolog&iacute;a de un paisajismo para senderistas federados.&nbsp;Se masca en el aire cuando estamos frente a frente, sentados en la mesa de hule, qu&eacute; t&uacute; preferir&iacute;as estar en otra parte y el cr&iacute;tico preferir&iacute;a que no hubieses venido, oh Bartleby, oh humanidad.
    </p><p class="article-text">
        10.12.2025. En un ensayo sobre el secreto (&ldquo;Callaban las cosas en tanto secreto&rdquo;, incluido en <em>Canariedades</em>, Tamaimos, 2023), Pablo Est&eacute;vez describe el malgareo, una tradici&oacute;n que se segu&iacute;a El Hierro y consist&iacute;a en que vecinos de un pueblo, escondidos en las cumbres, pregonaban con voz de falsete los secretos de una persona, despu&eacute;s de sacrificar un animal &ldquo;cuyas partes ofrec&iacute;an junto con los secretos revelados&rdquo;, en un &ldquo;rito ruidoso, carnavalesco&rdquo; que &ldquo;constitu&iacute;a a los j&oacute;venes como defensores de los valores de la comunidad&rdquo;. Lo m&aacute;s extra&ntilde;o es que la revelaci&oacute;n del secreto, pregonado a los cuatro vientos, no alteraba el orden social, &ldquo;como si el secreto no dejara de funcionar al ser revelado&rdquo;. Y se pregunta: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; puede significar un conocimiento que niega el conocimiento?&rdquo;. Esta resistencia del secreto se ejemplifica incluso en un ilustrado como Viera. Su burla de los mitos anteriores a su ciencia desencadena una nueva acometida del secreto, que sale reforzado de su propio sacrificio: Viera y Clavijo, ahora, &ldquo;mitificando a unos guanches cuasi divinos, a&uacute;n m&aacute;s misteriosos&rdquo; que los de las cr&oacute;nicas. &ldquo;Y as&iacute; la Ilustraci&oacute;n no puede nunca finalizar su misi&oacute;n: la modernidad nunca es alcanzada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        15.12.2025. Leo lo que acabo de escribir y me suena por dentro a la voz de otro. Me da mucho asco, porque ese otro no es m&iacute;o, aunque lo conozco. Leerme con su voz hace que todo adquiera su sello. Es asqueroso, ya no puedo leer mentalmente este p&aacute;rrafo sin escuchar al otro ley&eacute;ndolo. De todas las voces que pod&iacute;an leerme, que sea precisamente la suya es lo m&aacute;s repulsivo de todo. Claro que quiero una voz mental cuando leo lo que escribo. &iquest;Qui&eacute;n no? Te lees a ti mismo para escucharla: una voz mental neutra, como si fueras tu lector del futuro ley&eacute;ndote, como si lo sorprendieras en un aeropuerto o en alg&uacute;n otro lugar neutro del futuro leyendo lo que acabas de escribir, un lector o lectora de la posteridad esperando a embarcar, que levanta la cabeza, se quita las gafas (tu lector del futuro tiene presbicia y una catarata incipiente) y pierde la mirada m&aacute;s all&aacute; de las pistas, m&aacute;s all&aacute; de la tienda duty free y del Burger King. A menudo pienso en ese lector m&iacute;o ley&eacute;ndome esto ahora mismo tan p&oacute;stumamente. Tenemos nuestros ratos de intimidad en el multiverso. Le dejo leer con su voz lo que acabo de escribir. Me doy la primicia de su lectura de m&iacute;, de su voz ley&eacute;ndome. Como cuando levantamos la s&aacute;bana para escuchar y oler en primicia lo flatulento. Uno se escucha y se huele con parsimonia. Uno no se enfada con lo podrido por dentro. Lo que a uno le encochina es encontrarse al otro bajo la s&aacute;bana. Tropez&aacute;rtelo ah&iacute;, asqueado de leer esto tan suyo con mi voz. &iquest;Ves? Yo jam&aacute;s lo dir&iacute;a as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        17.12.2025. Un texto que nunca acabas de escribir. Uno que, a medida que lo escribes, te lleva a desv&iacute;os que son como agujeros de gusano que se tragan la luz y te transportan a un nuevo comienzo. Uno en el que cada palabra necesita una nota a pie de p&aacute;gina para tener sentido. En el que cada nota lleva a otras notas aclaratorias, en una ramificaci&oacute;n infinita de un &aacute;rbol que no tuviera tronco ni ra&iacute;z. Uno en el que no hay hilo, ni principio, ni final, en el que todo son notas de notas. Un texto incapaz de la primera palabra y de la &uacute;ltima. Uno que comienza en sus m&aacute;rgenes y en sus afueras, en otro texto, del que es una simple glosa. Uno en blanco.
    </p><p class="article-text">
        19.12.2025. &ldquo;Si se usaba el papel de calco correctamente, se obten&iacute;an dos copias del mismo documento. La hoja blanca de arriba ten&iacute;a la caligraf&iacute;a y la tinta original, la hoja blanca de abajo era una copia de todos los trazos y puntos. En lo que no hab&iacute;a reparado en aquella &eacute;poca es que en el papel negro hab&iacute;a una tercera copia de todo lo que se hab&iacute;a escrito. El papel negro estaba marcado con la caligraf&iacute;a original. Negro sobre negro, pleno de significado, pero conformado por la ausencia. El papel negro era un registro fantasmal. Negro sobre negro, secretamente sensible&rdquo; (Teju Cole, <em>Papel negro. Escribir en tiempos de oscuridad</em>, Acantilado, 2025).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/chupitos-critico-literario_1_13022912.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Feb 2026 12:27:25 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Echedey Medina Déniz y José Miguel Perera devuelven la visita]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/echedey-medina-deniz-jose-miguel-perera-devuelven-visita_1_12911957.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ed387fd-cc62-4c9d-9004-e84b9be1f08d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Echedey Medina Déniz y José Miguel Perera devuelven la visita"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cátedra Gonzalo Rojas de la Universidad de Concepción acoge la presentación en Chile de la poesía de los autores canarios, en la que se evocó las dos estancias en Lanzarote del Premio Cervantes y su cercanía a Canarias, a través de la recepción de su obra por Jorge Rodríguez Padrón, uno de los primeros en apreciarla en España, y de su ascendente sobre la generación poética de los 80 en las Islas</p></div><p class="article-text">
        La comunicaci&oacute;n entre literaturas rara vez empieza de cero. Bajo los efectos del <em>jet lag</em> y del cambio de estaci&oacute;n, empapados de un acento nuevo, catadores perfumistas de otro aire, en la total extra&ntilde;eza de otra luz y de todo lo otro, una presencia familiar acaba saliendo al encuentro. Echedey Medina D&eacute;niz y Jos&eacute; Miguel Perera la han encontrado en la figura tutelar de Gonzalo Rojas (1916-2011) en el campus de la Universidad de Concepci&oacute;n, en la que el autor de <em>Metamorfosis de lo mismo</em> y <em>Del ocio sagrado</em>, Premio Cervantes en 2003, ense&ntilde;&oacute; Literatura. All&iacute;, invitados por la c&aacute;tedra que lleva su nombre, los dos autores canarios han presentado su poes&iacute;a &uacute;ltima: <em>Paseo de los flamboyanes</em> (colecci&oacute;n Faro de La Puntilla, editorial Mercurio, 2025), en el caso de Echedey, y <em>Poel&iacute;ticamente</em> (El Sastre de Apollinaire, 2025), en el de Jos&eacute; Miguel. Ambos fueron introducidos al p&uacute;blico chileno por Andrea Franulic Depix, profesora de Ling&uuml;&iacute;stica en la Universidad de Santiago, ensayista, te&oacute;rica del feminismo. una de las voces m&aacute;s destacadas del panorama de la inteligencia en Chile. Su &uacute;ltimo ensayo publicado es <em>Confesiones de una amante de la lengua materna</em> (2023). La presentaci&oacute;n se celebr&oacute; en la librer&iacute;a universitaria Marta Brunet, propiedad del Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, la editorial mejicana fundada por Daniel Cos&iacute;o Villegas.
    </p><p class="article-text">
        Gonzalo Rojas, el Premio Cervantes de 2003 y uno de los cuatro afluentes de la poes&iacute;a chilena del siglo XX, junto a Vicente Huidobro, Pablo Neruda y Nicanor Parra, est&aacute; a menos de seis grados de contacto de la literatura canaria, lo mismo que Marta Brunet, narradora y diplom&aacute;tica, exponente del paisajismo rural chileno y pionera de una nueva expresi&oacute;n de la mujer, a la que representa con una voz fuerte y un mundo propio en <em>Monta&ntilde;a adentro</em>, emblema de su obra novel&iacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        Como record&oacute; Jos&eacute; Miguel Perera en el campus de la Universidad de Concepci&oacute;n, y transmite ahora por el <em>WhatsApp</em>, &ldquo;Gonzalo Rojas <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/gonzalo-rojas-conmemorara-poemas-alumbrado_1_3673661.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estuvo en Canarias en dos ocasiones</a>,&nbsp;la primera en 1990, cuando fue reclamado por la generaci&oacute;n po&eacute;tica de los 80 en Canarias, como una de sus referencias&rdquo;. El encuentro con aquellas j&oacute;venes poetas fue en un taller en Lanzarote, en el que participaron&nbsp;Cecilia Dom&iacute;nguez Luis, Nicol&aacute;s Melini, Yolanda Soler On&iacute;s, Antonio Jim&eacute;nez Paz o Sergio Dom&iacute;nguez Ja&eacute;n, entre otros representantes de esa generaci&oacute;n. El cr&iacute;tico Jorge Rodr&iacute;guez Padr&oacute;n, uno de los primeros en apreciar y glosar la poes&iacute;a de Rojas en Espa&ntilde;a, hizo de enlace del acercamiento del poeta chileno a Canarias. La segunda visita de Gonzalo Rojas, recuerda Jos&eacute; Miguel Perera, fue en 2001, a Puerto del Carmen, invitado por la Universidad Internacional de Lanzarote auspiciada por el Ayuntamiento de T&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a Marta Brunet, Jos&eacute; Miguel Perera record&oacute; que el contacto con Canarias fue a trav&eacute;s de la amistad que mantuvo con Mercedes Pinto, la autora tinerfe&ntilde;a de <em>&Eacute;l</em>, un hito del surrealismo con forma de novela, traducida al cine por Luis Bu&ntilde;uel.&nbsp;
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                Gonzalo Rojas en Lanzarote, junto a un grupo de escritores canarios de la generación poética de los 80, en 1990.                            </span>
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        <em>Paseo de los flamboyanes</em> es el tercer libro de poemas de Echedey Medina D&eacute;niz, tras <em>Una segunda oportunidad sobre la tierra</em> (2019) y <em>Nervio s&eacute;ptimo</em> (2023). El libro, publicado en la colecci&oacute;n <em>Faro de La Puntilla</em>, que dirigiera Eugenio Padorno, consta de dos partes. Los poemas de la primera meditan a la sombra de la floresta rojiza de los flamboyanes del edificio de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en la que el autor hizo el grado de Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica. La segunda parte nace durante su estancia acad&eacute;mica en Chile, y se nutre de temas de la tradici&oacute;n chilena y pr&eacute;stamos de su habla, como ha observado Jos&eacute; Miguel Perera. De <em>Paseo de los flamboyanes</em>, Echedey Medina D&eacute;niz escogi&oacute; el poema largo &ldquo;Me llamo p&aacute;jaro Echedey&rdquo; para leerlo a medias con Andrea Franulic. Su poes&iacute;a es extra&ntilde;a y al mismo tiempo familiar, suena a lejan&iacute;as mitol&oacute;gicas, selva exuberante y cerrada, m&uacute;sica lujosa, con un aire de presagio tr&aacute;gico y de esperanza. As&iacute; podr&iacute;a ser el modernismo, si el modernismo tuviera una reencarnaci&oacute;n en el siglo XXI. O quiz&aacute; la est&aacute; teniendo en este joven poeta que ha le&iacute;do a Tom&aacute;s Morales.
    </p><p class="article-text">
        <em>Poel&iacute;ticamente</em> re&uacute;ne y ordena cronol&oacute;gicamente todos los poemarios de Jos&eacute; Miguel Perera publicados hasta ahora, m&aacute;s una veintena de poemas in&eacute;ditos y otros ap&eacute;ndices igualmente reveladores, entre ellos, adaptaciones musicales de algunos de sus poemas. El volumen incluye los libros <em>Tren&iacute;stenla es venida</em> (2003), <em>Esp&iacute;ritu de campanario</em> (2016), <em>La boca de las alucinaciones</em> (2018), <em>Que nada de esto es silencio</em> (2019) y <em>&Aacute;ncho de &aacute;nimas</em> (2021). Su poes&iacute;a es una contemplaci&oacute;n de las relaciones entre lo po&eacute;tico, la &eacute;tica y la pol&iacute;tica, de ah&iacute; la condensaci&oacute;n de las tres categor&iacute;as en el t&iacute;tulo del volumen, un juego de palabras y una s&iacute;ntesis que simboliza las nuevas sonoridades que Perera extrae dislocando las articulaciones del lenguaje, en cuyo cuerpo representa las distintas formas de violencia que atraviesan la historia de Canarias, desde la Conquista a las &ldquo;exmigraciones&rdquo;, las de los canarios de la di&aacute;spora del hambre y la de los cuerpos de los migrantes tragados por el mar intentando llegar a las islas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; Miguel Perera es miembro de la Academia Canaria de la Lengua. Ha editado y anotado la Comedia del recibimiento de Bartolom&eacute; Carrasco de Figueroa (Ediciones del Cabildo de Gran Canaria). Dirige la colecci&oacute;n de las obras de Sebasti&aacute;n Padr&oacute;n Acosta auspiciada por el Instituto de Estudios Hisp&aacute;nicos y el Ayuntamiento del Puerto de La Cruz. Cuida asimismo de distintas colecciones bajo el sello de la editorial Mercurio. Ha publicado gu&iacute;as did&aacute;cticas para la ense&ntilde;anza de la literatura canaria. Coordina la enciclopedia canaria digital Bienmesabe.org.&nbsp;Doctor en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, actualmente es profesor de Lengua y Literatura de Ense&ntilde;anza Secundaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/echedey-medina-deniz-jose-miguel-perera-devuelven-visita_1_12911957.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jan 2026 09:00:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Echedey Medina Déniz y José Miguel Perera devuelven la visita]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aquí no hay nada que ver]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/enralos-playlist-mitines-politicos_1_12876151.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ce0a887-1d48-4b57-9dee-abc078411b7a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1133426.jpg" width="894" height="503" alt="Aquí no hay nada que ver"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La 'playlist' de los mítines políticos como un rito de canibalismo
</p></div><p class="article-text">
        <strong>29/11/2025</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El enralo es un estado de &aacute;nimo en que domina la alegr&iacute;a irreflexiva, una suerte de exaltaci&oacute;n que hace perder al enralado la discreci&oacute;n, la mesura y el dominio de s&iacute; mismo. El enralo conduce al atrevimiento y a la familiaridad no autorizada&rdquo;. (Millares Cubas, <em>L&eacute;xico de Gran Canaria</em>, citado por&nbsp;Corbella y Corrales, <em>Diccionario Hist&oacute;rico del Espa&ntilde;ol de Canarias</em>)
    </p><p class="article-text">
        <strong>30/11/2025</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ganas de mirar solo a donde no hay nada que ver. Leo que en la manifestaci&oacute;n del templo de Debod han puesto a todo meter <em>People have the power</em>, de Patti Smith. Se me van los ojos, como al circular m&aacute;s lento por la autopista para ver un poco de un choque. No hay nada que ver en la <em>playlist</em> de un mitin, que sol&iacute;a ser una simple nota de color en la cr&oacute;nica electoral, como lo de bailar <em>Macarena</em> en la campa&ntilde;a de Bill Clinton, mucho antes de que los espasmos de Trump retorcieran el <em>YMCA</em> de los Village People hasta convertirlo en una magufada del movimiento MAGA. No hay nada que ver aqu&iacute;, pero el morbo de lo insignificante ya ha hecho su hechizo. Me quedo bobiando en el gesto de mezclar a Patti Smith con el PP. Lo de las <em>playlist</em> de los m&iacute;tines, as&iacute;, en general. Quiz&aacute; alguien deber&iacute;a decirles que paren. A todos, as&iacute;, en general. Paren de querer decir cosas con significantes rellenos. Y guarden la distancia en carretera entre la chola anarquista y la zapater&iacute;a mitinera de Sebago. Qu&eacute; mal le ha ha hecho Patti Smith a nadie para que le den un taponazo por detr&aacute;s a su icono del <em>punk</em> ochentero, ut&oacute;pico y redondeado como el Honda Civic original (no el engendro de ahora), embisti&eacute;ndolo con un SUV el&eacute;ctrico, chino y constitucionalista en<em> leasing</em>. Qu&eacute; es lo que se ve cuando no hay nada que ver. De qu&eacute; grietas de las cosas insignificantes salen los significados que me envician. Algunas cosas, las que me paro a mirar por delante y por detr&aacute;s como un comprador de chatarra de siniestros, son tuneras duras y secas, y mi ojo es la cochinilla, un hongo, una plaga parasit&aacute;ndola en todas las direcciones con una nota de color.
    </p><p class="article-text">
        <strong>01/12/2025</strong>
    </p><p class="article-text">
        Patrick Bateman diseccionando <em>No jacket required</em> de Phil Collins para su colega de Wall Street, antes de matarlo a hachazos en el sal&oacute;n de su apartamento. Se ha puesto un chubasquero transparente para no mancharse la ropa car&iacute;sima al abrir el mel&oacute;n de las canciones y el de la cabeza hueca de su invitado. Muy propio de psic&oacute;patas, hacer del vac&iacute;o un signo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>02/12/2025</strong>
    </p><p class="article-text">
        Busco en lo de antier el hilo que jal&oacute; de m&iacute;, antes de que me perdiese persiguiendo al conejo blanco por la madriguera de la digresi&oacute;n. Jalado por el cord&oacute;n del que tira el pensamiento para hacer sonar las campanillas en el cuarto de los criados. Solo quer&iacute;a pararme a ver un poco este cancaneo de las <em>playlist</em> musicales en los m&iacute;tines y las cr&oacute;nicas. Si aparte de lo grotesco, hay algo de sentido en darse lustre &eacute;pico con una banda sonora deseca de epopeya. Si el apropiarse, mezclar, despiezar y resignificar canciones, series, mitos, tradiciones, nos dice algo de c&oacute;mo se forman las identidades. Y si la tecnolog&iacute;a que hace posible el sistema de producci&oacute;n es la misma que permite envasar las identidades y consumirlas en los formatos de la ilustraci&oacute;n, la banda sonora, el meme, el fragmento, el collage y la cita, como significantes comestibles dispuestos en el lineal del supermercado. Una canci&oacute;n anarquista que habla de la utop&iacute;a de una sociedad sin clases ni amos (<em>&ldquo;y el leopardo y el cordero yac&iacute;an verdaderamente unidos&rdquo;</em>), imprimiendo car&aacute;cter y destino en una manifestaci&oacute;n dominical del PP. &iquest;Por qu&eacute; no? Al fondo, la crisis de la escritura, de la tradici&oacute;n literaria como fuente, si no de identidad, porque hay otras no literarias, s&iacute; de modulaci&oacute;n entre identidades posibles. En el texto se realiza el encuentro con el otro. El acto de leer, se&ntilde;ala Steiner, nos pone ante la &ldquo;presencia real&rdquo; de una individualidad distinta a la nuestra. Sin tradici&oacute;n escrita, lo individual carece de trazabilidad en el tiempo, y las identidades se producen y se consumen en el reemplazo de lo individual por lo subjetivo; la diferencia, por el deseo; el reconocimiento, por la ingesta, y la cr&iacute;tica, por el comistraje. La comuni&oacute;n con la playlist del mitin, desollada como un kebab en lonchas de sentido, es b&aacute;sicamente un rito de canibalismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>03/12/2025</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si la realidad es comestible y somos lo que comemos, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s da este o aquel banquete, o uno despu&eacute;s del otro?
    </p><p class="article-text">
        En su diario, Friedrich Hebbel encuentra un s&iacute;mbolo perdurable para el canibalismo de las identidades, d&aacute;ndole una nueva pensada a la f&aacute;bula. Citado por Hans Blumenberg en <em>La inquietud que atraviesa el r&iacute;o</em>, traducci&oacute;n de Jorge Vigil: &ldquo;Se dijo tantas veces al lobo que no ten&iacute;a nada de cordero, que finalmente decidi&oacute; zamparse a &eacute;ste para tenerlo todo de &eacute;l&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>05/12/2025</strong>
    </p><p class="article-text">
        Citar me parece una de las operaciones m&aacute;s peligrosas de la escritura. Al citar, nos apropiamos de fragmentos de sentido. &iquest;Existe tal cosa, los fragmentos de sentido? Para Blanchot, abre comillas, el fragmento es radicalmente no citable, cierra comillas, precisamente, por lo que tiene de apropiaci&oacute;n, es decir, de violencia, &iquest;contra qu&eacute;? Contra aquello de lo que la cita prescinde: el texto, el contexto, lo no citado. Nos apropiamos, no de la cita, sino de lo que esta violentamente desplaza. Citar equivale a apropiarse de todo lo que cuestiona o contradice el prominente lugar del fragmento en la escala evolutiva del sentido. Toda cita-lobo prevalece por selecci&oacute;n natural sobre las citas-cordero a las que engulle, no como simple sustento, sino para tenerlo todo de ellas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>20/12/2025</strong>
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o descubr&iacute; a Juan Ferrera Gil, escritor canario de cuentos. Llegu&eacute; a su escritura gracias a Jos&eacute; Miguel Perera, que epilog&oacute; y present&oacute; en Arucas la colecci&oacute;n de diez historias <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/juan-ferrera-gil-presenta-nuevo-libro-esquina-fotografo_1_12068448.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La esquina del fot&oacute;grafo</em></a> (Mercurio Editorial, 2025). En su colof&oacute;n al libro, Jos&eacute; Miguel Perera define a Juan Ferrera Gil como un &ldquo;irremediable ser literario&rdquo; que existe &uacute;nicamente <em>en</em> la escritura, es decir, leyendo y escribiendo. Esta imagen de una vida hecha solo e &ldquo;irremediablemente&rdquo; de texto muestra la conciencia meta literaria de que est&aacute;n hechos estos cuentos, en los que la escritura de otros, los que no han tenido quien les escriba, se disfraza de la referencia libresca, el diario, la historiograf&iacute;a ap&oacute;crifa o el manuscrito encontrado, para meterse a la zorruna, bajo estas formas <em>dignas</em> de cr&eacute;dito, en el relato hist&oacute;rico del que han sido excluidos. Los personajes de estas historias se saben seres escritos. Sus vidas transcurren en Arucas, entre mediados del siglo XIX y la muerte del dictador en 1975, marcadas por el caciquismo, la Guerra y la represi&oacute;n franquista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como dice uno de sus narradores, &ldquo;ni siquiera pensaba que exist&iacute;a&rdquo; antes del diario que est&aacute; escribiendo. Tomar posesi&oacute;n de su voz como narrador equivale a existir, no solo dentro del cuento, sino en la historia colectiva, cuya escritura se alimenta del silencio y el encubrimiento. Antes de ser memoria escrita, dice el narrador, &ldquo;viv&iacute;amos con la cabeza entre las piernas y el miedo en el cuerpo&rdquo;. El lenguaje ostensiblemente literario que adoptan las voces narradoras de estos cuentos, con marcas ling&uuml;&iacute;sticas que remiten a la forma de narrar de otro tiempo, proclama la naturaleza escrita de estas vidas, su condici&oacute;n de &ldquo;seres literarios&rdquo;. Su m&aacute;scara de un lenguaje digno de escucha en el promontorio de la historia es demasiado evidente como para no ver al autor detr&aacute;s de esta estrategia. La esquina donde se aposta el fot&oacute;grafo del t&iacute;tulo se&ntilde;ala el cruce entre la memoria personal y la historia colectivo, pero la lente del objetivo es la del fot&oacute;grafo, que se cuela como un personaje tapado y decisivo. &ldquo;Escribe como si lo que cuentas solo tuviera importancia para tus personajes, de los que pudiste ser uno de ellos&rdquo;. Horacio Quiroga resume en este &uacute;ltimo mandato los otros nueve de su famoso dec&aacute;logo sobre el arte de escribir cuentos. Es el &uacute;nico punto que va en serio de un dec&aacute;logo que se puede leer como una broma a la proliferaci&oacute;n de teor&iacute;as sobre el cuento desde la que hizo a Poe formular su principio del &ldquo;efecto &uacute;nico&rdquo; del cuento. Los cuentos de esta colecci&oacute;n de Juan Ferrera Gil siguen con bastante fidelidad el precepto de Quiroga. Se entra en ellos <em>in media res</em>, como si ya hubieran empezado antes de nuestra llegada, y tuvi&eacute;ramos que ponernos al d&iacute;a sobre la marcha.
    </p><p class="article-text">
        Se publican tan pocos cuentos en Canarias, por la falta del inter&eacute;s y el espacio que en otro tiempo hubo para este g&eacute;nero en los peri&oacute;dicos, y la escasez de editoriales que apuesten por el g&eacute;nero, que la publicaci&oacute;n de esta colecci&oacute;n me cogi&oacute; por sorpresa y la he disfrutado como uno de los libros canarios que m&aacute;s me han interesado este a&ntilde;Lao. Le sobran dos cuentos, <em>El desembarco</em> y <em>Mi t&iacute;a Lola</em>, por incurrir en lo que dice Augusto Monterroso de este g&eacute;nero: &ldquo;Pocas cosas hay tan f&aacute;ciles de echar a perder&rdquo;. Un rengl&oacute;n de m&aacute;s, y se convierte en costumbrismo; uno de menos lo reduce a una an&eacute;cdota, &ldquo;y nada m&aacute;s odioso que las an&eacute;cdotas demasiado visibles&rdquo;. Aun as&iacute;, Juan Ferrera Gil parece tener claro qu&eacute; es y, sobre todo, qu&eacute; no es un cuento, ese g&eacute;nero cuya forma elusiva consiste siempre en un disfraz negativo: no ser nunca lo que parece.
    </p><p class="article-text">
        <strong>26/12/2025</strong>
    </p><p class="article-text">
        El desplazamiento como condici&oacute;n de una insularidad espec&iacute;fica de Canarias. Nilo Palenzuela, en su discurso de ingreso en la Academia Canaria de la Lengua (2017) y en su largo poema <em>Otro mar, otro suelo</em> (2024). El insular es por su naturaleza hist&oacute;rica un desplazado: &ldquo;procedemos de aqu&iacute; y de all&iacute;, y nos constituimos con lo de aqu&iacute; y lo de all&aacute;&rdquo;. Mediante el viaje y la traducci&oacute;n, el insular se apropia de otras tradiciones y aporta interpolaciones que las modifican. &ldquo;El desplazado, por as&iacute; decir, cambia cosas de sitio, las inserta en un relato, las trae, las lleva. El desplazado traduce en todas las direcciones. Traduce literalmente o traslada motivos, herramientas de an&aacute;lisis, mediaciones po&eacute;ticas, palabras y conceptos, de una a otra lengua, de un lugar a otro&rdquo;. Deslumbrado por esta visi&oacute;n de la identidad, hecho en falta en ella, no obstante, la marca de lo hist&oacute;rico en el cuerpo del desplazado. En <em>La desnudez como naufragio</em>, Margo Glantz alude a estas marcas en los cuerpos de los cronistas, que ven&iacute;an a demostrar as&iacute; la veracidad de sus relatos. Bernal frente a G&oacute;mara, por ejemplo, o la cr&oacute;nica escrita con el cuerpo frente a la que se escribe desde la Corte, que aquel moteja de &ldquo;borr&oacute;n&rdquo;. &iquest;Y si el eje humanista fuera un simple &ldquo;borr&oacute;n&rdquo; y la escritura del cuerpo desplazado por el trauma y la herida de la historia, un saber distinto? Cabeza de Vaca invocando los estragos que los infortunios de la expedici&oacute;n de Narv&aacute;ez a La Florida ha dejado en su cuerpo, como marcas de autenticidad de su relato, al pedir rentas y prebendas al Consejo de Indias. &iquest;Y si el infortunio fuera nuestra forma de ser reconocidos? &iquest;Cu&aacute;les son las marcas de lo hist&oacute;rico en los desplazamientos, interpolaciones y traducciones de&nbsp;Cairasco, de Viera, de Graciliano Afonso o de Antonio Dorta? La perspectiva humanista no explica por s&iacute; sola la naturaleza del desplazamiento. Aim&eacute;e Cesaire se&ntilde;ala que el humanismo como fuente de identidad es &ldquo;hist&oacute;rica y moralmente insostenible&rdquo;. El por qu&eacute; de esta retiencia de la cr&iacute;tica cultural en Canarias a abrirse a lo hist&oacute;rico, desde una imagen exclusivamente humanista y mitol&oacute;gica de la identidad: me lo anoto para pensar en ello.
    </p><p class="article-text">
        <strong>28/12/2025</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cairasco vs Quesada. Dos formas de posicionarse ante el espacio colonial en el que habitan. Cairasco: c&oacute;mo se llega; Quesada: c&oacute;mo salir corriendo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/enralos-playlist-mitines-politicos_1_12876151.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Dec 2025 20:09:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aquí no hay nada que ver]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Eugenio Padorno, hasta el fondo del umbral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/eugenio-padorno-fondo-umbral_1_12854506.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e706c36d-f498-4c6e-8e02-5c5e0adb78cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_1132828.jpg" width="652" height="367" alt="Eugenio Padorno, hasta el fondo del umbral"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sus trabajos sobre Unamuno, Domingo Rivero, Tomás Morales y las escritoras del siglo XIX  sientan las bases de una nueva recepción de la literatura canaria. Su edición de la obra de Domingo Rivero rescata a un poeta secreto e ilumina en su escritura el símbolo de una conciencia y una expresión específicamente insulares
</p><p class="subtitle">Muere el poeta Eugenio Padorno, Hijo Adoptivo de Gran Canaria
</p></div><p class="article-text">
        Telefonazo de Antonio Puente para decirme que ha fallecido Eugenio Padorno. &ldquo;Acaba de llamarme Javier Dur&aacute;n, te dejo, un abrazo&rdquo;. Una llamada inusualmente corta en Antonio. Qu&eacute; decir ante lo &uacute;nico real. Para qu&eacute; demorarse en el significante vac&iacute;o de las condolencias. Ese &ldquo;te dejo&rdquo; no es a m&iacute;, es desplante a lo que no se puede decir, porque <em>no se deja</em>.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Pienso que esa tensi&oacute;n es la misma que atraviesa la escritura de Eugenio Padorno, tanto en su faceta de poeta como en la de acad&eacute;mico y humanista, estudioso de la tradici&oacute;n literaria insular. En ambas se percibe la pugna entre un<em>&ldquo;te dejo&rdquo;</em> que significa llegar al l&iacute;mite de lo que puede decirse, y ese <em>&ldquo;no dejarse&rdquo;</em> que le opusieron los dos elusivos objetos que definen su individualidad como intelectual canario: la naturaleza del conocimiento po&eacute;tico y sus l&iacute;mites, por un lado, y la cuesti&oacute;n de la diferencia de la literatura canaria, por otro.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Acu&ntilde;&oacute; el concepto de &ldquo;tradici&oacute;n interna&rdquo;, que prefiri&oacute; al de tradici&oacute;n insular, abri&eacute;ndola a escritores no insulares, como Unamuno, al que siempre consider&oacute; un escritor canario, y para evitar un concepto, el de &ldquo;insular&rdquo;, que referencia esa tradici&oacute;n a una literatura &ldquo;peninsular&rdquo; o &ldquo;continental&rdquo;, de la que aquella ser&iacute;a perif&eacute;rica o exocan&oacute;nica. Lo distintivo de la &ldquo;tradici&oacute;n interna&rdquo; es la reflexi&oacute;n sobre qu&eacute; significa ser un insular canario y c&oacute;mo, a trav&eacute;s de qu&eacute; mitos y con qu&eacute; formas del habla, se articula esa conciencia en una expresi&oacute;n propia. Cuestion&oacute; la lectura predominante que remite la tradici&oacute;n insular exclusivamente al marco hist&oacute;rico, cultural y ling&uuml;&iacute;stico de la literatura espa&ntilde;ola. Sus trabajos sobre Unamuno, Domingo Rivero, Tom&aacute;s Morales y las escritoras del siglo XIX&nbsp;sientan las bases de una nueva recepci&oacute;n de la literatura canaria. Su edici&oacute;n de la obra de Domingo Rivero rescata a un poeta secreto e ilumina en su escritura el s&iacute;mbolo de una conciencia y una expresi&oacute;n espec&iacute;ficamente insulares.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Tambi&eacute;n su poes&iacute;a, desde <em>Para decir en abril</em> (1965), la atraviesa una conciencia del l&iacute;mite. Puede leerse como una experiencia en el extremo de lo que <em>&ldquo;se deja&rdquo;</em> decir. Un paso m&aacute;s y se llega al silencio, que para Eugenio Padorno es niebla en el umbral mismo de lo verdadero. Hasta el fondo de ese umbral llega su poes&iacute;a. &iquest;No alcanza as&iacute; la poes&iacute;a su l&iacute;mite? En el despertar privilegiado al que alude Mar&iacute;a Zambrano. Un despertar sin im&aacute;genes, en la unidad de lo real, en el amor preexistente, anterior a la existencia de las palabras. Amor que &ldquo;no es un concepto sino una concepci&oacute;n&rdquo;: puede sentirse uno al borde de ese manantial, pero no encontrar con qu&eacute; nombrarlo. Lo que diferencia a Eugenio Padorno es que, en su escritura, el silencio no se experimenta como un privilegio, sino como un fracaso. Su lugar no se remonta a la fuente de lo real, sino que se topa con el final de la v&iacute;a muerta del conocimiento. Su contemplaci&oacute;n no es ext&aacute;ctica. No se complace en la luz atl&aacute;ntica y en salir a las afueras de la realidad, a su exterior luminoso, como la poes&iacute;a de su hermano Manuel.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Su silencio suele encontrarse en lugares como cuevas o embudos. En <em>Cuaderno del destemplado Palinuro Atl&aacute;ntico</em> se refiere a &ldquo;la atroz honda cueva que hace la voz de un no saber&rdquo;. Su silencio es tambi&eacute;n un grito &ldquo;hacia el embudo de lo desconocido&rdquo;. Al fondo del silencio no nos espera el conocimiento, sino un bramido: <em>&ldquo;Nunca call&eacute; lo suficiente, no me he hecho con todo el silencio necesario para que tambi&eacute;n pudiera o&iacute;rse el bramido de la bestia que yace en la escritura&rdquo;</em>. La escritura de Eugenio Padorno se hace en el tanteo. Es un borrador de s&iacute; misma. Dubitativamente se forman las im&aacute;genes en el propio poema. Su esbozo y su borroneo son muchas veces el asunto. En este, recogido en <em>Acaso s&oacute;lo una frase completa</em>, el volumen que re&uacute;ne su poes&iacute;a entre 1965 y 2015, asistimos al nacimiento de su Palinuro, el mito que Padorno recrea a partir de su formulaci&oacute;n en la poes&iacute;a de Tom&aacute;s Morales. La escena tiene lugar en la casa familiar de la calle Albareda, junto a la playa de Las Canteras, en la v&iacute;spera de San Juan: <em>&ldquo;A media noche, fuegos artificiales; los hemos visto desde la azotea de casa. Tema de Palinuro; en medio de la oscuridad, en un trozo de papel, apunt&eacute; como pude la idea del poema&rdquo;</em>. Esto es cuanto cabe decirse del otro lado: un trazo apresurado y dubitativo, a oscuras, de lo que acaso sea un fragmento de sentido. La poes&iacute;a no da para mucho m&aacute;s frente a una naturaleza que ama<em> esconderse</em>. Su b&uacute;squeda, como se&ntilde;ala Giorgio Colli, es un camino de dos sentidos: el de ida &ldquo;lleva lejos, y es dif&iacute;cil encontrar el final del camino&rdquo;. El de regreso, cuando se quiere contar lo que se ha visto, es a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil, porque la verdad &ldquo;permanece intangible en lo profundo, y no la da&ntilde;a ninguna palabra de las que ahora escribimos. La verdad nunca queda comprometida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Trat&eacute; poco a Eugenio Padorno. Estoy pensando que he tenido poco trato, en general, con personas que me han constituido, sin las que ser&iacute;a otro distinto. Pienso en Pepe Alem&aacute;n, que se fue tambi&eacute;n al comenzar este 2025, al que admir&eacute; sin tratarlo. Puedo consolarme pensando que est&aacute; bien no tratar demasiado a las personas a las que respetas. Significa que no necesitas el roce para quererlas y aprender de ellas. Pero solo me consuelo hasta que me doy cuenta de que no tratar con ellas me ha llevado, por simple descarte estad&iacute;stico, a tratar en ocasiones con demasiadas personas a las que no respeto tanto, o no respeto en absoluto. En el caso de Eugenio, creo que nuestra relaci&oacute;n se habr&iacute;a reducido a estar en silencio, sin nada que decirnos, en un soterrado pulso de dos t&iacute;midos, a ver a qui&eacute;n se le ocurre antes algo que decir que lo libere de la angustia del silencio.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Se ha ido sin recibir el Premio Canarias. Se ha ido sin voz, literalmente, habi&eacute;ndola perdido por una afecci&oacute;n de las cuerdas vocales. Ambas cosas, que no recibiera el Premio Canarias de las Letras y que perdiese la voz, representan dos manifestaciones del l&iacute;mite: el de una institucionalidad cultural que no da para m&aacute;s, y el de una escritura que acaba en el propio cuerpo, manuscrito de lo extremo en el que la realidad, por fin, <em>se deja</em> decir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/eugenio-padorno-fondo-umbral_1_12854506.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Dec 2025 19:37:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Eugenio Padorno, hasta el fondo del umbral]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La invención de Rafael Romero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/invencion-rafael-romero_1_12817154.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02acb02b-98c1-43bc-bd08-9914f2274cc6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La invención de Rafael Romero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La publicación del epistolario completo de Alonso Quesada y Luis Doreste Silva por el Cabildo de Gran Canaria ilumina las vicisitudes, ideas y motivaciones personales del autor de 'Los caminos dispersos' y dibuja un retrato de época. La edición a cargo de Miguel Pérez Alvarado aporta una exhaustiva anotación que contextualiza y aclara el contenido de las 166 cartas y telegramas intercambiados entre 1913 y 1925</p></div><p class="article-text">
        Se publica tan poca biograf&iacute;a, en general, y particularmente la de escritores, que la aparici&oacute;n del epistolario de Alonso Quesada y Luis Doreste Silva (Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2025) merece celebrarse como un acontecimiento cultural. Cuidadosamente editado por Miguel P&eacute;rez Alvarado, este monumento archiv&iacute;stico de 700 p&aacute;ginas, de primorosa artesan&iacute;a, ya es, en orden a la potencia reveladora del material exhumado, a la deslumbrante (por minuciosa y esclarecedora) notaci&oacute;n que lo acompa&ntilde;a, y por el rigor y la transparencia de su m&eacute;todo, la publicaci&oacute;n m&aacute;s valiosa, no solo del centenario de Quesada, sino en el &aacute;mbito del saber filol&oacute;gico de tema canario en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        El cogollo del tomo son las 166 cartas y telegramas intercambiadas por Quesada y Doreste, todas las que se conservan. Se publican &iacute;ntegramente, por primera vez. Proceden de los archivos de ambos escritores adquiridos por el Cabildo en 1975, que hoy se custodian por la Biblioteca Insular de Gran Canaria. Su dataci&oacute;n abarca un periodo que va de 1913 a 1925, es decir, entre los preparativos de la edici&oacute;n de El lino de los sue&ntilde;os y un mes antes del fallecimiento de su autor. Un exhaustivo aparato de notas ilumina el contexto y las alusiones, y argumenta la propuesta de dataci&oacute;n cuando esta falta en los originales. Un anexo documental enriquece la comprensi&oacute;n, aportando art&iacute;culos de prensa y cartas de terceros entreveradas, que introducen otras voces que apostillan y contrapuntean la larga conversaci&oacute;n de amistad mantenida por los dos corresponsales. Emerge, en todo este desvelamiento, una imagen desmitificadora de Alonso Quesada, o quiz&aacute; cabe decir, con m&aacute;s acuidad, que lo que emerge es una nueva invenci&oacute;n m&iacute;tica, la de Rafael Romero, un personaje m&aacute;s de la mitolog&iacute;a quesadiana, uno por descubrir, tras cuya pista nos pone de repente este epistolario.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo es que no hab&iacute;amos reparado hasta ahora en esta invenci&oacute;n del personaje de s&iacute; mismo? &iquest;C&oacute;mo es que hemos sido capaces de publicar obras completas, celebrar centenarios, erigir estatuas, que Pepe D&aacute;maso lo inmortalice, folclorizarlo como una polka m&aacute;s del D&iacute;a de Canarias, o de acotar con mojones y asientos registrales su parcela de suelo r&uacute;stico en la tradici&oacute;n (la recepci&oacute;n mitol&oacute;gica de la tradici&oacute;n insular tiene lugar en una linda parcela de suelo r&uacute;stico, pero, seg&uacute;n la legislaci&oacute;n urban&iacute;stica general, en suelo r&uacute;stico solo se pueden edificar cuartos de aperos, quedando terminantemente prohibidos otros usos, como levantar una torre panor&aacute;mica con un pozo dentro)?&iquest;C&oacute;mo hemos podido avanzar tanto y no reparar hasta ahora en lo que hace de Alonso Quesada nuestro contempor&aacute;neo, que no es su poes&iacute;a, hoy testimonio de una sensibilidad caduca, sino la creaci&oacute;n genial de Rafael Romero en la intimidad epistolar, precisamente la m&aacute;s propicia para no ser otro? &ldquo;Otros&rdquo;, deber&iacute;amos decir, m&aacute;s bien. Porque si algo resuena en sus cartas es una pluralidad de voces, un personaje m&uacute;ltiple, como corresponde a la moderna multiplicaci&oacute;n del &ldquo;yo&rdquo; en multitudes.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de Luis Doreste Silva, incapaz de ser otra cosa que tenazmente &eacute;l mismo, efusivamente insignificante, secretario a tiempo completo, todo coraz&oacute;n en sus cartas como un pinta labios perfumado junto al membrete de la Embajada, el emoticono sonriente que faltaba, con bomb&iacute;n y bigote atildado, a diferencia de tanta realidad (est&aacute; cient&iacute;ficamente demostrado el da&ntilde;o para la salud de demasiada realidad, como ya advirti&oacute; el eminente entom&oacute;logo TS Eliot), la voz de Rafael Romero, que corra el aire, se despliega modul&aacute;ndose a trav&eacute;s de toda la gama t&iacute;mbrica del arco dram&aacute;tico de la desolaci&oacute;n: del susurro del amigo necesitado (de dinero, mayormente, pero tambi&eacute;n de reconocimiento, de salud o de una triste carta de recomendaci&oacute;n, ya que todas las cartas de recomendaci&oacute;n son tristes como notificaciones de la Seguridad Social, raro es el correo en el que no le pide algo a su siempre ocupado amigo), al &ldquo;escorpi&oacute;n bajo la lengua&rdquo; cuyo veneno le inmuniza contra las toxinas de la sociedad insular, como quien desl&iacute;e una pastilla para regularse la tensi&oacute;n; del estratega de su propia carrera, pionero de la profesi&oacute;n de agente literario tejiendo redes de influencia y de intercambio de favores para su representado, que no es otro que &eacute;l mismo, al tono de resignaci&oacute;n y desencanto de sus &uacute;ltimas cartas.
    </p><p class="article-text">
        Nos gusta Rafael Romero incluso cuando calla, porque est&aacute; como ausente, pero para nada. El clamoroso silencio de sus cartas en materia de la tradici&oacute;n insular est&aacute; hecho a la medida de los requerimientos dram&aacute;ticos del personaje. A principios del siglo XX, ya se dispon&iacute;a de suficientes repertorios bibliogr&aacute;ficos de temas canarios. A la Biblioteca canaria de Viera, publicada en el siglo XVIII, se hab&iacute;an agregado los de Luis Maffiote (1895), Antonio Lugo y Massieu (1912) y las biograf&iacute;as de escritores canarios, de Millares Torres, entre otros. &iquest;Conoci&oacute; estos repertorios u otros que eclosionaron en el mismo periodo? &iquest;Escuch&oacute; el Romancero? &iquest;Ley&oacute; a Cairasco, las Antig&uuml;edades, a Abreu Galindo o Espinosa, a los poetas de la escuela barroca de La Palma, el Viaje a la isla de la Madera de Crist&oacute;bal del Hoyo, o la Historia de Viera? Solo hay una desde&ntilde;osa a Nicol&aacute;s Est&eacute;vanez. El Alonso Quesada cr&iacute;tico literario brilla por su ausencia, excepto cuando se muestra consciente de las rupturas en los metros y las im&aacute;genes que est&aacute; ensayando en Los caminos dispersos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La invenci&oacute;n del &ldquo;yo&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En muchas de estas cartas, Alonso Quesada se muestra volcado en el esfuerzo, escasamente recompensado a lo largo de su vida, de conseguir que sus pares de Madrid le reconozcan como uno de los suyos. En la que data en el&nbsp;&ldquo;Infierno, 12 de junio de 1914&rdquo;, le cuenta a Doreste que no piensa avisar a nadie en la isla de la publicaci&oacute;n de <em>El lino de los sue&ntilde;os</em> en Madrid: &ldquo;Y cuando se publique&rdquo;, dispone, &ldquo;ha de ser como si yo fuera de esa corte y aqu&iacute; nadie me conociera: no vendr&aacute;n m&aacute;s ejemplares que dos o tres: como los de otros autores. &iexcl;Bah! Son canallas&rdquo;. Diez a&ntilde;os despu&eacute;s, en una carta fechada el 28 de abril de 1924, se muestra desencantado: &ldquo;Yo, cada vez me recojo, me escondo m&aacute;s&rdquo;. Ni rastro de la promesa de una posteridad triunfal anticipada en vida, con la que so&ntilde;aba poder vengarse de la indiferencia de los insulares, volviendo despu&eacute;s de la muerte para &ldquo;arrojarles una enorme monta&ntilde;a sobre sus cabezas y aplastarlos&rdquo;. A N&eacute;stor Mart&iacute;n Fern&aacute;ndez De la Torre, que s&iacute; ha tenido el &eacute;xito que Alonso Quesada no ha podido alcanzar, a pesar de perseguirlo con denuedo, le aconseja, a trav&eacute;s de Doreste, exponer sus cuadros en Par&iacute;s: &ldquo;Espa&ntilde;a es una cosa vergonzosa de mediocridad y cobard&iacute;a&rdquo;, y Madrid, &ldquo;un pueblo, una insignificante localidad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil, entre las dos voces a uno y otro extremo del arco, imaginar un caso m&aacute;s puro de construcci&oacute;n del personaje, de invenci&oacute;n y modulaci&oacute;n de un arquetipo llamado Rafael Romero. En este sentido, las cartas de Alonso Quesada aqu&iacute; reunidas pueden leerse como una novela p&oacute;stuma del g&eacute;nero epistolar, cuyo protagonista pasa por todas las vicisitudes y dramones del fracaso literario, creando el mito del escritor moderno. Las cartas de Alonso Quesada retratan una &eacute;poca, como suelen hacerlo las novelas, y para conseguir un eficaz retrato, simplifican, exageran, mienten, y caricaturizan.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como editores de la novela p&oacute;stuma de Rafael Romero, nos atrever&iacute;amos a encarecer a su autor Alonso Quesada a seguir a rajatabla lo que Nabokov dijo de Habla, memoria, su autobiograf&iacute;a: que la literatura en general, y particularmente la autobiogr&aacute;fica, es una invenci&oacute;n, y lo &uacute;nico importante es el nervio con que est&aacute; escrita, una visibilidad de los detalles en alta definici&oacute;n 4k, y que tenga personajes memorables. Tambi&eacute;n se admite un buen dispositivo de notas, como demostr&oacute; el mismo Nabokov en P&aacute;lido fuego; y ciertamente, la notaci&oacute;n de este epistolario, detallista en 4k, documentada e incontestable, potencia mucho la trama, imprimi&eacute;ndole giros inesperados, como el del cap&iacute;tulo en el que todo apunta que Rafael Romero ha traicionado la confianza de Luis Doreste Silva, maniobrando para filtrar a El Liberal el homenaje funerario a Tom&aacute;s Morales que el secretario de Le&oacute;n y Castillo hab&iacute;a enviado al Diario de Las Palmas despu&eacute;s de publicarlo en The Times, y desde la sala de notas se acude al rescate, igual que un narrador omnisciente, emitiendo diligentemente la absoluci&oacute;n del mito de Alonso Quesada, simplemente dando por buena la versi&oacute;n de Rafael Romero, a riesgo de que se resienta la reputaci&oacute;n de asepsia epistemol&oacute;gica merecidamente ganada por la ejemplar notaci&oacute;n de esta correspondencia. Y es que anotar como si fuera posible un decir sin sesgo tiene que ser agotador.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a lo de reunir solo a personajes memorables, todos los personajes de la invenci&oacute;n epistolar de Rafael Romero son memorables, con la excepci&oacute;n de uno, al que Miguel P&eacute;rez Alvarado sit&uacute;a &ldquo;en pie de igualdad&rdquo; con Alonso Quesada en su calidad de testigo hist&oacute;rico, como si la historia tuviera algo que ver aqu&iacute;. &iquest;O es que solo va a poder ser mitol&oacute;gica la recepci&oacute;n cr&iacute;tica de Alonso Quesada que se nos ha transmitido, y no la documentaci&oacute;n que deber&iacute;a haberla precedido?
    </p><p class="article-text">
        <strong>El cuarto de la azotea</strong>
    </p><p class="article-text">
        Este libro es un esc&aacute;ndalo, por oportuno y crucial.
    </p><p class="article-text">
        Oportuno, no porque tenga lugar en el centenario de Quesada. Las efem&eacute;rides son solo perchas que se sacan del armario para airear la ropa con olor a cerrado; recordatorios de que, de vez en cuando, hay que pasarle un trapito a la estatua. Es oportuno porque saca a la superficie un legado que ha permanecido in&eacute;dito casi en su totalidad durante cincuenta a&ntilde;os, &ldquo;y que ha sido tratado hasta hoy&rdquo;, se&ntilde;ala P&eacute;rez Alvarado en la Introducci&oacute;n, &ldquo;como el manojo de papeles viejos que se guarda en el cuarto de la azotea: enmoheci&eacute;ndose a pesar de que, de cuando en cuando, alguien subiera a recuperar del mont&oacute;n las hojas gloriosas que confirmaban la irrelevancia del resto&rdquo;. Cabe preguntarse por las razones de tal confinamiento y, sobre todo, por los intereses de las furtivas exhumaciones en el cuarto de la azotea, as&iacute; como por el criterio del despiece c&aacute;rnico y la dosificaci&oacute;n aplicado al corpus epistolar hasta esta edici&oacute;n que lo cambia todo.
    </p><p class="article-text">
        Las conjeturas de P&eacute;rez Alvarado al explicarlo no resultan en absoluto convincentes, y suenan, m&aacute;s bien, a &ldquo;no me quiero meter en un jard&iacute;n espinoso&rdquo;: primera, el estado de conservaci&oacute;n del legado, como si hubiera alg&uacute;n archivo perfectamente legible y ordenado; segunda, el malentendido de que la correspondencia de dos escritores solo interesa a los fil&oacute;logos y&nbsp;a los cr&iacute;ticos especializados, descart&aacute;ndose el gremio de los historiadores. Pero, &iquest;c&oacute;mo se ha fomentado ese malentendido, y a qui&eacute;n le ha interesado mantenerlo? En 1979, la revista Fablas public&oacute; la primera selecci&oacute;n de fragmentos de las cartas de Alonso Quesada a Luis Doreste Silva, escogidos por L&aacute;zaro Santana. Se eligieron entonces &ldquo;aquellos que consideramos m&aacute;s relevantes desde el punto de vista literario, pol&iacute;tico, sociol&oacute;gico, etc&eacute;tera&rdquo;, dictaminando asimismo, y sin m&aacute;s explicaciones, que todo lo que se exclu&iacute;a ten&iacute;a un &ldquo;inter&eacute;s relativo&rdquo;. Las sucesivas incursiones han sido igualmente parciales: once cartas completas en el ensayo Alonso Quesada y el Partido Liberal Canario (1980), de L&aacute;zaro Santana, referencias en los trabajos sobre Quesada de Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna, Yolanda Arencibia, Concepci&oacute;n de Le&oacute;n Cabrera, Antonio Henr&iacute;quez Jim&eacute;nez. Finalmente, P&eacute;rez Alvarado destaca la primera tentativa de publicaci&oacute;n de las cartas completas de Alonso Quesada a Luis Doreste Silva, sin incluir las de este, a cargo de Jos&eacute; Luis Correa, como anexo a la edici&oacute;n de su tesis doctoral, una edici&oacute;n cr&iacute;tica de El lino de los sue&ntilde;os; intento que finalmente no lleg&oacute; a materializarse.
    </p><p class="article-text">
        Tercera conjetura, que el personaje de Alonso Quesada habr&iacute;a &ldquo;desactivado nuestro inter&eacute;s por conocer los detalles de su comportamiento y sus ideas m&aacute;s personales, generadores de potenciales contradicciones&rdquo; que desestabilizan la mitolog&iacute;a quesadiana. La publicaci&oacute;n del epistolario completo de Quesada y Doreste&nbsp;plantea la peliaguda cuesti&oacute;n del porqu&eacute; de este desinter&eacute;s, que no ha sido un desinter&eacute;s total, pero s&iacute; un desinter&eacute;s interesado.
    </p><p class="article-text">
        Este libro es escandaloso, a fuer de crucial. El rescate y la exposici&oacute;n que lleva a cabo es crucial porque pone patas arriba la recepci&oacute;n cr&iacute;tica de Alonso Quesada y de la tradici&oacute;n, al mostrar una v&iacute;a de conocimiento diferente a la seguida por gran parte de la cr&iacute;tica especializada, menos mitol&oacute;gica&nbsp;y m&aacute;s transparente, que comparte con el lector su m&eacute;todo, sus intereses y sus conflictos de intereses; m&aacute;s apegada a los textos y a los hechos, que integra fuentes y disciplinas, combinando el archivo, la filolog&iacute;a, el dato hist&oacute;rico, la antropolog&iacute;a o la filosof&iacute;a, y tambi&eacute;n, por supuesto, la biograf&iacute;a, un g&eacute;nero casi ausente de los estudios canarios, con excepciones como la reciente biograf&iacute;a de P&eacute;rez Gald&oacute;s, de Yolanda Arencibia. Representa un modo de investigar que sit&uacute;a a Alvarado en la estela de la tradici&oacute;n poligr&aacute;fica de Agust&iacute;n Millares Carlo, El&iacute;as Serra, Alejandro Cioranescu o Manuel Gonz&aacute;lez Sosa. Este libro es un esc&aacute;ndalo, pero, al igual que los paisanos que salen retratados en las cr&oacute;nicas de Alonso Quesada, aqu&iacute; nadie se dar&aacute; por aludido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/invencion-rafael-romero_1_12817154.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Dec 2025 11:32:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La invención de Rafael Romero]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Roberto Gil Hernández: “Si las canariedades no contienen soluciones para la emancipación de la mayoría social del Archipiélago, entonces son parte del problema”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/roberto-gil-hernandez-si-canariedades-no-contienen-soluciones-emancipacion-mayoria-social-archipielago-son-parte-problema_1_12094473.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/decd4971-0866-486e-8c46-f827ebb7c5df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Roberto Gil Hernández: “Si las canariedades no contienen soluciones para la emancipación de la mayoría social del Archipiélago, entonces son parte del problema”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El sociólogo y ensayista, autor de  'Los fantasmas de los guanches' y 'En el nombre de Canarias', interviene en las jornadas Identidades Culturales en Guía, del 26 al 28 de febrero

 </p></div><p class="article-text">
        La discusi&oacute;n sobre Canarias, y de qu&eacute; cosa es su diferencia, ha pasado de un tiempo a esta parte al primer plano. Las jornadas&nbsp;<a href="https://santamariadeguia.es/guia-de-gran-canaria-celebra-las-jornadas-identidades-culturales-nestor-alamo-en-el-aniversario-del-ilustre-folklorista-e-investigador/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Identidades Culturales</a>, organizadas por la Casa Museo N&eacute;stor &Aacute;lamo, que se celebrar&aacute;n del 26 al 28 de febrero en el teatro Hesp&eacute;rides de Gu&iacute;a, en Gran Canaria, apuntan en esa direcci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;Antes de esta eclosi&oacute;n en la academia, las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y los medios, pensar&nbsp;&nbsp;la identidad ha venido siendo un conocimiento soterrado y discontinuo, el &ldquo;saber incompleto de Canarias&rdquo;, como lo llam&oacute; Viera y Clavijo. No es que haya faltado introspecci&oacute;n; hasta el punto de que, por definici&oacute;n del poeta lagunero Luis &Aacute;lvarez Cruz, isla es una &ldquo;porci&oacute;n de tierra rodeada de teor&iacute;as por todas partes&rdquo;. M&aacute;s bien, es que todo ese mar de teor&iacute;as responde a su propia naturaleza l&iacute;quida e invertebrada, rompiendo una y otra vez contra un malpa&iacute;s indiferente. &ldquo;Canarias se ignora, y lo que es peor, ignora que se ignora&rdquo;, escribi&oacute; Juan Manuel Trujillo, famoso diagn&oacute;stico auto cumplido en el que nadie se da por aludido de la enfermedad. Hasta ahora. &iquest;Puede que los tiempos est&eacute;n cambiando, como canta Bob Dylan, y la conversaci&oacute;n sobre Canarias haya encontrado un suelo m&aacute;s propicio para articularse?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Se ha generalizado el uso del t&eacute;rmino &ldquo;canariedad&rdquo;, cuya primera referencia se remonta a un texto del poeta F&eacute;lix Delgado de 1935, sobre Alonso Quesada, en el que afirma que su obra tiene &ldquo;un alto timbre de canariedad&rdquo;, seg&uacute;n han podido rastrear Paula Fern&aacute;ndez Hern&aacute;ndez, Silvia C. Zelaya &Aacute;lvarez y Roberto Gil Hern&aacute;ndez en el ensayo introductorio al volumen&nbsp;<em>Canariedades. Textos para pensar una Canarias otra</em>&nbsp;(2023), de varia autor&iacute;a.&nbsp;Aunque la Academia Canaria de la Lengua ya lo ha incorporado al Diccionario de Canarismos, el Mar&iacute;a Moliner todav&iacute;a incluye &ldquo;canariedad&rdquo; como un sub lema de &ldquo;canarismo&rdquo;, al que identifica con una variante local del regionalismo pol&iacute;tico. Frente a esta reducci&oacute;n, voces emergentes en el ensayismo y la literatura de las Islas est&aacute;n resignificando el t&eacute;rmino &ldquo;canariedad&rdquo;, para sugerir una identidad problem&aacute;tica y plural, que se afirma dial&eacute;cticamente por los antagonismos de colonialidad, clase, g&eacute;nero y raza que la atraviesan, y cuestiona los mitos del jard&iacute;n paradisiaco, el mestizaje o la atlanticidad que constituyen las esencias de una canariedad hegem&oacute;nica que perpet&uacute;a la relaciones de poder en la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Roberto Gil Hern&aacute;ndez es una de las referencias de los nuevos asedios a la cuesti&oacute;n de la identidad de Canarias. Este viernes 28 de febrero intervendr&aacute; en las jornadas Identidades Culturales organizadas por la Casa-Museo N&eacute;stor &Aacute;lamo en el Teatro Hesp&eacute;rides de Gu&iacute;a, en Gran Canaria.&nbsp;&nbsp;Es doctor por la Universidad de La Laguna, donde investiga y ense&ntilde;a en el Departamento de Sociolog&iacute;a y Antropolog&iacute;a. Forma parte del Grupo de Investigaci&oacute;n de Estudios Descoloniales y Pensamiento Cr&iacute;tico y del Centro de Estudios Africanos. Es investigador asociado al Grupo de Investigaci&oacute;n Laboratoire d&rsquo;&Eacute;tudes Romanes de la Universidad Par&iacute;s 8. Ha publicado Los fantasmas de los guanches. Fantolog&iacute;a en las cr&oacute;nicas de la Conquista y Anticonquista de Canarias (2019), En el nombre de Canarias. Repensar la sociedad del Archipi&eacute;lago m&aacute;s all&aacute; de su imposibilidad (2022) y Patrimonializar todo. Una contribuci&oacute;n a la cr&iacute;tica de la industria cultural y del ocio (2023). Junto a Paula Fern&aacute;ndez Hern&aacute;ndez y Silvia C. Zelaya &Aacute;lvarez, investigadoras y profesoras de la Universidad de La Laguna, ha editado el volumen&nbsp;<em>Canariedades. Textos para pensar una Canarias otra</em>&nbsp;(2023), que re&uacute;ne ensayos de quince autoras y autores.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Esta entrevista se formul&oacute; en el contexto de mi lectura de&nbsp;<em>En el nombre de Canarias</em>&nbsp;y de los ensayos que integran el volumen&nbsp;<em>Canariedades</em>. La hicimos por correo electr&oacute;nico, entre los meses de octubre y diciembre de 2024.
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                En el nombre de Canarias. Repensar la sociedad del Archipiélago más allá de su imposibilidad. Roberto Gil Hernández.                            </span>
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        &nbsp;<strong>Pregunta: A tu juicio, &iquest;qu&eacute; elementos configuran la diferencia de un pensar acerca de Canarias?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Respuesta: En &ldquo;Pensar las canariedades. Una genealog&iacute;a posible&rdquo;, la introducci&oacute;n al libro&nbsp;<em>Canariedades. Textos para pensar una Canarias Otra</em>, Paula Fern&aacute;ndez Hern&aacute;ndez, Silvia C. Zelaya &Aacute;lvarez y yo ponemos el centro del problema en la definici&oacute;n de lo canario. Para nosotras, los saberes y experiencias producidos en el Archipi&eacute;lago deben reparar en la diferencia. Entendemos as&iacute; las canariedades, como un conglomerado plural y, por tanto, contradictorio. Por eso creemos que no se puede hablar de identidad sin reparar en c&oacute;mo esta se afirma a partir de la otredad que la niega o se le opone. Quienes reproducen la &ldquo;canariedad hegem&oacute;nica&rdquo;, esa que reduce nuestra realidad a una serie de t&oacute;picos que apuntalan el&nbsp;<em>statu quo</em>, se enfrentan a quienes intentamos salirnos del tiesto, apostando por &ldquo;canariedades subalternas&rdquo; como forma de existencia y resistencia. La oposici&oacute;n a los t&oacute;picos coloniales que insisten en que vivimos en unas islas paradis&iacute;acas, en la insularidad y la atlanticidad o en un mestizaje blanqueante, se basa en la defensa de visiones alternativas sobre los efectos devastadores del capitalismo en el Archipi&eacute;lago, que destruye el territorio y perpet&uacute;a formas de desigualdad basadas en el sexo, la clase, la raza y el conocimiento.
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            <span class="title">
                Canariedades.Textos para pensar una Canarias otra. Paula Fernández Hernández, Silvia C. Zelaya Álvarez y Roberto Gil Hernández editores.                            </span>
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        &nbsp;<strong>P: &iquest;Hay algo aprovechable, para una canariedad transformadora, en los mitos esencialistas que atraviesan la canariedad hegem&oacute;nica a la que ustedes se refieren?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;R: Creo que no. Hay quienes afirman que es tolerable cierto &ldquo;esencialismo estrat&eacute;gico&rdquo;. Con &eacute;l ser&iacute;an posibles &ldquo;conquistas&rdquo; puntuales que abrir&iacute;an el camino a la emancipaci&oacute;n. Desde mi punto de vista, por contra, donde hay esencialismo no puede haber pol&iacute;tica. El esencialismo tiende a presentar como naturales realidades que obedecen a condiciones hist&oacute;ricas concretas y que, por tanto, se pueden y deben transformar. Tales condiciones no son eternas, sino contingentes, inestables. Por eso integrar mitos como los que insisten en negar la existencia en Canarias de conflictos sociales o que falsean nuestra complejidad geopol&iacute;tica, es improductivo. Y te pongo ejemplos: no se puede cuestionar la necropol&iacute;tica que nos ha vuelto insensibles a la desaparici&oacute;n en el mar de miles de seres humanos que intentan alcanzar las Islas si no asumimos primero que estas existen debido a nuestra pertenencia al marco geogr&aacute;fico del que estas personas provienen. La &ldquo;lejan&iacute;a&rdquo; fabricada durante siglos entre el Archipi&eacute;lago y el continente no solo contribuye a deshumanizar nuestras relaciones con &Aacute;frica, tambi&eacute;n refuerza la presencia en nuestro territorio del colonialismo que la legitima. Por otra parte, tampoco se puede combatir la desigualdad que nos atraviesa si seguimos repitiendo, con una de cada tres personas en riesgo de pobreza y exclusi&oacute;n social, que vivimos en el para&iacute;so.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;P: Los antiguos canarios son un espectro en las p&aacute;ginas de este libro. Como se&ntilde;ala Daniel Barreto, apoy&aacute;ndose en tu libro&nbsp;</strong><em><strong>Los fantasmas de los guanches</strong></em><strong>, su ausencia es un desaf&iacute;o. &iquest;C&oacute;mo se gestiona e integra esta espectralidad en el saber acerca de Canarias?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;R: Los fantasmas guanches nos asedian sin descanso, especialmente en lo que ata&ntilde;e a cuestiones de raigambre hist&oacute;rica. Su presencia ausente nos recuerda que se puede hacer las cosas de otro modo, quiz&aacute;s con m&aacute;s justicia. Lo que nos falta es aceptar lo que estos fantasmas parecen susurrarnos: que no existe un saber sin l&iacute;mites y que la categor&iacute;a del ser es refractaria a la totalidad.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>P:</strong>&nbsp;<strong>Paula, Silvia y t&uacute; advierten en el ensayo introductorio de&nbsp;</strong><em><strong>Canariedades</strong></em><strong>&nbsp;del riesgo de un movimiento pendular, desde la auto-negaci&oacute;n a la auto-afirmaci&oacute;n ubicua y folclorizante de la canariedad, como la promovida actualmente desde las instituciones, Internet y&nbsp;&nbsp;los dem&aacute;s medios masivos. Una canariedad plural y anti-esencialista, como la que emerge de este conjunto de ensayos, &iquest;no puede acabar teniendo tambi&eacute;n un efecto banalizador? Si todo es canariedad, nada ser&iacute;a canariedad en absoluto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;R: Quiz&aacute;s ese sea el punto. Ser conscientes de la nada que esconden las narrativas y sentimientos de los que se alimenta la identidad. En este sentido, considero que es clave entender c&oacute;mo operan las canariedades para ponerlas al servicio del cambio social. La naturaleza plural de cuanto constituye y excede lo canario, as&iacute; como su comprensi&oacute;n alejada del esencialismo, es decir, separada de toda atribuci&oacute;n a sus componentes de una naturaleza inmutable, es el primer paso. El primero para entender el car&aacute;cter hist&oacute;rico, construido, contingente y, por ello, sensible a la transformaci&oacute;n de toda identidad. En mi perspectiva, si las canariedades no contienen soluciones para la emancipaci&oacute;n de la mayor&iacute;a social del Archipi&eacute;lago, entonces son parte del problema.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;P: En el ensayo introductorio de este libro se apuesta por un aparato epistemol&oacute;gico que, esencialmente, se corresponde con las corrientes del postestructuralismo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;R: No comparto del todo esta afirmaci&oacute;n. Cuando hablamos de una&nbsp;<em>Canarias Otra</em>, lo hacemos bajo el influjo de lo que Abdelkebir Khatibi denomina &ldquo;pensamiento otro&rdquo;.&nbsp;&nbsp;Con tal concepto se pone en valor el conocimiento producido por quienes son condenados a los m&aacute;rgenes de la modernidad, esto es, la colonialidad. Para combatir esta exclusi&oacute;n, el pensamiento otro plantea un modelo de relaciones entre grupos y sociedades que no reproduce los privilegios de los saberes modernos ni tampoco la subalternidad de los conocimientos que provienen del mundo colonial, en el cual nuestro Archipi&eacute;lago ha jugado un papel hist&oacute;rico rese&ntilde;able. As&iacute;, el pensamiento otro no glorifica la experiencia de los oprimidos por ser oprimidos&nbsp;<em>per se</em>, lo que busca es el reconocimiento de su pluralidad epist&eacute;mica, haciendo hincapi&eacute; en las carencias, violencias y silencios que los atraviesan. No se trata de reivindicar aqu&iacute; el relativismo inerte del posmodernismo ni de reducir la realidad a sus formas de enunciaci&oacute;n, como plantea el posestructuralismo. La Canarias Otra que defendemos quiere reconocerse a s&iacute; misma tras siglos de negaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>P:</strong>&nbsp;&iquest;<strong>Una genealog&iacute;a del pensamiento sobre Canarias sin mujeres? Solo hay una referencia de pasada a la poeta Victoria Ventoso Cull&eacute;n. En este sentido, &iquest;la canariedad es tambi&eacute;n un saber deficitario?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;R: Mar&iacute;a Rosa Alonso, Victorina Bridoux, Manuela Marrero, Vicenta Cort&eacute;s, Mar&iacute;a del Carmen del Arco, Mar&iacute;a de la Cruz Jim&eacute;nez, Dolores Corbella, Yolanda Arencibia y &Aacute;ngeles Abad, entre otras, aparecen tambi&eacute;n en nuestra genealog&iacute;a, pero no como figuras centrales. Adem&aacute;s, escriben en el libro Paula Fern&aacute;ndez Hern&aacute;ndez, Carmen Marina Barreto, Larisa P&eacute;rez Flores, Claire Laguian, Daniasa M. Curbelo y Silvia C. Zelaya &Aacute;lvarez. Pero, efectivamente, las canariedades arrastran un intolerable sesgo de g&eacute;nero y, en tanto tal, representan un saber deficitario.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;P:&nbsp;<strong>&iquest;Se puede pensar la diferencia con un instrumental cr&iacute;tico que es en s&iacute; mismo hegem&oacute;nico, al estar validado por la academia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Si se apela a la diferencia como una cuesti&oacute;n ret&oacute;rica, pero no se hace un esfuerzo real por pensar desde los m&aacute;rgenes, es muy probable que se termine reproduciendo lo que hay: la hegemon&iacute;a. En cambio, si se asume que cuanto ha sido negado puede convertirse en motor del pensamiento cr&iacute;tico, las posibilidades de desarticular las visiones totalizantes que colapsan la realidad se multiplican. De hecho, nuestra apuesta por pensar una Canarias Otra se basa fundamentalmente en eso: en huir de las esencias para residir en la contradicci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/roberto-gil-hernandez-si-canariedades-no-contienen-soluciones-emancipacion-mayoria-social-archipielago-son-parte-problema_1_12094473.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Feb 2025 19:02:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Roberto Gil Hernández: “Si las canariedades no contienen soluciones para la emancipación de la mayoría social del Archipiélago, entonces son parte del problema”]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Como todo el mundo sabe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/mundo_132_11976269.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
                                                                                                                                                                                                                 Homenaje a David Lynch
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        He seguido la serie de Luis Socorro Los astr&oacute;nomos del pasado, la arqueoastronom&iacute;a de Canarias con un rebumbio de estados de &aacute;nimo y edades. El asombro infantil en el tobog&aacute;n vertiginoso de la piedra al cielo. La intriga del lector por unir las pistas de un misterio: qu&eacute; sab&iacute;an del cielo los antiguos canarios, qu&eacute; buscaban ah&iacute; arriba. Unas veces, la serie se lee como una trama detectivesca y otras, como si se viera Lost highway por primera vez, una road movie de la identidad, en busca del otro que somos sin saberlo. Tambi&eacute;n, verg&uuml;enza, mucha verg&uuml;enza propia, la del ignorante de los prodigios rupestres de Canarias, que Luis Socorro muestra con la naturalidad de quien tiene un Rothko colgado en el cuarto de estar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Me da mucho coraje cuando dice que los grabados podomorfos de Tindaya o los Soles de Tejate son bien conocidos. Es como cuando alguien empieza a hablar de cualquier cosa, diciendo: &ldquo;Como todo el mundo sabe&hellip;&rdquo; &iquest;C&oacute;mo que todo el mundo? &iquest;Lo sabemos quienes fuimos a mi colegio, un colegio p&uacute;blico de Las Palmas de Gran Canaria, en los a&ntilde;os 80 del pasado siglo? &iquest;Lo saben los que van hoy al mismo colegio o a otros de Canarias? &iquest;Lo saben sus maestras y maestros? &iquest;Lo saben sus padres y madres?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&iquest;Has visto alguna vez los efequenes de P&aacute;jara?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Como todo el mundo sabe&hellip; Luis Socorro lleva divulgando el legado arqueol&oacute;gico de los antiguos canarios desde 1984. Public&oacute; en 2022 <em>Amaziges de Canarias. Historia de una cultura</em> (Mercurio), volumen en el que re&uacute;ne una serie de reportajes publicados en <em>CanariasAhora.ElDiario.es</em> en 2022. Para descubrir el patrimonio arqueol&oacute;gico y el estado de los saberes que lo estudian, no hay, hasta ahora, una fuente mejor informada y escrita. Ojal&aacute; haya llegado ya a las bibliotecas escolares y p&uacute;blicas. En estas &uacute;ltimas 21 semanas, en que ha recorrido los observatorios astron&oacute;micos abor&iacute;genes de Canarias, le he puesto algunos whatsapp a Luis Socorro para preguntarle por lo que iba contando en la serie. S&eacute; que son las preguntas de un tolete. El t&iacute;pico balbuceo del asombro. No me atrevo ni a repetirlas por aqu&iacute;. El asombro no siempre es el principio del conocimiento. Tambi&eacute;n produce bober&iacute;as monstruosas. Hay mucho asombrado por whatsapp. Aun as&iacute;, Luis Socorro siempre responde a los pocos minutos, aportando informaci&oacute;n in&eacute;dita. Como cuando te compras una caja de discos de vinilo de Gorillaz y te viene con un c&oacute;mic de los avatares brutalistas de Damon Alban y compinches, y de regalo, una versi&oacute;n ac&uacute;stica de Clint Eastwood. Hace que mi pregunta chorra sobre los podomorfos de Tindaya parezca la de un genio. Dignifica la ignorancia del interlocutor. Hace falta apasionarse mucho por una materia y ser muy humilde para responder as&iacute;. En su caso, cuando dar por sabidas las maravillas del patrimonio cultural canario lo hace por humildad, no pedanter&iacute;a. No conozco a nadie menos humilde que Luis Socorro ante una primicia period&iacute;stica. Ha dado muchas de pol&iacute;tica, econom&iacute;a y sociedad, a lo largo de su carrera. Sin embargo, cuando escribe del legado de los antiguos canarios, deja claro que el descubrimiento le precede. Siempre ha estado ah&iacute;, conocido por los mayores, estudiado por los expertos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Cuando Luis Socorro describe los tesoros de un yacimiento, la memoria oral y la memoria cient&iacute;fica del lugar dialogan para mostrar el misterio. Lo dejan intacto. Es un periodismo extra&ntilde;o en estos tiempos. Que tiene preguntas, no respuestas. Lectores acostumbrados a esperar todas las respuestas de una lectura de diez o quince minutos, exaspera, intriga y fascina, al mismo tiempo, descubrir mediante la narraci&oacute;n adictiva de Luis Socorro el lenguaje que nuestros antepasados escribieron en las piedras y no poder leerlo, o no poder leerlo en su sentido &uacute;ltimo. Es como ver un cap&iacute;tulo de Twin Peaks: te encanta, todo te parece nuevo y visionario, quieres ver el pr&oacute;ximo, pero no entiendes nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Periodismo que sabe que el saber cient&iacute;fico es limitado y el saber del lugar arrastra material mitol&oacute;gico, lo m&aacute;s valioso de esta aproximaci&oacute;n a la cultura de los antiguos canarios es que guarda el secreto. Guardar el secreto, se&ntilde;ala el antrop&oacute;logo Pablo Est&eacute;vez, era el modo en que los antiguos canarios preservaban su forma de vida de la aculturaci&oacute;n por el empuje de la sociedad colonial. Est&eacute;vez cita a Alonso de Espinosa, quien, a finales del siglo XVI, testifica de la negativa de los guanches a hablar de sus costumbres, diciendo que &ldquo;si las saben, no las quieren decir, pensando que divulgarlas es menoscabo de su naci&oacute;n&rdquo;. El soci&oacute;logo Roberto Gil Hern&aacute;ndez se refiere a &ldquo;los fantasmas de los guanches&rdquo; para significar una presencia que sigue siendo problem&aacute;tica en la Canarias de hoy. Refiri&eacute;ndose a esta met&aacute;fora, Daniel Barreto dice que los abor&iacute;genes, o sus espectros, est&aacute;n ah&iacute; para desafiarnos con su ausencia, para recordarnos &ldquo;un resto no asimilado&rdquo;. El otro que somos. Como todo el mundo sabe, menos nosotros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/mundo_132_11976269.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jan 2025 17:08:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Como todo el mundo sabe]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enseñanzas de Pepe Alemán que evidentemente no aprendí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ensenanzas-pepe-aleman-evidentemente-no-aprendi_132_11943968.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Entendi&oacute; Canarias. La entendi&oacute; tan bien, que se invent&oacute; un lenguaje para expresarla, y para protegerse de lo peor de ella. Lo ensambl&oacute; con el habla de la calle y un humorismo que era su forma de la cr&iacute;tica, como en Alonso Quesada, aunque el humor de Quesada es hacia el temperamento de sus cong&eacute;neres en el microclima insular, y deja un regusto amargo, y el de Pepe Alem&aacute;n es una s&aacute;tira de las intrigas, los rituales y las fatigas de los due&ntilde;os del tinglado, de los que dice que &ldquo;son como ni&ntilde;os&rdquo;, que siempre fue su forma de decir que son unos caciques malcriados. 
    </p><p class="article-text">
        Entendi&oacute; mejor que nadie que el humor es una cosa muy seria. La risa es la justicia po&eacute;tica de los sometidos. La &uacute;nica baza de Calib&aacute;n frente a Pr&oacute;spero. Se hizo periodista perfeccionando los oficios de la iron&iacute;a, el doble sentido, el sarcasmo con que sortear la vigilancia de la dictadura. Supo antes que nadie que seguir&iacute;an siendo ma&ntilde;as indispensables en la democracia para sortear las barridas del pan&oacute;ptico caciquil. Porque, si algo distingui&oacute; a Pepe Alem&aacute;n, es el conocimiento de la Historia, no como una afici&oacute;n erudita o dominical, sino como un saber pr&aacute;ctico de lo que permanece y se repite, primero como tragedia, y luego como farsa.
    </p><p class="article-text">
        Entendi&oacute; que la &uacute;nica forma de hacer un periodismo cr&iacute;tico en Canarias, y no morir en el intento, es ensamblarse un lenguaje propio. El suyo lo hizo con material encontrado en la calle, adem&aacute;s de con jallos dejados por las mareas del idioma. Mucho antes de las novelas que han puesto de moda el espa&ntilde;ol que se habla en los barrios urbanos de Canarias, Pepe Alem&aacute;n ya escrib&iacute;a su columna diaria de actualidad pol&iacute;tica y sus&nbsp;<em>Cr&oacute;nicas para cuasi cuarentones</em>&nbsp;con un lenguaje eminentemente oral. Lo m&aacute;s&nbsp;<em>anti-period&iacute;stico</em>&nbsp;que se despachaba. 
    </p><p class="article-text">
        Lo opuesto a la lengua de palo de pol&iacute;ticos y periodistas. Una columna diaria cuyo lenguaje fluye con la naturalidad de una conversaci&oacute;n socarrona en un cafet&iacute;n. En sus &ldquo;dos folios de vell&oacute;n&rdquo; (como llamaba a su entrega diaria) hay m&aacute;s an&aacute;lisis de las estructuras del poder, y de mayor enjundia y esclarecimiento, que en toda la perorata t&eacute;cnica de la politolog&iacute;a y la demoscopia hoy predominantes en el periodismo. En sus columnas, lo m&aacute;s l&uacute;cido se expresa con la mayor sencillez, como si nada tuviera importancia. Y quiz&aacute; sea eso lo m&aacute;s valioso que Pepe Alem&aacute;n nos ense&ntilde;a como sociedad: que todo el engolamiento y la solemnidad de que se reviste el poder encubre una falta de chicha bastante risible, si se la observa con la mirada y la voz adecuadas. Tuvo que saber, porque lo padeci&oacute; con el cierre de la revista&nbsp;<em>Sansof&eacute;,</em>&nbsp;que, en una sociedad de estructura caciquil, con o sin democracia, la libertad de prensa siempre est&aacute; en el alero. 
    </p><p class="article-text">
        Pepe Alem&aacute;n no escribi&oacute; para ser reconocido, influyente o poderoso, que es a lo que se supone que aspiran los periodistas con talento, sino que asent&oacute; su influencia en un lenguaje propio, &uacute;nico, para garantizarse que seguir&iacute;a escribiendo, siendo intocable para los poderosos y sus malas ma&ntilde;as. 
    </p><p class="article-text">
        En una &eacute;poca en la que los peri&oacute;dicos de Canarias se escrib&iacute;an como los de Madrid, porque todo el mundo, de una u otra forma, confesable o inconfesablemente, quer&iacute;amos acabar triunfando en Madrid, que era la medida de todas las cosas, Pepe Alem&aacute;n escribi&oacute; como &eacute;l solo, con su propia voz y un o&iacute;do para el habla de la calle como no ha habido otro en el periodismo en Canarias. Fue uno de los primeros, si no el primero, en tener un contrato de escritor asociado en el periodismo en Canarias. Ser escritor asociado era ser intocable.
    </p><p class="article-text">
        En&nbsp;<em>La quimera del islo</em>, una novela portentosa de 1986, despliega el mundo de Puerto Escondido como un espejo de los antagonismos que atraviesan la historia de Canarias marcada por el colonialismo y el caciquismo, una historia que entendi&oacute; como nadie. Llev&oacute; el pulso period&iacute;stico a su obra literaria y ensay&iacute;stica. Su libro sobre el pleito insular se lee como un reportaje trepidante. Otra de sus ense&ntilde;anzas, la de escribir literatura como si fuera un g&eacute;nero period&iacute;stico m&aacute;s, una visi&oacute;n que lo sit&uacute;a en un lugar aparte de las tendencias vanguardistas de la narrativa canaria de los 70, quiz&aacute; solo compartido con otro gran periodista, Alfonso Garc&iacute;a-Ramos.
    </p><p class="article-text">
        Se me hace raro llamarlo Pepe Alem&aacute;n, ya que apenas lo trat&eacute;. Una adquiere una familiaridad extra&ntilde;a con los maestros a los que no ha conocido. Tuvo que ser un goce ser un pibito en una Redacci&oacute;n con Pepe Alem&aacute;n como jefe. Supongo que el edadismo tambi&eacute;n habr&aacute; alcanzado irremisible a esta profesi&oacute;n, la &uacute;nica en la que la experiencia (todav&iacute;a) no es intercambiable por un M&aacute;ster y toda la energ&iacute;a de la juventud.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ensenanzas-pepe-aleman-evidentemente-no-aprendi_132_11943968.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Jan 2025 09:26:16 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enseñanzas de Pepe Alemán que evidentemente no aprendí]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miguel Montañez al mismo tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/miguel-montanez-tiempo_1_11508552.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f574e498-0860-44a5-9129-3ab2d6de7665_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Miguel Montañez al mismo tiempo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El bailarín y director del Ballet de Las Palmas ha fallecido este fin de semana. Junto a Wendy Artiles, primera bailarina, siguió el legado de Gelu Barbu en la pedagogía y la creación de danza contemporánea en Canarias</p></div><p class="article-text">
        El bailar&iacute;n y profesor de danza Miguel Monta&ntilde;ez ha fallecido este s&aacute;bado a los 67, en Las Palmas de Gran Canaria, su ciudad, en la que eligi&oacute; quedarse. Todas las noticias de su p&eacute;rdida hacen referencia a la que tuvo lugar hace dos a&ntilde;os, el fallecimiento de Wendy Artiles, su pareja de baile y de vida. De alguna forma, se ha asumido que son la misma p&eacute;rdida, o una p&eacute;rdida en dos tiempos, como un<em>&nbsp;paso a dos&nbsp;</em>que la muerte les ha hecho bailar, separ&aacute;ndolos y reuni&eacute;ndolos. Gelu Barbu ha sido la otra referencia obligada en los obituarios, como maestro y mentor, una presencia sin la que no es posible entender las carreras de Wendy y de Miguel. Los tres formaron una marca art&iacute;stica en los escenarios y pr&aacute;cticamente una familia fuera de estos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando conoc&iacute; a Wendy y a Miguel, los conoc&iacute; juntos. Juntos como pareja y juntos como sincron&iacute;a, como decir &ldquo;al mismo tiempo&rdquo;. Fue en 1994, gracias a la periodista Ana Sharife, quien tambi&eacute;n hab&iacute;a sido alumna de Gelu Barbu. Seguramente quedamos en el Rogelio, que est&aacute; al lado de la academia, aunque no estoy seguro.&nbsp;&nbsp;As&iacute; los he recordado siempre. No como la pareja que formaron sobre el escenario, reconocida por su virtuosismo t&eacute;cnico y su plasticidad dram&aacute;tica. Ha habido muchas parejas en feliz simbiosis creativa en la historia de la danza. La de Nureyev y Fontayn quiz&aacute; sea el caso m&aacute;s famoso, pero no es el &uacute;nico. Tampoco como la pareja que formaron fuera del escenario, una de tantas que comparten vocaci&oacute;n, oficio, lugar de trabajo y tareas dom&eacute;sticas. Mi recuerdo es, m&aacute;s bien, el de la rara experiencia de estar ante las dos partes de un todo, ese &ldquo;juntos&rdquo; que significa &ldquo;uno&rdquo;. No es que no se distinguieran entre s&iacute;. No es esa clase de unidad de lo gemelo, tan inquietante cuando se da en la pareja. Se distingu&iacute;an perfectamente, a veces por complementarios y otras, por opuestos. La unidad que Miguel Monta&ntilde;ez y Wendy Artiles ensamblan en mi recuerdo es otra cosa, una especie de respiraci&oacute;n &uacute;nica, como de ir siempre a comp&aacute;s por la vida. Al mismo tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Miguel ten&iacute;a el ingenio veloz del pibe de barrio que tuvo que haber sido. Fuera del escenario, sus caracter&iacute;sticos mechones largos y rizados enmarcando una cara bien afilada, de ojos vivaces y alertas, lo confund&iacute;an con el m&aacute;s popular de la pandilla. Dentro, esa misma gen&eacute;tica, cincelada por la disciplina de la danza, lo transformaba en un arquetipo de belleza cl&aacute;sica en movimiento. Ten&iacute;a el candor del adolescente criado en la naturaleza, y al mismo tiempo, el rigor del puro artefacto mitol&oacute;gico. Pod&iacute;a haber crecido en una playa salvaje o en un hex&aacute;metro. Al terminar la funci&oacute;n o el ensayo, con los mechones todav&iacute;a mojados de la ducha, parec&iacute;a listo para irse de acampada a Tirita&ntilde;a con los colegas, pero cuando bailaba, ocupando todo el escenario con una presencia de h&eacute;roe troyano, se dir&iacute;a que hab&iacute;a cobrado vida en el taller de Fidias. Su vida y su danza hicieron de &eacute;l el hombre futuro de Nietzsche, mitad Dionisos mitad Apolo. Era el protagonista de&nbsp;<em>El Lago Azul</em>&nbsp;y el Tasio de&nbsp;<em>Muerte en Venecia</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pudo haber hecho su carrera en cualquier lugar del mundo. Tuvo en su mano irse a Lausana a probar con la compa&ntilde;&iacute;a de Maurice B&egrave;jart, al que admiraba. Eligi&oacute; quedarse. Eligi&oacute; una vida en la que estuvieran Gelu, Wendy y el proyecto pedag&oacute;gico y art&iacute;stico de la danza que los tres crearon en Las Palmas de Gran Canaria. Iba a escribir &ldquo;fidelidad&rdquo; como el rasgo que mejor define a Miguel Monta&ntilde;ez, pero es una palabra horrible. Suena a reclamo de antiguo tocadiscos. Mejor describir la sensaci&oacute;n, estando en presencia de Wendy y Miguel, de que siempre era como si acabaran de salir de clase y estuvieran tonteando o&nbsp;<em>pelando la pava</em>, como llamaban nuestros mayores a ese estado en el que dos adolescentes est&aacute;n inventando un lenguaje para ellos solos. Cuando danzaban, era como si se comunicaran con contrase&ntilde;as todo el rato, y cuando dejaban de bailar, otra danza segu&iacute;a respirando su propio ritmo en la conversaci&oacute;n. La permanencia de Miguel Monta&ntilde;ez seguramente tuvo que ver con haber encontrado lo que la mayor&iacute;a se pasa la vida buscando, un movimiento &uacute;nico para el cuerpo y el lenguaje, eso que en el&nbsp;<em>trap</em>&nbsp;se llama encontrar tu<em>&nbsp;flow</em>&nbsp;y en contabilidad, el activo circulante, y que significa, en s&iacute;ntesis, poder ba&ntilde;arte (con otro) dos veces en el mismo r&iacute;o o, como aqu&iacute; no hay r&iacute;os presocr&aacute;ticos, coger dos veces la misma ola. Cuando se encuentra el&nbsp;<em>flow</em>, todo est&aacute; en todas partes al mismo tiempo. Parafraseando a Carlos Cano, Las Alcaravaneras es Lausana con el Rogelio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tenemos que hablar. Hablemos del legado de la danza en Canarias. &iquest;C&oacute;mo conservar y difundir la obra de Lorenzo Godoy, Trini Borrull, Gelu Barbu, Wendy Artiles o Miguel Monta&ntilde;ez y muchas otras figuras del ballet en las Islas? Sus escritos, sus m&eacute;todos de ense&ntilde;anza, sus coreograf&iacute;as, sus im&aacute;genes, el testimonio de sus disc&iacute;pulos, &iquest;d&oacute;nde encontrarlos a disposici&oacute;n de la investigaci&oacute;n y la divulgaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        El poeta ingl&eacute;s del XIX Alfred Edward Housman es el autor de&nbsp;<em>To an athlete dying young,</em>&nbsp;que Karen Blixen lee en la escena del entierro de Denys Finch Hutton, en&nbsp;<em>Memorias de &Aacute;frica</em>, y se dir&iacute;a escrito igualmente para despedir ahora a Miguel Monta&ntilde;ez:
    </p><h3 class="article-text">Cuando ganaste la gran carrera</h3><h3 class="article-text">El pueblo entero sali&oacute; a aclamarte.</h3><h3 class="article-text">J&oacute;venes y ancianos te vitoreaban</h3><h3 class="article-text">Mientras a hombros te llev&aacute;bamos.</h3><h3 class="article-text">Sabio aquel que sabe escapar pronto</h3><h3 class="article-text">All&iacute; donde la gloria no perdura.</h3><h3 class="article-text">Pues aunque pronto crece el laurel</h3><h3 class="article-text">Mucho antes que la rosa se marchita.</h3><h3 class="article-text">Pero t&uacute; no seguir&aacute;s el camino</h3><h3 class="article-text">De aquellos que malgastaron su gloria.</h3><h3 class="article-text">Corredores cuya fama se extendi&oacute;</h3><h3 class="article-text">Aunque su nombre perdur&oacute; menos que ellos.</h3><h3 class="article-text">Ante esa joven cabeza laureada</h3><h3 class="article-text">Contemplar&aacute;n su cuerpo inerte</h3><h3 class="article-text">Y descubrir&aacute;n entre los rizos de su pelo</h3><h3 class="article-text">Una guirnalda a&uacute;n sin marchitar.</h3>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/miguel-montanez-tiempo_1_11508552.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jul 2024 13:59:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Miguel Montañez al mismo tiempo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Manuel Ballester, variaciones sobre la escala urbana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/jose-manuel-ballester-variaciones-escala-urbana_1_11491197.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0aa7414-0e75-464f-8041-424cf0d0aa43_16-9-discover-aspect-ratio_default_1098199.jpg" width="3542" height="1992" alt="José Manuel Ballester, variaciones sobre la escala urbana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Fundación Canaria para el Desarrollo de la Pintura acoge una antología de arquitectura urbana del artista madrileño, Premio Nacional de Fotografía</p></div><p class="article-text">
        Estas im&aacute;genes de gran formato de arquitectura y &aacute;reas urbanas innovadoras de las grandes ciudades globales tienen en com&uacute;n que abordan la escala del paisaje como un tema pict&oacute;rico y filos&oacute;fico. Jos&eacute; Manuel Ballester (Madrid, 1960) ha seleccionado, para su primera exposici&oacute;n individual en Las Palmas de Gran Canaria, hitos del paisaje urbano, en un itinerario personal de cuarenta a&ntilde;os de experimentaci&oacute;n t&eacute;cnica y di&aacute;logo con la tradici&oacute;n en torno a problemas espec&iacute;ficamente pict&oacute;ricos, convertidos por su mirada en variaciones sobre la escala humana de los rascacielos y otras grandes escenograf&iacute;as urbanas del poder econ&oacute;mico y pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        En la sede que la Fundaci&oacute;n Canaria para el Desarrollo de la Pintura tiene en la calle Domingo J. Navarro, en Las Palmas de Gran Canaria, se expone desde el 28 de junio una antol&oacute;gica de tema arquitect&oacute;nico, formada por unas 20 obras de gran formato, todas fotograf&iacute;as, a excepci&oacute;n de un cuadro que marca el inicio de este recorrido cuyo mapa ha sido trazado por el propio Ballester. Arquitectura civil y religiosa de Nueva York, Hong Kong, Brasilia, Tokio, en la que destacan representaciones tot&eacute;micas de rascacielos y enclaves urbanos ic&oacute;nicos, como Times Square. En conjunto, una visi&oacute;n ag&oacute;nica del cosmopolitismo, en la que la diferencia deja paso a la homogeneizaci&oacute;n,y que recuerda a la del Tokio de&nbsp;<em>Lost in translation</em>&nbsp;de Sof&iacute;a Coppola, indistinguible desde la habitaci&oacute;n o la cafeter&iacute;a de un hotel de lujo de cualquier otra mega-ciudad del planeta.
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                    alt="El fotógrafo José Manuel Ballester este lunes en la sede que la Fundación Canaria para el Desarrollo de la Pintura en Las Palmas de Gran Canaria, con el cuadro de fondo como punto de partida de su exposición."
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            <span class="title">
                El fotógrafo José Manuel Ballester este lunes en la sede que la Fundación Canaria para el Desarrollo de la Pintura en Las Palmas de Gran Canaria, con el cuadro de fondo como punto de partida de su exposición.                            </span>
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        El punto de partida es la pintura, una pieza de mediados de los 80 del pasado siglo que representa la arquitectura del barrio de La Latina, como el &uacute;ltimo vestigio de&nbsp;<em>genius loci</em>. Inscrita en la est&eacute;tica de la llamada nueva figuraci&oacute;n madrile&ntilde;a, ajena al contexto de eclosi&oacute;n de las transvanguardias y el arte de la&nbsp;<em>movida</em>&nbsp;madrile&ntilde;a, la obra es parte de la colecci&oacute;n de la Fundaci&oacute;n, un fondo guiado por &ldquo;el eclecticismo y por la emoci&oacute;n &uacute;nica ante cada pieza&rdquo;, seg&uacute;n explic&oacute; Yaiza Tranche, responsable de la Fundaci&oacute;n. Al presentar la muestra, Jos&eacute; Manuel Ballester destac&oacute; el car&aacute;cter escenogr&aacute;fico de la arquitectura en su obra, en la que la figura humana est&aacute; ausente o es un actor secundario. Luego, en un breve aparte, nos coment&oacute; que es la dimensi&oacute;n social de la persona, no la individual, lo que le interesa, y que, por este motivo, en su obra casi nunca est&aacute; presente lo individual, y en sus im&aacute;genes, la figura humana es parte de un teatro sobre el poder, cuya escenograf&iacute;a es la arquitectura.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Times Square 2, 2006. 298,2 X 142,4 cm."
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            <span class="title">
                Times Square 2, 2006. 298,2 X 142,4 cm.                            </span>
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        En 1985, Andy Warhol convers&oacute; con el fot&oacute;grafo alem&aacute;n Reinhart Wolf, que por aquel entonces hab&iacute;a expuesto una serie sobre los grandes rascacielos de Nueva York. Una versi&oacute;n en espa&ntilde;ol de aquella entrevista apareci&oacute; en la revista&nbsp;<em>El Paseante</em>, en el n&uacute;mero de primavera. Wolf hab&iacute;a fotografiado los edificios m&aacute;s ic&oacute;nicos de la Gran Manzana, el de la Chrysler, el Citigroup, las torres Majestic, el Waldorf Astoria, el General Electric, entre otros. Warhol lo celebraba con este comentario: &ldquo;Reinhart, estos edificios me hacen pensar en dinero&rdquo;. A lo que Reinhart Wolf, que ven&iacute;a del mundo de la publicidad, respondi&oacute;: &ldquo;Tienes raz&oacute;n, Andy, es la cara buena del capitalismo. Llev&oacute; tiempo y dinero construirlos. Los hombres que han edificado Manhattan son los Medicis de Am&eacute;rica. Ellos patrocinaron a los mejores artistas y artesanos de su tiempo y se beneficiaron de su talento. Una forma maravillosa y &uacute;til de gastar mucho dinero&rdquo;. Contemplados en un contexto hist&oacute;rico muy distinto, los rascacielos fotografiados por Jos&eacute; Manuel Ballester representan el reverso melanc&oacute;lico de aquella exaltaci&oacute;n de la virilidad capitalista, en la que el rascacielos funge como un s&iacute;mbolo f&aacute;lico del poder. Cuanto mayor el formato y m&aacute;s cerca la escenograf&iacute;a de la escala natural, m&aacute;s desproporcionado resulta el vac&iacute;o de la figura humana en el paisaje.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pieza culminante del recorrido es, parad&oacute;jicamente, una resignificaci&oacute;n ir&oacute;nica de la historia de la pintura a trav&eacute;s de una fotograf&iacute;a de tama&ntilde;o natural de El Jard&iacute;n de las Delicias, de El Bosco. Tal y como ha hecho con otras obras cl&aacute;sicas, Ballester recurre al tratamiento digital de la imagen, para vaciar el famoso tr&iacute;ptico de las criaturas que lo habitan, respetando solo el paisaje, y situando, en su lugar, una abigarrada iconograf&iacute;a de la historia del arte, de las&nbsp;<em>Gracias</em>&nbsp;de Rubens al Gernica, de&nbsp;<em>Las Meninas</em>&nbsp;al bote de sopa Campbell, del&nbsp;<em>Aquelarre</em>&nbsp;de Goya al Desayuno en la hierba o el caniche de Koons para el Gughenheim de Bilbao. Cada elemento tiene su dimensi&oacute;n exacta en la escala del paisaje creado por El Bosco, confirmando que el tema de la exposici&oacute;n, y tal vez de toda la obra de Ballester, es la crisis de la proporci&oacute;n humanista&nbsp;&nbsp;de la escala cl&aacute;sica representada por el&nbsp;<em>Hombre de Vitrubio</em>, de Leonardo.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; Manuel Ballester recibi&oacute; en 2010 el Premio Nacional de Fotograf&iacute;a &ldquo;por su singular interpretaci&oacute;n del espacio arquitect&oacute;nico y la luz, y por su aportaci&oacute;n destacada a la renovaci&oacute;n de las t&eacute;cnicas fotogr&aacute;ficas&rdquo;, seg&uacute;n declar&oacute; el Jurado. Su obra est&aacute; en las colecciones del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sof&iacute;a, Museo de Arte Contempor&aacute;neo Espa&ntilde;ol de Jap&oacute;n y Centro-Museo Vasco de Arte Contempor&aacute;neo ARTIUM, entre otras.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/jose-manuel-ballester-variaciones-escala-urbana_1_11491197.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jul 2024 11:37:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[José Manuel Ballester, variaciones sobre la escala urbana]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Julia Martín, naturaleza y manufactura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/julia-martin-naturaleza-manufactura_1_11453312.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0dd42d41-3fe4-49f5-951d-4a8f92978605_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Julia Martín, naturaleza y manufactura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La artista expone en la galería Saro León 'El jardín de Mnemea', una revisión crítica del paisaje por medio de materiales textiles</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Detalle de una de las piezas de la exposición de Julia Martín.                            </span>
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        El montaje de Julia Mart&iacute;n para la galer&iacute;a Saro Le&oacute;n cabe en el contexto de las nuevas intervenciones en el paisaje y su cr&iacute;tica radical al naturalismo como autoridad supuestamente neutral en la representaci&oacute;n del territorio. La aproximaci&oacute;n te&oacute;rica m&aacute;s actualizada e interesante sigue siendo a d&iacute;a de hoy la magn&iacute;fica colectiva&nbsp;<em>El sauce ve de cabeza la imagen de la garza</em>&nbsp;(TEA, junio-octubre de 2020), cuyo t&iacute;tulo cita un haiku de Matsuo Basho para expresar la idea de un arte del paisaje que se interroga a s&iacute; mismo por la posibilidad de representar&nbsp;<em>neutralmente</em>&nbsp;la naturaleza, es decir, sin las distintas mediaciones que entrenan la mirada &ldquo;para ver de cierta forma&rdquo;. En un libro del mismo t&iacute;tulo que la exposici&oacute;n, publicado en 2021, con textos de algunos de los artistas de la muestra, Catalina Lozano, su curadora, se&ntilde;ala que, al representar la naturaleza, en vez de comunicarnos con ella, &ldquo;a trav&eacute;s del arte, creamos tecnolog&iacute;as de separaci&oacute;n, de distanciamiento. Nos vemos constantemente envueltos en las contradicciones que este ir y venir produce&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los artefactos del Jard&iacute;n de Mnemea, de Julia Mart&iacute;n, representan fragmentos de corales o l&iacute;quenes marinos manufacturados con material textil. Se separan a conciencia de la naturaleza a trav&eacute;s del minucioso proceso del tejido, visible en las costuras y cabos sueltos que hablan de la representaci&oacute;n como un proceso, y no como una imagen acabada. Justo lo contrario de lo que hace la secular tradici&oacute;n del paisaje en el arte: supeditar el proceso a la v&iacute;vida &ldquo;impresi&oacute;n&rdquo; de realidad de la imagen acabada. Las manchas textiles instaladas en las paredes carecen de forma, disolviendo cualquier reminiscencia de la convenci&oacute;n del cuadro enmarcado. La manufactura y sus costuras visibles, por fuera de la imagen, ponen distancia con la experiencia de lo real. Le recuerdan a quien observa que la imagen, tal y como la hemos estado mirando, es una &ldquo;herramienta pol&iacute;tica de construcci&oacute;n de subjetividades y de objetivos econ&oacute;micos y militares&rdquo;. Mnemea, la segunda musa seg&uacute;n Pausanias, siempre tejiendo y destejiendo una expresi&oacute;n de la esencia que las cosas revelan a su hermana Meletea. Al hacer patente la manufactura, con su propio c&oacute;digo, distinto del de la imagen, la intervenci&oacute;n de Julia Mart&iacute;n apunta hacia una mediaci&oacute;n tecnol&oacute;gica que modifica la forma en que vemos el territorio y nos relacionamos con &eacute;l. La materialidad textil de sus instalaciones,&nbsp;&nbsp;con su elecci&oacute;n de materias primas de econom&iacute;a circular y el cuidado en evitar la menor huella de carbono en el proceso de creaci&oacute;n, se orienta a una conciencia pol&iacute;tica conservacionista ante los estragos del cambio clim&aacute;tico en los ecosistemas marinos. Naturaleza manufacturada al rescate de una memoria del respeto a la naturaleza. Como observa Teresa Lanceta en un texto para su exposici&oacute;n Adi&oacute;s a los rombos (La Casa Encendida, 2016), sobre el arte de las tejedoras del Atlas medio marroqu&iacute;, citado con motivo de su participaci&oacute;n en la exposici&oacute;n del TEA, &ldquo;aceptar los tejidos supone aceptar el otro arte y el arte de los otros&rdquo;.
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                    alt="Inauguración de la exposición en la galería Saro León, de Las Palmas de Gran Canaria, el pasado 13 de junio."
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            <span class="title">
                Inauguración de la exposición en la galería Saro León, de Las Palmas de Gran Canaria, el pasado 13 de junio.                            </span>
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        Distanciamiento del paisaje, mediante la estrategia de hacer visible la tecnolog&iacute;a de su representaci&oacute;n. Y, al mismo tiempo, no obstante, trampantojo de naturaleza, en el que prevalece la m&aacute;s fiel replicabilidad en el ojo de quien mira, la impresi&oacute;n m&aacute;s v&iacute;vida posible de realidad. Los fragmentos de coral marino tejido sorprenden por su capacidad de replicar acad&eacute;micamente la experiencia de ver directamente un coral, sin dejar de hacer visible su hechura textil, lo que apunta a un futuro de nuevos materiales no biol&oacute;gicos capaces de replicar las formas de vida, como ya imagin&oacute; Phillip K. Dick con las ovejas el&eacute;ctricas de su c&eacute;lebre novela. En este sentido, la intervenci&oacute;n de Julia Mart&iacute;n en el espacio de la galer&iacute;a Saro Le&oacute;n puede recorrerse como el relato de un paisaje en ruinas, con islas de naturaleza abri&eacute;ndose paso a trav&eacute;s de desconchones y grietas.
    </p><p class="article-text">
        En su texto para una exposici&oacute;n sobre el bodeg&oacute;n celebrada en el Museo del Prado, titulado &ldquo;&iquest;C&oacute;mo nacen las cosas?&rdquo;, John Berger comenta que el paisaje tiene que ver con el exterior, mientras que el bodeg&oacute;n habla del interior de las casas. En Flandes, durante el barroco, el bodeg&oacute;n es el g&eacute;nero que proclama la abundancia de una pujante burgues&iacute;a comercial y urbana, cuyo v&iacute;nculo con el territorio de sus ancestros es el trampantojo de la naturaleza muerta. Una aproximaci&oacute;n al g&eacute;nero muy distinta de la que se registra en el mismo periodo en la pintura espa&ntilde;ola, m&aacute;s interesada en la tecnolog&iacute;a de los enseres dom&eacute;sticos, y por ello, en el elemento humano del bodeg&oacute;n, que en el banquete. A esta tradici&oacute;n academicista del despojamiento cabe adscribir las naturalezas muertas de Cristino de Vera, en las que se integran elementos paisaj&iacute;sticos. Se advierte una tenue baliza historicista que conecta la intervenci&oacute;n de Julia Mart&iacute;n, a pesar de su radicalidad innovadora, con la genealog&iacute;a del g&eacute;nero de la naturaleza muerta. En la construcci&oacute;n de una nueva subjetividad del paisaje, en la que Julia Mart&iacute;n parece inscribirse con esta propuesta, el jard&iacute;n al que alude el t&iacute;tulo es tambi&eacute;n naturaleza muerta entre las ruinas de una forma de vida y un modelo econ&oacute;mico, y no solo paisaje m&aacute;s o menos replicante.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/julia-martin-naturaleza-manufactura_1_11453312.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Jun 2024 18:53:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Julia Martín, naturaleza y manufactura]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA['Cromogramas', de Armando Gil]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/cromogramas-armando-gil_1_10771201.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/65d39e32-1b39-4e45-bfb1-6d7dc1b4a720_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Cromogramas&#039;, de Armando Gil"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El artista grancanario lleva al lenguaje del color su reflexión sobre la identidad entre imagen y escritura, en una exposición individual en Vegueta, abierta hasta finales de enero</p></div><p class="article-text">
        La obra de Gil, desde su primera serie sobre la caligraf&iacute;a china, puede verse como una sucesi&oacute;n de asedios a la identidad de imagen y escritura. Gil ha explorado el grafismo en dos movimientos, esencialmente: por un lado, una apertura del signo escrito a la imagen; por el otro, una experimentaci&oacute;n con el color como modalidad de la escritura, al modo en que, en los pupitres mon&aacute;sticos medievales, la caligraf&iacute;a de las letras capitulares se abigarra en la exuberancia del bestiario y la vegetaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En su primera exposici&oacute;n individual, Rollos chinos (2010), la escritura se vuelve gesto pict&oacute;rico, remitiendo a las pr&aacute;cticas letristas de Henri Michaux, Joan Brosa o Guillem Vilada, as&iacute; como a la idea de escritura expandida de Jos&eacute;-Miguel Ull&aacute;n. Al respecto de su propia poes&iacute;a, Ull&aacute;n declar&oacute;: &ldquo;en realidad, solo escribo entre manchas&rdquo;, refiri&eacute;ndose a los &ldquo;signos dudosos, monigotes y rayajos&rdquo; que constitu&iacute;an los agrafismos. Tambi&eacute;n los cromogramas de Armando Gil nacen de la &ldquo;contemplaci&oacute;n activa&rdquo;, en la que, como se&ntilde;ala Olvido Garc&iacute;a Vald&eacute;s, refiri&eacute;ndose a los agrafismos ullanescos, &ldquo;se dibuja la espera, la atenci&oacute;n a lo que viene, a lo que brota, se dibuja por ver si con ello viene lo que ha de venir&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La artesan&iacute;a de Gil tiene que ver, m&aacute;s con la transcripci&oacute;n que con la expresi&oacute;n pict&oacute;rica; m&aacute;s con el dictado, que con la figuraci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; son estos cromogramas, si no un dictado del inconsciente? Imposible saber si estamos ante paisaje, bestiario, naturaleza muerta, o escenas de una historia in media res. Asistimos al abigarramiento de un caos primordial, el de la escritura antes de ser discurso. Un tiempo anterior a la escritura y a la imagen. El tiempo de la forma pura, liberada de toda responsabilidad de representaci&oacute;n. La mirada es desafiada a escudri&ntilde;ada en la espesura. Se nos exige un mirar nuevo, que es como un aprender a leer otra vez.
    </p><p class="article-text">
        No hay un comienzo.Todo prolifera sin un comienzo. El lienzo, hoja en blanco de la escritura, se ha llenado de figuras ligeramente antropom&oacute;rfica, motivos lejanamente vegetales. Cornucopia, alucinaci&oacute;n, densidades de color: antes de la escritura, la hoja nunca est&aacute; en blanco. El n&uacute;cleo de la originalidad pict&oacute;rica de Armando Gil es la idea de que escribir es encubrir lo que precede al comienzo de un texto. Lo que llamamos escritura -nos dice la pintura de Armando Gil- la textualidad ordenada y pasada a limpio del discurso se despliega, no en la hoja en blanco, sino en una selva de la espera. La transcripci&oacute;n, el comentario, la ex&eacute;gesis, la interpolaci&oacute;n o la cita del texto superponen nuevos estratos al sedimento pre-significante de la escritura.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Los <em>Cromogramas</em> de Armando Gil se remontan al tiempo anterior al comienzo del texto. Antes del que est&aacute;s leyendo ahora, por ejemplo. En la espera o el asedio del texto. Antes de la primera hoja, &iquest;Qu&eacute; dice la escritura? &iquest;Con qu&eacute; signos? Gestos de la mano escribiendo con el ojo. Manualidades videntes.
    </p><p class="article-text">
        En sus primeros abordajes, el grafismo colonizaba el texto, disolviendo el significado. La caligraf&iacute;a se mostraba como imagen. Se desvincula del referente ling&uuml;&iacute;stico, para designarse a s&iacute; misma como figura, no como significante. La subversi&oacute;n no es nueva. Ven&iacute;a gest&aacute;ndose, y se condensa en Magritte y su emblem&aacute;tico &ldquo;esto no es una pipa&rdquo;. Al instalarla en la escritura ideogr&aacute;fica china, Armando Gil da uno o varios pasos m&aacute;s. El ideograma funciona como una unidad concentrada de significado. Su voladura como signo ling&uuml;&iacute;stico se lleva a cabo, no al acad&eacute;mico modo de Magritte, que representa la imagen de la escritura de la pipa y la imagen del objeto pipa con las reglas de la pintura cl&aacute;sica. 
    </p><p class="article-text">
        Armando Gil sigue su propia estrategia, consistente en hipertrofiar el grafismo de la escritura y fragmentar el texto en ideogramas que funcionan como unidades iconogr&aacute;ficas independientes. El &eacute;nfasis en el grafismo socava la posibilidad de traducci&oacute;n del texto. La fragmentaci&oacute;n le niega la posibilidad de transmisi&oacute;n, pues, como observa Maurice Blanchot, &ldquo;el fragmento sin texto ni contexto es radicalmente no citable&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Un hito posterior propone una intervenci&oacute;n en un supuesto poema chino antiguo, consistente en a&ntilde;adir una capa de grafismo y color que deconstruye los ideogramas originales, al modo en que Borges glosar&iacute;a la entrada real o imaginaria de una lejana enciclopedia, o transcribir&iacute;a palabra por palabra el&nbsp;Quijote&nbsp;para demostrar que ha creado un texto original.
    </p><p class="article-text">
        En ambos ejemplos, el &eacute;nfasis ir&oacute;nico en la transcripci&oacute;n, la glosa, la interpolaci&oacute;n remiten a los pupitres mon&aacute;sticos de la Edad Media y sus ritos de pulcritud caligr&aacute;fica. La intervenci&oacute;n de Gil apunta, en ambos casos, a la funci&oacute;n encubridora de la escritura.
    </p><p class="article-text">
        La tradici&oacute;n de la pintura occidental, entre los siglos XVI y XX, se asienta en dos principios, seg&uacute;n Michel Foucault. El primero afirma la separaci&oacute;n de la imagen y la escritura en el espacio del lienzo. El segundo establece el v&iacute;nculo de la semejanza entre la imagen y la cosa representada. Klee habr&iacute;a quebrado el primer principio. Sus &ldquo;barcos, casas, hombres, son a la vez formas reconocibles y elementos de escritura&rdquo;. El espacio en blanco es a la vez folio y lienzo, &ldquo;cuadriculado del cuaderno y catastro de la tierra, historia y mapa&rdquo;. Kandinski influye en la demolici&oacute;n del segundo principio, la cualidad representativa de la imagen. El pintor afirmaba que sus colores eran &ldquo;cosas&rdquo;, objetos liberados de la obligaci&oacute;n de la semejanza. &ldquo;Ni m&aacute;s ni menos que el objeto iglesia, el objeto puente, o el hombre a caballo con su arco&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cabe adscribir a esta doble tradici&oacute;n cr&iacute;tica la decantaci&oacute;n del lenguaje de Armando Gil, que prosigue en estos cromogramas su investigaci&oacute;n en el grafismo. Otra es, en la actualidad, la v&iacute;a de conocimiento que proponen las piezas de esta exposici&oacute;n. El grafismo se muestra, aqu&iacute;, como un sustrato figurativo anterior al comienzo del texto. Se avanza ahora en la direcci&oacute;n opuesta a la de sus primeras series: se desbroza la escritura, hacia el subsuelo de una figuraci&oacute;n aut&oacute;mata, preconsciente y compulsiva. La exhumaci&oacute;n de un imaginario de la hoja en blanco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gil nos propone una escritura que se mira, una imagen que se lee. Se despliega como un texto en todas las direcciones, y se repliega en la similitud del bestiario o la exuberante vegetaci&oacute;n de las letras capitulares pacientemente dibujadas. No hay direcci&oacute;n, un arriba y un abajo, un comienzo y un final. Paisaje, multitudes, epopeya. Tal vez naturalezas muertas. Por qu&eacute; no naturalezas muertas. Despu&eacute;s de todo, como afirma John Berger, el bodeg&oacute;n es el g&eacute;nero de la abundancia y la yuxtaposici&oacute;n teatral. &ldquo;Las naturalezas muertas trataban de los interiores, y los paisajes, de los exteriores. Los exteriores tienen forma de ba&ntilde;era, y los interiores son armarios&rdquo;. Por qu&eacute; no armarios rebosantes de teatralidad, estos cromogramas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/cromogramas-armando-gil_1_10771201.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Dec 2023 18:23:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Cromogramas', de Armando Gil]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Modernismo y generación del 98, confluencias en Canarias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/modernismo-generacion-98-confluencias-canarias_1_10706852.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cd3ca0df-7d84-4264-bfdf-cf25d2f13e55_16-9-discover-aspect-ratio_default_1085143.jpg" width="900" height="506" alt="Modernismo y generación del 98, confluencias en Canarias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un seminario en la casa-museo Tomás Morales explora la hibridación insular de las dos escuelas literarias que marcaron el paso del siglo XIX al XX
</p></div><p class="article-text">
        La variante de la literatura finisecular en Canarias puede verse como una confluencia de modernismo y generaci&oacute;n del 98. &ldquo;Ambas corrientes comparten puntos en com&uacute;n, como la rebeld&iacute;a frente a los saberes que vienen de lo alto, o bien, ese constante af&aacute;n de renovaci&oacute;n espiritual, po&eacute;tica y art&iacute;stica&rdquo;, comenta Sonia Petisco Mart&iacute;nez, doctora en Filolog&iacute;a Moderna por la Universidad Complutense, que este mi&eacute;rcoles 22 de noviembre a las 18:30 horas abre el seminario sobre <em>El modernismo y la generaci&oacute;n del 98</em> en la casa-museo Tom&aacute;s Morales, en Moya, dirigido por Santiago J. Henr&iacute;quez Jim&eacute;nez, catedr&aacute;tico de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Para la investigadora, que hablar&aacute; de Miguel de Unamuno como exponente de la hibridaci&oacute;n de las dos escuelas que marcan el cambio de siglo en la literatura en lengua espa&ntilde;ola, el rector de la Universidad de Salamanca, contradictorio y ag&oacute;nico, representa la &ldquo;estrecha relaci&oacute;n entre la generaci&oacute;n del 98 y el modernismo, en lo que concierne a ese denodado intento de oponerse al racionalismo obtuso y mutilador presente en nuestra cultura occidental&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El seminario propone cuatro abordajes a las distintas confluencias del modernismo y la generaci&oacute;n del 98 en Canarias, a cargo de Sonia Petisco Mart&iacute;nez, Alicia Mederos, Antonio Puente y Santiago J. Henr&iacute;quez Jim&eacute;nez. Adem&aacute;s de Unamuno, se exploran los casos de Josefina de La Torre, Domingo Rivero y Tom&aacute;s Morales, en dos jornadas (mi&eacute;rcoles 22 y jueves 23 de noviembre) en la casa-museo dedicada, en Moya, al poeta que compendia la expresi&oacute;n del sentimiento del mar en la poes&iacute;a modernista en Canarias. La periodista y escritora Alicia R. Mederos expondr&aacute; la influencia de la generaci&oacute;n del 98 en la obra po&eacute;tica de Josefina de La Torre (1907-2002). Aunque adscrita a la Generaci&oacute;n del 27, sus a&ntilde;os de formaci&oacute;n y el contexto cultural en el que creci&oacute; est&aacute;n marcados por el modernismo, advierte Mederos, autora de una monograf&iacute;a y un documental sobre la escritora y actriz, y comisaria del programa del centenario de su nacimiento. &ldquo;El modernismo resulta un elemento distintivo de su voz po&eacute;tica en el conjunto de la generaci&oacute;n del 27&rdquo;, adelanta, acerca de su contribuci&oacute;n al seminario.
    </p><p class="article-text">
        El coordinador del seminario propondr&aacute; (jueves 23 de noviembre, 18:30 horas) una lectura heterodoxa de la <em>Oda al Atl&aacute;ntico</em>, de Tom&aacute;s Morales, incluida en <em>Las rosas de H&eacute;rcules</em>. El &ldquo;mar puerto&rdquo;, el mar pr&oacute;spero de las comunicaciones y el comercio al que Morales canta en otros poemas, deja paso, en la <em>Oda</em>, al &ldquo;mar de caminos, m&aacute;gico, de inquietudes y tormentas&rdquo;, que recuerda el mar con &ldquo;hambre de higos&rdquo;, del c&eacute;lebre poema de Goethe, una met&aacute;fora con larga tradici&oacute;n en la literatura europea, que simboliza el apetito de naufragios con que el mar incita a los navegantes a adentrarse y perderse.
    </p><p class="article-text">
        Santiago J. Henr&iacute;quez Jim&eacute;nez ha dedicado parte de su carrera como investigador al estudio de la g&eacute;nesis y la tradici&oacute;n de algunas met&aacute;foras. Es autor de <em>Tom&aacute;s Morales, viajes y met&aacute;foras</em> (Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2005), <em>Realidad y constituci&oacute;n de la ficci&oacute;n en la novel&iacute;stica de Graham Greene</em> (Universidad de La Laguna, 1993) y <em>El viaje literario y la cueva. Im&aacute;genes de la memoria</em> (Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2007), entre otros ensayos y decenas de art&iacute;culos que son referencia en el campo de los estudios culturales y literarios sobre la literatura inglesa y la literatura canaria en el tr&aacute;nsito al siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        Para el seminario sobre el Modernismo y el 98, Santiago J. Henr&iacute;quez Jim&eacute;nez propone una perspectiva diferente de la Oda de Tom&aacute;s Morales, centrada en los atributos espaciales de las met&aacute;foras del mar. En este poema &ldquo;la luz siempre viene de arriba&rdquo;. Puede hablarse de una &ldquo;verticalidad de la iluminaci&oacute;n&rdquo; que cohesiona el espacio en el que se despliegan las poderosas im&aacute;genes del mar. &ldquo;Esta es una de las razones&rdquo;, explica el profesor Henr&iacute;quez, &ldquo;por las que el hablante po&eacute;tico de la Oda al Atl&aacute;ntico no nos parece ajeno al contexto que describe: sabe ubicarse, reconocer el entorno, construir un mapa cognitivo del medio ambiente y convertirse y convertirse en una pieza clave para la elaboraci&oacute;n de su conocimiento del mundo&rdquo;.
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                Josefina de la Torres, en 1934 en Las Palmas de Gran Canaria.                            </span>
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        Antonio Puente (jueves 23) hablar&aacute; sobre Domingo Rivero en el tr&aacute;nsito del romanticismo al modernismo insular. Adelanta, de su ponencia, que se&ntilde;ala el &ldquo;car&aacute;cter fundacional&rdquo; de Domingo Rivero en la tradici&oacute;n po&eacute;tica insular, un lugar que comparte con Bartolom&eacute; Cairasco de Figueroa. A ambos, a Cairasco y a Rivero, ha dedicado Puente parte de sus desvelos como ensayista. En 2017 public&oacute; el esclarecedor <em>Una po&eacute;tica de la escisi&oacute;n: Domingo Rivero en la oficina del mar</em>, en el que traza la genealog&iacute;a que va de Cairasco, el can&oacute;nigo de la Catedral de Las Palmas autor de Templo militante, a Domingo Rivero, el funcionario de la Audiencia Provincial que escribi&oacute; <em>Yo, a mi cuerpo</em>, uno de los mejores sonetos del siglo XX en lengua castellana, y un hito que lleva la tradici&oacute;n po&eacute;tica insular a su edad moderna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay una evoluci&oacute;n coherente&rdquo;, dice Antonio Puente, &ldquo;desde que el religioso Cairasco culturiza y humaniza el catolicismo, hasta el modo en que Rivero hace aterrizar el legado heredado, igualando cuerpo y alma desde una posici&oacute;n existencialista, y empleando, a diferencia del Romanticismo, un yo escindido, impersonal y colectivo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Antonio Puente es autor de una obra po&eacute;tica en desarrollo, que ya ha dado frutos como <em>Contraazul</em> (Acc&eacute;sit del Premio de Poes&iacute;a Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria), <em>Sof&aacute; de Arena</em> (Premio Pedro Garc&iacute;a Cabrera) y <em>Ojos de garza,</em> entre otros libros. Como ensayista, acaba de publicar <em>Elvireta Escobio, bajo la piel de la arpillera</em>. Conversaciones sobre Manolo Millares (Ediciones Mercurio, 2023). Es autor de <em>Isla militante. El testamento insular de Shakespeare y Cervantes</em> (Pre-Textos, 2018) y de <em>La memoria esculpida: conversaciones con Mart&iacute;n Chirino</em> (Galaxia Gutenberg, 2019).
    </p><p class="article-text">
        Al seminario programado para este mi&eacute;rcoles y este jueves en la casa-museo Tom&aacute;s Morales se propone contribuir con una clave de &ldquo;la irrupci&oacute;n innovadora de Domingo Rivero en la poes&iacute;a insular: el desplazamiento, desde el intimismo a un yo gen&eacute;rico&rdquo;, lo que le vincula, desde el modernismo, a la generaci&oacute;n del 98 a trav&eacute;s de Antonio Machado y Miguel de Unamuno. &ldquo;El poeta que se convirti&oacute; en poema&rdquo;, dice, refiri&eacute;ndose al soneto <em>Yo, a mi cuerpo</em>, &ldquo;se convierte, as&iacute;, en un eslab&oacute;n necesario en el tr&aacute;nsito del siglo XIX al XX&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/modernismo-generacion-98-confluencias-canarias_1_10706852.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Nov 2023 08:28:22 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elvireta Escobio, retrato con Millares al fondo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/elvireta-escobio-retrato-millares-fondo_1_10551595.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57685201-100f-40fd-9fa0-8aedab5feb2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1081764.jpg" width="1533" height="863" alt="Elvireta Escobio, retrato con Millares al fondo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La albacea del pintor del grupo El Paso se muestra como una memorialista mordaz y desmitificadora, que perdona pero no olvida, en un libro de conversaciones con el poeta Antonio Puente</p></div><p class="article-text">
        Abundan las revelaciones en las memorias de Elvireta Escobio escritas a dos voces con Antonio Puente, que se presentan este jueves 28 de septiembre a las seis de la tarde en el palacete Rodr&iacute;guez Quegles, de Las Palmas de Gran Canaria. Revelaciones, no tanto biogr&aacute;ficas, como de car&aacute;cter. El libro se publica con el t&iacute;tulo de <em>Elvireta Escobio, bajo la piel de la arpillera</em> (Editorial Mercurio, 2023, con la colaboraci&oacute;n del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria). Aunque el subt&iacute;tulo sea &ldquo;Conversaciones sobre Manolo Millares&rdquo;, el pintor es una figura al fondo de este retrato de una mujer con su propio mundo y su voz propia. Elvireta Escobio deja a un lado el papel de albacea a tiempo completo de uno de los artistas m&aacute;s innovadores e influyentes del siglo XX, y se suelta como una memorialista l&uacute;cida, ir&oacute;nica y desmitificadora, que perdona pero no olvida ni se muerde la lengua. Reivindica el sentido del humor, el juego, la soledad y el silencio, y que ama la vida porque no cree que haya otra&nbsp;a la que amar, despu&eacute;s de esta: &ldquo;Uno de los mayores privilegios de que he disfrutado en mi vida es poder decir en cada momento exactamente lo que pienso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En cierto modo&rdquo; -explica Antonio Puente a Canarias Ahora - elDiario.es-, &ldquo;concibo este libro como una continuidad de <em>La memoria esculpida, mis conversaciones con Mart&iacute;n Chirino</em> (Galaxia Gutenberg, 2019). Se trata, al cabo, de los dos artistas canarios m&aacute;s importantes de la segunda mitad del siglo XX, los &uacute;nicos pertenecientes al grupo El Paso, adscritos al informalismo (si bien es verdad que Millares est&aacute; en el momento fundacional, y el escultor se incorpora m&aacute;s tarde), y que adquieren trascendencia nacional e internacional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No son unas memorias autocomplacientes. Antonio Puente advierte la tendencia al &ldquo;ditirambo f&aacute;cil&rdquo; en el g&eacute;nero de la conversaci&oacute;n. &ldquo;Aqu&iacute; es de agradecer la causticidad con la que Elvireta Escobio habla de Manolo Millares, buscando siempre la intersecci&oacute;n entre el hombre y el artista. De ah&iacute;, el valor de sus reflexiones como un documento cultural de alcance colectivo. Cuando le pido una valoraci&oacute;n definitiva de la figura de su marido, me responde: &rsquo;Si tuviera que definirlo de un solo trazo, dir&iacute;a que era un ser que creaba con una cabeza que pensaba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El libro de Puente se inscribe en un contexto de recuperaci&oacute;n del legado de mujeres creadoras eclipsadas por la fama de hombres artistas con los que convivieron. &ldquo;Lo relacionar&iacute;a&rdquo; - comenta el poeta y ensayista- &ldquo;con el reciente libro de &Aacute;ngeles Alem&aacute;n sobre Maud Westerdahl [<em>Maud Westerdahl, la creadora surrealista</em>, Editorial Mercurio, 2021, del que acaba de publicarse la segunda edici&oacute;n], por cuanto se trata de otra mujer excepcional, adosada a otro gigante de la cultura, el cr&iacute;tico Eduardo Westerdahl, que fue, por cierto, uno de los m&aacute;ximos mentores e interlocutores de Manolo Millares&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Maud Westerdahl y Elvireta Escobio -observa- son ejemplos de &ldquo;mujeres de val&iacute;a aut&oacute;noma, en &eacute;pocas dif&iacute;ciles, como fue el epicentro del franquismo&rdquo;. Antonio Puente es autor de los libros de ensayo <em>Isla Militante. El testamento insular de Shakespeare y Cervantes</em> (Pre-Textos, 2019) y <em>El sol en el suelo. Cuando el milenio era teenager</em> (Amargord, 2021), adem&aacute;s de varios libros de poes&iacute;a por los que ha recibido, entre otros reconocimientos, el premio Pedro Garc&iacute;a Cabrera y el acc&eacute;sit del premio Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Escribe regularmente en los peri&oacute;dicos del grupo Prensa Ib&eacute;rica, y mantiene una columna en el suplemento literario <em>Abril</em>, de El Peri&oacute;dico de Catalunya.
    </p><h3 class="article-text">Una historia de la Espa&ntilde;a vaciada</h3><p class="article-text">
        Un episodio de los primeros a&ntilde;os en Madrid, donde Elvireta Escobio y Manolo Millares se establecieron en 1955, ilustra lo singular de estas memorias. Los encargos que recib&iacute;a eran, por aquel entonces, proyectos de decoraci&oacute;n de edificios, que Millares acept&oacute; a t&iacute;tulo nutricio. El arquitecto Jos&eacute; Luis Fern&aacute;ndez del Amo fue de los primeros en detectar su talento. Era funcionario de un organismo de la dictadura para fomentar la repoblaci&oacute;n de zonas rurales vaciadas, llamado Instituto Nacional de Colonizaci&oacute;n, y director del Museo de Arte Contempor&aacute;neo de Madrid. Propici&oacute; que le encargasen a Millares la decoraci&oacute;n de una iglesia reci&eacute;n construida en Algallar&iacute;n, un pueblo de C&oacute;rdoba.
    </p><p class="article-text">
        Millares y Elvireta se instalaron all&iacute; y trabajaron juntos durante dos meses en el mural. Escobio recuerda que hab&iacute;an convenido que cobrar&iacute;an la mitad del precio antes de iniciar la intervenci&oacute;n y el resto, al entregar el fresco. Cuando el obispo de C&oacute;rdoba, el dominico Fray Albino Gonz&aacute;lez, se enter&oacute; de qui&eacute;n era el autor del mural, orden&oacute; destruirlo. Estuvo destinado en Tenerife y ten&iacute;a a los Millares por una peligrosa familia de librepensadores, izquierdistas y ateos. Encarg&oacute; un nuevo mural al pintor Antonio Povedano, que acept&oacute; pintar sobre el mural de su amigo.
    </p><p class="article-text">
        Es un episodio de miseria moral, un caso de libro de la &ldquo;t&eacute;cnica de la mezquindad&rdquo;. Otro d&iacute;a m&aacute;s en la oficina de la peor Espa&ntilde;a. Lo interesante y revelador no es el episodio en s&iacute;, sino la voz de Elvireta Escobio al rememorarlo: &ldquo;Menos mal que el obispo que censur&oacute; a Manolo no hab&iacute;a vivido en la &eacute;poca de Leonardo da Vinci, porque, con ese criterio, se habr&iacute;a cargado <em>La &uacute;ltima cena</em>. Y adem&aacute;s, le agradec&iacute; ese veto, gracias al cual, Manolo no tiene ninguna obra en una instituci&oacute;n religiosa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El fragmento muestra el tono, a la vez mordaz e indulgente, de las memorias contadas a Antonio Puente durante un a&ntilde;o de conversaciones en Madrid y Las Palmas de Gran Canaria.
    </p><h3 class="article-text">Elvireta Escobio, por Elvireta Escobio</h3><p class="article-text">
        El pintor Fernando Z&oacute;bel defini&oacute; a Elvireta Escobio como &ldquo;el tim&oacute;n&rdquo; de Millares. Siempre ha tenido su propia identidad como creadora, aunque durante los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os, desde la muerte en 1972 del pintor y fundador del grupo El Paso, la haya relegado para atender la responsabilidad de cuidar y promover el legado art&iacute;stico de su marido en todo el mundo.
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                Antonio Puente                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;M&aacute;s all&aacute; de la figura de su marido, fue una de las escas&iacute;simas mujeres integrantes del destacado grupo de arte de vanguardia LADAC (Los Arqueros del Arte Contempor&aacute;neo)&rdquo;, se&ntilde;ala Antonio Puente. En estas memorias, Elvireta Escobio evoca la naturalidad con la que dej&oacute; de pintar para empezar a escribir. Ha publicado dos libros de poemas, De un espacio sin tiempo (1995) y De una herencia en el tiempo (2017).
    </p><p class="article-text">
        Su libro de conversaciones con Antonio Puente tiene un pr&oacute;logo de Juan Manuel Bonet, e incluye una secci&oacute;n de pensamientos y aforismos de Elvireta Escobio. En esas p&aacute;ginas, rememora al cr&iacute;tico de arte Antonio Zaya, refiri&eacute;ndose a un poema p&oacute;stumo de este: &ldquo;En este momento de mi historia en que reci&eacute;n comienzo a asumir mi no inmortalidad, siento algo parecido a un oscuro placer entregando tu manuscrito, mientras resuena el eco solitario de tu verso: El que intenta olvidar all&iacute; siempre regresa&rdquo;. En otro homenaje, evoca al bailar&iacute;n y core&oacute;grafo Lorenzo Godoy, &ldquo;amante y destructor de la m&aacute;s exquisita geometr&iacute;a&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Una tumba compartida</h3><p class="article-text">
        El viaje a Madrid que hicieron Elvireta Escobio, Manolo Millares, Mart&iacute;n Chirino, Manuel Padorno y Alejandro Reino en 1955, a bordo del carguero Alc&aacute;ntara, es una de las epopeyas fundacionales de la di&aacute;spora cultural canaria en la segunda mitad del siglo XX. En la ic&oacute;nica foto tomada en la cubierta del barco, antes de salir del Puerto de La Luz, Elvireta Escobio est&aacute; en el centro, pero en el relato de aquel viaje ha sido desplazada a los m&aacute;rgenes. Antonio Puente destaca que &ldquo;al d&iacute;a de hoy, Elvireta Escobio es la &uacute;nica superviviente de la legendaria expedici&oacute;n. Fue la &uacute;nica mujer en ese viaje, y ser&iacute;a oportuno reivindicar que no march&oacute; a la metr&oacute;poli como consorte, sino como artista, al igual que todos los dem&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El lector se descubrir&aacute; a s&iacute; mismo pasando deprisa, y sin remordimientos, por las p&aacute;ginas dedicadas al mito de Millares, y demor&aacute;ndose, en cambio, en las que contienen las reflexiones que Elvireta Escobio conf&iacute;a a Antonio Puente sobre la soledad, la muerte, el sentido del humor, su agnosticismo, o las cruentas batallas del pasado, que hoy resultan insignificantes. Cuando habla de &ldquo;Manolo&rdquo;, su compa&ntilde;ero, su marido, el padre de sus dos hijas, lo m&aacute;s interesante son algunas confidencias desmitificadoras. &ldquo;No era f&aacute;cil convivir con alguien que se tomaba la vida tan en serio&rdquo;, dice la escritora en este libro. En otro momento, reflexiona: &ldquo;Haber sido ambos heterodoxos y agn&oacute;sticos y darle una importancia esencial a la creaci&oacute;n art&iacute;stica, es lo que m&aacute;s nos un&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuenta que no ha vuelto a pisar el cementerio laico de Madrid, donde est&aacute; enterrado, y donde comparte tumba desde 1980 con el cr&iacute;tico de arte Jos&eacute; Moreno Galv&aacute;n, amigo personal de Millares, a cuya familia ofreci&oacute; Elvireta la tumba del pintor, para que no tuvieran que costear el gasto de un enterramiento aparte.
    </p><p class="article-text">
        Antonio Puente comenta el simbolismo de este detalle &ldquo;poco divulgado, y m&aacute;s que elocuente, de la mitolog&iacute;a intrahist&oacute;rica del arte durante el franquismo: el artista, en origen mal entendido en su tiempo, y el cr&iacute;tico, igualmente vanguardista, que apuesta por aqu&eacute;l desde el primer momento, los dos compartiendo tumba en un cementerio laico, estigmatizado por la dictadura&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un libro de memorias es casi una rareza en Canarias, aunque Antonio Puente sostiene que la carencia no afecta solo a las Islas: &ldquo;Se necesita un memorialismo de alcance cultural y colectivo, m&aacute;s all&aacute; de lo epis&oacute;dico y dom&eacute;stico. Tambi&eacute;n a nivel nacional se produce esa carencia. Tanto en el libro sobre Mart&iacute;n Chirino, como en el de Elvireta Escobio, he buscado el equilibrio entre la memoria local, de su infancia y juventud, y la memoria de alcance nacional. Tampoco hay mayor memorialismo entre quienes formaron el grupo El Paso&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/elvireta-escobio-retrato-millares-fondo_1_10551595.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Sep 2023 07:37:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Elvireta Escobio, retrato con Millares al fondo]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Verano, 1989]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/verano-1989_132_10054271.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle"></p><p class="subtitle">
Fallece el periodista y promotor cultural tinerfeño Martín Rivero</p></div><p class="article-text">
        Ya est&aacute;s en esa edad en que, de repente, descubres que la fiesta se est&aacute; vaciando. Las mejores cabezas de nuestra generaci&oacute;n -que dir&iacute;a Ginsberg- han empezado a irse a la francesa. Como cuando en la noche del Gas no cabe un alma y, un parpadeo despu&eacute;s, se han encendido las luces para decirte que tambi&eacute;n t&uacute; apures la copa y vayas saliendo a la relentada. Todas las noches podr&iacute;an ser esa, todos los veranos podr&iacute;an ser el de 1989, en que conoc&iacute; a Mart&iacute;n Rivero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquel verano fue una segunda primavera para la prensa. La primera hab&iacute;a sido 1976, con el nacimiento de El Pa&iacute;s. Nos cogi&oacute; con la Nocilla, qu&eacute; merendilla, pint&aacute;ndonos los bigotes delante de Epi y Blas. Pasamos aquel verano echando curr&iacute;culos a todo lo que se mov&iacute;a. Se gestaban&nbsp;<em>El Mundo</em>&nbsp;y&nbsp;<em>El Sol</em>, como en una cosmogon&iacute;a. Creo que acababa de salir&nbsp;<em>El Independiente</em>. Siempre hab&iacute;a un amigo de un amigo de un amigo que conoc&iacute;a a quien decid&iacute;a. La meritocracia en el periodismo suele medirse por la eficiencia con que recorres los famosos seis pasos de separaci&oacute;n entre la cola del paro y el inaccesible despacho de quien tiene el s&uacute;per-poder de sacarte de ella.
    </p><p class="article-text">
        Nuestros padres quer&iacute;an que acab&aacute;semos la carrera, pero nosotros solo quer&iacute;amos subir a todas las guaguas que estaban a punto de salir. Como a Clarise en&nbsp;<em>El silencio de los corderos</em>, solo una generaci&oacute;n nos separa del hambre. Nuestros viejos de verdad creyeron que tener un t&iacute;tulo en la pared era un buen plan, mejor que abrir una cartilla en la Caja de Ahorros o criar un cochino en la ba&ntilde;era. Se deslomaron a trabajar, aunque fuera para pagarnos la perreta de la carrera de periodismo, que es como criar al cochino y que se te muera de fiebre porcina, y no sirva ni para darle gusto al puchero, y encima, tengas que ir al Ba&ntilde;o Barato a cambiar la ba&ntilde;era por un plato ducha. Pobres papis y mamis. Creo que en todo momento supieron la cruda verdad, que nunca llegar&iacute;amos a ser pianistas en un tugurio, pero fingieron que sonaba bien, y nos quisieron de todos modos como a ni&ntilde;os con capacidades especiales.
    </p><p class="article-text">
        Cuando conoc&iacute; en el verano de 1989 a Mart&iacute;n Rivero, &eacute;l iba a dirigir&nbsp;<em>La Gaceta de Canarias</em>, junto a su hermano Carmelo. Eran las dos mitades de Carmelo Mart&iacute;n, el heter&oacute;nimo que hab&iacute;an creado para firmar la corresponsal&iacute;a de&nbsp;<em>El Pa&iacute;s</em>, tan inseparables como el Dionisos y el Apolo de la mitolog&iacute;a griega. Yo no los distingu&iacute;a hablando por tel&eacute;fono, pero aprend&iacute; a reconocer cu&aacute;ndo hablaba el lado dionisiaco y cu&aacute;ndo, el apol&iacute;neo de la escisi&oacute;n. Mart&iacute;n era Dionisos, el caos creativo y la celebraci&oacute;n de los sentidos. A Carmelo lo recuerdo como el triunfo apol&iacute;neo del m&eacute;todo y la voluntad. Mart&iacute;n era pura visi&oacute;n, al modo en que Artaud y los dem&aacute;s poetas surrealistas entendieron la visi&oacute;n, como subversi&oacute;n y como videncia a la vez. Por separado, ya eran hiperactivos, pero cuando se pasaban el tel&eacute;fono el uno al otro para pedirte a dos voces un tema, proponerte un enfoque o, simplemente, para echarte la bronca o felicitarte, era como si el director de tu peri&oacute;dico desayunara anfetaminas cada ma&ntilde;ana antes de la reuni&oacute;n de Primera. Siempre me intrig&oacute; c&oacute;mo ser&iacute;a un d&iacute;a cualquiera de Carmelo y Mart&iacute;n en la oficina, dentro de aquel despacho compartido de la redacci&oacute;n de&nbsp;<em>La Gaceta</em>, un edificio que era un barco blanco y varado en Taco, a mitad de camino entre Santa Cruz y La Laguna. Sospecho que hab&iacute;a un camastro, y que se turnaban para llamar por tel&eacute;fono hasta que se lo cog&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Como corresponsales de El Pa&iacute;s, Carmelo y Mart&iacute;n formaban un t&aacute;ndem que val&iacute;a por una delegaci&oacute;n entera del peri&oacute;dico, en una &eacute;poca en que la informaci&oacute;n de Canarias en&nbsp;<em>El Pa&iacute;s</em>, sin constituir una edici&oacute;n propia, como la de Catalu&ntilde;a, pod&iacute;a competir con los diarios locales. Mart&iacute;n y su hermano Carmelo prolongaron una &eacute;poca dorada de los corresponsales de prensa en Canarias. La instituci&oacute;n de la corresponsal&iacute;a, ejercida por los mejores periodistas, permiti&oacute; sortear los mecanismos de censura y auto-censura que los poderes f&aacute;cticos pod&iacute;an imponer a los peri&oacute;dicos locales. Dar&iacute;a para otro comentario la contribuci&oacute;n a la libertad de prensa de corresponsales legendarios en tiempos peligrosos, como Herminia Fajardo y Jos&eacute; Carlos Mauricio, en la Delegaci&oacute;n de<em>&nbsp;El D&iacute;a</em>&nbsp;en Las Palmas de Gran Canaria, como Diego Talavera, el primer corresponsal de&nbsp;<em>El Pa&iacute;s</em>&nbsp;en Canarias, o como sus sucesores Dolores Campos-Herrero, Crist&oacute;bal D. Pe&ntilde;ate y Teresa C&aacute;rdenes, una tradici&oacute;n que Mart&iacute;n Rivero y su hermano recibieron y actualizaron en su etapa de corresponsales.
    </p><p class="article-text">
        Cuando empec&eacute; a trabajar en&nbsp;<em>La Gaceta de Canarias</em>, Carmelo Mart&iacute;n era una leyenda del oficio para m&iacute;, pero solo descubr&iacute; que eran dos cuando lo tuve de director bic&eacute;falo del peri&oacute;dico. Quien m&aacute;s, quien menos, hab&iacute;a o&iacute;do hablar ese verano de 1989 del ilusionante proyecto que estaba gest&aacute;ndose en Tenerife, impulsado por un grupo de profesionales progresistas e ilustrados, la mayor&iacute;a de La Laguna, pero tambi&eacute;n de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria. El capital social estaba repartido en peque&ntilde;as participaciones de arquitectos, ingenieros, abogados, economistas y periodistas. No hab&iacute;a ning&uacute;n poder f&aacute;ctico tutel&aacute;ndolos; que supi&eacute;ramos, claro: &eacute;ramos solo unos pibes reci&eacute;n salidos del cascar&oacute;n, &iquest;qu&eacute; pod&iacute;amos saber la vida y de sus poderes f&aacute;cticos? Su visi&oacute;n era la de un peri&oacute;dico regional, sensible a la doble capitalidad, bien escrito,&nbsp;&nbsp;heredero de la Ilustraci&oacute;n y del esp&iacute;ritu de La Laguna como capital hist&oacute;rica y como lugar de encuentro de canarios de todas las islas en su universidad. Un peri&oacute;dico en el que Cultura dejar&iacute;a de ser una secci&oacute;n de relleno para convertirse en una de sus se&ntilde;as de identidad. Un diario que superar&iacute;a al fin el pleito insular, modulando una voz propia, culta, progresista y cosmopolita de Canarias con la que hablarle a Espa&ntilde;a y a Europa en pie de igualdad con una tradici&oacute;n de grandes diarios regionales y a la vez europeos, como&nbsp;<em>La Vanguardia</em>,&nbsp;<em>El Correo o La Nueva Espa&ntilde;a</em>. Herminia Fajardo iba a ser su directora, con Pepe Alem&aacute;n como director adjunto. Dos maestros de la generaci&oacute;n anterior. &iquest;Qui&eacute;n no querr&iacute;a unirse a ellos? Finalmente, fueron Mart&iacute;n y Carmelo Rivero quienes asumieron la responsabilidad de lanzar el peri&oacute;dico. De repente, la generaci&oacute;n siguiente iba a dirigir un diario por primera vez en las Islas.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&iquest;Qu&eacute; ocurri&oacute; para ese brusco cambio de planes? Ojal&aacute; lo cuenten alg&uacute;n d&iacute;a sus protagonistas. Siempre me he preguntado por qu&eacute; hay tan poca literatura memorial&iacute;stica en Canarias. Lo que dar&iacute;a por leer el recuento de los protagonistas de mi tiempo. No les pedir&iacute;a que fuesen sinceros. Escribir unas memorias&nbsp;<em>sinceras</em>&nbsp;es una ordinariez. Unas buenas memorias no tienen nada que ver con la sinceridad, como demuestra Nabokov en las suyas, de t&iacute;tulo insuperable,&nbsp;<em>Habla, memoria</em>. Porque de eso se trata, de que hable ella,&nbsp;&nbsp;embaucadora Sherezade que burla a la muerte engarzando historias como cuentas en un collar de tiempo.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; lo que pas&oacute; en ese verano de 1989, para que todo acabase encajando. Mart&iacute;n Rivero ten&iacute;a 33 o 34 a&ntilde;os cuando lider&oacute; junto a Carmelo Rivero el lanzamiento de&nbsp;<em>La Gaceta</em>. Quiz&aacute; porque era tan joven, Mart&iacute;n se crey&oacute; lo de que ser&iacute;a un peri&oacute;dico regional, o no ser&iacute;a. Nunca, como cuando Mart&iacute;n y Carmelo Rivero lo dirigieron, hubo un diario de una capital que tuviera en la otra una delegaci&oacute;n como la que&nbsp;<em>La Gaceta&nbsp;</em>tuvo en Las Palmas de Gran Canaria. Su jefe de redacci&oacute;n era Manuel Vidal. &Eacute;l nos reuni&oacute; a Marta Cantero, Flora Marim&oacute;n, Dolores Campos-Herrero, Jes&uacute;s Montesdeoca, Rafa Avero y a m&iacute; para hacer periodismo juntos. La redacci&oacute;n estaba en la segunda planta de una casa antigua con suelo de madera de la calle Buenos Aires. Nuestros vecinos de abajo eran arquitectos y el de enfrente era el escultor Leopoldo Emperador, a quien admiraba desde la exposici&oacute;n&nbsp;<em>Frontera Sur</em>. Observaban con curiosidad de entom&oacute;logos nuestro constante ir y venir, de la calle al teclado del ordenador. Mart&iacute;n y Carmelo llamaban a todas horas, como si fu&eacute;ramos uno m&aacute;s remando en el barco varado de La Cuesta. Era una redacci&oacute;n extraordinaria, con j&oacute;venes como Alfonso Gonz&aacute;lez Jerez,&nbsp;&nbsp;Concha de Ganzo, V&iacute;ctor &Aacute;lamo de la Rosa o Candelaria Delgado firmando sus primeras p&aacute;ginas en el periodismo. Hab&iacute;a correctores, de cuando era imperdonable publicar con faltas de ortograf&iacute;a y respet&aacute;bamos a los correctores como se respetaba a los maestros en el colegio, porque hab&iacute;an le&iacute;do m&aacute;s que nosotros y sab&iacute;an m&aacute;s que nosotros, y escaneaban nuestros art&iacute;culos con una esc&eacute;ptica indulgencia, no exenta de ternura, como la de P&iacute;ndaro al cantarle al h&eacute;roe ol&iacute;mpico: &ldquo;Sabio aquel que sabe que la gloria es ef&iacute;mera&rdquo;. Para tener 30 y pocos, Mart&iacute;n Rivero ya sab&iacute;a rodearse de talento, tratar bien a los correctores y pasar por la trituradora de papel eso supuestamente tan bueno que hab&iacute;as publicado ayer. Solo los m&aacute;s sabios llegan a conocer estos preceptos indispensables para hacer un peri&oacute;dico. Lleva toda una vida aprender esas tres sencillas reglas, pero Mart&iacute;n y Carmelo las trajeron sabidas de casa, cuando se pusieron en la gavia y el tim&oacute;n de La Gaceta, y nos las transmitieron, desde La Laguna a Las Palmas, a golpe de telefonazos esp&iacute;dicos como &oacute;rdenes de agentes de bolsa. No s&eacute; si Carmelo y Mart&iacute;n llegaron a firmar art&iacute;culos en La Gaceta. Creo que eran de la escuela de&nbsp;<em>El Pa&iacute;s</em>, en la que muy rara vez el director firma un art&iacute;culo. Lo que s&iacute; s&eacute; es que eran unos editores maravillosos. Pod&iacute;as escribir una mierda de art&iacute;culo y marcharte a casa muy tranquilo, sabiendo que en sus manos, la oruga peluda se transformar&iacute;a en una resplandeciente mariposa. Nunca he conocido a unos editores tan cuidadosos con los detalles del trabajo de los dem&aacute;s como los hermanos Rivero de&nbsp;<em>La Gaceta</em>, aparte de Jos&eacute; Manuel Vargas en su etapa como redactor jefe de la secci&oacute;n de Sociedad de&nbsp;<em>La Provincia</em>. Daba gusto ojear el peri&oacute;dico cuando ellos estuvieron mim&aacute;ndolo. Siempre he cre&iacute;do que editar con esmero es, b&aacute;sicamente, una forma de generosidad y de respeto. Mart&iacute;n Rivero, al igual que Carmelo, era esencialmente un editor generoso con sus compa&ntilde;eros de la redacci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Rafa Avero se hab&iacute;a agenciado un cuarto de revelado en la cocina, cuando las fotos todav&iacute;a se cocinaban a oscuras. Era ya una leyenda del periodismo, pero sus mejores portadas, algunas de ellas para el&nbsp;<em>New York Times</em>&nbsp;y&nbsp;<em>El Pa&iacute;s</em>, estaban a&uacute;n por llegar. Un d&iacute;a lo pasamos en el sur, haciendo un reportaje. No recuerdo de qu&eacute; iba, solo que Mart&iacute;n nos hab&iacute;a llamado por la ma&ntilde;ana y era algo gordo que deb&iacute;a estar listo ese mismo d&iacute;a, antes de cerrar la edici&oacute;n. Nos lo tom&aacute;bamos todo as&iacute;, con calma, y nos costaba muchas broncas de Mart&iacute;n y de Carmelo, que abroncaban a dos voces y eran temibles, pero al d&iacute;a siguiente, Mart&iacute;n nos volv&iacute;a a llamar con una idea a&uacute;n m&aacute;s gorda. No soy capaz de recordar un solo art&iacute;culo de los que escrib&iacute; para&nbsp;<em>La Gaceta</em>. Probablemente, nadie los le&iacute;a, pero nunca m&aacute;s he vuelto a divertirme tanto haciendo lo que m&aacute;s me gustaba hacer. Nunca, como en ese oto&ntilde;o que sigui&oacute; al verano de 1989, he vuelto a tener la sensaci&oacute;n de estar con los mejores. Con todos a la vez, en un mismo lugar. Han encendido las luces en el Gas.&nbsp;&nbsp;Ya no suena&nbsp;<em>Happy when it rains</em>&nbsp;de los Jesus and Mary Chain (<em>&ldquo;y lo intentamos tanto / y brill&aacute;bamos tanto / y viv&iacute;amos nuestras vidas en negro&rdquo;</em>). Est&aacute;s justo en esa edad en la que la fiesta empieza a decaer. &iquest;D&oacute;nde han ido todos? Manuel Padorno jugaba al billar hasta hace un rato. A Paco Cansino lo acabo de ver en el futbol&iacute;n. Dolores Campos-Herrero me hablaba hasta hace nada de Joan Perucho. Jos&eacute; Manuel Vargas me contaba justo ahora c&oacute;mo escribir una columna perfecta. No s&eacute; si Mart&iacute;n Rivero me recordar&iacute;a como una parte de ese verano. Seguramente, no, porque me ech&eacute; a perder, pero, he pensado que si soy capaz de dejar en alguien a quien no recuerdo la impronta que Mart&iacute;n Rivero dej&oacute; en m&iacute;, esta fiesta habr&aacute; valido la pena.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Rodríguez Gago]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Mar 2023 21:01:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Verano, 1989]]></media:title>
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