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    <title><![CDATA[elDiario.es - Naiara Vink Larruskain]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/naiara-vink-larruskain/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Naiara Vink Larruskain]]></description>
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      <title><![CDATA[No permití que mis dos abortos me dolieran]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-permiti-abortos-dolieran_129_10082187.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3d42548b-b450-450a-9f31-1994c772cec7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No permití que mis dos abortos me dolieran"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">He aprendido mucho después de tener dos abortos, pero hay algo que destaca: el mandato social del silencio al que las mujeres nos vemos sometidas es proporcional a la necesidad, ya inaplazable, de hablar. La sociedad debe comprender que censurar los malestares no sana y nosotras nos debemos reconocer en ellos</p><p class="subtitle">Cuerpo de embarazada sin embrión: historia de dos abortos
</p></div><p class="article-text">
        He aprendido mucho despu&eacute;s de tener dos abortos, pero hay algo que destaca: el mandato social del silencio al que las mujeres nos vemos sometidas es proporcional a la necesidad, ya inaplazable, de hablar. Las consecuencias de ese imperativo han aparecido tiempo despu&eacute;s con forma de consciencia. He llegado a la conclusi&oacute;n de&nbsp;que entonces no permit&iacute; que mis dos abortos me dolieran.
    </p><p class="article-text">
        Esa consciencia adquirida me hace visibilizar todos mis embarazos. He tenido cuatro. De ellos, dos han llegado a t&eacute;rmino. En 2018 tuve dos abortos. Espont&aacute;neos.&nbsp;No hab&iacute;a o&iacute;do hablar de ellos. Me aclararon bastante poco el d&iacute;a&nbsp;de&nbsp;la primera revisi&oacute;n de mi segundo embarazo cuando el ginec&oacute;logo me dijo que no se o&iacute;a latido.&nbsp;&ldquo;Es posible que te hayas equivocado con las fechas y que est&eacute;s embarazada de menos semanas&rdquo;.<em>&nbsp;</em>Silencio. Tras la exploraci&oacute;n s&oacute;lo quer&iacute;a saber. Preguntar.&nbsp;Entender.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Respuestas monosil&aacute;bicas y sensaci&oacute;n&nbsp;de comportarme como una hist&eacute;rica.&nbsp;&ldquo;Ya te he dicho que no te puedo decir nada. Hay que esperar&rdquo;. Me citaron para una ecograf&iacute;a diez d&iacute;as despu&eacute;s. Estaba embarazada de ocho semanas.&nbsp;&ldquo;Hay saco gestacional, pero no se forma embri&oacute;n&rdquo;&nbsp;era la explicaci&oacute;n que le&iacute;a en Internet.&nbsp;Los d&iacute;as siguientes me los pas&eacute; calculando las fechas.&nbsp;Y empez&oacute; la culpa.&nbsp;&iquest;Me he alimentado bien?&nbsp;A&nbsp;ratos, me situaba justo en el extremo opuesto. Sent&iacute;a que me estaba preocupando demasiado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la siguiente ecograf&iacute;a no llegu&eacute; a tiempo. Dos d&iacute;as antes empec&eacute; a sentir un dolor intenso en la parte baja de la espalda que me recordaba a las contracciones de mi primer parto. Coincidi&oacute; con que empec&eacute; a sangrar. En urgencias no se escuchaba latido, pero la ginec&oacute;loga me dijo que&nbsp;&ldquo;se intu&iacute;a algo muy peque&ntilde;o dentro del saco gestacional&rdquo;. Hab&iacute;a que esperar. Otra nueva ecograf&iacute;a en doce d&iacute;as. Casi por inercia una empieza a fantasear con una media sonrisa. Su nombre, su cara, sus manos, la estaci&oacute;n en la que nacer&aacute;. Y mientras esas&nbsp;ilusiones&nbsp;crec&iacute;an, el sangrado&nbsp;era&nbsp;m&aacute;s intenso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una ma&ntilde;ana&nbsp;lo expuls&eacute;&nbsp;sola en casa y embarazada de&nbsp;trece semanas.&nbsp;Recuerdo cada segundo de aquel momento. C&oacute;mo&nbsp;era incapaz de llegar al ba&ntilde;o del terror que sent&iacute;a, c&oacute;mo hab&iacute;a podido confiar en que todo estaba bien.&nbsp;Del hospital, en cambio, solo recuerdo dos momentos. Uno, cuando vi a una&nbsp;enfermera&nbsp;sacar&nbsp;una bolsa&nbsp;de basura&nbsp;y ponerla justamente debajo del potro. Probablemente&nbsp;hoy&nbsp;uno de los momentos m&aacute;s desagradables de mi vida.&nbsp;Y sus palabras posteriores.&nbsp;&ldquo;Si no te relajas no puedo mirarte&rdquo;<em>.</em> Cerr&eacute; los ojos.&nbsp;&ldquo;Pon las manitas juntas encima de la tripa&rdquo;. Obedec&iacute;.&nbsp;&ldquo;Est&aacute; todo limpio&rdquo;.&nbsp;Ya no estaba embarazada.&nbsp;Y otro, en la sala&nbsp;donde me dejaron las tres horas posteriores, en observaci&oacute;n, hasta que me dieron el alta. Algunas trabajadoras estaban decorando un &aacute;rbol de Navidad en la misma habitaci&oacute;n. Hablaban bajo, pero la musiquita de los villancicos y sus risas se me colaban por debajo de la cortina corrida. La escena era de lo m&aacute;s simb&oacute;lica: la cotidianidad arrasaba con todo.
    </p><p class="article-text">
        Censurando el dolor, emocional y f&iacute;sico, y transitando por la no legitimaci&oacute;n de abordar lo que ahora s&eacute; que era un duelo, me puse r&aacute;pidamente a buscar un nuevo embarazo. Lleg&oacute; acompa&ntilde;ado de culpa por no haber esperado el &ldquo;tiempo recomendado&rdquo; al que hizo referencia el ginec&oacute;logo. Dos o tres ciclos.&nbsp;Hoy identifico que esa urgencia me sirvi&oacute;&nbsp;como herramienta para avanzar. Pero lo volv&iacute; a perder.&nbsp;&ldquo;Ten&iacute;as que haber esperado un poco m&aacute;s&rdquo;.&nbsp;&ldquo;Os hac&eacute;is los&nbsp;test&nbsp;de embarazo demasiado pronto&rdquo;, escuch&eacute; a una enfermera decir al aire en&nbsp;Urgencias. De nuevo, la culpa. Otra vez, infantilizada.&nbsp;&ldquo;Hasta que no sucede cuatro veces no se hacen pruebas. Lo que te pasa es normal&rdquo;. La censura de las emociones.
    </p><p class="article-text">
        A partir de aqu&iacute; apareci&oacute; el miedo a no poder lograrlo.&nbsp;&ldquo;Ya tienes una hija&rdquo;&nbsp;fue la frase m&aacute;s repetida. A excepci&oacute;n de las personas m&aacute;s cercanas, del resto recib&iacute; atenuantes o silencios. Justo entonces asum&iacute; que mi mal era menor, que hab&iacute;a mujeres con situaciones mucho m&aacute;s dolorosas y que no ten&iacute;a derecho a quejarme. Mis fechas probables de parto, grabadas a fuego en&nbsp;mi cabeza, sus&nbsp;posibles&nbsp;nombres, mi cuerpo que se ensanchaba&nbsp;y se&nbsp;encog&iacute;a, que se preparaba&nbsp;con todas sus fuerzas para nada. Todo esto&nbsp;lo guard&eacute; en un caj&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace unas semanas mi terapeuta me pregunt&oacute; si me hab&iacute;a permitido el dolor. No es normal que nadie pronunciara la palabra aborto. No es normal un sistema que invalida nuestras emociones&nbsp;y&nbsp;convierte nuestros cuerpos en cuesti&oacute;n colectiva. No es normal que&nbsp;el embarazo se conciba como un estado de felicidad plena (siempre va a salir bien) y sea patrimonio&nbsp;tambi&eacute;n&nbsp;colectivo&nbsp;(la norma sobre c&oacute;mo afrontarlo nos viene dada). Pensaba hace tiempo que este mandato del silencio de las mujeres se ir&iacute;a difuminando, pero hoy tengo la certeza de que es m&aacute;s estructural que nunca.
    </p><p class="article-text">
        El sistema sanitario&nbsp;debe&nbsp;generar estrategias de acompa&ntilde;amiento&nbsp;que sit&uacute;en nuestros dolores en el centro, esos hist&oacute;ricamente&nbsp;desalojados&nbsp;de la plaza p&uacute;blica. La sociedad debe comprender que censurar&nbsp;los malestares&nbsp;no sana y nosotras nos debemos reconocer en&nbsp;ellos.&nbsp;Mientras no&nbsp;desatemos nudos,&nbsp;lo que se perpet&uacute;a es&nbsp;nuestra condena social a vivir&nbsp;sin contarlo.
    </p><p class="article-text">
        Estas &uacute;ltimas semanas, cuando escuchaba los debates sobre el latido,&nbsp;pensaba que el solo hecho&nbsp;de&nbsp;reflexionar sobre el&nbsp;latido como eje evidencia que&nbsp;siempre se va a escuchar y, por tanto, expulsa de la ecuaci&oacute;n algo que debiera estar visible: hay veces que no.&nbsp;Dec&iacute;a al principio que he aprendido mucho de los abortos. Quiz&aacute; m&aacute;s que aprender&nbsp;dir&iacute;a&nbsp;&ldquo;sacar en claro&rdquo;, porque no s&eacute; muy bien si las pesadillas ense&ntilde;an algo, a excepci&oacute;n de que, en un rato, despiertas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Naiara Vink Larruskain]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Apr 2023 19:39:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Aborto,Salud sexual,Salud mental]]></media:keywords>
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